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DOMINGO, 18 DE OCTUBRE DE 2015

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TENDENCIAS
Poemas
CULTURA CRÓNICA

que viajan por

teléfono

La cabina literaria
es una propuesta
para dedicar
poemas por
teléfono y fomentar
la lectura.

Por MÓNICA QUINTERO RESTREPO

evantan el teléfono –que
por ahora es todavía el celular– encerradas en esa
cabina roja que hace pensar en
Reino Unido. Alguien las mira,
nervioso, mientras el alguien
del otro lado responde. Hola,
dicen, que los llaman de La Cabina Literaria, porque alguien
–ese que espera ahí al lado– le
quiere dedicar un poema. Lo
leen, por un minuto o dos.

L

“Ve a donde quieras ir.
Sé lo que quieras ser,
porque apenas posees una
vida,
y en ella apenas hay un
chance de aquello que
queremos.
Ten felicidad bastante para
hacerla dulce,
dificultades para hacerla
fuerte,
tristeza para hacerla
humana,
y esperanza suficiente para
hacerla feliz”.
Al final hay casi un silencio, emocionado muchas veces –eso depende del poema
y del motivo–, y luego cuentan que el poema se llama
así, Sueña lo que quieras, en
este caso, que lo escribió tal
escritor –Clarice Lispector, la
autora brasileña–, que recuerde que se lo dedicó ese
alguien, y que hasta luego.
Así más o menos.
Lo que pasa después no lo
saben. Ya es de ellos.
***
María Cecilia Ramírez, administradora de empresas y actriz, y Susana Aristizábal, diseñadora gráfica, leen poemas
por teléfono. Ese es su otro
oficio, uno que empezó con
María Cecilia, porque estaba
en un proyecto de lectura y
entre unas ideas y otras se dio
cuenta de que las llamadas todavía eran importantes.
Entonces se le ocurrió el
proyecto de invitar a la gente a
llamar a otra gente, los que merecían un poema, y que se lo
dedicaran por teléfono. La
prueba la hizo en abril en El bazar de artistas y en esa maratón
de llamadas entendió que, aunque algunos no lo crean, en
esta época –en esta época– todavía muchos quieren llamar a

La cabina literaria
propone dedicar poemas
por teléfono. Para eso la
gente primero lee el
catálogo, para elegir el
poema que más les
guste. Están en
Facebook como Cabina
literaria. FOTO CORTESÍA

dedicar unas palabras. Además
encontró el nombre, La cabina
literaria, y luego a una amiga
que quiso sumarse, Susana.
El trabajo siguió y se decidieron por hacer una cabina de
teléfono como las londinenses
famosas –“quizá el ícono universal”– y soñaron todo lo que
se les ocurrió –“me imaginé,
cuenta María Cecilia, que iba a
haber fila, y han habido filas”–,
tanto que en un mes la idea se
volvió realidad. Empezaron en
la Parada Juvenil de Lectura.
Después del aló
La vez que a María Cecilia le
pidieron un mensaje que no
era de amor se asustó, porque lo que iba a leer era doloroso. Marcó.
Alguien que ha estado tratando de olvidarte,
y a cuya memoria, por eso
mismo,
regresabas como la melodía de una canción de moda,
que todos tararean sin querer,
o como la frase de un
anuncio o una consigna;
alguien así, ahora,
probablemente
(seguramente) sin saberlo,
ha empezado, al fin, a olvidarte.
Hoy eres menos.
La mujer no contestó,
pero ellas esperan para intentar más tarde, como
cuando alguien ha dicho que
llamen en un rato que están
en el banco, pero que llamen.
Nadie, precisan, se niega al
poema. Así que quedaron en
que él se iba y ella llamaba

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