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DOMINGO, 3 DE ENERO DE 2016

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TENDENCIAS

16lugares
CIUDAD CRÓNICA

Además de los sitios
dispuestos como miradores,
los caminantes mencionan
otros. ¿Cuántos conoce usted?

en las alturas con vistas
increíbles de

Medellín

FOTO EMANUEL ZERBOS

Por JOHN SALDARRIAGA

os caminantes no buscan
los miradores. Son los miradores los que buscan a
los caminantes.
Bernardo Uribe, de Caminantes Sin Fronteras, cuenta
que es muy frecuente que ellos,
en sus caminadas de fin de semana, al pasar por enésima vez
por un sitio alto, no hayan observado antes que se trata de un
mirador natural de la ciudad.
Y no porque sean poco observadores, puesto que una de
las cualidades que va desarrollando un caminante es precisamente observar con los cinco
sentidos a la Naturaleza que les
rodea, porque en las travesías
anteriores tal vez “el firmamento estuvo nublado y el vapor del agua no dejó ver el paisaje distante, o estaba lloviendo, o la contaminación de la
ciudad no permitió tener una
vista amplia”, explica.

L

Y dar con un mirador de la
ciudad se convierte, para estos
seres que tienen en el andar
una vocación, en una especie
de descubrimiento.
“Cómo cree que hicieron los
conquistadores y fundadores
de estos territorios: del mismo
modo que nosotros lo hacemos
hoy”, dice Bernardo.
Y compara ese hallazgo, al
parecer simple, de los caminantes modernos, con los de
esos exploradores españoles
que, al mando de Jerónimo
Luis Tejelo, vieron el Valle de
Aburrá, el 24 de agosto de 1541.
“Ese grupo de ibéricos vio el
Valle desde el Alto de Canoas,
que hace parte del Manzanillo,
en el occidente de la ciudad”.
Y su comparación continúa: explica que hay caminantes que, en determinado
punto del sendero se preguntan: ¿qué se verá más allá? Al
asomarse por entre la vegetación, descubren que se ve la

“Uno de los grandes
placeres del
caminante es el de la
observación.
Contemplar el
paisaje nos llena de
calma y alientos para
seguir”.
BERNARDO URIBE
Caminante del grupo Sin Fronteras

ciudad. Y van abriendo espacio y consolidando esos sitios
como miradores y parada
obligada de los paseantes.
Al preguntarle por miradores, a Bernardo Uribe se le vienen primero a la mente los naturales. Esos que no hacen
parte del equipamiento urbano, como los muy visitados en
la carretera de Las Palmas o en

los cerros de la ciudad.
Esos balcones naturales los
hay por dondequiera que uno
camine, dice. Y su opinión
coincide con la de Beatriz
Arango Ruiz, la Patiancha Feliz, es decir, integrante de un
grupo semejante al de Bernardo, llamado Los Patianchos.
Y esto se debe, dice Beatriz,
a que Medellín es bajito, está a
1.480 metros sobre el nivel del
mar, a comparación de su periferia, de modo que puede
decirse que para donde uno
camine debe ascender y, por
eso, encontrar miradores es
moneda corriente.
Los buenos balcones de la
ciudad son las partidas de
aguas, que la gente conoce comúnmente como las cuchillas
de las cordilleras o los filos.
A todos los miradores no
llega cualquier persona. Son de
difícil acceso, porque no hay un
sendero. Por eso son importantes los que las Administracio-

nes Municipales van organizando en las vías, como los de
la Carretera de Las Palmas, que
son los más conocidos.
Beatriz Arango Ruiz dice
que muchos de estos sitios
son hermosos y permiten
una visual amplia de la urbe.
Sin embargo, advierte que a
todos ellos es mejor ir acompañado, pues no todos estos
lugares son seguros.
“Mi recomendación es que
cuando salgás a caminar lo hagás siempre en grupos de tres
personas en adelante. Y no solamente por este aspecto, el de
la seguridad, sino porque en
caso de emergencia, por ejemplo, que alguno de los caminantes se lesione o enferme,
uno de los otros se debe quedar con él, acompañándolo, y
el tercero debe ir hasta un poblado a pedir auxilio” ■
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