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El aburrimiento en la terapia

:
alternativa de formación
Ps. Marcelo Bustos Benois
Magíster en Ontoepistemología de la Praxis Clínica
Universidad Mayor

“¡Ah, otro mundo, otras cosas, otra alma con
que sentirlas, otro pensamiento
con que saber de esa alma! ¡Todo, hasta el
tedio, menos este esfumarse del alma y
de las cosas, este desamparo azulado de la
indefinición de todo!”
(Libro del desasosiego,
Fernando Pessoa, 1932)
“Pocas disposiciones mentales son tan
combatidas actualmente como el
aburrimiento. La vida moderna condena a
quienes lo padecen, y para resguardarse ha
inventado cuanto aparato o panorama es
posible imaginar.”
(Matías Rivas
The Clinic, Abril de 2007)

En el presente ensayo intentaré abordar la temática del aburrimiento y el tedio
en la psicoterapia, tratando de generar una estructura que lo imbrique con la noción
de curiosidad, más desarrollada y auspiciada como actitud incluso necesaria, que la
erige incluso como pilar para modelos sistémicos como el de Milán y la terapia
colaborativa de Anderson y Goolishian, llegando también a ser utilizada por modelos
epistemológicamente más lejanos como los modelos de psicoterapia centrada en
soluciones (Visser & Kim Berg, 2006).
En el camino, se intentará proponer el aburrimiento y el tedio, entendidos
como sinónimos, como recurso dignos de ser trabajados en las instancias de formación,
especialmente, mas no de manera exclusiva, ligadas a modelos psicoterapéuticos

sistémicos. 1926). el concepto de diferencia (Bateson. De la curiosidad La curiosidad es definida como herramienta de conocimiento en psicoterapia para el modelo de Milán (Cecchin. 2007:3) Pero el levantamiento del concepto de curiosidad por parte de Cecchin se liga también a otras ideas que vale la pena destacar. desde una perspectiva óntica (Heidegger. 1996). . 1989) y el modelo sistémico colaborativo (Anderson & Goolishian. y con el apellido de segundo orden en terapia. Para poder levantar esas distinciones. si bien el influjo de las ideas de Maturana sobre estos mismos modelos antes mencionados podrían indirectamente entregar un primer acercamiento: “El interés explícito para lo emocional se encuentra en Maturana (1988) que. 1977) adquiere relevancia para posisionarse por sobre las ideas sistémicas previas. Quizás la constatación de Bertrando y Arcelloni (2007) sobre que la terapia sistémica carece de una teoría de las emociones dé cuenta de la curiosidad desde esa perspectiva. una actitud de curiosidad se tornaría esencia. buscarlas. establece las emociones definiéndolas como “predisposición a la acción”( Bertrando y Arcelloni. Desde el rescate que él hace de las propuestas batesonianas. a decir verdad. constituyéndose así en una premisa para el operar llamado sistémico. aquellas que profesaban una reconocida y soberana intención de llevar a cabo cambios en los sistemas (Des Champs & Torrente. 1989). Es. que a su vez permita ligarlo con dicho escenario. una afección. una actitud que permita “ver” las diferencias. 1995). pero no puede dejarse de lado que dicho concepto alude a una disposición afectiva considerándolo desde lo ontológico . entonces. Finalmente se intentará dar un sustento ontológico desde el pensamiento de Heidegger. desde la posibilidad de establecer distinciones que se podría tener acceso a información a utilizar a favor de la terapia (Cecchin. o como se propone Svendsen (2006) desde la filosofía. o un estado de ánimo o temple anímico.

Podriamos decir que esta es una curiosidad por aprender por parte del terapeuta. realidades y narrativas del cliente: “La posición de no-saber supone una disposición o postura en la cual las acciones del terapeuta comunican una curiosidad profunda y genuina” (1992:12). Esta curiosidad tiene un carácter circular en que se generan a partir de ella nuevos puntos de vista. Cecchin propone como una alternativa a la noción clásica de neutralidad. pero a su vez estos nuevos puntos de vista generan también más curiosidad. Esta se convierte en una forma que adopta el diálogo en terapia que infunde para él concatenadamente un valor de respeto y le permite la no menor hazaña de desmarcarse de la incómoda figura de control social lamentablemente asociada a la persona del terapeuta. Cecchin además liga la curiosidad a cierta noción estética. una nueva opción de neutralidad: “la creación de un estado de curiosidad en la mente de un terapeuta” (1989: 10). sino que a todos quienes participan de la sesión.En el concepto de curiosidad encontramos distintas acepciones y entendimientos. Por un lado la propuesta de Anderson y Goolishian aluden a un esfuerzo a realizar por el terapeuta “por conocer y comprender los significados del cliente” (1992:9). Por su parte. Cecchin (1989) por otro lado alude al aburrimiento en la terapia pero desde una perspectiva limitada a aquellas circunstancias en que podemos fácilmente pronosticar . Se nota en la idea de Cecchin cierta alusión al concepto de co-evolución desarrollado por Bateson (1972) o de deriva natural asociada a la evolución de Maturana y Varela (1984) en que los cambios que se dan en los procesos involucrando a todas las unidades que conforman el sistema. Esta curiosidad supuestamente provendría de una posición en que el terapeuta se declara no experto frente a los significados. Además también se desmarca de la idea de interacción instructiva (Bertrando & Toffanetti. Es aquí que aparece la necesaria ligazón entonces del concepto de curiosidad a los contextos de formación/supervisión. 2004) que también alude al pensamiento batesoniano sobre la imposibilidad de la misma en los contextos de aprendizaje. posición de la cual posteriormente Anderson (2002) se hace cargo declarando que el concepto de colaboración rebalsa el contexto de la terapia y hace de la relación de supervisión también una relación del mismo carácter. ya no circunscrita a la figura del terapeuta.

Algo así como desviar la responsabilidad del terapeuta hacia ¿qué es lo que me pasa que no estoy siendo capaz de ser curioso? o a . Es plausible entonces sostener que es desde el tedio mismo que surge la curiosidad. 2001:122). nos encontramos con otras formas de verlo que coinciden con este carácter que podríamos referir siguiéndolo como más profundo. Este autor hace una descripción paradojal del tedio diciendo que Adán y Eva podrían haberse sentido aburridos en el paraíso y por eso habrían probado el fruto del árbol del conocimiento. f. ya que debido a su carácter paradojal. pero también “indiscreto” (Diccionario ilustrado Latín. ¿Cabría entonces preguntarse qué es entonces lo que se puede hacer para que esta disposición emerja? De inmediato aparece la idea de la antigua paradoja mencionada en Pragmatics: “Se espontáneo”. Claro está en esta metáfora que ésta es una curiosidad en algún sentido maligna. o por lo menos en la esfera de lo no-dicho. el grado más superficial de tedio.: Curiosidad. a pesar de que se agreguen nuevos contenidos o información a la terapia el tedio persiste. Esta idea podría poner el aburrimiento de Cecchin dentro de aquella característica de repetición que Svendsen (2006) advierte en el lo que designa como tedio situacional. Para Cecchin. Diligencia y Curiōsus presenta la definición de “ávido de saber”. 2. Se vale de la metáfora de un juego de cartas con un niño que recién está aprendiendo las reglas del mismo. Deseo de saber. la curiosidad como actitud se convierte en fuente de lo que él identifica como técnicas: la circularidad y la hipotetización.atis f. curiosidad esta alude a: “f.lo que va a ocurrir. Si echamos una mirada a las definiciones de la Real Academia Española de la palabra. Pero imaginamos que existen diversas posibilidades en las que. Si seguimos ahora a Svendsen (2006) en su descripción de las clasificaciones del tedio. Vicio que lleva a alguien a inquirir lo que no debiera importarle. puede llegar a operar de manera indeseada en un nivel inconsciente. Deseo de saber o averiguar alguien lo que no le concierne. Con esta línea de pensamiento se puede dejar más que bastante inmovilizados a los formandos y. Establece que lo que provoca el aburrimiento sería la no entrada de nueva información en el sistema.” (2001:718) A su vez esta palabra proviene del latín “Curiosĭtas .

percibir diferencias. que a la larga se podría emparejar con el aburrimiento. la falta o ausencia de curiosidad se podría identificar con una indiferencia hacia o frente al otro. 2007) que nos deja entonces el proceso. No parece novedoso pensar que esta disposición afectiva invada a los terapeutas. ya sea por lo que nos cuenta o por lo que ocurre en el espacio de la terapia. . si bien podría perfilarse como una falta de ética el que participásemos sin un real interés en una terapia. Y. Esta afección se llega a convertir en algunas ocasiones en un impasse del cual automáticamente se tiende a rehuir implementando alguna práctica o táctica a cualquier precio. desde buscar alguna pregunta que “abra” nuevos temas para que aporten novedad. ¿cómo quieres si no que las cosas cambien? De aburrimientos y tedios Por otro lado. ya sea trabajen de manera individual o formen parte de algún equipo clínico (como lo son aquellos que utilizan modalidades con espejo unidireccional) en instancias de formación. también podría ser que uno incluso pudiera estar de manera sincera y respetuosa desmarcado de esa posición. como los equipos sistémicos. por ejemplo los milaneses o de orientación reflexiva. sin dejar espacio para la curiosidad a propósito de lo que me sucede a mí mismo. y sin más remedio. hasta hacer convocatorias diversas para evadir la sensación de esterilidad (Bertrando & Arcelloni. experimentar un sentimiento de tedio. supervisión o por uso de un modelo que implique este dispositivo. Es contra esta posibilidad que la idea de curiosidad de Cecchin se anota varios puntos a favor.sentirse tonto o incapaz por no poder evocar la curiosidad en los demás. o como una imposibilidad de realizar distinciones. Sería como repetir el amistoso pero inútil consejo que se le da a quien anda con bajo ánimo: Pero anímate. pero que podría dejar de aprovechar algunos recursos que ofrece este aburrimiento. hastío o aburrimiento frente al proceso de psicoterapia. sobre todo pensando en un contexto de formación.

osea ligado a condiciones temporales como la espera o la repetición y predictibilidad de los fenómenos. yendo desde grados superficiales del tedio. Nietzsche y Kierkegaard. 2006). nominados como antes se dijo como tedio situacional. Dicho mito está montado a partir del protagonismo que adquiere la actitud curiosidad desde la propuesta de Cecchin (Bertrando & Arcelloni. sobre todo en el caso de terapeutas noveles o en formación. Bertrando y Arcelloni nos dicen “La metáfora preferida para la terapia sistémica es la danza. en la historia de la humanidad aparece la acedia (o accidia). periodo en que el individuo pasa a ser el portador de sentido de la existencia. El tedio o aburrimiento está ligado irremediablemente a aquello que no nos interesa. Entre los distintos pensadores que del tedio se han encargado. cuidado. Aparece como inherente al aburrimiento una actitud de demonización del mismo en el mundo de la psicoterapia e incluso se monta cierta culpabilidad por estar faltando a la ética si éste es admitido. hasta el tedio profundo. todos tienden a coincidir en distinguir tipo o grados de esta afección. que puede ser desde luego entretención” (2007:14). Ella está ligada a la vida monástica y es considerada el peor de los pecados y origen de todos los demás. Antes del tedio. Proviene del griego kedos. Svendsen lo presenta asociado a la modernidad. 2006). con un . se emparenta también con la idea de curiosidad. pero con un origen en el Romanticismo. así lo consideran por ejemplo Schopenhauer. que todo lo inunda y que hace perder todo sentido (Svendsen. preocupación. en la necesidad de que una actitud aparezca o desaparezca en el terapeuta.El aburrimiento incomoda demasiado en los contextos sistémicos ya que va en contra del mito de que el terapeuta sistémico no debe aburrirse. por lo tanto desligado de la satisfacción de necesidades básicas y ligado al tiempo libre y al ocio. 2007). y en un principio reservado a las élites asociadas al clero y la nobleza (Svendsen. y se instala junto con la pregunta: ¿qué es lo que se puede hacer para superarlo? En este sentido. Pessoa en el Libro del desasosiego lo define como “Es una borrachera de no ser nada” (2002). El tedio aparece históricamente como un vocablo reciente en la historia de la humanidad. En la acedia se pierde el sentido. Se caracteriza por una indiferencia frente a la creación de Dios.

En la Edad Media es caracterizada como demoníaca y ataca al monje a mediodía. de la que por otro lado son “gestores” y por lo tanto “responsables”. 2006:63) Tal como al monje la acedia lo lleva a la perdición. detestar. Constatamos en el tedio un fenómeno de carácter circular: se pierde el sentido porque nos aburrimos y nos aburrimos por que se pierde el sentido.prefijo de negación. 2006). una vida llena de placeres. que es cuando se hace extensivo a las demás capas de la sociedad (Svendsen. El retrato monacal que del momento hace Evagrio Pontico guarda alguna relación con la posible experiencia de un terapeuta: “El demonio induce al monje a odiar el lugar en que se encuentra e incluso la totalidad de su existencia. Lo hace recordar la vida que vivió antes de tomar los hábitos. y lo tienta a desear abandonar la vida monacal” (Svendsen. al terapeuta el aburrimiento lo lleva a perderse. ligados al enojo provenzal del siglo XIII. ¿Viene acaso la curiosidad a solucionar un producto de la modernidad? Vocablos como Langeweile en alemán o boredom en inglés datan de finales del siglo XVIII. Además la acedia tiene implicaciones morales que aun el tedio parece conservar en el contexto de la terapia y la formación en terapia: no todos se sienten libres de confesar abiertamente y de buenas a primeras que se están aburriendo en terapia. Tedio y formación moderna Habría que preguntarse también en qué medida la curiosidad como contraparte del tedio aparece como un pilar fundamental de una actividad que se declara como postmoderna y que como tal pretende desmarcarse de las ideas de causalidad ligadas a la modernidad. y el francés ennui o el italiano noia aparecen emparentados con el latín inodiare. y como si tal confesión en alguna medida se contrapusiera a eso o a las condiciones ideales para una práctica como tal. Si pensamos en el cercano surgimiento en la historia de la humanidad del concepto de tedio1 no podemos dejar de pensar en cómo este invade las esferas del quehacer humano ligado a la modernidad. cuando el sol en el cenit aparece como inmóvil. odiar. 1 .

ya que aquel que va a la cabeza de la moda es quien al fin resulta conducido. creándose un ritmo creciente y constante de aceleración. a diferencia de aquello que se entendía en la teoría clásica de conjuntos en que cada elemento presente un grado de pertenecía binario con el conjunto. que he traducido como conjunto difuso y hace alusión a que los elementos que constituyen un conjunto pueden tener distintos grados de pertenencia al mismo. que serían terapeutas con valores. La analogía posible con el proceso de hipotetización impulsado por la curiosidad se vuelve tentadora.2 En estricto rigor un objeto de moda no necesita más que la propiedad de ser novedoso. en el sentido de que éste ha sido incapaz de entregar una clara teoría de la terapia. Svendsen hace referencia al asno de Buridán. “que murió de hambre por su incapacidad de elegir entre dos montones de heno idénticos” (2006:57). Desde esta perspectiva el formando pone en juego una serie de premisas y aprendizajes que va adquiriendo a través del tiempo. 2004) en que la idea Esto daría pie a otro ensayo en que se abordara la amplia profusión de modelos terapéuticos emergentes y que adquieren estatuto de “estar de moda”. haciendo prescindible un objeto para poder pasar cuanto antes a uno nuevo. A lo más lo que se podría aventurar a lograr en un proceso de formación es a un de-formar en una relación de carácter dialéctico entre formando y formador (Bonelli & Gálvez. La naturaleza de la moda es de alguna forma contradictoria. aunque no sea necesariamente un nuevo modelo. Esta idea es consonante con lo que plantea Zlachevsky (1996) frente a la abstracción de la terapia frente a lo que sí realmente existiría.Si pensamos en un fenómeno de aparición contemporánea al modernismo. la idea que él propone es que sólo es posible concebir la formación como una instancia en que se construye un conjunto difuso3. Si desde la crisis del pensamiento sistémico. y menos aun reemplazar por un modelo que se instale instructivamente dentro de cada formando. que constata Bertrando (2002) en el artículo La Scatola Vuota. 2006:56). la búsqueda que implica la curiosidad tiende al aporte constante de novedad en las ideas o hipótesis que emergen del proceso terapéutico. tal como en el extremo solipsismo del relativismo. creencias y formas propias de ver el mundo. estas unidades van aportando al conjunto de su propia teoría de la terapia y que sería imposible pretender definir ni abarcar. 2 . la moda. El extremo de la moda es cuando todo resulta indiferente cayéndose en una arbitrariedad absoluta. arrojando sobre la estética del concepto ciertas sospechas. 3 Bertrando en el texto toma prestado el concepto matemático de fuzzy set. definida por Benjamin como “el eterno retorno de lo nuevo” (citado en Svendsen.

por decir. el tedio queda sujeto automáticamente a una inherente falta de sentido y de aprovechamiento. aparece la carencia de identidad como inevitable resultado. Además si pensamos que para el formando el llamado desde la formación desde la perspectiva moderna podría ser una invitación velada a deshacerse de todo aquello que lo conforma previamente.del formador con alguien también en formación hace sentido. perdiendo total sentido y quedando. Bianciardi (2002) apoya también esta idea desde la perspectiva que el espacio de la terapia es también una espacio de relación dialéctica en que aquello que sé del consultante entra en directa relación con lo que él me puede aportar y con aquello que debo saber que ignoro tanto de él mismo como de algunas teorías que me pudieran ayudar a comprender el caso. . en un intento de dar legitimidad a su proceso personal. y en una oscura consonancia con los parámetros modernos. el no reconocerse a sí mismo en el espacio de la terapia. HACIA UNA PERSPECTIVA ONTOLÓGICA DEL TEDIO Es ésta desde ya una segunda parte del presente ensayo en que se pretende otorgar al tedio un estatuto provechoso en el espacio de la formación en terapia. en el más amplio sentido. y de la vocación hacia la psicoterapia poco queda. a la deriva con un tedio del cual la única preocupación es cómo desasirse lo más prontamente de él. como dice Svendsen (2006). Las ideas de Anderson y Goolishian a propósito del terapeuta como experto en nosaber también encajan aquí cómodamente. Aparece entonces como una de las preguntas centrales a revisar en un proceso de formación ¿qué es lo que el terapeuta quiere hacer?. Desde la filosofía de Heidegger aparece una opción de particular interés para observar el tedio en la formación que se conjuga con la visión que nos ofrecen Bertrando y Arcelloni (2007). Como esto aun dista mucho de ser aquello que suele practicarse en la formación. no hay punto de apoyo para ella. En ese espacio de imposibilidad de la apropiación de la acción le es arrancada la voluntad.

quién dedica el parágrafo 36 de su reconocida obra Ser y Tiempo a la curiosidad. sin preocuparse por comprender o captar las cosas. sino el abandonarse al mundo. la incapacidad de quedarse en el mundo circundante y la distracción hacia nuevas posibilidades. fundan el tercer carácter esencial de este fenómeno. Neugier. Pasa entonces la habladuría a controlar los caminos de la curiosidad. y es mediante ella que se descubre el ente y guarda relación con la coexistencia con los otros y la comunicación. está no representa un valor muy constructivo. sin llegar al arraigo y fundamento del ser. La habladuría es otra de las formas esenciales del ser cotidiano. Hace él referencia a la concupiscencia de los ojos dando como ejemplo expresiones como “mira como huele” o “mira como suena” y se pregunta por la estructura existencial del Da-sein que se da a conocer en la curiosidad. no busca la verdad mediante el saber. “Los dos momentos constitutivos de la curiosidad. pero sólo como un medio de repetición y difusión de la cosa. Para Heidegger en la cotidianeidad aparece una tendencia propia de ser: la tendencia al “ver” como principal forma de encuentro perceptivo con el mundo. que representa la idea de avidez de novedades y el aspecto más cadente de la definición en castellano. destacando incluso que la acepción griega de conocimiento alude a “placer de ver”.De la curiosidad en Heidegger Para Heidegger (1926). . busca la distracción. Dice que el Da-sein busca el ver tan sólo por ver. pero de entrada hay que entender que dicha noción está ligada a la palabra que utiliza en alemán. en búsqueda de lo nuevo. que nosotros denominamos la carencia de morada” (1926:174). Surge en la curiosidad un tipo de interés que califica como “un mero presentir‐en‐común sin mayor compromiso” (1926:175).

con los otros y en relación consigo mismo. por el contrario. es. con la coexistencia y con el propio estar‐en. sin embargo. en cuanto estar‐en‐el‐mundo.“el Da-sein que se mueve en la habladuría tiene. es decir. el temple de ánimo es el que posibilita las experiencias y determina el modo en que los entes se perciben abriéndonos el mundo como un todo. determinando la aperturidad del Da-sein y su capacidad de conocimiento. tiene la posibilidad de ser de semejante desarraigo. Se mantiene en suspenso y. es que pone al . es su “en‐el‐ mundo”. sigue estando en medio del “mundo”. su más cotidiana y obstinada ‘realidad’ ” (1926:172) Del tedio en Heidegger Pero también Heidegger hace referencia al tedio y cómo este impregna el temple de ánimo. Sólo un ente cuya aperturidad está constituida por el discurso afectivamente comprensor. De por sí. lejos de constituir un no‐ser del Da-sein. que. como existencial fundamental y más allá de las teorías psicológicas. Heidegger dice: “el Da-sein ya está siempre anímicamente templado” (1926:138). cortadas las relaciones primarias. que en esta estructura ontológica es su Ahí. originarias y genuinas con el mundo.

si hacemos la extrapolación de la afección del tedio a los terapeutas en formación. y es más agregan: “Y el sistema terapéutico incluye también las emociones de los observadores detrás del espejo” (2007:15). Arcelloni y Bertrando ubican el aburrimiento en una posición sistémica diciendo: “mi aburrimiento (o el de él4) es parte de nuestro sistema emocional” (2007:15). que por artificial que sea. 18 de Agosto de 2008. Si pensamos en aquellos temas “tabú”. Del compartir estas afecciones es que surgen estas esferas y dan sentido a la conformación de grupos sociales. el aburrimiento calza con ese estatuto. Para todos ellos aparece asociado un imperativo moral y metodológico: no hay derecho (ni se condice con el paradigma al que adhieren) a esconder la información que surja en el 4 5 Del consultante. Para ellos el aburrimiento no tiene que ver con el contenido. pero que pasado un tiempo uno como terapeuta sentiría que el(los) consultantes otorgan cierto permiso para abordarlos5. el sentido de aquel espacio/tiempo desaparece. si no estoy participando en la afección. se podría postular que. ocurre que algunos temas se presentan como difíciles de abordar para el terapeuta. por otro lado. . y la propuesta es a buscar una forma de tratarlos en terapia. Bertrando y Arcelloni. van más allá y plantean que la emoción del aburrimiento aparece a veces en el equipo tras el espejo. Ahora. La propuesta de ellos es a hablar abiertamente con los consultantes a propósito del aburrimiento. y es allí donde la disposición afectiva se vuelve crucial para el sentido en terapia. el estar en terapia con otro configura un espacio. por lo que sería importante la construcción de un espacio que lo considerara. Arcelloni. también sostiene que dentro de las conversaciones que se dan en el espacio en terapia.ser en su Ahí. sino con el proceso: “no existen temas o personas en sí mismas aburridas” (2007:20). En este sentido. no excluye la participación en la afección. podríamos decir temas “tabú”. en consonancia con lo propuesto por Tom Andersen (1996). Para Svendsen (2006) la participación en las afecciones da lugar a la existencia de cualquier esfera social. Desde esta perspectiva. y este contenido no llega a compartirse con los consultantes. Comunicación personal. también puede darse que éstos se sientan cohibidos a tratar su aburrimiento como tema de supervisión.

proponen “usar” el aburrimiento y no controlarlo. Además. a lo menos. 2007:148). Ellos. en fin. Heidegger nos propone una forma más profunda de tomar el tedio como un recurso. no hablar del aburrimiento hace correr el riesgo de dejar de lado la opción de averiguar y trabajar con otro contenido que podría ser. es que éste se deja afectar. En la afección del tedio estamos en una posición más idónea para acceder al tiempo y al ser. tanto fuera (en el espejo o las reuniones clínicas) como dentro del box de atención. “tomarlo en consideración como parte constitutiva de la terapia” (2007. a diferencia de a los terapeutas. Partiendo de la condición de aperturidad del Da-sein frente al mundo. Por otro lado. a quienes detrás del espejo (o en un espacio de supervisión. sentirse libres de hablar abiertamente de ellas. Arcelloni además propone que es bastante probable que más de una vez que una terapia se haya interrumpido. reconocerlas como aspectos legítimos de la relación terapéutica. sin haber sido esto tema tratado en sesión. Bertrando y Arcelloni se oponen abiertamente a la propuesta de Cecchin (1989) quien resta al aburrimiento la posibilidad de erigirse como recurso y propone la imperiosa necesidad de mudarlo por la curiosidad. a cambio. Ellos constatan que no suele preguntarse al paciente sobre su estado en la terapia. La reflexión final que ellos hacen en torno a todas las emociones desagradables en terapia es: “…para nosotros es esencial en el trabajo con las emociones desagradables se puede sintetizar en pocos puntos: no tenerles miedo. haya sido porque el consultante se aburrió. interesante: el aburrimiento del consultante en el espacio de la terapia.15). Para él esta afección es privilegiada ya que “nos introduce con la misma profundidad en la problemática del ser y del tiempo” (Svendsen. .proceso. agrego) se les suele hacer frecuentemente esa pregunta. considerarlas como elementos del sistema emocional” (2007:22).

o bien. Ahora vale la pena entrar en ciertas distinciones que se pueden hacer sobre la situación tediosa en el contexto de la psicoterapia. más allá del relato actual que el consultante nos está haciendo. 2007). y entonces. el entorno. el cambio en la situación podría otorgarnos otra experiencia del tiempo. Para hacer uso. aparece el tedio. aprovechando el tedio. sino la situación. pero reconoce cierta posibilidad de acercarnos desde un tedio superficial al tedio profundo. hasta que el tiempo se revele perezoso en su pasar. huyendo de lo principal. El tedio en psicoterapia no está ligado tanto a algo definido que nos aburra. el caso general que el o los consultantes nos presentan. esencial. y ya no sólo en un proceso terapéutico en particular. Heidegger también propone varias formas de tedio. aconseja partir por lo que se suele hacer para sustraernos al tedio: entregarnos a que el tiempo pase. la búsqueda por diversas formas de entretenimiento es un reflejo del dejarse seducir por la habladuría y seguir cumpliendo con el no-pensar que descansa en la tradición de lo ya pensado. esta afirmación nos revela que no es el tiempo o las cosas las tediosas. sin importar quién sea el consultante). sino de la psicoterapia en general y en la naturaleza misma de la acción. que vague la mirada. para él. esa sería entonces la naturaleza del tedio (Svendsen. Podríamos decir entonces que el tedio que podemos experimentar en terapia puede ser situacional pero también presentarse como un tedio profundo. o ausencia del mismo. hasta volverse vacío. 2007:152). Frente a este tedio profundo y ligado a la formación es que adquiere relieve la propuesta de Zlachevsky (2008) de preguntar y explicitar la concepción ontológica como primer objetivo de quien se interesa por el estudio de la psiquis. hay un eterno retorno a un único pensamiento (Heidegger.Desde la concepción que él propugna con respecto a la época técnica . nos puede incluso llegar a aburrir la situación misma (el hacer terapia. Cada cosa tiene su tiempo. mediante una proclividad a facilitarse-las-cosasa-uno-mismo. Esto nos llevaría a preguntarnos por el sentido. es tediosa” (citado en Svendsen. Podríamos . que veamos el reloj. Así Heidegger plantea: “Una cosa que pertenece a una situación tediosa. En apariencia tautológica. A lo más. pero cuando esa relación se desequilibra hacia un extremo. 1954).

postular que el vacío de sentido no puede ser llenado por el discurso técnico de la ciencia. y esa ocupación a su vez no cumple más que la función de libramos del tedio (Svendsen. en tanto que personas diferentes.” (citado en Svendsen. Frente al tedio profundo. 2006). Pero cuando aparece el tedio es cuando aparece también asociada a él la opción del tiempo libre. tanto para consultantes como para terapeutas. 2006:158) . creando nuevas alternativas de acción en la confianza de que sea la situación la que cambie y que el tedio ceda. lo que es lo mismo. no constituimos ninguna excepción. de arrebatárnoslo todo haciéndonoslo indiferente. como tales. y nosotros. la pregunta la podemos reformular como: ¿qué es lo que nos falta en la terapia que nos hace estar en el tedio? Para Heidegger la respuesta a esto es que este espacio vacío lo deja “nuestro verdadero yo” (citado en Svendsen. plano y dejándonos sin apoyo: “El ente se convierte en indiferente como totalidad. Algo que debiera estar. nos encontramos en medio de la totalidad de esta indiferencia. éste sólo lo llena de ocupación. a reflexionar sobre la propia libertad en lugar de malgastarla de forma activa o de intentar olvidarla (Svendsen. Ya no nos erigimos como sujetos y. 2006:154). Heidegger se arroja a dar otra vuelta de tuerca y decir que en realidad es el propio tedio el que nos aburre. opuestos a estos entes. Aquí cabria preguntarse en qué medida la terapia se podría llegar a transformar en un juego más. éste se encarga. Por esta senda podemos volver al origen histórico del tedio y su relación con las élites. Para el hombre. En el tedio profundo dice que nos vemos obligados a escuchar. 2006). sino que nos encontramos en medio de ellos como una totalidad o. Entonces la pregunta que nos vemos obligados a enfrentar es ¿qué es lo que falta ahí? Si la aplicamos al contexto de la terapia y el aburrimiento. dice Heidegger. juegos que cumplen la función de volver a ocuparnos. Volviendo a Heidegger. la conciencia de tedio ha de entenderse como la conciencia de un vacío. ya no está más. como podría ser en un espacio de terapia. El tedio entonces lo entiende como naciendo del Da-sein mismo. el trabajo está asociado a la ocupación en la medida que éste se realiza para la ingente satisfacción de necesidades. donde el tiempo de ocio se llena muchas veces con juegos.

2006:162). y más aun como valiosa fuente de trabajo y libertad que puede convertir a la psicoterapia en un arte que trata sobre el misterio que trae consigo quien llega a consultar. Aun rodeado de la nada. aunque exija de un gran compromiso tanto al formador como al formando. La invitación de Heidegger es a no dejarnos adormecer por el tedio y nos compele a despertar: “Sólo aquel que en verdad puede procurarse a sí mismo una carga es libre” (citado en Svendsen. pero en esa situación algo nos queda: “Nada menos que el ser. dado que la afección concierne a nuestra relación con las cosas. Svendsen (2006) nos advierte que la afección del tedio sugiere una ausencia de disposición afectiva. ya que Da- sein no tiene obligación de nada en absoluto. Si llevamos esta invitación a la formación en psicoterapia no nos queda más opción que hacernos cargo del tedio. El tedio entonces se asemeja a un no-estado que nos remite a una norelación. el instante. Sin duda que esto puede ser un gran desafío en un proceso de formación. pero para él ésta no es ya una afección muy difundida en nuestros tiempos. En el tedio profundo tenemos la opción de experimentar la nada de la realidad y la realidad de la nada. formando y formador. Por otro lado. no existe ya ninguna constricción fundamental ligada a la comunidad con otros. es que Heidegger funda la posibilidad del cambio radical de encuentro con el sí mismo.Desde la idea de que es el mismo tedio el que se aburre. concentrando el tiempo en un punto. . y el ser puede manifestarse en el Da- sein” (Svendsen 2006:166). Cabe mencionar aquí que la angustia también nos ofrece oportunidad de relación con el sí mismo. En el colapso del sentido el Da-sein se ve libre de su dependencia de los entes. Para él la vida se ha vuelto demasiado fácil. Prisionero del tiempo el Da-sein puede liberarse en el tedio a través de la apertura a sí mismo. pero también quién eligen transitar este camino. Heidegger ve en el tedio la afección fundamental de nuestro tiempo. el Da-sein sigue siendo. pero desde ya aparece como uno que no se puede descartar de buenas a primeras.

. tal y como muchos artista hacen del tedio.Así. que nos exige pero que también nos renueva constantemente. al enfrentarnos a desafíos y al entregarnos un espacio donde desplegarnos como personas haciendo uso de todas nuestras capacidades. podríamos aprovecharnos de él y extraer su máximo potencial enfocando la acción en psicoterapia como algo que nunca puede estar exento de un alto grado de creatividad.

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