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IDENTIDAD Y SÍ MISMO

De la misma manera que un individuo debe atribuir significado a las personas, objetos y sucesos
del mundo que lo rodea, también debe asignarse un significado a sí mismo. Y al hacerlo
establece sus identidades. La identidad es la respuesta que damos a la pregunta “Quién soy yo?”
El concepto del sí-mismo está estrechamente ligado al de identidad, algunos científicos sociales
los emplean casi como sinónimos. El concepto del sí mismo (self) tiene una tradición mucho más
antigua (William James, 1890), identidad cobró prominencia en los 60’, con Erik Erikson.
William James planteaba que el sí mismo (self) contiene dos aspectos: 1) el Yo (I), como el
cognoscente activo, el sujeto; y 2) el Mí (Me), como el contenido pasivo, el objeto. Al Mí
actualmente se le llama Concepto de sí.
El sí-mismo es el individuo tal como es conocido por él mismo en un marco de referencia
socialmente determinado. Se trata de una abstracción que establecemos referida a nuestros
atributos, capacidades y actividades. Entraña la concepción que desarrollamos acerca de nuestra
propia conducta, el sistema de conceptos que empleamos para tratar de autodefinirnos. Nos
vivenciamos como entidades separadas de los demás y dotadas de continuidad temporal. La idea
del sí-mismo nos hace sentirnos una unidad diferenciada, identificable, limitada.
En la Psicología Social sociológica, Cooley y George Mead hicieron contribuciones precursoras
a la comprensión del sí-mismo. La continuación por los interaccionistas simbólicos destacan que
nuestra condición humana deriva de los efectos mutuos que cada individuo tiene en el otro.
Nuestras identidades nos son dadas, mantenidas y alteradas a través de la interacción social. Los
otros individuos son espejos que, mediante sus juicios y evaluaciones continuas, nos reflejan
nuestros propios méritos, eficacias y valores.
Una de las maneras en que un individuo se vivencía a sí mismo es el “yo corporal”, o sí-mismo
material, su experiencia propia de las corrientes de sensaciones que surgen en el interior de su
organismo. En general nos percatamos sólo borrosamente de esta corriente de sensaciones, y a
menudo no la tomamos en cuenta en absoluto.
También vivenciamos el sí-mismo como un objeto social. Alcanzamos un sentimiento de
mismidad actuando hacia nosotros mismos en forma parecida que hacia otras personas. Cuando
obramos así, según Mead, estamos asumiendo el rol del otro respecto de nosotros mismos. Esto
no significa que cada cual deje de ser él mismo en algún momento, sino que adopta una
perspectiva doble: es simultáneamente el sujeto que observa y el objeto que es observado.
Asumir el rol del otro hacia nosotros no es más que respondernos como podrían hacerlo los
demás (como ellos podrían enojarse, nos enojamos con nosotros mismos, p.ej.)
Cómo se puede ser a la vez el sujeto perceptor y el objeto percibido? Cooley denomina a este
fenómeno la “autoimagen especular”, proceso que tiene tres elementos:
1. imaginamos de qué manera nos aparecemos ante las demás personas
2. imaginamos de qué manera los demás juzgan nuestra apariencia
3. experimentamos algún sentimiento
El sí-mismo especular es el medio por el cual llevamos a cabo este diálogo de autoevaluación con
nosotros mismos, tomamos nuestro sí-mismo como objeto de la propia atención.

utilizamos en gran parte el mismo mecanismo de atribución de causalidad que para la percepción de los demás. encolerizó o atemorizó. nos percatamos de que algo sucede dentro nuestro cuando estamos excitados. y se asume el rol del otro. o racionalizar nuestra conducta. Alcanzamos estas conclusiones basándonos en la observación de nuestro comportamiento y en los contextos en los cuales éste se desarrolla. o sea. La percepción de sí mismo o autopercepción. ira. cualidades y estados interiores que nos atribuimos. Hay que distinguir entre la imagen de sí y el concepto de sí. etc. Se acomoda lo mejor posible las acciones propias a las acciones potenciales del otro. Al experimentar de manera recurrente el mundo que nos rodea y las evaluaciones que los demás hacen de nosotros. Bem (1972) plantea que inferimos nuestras actitudes examinando situaciones que nos ofrecen indicadores externos sobre nuestros estados internos. Tratamos de redefinir nuestros criterios personales. asignamos luego un rótulo a esa reacción: amor. temor. En este sentido. Todas nuestras reacciones fisiológicas son bastante similares. La atención focalizada en el interior. Aparentemente para formar atribuciones sobre nosotros mismos. recurriendo a información procedente de nuestras experiencias pasadas y de nuestra percepción de la situación. coléricos o atemorizados. o sacamos el foco del sí mismo y lo dirigimos hacia el mundo exterior.2 Como plantea la teoría de la conciencia de sí. resolvemos qué es lo que estamos experimentando 3. uno es el objeto. existe una dicotomía entre los objetos de la atención consciente: podemos dirigir ésta hacia el ambiente exterior o hacia el sí mismo interior. como el proceso por el cual nos conocemos y reflexionamos sobre nosotros mismos. En este proceso de autorrotulación emocional a menudo recurrimos a las condiciones exteriores para evaluar e interpretar nuestro estados interiores. angustió. si actuamos de maneras que entran en pugna con nuestros valores. al imaginar las posibles respuestas del otro. habitualmente lo que refieren es qué cosa los excitó. predecible y manejable la visión que tenemos de nosotros. como infiriéndolas de nuestra conducta manifiesta. o autoconciencia. Según esta teoría. experimentamos una discrepancia en el interior del sí-mismo. . Schachter propone una explicación fisiológica cognitiva de las emociones: 1. algo presente en nuestro ambiente nos activa fisiológicamente. de lo que decimos y hacemos. examinando situaciones para tomar de ellas indicadores externos y luego efectuar atribuciones referidas a tales indicadores. Retomando la percepción del sí mismo corporal. angustiados. desarrollamos nuestra propia evaluación de nosotros mismos. pero si se le pide a los sujetos que describan sus emociones. Al atribuirnos rasgos estables y disposiciones permanentes nos sentimos más capaces de comprender nuestra propia conducta y de planear acciones futuras. Se juzga el propio comportamiento desde lo que uno cree que es el punto de vista del otro. Llegamos a conocer nuestras actitudes no tanto inspeccionando nuestros estados mentales interiores. en el sí-mismo. lo que distingue una de otra es la situación y el rótulo que adjudicamos a nuestro estado de activación. produce la conciencia de sí. sobre las características. produciendo un estado afectivo indiferenciado 2. Construimos concepciones de nosotros mismos que nos sirven para volver estable. que es un estado penoso.

Nuestros conceptos de sí se vinculan más directamente con nuestra percepción de las evaluaciones que los demás hacen de nosotros. acusa y rechaza. más bien. Nuestros conceptos de sí envuelven libretos. no somos seres pasivos sobre los cuales actúan los demás. A cada nueva situación de interacción social aportamos las generalizaciones cognitivas sobre el sí-mismo que hemos desarrollado a partir de nuestra experiencia anterior. Interpretamos la experiencia y percibimos selectivamente. A la pregunta “quién soy”. . judía. nuestros conceptos de sí funcionan como mecanismos selectivos que influyen en la información a la que prestamos atención. uno de los motivos de que nuestros conceptos de sí sean tan estables procede de la manera en que procesamos la información ajena sobre nosotros mismos. Si en cambio se nos subestima. tampoco es el concepto de sí simplemente un promedio fluctuante o suma de las imágenes de sí. y que está sujeto a cambios al pasar de una situación social a otra. la respuesta es anterior a la pregunta (desde que se nace. que con las evaluaciones efectivas de los demás. aprueba y admira por lo que somos. El concepto de sí es la visión general que el individuo tiene de sí mismo. Al acumular determinados tipos de experiencia. con frecuencia. tendemos a adquirir actitudes de autoaceptación y autorrespeto. Estos conceptos de sí reflejan los elementos coherentes que hemos descubierto sobre nuestra conducta social. y los usamos para discernir e interpretar la información compleja acerca de los sucesos. la sucesión de imágenes de sí sirve para revisar y corregir. Ya establecidos. nuestro concepto de sí. nuestro concepto de sí se vuelve cada vez más resistente a aceptar información incompatible o contradictoria. esquemas o marcos mentales mediante los cuales escogemos y procesamos la información referida a nosotros mismos. está en nuestras manos la clave de la identidad ajena. Ambos suelen ser bastante vagos. es probable que desarrollemos actitudes desfavorables hacia nosotros mismos. Son los demás los que nos dicen quienes somos y cómo somos. creamos marcos mentales que nos permiten hacer inferencias sobre nuestros procederes con la gente. un comportamiento estereotipado. tiende a intimidar a los demás). basados en los conceptos que nos hemos forjados previamente sobre nosotros mismos. A partir de tales observaciones. Consecuentemente. o “yo como soy realmente”. y a fin de lograr una realimentación positiva y lo más favorable posible -para acrecentar nuestra auto-estima. El resultado es. más que suplantar. la manera en que la estructuramos. Si se nos acepta. la importancia que le concedemos y lo que posteriormente hacemos con ella. Nos descubrimos a nosotros mismos en las acciones que otros realizan respecto a nosotros. tratamos de amoldarnos a las definiciones que ellos formulan sobre nosotros.3 Una imagen de sí es un cuadro o concepto mental relativamente temporario que cada cual se forma de sí mismo. guían e influyen nuestro comportamiento posterior. etc. En cuanto al desarrollo del sí mismo. Es más probable que fijemos y recordemos mejor todo aquello que confirme el concepto que ya tenemos de nosotros y que tendamos a subestimar e ignorar la realimentación que contraría ese concepto. sos niña.) Nuestra autoevaluación es un reflejo de la evaluación que los demás hacen de nosotros. buena niña. nuestros conceptos de sí surgen de la interacción social con otras personas y a su vez. el sentido de permanencia de un Yo Real. Y a menudo cultivamos activamente los comportamientos ajenos que lo apuntalan (hombre que piensa que es intimidatorio. (Esto puede explicar la persistencia de imágenes incorrectas sobre su propio cuerpo en personas que han ganado o perdido muchos kilos) Muchos de nuestros conceptos de sí se resisten enormemente al cambio. las pautas que hemos observado en repetidas oportunidades en el curso de nuestra interacción con los demás.

Definimos el comportamiento apropiado en términos de las normas de los grupos a los que pertenecemos. el primero influye en la conducta. y a . En relación a la identidad grupal. la índole cíclica del concepto de sí y de la conducta social. creencias religiosas o políticas se vuelven tan importantes para algunas personas. Esta teoría plantea tres ideas centrales: Categorización: así como se categorizan objetos o personas para poder entenderlas. Felson (1981) puntualiza que las percepciones de sí del tipo descripto por Bem exigen que el individuo posea ya patrones o criterios para interpretar lo que observa. Esto es flexible y varía situacionalmente. En primer lugar plantea que buscamos en la cultura que nos rodea claves que nos permitan sentirnos parte de un todo más amplio. nos comparamos con otros miembros de nuestro grupo. Los variados factores sociales que obran sobre la autoestima son:  Juicios ajenos acerca de nosotros  Características sociales y personales de nuestros semejantes (por comparación)  El medio social (por expectativas y definición de situación) La experiencia previa en una situación social concreta (a1) aumenta la probabilidad de que un individuo cause una impresión positiva en los demás (b1) en situaciones similares. y también podemos vernos de forma positiva al vernos como parte de un grupo prestigioso. esta membresía grupal nos aporta parte de lo que somos. la moldea y orienta y viceversa. Identificación: Nos identificamos con los grupos a los que percibimos que pertenecemos. En aras de la auto-estima. tales impresiones (b1) realzan la visión que el sujeto tiene de sí (c1). descubrimos cosas de nosotros mismos al conocer a qué categoría pertenecemos. La autoestima es la valoración que una persona hace de sus propios méritos. y este concepto de sí positivo (c1) incentiva al individuo para participar en situaciones de la misma índole en el futuro (a2): a1 b1 c1 a2 ésto es. para algunos Psicólogos Sociales es sinónimo de concepto de sí. hay un sesgo generalizado en la que vemos el grupo al que pertenecemos como formado por individuos distintos entre sí (heterogeneización grupal). es por ello que las normas sociales tales como estilo de vestimenta. pero en ocasiones nos pensamos a nosotros mismos como miembros de un grupo (identidad social) y en otras como individuos únicos (identidad personal). TEORÍA DE LA IDENTIDAD SOCIAL La teoría de la identidad social fue desarrollada por Henri Tajfel y John Turner (1979). Comparación: Para evaluarnos a nosotros mismos nos comparamos con otros similares. de los demás en el curso de la socialización. La gente adquiere tales patrones o criterios.4 Si bien Bem (1972) dice que los individuos infieren sus actitudes y estados interiores de la observación que hacen de su conducta y de los contextos en los cuales ella se manifiesta. La percepción de sí entraña con frecuencia nuestra aplicación de patrones culturales a nosotros mismos.

Esta teoría ha sido aplicada a muchos procesos en Psicología Social. (Todos los estudiantes son iguales. y distintos a miembros de otros grupos. . que nuestras identidades sociales son tan verdaderas y básicas para el sí mismo. pero su mayor aplicación ha sido en la explicación de la influencia social. sino que hay diferentes “niveles de abstracción”. y que éstas son ambas igualmente válidas expresiones del sí mismo. (1985) hacían hincapié en que en diferentes momentos nos percibimos a nosotros mismos como individuos únicos y en otras como miembros de grupos. Ahora bien. comportamiento de muchedumbres. pero esto no son sólo dos niveles. al. juicios sociales. como la identidad personal. cuando nos percibimos como miembros de un grupo. particularmente en relación a estereotipos. un estudiante diría. nos vemos menos como individuos únicos. y para los fines del estudio de la influencia social. hay de este tipo y de este otro) TEORIA DE LA CATEGORIZACIÓN DEL SI-MISMO John Turner et. no es así. Esto es. el nivel grupal de abstracción es aquél en el que los individuos se ven a sí mismos como “intercambiables” con otros miembros del grupo. Este cambio flexible de la auto-percepción es el centro de esta teoría. como si todos los miembros fueran iguales (homogeneización extra-grupal).5 otros grupos. procesos en grupos pequeños.