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La escisión del objeto fálico

C.F.
En Posición del inconsciente, Lacan escribe, con un valor de subtítulo, que la
continuación de su escrito nos enseñará por qué Freud funda la Ichspaltung en
una escisión del objeto fálico y no del sujeto (Écrits, Seuil, París, 1966, p. 842).
Al operar con su propia pérdida, el sujeto ataca la cadena significante y produce
un retorno de la alienación en el movimiento de separación (Écrits, p. 844, p.e.).
La estructura de borde del objeto y la pulsión –el mito de la lamelle– siguen en
el texto, hasta su nota final, de características restrictivas (ibíd., p. 850). Dos
faltas concurren. Por un lado, la del viviente y por otro, la que habita en el deseo
del Otro. Con anterioridad, el inconsciente, en el párrafo decisivo de este
escrito, es definido como corte en acto.
¿Cómo entender la escisión del objeto fálico en este contexto? Si partimos del
objeto como borde la cuestión comienza a aclararse. El corte entre el objeto y el
cuerpo (la zona erógena y también la estructura del significante, es decir, su
intervalo) es correlativo. Lo que figura por fuera del objeto, el exterior que
circunscribe si lo invertimos, es homólogo a la falta que se instala en el Otro. El
tema es conocido al menos desde Subversión del sujeto: la delimitación de la
zona erógena “halla favor de un rasgo anatómico, de un margen o un borde”
(ibíd., p. 817); y “el rasgo del corte no es menos evidentemente prevalente en el
objeto” (p. 817). Insistimos, en un caso el corte (supongamos un círculo)
contiene su interior; en otro, su exterior.
Encontramos así al objeto subtendido por la falta –que le es propia, hay que
señalarlo– y valiendo en los dos sentidos. Pero resta el problema que trae la nota
final del texto: “La demostración sobre el (a) no hemos podido extenderla
hasta ese punto que constituye su interés crucial, a saber, el objeto (menos fi) en
tanto que “causa” del complejo de castración” (ibíd., p. 850).
El desarrollo que falta aquí, aunque relativamente contemporáneo de este
escrito, se halla en el seminario XIII: el grupo combinatorio. De modo que la
nota de Lacan, restrictiva como habíamos señalado, toca también a fortiori a la
escisión del objeto. Sin la referencia a la estructura de grupo que hace al objeto
(a) y su relación con la pulsión (cf., asimismo, Télévision, Seuil, París, 1974, pp.
42-43), y que se demuestra en parte por su conformación como un borde, la
demostración no está completa.
Recordemos una vez más nuestro ejemplo de Las estaciones de Arcimboldo.
Que los frutos, en su disposición, conformen el contorno del retrato provee una
imagen que permite aprehender la cuestión en juego. Si identificamos los frutos
con el (a) y el perfil ausente del retrato con menos fi, obtenemos la estructura
combinatoria del (a): se produce una falta, que notamos menos fi. Esto permite
acceder desde otro ángulo y con mayor precisión a la escisión del objeto fálico.

Sin ella no es posible intentar una lectura correcta de Proposición. que forman sistema (todo el psicoanálisis en intension está allí).La construcción es de importancia mayúscula. . como tampoco trazar el recorrido de los primeros quince seminarios. por ejemplo.