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Pecados imperdonables (Lecabel

)
Enviado el: 09-29-2004 @ 12:54 am
Estoy sin dormir, muy cansada, pero feliz, creo al menos que lo estoy. Me va a costar contar
esto, pero es necesario, como le he dicho a algunos de ustedes en privado, no escribo por
amor a la literatura, lo hago solo por exorcizar fantasmas, o tal vez por que es una forma de
conocerme más a mi misma, pero mejor empiezo por el principio:
Yo tenía 27 años, estaba divorciada, tenia a mi niño pequeño y luchaba contra la depresión.
Esta lucha requería de tratamiento farmacológico y si hay algo que odio en mi vida es tener
que tomar medicamentos, del tipo que sean estos, sobre todo si se trata de ayudar a mi
mente a funcionar correctamente, por que siempre creí que si yo no podía ni siquiera
manejar mi propia mente, en realidad no valía lo suficiente como ser humano, por supuesto
que luego me di cuenta de que no es tan así y que a veces es necesario recurrir a alguien o
algo que nos ayude a salir del pozo.
Pero, como siempre, cuando me empeño en algo que considero correcto, no descanso hasta
conseguir mi cometido, por mucho que me cueste lograrlo.
Decidí entonces regresar a la mejor etapa de mi vida y aun habiendo terminado el
secundario, me inscribí en una escuela nocturna para volver a hacerlo. En realidad, hubiera
preferido retomar mis estudios universitarios pero estaba consciente de que en ese momento
no estaba en condiciones de agregar otras complicaciones y presiones a las que ya tenia.
Ahí conocí a Javier A. Él tenía apenas 18 años, pero era ya el hombre más maduro que se
puede concebir, además de muy inteligente y sensible. Compartíamos el gusto por la
poesía, por la historia, por el arte y por la buena música, además de tener en común nuestro
gusto por las charlas interminables que incluían desde filosofía casera hasta secretos muy
personales e incluso inconfesables, pero que ambos podíamos compartir sin temor de que el
otro se volviera nuestro juez. Simplemente éramos casi el uno para el otro y digo casi, por
que hay cosas que entre dos, siempre son inevitables, cosas tan terribles o simples como las
circunstancias de cada uno, que difieren diametralmente de las del otro y marcan límites
invisibles pero infranqueables.
Cuando terminamos los estudios continuamos viéndonos, nos habíamos vuelto
imprescindibles el uno para el otro, incluso hasta a veces nos costaba separarnos y él se
quedaba a dormir en casa, pero esto, lejos de llamarnos la atención acerca de la
dependencia que se creaba entre ambos, nos parecía totalmente natural dada la amistad que
nos unía.
Al cabo de algún tiempo, ambos comenzamos a cambiar nuestra actitud frente al otro. Nos
volvíamos más reservados, nuestras otrora interminables conversaciones se truncaban y
morían en nuestras miradas. Solíamos sentarnos tomados de las manos y así
permanecíamos por horas, sin hablar.
Hoy me doy cuenta de que estaba enamorada, hoy, pero entonces solía pensar que aquello
que pasaba era tan natural como lo había sido todo entre nosotros. Creo también que ambos
teníamos miedo de hablar de lo que pasaba por temor a mancillar aquella relación que nos
unía.
Javier se mostraba celoso de otras personas que se me acercaban, por alguna extraña razón,
a lo largo de mi vida y con muy pocas excepciones, mis amistades han sido hombres.
Aquella actitud me molestaba y me confundía, casi tanto como mis pensamientos en torno a
Javier.

si fui yo. de regreso a casa. a Javier no le importó quien estuviera. ¿ Pero como decirle que aquellos hombres que él veía junto a mí eran una pantalla para mantenerme alejada de su vida? ¿ Acaso esto le importaría realmente? Yo ni siquiera sabía si su enojo correspondía al de un hombre enamorado o al de un amigo decepcionado. un pecado de aquellos que jamás nos son perdonados por nosotros mismos. ni siquiera que se encontrara presente mi pareja de “turno”. víspera de mi cumpleaños 29. Esta vez elegí una disco y llamé a varios amigos en común para que nos acompañaran. un joven que empezaba a vivir. según se vea. pero otra vez falté a la cita. me encerraba en mi cuarto y me hacía negar cuando él venía a buscarme. con un sinnúmero de problemas y que no podía permitirse arruinar aquella vida. o no. si fue una casualidad. Fue tan grande mi vergüenza que solo atiné a reírme. Nunca pensé cuanto mal podría causarnos aquello. solo pensé en mí y en mis necesidades y ese fue un error que pague por años. no cuando yo sabía que él podía perder mucho más de lo que yo jamás pondría en juego. Creo que imaginé que en ese ambiente el nunca se atrevería a hablar de nosotros. pero la discusión era tan fuerte que no nos dimos cuenta de que ésta sangraba. aun hoy no lo sé. me quedé en casa. pero yo podría cumplir con mi promesa de encontrarnos. lo fui y lo soy aún. pero nunca supe que era lo que le dolía tanto. sin entender por que yo reía tan fuerte y entonces le dije la peor frase que he dicho en mi vida: “ Ni vos te salvaste. tantas cosas más que me tenía merecidas. donde la intimidad que habitualmente nos envolvía no nos jugara en contra e hiciese prevalecer mis sentimientos por sobre mi cordura. él me miraba intrigado. Ese día nos encontramos en la calle. envuelta en lágrimas. Él me dijo no sé cuantas cosas sobre lo mala persona que yo era. si fue él. Además nunca llegué a pensar en que él estuviese enamorado de mí.Yo sabía que las diferencias entre nosotros eran abrumadoras: él. simplemente nunca llegué a la cita. aunque esta vez no por que yo quisiera sino por que las clases en la facultad se habían extendido y no podía zafarme. al despedirme de Javier entre lágrimas e insultos de ambos. que me gustaba jugar con los hombres pero que él no era mi juguete. Pensé que la mejor manera de poner fin a lo que me pasaba. me abrazó y en un momento dado me encontré besándolo en los labios y nunca supe como pasó aquello. Ilusa. Hablamos. y tantas. al cabo de una semana decidí que era tiempo de arreglar aquel embrollo porque una mujer “adulta” no debe comportarse como una niña boba adolescente y lo llamé para que nos encontráramos. entre otras personas. decidí caminar un rato para pensar en que hacer con mi vida. Salí corriendo de la disco. Al día siguiente él llegó a buscarme y quedamos nuevamente en encontrarnos. Pero ante su insistencia y la posibilidad de que lo que debíamos hablar no tuviese que ver con nuestra. . una mujer divorciada. ante el estupor de todos mis amigos y Javier me siguió. Tuve que descolgar el teléfono para evitar sus llamados. discutimos. Javier estaba furioso como nunca lo había visto. consentí en encontrarnos en terreno neutral. consolándome en pensar que aquella decisión era lo mejor para ambos. eh? Otro beso para mi colección”. yo. la rueda delantera de su motocicleta frenó contra mi rodilla. yo sabía exactamente de qué quería hablar y me asusté. yo lloré y lo eché. cerrándole la puerta en la cara. sin tener que hablar con Javier de aquello. pude ver el dolor en sus ojos. NO me atreví esa noche. simplemente se acercó. Creo que en ese momento me odió. Esa tarde. Tampoco era correcto intentar indagar sobre sus sentimientos. relación. últimamente tan extraña. era mostrarle que en mi vida había lugar para otros hombres. Una noche me pidió que habláramos.

reímos y lloramos recordando. incluso tuvieron que amputar una de sus piernas. pero nunca pude olvidar el daño que había causado antes y sentí temor de infligirlo nuevamente. no importa si me entienden. Estoy sin dormir y no he podido trabajar. es decir lo que se siente. Pero esta es otra historia que tal vez algún día me atreva a contarles. Me encerré en un mundo en el que no cabía el amor y donde apenas había lugar para la amistad. pero esta vez si que necesitaba “hablar”. un llamado telefónico me trajo una voz que se había perdido en el tiempo. Ayer. sobrevivir. Cuando regresé a casa y durante el año en que estuve internada para recuperarme. por que ahora sabía que no podía tocar nada sin mancillarlo. decirlo todo. un pobre loco. decidió por mí: Fui secuestrada. Pasaron algunos años en los que solo me preocupaba sobrevivir. volver a ver a mi hijo. No por amor. pero un buen día Javier había desaparecido con toda su familia y nunca más se supo de ellos. ya de trece años. Llegó a mi vida como un amigo y luego fue la razón por la que vivía mi alma. Anoche. por saber. uno al que no necesitaba tocar.Esa noche. a mi familia. no he podido por que me siento como en una nube y no estoy segura de que es realidad y que podría ser un sueño. uno que me llenaba el alma y a quien no podría lastimar jamás. si les importa esta historia a ustedes o si acaso llegan a comprender que es lo que siento. que me enseñó a amar nuevamente. Importa que nunca más voy a cometer el mismo error de callar cuando lo necesario. ni siquiera por fuera. estarán aburridos de leerme. pero que sin embargo pude reconocer al instante. donde y como pude. en mi vida ya esa palabra había dejado de tener sentido. liberarme. . incluso sentía vergüenza de hacerlo y fue mi hijo. como los sueños y alejaba su recuerdo por que necesitaba desprenderme de todo aquello que pudiese hacerme flaquear. Javier se desdibujaba en mi mente. Nos mirábamos solo para darnos cuenta de que casi no hemos cambiado. El tiempo pasó y trajo un ángel. para no cometer esos pecados en contra de uno mismo que luego es imposible perdonarse. hablamos. al cruzar la ruta que lo llevaba a su casa. Aun quedan millones de cosas por decir. por preguntar. las que nunca creí que llegarían a sus manos. Él estará aquí diez días y espero en este tiempo tomar coraje para decir lo que en realidad importa y lo que necesito saber para estar en paz: ¿ Fui yo la causante de aquél accidente? ¿ De que quería hablar conmigo hace diez años? ¿Será capaz de perdonarme? Amigos. había sido embestido por una camioneta. lo leal. recibí las visitas de un sinnúmero de amigos. mi familia fue a verlo en algunas oportunidades. cuando nos despedimos. intercambiamos las cartas que en estos años nos habíamos escrito. me reproché cada día de mi vida el haber causado tanto dolor. salir. Javier regresó de Canada y me buscaba para que al fin pudiéramos hablar de tantas cosas que hace diez años callamos. no. Lo busqué. necesitaba mis fuerzas en toda su capacidad. somos hoy los mismos que éramos y nuestra amistad ha sobrevivido a todo lo que nos ha pasado. Estuvo a punto de perder su vida en varias ocasiones. quien me hablo de Javier: Me contó que aquella tarde. pero él nunca vino y yo no me atrevía a preguntar. Lo busqué para pedir perdón si es que esto era posible. El tiempo pasó y fui llenando papeles y sobres con cartas para Javier. Me sentí culpable. un ser maravilloso que me enseñó a sonreír nuevamente. Me enojé con Dios y conmigo.

las fronteras entre nosotros no serán insalvables.Amor mío. por que ya no tendré temor de lastimarte con mi amor. Necesito estar para ti completamente libre de temores. deséame suerte. o mejor desea para mí la fortaleza que nunca tuve para poder hacer esas preguntas que tú dices a veces es mejor no hacer. entonces sí. . sé que vas a leerme. como siempre haces.