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Una historia de España (L

)
Arturo Pérez Reverte – XL Semanal – 29 / 8 / 2.015.
Para hacerse idea de lo que fue nuestro siglo XIX y lo poco que los españoles
nos aburrimos en él, basta mirar las cronologías. Si en el siglo anterior sufrimos
a cinco reyes con una forma de gobierno que, mala o buena, fue una sola, en
este otro, sumando reyes, regentes, reinas, novios de la reina, novios del rey,
presidentes de república y generales que pasaban por allí, incluidas guerras
carlistas y coloniales, tuvimos dieciocho formas de gobierno diferentes,
solapadas, mixtas, opuestas combinadas o mediopensionistas. Ese siglo fue la
más desvergonzada cacería por el poder que, aun conociendo muchas, conoce
nuestra historia. Las famosas desamortizaciones, que en el papel sonaban
estupendas, sólo habían servido para que tierras y otros bienes pasaran de
manos eclesiásticas a manos particulares, reforzando el poder económico de la
oligarquía que cortaba el bacalao. Pero los campesinos vivían en una pobreza
mayor, y la industrialización que llegaba a los grandes núcleos urbanos
empezaba a crear masas proletarias, obreros mal pagados y hambrientos que
rumiaban un justificado rencor. Mientras, en Madrid, no tan infame como su
padre Fernando VII -eso era imposible, incluso en España-, pero heredera de la
duplicidad y la lujuria de aquel enorme hijo de puta, la reina Isabel II, Isabelita
para los amigos y los amantes militares o civiles que desfilaban por la alcoba
real, seguía cubriéndonos de gloria. La cosa había empezado mal en el
matrimonio con su primo Francisco de Asís de Borbón; que no es ya que fuera
homosexual normal, de infantería, sino que era maricón de concurso, con
garaje y piscina, hasta el punto de que la noche de bodas llevaba más encajes
y puntillas que la propia reina. Eso no habría importado en otra coyuntura, pues
cada cual es dueño de llevar las puntillas que le salgan del cimbel; pero en
caso de un matrimonio regio, y en aquella España desventurada e incierta, el
asunto trajo mucha cola (no sé si captan ustedes el chiste malo). De una parte,
porque el rey Paquito tenía su camarilla, sus amigos, sus enchufados y sus
conspiraciones, y eso desprestigiaba más a la monarquía. De la otra, porque
los matrimonios reales están, sobre todo, para asegurar herederos que
justifiquen la continuidad del tinglado, el palacio, el sueldo regio y tal. Y de
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que durante todo el período isabelino se hicieron sitio con pronunciamientos. insubordinaciones y chulería. Los generales protagonistas empezaron a participar activamente en política. por desgracia. valió a nuestra reina esta elegante definición del papa Pio Nono: «Es puta. Lo que. poniendo y quitando gobiernos. así por encima.casi nunca tuvo dos seguidos del mismo padre. O'Donnell y Narváez -todos con nombres de calles de Madrid-. por cierto. apuntaremos que el futuro Alfonso XII (el de dónde vas triste de ti y el resto de la copla) era hijo de un guapísimo ingeniero militar llamado Enrique Puig Moltó. Que ya es currárselo. De todas formas. buscándose la vida con mozos de buena planta.nos salió muy aficionada a los intercambios carnales. Espartero. el virus del ruido de sables ya estaba allí. Y para complicar el descojono estaban los militares salidos de las guerras carlistas -los héroes de los que Larra aconsejaba desconfiar-. porque Isabelita -que no era una lánguida Sissí emperatriz. unas veces por necesidades de la coyuntura política y otras por caprichos personales. pues la chica era de aquella manera. gente de palacio. varios militares -a la reina la ponían mucho los generales-. y un secretario particular. detalle simpático. de los que hablaremos en el siguiente capítulo de nuestra siempre apasionante y lamentable historia. y acabó. en un acto de respeto entre antiguos enemigos y de reconciliación inteligente y ejemplar que. En eso Isabel II se enfangó hasta el real pescuezo. y entre ellos destacaron tres. Por cierto. 2 . hasta el punto de que de los once hijos que parió -y le vivieron seis. había acabado de manera insólita en España: fue la única de nuestras contiendas civiles en la que oficialmente no hubo vencedores ni vencidos. pues tras el Abrazo de Vergara los oficiales carlistas se integraron en las fuerzas armadas nacionales conservando sueldos y empleos. o más bien empezó pronto. [Continuará]. y como detalle técnico de importancia decisiva más adelante. En lo político. sino todo lo contrario. Entre esos padres diversos se contaron.postre. no repetiríamos hasta 1976 (y que en 2015 parecemos obstinados en reventar de nuevo). los reyes de aquellos tiempos no eran como los de ahora: mojaban en todas las salsas. . La primera guerra carlista. mientras tanto. pero piadosa».