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Del diablo, crédulos e


incrédulos

J. Enrique Cáceres-Arrieta

Sé que muchos niegan al diablo; también gente religiosa niega la


existencia de Lucifer, y para cientificistas y fanáticos racionalistas creer en
“divinidades”, el diablo y demonios “no” es propio de gente de ciencia
porque “nada de eso es demostrable”. (¿Por qué será que me parece ver a
Satanás y los demonios reírse de estos “científicos” y de razonamientos tan
ingenuos?) Una de las primeras mentiras que Satanás, padre de la mentira,
deposita en la mente del humano es que “el diablo no existe”. Sé (no creo
únicamente) que el diablo es real no porque no sea científico, sino porque
la Biblia, máxima autoridad sobre asuntos espirituales, habla del diablo, y
porque he visto situaciones de gente endemoniada liberada en el Nombre
de Jesús. Además, considero saber discriminar entre una posesión
demoníaca y ataques epilépticos, convulsiones y disociaciones. Ni caigo en
la trampa de creer que todo es posesión diabólica ni tampoco que toda
posesión es una disociación, aun cuando el poseso pierde sus facultades y
contacto con la realidad.
San Marcos 9: 14-29 narra que Jesús sana a un chico con ciertos
síntomas parecidos a la epilepsia. El fanático racionalista o cientificista dirá
que el joven era epiléptico. Empero, el padre del joven y los discípulos de
Jesús por lo que veían sabían que era un demonio. Además, Jesús habla con
el demonio y le manda salir del chico y no entrar más en él. ¿Se equivocó
el padre del muchacho y los evangelistas que registran este pasaje al
señalar que el joven tenía un demonio? ¿Erró Jesús el diagnóstico? ¿Estaba
loco al hablar con el demonio y mandarle salir del muchacho y no volver
más a él? Si leemos la vida de Jesús escrita por sus cuatro calificados
biógrafos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) nos percatamos que Jesús no
tenía ningún trastorno de personalidad. Sus hechos y palabras siempre son
cuerdos. Si Jesús fuese un invento humano, tocaría adorar al que lo inventó.
Por lo general, las películas sobre exorcismo y demonios son basadas
en casos de la vida real. ¿Fueron esos hechos casos reales de posesión
demoníaca o simplemente eran graves trastornos de personalidad o
alteraciones químicas del cerebro? El inconveniente surge cuando el
cristiano lo atribuye todo a los demonios y el cientificista considera que su
ciencia es capaz de explicar y probar hechos intangibles que trascienden la
razón y el laboratorio.
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Variables como los demonios y fenómenos sobrenaturales están fuera de


las capacidades intelectuales humanas y del campo de estudio de
investigaciones naturalistas y sociales. Y meter la política y la corrupción
en el mismo saco con los demonios es hacer mofa de quienes creen y saben
que los demonios son reales. ¿Hasta cuándo la burla en nombre de las
ciencias naturales?
Algunos que se han percatado que ciertas sesiones espiritistas son falaces
creen haber descubierto el agua tibia. Que algunas sesiones sean shows
para estafar no significa que todas son fraudulentas.
Hay gente endemoniada con trastornos de personalidad y también
existen disociaciones con fuerte ingrediente demoníaco. El pastor cristiano
de almas y el especialista en la conducta y la mente se necesitan, y cada
uno debe tener la suficiente humildad a fin de admitir limitaciones y
retirarse cuando sus conocimientos y recursos estén agotados,
permitiéndole al otro hacer su labor. Mucha gente es oprimida por el diablo
y pocos son los casos reales de endemoniados. Aquí es donde algunos
creyentes se equivocan al confundir la opresión e influencia satánicas con
la posesión. Y el incrédulo mezcla lo natural con lo sobrenatural, pues para
él las cuestiones sobrenaturales no son tema de discusión por ser
“superstición”, “charlatanería”, “autosugestión”. Esto es, “hechos naturales
que pueden explicarse y curarse naturalmente”. El filme El exorcismo de
Emily Rose es un claro ejemplo de cientificistas tratando de dar explicación
naturalista a hechos sobrenaturales.
Las dos posiciones son equivocadas por extremas. No toda opresión e
influencia diabólica es posesión ni necesariamente el poseso está
trastornado mentalmente. El diablo existe, pero tampoco se mete en alguien
sin ser invitado ni puede ser introducido en un tubo de ensayo.
Sabido es que las ciencias naturales y sociales creen que temas como el
diablo y los demonios tienen un fuerte ingrediente con sabor a trastorno
sicológico. Resulta presumido y ridículo diagnosticar sin tener al paciente
en el consultorio como pretenden algunos al hacer señalamientos
disparatados en cuanto a la conducta de ciertos personajes bíblicos. En
otras palabras, si por lo complejo de la conducta humana es
extremadamente complicado dar con el diagnóstico de un paciente que va
al consultorio, ¡cuánto más difícil es pretender diagnosticar conductas de
personajes de hace más de 2 mil años! La incredulidad es insolente y lejos
está el conocimiento humano de saber, entender y poder explicar la
sicología humana. El humano no se sintetiza -como creen muchos- en dos
más dos son cuatro.
Quienes se empeñan en rechazar lo sobrenatural y la existencia de
Lucifer deberían conversar (sin consultar) con quienes dirigen sesiones
espiritistas sobre la realidad o no de fuerzas buenas y malas que operan en
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una dimensión inmaterial. A partir de ahí los honestos intelectuales cesarán


de negar lo sobrenatural y los demonios.

El autor es periodista