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La tercera parte de esta historia de la crisis capitalista la dedicamos a la década de los 90. Esta década no se ha cerrado todavía pero sus últimos 30 meses están siendo especialmente graves en el plano económico(). Hemos asistido a lo largo de la década al hundimiento de todos los modelos de gestión económica que el capitalismo presentaba como panacea y solución: en 1989 fue el modelo estalinista que la burguesía ha vendido como «comunismo» para mejor avalar la mentira del «triunfo del capitalismo». Tras él han ido cayendo, uno detrás de otro, aunque de forma más discreta, los alabados modelos alemán, japonés, sueco, suizo y, finalmente, el de los «tigres» y «dragones» asiáticos. Esta sucesión de fracasos muestra que el capitalismo no tiene solución a su crisis histórica y que tantos años de trampas y manipulaciones de las leyes económicas no la han sino empeorado considerablemente. La tercera parte de esta historia de la crisis capitalista la dedicamos a la década de los 90. Esta década no se ha cerrado todavía pero sus últimos 30 meses están siendo especialmente graves en el plano económico([1]). Hemos asistido a lo largo de la década al hundimiento de todos los modelos de gestión económica que el capitalismo presentaba como panacea y solución: en 1989 fue el modelo estalinista que la burguesía ha vendido como «comunismo» para mejor avalar la mentira del «triunfo del capitalismo». Tras él han ido cayendo, uno detrás de otro, aunque de forma más discreta, los alabados modelos alemán, japonés, sueco, suizo y, finalmente, el de los «tigres» y «dragones» asiáticos. Esta sucesión de fracasos muestra que el capitalismo no tiene solución a su crisis histórica y que tantos años de trampas y manipulaciones de las leyes económicas no la han sino empeorado considerablemente. El hundimiento de los países del Este y la recesión mundial de 1991-93 El derrumbe de los países del antiguo bloque ruso ([2]) es un auténtico descalabro: de 1989 a 1993, los índices de producción caen regularmente entre un 10 y un 30 %. Rusia ha perdido entre 1989 y 1997 ¡el 70 % de su producción industrial! Sí bien a partir de 1994 los ritmos de caída se moderan, el balance sigue siendo desolador: países como Bulgaria, Rumania o Rusia siguen presentando índices negativos mientras que únicamente Polonia, Hungría y la República checa ofrecen tasas positivas. El desplome de estas economías que cubren más de la sexta parte del territorio mundial es el más grave de todo el siglo XX en tiempos de «paz». Se añade a la lista de damnificados durante los años 80: la mayoría de países africanos y un buen número de países asiáticos, caribeños, centroamericanos y sudamericanos. Las bases de la reproducción capitalista a escala mundial sufren una nueva e importante amputación. Pero el hundimiento de los países del antiguo bloque del Este no es un hecho aislado, es el anuncio de una nueva convulsión de la economía mundial: tras 5 años de estancamiento y tensiones financieras (ver nuestro artículo anterior), desde finales de 1990, la recesión se apodera de las grandes metrópolis industriales:  Estados Unidos conoce una ralentización del crecimiento entre 1989 y 1990 (2 % y 0,5 %) que se convierte en una tasa negativa en 1991: – 0,8 %;      Gran Bretaña sufre la recesión más fuerte desde 1945 que se prolonga hasta 1993; en Suecia, la recesión es la más violenta desde la posguerra, entrando a partir de entonces en una situación de semi estancamiento (el famoso «modelo sueco» desaparece de los libros de texto); aunque la recesión se retrasa en Alemania y en los demás países de Europa occidental, estalla sin embargo a mediados de 1992 y se prolonga durante 1993-94. En 1993, la producción industrial de Alemania cae un 8,3 % y para el conjunto de países de la Unión europea (UE) la producción total cae un 1 %; Japón desde 1990 cae en un estado de recesión larvada: la media durante el periodo 1990-97 es un raquítico 1,2 % y ello pese a que el gobierno ha realizado nada menos que ¡11 planes de relanzamiento! El desempleo bate nuevos récords históricos. Baste señalar unos pocos datos: - en 1991, los 24 países de la OCDE eliminaron 6 millones de puestos de trabajo; - entre 1991 y 1993, se destruyeron 8 millones de empleos en los 12 países de la Unión europea; - en 1992, Alemania alcanza el nivel de paro de los años 30 y desde entonces, lejos de bajar, seguirá aumentando llegando a los 4 millones en 1994 y a los 5 millones en 1997. Aunque en términos de caída de índices de producción, la recesión de 1991-93 parezca más suave que las anteriores de 1974-75 y 1980-82, hay una serie de elementos cualitativos que muestran lo contrario:     a diferencia de las recesiones anteriores ningún sector se salva de la crisis; la recesión golpea especialmente a los sectores de informática y armamentos que nunca se habían visto afectados. Así, en 1991 IBM realiza 20 000 despidos (80 000 en 1993); NCR 18 000; Digital Equipment 10 000; Wang 8 000, etc. En 1993, la modernísima y potente industria alemana del automóvil planifica 100 000 despidos; se produce un fenómeno tampoco visto en recesiones anteriores. Aquellas se habían producido porque los gobiernos, ante la amenaza de la inflación, habían cerrado bruscamente el grifo crediticio. En cambio, esta tiene lugar en medio de enormes inyecciones de crédito que no consiguen estimular la máquina económica:«al contrario de lo que se produjo cuando las recesiones de 1967, 1970, 1974-75 y 1980-82, el aumento de la masa monetaria creada directamente por el Estado (billetes del banco central y piezas de moneda) ya no provoca un aumento de la masa de créditos bancarios. Por mucho que el gobierno americano apriete el acelerador, la máquina bancaria sigue sin responder» (Revista internacional nº 70: «Una recesión peor que las anteriores») . Así, entre 1989 y 1992 la Reserva federal estadounidense baja 22 veces el tipo de interés pasando de un 10% a un 3% (una cifra inferior a la tasa de inflación lo que significa que se presta el dinero a la banca de forma prácticamente gratuita) sin con ello lograr animar la economía. Es lo que los expertos llaman el «credit-crunch», la «contracción del crédito»; se produce un importante rebrote inflacionario. Los datos para 1989-90 son: USA ................................................................. 6 % Gran Bretaña .................................... 10,4 % C.E.E. .......................................................... 6,1 % Brasil ......................................................... 180 % Bulgaria ..................................................... 70 % Polonia ....................................................... 50 % Hungría ...................................................... 40 % URSS ............................................................ 34 % La recesión de 1991-93 muestra la reaparición tendencial de la tan temida combinación que tanto asustaba a los gobernantes burgueses en los años 70: la recesión más la inflación, la estanflación. De forma general, evidencia que la «gestión de la crisis», que analizamos en el primer artículo de esta serie, no puede ni superar ni siquiera atenuar los males del capitalismo y no hace otra cosa que aplazarlos haciéndoles mucho peores de tal forma que cada recesión es peor que la anterior pero mejor que la siguiente. En ese sentido la de 1991-93 manifiesta 3 rasgos cualitativos muy importantes:    el crédito es cada vez más incapaz de relanzar la producción; se agrava el riesgo de una combinación entre estancamiento de la producción, por un lado, y de explosión inflacionaria, por otro; los sectores punta que hasta entonces se habían librado de la crisis entran en ella: informática, telecomunicaciones, armamentos. Una recuperación sin empleos Desde 1994 y tras unos tímidos intentos en 1993, la economía de Estados Unidos, acompañada por las de Canadá y Gran Bretaña, comienza a presentar cifras de crecimiento que no superarán nunca el 5%. Ello permite a la burguesía cantar victoria y proclamar a los cuatro vientos el «relanzamiento» económico e incluso hablar de «años de crecimiento ininterrumpido» etc. Esta «recuperación» se apoya sobre:  1. El endeudamiento masivo de Estados Unidos y de toda la economía mundial: entre 1987 y 1997 el endeudamiento total de EE.UU. ha crecido a un ritmo diario de 628 millones de dólares. Las bases de este endeudamiento son, por una parte, un drenaje de la enorme masa de dólares que circula por todo el mundo ([3]) y, por otra parte, el estímulo desaforado del consumo doméstico que provoca el desmoronamiento del ahorro de tal forma que en 1996, después de 53 años, la tasa de ahorro vuelve a ser negativa, 2. China y los llamados «tigres» y «dragones» asiáticos reciben cuantiosos fondos sobre la base de la paridad entre su moneda local y el dólar (un fabuloso negocio para los inversionistas extranjeros) como combustible de su rápido aunque ilusorio crecimiento, 3. una serie de países clave de América Latina (Brasil, Chile, Argentina, Venezuela, Méjico) son el centro de enormes préstamos especulativos pagados con elevados intereses a corto plazo;  un aumento espectacular de la productividad del trabajo que permite bajar los costes y hacer las mercancías americanas más competitivas;     una agresiva política comercial por parte del capital americano cuyos pilares son: obligar a sus rivales al desmantelamiento de aranceles y de otros mecanismos proteccionistas, manipulación del dólar, dejando caer sus cotizaciones cuando lo prioritario es estimular las exportaciones y haciéndolo subir cuando lo esencial es atraer fondos, aprovechar al máximo todos los instrumentos que EE.UU. tiene como primer potencia imperialista (militares, diplomáticos, económicos) para favorecer sus posiciones en el mercado mundial. Los países europeos siguen el mismo camino que EE.UU. y a partir de 1995 participan también del «crecimiento» aunque en una medida mucho menor (índices que oscilan entre el 1 y el 3 %). La característica más destacada de esta nueva «recuperación» es que se trata de una recuperación sin empleos, lo cual constituye una novedad frente a las anteriores. Así tenemos que:     pese a las continuas operaciones de maquillaje estadístico, el desempleo no deja de aumentar entre 1993 y 1996 en los países de la OCDE; las grandes empresas lejos de aumentar el empleo lo continúan destruyendo: se calcula que en EE.UU. las 500 primeras empresas han eliminado 500 000 puestos entre 1993 y 1996; se reduce por primera vez desde 1945 la plantilla de funcionarios. Así la administración federal americana elimina 118 000 puestos entre 1994-96; a diferencia de fases de recuperación anteriores el aumento de los beneficios empresariales no se acompaña con un crecimiento del empleo sino todo lo contrario. Los nuevos empleos que se crean son más bien subempleos, pésimamente remunerados y a tiempo parcial. Esta recuperación que aumenta el desempleo es un testimonio elocuente de la gravedad que está alcanzando la crisis histórica del capitalismo pues como señalamos en la Revista internacional nº 80 «cuando la economía capitalista funciona de manera sana, el aumento o el mantenimiento de las ganancias es el resultado del incremento de los trabajadores explotados, así como de la capacidad para extraer de ellos una mayor cantidad de plusvalía. Cuando la economía capitalista vive en una fase de enfermedad crónica, a pesar del reforzamiento de la explotación y de la productividad, la insuficiencia de los mercados le impide mantener sus ganancias, mantener su rentabilidad sin reducir el número de explotados, sin destruir capital» . Al igual que la recesión abierta de 1991-93, la recuperación de 1994-97, por su fragilidad y sus violentas contradicciones, es un nuevo exponente de la agravación de la crisis capitalista pues a diferencia de las anteriores:    alcanza a un número de países mucho más pequeño; EE.UU. ya no ejerce de locomotora mundial que impulsa a sus «socios» sino que se recupera a costa de ellos, principalmente en detrimento de Alemania y Japón; el paro sigue creciendo y lo más que se logra es atenuar su ritmo de aumento;  1. 2. 3. se acompaña de continuas convulsiones financieras y bursátiles. Entre otras: quiebra de la economía mexicana (1994), cataclismo del Sistema monetario europeo (1995), bancarrota del banco Barings (1996). Podemos concluir que en la evolución de la crisis capitalista durante los últimos 30  años cada momento de recuperación es más débil que el anterior aunque más fuerte que el siguiente, mientras que cada fase de recesión es peor que la anterior aunque mejor que la siguiente. La llamada «mundialización» Durante los años 90 hemos visto florecer la ideología de la «mundialización» según la cual la imposición en todo el orbe de las leyes del mercado, el rigor presupuestario, la flexibilidad laboral y la circulación sin trabas de capitales, permitirían la salida «definitiva» de la crisis (eso sí, tras una nueva carga de agobiantes sacrificios sobre la espalda del proletariado). Como todos los «modelos» que le han precedido, esa nueva alquimia es otra tentativa de los grandes Estados capitalistas de «acompañar» la crisis y tratar de frenarla. A ese respecto, esta política contiene tres elementos esenciales:    un incremento formidable de la productividad, reducción de barreras aduaneras y trabas al comercio mundial, un desarrollo espectacular de las transacciones financieras. 1) El incremento de la productividad Durante los años 90 los países más industrializados han experimentado un importante incremento de la productividad. En este aumento podemos distinguir de un lado, la reducción de costes; de otro, el aumento de la composición orgánica del capital (la proporción entre capital constante y capital variable). En la reducción de costes han intervenido varios factores:     una tremenda presión sobre los costes salariales: reducción del salario nominal y recortes cada vez más fuertes de la parte del salario materializada en prestaciones sociales; una caída vertiginosa de los precios de las materias primas; la eliminación sistemática y organizada de las partes no rentables del aparato productivo, tanto privadas como públicas, a través de diferentes mecanismos: cierre puro y simple, privatización de propiedades estatales, fusiones, segregación y enajenación de activos; la llamada «deslocalización», o sea, el traslado de producciones con escaso valor añadido a países del Tercer Mundo que, con gastos laborales bajísimos y precios de venta irrisorios (con frecuencia recurriendo al dumping) permiten a los países centrales rebajar los costes. El resultado general ha sido la reducción universal de los costes laborales (un aumento brutal tanto de la plusvalía absoluta como de la plusvalía relativa): Tasa de de los Costes laborales unitarios variación anual 1995 1996 1997 1998 Australia 3,8 2,8 1,7 2,8 Austria 2,4 -0,6 0,0 -0,2 Canadá 3,1 3,8 2,5 0,8 Francia 1,5 0,9 0,8 0,4 Alemania 0,0 -0,4 Italia 4,1 3,8 2,5 0,8 Japón 0,5 -2,9 1,9 0,5 Corea 7,0 4,3 3,8 -4,3 España 4,2 2,6 2,7 2,0 Suecia 4,4 4,0 0,5 1,7 Suiza 3,5 1,3 -0,4 -0,7 3,4 2,8 Gran Bretaña 4,6 Estados Unidos 3,1 2,5 2,0 -1,5 2,3 -1,0 2,7 (Fuente: OCDE) Por lo que se refiere al aumento de la composición orgánica, ha seguido creciendo a lo largo del periodo de decadencia pues es imprescindible para compensar la caída de la tasa de ganancia. En los 90, la introducción sistemática de la robótica, la informática y las telecomunicaciones ha supuesto un nuevo acelerón. Este incremento de la composición orgánica supone para tal o cual capitalista individual, o para una nación entera, una ventaja cierta sobre sus competidores, pero ¿qué significa desde el punto de vista del conjunto del capitalismo mundial?. En el periodo ascendente, cuando el sistema podía incorporar nuevas masas de trabajadores a sus relaciones de explotación, el aumento de la composición orgánica constituía un factor acelerador de la expansión capitalista. En el contexto actual de decadencia y de 30 años de crisis crónica, el efecto de esos aumentos de la composición orgánica es completamente diferente. Si bien son imprescindibles para cada capital individual al permitirle compensar la tendencia a la baja de su tasa de ganancia, tienen un efecto diferente para el capitalismo en su conjunto ya que agravan la sobreproducción y reducen la base misma de la explotación al empujar a la baja el capital variable, echando a la calle masas crecientes de proletarios. 2) La reducción de barreras aduaneras La propaganda burguesa ha presentado como «el triunfo del mercado» la eliminación de barreras aduaneras que se ha operado a lo largo del decenio. No podemos hacer aquí un análisis detallado ([4]) pero, una vez más, es necesario despejar la realidad que se oculta tras las cortinas de humo ideológicas: 1. esta eliminación de barreras arancelarias y de medidas proteccionistas ha sido en lo esencial unidireccional: la han realizado los países más débiles en beneficio de los más fuertes y muy particularmente ha afectado a Brasil, Rusia, India etc. Los países más industrializados, lejos de reducir sus barreras aduaneras, han creado otras nuevas empleando coartadas medioambientales, sanitarias, de «derechos humanos» etc. Contrariamente a la presentación ideológica presentada por la burguesía, semejante política no ha sino agravado las tensiones imperialistas; 2. ante la agravación de la crisis, los países más industrializados han impulsado una política de «cooperación» cuyo contenido se ha centrado en:  descargar los efectos de la crisis y de la agravación de la competencia sobre los países más débiles,  impedir por todos los medios un colapso del comercio mundial que no haría sino agudizar mucho más la crisis con consecuencias especialmente graves en los países centrales. 3) La globalización de las transacciones financieras La década de los 90 supone una nueva escalada en el endeudamiento. La cantidad se transforma en cualidad, y podemos decir que el endeudamiento se convierte ensobreendeudamiento:    mientras en los años 70 el endeudamiento se podía reducir asumiendo el riesgo de provocar la recesión, desde mediados de los 80 el endeudamiento es una necesidad permanente y siempre creciente de todos los Estados tanto en los momentos de recesión como en los momentos de recuperación: «El endeudamiento no es una opción posible, una política económica que los dirigentes de este mundo podrían seguir o no seguir. Es una obligación, una necesidad, inscrita en el funcionamiento y las contradicciones mismas del sistema capitalista»(Revista internacional nº 87: «Una economía de casino»); por un lado, Estados, bancos y empresas requieren un flujo de créditos frescos que solo puede obtenerse en el mercado de valores. Como consecuencia, se produce una concurrencia desenfrenada para captar prestamistas. Para ello se recurre a las trampas más rebuscadas: se establece una paridad forzada entre la moneda local y el dólar (tal es el truco empleado por China o por los famosos «tigres» y «dragones»), se reevalua la moneda para atraer fondos, se elevan los tipos de interés etc.; por otra parte, «los beneficios extraídos en la producción ya no encuentran salidas suficientes en inversiones rentables que puedan incrementar las capacidades de producción. La “gestión de la crisis” consiste entonces en encontrar otras salidas al excedente de capitales flotantes para así evitar una desvalorización brutal» (ídem). Son los Estados mismos y las instituciones financieras más respetables las que impulsan una especulación desaforada no solo para evitar el estallido de esa gigantesca burbuja de capital ficticio sino para aliviar la carga de las deudas siempre crecientes. Es por tanto, ese sobreendeudamiento y la especulación exuberante e irracional que provoca, lo que lleva a la famosa «libertad en el movimiento » de capitales, la utilización de la electrónica y de Internet en las transacciones financieras, la indexación de las monedas respecto al dólar, la libre repatriación de beneficios... La complicada ingeniería financiera de los años 80 (ver artículo anterior) parece un juguete comparada con los artilugios sofisticados y laberínticos de la «mundialización» financiera de los 90. Hasta mediados de los años 80 la especulación, que siempre ha existido bajo el capitalismo, no pasaba de ser un fenómeno temporal, más o menos perturbador. Pero desde entonces se ha convertido en un veneno mortal pero imprescindible que acompaña de forma inseparable al proceso de sobre-endeudamiento y que debe ser integrado al funcionamiento mismo del sistema. El peso de la especulación es enorme, según datos del Banco Mundial el llamado «dinero caliente» asciende a ¡30 BILLONES de dólares!, 24 de ellos corresponden a los países industrializados. Balance provisional de los años 90 Ofrecemos unas conclusiones provisionales (para el período 1990-96, antes del estallido de lo que se ha dado en llamar «la crisis asiática») que, sin embargo, nos parecen bastante significativas. I. Evolución de la situación económica 1. La tasa media de crecimiento de la producción sigue cayendo: Tasa de incremento del PIB (media para los 24 países de la OCDE) 1960-70 ....................................................... 5,6 % 1970-80 ....................................................... 4,1 % 1980-90 ....................................................... 3,4 % 1990-95 ....................................................... 2,4 % 2. La amputación de sectores industriales y agrícolas directamente productivos se convierte en permanente y afecta a todos los sectores, tanto «anticuados» como de «tecnología punta». Evolución de los (industria y agricultura) del porcentaje sectores 1975 1985 1996 Estados Unidos 36,2 32,7 27,8 del directamente PIB productivos China 74,8 73,5 68,5 India 64,2 61,1 59,2 Japón 47,9 44,2 40,3 Alemania 52,2 47,6 40,8 Brasil 52,3 56,8 51,2 Canadá 40,7 38,1 34,3 Francia 40,2 34,4 28,1 Gran Bretaña 43,7 43,2 33,6 Italia 48,6 40,7 33,9 Bélgica 39,9 33,6 32,0 Israel 40,1 33,1 31,3 Corea del Sur 57,5 53,5 49,8 3. Para luchar contra la caída imparable de la tasa de ganancia, las empresas recurren a toda una serie de medios que sí bien a corto plazo alivian la caída, a medio plazo agravan los problemas: – disminución de los costes laborales y aumento de la composición orgánica; – descapitalización: enajenación masiva de activos (instalaciones, propiedades inmobiliarias, inversiones financieras, etc.) para maquillar los beneficios y reducir sensiblemente las tasas que pagar al Estado; – concentración: las fusiones empresariales han experimentado un incremento espectacular: Valor de las fusiones en Unión Europea miles Estados Unidos 1990 260 1 240 1992 214 1 220 1994 234 1 325 1996 330 1 628 de millones $ 1997 558 1 910 1998 670 1 500 (Fuente: J.P.Morgan) Mientras el gigantesco proceso de concentración del capital entre 1850 y 1910 reflejó un desarrollo de la producción y fue positivo para la evolución de la economía, el proceso actual expresa lo contrario. Se trata de una respuesta a la defensiva, destinada a compensar la fuerte contracción de la demanda, organizando la reducción de la capacidad de producción (en 1998 los países industrializados han reducido en un 10 % su capacidad productiva) y el recorte de plantillas: estimaciones prudentes cifran en un 11 % del total los puestos de trabajo eliminados por las fusiones realizadas en 1998. 4. Hay una nueva reducción de las bases del mercado mundial: una gran parte de Africa, un cierto número de países de Asia y América, participan muy débilmente en él, hundiéndose en una situación de descomposición, de lo que se ha dado en llamar «agujeros negros»: un estado de caos, de resurgimiento de formas esclavistas, de economía de trueque y saqueo... 5. Los países considerados «modélicos» caen en un estancamiento prolongado. Son los casos de Alemania, Suiza, Japón y Suecia donde:     la media de crecimiento de la producción para el periodo 1990-97 no sobrepasa en ninguno de ellos el 2 %; el paro crece de forma muy significativa: en el intervalo de 1990-97 se ha duplicado prácticamente en los 4 países (por ejemplo, en Suiza, donde la media entre 1970 y 1990 era de 1 %, en 1997 alcanza la cifra del 5,2 %); se transforman de países acreedores en países deudores (los hogares suizos son los más endeudados del mundo después de USA y Japón); muy significativa es la situación de la economía suiza considerada hasta hace poco la más saneada del mundo: Crecimiento del PIB en Suiza 1992 ........................................................ – 0,3 % 1993 ........................................................ – 0,8 % 1994 ........................................................ + 0,5 % 1995 ........................................................ + 0,8 % 1996 ........................................................ – 0,2 % 1997 ........................................................ + 0,7 % 6. El nivel de endeudamiento continúa su escalada imparable convirtiéndose en sobreendeudamiento:   el endeudamiento mundial alcanza en 1995 la cifra de los 30 BILLONES de dólares (año y medio de producción mundial); Alemania, Japón y el conjunto de países de Europa Occidental se incorporan al pelotón del alto endeudamiento (en la década anterior había sido mucho más moderado). % Deuda pública sobre el PIB 1975 Estados Unidos 1985 1996 148,9 164,2 Japón 45,6 167,1 187,4 Alemania 24,8 142,5 160,7 Canadá 43,7 164,1 100,5 Francia 20,5 131,1 156,2 Gran Bretaña 62,7 153,8 154,5 Italia 57,6 182,31 123,7 España 12,7 143,71 169,6 Bélgica 58,6 122,11 130,1 (Fuente: Banco Mundial) – Los países del Tercer mundo sufren una nueva sobredosis de deudas: Deuda total países «subdesarrollados» 1990 ........................ 1 480 000 millones $ 1994 ........................ 1 927 000 millones $ 1996 ........................ 2 177 000 millones $ (Fuente: Banco Mundial) 7. El aparato financiero padece las peores convulsiones desde 1929 dejando de ser el lugar seguro que había sido hasta mediados de los 80. Su deterioro va unido a un desarrollo gigantesco de la especulación que afecta a todas las actividades: acciones bursátiles, inmobiliario, arte, agricultura etc. 8. Dos fenómenos que, aunque siempre han existido en el capitalismo, toman proporciones alarmantes en la década: – la corrupción de políticos y gestores económicos lo cual es producto de la combinación de dos factores:   el peso cada vez más aplastante del Estado sobre la economía (de sus planes de inversión, sus subvenciones, sus compras, dependen cada vez más las empresas), la dificultad creciente para obtener una ganancia razonable por las vías «legales»; – la gangsterización de la economía, la interpenetración cada vez más fuerte entre estados, bancos, empresas, mafias y traficantes (de droga, armas, niños, emigrantes etc.) Los negocios más turbios son los más rentables y las instituciones más «respetables» tanto gubernamentales como privadas no pueden dejar pasar bocados tan apetitosos. Esto pone de manifiesto, a la vez que agudiza, una tendencia a la descomposición de la economía. 9. En línea con lo anterior aparece un fenómeno en los Estados industrializados, hasta entonces reservado a las repúblicas bananeras o a los regímenes estalinistas: la falsificación cada vez más descarada de los indicadores estadísticos y los trucos contables de todo tipo (la famosa «contabilidad creativa»). Esto constituye otra muestra de la agravación de la crisis pues para la burguesía siempre había sido necesario disponer de estadísticas fiables (en especial, en los países de capitalismo de Estado «a la occidental» que necesitan la sanción del mercado como veredicto final del funcionamiento económico). En el cálculo del PIB, el Banco mundial, fuente de muchas estadísticas, incluye como parte del mismo el concepto de «Servicios no comercializables» donde mete el sueldo de los militares, los funcionarios o múltiples burócratas y los educadores. Otro medio de hinchar las cifras es considerar como «Autoconsumo» no solo actividades agrarias sino toda una serie de servicios. El tan ensalzado «excedente fiscal» del Estado americano es una ficción conseguida a base de jugar con los excedentes de los fondos de la Seguridad social ( [5]). Pero es en las estadísticas del paro, por su gran trascendencia política y social, donde las trampas son más escandalosas logrando una minoración sustancial de las cifras reales:     en USA, nuestra publicación Internationalism nº 105 evidencia las trampas de la administración Clinton para conseguir sus «magníficas» cifras de paro: incluir como activos trabajadores a tiempo parcial, eliminar de la estadística los parados que rechazan ofertas de empleo trampa, contar varios empleos parciales de un mismo trabajador como diferentes trabajadores etc.; en Alemania, solo se consideran parados aquellos que buscan un empleo de al menos 18 horas semanales, mientras que en Holanda es de 12 horas semanales y en Luxemburgo de 20 horas ([6]); Austria y Grecia han eliminado las estadísticas mensuales en beneficio de las trimestrales que permiten enmascarar las cifras reales; en Italia, no se consideran parados a los que trabajan entre 20 y 40 horas semanales ni tampoco a los que trabajan entre 4 y 6 meses al año. En Gran Bretaña aquellos parados que las oficinas estatales consideran que no está justificado el cobro del subsidio del desempleo son borrados de las estadísticas. II. Situación de la clase obrera 1. El desempleo sufre una aceleración muy violenta a lo largo de la década: Parados en los 24 países de la OCDE 1989 .............................................. 30 millones 1993 .............................................. 35 millones 1996 .............................................. 38 millones % Desempleo Países industrializados 1976 1980 1985 1990 1996 USA 7,4 7,1 17,1 16,4 15,4 Japón 1,8 2,9 12,7 12,1 13,4 Alem. 3,8 2,9 16,9 15,9 12,4 Francia 4,4 6,3 10,2 19,1 12,4 Italia 6,6 7,5 19,7 10,6 12,1 GB 5,6 6,4 11,2 17,9 18,2 (Fuente: OIT)  la OIT reconoce en 1996 que la población mundial desempleada absolutamente o subempleada alcanza el umbral de los mil millones de personas. 2. El subempleo que es crónico en los países del Tercer Mundo se generaliza en los países industrializados:   los múltiples contratos a tiempo parcial (también llamados «contratos basura») abarcan en 1995 al 20 % de la población laboral de los 24 países de la OCDE; el informe de la OIT para 1996 observa que «al menos entre el 25 y el 30 % de los trabajadores en el mundo cuentan con una jornada de trabajo menor de la que les gustaría realizar o con un salario inferior al que necesitarían para vivir dignamente». 3. En el Tercer Mundo comienzan a desarrollarse masivamente formas de explotación tales como el trabajo de niños (unos 200 millones según estadísticas del Banco mundial para 1996); trabajo en régimen de esclavitud o el trabajo forzado; hasta en un país desarrollado como lo es Francia, diplomáticos han sido condenados recientemente por tratar en esclavos a personal doméstico traído de Madagascar o Indonesia. 4. Junto a la generalización de los despidos masivos (especialmente en las grandes empresas) los gobiernos adoptan políticas de «reducción del coste del despido»:   reducción de las indemnizaciones en el momento del despido; recorte de las prestaciones por desempleo, tanto en el número de «beneficiarios» como en la cuantía. 5. Los salarios sufren por primera vez desde los años 30 descensos nominales:    el índice salarial en España en 1997 ha bajado al nivel de 1980; en USA la media salarial ha perdido un 20 % nominal entre 1974 y 1997; en Japón los incrementos salariales han bajado por primera vez desde 1955 (un 0,9 % en 1998). 6. Las prestaciones sociales experimentan un recorte sustancial que además se hace permanente. Como contrapartida los impuestos, tasas y descuentos para la Seguridad social crecen constantemente. 7. Desde mediados de la década, el capital abre otro frente de ataque: la eliminación de los mínimos legales en las condiciones de trabajo. Ello redunda en una serie de consecuencias:     incremento de la jornada laboral (a través en particular de la demagógica vía de las «35 horas» que supone la «anualización de las horas trabajadas»); eliminación del límite de edad de jubilación; eliminación de límites a la edad de comienzo del trabajo (en la UE trabajan ya 2 millones de niños); reducción de la protección frente accidentes laborales, enfermedades profesionales etc. 8. Otro aspecto y no desdeñable es que los trabajadores se ven empujados por la banca, las compañías de seguro etc. a poner sus míseros ahorros (o las ayudas de padres o abuelos) en la ruleta rusa de la Bolsa, constituyendo las primeras víctimas de sus continuos sobresaltos. Pero lo peor del problema es que, con la eliminación o la reducción a subsidios irrisorios de las pensiones de la Seguridad social, los trabajadores se ven forzados a hacer depender su jubilación de los Fondos de pensiones que invierten el grueso de sus capitales en la Bolsa lo cual provoca graves incertidumbres: así el principal Fondo de los trabajadores de la enseñanza en USA perdió un 11 % en 1997 (ver Internationalism nº 105). La propaganda burguesa ha insistido hasta la náusea sobre la disminución de las desigualdades, sobre un proceso de «democratización» de la riqueza y del consumo. La agravación, a lo largo de los últimos 30 años, de la crisis histórica del capitalismo ha desmentido sistemáticamente esas proclamas y confirmado el análisis marxista de la tendencia que se agrava con la evolución de la crisis al empobrecimiento cada vez mayor de la clase obrera y de toda la población explotada. El capitalismo concentra en un polo cada vez más minoritario enormes y provocadoras riquezas y en el otro polo cada vez mayoritario terribles y lacerantes miserias. Así, en 1998 el informe anual de la ONU recogía unos datos muy significativos: mientras en 1996 los 358 individuos más ricos del mundo concentraban en sus manos tanto dinero como los 2500 millones de personas más pobres, en 1997 para alcanzar la misma equivalencia bastaba con los primeros 225 ricos. La primera crisis financiera internacional del siglo XXI estalló en el 2007 con el virtual colapso del sistema financiero de Estados Unidos; el detonante fue el estallido de una burbuja inmobiliaria, alimentada por un boom crediticio durante los seis años previos. En paralelo,burbujas inmobiliarias también estallaron en España, Irlanda y Reino Unido. Por tanto, ocasionó una crisis en las economías avanzadas con impactos en todo el mundo, manifestados en una desaceleración de la actividad productiva y aumentos en el desempleo. En el 2007, estalló la primera crisis financiera internacional del siglo XXI en Estados Unidos y en algunos países europeos. Cinco años después la crisis no ha terminado, pues muestra diversas ramificaciones, y en esencia se trata de la misma crisis que estalló en el 2007 en Estados Unidos y generó repercusiones globales a partir de setiembre del 2008. Los mecanismos de solución alimentaron aun más la crisis, que mutó de financiera y privada a fiscal y pública. ¿En qué consistió y por qué ocurrió? En términos generales, la crisis puso sobre el tapete una antigua lección: si un gobierno gasta por encima de sus ingresos, genera un déficit fiscal; el exceso de gasto público puede ser cubierto durante un tiempo con deuda, pero si la tendencia persiste, llega un momento en que ya no es posible endeudarse más. En esa circunstancia solo queda reducir el gasto. Dicho de otro modo, al igual que en una familia, no se puede gastar por encima de los ingresos de manera indefinida. Más aún, en Estados Unidos y varios países europeos no solo se trata de un problema de los gobiernos, sino también de las familias en sí, es decir, todas se han acostumbrado a gastar más de lo que pueden pagar. Esto ha ocurrido desde hace un par de décadas, pero con mayor profundidad en los primeros diez años del siglo XXI. El crecimiento alto y sostenido de la economía mundial en medio de una ola de innovaciones en las tecnologías de la información había generado la “muerte del riesgo”, es decir, los agentes económicos redujeron la aversión al riesgo casi hasta eliminarla debido al optimismo sobre el comportamiento de la economía mundial. El resultado fue el boom crediticio y el sobreendeudamiento de las familias y el gobierno de Estados Unidos que acompañó la burbuja inmobiliaria ocurrida entre los años 2002 y 2007. Desde esa óptica, la crisis fue un resultado del éxito anterior. El mundo transitó del crecimiento y la confianza a la depresión y el pánico. Ante ese panorama sólo quedaba ajustar, es decir, disminuir el gasto y aumentar los ingresos públicos para reequilibrar las finanzas públicas. Como consecuencia, las familias compran menos, las empresas venden menos y la economía se contrae. ¿Y por qué afecta esta situación al resto del mundo? Porque Estados Unidos y Europa son los principales demandantes de bienes y servicios del resto de países, entre ellos China. Si Estados Unidos y Europa compran menos al resto del mundo, China producirá menos, pues observa cómo se reducen sus principales mercados; los tres motores de la economía mundial se frenan y con ellos la economía mundial. En el 2009, la economía mundial experimentó una recesión sincronizada, es decir, una caída de la producción de –0.5%. En Estados Unidos fue de –2.6% y en la Eurozona la recesión fue de –4.1%. El Perú, luego de crecer en 9.8% en el 2008, lo hizo solo en 0.9% en el 2009. Como consecuencia, en América Latina el resultado de la evolución del PBI fue de –1.7%. China, gracias al tamaño de su mercado interno, creció en 9.2%. La implicancia principal para una economía pequeña como la peruana es su dependencia de la evolución de la economía mundial; lo que pase con ella impactará sobre nuestro país. Por ello, la crisis actual configura un entorno externo desfavorable para el gobierno actual, a diferencia del contexto internacional favorable que enfrentaron Toledo y García durante el periodo de auge de la economía mundial. Y por ello debe tenerse cautela con los incrementos en el gasto público, pues la solidez macroeconómica es nuestro principal amortiguador de los embates de la crisis. ¿Cuál fue el origen de este problema? El colapso del sistema financiero de Estados Unidos hacia los años 2007 y 2008. Los sistemas financieros tienen como principal función la canalización de los fondos de los depositantes a los inversionistas. Si dejan de operar de manera normal, el sector productivo de la economía se frena, debido a la reducción drástica del crédito. ¿Y por qué colapsan los sistemas financieros? Porque algunos no pueden pagar sus deudas. La historia muestra que las crisis financieras son crisis de deuda, sea del sector privado o del sector público, que aparecen luego de un periodo de auge crediticio manifestado en burbujas especulativas en algún activo, por lo general en acciones o viviendas. Durante la primera década del siglo XXI, Estados Unidos vivió por encima de sus posibilidades. Por un lado, hubo una disminución de impuestos y un alto nivel de gasto público del gobierno, en especial por guerras en el exterior como la de Irak, como consecuencia del ataque a las Torres Gemelas del 2001. Por otro lado, las familias se sobreendeudaron gracias a un boom crediticio que llevó a un aumento desmedido de los precios de las viviendas y otros activos. ¿Y por qué las entidades financieras otorgaron tantos créditos? Porque gracias a los adelantos en las tecnologías de la información, los bancos comerciales que otorgaban los préstamos revendían estos a bancos de inversión en Wall Street, los cuales, a través de complicadas técnicas financieras, creaban nuevos productos financieros opacos y exóticos que, a su vez, eran vendidos a inversionistas en todo el mundo. La disminución en la tasa de interés abarató aun más los préstamos; como dirían los economistas, fue una combinación de una política fiscal expansiva (mayores gastos y menores impuestos) con una política monetaria expansiva (menores tasas de interés). El resultado: un boom crediticio y sobreendeudamiento que colapsó en agosto del 2007 y alcanzó impactos globales a partir de setiembre del 2008 con la quiebra y desaparición de los bancos de inversión en Wall Street. Mientras tanto, en varios países de la Eurozona como España e Irlanda, el boom crediticio también generó burbujas en los precios de varios activos, como las viviendas. La interconexión del mundo hizo que la posibilidad de una nueva Gran Depresión, similar a la de hace ochenta años, fuera real. ¿Cómo reaccionaron los gobiernos? Con el objetivo de evitar un descalabro similar al ocurrido durante la Gran Depresión de los años treinta del siglo anterior, los gobiernos implementaron programas de estímulo económico, es decir, incrementos en el gasto público con el objetivo de “reavivar” la economía, dado que el sistema financiero no funcionaba y, por tanto, el consumo y la inversión privada, motores del crecimiento, mostraban disminuciones históricas; la solución fue mayor gasto público ante el menor gasto privado. El problema es cómo financiaron el mayor gasto, y es aquí donde la solidez o la debilidad macroeconómica entran en juego, pues el punto de partida sí importa. Mientras que los gobiernos de Estados Unidos y de algunos países de la Eurozona (Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia) se endeudaron para financiar los mencionados programas en circunstancias en que los niveles de deuda ya eran altos, el Perú no requirió hacerlo, pues tenía ahorros (superávits fiscales) del trienio 2006-2008. La prudencia fiscal rindió sus frutos. En términos simples, los bancos centrales y los gobiernos fueron al rescate, los primeros emitiendo dólares y euros (préstamos de los bancos centrales a los gobiernos) y los segundos, gastándolos, de modo que el mayor gasto público “reemplazara” temporalmente al menor gasto privado. Ello permitió una “recuperación desde la demanda” en el 2010, que no era sostenible, pues el mecanismo no podía continuar, pero que sí otorgaba tiempo para enfrentar los problemas del sistema financiero, tarea que no se hizo; por esa razón el año 2010 mostró una ligera recuperación, aunque no sostenible. En ese año, el PBI mundial creció en 5.2%, mientras que el de Estados Unidos lo hizo en 3.0% y el de la Eurozona en 1.9%. La “aparente” recuperación económica mundial estuvo liderada por las economías emergentes, que crecieron en 7.3%, mientras que las avanzadas lo hicieron en 3.2%. De esta manera, hacia el 2011 la capacidad de repago de las deudas de los gobiernos se redujo y los acreedores comenzaron a dudar de los préstamos realizados a los gobiernos. En Estados Unidos, es necesaria la aprobación por parte del Congreso para que el gobierno siga endeudándose; en otras palabras, cuando la deuda llega al límite establecido, el Congreso tiene que aprobar la ampliación del techo de la deuda. Sin embargo, aquí comenzó un problema político, pues en una de las cámaras tiene mayoría el Partido Republicano, mientras que en la otra lo tiene el Partido Demócrata, del cual es miembro el actual presidente, Barack Obama, candidato a la reelección en noviembre de este año. Luego de días de intensa negociación política, se llegó a un acuerdo: aumentar el límite de la deuda a cambio de reducciones en el gasto público. Sin embargo, endeudarse más no soluciona el problema, a menos que la economía crezca más, de modo de tener los recursos para el repago. De ahí que la relación entre la deuda y el PBI sea clave. Mientras más crezca la economía, mayor recaudación logra el gobierno, pues las empresas tienen más utilidades. Pero si las familias en Estados Unidos están con altos niveles de endeudamiento, no pueden gastar y con ello incentivar la demanda; por eso la economía crece menos, y el gobierno recauda menos y reduce su probabilidad de pago de deuda. En agosto del 2011, la calificadora de riesgo Standard & Poor redujo la calificación crediticia de la deuda pública de Estados Unidos, de AAA a AA , algo que ocurría por primera vez con la deuda del país del norte. La deuda pública como proporción del PBI era de 100%, y de 150% si agregamos la deuda del sector privado, y el plan de consolidación fiscal no fue percibido como suficiente. A modo de comparación, en el caso peruano la deuda pública asciende al 21% del PBI. El Perú tiene mayor capacidad de repago que los Estados Unidos. Standard & Poor hizo lo correcto: los niveles de deuda señalados, un déficit fiscal cercano al 10% del PBI y, en especial, un crecimiento muy bajo, unidos a los problemas políticos de concebir un plan de consolidación fiscal tenían que reflejarse en una rebaja de la calificación crediticia, sea la de Estados Unidos o la de cualquier país del mundo. El caso europeo Durante el primer trimestre del 2012, los problemas europeos han puesto en tela de juicio la existencia misma de la Eurozona. ¿Qué pasa con Europa? La crisis europea combina varios elementos. En primer lugar, varios países tienen un problema de sobreendeudamiento público, como Grecia, Italia, Portugal e Irlanda, en los cuales la deuda pública es mayor que el 100% del PBI (en Grecia se ubica en torno al 160%); en Francia, Bélgica, Alemania y Reino Unido se ubica entre el 80% y el 99%. En segundo lugar, el déficit fiscal supera el 6% del PBI en Reino Unido, Irlanda, Grecia y España. En tercer lugar, el crecimiento es lento, y esto es clave, pues el crecimiento genera los recursos para el repago de la deuda. Grecia y Portugal enfrentarían una recesión de –3% este año, al igual que Italia (– 2.2%) y España (–1.7%), mientras que Alemania y Francia apenas estarían por encima del 0%. En cuarto lugar, Europa enfrenta problemas de competitividad, es decir, le es caro producir y por ende competir con otros países en los mercados externos, problema más visible en Italia, España, Portugal, Grecia e Irlanda. En quinto lugar, algunos países como Irlanda enfrentan los efectos de una crisis bancaria. En sexto lugar, en España e Irlanda hubo una burbuja inmobiliaria. En sétimo lugar, y como consecuencia, existe un problema de desempleo: la tasa de desempleo en España alcanza el 23% (y el 50%, es decir, uno de cada dos, si nos referimos al desempleo juvenil); en Grecia, el 18%; y en Portugal e Irlanda, alrededor del 15%. La variedad de problemas genera la necesidad de varias respuestas en forma simultánea y coordinada, y no solo medidas de reducción del déficit fiscal como viene ocurriendo. Desde un punto de vista estructural, la Eurozona tiene un problema de diseño institucional. La Eurozona está compuesta por 17 países, todos son parte de la Unión Europea, que está compuesta por 27 países. La zona del euro es una unión monetaria, que desde 1999 utiliza al euro como moneda oficial y tiene sus fundamentos institucionales en el Tratado de Maastricht de 1992; esto significa que una entidad llamada Banco Central Europeo (BCE) tiene bajo su responsabilidad la política monetaria de los 17 países y, por tanto, la emisión del euro; los países miembros no tienen moneda propia y usan como banco central común al BCE. Sin embargo, además de incluir economías con distintos niveles de competitividad, la Eurozona no es una unión fiscal; en términos simples, mientras que el control monetario está en manos de una institución común, la disciplina fiscal depende de cada gobierno, por lo que ellos pueden contraer deuda y generar altos déficit fiscales. Esto, a pesar de que el tratado constitutivo impone restricciones fiscales que quedan bajo la responsabilidad de cada gobierno. Los problemas de solvencia de Grecia, Irlanda y Portugal en cuanto a la situación fiscal aumentaron el nerviosismo de los mercados, y desde el último trimestre del 2011 la atención se centró en la posibilidad real de una moratoria de la deuda. Los inversionistas muestran cada vez menos disposición a prestar dinero a economías percibidas como riesgosas en términos de repago de deuda, y en caso de hacerlo, exigen una tasa de interés mayor para compensar el riesgo, con lo cual la deuda mantiene su espiral ascendente. Los programas de rescate por parte del Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional no han sido suficientes, pues el problema no es de liquidez, sino de insolvencia. Así como la crisis financiera de Estados Unidos fue enfrentada con paquetes de rescate que implicaron mayor deuda e inyección de liquidez a las entidades financieras, los problemas en Europa fueron afrontados de manera similar con más dinero que “rescató” a los gobiernos con problemas de repago de deuda a cambio de programas de ajustes. Los casos más emblemáticos son los de Grecia, Portugal e Irlanda. En el cuarto trimestre del 2011, entraron en recesión los siguientes países: Bélgica, República Checa, Irlanda, Grecia, España, Italia, Países Bajos (Holanda), Portugal y Eslovenia. Las tasas de desempleo, consecuencia del ajuste, superan el 20% en España, Grecia, Irlanda y Portugal. La tasa de desempleo juvenil (menores de 25 años) es 50% en España y Grecia, y 36% en Eslovaquia. Los problemas europeos tardarán aún en resolverse. ¿Hasta cuándo? La primera crisis financiera internacional del siglo XXI no es un fenómeno nuevo, pues eventos similares han ocurrido desde la burbuja de los tulipanes en Holanda en 1634. Por tanto, existen precedentes para evaluar hasta cuándo puede durar la resolución de la crisis, aunque sean solo referenciales. En el caso actual estamos lejos de su resolución; se trata de una crisis de las economías avanzadas, con características globales, que sólo es comparable con la Gran Depresión de ochenta años atrás, cuya resolución tardó doce años. Al igual que en esa época, la combinación de las dificultades en Estados Unidos y la Eurozona ha desatado una crisis de confianza a nivel global. Cuando eso ocurre, los inversionistas migran hacia el activo más seguro y probablemente el único que queda, el oro, que como consecuencia ha visto incrementar su precio a niveles nunca vistos. En Estados Unidos, la crisis financiera dio origen a una crisis fiscal, mientras que en Europa las dificultades fueron mayormente fiscales desde un inicio. La crisis financiera de los años 2007-2008 tuvo en sus mecanismos de salida —los programas de estímulo económico— las semillas de la segunda parte de la crisis: la fiscal. Otra lección de la historia tiene relación con la solución por implementarse frente al exceso de endeudamiento. Además de la necesidad de ajustar el gasto, los acreedores “perdonan” parte de la deuda; eso es lo que ha ocurrido con Grecia en marzo de este año. Los inversionistas privados que le habían prestado al gobierno griego tuvieron que aceptar una reducción de la deuda de cerca del 70% del valor original. Lo han hecho porque tienen la idea de que es mejor cobrar menos que no cobrar nada. Grecia tiene una deuda pública equivalente a 160% del PBI y se espera que con el acuerdo se reduzca a 120% recién en el 2020, nivel aún insuficiente. Grecia lleva seis años de recesión. Una pregunta pertinente es la siguien te: ¿por qué el mundo sigue aceptando dólares (tanto los bancos centrales como las familias) si el dólar es la moneda de un país con dificultades? La respuesta no es simple, pero parece ser que la ausencia de una moneda sustituta, en términos comerciales y como reserva de valor —es decir, ahorro—, es una de las razones. Desde 1945, el dólar ha sido la moneda de reser- va del mundo; ello ha permitido que Estados Unidos emita moneda sin dificultades, pues cualquier exceso de dólares “sale” del país y es aceptado en el resto del planeta. Eso convierte al país eje del sistema en un caso único. Y si el núcleo tiene problemas serios, el mundo se tambalea. ¿Qué consecuencias tiene lo descrito en el Perú? En primer lugar, el menor crecimiento económico mundial se traduce en menores exportaciones; si bien es cierto que el oro viene aumentando de precio, el resto de metales y otros productos no tradicionales pueden observar una disminución de su demanda. Ello se traduce en un menor crecimiento económico del Perú; las empresas tienen menos utilidades y la recaudación tributaria disminuye, con lo cual el gasto público, en un contexto de menores ingresos, podría tender a reducirse. En segundo lugar, la mayor emisión de dólares seguirá inundando los mercados locales, de manera que es previsible una tendencia hacia la disminución del tipo de cambio. En tercer lugar, será más complejo mantener la estabilidad macroeconómica, pues el escenario externo será desfavorable, comparado con lo ocurrido entre los años 2002 y 2008. En cuarto lugar, la solidez macroeconómica del Perú, manifestada en un crecimiento económico mayor del 5% con estabilidad monetaria, disciplina fiscal y alto nivel de reservas, es un factor que juega a favor del Perú, pues puede ser atractiva para hacer negocios, siempre y cuando la estabilidad política lo permita. Desde luego, la solidez macroeconómica es una condición necesaria pero no suficiente para enfrentar los problemas de exclusión de una gran cantidad de peruanos; lo que pasa es que sin esta solidez no se puede enfrentar la problemática social, pues provee de los recursos para hacerlo. La creación de empleos por parte del sector privado y el funcionamiento adecuado de los programas sociales —es decir, una mejor gestión pública— son claves. Invertir más y mejor en educación, salud y seguridad ciudadana y diseñar programas de reducción y alivio de la pobreza y desigualdad son parte del esfuerzo social que debe realizar el gobierno. Ello requiere recursos cuya abundancia dependerá en gran parte de la evolución de la economía mundial. ¿Cuándo terminará la crisis? ¿Tiene solución? Aunque los economistas rara vez acertamos con los pronósticos, la revisión de otros casos similares en la historia muestra que durante los siguientes años veremos un crecimiento lento de las economías avanzadas, mientras enfrentan el problema de la deuda. Ello implica que el nuevo motor del crecimiento económico mundial serán las economías emergentes, lideradas por China, India y las economías de Asia Oriental. En los siguientes meses, la constante será la volatilidad, en medio de una crisis de deuda de las principales economías avanzadas. La prudencia fiscal y la disciplina monetaria serán los pilares para mantener la solidez macroeconómica.