Rodrigo Pérez

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Mala Suerte .

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Susana y Fernanda parecían deslizarse como una sombra. fallaba cada cierta cantidad de segundos. –Calma Su –Apenas susurrando.1 La noche parecía especialmente oscura. La luna estaba ausente. Normal para una fría noche de Junio. sabía que dos mujeres aterrorizadas sólo generaría más problemas de los que ya tenían. De un modo u otro eso la calmaba un poco. Lo único que iluminaba la calle a esas horas era un faro municipal. Al menos no era una buena idea para un par de jovencitas como ellas. el cual como buen representante del gobierno regional. El miedo casi podía olerse. pues como buenas jóvenes hijas de la . esperando por el momento adecuado para desatar su pena sobre la ciudad en un millar de gotas. –Mierda. Sabían que aunque hubieran ayudado no hubieran logrado nada. El rostro desfigurado parecía atormentarlas desde lo más profundo de sus almas. No era una buena idea ni buena hora para recorrer las calles de la ciudad. maldito perro –Susana se apretó lo más que pudo a Fernanda. Quizás nunca vieron algo realmente. Aún no podían sacar de su cabeza lo que acababan de ver. sumergiéndola en la más profunda oscuridad. No sabían si uno o dos desquiciados andaban sueltos. apura el paso. Los pasos entrecortados emitían un eco sordo sobre el pavimento húmedo. al menos los perros podían percibirlo y ladraban de forma acusatoria. Lo que realmente temían era a ser violadas. oculta entre las espesas nubes cargadas de agua. No querían ser asaltadas. pero era una calma falsa y sin sustento pues Fernanda estaba más asustada que ella. Aunque Trataba de imponer la calma. La ciudad gozaba de una deplorable reputación y ya desde hace dos años que las violaciones habían aumentado alarmantemente. aunque ese era el menor de sus miedos. sabían que ya estaba muerto cuando lo encontraron. probablemente más. tratando de hacer el mínimo ruido para no atraer la atención. Tomadas del brazo y con una paranoia evidente. –No es nada. ahogando la tenue luz.

ya lo encontrarán. Tampoco era culpa de su amiga. hubiera podido marear a más de un crío. Era como si su propio cuerpo le pedía a gritos que se quedara en silencio. Fernanda se detuvo en seco. –No tomo nunca más. . No era su culpa. A nadie le gusta escuchar a una idiota drogada hasta las orejas. –Ya. El colorido cóctel de pastillas que devoraron en el baño de aquella discoteque las había estimulado a tal punto que por un momento creyeron que sus pies estaban derritiéndose mientras caminaban. Aunque lo más probable es que nos metan al calabozo a nosotras por llegar así. deja de hablar y camina. No. Combinar pastillas y esa botella de ron de segunda no fue una buena idea. Pero no era su culpa. Su! No pudo contener el grito. me has manchado la mano. Es regla universal.bohemia. lo sabía. Susana manchó su vestido ajustado formando un delantal hediondo de color amarillento. –No vayamos. Los muertos siempre llaman la atención –Musitó entre molares. Claro está que la muerte de otro ser humano siempre es un momento desafortunado. La cara desfigurada del joven llegó a su memoria. Era lo mejor. vale per… –No alcanzó a terminar la frase cuando el vómito escapó desde su boca. más viva que nunca. irritado. –Serás cerda. Al menos ese color llegó a la mente de Fernanda. no querí… –Otra larga y jugosa cascada de vómito le cortó la frase nuevamente. ya estamos cerca de la estación de policía. El olor a alcohol era potente. –Vale. Ambas simplemente se toparon con él en un momento desafortunado. ambas estaban muy drogadas. ¡Que asco. Rojo. –Perdón. las pastillas o la traicionera luz del faro municipal. No sabía si se distorsionaba por el alcohol. Es desagradable. Los ojos de Susana se abrieron tanto que sus párpados desaparecieron por un segundo dejando al descubierto casi todo el globo ocular.

Muy buenos zapatos. con lo que parecía ser una piedra. Era permanente. quieta como una de las estatuas de la plaza de armas. no hubo tiempo. Todo había pasado a un segundo plano. Otro factor importante era la alta cantidad de alcohol que tenía en el cuerpo. Se separaron. No debía terminar así. era algo que no haría sobria. Sólo fue una fracción de segundo. Un golpe seco. no faltó mucho para que su rostro comenzara a teñirse de rojo. A Fernanda no le importó el potente sabor del vómito de Susana. si vamos a testificar el asesino nos puede buscar. Estabas inmóviles por el miedo. Nadie lo haría. El frío. Se miraron mutuamente y se besaron apasionadamente. Por mucho que la amara. –Lo han asesinado. y un acuoso sonido se produjo a causa del vómito. el alcohol. –Siempre es hermoso ver el amor de dos niñitas –la ronca voz emanó desde la sombra que estaba junto a ellas. dejó fuera de combate a Susana. la remató con un firme pisotón en la cabeza. Se desmayó. Se apretaron más que antes. No pudieron moverse. Por un momento la cara desfigurada del joven desapareció de las mentes de ambas. Tampoco duró mucho de pies. la oscuridad. Su. la amaba mucho. creo que tienes razón. Pero no era suficiente. –Lamentablemente encontraron a mi muchacho y no puedo dejarlas hablar. . Fernanda permanecía estática. no hubo sinapsis en sus cerebros. las pastillas y el hombre que estaba parado justo detrás de ellas.

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Caos .

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Triste. Siempre estaba colorada. un corte tras otro.1 Como todo día Lunes la rutina era la misma. se dispuso a entrar. Pero ahora que los años le habían pasado la cuenta. pues nunca podría encontrar al culpable. Podría decirse que tenía un talento para esas cosas. Su pierna derecha fue menos justa que los años y le obligó a retirarse antes de tiempo. Tenía una repisa dedicada a los diplomas y honores que había recibido a lo largo de su carrera. Una lástima al menos así fue como lo despidieron en el pomposo discurso final. A veces sentado en la tina. La herida parecía una cuenca ocular sin ojo. Alfonso. Las voces que provenían del televisor anunciaban la nueva jornada. Cargada de mierda. Es un precio justo para la soledad. Mientras el hacha se abría paso por las fibras de los troncos. sólo podía pensar en una cosa. la rutina se había convertido en su único caso a tiempo completo. si lograba mirarse al espejo con calma. había resuelto muchos casos de asesinato. El sol despuntaba al alba mientras el rocío invernal resistía colgando de los hojas de los árboles. En las paredes habían incontables cuadros con fotografías donde aparecía Alfonso con su uniforme policial. se mira su pierna maltrecha y la hórrida cicatriz que una bala había marcado. robos intrincados y desapariciones misteriosas. Un sonido sordo provenía de la rustica estructura de madera que se encontraba en el patio de la parcela. Cojeando como es de esperarse. Quizás sí. A pesar de que el frío no era espeso como en inviernos de antaño. las actividades ya comenzaban a realizarte. la rutina dictaba que cada mañana debía salir a cortar leña para poder mantener la casa con una buena temperatura. Dentro de la leñera estaba Alfonso. Cuando finalmente decidió que ya había cortado suficientes maderos para la jornada. Un golpe tras otro. . El hacha desgarraba con furia sobre los troncos. arrugada y colorada. En sus tiempos de gloria.

Una lágrima intentó colarse por su ojo derecho. Y a pesar de que nunca ha creído en el destino. Al fin y al cabo.Uno que otro cuadro con hermosos paisajes pintados al oleo. el cual nunca pudo conocer las crueldades del mundo. Capullo. terminaban de saturar las paredes. No pasaron ni tres segundos cuando a su mente llegó la mirada entrecerrada de su esposa. ¿no? –Lamentamos interrumpir la señal pero una importante noticia está en curso –«A pesar de ser importante no te ves alterada. pero la suprimió con un suspiro profundo y amargo. y sus pechos perfectos resaltaban a la vista de todos. En otros tiempos tendría flores rosadas que tanto le gustaban a Ruth. Quizás por costumbre o porque de verdad espera que las maravillas que el barbudo dice se hagan realidad. Era entretenido. La periodista encargada era muy guapa. Parecía bailar sobre los maderos. Ambos cadáveres habían sido brutalmente mutilados. le metió tres balas por el vientre. su difunta esposa. casi erótico. no sabe nada de la vida. Aún no se logran identificar los cuerpos pues no poseen identificaciones. cariño» pensó el ex policía. El morbo y el sexo. Capullo. Sentado en sus cómodos sillones de cuero metiendo mierda en la cabeza a los ignorantes. los conductores del matinal reían mientras un barbón leía el horóscopo. siempre presta atención a lo que dicen de Leo. En una esquina tenía un gabinete negro el cual estaba coronado por un florero vacío. Le recordó su propio corazón. Un hombre y una mujer. El servicio médico legal está en el lugar haciendo las pericias respectivas. No pudo evitar una mirada furtiva al florero vacío. Desde el televisor que tenía instalado en la cocina. asesinando así también a su hijo. –Hoy cerca de las seis de la mañana fueron encontrados dos cuerpos en el centro. Dejó la leña al lado de la chimenea y prendió el fuego. . ¡le sacaron los ojos! El hombre parece tener unos veinte años y la mujer un poco más. La sintonía del matinal se vio abruptamente interrumpida por un despacho de prensa. es lo que vende. Murió en sus brazos cuando en venganza un criminal llamado Pablo Rodriguez.

Alfonso pensó que el modus operandi era similar. Lo espeluznante es que todos los ojos correspondían a personas diferentes. «Poco profesional» –pensó– «Debe ser un tío impulsivo. lo atraparán pronto». Hasta que llegó al separador rosado que su compañero había puesto. el que tenía una llave pequeña puesta. Fotografía tras fotografía. Abrió el tercer cajón. Le habían puesto así pues su trabajo consistía en dejar los ojos de sus víctimas en frascos a lo largo de la ciudad. Ya había visto ese patrón homicida. Los ojos arrancados. Se acercó al escritorio de madera reciclada pero ciertamente muy bien cuidado. Y con curiosidad policial observaba las imágenes que la televisión mostraba. Pero a su mente llegó un recuerdo desagradable. al menos para Alfonso esos días habían terminado. En total habían encontrado dieciocho pares de ojos. Y sacó una serie de carpetas color azul cielo. Cada una era más horrenda que la anterior. El Ciego. A pesar de que habían censurado los rostros. La sangre se acumulaba por todas partes.Alfonso se sentó en la silla de madera mientras se servía un mate. Degustó el mate y se puso de pie. las recorrió con mesura y calma. Abrió una que por etiqueta decía Nov. Todas ellas eran el trabajo de un prolífero asesino. Caminó con dificultad hacia el despacho. salvo que en este caso lo que faltaban eran los ojos y habían dejado los cuerpos. ¡Se había cargado a treinta y seis personas! No importaba. Volvió a la cocina y la despechugada periodista seguía hablando. 2003 –Estancado– Mojó su índice derecho en saliva y comenzó a pasar páginas. En invierno es cuando más le duele su pierna. Un sorbo largo y abundante. Así pues en total habían reconocido treinta y seis tipos de ADN diferente. pudo distinguir a la perfección la masacre. El muy cabrón –a modo de distracción pensaban– sólo arrancaba un ojo a sus víctimas y lo emparejaba por color con el de otro. .

lo casos no eran tan motivantes como en su juventud. Era un buen policía. Encerrando así a la misma lágrima que casi se le escapa antes. Otro largo y sabroso trago al mate. Daniel miró fijamente el café y se encontró con su reflejo. Eran las diez con veinte de la mañana. Se mandó dos pastillas para evitar el dolor de su pierna y se puso en marcha. Era como si el café lo . Ya no le importan en demasía los horarios pues el es su propio jefe. Alfonso se puso de pie. Pero podía cocinar lo que le apetecía. Claro. Mirándolo fijamente. No era millonario ni nada por el estilo. había obtenido los permisos y patentes necesarias para poder ser un detective privado. Esa es una de las buenas cosas de ser retirado. Comenzaba la jornada laboral. poco a poco el vapor de agua desaparecía para transformarse en una negra bebida.Evidentemente no era el mismo tipo. Mirando… ojos. Pero le daba para pagarse sus caprichos. «No tiene sentido» pensó el detective mientras la visión de su propio rostro comenzaba a perder importancia. Su mirada se posó sobre su muñeca izquierda. Un reloj color plata reposaba con calma. llenar de petróleo el estanque de la Ford que tenía en el patio. el resto lo cubría la generosa jubilación que recibía mensualmente. Parecía dar la hora como quien da el pésame a una viuda. Después de un par de horas. echó un vistazo hacia el florero vacío y cerró los ojos. 2 Daniel se paseaba incómodo de un lado para el otro en la oficina. Como ex detective de la policía. Generalmente eran viejas ricachonas que dudaban de la fidelidad de su marido. Su café poco a poco perdía la temperatura. pero seguro que el que lo hizo sentía una admiración por El Ciego. Y para otros vicios algo más privados. no la dejaría escapar tan fácil.

sólo desvió la mira a la pequeña pantalla color verde del aparato. Mientras estaba perdido entre sus deducciones y delirios.absorbiera a otra dimensión donde entre delirios e imágenes. Parece que su marido le es infiel con uno de esos muchachos que andan acarreando los palos de golf. Ya no eres un oficial. –Llamaba para saber si habías encontrado algo respecto al caso de la señora Mure. ¿Lo puedes creer? El viejo deja que lo cepillen mientras la pobre señora Mure lo espera en casa. Se llenaron de amabilidad. ya sabes. No se inquietó ni un poco. Esta mañana he encendido la tele y me he enterado de los adolescentes… ya sabes… sin ojos. abusador –Su tono aún era muy amable. sí. –Me cago en Dios. ahora en el departamento estamos investigando. Oye Dan. Hemos encontrado hartos datos sobre el caso de la señora Mure. –Pues para decirte la verdad. No me esperaba algo así. no sé. pero como tú tienes a esos becarios… vamos. Por los viejos tiempos. soy una mula cualquiera ahora. –Vamos. Dan –respondió Alfonso con una carcajada digna de un abuelo. sabes que lo hubiera hecho yo. –Si. Al. comenzaba a sacar conclusiones. Tomó el teléfono y con todo el ánimo del mundo contestó. Es como un deja vu. –Lo sé. Anda vejete que ha pasado ahora –dijo con un tono cariñoso haciendo pasar las palabras casi desapercibidas. –Miren nada más. No puedo contarte mucho… ya sabes como son las políticas. Los ojos de Daniel cobraron vida y salieron de esa frialdad calculadora. el teléfono cobró vida desde la nada aparente. . Se leía un nombre con toda claridad. Si no me urgiera el tiempo. Malditos ricachones pervertidos. Creo que tendrán mucho de lo que hablar entre ellos dos. –Vejete tu culo. –El tono de voz se puso hostil y cortante. No digas eso. Pero si es nuestro querido Al que aún nos llama. –Eres el mismo de siempre.

La verdad es que era bastante curioso que un millonario se dejara dar por un niñato de veinte. –Sí y si sigue patrones parecidos debes estar atento. Es como el ciego pero al inversa. mierda. –Mejor le llevo unas tijeras afiladas para que le corte el mal hábito a su marido. Ahora solo podía recordar algo. ¿cómo no lo vi antes?» Comenzaba a torturarse por haber olvidado algo tan importante como aquello. ¿Los recuerdas? –¿Ojos? –El ciego. Cuando lo vi en la mañana no pude evitar recordar esos malditos ojos. ahora tengo que decirle a la señora Mure que a su esposo le gusta tanto el golf porque… bueno. –Mierda. Todas sus deducciones se desparramaron por la habitación y sólo podía aferrarse a un pensamiento. –Lleva pañuelos colega. Espero que salga bien ese caso. Podría ser a la hora de la cena. no importa. Pobre señora Mure. esos bastardos están repletos de los más terribles secretos. –Eres terrible. ahora entiendo el deja vu. pues aparecerán más cadáveres sin ojos. esa señora se va a volver lágrima encarnada ahí en tu oficina. Luego de despedirse. –Vejete tu culo. Daniel no pudo evitar la risa. Le golpean las pelotas con el palo. ya sabes. –¿Nos podemos juntar a hablar de ese caso? –preguntó Daniel con honesta sinceridad. «El ciego. Al tiene razón. Dan miró su café nuevamente pero ya no se le venían nuevas ideas a la mente. vejete. Como a las ocho yo voy a tu casa. Pero bueno.–Ya. «Mierda» . Dan. –Claro.

aún no podía meterse otra dosis al cuerpo. El dolor tendría que aguantar hasta el café de las once. clap. Es mejor prevenir que lamentar. Al menos eso pensaba él. La llave se deslizó por la cerradura. No había tenido la oportunidad de presionar el gancho aún. Siempre. una pila de papeles. emergieron de sus lustrados bordes. «Es mejor para tu salud. dos vueltas a la derecha y la puerta cedió. Alfonso entró sintiendo algo de malestar en su pierna. no requerían el uso de aquellos sillones color burdeos. Así podía ver a todos los que entraran y verlos de salida. Los muebles están en perfecto estado. Se podía respirar la nostalgia en el pequeño… no tan pequeño cuarto. Hicieron los pequeños cierres dorados. Como la gran mayoría de sus casos son simples y básicos. El sol que entraba por la ventana hacía visible el polvo que flotaba en la habitación. el cual conectaba un mecanismo que dejaba libre un revolver. Y como un borracho vomitando. Era lo suficientemente espacioso para que entrara un escritorio que estaba posicionado estratégicamente en dirección a la puerta. En donde una especie de sala de estar improvisada parece esperar por un caso que amerite su presencia en la oficina. Al lado del escritorio había un florero el cual –imaginariamente– marcaba la separación de ambientes. Sería peligroso. pero la condenada oficina siempre se empolvaba. Con desánimo se sentó en el escritorio y dejó su maletín sobre este. pero ya saben el dicho. El escritorio tenía un pequeño gancho por debajo. Las fauces del maletín de piel se abrieron.3 Fugaz. . Formularios. Nuevos sería la palabra más precisa para ser totalmente honestos. Clap. Miró los sillones de la misma manera que un alcohólico en rehabilitación miraría una botella de un buen whisky. No estaba ahí hace poco menos de una semana. Al» Recordó Alfonso las palabras de Dan cuando le contó en desesperación su aburrimiento y creciente odio para con la burguesía descerebrada.

Las ordenó con cautela sobre la madera y marcó el teléfono. . tengo información al respecto. Pero no es algo así como “caso cerrado”. –Muy bien. pero puedo ir ahora. ¿Puede venir esta tarde a mi oficina? –No. Sus dedos –muy veloces para su edad– recorrieron los números sobre el teléfono. Raúl está en el campo de golf y llegará a comer como a las dos de la tarde.boletas. Era momento de llamar a la pobre señora Mure. –¿O sea? –musitó –O sea que no es definitivo señora. –Será mejor que nos juntemos. –Nos vemos detective Recabarren. Alfonso no pudo evitar sentir cierto placer a escuchar a la señora Mure. El tono de marcado sonó dos veces y contestó la mujer. solo que sabía que no podría cobrarle un pastón después de decirle que su marido se acuesta con un muchachito. –Dos semanas –dijo bastante agobiado. ¿tiene el precio estimado de esta semana? –Acá mismo tengo el presupuesto. –En efecto. Pero es negociable. Ya sabe. –¡Detective! Tanto tiempo sin saber de usted. notas. –Que bueno saber de usted. Por cierto. No me diga que tiene noticias de mi marido. Espero que haya sido todo una locura mía nada más –su tono de voz dejaba al descubierto la profunda preocupación que sentía la señora Mure. tiene que ser ahora. Así que si ha de ser hoy. –No entiendo muy bien. «Si supieras no estarías tan tranquila» pensó. hago descuento a quienes estimo –mintió. la estaré esperando señora Mure. usted habla con el detective Recabarren. –¿Aló? –Señora Mure.

simplemente soy humano –volvió a mentir. Al abrió y entró casi cabalgando la señora Mure. De manera muy pomposa y distante se sentó en la silla frente al escritorio y con un gesto casi adolescente. la mujer cerró su puño con un deje de apatía y angustia. El aumento de presión hizo que se marcaran unas .–Es tan buen hombre. ya basta con eso de señora Mure. Que terrible –miró sugerentemente a Alfonso. Agatha. invitó al detective a tomar asiento. pero no Al. En el corazón del detective sólo habitaba una mujer. Se merece el cielo entero. Sabía que malas noticias estaban por llegar. Raúl tiene un amorío. Estaba a punto de un ataque epiléptico. Miró fijamente a los azules y vidriosos ojos de la señora Mure. pero no tuvo efecto. al menos eso abría pensado cualquier mortal. Era como si una mezcla de odio. –Sus sospechas eran verdaderas. cualquiera dejaría de interesarse en las mujeres» pensó el viejo mientras caminaba hacia el escritorio. detective. comenzara a somatizarse en el cuerpo de Agatha. Su cara se puso colorada y sus ojos muy saltones. –Mucho mejor. Su pierna no le dolía gracias a la vendita pastilla que había tomado hace poco. El café aún reposaba sobre el escritorio. pero estaba helado. por favor escuche. rabia y rencor. detective Recabarren? –Está bien… Agatha. 4 Exactamente a las doce menos cuarto sonó la puerta de la oficina. –Señora Mure –dijo Al –Agatha. «Con esa actitud. aparte aún soy joven para que me digan señora. ¿o no es apropiado. –Agatha. Ruth. La señora Mure comenzó a tiritar. entrecruzó los dedos y se remojó los labios con saliva. –No exagere. Lo que tengo que decirle es delicado y no quiero que hayan malentendidos ahora –marcó la diferencia como todo un profesional. nos conocemos hace un tiempo ya. Instintivamente.

Parecían hacer carrera por los delgados pómulos de Agatha. No es una zorra. –¿Quién es la zorra? –dijo mirando fijamente la veta de la madera. Alfonso la detuvo. Sólo por un momento. –Dime quién es la puta zorra que se acuesta con mi marido. –Tranquila. mis servicios aún no terminan. detective? –dijo con una calma impresionante después de aquél numerito. –Por eso le dije por teléfono que no es un caso cerrado. –Ya. La información que le acabo de dar es altamente confiable y apostaría mi vida a que es verdad. le daré las pruebas contundentes el día viernes cuando la semana termine. Deje que le cuente toda la historia. Por un momento Alfonso pensó que la señora caería desmayada sobre el escritorio. . Pero yo no soy la primera fuente. Agatha. Ese maldito. resultaría atacado por una mujer despechada. pero debe ser así. carajo! –el grito por un momento puso al detective Recabarren en su lugar. –No es eso. Recabarren? –su enojo era evidente y si Alfonso no la canalizaba bien. Agatha sacó su iPhone. Agatha. –No haga ninguna locura aún. –¿Qué tan seguro de eso está. Las lágrimas comenzaron a derramarse. recorrió los contactos y llegó al de Raúl. –¿Entonces qué mierda es? –Raúl te está siendo infiel con un hombre. Antes de que su dedo presionara el ícono de la llamada. pero no sucedió.venas en la frente que a Alfonso le recordó el río Nilo bañado en sangre. –¿La estás defendiendo. –¡Señora Mure! –¡Es Agatha. –Ese es el problema. Me lo ha contado un buen amigo mío que trabaja en lo mismo.

Desligándose de toda responsabilidad en el acto. –Muy bien Agatha. pero ya estoy segura. y cuando el dinero se duplica. Pero normal para una mujer despechada y cornuda.–Está bien. que come. pero le conseguiré la información que desea. –Como quiera. hacia el detective y se despidió con una formalidad inescrutable. Agatha se levantó. El detective dejó escapar un suspiro acusatorio. Sabía que si aceptaba estaría metiéndose en una zona delicada. «Con una mujer como usted. –Perfecto. se . –¿Tiene el presupuesto? –Justo frente a usted. Así. Le pagaré el doble si investiga quién es el hombre que se acuesta con mi marido. «Insoportable» pensó mientras apoyaba su espalda en el respaldo de la silla. Quiero saber su nombre. no le detendré. Le diré lo siguiente. Yo ya habré cumplido con mi trabajo –dijo como si fuera una niñera cuando regresan los padres a casa. Por el momento sea discreta con su marido. como una quinceañera borracha. lo que piensa. Hoy mismo lo encararé –el odio en sus ojos era penetrante y tóxico. Pero la necesidad tiene cara de hereje. donde vive. Todo. todos ceden. La prensa amará esa historia. –Si eso es lo que quiere hacer. El honorable diputado Raúl Cervantes tiene un amorío con un hombre. Alfonso lo meditó un momento. La verdad es que no entiendo para que quiere hacerse más daño. estiró su mano aceitosa por tantas cremas. yo también hubiera terminado en otros brazos» dejó escapar una mueca burlona mientras tapaba sus ojos del sol. como dejando en claro que para él no era más que una niñita enojada porque le han quitado sus muñecas. –Y una mierda.

La cual estaba coronada por dos tomates en un extremos formando un gran falo. de qué? –Siéntate –señaló con su mano la silla para que su esposo tomara asiento. la comida lo esperaba caliente sobre la mesa. tan rojo y espeso que parecía sangre. Nunca le había gustado el vino en verdad. –¿Me amas. Quizás sería sólo una coincidencia. Raúl? –pregunta capciosa y estratégicamente ubicada. Pero como buen político. Alfonso sólo quería que se marchara de su oficina. –¿Sí. creo que tenemos que hablar. Pero no lo interrumpiría. hizo la vista gorda y trató de dejarlo pasar. 5 Cuando Raúl llegó a su casa. Quizás quiere sexo. y así lo hizo. Raúl fue en dirección al comedor y se encontró con Agatha muy arreglada y femenina. Le dio un largo trago a su copa y tragó con un poco de asco. Agatha estaba sentada en el gran sillón blanco del salón. Gordita.suponía que prácticamente ya eran cercano. –¿Y tú. «Sí. Raúl. Era evidente la insinuación y Raúl también lo descubrió. Se dirigió a la mesa y lo esperó sentada. Pero daba igual. Napoleónico. De esas gruesas y carnosas. –Me estás asustando un poco. Pero necesitaba un trago. . por qué con esa ropa? –preguntó Raúl. Y así lo hizo. ¿Ha pasado algo con tus padres? Sobre el plato había una muy grosera salchicha alemana. Cuando sintió los pasos de su marido dejó a un lado si libro. es eso» pensó mientras miraba la salchicha. Leía Crimen y Castigo del famoso Dostoievski mientras que en su mano derecha sostenía una copa con vino tinto. Salió a recibir a su marido el cual estaba en el baño lavándose las manos. –Eso no importa.

Raúl. joder. ya no importaba nada. Alex Golf Abrió el chat y sus ojos se abrieron hasta doler. –Que me lo des ahora. –Pásame tu iPhone. Eres mi más grande tesoro y por ti estoy dispuesto a todo. por Dios? Claro que te amo. –Toma –le entregó el móvil casi temblando.–¿Pero que clase de pregunta es esa. Miró a Raúl con unos ojos sacados del tártaros. Abrió WhatsApp y con el dedo comenzó a recorrer las diferentes conversaciones hasta que vio un corazón en una. Los ojos de Agatha comenzaron a llenarse de lágrimas. Agatha fue directo a los mensajes pero no había nada fuera de lo normal. no soy estúpida y si me lo sigues negando haré que todo el mundo se entere que el querido y respetado diputado Cervantes es adicto a las salchichas. Agatha. ¡tonterías! –Dámelo. Tomo un trago apresurado del vino de su nueva copa. Raúl miró sus manos. Las mujeres despechadas son agudas e inquisidoras. Pero que mierd… –no pudo terminar su miserable frase evasiva. –Te hablo de que te estás acostando con otra persona… un hombre. Como si hablara en su propio idioma. –Te has vuelto loca. –Pero. La clave era tan obvia que hasta un mocoso lo hubiera descubierto. Entonces tan rápido que el celular demoró un poco en reaccionar a los patrones de sus dedos. Las lágrimas se espesaron y como como una niña comenzó a llorar mientras murmuraba palabras que nadie entendería. 1243 El aparato entró a home. Raúl. . –¿Me amas tanto como para serme infiel? –No sé de qué me hablas –trató de defenderse. las cuales colgaban trémulas en sus pestañas. Agatha. ¿o tienes miedo de que encuentre algo? –Nada de eso. Dios mío.

marcaban dos largos surcos negros en sus mejillas. Raúl. se acercó a la mujer como si la fuera a confortar pero no. Sé que cometí un error. Perdón… ya sé. –No. desgraciado. ¿Un crucero te gustaría? .–Eres un hijo de puta. Raúl se puso de pie. –¿Me estás chantajeando? –Sí. ¡Y es un hombre! –Sé que está mal que te haya engañado y sí. Los ojos de Agatha se iluminaron como dos esferas en llamas. Menos ahora que estoy de cara a la reelección. Rompiste mi corazón. De lo contrario mañana aparecerá en las noticias. no compliquemos las cosas. Es un contrato divino que no se puede romper. toda tu historia con tu querido Alex. pues mira. Poco hombre. Haremos lo siguiente. yo… –Tienes fotos con él en la cama. Tomó su celular y dio media vuelta. –Vale. Así que actuaremos como tal hasta que resolvamos esto de una manera adulta. –Agatha. ¿Esto es lo que querías? –Agatha. Si quieres seguir con esto y esperas que yo me quede callada tendrás que pagarme. No entiendo que mierda te pasa por la cabeza. de mano de algún periodista codicioso. Llama a tu contador porque quiero ver ese dinero en mis cuentas hoy a las nueve de la noche. pero no arriesgaré mi vida pública por algo así. así que ya sabes. –¿Algo así. Si quieres te vas de viaje un tiempo. Así que ahora es momento que te tome por los testículos como siempre debió ser. Si sabías que llegaría acá no me hubieras pasado el iPhone y lo hubieras aceptado así tal cual. –Estamos casados por la Iglesia. es un hombre pero… Agatha yo… –Debería matarte ahora mismo y terminar con todo esto –dijo mirando con odio a su marido mientras las lágrimas negras por culpa del maquillaje. Vas a transferir el setenta porciento de todas tus cuentas bancarias a las mías. estás demente? Raúl lo nuestro se acabó.

Era como una jaula grisácea carente de vida y color. 6 A la misma hora que Alfonso cortaba leña en su casa por la mañana. Agatha le arrojó su copa de vino por la cabeza pero no es nada que pueda generar un daño real. maricón. Así que harás lo que yo te diga. que su lengua estaba pegada en el paladar. Trató de levantarse pero no pudo. Pero no pudo. Las paredes no estaban pintadas y dejaban a la vista el gris concreto de su edificación. Estaba amarrada de pies y manos en una cama. Quiero el dinero a las nueve o todo el país se va a enterar que te gusta que te masajeen la próstata –su tono de voz era tan decidido que a Raúl no le quedó más que dejarse caer en la silla una vez más. Nada. Es tu palabra contra la mía. No te daré ni un solo peso. Le costó un momento forzar la saliva para poder musitar palabra alguna. Lo mismo con el suelo. Cuando logró salir del letargo y comenzó a entender lo que estaba pasando logró recordar. un gran dolor de cabeza la hizo tratar de llevarse las manos a los ojos para evitar la luz. Sí. Así como en un juego de tenis. Podía sentir como el mundo se le venía a bajo. Cuando volvió a la conciencia y logró despertar. Lo más colorido en la habitación comenzaba a ser las rojas manchas en torno a sus muñecas y tobillos. Pero estaba vacía. Quedarás de loca. Pero no tienes nada para acusarme públicamente.–Mira. Recordar… Susana estaba muerta. De tanto forcejear con las amarras de fibra . Recordó su rostro pisoteado y lleno de sangre. te he sido infiel con Alex. cuando una idea iluminó sus oscuridades. Fernanda aún seguía durmiendo. Sus ojos recorrieron hiperactivos toda la habitación. Y todos me creerán a mi. Su boca estaba tan seca por la deshidratación. los puntos se igualaron y quedó en un empate. –No tienes pruebas de tu lado.

me va a matar. se había generado heridas las cuales ahora dejaban brotar de entre sus laceraciones el rojo elixir de vida.sintética. y desde el interior sacó un cuchillo cartonero. comenzó a revelar la afilada cuchilla que tenía escondida dentro de su cuerpo de plástico. La estaba liberando. Los ojos de Fernanda instintivamente ya estaban fijado en la silueta del hombre que entraba a la habitación. se abrió bruscamente. me va a matar» era lo único que conseguía materializarse en la mente de la joven. De verdad trató. Era alto y vestido enteramente de negro. Al menos parcialmente. Pero las amarras le impidieron la acción y como un perro asustado panza arriba. el hombre se enderezó. Trató de esconderse hacia una esquina de la cama. El hombre metió su mano dentro de su chaqueta. como si tratara de mostrarle lo afilado que estaba. La metálica puerta que marcaba la vital separación entre la libertad y el cautiverio. Su cara era un misterio pues se ocultaba tras una horrible máscara que a Fernanda le recordaron los Teletubbies. Una vez terminada la faena. «Me va a cortar. Ladeo su cabeza de un lado para el otro como explorando y deleitándose con el horror que podía verse en el rostro de la joven. la joven observaba como la liberaban de sus ataduras. Aún inmóvil y sin moverse de la cama. Pero no pasó nada. Acercó el cartonero hacia su cara. quien logró atraparla a penas. Y hasta cierto punto ere verdad. se quedó estática cuando la alta figura quedo de pie junto a ella. Su mano derecha se apresuró a socorrer su muñeca izquierda. «Me va a matar. Fernanda cerró los ojos y se entregó a la muerte. . Y casi como si fuera un fetiche extraño. me va a matar» Se inclinó sobre Fernanda y la miró atentamente. guardó el cartonero y desde el otro lado de la chaqueta sacó una botella con agua y se la lanzó a Fernanda. El dolor era insoportable y ni hablar de la resaca. La alta figura cortó las amarras de sus brazos y piernas.

por qué yo? –Podrías llamarlo mala suerte. –Gracias –le respondió. ayuda!¡Ayuda! –Nadie te puede escuchar. El caos recién comenzaba. –¿Qué quieres de mi. Ahora depende de tu actitud si vives o no. Soy bueno en eso. Fernanda le encontró lógica a ese pensamiento. –¿Por qué? No hice nada. Pero también puedo desaparecerte. –Sí. te salvaste por eso. Y en el fondo el placer que sentía . –¡Enfermo de mierda. Te aseguro que es sólo agua. –dijo mientras caminaba hacia la puerta de la habitación. zorra elitista. –Lo sé. Y por eso ahora tu amiga está igual que ese chico asiático. pero viste algo que no debiste ver. –No hay que ser un genio para leer. –¿Cómo sabes mi nombre? –su piel se erizó al instante –Tu cartera –señaló el saco de cuero junto a la cama. quizás por las drogas que aún se paseaban por su sangre. Miraba su reloj con ansias. De haber querido asesinarte. –¡Asesino! –le gritó con todas su fuerzas. ¿sabes? Fernanda se largó a llorar amargamente. –Debes tener una resaca de aquellas. Fernanda.–Bebe –dijo el hombre enmascarado. Quizás por la sed. lo hubiera hecho mientras dormías. como un niño esperando que abrieran la dulcería. La puerta se cerró de golpe y a la mente de la joven llegó el rostro de su amada Susana. Eres una hijita de papi y puedo ganar un pastón contigo. Nadie. –Para ser una prisionera eres muy educada. Abrió la botella y de tres largos tragos la acabó. 7 Alfonso siempre ha sido muy puntual y diez para las ocho estaba parado en la puerta de Dan. la maté y le arranqué los ojos. Estaba abierta y con su identificación a la vista. –Eres linda.

–respondió Al. Y estaba la que más le gustaba a Alfonso. vamos al comedor tengo todo listo. –Tienes una mañas tan complicadas. Abrió la puerta y se pilló al anciano parado sin hacer gesto. Alicia tuvo que salir así que no podrá acompañarnos. –Vaya. –dijo mientras le entregaba una botella de vino tinto. Fue tomada en una fiesta del departamento de policías y estaban todos con caras graciosas. ¿verdad Al? –Daniel conocía mejor que nadie a su amigo y conocía las manías de este. –Todo hombre tiene derecho a tener sus caprichos. Alicia y Dan llevaban casados más de diez años y juntos más de veinte. ¿Has pensado que dirá la gente que pasa por la calle cuando te ve parado como árbol? –No es algo que me preocupe. –Te odio –respondió el retirado –Eres tan predecible. –Eres todo un caso. –Interesante. –Estás parado afuera. Paso a paso recorrieron el pasillo. que muero por una copa de vino. En la fotografía estaban los cuatro. El mío es la puntualidad. Se quedó ensimismado por un par de segundos mientras observaba con detención el papel. Daniel. Pero mejor. Las paredes estaban cargadas de fotografías. Dan. Ven. El revivir el pasado siempre es placentero para un retirado. . De hecho fue Alicia quién le presentó Ruth a Alfonso. Alicia. Fueron muy buenos amigos con Ruth. Alfonso.era el mismo que sentiría un niño. Ruth y Alfonso. –Bueno. No era la primera vez que se lo pillaba parado esperando la hora exacta. amigo mío. Venga vamos. Dan pasó su brazo por sobre el hombro de Al. así hablamos con calma. ¿Cuál es la ocasión? –Me duplicaron el sueldo –dijo con picardía. Déjalo. este es del bueno. Una carcajada y un abrazo rompió la fría escena.

Fuiste tú el que realizó la investigación. La comida –aún humeando– los esperaba sobre la mesa. Era imposible negarle una copa a este hombre.–Nosotros también la extrañamos mucho. Fue una bobada. Así que lo investigaré. Yo me limité a preparar el seitán y el arroz. aparte justo estaba de paso cuando me topé con ellos en el campo de golf. no te preocupes. –Creo que tengo el precio justo . El mantel era de un color azul príncipe y estaba coronada en el centro por una Coca-Cola. «Es un vino muy caro» Pensó mientras el corcho se deslizaba dificultoso por el vidrio. Dan le acercó la copa llena hasta la mitad. –¿Y cómo es eso que te doblaron el sueldo? –Le expliqué a la señora Mure lo de su marido y me ha dicho que si averiguo quién es el muchacho me duplicaría el sueldo. Te gustará. –Y una magnífica esposa. –¿Lo has cocinado tu mismo? –Casi. –Seguro que si. Ahora bien quizás te interese esto que tengo acá –dijo mientras con su mano derecha tocaba un sobre blanco tamaño carta. Dan hecho una risita cómplice y terminaron su recorrido. Fue una gran amiga –dijo transmitiendo calma a su amigo. Alfonso era un hombre de caprichos y sabía que no bebería si no estaba hasta la mitad exacta de la copa. –Al. ¿Está lista mi copa de vino? –dijo con una sonrisa en el rostro. aparte tiene un olor maravilloso. que quiero vino. El comedor era muy acogedor. Se sentaron en los lugares de siempre y Daniel lo primero que hizo fue descorchar la botella de vino. siempre ha sido una experta en la cocina. La botella sudaba dejando al descubierto su escasa temperatura. Vamos. Sus paredes eran de madera y estaba muy bien cuidado. Era una luz tan brillante. colega –dijo Al. Alicia me ayudo a preparar la salsa de calabaza. De todos modos creo que corresponde que comparta el dinero contigo. Ya sabes. –Que buena pinta tiene esto.

. Está anotado ahí en la ficha. En el interior había una carpeta rosada. Como si fuera algo realmente delicado y en efecto lo era. –También sé quien es el chaval. Todas y cada una de las fotografía mostraba a Raúl Cervantes con su novio Alex Osandon teniendo sexo anal. Se llama Alex Osandon y estudia Kinesiología. Era rara la actitud de Daniel. –Perfecto. –le acercó el sobre como si se tratara del Santo Grial o una reliquia sagrada. Su sueldo estaba asegurado. Sobretodo esas que trabajan en el campo de golf. sólo estaba de coña. pero sabía que era un negocio redondo. pero conociéndolo. Como era costumbre y haciendo honor a sus mañanas. Cervantes le paga por servicios sexuales y el crío lo pasa por atenciones terapéuticas –repuso Al con mucho entusiasmo. ¿Conveniente no? –Entonces no es su amante. –Una placa y unos cuantos dólares hace que cualquier mucama te pase las llave de una habitación. abrió el sobre con su pulgar derecho y lo deslizó por toda la lengüeta hasta que esta cedió por completo. Directo al grano. Sus ojos se abrieron casi hasta doler y sus labios dibujaron una sonrisa maquiavélica. –¿Pero como mierdas has tomado estas fotos? –su asombro era genuino. –Trato hecho –no lo pensó. Así. –Debe ser una broma –dijo el viejo mirando a Daniel. pero a cambio debes refrescarme la memoria con el caso del ciego. Pregunté por la habitación de Cervantes y zas. toma. Al tomó el sobre con algo de desconfianza. Caso resuelto. Sacó la carpeta y la abrió con ímpetu.para esta información. Yo te entrego el sobre y lo que contiene. ¿Sabías que es un hotel? No tenía idea. Nada que una camarita oculta no pueda lograr –su rostro era la de un ganador y ciertamente lo merecía. Resulta que el campo de golf es parte de las instalaciones del Hotel Marvilleous. sin reparos ni nada. Resulta que es un mocoso de veinte años. quien bebía de su copa con los mimos ojos de un niño cuando hace una travesura.

-IMPORTANTE: PRUEBAS/LO SIENTO MUCHO- Sus ojos se abrieron y las lágrimas cesaron. encantado te ayudo a descubrir la verdad entre esos dos y si es como pensamos. por el momento le mandaré estas fotografías. El llanto se convirtió en respiraciones ahogadas y dolorosas. «Son fotografías» Pensó en tiempo record incluso para Google. –Pues sería lo mejor de mi carrera como detective privado –soltó una risa infantil. «Será hijo de puta. 8 Agatha estaba encerrada en el baño. «Y quiere que me quede callada el muy maricón». Al. Luego nos terminamos la botella con el ciego. No le interesaban mucho. Arrinconada en una esquina junto a la tina mientras lloraba. –Trato. meter a la cárcel a Osandon por prostitución. Mientras las lágrimas interrumpidas por ahogos. el celular de ella comenzó a vibrar. atormentaban a la señora Mure. pero sería injuria afirmarlo sin pruebas. La pantalla de bloqueo se encendió y dejó ver la notificación de correo electrónico. Se le pasaba por la cabeza todas esas fotos de su mirado besándose con ese niñato. me ha pasado el móvil para que viera eso». Sin ganas desbloqueó el iPhone y fue a la app de mensajería electrónica. No sé que querrá la señora Mure. Con du dedo presión la advertencia del correo y la app le mostró el contenido. . El correo mostraba un clip en el lado derecho.–Eso es lo que opino. –Ahora comamos. –Se lo consultaré a la señora Mure. lo importante era saber quién era el desgraciado que le había robado a su Raúl. En efecto eran fotografías de su marido. Cogió su móvil y sacó fotografías a todos los documentos y se los envió por correo a la señora Mure. pero si te paga el triple.

así que te aconsejo la mayor discreción posible. . 20 años – Kinesiólogo. Claro que es mucho suponer y decir algo así en público sería injuria y podrían demandarte. quien tiene cáncer de mama. En lo personal no creo que sea un amorío. El muchacho se llama Alex Mauricio Osandon Rivera. pero como me lo has solicitado tan expresamente. se despide atentamente a usted. -Te tengo. Acá las pruebas irrefutables de que Raúl Cervantes le es infiel. ahora si que te tengo –dijo mientras reenviaba las imágenes a su marido. Sin otro particular. –Te vas a cagar hasta las orejas del miedo. Tiene 20 años y ha estudiado kinesiología en la Universidad Estatal. –Te has jodido Raúl. Creo que Raúl le paga a este chico para tener sexo con él y así el puede costear los gasto del cáncer de su madre. Presionó atrás y regresó el correo para poder leer lo que el detective Recabarren le había escrito. Señora Mure: Soy un hombre eficiente y me tomo mi trabajo muy en serio. más bien parece prostitución. Alfonso Maximiliano Recabarren Céspedes Detective privado Enviado desde mi iPhone. maldita rata. Vive con su madre Marcela Antonieta Rivera Rosales. he actuado lo más rápido que pude. Lamento mucho la situación. Si gustas puedo investigar más al muchacho y corroborar efectivamente que se trata de un caso de prostitución masculina. –susurró mientras mordía sus labios hasta marcar sus dientes en la carne. pero mis costos incrementarían. claro está. Así que espero que en treinta minutos toda esa plata esté en mis cuentas. Agatha.Alex Osandon Rivera.

.9 Terminada la cena. Dejaron los platos en la mesa rescatando sólo la botella de vino y se fueron a sentar a los sillones de cuero negro que estaban en la sala de estar de Dan. Alfonso y Daniel se metieron un anti-ácido como de costumbre para evitar posibles dolores.