¡¡¡NO QUIERO IR A LA ESCUELA, MAMA!!!!

JORGE EDUARDO NORO. norojor@cablenet.com.ar

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¡¡¡NO QUIERO IR A LA ESCUELA, MAMA!!!!
JORGE EDUARDO NORO. norojor@cablenet.com.ar

¡¡¡¡NO QUIERO IR A LA ESCUELA, MAMA!!!!
JORGE EDUARDO NORO1

[UNA HABITACION DE UNA CASA O DEPARTAMENTO. HABITACION PEQUEÑA,
DESORDENADA. PLACARES ABIERTOS, BIBLIOTECA, ESCRITORIO, UNA CAMA.
ALGUIEN QUE INTENTA DORMIR, NO PUEDE. PAPELES, LIBROS, PRUEBAS. EN
UNA SILLA, LA ROPA. SE DA VUELTA, DICE PALABRAS INCOHERENTES, Y DE
PRONTO DE DESPIERTA]
[HOMBRE DE ASPECTO DESORDENADO, MAS DE CUARTENTA AÑOS.
DESPEINADO. BARBA]
[SE SIENTA EN LA CAMA Y DESDE ALLI COMIENZA A HABLAR. NO TIENE RELOJ,
PERO SUPONE QUE EL DESPERTADOR ESTA POR SONAR. NO HAY ALMANAQUE.
NO SABE QUE DIA ES. PERO ESTA DECIDIDO A PARTIR PARA SU TRABAJO, ESTÁ
CONVENCIDO QUE NO PUEDE FALTAR Y NO QUIERE LLEGAR TARDE]

¿Qué hora es? No pueden ser las 6,00, porque el despertador aun no sonó y yo – por
reglamento general del MINISTERIO DE EDUCACIÓN – hace más de veinte años que me
levanto a las seis, todos los días, llueva, truene, caiga granizo o nieve, o salga el sol.
Herencia sarmientina. ¿Qué día es hoy? ¿En qué siglo estamos, ya llegó el 2000? ¿En
dónde estoy? ¿A qué hora me fui a dormir anoche? ¿En dónde, con quien? Me parece
que dormí solo porque lo que veo son papeles, libros, pruebas…y además no recuerdo
a nadie que haya estado anoche, noche de jueves, aquí. Estoy demasiado perdido y lo
peor es que en una hora – supongo - debería estar dando clases. ¡¡¡Que mal que me
siento!!!! ¿Cuando se terminara esta tortura?
Ustedes pensaban que se iban a encontrar con UN ALUMNO de esos que cada mañana
escucha el despertador o los llamados de sus padres y comienzan con la cantinela:
¡HOY NO VOY A LA ESCUELA MAMA!, ¡HOY DEJAME FALTAR, PAPA! Y a esa hora de la
mañana en que los padres no quieren escuchar nada, absolutamente nada, porque
están organizando la jornada y partiendo para el trabajo, aparecen razonamientos
lógicos propios de la dialéctica hegeliana del hijo-alumno: Mamá, hoy no tenemos
mucho que hacer, en realidad nunca tenemos nada, pero además hoy tenemos al
pesado de química que quiere arruinarnos el viernes con una evaluación y, además,
tengo que entregar un trabajo que teníamos que hacer con Marcos, que se fue a pasar
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Registro de PROPIEDAD INTELECTUAL. Depósito hecho en la Dirección Nacional del Derecho de Autor.
Expediente nº 5028955. 2000. 2015

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el fin de semana a Córdoba.. ¡DEJAME MAMA, TE LO PIDO POR EL AMOR DE DIOS, DE
TODOS LOS SANTOS, DEL PAPA FRANCISCO, DE LA ABUELA Y TODOS LOS
FAMILIARES…! y a continuación vienen – como en la APOLOGÍA del finadito SOCRATES
– el recurso argumentativo a la promesa y al compromiso: Yo te prometo que hago
todo bien, que no gasto en nada, ni les demando más dinero, que no salgo el fin de
semana, que dejo ordenada la habitación, que lavo los platos y el auto, y que no te no
suplico que me dejes hacer un tatuaje… El silencio de los padres da por concluida la
dialéctica.
Pero NOOOOOO, no seguiremos escuchando esta sarta de estupideces, fruto del
delirio y la pereza genética de alumnos trasnochados No se trata del pedido de un
alumno o de una alumna, porque muchos de estos, no piden, deciden. Se trata de otra
historia. Ya que ustedes están allí, observando mi humilde habitación de DOCENTE
ARGENTINO, y mi curioso aspecto de DOCENTE ARGENTINO recién amanecido, dando
lástima, espero entregarles una buena historia, una historia que no los defraude.
[TARDA UNOS MINUTOS EN PONERSE DE PIE Y COMENZAR A ORDENARSE.
MIENTRAS TANTO SIGUE HABLANDO. TIENE LA ROPA DE DORMIR, SE ARREGLA
EL PELO CON LA MANO]

SOY YO EL QUE NO QUIERE IR A LA ESCUELA. Lo que ustedes escuchan. Hoy no voy a ir
al trabajo, no voy a dar clases. Lamento si entre ustedes hay padres de algunos de mis
alumnos. No quiero, no puedo, no tengo ganas. ¿Acaso no dicen o hacen eso todos los
días muchos de los alumnos y nadie les dice nada? Porque, convengamos que el
ejemplo anterior es casi una excepción: muchos estudiantes se levantan solos y
administran sus ganas de ir o no ir. ¿Llueve? No voy. ¿Tengo prueba? No entro. ¿Mis
compañeros nos van? Me escapo. ¿Hay inflación y se disparó el dólar? Nos rateamos
con los amigos.
Pero volvamos a nosotros: no pienso ir, ni llamar, ni nada. Simplemente me hago UNA
RATA, UNA RABONA, UNA CHUPINA, la sin-cola, la yuta, y sus otros nombres más
extraños: matar aula, hacer campana o novillos, irse de pinta, hacer la huyona, hacer la
capona, hacerse la piarda, capar clase, chacharse, comer jobo, fullarse la clase, hacer
borota, hacer pirola, irse de capiusa, jubilarse, latar, pegarse la huyona, tirarse la pera,
pavearse de la escuela. Y me pregunto, ¿cómo harán los alemanes, los noruegos, los
coreanos, los canadienses y los tan citados finlandeses para ratearse? ¿Será un
fenómeno universal o propio de las culturas latinas del mediterráneo? ¿Por qué hay
tanta riqueza SEMANTICA en esta acción única (significado) al que han bautizado
tantos significantes? No se trata de quedarse en casa, con el permiso o y sin el permiso
de los padres, tutores o encargados. ¡NO! SE TRATA DE SALIR vestidos y preparados,
con libros o sin ellos, rumbo a la escuela, fingiendo un día normal y, en el camino o en
la puerta de entrada, solo o acompañado, elegir otros rumbos y no aparecer por el
aula. A una hora prudente, emprender el camino de regreso y llegar a casa como si
nada. En casa los padres de hoy preguntan poco y sospechan menos, así que bastan
algunas acostumbradas frases generales: Todo bien, ma. Hicimos lo de siempre pa. No
trabajamos mucho porque faltó la de inglés, progenitores. Y ya está. ¿Acaso los padres
de los adolescentes conocen los horarios escolares de sus hijos? ¿Saben cuáles son sus

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obligaciones? ¿Tienen idea de las materias y los temas que están cursando? ¿Tienen
noticias de los nombres de sus profesores y con quien tienen cada materia?
Pero, los estoy observando y concluyo: ¿qué les voy a explicar a ustedes lo que es
hacerse la RATA, la RABONA o la CHUPINA si les veo la cara de tener prácticas
generosas y de haber hecho varias especializaciones y posgrados en la materia?
Porque hay adolescentes que se hacen la RATA, pero también hay jóvenes que se
hacen las suyas en la universidad, en las maestrías, en los doctorados, en los
Congresos. Este sería un capítulo especial: nos vamos al congreso sobre LA
IMPORTANCIA DE LA EDUCACION INCLUSIVA EN LA AMERICA PROFUNDA o EL
PROBLEMA DE LA DESERCIÓN Y EL ABANDONO EN LOS SECTORES POPULARES, que se
celebra en SAN MARTÍN DE LOS ANDES y en agosto, aparecemos a la hora de retirar los
materiales y registrar la asistencia y luego NOS HACEMOS LA CHUPINA ADULTA
contratando varias excursiones. Algunas ideas sobre educación, inclusión, la deserción,
el desgranamiento, los sectores populares y América Profunda se nos van a ocurrir,
para comentar al regreso. ¡Qué lindo tema para una TESIS o una INVESTIGACION!
Queda a disposición de quienes quieran hacer uso de la misma. ¿Vieron que siempre
hay gente buscando temas originales para hacer investigaciones, lograr la aprobación
de sus proyectos y finalmente no dedicarse nunca más a la investigación? Pues aquí
tienen un contenido de primera: “LA RATA, LA RABONA O LA CHUPINA, SU PRÁCTICA Y
SU INCIDENCIA EN EL ESTADO DE LA EDUCACIÓN. EL CASO ARGENTINA.”
Bueno, ¡basta de teorías y de aburridas investigaciones! Yo no quiero escribir una tesis
y menos hoy. Yo me quiero hacer la rata. Yo, profesor de escuela secundaria con 20
años de antigüedad y foja intachable, profesor querido y respetado, buen colega.
Justamente YO me hago hoy la rata.
Y la verdad que me quiero hacer la rata porque he sido un alumno modelo y nunca me
he hecho la rata, y quiero experimentar la aventura aunque sea como profesor. Dicen
que HACERSE LA RATA tiene que ver con las ratas y sus túneles subterráneos: los
alumnos del COLEGIO NACIONAL BUENOS AIRES eran pupilos y eran sometidos a una
estricta disciplina, por lo que les resultaba imposible escaparse. Pero hecha la ley
hecha la trampa: los estudiantes encontraron accesos a los históricos túneles que
recorren esa zona bajo tierra, y por allí se escapaban, escabulléndose COMO LAS
RATAS que habitaban esos oscuros pasadizos. ¡Qué fácil es hacerse la rata en nuestros
días!
Yo no me escaparé por un túnel, tengo dignidad, saldré por la puerta, porque no me
puedo quedar aquí, porque no sería CONCEPTUALMENTE RATA: rata es salir de casa y
no ir a la escuela. Amerita un título de crónica = UN GRUPO DE DOCENTES
PRESTIGIOSOS Y VETERANOS SE HAN HECHO LA RATA. SE LOS BUSCA POR TODA LA
CIUDAD. ¡Ah me olvidaba! En mi caso no estoy engañando a mis sacrificados padres
porque hace tiempo que velan por mi educación, porque me las arreglo solo y sin su
tutela.
Pero, ¿por qué me quiero hacer la rata, la chupina, la rabona? Justo yo que protesté
públicamente cuando mis alumnos se unieron a otros muchos y organizaron – usando
las redes sociales - una serie de chupinas con concurrencia universal de estudiantes de

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diversas escuelas y colegios que se concentraban en algún lugar público. Simplemente
¡porque no quiero y no quiero ir! Hoy es viernes y pienso en todo lo que tengo los
viernes. Porque los viernes pesan más que otros días, al punto que muchos colegas
piden no tener horas ni obligaciones los viernes. De sólo pensarlo ya me quiero morir,
desmayar, enfermar, jubilar. Y podría seguir conjugando verbos, de eso que se
conjugan y se recitan como rosario en salas de profesores o en reuniones de
maestros... ¡Qué vida por Dios! ¡Y qué ganas tienen muchos maestros, profesores,
directores, docentes, inspectores de no concurrir a la escuela! ¡Si vieran la cara de…
bragueta que muestran cuando ingresan cada día a trabajar! Hay informaciones –
aunque no muy precisas - que dicen que alguien está preparando un documental
usando cámaras ocultas puestas en muchas escuelas: han logrado registrar, apresar el
horror, el enojo, el hastío, los secretos insultos en los rostros de los que ingresan, algo
muy similar a los semblantes de desagradado que exhiben los alumnos. Seguramente
será un éxito de taquilla: no se la pierdan su próxima presentación.
SI MIL VECES NACIERA, MIL VECES ME HARÍA DOCENTE, profesor, maestro,
educador…Pero, ¿quién es el loco que dijo eso? Si mil veces naciera probaría otras 999
profesiones, porque me parece aburrido hacer siempre lo mismo y hacer precisamente
lo que cada vez me gusta menos, porque si no, ¿por qué querría hacerme la chupina
hoy? ¡Pobres docentes! ¿Ustedes vieron que es un gremio o una profesión rara?
Mientras los médicos quieren que sus hijos sean mediquitos, los abogados, abogaditos,
los contadores, contadorcitos, los ingenieros, ingenieritos, los políticos politiquitos, los
dirigentes gremiales, dirigentitos, los ladrones ladronzuelos, y así los demás… los
profesores y las profesoras, los docentes no desean docentitos, sino que les piden, le
suplican, le imploran a sus hijos que nos sigan la carrera docente, que no provoquen
una nueva tragedia familiar, que si quieren dar clases, primero hagan una carrera seria
en la universidad y luego tomen como una actividad complementaria el dar clases…¿a
dónde va a parar la educación, si ni a los docentes les interesa que haya docentitos, o
por lo menos no están dispuestos a aportar su materia prima? SEGUNDO TEMA
SUGERIDO PARA UNA TESIS: aunque ésta puede ser de carácter cuantitativo, aunque
con estratégicos abordajes cualitativos.
[MIENTRAS ORDENA ALGUNOS PAPELES, EVALUACIONES, LIBROS QUE HAY EN
EL SUELO Y LOS PONE EN LA CAMA, LEVANTA UN VASO DE AGUA DE LA MESITA
Y FINALMENTE TOMA UN PAR DE PASTILLAS]

Si no me clavo un par de pastillas a la noche y otro par de pastilla a la mañana no
puedo ser docente. Las reparte EL MINISTERIO, a pedido y, las entregan con el sueldo
(blíster abrochado al recibo) No podríamos vivir, porque esta es una tarea insalubre. Y
créanlo, la solución es mágica: nunca pido licencia, porque este es un SERVICIO
MINISTERIAL DE MEDICINA PREVENTIVA. Además me clavo algunas pastillas que me
dio mi médico y le agrego otras que sugieren los colegas en la sala de profesores. Es
como que si descubriera los efectos benéficos de algunas drogas que finalmente
representan un aliciente a la producción y que en lugar de prohibirla, se distribuya en
lugares claves. Por eso me ven así enterito, aunque ya tengo cumplidos los cuarenta y
dos, y tengo veinte años de trabajo en esta noble y sagrada profesión. Fin del
paréntesis relacionado con las pastillas incentivadoras. Déjenme seguir con mi historia.

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¿Qué razón tienen los alumnos para faltar? Hagamos la lista: tienen prueba, están
aburridos, no quien a un profesor, tienen conflictos con sus compañeros, sufren
bullying, no tienen ganas de estudiar, tienen un mejor proyecto afuera, quieren
disfrutar de la libertad, se encuentran con su novio/novia (también rateada y cuyos
padres están vacacionando en Brasil), se toman algo o fuman un porro o lo que sea, o
porque sí. Y yo, ¿por qué me quiero hacer la rata? Por eso mismo. No quiero ver a mis
alumnos, ni encontrar a mis colegas, ni saludar al director con sus recomendaciones y
sus falsas palmaditas, ni cruzarme con la secretaria con sus papeles, ni usar al
pizarrón, ni entrar a la escuela. Porque es la escuela la que me produce alergia,
depresión, ansiedad, artritis, cefalea, náuseas, acidez y malestar hepático. Y porque
tengo otros proyectos, y también para ser libre, tomarme varias cervezas,
encontrarme con una amiga, fumarme tranquilo un cigarrillo y hasta, sin se da,
clavarme un porro… ¡Qué mal que suena todo esto, qué mal anda la educación! ¡Un
profesor que se clava un porro! ¡Qué barbaridad! ¿A dónde iremos a parar? En la
escuela no hay control antidoping: la verdad que deberían implementarlo. Un molinete
de entrada, una luz que se enciende de manera aleatoria y al que le toca, CONTROL:
alumnos, padres, directivos, docentes, ayudantes. Todos. Y al que lo encuentren
alguna sustancia prohibida, un castigo escolar: un sermón, una advertencia y copias
100 veces: NO DEBO CLAVARME UN PORRO (por lo menos en la escuela o en horario
escolar). Ya veo los programas de noticias y filosóficos paneles de debates discutiendo
el presente y el futuro de la educación, con docentes como yo. Miles de denuncias,
miles de propuestas. Pero la preocupación les va a durar poco, ya que en un par de
días la agenda política y económica o del espectáculo se lleva la educación con
ministro y todo. Pero dejemos tranquilo al ministro que demasiado tranquilo está
como para que lo molestemos. Mientras no haya una huelga general, una
manifestación, un par de violaciones de menores o una escuela que se cae a pedazos
aplastando a la maestra con sus alumnos, no tiene mayor cosa que hacer. El resto, es
decir, la educación anda sola, como si tuviera un piloto automático, aunque se esté
estrellando contra una montaña de imposibilidades. ¿A ustedes les parece que yo me
haría la rata, si la educación funcionara y funcionara como debe funcionar?
Imagino ahora las INNOVADORAS ACTIVIDADES DIDÁCTICAS que generará mi decisión.
Escritura creativa, tema: el PROFESOR SE HACE LA RATA. Los alumnos calcularán el
tiempo que el profesor ha perdido y cuánto debe descontarse de sus generosos
haberes. Valor moral del cumplimiento de las obligaciones y construcción de la
ciudadanía. Quiero hacerme LA RATA, LA RABONA, LA CHUPINA y todo lo demás por
dos razones: en primer lugar porque no aguanto la escuela, no aguanto a los alumnos,
el aula me produce una enfermedad terminal. En segundo lugar, por amor a la
libertad, disponer de mi tiempo (más allá de los timbres, las horas, el recreo, la
mañana, el año, la vida), quiero libertad de movimiento, de controles, de horarios, de
todo. Y si luego me piden una justificación entregaré un papel que diga directamente:
HE FALTADO EL VIERNES PORQUE ME HICE LA RATA. Seré sincero. ¿Habrá un artículo
del estatuto instituido e instituyente del profesional y trabajador de la educación que
considere esta posibilidad? ¿No será el artículo 213 inciso h11? El artículo de marra
debería existir: “En caso de crisis existencial, desánimo, cansancio, molestia, desganas,
mala onda o agresividad imposible de controlar, el docente tendrá cinco días no

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consecutivos para ratearse. Deberá justificar su inasistencia declarando ante el señor
director las razones de su rateada, sean cual fueren las mismas. El director en uso de
sus facultades podrá justificarlas o no justificarlas. En el primer caso, percibirá haberes
y en el segundo se procederá al descuento de rigor. Será justicia.” ¿No tengo derecho a
ratearme? ¿Y esos/esas colegas que se han pasado 289 partes de enfermos en un año,
licencia matemáticamente calculadas, agenda en mano? Me enfermo yo, enfermo a mi
mama, se enferma mis hijos, nos enfermamos todos… ¿Y los colegas que se han
tomado varios los fines de semana para viajar, ir a cazar o a pescar, o hacerse con su
esposa, su familia o con sus amantes, y tantas cosas más? ¿Y todos los que aparecen
muy seguros con el certificado del médico escolar que en su puta vida (perdón, no son
palabras de docente) los vio ni los revisó ni los evaluó, sino que simplemente les firmó
el papel con un generoso ¿cuantos días querés querido? Pagale a mi secretaria. Y que
pase el que sigue.
NOOOOO! No puedo ser yo el hijo de la pavota, el único pelotudo escolar (¡qué bien
suena!) que va a trabajar enfermo, deprimido, sin ganas, con lluvia, con tormenta, con
granizo, con un calor agobiante, con nieve (bueno, aquí no nieva) con mi madre
enferma, los hijos con fiebre, siempre, siempre, para recibir como único
reconocimiento la repetida queja de los alumnos: ¿Por qué vino profe? ¿Por qué no se
enferma de vez en cuando? ¡Quédese durmiendo una mañana entera en su casa!
¿Usted no se opera, no se agarra una gripe, no tiene apendicitis, no se quiebra, no
tiene nunca, nunca un accidente? Y uno, iluso, imagina, sueña (porque uno no ha
perdido el derecho a sonar): seguramente en algún momento las autoridades me
darán un reconocimiento (un diplomita al final del año, por lo menos), los padres
vendrán en manifestación hasta la escuela o hasta mi casa a agradecerme tanta
dedicación, los ex - alumnos harán fila para saludarme, abrazarme y agradecerme, el
SISTEMA EDUCATIVO a través de la SEÑORITA INSPECTORA me entregará una medalla
de honor, y finalmente – al tiempo de jubilarme, el último día, entre lágrimas – se
descubrirá una placa, se hará un busto (de yeso, de cerámica, poca cosa) al profesor
modelo que siempre concurrió a clase y cumplió con su deber. Y – sigue el sueño - uno
emocionado pronuncia sus últimas palabras (no porque se muere, sino porque se
jubila o se despierta): no he hecho más que cumplir con mi deber, si mil veces naciera,
mil veces me haría educador, o casi un poeta: no hay virtud más eminente que el
hacer sencillamente y todo los días lo que tenemos que hacer. Y entonces pide el
micrófono EL DIRECTOR que no pierde oportunidad para hablar, y bla-bla-bla, porque
esto es lo que necesitan las jóvenes generaciones, ejemplos como estos, profesores,
maestros, educadores, modelos que dan su vida por la educación (no por Perón ni por
la patria), que se inmolan por un poema o un teorema o una lección de historia, que
ponen el riesgo su vida por tomar una prueba o corregirla o devolverla. Y todos
aplauden y gritan y los colegas vienen a abrazarme y me entregan regalos y me dan
una jubilación de privilegio y los alumnos corean mi nombre y los padres lloran
emocionados al saludarme diciendo: ahora entiendo por qué aplazó a mi hijo, ahora sé
por qué la reprobó y lo hizo repetir, ahora comprendo y valoro todas las sanciones que
le puso. Y se produce ese final de película de película norteamericana en la que un
músico se está muriendo de hambre y decide ser profesor, aunque no quería ser
simple profesor, y termina siendo el educador de muchas generaciones de estudiantes,
y al final (no importa que les adelante el final porque seguramente la vieron) lo

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sorprenden cuando están todos en el teatro y le ejecutan su sinfonía (nunca
estrenada) y alguien con mucho amor (de película norteamericana) le dice: ¡nosotros
somos su sinfonía, maestro, profesor! ¡Cuánto amor, qué emoción! Y yo me imagino
como protagonista de esa película, pero película nacional sobre la historia de un
docente argentino. Y entonces aparecen los medios locales, regionales y nacionales
cubren el acontecimiento y hago declaraciones, y recibo un llamado del ministro, una
teleconferencia con el gobernador, y uno es feliz, feliz, hasta que se despierta del
sueño y se da cuenta que se había quedado dormido sobre el escritorio corrigiendo las
últimas pruebas integradoras del año.
¡NOOOOOOOO! No quiero que me pase todo esto. No quiero esta pesadilla, no quiero soñar lo
imposible, no quiero llegar hasta el límite, no quiero morirme con la tiza en la mano, o con las
pruebas en el escritorio o explicando una lección o retando a un alumno que dice boludeces…
¡¡¡quiero tener mi día libre, quiero ratearme, faltar a clase sin permiso de mis padres y sin
avisar!!
[VA A UN RINCON, SE LAVA LA CARA, SE PEINA, SE AFEITA O SE RECORTA LA
BARBA, SE PONE PERFUME Y SE ARREGLA LA ROPA QUE SIGUE SIENDO LA DE
DORMIR. PONE ALGO DE MUSICA]

Vamos a ponernos serios. Seguro que en un rato llama por el teléfono el pesado del
PRECEPTOR, porque sabe que tengo las cinco horas y que con mi usencia le arruino la
mañana: tiene que dejar de jugar al solitario en su computadora, mandar mensajitos a
sus amiguitas, y comenzar a atender a los alumnos que merodean toda la mañana por
cada rincón de la escuela. Y si no atiendo, llamará el PORTERO que tiene orden de
ubicarme en algún lugar del planeta y en todos los teléfonos… Luego le toca a la
avinagrada de la SECRETARIA con un llamado formal o amigable tipo: ¿Qué sucede
señor que no se ha hecho presente en el establecimiento? Lo esperamos en 10
minutos por acá, mientras tanto le atendemos sus alumnos, que con su ausencia se
han vuelto salvajes y descontrolados. Y finalmente llamará el dulce del DIRECTOR, con
fingida camaradería: Pero ¿qué le ha pasado mi amigo? Seguramente tuvo una noche
tumultuosa y con muchas alegrías, y no escuchó el despertador: aquí estamos para que
usted pueda cumplir con su deber, el deber de educar a sus y nuestros queridos
alumnos. Venga con confianza, lo esperamos, porque a cualquiera le puede pasar algo
así. No llama el PAPA FRANCISCO porque no tiene mi número de teléfono. Ni loco
atiendo. Ni a FRANCISCO. Ni aunque llame mi madre enferma, mi hermano ausente,
mis hijos que nunca llaman o mi ex mujer para gritarme o pedirme más dinero. Miro el
identificador de llamada y punto. O apago el contestador de llamadas, le quito las
baterías al celular, cierro las puertas y las ventanas. No estoy, soy un muerto civil, por
lo menos, por este viernes.
[EFECTIVAMENTE SUENA EL TELEFONO FIJO Y AL RATO EL CELULAR. MIRA EL
IDENTIFICADOR DE LLAMADA Y LA PANTALLA Y NO ATIENDE. EN EL FIJO SE
ESCUCHA UN MENSAJE]

Ahhhh nooo!! Para ser rateada tengo que salir de casa, salir y caminar por las calles,
los parques y los paseos, por bares y boliches, por sitios de mala vida y de mala muerte
para hacer las tropelías que nunca hago. Pervertirme, arruinarme, emborracharme,

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acostarme con mujeres o con lo que haya a mano, perderme como un San Agustín
antes de su conversión o la vida disoluta de adolescentes de películas
norteamericanas. A mi edad, en eso consiste la RATEADA: en cambiar EL BIEN de la
escuela, del templo del saber, de la buena nueva de la sabiduría, de las enseñanzas
sagradas de los ministros por EL MAL de la calle, el mundo, las tentaciones, el diablo, la
gula, el sexo, la lujuria, la carne (que está muy cara de todos modos), los excesos, del
cuerpo y del alma que se caen a pedazos cuando uno al final de la jornada regresa a
casa casi muerto. Eso es hacerse la RATA, LA RABONA, LA CHUPINA. No tiene sentido
que salga y vaya a los museos, a un concierto, a visitar las iglesias, a recorrer las
librerías y los centros culturales de la ciudad.
Pero aun estoy aquí, apenas levantado y sin hacer nada, buscando razones para no ir.
Sin embargo son aun las 7,15 y yo entro los viernes a las 7,30. ¿Y ese llamado? Me
parece que la conciencia, la culpa, el remordimiento me está jugando una mala
pasada, a pesar de las pastillas que me tomé. Seguramente aparece algo dentro de mí,
dentro de uno, y es como que le carcome el interior y lo llena de demandas: ¿cómo vas
hacer eso? ¿Cómo vas a arruinar todo lo que has hecho en tu vida y todo lo que has
vivido, tu fama, tu honor, tu alma, la vida actual, la vida eterna? Todo está en juego en
esta rateada. Pero del otro lado también, siento mensajes: pero, ¡atrevete boludo! Si
aquí todo el mundo roba, mata, viola, traiciona, se queda con todas las coimas, funde
empresas, produce el despido de miles de obrero y arruina a miles de familia y nunca
pasa nada, siguen siendo homenajeados y respetados en los lugares que suelen
frecuentar, son siempre los mismos señores y señoras de siempre. ¡Vos también tenés
derecho! Y entonces, se produce la pelea entre el bien y el mal, los dos principios
maniqueos y mi cabeza o mi corazón (no sé dónde está el centro de la decisión y la
moral) se convierten en un ring, y un combate a 10 round. Imaginen ustedes en
dibujos animados, como pelean el angelito y el diablito. Y cae uno y cae el otro y pegan
y pegan. ¡AHHHH NOOOOOO! Esta vez, que se vayan los principios a hacer una
procesión a la catedral: yo quiero hacerme la rata y punto. Pelea concluida con un
claro ganador, fuertes aplausos y ovación desde las tribunas.
Pero sí, me parece bien que comience a hacer una recorrida por mis razones, porque
con esas razones en la cabeza y en la mano, hablando con ustedes, me sentiré más
seguro de ratearme y de salir a pasear por la vida como docente con experiencia que
se ha tomado el viernes, porque sí, porque se le dio la gana, porque le pareció bien,
porque
[VA CRECIENDO LA MELODIA Y COMIENZA A CANTAR LA CANCION DE SERRAT,
CON ALGUNOS CAMBIOS]2

...De vez en cuando la vida
se sienta a tomar mate
Y está tan bonita que
da gusto verla.

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MUSICA ORIGINAL: https://www.youtube.com/watch?v=-ajjmt3apPg

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Se suelta el pelo y me invita
a salir con ella a escena.
De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
nos pasea por las calles
sin horarios
Deambulamos sin rumbo
por esos lugares
que nunca recorrimos
y toma nuestros pasos
y canta nuestros cantos
Y uno es feliz como un chico
cuando se ratea de la escuela.
De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa.
Que JOAN MANUEL SERRAT y ustedes me perdonen por el atrevimiento, pero me
produce placer disfrutar de este momento.
[CIERRA LOS OJOS Y VUELVE A CANTAR, MIENTRAS BAILA EN LA PEQUEÑA
HABITACION, ESQUIVANDO LO QUE ENCUENTRA A SU PASO. LA MUSICA SE
DETIENE. SE SIENTA EN LA CAMA.]

Pienso en el primer recreo y en el reencuentro con los colegas. Con ellos y con ellas.
Grandes y chicos, novatos y veteranos, a punto de jubilarse y recién llegados, casados,
solteros y los “nunca se sabe”, buenos tipos y de los otros, parlanchines y silenciosos,
ensimismamos y extrovertidos, con ganas de comunicarse y aislados. Porque somos
muchos y nosotros, los de mediana edad y con historia en el lugar, solemos copar la
sala de profesores y nos hacemos cargo de los papeles principales. Los demás hacen de
coro. Hasta nos dejan los lugares como si estuvieran reservados con una inscripción
atrás como en los set de filmación de las buenas películas. Proponemos los temas, la
agenda del día, las quejas, las noticias, las preguntas, las quejas, las bromas, los chistes
y los demás agregan algunas cosas. No es que no los quiera, los quiero, pero pienso
que nada me pasaría si desde hoy ya no fuera más. Son queribles los chicos y las
chicas, pero no tanto. Nos reunimos, nos clavamos un asado con buenos vinos,
charlamos, contamos chistes, bailamos, pero creo que no compartimos momentos
comunes más allá de eso. Relaciones funcionales: duran mientras estamos en
contacto. Tal vez no nos una el amor sino el espanto.
Y se habla de los alumnos que no saben, de los alumnos delincuentes, de los que no
estudian, de los alumnos vagos, de los hermanos, de los padres, de las madres: Porque
vos viste que la madre de Juanito es medio ligera y el padre de Pedrito va por la
tercera mujer, y Tamara y Julieta no se hablan porque son hijas del mismo padre pero

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de madres sucesivas, y dale que da. Y luego llega el tema del café, que quién pagó, que
quien no pagó, los que se sirven, los que le sirven a los demás, los que dejan todo
sucio…
Yo no he tomado nada aun, porque me estoy haciendo la rata de todo, también de las
cosas que normalmente hago. Pero a esta hora ya debe estar Pedro con su lugar
habitual sirviéndose el café que trae en un micro-termo desde su casa con las galletitas
que le prepara su señora esposa, y seguramente estará Monica sirviéndole mates a
todos los que toman maten, y los demás que están disputando frasco de café, azúcar,
chuker, agua caliente y algunas galletitas que algún novato generoso ha dejado sobre
la mesa.
Es curioso observar que los directivos, los propietarios, los dueños de los colegios, casi
nunca ingresan a la sala de profesores. Prefieren enfrentarnos en una reunión, en sus
despachos y detrás del escritorio, pero no en ese territorio neutral en donde todo es
posible, porque allí se convierten en uno más, y no gozan de la inmunidad diplomática
para los reclamos o las quejas. Entran y se producen curiosos silencios porque todos
interrumpen comentarios e conversaciones. ¡Pero no me hagan hablar ahora de los
directivos, que ya habrá tiempo para ello! ¡He conocido a tantos!
Pero cuando pienso en mis colegas, no puedo olvidarme de algunos detalles. Todos
saben y recuerdan que siempre hay UN MOMENTO CLAVE entre la presentación que (a
veces y cuando sobran gentilezas) nos regala el director/o directora al hacernos cargo
de una materia y el inicio formal de la clase. Los alumnos (nuevos, para nosotros y
nosotros, nuevos para ellos) son rápidos como la luz y capaces de tatuar una mosca al
vuelo: no hemos llegado hasta el escritorio que ya saltan desde el fondo los primeros
sobrenombres. ¡He escuchado tantos en mi vida! Sobrenombres propios y ajenos:
pelado, gordo, narigón, garza, tero, gorila, jirafa, laucha, turca, pechugona, culona,
rolinga, Cristóbal Colón, gauchita (por diversos motivos, que no entraré a detallar),
monjita, colorado, viejo, abuelo, patovica, y muchas que no debería repetir para no
violar la ley: boliviano, negro, travesaño, suavecito, trola, etc. No hemos alcanzado a
depositar los libros, la cartera o el portafolio en el escritorio, no conocen aun el
apellido, cuando ya nos bautizaron de mil maneras. Bueno, es lo que sucede en todo
trabajo, lo que pasa que aquí lo hacen LOS USUARIOS DEL NEGOCIO que son los que
tienen todo el tiempo y la mayor creatividad del mundo. Puede que esos
sobrenombres primerizos sobrevivan para toda la vida, que se extiendan a otros
colegios o bien que dure un tiempo, hasta que se olviden y recuperemos el nombre
que tenemos, porque los alumnos hoy hacen con uno lo que quieren (y lo que uno les
deja hacer).
[SUENA NUEVAMENTE EL TELEFONO QUE ESTÁ SOBRE EL ESCRITORIO O LA
MESITA DE LUZ. SUENA VARIAS VECES]

¡Ni loco atiendo! Yo me hago el tonto. Ese debe ser EL PORTERO, a quien el director le
ha dicho que insista, porque recibió las quejas de la avinagrada SECRETARIA
(mencionada ut supra) que debió atender los reclamos del cómodo PRECEPTOR, ya
que ninguno puede aguantar a los alumnos que deben estar entre el patio común y
central, merodeando las aulas y rompiéndole la paciencia a media escuela.
¡¡NOOOOO!! Yo no atiendo, porque me he hecho la rata, mejor dicho: estoy en

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proceso de hacerme la rata, porque aun no me he cambiado, no he desayunado y no
he salido: es decir no he hecho nada. Hablando con propiedad soy alguien que no ha
concurrido en tiempo y forma a sus obligaciones laborales en la escuela, que ha
faltado, que está ausente. Pero puede ser por motivos varios: accidente doméstico,
accidente en la vía pública, in itínere (para denunciar ante la ART), enfermedad,
descompostura sorpresiva, enfermedad de un familiar a cargo, citación judicial, asalto
(salidera)… pero, ¡NO! Mi caso es distinto: yo estoy ausente por la deliberada decisión
de hacerme la RATA.
Pero volvamos a los COLEGAS PROFESORES: muchos alcanzar el honor de tener otros
sobrenombres, un poco más elaborados, casi de factura artesanal, en el que los
estudiantes han puesto toda su inteligencia, suspicacia y creatividad. Cualquier
parecido con muchos de mis compañeros es mera coincidencia del azar o del destino.
No quiero que Jorge, Juan, Florencia, Andrea, Martin, Liliana, Pablo, Cacho, Carlos,
Tomás se me ofendan porque estoy hablando de ellos, aquí con ustedes, y justamente
el día en que me he rateado. Son más elaborados porque exigen una dosis mayor de
pensamiento y una intervención metafórica que exige explicaciones. La verdad que son
ocurrentes y oportunos, y no debería descartarse la ingeniosa idea de utilizarlos para la
evaluación o el concepto que anualmente se le hace a los docentes. Veamos algunas
curiosas denominaciones que reciben algunos profesores: PUENTE ROTO (nadie
puede pasar, porque nadie aprueba), BARCO A LA DERIVA (no se sabe a dónde nos
lleva y a dónde iremos a parar), CARA DE PIEDRA (pide lo que no dio y exige lo que no
sabe), MUERTE DE OBISPO (viene a dar clases de vez en cuando), SAN CAYETANO (le
da trabajo a todo el mundo todo el tiempo), OTRA VEZ SOPA (la misma clase, siempre
aburrida y todos los días), BINGO (nunca se sabe con qué puede salir), PELICULA DE
TERROR (vivimos de sorpresa en sorpresa), PERDIDOS EN LA NOCHE (nadie sabe qué
es lo que estamos dando), VIDEO JUEGO (siempre hay que intentar rendir más de una
vez para poder aprobar), CARCELERO (nadie entra, nadie sale, todo el mundo adentro),
PANELISTA DE TELEVISION (comenta noticias y cuenta cuentos), AUTO SIN GPS (da
vuelta por todos lados, pero nunca encuentra el camino indicado), PROMESA FALSA
(nunca cumple con lo programado y anunciado), AUTOPISTA SIN PEAJE (todos llegan
sin esfuerzo, hasta el destino deseado), RELOJ SIN PILAS (nunca se sabe cuándo llega y
cuando se va), SANTO POPULAR (tenés de rezarle una novena para que te apruebe)…
[HACE SILENCIO, SE PARA, ENTRECIERRA LOS OJOS Y PARECE DISTINGUIR ALGO
A LA DISTANCIA]

Ahí están mis colegas. Si parece que los veo. ¡Si supieran lo que estoy pensando y
diciendo de cada uno de ellos! Suena el timbre de entrada a clase. Suena, suena en
serio (fuerte y prolongado). A muchos y a muchas hay que arrastrarlos hasta las clases.
Darían lo que no tienen para quedarse sentados o irse a la casa. Sucede algo curioso
con el tiempo escolar: tiene una estructura molecular y cuántica especial. Los recreos
pasan muy veloces y las horas de clase son muy largas. Uno mira las agujas o los
números del reloj y no avanzan, no avanzan, están paralizadas en las 9,26.
Supongamos que estamos explicando las causas de la revolución francesa, el sistema
montañoso que divide España de Francia, números reales y números complejos, raíz
cuadrada y raíz cúbica, el periplo heroico en el poema del MIO CID, la conjugación de
los verbos regulares, la aceleración de los cuerpos en el vacío, el presente continuo en

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la lengua inglesa, la composición química del detergente y la lavandina, asientos y
balances de una pequeña empresa, la alegoría de la caverna, las obras del barroco.
Ustedes no pueden ignorar el valor trascendental de los temas que hemos señalado, el
valor existencial de cada uno de ellos, algo fuera de lo común, importantísimos, temas
que uno no puede desconocer, temas que deberían servir para asegurar la circulación
de ciudadanos honestos por las calles, de tal manera que las fuerzas del orden puedan
probar la honorabilidad de jóvenes y adultos, haciendo preguntas sobre ellos. Y
entonces, si uno recuerda la cadena montañosa, los verbos irregulares o la ley de
inercia puede proseguir su camino, y si no debe ir detenido hasta que aprenda la
lección. Educación gratuita, universal y obligatoria: a comprobar los resultados de la
aplicación rigurosa de la ley… No es mala la idea: función educativa de las fuerzas de
seguridad. Por ejemplo, 23:30 de un viernes, esquina céntrica, varios policías y un
grupo de adolescente que esperan en filas. Y el oficial que les pregunta, A ver, ¿pueden
nombrar al menos cinco acontecimientos importantes de la segunda parte siglo XIX? Y
a otro: ¿cómo se analiza un poema y qué tipo de rimas hay? Y más allá: ¿Nombre al
menos veinte capitales de Europa indicando su población aproximada? Los ignorantes,
los bárbaros, es decir los que no saben qué contestar, deben aguardar que sus padres
los vengan a buscar, mientras los demás siguen su camino. No podrán dejar de
reconocer el efecto rebote de la medida: los alumnos pondrán particular empeño en
aprender, seguir las clases, estudiar, aprobar las evaluaciones.
Bueno, pero dejemos de lado este proyecto innovador en materia de seguridad y de
educación, ya que de esto se ocupan gobernantes y los políticos con probada
efectividad, y dediquémonos a observar la cara de los docentes y de los alumnos que
participan de cada una de las clases. Hablábamos del fatigoso paso del tiempo escolar.
Descuento ya la cara de aburridos y los bostezos de los estudiantes que ya no saben a
qué jugar ni en qué pensar. Pero esos esforzados profesores, maestros, educadores,
esos colegas míos tan queridos van explicando esos temas trascendentales por los que
han dado y seguirán dando sus vidas, pero el rostro y la voz muestra en ellos también
(o sobre todos) el hastío y el cansancio, y es por eso que miran una y otra vez el reloj
que no avanza, no avanza nunca hacia el recreo deseado, porque aquellos del fondo
hace rato que están rompiendo las pestañas, y las chicas de aquí adelante juegan con
sus celulares y hacen esos eternos dibujitos mientras diseñan la remera que se
pondrán en su año de egresados y él o ella tiene que seguir remando con el libro, la
carpeta, el pizarrón, las netbook, y sus explicaciones. ¿Cuándo terminará esta tortura?,
piensan en secreto, mientras siguen sonriendo y conjugando los verbos, explicado
polinomios o recitando los imbancables y ridículos versos del POEMA DEL CID: “De los
sos ojos tan fuertemientre llorando tornava la cabeça e estávalos catando…” O el inicio
del QUIJOTE: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha
mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín
flaco y galgo corredor”. O las coplas de pie quebrado de JORGE MANRIQUE: “Recuerde
el alma dormida, avive el seso e despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo
se viene la muerte tan callando; cuán presto se va el placer, cómo, después de
acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor.” Y
los profesores que – en el límite de las fuerzas – insistimos con mensajes motivadores:
¿cómo se puede avanzar por la vida sin saber todas estas cosas? Y después vemos que

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la gente avanza por la vida, hace dinero, se vuelve famoso, tiene altos cargos sin saber
nada de todas estas boludeces. Y nosotros damos la vida por ellas.
El tiempo escolar es todo un tema: veo a los alumnos que hace realidad aquella vieja y
conocida poesía de supo de ser de Machado y que alguna vez recitamos, analizamos o
leímos. Pasan las horas de hastío /por la estancia familiar /el amplio cuarto sombrío
/donde yo empecé a soñar./Del reloj arrinconado, /que en la penumbra clarea, /el
tictac acompasado /odiosamente golpea. El tiempo que no pasa, el tiempo eterno de
la hora eterna. El preguntar una y otra vez: ¿qué hora es? ¿Cuánto falta? Para ver si así
se adelanta algo. Y los alumnos piden permiso para salir, para hacer algo, para hacer
que el tiempo se pase, se acelere, logre concluir por favor esa clase que parece
haberse contagiado de la eternidad de Dios. Tal vez Dios quiso regalarnos un poco de
su eternidad y no se le ocurrió mejor idea que depositarla en las horas de clases, o en
esas las reuniones eternas que padecemos, en las salas de espera de los médicos o
dentistas, en los discursos oficiales que no terminan nunca, en la formación de los
alumnos antes de salir y el director que insiste en un orden y en una disciplina que no
sirve para nada, en los trámites burocráticos, en los viajes aburridos, en los actos
escolares…. ¿Por qué Dios no se acordó de los recreos, de las fiestas, de los fines de
semana, de la reunión de amigos, de todo eso que nos gusta y que tienen un tiempo
fugaz y escurridizo? Bueno, con los problemas que tiene Dios, no le llevemos uno más,
ya que a este lo podemos arreglar nosotros. Y no le hablemos de la escuela, que ni
Dios sabe cómo arreglarla, en estos tiempos.
[VA A UN RINCON DE LA HABITACION Y SE CAMBIA. ELIGE ROPA EN EL
PLACARD DESORDENADO. SE PONE ROPA DEPORTIVA Y REGRESA AL CENTRO DE
LA ESCENA, MIENTRAS SIGUE HABLANDO]

A mí sí se me va pasando el tiempo. Es que estos de los colegas que tienen que
trabajar un viernes como hoy, mientras yo me estoy relatando los prolegómenos de LA
RATA, me inspira, me genera todos los pensamientos y los recuerdos. Pienso en las
reuniones de profesores. Las miles de reuniones en las que he participado en mi vida,
las transformaciones revolucionarias que he escuchado y las revoluciones que hemos
fantaseado en cada una de ellas. Porque en esas reuniones todos son guapos, todos la
tienen clara, todos tienen la solución para los problemas, la respuesta para los padres
quejosos y el remedio para los alumnos más díscolos, pero apenas salen de la reunión,
todos los valientes arrugan. Reuniones largas, aburridas, peleadas, discutidas,
saboteadas, improvisadas, súper-organizadas, participativas, verticalistas y
autoritarias, militares, democráticas, alegres, tediosas, silenciosas, bulliciosas,
distraídas, juguetonas, dispersas, boicoteadas, tensas, distendidas. Hay de todo.
Reuniones con directores o directoras, que saben de qué y por qué hablan, que saben
orientarse y orientar en medio de la noche y de la tormenta, y los que se pierden y no
saben en qué dirección navegar, y los otros, que se dejan manejar las reuniones por
algunos colegas, que se les van de la manos, que pierden el tiempo, que no saben qué
decir; directores que gritan, se enojan, retan, amenazan, echan… y de los otros. Y
luego los profesores: atendiendo, anotando, preguntando, participando, sugiriendo y
también: jugando con el celular, conversando con el compañero, haciendo dibujitos,
sacándose una selfie con el celu para el perfil de facebook, o una selfie con los colegas
para colgarlo ya en el muro con algún comentario (aquí estamos aguantando todo),

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aprovechando para organizar el cumpleaños de la hija, las compras en la verdulería y
el supermercado, actualizando la agenda, durmiendo una buena siesta, organizando la
cartera, leyendo un libro.
Porque todo depende de la elección del lugar: si uno quiere participar, hacer lío,
demandar, respaldar, aportar, destruir: al medio, adelante y en el centro. Si quiere
hacer todas esas actividades “pedagógicas” arriba enunciadas, al fondo y a los
costados. Y están los que llegan tarde y molestan a todos para encontrar un lugar, los
que obligan al que dirige la reunión a repetir lo que ya dijo cinco veces, los que se
retiran antes, los que entran y salen para atender y hacer llamados. Nos quejamos de
los alumnos, de los padres de los alumnos, de los funcionarios, nos quejamos de todo,
pero terminamos haciendo lo que todos hacen, pensando que en nuestro caso es
legítimo hacerlo.
Estoy pensando que mi RATA O CHUPINA es justo hoy, viernes, y – por tanto - tampoco
debería ir a la REUNION DE PERSONAL que convocaron para tratar el caso de los
alumnos que tienen problemas de aprendizaje y de conducta. Es decir, todos los
alumnos de la escuela . ¡NO SEÑOR! Yo no me voy a arruinar el viernes con rateada
incluida, participando de una reunión de cuarta que resulta peor que dar clases… Yo
me quedo (o me voy a otro lugar) y sigo la rateada hasta la noche.
Pero antes de seguir dejen que busque en mi computadora el tema que compuse para
ustedes porque siempre es bueno alegrar con música la mañana. La mía y la de
ustedes.
[SE ACERCA A LA COMPUTADORA, AJUSTA LOS PARLANTES Y SUENA LA MUSICA
DE BOMBON ASESINO DE LOS PALMERA. ESCUCHA, CANTA LA NUEVA LETRA Y
SE MUEVE BAILANDO. HAY QUE UNIR LAS PALABRAS Y TENER CUIDADO CON
LOS ACENTOS MUSICALES]

Le hemos pedido autorización a LOS PALMERAS y, por supuesto, hemos rebautizado la
canción:
BOMBÓN PEDAGÓGICO3
Son mis notitas,
parece que a todos agita,
mezquino y sumo poquitas
y esto a muchos irrita.
Un regalo para todos,
siento que alguien me grita,
y con paciencia infinita
yo lucho solo y sin guita,
para que sumen notitas.
3

MUSICA ORIGINAL: https://www.youtube.com/watch?v=-8lRdaDfkXg

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Apenas soy un maestrito,
un hijo de sarmientito
enseño siempre e insisto
que sean chicos buenitos.
Y todos saltan y gritan,
cruzando el patio soleado,
sos un bombón sabetodo
sos un bombón delicioso
sos un bombón pretencioso
quieres formar estudiosos.
Sos un bombón rompebolas
aquí venimos de joda…
Bombón literario,
bombón matemático
bombón filosófico
bombones de historia
bombón de geografía
bombón de economía.
Profe asesino
no seas avaro y mezquino,
tirá esas notas bonitas,
que tus planillas me excitan
bailo como dinamita.
Profe asesino
volvete gamba, un amigo,
con el trimestre aprobado
yo tengo todo salvado.
si las materias me llevo
me quedo en casa clavado.
Profe asesino
tirame una siete mezquino,
que yo trabajo unos días
y ya no vengo en diciembre.
Y todos saltan y gritan,
cruzando el patio soleado,
sos un bombón sabetodo
sos un bombón delicioso
sos un bombón pretencioso
quiere formar estudiosos.
Sos un bombón rompebolas

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aquí venimos de joda…
Inglés o geografía,
lengua o filosofía,
física o biología,
ponelo todo en la bolsa
para que pueda salvarme.
Profe asesino
volvete gamba, un amigo,
con el trimestre aprobado,
yo tengo todo salvado
si las materias me llevo
me quedo en casa clavado
Profe asesino
tirame una siete mezquino
que yo trabajo estos días
y ya no vengo en diciembre.

LA MUSICA SE VA APAGANDO. BUSCA UNA SILLA Y SE SIENTA MIRANDO HACIA
EL PUBLICO DISPUESTO A DIALOGAR CON TODOS. HABLA COMO SI FUERA UNA
CLASE.

¡¡¡¡Ahhhhhh!!!! Ya estoy adivinando lo que muchos de ustedes están pensando. Llenos
de nostalgia, de recuerdos y de fotos en blanco y negro con la señorita de 3er grado o
la señora directora, sentaditos, paraditos, bien formados y pensando: ¡ESCUELAS ERAN
LAS DE ANTES!!!!! ¡¡NOOOOOO!! No me vengan con esos cuentos, no me hablen de
la escuela de antes, no me digan que eran mejores, no me repitan que los chicos
aprendían y los profesores enseñaban y los directores conducían y los ministros
gobernaban. Y que el mundo era un paraíso terrenal: “El mundo fue y será una
porquería, ya lo sé. En el 510 y el 2000 también” No me hablen del respeto, y de la
disciplina, y de la obediencia, y de la moral y las buenas costumbres, y de orden, y de
los valores. Todo eso que merodea por sus pensamientos me parece el fruto maduro
de charlas trasnochadas después de haberse clavados varios MALBEC en un
reencuentro con los compañeros de la promoción o en una reunión de matrimonios
amigos que comparten una cena y toman junto con el café de despedida, un JACK
DANIEL. Siempre somos generosos y compasivos con el pasado y muy crueles con el
presente. Había de todo, como ahora, pero algunas cosas – dentro, pero sobre todo
FUERA DE LA ESCUELA - estaban en su lugar y en consecuencia no se notaba tanto.
Pero había escuelas buenas y escuelas malas, maestros buenos y de los otros,
profesores que enseñaban y otros que perdían y hacían perder el tiempo. Vocación y
ganapanes. Sobre todo, en esas escuelas y en esas aulas llenas de añoranzas había
MUCHO MIEDO. Ese aclamado rigor de antes era duro: punterazos, pase al frente,
quédese allí parado frente a sus compañeros o bajo la campana, hoy no salen al
recreo, se queda después de hora haciendo deberes extras, copiar 100 o mil veces,
haga de nuevo trabajo, cero por dictarle al compañero, llamaremos a sus padres para

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ver cómo arreglamos esto. Pareciera que en un acto de magnificencia con el tiempo
pasado, le hemos dejado todo lo bueno, y hemos borrado de la memoria todo lo malo.
Buenos, por supuesto, no había profesores como yo, que soñaran, que imaginaran con
HACERSE LA RATA. Sobre todo, había docentes que eran muy bueno y lograban que
todos los que estaban sentados en el aula – aplicando la disciplina más rigurosa y sin
contemplaciones ni excepciones – aprendieran en el tiempo establecido, la lección del
día; pero había otros que no explicaban nada y se limitaban a decir cuáles eran las
páginas del libro de historia, geografía o biología que había que estudiar, y luego,
dedicaban toda la hora a tomar las lecciones que generalmente eran meticulosos e
innecesarios ejercicios de memoria. Mucho de ustedes recuerdan la escena diaria o
frecuente. A ver, a ver, hagamos un ejercicio como si estuvieran en la clase de aquellos
tiempos: cierren los ojos y hagan memoria conmigo: ustedes están aquì, pero traten
de recordar lo que vivimos en la BELLA ESCUELA DEL PASADO. Segundo martes de
mayo. Tercera hora. Segundo año del secundario (porque eso sí, las cosas eran simple:
jardín de infantes, primario, secundario, universidad) Clase de Historia, de la historia
más larga del mundo porque esa historia comenzaba en la Edad Media y llegaba hasta
nuestros días. Libro de alguno de esos próceres de las editoriales (IBAÑEZ, ASTOLFI,
otros), próceres que construyeron nuestro pasado nacional y consagraban a nuestros
héroes patrios, y que deberían tener un monumento, una calle, un lugar en donde uno
vaya a sacarse una foto, una selfie, para recordar la vieja y bella historia. Sigamos, los
homenajes los discutimos después. Llegaba la señora o el señor (la vieja o el viejo).
Reina el respeto y el miedo. Se siente en la respiración agitada, se puede tocar con las
manos. Nosotros, que habíamos entrado en perfecto orden y silencio al aula,
estábamos aun parados junto al banco. Su saludo, nuestro saludo. Siempre había un
reto, por las dudas y generalmente a un varón, porque eran siempre los mas díscolos
(¿qué palabra antigua, no? Antes éramos “díscolos”, ahora son “rompe-bolas”):
¡RESTITUTI, usted siempre haciéndose el gracioso y escondiéndole la carpeta a su
compañera…RESTITUTI!! ¿Quiere que yo me haga la graciosa? ¿Quiere que yo juegue
con usted? Yo soy muy juguetona cuando quiero… Y RESTITUTI - con ese apellido y con
toda la vergüenza encima - no se movía más ni se movían y los 35 compañeros y
compañeras del mencionado RESTITUTI. Porque esas palabras de entrada eran
similares al violento full que cometía un defensor de BOCA ante el avance habilidoso
de un delantero del equipo rival… La vieja: Sentados, alumnos. Saquen sus libros y
abran la carpeta con el resumen que tenía que preparar para hoy, y el libro en el
capítulo que estamos estudiando. Descuento que todos tienen los deberes hechos y el
libro en el banco. Ya estoy pasando por los bancos. Silencio absoluto. Las carpetas,
todas. Los deberes, todos. Los libros, agotadas las ediciones. Y la vieja (profesora) que
va de banco en banco, no mira mucho y pone una media firma en cada carpeta con un
breve comentario: Muy bien, Santiago. Excelente como siempre Susanita: como tu
mamá y tu hermana mayor. Debemos mejorar la letra Bernardo. Qué buena
presentación María Rosa. Qué desordenado, Federico. No hablen atrás: los estoy
escuchando, los estoy evaluando. Fin de la ronda. Nuevamente la profesora (vieja):
Bueno, para el jueves me van a traer resumido el Reinado de los Austria Menores y la
decadencia de la hegemonía de España en la Europa moderna. Les recuerdo que es un
tema clave para la formación de todos ustedes. No saben la importancia que tiene en
la vida personal y ciudadana conocer la historia de los Austria menores. Un buen

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resumen y me lo estudian para la lección. El viernes haremos seguramente una
evaluación escrita con todos los acontecimientos de los siglos XVI y XVII. Todo es muy
fácil, y, por supuesto, muy interesante. Poca radio, sin televisor: La hegemonía
española era como una novela o una buena película. Me imagino el pensamiento de
ustedes, no sé si el de entonces, pero seguramente el de ahora: Vieja loca, ¿para qué
nos hacia hacer el resumen si después nos tomaba todo el libro de memoria? Y
además, ¿Cuándo enseñaba si siempre hacía lo mismo desde el primer día hasta el
último?
¡¡¡AAHHHH LA ESCUELA DE ANTES!!! Y ahora venía el rito mortal, la misa de difuntos,
el velorio con muertos incluidos. No todos teníamos relojes pero calculábamos el
tiempo. Horas de 40, habíamos pasado ya más de 15 minutos en todos estos trámites
enunciados: quedaban 20 minutos de tortura, de meticulosa tortura que FOUCAULT
recrea en las páginas más citadas que leída de VIGILAR Y CASTIGAR. Nuevamente la
señora vieja (profesora) que era la única que hablaba: Bueno, alumnos, - la tensión, el
silencio, el sudor se podía recoger a baldes por el aula - vamos a tomar la lección del
día. Espero que la hayan estudiado todos. Hoy es martes 12 de mayo de 1967. Ya
tenemos los alumnos que dirán la lección hoy: el 12, el 5, el 1, el 9, el 6, el 7, y si
tenemos tiempo: 1 + 2 = el 3, 1 + 9 = el diez, 6 + 7 = el 13…. Al frente, la lección
completa sobre La Reforma Luterana, el reinado de Carlos V y de Felipe II: la
hegemonía española en Europa y América. ¿Quién se podía atrever a decir: no sé, no
estudié, tuve mi madre enferma, mi papa se quedó sin trabajo, se murió mi abuelita,
mis padres se están divorciando, nos mudamos, me olvide, no tuve ganas, no entendí
nada y usted no explicó, en casa se cortó la luz, se me perdió el libro, la estudié pero
no me queda? Nadie, nunca, ninguno, jamás. Y si alguien lo insinuaba era una falta de
respeto, un atropello a la razón, una crisis de la moral occidental, un acto condenado
por la justicia, una acción que ameritaba amonestación (como en el futbol, tarjeta
amarilla, por lo menos) y una entrevista con el señor Director, otro viejo con las
mismas mañas y criterios análogos, que hacía lo mismo que la vieja en sus clases.
Mero cálculo de probabilidades: convenía estudiar porque era menos problemático.
Era un mal menor: entre morir estudiando y morir ajusticiado por la vieja, el viejo y la
violenta intervención de nuestros padres, era mejor estudiar, someterse, obedecer. Si
sobrevivías a esta ley de la selección natural de la humanidad, te volvía inmortal. Lo
peor es que la vieja, o el viejo, paladines de la justicia tenían sus preferidos: a ciertos
apellidos solamente les tomaban el NOMBRE DE LUTERO y de CARLOS V y apenas
decías dos palabras más, ya tenían el 10, mientras que nosotros – los de no éramos de
la nobleza o de la burguesía, sino del pueblo llano o del tercer estado – debíamos
remarla como esclavos del imperio romano o como remeros impulsando una galera
medieval, metidos en lo más profundo del barco. A nosotros – y veo que varios de
ustedes se sonríen y recuerdan su pasado proletario – nos tocaba decir la lección
entera: saber cuántos hermanos tuvo Lutero, como celebraba los cumpleaños, qué
tipo de comidas eran la preferidas de Carlos V, en qué lugar se tomaba las vacaciones
Felipe II, como se llamaban las esposas, los hijos, sirvientes y guardaespaldas de los
dos reyes, hasta que – para ponernos un 6 o un 7 – nos hacía la pregunta final, la
pregunta que definía nuestra vida o nuestra muerte: cuando Carlos V deja el trono y
entregó el reinado a su hijo Felipe II, a dónde se fue a vivir y a morir, nombre al menos

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seis de los compañeros que tuvo en sus últimos días y quienes lo acompañaron en su
lecho de muerte (porque en aquel momento no había sala de terapia intensiva). Yo
todavía me pregunto: ¿qué hacíamos en esos momentos de tensión y silencio (horas y
horas)? Ya los condenados estaban seleccionados para el pelotón de fusilamiento y los
demás debíamos atender. Pero la profesora, astuta, en uso de todos sus derechos y
atribuciones (ya que estábamos estudiando el poder absoluto de los reyes) podía
disponer cambios abruptos y entonces se salvaba uno de los condenado a muerte y
caía bajo las balas uno que paseaba por la plaza: A ver, a ver, parece que RESTITUTI
quiere sustituir a MARIA ANGELICA (nº 9). ¡Qué buena idea! La compañera generosa le
cederá el lugar a RESTITUTI… y tantas cosas más. ¡Que por favor suene la campana y
termine la hora y pidamos que - ¡por favor! – Dios no produzca un inesperado milagro
y haga resucitar a la vieja de historia o al viejo de geografía y nos tome la lección a
todos!!! ¡¡¡QUÉ ESCUELA, QUE ESCUELA GENEROSA!!!!! Y nosotros estamos aquí, para
contarlo.
Debo ser justo y confesar que había por lo menos DOS MATERIAS en las que se
trabajaba mucho y bien, siempre que los profesores no fueran un desastre:
CASTELLANO (así, sin eufemismos que lo confunden todo) y MATEMATICA: no
olvidemos que esa escuela añorada era una escuela de chicos seleccionados,
“normales”, homogéneos, socialmente adaptados, de familias bien constituidas y
aparentemente sin problemas, de buenos hábitos y costumbres, principios morales.
Una escuela que facilitaba la convivencia de los diversos sectores sociales, porque para
ser “normal” no se necesitaba dinero: pobre pero honrado. Los que no eran así o los
que exhibían alguna anormalidad, no entraban nunca a la escuela o la escuela los
expulsaba de una patada después del primer fracaso: Señora, señor a este chico no le
da la cabeza, llévelo a trabajar con usted, no pierda el tiempo… Y el padre asentía ante
la sabiduría de la Directora, con un: Si, es un durazno, es un zapallo, desde mañana
viene conmigo al campo, a la carpintería, al taller, a la construcción. Y que estudie
cuando sea grande.
Quedaban, por tanto, los seleccionados en la escuela primaria, y se venía una nueva
selección o embudo para ingresar al secundario. Ni hablemos de la universidad o en
nivel superior. Nosotros, los normales teníamos maestros y profesores dispuestos a
enseñarnos en cada hora o en cada jornada lo que había que saber y aprender. Clase
dinámicas, todos atendiendo (porque si no atendías, aparecía inmediatamente el
castigo inmediato o diferido) y la seguridad de que en el tiempo de la explicación y la
enseñanza se debía producir el proceso de aprendizaje. Por eso, era común que antes
de concluir la hora, se hiciera un repaso interrogando a los alumnos y evaluando a
todos. Y los resultados eran excelentes: reglas de acentuación y clases de palabras:
ejercicio inmediato con todos. Máximo común denominador: ejercicio inmediato con
todos. A estas buenas prácticas y otras muchas, para bien o para mal, se las llevaron el
cambio de época y muchas historias más…
Es verdad, ahora dan ganas de llorar, pero no pretendamos lo imposible: regresar a la
escuela de antes. Lo pasado pisado. No todo tiempo pasado es o fue mejor. Déjenme
que comparta con ustedes otra canción.

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¡¡¡NO QUIERO IR A LA ESCUELA, MAMA!!!!
JORGE EDUARDO NORO. norojor@cablenet.com.ar

[SE ACERCA NUEVAMENTE A LA COMPUTADORA Y UBICA LA CANCION DE
ALBERTO CORTEZ: UN AMOR DESOLADO, AUNQUE LA CANTA O LA ESCUCHA
CON OTRA LETRA]4

LA EDUCACION DESOLADA
Yo puse el esfuerzo
y ellos la desgana,
yo el hondo silencio
y ellos las gansadas,
yo senda y camino
y ellos la distancia,
yo puse el esfuerzo
y ellos payasadas.
Quise entre mis manos
retener la clase,
sobre sus recuerdos
sembrar enseñanzas.
Me quedé sin habla
me quedé sin nada
fui todo el esfuerzo
y ellos la vagancia.
Para que la cuenta
de estudiar sumara
pusieron presencia
yo el cuerpo y el alma.
Eran toda broma
yo toda enseñanza,
yo ponía el trabajo
y ellos todo el día
burla y carcajadas.
Y llegó diciembre
final de las clases,
yo cerré mis ojos
para no mirarlos,
para no correrlos
cerré las ventanas,
clausuré las puertas
para no gritarles.
Puse notas bajas
sobre sus libretas,
4

MUSICA ORIGINAL: https://www.youtube.com/watch?v=-sbJa4nBVXs

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¡¡¡NO QUIERO IR A LA ESCUELA, MAMA!!!!
JORGE EDUARDO NORO. norojor@cablenet.com.ar

sobre los registros,
puse notas rojas.
Y a la luz difusa
de la madrugada
renunciando a todo
pedí mi retiro
para no encontrarlos
Yo lo puse todo:
vida cuerpo y alma;
ellos, Dios lo sabe,
nunca hicieron nada.
[PREPARA EL TERMO Y EL MATE Y SE DISPONE A TOMAR ALGUNOS, MIENTRAS
SIGUE HABLANDO, PERO ACERCA LA SILLA PARA HACER LAS ÍNTIMA LA
CONVERSACIÓN]

Mientras me tomo unos mates y me preparo para salir déjeme que haga un pequeño
paréntesis para hablar de algo que CIERRE O ABRA O DESTAPE EL TEMA DE LOS
DOCENTES, de los colegas, de nosotros. Algo de lo que se habla poco, pero se piensa
mucho: ¿tienen sexo los docentes? No digo si son hombres, varones, mujeres y demás
categorías legalmente habilitadas con derecho a la pluralidad. No. Pregunto si ejercen
la sexualidad, si cada mañana cuando concurren a dar clase vienen de noches
tumultuosas o de noches pacíficas, de batallas gloriosas y sin novedades en el frente, si
tienen cara de haber tenido una alegría o por el contrario de haber desayunado
vinagre, si están satisfechos o necesitados, si hace mucho o es frecuente. En uno de los
programas de mayor audiencia radial de la tarde, cuyo nombre y conductor no
recuerdo con mayor exactitud, una mujer que manifestaba haber cumplido
recientemente 40 años y desempeñarse desde hacía más de 15 años como maestra
año de la escuela primaria describía en un tono muy intimista su “deseo y gusto por el
buen sexo”. Y luego, interrogada por los periodistas, daba detalles sobre el tema.
¿Una maestra puede disfrutar del sexo y manifestarlo públicamente por radio? Pero
una maestra, una maestra sarmientina, ¿no es como una mamá, como mi abuela,
como la vieja vecina de mi casa, como las monjas? Es decir: mujeres con sexo, pero sin
sexo, entiéndase: sin sexualidad activa. Hasta ese guardapolvo blanco impecable; ¿no
habla de la pureza inmaculada, y al mismo tiempo pretende guardar el cuerpo y
mostrarlo híbrido (no como los nuevos autos, por supuesto), como una mujer cuyas
formas no deben verse? ¿Imagina acaso alguna escena de sexo en JACINTA
PICHIMAUIDA con EVANGELINA SALAZAR, MARIA DE LOS ANGELES MEDRANO y
CRISTINA LEMERCIER? De hecho - por lo menos en el pasado - uno distinguía siempre
entre las maestras castas y vírgenes que siempre recibían el título de señorita, y las
profesoras que – en algunos casos, no en todos – tenían físicamente sus atributos, y
uno podía disfrutarlos en vivo o en directo o a través de las transmisiones de la
imaginación o los comentarios de los compañeros, ya que no llevaban ningún
uniformes que ocultara sus cuerpos. Estas valen la pena, porque se parecen a las
maestras o profesoras de algunas películas norteamericanas como MICHELLE PFEIFFER
(en Mentes Peligrosas), o CAMERON DIAZ (una trola total en Malas Enseñanzas), o la
misma HILARY SWANK en Escritores de la Libertad. Recuerdo al respecto el ejemplo de

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una colega bien dotada pero nada simpática, que concurría a dar clases a adolescentes
vestida de tal manera que resaltaba sus condiciones (naturales o artificiales), pero –
con una estudiada perversidad – tenía un maltrato constante con los adolescentes
(varones), y mientras se paseaba por los bancos de la clase hacía miles de comentarios
hirientes. ¡Los muchachos salían enloquecidos con una mezcla concentrada de odio y
calentura! Y hay tantos ejemplos más, que – si los habilitara – ustedes mismos podrían
aportar, porque aquí todos tienen alguna historia.
Bueno, parece que la escuela ha cambiado, que la educación viene con
transformaciones, que hay un nuevo diseño, que hay nuevas prácticas en territorio y
que uno debe acostumbrarse a ver a la maestras y profesoras de sus hijos, como bellas
doncellas que tienen sexo, y provocan - en los chicos y en los grandes - torrentes de
imágenes desbordadas. Tal vez por eso, ya no las tengamos vírgenes, sino activas
sexualmente y con ganas de contarlo en un programa radial o en una entrevista
televisiva. Y entonces pueden darse variantes notables: una dulce maestra jardinera
que quiera participar de un teatro de revista; una maestra que despierta los ratones de
sus alumnos preadolescente o una profesora de secundario que se cruza con los suyos
en la salidas nocturnas (y que luego en clase comenta lo que ha sucedido en el tercer
tiempo). Y no debe escandalizarnos que “la sexualidad en ejercicio” merodee por los
salones de las escuelas, las bibliotecas, la dirección, algún rincón del patio, algún baño
de profesores, en el salón de uso múltiple, porque forma parte de los ratones de más
de uno… Si todo ha cambiado, ¿por qué no puede cambiar esto? La mencionada
confesión, tan espontanea y natural, desubica a la escuela, y la deposita en un lugar
extraño. Ya no tenemos la biografía ejemplar de la escuela, y “la maestra” no se
manifiesta según los cánones y los valores preestablecidos. El SUPERYÓ DE LA ESCUELA
entra en crisis, porque muchas prácticas domésticas trasladadas a la escuela
resultaban casi inapropiadas, pero ahora ingresan sin problemas. Formaban parte de
los discursos no dicho, de los implícitos censurados que generaban el silencio y el
respeto de todos. Pero bueno, esa maestra que dice cuánto, cómo, con quién, y dónde
quiere tener sexo tira por tierra siglos de pedagogía y proclama la igualdad de los
territorios, desacralizando los espacios. Los educadores son como todos los hombres y
mujeres, y la escuela es como cualquier lugar de trabajo. Imaginen ustedes el resto, sin
vergüenza. Hoy es viernes. Me imagino conversando con mis colegas estos temas.
Seguramente varios y varias se engancharían con el mismo, aunque otros preferirían el
silencio y refugiarse en el rincón del café… pero, ¿qué mejor que verlos aparecer cada
mañana con el rostro feliz y el cuerpo relajado por haber disfrutado de una GENEROSA
ALEGRÍA en una buena noche o una saludable mañana? Entre paréntesis: OTROS
TEMAS PARA UNA TESIS o un programa de investigación: “Plenitud sexual y el proceso
de enseñanza y aprendizaje en las clases de Matemática”. “Los docentes de lengua y
de literatura y su felicidad conyugal. El caso de las Escuelas Normales”. “Desbordes
sexuales y el rol del docentes en las ciencias sociales”, “Frustraciones amorosas y
problemas de disciplinas en la escuela media”. Por lo que se ve, los temas abundan.
Los que escasean son tesistas con ganas de trabajar.
[ARREGLA NUEVAMENTE EL MATE, SE PASEA, BUSCA ALGUNAS COSAS COMO
PARA SALIR Y SIGUE HABLANDO DE PIE]

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¡¡¡NO QUIERO IR A LA ESCUELA, MAMA!!!!
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Cuántas cosas, cuantos aparecen en esta charla con ustedes… pero se me pasan los
minutos y MI RATEADA no se concreta. Pienso en las escuelas y sus edificios, en las
instalaciones, las nuevas y las viejas tecnologías, los directores y asociados, los padres
de los estudiantes, las inspectoras, el sistema y el coro de sus funcionarios, el dibujo de
las estadísticas y los informes oficiales, las trasformaciones y los cambios de diseños y
diseñadores, las capacitaciones y los perfeccionamientos, las huelgas y los reclamos
docentes, las fiestas y los actos patrios. Pero si sigo así – con este verdadero programa
de postgrado - me quedo sin rateada.
Pero hay un tema que no se me puede escapar. Voy a hablar de los alumnos, de los
estudiantes, de los sujetos, de los nuevos sujetos, de los que aprenden, de los que
concurren a la escuela, de los chicos, de los pibes. Ya no sabemos cómo llamarlos
porque cada uno de los nombres no llega abarcar la variedad de individuos que
tenemos sentados en nuestras aulas. Pero es lo hay. Finalmente la escuela gratuita, se
hizo universal y juega a ser obligatoria, y digo esto porque si uno no va a la escuela, no
la termina o se escapa de ella, no le pasa nada. Es más o menos como andar en moto
contramano, no votar, no pagar impuestos o colgarse de la luz o del cable del vecino.
Cosas que pasan: no están bien, pero no tienen sanciones. Lo cierto es que a diferencia
del pasado, ahora pueden estar todos, todos los que quieren, aunque no todas
quieran. Los podemos llamar estudiantes, porque se supone que vienen a eso, a la
escuela, pero en realidad muchos no tienen ni incorporado el concepto, por lo tanto se
estacionan allí, dan vueltas, sobreviven y si pueden finalizan los ciclos.
Y sí, las cosas han cambiado y mucho. No sólo ellos, también nosotros los adultos, y la
sociedad, y la historia, y las ideas y la tecnología y todo. Casi todo ha cambiado de
nombre, Y ellos están en otro mundo, con otros códigos que por momento nos
descolocan: te tutean, te tratan como un igual, pero saben que no sos su igual, no
tiene temor a nada, son cariñosos pero pueden salir con cualquier cosa, son sinceros
pero pueden ser hirientes, son rápidos con las nuevas tecnologías y resistente a los
viejos saberes, son flojos de voluntad pero muy creativos, son permeables a la
novedades de su entorno, hacen siempre la suya, escuchan poco, son espontáneos… y
se muestran muy distintos, personales, heterogéneos. Entonces, en una mañana de
clases uno puede escuchar frases tales como: Hoy no contés conmigo, profe; está
copada esta novela; que lindos ojos que tenés, profe; la chamuya bien el chabón que
escribió la poesía: ¿no será puto?; ¿tenés hijos? ¿son como vos?; ¿no te aburrís dando
clase?; a mí este tema que estas desarrollando no me mueve, ¿viste?; y si no hago
nada, ¿qué me puede pasar?; vos, ¿qué hacés los fines de semana?; ¿qué bebida te
gusta?; ¿te falopeaste alguna vez?; cuando tenías nuestra edad, ¿no te portabas igual
que nosotros?; ¿para qué nos sirven todas estas cosas que nos enseñan”. Hay que
aguantarse esta catarata de sinceridades que disparan uno tras otro, como si fue una
ametralladora.
[SUENAN NUEVAMENT, COMO
TELEFONOS. NO ATIENDE.]

SI

ESTUVIERAN

SINCRONIZADOS,

LOS

¡Cómo se ve que los tengo mal acostumbrados!. Siempre voy y creen que me demoré
con un trámite, algún contratiempo y que finalmente voy a llegar para la tercera hora.
No quieren aguantar a los QUINTO Y SEXTO AÑO. Y la verdad que no es sencillo, pero

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son buenos pibes. Creo sin embargo que necesitan otra cosa. Experimento de cada
año: ¿cuántos se levantaron hoy queriendo venir a la escuela? No se eleva ninguna
mano. Pero, ¿por qué vienen entonces? Porque nuestros padres nos obligan y porque
nos encontramos con nuestros amigos. Fin del debate. Lo logro encontrar uno que se
atreva a levantar la mano y presente alguna razón. Nadie.
Nosotros - en esa idealizada ESCUELA DE ANTES, que ya discutimos – no teníamos
demasiada opción y, además, estábamos bien encerrados: entrábamos, por ejemplo, a
las 7,00 y salíamos las 12,30. Asistencia muy controlada y puntualidad alemana. No
podíamos salir, ni estar en contacto con el exterior. La escuela era un monasterio de
clausura o una misa cuyo ritual conocíamos y que no podíamos abandonar hasta que
concluyera. Y era un encierro triple y reforzado: primero, sentado en el propio banco,
fijo, asignado (nadie se cambie de banco y nadie se mueva sin mi permiso: para
hacerlo tienen que levantar la mano); segundo, presos en el aula con esa puerta de
entrada vigilada y administrada por el maestro o el profesor, y finalmente los muros de
la escuela, la puerta de entrada, el portero, las llaves, los permisos. Por esa razón era
más fácil ratearse, pero era muy difícil escaparse. Los chicos de hoy no tienen muros,
no tienen aula, no tienen bancos. Formalmente sí los tienen, pero en realidad la
tecnología les ha hecho caer los muros y aunque están en el aula, sentado frente al
profesor, están comunicados con todo y con todos: con su madre en la casa o con el
padre en el trabajo (y pueden comunicarles algo que ha sucedido en la escuela, antes
de que lo sepa la dirección de la escuela), con sus amigos que están en otros salones,
en otras instituciones o no han ido a la escuela, con sus amores, con otras personas.
Tal vez no reciban llamadas, pero pueden abundar en mensajes y en chat. Y si quieren
pueden conectarse con canal de tv, una radio, un sitio de internet, una red social, una
película. Muchos de ellos llenan los muros en las redes con las imágenes que están
sacando de sus clases, es decir que el pretendido encierro del aula se vuelve público. Y
a estos chicos, con estas cosas, libres por el mundo, hay que darles clases de literatura,
química, filosofía, inglés, matemática o historia. ¿Ustedes no se harían LA RATA como
pretendo hacerlo yo, sólo por hoy?
Tengo en mi cabeza la imagen de los chicos, de los alumnos que ahora deben estar
celebrando mi ausencia y que festejarán aun más cuando les diga la semana próxima
que no estaba enfermo sino que me hice la RATA: Profe, que suerte que tuvo,
finalmente se enfermó, porque usted viene siempre… ¡Nooo! ¡No me enfermé, me
hice la rata! Y resonarán seguramente los aplausos…¡Pro-fe, Pro-fe!!! ¡Olé, olé, olá!!!
¡Pro-fe, pro-fe!!! ¡¡No estaba enfermo estaba de parranda!! ¡Ídolo!... Vayan algunos
episodios que los pintan de cuerpo entero:
EL PRIMER EPISODIO que viene a mi memoria, sucedió la semana previa a la fiesta de
la primavera del año pasado: aunque el clima era fresco, entre los adolescentes la furia
hormonal se hacía sentir en las aulas, en el bullicio, en las conversaciones, en los
patios. Todos anunciaban que – como el 21 de septiembre caía domingo – la movida
comenzaría el viernes por la mañana y que utilizarían el lunes para descansar. Un Club
y varios locales de diversión se habían asociado para sustituir las aburridas actividades
de las escuelas ofreciendo un fin de semana prolongado. En diversos sectores de las
clases había organizadores locales que competían con mi voluntad y mis intenciones

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seguir dando clase normalmente. Pensaba en el Ministro (o en los Ministros) y en sus
declamados 190, 185, 180 días de clases. O en ciertas declaraciones que rozaban el
grotesco: continuar con las clases hasta finales de diciembre y afirmar que si no había
continuidad en el trabajo escolar se ponía en riesgo el año lectivo. Eran los alumnos
(con la tácita anuencia de algunos padres) los que decidían cuántos iba a ser
efectivamente LOS DÍAS DE CLASE. Para muchos de los 190 declarados fueron sólo 160,
con variadas excepciones, pero para otros se reducían 130 o 100. Y no veía en ellos
ninguna preocupación por la pérdida de esos valiosos días. Número de botellas de
cerveza, quien llevaría el fernet, responsables de la bebida blanca, dónde se harían los
encuentros, qué casa estaban vacías y más disponibles, dónde serían las previas, en
qué club celebrarían el fin de semana. Estos adolescentes pertenecían a otro mundo y
esta escuela les quedaba chica, grande, incómoda, a contramano (mientras ellos
regresaban de todo, la escuela avanzaba trabajosamente y sin rumbo). Los
desorientaba, los confundía, los aburría, los mataba. Yo intentaba – pese a todas estas
variantes – seguir estoicamente con las clases, pero, finalmente me di por vencido,
porque no tenía sentido seguir luchando en vano: algunos regresaron a clase recién el
miércoles después de la celebración de la primavera.
[OTRO MATE Y SE QUEDA UN RATO EN SILENCIO, MIENTRAS MIRA MENSAJES
EN EL CELULAR]

OTRO CAPITULO. He trabajando con los chicos toda mi vida. Se han confundido con
mis hijos y recuerdo a todos con el mismo cariño. Aparecen las imágenes de los meses
finales del año 2010. Había comprometido con ellos una agenda de obligaciones y
trabajos para las diversas semanas de cada mes y pretendían que las cumplieran con
entregas quincenales que los acercara las obligaciones del nivel superior. Era el último
curso y cinco alumnos desde el fondo de la clase respondían que ellos no habían traído
nada y que no tenían ganas de hacer nada. Pacto de caballeros: Profe, todo bien, no
molestamos pero no hacemos nada. Entonces – recuerdo – vino el desafío: tienen 45
minutos para cambiar la mala nota en una posibilidad de promoción, ustedes son
capaces, pueden hacerlo, confío en ustedes, siempre hay posibilidades. Se refugiaron
en un rincón y aceptaron el duelo mientras yo seguía con los demás el ritmo normal de
la exposición y de los trabajos. Diez minutos antes del final los llamé: - Catriel, un
gordito que me decía siempre “amigo” y que consideraba que todos los escritores que
estudiábamos eran homosexuales, un flaco con ideas ingeniosas pero que estudiaba
poco y nada, dos chicas que se la pasaban dibujando y mandando cartas a sus amigos
se presentaron: habían logrado el objetivo y cumplido con lo prometido. Coloqué las
notas correspondientes y les dije que con un poco de voluntad podían superar los
bajos rendimientos. Aun recuerdo que salí pensando que tenía la batalla ganada pero
la guerra continuaba. No todos aprobaron, no todos terminaron el año, no todos
continuaron estudiando. Buenos chicos, pero con escasas ganas y voluntad desnutrida.
El caso del GORDITO es para destacar. Tanto hizo para boicotear su presencia en la
escuela, que terminó quedando libre y no vino más a clase. A él le gustaba trabajar
con el armado y el arreglo de las computadoras. Si dejaba de ir a la escuela tenía más
tiempo para lo suyo. Vino a rendir en diciembre y se sabía todo. Después me enteré
que había hecho esa misma jugada durante los últimos tres años y que siempre salió
victorioso. No sé qué fue de su vida, pero se ve que necesitaba otra escuela porque la
que le ofrecíamos no era el producto que él quería consumir.

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Hay OTROS EPISODIOS que aun me causan risa, pero demuestran el cambio de época
en que vivimos. A este lo tengo muy presente: 10,45. Martes a la mañana. Sexto año.
Alumnos de 17 años (todos varones que finalizaban la escuela media y que en breve
ingresarían a la universidad). Ya habíamos leído en días anteriores la primera parte del
MARTIN FIERRO y - puestos en ronda - seguíamos leyendo la segunda parte.
Comentábamos alegremente, haciendo acotaciones, con tonada criolla y expresiones
gauchescas, y algunos hasta se acompañaban con una guitarra. No había muchos
libros. Casi nadie había demostrado interés en adquirirlo (el valor de las ediciones más
baratas era inferior a los $ 10) De pronto miré un sector del pizarrón y leí en voz alta
un cartel escrito por uno de ellos: Traer $ 5,00 para las bebidas de la previa del
próximo viernes. Había insistido en la necesidad de leer, de disponer de los materiales,
en el valor de los libros, en el precio ínfimo de los mismos, en la formación de los
hábitos. Me levanté, señalé el cartel y les dije: Con dos aportes para la previa se
compran un Martín Fierro y lo traen…Pero alguien con mucha gracia y desde el fondo
gritó: Profe, pero el libro que usted pide sirve para leer pero no para tomar. Carcajada
general. Seguimos. Dimos la vuelta leyendo cada uno su estrofa. Leían bien pero no
escuchaban a nadie. Cada uno atendía en el momento en que le tocaba leer, pero
luego se desconectaba para seguir con lo suyo y con sus amigos. Habíamos convenido
una y otra vez la forma de trabajo pero no lograban concentrarse. Entonces, enojado
interrumpí la ronda de lectura: ¿Cuál es el juego? No entiendo qué es lo que quieren
hacer. ¡No es esta la forma en que debemos trabajar! ¡No pierdan el tiempo, ni me lo
hagan perder a mí! Cuando me escucharon gritar, enojado, primero se callaron y
guardaron un curioso silencio. Sabían que lo que decía era cierto. Pero, adolescentes al
fin, luego surgieron las voces: Nada nos interesa. No es con usted. No sos vos. Esto no
sirve para nada. Les contesté: Tengan huevos y no vengan más, rompan con todo,
enfrenten a sus padres, a los directivos del colegio, a nosotros los profesores, quemen
todo. Y fue entonces que fui por todo, y armé una escena de antología: saqué 100
pesos de la billetera y le dije al primero que estaba junto a la puerta: Anda hasta la
estación de combustible y comprá un bidón con 5 litros de nafta. El pibe se levantó y
varios preguntaron: ¿Para qué queremos nafta? Y mi contestación: Para quemarlo
todo, quemamos esta escuela de mierda y ¡nos quedamos en paz, ustedes y yo! E
inmediatamente surgió la protesta. ¡¡¡Ehhh te volviste loco!!!! ¡¡Te fuiste al carajo!!
¡No! A nosotros nos gusta venir. No nos gusta venir a estudiar, a escuchar, a aprender,
a hacer esfuerzo. Pero nos gusta venir a encontrarnos con los amigos. ¿No viste que los
lunes no falta nadie? Nos extrañamos y por eso venimos. Quedarnos en casa sería un
bardo. Repliqué: Pero la escuela no es un club, no es una esquina del centro, el bar de
la previa o el quincho de la casa de alguno…Y gritaron casi a coro: ¿Y por qué, no? Y si
no es eso, ¿qué es? La escuela es lo que en definitiva nosotros decidimos que sea. No
somos tontos y sabemos que debería ser un lugar de estudio, de esfuerzo, de trabajo,
pero preferimos convertirla en un lugar de encuentro. ¿Está mal? .Y alguien agregó,
por las dudas, como para tranquilizarme: Pero con vos, con tu Martín Fierro y todo lo
que nos enseñás, todo bien. La cosa no es con vos, ni con los profesores. Insistí: Pero
plantéenlo, discútanlo con sus padres, con los directivos. Si ustedes vienen a
encontrarse, ¿para qué estamos los profesores? ROMÁN, fresco como siempre, saltó:
Sin la oposición, el enojo, el fastidio de los profesores esto no tiene gracia. Nosotros
necesitamos que ustedes se enojen, se molesten, nos enfrenten, nos persigan. Es el

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juego de la escuela: eso la diferencia de los otros lugares. Aquí hay gente a quien le
inoportuna lo que hacemos, pero de alguna manera nos cuida. Un par de chicos que
no habían participado del acalorado intercambio y que mayormente atendían a las
explicaciones, cerraron el debate: ¿Sabe lo que pasa, profe? En la escuela, en el aula,
no se aprende, no se estudia. No se puede: somos muchos y con intereses muy
variados. Venimos a recibir las consignas para trabajar en casa, y prepararnos luego
para las evaluaciones: con dos horas por día nos bastarían. Una lección. Estos son los
alumnos que tenemos. Cuando socialicé con los colegas esta conversación, una
profesora amiga, con la que había compartido mi formación docente, dijo - casi sin que
la oyéramos -: Menos mal que yo no dejo que se expresen así, tan libremente, porque
no me gustaría escuchar estas cosas. Yo soy clase y punto. Y bueno, así le está yendo
desde hace varios años.
Recuerdo aún a NACHO, un loco lindo que estaba en la clase pero que tenía un solo
interés en su vida: jugar al básquet. Si no lo encontrabas en la clase, había que buscarlo
tirando tiros debajo del aro. Se llevo todas las materias y no sé si finalmente concluyó
el secundario. Cuando vino a rendir literatura dijo poco y nada, pero finalmente lo
aprobamos. Le dimos la nota, nos saludó y finalmente me dijo, mostrándome el
ejemplar del Martín Fierro que debía traer para el examen: ¿qué hago con esto? ¿Lo
querés? Porque si no, yo lo tiro al basurero… Vaya capital cultural el de NACHO que
está jugando en la primera local y que sueña llegar más lejos, aunque para eso debería
ser menos vago y mejor deportista…
UN EPISODIO FINAL. Suena el timbre de entrada y CELESTE llega tarde, malhumorada
y dormida como siempre. Y llega después de disfrutar el viaje despedida en Bariloche,
no con sus compañeros, sino con sus amigos del otro colegio. No ha traído nada para
la clase y se dispone a charlar con las amigas y a dormir. Le pido que se sume al trabajo
de un grupo que responde bien a las propuestas. Y ella, rápidamente me contesta:
¿Por qué tenemos que estrar a las 7,00 de la mañana en la escuela? ¿Por qué tenemos
que estar hasta las 12,30? Es inhumano. ¿Acaso usted no se cansa? Tomo una tiza y
escribo en el pizarrón: Celeste dice que deberíamos entrar a las 9,00 de la mañana. Y
más abajo: Celeste propone que nos vayamos a las 11,30. Y entonces Celeste agrega:
Basta y sobra…¡para lo que hay que hacer! Los demás la miran y me miran. Nadie dice
nada. Pero finalmente alguien agrega: No está mal la idea. Seguimos con la clase, toca
el timbre y me acerco al armario que está en el fondo del aula para observar un cartel.
Imitando la propaganda política de los meses previos a las elecciones, leo: ¡VOTE A
CELESTE! LA UNICA CANDIDATA QUE PROMETE DEDICARSE EN SERIO A LA JUVENTUD.
¡MÁS BOLICHES Y MENOS ESCUELAS: FELICIDAD PARA TODOS Y TODAS! ¿Algo más
para agregar?. Si esto dicen los sujetos que hablan, ¿qué pensarán, que dirán los que
no hablan (porque no los dejan hablar), los que no quieren, los que ni se acercan a la
escuela o huyen asustados de sus muros? Junto mis cosas y voy para la sala de
profesores, que parecen ajenos a todas estas cuestiones y discuten cuándo es el
próximo feriado puente y detalles del aumento salarial prometido. ¿Malestar docente?
¿Bienestar docente? ¿Indiferencia? ¿No necesitaremos otro tipo de escuelas para
estos nuevos sujetos de nuestro tiempo, y también para los educadores?
[SUENA EL TELEFONO CELULAR. SE LEVANTA, SE ACERCA Y VE QUE NO ES UN
LLAMADO DE LA ESCUELA. SE DECIDE A ATENDER]

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Este llamado sí es confiable. Pero es raro. Me llama SEBASTIAN, el profe de
matemática con el que compartimos varios de los días de la semana en la misma
escuela. A esta hora debería estar dando clases. Generalmente yo dejo el aula y el
ingresa después del recreo. ¿Un llamado a esta hora?
SEBASTIAN, ¿Cómo estás? ¿Algún problema? ¿Estás en la escuela o en tu casa? Me
llamás porque no fui, por mi ausencia. No pasa nada o sí pasa todo. No quise ir SEBA.
Me cansé, por un día pensé que podía HACERME LA RATA, LA RABONA, LA CHUPINA…
si hasta pensé a llamarte a vos y a un par de colegas más para contagiarlos…
[ESCUCHA LA VOZ DE SEBASTIAN QUE LE HABLA POR TELEFONO Y LENTAMENTE
VA CAMBIANDO SU EXPRESION DE ALEGRIA Y SATISFACCIÒN. SE QUEDA UN
MOMENTO MUDO…Y SE SIENTA EN LA CAMA O EN LA SILLA.

¿Cómo, SEBASTIAN? ¿Cómo que no estás en la ESCUELA? ¿Vos también faltaste? ¿Vos
tampoco fuiste? ¡¿CÓMO QUE HOY NO HAY CLASES?! ¿Pasó algo? Pero, si me
llamaron varias veces… ¿Fuiste vos y otros compañeros los que me llamaron? Pero,
¡¿QUÉ?! ¡¿HOY ES SABADO?! NOOOO…NO PUEDE SER, ES LO ÚLTIMO QUE ME PODÍA
PASAR. MAMA QUIERO FALTAR A CLASE. ME LEVANTO INNECESARIAMENTE
TEMPRANO Y PIERDO EL TIEMPO HABLANDO ESTUPIDECES. Y ME OLVIDO QUE
TENIAMOS TODO PLANEADO CON LOS COLEGAS PARA ENCONTRARNOS A MEDIA
MAÑANA PARA VIAJAR JUNTOS. Y SEBASTIAN es quien me iba a pasar a buscar… ¡Ni
esto me sale bien! ¡Soy un caso perdido!
No importa. La esperanza es lo último que se pierde. Habrá otra RATEADA, otra
RABONA, otra CHUPINA y para esa ya tengo la agenda de los temas que voy a
desarrollar con ustedes: las escuelas y sus edificios, las instalaciones, las nuevas y las
viejas tecnologías, los directores y asociados, los padres de los estudiantes, las
inspectoras, el sistema y el coro de sus funcionarios, el dibujo de las estadísticas y los
informes oficiales, las trasformaciones y los cambios de diseños y diseñadores, las
capacitaciones y los perfeccionamientos, las huelgas y los reclamos docentes, las
fiestas y los actos patrios. Pero si sigo así – con este verdadero programa de postgrado
- me quedo sin rateada. Me parece que las RATEADAS deberán ser varias, y sobre todo,
debidamente planificadas.
PRECISAMENTE A MÍ ME PASA ESTO: ELEGIR EL SABADO PARA HACERME LA RATA.
¡¡¡¡SOY DE LO PEOR!!! ¡¡¡ESTOY ENFERMO, PERO EL DIAGNOSTICO ES ÚNICO: ES UN
VIRUS MISTERIOSO: EL MAL DE ESCUELA, PORQUE CONCURRIR A ELLA ME ENFERMA Y
ALEJARME DE SUS AULAS ME MATA!!!!
[SE TOMA OTRAS DOS PASTILLAS Y SUENA LA MUSICA FINAL DE AMOR SALVAJE
CHAQUEÑO PALAVECINO, CON OTRA LETRA] 5

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MUSICA ORIGINAL: https://www.youtube.com/watch?v=dXIprdv9Rlg

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¡¡¡NO QUIERO IR A LA ESCUELA, MAMA!!!!
JORGE EDUARDO NORO. norojor@cablenet.com.ar

EDUCACIÓN SALVAJE
Te encontré sin preguntarte ni tu nombre
En la lista figurabas junto a todos
Me hice cargo de enseñar de cualquier modo
Lo indicado por quien me contrató.
Nos hablamos poco y nada en muchos días
Del hastío fuimos cómplices callados
Y los libros les quemaban en las manos
Deslumbrados siempre por el celular.
Aquellas clases,
Fueron muriendo como tiempo abandonado
cada minuto los saberes destrozamos
sin derramar ni una gotita de interés.
Aquellas clases,
Preocupados por las notas nos peleamos
Y poco a poco sin querer nos separamos
Ya sin ganas de enseñar y de aprender.
Compartiendo con amigos las mañanas
Fue pasando día tras día todo el año
Maltratando cada tema con engaños
Sólo buscaban una razón para zafar.
Con los meses arribamos al destino
Sin más ganas que venir cada jornada
A cumplir con la asistencia programada
Sin mirarnos y diciéndonos el adiós.
Y en diciembre se acercaron las familias
Hubo fiesta y un final con alegría,
Y celebraron con diplomas la mentira
De no tener preparación para después.
Aquellas clases
Fueron muriendo como tiempo abandonado
cada minuto los saberes destrozamos
sin derramar ni una gotita de interés.
Aquellas clases
Preocupados por las notas nos peleamos
Y poco a poco sin querer nos separamos
Ya sin ganas de enseñar y de aprender

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¡¡¡NO QUIERO IR A LA ESCUELA, MAMA!!!!
JORGE EDUARDO NORO. norojor@cablenet.com.ar

JORGE EDUARDO NORO
VERANO DEL 2015
norojor@cablenet.com.ar

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