Está en la página 1de 9

El discurso evangelizador

Carlos García Bedoya
El discurso evangelizador puede conceptuarse como discurso aculturador en la acepción
fuerte de la palabra, discurso que busca imponer a una población un componente central
de una cultura más poderosa, combinando en proporciones diversas medios represivos y
persuasivos. Discurso que surge desde el poder en tanto la corona española ejercía un
Patronato sobre la Iglesia católica en las Indias y era por tanto su deber velar por la
incorporación pronta y firme de las poblaciones nativas en el seno de la Iglesia.
El polo criollo de la sociedad virreinal, la república de españoles, era el punto de partida
de este discurso evangelizador, siendo sus portavoces directos criollos o peninsulares
integrantes del clero. Constituye así una peculiar expresión de lo que Antonio Cornejo
Polar denomina literaturas heterogéneas: sus destinatarios pertenecen al ámbito indígena
y se emplean generalmente las lenguas nativas, pero los productores pertenecen a la
cultura metropolitana-criolla, lo mismo que el mensaje ideológico y los referentes
aludidos (aunque es posible que integren elementos referenciales autóctonos).
La conquista española tuvo su gran justificación ideológica en la necesidad de llevar la
verdadera fe a vastas poblaciones paganas. De allí que la empresa evangelizadora
concentró la atención no solamente de la Iglesia, sino del poder político español: la
imposición de la religión cristiana fue el núcleo central de la dominación cultural
española en el mundo andino. Se trató sin duda de un proceso muy complejo y que
muestra múltiples aristas: combinó persuasión y compulsión, adoctrinamiento y
represión. Puso en marcha una maquinaria muy compleja destinada a incorporar a las
masas andinas en la comunidad de los católicos. Supuso una tumultuosa interacción
cultural, un auténtico crisol transcultural que irá paulatinamente configurando las
formas de religiosidad católica andina. Inculcar la doctrina católica y reprimir las
formas de religiosidad prehispánica no son sino las dos caras indisolubles de una
misma empresa.
Luego de las etapas iniciales del proceso de cristianización, el Tercer Concilio Limense,
promovido por el arzobispo Toribio de Mogrovejo, marca un hito de gran trascendencia.
En efecto, el Tercer Concilio Limense, reunido entre 1582 y 1583, aprobó una política
coherente y abarcadora de evangelización para el mundo andino. Se estable-cieron
estrategias y tácticas de adoctrinamiento, y se produjeron documentos fundamentales
que servirían para orientar el trabajo de los doctrineros en toda la región. Para garantizar
la difusión de esos instrumentos básicos, se propició la instalación en Lima de la
primera imprenta sudamericana, a cargo del italiano Antonio Ricardo, de cuyas prensas
salieron los primeros libros editados en el Perú en los que se evidenciaba una de las
decisiones más importantes del Concilio: la necesidad de evangelizar a las poblaciones
andinas en sus propias lenguas, y principalmente en la lengua general, el quechua, por
lo que los doctrineros debían ser adiestrados en ella, para lo cual existía desde 1577 una
cátedra de quechua en San Marcos.

distinto de las variantes prehispánicas o de las diversas hablas populares.Una consecuencia importante desde el punto de vista lingüístico fue la estandarización de la lengua general. que pudieran arraigar en la religiosidad andina. la obra de Oré tenía como destinatarios principales a los indios ladinos. Niceno y de S. Athanasio". Fray Luis Jerónimo de Oré nació en Huamanga en 1554. así como en la formulación de las diversas políticas evangelizadoras aprobadas. creándose una variedad particular del quechua. En una primera parte del texto presenta Oré al indio como un sujeto caracterizado por la mansedumbre. es decir aquellos más instruidos en la religión cristiana y conocedores de la lengua española. es un texto doctrinal y catequístico. En los debates del Tercer Concilio Limense cumplió un rol muy destacado el jesuita José de Acosta. se elaboró una abundante producción discursiva en lenguas nativas. la liturgia o la organización de los coros). como lo explicita su largo título "se declaran los mysterios de la Fé contenidos en los tres symbolos Cathólicos Apostólico. pues había que adaptar vocablos andinos para expresar conceptos cristianos totalmente ajenos (y además bastante complejos). Dentro de esa producción catequística y devocional en lenguas nativas. Allí se propugna el adoctrinamiento en lenguas nativas y no en castellano. A diferencia de los textos resultantes del Tercer Concilio Limense. la persuasión benévola y no la imposición represiva. representaciones evangelizadoras en las diversas lenguas nativas fueron sin duda un eficaz vehículo para la cristianización de las poblaciones aborígenes. destaca la producción de dos hombres: Luis Jerónimo de Oré en el ámbito quechua y Ludovico Bertonio en el ámbito aymara. El Symbolo Catholico Indiano. Su obra De procuranda indorum salute. en el que. Uno de los mayores esfuerzos evangelizadores apuntaba a crear un corpus de textos devocionales y oraciones cristianas en quechua (u otras lenguas nativas). sobre todo en el sentido cultural. el quechua. quien se considera que tuvo una participación fundamental en la elaboración de los mencionados textos. dirigidos ante todo a los sacerdotes encargados de la evangelización de los indígenas. y especialmente de sus élites sociales. ya fueran integrantes de las élites andinas que comenzaban a recibir una instrucción bastante cuidada. . Una modalidad que al parecer tuvo importancia fue el teatro misionero. puede ser la mejor síntesis de los criterios evangelizadores que orientarán la actividad de la Iglesia peruana en los años sucesivos. Ello implicaba un complejo proceso de traducción. destinada al adoctrinamiento de las mayorías indígenas. el llamado quechua misionero. como los de una única divinidad que sin embargo era al mismo tiempo tres personas. Para ello se configuró un lenguaje misionero (quechua o aymara) bastante alejado de las normas culta o popular autóctonas. su obra más ambiciosa. En efecto. o el concepto de creación ex-nihilo o comienzo absoluto del tiempo y del universo. con fines evangelizadores. Siguiendo la estela del Tercer Concilio Límense. y el aprovechamiento de los referentes culturales indígenas para ayudar a vehicular los contenidos religiosos cristianos. o ya fueran colaboradores directos de los doctrineros (en la catequesis.

Las fuentes más importantes que nutrieron la creación poética de Oré fueron los Evangelios y San Atanasio. No fue Oré el único evangelizador que versificó en quechua. aunque su producción incluye varios otros textos. Desde una perspectiva literaria. El propio Oré señala que emplea el verso sáfico. El jesuita Pablo de Prado (La Paz 1576) es autor de unos "Romances de la Passión de Nuestro Señor Jesu Cristo". al tiempo que denuncia los abusos y la explotación de que es víctima. guaraní y tupí: Rituale sev manuale peruanum et forma brevis administrandi apud indosy uno vinculado con la experiencia misionera de Oré en la Florida: Relación de los mártires que a avido en las provincias de la Florida. Usa una estrofa de cuatro versos. Nacido en Italia en 1557. y de otro la gran variedad de textos poéticos hispánicos sobre la vida y en especial la pasión de Cristo. y en festividades especiales como las de semana santa. incluidos en una reedición de 1705 de su obra doctrinal Selectas de el directorio espiritual en lengua española y quechua general del inga. Se trata de textos poéticos de amplia extensión (el más largo. en el que sintetizaba su labor de lexicógrafo del quechua y el aymara. de un lado. esto es. los tres primeros endecasílabos y el último pentasílabo. . el sexto. escritos al parecer para ser cantados en las ceremonias litúrgicas de cada día de la semana. lo más interesante en el Symbolo Cathólico Indiano son los siete cánticos quechuas que forman la segunda parte de la obra. un manual doctrinero para clérigos que incluye textos en mochica. un Arte y vocabulario de tres lenguas. aymara. el jesuita Bertonio llega al Perú en 1581. quechua. Estos y tal vez otros autores más merecen un serio estudio que permita una imagen más cabal de nuestra producción cultural colonial. Ludovico Bertonio es el más destacado representante de la literatura evangelizadora en el ámbito aymara. en especial elementos de la flora y la fauna. como por ejemplo la Situa. Se sabe que escribió y quiso publicar un Sermonario de domingos y fiestas (seguramente con textos en quechua y aymara). Oré realiza una operación de gran complejidad. una expresión fidedigna de lo que se podría llamar un "protoindigenismo" franciscano. al adaptar el léxico quechua para expresar contenidos doctrinales cristianos. Otro representante de la producción evangelizadora en quechua es Juan Pérez Bocanegra. Las modalidades de versificación que emplea Oré son de clara filiación occidental. Uno de los recursos más frecuentes es dar nuevo contenido a vocablos quechuas o el incorporar constantemente referentes andinos. consta de 808 versos). Oré es conocido sobre todo por su Symbolo Catholico Indiano. Acierta Margot Beyersdorff al señalar que una labor de este tipo no es una simple imitación o traducción al quechua de discursos europeos: es más bien una compleja operación transculturadora. autor de Ritual formulario e institución de curas. recuperando con un sentido cristiano aspectos de ceremonias nativas. concretamente intenta trasladar al quechua las formas de versificación latina.y por lo tanto dispuesto a una fácil aceptación del cristianismo. puquina. pues. Oré se aleja con frecuencia de sus fuentes evangélicas y patrísticas para incorporar un conjunto de imágenes más afines a la experiencia cultural andina. y que merecería ser estudiada en detalle.

mientras la andina no. en algunos casos abiertamente. Pero paradójicamente uno de los principales productos de estas campañas es un corpus discursivo que representa tal vez la mejor fuente para conocer la mentalidad indígena colonial. aymara y española. aymara y romance. cuyas momias o malquis serán uno de los blancos predilectos de los . El gran descubrimiento de los extirpadores de idolatrías a comienzos del siglo siguiente será que la aceptación formal del cristianismo por las poblaciones andinas no había implicado una renuncia a otras formas de culto tradicionales: al lado de una divinidad hegemónica. La extirpación de idolatrías fue una sucesión de campañas. en otros casos bajo modalidades sincréticas que fundían una devoción prehispánica con una nueva devoción cristiana. ya derrotados los movimientos de resistencia nativista como el Taki Onqoy. Parecía ya cerrarse una primera etapa cuyo objetivo principal había sido liquidar los cultos prehispánicos (errores y supersticiones) e instalar en su lugar la religión verdadera. donde el aspecto represivo adquiere una importancia mayor que el persuasivo. Los extirpadores de idolatrías se vieron enfrentados directamente con otras formas de culto. persistían rituales y ceremonias: el culto a los antepasados.Además de obras de gramática y lexicografía aymara. Los estudiosos concuerdan en afirmar que es a través de los textos recopilados por los extirpadores. y sobre todo en el territorio del arzobispado de Lima. como es muy típico de tantos procesos culturales coloniales. Bertonio es autor de dos textos Confessionario muy copioso en dos lenguas. aceptando la hegemonía religiosa cristiana y por cierto sufriendo una serie de transformaciones. Este objetivo se suponía alcanzado hacia la penúltima década del siglo XVI. con la persistencia de modalidades ancestrales de religiosidad andina. en una nueva fase. para ellos incompatibles con el cristianismo. como el culto a huacas. aunque no pensaran lo mismo sus feligreses indígenas. la cristiana. Hacia 1610. Se encuentran frente a frente dos tradiciones culturales con una fuerte carga de religiosidad. El Tercer Concilio Limense y sus políticas evangelizadoras significaron un hito muy importante en el proceso de cristianización del mundo andino. dos facetas aparentemente divergentes. pacarinas o malquis. a los que la Iglesia rotulaba como hechiceros. Los cultos populares andinos se habían ya adaptado a una situación de semiclandestinidad. pero con un marcado contraste: la española era exclusivista. e indirectamente acercarnos a las formas de religiosidad prehispánica. mantenían su arraigo multiplicidad de devociones locales. que podemos intentar atisbar lo que pudo ser la primigenia visión del mundo propia del hombre andino. de represión cultural y social. con una instrucción acerca de los siete sacramentos de la Sancta Yglesia y Libro de la vida y milagros de nuestro señor Jesuchristo en dos lenguas. El largo combate que libraron los extirpadores muestra. y muy especialmente del manuscrito que hoy conocemos como Dioses y hombres de Huarochirí. en su coexistencia con la Iglesia católica. con frecuencia muy brutales. el proceso evangelizador entra en el Perú. Continuaban operando sacerdotes nativos de rango inferior.

sino también a erradicar modos de vida indígenas considerados incompatibles con el cristianismo. A partir de 1610. Duviols distingue tres campañas de extirpación de idolatrías. Obviamente. ni uno estaba exento de idolatría. los malquis o momias de los ancestros. La extirpación de idolatrías . pero los acompañaban algunos jesuitas. la Iglesia lanzará a lo largo del siglo XVII tres campañas de extirpación de idolatrías. por iniciativa de Francisco de Ávila. ha tendido a desplazarse hacia indestructibles entes de la naturaleza —montes. Los visitadores procedían a destruir los objetos de culto. el aspecto persuasivo nunca quedó totalmente de lado. Una de las medidas propugnadas para poner coto al problema de la idolatría fue el organizar colegios especiales para la educación de los hijos de la nobleza indígena. Los mayores culpables recibían castigos públicos e infamantes. la Casa de Santa Cruz. y con el apoyo del Arzobispo de Lima y del Virrey. estas visitas eran frecuentemente ocasión para múltiples exacciones y abusos contra los indios. lagunas. en que dejó el cargo. y cundía también el temor a una posible alianza de los indígenas disidentes (en especial los rebeldes araucanos). los hechiceros y dogmatizadores. los ídolos. como lo denunciara entre otros Guamán Poma. que debían hacerse cargo de la faceta más persuasiva de la visita: a pesar de un cambio marcado en la táctica evangelizadora. La primera fue promovida por Francisco de Ávila y apoyada entusiastamente por el arzobispo Lobo Guerrero. refiriéndose al caso de Francisco de Ávila. se inician las denominadas visitas de idolatría. y en especial Pablo José de Arriaga. y tuvo su máximo vigor entre fines de los años 40 y la década del 60. Ávila recibió en 1610 el cargo de juez visitador de idolatrías y fue el verdadero motor de la campaña hasta 1618. además de los propios de la política eclesiástica peruana (y aún los intereses personales): en 1609 se había producido en España la definitiva expulsión de los moriscos. que constituirán en la práctica una especie de Inquisición especial para los indios. y se desarrolló fundamentalmente entre 1610 y 1622. víctimas del celo misionero. con el resultado de que todos o casi todos confesaban incurrir en tales errores: Ávila afirma que de 35 000 indios que visitó en Jauja. La otra gran campaña fue promovida por el arzobispo Pedro de ViIlagómez. Algunos factores fomentaron el giro en la política evangelizadora hacia 1610. La visita estaba a cargo de integrantes del clero secular. y también penas económicas. designados por el arzobispo. el culto a los antiguos ídolos. Estas campañas no sólo apuntaban a destruir formas de religiosidad "paganas". con los herejes holandeses o ingleses. Los jesuitas tomaron entonces a su cargo la dirección de la campaña. cuevas—. por lo que bastará hablar de las dos mayores campañas. que coinciden con el periodo de arzobispos de Lima particularmente adictos a la política extirpadora. pero en la práctica la segunda campaña tuvo muy escasa duración.extirpadores. En el transcurso de esas visitas se interroga a los nativos con la finalidad de hacerles confesar su persistencia en actividades idolátricas. y a imponer castigo a los sacerdotes nativos. Contra estas y otras formas de religiosidad andina. en especial la flagelación. para quienes en 1618 se llegó a crear un centro especial de reclusión en Lima.

posiblemente al Cristóbal Choquecasa a quien se menciona en el texto. sino también en medios eclesiásticos: muchos doctrineros. Un indígena cristianizado. pero no faltaron las denuncias sobre abusos que habría cometido. En 1618 deja el cargo y es nombrado canónigo en La Plata (la actual Sucre). Lobo Guerrero se mostró muy receptivo ante las denuncias de persistencias idolátricas y permitió a Ávila organizar una especie de solemne auto de fe en Lima. en el sentido de que sus formas peculiares de religiosidad habían sufrido importantes modificaciones y se encontraban hacia esos años plenamente adecuadas a los marcos oficiales del cristianismo. Una vez que tomó la decisión de enfrentar el problema. que le permitía descubrir huatas y hacer confesar a los idólatras. y órdenes como los franciscanos y dominicos mostraron repetidamente su disconformidad. a quien mostró los ídolos. Ávila se dedicó activamente a difundir su "hallazgo". Hombre con un conocimiento bastante solvente del quechua y del castellano. El más notable. la población andina se hallaba en lo fundamental cristianizada. En 1610. siendo obvio que los ritos y ceremonias indígenas no podían haber pasado desapercibidos para ningún cura doctrinero.despertó oposición no sólo entre los indios. Estas sucesivas campañas no lograron por cierto acabar con las modalidades de religiosidad andina. Todo indica que hasta 1607 no tuvo Ávila ningún interés especial por el problema de la idolatría. pidiendo primero el auxilio de los jesuitas y luego presentándose ante el nuevo arzobispo. momias y objetos de culto que había descubierto. Ávila se mostró un eficacísimo extirpador en las regiones de Huarochirí. cuando falleció en Lima en 1647. y que hoy conocemos generalmente con el nombre de Dioses y hombres de Huarochirí. La obra apareció póstuma al año siguiente. y además el verdadero iniciador de las campañas de extirpación de idolatrías. Preparaba su sermonario. El éxito de Ávila como extirpador se debió a su conocimiento de los mitos y ritos indígenas. fue Francisco de Ávila. Yauyos y Jauja. Se trata del célebre manuscrito quechua que comienza con las palabras Runa yndio ñiscap Machoncuna. pero que valora las tradiciones nativas de su región e incluso busca conservar su memoria. donde se quemaron los objetos idolátricos y se flageló a un hechicero. Gran parte de sus conocimientos procedían de un manuscrito que obraba en su poder y que seguramente mandó compilar a alguno de sus colaboradores indígenas. muy semejante en su conducta a tantos otros tan ácidamente criticados por Guamán Poma. el Tratado de los Evangelios. el arzobispo nombró a Francisco de Ávila juez vistador de idolatrías y se inició sistemáticamente la primera campaña de extirpación de idolatrías en la arquidiócesis de Lima. de las que se hace eco enérgicamente Guamán Poma. de la que era doctrinero Ávila. Pero sí es posible afirmar que hacia 1660-1670. y en 1632 pasa a Lima con el mismo cargo. como ya se anotó. y probablemente cumplía una misión encomendada por el sacerdote. El redactor y compilador del texto fue sin duda un indígena. En el punto de arranque de la primera campaña de extirpación de idolatrías encontramos un conflicto local y los particulares intereses de un doctrinero. seguramente de la propia comunidad de San Damián. aunque en opinión de . Lobo Guerrero.

. pues no se queda en los niveles más elementales del adoctrinamiento religioso. Una de las divinidades importantes en Huarochirí es Cuniraya Viracocha. Pero la gran empresa intelectual evangelizadora de Ávila. Esto es evidente en el propio estilo del texto. quien visitó hacia 1622 la región del callejón de Huaylas. Estamos pues ante uno de los pocos casos en que la escritura nos permite escuchar sin excesivas interferencias la voz de la oralidad andina. alejado de cualquier modalidad del quechua literario colonial. al parecer resultante de la fusión de una divinidad local. El texto refiere un conjunto de mitos de la región de Huarochirí. La gran contribución de Ávila a la cultura peruana es el haber permitido la preservación de este importante texto quechua. se evidencia incluso el proceso de sincretismo cultural.. Es tal vez el más ambicioso de los sermonarios en quechua.. los misterios más complejos de la religión católica. coherente. y los distintos rituales y formas de culto que persistían a comienzos del siglo XVII. Huiracocha. de la mitología. es el único texto quechua popular conocido de los siglos XVI y XVII y el único que ofrece un cuadro completo. pero en modo alguno el informe distanciado aunque lleno de curiosidad del evangelizador o extirpador. Tratado de los Evangelios. Cuniraya. presentando a las principales divinidades locales. pues en algunos momentos comienza a adquirir los rasgos de divinidad creadora que le asignaba a Viracocha la reinterpretación evangelizadora. La vasta riqueza de este texto no es fácil de sintetizar. Por ello es oportuno concluir estos someros apuntes con un juicio de José María Arguedas: Dioses y hombres de Huarochirí es la obra quechua más importante de cuantas existen. Dioses y hombres de Huarochirí es pues la expresión de una voz o más bien de una pluralidad de voces nativas. una voz que parte desde dentro de la colectividad indígena. sino que busca hacer llegar a la población nativa. es una especie de Popol Vuh de la antigüedad peruana. fue la elaboración de su sermonario quechua. partiendo de comentarios evangélicos. preservándose las diferencias entre ellas. un documento excepcional y sin equivalente tanto por su contenido como por la forma. mostrando un gran interés por el estudio . con otra panandina. y especialmente a sus élites. De los otros protagonistas de la primera campaña de extirpación de idolatrías merece recordarse al criollo huanuqueño Rodrigo Hernández Príncipe (1578-1638).. sin intentar construir visiones uniformizadoras. la voz de un otro parcialmente aculturado. Se refieren las tradiciones particulares de diversas comunidades. pues apareció recién en 1648. aunque sólo ocasionalmente emprende directamente la tarea de refutar supersticiones y creencias nativas. de los ritos y de la sociedad en una provincia del Perú antiguo. a la cual dedicó largos años. el sermonario de Ávila fue un instrumento de gran utilidad durante la tercera gran campaña de extirpación de idolatrías. al año siguiente de su fallecimiento.Taylor* su lengua materna (y la de sus paisanos) debió ser un idioma aru. cuya publicación no llegó a ver. Entroncado con una tradición ya consolidada de predicación en lenguas nativas. aludiéndose incluso a su coexistencia con creencias cristianas.

Los primeros capítulos presentan una visión general de la religiosidad andina a comienzos del siglo XVII. .de la religiosidad indígena. aún después se efectuarán algunos procesos de idolatría. ya se ha señalado. De 1619 a 1621. Entre los extirpadores más activos. la santificación del orden colonial y la constante amenaza de castigo. este jesuita es el verdadero jefe de la empresa extirpadora. destacado catedrático de San Marcos. donde eran encerrados los "hechiceros" y "dogmatizadores" de la idolatría indígena. la Iglesia pudo contar con inapreciables instrumentos. como fueron las colecciones de sermonarios bilingües. Era pues un veterano en la actividad extirpadora. describiendo los diversos procedimientos que se deben emplear e incluyendo un cuestionario modelo que permita recabar información sobre la idolatría local. Para esta campaña final. marca las orientaciones centrales de la nueva campaña. quien asume el rol principal tras la salida de Ávila es el jesuita español Pablo José de Arriaga (1564-1622). pero ya no campañas sistemáticas. pues llegó a ser miembro de la Inquisición y obispo de Santiago de Chile. Pero. Su constante celo extirpador fue bien recompensado. universidad de la que fue rector de 1640 a 1642. La carta pastoral de exhortación contra las idolatrías de los indios. se extenderá desde 1649 hasta 1671. La parte final del texto constituye un auténtico manual para la realización de la visita. Los sermones de Avendaño fueron tal vez los más notables en este contexto. En cambio. pues estaban concebidos expresamente para la refutación de la idolatría. la ausencia de la caridad cristiana. Pero la figura más notable de esta última campaña fue sin duda el limeño Fernando de Avendaño (1580?-1655). aunque apunta. la tercera campaña tendrá una duración bastante prolongada. Impulsada por el arzobispo Villagómez. de Villagómez. y en 1649 se publican los Sermones de los misterios de nuestra Santa Fe Católica. Su obra Extirpación de la idolatría del Perú constituye la síntesis más completa de la experiencia adquirida durante la primera campaña de extirpación de idolatrías. esta obra es un monumento de la literatura religiosa americana. de Ávila. En opinión de Duviols. Una segunda parte de la obra discute las razones que habrían posibilitado la supervivencia de las religiones andinas. Hacia 1648 se edita el ya comentado Tratado de los Evangelios. y en esta tercera campaña fungió como una especie de "superintendente de la idolatría". Algunas brevísimas referencias a la actividad de los misioneros en las regiones de la Amazonía. lo mismo que en la breve segunda campaña. Avendaño ya había participado en la primera campaña de extirpación de idolatrías. pero debido a su repentino fallecimiento. Arriaga se había hecho cargo de la dirección de la Casa de Reclusión de Santa Cruz. cabe siquiera una mención a la actividad de Bernardo de Noboa en la región de Cajatambo. la campaña no llegó a cobrar verdadero relieve. La segunda campaña de extirpación de idolatrías fue promovida en 1626 por el arzobispo Gonzalo de Campo. de Avendaño. bajo la admirable destreza retórica.

y la Historia de las misiones de Santa Rosa de Ocopa. interrumpida cuando tuvo que trasladarse a Madrid. población dispersa. autor de Conquista espiritual hecha por los religiosos de la Compañía de Jesús en las provincias del Paraguay. En el caso de los jesuitas. un estudio (que implica también una defensa) del pueblo guaraní y su cultura. Paraná. Retornó luego a Lima. aunque después de su muerte. donde continuó gestiones ante la corte virreinal y donde falleció. Estas experiencias misionales quedan plasmadas en diversos documentos. cabe recordar que el gran organizador de las misiones jesuitas del Paraguay fue el criollo limeño Antonio Ruiz de Montoya. mencionemos por último la tardía Historia de las misiones de la Compañía de Jesús en el Marañón español. donde estuvo algunos años realizando gestiones para defender las reducciones paraguayas contra las incursiones de los bandeirantes portugueses. La conquista franciscana del alto Ucayali. totalmente diverso del que era característico de las demás regiones del virreinato: ámbito geográfico difícil. al tiempo que constituye una crónica de la actividad misionera. . en el caso de los franciscanos. como él lo solicitó. frondosa diversidad de lenguas y culturas. compiladas al parecer por el padre Pablo Maroni. Su actividad misionera se desarrolló en un contexto muy peculiar. Uruguay y Tapé. sus restos fueron trasladados al Paraguay. Su Conquista espiritual es una amplia obra que incluye un examen de la geografía y la naturaleza de la región. Aunque escapa al ámbito geográfico del Perú moderno. Esta obra recoge su experiencia de veinticinco años en el Paraguay. destacan en especial las Noticias auténticas del famoso río Marañón. entre ellos los padres Richter y Fritz. del limeño fray Manuel de Biedma. importante es también el Diario de un misionero de Maynas de Manuel de Uriarte. de José Chantre y Herrera. Tal vez los textos más interesantes sean. que incorporan los relatos de varios destacados misioneros. compilada por José Amich. uno de los más activos misioneros franciscanos y uno de los mártires de esa arriesgada empresa.La actividad misional en la selva estuvo a cargo principalmente de dos órdenes religiosas: los jesuitas en la actual selva norte y los franciscanos en la selva central. nutrida en gran medida por su experiencia personal. tribus amazónicas frecuentemente belicosas.