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- Eres una puta ¿Cómo voy a querer ser amigo de una puta?

-
- Es Navidad ¡No deberías comportarte así!- Gritó Tsunade golpeando la mesa con f
iereza-
- ¿A mí por qué debería de importarme la navidad?- Dijiste exasperado lanzando l
as servilletas navideñas al suelo, para pisarlas en el suelo- ¿y tú qué? ¿para l
lamar clientes te volviste una mala imitación de Santa?-
- Sasuke Tu eres tan estúpido- trató de decir Naruto
- Mira ¿Quieres un regalo de Navidad? ¿Qué tal si te follo para que sientas que
la noche no fue en vano?- Estabas desesperado, tratando de sacar toda su frustra
ción en solo gritos- ¡Tratas de hacer que todo se vea bien, pero la navidad no e
s más que un cliché, yo no te amo, y no me voy a casar contigo, porque me desagr
adas hasta el asco! Y con tu comportamiento de puta, solo deshonras este lugar-
Todos se quedaron en silencio, conteniendo sus respiraciones temerosas, mientras
te veían como a un demonio vengativo, que no hacía más que tratar mal al rubio
que no podía gritarte ni pegarte, y solo recibía tus insultos con la cabeza gach
a, llenándose sus ojos de lágrimas Cuando no tuviste más que decir y caíste rendi
do en una de las sillas, sin pizca de remordimiento, Naruto se abrazaba a si mis
mo, como si le hubieran recordado lo sucio que se sentía por su profesión, a la
vez que lloraba descontrolado
- ¿y tú que sabes de mí? No me gusta ir acostándome con todos esos tipos No me gus
ta mi trabajo pero tengo que hacerlo porque nadie me adoptó Y no quiero que te ca
ses conmigo, o que me ames. Solo quería que fuéramos amigos, como antes- Dijo tr
atando de contenerse- porque te quiero mucho ¡pero me acabo de dar cuenta de que
eres un estúpido bueno para nada! Tsunade-Sama, lamento no quedarme más, pero cr
eo que voy a prostituirme otro poco más, hasta que Sasuke deje de ser tan pendej
o-
Luego se fue, cerrando la puerta de un portazo que hizo caer algunos cuadros y a
todos logró estremecer. Al parecer todos sabían que ese era el trabajo de Narut
o, por que nadie se impresionó por eso, tornando sus miradas de furia hacia ti,
que a penas si te inmutaste por el hecho.
Pese a todo lo ocurrido, Tsunade decidió comenzar a abrir los regalos. Para Saku
ra una laptop porque adoraba escribir y todos la creían una escritora prometedor
a, a Kiba solo cosas para su perrito Akamaru, a Lee más pesas para hacer ejercic
io, a Chouji caras entradas para un banquete de Come todo lo que puedas , a Ino car
os productos de maquillaje Y cuando abriste tu caja era una colección de libros d
e medicina para la Universidad que no habías podido costear por lo caros, pero q
ue te eran muy necesarios.
- Gracias Tsunade- Dijiste abrazándola tratando de opacar toda la furia de todos
los presentes hacia tu persona
- Te diría que mejor le agradecieras al que los compró, pero ya le insultaste su
ficiente como para que queramos que hagas más-
- ¿Naruto los compró?-
Todos asintieron con la mirada, y entonces comenzó a nacerte la culpa de haberlo
lastimado de esa manera Por lo que te mordiste la mano con la que lo habías empu
jado con cierta impotencia Te paraste dejando tus libros, te pusiste el abrigo pa
ra salir a la noche helada y solo los miraste de reojo
- ¿Y el regalo de Naruto?-
- No hay ninguno- Dijo Tsunade-
- No pudimos costear la cámara que quería- Dijo Sakura con tristeza- Solo reunim
os 500 yenes, y es de -
- Ya lo sé De 2500 ¿verdad?- Recordabas el día en que Naruto se había parado como
idiotizado frente a una tienda de fotografía a admirar esa cámara
Tomaste los quinientos que Sakura tenía en sus manos y todos los libros de medic
ina que te había regalado, los metiste en una bolsa, y saliste enojado, como si
no quisieras que nadie te dijera nada; algo culpable por lo que pensabas hacer
Naruto estaba llorando en el parque al que siempre iban cuando eran pequeños, se
ntado en una de las bancas de madera, cubriendo su rostro apagado con sus manos
canela crispadas por el dolor Se sentía sucio, se sentía un pecador, pero aún peo
r que eso, era el dolor que aquel a quien siempre había considerado su mejor ami
go, le había insultado con un descaro que le parecía increíble para alguien tan
supuestamente decente .
- Como si me gustara ser una puta- Dijo para sí, sin dejar de sollozar, mientras
se secaba los ojos.
Hacía frío y ya se estaba arrepintiendo de salir con su escasa ropa de trabajo,
pues todo su cuerpo se estremecía lentamente; pero antes de volver a ese sitio d
onde le habían ofendido, prefería morir de frío, sepultado por la blanca nieve
Incluso tú, con ese abrigo cálido y amplio, sentías deseos de volver y sentarte
a la lumbre, pero no lo estabas haciendo. Habías pasado por tu casa hacía unos i
nstantes, y luego por algunas tiendas, ahora ya no llevabas nada en tus manos bl
ancas.
Justo entonces pasaste frente a una tienda que estaba por cerrar y que tenía la
luz casi extinta, saliendo de entre las puertas cerradas con doble cerrojo. Y al
lí sobre una de las estanterías de la vitrina viste aquel objeto que estremeció
todo tu cuerpo por unos instantes
Comenzaste a golpear la puerta con casi desespero pero nadie ponía atención, nad
ie iba a salir al frío invernal a preguntarte que necesitabas No sabías que hacer
, o si siquiera podías hacer algo al respecto, pero Tenías que intentarlo
La nieve comenzaba a acumularse sobre sus hombros descubiertos por el inusual es
cote de aquella chaqueta roja y blanca, se estaban llenando de nieve, que apenas
si se ocupaba de limpiar, sus ojos se veían ya mas rojos que azules de tanto ll
orar y su cabello desordenado estaba lleno de pequeñas partículas de helada y bl
anca nieve
- ¿Me perdonas?- Dijiste suavemente, parado junto a esa figura que se estremecía
, sentado en una banca del parque, llorando como un infante
- ¿Por qué abría de hacerlo? Me ofendiste con todo el descaro del mundo- Respond
ió enojado apartando su rostro con furia
- Es que no sabía Que tu habías comprado todo eso - Dijiste tratando de sortear aqu
ellas simples dificultades
- ¿Así que tú me perdonaste el ser una puta porque te compré cosas caras y ahora
quieres que te perdone por unas lindas palabras empalagosas?- Expresó enojado
- No. Quiero que me perdones por ser tu amigo Y te traje un regalo de navidad- Di
jo sentándose a su lado tras limpiar un poco la banca llena de nieve
Le tendiste el regalo guardado descuidadamente en una bolsa de aspecto navideño,
con pequeños nekos que jugaban con bolas de estambre y tomaban platos de leche,
todos con moños de navidad
Lo tomó entre sus delgadas manos canela que se estremecían por el frío, y abrió
la bolsa sacando una cámara fotográfica negra con detalles plateados que comenzó
a temblar en sus manos, antes de que un par de lágrimas cayeran sobre el lente
- ¿no te gustó? Perdona. No es la misma que querías, porque la tienda estaba cer
rada.- Trataste de excusarte al verlo llorando.
- No es eso ¿de donde sacaste para una cámara tan cara? Ni tus libros eran tan ca
ros- Dijo tratando de secar sus lágrimas, para ver en detalle el regalo
- Pues, tuve que vender los libros que me regalaste y otro montón de cosas que t
enía en mi casa -Dijiste como tratando de recordar que habías vendido con exactitu
d- Como era la víspera de navidad nadie me quería comprar y tuve que correr por
todo el centro hasta que me dolieron las piernas pero no importa ¿Te gusta?
El rubio que te miraba con sus azules ojos indecisos, guardó la cámara devuelta
en la bolsa que dejó a su lado, pero que terminó cayendo al suelo, sin que se da
ñara por la suavidad de la nieve que le recibió, y se lanzó a tus brazos, justo
antes de, al notar tu expresión confundida, retractarse, y volver a sentarse en
su lado, abrazándose a si mismo
- perdón, me dejé llevar- se excusó- Había olvidado que no te gustaba tener a un
a puta tan cerca de ti-
Aún se notaba en su voz ahogada, y en las suaves maneras en que buscaba darse a
si mismo el cariño que necesitaba, como acariciando sus brazos helados, y revolv
iendo su cabello rubio, que estaba triste y dolido
- pero no soy una puta porque quiera Tal vez no me quieras creer, pero a mi nadie
me adoptó- Dijo como para si, sin siquiera verte a los ojos- Y mi único hogar e
ra el orfanato, incluso cuando todos ustedes se fueron. Finalmente, Tsunade trat
ó de sacarme; iba a cerrar el orfanato, porque ya no tenía dinero ni para una de
uda del orfanato, que ella había ganado con el juego Fue entonces cuando ese homb
re; Orochimaru, me propuso olvidar la deuda si me acostaba con él Después de eso
fue cuestión de tiempo, mientras me adentraba más en esos negocios, para ganar d
inero que mantuviera el orfanato, que era mi único hogar No quería, pero tuve que
convertirme en la puta cara que se vende en la 61, para mantener mi pasado. Por
que era todo lo que tenía.
Por unos instantes, pareció ahogarse en sus palabras, en los sollozos y en el fr
ío apremiante que le hacía temblar sin descanso, porque dejó de hablar, y se abr
azó más a si mismo, maldiciéndose por no haberse puesto más ropa antes de salir Y
entonces le pusiste tu abrigo encima, incluso cuando tú te pudieras congelar, t
enías más ropa que él, y no querías verlo a punto de morir de inanición, te hací
a sentir culpable. El te agradeció con una mirada tierna y se dispuso a continua
r su relato
- Había estado ahorrando desde hace mucho, para comprar todos esos regalos pero
no sabía como entregarlos y entonces a Tsunade se le ocurrió hacer una reunión p
or lo de la Navidad estaba muy feliz de verlos a todos de nuevo, sobretodo a ti No
creí que te molestaran los juegos con los que nos divertíamos cuando niños Pero
me equivoqué. Me he equivocado tantas veces, que a veces no quisiera tener que v
ivir No quisiera tener que soportar esto día a día. Pero no puedo perder mi vida
porque todos cuentan conmigo Y yo- Las últimas palabras casi no las entendiste, p
orque estaban cortadas por los sollozos desesperados que salían de su alma entri
stecida.
Tenías que admitir que aquel abrazo de hacía un momento, más que incómodo te hab
ía hecho sentir tan cálido, como cuando eran niños, y ya que no se te ocurrió na
da más, mejor o peor para calmar sus sollozos, lo halaste hacia ti, y lo rodeast
e con tus brazos, dejándole llorar sobre tu pecho mientras acariciabas su cuerpo
delgado y pequeño, cubierto por tu abrigo
- No me desagrada es solo que no sabía como reaccionar a eso, estaba nervioso- tr
ataste de hablar mientras lo abrazabas, pero tu corazón iba demasiado rápido, ah
ogando tus palabras
- ¿Por qué haces todo esto por mí?- Te preguntó levantando tu rostro para hablar
con tanto con sus ojos azules como con su voz
- Porque me gustas mucho- Respondiste- Y cuando te fuiste me di cuenta de que lo
importante de estas fechas no es la Navidad , el espíritu , dar y recibir o los regal
recitaste haciéndole reir- es estar con esas personas a las que quieres más que
a nada, es para recordar porque es importante estar vivo-
- Gracias por mentir para hacerme sentir importante- trato de descubrir una ment
ira inexistente en tus palabras
- No miento- Y le besaste la frente- Yo si te quiero-
Por un momento el bajó la mirada avergonzado, sin saber que hacer o como actuar,
tratando de alejarse un poco más de ti, como para asimilar lo que acababa de su
ceder
- Y aunque no me casaría contigo- Dijiste mientras le acariciabas el cabello, de
jando que la nieve enredada allí cayera al suelo- Te amo tanto como para no deja
rte de nuevo ¿Nos besamos?- recordaste de tus días de juegos infantiles con él
- Sasuke - Susurró suavemente mirándote con sus ojitos azules temerosos -
Se estiró un poco para alcanzar tus labios, te besó con la calma y la tranquilid
ad de noches en las que se colaba en tu cama, asustado por monstruos y fantasmas
inexistentes para explorar todo el universo de sensaciones que eran tu cuerpo y
tus labios Luego se separó te sonrió y se dejó abrazar
El parque estaba desierto. El mismo parque de juegos en el que jugaban a las atr
apadas hasta caer al suelo, en caricias juguetonas y besos indiscretos, ahora ll
eno de nieve blanca, que seguía cayendo con suavidad desde el cielo oscuro lleno
de estrellas relucientes, fue en el que finalmente lograste notar que amabas má
s a Naruto que al resto del mundo
Lo sostuviste largo tiempo entre tus brazos, incluso cuando ya no lloraba, mient
ras jugueteabas con su cabello dorado suave y rebelde que te hacía cosquillas en
el rostro. La luz de la luna los iluminaba a ambos, y la nieve hacía parecer qu
e estaban encerrados en una burbuja de nevadas que venden en las tiendas. Sonreí
ste levemente, y le dijiste una vez más que no te pensabas casar tan joven, haci
éndole reir
Y esa fue quizás la mejor Navidad que tuviste en toda tu vida, con un regalo que
aunque no pudiste disfrutar te gustó mucho, con tu orfanato aún abierto y todos
tus antiguos amigos felices, e incluso con un nuevo novio, todo venido, de la p
ersona más inesperada Naruto Uzumaki, la persona número uno en sorprender