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INICIATIVA PAZ PARA EL DESARROLLO.

INICIATIVA PAZ PARA EL DESARROLLO. DOCUMENTO: AMERICA LATINA: LA SOCIEDAD SITIADA. LOS COSTOS HUMANOS, POLÍTICOS Y

DOCUMENTO:

AMERICA LATINA: LA SOCIEDAD SITIADA.

LOS COSTOS HUMANOS, POLÍTICOS Y ECONOMICOS DE LA VIOLENCIA URBANA Y SOCIAL:

Comprender el fenómeno de la violencia, en toda su complejidad, y contribuir a su erradicación son pasos esenciales para garantizar el Estado de derecho democrático.

Primera Parte

Prof. Dr. Ricardo Petrissans Aguilar.

INSTITUTO LATINOAMERICANO DE ANÁLISIS DEL CONFLICTO. (ILACON)

CENTRO DE ANÁLISIS DE SEGURIDAD PUBLICA Y VIOLENCIA URBANA. (CASP)

Montevideo, abril de 2005.

Edición original en castellano. Instituto Latinoamericano de Análisis del Conflicto. © ILACON 2005. Cita sugerida:

Edición original en castellano.

Instituto Latinoamericano de Análisis del Conflicto. © ILACON 2005.

Cita sugerida: América Latina: la Sociedad Sitiada. Los costos humanos, políticos y económicos de la violencia. Montevideo, Uruguay. Instituto Latinoamericano de Análisis del Conflicto – Prof. Dr. Ricardo Petrissans Aguilar. 2005.

El Instituto Latinoamericano de Análisis del Conflicto dará consideración muy favorable a las solicitudes de autorización para reproducir íntegramente o en parte, esta publicación. Las solicitudes y peticiones de información deberán dirigirse a la Secretaria General del Instituto, Montevideo, Republica Oriental del Uruguay, que tendrá sumo gusto en proporcionar la información mas reciente sobre cambios introducidos en la obra, planes de re edición e impresiones y traducciones eventualmente disponibles. Toda solicitud relacionada con la traducción de este documento deberá dirigirse a la Secretaria General del Instituto, Publicaciones, en Montevideo, Republica Oriental del Uruguay.

Las publicaciones del Instituto Latinoamericano de Análisis del Conflicto y las de la Escuela Sudamericana de Negociación están acogidas a la protección expresa prevista por las disposiciones sobre reproducción de originales del Protocolo 2 de la Convención Universal sobre Derecho de Autor. Reservados todos los derechos.

Las denominaciones empleadas en esta publicación y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene, no implican, por parte del Instituto Latinoamericano de Análisis del Conflicto, juicio alguno sobre la condición jurídica de países, territorios, ciudades o zonas, o de sus autoridades, ni respecto del trazado de sus fronteras o limites. Tampoco deben ser interpretados sus comentarios u observaciones como juicios de valor sobre la idoneidad intelectual o moral de Gobiernos, instituciones o individuos.

La mención de determinadas sociedades mercantiles o de nombres comerciales de ciertos productos no implica que el Instituto Latinoamericano de Análisis del Conflicto los apruebe o recomiende con preferencia a otros análogos. Salvo error u omisión, las denominaciones de productos patentados llevan en nuestras publicaciones letra inicial en mayúscula.

Notas explicativas:

- Un signo de menos (-) indica déficit o disminución, salvo que se especifique alguna otra cosa.

- El punto (.) se utiliza para separar decimales.

- El guión ( - ), colocado entre cifras que expresen años, por ejemplo 1.990 – 2.002, indica que se trata de todo el período considerado, ambos años inclusive.

- La palabra “dólares” se refiere siempre a dólares de los Estados Unidos.

- En ocasiones se redondean las cifras, datos parciales y algunos porcentajes presentados.

CENTRO DE ANALISIS DE SEGURIDAD PÚBLICA Y VIOLENCIA URBANA (CASP) El Centro de Análisis de

CENTRO DE ANALISIS DE SEGURIDAD PÚBLICA Y VIOLENCIA URBANA (CASP)

El Centro de Análisis de Seguridad Pública y Violencia Urbana (CASP) es una asociación sin ánimo de lucro, privada e independiente, dedicada al estudio y análisis de la seguridad de los individuos, de sus colectivos y sociedades y al estudio del fenómeno de la violencia urbana. El Centro funciona dentro de las actividades regulares del Instituto Latinoamericano de Análisis del Conflicto, como rama especializada en Gestión de Crisis y Seguridad.

El Centro fue creado con el objetivo de aunar y potenciar el trabajo de un grupo de profesionales dedicados a los estudios en esta materia, al mismo tiempo que, colocar a disposición de la sociedad civil en general y los interesados y profesionales en particular, una fuente de conocimiento y un ámbito de discusión para los temas comprendidos dentro de sus objetivos.

Forman parte del Centro personas provenientes del mundo académico, profesionales de la seguridad, agentes de la empresa privada y de profesiones liberales.

Las funciones básicas del Centro son:

El estudio de los problemas de la seguridad interpersonal, en sus aspectos políticos, estratégicos, policiales, económicos, tecnológicos e industriales.

Contribuir a la información y difusión de los problemas de la comunidad latinoamericana en las materias comprendidas, el análisis de los conflictos que surgen entre sus miembros, y de los requerimientos y alternativas para la construcción y consolidación de una sociedad estable y en paz.

Hacer posible la comunicación y el intercambio de ideas entre personas e instituciones vinculadas a la planificación y ejecución de la política de seguridad y prevención de la violencia urbana, incentivando el diálogo en la búsqueda de soluciones concretas.

La elaboración de dictámenes, informes e investigaciones que se soliciten al Grupo sobre dichos temas.

Para cumplir con sus fines de investigación, el Centro cuenta con personal y medios propios. La mayoría de los miembros son académicos con campos de procedencia tan variados como la historia contemporánea, la ciencia política, las relaciones internacionales, la sociología, la economía y la sicología. En la actualidad, el Centro está presidido por el académico Prof. Dr. Ricardo Petrissans Aguilar.

El Centro también contribuye públicamente a este debate mediante la difusión de sus informes así como por la publicación, en distintos medios de comunicación, de artículos sobre distintos temas de la política de seguridad.

Para comunicaciones:

Sede Uruguay ILACON – CASP. Tristán Narvaja 1729, Montevideo, República Oriental del Uruguay. Teléfonos: (598) -2- 4080618 y 4080628. Correo electrónico: infogral@ilacon.org

Sede Brasil ILACON – CASP. IALN - CLSW 104 – Bloco B / Sala 123 Sudoeste Shopping, Sudoeste, D.F. Teléfonos: (61) 2301 - 7272 Correo electrónico: csl-br@cslog.org

LA INICIATIVA “PAZ PARA EL DESARROLLO”:

Dentro de las convicciones compartidas por los miembros del Centro de Análisis de Seguridad Pública y Violencia Urbana, se destaca la idea que uno de los principales frenos al desarrollo de América Latina, tanto en sus aspectos clásicos como en el campo del capital humano, radica en el grado de violencia estructural e inseguridad que transita la región, constituyéndose en frenos insustentables en el medio y largo plazo para obtener los objetivos deseados de bienestar, convivencia y desarrollo económico y social, perseguidos por sus Gobiernos, organizaciones civiles, empresas privadas y ciudadanos y sus colectivos. De hecho, existe una fuerte preocupación en el seno del Centro porque, además, violencia e inseguridad exhiben signos claros de socavamiento y deterioro progresivo de las estructuras democráticas.

En nuestras observaciones queda claro que violencia e inseguridad tienen un conjunto definido de causas, que además tienen la virtualidad de potenciarse entre sí. De hecho, mientras

esas causas no sean atacadas en forma sustancial, ordenada y sistemática y con políticas consistentes que superen coyunturas cortas, la única posibilidad será la de tratar de contener las manifestaciones presentes, aún cuando ello es, evidentemente, consagratorio de un círculo vicioso del cual únicamente podemos esperar pérdidas mayores. Nuestro objetivo no es atacar las causas,

a vía de ejemplo, poco podríamos hacer para enfrentar la pobreza. Pero, dentro de nuestro campo de conocimiento, aportaremos todo lo que sea posible para enfocar las consecuencias que venimos de mencionar.

Nuestra visión trata de escapar en todo momento a enfoques de naturaleza ideológica tradicional. La única ideología aplicada aquí es la de la pacificación para el desarrollo, y, en consecuencia, no hay afiliación a corriente política alguna, sino el desarrollo de una concepción filosófica clara que hace su opción por el hombre, su bienestar y la elevación de la calidad de vida en un marco de convivencia social pacífica. En consecuencia, optamos por la más absoluta libertad de comentario y apreciación frente a políticas nacionales, instrumentos aplicados y opciones, optando por las visiones constructivas.

Desde una perspectiva documental y de estudios, la Iniciativa “Paz para el Desarrollo” se propone desarrollar un estudio completo del estado general de inseguridad y violencia en América Latina, en un trabajo paciente y progresivo, que pueda ser actualizado periódicamente y que tienda

a ser un instrumento de utilidad para todos aquellos que se relacionan con la cuestión y con sus

causas. De esta forma, el Plan de Obras proyectado comprende a un conjunto de documentos analíticos principales, acompañados de una constelación de otros documentos auxiliares, los que

se resumen en los siguientes ejes temáticos:

Parte I

La Sociedad Sitiada

Visión general. Costos humanos, económicos, sociales y políticos de la violencia.

Parte II

La Próxima Generación

Niños y Jóvenes, pobreza, educación y violencia.

Parte III

Pobres, sucios y feos.

Pobreza y marginalidad. Victimización de los pobres. La sociedad fracturada.

Parte IV

Ejércitos.

Perfiles de la violencia y la criminalidad. Las fuerzas de seguridad, el marco de las políticas y las alternativas posibles a desarrollar.

Parte V

Asalto a la Sociedad Democrática.

El Crimen Organizado y su estructura dentro de la región.

Parte VI

Ganar el Futuro.

Resumen general de las acciones posibles. Marco general de reflexión.

DEDICADO A:

A Juan Manuel, Miguel Martín y María Paz y a su generación, estén donde estén,

sean hijos de quienes son, tengan o no religión, cualquiera que ella sea, de hecho,

adolescentes y niños. Los que están más expuestos en la línea de fuego de esta Sociedad Sitiada.

Para que tengamos la capacidad de ahorrarles la guerra y sepamos restablecer la paz social que es, ni más ni menos, el sutil y humano arte de equilibrar los profundos desequilibrios que hemos sabido ahondar. Que, en esa tarea, se pueda establecer, al menos, el marco indispensable para que el capital humano se desarrolle, sin las crueldades inmanentes que lo atacan: el hambre, la pobreza, el hacinamiento, la violencia, la explotación, en fin, el conjunto de lacras que nos asedian, nos vuelven más vulnerables y, finalmente, nos destruyen, como individuos, como sistemas políticos democráticos y como sociedades.

Y en memoria de otros que ya no tienen la oportunidad. Como Daniela Vanegas, de

15 años, de la edad de mi hijo Miguel y pronto, de mi hija Maria Paz. Daniela permaneció casi un año en poder de un grupo que dijo ser del bloque oriental de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), pero su familia no pudo conseguir el rescate, el millón doscientos mil dólares que se pedía por su vida y su liberación. Su cadáver fue encontrado el 9 de septiembre de 2004 con cuatro cuchilladas. Si fueron secuestradores comunes, el espanto; si fueron revolucionarios, sería bueno que alguien explique el camino de la revolución matando adolescentes. Sea lo que fuere, la locura. Sea lo que fuere, la violencia animal. Nunca más

Montevideo, en la media noche del 25 de diciembre de 2004, mientras duermen, seguros, en casa.

Agradecimientos especiales:

Agradecemos especialmente los comentarios del Dr. Miguel Dovat, Ing. Gerardo García y Proc. Beatriz Vidalín. Igualmente, la cooperación de otro conjunto de colaboradores del Instituto, ha sido, invalorable.

INDICE:

Índice temático

Página

Resumen Ejecutivo

13

CAPITULO I – Aproximación fáctica a la violencia en la Región. Una visión panorámica.

20

1. La violencia urbana creciente.

21

2. Las tendencias observables.

23

3. Un panorama inicial: la violencia en América Latina.

24

4. Las condiciones regionales.

27

5. Resumen de situación.

28

CAPITULO II – Aproximación conceptual a la violencia.

31

1. Aproximación conceptual a la violencia.

32

2. El modelo ecológico de la violencia.

38

3. Aproximación conceptual a la inseguridad.

40

4. Las causas de la violencia.

45

5. Las principales víctimas de la violencia.

48

6. Las dificultades metodológicas.

50

CAPÍTULO III – Los países de la furia: balance de situación de la violencia en algunos de los países de la Región. Factores y riesgos.

53

Estado de situación de la violencia en algunos países de la región:

 

1.

Argentina: un país complejo.

54

1.1. Visión general.

55

1.2. La violencia emergente del crimen.

57

1.2.1. Homicidios.

62

1.2.2. Secuestros.

63

1.2.3. Situación de inseguridad y victimización.

66

1.2.4. La violencia excede también los limites urbanos.

67

 

1.3.

Examen de algunos factores de riesgo:

68

1.3.1. Inequidad y desigualdad en el ingreso.

68

1.3.2. La pobreza en el país.

70

1.3.3. La incidencia del hambre.

72

1.3.4. El desempleo.

75

1.3.5. La educación y sus problemas.

76

1.3.6. Situación de niñez y juventud.

77

1.3.7. Influencia del consumo de drogas y alcohol.

84

 

1.4.

El dilema de la sociedad argentina.

91

2.

Brasil: el país de la violencia cotidiana.

92

2.1. Visión general.

92

2.2. Homicidios.

95

2.2.1. La situación nacional.

95

2.2.2. Los puntos de mayor incidencia.

100

2.3. Situación de inseguridad y victimización.

101

2.4. Retratos de la realidad: la violencia cotidiana.

105

 

2.4.1.

El frente paulista.

106

2.4.2 El frente de Río de Janeiro.

107

2.4.3.Un día cualquiera en el frente.

108

2.4.4.Tropas para controlar las ciudades.

109

 

2.4.5.

La reacción gubernamental.

109

 

2.5.

Examen de algunos factores de riesgo:

110

2.5.1. Desigualdad del ingreso.

110

2.5.2. La pobreza en el país.

111

2.5.3. El hambre.

113

2.5.4. La precariedad laboral.

114

2.5.5. Precariedad habitacional e infraestructural.

114

2.5.6. Educación.

116

2.5.7. Armas en la sociedad.

117

2.5.8. El problema de la droga.

118

3.

El dilema de la Sociedad Brasileña: la “deuda social”

119

3.

México.

120

3.1.Visión general.

120

3.2. Situación general de inseguridad y victimización.

122

3.3. Las reacciones ciudadanas.

123

3.4. El Crimen Organizado

124

3.5. El informe Molina – Ruiz – Reyes y la política gubernamental

125

4.

Otros países de la región.

126

4.1. Paraguay

126

4.2. Colombia

128

4.3. Guatemala

130

CAPITULO IV – Causas y Consecuencias – Factores y Manifestaciones de la violencia en América Latina.

131

Primera Parte – Examen de algunos factores de la multicausalidad de la violencia:

132

1.

Inequidad social.

133

1.1. Panorama regional.

133

1.2. La pobreza.

135

1.3. El hambre.

137

2.

Situación de la infancia y de la juventud.

138

2.1. La situación de la niñez.

138

2.2. La situación de la juventud.

140

2.3. Algunos datos adicionales.

143

3. Deficiencia en las Infraestructuras urbanas.

144

4. Proliferación de armas.

147

5. Educación.

154

Segunda Parte – Algunas consecuencias señaladas:

156

1.

Violencia y criminalidad juvenil.

156

1.1. El panorama en los países desarrollados.

157

1.2. Criminalidad juvenil.

159

2.

La espiral de violencia escolar:

162

2.1. Panorama de Situación.

162

2.2. La violencia escolar en algunos de los países desarrollados.

164

2.3. El “bullyng” y su desarrollo en América Latina.

170

2.4. La violencia escolar en la región:

171

 

2.4.1.

Argentina.

172

2.4.1.1. El “año duro” en Argentina.

173

2.4.1.2. 2005: ¿otro año duro?.

180

2.4.2. Brasil.

184

2.4.3. Chile.

187

2.4.4. Uruguay.

188

2.4.5. República Dominicana.

189

3. El consumo de Drogas y alcohol.

190

4. La incidencia del Crimen Organizado

191

4.1. Una visión general del crimen organizado.

191

4.2. Tráfico de drogas.

193

4.2.1. Panorama general.

193

4.2.2. La situación en los países desarrollados

194

4.2.3. La posición en América del Sur.

195

4.3. Tráfico de seres humanos.

198

4.4. Tráfico de armas.

200

CAPITULO V – Los costos económicos de la violencia:

201

1.

Metodología y dificultades.

203

 

1.1.

La metodología del Banco Interamericano de Desarrollo

204

1.2. Metodología utilizada por la Secretaria Nacional de Seguridad Pública del Ministerio de Justicia. República Federativa del Brasil.

205

1.3. Metodología de BSMG.

206

1.4. Los costos de la Violencia Interpersonal.

206

2. Los costos de la violencia en los países desarrollados.

207

3. Costos estimados para otros países y regiones.

209

3.1. El costo de la violencia global.

209

3.2. El costo de la violencia: Estados Unidos.

210

3.3. El costo de la violencia por utilización de armas de fuego: Estados Unidos.

210

3.4. El costo de la violencia: diversos países extra-región.

212

4.

Los costos de la violencia en América Latina.

212

 

4.1.

Los costos de la violencia en Brasil.

213

4.1.1. Los costos generales para el país.

214

4.1.2. Los costos en algunos Estados seleccionados.

215

4.1.3. Costos económicos de la violencia en Sao Paulo.

215

4.1.4. Costos económicos de la violencia en Río de Janeiro.

216

4.1.5. Costos económicos de la violencia en Belo Horizonte.

217

4.2. Costos de la violencia en México.

218

4.3. Algunos costos de la violencia en El Salvador.

218

4.4. Algunos costos del delito en Argentina.

219

4.5. Algunos costos de la violencia en Colombia

220

4.6. Y algunas formas de financiar la violencia en Colombia.

221

5.

Otros costos de la violencia:

221

5.1. El impacto sobre las inversiones.

221

5.2. El impacto sobre la calidad de vida

222

5.3. Un nuevo impacto: “el costo piquetero”.

223

CAPITULO VI – Territorio hostil: los cambios sociales que provoca la violencia:

226

1. Los impactos sobre el espacio urbano.

228

2. Los barrios cerrados.

229

3. Las Realidad blindadas.

235

4. Las escuelas – fortaleza.

236

5. Los territorios liberados.

237

5.1. El concepto.

237

5.2. Los ejemplos del poder del crimen organizado.

238

5.3. Un nuevo orden político – territorial.

239

5.4. Algunas soluciones ensayadas.

242

5.5. Las fuerzas policiales.

242

5.6. Las visiones externas.

244

5.7. El cotidiano: un día cualquiera.

246

6.

Las nuevas y violentas relaciones ciudadanas:

247

6.1. Los civiles en armas.

247

6.2. Las reacciones por mano propia.

249

6.3. El Imperio de la Ley de Lynch.

 

250

6.4. Pobre y homeless: objetivo fácil, un blanco móvil.

251

6.5. Las guerras privadas: otra manifestación del neo feudalismo.

254

6.6. Las milicias privadas: el regreso.

 

255

CAPITULO VII – Las Funciones Quebradas: Estados que no responden, Estados que no funcionan y reacción ciudadana.

258

1. Buscando centrar el problema.

 

259

2. Esa elusiva seguridad pública:

 

262

2.1. Una enunciación del problema.

 

262

2.2. La visión de la crisis de la seguridad.

264

3. Una crisis de seguridad como una crisis de Estado:

269

4. La paradoja en la base de la crisis.

 

271

5. La crisis de la política de seguridad del Estado: una crisis generalizada y global.

272

5.1.

La crisis de la justicia penal.

 

274

5.1.1. Un caso testigo “La Argentina y la política de mano dura penal”.

276

5.1.2. Algunos fracasos notorios en el caso de Argentina.

281

5.1.2.1. Sistema de recompensas.

 

281

5.1.2.2. Sistema de penas alternativas a prisión.

282

5.1.3. Juez penal: una profesión riesgosa.

283

5.1.4. “Perlas” del sistema judicial penal regional.

285

5.2.

La crisis policial:

285

5.2.1.

Policía y problemática en América Latina.

288

5.2.1.1. Policía en Brasil.

289

5.2.1.2. Policía en Argentina.

293

5.2.1.3. Policía en Uruguay.

294

5.2.2. El difícil equilibrio policial.

 

295

5.2.3. Una perspectiva policial.

295

5.3.

La crisis del sistema carcelario.

 

295

5.3.1. El estado de las cárceles.

 

298

5.3.2. Situación carcelaria argentina.

 

299

5.3.2.1. La situación nacional.

306

5.3.2.2. Algunas situaciones provinciales.

306

5.3.2.3. Los presos argentinos.

307

5.3.2.4. Perfil del preso bonaerense.

 

310

5.3.2.5. Acumulando presos

y

errores.

312

5.4.2. Situación carcelaria brasileña.

 

313

5.4.3. Situación carcelaria chilena.

 

314

5.4.4. Situación carcelaria peruana.

 

315

5.4.5. Situación carcelaria mexicana

 

316

5.4.5.1.

Los presos mexicanos.

 

317

5.4.6. La situación carcelaria uruguaya.

318

5.4.7. Otras situaciones carcelarias.

 

319

5.4.8. La privatización del sistema carcelario.

320

6.

Las percepciones ciudadanas:

 

321

6.1. El primer peligro a conjurar.

 

322

6.2. Consideraciones generales y debate ciudadano.

323

6.3. Las percepciones ciudadanas en América Latina (una visión comparativa):

325

6.3.1. Mano dura y tolerancia cero.

 

325

6.3.2. La posición frente al delito.

 

328

6.3.3. La confiabilidad de los agentes públicos.

329

6.3.4. Examen de algunas situaciones nacionales:

330

6.3.4.1. La situación en Brasil.

330

6.3.4.2. La situación en Argentina.

 

333

6.3.4.3. La situación en México.

 

337

6.3.4.4. La situación en Perú.

 

338

6.3.4.5. La situación en Uruguay.

 

338

6.4.

Las percepciones empresariales.

339

7.

Las respuestas fácticas: la privatización del control social.

 

341

7.1. Perros de guerra corporativos.

 

341

7.2. Otras reacciones organizadas.

 

342

8.

El regreso de Víctor Hugo.

343

APÉNDICES:

   

Apéndice I – Argentina: las nuevas formas de la violencia. Anatomía del uso político ambiguo de la movilización popular.

346

Apéndice II – El Salvador: radiografía de una sociedad violenta.

 

364

Apéndice III – El lugar más violento de América Latina.

 

369

Índice de recuadros:

   

Realidades: una violencia extrema.

 

61

Testimonios de la calle: María, 17 años, argentina, prostituta.

 

78

Realidades: Argentina: los niños de la calle.

 

81

Testimonios de la calle: Silvina, 16 años, argentina, secuestradora “Me muero si no puedo comprar algo que quiero. La zapatilla y la ropa es lo que más me gusta ”

83

Testimonios de la calle: PSL, brasileño, matador de alquiler.

 

98

Testimonios de la calle: CC, brasileño, comerciante. “Maté en defensa propia

104

Realidades: Vida de favelado: entre múltiples fuegos.

 

116

Realidades: “Una vida por treinta dólares

120

Realidades: “Nicanor: queremos justicia y seguridad”

 

127

Testimonios de la calle: “Con cultura se mata mejor”

 

162

Realidades: el caso Red Lake High School

 

167

Testimonios: ¿Quién es Marilyn Manson?

 

169

Realidades: La seguridad de los barrios privados.

 

234

Realidades: El verdadero poder, el legado de Pablo Escobar.

 

241

Realidades: Aviso en los diarios de detenciones futuras.

 

244

Testimonios de la calle: “Que se vengan, nomás

248

Testimonios: En Brasilia y en el caso de lesiones y agresiones, los hospitales registran la mayor tasa de mortalidad del Brasil. El caso de Pedro Nolasco.

270

Realidades: Lo que el narcotráfico no puede comprar, lo extermina.

 

284

Realidades: “Comenzando por la situación de los encarcelados

319

Testimonios: Menú: guardia cárcel al horno.

 

371

Realidades: Algo muy parecido al infierno.

 

372

GLOSARIO

 

380

BIBLIOGRAFÍA.

 

383

Índice de cuadros.

   

I. Clasificación de la violencia (OMS).

 

36

II. Clasificación de la violencia (Modelo Concha – Eastman).

 

37

III. Clasificación de la violencia por motivo, forma de expresión y actores.

 

38

IV. Argentina - Cantidad de delitos por cada 100.000 habitantes. Provincias de mayor y

39

menor incidencia.

 

V.

Argentina – Cantidad de delitos contra la libertad de las personas. Cantidad de

60

incidencia por 100.000 habitantes. Provincias de mayor y menor incidencia.

 

VI.

Argentina – Porcentaje invertido en seguridad con respecto al presupuesto público

60

total.

 

VII.

Argentina – Partidos de mayor incidencia de homicidios. Provincia de Buenos

62

Aires.

VIII.

Argentina – Resultado de 131 casos de secuestro.

64

IX.

Argentina – Provincia de Tucumán, características y problemas sociales.

74

X. Brasil – Homicidios dolosos de acuerdo a región, 2003.

101

XI.

Brasil – Resumen de los delitos por cada 100.000 habitantes, 2003. Todo el país.

102

XII

Brasil – Río de Janeiro – Plano político de contención de la violencia. 2003 / 2004.

107

XIII

Brasil – Radiografía de un día de violencia. 29.09.2004

108

XIV

Colombia – secuestros realizados en enero / febrero 2004 según autor.

129

XV.

Porcentaje de analfabetismo funcional en América Latina, 2002.

155

XVI. Porcentajes de población con educación primaria completa, 2002.

155

XVII. Argentina 2004 – Reseña de otros incidentes escolares.

179

XVIII

Brasil – Victimización en las Escuelas.

184

XIX Estados Unidos – California: Costos de herido de bala en la vía pública.

211

XX Costo general de la violencia en América Latina.

213

XXI Costo de gastos médicos emergentes de la violencia en América Latina.

213

XXII Costos de la violencia en algunos de los estados seleccionados de la República Federativa de Brasil.

215

XXIII

Costos exógenos y endógenos de la violencia – Brasil – Estado de Minas Geráis

217

– Ciudad de Belo Horizonte.

XXIV

Brasil 2004 – Inseguridad en los barrios de Río de Janeiro, relación de la

288

población con la policía.

XXV Civiles muertos por la Policía de Río de Janeiro 1998 – 2004.

291

XXVI Civiles muertos por la Policía de Sao Paulo 1998 – 2003.

292

XXVII Personas presas en América Latina.

301

XXVIII Hacinamiento penitenciario en América Latina – 1999.

302

XXIX Presos sin condena en América Latina – 1999. Porcentaje sobre el total de

303

 

presos

existentes en las cárceles.

XXX ¿Preferiría vivir en una sociedad ordenada aunque se limiten algunas libertades?.

323

XXXI América Latina: apoyo a las políticas de “mano dura”.

326

XXXII Porcentaje de apoyo a la tortura policial para obtener información en tres

326

ciudades de América Latina.

XXXIII ¿Se está ganando la batalla contra la delincuencia?.

328

XXXIV Causas de la delincuencia. América Latina en su conjunto.

329

XXXV Probabilidad de sobornar a un policía.

329

XXXVI Probabilidad de sobornar a un juez.

330

XXXVII Brasil 2004 – Sentimiento de inseguridad en los barrios de Río de Janeiro.

332

XXXVIII Sentimiento de inseguridad. Capital Federal y el Conurbano Bonaerense –

334

2004.

XXXIX Argentina 2004 – Percepción con respecto a la confiabilidad de la justicia

335

 

argentina.

LX

Argentina 2004 – Percepciones populares sobre la ley, los valores y la autoridad

335

gubernamental.

LXI

Argentina: reacción a la alta inseguridad.

336

LXII Argentina: causas de la delincuencia.

366

AMERICA LATINA: LA SOCIEDAD SITIADA. LOS COSTOS HUMANOS, POLITI COS Y ECONOMICOS DE LA VIOLENCIA:
AMERICA LATINA: LA SOCIEDAD SITIADA.
AMERICA LATINA:
LA SOCIEDAD SITIADA.

LOS COSTOS HUMANOS, POLITICOS Y ECONOMICOS DE LA VIOLENCIA:

RESUMEN EJECUTIVO

AMERICA LATINA: LA SOCIEDAD SITIADA. LOS COSTOS HUMANOS, POLITICOS Y ECONOMICOS DE LA VIOLENCIA: RESUMEN

AMERICA LATINA: LA SOCIEDAD SITIADA.

LOS COSTOS HUMANOS, POLITICOS Y ECONOMICOS DE LA VIOLENCIA:

RESUMEN EJECUTIVO:

La violencia es una constante en la vida de un gran número de personas en todo el mundo, y nos afecta a todos de un modo u otro. Para muchos, permanecer a salvo consiste en cerrar puertas y ventanas, y evitar lugares peligrosos. Para otros, no hay escapatoria, porque la amenaza de la violencia está detrás de esas puertas, oculto a los ojos de los demás. Y para quienes viven en medio de guerras y conflictos, la violencia impregna todos los aspectos de la vida”.

Dra. Gro Harlem Brundtland 1 .

La violencia y el grado de inseguridad ciudadana imperante en América Latina alcanza proporciones epidémicas. Esa violencia y esa inseguridad, en lo económico y social, socavan por una parte las bases del sistema democrático y, por otra parte, drenan una enorme cantidad de recursos públicos y privados que son indispensables para el desarrollo y para el crecimiento con equidad.

En lo político, crean condiciones de inestabilidad y reacciones de grupos humanos contra causas y actores aparentes, contribuyendo a volver más erráticas algunas políticas gubernamentales y al deterioro adicional de instituciones públicas que deberían ser los pilares fundamentales para la contención y erradicación de la violencia.

El objetivo en este documento no es medir la cantidad exacta de violencia, sus costos o precisar los grados de inseguridad percibidos como consecuencia, cuestión escasamente posible por la imprecisión y dispersión de las fuentes de datos, sino más bien proponer una evaluación de los fenómenos y tratar, en la medida de lo posible, de proyectar sus consecuencias en el futuro inmediato y mediato.

El desarrollo de conductas violentas en zonas urbanas se ha convertido ya en una característica estructural de las sociedades latinoamericanas. Además de la violencia

1 Dra. Gro Harlem Brundtland, Directora General de la Organización Mundial de la Salud, en “Informe Mundial sobre la violencia y la salud”. Organización Panamericana de la Salud, Washington DC 2002.

social y el incremento de actividades crimin ales, se asiste a una creciente ausencia de

social y el incremento de actividades criminales, se asiste a una creciente ausencia de observación de muchas normas de convivencia civil expresada en una alteración de las buenas prácticas” de interacción social que se observan en la calle, en el tránsito, en el transporte público, etc. y que tiene como una de sus características fundamentales la pérdida progresiva de tolerancia y un relacionamiento entre individuos que reviste características preocupantes. Este fenómeno que contiene en sí mismo un germen de violencia, no recibe una atención demasiado generalizada. De hecho, no es espectacular, es progresiva y se instala en el campo social casi imperceptiblemente, aún cuando sus efectos son importantes y contribuyen a erosionar en su medida el relacionamiento social colectivo.

Es por esos fundamentos que, la violencia en general y la violencia urbana en particular se están convirtiendo en un punto de agenda importante para diversos actores sociales y políticos dentro de América Latina. La violencia es un fenómenos sistémico y como tal será observada en este documento, enfocada además como un fenómeno multicausal y multidimensional que es determinado por los aspectos particulares de las diferentes realidades nacionales en sus facetas históricas, políticas, socio económicas, educativas y culturales.

De esta manera, la consideración de la violencia urbana en este documento abarca más allá de sus manifestaciones específicas, incursionando adicionalmente en los motivos y procesos de construcción de la percepción y el sentimiento de inseguridad en la población y los cambios que provoca en la vida cotidiana de los individuos, familias y grupos sociales.

Desde

esas

perspectivas,

algunas

de

conclusiones de este estudio nos muestran:

las

principales

observaciones

y

A comienzos del Siglo XXI la violencia es la primera causa de muerte en América Latina en la amplia faja que comprende a las personas entre los 15 y los 45 años. Esta violencia se ha extendido epidémicamente desde mediados de la denominada “década perdida” y no se limita a su letalidad, que es uno de sus aspectos, y tampoco ha parado de crecer hasta ahora. Más aún, no se visualizan elementos que, en el actual estado de cosas, contribuyan a mitigarla o reducirla rápidamente. De esta forma, las sociedades latinoamericanas se inscriben dentro de las más violentas del mundo, con la excepción de algunas sociedades africanas. Indudablemente, no todas las sociedades regionales exhiben un patrón homogéneo, existiendo algunas de ellas que – excepcionalmente – se inscriben dentro de los parámetros moderados, pero, son precisamente eso, excepciones. Extrayendo el caso de Colombia, paradójicamente, el resto de los países no experimentan situaciones de guerra internas o externas o episodios de violencia política significativos, como los desarrollados durante las décadas del setenta y del ochenta. Sin embargo, la

letalidad registrada en el ejercicio de la violencia supera – como se verá – las

letalidad registrada en el ejercicio de la violencia supera – como se verá – las bajas registradas en algunos frentes de guerra.

La violencia regional, en consecuencia, no es política. Es una violencia fundamentalmente urbana y con un componente criminal importante. Si bien no existe unanimidad sobre las causas, hay fuertes indicios en el sentido de indicar que gran parte de esta violencia parece derivar de un conjunto común de conflictos económicos y sociales fuertemente circunscripta a concentraciones urbanas. La violencia, en algunas ciudades y partes de ellas en América Latina, se ha vuelto una rutina cotidiana, introduciéndose como una realidad funcional inserta en la vida diaria de sus habitantes.

Dentro de esas consideraciones, la violencia se concentra fundamentalmente en las áreas urbanas más pobres y, al mismo tiempo, exhibe una incidencia fuerte en los jóvenes, iniciándose de hecho en edades tempranas, donde, la incidencia del consumo de alcohol y drogas es un factor que no puede ignorarse en su potencia de disparador de la violencia y factor criminógeno.

La condición de la niñez y juventud en la región exhibe un panorama bastante más que precario. Así, la “próxima generación” es una de las más activas protagonistas y receptores de la violencia. Únicamente en referencia a los homicidios, las tasas correspondientes a jóvenes, desempleados y de modesta condición son abrumadoras. Muchas veces, la violencia juvenil representa estrategias de supervivencia en un contexto realmente hostil por la ausencia de oportunidades, el desempleo y el involucramiento en situaciones con un fuerte potencial criminógeno. De acuerdo con los datos del Department of Injuries and Violence Prevention de la Organización Mundial de la Salud, en el año 2000 se produjeron 199.000 homicidios en el mundo en individuos de entre 10 y 29 años, equivalentes a una tasa de 9.2 x 100.000 personas: el promedio variaba entre 0,9 x 100.000 en países de alto ingreso a 17,6 x 100.000 en África y 36,4 x 100.000 en América Latina. Krug ha estimado sobre estudios de violencia no fatal, que por cada homicidio juvenil hay entre 20 a 40 víctimas de violencia juvenil no fatal que necesitan tratamiento hospitalario.

La región experimenta, además, una percepción de riesgo y una sensación de inseguridad generalizada que comienza a provocar reacciones de distinta índole en varios de los países. Se trata de una situación compleja: la violencia se concentra mayoritariamente en los estratos socio económicos más deprimidos; la reacción fundamental contra la inseguridad se produce en el seno de la clase media; el Estado y sus órganos competentes no aciertan mayormente a contener la violencia y bastante menos todavía a la prevención en el medio y largo plazo. Esto provoca, progresivamente, la privatización de hecho de una función fundamental del Estado, dando origen y consolidando diferentes respuestas según las situaciones: agencias de seguridad privada, patrullas de vecinos, actos de justicia por mano propia, “orden” impuesto por los soldados del tráfico de drogas, por mencionar a los más notorios.

La violencia se expande y se instala cotidianamente en ámbitos que tradicionalmente funcionaban como lugares

La violencia se expande y se instala cotidianamente en ámbitos que tradicionalmente funcionaban como lugares de contención y educación como las escuelas. Los hechos de violencia escolar grave, incluyendo el uso de armas, han comenzado a ser rutinarios en la región. La presencia del tráfico de drogas en recintos escolares y de enseñanza secundaria tampoco son hechos infrecuentes.

La violencia también se instala progresivamente en los espacios públicos: el vandalismo contra la propiedad pública y privada, violencia en espectáculos artísticos, en eventos deportivos y en fiestas y reuniones juveniles es un hecho cotidiano, transformando a muchos de esos espacios en “territorios hostiles”. Esto contribuye decisivamente en el sentimiento de inseguridad de los ciudadanos y abona el cambio de actitudes vitales con respecto a esos espacios.

Se encuentra un notable incremento de la violencia relacionada con el tráfico y el consumo de drogas, especialmente en las grandes concentraciones urbanas. La droga, en especial cocaína, origina un enorme cúmulo de circunstancias generadoras de violencia: el enfrentamiento entre bandas de traficantes, de éstas con la policía, el incremento de actos de violencia y crímenes cometidos bajo la influencia de estupefacientes y los delitos cometidos para obtener dinero para su consumo, a vía de ejemplo. Observaciones recientes han mostrado una tendencia del tráfico a ampliar mercados dirigiéndose con productos de baja calidad y alta peligrosidad hacia jóvenes y población especialmente vulnerable en términos socio económicos.

El conjunto de hechos y tendencias analizadas muestran que se han producido y se producirán en el futuro inmediato y mediato una profundización en la gravedad de la situación si no se adoptan cambios de naturaleza drástica tanto en las políticas generales de seguridad, como en políticas tendientes a corregir causas de naturaleza cuasi estructural.

Junto al crecimiento de la violencia y en las proporciones que ella ha alcanzado, se patentiza y se hace evidente un conjunto de crisis íntimamente vinculadas entre sí y que, resumidamente pueden enumerarse de la siguiente manera: crisis en el sistema de contención estatal, crisis en los cuerpos policiales, crisis en la justicia penal y colapso de los sistemas carcelarios.

Se producen cambios de naturaleza “institucional” que resultan sumamente preocupantes como tendencia. Se trata de la supresión del control estatal en parcelas del territorio urbano que pasan a ser controladas por los agentes del crimen organizado, en particular los relacionados con el tráfico de drogas. De esta manera, en ciertos barrios se produce un entramado de relaciones complejas entre parte de la población y los “barones” del crimen organizado que recuerdan a ciertas estructuras medievales propias del feudalismo.

El armamento en manos de civiles ha crecido en forma sostenida en los últimos veinticinco

El armamento en manos de civiles ha crecido en forma sostenida en los últimos veinticinco años. Eso se refleja claramente en la letalidad de la violencia regional. Si bien se encuentran algunas políticas nacionales de mayor control y de retiro de armas en poder de la población civil, la consistencia y seriedad de ellas se ve afectada justamente por la escasa coordinación de las autoridades regionales y la dudosa seriedad y consistencia encarnada en las políticas nacionales de exportación de armamento ligero, que en ocasiones demasiado frecuentes es triangulada y reingresa al territorio nacional en forma directa al mercado negro. El contrabando y el porcentaje de armas clandestinas que tienen su origen en depósitos policiales o militares tampoco es un tema menor. Los agentes del tráfico de drogas en muchos lugares de América Latina están mejor armados que los cuerpos de seguridad encargados de reprimirlos. Tan abundante es el parque de armas clandestinas que, en algunos países se ha detectado el alquiler y aún el “leasing” de armas para el crimen.

Los costos económicos de la violencia adquieren magnitudes descomunales en la región, comprendiendo tantos los costos de prevención como los de reparación, a los cuales se suma el costo del capital humano perdido o lesionado y la pérdida de productividad derivada. El equivalente en puntos de PBI que esto insume son inversiones restadas precisamente al desarrollo del insumo humano, clave en el desarrollo de una región que lo necesita de forma urgente: educación, salud e infraestructura indispensable. Desde esta perspectiva, el estado de violencia conspira en forma directa contra el desarrollo nacional y regional. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) calculó oportunamente el conjunto de estos costos para el año 2000 en 168.000 millones de dólares, equivalentes al 14,2% del PBI regional.

Una consecuencia directa de la sensación de inseguridad y sus corolarios prácticos es una profundización en las grietas sociales, ahondándolas y profundizándolas. En muchos casos comienza a percibirse la “victimización de la pobreza”, ofreciendo un panorama oscuro en la proyección inmediata. Potentes combustibles de la violencia lo constituyen la desigualdad social y la segregación urbana con una constelación de problemas adicionales dentro de los cuales se inscriben el desempleo, la precarización del trabajo, el nada universal acceso a los servicios de salud, las deficiencias en el sistema educacional y su incapacidad de retener a muchos activos humanos valiosos y la incertidumbre económica.

Frente a la percepción de la insuficiencia de las respuestas estatales en materia de seguridad, comienzan a proliferar en varias partes de la región las manifestaciones de sistemas informales de justicia: ejecuciones policiales (los ya célebres “autos de resistencia”), justicia por mano propia, “matadores de alquiler”, patrullas civiles urbanas armadas, linchamientos, etc.

El conjunto del presente documento y los análisis en él contenidos no revisten una toma

El conjunto del presente documento y los análisis en él contenidos no revisten una toma de posición así como tampoco un desarrollo ideológico sobre las causas de la violencia social. Debe entenderse como un primer aporte donde se fija un estado de situación, parcial de necesidad, tanto por los recursos disponibles así como por las limitaciones de muchas de las fuentes de información disponibles. Desde esta perspectiva, se trata de evitar en la medida de lo posible, ideologizaciones y denuncias – que sobre abundan en el contexto regional – insistiéndose en la incidencia y probables explicaciones que son, infelizmente, bastante menos frecuentes. De esta forma, el documento busca aportar a algunos de los escenarios de conflicto actuales y potenciales, con la intención que sea un aporte para el diseño de mejores políticas y materia prima para la toma de decisiones en temas particularmente sensibles para el conjunto de la sociedad. En documentos posteriores, se tratará de profundizar en aquellas constataciones que resultan más importantes.

AMERICA LATINA: LA SOCIEDAD SITIADA. CAPITULO I. LOS COSTOS HUMANOS, POLITI COS Y ECONOMICOS DE

AMERICA LATINA:

LA SOCIEDAD SITIADA.

CAPITULO I.

LOS COSTOS HUMANOS, POLITICOS Y ECONOMICOS DE LA VIOLENCIA:

APROXIMACIÓN FACTICA A LA VIOLENCIA EN LA REGION.

UNA VISION PANORAMICA.

CAPITULO I. APROXIMACIÓN FACTICA A LA VIOLENCIA EN LA REGION. UNA VISION PANORAMICA. "El desamparo

CAPITULO I.

APROXIMACIÓN FACTICA A LA VIOLENCIA EN LA REGION.

UNA VISION PANORAMICA.

"El desamparo social en que vive gran parte de la población podría alentar creencias contrarias a la democracia como sistema político adecuado". "Luchar contra la pobreza en América Latina implica una lucha por el crecimiento económico y una distribución más equitativa de la riqueza". “La inequidad podría llevar a muchos a pensar que tal vez haya que sacrificar la libertad para comer. Por eso la lucha contra la pobreza no puede darse sólo desde la política asistencial, no es un acto de caridad, sino de justicia". "La pobreza en América Latina es una pobreza que ofende".

1. La violencia urbana creciente.

Enrique Iglesias 2

Los problemas de seguridad, el incremento de la violencia y el impacto del crimen, en la mayor parte de los países de América Latina están adoptando proporciones epidémicas 3 . Esta es una constatación compartida por la práctica totalidad de quienes se ocupan del análisis de estos temas dentro de la región 4 . Existe gran diversidad de situaciones que afectan la seguridad ciudadana. Sin duda, el gran aumento de la violencia y de la delincuencia en todas sus manifestaciones es el principal catalizador de la sensación de inseguridad que viven los latinoamericanos.

Para sustentar la afirmación anterior basta observar que América Latina tiene la tasa más alta de violencia y de criminalidad urbana después de África que es el continente más violento del mundo: de acuerdo con los datos manejados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), 19 de cada 100.000 habitantes del continente son víctimas anualmente de algún tipo de delito y, eso se refiere a los hechos efectivamente denunciados, de manera que únicamente reflejan el horizonte mínimo de la situación.

2 Dr. Enrique Iglesias. Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Buenos Aires, 6 de septiembre de 2004.

3 Conforme Lemgruber, Julita. en Controle da criminalidade. Mitos e Fatos. Revista Think Tank – Instituto Liberal do Rio de Janeiro. Sao Paulo 2001.

4 La mención de la palabra “región” en el cuerpo del documento hacer referencia a América Latina en su conjunto.

Aún cuando pueden citarse indicadores que muestran algunas mejorías de ciclo corto en ciertas partes

Aún cuando pueden citarse indicadores que muestran algunas mejorías de ciclo corto en ciertas partes de la región en relación con los denominados índices de victimización de algunos delitos, lo cierto es que el crecimiento de la violencia en la región no ha parado de generar una espiral creciente desde la década del ochenta. En el comienzo de este siglo es que, justamente, esa espiral incrementa su crecimiento y aparecen las proporciones epidémicas que se han mencionado. Las cifras disponibles son contundentes y, en este sentido, no puede sostenerse que la percepción de la inseguridad sea la consecuencia directa de una “transmisión anecdótica” de los medios de comunicación sobre el incremento de la violencia y la criminalidad. Ese incremento es real.

Como punto de partida, vale recurrir a una visión introductoria de Briceño-León: “a fines del siglo XX la violencia fue la primera causa de muerte en América Latina entre las personas de 15 y 44 años de edad (OPS, 1999). En Colombia, entre 1985 y 1994 se disparó el número total de viudas, mientras que los viudos apenas aumentaron levemente. Ya para 1985 también en Colombia, se calculaba que anualmente quedaban huérfanos unos 43.000 niños, pero esta dramática cifra había aumentado a 73.000 huérfanos por año para 1994. El Salvador, un pequeño país que venía de alcanzar unos acuerdos de pacificación para poner fin a una guerra interna muy cruenta, vio aumentar la tasa de homicidios de 72 a 139 homicidios por cada 100.000 habitantes entre 1990 y 1995, es decir, empezaron a registrarse más muertes en la calma de la paz que en las tormentas de la guerra: una nueva violencia urbana había hecho su aparición en América Latina5 .

En un sentido parecido, afirma un documento de CEPAL 6 la violencia, medida por cualquiera de sus indicadores, es cinco veces más alta en esta región que en el resto del mundo. Los datos llevan a concluir que la violencia no disminuyó en absoluto en América Latina sino que lo que se observa es más bien una transformación de su estructura: al predominio de la violencia pública, que caracterizó los años 70 y 80, ha cedido paso a una violencia social, reflejo de los crecientes problemas económico sociales en la región y de un auge de la marginalización y la pauperización de grandes capas de las sociedades latinoamericanas. La bipolaridad se ha transformado en una multipolaridad, en la cual el Estado pasa a ser uno más de los muchos actores en juego. La debilidad y la falta de una coerción estatal legitimada democráticamente llevan a que, aún bajo gobiernos formalmente democráticos, rige la ley del más fuerte”.

A ese aumento de la violencia urbana es preciso agregar la violencia decurrente de los cambios experimentados en los patrones convencionales de la delincuencia. En efecto, los patrones tradicionales del crimen se concentraban en torno a los delitos contra

5 Briceño - León, Roberto. Introducción. La Nueva Violencia Urbana en América Latina. CLACSO 202. Grupo Violencia y Sociedad.

6 CEPAL. Panorama Social de América Latina 2004.

el patrimonio, cometidos por individuos que actuaban en solitario o en pequeñas bandas informales con

el patrimonio, cometidos por individuos que actuaban en solitario o en pequeñas bandas informales con un accionar casi exclusivamente local. Si bien este patrón continúa vigente, aparece una fuerte presencia del crimen organizado, con una organización empresarial y proyecciones transnacionales, que se impone, “coloniza” y desarrolla un conjunto de delitos a escala, sirviéndose muchas veces del soporte de la criminalidad tradicional o de elementos de poblaciones que subyuga y utiliza. Dentro de las características diferenciales de este segundo fenómeno aparece el uso cada vez más frecuente de armas pesadas, la corrupción de agentes del poder público y la derogación en la práctica de formas convencionales de control social.

Un índice muy claro del avance de estos problemas y de su percepción social, se concreta en la aparición creciente de informes y encuestas en la mayor parte de los países de la región, en el sentido de indicar una y otra vez la sensación creciente de inseguridad y de miedo de sectores importantes de la población 7 . Conjuntamente, y como era de esperar, crece el debate, en forma intensa y en la mayor parte de los casos, desordenado y parcial sobre la cuestión 8 fundamentado en algunas situaciones nacionales donde el deterioro de la seguridad ciudadana ha sido evidente en los últimos tiempos, como es el caso de Argentina y de Paraguay.

2. Las tendencias observables:

Tanto la evidencia empírica como teórica muestra que vivimos en un mundo extraordinariamente violento, donde nuestra región ocupa un puesto infelizmente destacado. Si bien la extensión de este trabajo no justifica la realización de un balance detallado de todas sus expresiones, es preciso mostrar algunas de las tendencias observables más importantes. Nuestros países exhiben excepcional letalidad en muchas de sus manifestaciones de violencia.

En primer lugar, el crecimiento de la delincuencia urbana, en particular en el caso de los delitos contra el patrimonio y en los homicidios voluntarios, así como, en general, en el grado de violencia involucrada en muchos delitos.

En segundo lugar, el crecimiento del crimen organizado, relacionado en especial con el tráfico de drogas que se presenta acompañado de dos fenómenos adicionales: la mutación de los modelos y los perfiles de la delincuencia urbana y la proposición de un conjunto de nuevos desafíos para la policía y el derecho y la justicia penal.

7 Ver en lo particular, el Capítulo VI – Las funciones quebradas.

8 Argentina 2003 / 2004 es un caso ideal para estudiar el uso político de la situación de inseguridad por múltiples actores.

En tercer lugar, el crecimiento de los fenómenos de violación de los derechos humanos, tanto

En tercer lugar, el crecimiento de los fenómenos de violación de los derechos humanos, tanto desde la perspectiva pública como desde el ámbito privado: así, las muertes provocadas por agentes policiales con exceso de fuerza, los homicidios por parte de los denominados “justicieros” y grupos de exterminio, los linchamientos, etc.

En cuarto lugar, el crecimiento de las soluciones particulares a los conflictos en las relaciones ínter subjetivas, en especial en los conflictos barriales.

En quinto lugar, la proliferación de expresiones de violencia urbana en un grado de intensidad inusitado: la violencia en escuelas, las expresiones de vandalismo, las manifestaciones de violencia sobre ciertas minorías, la violencia juvenil manifestada en la calle y en acontecimientos sociales.

En sexto lugar, la consolidación diaria de fenómenos de protesta social que implican violencia directa o indirecta, protagonizada por colectivos determinados, como el fenómeno piquetero en la Argentina.

En séptimo lugar, las manifestaciones de violencia constante y creciente en ocasiones de eventos sociales, como encuentros deportivos, recitales, fiestas colectivas de egresos de colegios, etc. que parecen configurar, en múltiples ocasiones, situaciones de peligro en ámbitos y contextos que, hace una o dos décadas atrás no eran concebibles de esa manera.

Finalmente, en octavo lugar, el incremento del cambio de los patrones de conducta vital de individuos y familias, condicionadas por la violencia, la amenaza de ella o la percepción de inseguridad y que conlleva en la mayoría de las ocasiones a fracturas sociales adicionales a las ya existentes.

3. Un panorama inicial: la violencia en América Latina.

La violencia es para América Latina un obstáculo importante al desarrollo. Esta visión es corrientemente compartida por organizaciones internacionales, Gobiernos y diferentes asociaciones y grupos que prestan una atención creciente a una situación que parece, en ocasiones, escapar francamente de control. Algunos de los estudios desarrollados por el Banco Interamericano de Desarrollo han afirmado que, de no mediar el nivel de violencia instalada, el PBI regional debería ser un 25% superior a los niveles actuales.

A fin de ilustrar gráficamente la actual situación regional pueden consignarse rápidamente un conjunto de

A fin de ilustrar gráficamente la actual situación regional pueden consignarse rápidamente un conjunto de datos que describen sucintamente aunque en forma rotunda, un perfil de la situación:

1:600.000 personas mueren anualmente en el mundo a causa de la violencia. La principal incidencia corresponde al suicidio con 49,1% de las ocurrencias, seguido por el homicidio con 31,3%, mientras que el 18,6% restante corresponde a los óbitos en conflictos bélicos. Del total mencionado, el 91,1% ocurrió en países de ingreso medio y bajo.

La violencia es la primera causa de muerte en personas con edades entre los 15 y los 44 años (es la causa de muerte para el 14% de los hombres y el 7% de las mujeres). Se agrega que en el caso de los homicidios, la mayoría de las víctimas de sexo masculino son muertas por desconocidos, mientras que el 50% de los homicidios con víctimas de sexo femenino responden a la autoría de sus compañeros (marcando un tono de atención muy claro hacia la violencia familiar letal). En todos los países, los varones jóvenes son tanto los principales autores como las principales víctimas de homicidio, con las previsibles consecuencias sobre nuestro capital humano emergente. De acuerdo con la OPS, las tasas mundiales ocultan amplias variaciones dentro de los propios países: entre población urbana y rural, entre comunidades ricas y pobres y entre diversos grupos raciales y étnicos. A vía de ejemplo, en los Estados Unidos y en la franja que va de los 15 a los 24 años, la mortalidad por homicidios de la población afro americana fue, en 1999, dos veces superior a la de los hispanos y más de doce veces superior a la de los caucásicos no hispanos.

En América Latina ocurren 140.000 homicidios al año, cifra que se incrementa año tras año. Ello representa una tasa de homicidios de 19 por 100.000 habitantes, únicamente por debajo del continente africano, que exhibe una tasa de 22 por

100.000 habitantes. Como comparación adicional, Europa Occidental tiene una

tasa de 8 homicidios por 100.000 habitantes y el sudeste asiático de 7 por 100.000. En El Salvador, 80 de cada 100.000 habitantes mueren asesinados anualmente. En el mundo, de acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud, ocurren 520.000 homicidios cada año, equivalentes a 43.333 por mes, 1.444 por día, 60 por hora y, en definitiva, un homicidio cada minuto. El 27% de ellos se produce en América Latina, lo que no resulta sorprendente dado que el 90% de los homicidios en el mundo se produce en países de bajo y medio ingreso, con una tasa de 32,1 homicidios por cada 100.000 habitantes, comparado con los 8,8 por 100.000 personas del promedio mundial.

De acuerdo con las cifras de la Organización Mundial de la Salud, durante el año 2000, 199.000 jóvenes fueron víctimas de la violencia, con una tasa de 9,2 x

100.000 personas. Nuevamente África y América Latina exhiben las tasas más

elevadas del mundo. Como se ha indicado ya, la OMS estima que por cada joven muerto por la violencia, entre 30 y 40 de ellos sufren lesiones que requieren tratamiento médico en instalaciones de salud.

Las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que, en el mundo,

Las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que, en el mundo, los suicidios responden por el 50% de las muertes violentas, los homicidios por un 30% y las muertes relacionadas con la guerra por el 18%. En el caso de América Latina, la relación suicidios / homicidios se invierte: el índice de suicidios es de 8 x 100.000, mientras que los homicidios van a 19 x 100.000.

Cada minuto, dentro de la región, 54 familias son victimas de algún tipo de robo. Un ataque callejero ocurre cada 24 minutos.

Uno de cada tres ciudadanos que habitan la región ha sido victimizado por la violencia. Algunos de los países de América Latina tienen una tasa de víctimas de delitos cercano, y en ocasiones superior, al 50%. Desde esta perspectiva puede deducirse que alrededor de la mitad de la población ha sufrido o sufre algún tipo de ofensa criminal en el período de doce meses. En Venezuela, un adulto promedio se convierte en blanco de 17 crímenes a lo largo de su vida, 4 de los cuales son violentos. En México, el 97% de los crímenes reportados queda impune.

La destrucción y la transferencias de recursos causada por la violencia en todas sus manifestaciones representa un poco más del 14% del PBI latinoamericano. Encabeza la lista El Salvador, donde el costo de la violencia consume el 25% del PBI, seguido por Colombia con el 24%. La inversión en seguridad privada en Colombia asciende anualmente a U$S 766 millones, equivalente a 1,5% del PBI. En 2001, en Brasil se invirtieron, o gastaron, según se quiera ver, U$S 46.000 millones en seguridad pública y privada, aproximadamente el 10,3% del PBI, equivalente al total del PBI de Chile 9 . México invirtió el 12,3 10 . La seguridad privada crece a un ritmo importante en la región, oscilando – en términos de facturación – entre el 10% y el 18% anual 11 . Existen 2,5 millones de agentes de seguridad privada en América Latina, en una estimación considerada conservadora. En algunos países de la región, la cantidad de guardias privados duplica y aún triplica el número de efectivos de las fuerzas de seguridad regulares. En Brasil, quintuplican el número de efectivos de las FFAA.

En América Central, excluyendo México, las autoridades policiales tienen bajo registro alrededor de dos mil agrupaciones criminales con casi 400.000 miembros. Muchos de esos grupos se desarrollan en torno al narcotráfico y están integrados mayoritariamente por elementos juveniles. El fenómeno se extiende por otros países de la región.

75% de los secuestros en el mundo ocurren en América Latina. En el caso de Colombia, la media permanente de secuestrados en cautiverio es de 5.000

9 El costo de seguridad anual para un alto ejecutivo en Brasil se calcula en U$S 80.000. 10 Conforme Kliksberg, Bernardo. América Latina: Alarmante Ola de Criminalidad. Democracia Digital www.democraciadigital.org/2003/0514/ips/al_ola_criminalidad.htm 11 Latinbarómetro – www.latinobarometro.org

personas. La industria del secuestro extorsivo en la región deja a su paso anualmente 7.500

personas. La industria del secuestro extorsivo en la región deja a su paso anualmente 7.500 víctimas directas y tiende a incrementarse. Eso, si se atiende al nivel de secuestro denunciado. Algunas estimaciones permiten multiplicar esa cifra por 3 o por 4, lo que a nuestro juicio se aproximaría más a la realidad, con una perspectiva conservadora, dado que hay quien calcula que la relación de denuncia es de 1 por cada 10 casos 12 . La mayoría del dinero obtenido por esta modalidad delictiva se convierte en capital para el financiamiento de otros tráficos, vinculados al crimen organizado, como drogas y armas.

Brasil “exporta” anualmente 75.000 mujeres con destino a las redes de prostitución en los países desarrollados, Colombia envía 35.000 y México se ubica en tercer lugar, con un destino predominantemente norteamericano. A ello debe sumarse el tráfico de menores, poco atendido pero sumamente lucrativo.

4. Las condiciones regionales:

Existen otros elementos trascendentes que contribuyen o completan el perfil de la región y que son importantes en la consideración de la base de partida del análisis de los siguientes capítulos y que arrojan luz para la comprensión de las causas que explican buena parte de las situaciones presentes, así como ofrecen un sustento para interpretar algunas visiones de futuro.

43% de los 520 millones de habitantes de América Latina viven en condiciones de pobreza.

Casi la mitad de la población de la región tiene menos de 24 años. Alrededor de un 50% de ellos están desocupados o subempleados. Un número importante no estudia ni trabaja. Como se ha dicho: “tener a la juventud inactiva constituye una fuente de disturbios, al igual que cualquier otro agente enérgico necesitado de actividad para ganarse la vida”. Se gesta así un aislamiento social en el que los adolescentes quedan relegados a la influencias que germinan en la interacción cotidiana de las calles del vecindario, con otros jóvenes que comparten las mismas carencias, aportando elementos al caldo de cultivo de la violencia y de la delincuencia. En muchas partes de la región constituyen un “mercado” de donde se aprovisiona el crimen organizado, el tráfico de drogas, etc.

Estructuras familiares rotas y contextos hostiles, unidas a una etapa marcada por el cambio y la necesidad de referentes, generan una falta de pertenencia que suplen las “bandas”. El joven es una persona por hacer, que necesita ser integrado y desempeñar una actividad.

12 En particular en la modalidad denominada “secuestro express”.

Un tercio de los hogares urbanos y la mitad de los rurales se encuentran en

Un tercio de los hogares urbanos y la mitad de los rurales se encuentran en situación de pobreza, de acuerdo con datos de 2002. Si a los focos de pobreza y desempleo de las grandes ciudades se suma la creciente emigración de la población joven desde el ámbito rural, se encuentra un contexto de superpoblación y pobreza que constituye un caldo de cultivo sumamente idóneo para el crecimiento de todo tipo de vandalismo y violencia.

Otros factores determinantes son la elevada natalidad, especialmente en mujeres demasiado jóvenes que no tienen la madurez para proporcionar una educación adecuada a sus hijos, así como el sustento mínimo indispensable. Desde la década del noventa, muchos Estados han renunciado a sus funciones en estas situaciones. A estos elementos se agrega la segmentación de los espacios urbanos que acentúan la exclusión.

Estas desigualdades acaban afectando a todos porque es imposible mantener el equilibrio por el uso de la fuerza. La segmentación y el aislamiento impiden un intercambio cultural enriquecedor y limitan la calidad de vida de la totalidad de los ciudadanos. La mayor desintegración social consolida las bolsas de pobreza estructural, con discriminación étnica, de género y “ecológica”.

5. Resumen de la situación:

La mención de los elementos anteriores completa un panorama complejo, donde no llama la atención la instalación de un clima de inseguridad e incertidumbre no solamente percibido sino también experimentado. De esta manera:

La violencia cotidiana es un hecho que no deja de crecer y cuya velocidad parece haberse incrementado en los últimos años.

En la mayoría de los países de la región se experimentan alteraciones en el clima social donde, progresivamente, la inseguridad a la que algunos definen como “sensación de inseguridad” en una nueva incorporación al ciclo vital, que altera conductas, comportamiento, incide en la calidad de vida individual y colectiva y genera un consumo de recursos particulares y colectivos crecientes.

Decenas de millones de dólares se esfuman diariamente para costear los efectos directos e indirectos de la violencia y del crimen. Recursos que tienen que ser restados a inversiones como educación y salud, críticos en el proceso de desarrollo, desde la perspectiva del sector público. Decenas

de millones son aportados a su vez, o drenados desde el sector privado para “defensa

de millones son aportados a su vez, o drenados desde el sector privado para “defensa y prevención”, a lo que hay que sumar el efecto disuasivo sobre inversiones y actividades generadoras genuinas de recursos como el turismo.

Fallas estructurales en los sistemas de prevención y de contención de la violencia dentro de los países de la región son nítidamente percibidas. Inoperancia, falta de ideas, abuso de la coyuntura y pocas políticas efectivas por parte de muchas instancias gubernamentales. Y, dentro de ello:

Policía y cuerpos de seguridad con grados de eficiencia discutibles, no demasiados bien equipados, con niveles de entrenamiento bajos y con una imagen popular positiva escasa. Una justicia penal con características de baja eficiencia, extremadamente demorada en sus resoluciones y con medios y recursos limitados. Como consecuencia de los items anteriores, en muchos casos, el Estado no garantiza una de sus funciones esenciales en la seguridad de los ciudadanos y permite la “privatización” de la misma, entregando al mercado una de sus funciones irrenunciables.

Una situación de la “siguiente generación” altamente preocupante en muchos de los países, tanto desde la perspectiva educativa como laboral.

Visiones maniqueas en la consideración de la violencia tanto desde la percepción popular como desde los niveles encargados de gestionar la cuestión: enfrentamiento, garantismo, etc. Dificultad en percibir que existen dos líneas paralelas, interconectadas y simultáneas con respecto a la violencia instalada en la sociedad: contención de corto plazo y prevención en el mediano y largo plazo.

La violencia se incorpora como medio de expresión en algunos de los segmentos de la sociedad: para demostrar solidaridad o repudio, sea contra personas, empresas, corporaciones o países, comenzando a ser habitual la pintura en forma ofensiva de bienes físicos, la rotura de frentes, cristalerías, mobiliarios, la intimidación y coacción de empleados y clientes, las manifestaciones frente a domicilios particulares, los cortes compulsivos de vías de tránsito, etc. La violencia se emplea para ejercer presión coactiva sobre el que debe dar (mutilación de secuestrados, toma de fábricas) o sobre terceros ajenos (usuarios del transporte público, conductores y transeúntes), sumándolos coactivamente y limitando su libertad como forma de agregar presión a reclamos justificables o no.

La violencia se expresa también en el ámbito deportivo, dentro y fuera de los lugares donde se desarrollan las competencias. Ya sea porque los competidores emplean intencionalmente la violencia; o bien porque los

espectadores y seguidores de algún equipo ejercitan violencia física sobre los partidarios del contrincante o

espectadores y seguidores de algún equipo ejercitan violencia física sobre los partidarios del contrincante o aprovechan la generación de un determinado “clima” para cometer robos, daño o depredación, en hipótesis de vandalismo colectivo.

AMERICA LATINA: LA SOCIEDAD SITIADA. CAPITULO II. LOS COSTOS HUMANOS, POLITI COS Y ECONOMICOS DE

AMERICA LATINA:

LA SOCIEDAD SITIADA.

CAPITULO II.

LOS COSTOS HUMANOS, POLITICOS Y ECONOMICOS DE LA VIOLENCIA:

APROXIMACIÓN CONCEPTUAL A LA VIOLENCIA.

CAPITULO II. APROXIMACIÓN CONCEPTUAL A LA VIOLENCIA. Hace tres décadas, el debate y la reflexión

CAPITULO II.

APROXIMACIÓN CONCEPTUAL A LA VIOLENCIA.

Hace tres décadas, el debate y la reflexión sobre la violencia, la inseguridad y el crimen dentro de América Latina estaba en sus inicios. Ese comienzo del debate, en la década del setenta, estuvo teñido de fuertes contenidos ideológicos, acordes a los tiempos y contextos que se vivían.

Hoy, el debate vive un apogeo relativamente similar, emergente de las circunstancias fácticas que la situación exhibe en la región y que se han examinado someramente en el capítulo anterior. Los elementos ideológicos no han desaparecido, antes bien, han decantado y se han vuelto más sutiles en un marco donde están ausentes algunas situaciones que marcaban notoriamente el perfil setentista. En realidad, en los últimos años, la violencia no ha disminuido, sino que se ha transformado: la violencia política de las décadas del setenta y el ochenta se transformó en violencia social en la década del noventa y en los primeros años del nuevo siglo.

Con la finalidad de centrar la cuestión, se ha optado por analizar en este capítulo los elementos conceptuales más importantes, dejando aquellos aspectos relacionados con las perspectivas de contenido ideológico para ser consignadas y analizadas en el capítulo correspondiente a las visiones ciudadanas y estatales sobre la violencia y la inseguridad 13 .

1. Aproximación conceptual a la violencia:

Hablar de violencia supone referirse a algo cuyo sentido es – en principio - ambiguo. El término violencia tiene muchas connotaciones, y en su definición intervienen juicios morales y aproximaciones de naturaleza funcional 14 .

El fenómeno de la violencia es interdisciplinario desde la perspectiva de su estudio. Como ha señalado Del Olmo 15 , esa condición ha hecho surgir una rica y

13 Ver Capítulo VI - Las funciones quebradas.

14 Gabaldón, Luis Gerardo. “Tendencias y respuestas hacia la violencia delictiva en Latinoamérica. La Nueva Violencia Urbana en América Latina”. CLACSO, 2002. Grupo Violencia y Sociedad.

15 Del Olmo, Rosa. “Ciudades duras y violencia urbana”. Revista Nueva Sociedad No. 167 Mayo / junio 2002.

abundante bibliografía de análisis, aunque la mayor parte de ella se encuentra sumamente sesgada desde

abundante bibliografía de análisis, aunque la mayor parte de ella se encuentra sumamente sesgada desde la perspectiva de los intereses y especialidades de los autores. De manera que, está ausente una construcción teórica sólida sobre la Teoría General de la Violencia. En la actualidad, la violencia se asocia casi en forma exclusiva con el fenómeno de la criminalidad en su dimensión individual, lo que constituye únicamente una faceta de la cuestión, que resulta al menos a nuestros fines, muy restrictiva.

Se torna necesario entonces, fijar el primer límite conceptual: violencia y crimen están sin duda interrelacionados en la mayor parte de los casos. Sin perjuicio, no toda forma de violencia es criminal y, viceversa, no todos los delitos implican un contenido de violencia y no necesariamente producen inseguridad pública. Ello lleva a la necesidad de aproximarse someramente al concepto de crimen. Dentro del funcionamiento regular de toda sociedad aparecen diferentes formas de conflicto. Uno de los conflictos que asume importancia a la luz de este análisis es aquel denominado como “acto delictivo”. Así enunciado, el delito puede entenderse como una acción social de naturaleza activa u omisiva que produce alguna especie de daño sobre una persona o un conjunto de ellas que resulta víctima de la acción o de la omisión.

Zalmar (1999) la ha definido de la siguiente manera: “violencia viene del latín violentia, que remite a vis (fuerza, vigor, empleo de la fuerza física o de los recursos del cuerpo para ejercitar su fuerza vital). Esa fuerza se vuelve violencia cuando traspasa un límite a partir de acuerdos tácitos y reglas que ordenan relaciones, adquiriendo una carga negativa. Es entonces la percepción del límite o de la perturbación (y del sufrimiento que provoca) lo que va a caracterizar al acto como violento, percepción que varía cultural e históricamente”. Desde la perspectiva micro estructural, “la violencia puede ser abordada como el ejercicio de la coacción interpersonal se encuentra de diversa naturaleza que, en función de valores, situaciones o percepciones de los actores envueltos en el encuentro, generan respuestas de diversa intensidad y consecuencia, pero que se traducen, en todo caso, en una conducta impetuosa con intención de causar daño. El elemento “impetuosidad” permite distinguir los conceptos de violencia y agresión” 16 .

Añade SanMartín “La violencia se aprende en los primeros años de vida. Los comportamientos agresivos se fomentan a través de mensajes tangibles y simbólicos que sistemáticamente reciben los niños de los adultos, del medio social y de la cultura. La experiencia que más predispone al ser humano a recurrir a la fuerza bruta y despiadada para aliviar sus frustraciones o resolver situaciones conflictivas, es haber sido objeto o testigo de actos de agresión repetidamente durante la niñez17 .

Hay un consenso que puede considerarse generalizado en definir a la violencia como el uso o la amenaza de uso de la fuerza física o psicológica, como una forma de

16 Rojas Marcos, Luis.

17 Sanmartín, José. Director del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia.

resolver conflictos o bien de satisfacer los inte reses o las necesidades de quien la

resolver conflictos o bien de satisfacer los intereses o las necesidades de quien la usa o promete hacerlo.

Preliminarmente entonces, violencia es una acción intencional del uso de la fuerza o del poder, por el cual una o más personas producen daño físico, mental (psicológico), sexual o en la libertad de movimiento o que causa la muerte a otra o más personas, o a sí mismas, con un fin que bien puede haber sido predeterminado o no. En esta definición se identifican tres elementos:

(a)

La intencionalidad de la acción.

(b)

La generación de un daño.

(c)

El fin perseguido 18 .

Desde hace tiempo, la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la OPS (Organización Panamericana de la Salud) han desarrollado un importante trabajo en la consideración de la violencia en la región. El trabajo de esas organizaciones tiene un gran valor, no limitándose a aspectos de naturaleza formal o contable, sino que se concentra un esfuerzo sustancial en la construcción teórica del fenómeno de la violencia.

Así, para la OPS 19 , la violencia puede ser entendida como el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que causa o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones. Esta definición comprende tanto la violencia interpersonal como el comportamiento suicida y los conflictos armados. Cubre, además, una amplia gama de actos que van más allá del acto físico para incluir las amenazas e intimidaciones. Además de la muerte y las lesiones, la definición comprende también a las numerosas consecuencias del comportamiento violento, como los daños psíquicos, privaciones y deficiencias del desarrollo que comprometen el bienestar de los individuos, las familias y las comunidades.

La definición incluye explícitamente el daño psicológico y las privaciones experimentadas como consecuencia de los efectos de la violencia. Existe un acuerdo bastante generalizado en cuanto a que la angustia y el sufrimiento psicológico resultan componentes importantes de la composición estructural y económica de la violencia.

18 Concha-Eastman, Alberto. “Medición de la Violencia. Problemática conceptual y práctica. Programa de enfermedades no transmisibles”. División de prevención y control de enfermedades. Organización Panamericana de la Salud. Organización Mundial de la Salud.

19 Organización Panamericana de la Salud. Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud. Resumen. Organización Panamericana de la Salud. Washington DC 2002.

Complementariamente, la OPS señala que la violencia, sobre todo aquella que no concluye con la

Complementariamente, la OPS señala que la violencia, sobre todo aquella que no concluye con la muerte, altera directamente al “estado completo de bienestar físico, mental y social” de los afectados, estableciendo además, la perspectiva epidemiológica de la cuestión.

En ese sentido, Cruz la ilustra claramente cuando sostiene que “la violencia, en la mayor parte de sus expresiones, se torna productora de enfermedad. En ambientes de violencia, las personas deben lidiar con condiciones de morbilidad y riesgo de mortalidad, que en otras circunstancias no debería afrontar20 .

Precisado de esta manera el concepto de violencia, es necesario ingresar a la visión de la violencia interpersonal. Este tipo de violencia incluye a la desarrollada entre los miembros de la familia y sus íntimos o personas habitualmente cercanas y frecuentes aún cuando no exhiban líneas de parentesco formal y la violencia entre conocidos y extraños no integra la definición.

En ese contexto, la violencia interpersonal incluye el abuso infantil, la violencia sobre el cónyuge y el abuso a personas mayores.

Cuando se hace referencia a violencia entre conocidos y extraños se incluye la violación y el asalto personal, la violencia juvenil, la violencia ocurrida en ocasión de crímenes contra la propiedad y la violencia en contextos institucionales como escuelas, lugares de trabajo, casas de cuidado de niños y ancianos. Violencia directa, guerra, manifestaciones dirigidas por el Estado y otras formas de violencia colectiva, quedan excluidas de la clasificación anterior.

Una

presentación

gráfica

permitirá

ver

con

más

claridad

esa

clasificación,

distinguiendo entre violencia auto inflingida, violencia interpersonal y violencia colectiva.

20 Cruz, José Miguel. “La victimización por violencia urbana: niveles y factores asociados en ciudades de América Latina y España”. Revista Panamericana de Salud Pública (4/5) 1999. Página 259 – 267.

Cuadro I. Clasificación de la violencia (OMS): Categorías de acuerdo al autor del acto violento

Cuadro I. Clasificación de la violencia (OMS):

Categorías de acuerdo al autor del acto violento

Violencia dirigida contra uno mismo

Comportamientos suicidas.

Auto lesiones.

Violencia inter personal

Violencia intra familiar o de pareja: en la mayor parte de los casos se produce entre miembros de la familia, compañeros sentimentales y suele acontecer en el hogar, aunque no en forma exclusiva. Incluye maltrato a niños, contra la pareja y ancianos.

Violencia comunitaria: se produce entre individuos no relacionados entre sí y que pueden conocerse o no, acontece generalmente fuera del hogar. Incluye violencia juvenil, actos violentos azarosos, violaciones y apremios sexuales por parte de terceros y la violencia en establecimiento como escuelas, lugares de trabajo, prisiones y residencias de ancianos.

Violencia colectiva

Uso instrumental de la violencia por personas que se identifican a sí mismas como miembros de un grupo frente a otro grupo o conjunto de individuos, con objeto de lograr objetivos políticos, económicos o sociales. Adopta diversas formas: conflictos armados dentro de los Estados o entre ellos, genocidios, represión y otras violaciones de los derechos humanos: terrorismo, crimen organizado.

Fuente: OPS. Alberto Concha-Eastman.

Complementariamente, el cuadro siguiente contribuye a clarificar las visiones, acudiendo a una clasificación de acuerdo a los tipos de violencia más usuales.

Cuadro II. Clasificación de la violencia (Modelo Concha – Eastman): Categorías   Violencia delincuencial

Cuadro II. Clasificación de la violencia (Modelo Concha – Eastman):

Categorías

 

Violencia

delincuencial

o

Está definida por la relación con el delito en su formulación legal, por las características de su acción, con los efectos mediatos e inmediatos que presenta para la gente. Comprende a:

Delitos contra las personas (homicidios, lesiones, agresiones, violaciones y secuestros). Delitos contra la propiedad (robos y hurtos).

criminal

Violencia social

 

Aquel tipo de violencia en el cual ciertos patrones culturales se orientan a una convivencia social violenta propinada desde diferentes agencias de socialización (escuelas, pandillas, familia, etc.) y puesta en evidencia en las relaciones interpersonales. Esta violencia social se encuentra expresada en:

 

Violencia

en

las

escuelas:

acoso,

intimidación

o

victimización. Aquella en que un alumno o alumna es agredido o se convierte en víctima cuando está expuesto en forma repetida y durante un tiempo, a acciones negativas que llevan a cabo otro alumno o grupo de ellos. Por acciones negativas se entiende tanto las cometidas verbalmente o mediante contacto físico y las acciones psicológicas de exclusión (Olwelis, 1998). Violencia de pandillas o bandas: fenómeno de organización y socialización violenta de la juventud, denominado pandillas o bandas ( Smutt, 2002). Violencia en las carreteras: son las disfunciones provocadas por vehículos automotores a peatones, motociclistas, ciclistas y pasajeros (PNUD, 2003).

Violencia intra familiar

 

Son todas aquellas acciones efectuadas por uno o más miembros de una familia que dañan, perjudican y deterioran severamente la integridad física, psicoemocional y socio económica de aquellos miembros de esa familia que por su edad y sexo están en posición de debilidad y dependencia. En esta posición de debilidad y dependencia se encuentran la mujer, los niños y las niñas, las personas de la tercera edad y discapacitados, quienes por esta razón, se convierten en los receptores de todas las formas de violencia (PNUD, 1998).

Fuente: OPS. Alberto Concha-Eastman.

A los efectos de este documento, se tomarán en cuenta las dos primeras categorías: la violencia delincuencial y la violencia social.

Finalmente, para completar el concepto de violencia resulta oportuno consignar una clasificación de la violencia por motivo, forma de expresión y sus actores, tanto activos como pasivos.

Cuadro III Clasificación de la violencia por motivo, forma de expresión y actores: Tipo Motivación

Cuadro III Clasificación de la violencia por motivo, forma de expresión y actores:

Tipo

Motivación

 

Forma de Expresión

Victimarios

más

Víctimas

más

 

frecuentes

frecuentes

Social,

a)

dominación, control,

a) doméstica, intra familiar: física, sexual, verbal, psicológica, privaciones, negligencia.

a) cónyuges hombres,

a) cónyuges mujeres, niños / as, ancianos / ancianas, familiares.

interpersonal

intimidación,

 

padres

y madres,

venganza,

deudas,

familiares,

amigos,

desacuerdos,

conocidos.

 

desconocida.

b)

emocional.

b)

riñas:

heridas,

b)

pandilleros,

b) amigos, conocidos.

 

homicidios.

conocidos.

Económica con

Obtención de recursos económicos.

Heridos u homicidios en robos o asaltos o secuestros.

Pandilleros,

 

Pobladores

en

mínima,

delincuentes comunes.

general.

inestable

o

 

ninguna

 

organización

Económica con

Obtención de recursos

Heridos, violaciones, homicidios, magnicidios, atracos, secuestros, comercio ilegal de armas.

Narcotraficantes,

 

Pobladores

en

organización

económicos,

ejercicio

miembros

de

bandas

general, líderes, jueces, periodistas, ciudadanía, miembro de bandas y mafias.

delictiva

de

poder

y

organizadas, algunas pandillas juveniles.

estable

y

dominación.

jerárquica

   

Política

Obtención,

 

Magnicidios,

 

Subversivos,

 

Campesinos,

transformación

o

homicidios,

masacres,

paramilitares,

fuerzas

pobladores

en

mantenimiento

del

secuestros,

heridos,

del Estado.

general,

guerrilleros,

poder.

desplazamientos

 

paramilitares,

 

involuntarios.

 

soldados, policías.

Auto inflingido

Económica,

 

Suicidio

o

intento

de

La persona misma: jóvenes, personas depresivas, adultos con dificultades económicas, ancianos, enfermos terminales.

emocional,

suicidio

enfermedad.

Fuente: OPS. Alberto Concha-Eastman.

2. El modelo ecológico de la violencia:

Recientemente, la Organización Mundial de la Salud ha construido un desarrollo conceptual muy importante que se fundamenta en la concepción de la violencia como un problema de salud pública.

Desde la perspectiva de la Organización, la violencia tiene un gran impacto en la calidad de vida de los individuos porque proyecta consecuencias en su integridad física y en su salud psicológica. Adicionalmente impacta, en ocasiones con un gran peso, en las redes públicas que son las encargadas de proporcionar la contención de salud en el sentido amplio a la población, haciendo abstracción de otro conjunto de instituciones públicas que reciben también las consecuencias y que, en términos de costos se descarga en la comunidad en general, sea por la vía de impuestos, sea por la vía de toma de obligaciones indirectas y a menudo poco percibidas por la vía del endeudamiento nacional o internacional.

Visto de esta forma, OPS ha desarrollado una construcción denominada “ modelo ecológico de la

Visto de esta forma, OPS ha desarrollado una construcción denominada “modelo ecológico de la violencia” que resulta muy útil a la hora de sistematizar metodológicamente los factores de riesgo de la violencia interpersonal en cuatro niveles de interacción: el nivel individual, el nivel de las relaciones, el contexto de comunidad y los factores sociales 21 . El modelo parte del presupuesto que la violencia es un fenómeno multicausal e implica entenderla como un conflicto social en que la multiplicidad de causas se interconectan en una secuencia causa – efecto – causa.

De esta manera, puede observarse la presencia de tres categorías de factores que contribuyen al fundamento del fenómeno de la violencia:

a. Factores estructurales: nivel de desarrollo del país, desigualdad social y pobreza, credibilidad y legitimación de los Gobiernos, vigencia de los valores y derechos ciudadanos necesarios para la convivencia, la falta de oportunidades para la educación y el trabajo (como determinantes marco en la génesis de conductas violentas).

b. Factores institucionales: que se relacionan con el conjunto anterior pero con dinámicas propias, donde las instituciones pierden apoyo y confianza de la ciudadanía. La impunidad, desconfianza en la policía, mala calidad de la educación pública y la desintegración de la familia (conceptualizado como una institución básica de la sociedad). Los factores comprendidos en esta categoría debilitan el tejido social.

c. Factores directos o facilitadores: los cuales, en circunstancias específicas facilitan el suceso de eventos violentos – porte y proliferación de armas, consumo excesivo de alcohol, uso de narcóticos, ausencia de espacio para la recreación y la ausencia de iluminación en espacios públicos, correlacionados con la ocurrencia de hechos de violencia.

Dentro de estos factores, es necesario, además, considerar un conjunto de riesgos:

a. Los riesgos en el nivel individual: incluye a los factores demográficos, edad, ingreso, educación, desordenes psicológicos y de personalidad, abuso de sustancias o alcohol y su historia de involucramiento en comportamientos violentos o experiencias en abuso.

b. Los riesgos en el nivel de relaciones: los factores incluidos comprenden prácticas parentales pobres y disfunciones familiares, conflictos maritales relacionados con los papeles de genero y recursos y asociación con amigos que los involucran en comportamientos violentos o delictivos.

21 Organización Mundial de la Salud. World Report on Violence and Health. Ginebra,

2002.

c. Los riesgos en el nivel de comunidad : se refiere al contexto en que

c. Los riesgos en el nivel de comunidad: se refiere al contexto en que las relaciones sociales ocurren con las vecindades de proximidad o barrios, escuelas, lugares de trabajo y otras instituciones. Pobreza, alta movilidad residencial y desempleo, aislamiento social, la existencia de un comercio de drogas local y pobres o nulas políticas y programas con instituciones incrementan el riesgo de violencia interpersonal.

d. Los riesgos en el nivel social: son aquellos factores que contribuyen a la creación de un clima donde la violencia interpersonal es alentada, incluyendo políticas económicas, sociales, de salud y de educación que mantienen e incrementan las desigualdades económicas y sociales; normas sociales y culturales que soportan el uso de la violencia, la disponibilidad de medios (inclusive el acceso a armas de fuego) y sistemas de justicia criminal débiles que colocan a los perpetradores inmunes a la persecución.

De esta manera, puede afirmarse, en apoyo de la tesis de la multicausalidad que la violencia interpersonal no responde a un factor único o a una causa única, sino que debe ser considerada como un fenómeno complejo derivado de la interacción de muchos factores que abarcan desde lo biológico a lo político.

3. Aproximación conceptual a la inseguridad:

De la misma manera en que definir a la violencia resulta complejo, la definición de inseguridad tampoco puede considerarse una tarea sencilla. Preliminarmente, es necesario indicar que la mayoría de las dificultades radican en buena medida en su intangibilidad y en la naturaleza subjetiva de la seguridad. Para la construcción conceptual hemos recurrido al apoyo de la doctrina más reciente, la que, adicionalmente contempla en forma sustancial los factores humanos y que, además, tiene su matriz apoyada en la región.

La seguridad pública es un asunto políticamente relevante. El aumento de la violencia cotidiana se ha convertido en uno de los principales problemas de la gobernabilidad democrática en la región. De la observación de la realidad, se encuentra que las respuestas políticas a este tema son – y en el pasado reciente han sido – insuficientes en la mayoría de los casos.

En un sentido amplio, el concepto de “seguridad ciudadana” se relaciona con la calidad de vida y la dignidad personal en términos de libertad y de oportunidades efectivas de inserción social. Para el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la

seguridad ciudadana comprende la ausencia de temor a una agresión violenta, el respeto a la

seguridad ciudadana comprende la ausencia de temor a una agresión violenta, el respeto a la integridad física, poder disfrutar la seguridad del hogar sin miedo a perturbaciones y poder circular por la calle sin temor a un robo o a una agresión (1998). En un sentido más amplio, el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES) indica que la seguridad ciudadana se ve amenazada por la pobreza, la falta de oportunidades, el desempleo, el hambre, el deterioro ambiental, la represión pública, la violencia, la criminalidad y la drogadicción (1997). Compartiendo en líneas generales el concepto que se viene de consignar, es preciso establecer algunos límites. Así, es muy fácil y de hecho se produce frecuentemente, derivar en que, a vía de ejemplo, la delincuencia podría ser una suerte de reacción de auto defensa de los marginados del sistema, interpretación peligrosa en el sentido de los corolarios a los que puede conducir, entre ellos a la angelización” per se de los delincuentes.

Cuando se habla contemporáneamente de “seguridad ciudadana” el término se asocia casi exclusivamente a la protección de los ciudadanos frente al crimen. Esto es, sin duda, una visión muy restrictiva de la cuestión. Para compensar esa exigüidad casi convencionalmente aceptada, Carlos Lles ha acuñado el término de “malestar urbanodonde la inseguridad ciudadana en el sentido descripto se vuelve contenido al cual se suma la dificultad de los ciudadanos para visualizar y planificar su futuro en los contextos de la sociedad post industrial, la crisis y el derrumbe de los Estados de bienestar con sus consecuencias más inmediatas y evidentes: la precariedad ocupacional y la reducción extrema de los contenidos de las políticas de protección social, las exigencias de competitividad que se inscriben en los marcos de educación más temprana y la dificultad de encontrar alternativas. La mediatización creciente del poder de decisión no aporta demasiadas esperanzas a los ciudadanos y acentúa la situación objetiva y la percepción subjetiva de inseguridad.

Por su parte, La Conferencia Especial de Seguridad en las Américas 22 ha indicado (2003) que, en el contexto latinoamericano, el concepto tradicional de seguridad que fuera elaborado a fines de la década del cuarenta se ha visto superado, aún cuando su presencia es fuerte todavía. Este antiguo concepto tenía como base una visión “hacia afuera” de la seguridad, esto es, desde la perspectiva de un país o conjunto de países y para hipótesis de conflicto tradicional en relaciones internacionales.

Esa visión clásica se ha visto confrontada con la evolución de la realidad. Los años pasados han mostrado procesos de consolidación democrática, de solución de la mayoría de los conflictos existentes entre los países de América Latina y una eventual aún cuando persistente dilución de las hipótesis de conflicto internacional que pueden involucrar a las naciones de la región con actores extra regionales. De hecho, esa dilución alcanza a las

22 Ministère des Affaires étrangères et du Commerce International – Canadá. Resultados y Recomendaciones. Taller de Consulta con OSCs y Académicos de América Latina y el Caribe. Conferencia Especial de Seguridad en las Américas, Santiago de Chile, 2003.

relaciones entre los actores nacionales de la región. En forma coincidente, y ya adelantando las

relaciones entre los actores nacionales de la región. En forma coincidente, y ya adelantando las claves, la Red de Cooperación Euro latinoamericana (RECAL), ha señalado: “A inicios del Siglo XXI, el panorama de seguridad latinoamericana se caracteriza por dos tendencias más bien contradictorias: por un lado, la restauración de la democracia y los proyectos de integración han contribuido a la pacificación de la región, la creación de medidas de confianza mutua y la creciente subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil; por el otro, se observa en la mayoría de los países de la región un aumento espectacular de la violencia y de la inseguridad pública, que se concentra en primer lugar en las grandes aglomeraciones urbanas23 .

La Conferencia afirma que el ámbito actual donde se expresa con fuerza la inseguridad se liga a los temas interestatales, los que han ocupado el centro de la escena y pasando a ser preponderantes. “Allí se manifiestan vulnerabilidades de la mayor significación. Y éstas tienen como elemento estructural común en los países latinoamericanos y caribeños con desafío eminentemente no militar, los temas vinculados al desarrollo y la superación de la pobreza extrema. Necesitamos conocer mejor el vínculo entre desarrollo y violencia, aplicado a las actuales características de América Latina, región caracterizada por un alto grado de urbanización, un rápido crecimiento demográfico y los niveles más altos de inseguridad del planeta24 .

En la mayoría de los países de la Región se encuentra un conjunto de factores que, combinados y potenciados mutuamente, contribuyen decididamente a la consolidación de un estado de cosas que constituye el fundamento objetivo de una implicancia estatal en el campo de proporcionar seguridad ciudadana. Eso tiene reflejos no solamente en la percepción de inseguridad por parte de los ciudadanos sino que, además, es un fundamento fáctico potente para que la inseguridad, la violencia y el crimen continúen creciendo. Este conjunto de factores, evidentemente, no debe ser considerado aquí como fundamento ideológico para hacer caudal sobre ello en un sentido u otro de un debate que se encuentra instalado en varios países de la región, sino más bien, observado como el agrupamiento de causas que es necesario atender para comprender en primer lugar y para corregir, posteriormente. Esos factores, como ha señalado acertadamente Pablo Dreyfus “son causas de los problemas de inseguridad y que, no resueltos, contribuyen a potencializar problemas de seguridad pública. La paradoja es que son estos factores los que justamente impiden que los gobiernos den respuestas rápidas y efectivas para reducir la debilidad del Estado25 .

23 RECAL / Instituto de Estudios Iberoamericanos (IIK). Violencia e (in)seguridad pública a nivel local en América Latina y Europa. Hamburgo, 2002. 24 Ministère des Affaires étrangères et du Commerce International – Canadá. Resultados y Recomendaciones. Taller de Consulta con OSCs y Académicos de América Latina y el Caribe. Conferencia Especial de Seguridad en las Américas, Santiago de Chile, 2003. 25 Dreyfus, Pablo Gabriel. Los problemas de un “país continental” Seguridad Brasileña en el Siglo XXI. En Ministère des Affaires étrangères et du Commerce International – Canadá. Resultados y Recomendaciones. Taller de Consulta con OSCs y Académicos de

Ese conjunto de factores comprende a: Grandes y en ocasiones enormes disparidades en la distribución

Ese conjunto de factores comprende a:

Grandes y en ocasiones enormes disparidades en la distribución de los recursos y de los ingresos, que se reproducen en los grandes centros urbanos.

Ineficiencia, y en muchos casos, bolsones de corrupción económica en diferentes niveles de estructuras estatales, en niveles locales y nacionales. La ineficiencia se produce en muchos casos por la superposición obstructiva de diferentes órganos con competencias difusas, donde se producen bloqueos de la acción tanto por superposición como por omisión.

Existencia de un conjunto de instituciones y de órganos con complacencia e

interés en un tema determinado relacionado con la seguridad, como por ejemplo,

el control de armas, que no colaboran entre sí, compiten, se obstaculizan, no

comparten informaciones y toman acciones divorciadas de la actividad de otros

órganos, esterilizando muchas veces los efectos buscados y consignando una tasa de retorno nula.

La implicancia potencial de las fuerzas de seguridad pública en el crecimiento de

la

violencia y el crimen han conducido a una proliferación de la seguridad privada.

Esta seguridad privada está escasamente controlada y con esquemas de focalización poco adecuados. Este “ejército privado” tiene características de similaridad en casi toda la región: sueldos reducidos, jornadas largas y una

preocupación empresarial en lo general laxa con eventuales antecedentes. Así, de

poco, la seguridad se privatiza y comienza a ser privativa de quien pueda pagarla, ahondando las inequidades pre existentes.

a

Los bajos salarios de las fuerzas policiales obligan a que muchos de sus miembros, autorizados o no, busquen ingresos adicionales en actividades privadas, sean éstas de seguridad o en otras tareas. Desde esta perspectiva esa convivencia de tareas puede, en casos específicos dar conexiones a relacionamiento con el área criminal.

El

fundamento de la visión se encuentra en concordancia con las observaciones

de la realidad consignadas en este documento y que pueden resumirse en una percepción final de alta contundencia: la violencia no parece conocer límites, alcanza a todos, devora las ciudades. Si antes el Estado era ineficaz únicamente en las favelas y en barrios particularmente complejos y la violencia se encontraba plasmada en las páginas policiales de los diarios, ahora toda la población tiene miedo, un miedo generalizado, globalizado. En numerosas ocasiones, las fuerzas policiales intentan, con un éxito cuestionable, detener el crecimiento del crimen con respuestas duras. Esas respuestas duras son exigidas muchas veces por algunos sectores de la población, pero como

América Latina y el Caribe. Conferencia Especial de Seguridad en las Américas, Santiago de Chile, 2003.

contrapartida, son resistidas por otros sectores. Por lo que ha podido observarse, la población en

contrapartida, son resistidas por otros sectores. Por lo que ha podido observarse, la población en varios países de la región - en muchos casos -, aparece dispuesta a sacrificar parcelas de su libertad 26 , en la búsqueda de más seguridad, a pesar de las experiencias que ya se conocen - en especial la reciente experiencia norteamericana - y que han probado que son inútiles además de peligrosas, tanto desde los resultados obtenidos en la comparación de recursos utilizados contra resultados obtenidos, como desde una perspectiva de integralidad democrática.

Como acertadamente ha señalado Petrella 27 , con el continuo aumento de la delincuencia urbana se desarrolla una percepción de inseguridad difundida, no siempre objetiva, que actúa de catalizador de muchos miedos, como por ejemplo, aquellos relacionados con la pérdida de trabajo, el miedo a la enfermedad y fundamentalmente el miedo a convertirse en pobres, repicando el concepto de “malestar urbano” de Carlos Lles. Esa sensación de inseguridad, además de los hechos objetivos que le dan origen, tiene un componente de sentimiento de abandono, de impotencia o de incomprensión frente a los delitos particularmente graves, cuyas consecuencias se expanden rápidamente en el cuerpo social por la difusión que los medios de comunicación les otorgan, a lo que se suma la acumulación de episodios de delincuencia menor y los hechos de vandalismo.

Complementariamente, “

sociedad y en las personas una auto percepción de mayor vulnerabilidad y fragilidad, más todavía cuando se constata que la justicia penal procesal está regada de vacíos y excepcionalidades. Nada alimenta más el fantasma de la vulnerabilidad que la anticipación imaginaria de otro que nos arremete y frente al cual nunca sabemos cuan dañados podemos acabar. La posibilidad de que la agresión ocurra en cualquier parte y a cualquier hora, la incertidumbre respecto de la eficacia de nuestras defensas y de la magnitud de la violencia de los otros, en fin, la sombra de nuestra propia muerte o mutilación como instrumento contra el cual se dibuja cualquier excusa de violencia: todo ello hace que por definición la violencia se repliegue exponencialmente como fantasma28 .

es

natural que el aumento de la violencia despierte en la

En este punto, es preciso desarrollar brevemente la distinción entre el riesgo objetivo (de ser víctima de la violencia) y el sentimiento de inseguridad. Mucho se ha discutido recientemente sobre este aspecto y dicha relación. Este aspecto, nada secundario por cierto, divide las aguas en dos grandes vertientes: aquellos que relacionan el incremento de la violencia desde una perspectiva objetiva con el aumento de la sensación de inseguridad de la población y, en la vertiente opuesta, los que sostienen que hay una escasa relación entre ambos aspectos o al menos que no hay una demostración fehaciente de esa relación y enfatizan fuertemente sobre la influencia de los medios de comunicación en la creación o consolidación del sentimiento de inseguridad. Esta última

26 Véanse los Capítulos V – Territorio hostil: los cambios sociales que provoca la violencia y VI – Las funciones quebradas.

27 Petrella, Laura, Franz Vanderschueren. Ciudad y Violencia.

28 Hopenhaym. Martín. El Fantasma de la Violencia en América Latina.

posición es defendida especialmente por Baratta y Pavarini 2 9 La discusión sería válida si

posición es defendida especialmente por Baratta y Pavarini 29 La discusión sería válida si no concurrieran al menos dos factores de importancia: el primero de ellos reside en que cuando se analizan las encuestas de victimización regional y su evolución, aparece como nítida la relación con la sensación de inseguridad creciente; el segundo es el contexto ideológico que conlleva, que termina relacionándose con el garantismo y la “angelizaciónde algunas conductas violentas, en especial las relacionadas con comportamientos criminales fincándolas casi en exclusiva en la violencia social que sus autores experimentan o han experimentado en el pasado y que los “marcan”.

Por otra parte, atribuir el crecimiento de la sensación de inseguridad a los medios de comunicación es francamente temerario e implica un desconocimiento profundo de los mecanismos de transmisión social. Es indudable que la población recibe diariamente un gran conjunto de imágenes de violencia y de crimen tanto del seno de su propia sociedad como de otras sociedades. Sin perjuicio, algunas de esas imágenes pueden resultar “anécdotas” pero en líneas generales no escapan a tendencias definidas. Se ha dicho también que esas imágenes proyectan en ocasiones la impotencia de quienes deben detentar el monopolio de la fuerza para controlar el crimen y la violencia. Ello puede ser cierto en otras sociedades, pero, en el contexto de las regionales, parece más bien un reflejo de la realidad.

4. Las causas de la violencia:

Luego de los hechos y elementos que han otorgado el panorama de la primera parte y las tendencias que se han observado, inmediatamente aparecen una serie de preguntas que resultan imprescindibles:

- ¿Cómo han llegado estas sociedades a los niveles de violencia que registran?.

- ¿Cuáles son las causas para la instalación de esa violencia, y si esas causas tienen una naturaleza estructural o en lo general podemos hablar de situaciones de naturaleza coyuntural?.

- ¿Cuál es entonces la perspectiva en el corto plazo?, justamente a la vista del creciente nivel de inseguridad, tanto objetivo como percibido.

- ¿Cuáles son las consecuencias de la situación, tanto para los ciudadanos en general, como para los responsables de seguridad del Estado?.

Las respuestas a ese conjunto de preguntas no son sencillas. Una parte de ellas se desarrollará en el contexto de este documento. En este apartado se intentará trabajar con

29 Baratta, A. y Pavarini, M. “La frontiera mobile della penalitá nei sisteme di controllo sociales della seconda meta del ventessimo secolo”. En Dei Delitti e delle Pene, Italia, N 1, 1998.

un tema que se ha revelado como particularmente controversial y que se concreta en las

un tema que se ha revelado como particularmente controversial y que se concreta en las causas de la violencia.

El tema es de una alta complejidad, y requiere que se examinen las causas que han sido apuntadas y discutidas. Una síntesis inicial permite indicar:

(a)

El incremento de la pobreza, tanto en términos reales como relativos. Este aspecto requiere una precisión adicional. Si bien la mayoría de los análisis indican que no puede establecerse una relación de causalidad directa entre pobreza y violencia, existe, en cambio, evidencia contundente en el sentido de relacionar a la inequidad en la distribución del ingreso y sus consecuencias asociadas con la violencia.

(b)

El incremento de las desigualdades sociales en la población de la mayoría de los países, reflejado en el acceso a la vivienda, la salud, la educación y los servicios básicos esenciales.

(c)

Existen, adicionalmente, algunos componentes que se señalan como importantes en el deterioro de la situación y que inciden en el aumento de la violencia y de la criminalidad. Si bien estos componentes no agotan el contexto de causas, se han señalado por la mayoría de los autores como piezas de gran importancia: la correlación existente entre crecimiento del crimen y de la violencia con las tasas de desocupación juvenil; la vinculación entre deterioro familiar y criminalidad y, la correlación entre los niveles de educación y criminalidad.

(d)

Otro conjunto de causas coadyuvantes, que fueron mencionadas en ocasión del tratamiento del modelo ecológico de la violencia, comprenden: disgregación familiar, consumo de alcohol y de drogas, ausencia de motivación educativa, etc.

En el mismo sentido, Tulio Kahn 30 , indica una “combinación explosiva de modernización y urbanización aceleradas, desigualdad social, padrones de consumo del primer mundo, libertad política y ausencia de frenos morales y religiosos parecen ser los mayores responsables por el fenómeno de la violencia creciente en América Latina, al lado de la producción de drogas y de la economía estagnada en varios países”.

Adicionalmente, en este análisis de causas, sería preciso profundizar en uno de los aspectos que contribuyen decididamente a la inseguridad y que son las causas de la delincuencia urbana. De la misma manera que, en casos anteriores, no se avanza teóricamente en las condiciones, aquí se ha consignado una clasificación operativa, útil a los fines de este trabajo.

30 Kahn, Tulio. “Os custos da violencia. Quanto se gasta ou deixa de ganhar por causa do crime no Estado de Sao Paulo”. Traducción del autor.

Muchas investigaciones realizadas en el ámbito internacional exhiben la multiplicidad de las causas de la

Muchas investigaciones realizadas en el ámbito internacional exhiben la multiplicidad de las causas de la delincuencia. Se distinguen tres grandes categorías de ellas: sociales, institucionales y las relacionadas con el ambiente físico.

Dentro de las causas sociales se anotan las relacionadas con situaciones de exclusión social como la marginación de determinados grupos, el bajo grado de escolarización y analfabetismo; las relacionadas con la situación familiar: la relación entre la violencia doméstica y la violencia ejercitadas en la adolescencia y en la edad adulta son explícitas.

En las causas institucionales se encuentran las emergentes de la inadecuación del sistema judicial (incluyendo policía, justicia y sistema carcelario) en relación con la delincuencia menor y mediana.

Los sistemas judiciales regionales no tienen condiciones de enfrentar el aumento de la delincuencia menor, aún cuando esta incide en forma significativa en la calidad de vida y genera buena parte de la percepción de inseguridad cotidiana. En ocasiones, esa observación se extiende a la capacidad de acción de las fuerzas policiales Aquí se presentan varios problemas: la justicia penal es en general muy lenta; no se encuentra adaptada a la evolución de los conflictos urbanos y exhibe, como consecuencia de las dos cuestiones anteriores, una tasa de resolución muy reducida. Adicionalmente, hay una inadecuación percibida entre las penas y la delincuencia considerada “menor”, lo que contrasta con los grados de impunidad observada para otros delitos, de mayor entidad, en particular por su impacto en la sociedad como el lavado de dinero, las actividades del crimen organizado y la corrupción, lo que favorece el sentimiento de impunidad percibido por la población. En las observaciones es preciso añadir que las prisiones son de hecho, escuelas de perfeccionamiento y de intercambio de información, cumpliendo escasamente con una función de regeneración y corrección de los delincuentes 31 .

Dentro de las causas del ambiente físico se anotan las deficiencias de gestión y regulación del crecimiento urbano, la ausencia de servicios y las carencias de conceptos de seguridad en el diseño de las políticas urbanas.

Todo eso se agrega a los factores de acumulación y retroalimentación presentes en algunas “áreas críticas” de la región. En esas áreas, gran parte de la dinámica de la violencia nace en las redes de tráfico y de consumo de drogas. Cuando se observa la realidad regional, en favelas y villas miseria, así como en barrios pobres, se encuentra una combinación de factores: la aparición de la cocaína y otras drogas con su alta rentabilidad, una actuación policial muy violenta por un lado y de connivencia en otras circunstancias, los enfrentamientos entre las bandas rivales por el control de los puntos de distribución y venta de drogas y la utilización de armas militares. La ausencia de establecimientos del poder público (escuelas, puestos de salud y policía) favorece el establecimiento y control territorial de esas áreas por parte de los delincuentes y por los grupos de traficantes.

31 Estos aspectos se revisarán más extensamente en el Capítulo V.

CEPAL ha ensayado también una aproximación multicausal, en el entendido que no se intenta hallar

CEPAL ha ensayado también una aproximación multicausal, en el entendido que no se intenta hallar “la causa” sino identificar los factores que la producen o que, al menos, se asocian a ella con mayor frecuencia. Se observa, con gran tino, que en el enfoque multicausal hay un grado elevado de probabilidad y que, en consecuencia, cuantos más factores se presenten conjuntamente, mayor es la probabilidad que los hechos de violencia se produzcan 32 . Estos “factores de riesgo” son agrupados por CEPAL en tres conjuntos principales: los factores relacionados con la posición y la situación familiar y social de las personas: sexo, edad, educación, socialización, consumo de alcohol y drogas; los factores sociales, económicos y culturales: desempleo, pobreza, hacinamiento, desigualdad social, violencia

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