LA INTERNACIONALIZACION DESDE LAS REGIONES.

LUIS GUASTAVINO CORDOVA, Ensayo para el libro “PENSANDO A CHILE DESDE LAS REGIONES” de la RED SINERGI@REGIONAL.
INTRODUCCION. Chile limita hoy con el mundo. Mirar al país desde la región permite verlo mejor. Pensarlo desde las regiones esclarece la inteligencia nacional. Nuestro país se está haciendo, ¿quién dijo que ya estaba terminado? Es una obra en construcción. Es tiempo de mapas nuevos. Es el territorio humano entero el que se está modificando. Y aprehender ese aserto resulta capital. Ello permite vislumbrar mejor que deberemos “crear” nuevas regiones, comprender mejor que lo que existe no está detenido ni inmóvil. En lo físico cuantitativo ni en lo político cualitativo. En lo cuantitativo, sostengo que dos o tres decenios más no seremos sólo quince regiones. En lo cualitativo, sostengo que en ese período habrá regresado la política como el supremo y maravilloso instrumento, que hoy no es, y que volverá a ser para abrir relaciones superiores entre los ciudadanos, alentará una más seria y sana vida de la sociedad, comportará ideales, valores, desarrollos reales, que no es lo mismo que crecimiento. Condición de lo anterior es aprender a conquistar nuevas visiones de las cosas y del mundo, estudiar, no dejar de ser alumnos, aprender a soñar despiertos, nutrir la imaginación, ayudar a la inteligencia. Las siguientes páginas son ajenas por completo a la coyuntura inmediata, a las tiranías del minuto que vivimos. Se refieren, en cambio, a un tema eminentemente estratégico, de los llamados “de medio y largo plazo”, de los que requieren otear y escrutar el porvenir. Pero el tiempo en el que escribimos, con ese sentido, choca con un escenario lapidado por el inmediatismo, por la coyuntura despiadada que te quiere clavar en el hoy, en el episodio cotidiano en que al mañana se le deja esperando y el pasado mañana ni siquiera emociona ni es objeto de atención. Es el negocio de este minuto el que interesa. Y con esa mentalidad jamás conseguiremos que el país tome conciencia de que no será tal si no aprende y actúa para desarrollar todo su cuerpo y no sólo algunas de sus partes; si no aprende del ejemplo español que ha hecho más grande a España porque su Constitución de 1978 entregó autonomía y poderes a sus 17 comunidades regionales; si no aprende que una cosa es descentralizar y otra muy distinta es desconcentrar, que sirve para fortalecer antes que nada el centralismo y que es lo que se practica principalmente en Chile; si no aprende de una vez que una prueba de voluntad de descentralización, y que debiera primar en cualquier programa y postulación presidencial, es que los Intendentes Regionales sean elegidos directamente por las respectivas ciudadanías regionales (Chile es uno de los pocos países occidentales en que esto no ocurre); si no aprende que es hora de descentralizar Santiago, descentralizar habitacionalmente Santiago, y que en los próximos 20, 30 ó 50 años, a través de un Programa racional y calendarizado hay que preparar algunos focos regionales del país para el traslado de un millón de personas desde Santiago, con todo lo que ello implica; en fin, si no se aprende que hay que iniciar un proceso real para la descentralización fiscal, entre algunos de los grandes rubros para mirar y pensar a Chile desde sus regiones. Sin embargo, hay que perseverar en que corresponde pensar en grandes medidas para grandes períodos. El siglo XXI viene preñado de potenciales buenaventuras, pero también de amenazantes frustraciones. Corresponde planificar los tiempos futuros. Corresponde reflexionar acerca de qué es una Estrategia, qué es un Plan Maestro Regional. Corresponde interrogarnos si comprendemos todo esto; si comprendemos que el mundo está cambiando, y lo está haciendo de

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manera muy desafiante para nuestro escritorio conceptual, para nuestra idea de qué es y qué debe ser una región, para acertar en la comprensión de qué es, y sobre todo qué debe y puede ser nuestro país. En ello creo encontrar el mérito central de la idea de este libro, meritorio desde su mismo título. Por mi parte, para producir estas páginas me apoyo en mi condición de persona de acendrado regionalismo, de regidor (concejal) por dos períodos en la Municipalidad de Valparaíso, de parlamentario elegido para tres períodos legislativos en la que en mis tiempos era la Provincia de Valparaíso, y por mis ricas experiencias como Intendente de esa Región cuando el Presidente Ricardo Lagos me convocó para ese ejercicio. Hago referencias muy concretas en este texto a ese bagaje y recurro a episodios y escritos vivamente generados en esas vivencias directas. A través del presente trabajo, entonces, quisiera subrayar algunos tópicos vinculados a una activa potencia útil para el desarrollo de las regiones y, en particular, para la vida de cada uno de sus estamentos e instituciones. Me refiero a los temas de la internacionalización que en el país entero cobran ya multivariadas, acuciantes y decisivas dimensiones. UNA ASIGNATURA QUE BUSCA DESARROLLO. La lucidez en la política consiste en descubrir y saber individuar las grandes perspectivas viables de materialización. Y la perspectiva internacional es incuestionablemente desafiante, necesaria, ofertante y promisoria para las vida de las regiones. Se trata de una asignatura que exige dedicación y estudios especializados. Debemos partir por ser capaces de modestia intelectual para reconocer que no gozamos de la experticia que requeriríamos para abordar debidamente los nuevos escenarios mundiales que se ofrecen con tan abundantes posibilidades de ventajas para el país y para cada una, para todas sus regiones. Chile era un país periférico del mundo. La geografía lo puso casi colgado del mapa universal, prácticamente en los patios traseros de los centros mundiales importantes. Su destino estaba circunscrito a lo que podría considerarse en general una “provincia lejana” del globo. Apenas un país exportador de materias primas, que afortunadamente los grandes mercados estaban obligados a adquirir. Pero sus posibilidades, en cambio, para los generosos intercambios de todo tipo aprovechables con el mundo, y desde luego en los variadísimos campos de las exportaciones y las importaciones mundiales le estaban vedados hasta hace pocos años y lo limitaban drásticamente. Todo ello hay que visualizarlo, referido a las consecuencias generales que comporta en todos los planos de la realidad nacional. Porque, además de los aspectos económicos para la vida del país, también debe pensarse en las consecuencias que ello representa para los aspectos intelectuales, científico-tecnológicos, académicos y culturales en general; para la visión del mundo, para la comprensión de la realidad y de los otros fenómenos contemporáneos universales que un país como el nuestro debe tener. No debemos desconocer que la mundialización (prefiero arbitrariamente este término al de globalización, y lo puedo explicar), como ocurre con todo, no puede ser aceptada o rechazada apriorística ni indiscriminadamente, a ciegas o con generalizaciones huérfanas de análisis. La mundialización puede ofrecer posibilidades formidables o puede arrastrar a resultados perniciosos. Pero es tarea de la inteligencia comprender que el mundo está ante una realidad inexorable, desde la que se ha incorporado a la vida de todos los países este fenómeno que puede ser espléndidamente utilizado para los respectivos desarrollos y progresos. Desde esta consideración decisoria es que está reservado un insustituible papel teórico y analítico a todas las entidades pensantes y, desde luego, al Gobierno, a las Universidades y al

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mundo empresarial de las regiones. La mundialización es por sobre todo un fenómeno trascendente, lo que significa que sus desplazamientos no ocurren indiferentemente para la sociedad humana, para los continentes, para los países, para cada comunidad territorial. Como dijimos, los cambios y las consecuencias del fenómeno son hondos, multivariados y polifacéticos. Y aquí está el punto que quiero resaltar: un fenómeno de ese carácter convoca necesariamente a una rigurosa teorización; a una profundización de las dialécticas causas-efectos; a la organización de un sistema académico de análisis y de instancias curriculares para la obtención de visiones largas y limpias, todo lo cual empalme con las ciencias sociales para prever los resultados de las aplicaciones de la mundialización y para proponer orientaciones para su mejor encauce. No es una tarea ni menor ni simple, y se inserta entre las razones de ser de inteligencias dispuestas a la auto-exigencia, a la permanente “puesta al día”, al examen constante de su deber de conciencia crítica y constructiva de la sociedad y sus decursos, ansiosas de un horizonte de mundo, de vislumbrar otro mundo, de vaticinarlo. Como en algún momento lo dijimos, ahora, ante temas tan densos como la mundialización, las entidades pensantes de la región, articuladas todas en una lúcida asociación público-privada, deben ser como los focos neblineros de un vehículo a fin de poder divisar en noches que a menudo aparecen cerradas y oscuras; deben tener algo del hálito propio del vate, que ve donde otros no ven. Pero también es cierto que este instrumento no se ofrece de manera milimétricamente igual a todos los países y ni siquiera a todos los territorios regionales de un mismo país. Hay unos que están o pueden estar en mejores condiciones o capacidades para su aprovechamiento. Y va en este sentido mi apunte en cuanto a que si éramos hasta hace pocos años un país muy periférico del mundo, el cuadro se ha modificado muy sustantivamente para nuestro beneficio. Sí, porque los cambios universales cobraron las más diversas expresiones en cada zona, y en el caso de Chile significaron que nuestra geografía nada notoria de ayer adquirió una valía antes insospechada: nuestros más de 4.000 kilómetros de longitud se abrieron como un ventanal gigantesco frente a todo el mundo emergente que comenzó a protagonizar muy determinantemente el decurso del conjunto del planeta. Es la colosal realidad de los países del Asia Pacífico, que otorgan a Chile una oportunidad inigualable. Además, nuestro país pasó a ser un puente de comunicación necesario para otras naciones que se desviven en un afán de vinculaciones con el gigante asiático. De este modo, Chile ha quedado de frente y casi “avecindado” hacia todo el globo. A los monstruos de América del norte y de Europa se suma ahora un Asía en impresionante despegue. Es un tema para profundo estudio. Es un desafío de ineludible análisis para nuestros gobiernos regionales, nuestro mundo empresarial y nuestras Universidades. Tenemos que prepararnos para obtener los beneficios que la mundialización, mejor que a muchos otros países, ofrece a Chile. Los campos de la internacionalización esperan nuestra inventiva, nuestro adiestramiento, nuestra audacia creativa. En varios Gobiernos Regionales se está abordando el tema internacional con un sello más preocupado que antes. Los avances son incuestionables, aunque distantes de los que deberían y podrían ser. Influye que se trate de un tema que requiere tiempo y tenacidad, que tiene que sortear las urgencias del día a día, que está inscrito en la agenda estratégica, y que ello obliga a trabajar con plazos que obligan a un grado de mayor planificación para las regiones. Es por ello doblemente meritorio que en no pocos lugares esta área esté siendo objeto de mejor atención. Es la hora de convencernos de que los desarrollos regionales no serán tales si cada región no trata a fondo y no resuelve la mejor fórmula para construir un equipo pensante y actuante sobre este tema y si no elabora un plan concreto de acciones que contemplen los variados aspectos que deben atenderse.

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Debe ser un plan para un período de años. Debe aventurarse un criterio práctico al respecto, lo mejor estudiado que se pueda, conglomerando a todos los organismos y personeros regionales que conviene hacer participar, logrando que ese plan sea conocido y que involucre todas las energías que se puedan hacer converger para finalidades que tomen muy en cuenta las características propias de la región, su mayor o menor disponibilidad para una u otra orientación de la política que se asuma, la real capacidad de su aparato productivo y comercial público y privado, las necesidades de transferencias tecnológicas desde otros países que guarden relación con las posibilidades de una inserción superior de la región en el campo internacional. No tengo para qué abundar. Creo que se extiende una mayor comprensión de lo que este tema representa para lograr un real desarrollo regional. La internacionalización es un tema que llegó para quedarse entre nosotros. Y para quedarse rodeado de cuidadosas atenciones. LA INTERNACIONALIZACIÓN DENTRO DE LA ESTRATEGIA REGIONAL El año 2010 debe encontrar a Chile con regiones en deliberados y francos procesos constatables de internacionalización. Ello es parte de la reconversión consciente a la que se precisa generar amplio acometimiento y programadas realizaciones. En cuanto a la Región de Valparaíso, hasta 1980 ella gozó de un significativo parque industrial, con miles de puestos de trabajo. Prácticamente todo eso desapareció en ese tiempo sin visualizarse otros caminos para la vida económica y social de la región. No hubo elaboración clara de políticas de desarrollo, definición de áreas prioritarias, señalización de énfasis principales ni de opciones decididas con sólida fundamentación. Agréguese que por largo tiempo los escenarios de gobierno de esos años de dictadura no conglomeraban al conjunto de la nación y el propio advenimiento de la democracia no comportó mecánicamente condiciones de estabilidad, que hoy atesoramos como capital seguro para diagramas que excedan lo cotidiano y coyuntural, que tengan aliento estratégico de medio y largo plazo, que permitan avizorar desarrollos de futuro para el país y sus regiones. Recién en abril de 1993, además, con el gobierno de Presidente Patricio Aylwin, el país se encaminó hacia el proceso de institucionalización de los Gobiernos Regionales creados por la ley 19.175, de inicial consolidación durante el gobierno del Presidente Frei Ruiz-Tagle, con el que se iniciaron las elaboraciones de las 13 Estrategias de Desarrollo Regional de aquel tiempo, en diciembre de 1994. Anoto estos condensados datos sólo para subrayar el hecho de que una reconversión, entonces, de la situación incierta del desarrollo regional de decenios no fue fácilmente encarable sino hasta que el gobierno del Presidente Ricardo Lagos representó un asentamiento estable en rubros vitales de la vida del país, como hoy está universalmente reconocido. Y nos hemos puesto a pensar en la región de Valparaíso y sus años futuros. Creamos para ello el Centro de Estudios Regionales, CER. Editamos una revista-libro como expresión del pensamiento regional en movimiento y con ojos en el mañana. Región que no se piensa a sí misma, tendrá incierto y seguramente magro destino. Para tratar el tema principal de estas páginas, me resulta necesario contextuar algunos ámbitos colaterales, como el tipo de región o de universidades que necesita Chile, a lo que aludiré más adelante. Ello es básico para poder pensar bien al país desde las regiones. La internacionalización, individuada por nosotros como uno de esos ámbitos, fue objeto en la región de Valparaíso de estudio y elaboración. Aprovecho de anotar que buscamos -por ciertoque la política específica que íbamos diseñando estuviera complementada también por claras políticas regionales en otros grandes ítemes, como fomento productivo, tecnología, agricultura, obras públicas, educación, salud, vivienda, cultura, transporte, turismo, trabajo, minería y desarrollo social. Y lo anoto especialmente, porque una región debe saber otear su futuro, escudriñar sus

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posibilidades, resolver sobre sus planes de desarrollo global y no unilateralmente. Para eso hay que estudiar, organizar seminarios aprovechados; preparar retiros colectivos, calmados, para pensar, escuchar y exponer, seleccionando ideas consensuadas que nutran el bagaje esencial con el cual definir las Políticas específicas por áreas y, coherentemente entonces, la Estrategia General de Desarrollo de la región para un período definido de años. Elaborar una Estrategia es como “construir” o “inventar” un ajedrez; es como la partitura de una sinfonía. En la Región de Valparaíso elaboramos durante el año 2003 todas esas Políticas por áreas. En Julio del 2004 iniciamos un estudiado proceso de profundización en cada área en dirección a generar los insumos con los cuales proceder, el año 2005, a la actualización de la Estrategia Regional que databa del año 2000. Fue así como los días 6 y 7 de enero de 2005, en un recinto aislado de Olmué, durante todo el día, finalizamos ese proceso con la presentación por parte del Intendente Regional del estudio que se venía efectuando en grupos de trabajo integrados por casi un centenar de dirigentes y funcionarios del aparato ejecutivo del Gobierno Regional. Con ese material abrimos paso frontal a la actualización (aggionarmento) de la Estrategia de Desarrollo con la que nuestra región orientaría la concreción de los objetivos definidos para el período 20062010. El paso frontal significa un programado proceso de participación de la ciudadanía a través de sus instituciones pertinentes. Esa Estrategia Regional debe ser una suerte de Estación Central de Ferrocarriles desde la que salen trenes por distintos andariveles y ramales, cubriendo todo el territorio temático a través de un articulado Sistema Ferroviario. Y ello requiere, entre muchas otras exigencias, conocimiento del objeto, vista larga, planificación, realismo, idealismo, coordinación y capacidad ejecutiva. UNA POLÍTICA REGIONAL PARA LA INTERNACIONALIZACIÓN Con esos empeños elaboramos una propuesta para el andarivel a que nos convocaba la mundialización en ese período. La llamamos “Hacia una Política Regional de Inserción Internacional”, como una manera de explicitar que no era un decálogo petrificado sino una incitación a más profundas visiones para acertar con los derroteros que condujeran al pleno aprovechamiento de la internacionalización para la región en la perspectiva del Bicentenario de la Independencia Nacional. Y eso se hacía con cinco años de anticipación. Hablamos de inserción internacional de la región en el mundo, pero tenemos en el cerebro también la inserción del mundo en la región, y dispusimos de iniciativas para ambas implementaciones. Hablamos de ir con nuestra región al mundo, pero definimos a qué partes concretas del mundo queríamos llegar preferentemente. Hablamos de traer el mundo a Valparaíso como región, pero distinguimos con qué partes del mundo buscábamos abrochar relaciones y negocios diversos a través de sus concurrencias directas a nuestro territorio. Así, nuestra Política Regional en la materia contempló 6 dimensiones: 1. 2. 3. 4. 5. 6. Binacional con la Provincia de Mendoza; Latinoamericana; Con América del Norte y énfasis especial en Canadá; Con Europa; Con los países árabes, y Con el mundo asiático.

ARGENTICA Y AMÉRICA LATINA La Región de Valparaíso tiene construida con Mendoza una estrecha relación política, empresarial, turística y académica, en constante dinámica. Nuestra región organizó una fructífera misión a ciudades de China y Corea en noviembre de 2004. Fuimos 30 integrantes de los sectores empresariales, académicos y públicos de nuestra región. Invitamos al Gobernador de la Provincia de Mendoza, Ing. Julio César Cobos, hoy Vicepresidente de la Nación Argentina, y se sumaron 20

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integrantes mendocinos de los mismos sectores. Los asiáticos se admiraban de tener por primera vez la visita de una delegación binacional pero de regiones. Queríamos que el viaje produjera frutos. Y hoy se cuenta con numerosas operaciones en marcha, hijas de esa iniciativa. Sólo como ejemplo, anotemos que en San Antonio, el empresario en áridos, Miguel Angel Díaz, a quien visité una semana antes de afinar estas líneas, es hoy representante para Chile de empresas chinas de camiones, retro-excavadoras, bulldozers y toda clase de máquinas pesadas para movimientos de tierra y construcciones camineras, en excelentes condiciones de comercialización. Emocionaba ver una cincuentena de enormes máquinas en los terrenos de la empresa de Díaz en San Antonio y constatar los frutos de una iniciativa internacional bien planificada. Y lo cuento porque todavía quedan mentalidades menores que cuestionan los viajes de funcionarios públicos a otros países. Son voces de los túneles del pasado y no de los amaneceres del mañana. Y me detengo en esto porque no es asunto indiferente. Es criterio muy dañino para la internacionalización de las regiones y del país. Si el ex Presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle no hubiera viajado para colocar a Chile en el mundo como acción persistente de su gobierno, no se habría sembrado las semillas para que en el período siguiente el Presidente Ricardo Lagos cosechara y pudiera suscribir los valiosos Tratados de Libre Comercio, Tecnológicos y Culturales que han sido claves para la fecunda inserción que beneficia a Chile en la desplegada internacionalización que vive el mundo. Y no puedo silenciar que en materia de mentalidades atrasadas, también las hay entre funcionarios del oficialismo. Conozco a lo menos siete casos de Intendentes Regionales que han sido prohibidos desde el gobierno central para viajar encabezando delegaciones de sus territorios a abrirse paso en otros países. Y ello ha ocurrido como producto de burocracias, miopías, consideraciones menores de política interna o del “qué dirán”. ¿Y hablamos de descentralización y hacemos discursos con la “autonomía” regional? Hay que viajar sistemáticamente. Es de las cosas importantes que las regiones deben hacer hoy día. Lo será muchísimo más mañana. El tema es preparar y hacer bien los viajes. Volvamos. Con Mendoza operamos de conjunto en marzo de 2004 para transformar el Comité de Frontera, existente por años con ese nombre entre las dos regiones, en Comité de Integración, con otro carácter y sentido hacia el futuro. Dicha iniciativa fue adoptada luego por las otras seis regiones de Chile que tienen esos Comités y fue acogido también por las respectivas provincias argentinas. Hoy es semántica oficial de las dos naciones. Los Corredores y los Pasos Fronterizos son factores de Integración. Estas experiencias han ido promoviendo una superior concepción del trabajo interregional en ambos países, sobre la base de problemas comunes en territorios subnacionales contiguos, tanto dentro del país como binacionalmente. Es por ello que en junio de 2005 tuvo lugar en Valparaíso un encuentro de trabajo al que invitamos a los Intendentes chilenos de las regiones de Atacama, Coquimbo, Valparaíso y Libertador Bernardo O’ Higgins, junto a los Gobernadores argentinos de las Provincias de Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza. Las flexibilizaciones para el libre paso de un país a otro, como es la rica experiencia europea; la intensificación de intercambios y de inversiones pero, particularmente en el caso con Mendoza, la reposición del Tren Transandino, aun pendiente, y las obras viales y los cobertizos eso si en plena construcción para el Paso Libertadores; las facilitaciones recíprocas para la multiplicación del turismo, constituyeron grandes tareas y beneficios recíprocos para hoy y para los próximos años desde esta dimensión binacional de nuestra Política Internacional. LA DIMENSION LATINOAMERICANA

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En cuanto a la dimensión latinoamericana, tenemos dos principales frentes de trabajo. Por una parte, junto a Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, nuestra región conjuga su mejor capacidad para atender teórica y prácticamente las tareas que conduzcan al pleno ejercicio de un Corredor Bioceánico que una las comunicaciones viales desde el Océano Atlántico al Pacífico, en que las regiones físicamente involucradas de los cinco países obtengan el resuelto involucramiento de los respectivos gobiernos nacionales, cosa no plenamente lograda, para las infraestructuras mayores de conectividad necesarias. En Valparaíso ha tenido su sede la Secretaría Ejecutiva del Corredor, cuyo funcionamiento reclama pronta mejoría. Conviene relevar que este Corredor, significativo para todos los países latinoamericanos directamente concernidos, tiene sin embargo para Valparaíso una trascendencia mayúscula toda vez que será nuestro cada vez más moderno sistema portuario y marítimo el que cimentará la base de la plataforma de servicios que podremos ofrecer, tanto para que los países del Corredor salgan a los crecientemente gravitantes mercados asiáticos, por ejemplo, como para que reciban las cargas marítimas que les lleguen desde esos países. Y el segundo importantísimo frente de trabajo de la dimensión latinoamericana de nuestra Política Internacional ha sido la decisiva ejecutoria que desplegamos en la construcción y el desarrollo de la Organización Latinoamericana de Gobiernos Intermedios, OLAGI, creada por iniciativa de Valparaíso en la Primera Cumbre de Gobernadores, Prefectos e Intendentes de los Países Latinoamericanos, los días 6 y 7 de diciembre de 2004, en Guayaquil, Ecuador. La originaria reunión preparatoria la habíamos realizado los días 22 y 23 de abril de 2004 en Viña del Mar, a invitación nuestra, y asistieron representantes de once países. Allí constituimos el Foro de Gobiernos Regionales, FOGORE, como primera instancia de una estructura definitiva a cargo de cuyo diseño quedó una Comisión de Coordinación Ejecutiva compuesta por los Gobernadores de Mendoza, Córdoba y Misiones, por Argentina; los Intendentes de Coquimbo, Maule, Valparaíso y BioBio, por Chile, y el Gobernador de Santa Catarina do Sul, por Brasil. El Consorcio de Consejos Provinciales de Ecuador, CONCOPE, solicitó ser la sede de la primera Cumbre, que tuvo el gran éxito de contar con representantes de 15 países latinoamericanos y del Caribe; acordar sus Estatutos y Reglamentos, y establecer su Asamblea General, su Consejo Directivo y su Presidente. Por unanimidad, Chile fue elegido para la Presidencia de OLAGI para los tres primeros años. Hoy, el Presidente es el Gobernador ecuatoriano de la Provincia de Azuay, Ing. Paúl Carrasco. OLAGI es, pues, un gran logro que ha crecido consistentemente. No basta la relación entre los Estados; se precisa una red de las regiones de nuestros países. Europa construyó la Comunidad de los Estados Europeos, pero creó también la Asamblea de las Regiones de Europa. Todo es más provechoso así para el desarrollo de los territorios regionales. Es un paso grande de la descentralización de las naciones. OLAGI es un Foro Coordinador latinoamericanista para el tratamiento y conocimiento de nuestros problemas regionales comunes, para facilitar el intercambio comercial, cultural, tecnológico, académico, turístico y de todo tipo. Y todo ello, sin las tensiones que suelen instalarse en las relaciones entre los Estados. OLAGI concibe que la INTEGRACION de nuestros países y pueblos, es tema cardinal para América Latina y busca potenciar la comprensión del concepto y de la práctica de la INTEGRACION, lo que debemos intensificar en cada una de las regiones chilenas. Es valioso que la creación de OLAGI provenga de una región, y específicamente de una región chilena. Es el producto de pensar a Chile y al continente desde las regiones. AMÉRICA DEL NORTE, EUROPA Y EL MUNDO ÁRABE La tercera dimensión de la Política regional de Inserción Internacional de la Región de Valparaíso fue América del Norte. Pusimos el acento en Canadá, país con el que practicamos

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vivísimas relaciones de mutua satisfacción. Diversos proyecto de beneficioso interés para la región debe seguirse implementando en los próximos años con Canadá. De los que ya están en curso, destaca el Proyecto MARGAMAR, en perseverante dinámica gracias en parte contundente a la Empresa canadiense BAIRD, de la que hay tanto que aprender. Ese Proyecto consentirá un salto estratégico para el desarrollo de Viña, con fuerte impacto de beneficio regional. Nuestra Política eligió a Canadá como un valioso socio amigo estratégico del progreso regional. En la cuarta dimensión de la Política Internacional de la región se inscribe Europa con la que Chile tiene suscrito un Tratado de Libre Comercio. No hay que abundar demasiado. Con Europa tenemos grandes cercanías, particularmente con algunos países y, más en particular aun, con algunas regiones de países europeos. Hoy es notable el Programa Paradiplomático que impulsamos desde el área de Relaciones Internacionales de la Subsecretaría de Desarrollo Regional, SUBDERE, en orden a vincular en negociaciones de cooperación directa a regiones de Chile con regiones de otros países. Lo hacemos con España, Francia, Alemania y otras naciones europeas. Ha cobrado particular relieve el Programa Italia-Chile, a través del cual en los dos últimos años 10 regiones chilenas han establecido relaciones en terreno de ida y vuelta con 12 regiones italianas en proyectos, intercambios y negocios de recíproco interés. Una quinta dimensión de nuestra Política en Valparaíso fue la dirigida al mundo árabe. Ella brotó de la existencia histórica de una dinámica colectividad árabe en nuestra región, a la que esa colectividad ha enriquecido con todos sus valores. Y surgió la idea de la organización de una misión de personas e instituciones de toda la región, comerciantes, industriales, académicos, dirigentes de los sectores públicos y privados que viajó a diversos países árabes, a partir de la famosa Feria de Damasco. Un enorme mérito de esta notable y peculiar iniciativa estuvo en que la propia colectividad árabe residente se organizó ejemplarmente para dar vida a esta acción. Es por eso que la autoridad regional resolvió dictar una Resolución constituyendo una Comisión Especial de su Gobierno para trabajar en este objetivo, invitando a destacados personeros e instituciones de la colectividad árabe a integrarse directamente a ella. EL GRAN DESAFÍO ASIÁTICO Y la sexta dimensión de nuestra Política internacional, aunque no la última en interés, es la que se encaminó a la inserción de Valparaíso en Asia, con preferente focalización en China, aunque no sólo en ella. Y en noviembre de 2005 se inició la gran marcha con el viaje de la delegación binacional Valparaíso-Mendoza a la que ya nos referimos. Hablamos de China, pero focalizamos todos los empeños regionales preferentemente hacia dos de sus provincias: Guandog, con 93 millones de habitantes, y Liaoning, con 36 millones de habitantes. Con ellas se crearon importantes lazos, que continúan en desarrollo. Valparaíso puede conquistar la condición de plataforma estable de servicios para las negociaciones chinas en un amplio arco de países latinoamericanos, como ya comentamos. Se firmó un TLC entre China y Chile. Y China nos mira con interés y quiere adiestrase en nuestra experiencia de país negociador de Tratados. Por su parte, los chinos son hábiles negociadores y nosotros tenemos que aprender de ellos. La educación en China busca dotar también con una gran capacitación emprendedora a sus estudiantes. Todo indica que en China hoy se hace futuro, y aliarse con el futuro es decisión clarividente. China pugna por dominar más y más tecnologías. La exportación de alimentos a China está abierta. Ambas áreas son aprovechables por nuestras regiones.

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El 80% de las exportaciones chilenas a China son mineras, apenas el 1, 3% son agrícolas. Es un mercado escrutable y posible para nosotros. El 75% de los juguetes y relojes; el 55 % de los zapatos; el 50% de las cámaras digitales, y el 35% de los teléfonos celulares que ya en 2006 se usaban en el mundo se producían en China. Y la Organización Mundial del Comercio agrega que hace 15 años no había supermercados en China. Hoy hay 60.000. Parece que efectivamente estuviéramos viviendo el “Siglo Chino”. Nuestra Política Regional acertó al poner atención y acción en este coloso asiático que gravita hacia todas las áreas de las sociedades del mundo EL TIPO DE REGIÓN QUE NECESITAMOS Para explotar debidamente las ofertas que representa la mundialización, Chile necesita regiones capacitadas, cultas, productoras, productivas, auto-sostenidas. Regiones que sepan qué son, qué quieren ser, qué pueden ser, cuándo lo serán. Se trata de propulsar el desarrollo estratégico de las regiones del país para que comprendan y emprendan el camino de la internacionalización junto a otras definiciones a que obliga el desarrollo. Concebimos a su vez ese desarrollo, el crecimiento y la modernidad con un definido sentido valórico, con conciencia y sin elusión de los temas que causan el desamparo de gruesos segmentos humanos de la sociedad, de la injusticia social, de la extrema miseria, de la brecha irritante entre la opulencia y la indigencia, del imperio insano del mercado salvaje, del individualismo enfermizo, de las necesidades de redistribución de los ingresos, de las desigualdades y las competitividades perniciosas, de la existencia y poder de los intereses creados, de las distorsiones y el centralismo en la vida de las propias regiones. En fin, se trata de una voluntad de desarrollo y de una internacionalización regional que enfrenten la realidad de los problemas y obstáculos para no dibujar panaceas sino diseñar caminos ciertos. La regionalización y el exitoso usufructo de la nueva realidad internacional sólo serán plenamente culminados si logramos construir lo que insisto en llamar una Cultura de la Estrategia de la que el país –tantas veces preñado de coyunturalismo y cotidianeidad- aún carece, aunque son ostensibles los esfuerzos que se emprenden y los avances que se registran. Necesitamos regiones con visión de futuro, de perspectivas, de definición de horizontes. La simple coyuntura es peligrosamente asfixiante y obnubilante para el desarrollo. Es preciso identificar las necesidades y las potencialidades regionales. Definir las identificaciones estratégicas, las reconversiones necesarias, la descentralización exigible también del sector privado, el autoabastecimiento intelectual de la región. Un Gobierno Regional para ser tal hoy día y lanzarse a la conquista de su inserción en el escenario internacional, debe estar en condiciones de contribuir a que la región se descubra a sí misma, a que conozca y explote sus ventajas comparativas, a que crezca mejor, a que sortee sus dificultades para enfrentar los cambios, a incorporar con sabiduría y eficiencia al empresariado productivo, a formar sus especialistas, a encontrar caminos para atraer y aprovechar a profesionales jóvenes en sus regiones, a saber buscar la colaboración con la interesante intelectualidad que desarrollan las Fuerzas Armadas, a diseñar atractivos para la inversión privada nacional e internacional en la región. Tenemos que saber concretar los frutos del pensamiento y del conocimiento para virtualizar desarrollos. Mundialización y regionalización son realidades sincrónicas hoy complementarias, dos caras de una misma moneda. LAS UNIVERSIDADES QUE REQUIEREN NUESTROS DESAFÍOS REGIONALES.

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Pensar en el ideal de Universidad en una Región requiere imaginarla con un sello o impronta que le dé un carácter o naturaleza esenciales, que la haga y proyecte desde un cimiento inconfundible y sólido. La internacionalización del mundo de hoy, los desafíos que comporta para las regiones y las necesidades de tensar las capacidades de pensamiento y de análisis sobre los nuevos fenómenos que emergen ante la sociedad, nos proponen reconfirmar la razón de ser misma de nuestras Casas de Estudios Superiores. Hemos anotado ya algunos contornos y perfiles constituyentes de una Universidad para el Desarrollo. Queremos distinguir ahora un sello que debe caracterizarla, al que otorgamos una ciudadanía que es propia de esta época mundial y con sentido de siglo XXI. Se trata de la innovación. Una Universidad de y para la Innovación, como sinónimo de invención, descubrimiento, novedad; como antónimo de rutina, esquematismo, languidez. Una Universidad para aceptar, analizar y comprender las nuevas realidades nacionales e internacionales; predispuestas a que esas nuevas realidades reciban la bienvenida de sus claustros; para aprehender los cambios inexorables; para aprender a “ser” en los nuevos contextos; para disponerse a la introspección del quiebre interior de los seres y de los fenómenos; para acoger los quiebres y la ruptura como normales ejercicios de la inteligencia. Una Universidad, entonces, para aprender realmente a aprender, única fórmula para poder enseñar. Una Universidad que sepa unir prudencia y audacia para querer ser innovada, para formar juventud innovadora, para desear una ciudadanía innovadora, para llegar a tener un país innovador. Un modelo de Universidad con ese componente – entre otros- no se decreta; se siente como un desafío; se intelectualiza cabalmente; se vive como un proceso, pero también con la emoción de estar adentro de una utopía. El sigo XXI, que hace ya casi dos décadas venía dando pasos de ingreso a la escena entre nosotros, convoca a profundas reflexiones, que no son antojadizas y nos insertan en las grandes interrogantes sempiternas de la humanidad. Vivimos un tiempo de quiebre colosal. Un cuestionamiento vital toma posición alterante en medio de lo que considerábamos inamovibles ordenamientos fundamentales, los latidos de la época, el tipo de civilización en que veníamos desplazándonos. El fenómeno de la internacionalización nutre vivamente estos punzantes cuestionamientos y alentadoras auto-interrogaciones. ¿Qué está pasando? ¿Qué sentido tiene lo que está pasando? ¿Qué somos en medio de lo que está pasando? En fin, ¿hacia dónde vamos? El cuestionamiento tiene plena justificación. Una suerte de extrañeza o admiración nos aguijonea día a día ante cosas y fenómenos antes no imaginados, ni vistos, ni oídos. El panorama mundial agudiza esos estremecimientos. Inveteradas categorías, antes de presencia y apariencia consustancial e inconmovible en nuestras rutinas, hoy ceden el paso y casi desaparecen. Nada menos que las nociones del tiempo y del espacio, por ejemplo. La ciencia, la tecnología y sus ávidas aplicaciones demuelen y construyen cotidianamente en el mundo más o menos consciente de las percepciones humanas. Imperan las telecomunicaciones casi alucinantes. La internacionalización irrumpe desbordante de nuevas visiones para todo y en todo, descomponiendo los conceptos mismos de las cosas, componiendo ópticas del todo novedosas. El mundo es cada día más grande e inasible y cada día más pequeño y al alcance de la mano. Dimensiones y medidas por siglos establecidas son ahora licenciadas. La computación obsoletiza sin pausa métodos y costumbres apenas hace poco inaugurados. Nada pareciera permanecer. El globo entero, instalado ayer en una suerte de navegación aérea sin grandes movimientos o con movimientos previsibles, parece estremecido hoy por el ingreso a zonas de movedizas e inciertas turbulencias que auto-interrogan y sobresaltan, que no pueden dejar indiferentes a los ocupantes de la nave terráquea.

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Hace tan sólo 10 ó 20 años el mundo era otro, en todo. Y derramaba universalmente concepciones, imágenes y percepciones que componían una sólida “idea de las cosas”. Se hablaba de una “conciencia de la época”. ¿Cuál es hoy la “idea” que tenemos de las cosas?, ¿cuál es la “conciencia” de la época, si hasta ella parece reemplazada, si todo, hasta la geografía universal resulta trastocada, si al respecto hasta Chile cambió su ubicación geográfica en el mundo, como lo decíamos al comienzo? El cuestionamiento es vital y ese quiebre colosal entorna, casi en primer lugar, a las Universidades, y cruza sus portales y campus al modo de un allanamiento. Tan fuerte como eso es el impacto. Ante el fenómeno, la Universidad en general, pero la Universidad Regional, en particular, no tienen sino el camino de la investigación de las cosas, del querer saber, del tratar de comprender y del aprender a prepararse para cumplir a su vez su responsabilidad de preparar y orientar al entorno en medio del cual se desenvuelven. Quizás para todo ello su deber sea pensar en re-nacer. Mi apuesta es que una eficaz tentativa de respuesta viene dada desde la innovación, que postulo como naturaleza necesaria de la Universidad que el país requiere. Creo que su sello es la impronta que de natura reclaman la problemática, los diagnósticos y las aspiraciones que vengo subrayando. Es la realidad total del mundo que antes desconocíamos y que ahora comenzó a llegar y seguirá llegando aun más potentemente hasta nosotros, dando vida a una nueva realidad nacional, lo que está tomando examen a la tradicional batería de nociones y conceptos nuestros, que hoy reclaman reemplazos, profundas adecuaciones, casi quirúrgicas mutaciones. Innovar es comprender las transformaciones que advienen sobre las cosas, que normalmente tenían o se creía que tenían un estado consolidado de existencia o funcionamiento; sobre las cosas que, a su turno, ya habían hecho su rodaje y tenían una práctica estable. Innovar es comprender que las cosas entraron en crisis, pero buscar superarla, alterando el estado en que se desenvolvían esas cosas a través de la introducción de factores novedosos, comprendiendo que las crisis no son estados nocivos, no tienen que serlo, sino movedizos terraplenes para el despliegue. La innovación es una suerte de rebelión, desde luego contra lo aparentemente petrificado, contra la resistencia al cambio, contra la inanición espiritual, contra las dicotomías intelectuales, contra los dogmas que ciegan las interpretaciones díscolas, contra la ortodoxia uniformante, contra la mirada sólo lineal del mundo y sus cosas.Un espíritu innovador está mejor predispuesto a construir lo nuevo, al descubrimiento de la alternativa ante las crisis, a alargar la vista para abarcar las perspectivas que la internacionalización pone a disposición de las regiones del país. Se aprende a innovar. No se nace innovador. Ni las personas, ni los gobernantes, ni los seres públicos, ni los dirigentes, ni los empresarios, ni los académicos, ni los educadores, ni los rectores, ni las Universidades. Se llega a serlo. Creo que nunca como ahora eso resulta una exigencia, una especie de deber de la inteligencia. Innovación y valores debieran ser los cimientos con los cuales levantar el modelo de Universidad y de Universidad Regional a que nos estamos refiriendo. EL FUTURO SE LLAMA HOY Creo que se va comprobando que este tema está encarnado en variados y crecientes sectores de las regiones. Lo que nos falta, no puede oscurecer lo que estamos avanzando. Instalar los dispositivos intelectuales, culturales y orgánicos a que convocan el diseño y la funcionalidad práctica de toda una política internacional en una región, no es asunto de 24 horas.

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Más y más gente va escuchando y reflexionando sobre el discurso internacionalista. Más y más instituciones van incorporándolo a sus agendas, van elevando la vista más allá de las fronteras nacionales, van acometiendo medidas para destinar personeros y organismos suyos que se dediquen a este tema. Surgen seminarios y jornadas de estudios al respecto. Vamos conociendo de Universidades que resuelven dar vida a su interior a Institutos de Estudios Internacionales. Aparecen más publicaciones sobre estas materias. Sabemos de inquietudes curriculares y de iniciativas universitarias de formación profesional dirigidas a las exigencias que va imponiendo la mundialización. Más y más representantes de todos los estamentos de la vida regional-municipal, universitario, marítimo y portuario, empresarial en sus diversas expresiones, gremial, cultural, deportivo, asociativo- van escudriñado las posibilidades de multiplicar sus vínculos internacionales y de establecer relaciones novedosas y fructíferas con sus homólogos o socios posibles que hasta hace poco tiempo no estaban en sus cálculos.Y no como sería necesario, pero la preocupación por el dominio de otros idiomas va indicando también que el tema internacional gana espacios en más amplios sectores de la vida regional. Es que el tema internacional hoy ya no es tema del futuro. Hoy, y geométricamente, generando múltiples otros temas colaterales, lo internacional invade ahora todos los cajones del escritorio regional. Nada queda exento de su influencia, y ello va a ser más potente con el tiempo. Creo que una suerte de atenta intuición generalizada impulsa a querer prepararse para no quedar al margen de este proceso planetario. Se sabe que el vértigo de los cambios actúa o aguarda inexorablemente a todos, instituciones y personas. Se sabe que los cambios instalan realidades nuevas inevitablemente procreadoras de márgenes significativos de incertidumbres. Y esa suerte de intuición a que aludí, busca y quiere reducir las incertidumbres de mañana. Ello lleva, más o menos conscientemente, a prepararse para lo que está viniendo desde el mundo y –sobre todopara lo que viene o se puede ver que viene. Se precisa que la región camine por pavimentos seguros, que no busque avanzar a ciegas, que no tenga que desandar más tarde lo que no supo prever, planificar y direccionar oportunamente.Todo eso facilita los rumbos a que me refiero. Y todo ello también cimenta la decisión con que al mismo tiempo que abogamos por una clara política internacional para nuestra región, aboguemos por singularizar y custodiar nuestras propias identidades, las que nos hacen ser nosotros mismos como país, como región, como provincia, como comuna, como lugareños. En alguna otra ocasión postulé: llegar al mundo, pero desde nuestra cabaña; conocer al mundo, pero conociendo cada día mejor nuestra cabaña; intercambiar con todo el mundo, pero sin que se desdibuje la huella digital que nos identifica como habitantes inconfundibles de nuestra peculiar cabaña. Una sana política de internacionalización es la que preserve esos valores. Por eso es que hoy más que nunca cobra urgencia inteligente que temas como éste se basamenten en una integral política educacional, que garantice la formación de niños y jóvenes que muy pronto se verán encarados a una dinámica universal para la que debieran estar mucho mejor preparados que nuestra actuales generaciones. Leía hace poco el Informe de Naciones Unidas “Estado de la Población Mundial”. En él se proporciona la relevante información de que cada año se suman 76 millones de personas al mundo, el que para el año 2050 contendrá 8.900 millones de habitantes. Serán 2500 millones más de terrícolas que sustentar, que era el total de la población mundial en 1950, hace apenas 60 años atrás. Esas son algunas de las dinámicas del mundo que está ad portas, del mundo que en estos tópicos y en otros también de similar entidad, se está desplegando ya ahora ante nosotros. Es por eso que todo aconseja trabajar con políticas estudiadas, analizadas, consensuadas lo más amplia y conducentemente posibles. Estamos en el tiempo afortunado de que nuestras regiones lo hagan no sólo en el potente tema de la internacionalización y sus perspectivas, sino en el conjunto de sus Estrategias de Desarrollo hacia el Bicentenario que, en cualquier sentido que se orienten siempre deben poner al Ser Humano en el centro de sus preocupaciones.

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