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JUAN JOSE OPPIZZI

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© ART+DG By Andrés Gustavo Fernández 2009 / adncreadores@gmail.com

HERIDA ABSURDA
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ENSAYO

HERIDA ABSURDA
© POR JUAN JOSE OPPIZZI 2

E-Mail: luceroppizzi@yahoo.com.ar

El 27 de Abril de 2009, los presidentes de Bolivia, Evo Morales, y de


Paraguay, Fernando Lugo, rubricaron un solemne protocolo que fija
de manera permanente el trazado fronterizo de ambas naciones en
el Chaco boreal. Para la mayoría de los que pudieron recibir el
brevísimo pantallazo periodístico (tal vez no más de diez palabras y
diez segundos de imagen), esa ceremonia fue un trámite
burocrático, una de las tantas formalidades que aburren a
espectadores y protagonistas. Sin embargo, lejos de las elegancias
diplomáticas, ese acto fue el cierre de una tragedia que la Gran
Historia difundió con una indebida parquedad.

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HERIDA ABSURDA

Hasta los años de 1920, la región del Chaco (que,


como los lectores recordarán o ignorarán, abarca un
área inmensa, desde los bordes del Matto Grosso
hasta el norte de la provincia argentina de Santa Fe, y Ambas naciones
desde el río Paraguay hasta las serranías bolivianas)
no tenía un límite incuestionable en la zona de
imaginaron que la
contacto entre Bolivia y Paraguay. La formación de solución de sus
los países originó muchísimas disputas
jurisdiccionales en diversas regiones de América. La problemas vendría de
intensidad de ellas siempre estuvo relacionada con explotar la riqueza
las riquezas habidas en esos territorios y con el 3
grado en que despertaron las ambiciones almacenada en las
correspondientes. El contexto general de América
Latina en esos años, estaba signado por la
profundidades de ese
decadencia del imperio inglés y el aumento de la páramo. Entre
influencia de Estados Unidos. A fines de la década de
1920, empezó a hablarse de que el Chaco poseía bambalinas, la guerra
inmensos yacimientos de petróleo. La inestabilidad ya se había desatado, y
política y la crisis económica eran dos factores que
postraban tanto a Bolivia como a Paraguay. enfrentaba a la
Ambas naciones imaginaron que la solución de sus
Standard Oil yanqui, de
problemas vendría de explotar la riqueza peso en Bolivia, y la
almacenada en las profundidades de ese páramo.
Entre bambalinas, la guerra ya se había desatado, y británica Royal Dutch
enfrentaba a la Standard Oil yanqui, de peso en Shell, con base en
Bolivia, y la británica Royal Dutch Shell, con base en
Paraguay. Según se supo luego de la matanza, la Paraguay.
Standard Oil envalentonaba al gobierno de Bolivia
con el propósito de obtener un espacio territorial que
le permitiera hacer un oleoducto hasta el Río
Paraguay. La Royal Dutch Shell, por su parte,
azuzaba al gobierno paraguayo en sentido contrario,
a fin de poner coto a la expansión de su rival.
Entonces las teorías y los mapeos abúlicos dieron
paso a frenéticos reclamos territoriales, y las líneas
fronterizas se volvieron puntos calientes de choque.
En 1928 comenzaron los primeros roces y en 1931 se
rompieron las relaciones diplomáticas.

A mediados de 1932, dos ejércitos maltrechos se


trabaron en guerra. Al horror del conflicto en sí
mismo, se le agregó el de la geografía (el Chaco es
una región seca) y el de la miseria. Los soldados
morían menos por las batallas que por la sed. El agua
para el frente viajaba en camiones que se rompían en
el trayecto. Miles de personas hallaron la muerte sin
haber recibido ni disparado una sola bala. Las armas
para el combate en su mayoría eran machetes o
fusiles viejísimos. Esa tragedia se relata en una parte
de la novela Hijo de hombre, del escritor paraguayo
Augusto Roa Bastos, que, aún niño, aprovisionó de
agua a las tropas de su país. El escritor boliviano
René Zavaleta Mercado la llamó La guerra de los
soldados desnudos. Doscientos cincuenta mil
hombres de Bolivia y ciento cincuenta mil de
Paraguay ensangrentaron el desierto chaqueño

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hasta junio de 1935, en que se acordó un alto el fuego


y la iniciación de tratativas.

Las negociaciones fueron, en rigor, un tira y afloje Las reuniones se


entre las dos compañías petrolíferas. Las transformaron en un
extraordinarias reservas, antes supuestas, nunca se
evidenciaron. Debido a la proximidad estratégica, duelo entre estos dos
Chile, Argentina y Brasil participaron muy
activamente en los cabildeos. Estados Unidos
ejemplares de
–¡cuándo no!– también lo hizo, a través de un burócratas. Braden y
diplomático que años más tarde se volvería muy 4
famoso en nuestro país por su encontronazo con Saavedra Lamas
Juan Perón: Spruille Braden. Este personaje se llegaron a odiarse
sentaba en la mesa de debate por su condición oficial
y por un motivo particular: su padre, William Braden, abiertamente, y no
era propietario de las tierras en donde se había
instalado la Standard Oil en Bolivia. De parte de la
escatimaron esfuerzos
Argentina intervenía Carlos Saavedra Lamas (con y tretas para sacarse
los robustos títulos de Bisnieto de Cornelio Saavedra
y Yerno de Roque Sáenz Peña), canciller del del medio. Pero Braden
presidente Agustín P. Justo y notorio simpatizante de ya pisaba fuerte y se
los intereses británicos.
dio el lujo de imponer
Las reuniones se transformaron en un duelo entre
estos dos ejemplares de burócratas. Braden y
sus criterios, mediante
Saavedra Lamas llegaron a odiarse abiertamente, y presiones directas.
no escatimaron esfuerzos y tretas para sacarse del
medio. Pero Braden ya pisaba fuerte y se dio el lujo de
imponer sus criterios, mediante presiones directas:
hizo despedir al enviado paraguayo, cuando éste
protestó porque las condiciones del tratado final eran
lesivas para su país, y exigió a Justo que quitara del
medio a Saavedra Lamas, en su presencia.

Paraguay se quedó con gran parte del área en disputa


(aunque, para su opinión pública interna, en la mesa
perdía lo que había ganado en el campo de batalla) y
Bolivia obtuvo una salida al Río Paraguay. La firma
del tratado no se produjo inmediatamente;
larguísimas rondas mantuvieron ocupados a los
cuerpos diplomáticos. La gananciosa de la guerra fue
la Standard Oil, y Braden camufló la victoria,
apoyando el otorgamiento del Premio Nóbel de la
Paz a Carlos Saavedra Lamas. Ambos quedaron
contentos. Entretanto, Bolivia y Paraguay, dos
ruinas, procuraron mantener una apariencia de
estados soberanos. Uno y otro país se hundieron en el
desastre de las deudas y de las miles de pérdidas
humanas. Setenta y cuatro años después, los
gobernantes de las naciones que en realidad nunca
fueron enemigas, hicieron lo que debían haber hecho
los de aquel entonces: privilegiar su hermandad por
sobre la mentira, la ambición y la calumnia de sus
verdaderos enemigos.

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