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gt Sami-Ali PENSAR LO SOMATICO Imaginario y patologia PAIDOS Buenes Aires Barcelona México ‘Nhulo original: Behser le somatiqué. Intoginaire et patholagta Dunod, Paris. © Copynght Bordas, Paris, 1987 k ISBN 2-04-016985-7 Traduccién de Viviana Ackerman Culnerta de Gustavo Matri Ia. edictén 1991 Impreso en Argentina - Printed in Argentina Queda hecho el depésito que previene la ley 11.723 © Copyright de todas las ediciones en castellano Editoria Paidés SAICF Defensa 599, Buenos Aires Ediciones Paidés Ibérica SA Manano Cubi 92, Barcelona Editorial Paidés Mexicana SA Gusnhajuato 202, México Lareproducaién total o paraal de este libro, en cualquier forma que sea, identica o modificada, escrita a mAquina, por el sistema “multigraph”, mimedégrafo, imprese, por fotocopia, fotoduplicaaén, etc., no autorizada por los editores, viola derechos reservados. Cualquier utilizacién debe ser previamente solicitada. ISBN 950 - 12 - 4143-2 inpldg Introducci6n ........seeee 1 Dela somatizacién. Un modelo mu mensiona 2. De la histeria. Una teona psicosomataca .. . .... Pramera parte .......-...:cccsccsese cee ceseeeeeetssenae soeeenees Segunda parte 0.0.0. eeeccseeecsseeceeesense ceeeenee eateee 1 AnnaO 76 2. Miss Lucy R. 84. 3 De la psicosts. Una teora psicosomatica .. . 1, Hipocondria-paranoia ...........cccscccsereseeneteteeerenees 2. Alergia-psicosis 3. Hospitalismo-autismo 4, Patologia de la adaptacién-enfermedad organ ca 4. Delimpase. Otros datos 0.0... cee Conclusion .00........-ceseeeeesceecseasseessecenen en cocessecoeavensen ee mneeee "Bibliografia -..............0cesesesentesescecensenen cenne cee ceerereeee IL 15 50 50 15 183 192 “No seriamos nada, si no fuera por Ja imaginacion” Ibn Arabi (1164-1240) INTRODUCCION Fuera del campo del psicoandlisis, pensar lo somatico en relacién con lo psiquico exige de entrada una meto- dologia objetiva que se aplique a datos clinicos suficien- temente circunscriptos, para poder elaborar la novién de “enfermedad psicosomatica”. Esta metodologia consiste en correlacionar, tan rigurosamente como sea posible, dos érdenes de parametros, psiquicos y somaticos, a fin de definir en términos alternativamente descriptivos, apelando a la caracterologia, o deliberadamente dinami- cos, poniendo el acento en los factores inconscientes del conflicto, un perfil psicolégico particular. Cada discipli- na médica se ocupa entonces de agrupar sindromes especificos en torno de un cuadro que, a su vez, se pretende especifico.’ Histéricamente, tal ha sido el pm- mer paso que, por otro lado, sigue orientando la inves- tigacién clinica y experimental en el dominio de la medicina psicosomatica.? Su valor heurfstico esta fuera de discusién, como asimismo la posibilidad que ofrece de verificar ciertas hipétesis, sobre todo cuando las varia- bles puestas en relacién pertenecen a] mismo tiempo a la patologia humana y animal? 1. Véase especialmente F. Alexander, T. French, G. Pollock, Psycho- somatic Specificity, University of Chicago Press, Chicago, 1968. 2. Véase especialmente F. Dunbar, Emotions and Bodily Changes, Columbia University Press, Nueva York, 1954; R. Kaufman (comp.), Evolution of Psychosomatic Concepts: Anorexia Nervosa: A Paradigm, International University Press, Nueva York, 1970; 0. Hill (comp.), Mo- dern Trends in Psychosomatic Medicine, 2, Butterworths, Londres, 1970. 3. Véase porejemplo, R. Ader yS. Friedman, “Social factors affecting emotionality and resistance to disease in animals. V. Early separation from the mother and response to a transplanted tumor in the rat”, Psychasomatic Medicine, 27, n° 2, 1965. iL Pero la dificultad esta en otra parte: en primer lugar. en la CAPORPeraeionararosxuden!ooupePHiGstBeIeRTOE TED que, sin contradecirse verdaderamente, no muestran nin- guna coberencia, ningiin isomorfismo ademas de lo psi- quico y lo somatico. Reside Se as | como tampoco frente a lawaria> ‘pilidad'sintematica, razon por la. cual vienen a alternar en el mismo individuo las mas diversas y menos espe- radas somatizaciones.’ Reside por Ultimo en la“impési+ a través de Ja multiplicacién del mismo recorrido empirico, me “selaproxime, aunque mas no sea, ajunaltéeria compren- Si bien, hasta que se demuestre le contrario, el psico- an4lisis parece ser el unico marco de referencia capaz de proporcionar una teoria de la psicosomAatica, ello, en lo que nos concierne, no puede efectuarse sin una reflexién radical sobre el modelo freudiano de somatizacién, con miras a determinar los postulados que lo orientan, aquello que objetiva y las condiciones en que lo objetiva. Solo procediendo de esta manera, sin encerrarse en un sistema previo, es como resulta posible acceder a una nueva problematica que se abra, antes de toda dicotomia, simultaneamente a lo psiquice y a lo somatico. Queda cuestionada aqui la definicién misma de lo psiquico y lo somatico, asi como las multiples relaciones que los vinculan. Dichas relaciones revelan tener una compleji- dad insospechada que requiere ser pensada de otro modo y que, en todo caso, no se reduce a las cldsicas nociones de apoyo, de complacencia somAtica y de lo actual como nucleo de Jo neurético. Si hay una laguna en el modelo freudiano de somatizacién, por lo demas no ajena a 4, Véase M. Sami-Ali, Corps réel, corps tmaginarre, Dunod, Paris, 1984, pdg. 96. |Trad. cast.: Cuerpo real, cuerpo imaginario, Buenos Aires, Paidés, 1979] 12 ciertos estallidos del movimiento psicoanalitico, tiene que ver —-en tanto todo esta concebido en términos de aparato psiquico— por un lado con el estatuto teérico del cuerpo, y por el otro con la cuestién fundamental de la proyeccion, dejada en suspenso, tanto en el dominio de la psicosis paranoica en su relacién con la hipocondria como en el campo mas general del proceso de elaboracién onirica. Dos aspectos inseparables de la misma aporia que envian uno y otro a una sola y unica interrogacion que, para nosotros, se refiere a lo imaginario y al cuerpo en su doble pertenencia a lo imaginario y a lo real. Lo que queda demostrado en el curso de las investi- Anore bien, lejos de ser imagenes cuya pentidad es au me reflejar la realidad, resultan ser otras tantas variantes de la actividad primordial del suefio sobrevenida Suara | to. En la encrucijada de lo aubyettvo ylo objetivo, del suetio y la percepcién, del afecto y el pensamiento, el cuerpo propio, tomado de entrada en una relacién con el otro cuya singularidad radica en que precede a los tér- minos que enlaza, subyace a toda representacién. Lo cual, por otra parte, no impide de ningtin modo que la representacién, banalizdndose en un lenguaje verbal o Pictérico institucionalizado, pueda desgajarse de la subjetividad y perder toda carga subjetiva. La continui- dad de un funcionamiento, por lo tanto, sélo puede ser pensada mediante un movimiento que sin cesar vaya de un extremo al otro, en el curso del cual los términos opuestos se determinen reciprocamente. Tal es el prin- 13 cipio que preside la elaboracién del modelo multidimen- sional de somatizacién, implicito en todas nuestras investigaciones anteriores y que esbozamos aquf por primera vez, con el cuidado de definir las doce dimensio- nes que lo caracterizan por medio de pares de conceptos antitéticos. Concebidas como categorias para pensar lo somAtico, permiten captarlo al término de un an4lisis que no apunta a una totalidad dialéetica sino a la unidad intuitiva de un funcionamiento. Aunque una teoria de la psicosomdtica se concibe a partir de lo imaginario, esté obligada a evitar la simpli- ficacién y a dar cuenta de los fenémenos de somatizacién en toda su extensi6n. Por consiguiente di i : tre as cual 1uda cada vez de un modo diferente, de manera positiva o negativa,‘la relaciénicon, i i . Lo que resulta asi modificado es nada “menos que la concepcién de la patologia que, para nosotros, se define en relacién con lo imaginario como funcién. i i Por ende la teoria se encarga de analizar su estructura légica fundamental, articulada con lo impen- sable de la contradiccién. s las 14 1. DE LA SOMATIZACION UN MODELO MULTIDIMENSIONAL’ 1. Pensar lo somatico en psicoandlisis es, al mismo tiempo, pensar los limites del psicoanalisis. Doble movimiento a través del cual se elabora un pensamiento que se afirma por lo que lo niega, se determina por lo que lo supera y que, desde el origen, se abre a una problemAtica fundamental. Esta se halla relacionada con el estatuto de lo psiquico en psicoandlisis y con la posi- bilidad de representarse lo psiquico dandole la forma de un “aparato” donde se condensan 10 cualitativo y lo cuantitativo, lo espacial y lo temporal, lo maginario y lo real. La problemdtica que de este modo queda esbozada y que corresponde al cuestionamiento mds profundo de la psicosomatica, se plantea en el momento en que lo psiquico es a la vez aislado y puesto en relacién con lo psicosomatico, y el objeto del psicoandlisis se halla en vias de constitucién. Constitucién que hace depender la existencia del objeto de un esquema teorico preexistente, cuya validez depende, a su vez, de la existencia del objeto. Por lo tanto se trata de remontarse, no hasta el objeto como tal, sino hasta el proceso de objetivacién, muy préximo atin de las certezas e incertidumbres iniciales, y que hace aparecer al objeto como el limite hacia el cual este proceso tiende indefinidamente. 1. Este capitulo desarrolla y profundiza una primera versién publicada bajo el titulo “Penser le somatique’, en ia Nouvelle revue de psychanalyse, 25, 1982 Artfculo que prefigura el argumento principal de la presente obra. 15 El pensamiente de lo somadtico en Freud se halla encuadrado en una elaboraciéu sistematica que, simultd- neamente, lo integra como aquello sobre lo cual lo psi- quico se apoya y lo reconoce como lo que no puede integrarse en ella. Centro y periferia de un recorrido coinciden con un campo donde lo somatico se define positiva y negativamente. Esta definicién forma parte de un modelo teérico cuya finalidad en Freud es articular lo somatico y le psfquico en torno de la oposicié6n de lo actual y lo neurético. Modelo bidimensional, por consi- guiente, que se afana por reunir, en la misma compren- sién sistematica, dos formas extremas de somatizacién. Interrogar a este modelo acerca de su pertinencia, su coherencia interna, sus vicisitudes histéricas, permitird trazar sus limites tanto internos como externos. Se nos impone enfocar tres niveles de articulaci6n. El primer nivel, nosogrdafico, consiste en admitir que, invariablemente, los sintomas de las psiconeurosis son lo que resulta de lo reprimido en un proceso de represién, del fracaso de la represién y del retorno de lo reprimido. Estos sintomas, donde se unen lo reprimido y lo que reprime, estAn provistos de un sentido que determina su ser, sentido primario por excelencia. En esto se distin- guen radicalmente de las neurosis actuales (neurastenia, neurosis de angustia e hipocondria), cuya patologia refleja directamente, sin mediacién psiquica, una econo- mia sexual perturbada. Economia que Freud concibe analégicamente como un proceso metabélico en el curso del cual la “toxina sexual”, sometida a demasiada o a demasiado poca descarga, perturba tanto el equilibrio psiquico como el somatico. Por lo tanto se crean, en la confluencia de lo psiquico y lo somatico, estados de equilibrio ultimo donde el funcionamiento se estabiliza en torno de algunas formas privilegiadas. Dichas formas son formaciones sintomaticas, provenientes de la trans- formacién de lo cuantitativo en cualitativo. La embria- guez nes proporciona un buen ejemplo de ello, tanto en sentido propio como figurado. Es por ello que los sintomas 16 que surgen de esta transformacién son, como en la histeria, corporales, pero corporales difusos, ldbiles, sin lugar de fijacién preciso. Mas bien nerviosidad y no neu- rosis, capaz de particularizarse bajo los rasgos de sinto- mas que, en si, “no tienen ninguna significacién psiqui- ca”,? pero que pueden adquirir alguna retrospectivamen- te, tomando un sentido secundario que se agregue a su existencia sin crearla. Demasiada 0 demasiado poca descarga, esto es lo que caracteriza la patologia de lo actual. Regulada por una alquimia cuantificable donde el mds y el menos son “sumas de excitacién” que se suman o se anulan, esta patologia coordina en cada nivel alcanzado por la exci- tacién sexual una sintomatologia especifica. Asi, mas alla de la diversidad de los factores etiol6gicos, al exceso de descarga inadecuada (masturbacién) corresponde la neurastenia, y a la ausencia de descarga (abstinencia), la neurosis de angustia y la hipocondria, siendo aqui la angustia el equivalente de la depresién en la neuraste- nia. Unicamente la direccién que toma, segin se desplace hacia el mundo exterior (neurosis de angustia) o se vuelva sobre el propio cuerpo (hipocondria), hace de ella un sindrome neurético 0 psicético. Neurosis actuales y psiconeurosis: manifestaciones multiples de la tnica energia sexual. Entre unas y otras hay una relacién constante que autoriza a definir el segundo nivel de articulacién. Nivel genético, en efecto, ya que Freud ve en las neurosis actuales “la fase preliminar” de las psiconeuro- sis y, en la transicién de unas a otras, tal como lo exige el evolucionismo, el pasaje de lo simple a lo complejo. De donde surge una genealogia que va de lo somAtico a lo psiquico y que hace que la histeria de conversién esté precedida por la neurastenia, la histeria de angustia por la neurosis de angustia y la parafrenia (demencia precoz y paranoia) por la hipocondria. Mas que de una sucesion 2. S. Freud, Introduction a la psychanalyse, Paris, Payot, 1966, p4g. 415. 17 en el tiempo, se trata de una superacién y una conser- vacion, encerrando cada una de las psiconeurosis un “nucleo” de neurosis actual. El tercer nivel de articulacién, teérico, reconoce en el apoyo aquello que subyace en la transformacién de las neurosis actuales en psiconeurosis. Dicha transforma- cién tiene lugar conforme al principio general segin el cual lo neurético reposa sobre lo actual como lo psiquico sobre lo som4tico, de modo tal que un compromiso cor- poral real del pasado lejano puede dar lugar a una conversion histérica que lo integra y lo actualiza. Si bien estos tres niveles de articulacién configuran un todo, no deja de ser cierto que el segundo nivel plantea una dificultad que cuestiona la coherencia del modelo. En efecto, genital en las neurosis actuales, la sexualidad es pregenital en las psiconeurosis, de modo que situar las neurosis actuales antes de las psiconeurosis equivale a situar lo genital antes de lo pregenital, jlo adulto antes que lo infantil! Contradiccién velada por un procedimien- to sistem4tico que el evolucionismo inspira y guia y que ordena en todas partes los fenémenos bioldgicos, sociales y psiquicos en series completas segun un orden creciente de complejidad. Freud, como se sabe, nunca estuvo satisfecho de su concepcién de las neurosis actuales: nada “coherente” salié de ellas, confiesa. “Laguna enojosa” * que, no obstante, no lo incita a colmarla ni a renunciar al modelo bidimensional de somatizacién. Sin abandonar este modelo, los comentadores més autorizados de Freud parecen no advertir la existencia de una contradiccién al mismo tiempo que se esfuerzan por neutralizarla. Nunberg es ejemplar en este sentido. Después de haber suscripto a la etiologia masturbatoria 3. Carta a E. Jones que éste cita en Sigmund Freud, II, Londres, Hogarth Press, 1955, pags. 502-503. (Trad. cast.: Vida y abra de Sigmund Freud, Buenos Aires, Hormé, 1981, 3* ed.} Texto inexactamente traducido en la versién fran- cesa. 18 en la neurastenia, Nunberg reconoce que la razén por la cual la masturbacién es la causa del sintoma neurasté- nico “no es totalmente clara”? ya que la parte que corresponde al sentimiento de culpabilidad que lo acom- pana parece ser determinante. Y sugiere que, en raz6én de que la masturbacién de la adolescencia repite la de la infancia, el sentimiento de culpabilidad debe tener su origen en la “constelacién ed{pica”, “nicleo inconsciente de la neurosis ulterior”.5 Por otra parte, sin hacer inter- venir bajo ningun concepto una instancia como el super- yé, Nunberg se ocupa de deducir automaticamente el sentimiento de culpabilidad. “La masturbacién —dice— no procura jam4s una satisfaccién sexual total, al menos en el dominio psiquico, ya que no existe objeto real. La agresién mezclada a la pulsién libidinal se transforma entonces en necesidad de castigo.” ° Est4 claro: la masturbacién en si no es patégena. Lo es a causa del sentimiento de culpabilidad que la acom- pafia y que remite a la situacién edipica. Reconocerlo, lejos de agregar otro factor etiolégico, muestra, por el contrario, que lo actual descansa en ‘lo neurético. Noa la inversa. He aqui la contradiccién, insoslayable. Lo mismo ocurre en la hipocondria, donde, dice Nunberg, “el miedo y la espera del castigo ligados al sentimiento de culpabilidad se aduefian de las sensacio- nes corporales, cargadas de displacer y creadas por la masturbacién”.? Cita el caso de un hombre que, habiendo practicado durante mucho tiempo el coitus interruptus, presenta una angustia corporal hipocondriaca. “El enfer- mo sentia en todo el cuerpo lo que cualquier otro hombre experimenta en sus érganos genitales cuando esta se- xualmente excitado. Identificaba todo su cuerpo con los érganos geuitales... El] miedo a perder partes de su 4. H. Nunberg, Principes de psychanalyse, Paris, PUF, 1957, pag. 192. 5. Ibld., pag. 194. 6. Tbid., pag. 194. 7. Ibid., pag. 196. 19 cuerpo -orrespondia inconscientemente al miedo a perder les 6rg;nos genitales; se trataba pues de angustia de castracién. Come consecuencia de la perturbacién de la descarg:: de los productos sexuales en el momento del coito, aparentemente se producia una acumulacién libi- dinal que se extendia a todo el cuerpo... El yo se defendid contra los sentimientos de dolor que asi se habian constituido, con la ayuda de la antigua angustia de castraci“n inconsciente, que se expresé entonces en las sensacicnes y en los temores hipocondriacos.” ® Esta demostracién se funda sobre una peticién de principio, ya que la angustia de castracion es aqui lo suficientemente intensa como para impedir toda satisfac- cién sexual. Es por lo tanto la angustia lo que explica el recurso al coitus interruptus, causa supuesta de la hipocondria, y no al revés. La tensién sexual dolorosa- mente sentida en el cuerpo entero, y que corresponde a la hipocondria tal como Freud la entiende, donde el cuerpo pasa a ser “el érgano genital en estado de exci- tacién”,® no es algo actual que se elabora retrospectiva- mente: es de entrada esta misma angustia. Que en cambio una tensién sexual real pueda combinarse con otras manifestaciones neuréticas es algo evidente, pero no prueba de ningtin modo que la hipocondria exprese directamente una economia sexual perturbada. Y se olvida asf que lo actual no es la neurosis actual. Es imposible, por lo tanto, pasar por alto la contradic- cién. Aqui, en efecto, no hay nada “coherente”. Las sutilezas dialécticas no prestan en este punto auxilio alguno; mas bien crean un circulo vicioso. Todo ocurre como si, planteado en el seno del sistema freudiano, el problema de articulacién de las neurosis actuales y de las psiconeurosis no pudiera encontrar solucién. En la légica del sistema habria una sola alternativa: la contra- 8. Ibid. pags. 196-197 9. S. Freud, “Pour introduire le narcissisme”, en La vie sexuelle, Paris, PUF, 1969, pég. 90. 20 dicci6n o el circulo vicioso. Estamos en una encrucijada. Quiz4s existan otras posibilidades... Histéricamente la aporfa freudiana fue el punto de partida de dos interpretaciones divergentes que, en Reich y Groddeck, estaban destinadas a eliminar la contradic- cién. Sin embargo, aqui la coherencia légica es el fruto de una simplificacién: se obtiene por la supresién de una de las tesis contradictorias y noe por la superacién de una contradiccién que contiene un “nicleo” de verdad. Es por ello que, segtin se Leve lo neurdtico a lo actual o lo actual a lo neurético, se elabora un modelo de somatizacién unidimensional. Reich fue el primero en advertir que la concepcién freudiana de las neurosis actuales y de las psiconeurosis constituye una “mezcla peligrosa de puntos de vista cientificos fundamentalmente incompatibles”.!° Veamos precisamente la angustia: es somatica en las neurosis actuales, psiquica en las psiconeurosis. Dicotomia incom- patible con el hecho de que Freud “postulaba para su psicologia del inconsciente una base fisiolégica que quedaba por establecer” (pag. 58). Hay alli “una contra- dicci6n seria en la teoria psicoanalitica” (pdg. 58) que Freud “no resolvié jamas” (pag. 76). La solucién de Reich es “simple”: afirmar que toda psiconeurosis posee un niicleo de neurosis actual y toda neurosis actual una superestructura psiconeurética. Sin embargo, a diferencia de Freud, Reich asimila las neu- rosis actuales a la neurosis de angustia, lugar de arti- culacién ideal de lo actual y lo neurético. En este caso la superestructura psiconeurética que, por otra parte, Reich extiende al cardcter y a su anclaje muscular en la “coraza caracterial”, tiene por funcién contener una estasis sexual, genital, que se manifiesta en forma de angustia. Es que “la sexualidad y la angustia represen- tan dos direcciones opuestas de la excitacién vegetativa” 10. W. Reich, La fonction de i'orgasme, Paris, L'Arche, 1952, pag. 80. [Trad- cast.:; La funcidn del orgasmo, Buenos Aires, Paidés, 1955.) 2k (pag. 110), segun que ésta se descargue en el orgasmo o, a falta de descarga, se convierta en angustia. Asi, “la obstruccién del sistema vaso-vegetativo por la energia sexual no descargada es el mecanismo fundamental de la angustia y, por consiguiente, de la neurosis” (pag. 110). Y cada neurosis tiene su forma particular de perturba- cién de la genitalidad, perturbaci6n inscripta y legible en el cuerpo, al punto de que se puede “capturar lo incons- ciente no ya en sus derivados sino en 5u realidad”" (pag. 246). No hay duda de que, en Reich, lo sexual es lo genital, que, por lo demas, se unifica con lo biolégico. Doble identificacién, en efecto: lo sexual es vital, lo vital es sexual, de modo que “en todo lo viviente trabaja la energia sexual vegetativa” (pag. 96). Energia asimilable a la bioelectricidad, puesto que en el orgasmo “la contrac- cién muscular se acompafia de una descarga de energia eléctrica” (pag. 216). De ahi ciertas aserciones extremas justificadas por un monismo integral que postula la identidad de las pulsiones psiquicas y som4ticas: por un lado, que la inhibicién de la respiracién, mediante la cual se traduce fisiolégicamente la represién de los afectos, es el “mecanismo fundamental de la neurosis en general” (pag. 242) y, por otro, que la divisién del huevo, al igual que la divisién celular en general, es también un proceso orgdsmico regido por la ley de tensién y de descarga, en el curso del cual la célula en estado de angustia se alivia dividiéndose. Aquello que mientras tanto se volatiliza bajo la plu- ma de Reich, al erigir la potencia orgasmica en meta su- prema del andlisis caracterial —ya que “la gravedad de cualquier perturbacién psiquica esté en relacién directa con la gravedad del desorden en la genitalidad” (p4g. 81)-, es la sexualidad infantil, distinta de la sexualidad genital. Para Reich, en efecto, las experiencias infantiles il. Esta voluntad de captar inmediatamente el jnconsciente se conjuga en Reich con un desconocimiento de la situacién transferencial, es decir de los derivados dei inconsciente. La ilusion se confirma por si misma. 22 no son en si de ningim modo patolégicas, pero pueden, “gracias a una iohibicion actual, estar bruscamente dotadas de un exceso de energia sexual” (pag. 79). Pues, lejos de desarrollarse en la infancia, la neurosis se forma en la edad adulta, de modo que “las fantasias y el comportamiento pregenitales son no sélo la causa de la perturbacién genital, sino al menos en la misma medida sus efectos” (pag. 94). Alcanzada por estas formulas, la contradiccién de la posicion teérica de Reich a veces estalla en frases como la siguiente: “Pero el conflicto progenitor-nifio ne podria producir una perturbacién durable del equilibrio psiquico si no estuviera permanen- temente alimentado por la estasis actual que ese mismo conflicto creé en el origen” (pag. 93). Por lo tanto nos vemos una vez m&s conducidos a una variante de la aporia freudiana a la que Reich habia creido escapar reduciendo lo neurético a lo actual. En Groddeck, en cambio, hay una reduccién de lo actual a lo neurotico, mientras que el concepto de ello, por su misma imprecision, est4 destinado a poner termi- no a la oposicién de lo psiquico y lo somatico “mostrando que el alma y el cuerpo, lo consciente y lo inconsciente, son modos de manifestacion de este ser desconocido”.'* De la misma manera que la salud y la enfermedad. Lo psiquico no influye en lo somatico, ni lo somatico en lo psiquico, siendo ambos aspectos complementarios de la vida, la vida que se vive, que nos vive pero que no se comprende. Por lo tanto la relacién causal resulta ina- plicable a dos acontecimientos que s0n el mismo aconte- cimiento, y toda causalidad se vuelve autocausacién, engendramiento de si por si, causa sui. Nada limita al ello mas de lo que él mismo lo hace; el ello que es Dios en nosotros y fuera de nosotros (pag. 83). Lineal o cir- cular, fisica 0 psiquica, la causalidad es suplantada por la relacién de uno mismo con uno mismo, donde el todo 12. G. Groddeck, Le maladte, l'art et le symbole, Parts. Gallimard, 1969, pag, 66. 23 aie. a a ce se une con la parte y la parte con el todo. Aqui, ni enfermedades psicosomAticas, ni concepcién psicosoma- tica de las enfermedades, sino algo que trasciende estas categorias, “palabras que son mentiras manifiestas” (pag. 249). Si bien Groddeck las usa, lo hace como tram- polin: las distinciones deben conducir a lo indistinto; las oposiciones, a lo unificado, mientras el mismo aliento césmico empajiia los juegos que la razén inventa pacien- temente. Ahi radica la dificultad de la empresa, en esta manera de avanzar por borramiento de las huellas, de designar por ausencia, de aceptar que el lenguaje no existe sino en el momento de verse desaparecer en lo que revela. A falta de causalidad, entre el todo y la parte se instaura una relacién de simbolizacién mutua que, al repetirse en escala césmica, hace que el todo aparente se vuelva “el simbolo del universo” (pag. 244). Mds exacta- mente, todo lo que existe, existe en una relacién de correspondencia simbélica a la cual el lenguaje da acceso. Asi, observa Groddeck: “La enfermedad fisica, que es siempre también una enfermedad psiquica, nos habla del ello y de su inconsciente con la misma claridad que la enfermedad psiquica, que siempre es también una enfer- medad fisica” (pag. 97). Lo que de este modo se enuncia es la identidad expresiva de io psiquico y lo somatico, identidad que mediatiza que, en el nivel del ello, el alma y el cuerpo se atinen. E] inconsciente es tanto somatico como psiquico, y el cuerpo simboliza no a través de sus modos de ser sino, antes de toda simbolizacion, a través de su ser mismo. Pues en Groddeck la morfologia ya es simbélica, las formas del cuerpo y la lateralidad corporal son descifrables como un argumento onirico. Los érganos son imagenes, imagenes materiales —si las hay— que se confunden con la materialidad del cuerpo, con sus partes visibles y ocultas, con su fisiologia, ordenada por una sutil alquimia. Esta se encuentra en el origen de las cua- lidades sensibles en !as que se oblitera la distincién entre lo psfquico y lo fisico: impresiones intolerables, tratadas 24 como intrusos fisicos, realmente pueden ser “expectora- das”, asi como una palabra 0 un pensamiento son capaces de tener un mal olor que da nduseas. Y es esta misma fisiologia la que trabaja en profundidad, creando fenéme- nos expresives donde lo corporal se disuelve en lo sim- bélico, “en enronquecimiento para obligar a la comuni- cacién reservada de un secreto, el dolor en el brazo por advertir contra la inclinaci6n al robo o a la violencia, la frialdad de las manos para ocultar el sentimiento ardien- te...” (pag. 56). El cuerpo simboliza porque es vivide por el simbolo y porque en é] el simbolo se hace cuerpo. La enfermedad, cualquiera que sea su etiologia, es una forma expresiva manifestada por otra forma expresiva, el cuerpo. Entre la expresidn y lo expresado, la relacién es la que va del contenido manifiesto del suefio al con- tenido latente. La sintomatologia orgdnica esta regida por las mismas leyes de transformacion de lo latente en manifiesto. Pues, para Groddeck, el sintoma organico “no es el hecho mismo sino aquello que coincide con el hecho” (pag. 138), y, por esta razon, establece procedimientos de simbolizacién especificos. Asi, a la presencia de un ele- mente comtin al contenido manifiesto y a los pensamien- tos latentes del suefio, corresponde la hemorragia exter- na donde “sélo un fragmento del proceso mérbido latente deviene manifiesto”; a la alusién, “la coloracién de la piel en ocasién de las hemorragias internas”; a la figuracion simbélica, “el deseo del ello de figurar simbélicamente un intenso calor interno, sentimientos demasiado ardientes” (pag. 139). Cualquier sintomatologia orgdnica es una simbolizacién orgdnica que el ello crea, asi como ha creado las formas del cuerpo y el cerebro mismo. Ademas de esta equiparacién general, en el nivel del proceso creador, de lo onirico y lo orgadnico, la simboli- zacién puede presentar formas particulares donde pre- valecen fantasmas sexuales, cuando no bisexuales. Afecciones pasajeras de la nariz, asi como las deforma- ciones de dicho érgano, estan intimamente ligadas a la sexualidad, del mismo modo como una inflamacién dif- 25 térica de la garganta puede traicionar la presencia de “complejos sexuales” (pag. 52). Por otra parte, existen esirechas correlaciones entre la gidndula tiroides y la funcién sexual, al punto que la formacién de un bocio parece materializar fantasmas de “fecundaciones espiri- tuales y divinas y de un nacimiento ilegitimo” (pag. 56), y ser, por consiguiente, una manera simbdlica de llevar un nino en el cuello. Algo andlogo ocurre con los dolores de muelas; la emergencia y la caida de las piezas dentales representan al nifio que nace y muere en el interior de una cavidad que simboliza al cuerpo materno (pag. 81). Asi se establece la identidad del cuerpo trabajado por el simbolo y el cuerpo libidinal en la histeria, le que conduce al punto de partida: Groddeck psicologiza lo organico, hace de Ja conversién histérica el arquetipo de toda somatizacion. A pesar de su voluntad de unir lo que divide, de superar estériles dicotomias, de llegar a una visién abarcadora del hombre y el universo, en definitiva el psiquismo absorbe lo organico. Al preexistir al ser, lo simbélico explica el ser, disuelve lo actual en lo neurético y Heva la somatizacion a la dimensién unica del lenguaje simbélico.'* 2. Por contradictorie que sea, el modelo freudiano tiene el mérito de conservar la complejidad de las cosas. Es esta complejidad la que debe inspirar nuevamente toda ten- tativa de pensar lo somatico, pese a que la contradiccién freudiana se revela, tante en Reich como en Groddeck, irreductible y teéricamente irresoluble. La historia apa- rece asi como la actualizaci6én de un numero restrin- gido de posibilidades légicas dadas implicitamente de entrada. 13. Laimaginacién poética y cientffica es para Groddeck el medio de reabsor- ber su propia patologia orgénica que, por otra parte, ticne poco que ver con le histeria de conversién. E] autoandlisis es la forma que toma esta practica de lo imaginario. Lo que Groddeck explora de este modo es Ia correlacién negativa entre imaginario y somatizacién. Véase Lo maladie, art et le symbole, pag. 37 y sigs. 26 Este perspectivismo histérico tiene como consecuencia mostrar que las interpretaciones actualmente en curso del fendmeno de somatizacién prolongan posiciones an- teriores determinadas por el sistema freudiano. Las prolongan sin afrontar su problematica. También aqui las opciones son limitadas. En particular debemos mencionar dos, que no corresponden a la especulacién sino que se basan en la realidad clinica: ya sea que se vuelva a la oposicién de las neurosis actuales y de las psiconeurosis, a fin de vincular la somatizacién con una carencia real en la elaboracién psiquica o simbélica (Pierre Marty'* y Joyce McDougall '*); ya sea que se haga de la histeria el modelo de toda somatizacion, extendien- do a lo pregenital el proceso de conversién ( Melita Sperl- ing).!¢ Por lo demas, un cierto eclecticismo, facilitado por la propagacién descontrolada del modelo lingiiistico, termina por prohibir todo cuestionamiento, transforman- do las hipétesis en dogmas, los grupos en escuelas, la verdad en un comportamiento conformista. De lo que precede se desprende que un modelo de so- matizacién sdélo puede ser multidimensional. Que debe permitir una lectura sistem4tica de los fenémenos, sin encerrarse en un sistema. Que es indispensable que sea empirico, igualmente capaz de captar lo que confirma y lo que invalida. Que en él, el nivel descriptivo debe ser distinto del nivel explicativo. Y que, por fin, es necesa- rio que esté, en la medida de lo posible, exento de con- tradiccion. Estas exigencias metodolégicas me han guiado en la elaboracién de un modelo teérico general que, provisio- nalmente, se presenta bajo la forma dialéctica de do- ce pares de conceptos que designan, por su oposicién, las dimensiones fundamentales del fenémeno de soma- tizacién. 14. Véase L'ordre psychosomatique, Paris, Payot, 1980. 15. Véase Plardoyer pour une certame enormalite, Paris, Gallimard, 1978. 16. Véase Psychosomatic Disorders in Children, Nueva York, Jason Aron- son, 1978. 27 oR ee ee ER eS ee ee ff f jc Constituyen las categorias propuestas para pensar lo soméatico: 1. Cuerpo real-cuerpo imaginario. 2. Sentido primario-sentido secundario del sintoma organico. 3. Imaginario (proyeccién)-banal (ausencia de proyec- cidn).!7 4.Funcién psicosomatica constituida-funcién psicoso- matica en vias de constituci6én. 5. Regresién-imposibilidad de regresién. 6. Sintoma neurético o psicético (formacién simbdli- ca)-equivalente orgdnico de un sintoma neurético o psi- cético. 7. Represién lograda-represién fallida. 8. Represién de un contenido imaginario-represién de la funcién de lo imaginario. 9.Impase superado (psicosis)-impase no superable (somatizacion). 10. Causalidad lineal-causalidad circular. 11. Somatizacién reversible- somatizacién irreversible. 12, Pasaje de lo psiquico a lo somAtico-pasaje de le so- matice a lo psiquico. Si en este cuadro los conceptos no estan definidos es porque la definicidn sdlo puede efectuarse, concretamen- te, a través de andlisis profundes. Analisis que deben mostrar su pertinencia en el plano descriptivo. Pero la descripcién no es la finalidad del modelo; prepara para 17, Observese que lo imaginario se apone igualmente a Iq real, alo inimagi- nable y a la irrealidad negativa. (Acerea de lo inimaginable, véase Sami-Ali, Lespace imayinatre, Paris, Gallimard, 1974, pig..199, y acerca de la irreatidad negativa, véase Sami-Ali, Corps réel, corps maginarre, Paris, Dunod, 1984, pag. 48.) Por otra parte, si lo trivial en tanto afecto corresponde a lo neutro, que es et elemento depresivo, resulta forzoso concebir una polaridad proyeccién- depresién. (Véase Sami-Ali, De la projection, Paris, Dunod, 1986, y Le banal, Paris, Gallimard, 1980.) 28 la interpretacién. Esta establece una doble correlacién: positiva y negativa, que rige todo el campo de la psico- somatica: a. Una correlacién positiva entre proyeccién y soma- tizacién que da lugar, en la conversién histérica, a una psicopatologia por exceso de lo imaginario. b. Una correlacién negativa entre proyeccién y soma- tizacién, que culmina en una patologia somdtica no conversional por falta de lo imaginario. Es pues la relacién con lo imaginario lo que determina tanto la somatizacién histérica como la no histérica, extremos ambas de un continuum en el que son posibles los pasajes, superposiciones y mezclas, segiin que lo imaginario predomine o sucumba a la represién. Lo que no obstante caracteriza a este modelo es que concibe la somatizaci6n no histérica en funcién de una situacidn de impase cuya estructura légica es la de una contradiccién que cierra todas las salidas, volviendo al mismo tiem po no elaborable un conflicte préximo de lo impensable psicotico: simultaneamente a o no a, y ni a ni no a. La conversion histérica es del orden de una situacién con- flictual pero no contradictoria, fundada légicamente por la alternativa: a o no a, y que, consecuentemente, prepa- ra una salida, aunque por otra parte sea poco placentera. No deja de ser cierto que el lazo de afinidad asi instau- rado entre la psicosis y la somatizaci6n cuestiona el con- cepto freudiano de “neurosis de érgano”, destinado a dar cuenta de una somatizacién que no se refiere ni a la con- version histérica ni a la neurosis actual.'® 18. S. Freud, “Le trouble psychogene de Ja vision dans Ja conception psycha- nalytique”, en Nevrose, psychose et perversion, Parts, PUF,, 1973, p4g. 173. El concepto de “neurosis de drgane” se encuentra también en M. Boss, cuya Perspectiva tedrica es sin embargo la de} Dasein, Véase M. Boss, Introduction a lo medecine psychosomatique, Parts, PUF, 1959. 29 Teniendo en cventa la diversidad de los fenémenos de somatizacién, que constituyen aspectos de un mismo proceso psicosomatico, el modelo aqui propuesto distin- gue tres niveles de somatizacién que van de lo visible a lo invisible, de lo localizable a lo ilocalizable, de la superficie a las profundidades: lo figurado, lo literal y lo neutro. Grades de pasaje del cuerpo imaginario al cuerpo real, pasaje que no significa que haya dos entidades corporales distintas, sino dos funciones dialécticas que hacen aparecer al cuerpo bajo el angulo de lo imaginario y de lo real, segtin que esté 0 no llevado por la proyeccién. Tal es, esquemdticamente esbozado, el modelo multi- dimensional de somatizacién, modelo subyacente a inves- tigaciones anteriores y que servird a nuevas exploracio- nes. El campo del cAncer, a través del andlisis de Mars de Fritz Zorn, ser& un primer ejemplo que tendra valor de paradigma. 3. Desde las primeras Hineas de Mars, en efecto, Zorn establece un lazo entre lo que él es y el cancer que tiene. Lazo retrospectivo sin duda, reconocido a posteriori, en el momento en que, con ayuda de la psicoterapia, Zorn puede finalmente, gracias a la escritura, afrontar su pasado, afrontarse a si mismo. Esta claro que considera al cAncer como una enfermedad “psicosomatica” en la que coexisten una afeccién del alma y una afeccidn del cuerpo, ya que el alma y el cuerpo forman un todo. Sin embargo nada autoriza, a partir de este movimiento, a inferir una “psicogénesis” cualquiera del cancer,’? mientras que la tmica pregunta relevante es la de saber si el lazo esta- blecido esta tedricamente fundado y hasta dénde es generalizable. Lo mismo ocurre con la posibilidad de una interpretacién psicosomatica del céncer, que no debe ser excluida a priori. 19. Véase L. Schwartzenberg, Requiem pour la vie, Parts, Le Pré aux Clercs, 1985, pdg. 134 y sigs. 30 Si, para Zorn, el cAncer es una “enfermedad del alma”,° el desarrollo que hace de esta primera notacién merece un examen detenido, pues su alma esta enferma desde siempre pero la evidencia sélo se impone cuando se presenta el cAncer. Zorn trata de nombrar esta enfer- medad del alma. Descarta de inmediato la posibilidad de una psicosis, evocada a propésito de ciertas “visiones”: “Siempre distingui claramente —dice— lo que existia sélo en mi imaginacién de lo que existia también fuera de la imaginacién” (pag. 162). Queda la neurosis, una grave neurosis, a la que Zorn hace indirectamente res- ponsable de su cAncer: “Rsta enfermedad del alma debilité tanto mi cuerpo que ahora, bien, tengo un cancer” (pag. 165). E] cancer como consecuencia de una neurosis: razonamiento que no es sino racionalizacién y que deja en suspenso la cuestién esencial de saber por qué la neurosis debilita en lugar de fortalecer. Muy otra es, en realidad, la patologia de Zorn: apartan- dose tanto de la psicosis como de la neurosis, en la medida en que justamente ni una ni otra informan acerca del estado del cuerpo, toma como eje la formacién caracterial. “Bducado a muerte”, “formado para el cancer” (pag. 52), Zorn presenta una patologia somatica que no se super- pone con la patologia freudiana, no sélo porque se alia a la enfermedad organica y porque, siendo asi, no se puede yuxtaponer lo psiquico y lo somatico, sino porque ya en el plano del funcionamiento psiquico denota menos el fracaso de la represién y el retorno de lo reprimido por la via de los sintomas neuréticos o psicéticos que el triunfo de la represion que se mantiene duraderamente. Es la forma, y no el contenido de esta represién, lo que debe en principio ser elucidado. Funcionar sin fallas de manera permanente exige que la represién deje de ser un proceso parcial para integrar- se al conjunto del funcionamiento. Integracién que sig- nifica una profunda modificacién caracterial, la altera- 20. F. Zorn, Mars, Paris, Gallimard, 1979, pig. 29. 31 cidn del ser mismo del sujeto, y que hace que la represién, convertida en la modalidad principal de la existencia, se repita mAs tarde incansablemente a lo largo de toda una vida, cada vez que lo reprimido amenaza con despuntar. Asi, la represién determina la formacién caracterial que, asu vez, determina la represién. Aqui el funcionamiento caracterial coincide con el proceso de represién, el cual, parad6jicamente, permite al sujeto adaptarse socialmen- te adoptando las exigencias del medio familiar y hacer abstraccidn de lo que él es en tanto subjetividad. Sin embargo, el sujeto no se oculta detrés de una mascara, no aparenta, no teatraliza. Ninguna simulacién, ninguna disimulacién: las exigencias familiares, interiorizadas, simplemente vienen a ocupar el lugar de una subjetivi- dad que se retrae. Se esta aqui tan lejos como es posible de una relacién del tipo “identificacién con el agresor”. Pues el sujeto no es un término distinto de una relacién; constituye un solo cuerpo con exigencias que lo violentan pero que le permiten existir. No se trata del drama de la mala fe, sino del de la buena fe, del drama de! nar- cisismo. Si, a pesar de todo, hay mascara (“toda mi vida habia sido falsa” [pag. 164]), seguramente la mascara ha devorado el rostro: falso desde los origenes, origen de lo falso, Zorn no tiene rostro, tiene el rostro del otro que es la madre, de modo que su problematica se situa antes de la crisis de despersonalizacién que marca, alrededor del octavo mes, el acceso del nifio a la identidad perso- na].”! Ser original y totalmente el otro es lo que, en Zorn, sefala su voluntad de conformidad, cuando no de confor- mismo, a través de lo cual queda abolida la diferencia. “Resulta sin duda imposible —dice— nacer conformista, de modo que no puedo definirme como el conformista nato, pero advierto que he sido el conformista perfecta- mente educado” (pags. 33-34). Exteriormente el conformismo se confunde con los 21. Véase la teoria del rostro en Sami-Ali, Corps réel-corps imaginaire, Paris, Dunad, 1984, pag. 121 y sigs. 32 : A astern neice — ee tiene enemy ceneetarermtieay wt ge oe Ameer 4 el nen A ge perpen rie - principios del funcionamiento social. Es la adhesién completa a normas de comportamiento que, aplicadas en un principio por los padres, crean en él nifio la ilusién de un mundo armonioso donde no se plantean ni pueden plantearse los problemas. (“Nunca tenia problemas — dice Zorn—, no tenfa absolutamente ningin problema” {pag. 311.) Ausencia de problemas por ausencia de trans- gresiones, dado que la regla es observada uniformemente por todo el mundo. Evitar todo choque y toda divergencia, como si el otro fuera uno mismo y debiera ser uno mismo: tal es el motivo que empuja al conformismo. “No domina- bamos la técnica de la disputa —dice Zorn— razén por la cual nos absteniamos de ella. Por lo tanto, nos en- contrébamos reducidos a no llegar nunca a la situacién de tener que pelearnos: todo el mundo estaba siempre de acuerdo” (pag. 33). Pero el conformismo responde, aun a otro mévil, mas fundamental: hacerse aceptar por el otro, actuando “como se debe”, siendo “como se debe” (pag. 235). Adoptar las reglas de funcionamiento externo es por lo tanto una manera de hacerse adoptar por una figura materna omnipresente a la que se reducen las otras, . todas las otras. En su forma extrema, tal como se presenta aqui, el conformismo no es astucia y estratagema sino dificultad radical de ser diferente, de introducir lo negativo. “Dudo haber aprendido de mis padres la palabra no”, dice Zorn (pg. 33). Por lo tanto, ser como el otro, a fin de que la alteridad se borre, no sea perceptible, imaginable ni pensable, y de que desaparezca la subjetividad. Pues nada delimita el conformismo que, en este caso, deter- mina tanto el comportamiento social como la sensibili- dad, las percepciones, la imaginacién y el pensamiento, los que a su vez se vuelven comportamientos. Y en todas partes se impone la obligacién de captar los aconteci- mientos a través de categorias reconocidas, esquemas preestablecidos que se interponen entre el sujeto y el mundo. Mentales y sensoriales, estos esquemas estén provistos de una autoridad absoluta, que delimita al ser 33 y al no ser, de acuerdo con lo que debe o no debe existir y sin que intervenga la menor decisién o intencién voluntaria. Lo que debe ser se encuentra alli espontdnea- mente, por el simple dominio del cuerpo sobre el mundo, como si se hubiera aplicado un cédigo y los 6rganos de los sentidos obedecieran a imperativos, ejecutaran érde- nes, captaran Gnicamente aquello que confirma la regla. Sin embargo no hay obligacién ni sentimiento de ser forzado, justamente porque la relacién no implica a dos personas. Es mas bien una relacién de si con una imagen de si, en la que el otro es un cuerpo anonimo, un poder despersonalizado que dicta lo que debe ser y provee al cuerpo de sus coordeuadas espacio-temporales. Marco de referencia que contiene y comprime, fuera del cual el sujeto no puede existir, ni en tanto cuerpo en el espacio y el tiempo, ni en tanto ser moral que pertenece a un grupo social. El concepto de supery6 corporal, 2? donde Jo absolutamente subjetivo coexiste con lo absolutamente objetivo, lo cultural con lo corporal, lo estereotipado con lo inefable, da cuenta de este funcionamiento al inscri- birse en un universo de reglas del que el sujeto depende en su existencia. “El mundo en que crecia —dice Zorn— no debia ser un mundo imperfecto; su armonia y perfec- cién eran obligatorias. Yo no debia darme cuenta de que el mundo no era perfecto” (pag. 49). A fuerza de estar conforme, el sujeto desaparece en su funcionamiento (“Nunca tuve opinion personal” [paég. 39]), volviéndose lo exterior que esta en él, que es él y que lo autoriza a ser. Lo exterior es por lo tanto el @qnery6 corpora Con- formarse a Jas reglas de funcionamiento significa confor- marse a 61. Todo lo que sucede tiene lugar bajo la mirada de una instancia impersonal, exterior al sujeto y que lo vuelve exterior a si mismo, como si no tuviera interio- ridad y debiera ser transparente. Transformarse en una superficie para que la mirada se deslice, no se detenga, 22. Véase Sami-Ah, Le visued et le tactile. Essai sur la psychose et U'allergie, Paris, Dunod, 1984, pég. 67 y sigs. 34 no encuentre nada que censurar: a esto tiende el confor- mismo. Y sin embargo... “Cada vez —dice Zorn— que alguien me seguia con los ojos, me parecfa que su mirada era critica y reprobadora y que encontraba algo que censurar” (pdg. 66). Mirada que ve lo invisible, discierne lo indiscernible, no deja escapar ningun detalle: “Temia que mis ropas estuvieran sucias o en desorden, o estar exhibiendo inadvertidamente un gesto de contrariedad” (pag. 66). Se trata menos de un sentimiento de culpabi- Hidad que del miedo de ser sorprendido en falta, de no mostrarse irreprochable. Ninguna acusacion precisa en la mirada de los otros, lo que implica paraddjicamente que la inocencia propia debe ser probada. Tarea impo- sible a partir del hecho de que se es mirado. Mirado, es decir criticable por definicién, por razones que uno no ve y los otros si. “En mi juventud —dice Zorn— expresaba este estado de un modo muy exacto diciendo que me sentia como si ‘Uevara en el cuello una corneja muerta’. Parecia como si todo el mundo viera balancearse a esta corneja, siendo yo el Gnico que no tenia conciencia de tal hecho escandaloso” (pag. 66). Imagen, que visualiza lo invisible, conereta el sentimiento de que, haga uno lo que hiciere, sera mal visto. Sin embargo esto no tiene nada que ver con un delirio cualquiera que se organiza, como lo atestigua acabadamente el temor, y no la creencia inquebrantable de que se es objeto de critica. Por otra parte, que el préjimo desempeiie el papel del superyé corporal se debe sin duda a una proyeccién, pero a una proyeccién inicial, muy precisa y rapidamente neutrali- zada, que no ha obstaculizado el desarrollo ulterior y que se encuentra actualmente modificada por el funciona- miento psiquico consciente, funcionamiento al que sub- yace sin por ello invadirlo. Equivalente de proyeccién que prohibe toda proyeccion, 0 proyeccién de la interdiccién de proyectar, de ser de otro modo a como se es en la interdiccién de ser. Por lo tanto la imagen de la corneja balancedndose en el cuello no es mas que una manera de hablar, una metéfora consciente que no se confunde 35 con su objeto. En este sentido, viene a reemplazar una potencial interpretacién delirante en la cual Ja metdfora seria inconsciente, y la imagen, realidad. Aplicar la regla supone, en consecuencia —y a fin de que nada pueda eludirla—, una doble reduccién: de todo el ser a lo que debe ser, y de todo ser a un solo ser, indiferentemente uno o el prdjimo, concordes con lo que debe ser. A través de esta nivelacién general, es al principio el propio sujeto quien se halla reducido en tante subjetividad. Y como, por lo demas, todos deben ser iguales, la multiplicidad sélo puede resultar de la redu- plicacién de lo mismo (“una gran cantidad de ‘alguien’ ”, (pag. 117]). Todas las situaciones resultan entonces cuan- titativamente diferentes y cualitativamente idénticas. La cantidad no agrega nada, no cambia nada, es indife- rente. Una situacién de tres se resuelve en dos situacio- nes de dos que, en definitiva, son dos situaciones de uno2? donde, en consecuencia, no puede haber conflicto. Y, en verdad, resulta sorprendente que no surja un conflicto cuando todo el mundo es igual: la rivalidad, al menos, esta hecha de tal semejanza. Es que la rivalidad es una relacién, mientras que aquf falta toda relacién. La ausencia de conflicto es ausencia de relacién. “Cuando se trataba —dice Zorn— de emitir un juicio sobre la manera en que se habia apreciado algo, por ejemplo un libro, era necesario, como en les juegos de cartas, considerar las posibles reacciones de los demas antes de jugar la propia carta, para no correr el riesgo de decir algo que no contara con la aprobacién general” (pag. 74). Correlativamente, todo aquello que no concuerda con la norma debe ser “reprimido”, considerado nulo y sin valor. Si hay aqui una represién, ya est4 en marcha desde la primera infancia, cuando comienza a organizarse el campo perceptivo: éste experimenta una estilizacién cuyo objeto es hacerlo coincidir con lo que debe ser percibido. 23. Este mecanismo reductor caracteriza también al trabajo relacional en la personalidad alérgica. Semejanza que no debe hacer olvidar la diferencia de la problemdtica propia de la alergie. Véase Sami-Ali, ibfd. 36 La represién duplica la percepcién, invade el ser, se hace coextensiva del ser: no ser que vuelve perceptible al ser. De este modo queda precisada la estructura légica que rige este mundo irremediablemente cerrado y desertado por la subjetividad. La desaparicién del sujeto en la conformidad se halla compensada aqui por un sentimien- to de exaltacién narcisista que nace de la aplicacién de la norma, norma que representa la omnipotencia paren- tal en la que uno participa. De ahi el sentimiento de superioridad que experimenta Zorn respecto de los demas, a quienes tolera por ser “un poco retrasados” (pag. 35), y su manera descarada de mirar la vida como un espectaculo al que se asiste. Aplicar la norma es por lo tanto perpetuar la omnipotencia, asi como retener lo que confirma y eliminar lo que invalida es una manera de restablecer la norma intacta, incondicional, idéntica a si misma. Idéntica allf donde todo es sin rostro, sin iden- tidad. La contradiccién es impensable en un mundo donde reina la légica de la identidad. Légica que coincide con el funcionamiento del inconsciente en la medida en que éste ignora la contradiccién y repite, incansablemen- te, que la cosa es lo que es, que el ser es y el no ser no es, a través de lo cual se expresa el pensamiento mas esencial y lo que lo reemplaza en el conformismo. Situa- cién enteramente comparable a la de una “visidn del mundo” transformada en ideologia: todo acontecimiento que contradice sus principios es interpretado segin esos principios. Es por otra parte la misma operacién en que se apoya el pensamiento delirante, salvo que aqui el delirio es reemplazado por una racionalidad técnica, inercial, del mismo modo como una metd&fora gastada puede sustituir a la proyeccién. Lo que desaparece aqui, al fin de cuentas, es el negativo constitutivo del pensa- miento, es decir, el pensamiento. Sélo subsiste un posi- tivo que se confirma é! mismo. Estamos en lo trivial asimilado a Jo literal.24 Por lo tanto, en lugar de las cosas, 24. Véase Sami-Ali, Le banel, Paris, Gallimard, 1980. 37 tenemos que vérnoslas con la definicién de las cosas, con las cosas tomadas al pie de la letra, recibidas y restitui- das a su existencia redundante. En consecuencia lo positivo es también lo ideal, lo que debe ser en un discurso comin, convertido en la norma. Bajo la mirada reductora de una autoridad anénima, ninguna proyec- cién viene a perturbar, introduciendo la subjetividad, la exacta claridad de las cosas reducidas a ellas mismas. Por definicién, la “buena musica” debe gustar, lo mismo que un “buen libro”. “Tenia el Ekkehard de Scheffe! y, natu- ralmente, lo hab{a encontrado ‘bueno’. Un dia, una nifa de mi edad, viendo el libro sobre un estante de mi biblioteca, me pregunté si me habia gustado. Me dije a mi mismo: qué pregunta idiota, ya que es un ‘buen’ libro y no se hacen preguntas sobre lo evidente. Naturalmente, le respondi que si” (pag. 37). Evidencias que rodean a los “obstaculos”, van més alla de la subjetividad, Mevan el ser al deber ser. Las cosas pierden su singularidad en el nombre que las designa, se vuelven intercambiables, como el discurso acerca de ellas y las personas que lo pronuncian. Despersonalizacién a la vez de lo subjetivo y lo objetivo, que hace que un objeto dado, aprisionado en la red de las definiciones implacables, pueda adquirir cualidades que realmente no posee. Cualidades deduci- das retroactivamente, no creadas por proyeccién y que permanecen exteriores respecto de lo que designan: falsa apariencia que suplanta a la proyeccién cuando, por cortesia, se hace como si. Afectacién en vez de afecto y desvio verbal del objeto: “Cuando era invitada —dice Zorn— mi pobre madre rechazaba muchas veces el cognac y el whisky que le ofrecian y pedia en su lugar un simple vaso de agua. Pero, porque el agua era vertida por el duejio de casa, se sentia obligada a proclamar que era ‘deliciosa’ (...). No se trataba de la realidad de la cosa; se trataba del hecho de que, en su condicién de invitada, debia encontrar todo ‘delicioso’ (...) lo Gnico importante era la cortesia” (pag. 60). Reducir a lo idéntico aquello que contradice lo idéntico: 38 en esto consiste el verdadero trabajo de represion. “Técnicas” de reduccién puestas a disposicién del nifo que fue Zorn estaban destinadas a evitar que se tomara partido, que se manifestara lo negativo. En lo que a la madre se refiere, este objetivo es alcanzado por medio de la palabra “complicado”, que sirve para hacer desapare- cer todos los temas escabrosos (“las relaciones humanas, la politica, la religién, e] dinero y naturalmente la sexualidad”) haciéndolos “inimaginables” (pag. 40), temas que, por otra parte, pueden ser completamente dominados por el empleo de la expresién “o bien”, de modo que aquello de lo que se habla termina por flotar en el vacio de la anulacién mutua: “Mi pobre madre tenia la costumbre de decir: me iré el viernes proximo a las diez y mediaa Zurich, o bien me quedaré en casa. Esta noche hay fideos para cenar 0 bien ensalada de salchichas” (pag. 47). En lo que al padre se refiere, este vacio se presenta como inmediatamente relacional, labrandose entre las cosas arrancadas de su contexto y juzgadas “no compa- rables”. “cosas que permanecen solitarias e incompren- sibles, en un espacio frio, irreal” (pag. 43). Cada cosa es lo que es en sf misma, umica en general. La doble relacién con las figuras parentales culmina asi en la no relacién. Entrega el pensamiento a la fijeza de un movimiento que se amula, a las tautologias, anulando de este modo el pensamiento. Pues el pensa- miento no puede tener peso en un mundo del que estan “completamente excluidas las relaciones” (pag. 43). Exclusién original, constitutiva del ser y que no resulta de un “ataque contra lazos”. Estos no existen de entrada, no necesitan existir alli donde la identificacién narcisista triunfa sobre la relacién de objeto. Una especie de armonia preestablecida hace que los seres y las cosas — mecénica absolutamente perfeccionada— se muevan sin fricciones y concuerden sin tener que comunicarse. El juicio resulta imposible en un sistema tautoldgico donde nada participa de nada. Doble imposibilidad, en efecto: porque la cosa es solamente ella misma y, porque 39 puesta en relacién con otra, cesa de ser ella misma. En el momento de la enunciacién, la contradiccién se desliza en el ser de la cosa, que pierde su identidad, se destruye. Poner en relacién equivale a matar: la violencia esté contenida por la falta de contacto. Pero al mismo tiem- po el pensamiento no Puede pensar, se coagula en lo inmutable. Estamos muy préximos del impase autista donde el pensamiento est4 igualmente acorralado, obli- gado a dejar las cosas en el mas absolute aislamiento. Observacién que agrega un matiz significativo a la pato- logia de Zorn. Sin embargo, a fuerza de ser incomparables, sustrai- das a los lazos, encerradas en si mismas, las cosas terminan por parecerse. La ausencia de relacién hace que los objetos del pensamiento constituyan una clase singu- lar de objetos singulares, objetos que no dejan de seguir adelante con su existencia solitaria. El conjunto subsiste, a imagen de cada uno de sus componentes. Asi, descubrir que los objetos pueden compararse porque son incompa- rables no crea un movimiento dialéctico que haga salir al pensamiento de su encierro: no se puede ir mas lejos. De modo que los objetog inmovilizados en su singularidad se revelan como duplicacién del objeto unico. En el universo de Zorn no hay mds que un objeto, el objeto maternal, unico en relacién consigo mismo.2® Redundan- cia donde queda abolida la posibilidad de toda relacién. Esta ausencia de relaciones evocadora de un caracter esquizoide resulta compensada en Zorn por comporta- mientos que lo muestran “sereno”, “alegre”, “normal”. Mascara que subraya mds ain el rostro que falta y 25. Resulta Namativo que los tnicos suefios a jos que Zorn hace alusié6n son aquellos, repetitivos, de matar a la madre (pag. 224). En el mismo contexto hay que situar igualmente la “visién” de hacer saltar el Crédito Suiza (pég. 225). ;No equivale esto, en el fondo, a destruir dos veces el misme objeto? Observemos, stn embargo, que la transformacién del objeto materno en. su pery6 corporal responde, mediante la proyecci6n, a la necesidad de dar forma a un vacfo relacional, vacfo que, paradéjicamente, enfrenta al nifio con une madre ausente por su presencia, presente por su ausencia. 40 relacién engafiosa suspendida en un vacio. Vacio que, desde su infancia, Zorn vive continuamente bajo el signo de una depresién caracterial. Sutil, indiscernible, ésta no llega en el mejor momento de una vida: se confunde con esa vida. Depresién mas alld de la desdicha, mas alld de los problemas, puro sufrimiento de estar solo: “No tenia ‘dificultades de contacto’ —dice Zorn—; toda mi vida habfa transcurrido hasta ese momento en una completa ausencia de relaciones” (pag. 159). Pero estar solo signi- fica estar solo con el tinico objeto que existe, sin media- ci6n, sin superacién, y ser precisamente ese objeto. Inscripta desde el principio en la represién de la subje- tividad (“ni siquiera era yo, era simplemente correcto” [paig. 98]), la depresidn conserva siempre inalterado este cardcter de absoluto. Sin embargo, reprimir la subjeti- vidad significa, en primer lugar, el cuerpo en su realidad sexual (“incluso la palabra ‘cuerpo’ era tabu” [pag. 71)), hacer que no exista porque no es nombrado y que no se lo nombre porque no existe. Lo cual, por lo demas, no impide que el cuerpo continue existiendo en un discurso objetivo, adaptado, racional, cuyo efecto mas insigne es el de reforzar la represién de la sexualidad. Represién sin falla, sin deficiencia, sin escape posible y, que en consecuencia, se distingue radicalmente de sus variantes neuréticas o psicéticas, fundadas en el fracaso de la represién y en el retorno de lo reprimido. Por lo tanto, en este caso la sexualidad no puede ser el nico contenido reprimido.”* Debemos tomar en cuenta otra dimensién para comprender mejor el funcionamiento caracterial. Aqui, por una vez, la represién es completamente irreprochable (“no tenia absolutamente ningun proble- ma” [{pag. 100]). Ninguna investidura homosexual o he- terosexual: Zorn se queda sin amor, sin “emocién”, sin “anhelos que satisfacer”, bajo el peso de una impotencia del alma y del cuerpo, “naturalmente” deprimido, pero 26. Tal es en efecto ia tesis de Reich, a la cual Zorn adhiere por otra parte. Véase W. Reich, Le biopathie du cancer, Paris, Payot, 1975. 41 sintiendo apenas su depresién, de modo que no puede hacer otra cosa mds que resignarse (“es asi” [pég. 142)). Por lo tanto, puede escribir friamente: “En efecto, muchos de mis compaferos estaban deprimidos porque les habia ido mal en un examen, pero yo estaba deprimido pese a haber aprobado ese examen brillantemente” (pag. 34). In- diferencia con la que verdaderamente se nombra el mal que padece Zorn: una depresién a priori, en la que el sujeto y el objeto no existen porque se confunden con el superyé corporal. El ser se confunde con el deber ser, que es también la nada de ser, pues solo “la nada es siempre perfecta” (pag. 63). En consecuencia, designar este estado de cosas como “depresién sin objeto” o “relacién blanca”, conceptos ambos que derivan del de “depresién esencial”, equivale a desconocer la complejidad de la condicién a la que nos estamos refiriendo.’ Esta depresi6n anterior a todo acontecimiento, que condiciona todo acontecimiento, que trasciende, por lo tanto, las contingencias de una vida que se desarrolla en el espacio y el tiempo, asume concretamente la forma de una paradoja: “Cuanto mejor me iba, peor me iba” (pag. 130). O incluso: “Estaba triste aunque no me faltara 27. P. Marty denomina “depresién esencial” a esta forma particular de funcionamiento que engloba el “pensamiento operatorio” y que predispone ala somatizacién. Sélo ve all{ una sintomatologia negativa debida a una carencia fantasmatica real, a uns desaparicién real de las funciones psiquicas, Ror lo tanto, para Marty se trata de una desorganizacién que deje aparecer el estadc primitivo de inorganizacién. Las descripciones clinicas que al respecto proporciona revelan no obstante que las cosas son més complejas, ya que cn todas partes es dable observar en accién una fuerza interna agobiante, a més de una perfecta represién de lo imaginario. Se afirma en ellas, en efecto, que “el reservorio del clio no esta vacfo sino casi cerrado”, que “ya no esté establecida 1a comunicacién con el ello”, que “el inconsciente, sein parece, ha sido rapidamente dejado de lado”, que las locuciones metaféricas estan “excluidas” del lenguaje, etc. (L'ordre psychosoma- tique, Paris, Payot, 1980, pags. 62-67. La bastardilla me pertenece.) Ahora bien, lo importante es saber cudi es esa instancia que cierra, deja de lado, exchrye, corta la comunicacién con el inconsciente- Reconccerls es al mismo tiempo cuestionar esta concepcidn de Ia psicosoma- tica, cuyo modelo sigue siendo la neurosis actual. 42 nada” (pag. 134). Entre la realidad psiquica y el compor- tamiento social que participa de la formacisn reactiva, el contraste es total. La brecha no cesa de ampliarse: “Me decia —escribe Zorn— que sin duda estaba deprimido pero que, por otro lado, estaba bien. Me decia que sin duda estaba solo pero que, en cambio, era inteligente; que sin duda era desdichado, pero que, en cambio, ten muchas relaciones e incluso muchos amigos; que sin du- da estaba frustrado, pero que, en cambio, era doctor, lo que no esta al alcance de todo el mundo. En suma, estaba desesperado, pero no tenia derecho a estarlo a mis propios ojos” (pag. 133). Depresién paraddjica, en conse- cuencia, que se ignora a si misma como depresion, petrificando cada vez mas el conjunto de la vida psiquica y haciendo disminuir cada dia las pocas posibilidades que atin se proyectan delante de si, como un suefio incom- prensible.”* El descuartizamiento continta inexorablemente. “Mi yo escindido —dice Zorn— se fisuraba cada vez mas. Creo que empleé la mayor parte de mi energia en mantener el edificio de mi yo simulado que se desmoronaba” (pag. 106). No puede encararse ningun retroceso, desde el mo- mento en que retroceder es encontrar el mismo estado depresivo. La regresién es imposible. Zorn se ha compro- metido en una via sin salida. Podemos ver ahora que, mas alld de todo contenido, la represién caracterial afecta la funcién de lo imaginario en toda su extensién, funcién que es la subjetividad hefferor CRORTE RIAL 28. La no percepcién de la depresién caracterial, que no debe confundirse con la negacién de Je realidad psfquica, toma a menudo aspectos sorprendentes. As(, une mujer de sesenta anos, con un cancer avanzado de colon, hace notar que puesto que ella ‘no se deprime nunca’, el céncer, de alguna manera, viene a reemplazar la depresién. La realidad es muy distinta: al no permitirse nada para ella misma, al imponerse ocupar todo su tiempo provechosamente, al obligarse a no estar jamés inactiva, esta mujer no es sino depresion. Depresién- clima: lo opaco. jSe asemeja al pez que se quejaba, sega una anécdota zen, de haber ofdo hablar dei mar y no haberlo visto jamas! 43 a misma. Insensiblemente, en efecto, la represién se adueiia de los iitimes refugios de lo imaginario. Zorn quema las obras de teatro de marionetas que habia escrito y decide “reprimir” sus deseos de escribir. “Al ser la escritura algo malo, expresaba, exponia y simbolizaba mi inferioridad de artista sin mas” (pd4g. 111). Lo que es mas grave atin, en el momento en que se instala en la vida (“habia terminado exitosamente mis estudios, tenia un oficio, tenfa una hermosa casa” [p4g. 139]), en el centro de una soledad donde el tiempo se inmovilizaba, Zorn es presa de un insomnio rebelde a toda medicacién: impase por excelencia de lo imaginario. El insomnio, que forma parte del sindrome depresivo, es en primer lugar una relaci6n con lo imaginario. Pues, {qué es el insomnio sino una defensa masiva, desesperada, contra la activi- dad del suefic y el encarnizamiento en dar vueltas en el espacio vigil, vacio, por miedo a atravesar la noche que nos separa de nosotros mismos? Es por ello que, para- dojicamente, la accién medicamentosa, al hacer inminen- te la caida en el suefio, infunde una energia renovada a los sentidos, que se adhieren a las evidencias diurnas. En consecuencia, el problema se vuelve “médicamente in- soluble”, En los confines de esta desolaci6n, sin embargo, y antes de que el cielo y la tierra se confundan en la misma inmensidad irrevocable, lo imaginario irrumpe por ulti- ma vez. E'] acontecimiento determinante es la muerte del padre. Luego de lo cual, durante un periodo de dos a tres afios, asistiendo fascinado al resurgimiento de una fuerza vital “disociada” que se desencadena subterraneamente, Zorn tiene “visiones” en las que se despliegan intermi- nablemente largas historias, que recomienzan sin cesar, de familias y dinastias. De los personajes que allf nacen y mueren, la “Gran Afligida” retorna periddicamente, “mujer petrificada en el dolor” (pdg. 148), como un signo transparente, una sefial cémplice. “Imagen de mi alma —dice Zorn— que se me aparece espontdneamente bajo esa forma visible para mostrarme lo que en verdad soy 44 0 para preguntarme si nunca habia notado que ella era presa de una gran angustia y yo me hallaba en grave peligro” (pag. 149). Equivalentes de alucinaciones oniricas que emergen en la conciencia vigil, estas visiones representan una reaccién a la desaparicién del padre, un trabajo de duelo que no toma la via, ya bloqueada, de los suefos. El retorno de lo reprimido en tanto contenido imaginario y funcién de lo imaginario se efectia por medio de este rodeo. En esta transposicién “alegérica” de la que los conflictos “dram4ticos” no estén excluidos, los personajes que mueren, Mueren para siempre, salvo la “Gran Afli- gida”, que resucita. Participando de la muerte pero venciéndola, es en ella donde se proyecta el dolor de la pérdida, al mismo tiempo que el intento de superarlo. Intento que no Hega lejos, ya que el retorno de lo reprimide abre en la represién caracterial una brecha que nada puede celmar. Ninguna elaboracién psiquica es capaz de establecer el menor lazo entre lo reprimido y el resto. Se aprecia aqui la extrema dificultad de hacer frente al fracaso de la represién de una fincién. Hecho notable: Zorn constata incidentalmente, sin insistir en ello, que las visiones tuvieron lugar muy poco después de la muerte del padre. Respuesta a un impase, esta proliferaci6n de un imaginario disociado, inasimilado, inasimilable, no hace sino agravar el impase. Es por ello que, suibitamente, las visiones desaparecen a su vez, borradas por la represién caracterial, inica constante de una vida centrada en el objeto unico. Ahora bien, poco tiempo después Zorn descubre que tiene un tumor en el cuello, al cual, por racionalizacién, otorga el sentido, secundario, de “lagrimas contenidas” (pag. 153), y que reemplaza, también segin el modo secundario, la “corneja muerta” (pag. 66) que imagina Hlevar en el cuello. “Inmerso en la ganga de una situacién sin salida” (pag. 145), Zorn continia est4ndolo durante toda su psicote- rapia, la mas reciente, precedida en la adolescencia por 45 otros dos intentos, por la misma razén, la depresién. Empresa paradéjica, en verdad, pues, gcémo, sin destru- irse, destruir en si a los padres que uno es, distanciar- se de una parte de si que al mismo tiempo da y quita la vida? Separarse de ella es la muerte; no separarse, la no vida. En una estructura caracterial extraordinariamente rigida, en ausencia de una sintomatologia neurética 0 psi- cética expresiva y en circunstancias en que la repre- sién de la funcién de lo imaginario neutraliza todo crean- do en todas partes lo neutro, el resultado terapéutico sélo puede ser negativo. En vez de andar mal sin dejar de an- dar bien como antes, las cosas ahora andan bien sin dejar de andar mal. Hasta ahora —dice Zorn—, antes de construir, la psicoterapia ha llevado a cabo “Ja tarea que consistia en romper en mil pedazos una vida pasada” (pag. 168). Destruccién que continta durante dos afios y medio, paralelamente ala extension del cancer. E} dolor que, precisamente, permite decir “yo” (“ahi donde duele, yo soy” (pag. 205), en lo sucesivo se encuentra en estado puro, y el rostro es arrancado al mismo tiempo que la mascara. Detras de la m4scara no habia nada; ahora es el vacio del no rostro, la noche de los origenes, el més ac4 del narcisismo.** Pero es también, gracias al trabajo terapéutico, “la claridad” que trae consigo el fin de los pretextos, acompaiiado por el sentimiento de estar menos uniformemente deprimido, mds activo y capaz de cierta alegria. Y Zorn retoma su actividad, anteriormente condenada, de escritor, via por la cual retorna un imaginario infini- tamente menos disruptive que las “visiones”, pero que queda marcado por la escisién. “La redaccién de mis recuerdos —dice— no me aporté la calma sino, por el contrario, una agitacién y una desesperacién acrecenta- 29. Véase J. B. Pontalis. “Non, deux fois non”, Nouvelle revue de psycha- nalyse, 24, 1981. 30. Véase Sami-Ali, Corps réet-corps imaginaire, Paris, Dunod, 1984, pég. 187 46 das” (pag. 190). Superacién del impase sin abandonar el impase y practica de un imaginario paralelamente a la represién de lo imaginario, la escritura, eh Zorn, esta signada por esta ambigtedad esencial. “Nada de mi desdicha ha cambiado, y lo unico que puedo hacer frente a esa desdicha es escribirla siempre y sin cesar” (pag. 212). Al escribir Zorn anuda lazos, accede a una identi- dad, se crea simbélicamente un rostro, un nombre lite- rario: °' allf al menos, en el debilitamiento de! dominio del supery6, la psicoterapia ha sido un éxito. Mediante la accién de escribir Zorn otorga sentido a lo que no lo tiene, transforma en destino una vida eff- mera. Lo contingente se transforma en necesidad, al mismo tiempo que se desplaza el centro de gravedad de afuera hacia adentro: a la alienacién de los acontecimien- tos exteriores suceden la toma de conciencia y la lucida posesion de si mismo; de si mismo desnudo ante la muerte inminente. En lo sucesivo todo se carga de significaciones, se vuelve al lugar donde lo literal pasa a ser lo figurado. Es el caso, por ejemplo, de la asimilacién del cancer a las “l4primas contenidas”: “Desde un punto de vista estric- tamente médico —dice Zorn— este diagnéstico de reso- nancia poética evidentemente no es exacto; pero, aplicado al conjunto de la persona, dice la verdad” (pag. 153). Y lo que es mas, a medida que el cancer se extiende, los tumores adquieren una significacién que va de lo simbo- lico a lo demoniaco: “Cada nuevo tumor parece represen- tar, en lo mas profundo de su origen psicosomAético, la figura grotescamente gesticulante, diabdlica, de mis padres” (pag. 228). Y sin embargo, no se trata del des- ciframiento de un sentido, sino de la creacién integral de} sentido. Sin cambiar el ser del objeto, éste simplemente modifica su iluminaci6n. Por lo tanto, aqui el sentido no es ni el origen del sintoma “psicosomatico” ni la elabo- 81. Véase M. Verrey, Letire & Fritz Zorn, Lausana, L’Aire, 1980. 47 racién delirante de una enfermedad orgénica: es 6] equivalente de una proyeccién por medio de la cual da comienzo el proceso de cura. De donde surgen, hacia el final, desarrollos que se esfuerzan por insertar al destino de Zorn en un designio sociolégico o astrolégico mds vasto: a pesar de su intencién totalizante, estas interpre- taciones emanan de una conciencia hicida, no obnubilada por sus proyecciones. Se trata, en un funcionamiento del que lo imaginario queda excluide, de equivalentes de delirio, mas préximos, en consecuencia, de una raciona- izacion que permanece distinta de su objeto (“Puedo incluso identificarme con Satands” [pag. 259] y no: “Soy Satands”). Si el relato de Zorn parece tragicamente simple, es porque lo atraviesa una sola linea: la represién lograda de Ja funcién de lo imaginario en provecho de la adap- tacién social que mediatiza el supery6 corporal. De ello resulta una patologia marcada a priori por la depresién donde la formacién caracterial predomina sobre la for- maci6n sintomatica ligada al fracaso de la represién. Las posibilidades regresivas indispensables a todo trabajo Psicoterapéutico estan aqui reducidas a su més simple expresi6n. En esta patologia de lo trivial, la somatizacion es el equivalente de la regresién, no tiene mds sentido que el literal ni otro calificativo que el de neutra, y alcanza al cuerpo real en el nivel de su funcionamiento vital. La localizacién sélo es simbélica retroactivamente. Por consiguiente la somatizacién aparece en correlacién negativa con lo imaginario cuando, en una situacién sin salida, el conflicto se revela insoluble por impensable (a = no a). Lo cual crea, independientemente de toda en- fermedad orgdnica particular as{ como de todo perfil psi- col6gico especifico, una situacién de riesgo maximo que predispone a la somatizaci6n. Esta puede ser precipita- da por la pérdida, imposible de elaborar, del objeto narcisista. Y, de un extremo al otro de una vida ausente de si misma, se reitera implacablemente, sin la menor posibilidad de cambio, hasta el agotamiento final, un 48 tGmico y mismo funcionamiento frente al Gnico y mismo objeto.?? Los factores que el an4lisis de Zorn pone en evidencia son, de hecho, generalizables. Permiten formular una hipodtesis sobre la etiologia psicosomatica del cancer. Numerosos estudios clinicos, estadisticos y experimenta- les sugieren que el cAncer, en algunas de sus formas, es Ja actualizacién, en una situacién sin salida, de una potencialidad biolégica, y que esta potencialidad se inscribe en un funcionamiento caracterial rigido, marca- do por la represién lograda de lo imaginario, al mismo tiempo que por una depresién caracterial difusa, y que la somatizacién misma es la consecuencia de un duelo no elaborable.** De ahi a considerar al cancer como una “en- fermedad psicosomatica” no hay més que un paso. Nosotros no lo daremos ya que, si bien los dos tipos de factores etiolégicos, la patologia de la adaptacién y la situacién sin salida, se encuentran en el cAncer, también estan presentes en otras patologias. Perfilan asi un lugar neutro en el cual tiene lugar una somatizacién neutra. Somatizacién que no tiene nada de especffico, salvo el hecho de que, en todas partes, viene a situarse en el lugar de lo imaginario.** 32. “Puzzle” en el unico relato publicado de Zorn, ea ese objeto inico que es también todos los objetos. “Piénsese en los santos ermitafios del Zurichberg que, meditando sobre el puzzle, descubrieron que la palabra puzzle incluye todas las posibilidades del ser y ta suma de todas las ideas. El vocabulario de! lenguaje de estos hombres santos no cuenta sino con la palabra puzzle, que contiene todas los sentidos posibles”. Le premier puzzle de Zurich, Lausana, L’Aire, 1980, pag. 94. Cuando se es un auténtico escritor —como en cl caso de Zorn—, renunciar a escribir equivale al suicidia. 33. Hay un excelente trabaje que recapituia la cuestién. Véase C. B. Bahn- son, “Psychosomatic issues in cancer”, en R. L. Gallon (comp.), Psychosomatic Approach to Iiness, Nueva York, Elsevier Biochemical, 1982, pég. 53 y sigs. Véase también R. E. Renncket y otros, “Psychoanalytical explorations of emotional currelates of cancer of the breast”, en Psychosomatic Meclicine, 25, 2, 1963. 34. Toda interpretacién “psicosomética” dei cancer debe tener en cuenta, por un lado, los dates epidemiolégicos, y por otro, les factores cancerigenos y congénitos. 49 2. DE LA HISTERIA UNA TEORIA PSICOSOMATICA El tema de la histeria se desarrolla aqui de dos mados convergentes: una primera parte, tedrica, analiza la histeria en tanto sindrome psicosomatico que correspon- de al modelo multidimensional de somatizacién. Una segunda parte, Aistdrica, profundiza los lazos tedricos que acabamos de aislar demostrando, en Estudios sobre la histeria, de Freud y Breuer, que las somatizaciones histéricas son inseparables de las no histéricas, lo que, al mismo tiempo, cuestiona el punto de partida del psicoandalisis. Dos tiempos de una demostracién donde en ningan momento se pierde de vista la complejidad de la realidad clinica. PRIMERA PARTE! 1. Desde su creacién como concepto “psicoldgico”, la histeria parece indisolublemente ligada al suefio y al poder oculto del cuerpo que subyace al sueiio. Decir, como Breuer, que la histeria nace en “estados hipnoides” que el método catartico se esfuerza por recrear, sigue siendo una descripcién rigurosa (muy pronto abandonada en favor de la represién, descubierta por Freud) del extraio 1. Una versién menos extensa de esta primera parte se publics en Psycha- nalyse & l'Université, octubre de 1985, con e] titulo “Une théarie psychosomati- que de lhystérie”. 50 hecho de que aqui el cuerpo y el suefio estan modelados con la misma materia fabulosa. Materia fluida, inapre- hensible, que duplica lo visible que la manifiesta, capaz sin embargo de petrificarse de pronto en torno de un “traumatismo”, imagen tematica fundamental. Petrifica- cién que es al mismo tiempo sedimentaci6n de un recuer- do que ha adquirido la funcién y la intensidad de la imagen onirica en la cual se actualiza el deseo, y suspen- sién del funcionamiento corporal con miras a impedir esta misma actualizacién. La perturbacién funcional en la histeria, tanto senso- rial como motriz, parece por lo tanto una accion magica destinada a anular la “locura” ? de un deseo que toma como pretexto acontecimientos de la vida cotidiana mas trivial, mas “monétona”,? para realizarse en el acto: desmesurado, inconmensurable. La alucinacién es la forma privilegiada de esta realizacion donde lo real esta enteramente absorbido por lo imaginario, un imagina- rio onirico que es proyeccién por excelencia, objetivacién de si fuera de si, transformacidn del sujeto en objeto, re- emplazo del modo optativo del discurso por el modo in- dicativo.* El cuerpo histérico es el correlato de una proyeccién que trastorna radicalmente el funcionamiento psiquico, pero que no deja de integrarse en el funcionamiento racional, tal como el recuerdo del suefio en la eonciencia vigil. Si bien en el momento de su constitucion la histeria es una proyeccién emparentada con la psicosis alucina- toria, “psicosis histérica”,® si la hay, es tambien y sobre todo una puesta entre paréntesis del funcionamiento psicotico. “Contradiccién”* que hace que en la histena 2. *En los estados hipnoides no se trata més que de un alienado, tal como todos io somos en nuestros suefios”. S. Freud y J. Breuer, Etudes sur hysterie, Paris, PUF, 1956, pag. 9. 3. Ibfd., pag. 9. 4. S. Freud, Le mot d'esprit ef ses rapports avec J'inconsctent, Paris, Gallimard, 1930, pag. 249. 5. §S. Freud y J. Breuer, Etudes sur l’hystérie, pag. 6- 6. Ibfd., paég. 9. 51 coexistan sin destruirse ensofiacién y lucidez, locura y raz6n, proceso primario y proceso secundario.” Sin embargo, el cuerpo es en la histeria tan real como imaginario: comparable en esto con el suefo de fuentes somaticas, el sintoma histérico también pone en acto una potencialidad organica que, en el momento del sueno, se ofrece a la elaboracién proyectiva, convirtiendo el displa- cer en placer. Come los restos diurnos que entran en la formacién del suejio, la realidad corporal sélo puede contribuir a la creacién del sintoma histérico si presenta un cardcter de adecuacién: debe ser apta para materia- lizar el deseo alucinado. La “complacencia somatica” indica exactamente como ja realidad corporal, ya trabajada por la enfermedad organica, se vuelve suficientemente maleable como para participar en las metamorfosis del cuerpo imaginario. Es en esta persistencia del cuerpo real mas alla del cuerpo wmaginario, cuando Ja dualidad se funde en un corporal onirico, lo que de entrada abre a la interrogacién, en el momento mismo en que se constituye el concepto de la histeria, el campo de la psicosomatica.® 2. Se sabe, en efecto, desde Anna O. --pero se finge no recordarlo—, que los cases de conversion histérica pre- sentan singulares mezclas en las que lo psiquico puro se confunde con lo orgdnico puro, y donde la accién psico- terapéutica puede tener las incidencias mas fuertemente influyentes sobre el plano orgdénico. La modificacién sintomatica que se opera es inseparable, por un lado, del desarrollo de la transferencia, y por el otro, de la posi- 7. Apropésito de Emmy V_N., Freud subraya “la apariciin facil de delirios y aluctnaciones con una actividad mental sin embargo intacta...”, ibfd., pag. 67. 8. Acerca del estado actual de la investigacién psicoanalftica relativa ala histeria, véase J. Laplanche, “Panel on hysteria today”, Intern. J. Psychoanai., 55, 1974 Sobre |a cl{nica psicoanalftica de la histeria, véanse M. Robert, “Aspects psychologiques du travail de l’omnipraticien”, Folia Psychopractica Roche, 19, 1982, y C. Ford, The Somatizing Disorders, Nueva York, Elsevier Biomedical, 1983, pig. 49 y sigs. 52 bilidad de somatizaciones no histéricas. que entonces aparecen. La psicosomdatica de la histeria debe analizar esta doble eventualidad inscripta en una evoluci6n en la que el sujeto esta implicado por su referencia a lo psiquico y a lo somatico. No cabe duda de que, si bien el sfntoma histérico “habla”,? no por ello es reductible al lenguaje, aunque se nutre en la misma fuente que el lenguaje; ' fuente que el cuerpo provee mediante sus posibilidades expresivas més elementales y que vuelve a encontrarse integramente en la elaboracién onfrica. Como la imagen del sueiio, el sintoma histérico expresa lo verbal por medio de lo figurativo. “Jeroglificos” '* donde la palabra es aun la cosa, y “alfabeto” donde la letra es el objeto, y el objeto el geste que lo perfila como poten- cialidad. El] cuerpo, en la histeria, materializa significa- ciones corporales que él mismo crea por proyeccién (la sensacién de aura histérica en la garganta —escribe Freud— se producia paralelamente al pensamiento: “Héme aqui obligada a tragar esto”,!? o también, “en la astasia-abasia, las frases: ‘quedarse clavada en el lugar’, no ‘tener ningvin apoyo’, sirven de fondo a este nuevo acto de conversién”.!* Abora bien, por multiple que pueda llegar a ser, y cualquiera sea su sustento orgdnico, el sentido que alli se descifra es constitutivo del ser mismo del sintoma: sentido primario que es muy importante distinguir del sentido secundario y que quedara aclarado con una serie de breves ilustraciones clinicas. 2. es una joven mujer de estructura alérgica, que sufrié sobre todo de asma infantil, pero que actualmente padece de frecuentes migrafas. Durante una sesién, en particu- lar, se queja de dolor en la nuca: puntadas y sensacién de pérdida del equilibrio; al mismo tiempo la cabeza esta 9. S. Freud y J. Brever, Etudes sur f "hystérie, pag. 117, 10. Ibid., pag. 145. 11. Tbid., pag. 102. 12. Tbid., pag. 144. 13. Ibfd., pag. 140. 53 como aislada del resto del cuerpo, lo alto y lo bajo ya no se comunican. Refiere un suefio de la vispera, que prefigura el estado organico en el que se encuentra actualmente. En la cama, junto a dos personas, siente vagamente que le viene la menstruacién, se preocupa por haber manchado la sAbana, que revisa: ninguna huella de sangre. Sin embargo, a la altura de la nuca, en el lugar exacto que ella ocupaba, su mirada es atraida por una mancha de sangre negra. Z. hace notar que el color oscuro de la sangre indica mas bien el fin de la menstruacién. Indicacién que sdlo adquiere sentido cuando se la relaciona con la interdic- cion que afecta globalmente a la sexualidad: Z. tiene justo e] derecho de que le venga una menstruaci6n que se termine... para siempre. Pero, sobre todo, no es cuestién de evocar la sexualidad en una situacién transferencial en la que el analista esté ubicado en el lugar de una madre prohibidora de la que Z. depende, por otro lado, segtin un modo relacional propio de la alergia, hasta en su existencia corporal. Un duelo no elaborable constrifie a Z. a negarse, a negar en ella todo deseo y toda aspi- racién a fin de no tomar conciencia de la realidad de la pérdida: que ella misma ha sobrevivido a aquella que ya no es. La interdiccién, sin embargo, lejos de permanecer en la esfera psiquica, influye sobre todo el cuerpo, dando lugar a modificaciones dinamicas que, en Z., son también la base de la migrafia: la cabeza estd disociada del resto del cuerpo, al que representa; la excitacién sexual se ha desplazado de abajo arriba y el placer se ha mudadeo en dolor. La interpretacién lo pone de manifiesto con pre- cisién, liberando al mismo tiempo una palabra imposi- ble que, para negarse, debe negar al cuerpo. Parte inte- grante de una sintomatologia compleja, la somatizacién, en este caso, no deja de estar relacionada con la conver- sién histérica: el dolor en la nuca es la efimera creacién de una noche, lo mismo que el suefio que la prepara y del que es la prolongacién diurna. 54 He aqui otro ejemplo donde el sentido primario del sintoma se despliega sobre un fondo organico probable. Y., mujer de mediana edad, presenta desde hace algunos afios discretas perturbaciones del orden de la rigidez muscular que sugieren un sindrome parkinsonia- no. La evolucion de Y. en el andlisis es extremadamente lenta y esta marcada, en el plano inconsciente, por la identificaci6n masiva con una madre descripta, por esta hija inica, como “una incubadora y un lastre”. En efecto, si el placer esta interdicto, la interdicci6n aparece siem- pre en los suefos como una compresién fisica global: siente su cuerpo atado, encorsetado, atenazado. Cuando suefia con un coche o un tren, el acento recae sobre el sistema de freno, al punto que el movimiento se anula en provecho del deslizamiento inercial. En contadas ocasiones se levanta la inhibicién y hay entonces suenos de liberacién fisica total: bailar, patinar, desplazarse sin rozar el piso. Si bien hay descarga motriz, se trata de una descarga dominada en todas partes, sometida a una forma de expresién “aceptable”, donde la investidura sexual del cuerpo, tanto seducido como buscando seducir, se opera por medio de movimientos solitarios. Cuando la madre muere, los sintomas organicos de Y., en especial los calambres en las piernas y en las manos, se agravan notoriamente. Se trata de una identificacion reparadora con la madre muerta, cuyo papel de rival comienza a manifestarse. Bajo el efecto de un sentimien- to de culpabilidad perfectamente inconsciente, Y. se ve con un cuerpo inerte, que no tiene derecho a vivir, especialmente a sobrevivir. Refiere varios suenhos edipi- cos, uno de los cuales, en particular, es seguido, en el momento del despertar, por un calambre en las piernas. Y. estA con un amigo intimo de antafo, relacién que la madre ignoraba completamente; debe dar un examen al mismo tiempo que él. Una profesora le hace una pregunta que no sabe responder, y la examinadora le pide al amiga que le masajee las piernas. Y. huye despavorida. 55 Ligados en general a la angustia del despertar y al enfrentamiento con los demas, les calambres, aqui, representan tanto el anhelo de sustituir a la madre junto al padre para “hacerse masajear las piernas”, como el castigo por ese anhelo. La desaparicién efectiva de la rival refuerza, en el plano transferencial, este doble movimiento. Ahora bien, algunos meses mas tarde, Y. se ve en suefios como una nifia de cinco afios; su padre le esta secando los pies con una toalla. Luego, con su pie, acaricia un pene suelto que no pertenece a nadie. Para su sorpresa, al despertar no tiene calambres. El sentido primario del sintoma se deja descifrar fécilmente en una relacién transferencial sexualizada cuyas eventualidades no deben sin embargo hacer olvidar un posible segundo plano orgaénico. La conversién histé- rica (“me figuro que los calambres ocurren en mi cabeza”) no va unida en modo alguno —no mas que en Z.— a lo que se podria llamar una estructura histérica.™ Muy distinto es el sentido secundario que, retroacti- vamente, puede adquirir un sintoma orgdnico verdadero. X, de treinta afios, padece de una esclerosis en placas que lo obliga a desplazarse en silla de ruedas. Lo veo en su casa a su pedido porque —precisa— esta a punto de tomar una importante decisién. No bien cierra la puerta, y como signo de una angustia muy viva, se disculpa porque debe ir a “hacer pipf’. Al volver explica que, gracias a una psicoterapia anterior, comprende ahora 14. No esta comprobado que les calambres formen parte del sindrome parkinsoniano, s{ndrome sobre euyo diagnéstico los andlisis biolégicos vacitan en pronunciarse. Ahora bien, todo el anflisis de Y. esté tetido de esta ambigtte- dad. Por un lado, en efecto, si bien la sintomatologfa org4nica parece responder positivamente a la quimioterapia, lo que habia en favor de la enfermedad de Parkinson, no deja de ser cierto que las “descomposturas” y los “frenajes”, por otros motives, siempre han existido como sfntomas de inhibicién. Lo cua) hace decir a ¥. que padece exactamente la enfermedad que corresponde a su caracter. Por otre lado, la evolucién de la enfermedad parece tan estrechamente ligada a la depresi6n, a Ia identificacién con la madre muerta que, al deavanecerse esta identificacién como consecuencia del trabajo analftico, 1a salida de la depresién determina wna notabie mejorta del estado fisico. Excepto por este detaile, se trata de la curacién, pero ello no excluye una eticlogfa mixta. 56 que ha “elegido” su enfermedad a fin de poder compor- tarse mal impunemente: ensuciarse, quedarse sentado, no ceder el asiento, etc. Y otras tantas “tonterias” dis- culpables por adelantado. Asi, ya de entrada, tres cosas eran evidentes: una angustia corporal que tomaba el camino de la incontinen- cia y que revelaba una extrema vuinerabilidad frente a alguien con autoridad; un conformismo social que la enfermedad hacfa inaplicable; y la enfermedad misma, que se explicaba “psicolégicamente” por el deseo de oponerse al conformismo. Mas que de una racionalizacién se trataba de una verdadera negacién que, poco a poco, tomaria las dimensiones de la interpretacién delirante. La esclerosis en placas de X comenzé a los dieciocho afios, poco después de la muerte del padre, con una diplopia que un tratamiento con cortisona logré eliminar. A los veintitin afios, virgen atin, X se casé pero present6é eyaculacién precoz y, mas tarde, impotencia. La necesi- dad de orinar al principio de la entrevista reproduce esquematicamente este sintoma. Hijo unico, X. presenta asu madre como “hiperprotectora” y a su padre, militar de carrera, como exigente y demasiado preocupado por la salud de su hijo, al punto de tomarle diariamente la temperatura y de enloquecerse por la mds minima desviacién de lo “normal”, consignando todo en un cuaderno. Tanta ansiedad crea un clima de inseguridad propicio para las somatizaciones, las cuales de entrada se desarrollan en el terreno alérgico. Asi ocurre por ejemplo con un asma precoz que alterna hasta los once afios con eczema, y con una poliomielitis a los ocho meses, aparentemente “curada sin dejar secuelas”. Ahora bien, no es casual que el recuerdo del padre haya sido asociado a los cuidados que éste prodigaba a su hijo enfermo (untar y vendar las manos eczematosas, en particular), pues tal imagen corresponde de hecho al papel asignado al analista durante la entrevista y deja traslucir ademas que en el plano inconsciente no existe mas que una sola figura, y que ésta es materna. Figura 57 en la que se confunden manipulaciones corporales y exigencias de moral conformista, cuerpo y corpus de reglas que determinan un “supery6 corporal”.'* A los once afios, en el momento de cambiar de escuela, X sufre una caida y se rompe el brazo izquierdo. Es el comienzo de un periodo agitado, marcado por diversas enfermedades, entre otras rubéola y célicos nefriticos, a través de las cuales se expresa el “rechazo a crecer”. Por lo demas, es su necesidad de reencontrar al bebé que fue un dia lo que, segin X., explica su larga historia de enfermedades. Sin embargo, una mirada liicida le hace reconocer, mds allA de toda explicacién retrospectiva, “que se vive solo y se muere solo”. Estamos sin duda frente a una “patologia de la adap- tacién”'® cuyo rasgo mas singular es la inaccesibilidad a la actividad del suefio. X. “no suefia”. Olvido sistematico de la faz nocturna del ser y signo de una persistente represio6n de la funcién onirica. Dos suefios, sin embargo, se resisten al olvido y per- miten entrever lo que lo motiva. Uno, acaecido poco después de haberse divorciado de su mujer (“maternal y autoritaria, dejé la falda de mi madre por la de mi mujer”), expresa el sentimiento de una libertad recupe- rada: alegremente, X. baja por una escalera sin baran- dilla. El otro en cambio, se sittia al comienzo del matri- monio: una sorda culpabilidad respecto de la madre ubicada en el lugar de la instancia paterna prohibitiva lo transforma en pesadilla, “la pesadilla, lo mas terrible que he visto Jamas”. Acusado por su madre de haber cometido una falta que disimula (se trata de unos docu- mentos), X. se despierta aterrorizado y no se calma hasta haber escrito lo que acaba de “ver”. Cuando le cuenta el suefio al profesor de yoga, éste lo tranquiliza: “Pero esta muy bien; eso demuestra su deseo de crecer”. 15. Sami-Al, Le viswel et le tactile. Essat sur la psychose et lotlergie, Parts, Dunod, 1984, pag. 67 y sigs. 16. Sami-Ali, Le banal, Paris, Gallimard, 1980, pag. 77 y sigs. 58 Sin embargo, los unicos dos suefios que X recuerda aislan, como dos paréntesis, un acontecimiento donde, a trayés de la vergiienza y la angustia, se esboza por primera vez una tentativa de liberarse del dominio materno. Estamos lo mas lejos posible de la organizacién edipica. Lo que pone en movimiento la represién de la funcién onirica parece ser la emergencia, en forma de pesadilla, de una situacién conflictiva no elaborable. Las puertas del suefio se cierran para los fantasmas: ya no se suefia para no sofiar con eso. La represién de un contenido pasa por la represién radical de una funcion. Al evitar la vida onirica se evitan las angustias precoces de una relacién que, como en toda alergia, fue siempre exclusivamente dual.” Si X. quiso conocerme fue porque habia adquirido la certeza de que su enfermedad era “psicologica”. {No es acaso lo que le daba a entender su ex psicoterapeuta al afirmar que “salir adelante sélo dependia de é1”, 0 ese otro psiquiatra que le aseguraba: “usted no esta enfermo”? Tomando su destino en sus propias manos, mientras reclama, en una situacién transferencial determinada, el aval de quien le fue presentado como “hacedor de mila- gros”, X. tiene la intencién de hacer gimnasia y natacién. Proyecto que corre parejo con el “descubrimiento”, a partir del hecho de que volvemos a la tierra de la que salimos, de una nueva religién fundada en la adoracién de una diosa, “la diosa tierra”. De modo que la actividad corporal planeada adquiere un valor simbélico coherente. “Nadar es volver al vientre materno”. Asi queda preci- sada una elaboracién proyectiva generalizada que tiende a romper la dependencia del objeto materno y a tomar entera posesién de él, a unirsele mds alld del espacio y del tiempo. En razén de su misma extravagancia, por ser tanto negacién delirante de la realidad corporal como afirmacién de la omnipotencia del deseo, tiene la virtud 17. Sami-Ali, Le visuel et ie tactile. Essai sur la psychose et Latlergie, pég. 103. 59 (oar de insuflar al cuerpo una fuerza nueva. Con ella comien- za una toma de distancia respecto del desamparo fisico y la posibilidad de salir, aunque sea por un tiempo, del impase donde X. se ha encerrado. Si la proyeccién se hace cargo de ello es porque, en si, la proyeccién forma una unidad con el proceso de cura. Lo que Freud dice del delirio paranocico, a saber, que “lo que tomamos por produccién mérbida, por formacién del delirio, es en realidad la tentativa de cura, la reconstruc- cién”,'® se aplica eminentemente a la enfermedad orgé- nica cuando ésta va acompafiada de fenédmenos proyec- tivos. Conferir retrospectivamente al sintoma un sentido por medio de la proyeccidén, en una tentativa iltima de justificar lo injustificable, puede entonces marcar la tran- sicién, al modificar en profundidad todo el funcionamien- to psicosomatico, del cuerpo real al cuerpo imaginario. En el limite, se establece una correlacién negativa entre pro- yeccién y somatizacién'* que, entre otras razones, explica la escasez cuando no la ausencia de enfermedades orgé- nicas en las psicosis estructuradas. 3. Todo esto no es, sin embargo, mds que la mitad de la verdad pues, a la inversa de lo que ocurre en la histeria, donde el cuerpo esta lleno de un imaginario que lo desrealiza, la somatizacién debe ser concebida en correlacién positiva con la proyeccién. Tenemos aqui los dos extremos de una somatizacién donde se juega el destino del ser humano en tanto unidad psicosomatica, y que se articula en torno del proceso proyectivo. Todos los matices intermedios estén permitidos segin que prevalezca una u otra de las variantes de la proyec- cién. De ningun modo limitada a su papel defensive sino sosteniendo, por el contrario, el conjunto del funciona- 48. S. Freud, “Le Président Schreber”, en Ciag psychanalysee, Paris, PUF, pag. 315. 19. Véase Sami-Ali, Corps réel-corps smagrnaire, Paris, Dunod, 1984, pag. ils. 60 miento psicosomatico, la proyeccién presenta numerosas modalidades donde, sin soluci6n de continuidad, lo cons- ciente y lo inconsciente se combinan cada vez de un modo original y diferenciado. Asi se perfila, por oposicién a lo real, la dimensién de lo imaginario que constituyen, por una parte, el suefio, y por la otra, los equivalentes del suefio, a saber, la alucinacién, el delirio, el fantasma, el juego, la creencia, el comportamiente magico, el pasaje al acto con valor onirico, el sentimiento de lo siniestro, el afecto —que en general es posesién m4gica del objeto y por el objeto— y la transferencia.”° Para aprehender en su totalidad el fenémeno psico- somatico es por lo tanto forzoso determinar el vinculo exacto entre lo imaginario y una forma dada de soma- tizacién. Vinculo que, necesariamente, pasa por un proceso especffico de represién, la represién de lo ima- ginario. Ahora bien, en la somatizaci6n histérica, la represién fracasa; el sintoma de conversién corresponde, de acuerdo con el modelo freudiano de la formacién sintomatica en general, al fracaso de la represién y al retorno de lo reprimido. La somatizacién no histérica, en cambio, se define por el éxito de la represién de lo 20. Precisemos la condicién de lo imaginario en la transferencia. Al oscilar entre lo real y lo imaginario, ia transferencia es asimilable a una actividad onfrica en estado de vigilia y que modifica ia vigilia, actividad a través de la cual surge en el tiempo, fuera del tiempo, con una fuerza de adhesién y creencia totalés, un acontecimiento inmemorial. Sin duda la transferencia no es ia proyeccién aunque, en las cercanfas de ia psicosis, puede tender aella impercep- tiblemente, perdiéndose entonces |e distancia con Jo que fue proyectado como realidad (fa proyeccidn siempre es proyeecidn de una realidad). Entre trans- ferenciay proyeccién Ja diferencia es de grado, no de naturaleza. Ast, la transfe- rencia aparece como una proyeccién inconsciente suspendida por el funciona- miento conaciente, se cree en ella sin creer en ella, se deja uno enganar por ella durante un tiempo, se coincide con ella pero para alejarse. La razon, atraida, no sucumbe a ella. Por eso lo que en un principio fue vivido como una realidad se refracta luego en Ja actividad vigil, se transformaenuna imegen cuya inadecua- cién a lo real se reconoce, por lo tanto, en una “seudorrealidad”, una realidad “como si” que la elaboracién interpretativa transferencial, tamando esta doble referencia de lo inconsciente y lo consciente (“todo ocurre, en efecto, como si. ") se encarga de remitir a lo “demonfaco” de la repetici6n. En lo sucesivo, le tem- poral es sefiueio de lo intemporal. 61 imaginario, represién que persiste gracias a una forma- cién caracterial que se establece progresivamente, frente al suefio y a sus equivalentes. Es decir que la represién duradera de lo imaginario no puede efectuarse sin la transformacioén del conjunto del funcionamiento psico- somatico. Periédicamente, en efecto, pero sobre todo alrededor de la pubertad, este funcionamiento afronta la irrupcién repetitiva de lo reprimido bajo forma de pesadillas, insomnios, angustias despedazadoras.”' Cuando _final- mente vuelve la calma, uno se percata de que la situacién interna s6lo ha sido dominada gracias a la formacién de una actitud caracterial permanente: una desinvestidura que es, de hecho, una Contrainvestidura inconsciente de lo imaginario, que corre paralela a una sobreinvestidura de !o real. El olvido de los suefios se vuelve sistematico y en lo sucesivo es lo real identificado con lo racional del modelo social lo que viene a ocupar el vacio dejade por la retirada de lo imaginario. Vacio aparente, en todo caso, que no es la nada del funcionamiento sino otro funcio- namiento hecho posible por la represién de una funcién. El suefio ya no forma parte de la experiencia vivida, esta mas alla del olvido circunstanciado. Por lo tanto la ausencia de lo imaginario no es una “carencia”, un no ser real.” Es lo que sucede con el funcionamiento psicosomatico cuando la represion carac- terial prohibe el acceso a la vida oninica. En este sentido, la represién persistente de los suefios, en la que se realiza 21. Que al menos quede claro Jo siguiente: fuera del caso de los nifios, la pesadilla no puede atribuirse a una elaboracién psfquica insuficiente, y en consecuencia tampoco puede ser entendida como signo de una “debilidad del sistema preconsciente”, ya que la pesadilla es, por el contrario, Jo que sucede con lo reprimido cuando la represién es sbitamente forzada. “La pesadilla sdélo aparece cuando la censura resulta vencida, enteramente o en parte”, dice Freud (Liinterprétation des réves, Parts, PUF, 1980, p4g. 233). Por lo tanto esté relacionada con e] retorno masivo de jo reprimido, y, como lo sefaia justamen- te Jones, con la profundidad de Ja represién (E. Jones, Le cauchemar, Paris, Payot, 1973, pag. 35). Y remite, de todas formas, a la problematica dei superys. 22. P. Marty, L’ordre psychosomatique, Paris, Payol, 1980, pég. 62 y sigs. 62 un compromiso caracterial entre la necesidad de dormir y el miedo a sofiar, debe ser considerada como la forma mas acabada del insomnio, insomnio que, originariamen- te, constituye una defensa desesperada contra la activi- dad onjirica.”® De esta configuracién de condiciones dinamicas nace una personalidad que armoniza con las normas sociocul- turales, las interioriza y se esfuerza por reproducirlas. Reproduccién que es repeticién de lo mismo, aplicacién de un conjunto de reglas adaptativas definidoras de un modo de vida que hace abstraccién de lo subjetivo, una subjetividad sin sujeto. Si a una personalidad semejante se mezcla una somatizacién cualquiera, ésta serd necesariamente orga- nica, se destacaraé sobre un fondo caracterial inalterado, cuando no inalterable, y tendra lugar en un impase donde ° los términos mismos del conflicto, en esto préximo de la vertiente psicética, se tornan impensables por ser con- tradictorios (a = no a). Se trata, en consecuencia, de una patologia de la adaptacién caracterizada por la represion persistente de lo imaginario, y en la que los sintomas orgénicos, en razén de no ser el resultado del fracaso de la represion y del retorno de lo reprimido, son lo que son. El sentido simbélico de esos sintomas no puede sino ser secundario. La somatizacién de lo literal responde asi a la somatizacion de lo figurado en la histena. Ambas somatizaciones, sin embargo, pueden coexistir si de pronto la actividad onfrica es alejada del campo de lo consciente. Es entonces cuando se comprueba la presen- cia simultdnea de lo literal y lo figurado en el seno de 23. Tado trabajo psicoterapéutico que modifica, por poco que sca, el funcio- namiento psicosomatico, leva a sofar a aquellos que desde hacfa mucho tiempo “no sofiaban”. El levantamiento de ia represién caracterial permite tener acceso nuevamente a una actividad on{rica que, invariablemente, reviste la forma de las pesadillas. En apariencia se vuelve as{ al momento en que, en plena lucha contra el tetorno de lo reprimido, comienza 8 producirse Ja represidn de la ac: tividad onfrica. Recordar los suefios roza, en efecto, la despersonalizacidn si el sofiante no se reconoce en ellos, si se descubre radicalmente extrafo a s{ mismo. 63 A ook hfe Ws Cen -_ re ee > > CUZ pe una organizacién caracterial histérica que parece tocar su limite. Tal es precisamente el caso de B., joven mujer cuya principal queja es la dificultad de establecer lazos afec- tives durables. Impulsada por el fantasma del “principe azul”, su vida sexual es un continuo pasaje al acto del que no esta excluida la promiscuidad, una busqueda enloquecida del padre y de un hijo del padre. Por otra parte esta busqueda es atizada por recuerdos de su infancia, en la que el padre jugaba a ser el esposo de su hija. La actividad sexual caracterizada por el deseo de seducir a todos los hombres, que son el mismo hombre, se encuentra asi desvinculada de sus rafces afectivas inconscientes: cada aventura reproduce la anterior, y la decepcién y el menosprecio de si misma reemplazan a la ilusién de haber encontrado la felicidad. Impulso que, al condenar a B. a la repeticién, tiende a mantener, por medio de una descarga puntual de la angustia, la repre- sién caracterial de la vida fantasmAtica. Lo actual, contra lo que B. choca incansablemente con la esperanza de ver su problema resuelto desde el exterior, viene aqui a reforzar una primera represién, al mismo tiempo que suplanta lo reprimido. Paralelamente a esta orientacién excéntrica de si, concerniente al desplazamiento fébico del conflicto desde adentro hacia afuera, se produce la represién de la actividad onfrica. En efecto, B. no recuerda sus sueiios y slo lo logra después de un prolongado trabajo analitico. Pero incluso entonces no tienen sentido. En especial, su vinculacién con el pasado por un lado, y con la transfe- rencia por el otro, sigue siendo muy vaga durante mucho tiempo, Mas atin, una vez elucidados, los sueiios de B. permanecen aislados, fuera de contexto, no integrados, no integrables y muy préximos al olvide del que acaban de surgir. Tarde o temprano, en él desapareceran. Lo que escapa a la represién, a la larga es recuperado por ella. Flujo y reflujo caracteristicos de un anélisis donde cada sesién es un comienzo, un recomienzo, hasta que pacien- 64 temente se efectia el dificil aprendizaje de los suefios. El obstAculo no es la debilidad del sistema de ligazén preconsciente,” sino este formidable rechazo de la fun- cién onirica. La practica de los suefios, sin embargo, sigue siendo bastante restringida en B., irregular, interrumpida por largos periodos de ausencia de suewios. Sutil oscilacién entre ceder y no ceder, y aceptacién circunstanciada de ese otro si-mismo que es apenas si-mismo. Pues a pesar de la duracién excepcional de este andlisis, la represién caracterial no deja de pesar en el funcionamiento psiqui- co que, mientras tanto, se ha vuelto mds flexible y més abierto a la vida onirica. La represién de lo imaginario alterna aqui con el levantamiento de la represi6n, lo que da lugar a dos formas irreductibles de somatizacién, lo literal y lo figurado. Ello sera sucintamente ilustrado por un episodio, situado hacia el final del andlisis. Luego de la desaparicién de su padre, B. vive un periodo de duelo que ningtin sueiio viene a aliviar. En efecto, los sueiios fijados a esta muerte se conforman con reproducir sin mas un acontecimiento que resulta completamente traumAtico: en la prisa y la angustia del tiempo que apremia, B. asiste al entierro de su padre, quien jamds aparece con vida, como si, estupefacto, el trabajo del suefio no pudiera negar la pérdida. Pero esta negacién no tarda en tomar el camino de un impulso hipomanfaco que, de ruptura en ruptura, termina por crear el vacio a su alrededor. Liquidacién realizada sin elaboracién interna, anunciadora de depresién. Cuando, insidiosamente, ésta consigue investir todo el espacio psiquico, la represién de la actividad del suefo se vuelve total: la memoria ya no retiene im4genes nocturnas. Ruptura consigo mismo, ruptura con el préjimo, todo contacto carece de profundidad. La energia, bloqueada, se agota interiormente, sin poder franquear ningin 24. Véase P. Marty, L’ordre psychosomatique, Paris, Payot, 1980, pag. 62 y sigs. 65 umbral. Y tode se detiene, al chocar con un terrible sentimiento de culpabilidad, tan envolvente como im- palpable. Muy pronto, vivir se tornaré problematico, con una pérdida del apetito que hard penosa la alimentacion. Se instala una anorexia histérica, si la hay, cuya unica raiz es la repugnancia oral sexual y que, por lo tanto, debe ser distinguida de su variante psicética, completamen- te estructurada sobre el modo proyectivo en torno de la angustia precoz de comer y ser comido por la madre. El hecho de que semajante patologia se manifieste después de tantos anos de trabajo analitico es mas que suficiente para lanzar a B. a la desesperacién: evidente- mente, el andlisis no sirvié de nada. Es por ahi sin embargo por donde afluyen, por primera vez, autorrepro- ches basados en el sentimiento inconsciente de culpabi- dad. Por fin, emerge un suefo recapitulador: a su madre, que le reprocha su malestar (“me agotas”), B. replica: “jPuedes reventar’ Infrecuente expresién de una violencia hasta entonces desconocida y que, en la situa- cién transferencial, revela que a través de la anorexia se expresa el deseo de destruir a la madre destruyéndose, de castrarla castrdndose,?* de vengarse de ella por haberla privado definitivamente de su padre. La vida onirica resurge poco a poco, al mismo tiempo que el gusto por la vida. La depresién se disipa pero deja secuelas orgdnicas, como sila represién prolongada de la actividad del suefio no pudiera tener lugar sin perturbar la fisio- logia del cuerpo real. Sobre un fondo vaciado por la retirada de los suefios, B. descubre que tiene un nédulo en la tiroides. Ahora bien, aunque nada indica que sea maligno, se dividen las opiniones acerca de una eventual operacién. La inquietud que siente B., por fundada que 25. La probleméticafélica en B. hace entrever de cntrada que el cuerpo y el suefio pertenccen a ki misma esencia imagiparia. Asi, en un sucho B. le muestra a su analista unas estrias en e! muslo. Y asocia: estrias (vergetures) = vergas duras (verges dures). Es el cuerpo imaginario el que mediatiza este juego de palabras. 66 esté, en lugar de arrojaria a una accién desenfrenada, sirve por el contrario como pretexto a un verdadero repliegue sobre si misma. B. se da tiempo, y mientras tanto los suefiios cambian: ahora pueden ir més allé del duelo. En un suefo, espe cialmente, B. ve a su padre vivo, bien vivo; se alegra por ello pero no se atreve a tocarlo, pues su madre esta discretamente presente. Asi se aclara el motivo secreto de estos suefios repetitivos destinados a dar forma a la ausencia y en los cuales, invariablemente, B. ve a su padre muerto: jes que no tiene derecho a verlo vivo! Suefios que, consecuentemente, son dictados por un superyé restrictivo que se amalgama con un proceso de repeticién, a fin de impedir que la imaginacién se des- pliegue libremente, que supere el dolor pasivamente sufrido, que se reconcilie con la muerte del otro y con la propia. Sin llegar a sostener que los suefios trauméaticos se adecuan en su totalidad a este esquema, parece indispensable determinar la parte atribuible al superyé en la génesis de la tendencia a la repeticién. Es por ello que, a menudo, sofiar puede ser la negacién de sofar, asi como cjertos suefios emanan del superyé, constituyendo un ingenioso compromiso entre el sofiar y el no sonar. Olvido de los suefios, recuerdos de suefios de displacer, emergencia de los suefios de placer, ahora la gama ha quedado ampliamente abierta. B. alceanza un extremo con la posibilidad nuevamente adquirida de reencontrar, a pesar de la interdicci6n materna, al padre en los suefos y en la situacién analitica. Ahora bien, cosa notable, el acceso a la vida onirica, que permite salir de la depresién, parece tener igualmente la virtud de reequilibrar el sistema glandular ya que, a partir de aqui, el nédulo de la tiroides desaparece espontaneamente. Consecuencia inesperada de una evolucién global donde lo “psiquico” y lo “somatico” son inseparables, regitios ambos por una correlacién negativa entre proyetcién y somatizacién. Lo que predominaré en lo sucesivo, pese a la irregu- laridad del funcionamiento onfrico, es el cuerpo imagi- 67 spate an eee ee a nario. La apertura onfrica, que pone fin en B. a un ma- lestar fundamental que conmueve al cuerpo real, tam- bién hace posible la reconstitucién de la imagen del cuerpo subyacente a la anorexia histérica. Esta, como hemos visto, es un violento rechazo, por repugnancia, de la madre nutricia. Pero la oralidad no es lo tinico que es- ta en juego. Como lo demuestran otros suenos, la violen- cia pulsional esta igualmente ligada a las funciones eli- minatorias: B. se impone la abstinencia oral para no ver- se llevada a “cagar” a su madre. Asi, boca y ano son cém- plices, mientras que en el cuerpo imaginario se elabora un conflicto relacionado con la madre, ala que sé procura destruir y conservar al mismo tiempo. Ahora bien, si la histeria “se comporta, en las pardlisis y otras manifestaciones, como si la anatom{fa no existiera 0 como si no tuviera de ella conocimiento alguno”,2* es porque, de entrada, compromete al cuerpo imaginario. Este no es la realidad corporal en si sino su transposicién fantastica. Transposicién que toma apoyo, por un lado, en el cuerpo real, y por el otro, en una representacién visual inmediata basada en la lengua hablada, lengua en la que los érganos estén tomados “en el sentido vulgar, popular, del nombre que Ievan: la pierna es la pierna hasta la insercién en la cadera, el brazo es la extremidad superior tal como se dibuja bajo la ropa”.27 La representacién, sin embargo, sdlo resulta operante, provista de una eficacia que sostenga el funcionamiento psiquico, cuando cesa de ser representaci6n, presencia retroactiva de un acontecimiento externo, imitacién de un real que no contiene, para reencontrar una autonomia que le es propia, una dind4mica que se arraiga en el ser primero del hombre. Lievada a sus origenes subjetivos, la representacién se revela como una proyeccién que mediatiza la relacién profunda del sujeto con el objeto, 26. Ss. Freud, “Queliques considérations pour une étude comparative des paralysies motrices organiques et hystériques”, Gesammelie Werke, I, Frane- fort, Fischer, 1972, pég. 501. 27, Tbtd., pag. 52. 68 del sujeto con su cuerpo. Por |o tante, Jo que comtinmente se denomina imagen del cuerpo es algo més que una imagen que no se confunde con el cuerpo; es el ser mismo del sujeto encarnado como ser imaginario. Pues, en todo momento, el cuerpo tiene ese poder de metamortosis donde se actualiza como otro, transportado por un espacio y un tiempo que son igualmente otros. Y hay sincronizacién entre la constitucién del cuerpo imagina- rio a través de la proyeccién y la toma de conciencia del cuerpo imaginario por medio de la proyeccién. La unidad del sujeto y el objeto deriva del unico y mismo funciona- miento que ademas estructura las imagenes del cuerpo de acuerdo con una anatomia de lo imaginario. Esta no es la imagen obliterada, empequefiecida, extraiamente recortada de la anatomia del cuerpo real, sino la dispo- sicién de las partes del cuerpo identificado con el espacio y la puesta en circulacién de una energia pulsional, de modo que se establezca, entre el cuerpe y el mundo, entre el adenitro y el afuera, una causalidad magica. Se actia sobre el mundo actuando sobre el cuerpo, y todo lo que acontece afuera es un acontecimiento corporal. La distan- cia se borra en la unidad reencontrada del gesto y el objeto que éste crea, mds allé de la distincién entre palabras y cosas. Veamos un solo ejemplo: una joven analizanda percibe desde hace afios un silbido ininterrumpido en el oido derecho que hace su aparicién bruscamente cuando, presa de vértigos, se desmaya en el hospital al ver a su abuela en sus iltimos momentos, casi muerta. La reac- cién histérica de desmayo, que suprime lo percibido suprimiendo la percepcién, marca el comienzo de una disfuncién orgdnica que evoca un probable sindrome de Méniére. Una transferencia fuertemente erotizada sostiene desde el comienzo una actividad del suefio donde el sintoma orgdénico, metamorfoseado, es portador de exci- tacién sexual. Asi, se ve en suefios con un cancer en la oreja enferma y debe ser operada. Entonces interviene 69 una curiosa manipulacién. Para expulsar de la oreja el tumor canceroso, una bola, el médico, es decir el analista, le aprieta un buen rato las. nalgas, provocando una mezcla de sensaciones de dolor y calor, signos recanoci- ples, retroactivamente, como de excitacién y placer sexuales. En esta anatomia de lo imaginario, el cuerpo no es mas que un érgano sexual, pleno y erguido, con un adentro y un afuera, y una simple presién basta para desencadenar en 6] una accién que lo atraviesa de arriba abajo. Hacer salir el tumor significa la ereccién clitori- diana en el momento en que se prepara la “operacién”, el coito. Bajo la apariencia de un acto quirargico que supone una clara alusién a la palabra escuchada en el andlisis, afluye ahora, en relacién con la escena traumé- tica de la abuela moribunda, un deseo referido al padre que acompaia al de ver morir a la rival materna. , Sea de ello lo que fuere, la histeria, como el] suefio, constituye el cuerpo imaginario por medio de una pro- yecaidn que coincide con el funcionamiento del incons- ciente® y que, a través de condensaciones y desplaza- mientos, opera el deslizamiento de lo literal a lo figurado. Asi, la identidad del cuerpo en la histeria y el suefio es funcién de una proyeccién cuyo efecto mas notable es convertir el espacio en cuerpo y el cuerpo en espacio, de modo que el cuerpo exsta en un espacio que es un cuerpo, y el espacio en un cuerpo que es el espacio. La cosa forma parte de ella misma, siendo a la vez continente y conte- nido, afuera y adentro, todo y parte. Es lo que designa la relacién de inclusiones reciprocas por medio de la cual se define lo imaginario en su conjunto” y que estructura el cuerpo histérico como un espacio del suerio. Nada lo demuestra mejor que el descubrimiento, por primera vez en Anna O., del cuerpo imaginario expuesto a una situacién que sélo resulta traumdatica porque 28. Véase Sami-Ali, Corps réet-corps tmoginaire, pégs. 2-3. 29, Véase Semi-Ali, L’espace imaginaire, Paris, Gallimard, 1974. 70 a determina una realidad corporal que, a su vez, la deter- mina. A la cabecera del lecho de su padre, gravemente enfermo, Anna, escribe Breuer, “tenia el brazo derecho apoyade en el respaido de la silla. Cayé en un estado de ensonacién y percibié, como saliendo de un muro, una serpiente negra que avanzaba hacia el enfermo para morderlo (...), Quiso ahuyentar al animal pero quedé como paralizada, con el brazo derecho ‘dormido’, insen- sible y parésico, colgando en el respaldo de la silla. Al mirar este brazo, vio que sus dedos se transformaban en pequenas serpientes con calaveras (las unas)”.*° La imagen alucinatoria de la serpiente en movimiento es la proyeccién simétrica del brazo inmovilizado. Como en la alucinacién onirica, la visiéa suplanta la actividad motora puesta provisionalmente fuera de circuito por las condiciones del suefio. Aqui se cumple, en ausencia de la madre, el deseo prohibido de tocar al padre sexualmente. En consecuencia, la serpiente es tanto el brazo que toca como el 6rgano tocado. Un brazo que de inmediato se transforma en los dedos de la mano, como si cada dedo estuviera provisto de wna mano con dedos que son brazos... Regresién al infinito donde tanto el deseo como la probibicién (la calavera) se multiplican gracias al cuerpo que se hace miltiple.*! La jdentificacién del todo (brazo-serpiente) y de la parte (dedo-serpiente) se efectua segun una relacion de inclusiones reciprocas, ja misma que en la histeria dispone el espacio del suefio a la manera de una “geografia sexual”.*” 30, 8. Freud y J, Breuer, Etudes sur I’hystérie, pag. 28. 31. Hay un hecho que confirma laestructure narcisista de la alucinacién de jas serpientes: “Al entrar en une habitacién Anna percibe en el espejo, situado frente o la puerta, un rostro muy palido, que no es ej suyo sino el de su padre, con una celavera’”, ibfd., pig. 27. Por lo tanto Anna es 5u padre, asi como es el espacio y los objetos en el espacio. La experiencia del espejo se desarrolla aqui del mismo mode que en su suecio. Sobre el sueho del espejo, véase Sam-Ah, Corps réel-corps magnate, pag. 153 y sigs- 32. §. Freud, “Fragment d'une analyse dhystérie (Dorel”, en Cing psycha- nalyses, pag. 74. 71 em -_~_ > - 2 A se Ahora bien, el cuerpo, en la histeria, deriva entera- mente de la sexualidad infantil, donde se encuentran superpuestas “zonas erégenas” y “zonas histerdégenas”. Superposicién justificada por el hecho de que, en ambos casos, el cuerpo libidinal es una imagen del cuerpo que se constituye a partir del cuerpo real. Aqui esta en juego el proceso del apoyo, que consiste en reproducir, a través del cuerpo real y en relacién con un objeto real, una experiencia anterior de satisfaccién. Reproduccié6n que no es la simple actualizacién de un recuerdo, sino una verdadera alucinaci6n corporal del objeto en su ausencia: proyeccién que hace presente al objeto ausente, y ausente al cuerpo presente. Un inico y mismo proceso proyectivo transforma simultaneamente al otro en objeto imagina- rio y a sf mismo en cuerpo imaginario, anverso y reverso de la tela con la que esta hecho el ser.** La histeria implica que el apoyo tiene lugar y que la somatizaci6n se inscribe en un cuerpo erégeno. Lo cual deja entrever otra posibilidad, la de una somatizacién més aca del apoyo, en la que se plantea como problema la constitucién del cuerpo imaginario y del objeto ima- ginario. Entonces, realmente debe repetirse el momento 33. La proyeccién que interviene en Ja constitucién del objeto y cl cuerpo imaginarios, si bien se apoya en une funcién fisiolégica diferente paracada zona erégena, contiatia sin embargo lo imaginario original, imaginaric que traduce, desde cl nacimicnts, incluso probablemente antes, el predominio de los perfodos de! suciio paraddjico. La alucinacién de} pecho presente-auscate no es por Io tanto un camienzo absojuto, sino lo que sucede con Ia actividad del suciio en cl estado de vigilia. Por consiguicnte, justo antes de reclamar el pecho, ef recién nacido fmita el acto de mamar, gracias a una cenciencia alterada idéntica al suciio y, como el suesio, acompaniads, en el nivel cortical, por la omisién de ondas alfa. Teniendo en cuenta este conjunta de condiciones, se comprende que In oposicién entre cuerpo real y cuerpo imaginario no es 1a de dos entidades, sino ta de un funcionamiento doble, definido por la proyeccién. Si nos ubicamos en esta perspectiva, Ja oralidad no aparece como primera, como tampoco, por otra parte, el apega. Lo que, por el contrario, debe encontrarse en una u otra de estas interpretaciones, es la dialéclica incesante entre la funcién de lo imaginario y to que fa limita, por medio de lo cual se determina una realidad creadora ambigua, acabada, inacabable. Véase D. Anzieu, Le Moi-peau, Paris, Dunod, 1985. 72 ye ¢ jnicial cuando el objeto se muda en. objeto presente- ausente: es el caso, por ejemplo, de la bulimia, donde el cuerpo se vuelve un vacio que nada puede colmar y cuyo colmado por medio de una comida que reemplaza al amor materno no va acompafiado ni de apetito ni de placer. Dentro de los limites de la sexualidad infantil, 1a soma- tizacién no puede por lo tanto ser gnicamente referida a la conversién histérica. Cuanto mas diferentes se presenten las zonas erége- nas, tanto mas deben ser consideradas como la metamor- fosis del mismo dato primitivo, la piel, “zona erégena por excelencia”," pero zona ambigua, en los confines del adentro y del afuera, sustrafda a la ‘diferenciacién, mas. préxima a lo neutro de una somatizacién que, globalmen- te, tiene relacién con la superficie corporal y no con un 6rgano particular. La localizacién, en este caso, no tiene nada de especffico; concierne a la problematica adentro- afuera y sélo retiene de ios 6érganos el hecho de que son formas diferenciadas de la piel. La alergia cutdénea que, por lo demas, puede alternar con la alergia respiratoria, lo ilustra pertinentemente: lo que aqui esté en. juego no es la significacién simbélica del érgano meta, sino una falla caracterfstica del sistema inmunitario. No estamos lejos del anonimato del cuerpo profundo, de las pertur- baciones metabélicas y celulares en las cuales se reflejan las aberraciones del proceso vital: somatizacién no especifica, somatizacién sin 6rgano, somatizaci6én de lo neutro. — 4. Hay por lo tanto varios niveles de somatizacién que van de lo figurado a lo literal y de lo literal a lo neutro, y que revelan el cuerpo en su doble pertenencia al yaw narcisismo y al més acd del narcisismo.** Al no haber 434. S. Freud, Trois essais sur la théorie de la sexualité, Paris, Gallimard, 1962, pag. 58. j a. Sami_Ak, Le visuel et le tactile: Essai sur la paychose et Uallergie, pig. 199, nota 3. . ; : Sami-Ali, Corps réel-corps imaginaire, pag. 157. tenido esto en cuenta, haciendo de la histeria el tinico modelo posible de Ia somatizaci6n —cuando es tan problematico como el resto—- el modelo que amalgama sentido primario y sentido secundario, se termina por sustituir la histeria —alli donde no existe— por un discurso sobre la histeria. Este s6lo puede autoconfirmar- se ya que opera en el vacfo, creando uh objeto a su imagen en lugar de reconocer al objeto en su alteridad.* Este reconocimiento no deja al objeto fuera del campo de la psicosomatica, sino que mas bien permite integrar- lo, al establecer una correlacién negativa entre proyec- cién y sintoma orgdnico. Correlacién que es posible verificar incluso en la histeria de conversién cuando, por ejemplo, la desaparicién —bajo el efecto del tratamiento “catartico”— de una alucinacién olfatoria da lugar, en una paciente de Freud, Miss Lucy, a una “afeecién nasal que conduce al descubrimiento de uria caries del etmoi- des”.9? Fenémeno que no tiene practicamente nada que ver con la “complacencia somatica” pero que, en cam- bio, tiende a mostrar que la proyeccién, lejos de ser un mecanismo puramente psicolégico, se acompafia de un refuerzo de las defensas inmunitarias, las cuales, a la _ inversa, se debilitan cuando se atentan las manifes- taciones proyectivas. . As{, la proyeccién forma parte de un proceso psico- somatico por medio del cual se definen tanto la “enfer- medad” como la “salud”, y en el curso de} cual lo “psiqui- co” sucede a lo “psfquico”, lo “somatico” a lo “psiquico” y lo “psiquico” a lo “somatico”. A través de esta sucesién se perfila especialmente una relacién de equivalencia 36. Lo biolégico es absorbido por lo verbal. Desde este punto de vista, el Cancer se disuelve en un juege de palabras donde “grosor” (grosseur) significa “embarazo” (grossesse); “seno” (sein), “santo” (saint), “higado” (foie), “fe” (fot); “tumor” (tumeur), “ti mueres” (iz meurs). ¥ la enfermedad de Hadgkin significa el autocastigo de un desco incestuoso. ZEl francés es la lengua de! Ser? Véase “Psychosomatique et cancer”, Etudes psychothérapeutiques, n* 1, marzo de 1983; J. Guir, Psychosomatique vt cancer, Paris, Point hors ligne, 1983. a7. S.Freud y J. Breuer, Etudes sur i'hystérie, pag. 93. Véase infra, pig. 86. 14 negativa entre lo “pstquico” y lo “somatico”, como si uno y otro ocuparan, en el seno del mismo conjunto sintomé- tico, posiciones simétricas, opuestas y complementarias. Sin duda, una enfermedad org4nica jamés es asimila- ble a la neurosis o a la psicosis, pero puede ser su equi- valente. Dotada de un coeficiente sintomatico compara- ble, aparece en el lugar de una formacién neurética 0 psicética. SEGUNDA PARTE El origen traumético de la histeria de conversién es lo que tienen en comin los cinco casos expuestos en Estu- dios sobre la histeria. Si bien el esquema teérico alli adoptado es muy simple, la realidad clinica parece reacia a la simplificacién. En tedas partes, en efecto, el elemen- to “conversional” ‘coexiste con un elemento “psicdtico” y un elemento “organico”. Este Ultimo se refiere a un dafio en el cuerpo real y no al hecho de que, en, la conversion. histérica, “una alteracién orgénica:sirve de base alaneu- rosis”.*? Interesa, por lo tanto, a fin de ampliar la pro- blematica de la histeria, identificar lo que, en cada caso, corresponde a una somatizacién orgénica verdadera, irreductible a la histeria pero que se manifiesta al mismo tiempo que la histeria y que, verosimilmente, se relacio- na con el elemento “psicdtico”. Ante la imposibilidad de aislar el elemento de “conversi6n” haciendo abstraccién del resto, forzoso es preguntarse, en cada caso, como se relacionan los tres elementos. Verificar la relaci6n no pasta; por sobre todo hay que dar cuenta de ella teéri- nte. “MAnalizaremos los dos casos més pertinentes de esta problematica: el de Anna O. y el de Miss Lucy R. 38. §. Freud y J. Breuer, ibfd. 89. Ibid,, pég. 108. 75 I. Anna O. En Anna O. la somatizacién no histérica pertenece ex- clusivamente a la visién, dominio de una riqueza excep- cional, que va de la alucinacién a la perturbacién de la visién binocular y se revela a través de una tematica del espacio que confiere al conjunto su verdadera unidad. Comencemos por enumerar los fendmenos relativos a la percepcion y a la estructuracién del espacio de la per- cepcién. Lo que sorprende en Anna O. es la presencia, en la totalidad del campo perceptivo, de una problem4- tica subyacente del espacio, correlativa a la del cuerpo y que conduce a fenémenos que acompafan a la conver- si6n histérica pero no se reducen a ella. Un primer grupo de fenémenos se relaciona con la macropsia, como consecuencia de la cual los objetos inmediatamente reconocibles adquieren un cardcter extraho debido a su volumen subitamente excesivo. Breuer se esfuerza por reducirla a la escena traumatica: “La paciente, con ldgrimas en los ojos —dice—, estA sentada junto al lecho de su padre, quien, de pronto, le pregunta la hora. Ella no ve bien, hace esfuerzos, acerca el reloj a sus ojos y entonces las cifras del cuadrante le parecen enormes...”.“° Sin embargo, esta circunstancia particular no puede explicar un fenémeno que concierne sobre todo a la percepcién del espacio y que, por lo tanto, debe ser relacionado con otros fenémenos del mismo orden, a saber “el estrabismo divergente con diplopfa, la desviaci6n de los ojos hacia la derecha, obligando a la mano a inclinarse demasiado a la derecha del objeto que querria alcanzar, el estrechamiento del campo visual, la ambliop{fa central...”.4' Signos de una perturbacién glo- bal de la experiencia del espacio, cada sfntoma tomado aisladamente puede llegar a ocultar lo que verdadera- mente esta en juego... Arbol que no deja ver el bosque. 40. Ibfd., pag. 29. 41. Ibid., pag. 26, 76 Las perturbaciones visuales de Anna O. son por lo tanto inseparables de la manera como el espacio est4 en ellas estructurado. No son fenémenos que se proyecten en el espacio inmutable, sino fenémenos que aparecen a causa de una estructuracién diferente del espacio. Pues la proyeccién, haciendo tabla rasa del espacio real, crea en su lugar un espacio imaginario que permite existir a los objetos seguin Ia relacién unica de inclusiones recipro- cas. La distincién usual entre objetos y espacio se esfuma en provecho de un espacio homédlogo de los objetos y de objetes que son ellos mismos modalidades del espacio. Sobre un fondo alterado se destacan objetos desprovistos de permanencia, elasticos, deformables al. capricho de.un espacio abandonado a la desmesura. Asaf, en la macrop- sia, los objetos que sufren de gigantismo se extienden de- masiado en el campo visual. No se trata sin embargo de un juicio, de una comparacién que implique una actitud intelectual, sino de una profunda modificacién del apa- rato de la percepcién, aparato donde la funcién percep- tiva, insensiblemente, cede ei lugar a la proyeccién. Es esta proyeccién lo que magnifica las apariencias, hacien- do que los objetos sean realmente mas voluminosos que en el estado normal de la percepcidn. Pero la macropsia puede alternarse, en la misma conciencia fascinada, con su contrario, la micropsia. Pues la inestabilidad de las dimensiones de los objetos refle- ja la del aparato perceptivo, aumentando o empequefie- ciendo la imagen 6ptica que lo atraviesa. Enormes o minusculos, los objetos son un espacio que se dilata o se comprime, yendo de un extremo al otro, sin llegar a estabilizarse. Falta una distancia éptima en la medida en que, para una conciencia singularmente préxima.a la del suefio, lo percibide y el acto de percibir son indiscer- nibles. Es por ello que salir de este mundo inconmensu- rable significa poner término a la proyeccién, abandonar “el estado segundo”, romper el encanto. Durante el lapso en que éste perdura, la alternancia de la macropsia y la micropsia se explica por las anomalias del marco de W7 referencia originalmente proporcionado por el cuerpo, ya que el mundo y el cuerpo son las dos superficies donde se proyecta y se calibra una Gnica y misma realidad. En consecuencia, es imposible disociar la visién de las modificaciones que sdbrevienen implicitamente en la percepcién del propio cuerpo. Pues las cosas s6élo cambian la dimensién, apareciendo sibitamente como demasiado préximas 0 demasiado lejanas, cuando el cuerpo, como consecuencia de la regresion, ha cambiado él mismo de volumen: pequefio, las cosas son grandes; grande, las cosas son pequefias. Asi, la macropsia y la micropsia conciernen a la misma estructura imaginaria; ésta se puede reconocer en la reproduccién, a diferentes escalas, de una unica imagen fundamental: la del padre con una calavera en lugar de cabeza, surgiendo en el espejo delante de Anna O. Imagen donde se reconoce la relacién especular con el padre, al mismo tiempo que la omnipresencia del sujeto en sus proyecciones: Anna O. es su padre, asf como es el brazo convertido en serpiente y los dedos de la mano que se transforman en serpientes con una calavera. En este conjunto de imagenes que se acoplan el sujeto es lo que ve, y él se ve como tendiendo hacia lo infinitamente grande (calavera en el espejo) y lo infinitamente pequefio (calaveras que son las ufas). El estrechamiento del campo visual de Anna O., aso- ciado a la ambliopia central, constituye una variante de la misma perturbaci6n, que afecta simultaneamente al cuerpo y al espacio. Todo ocurre en efecto como si,una vez mas, la distancia respecto de lo visible fuera inestable y como si las cosas, para ser vistas, debieran aproximarse al 6rgano de la visién. Estan situadas en un espacio que varia juntamente con el cuerpo. La proyeccién es correla- tiva de este espacio; implica este espacio donde lo infi- mitamente grande iguala a le infinitamente pequeiio. Es sobre todo después de la muerte del padre cuando el fenédmeno en cuestién se vuelve patente en Anna O. “El campo visual —observa Breuer— se encontraba ex- 78 tremadamente reducido. Alcontemplar un ramo de flores que le habia gustado mucho, sélo vefa una sola flor por vez”.42 Al no ser la visién simultdnea, las cosas se pre- sentan por fragmentos, sin lazo alguno entre si. Ahora bien, el hecho de que cada cosa quede asi aislada con- tribuye a que se la perciba con dimensiones mas impor- tantes. Esto puede verificarse experimentalmente: una linea aislada en una pagina impresa se alarga rdpida- mente, asi como se agranda una parte 81 sé la extrae del todo al que pertenece. Un detalle percibido en forma nislada no tiene el mismo valor cuando se lo relaciona con el resto del campo visual. La vision, en Anna O,, es una visi6n donde el detalle reemplaza al todo, como si, por identificacién de lo grande con lo pequefio, el detalle fuera el todo. La simultaneidad cede el paso a la suce- sion: el aparato de la percepcién desune en lugar de unir, divide sin sumar, rodea cada elemento de un vacio que lo transforma en un elemento en si, en un absoluto. La jdentidad de lo grande y lo pequefio depende, en conse- cuencia, de un modo de funcionamiento particular de este aparato, enteramente dominado por la proyeccién, la cual se auna con el proceso perceptivo. Percibir es ya proyec- tar cuando el espacio se vuelve el reflejo de una actividad alucinatoria que irrumpe silenciosamente en un mundo ado. Ta eer yvariante de las perturbaciones dela vista en Anna O. es el estrabismo convergente. En 61 los ojos trabajan como si, a causa del estrechamiento del campo visual, el objeto estuviera demasiado cerca, En este sentido la visi6n binocular, en virtud de la anomalia particular que presenta, se sittia en el mismo espacio que la macropsia y la micropsia, pero expresando el caracter extraiio de ese espacio de un modo diferente. Después de todo, debemos esperar una mayor complejidad. El estra- bismo, en efecto, va acompanado de desdoblamiento de 42. Ibid., pag. 18. 79