La Segunda

MUERTE

UNA CRÍTICA BÍBLICO-TEOLÓGICA DEL MITO PAGANO DEL INFIERNO QUE SUSTITUYÓ LA
VERDAD BÍBLICA ACERCA DEL TERRIBLE DESTINO DE LOS MALVADOS
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

La presente obra digital es el resultado de cientos de horas de investigación
bíblica y teológica. Es una edición de autor y se distribuye gratuitamente a los
lectores de habla hispana en América Latina y el resto del mundo. El autor,
que es un investigador mexicano (n. 1965), no tiene compromisos
denominacionales con ninguna iglesia establecida, llámese católica,
evangélica o de cualquier otra denominación. La UCLi es un ministerio
mundial cristiano de investigación y docencia de carácter independiente.

Primera publicación © 2011
Edición actualizada 2017
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su contenido y se den los respectivos créditos al autor.

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

Armando H. Toledo

La Segunda

MUERTE

El fin del mito pagano del infierno.
[El verdadero terrible destino de los malvados]

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

Contenido
Resumen (6)

I. Infiernos cristianos y no cristianos (9)

I.A. La oficialidad del infierno (9)
I.B. Otros infiernos no cristianos (12)
I.C. La creencia en el infierno hoy (13)
I.D. Planteamiento del problema (14)

II. Breve reseña histórica del infierno (15)

II.A. La idea del infierno nace de creencias paganas (15)
II.B. La doctrina del infierno se infiltró en las sectas judías (15)
II.C. La doctrina se introdujo en el cristianismo apócrifo (16)
II.D. Los primeros padres de la Iglesia discreparon (17)
II.E. El agónico infierno de la Edad Media (17)
II.F. El infierno durante el Renacimiento y la época Clásica (18)
II.G. El infierno en el Siglo XX (19)
II.H. Enfoques contemporáneos sobre el infierno (20)

III. A dónde van los muertos (23)

III.A. Muerte y conciencia (23)
III.B. “Lázaro duerme” (23)
III.C. Morir es dormir (24)
III.D. Conclusión (26)

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

IV. Jesucristo, el infierno y el lago de fuego (27)

IV.A. Pero Jesús sí dijo “infierno” (27)
IV.B. El “infierno” de fuego (28)
IV.C. Los “gusanos inmortales” (33)
V.D. El “fuego que no se apaga” (33)
V.E. El “castigo eterno” (34)

V. Gehena, hades, seol e infierno (37)

V.A. El individuo promedio se encuentra confundido (37)
V.B. Confusión terminológica (37)
V.C. Un compromiso teológico-denominacional (37)
V.D. Las Escrituras hacen distinción entre términos (40)
V.E. ‘El mar, la muerte y el infierno devolvieron sus muertos…’ (40)

VI. Reflexión final (42)

Otros subtemas y preguntas a considerar (47)

Bibliografía (48)

Acerca del autor (49)

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

Resumen
Debido a su innegable compromiso teológico y denominacional, los
traductores de la Biblia por años han generado una confusión entre los
lectores no especializados al traducir dos términos griegos (GÉ.HEN.NA y
HAI.DES) y uno hebreo (SHE’OL) por un mismo término latino: “infierno”.
El término bíblico hebreo original SHE’OL fue sustituido indebidamente en
nuestras traducciones bíblicas por un término de origen claramente pagano:
IN.FÉR.NUS. Aún así, el Seol/“infierno” hace referencia al sepulcro o tumba,
es decir al lugar donde vamos a parar todos, hayamos sido buenos o malos.
Por su parte, los autores de las Sagradas Escrituras Cristianas (Nuevo
Testamento) usaron el término griego HAI.DES para referirse al antiguo
She’ol hebreo, y afirmaron que todos los que están en el
Hades/Seol/“infierno” duermen en el sueño de la muerte pero que resucitarán:
unos “para tener vida” y otros “para ser juzgados” (Juan 5:28). Una vez
juzgados, los malvados que murieron sin arrepentirse de sus faltas son
condenados a morir una segunda vez. Esta “Segunda Muerte” está expresada
en el Nuevo Testamento por el término griego GÉ.HEN.NA., y alude a un
tipo de muerte que ahora implica una destrucción absoluta y definitiva del ser
completo, tanto de las personas angélicas como de las humanas, lo cual las
imposibilita para resucitar. Nuestra investigación explica por qué, tras la
muerte y resurrección del Señor Jesucristo, el apóstol Pedro pudo decir que
Jesús “no fue dejado en el infierno [Hades/Seol]” (Hechos 2:27, 31, 32;
Salmo 16:10), y por qué −hablando proféticamente de la futura resurrección

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

en tiempo pasado− el libro de las Revelaciones de Juan dice que “el mar
devolvió sus muertos; la muerte y el infierno devolvieron los suyos”
(Apocalipsis 20:13-14). Al final de la historia como la conocemos, el
“infierno” se vaciará, es decir, las tumbas vomitarán a sus muertos porque
todos ellos ‘oirán la voz del Hijo del hombre, y saldrán de allí’. Enseguida,
“la muerte y el infierno [Hades] fueron arrojados al lago de fuego. Este lago
de fuego es la muerte segunda” (Apocalipsis 20:14). El que la muerte y el
Hades (“infierno”) sean “arrojados” al Lago de Fuego significa que serán
eliminados para siempre cuando la raza humana quede liberada de (1) el
pecado, (2) la consecuencia del pecado: la muerte, y (3) la morada última de
los muertos: el sepulcro/seol/hades/“infierno”.

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

I. Infiernos cristianos
y no cristianos

I.A. La “oficialidad” del infierno.
Durante mucho tiempo, los líderes religiosos de las más de 37 mil
confesiones cristianas denominacionales de todo el mundo han afirmado
que, después de morir, los pecadores van inevitablemente a un abismo
físico, un universo debajo de la tierra llamado infierno (del latín inférnum o
ínferus: “inferior, subterráneo”) en el que conscientemente experimentan un
sufrimiento espantoso e infinito. Veamos algunos ejemplos:

I.A.1 LA VERSIÓN CATÓLICA.

a. El Catecismo de la Iglesia Católica, tercera edición revisada, dice:

“La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno
y su eternidad. Las almas de los que mueren en estado de
pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente
después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, ‘el
fuego eterno’ […]. La pena principal del infierno consiste en
la separación eterna de Dios” (p. 242).

Más tarde veremos qué tan ridículamente “infernal”, “terrible”, pero
conveniente, podría resultar para los malvados la idea de ser
“separados eternamente de Dios”.

b. Según la New Catholic Enciclopedia:

“La principal característica del infierno es su fuego
inextinguible […] y eterno […] Cualquier cosa que se quiera

9
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

dar a entender por los términos ‘fuego inextinguible y ‘fuego
eterno’, estas no deben considerarse como insignificantes”.

c. Contra lo que ya había establecido el papa Juan Pablo II en 1999
(ver sección II.A.4), su sucesor, el papa Benedicto XVI sostuvo que

“…el infierno, del que se habla poco en este tiempo, es el
lugar donde los pecadores arden de verdad en un fuego
interminable; no es un simple símbolo religioso destinado a
galvanizar a los fieles: existe y es eterno”.1

I.A.2. LA VERSIÓN EVANGÉLICA (PROTESTANTE).

a. Albert Mohler, presidente del centro teológico Southern Baptist
Theological Seminary, de Lousville, Kentucky, EE.UU., dice:

“La Escritura enseña claramente que el infierno es un lugar
físico donde se atormenta con fuego a la gente. [Esta
doctrina] es una realidad bíblica.”

b. En The Nature of Hell (informe de la comisión de la Alianza
Evangélica Americana) se afirma:

“El infierno es una experiencia consciente de rechazo y
tormento. […] En el infierno, el castigo y el sufrimiento
varían dependiendo de la gravedad de los pecados cometidos
en la Tierra.”

c. El teólogo pentecostal norteamericano Myer Pearlman dijo:

“El destino de los malvados es la separación eterna de Dios,
y eterno sufrimiento. […] El Cristo tierno y amoroso advirtió
a los hombres con respecto a los sufrimientos del infierno.
[…] El infierno es un lugar de extremo sufrimiento […],
deseos insatisfechos […], menosprecio […], malas
compañías [y] desesperanza” (Pearlman, 1958:447-48).
1
http://elpais.com/diario/2007/04/23/sociedad/1177279205_850215.html

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

d. El famoso evangelizador estadounidense, Billy Graham
dijo:

“La enseñanza de un infierno literal se halla en los credos de
todas las principales iglesias […] Dios consideró el infierno
como algo tan real que envió a su Hijo Unigénito al mundo
para salvar del infierno a los hombres”.

e. Por su parte, William Franklin Graham IV, nieto del aquel
famoso evangelizador, afirmó:

“La mayoría de la gente con quien me cruzo aún cree en el
infierno. Ahora bien, lo que está cambiando es la idea misma
de lo que el infierno es, aunque hay cosas que sabemos con
certeza porque la Biblia lo dice. Una de ellas es que hay,
efectivamente, un lugar llamado infierno. La razón última
por la cual Dios vino a buscarnos a los seres humanos fue
para salvarnos del infierno. […] tenemos muchos mal
entendidos sobre el infierno, pero es un lugar muy real.
Sabemos también que es un lugar de oscuridad extrema”.2

f. El famoso teólogo evangélico norteamericano, Robert C. Sproul
ha dicho lo siguiente con respecto al infierno:

“La Biblia nos describe al infierno como un lugar de
oscuridad, un lago de fuego, un lugar de llanto y de crujir de
dientes, un lugar de eterna separación de las bendiciones de
Dios, una prisión, un lugar de tormento donde el gusano no
morirá jamás”. Y añade:

“Posiblemente el aspecto más aterrador del infierno es su
eternidad. Las personas pueden soportar la más angustiante
de las agonías siempre y cuando sepan que en algún
momento ha de terminar. En el infierno esta esperanza no
existirá. La Biblia nos enseña con claridad que el castigo ha

2
Puede leer la entrevista completa que le hizo Christine A. Scheller en la edición electrónica de la revista
Christianity Today: http://www.christianitytoday.com/ct/2011/aprilweb-only/willgraham.html

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

de ser eterno […], es una eternidad frente a la ira de Dios
justa y siempre ardiendo; un tormento en el sufrimiento, del
cual no hay escapatoria posible ni alivio”. Y concluye:

“El problema que [los impíos] tendrán en el infierno no será
la separación de Dios, será la presencia de Dios lo que los
atormentará. En el infierno Dios estará presente en toda la
plenitud de su ira divina. Estará allí para ejercer su justo
castigo sobre los malditos. Lo conocerán entonces como el
fuego consumidor” (Sproul, 1996:317-318).

Más tarde ahondaremos un poco en el carácter perverso de estas
perspectivas pro-infernales, como la que defiende Sproul.

I.B. Otros infiernos no cristianos.
Es posible que el cristianismo institucional sea responsable de haber
difundido el concepto del infierno de fuego y de haberlo impreso
profundamente en el inconsciente colectivo. Sin embargo, no tiene el
monopolio de la doctrina. La amenaza de un doloroso castigo en la otra vida
tiene su equivalente en casi todas las religiones principales del mundo, así
como en algunas minoritarias. Veamos dos casos mayores:

I.B.1. LA ENSEÑANZA HINDÚ SOBRE EL INFIERNO.

a. “Cuando se destruyen las leyes de la familia, Janardana,
entonces ciertamente comienza para los hombres el morar en
el infierno” (Bhagavad Gita 1:44).3

b. “La persona pecaminosa, arrastrada por los terribles
emisarios y comida por centenares de chacales, va a la casa
de Yama a través de un paso espantoso. […] Cuando se le
quema el cuerpo experimenta una gran sensación de quema;
y cuando le golpean o cortan el cuerpo siente gran dolor. La

3
Harvard Oriental Series, tomo 38, 1952.

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

criatura cuyo cuerpo es destruido así, aunque entra en otro
cuerpo, sufre dolor eterno por sus propias malas acciones”
(Citado del Markandeya Purana).

I.B.2. LA ENSEÑANZA MUSULMANA SOBRE EL INFIERNO.

a. “Preguntan: ‘¿Cuándo llegará el día del juicio final?’ ¡El día
en que sean torturados en el fuego! Se les dirá: ‘¡Sufrid
vuestra tortura!’.” (El Corán. Sura 51:12-14).

b. “[Los pecadores] tendrán un castigo en la vida de acá, pero
en la otra tendrán un castigo más penoso. No tendrán quién
les proteja contra Dios” (Sura 13:34).

c. “Por cierto que, a quienes niegan nuestras aleyas4 les
introduciremos en el fuego infernal. Cada vez que su piel se
haya abrasado, se la cambiaremos por otra piel, para que
experimenten el suplicio; porque, Dios es poderoso y
prudente” (Sura 4:56).

d. “Por cierto que el infierno será una emboscada, […] donde
permanecerán siglos. En que no probarán sueño ni más
bebida que agua hirviente” (Sura 78:21).

I.C. En el amanecer del nuevo siglo, la creencia en el
infierno sigue muy extendida entre los habitantes de muchos
países.
I.C.1. Según un sondeo realizado en Escocia en 2005 por un investigador
de la Universidad de Saint Andrews, 1 de cada 3 ministros religiosos creía
que quienes se apartaban de Dios sufrirían una “eterna angustia mental en el
infierno”. 1 de cada 5 pensaba que experimentarían tormento físico.

I.C.2. En Estados Unidos, una encuesta Gallup llevada a cabo en 2007
reveló que el 70% de los entrevistados creían en el infierno.

4
Aleyas: Versículos de Corán.

13
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

I.C.3. Un estudio realizado en 2000 mostró que el 71% de los mexicanos,
el 40% de los argentinos y el 30% de los españoles también estaban
convencidos de la existencia del infierno.5

I.C.4. Otra encuesta Gallup efectuada en 2004 mostró que el 42% de los
canadienses y el 32% de los británicos opinaban lo mismo: los malvados se
van al infierno después de morir como pago por su maldad.

I.D. El problema que abordamos en este documento queda
planteado en los siguientes términos:
I.D.1. “De todos los millones de personas que han vivido, ¿solo un selecto
número irá a un mejor lugar y todos los demás seres individuales sufrirán en
tormento y castigo por siempre? ¿Es esto algo aceptable para Dios? ¿Ha
permitido Dios el nacimiento de millones de personas a lo largo de decenas de
miles de años que van a pasar ‘la eternidad’ en angustia? ¿Puede Dios hacer
esto, o siquiera permitirlo, y seguir afirmando ser un Dios de amor? ¿Castiga
Dios a las personas por miles de años con tormentos infinitos por cosas que
hicieron en los pocos y finitos años de su vida?” (Bell, 2011:2).

I.D.2. ¿Es el infierno de fuego un lugar de tormento eterno o de
aniquilación definitiva, o es sencillamente el estado en que se hallan (o
hallarán) las personas apartadas de Dios? ¿Qué es realmente el infierno, si es
que existe? ¿Qué dice la Biblia al respecto, si es que dice algo? ¿La doctrina
religiosa del infierno de fuego infinito no será, más bien, una proyección de la
perversidad de quienes la promueven y defienden más que una manifestación
del verdadero carácter de Dios? Esta y otras preguntas cruciales abordaremos
en este estudio.

5
¿Qué relación podrá haber entre estos porcentajes y los niveles de secularización cultural de estas
naciones? Por ejemplo, ¿qué país está más secularizado: España o México? ¿Se corresponden los
porcentajes?

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

II. Breve reseña histórica
del infierno

¿Fue la doctrina del infierno de fuego una que se creía y enseñaba en la
Iglesia Cristiana desde el principio? Enseguida veremos que no; que la
creencia en el castigo consciente y eterno fue adoptada por la religión
cristiana mucho tiempo después de Jesucristo y sus apóstoles.

II.A. La idea del infierno nace de creencias paganas
II.A.1. Los antiguos egipcios creían en la existencia de un infierno de fuego.
El Libro del Amduat, que data del año 1375 a.C., habla de quienes “han caído
en los hoyos de fuego” y les dice: “No escaparéis [de las llamas]. No lo
evitaréis”.

II.A.2. “De todos los filósofos griegos de la época clásica, Platón es quien
más ha influido en el pensamiento tradicional sobre el infierno” (Minois,
2005:64).

II.A.3. El filósofo griego Plutarco (c.46 – 120 d.C.) dijo que los que están en
el mundo de ultratumba reciben “castigos, y entre atroces sufrimientos y
tormentos ignominiosos se lamentan llorando”.

II.B. La doctrina del infierno se infiltró en las sectas judías
II.B.1. Según el historiador Flavio Josefo (37 – c.100 d.C.), la secta judía de
los esenios creía que “el alma es inmortal e imperecedera”. Estaban “de
acuerdo con los griegos” en que “las almas impuras […] van a parar a un

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

abismo tenebroso agitado por tempestades, lleno de sufrimientos eternos”. El
mismo historiador también afirmó que los fariseos creían que los justos
reciben premios y los malvados reciben castigos inmediatamente después de
su respectiva muerte (Ant. 18.14).

II.B.2. Muchos judíos del siglo I, después de estudiar el Antiguo Testamento
(particularmente Daniel 12), desarrollaron ciertas creencias sobre el infierno.
Aunque estas creencias en sí mismas no están inspiradas por el Espíritu,
pintan un escenario de castigo retributivo, no remedial ni correctivo, posterior
a la muerte:

“Las cámaras entregarán las almas que han sido destinadas a
ellas. Y el Altísimo se manifestará sobre el trono del juicio […]
vendrá la recompensa […] las acciones injustas no hallarán
descanso. Entonces el pozo del tormento aparecerá […] y el
horno del Gehenna será abierto […] fuego y tormentos [donde los
malvados] deambulan en tormentos, siempre en duelo y aflicción
[…] ellos ya no pueden arrepentirse y vivir” (4 Ezra 7:32–36, 38,
80, 82. Siglo I).

II.C. La doctrina se introdujo en el cristianismo apócrifo
II.C.1. “El Apocalipsis de Pedro (s. II d.C.) fue la primera obra [apócrifa]
cristiana que describió el castigo y las torturas con que se afligía a los
pecadores en el infierno” (Encyclopedia Universalis). Literalmente dice:

“Se les prepara un fuego inextinguible. […] Ezreel, el ángel de la
ira, viene con hombres y mujeres con la mitad de sus cuerpos en
llamas y los arroja a un lugar oscuro, el infierno de los hombres;
y un espíritu de la ira los castiga.”

II.C.2. Teófilo de Antioquía (s. II d.C.) citó en uno de sus escritos las
palabras de cierta profetisa griega conocida como la Sibila, quien describía así
el castigo que sufrirían los malvados: “Una llama de fuego abrasador ha de
veniros, y por siempre, el día entero, seréis en su ardor abrasados”. Sin
embargo, para Teófilo, estas palabras estaban entre lo que es “verdadero y
provechoso y justo y digno de amarse por todos los hombres”.

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

II.C.3. “Desde mediados del siglo II d.C., algunos cristianos educados en la
filosofía griega empezaron a sentir la necesidad de expresar sus creencias en
los términos de ésta […] La filosofía que más les convino fue el platonismo”
(La Nueva Enciclopedia Británica, 1988).

II.D. Los primeros padres de la iglesia discreparon en
cuanto a la naturaleza del infierno
II.D.1. Ignacio de Antioquía (c35 – c107): “[Todo aquel que] por su pésima
doctrina corrompiere la fe de Dios por la cual fue crucificado Jesucristo, irá al
fuego inextinguible, él y los que le escuchan” (Ef. 16, 2).

II.D.2. Justino Mártir (c100 – 165) fundamenta el castigo del infierno en la
idea de la justicia divina, la cual no deja impune a los transgresores de la ley.

II.D.3. Orígenes (185 – 254) y el teólogo Gregorio de Nisa (c335 – 394)
concebían el infierno sólo como un estado de separación de Dios y de eterno
sufrimiento espiritual.

II.D.4. Agustín de Hipona (354 – 430) sostenía que el sufrimiento que se
padecía en el infierno era tanto sensorial como espiritual, idea que llegó a
ganar bastante aceptación.

II.D.5. “En el siglo V ya se había impuesto en todas partes la severa doctrina
de que los pecadores no reciben una segunda oportunidad en la otra vida y
que el fuego que los devora nunca se extingue” (John Kelly).

II.E. El agónico infierno de la Edad Media.
II.E.1. El concepto medieval era que el infierno era un lugar subterráneo
donde pecadores impenitentes sufrían intensa agonía para siempre. Dante
Alighieri, famoso poeta del siglo XIII, escribió en su obra titulada Los once
dolores del infierno:

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

“Hay árboles ardientes de los cuales cuelgan las almas de los que
nunca asistían a la iglesia en esta vida […] Hay un horno
ardiente, y al lado hay siete diablos parados que echan las almas
culpables en el horno […] Las almas culpables no tienen
descanso”.

II.E.2. Miguel Ángel representó dicho infierno espantoso en una pintura que
hizo en la Capilla Sixtina del Vaticano. Se dice que esta obra asustó
muchísimo al papa Paulo III, quien había dado la autorización para que se
hiciera la pintura.

II.F. Durante el renacimiento y la época clásica, las
definiciones y usos de la idea del infierno variaron
notablemente.
II.F.1. María I Tudor, quien fuera reina de Inglaterra de 1553 a 1558,
recibió el apodo de Bloody Mary (“María la Sanguinaria”) por mandar a la
hoguera a casi 300 protestantes. Se dice que se justificó diciendo: “Si las
almas de los herejes van a arder eternamente en el infierno, no hay nada de
malo en que yo imite la venganza divina y los mande a la hoguera aquí en la
Tierra”.

II.F.2. En el siglo XVI, reformadores protestantes como Martín Lutero y
Juan Calvino llegaron a la conclusión de que el tormento abrasador del
infierno solo simboliza la separación eterna de Dios. Esta posición ha sido
fuertemente criticada por el teólogo contemporáneo R.C Sproul, quien dijo:

a. “Un suspiro de alivio parece escucharse cuando alguien
declara: ‘el infierno es el símbolo de la eterna separación de
Dios’. Ser separado de Dios por la eternidad no representa
una gran amenaza para la persona impenitente. Los impíos
no quieren otra cosa que estar separados de Dios.”

b. “Si estas imágenes [del infierno] son símbolos, entonces
debemos concluir que la realidad es peor que la que el
símbolo sugiere. La función de los símbolos es señalar algo

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

más allá de ellos, hacia un estado más intenso que el
contenido del símbolo. No puede servir de ningún consuelo
para aquellos que los consideran simplemente como
símbolos el que Jesús haya utilizado los símbolos más
espantosos que sea posible imaginar” (Sproul, 1996:318).

II.F.3. El pastor protestante Jonathan Edwards (1703−1758) solía
atemorizar a los colonos americanos del siglo XVIII con sus gráficas
descripciones del infierno. Al predicar sobre Apocalipsis 6:15-16 dijo que el
infierno era una agonía tan grande que “los hombres malvados de aquí en más
desearán con todas sus fuerzas convertirse en nada y dejar de ser para poder
escapar de la ira de Dios” (Gerstner, 1991:75).

II.G. El infierno en el siglo XX.
II.G.1 “Durante casi todo el siglo XX, el infierno hizo poca mella en la gente.
Atacado por el intelectualismo moderno y opacado por las llamas de
Hiroshima y el Holocausto, las imágenes espantosas del infierno perdieron
mucho de su poder atemorizador”.6

II.G.2 “Es evidente que la idea del infierno ha evolucionado, pasando de la
noción de castigo infligido por una falta moral a la de angustia existencial
[…]. Pero el infierno conserva un significado más profundo que justifica, más
que en cualquier época pasada, la utilización de este término […]. Guerras,
mundiales o locales, campos de concentración y prisiones, pasando por la
bomba atómica, las armas químicas, el desempleo masivo, el hambre crónica,
la contaminación generalizada, las dictaduras totalitarias, la locura colectiva
de masas fanáticas o inteligentemente embrutecidas e idiotizadas, y tantos
otros infiernos artificiales creados por nuestras sociedades” (Minois, 2005).

II.G.3 “¿Quién cree en el infierno en la actualidad? El concepto tradicional
del infierno como un lugar físico real al que son enviados los pecadores
irredentos por toda la eternidad está risiblemente fuera de moda…”
(Lawrence, 2012).

6
http://vampiroerudito.blogspot.com/2009/12/el-averno.html

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

II.H. Enfoques contemporáneos sobre el infierno.
Aunque la amplia aceptación mundial del concepto tradicional del infierno
como lugar de eterno tormento físico y mental sigue teniendo sus adeptos, se
ha empezado a ver la perdición eterna de manera diferente.

II.H.1. “La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de
Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, edición de 1993).

II.H.2. “Es erróneo pensar que, por medio de los demonios, Dios inflige a los
condenados tormentos horribles como el del fuego. […] El infierno existe,
pero no es un lugar, sino la condición en que se halla quien sufre el dolor de
verse separado de Dios” (La Civiltà Cattolica, revista jesuita. Énfasis mío.).

II.H.3. Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de la Cultura
del Vaticano, afirma: “Naturalmente el infierno no es un lugar de flamas que
queman, imagen utilizada para representar el lugar de la condenación. Es más
bien un estado de situación en la cual se encuentran las criaturas que se alejan
de Dios […] El infierno no debe ser representado en las llamas sino en el
hielo, porque es la ausencia de amor, el terror y el rechinar de dientes”
(Notimex. El Universal, Ciudad del Vaticano, martes 08 de abril de 2008.
Énfasis mío).

II.H.4. Juan Pablo II, quien fuera el papa católico de 1978 a 2005, llegó a
afirmar: “El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a
encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y
alegría”.7

II.H.5. “El infierno no es el tormento eterno; es la elección final e irrevocable
de un proceder que se opone de forma tan absoluta a Dios, que lleva
irremediablemente a la inexistencia total” (Comisión Doctrinal de la Iglesia
Anglicana, Informe 1995).

7
Audiencia: “El infierno como rechazo definitivo de Dios” del miércoles 28 de julio de 1999.
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/audiences/1999/documents/hf_jp-
ii_aud_28071999_sp.html)

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II.H.6. “[El infierno es] la muerte eterna que deriva del rechazo a Dios”
(Catecismo de la Iglesia Episcopal de Estados Unidos).

II.A.7. “Se ha empezado a ver la perdición eterna como un confinamiento
solitario especialmente desagradable. […] El fin de los malvados es la
destrucción, no el sufrimiento eterno. [Quienes] en última instancia rechacen
a Dios sencillamente desaparecerán de la existencia en el ‘fuego consumidor’
del infierno” (U.S. News & World Report).

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III. A dónde van
los muertos

III.A. Muerte y conciencia.
La doctrina del infierno de fuego inmediatamente posterior a la muerte de los
malvados implica otra idea paralela: la necesidad de una vida no física pero
consciente. Sin embargo, contra la idea popular de la continuidad de la
conciencia posterior a la muerte, las Sagradas Escrituras enseñan otra cosa.

III.A.1. El sabio rey Salomón afirmó, bajo inspiración divina, que “los vivos
saben que han de morir, pero los muertos no saben nada ni esperan nada, pues
su memoria cae en el olvido. […] En el sepulcro, adonde te diriges, no hay
trabajo ni planes ni conocimiento ni sabiduría” (Eclesiastés 9:5, 10).

III.A.2. El rey David explicó que, cuando los hombres mueren, estos
“exhalan el espíritu y vuelven al polvo, y ese mismo día se desbaratan sus
planes” (Salmo 146:4). Por su parte su hijo, el rey Salomón, afirmó que, tras
la muerte, “volverá entonces el polvo a la tierra, como antes fue, y el espíritu
volverá a Dios, que es quien lo dio” (Eclesiastés 12:7, NVI).

III.A.3. En base a lo anterior: Si los muertos “no saben nada”, y cuando
mueren sus cuerpos “vuelven al polvo” y su espíritu vuelve a Dios que lo dio,
entonces es imposible que puedan sentir los tormentos del infierno, si es que
éste existe en el absurdo sentido tradicional de sufrimiento infinito.

III.B. “Lázaro duerme”.
Jesucristo nunca dio a entender que los muertos estuvieran permanentemente
conscientes en algún sentido; muy al contrario, comparó la muerte con el estar
dormido.

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

III.B.1. “Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy a despertarlo. ‘Señor
―respondieron sus discípulos―, si duerme, es que va a recuperarse’. Jesús
les hablaba de la muerte de Lázaro, pero sus discípulos pensaron que se
refería al sueño natural. Por eso les dijo claramente: ―Lázaro ha muerto…”
(Juan 11:1-14)

III.B.2. Al comparar la muerte con el dormir, Jesús dejó claro que los
muertos están inconscientes ―como quien duerme, pero sin soñar. Por lo
demás, Lázaro llevaba cuatros días muerto cuando Jesús lo resucitó. Sin
embargo, la Biblia no indica que él contara ninguna experiencia tenida
espiritualmente en el “más allá” mientras su cuerpo permaneció muerto en el
“más acá”.

III.B.3. Jesús resucitó al menos a tres personas, y así demostró que existe la
esperanza de que los muertos vuelvan a la vida (Lucas 7:11-17; 8:49-56; Juan
11:1-45).

III.B.4. Jesús dijo: “Viene la hora en que todos los que están en los sepulcros
oirán [la voz del Hijo del Hombre], y saldrán de ahí. Los que han hecho el
bien resucitarán para tener vida, pero los que han practicado el mal
resucitarán para ser juzgados.” (Juan 5:28-29)

III.C. Morir es dormir.
Muchos creyentes sinceros han malentendido 2ª Corintios 5:8, que dice
“…pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes
al Señor.”

III.C.1. La mayoría de los líderes religiosos denominacionales usan este
versículo —aunque muchas veces de manera inadecuada— para probar que
los creyentes en Cristo vamos directamente con el Señor en una existencia
anímica inmediatamente posterior a la muerte.

III.C.2. Para poder entender 2ª Corintios 5:8, uno debe leer desde que el
capítulo empieza:

24
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

a. Pablo deseaba estar “revestido” con su “morada”, la
“habitación celestial” (5:2), cuando miraba adelante hacia la
“resurrección”, también llamada “transformación”, porque
sabía que “no todos moriremos, pero todos seremos
transformados” (1ª Corintios 15:51).

b. Él sabía que cuando tomemos posesión de nuestros nuevos
cuerpos de resurrección, estaremos “presentes al Señor,”
pero que mientras estuviéramos en estos “cuerpos de
muerte” (Romanos 7:24) estaríamos “ausentes al Señor.”

c. Obsérvese con atención la idea de los versos 3 y 4: Pablo no
quería ser “hallado desnudo”, significando contextualmente
que no quería ser hallado sin cuerpo. Si en el verso 8 Pablo
hubiera querido decir que deseaba estar en presencia del
señor en el momento siguiente a su muerte, se estaría
contradiciendo, pues tendría que hacerlo sin cuerpo, es decir
desnudo, y todo lo dicho en los versículos anteriores no
tendría sentido.

III.C.3. El hecho es el siguiente: con nuestros presentes cuerpos nos
encontramos “ausentes del Señor” en una “morada terrestre,” en un
“tabernáculo” o “tienda de campaña” que se “deshace” y que, por su
naturaleza pecadora, heredada de Adán, no puede participar de lo celestial,
porque “el cuerpo mortal no puede heredar el reino de Dios, ni lo corruptible
puede heredar lo incorruptible.” (1ª Corintios 15:50)

a. Cuando Dios nos dé un nuevo cuerpo, es decir un “edificio,
[una] casa eterna [que ya tenemos] en el cielo, no construida
por manos humanas” (2ª Corintios 5:1), entonces seremos
“revestidos” y podremos estar “presentes al Señor”. Y es que
nadie (absolutamente nadie) puede estar desnudo en
presencia del Señor…

b. De acuerdo con Pablo, si somos fieles hasta el final,
recibiremos estos cuerpos celestiales en la Segunda Venida
de Cristo, porque “los muertos resucitarán con un cuerpo

25
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

incorruptible” (1ª Corintios 15: 52), pero “los que estemos
vivos y hallamos quedado hasta la venida del Señor” (1ª
Tesalonicenses 4: 15) también “seremos transformados” (1ª
Corintios 15:51).

c. Así que cuando Pablo habla de que los muertos duermen,
está hablando literalmente. Después de todo, si él se hubiera
estado refiriendo a que los creyentes van a la presencia del
Señor en una existencia espiritual inmediatamente posterior
a la muerte, ¿por qué entonces lo encontramos consolando a
los tesalonicenses con el mensaje de la Segunda Venida del
Señor y la esperanza de la resurrección de los muertos? ¿Por
qué no simplemente les dijo que sus muertos ya estaban en el
cielo con Dios?

d. Además, si Pablo estuviera enseñando que los creyentes van
a la presencia de Dios inmediatamente después de morir,
¿dónde quedaría una de las doctrinas básicas del
cristianismo, es decir, la doctrina de la resurrección de los
muertos? Es decir, si un cristiano ha muerto y efectivamente
ya se encontrara cómodamente establecido en el cielo con
Dios, ¿para qué incomodarlo haciéndolo revivir en un cuerpo
físico una vez más? ¿Qué propósito tendría volver a la vida
―resucitar?

III.D. Conclusión.
Nadie se va a ningún cielo ni a ningún infierno inmediatamente después de
morir si fue bueno o si fue malo, respectivamente. La Sagrada Escritura jamás
enseña eso. Según la correcta doctrina bíblica, todos, hayamos sido buenos o
malos, nos vamos al “infierno” (como decían los latinos: inférnum o ínferus),
en el entendido de que nos vamos a la tumba, al sepulcro, a dormir en “el
sueño de la muerte” (Salmo 13:3, NVI), esperando unos (los que hasta el final
hayan sido fieles a Dios y a la fe de Cristo) a que se les diga: “Despierta, tú
que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo” (Efesios
5:14. La Biblia de las Américas).

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

IV. Jesucristo, el infierno y
el lago de fuego

IV.A. “Pero Jesús sí dijo infierno.”
IV.A.1. Jesús dijo: “…si tu ojo te hace pecar, sácatelo. Más te vale entrar
tuerto en el reino de Dios, que ser arrojado con los dos ojos al infierno,
donde ‘su gusano no muere, y el fuego no se apaga” (Marcos 9:47-48). En
otra ocasión, habló de un periodo de juicio durante el cual les diría a los
malvados: “Apártense de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el
diablo y sus ángeles”. Y luego dijo que esos malvados irían al “castigo
eterno.” (Mateo 25:41, 46. Los énfasis y subrayados son míos.)

IV.A.2. Si el Antiguo Testamento indica claramente que “los muertos no
saben nada ni esperan nada”, y suponemos correctamente que Jesús nunca
diría algo contrario a lo que dice la Sagrada Esxcritura, entonces ¿a qué se
refería cuando habló de ‘arrojar a alguien al infierno’? Por lo demás,
cuando empleó la expresión “al fuego eterno”, ¿hablaba literalmente o
hablaba de manera metafórica?

Analicemos, pues, cada uno de estos conceptos complejos:

 Infierno de fuego

 Gusanos inmortales

 Fuego que no se apaga

 Castigo eterno

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

IV.B. El “infierno” de fuego.
El vocablo griego mal traducido en Marcos 9:47 como “infierno” es
GÉ.HEN.NA, un término procedente de la voz hebrea Gai Ben Hinnom, o
Gai Hinnom, es decir, “valle del hijo de Hinón”, o simplemente “valle de
Hinón”.

IV.B.1. El término GÉ.HEN.NA aparece 12 veces en los Evangelios, y se
refiere en realidad al antiguo incinerador de basura situado en la cañada o
barranco en las afueras de la muralla sudoeste de la antigua Jerusalén.

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

a. “En el Antiguo Testamento, el Valle de Hinón era el lugar en
el que algunos israelitas se embarcaron en la adoración
idolátrica de los dioses cananeos Moloc y Baal. Fue allí, de
hecho, donde sacrificaban sus hijos a estas deidades (2 Reyes
16:3; 21:6) haciéndolos ‘pasar por fuego’ (Ezequiel 16:20-
21. NASB)” (Chan y Sprinkle, 2011:61).

b. Los historiadores bíblicos han confirmado que en Canaán eran
habituales la inmoralidad sexual, el paganismo y el sacrificio de
niños. Henry H. Halley, por ejemplo, indica que los arqueólogos
encontraron “gran cantidad de urnas que contenían los restos de
niños que habían sido sacrificados a Baal”, un importante dios
cananeo. Y añade:

“El recinto entero resultó ser un cementerio de niños recién
nacidos. […] Los cananeos, pues, adoraban cometiendo
excesos inmorales en presencia de sus dioses, y luego
asesinando a sus hijos primogénitos como sacrificio a estos
mismos dioses. Parece que, en gran parte, la tierra de Canaán
había llegado a ser una especie de Sodoma y Gomorra en
escala nacional. […] Los arqueólogos que cavan en las
ruinas de las ciudades cananeas se preguntan por qué Dios
no las destruyó mucho antes”.

c. Dios condenaba esta repugnante práctica, así que prometió ejecutar
a quienes realizaban estos actos abominables. Cuando Jeremías
comenzó a predicar, el valle de Hinón comenzó a tomar una
referencia metafórica del lugar donde los cuerpos de los malvados
serían arrojados (Jeremías 7:29-34; 19:6-9; 32:35):

‘He aquí vendrán días […] que no se dirá más […] valle del
hijo de Hinom, sino valle de la Matanza’ (Jeremías 7:32.
RV).

d. Desde entonces, el valle fue conocido como “valle de la Matanza”,
donde yacerían sin enterrar “los cadáveres de este pueblo [Israel]”
(Jeremías 7:33). De esta manera, Dios estaba prediciendo que el

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

valle de Hinón dejaría de ser un lugar donde se torturaba a seres
vivos inocentes y se convertiría en un lugar para depositar grandes
cantidades de cadáveres y así deshacerse de ellos convirtiéndolos en
cenizas, es decir, en “nada”.

e. En los días del rey Josías, el valle fue limpiado y sus malas
prácticas fueron prohibidas (2 Reyes 23:10). Sin embargo, su
infamia persistió, y el valle llegó a convertirse en el basurero oficial
de la ciudad, y en símbolo de la destrucción. Los judíos que
vivieron entre los Testamentos recogieron esta metáfora y vivieron
con ella. La palabra gehenna fue ampliamente usada por los judíos
durante la época de Jesús para referirse al lugar ardiente del juicio
para los malhechores al final de los tiempos (Freedman, 1992).

f. Según el Smith’s Dictionary of the Bible, en tiempos de
Jesús el Gehena era un basurero “donde se echaban los
cadáveres de los delincuentes, los animales muertos y toda
clase de inmundicias”. Este valle efectivamente se usaba
como vertedero de basura, y a fin de eliminar los

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

desperdicios se mantenía el fuego siempre encendido
añadiéndole azufre.

g. “Para este propósito y para evitar el hedor de la putrefacción,
se mantenía el fuego ardiendo continuamente; los cadáveres
que el fuego no alcanzaba a consumir eran devorados por los
gusanos. De esta manera el valle de Hinón, posteriormente
llamado Gehena, vino a ser sinónimo de muerte y
destrucción inexorables”.8

IV.B.2. En este sentido, algunos escritores judíos creían correctamente que
los malvados serían aniquilados del todo en un Gehenna espiritual. Ese era el
sentido último de la metáfora del Gehenna como “vertedero de basura”: las
personas malvadas, hombres y ángeles, serán echados por Dios a una
especie de poderoso vertedero de escoria donde serán aniquilados y
borrados del tejido del universo, y de los cuales no quedará ni su
recuerdo.

a. Un escritor judío del siglo I dijo que “en el día del juicio,
Dios arrastrará a Beliar [el diablo], y a sus huestes también,
al Gehenna”, y entonces El resucitará a los muertos y
“producirá fuego [para] consumir a todos los impíos, y luego
será como si nunca hubieran sido creados” (Ascen. Is. 4:14-
18).

b. Otro escritor, que vivió en Israel alrededor de la época del Señor
Jesús, lo dijo así:

“…y su lugar de habitación será en la oscuridad y en el lugar
de destrucción; y no morirán, sino que serán derretidos, hasta
que me acuerde del mundo y renueve la Tierra. Y entonces
morirán y no vivirán, y su vida les será arrebatada de en
medio de todos los hombres” (L.A.B. 16:3).9

8
Shadowcool, en: http://www.deguate.com/foros/messages/1870/19560.html
9
Ver también Wis. 4:14-15; 1 QS 4:11-14; 1 En 91:9-14.

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

c. “El hecho de que [los penitentes] no mueren
inmediatamente, sino que son ‘derretidos’, sugiere algún
periodo de sufrimiento. Pero en última instancia, [al menos]
para este escritor judío, habrá una aniquilación del malvado”
(Chan y Sprinkle, 2011:54).

IV.B.3. El rabino David Kimhi, hizo una referencia al Valle de Hinón como
vertedero de basura en un comentario escrito hacia 1200 d.C.:

“El Gehenna es un lugar repugnante, en el que son arrojados
la inmundicia y los cadáveres, y donde el fuego arde
perpetuamente a fin de consumir la suciedad y los huesos; en
cuya cuenta, por analogía, el juicio de los malvados es
llamado Gehenna” (Citado en Bailey, 1986:188).

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

IV.C. Los “gusanos inmortales”.
Parece que cuando Jesús habló de ‘gusanos que no mueren’ y de un ‘fuego
que no se apaga’, estaba citando de Isaías 66:24.

IV.C.1. El profeta Isaías menciona “los cadáveres de los que se rebelaron
contra [Dios]” y dice que “no morirá el gusano que los devora, ni se apagará
el fuego que los consume”.

IV.C.2. Tanto Jesús como sus oyentes sabían que Isaías estaba aludiendo al
fin que les esperaba a los cadáveres de quienes no merecían un entierro. Así,
cuando Jesús habló de ser echados en el Valle de Hinón, es decir en el
Gehena, en realidad se refería a morir sin la posibilidad de volver a vivir
―resucitar.

IV.C.3. Por si quedaban dudas, Jesús dejó claro ese punto cuando advirtió
que Dios “puede destruir alma y cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28.
Énfasis mío.), donde la voz griega para “alma” (psique) puede ser también
traducido como “vida”, y donde se traduce erróneamente la palabra Géhenna
como “infierno”, a pesar de que usa la palabra “destruir”. Así pues, el
Gé.hen.na (erróneamente llamado “infierno”) es símbolo de muerte
(destrucción y aniquilación) permanente para ángeles y hombres, pero no
de cruel tormento sin fin.

IV.D. El “fuego que no se apaga”.
Está bien claro a partir de Mateo 25:41, que ese “fuego eterno” fue
“preparado para el diablo y sus ángeles”, por lo mismo no hace referencia a
un fuego literal natural fruto de la combustión.

IV.D.1. Piensen por un momento lo siguiente: ¿es posible quemar criaturas
de naturaleza espiritual con fuego natural producto de la combustión? (cf.
Daniel 3:24-25). ¿Será posible que Jesús esté utilizando el término “fuego” de
manera metafórica para hacer alusión a algo parecido al fuego, pero capaz de
consumirlo todo, incluso la naturaleza angélica? ¿Qué pudiera haber en el
universo capaz de desintegrar cualquier tipo de creación por más
poderosa, compleja o especial que sea?

33
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

IV.D.2. Es claro también que las “ovejas” y las “cabras” que se mencionan
en ese mismo pasaje no son ovejas y cabras literales, sino metafóricas:
representan a dos tipos de personas miembros de “las naciones” (25:32). Por
lo mismo, ese “fuego eterno” hace “arder” también a los humanos malvados,
al igual que a los ángeles, de manera literal, pero no en el sentido en que hace
arder el fuego de la combustión, sino en el sentido en que lo hace algo que
desintegra definitivamente tanto a los hombres como a los poderosos ángeles.

IV.D.3. “Figuras bien conocidas como Juan Calvino, Martin Lutero, C.S.
Lewis, Billy Graham, D.A. Carson, J.I. Packer y Sinclair Ferguson, todos
entienden de forma no literal la imagen del fuego. Otros teólogos y
comentaristas conservadores, como Charles Hodge, Carl Henry, F.F. Bruce,
Roger Nicole, Leon Morris y Robert Peterson, piensan igual. […] Yo también
estoy de acuerdo con esta multitud de académicos de que el fuego
probablemente no deba ser tomado de manera literal cuando se usa para
describir el infierno. […] Dado el amplio uso del fuego como metáfora en la
Escritura, encuentro que es mejor tomar esta imagen de forma no literal”
(Chan y Sprinkle, 2011:154).

IV.E. El “castigo eterno”.
IV.E.1. Una mirada de cerca a los términos griegos usados en el pasaje de
Mateo 25:46 nos muestra que este “castigo” no será permanente, ya que las
palabras griegas para “castigo eterno” (aionios kolasis) no significan que el
castigo es sin fin.

a. Sabemos que el término aionios significa realmente “un periodo de
tiempo” mientras que kolasis es un término extraído de la jerga de
la horticultura que significa “poda” o “recorte”.

“Dependiendo de cómo usted traduzca aion y kolazo,
entonces, la frase puede significar ‘un periodo de poda’ o ‘un
tiempo de recorte’ o bien una intensa experiencia de
corrección” (Bell, 2011:91).

b. El académico neotestamentario William Barclay dice con respecto
al término kolasis que:

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

“…originalmente significaba la poda de los árboles para
hacerlos crecer mejor. Pienso que es verdad decir que en
toda la literatura griega secular kolasis nunca es usada para
otra cosa que no sea castigo remedial” (Barclay, 1977:66).

IV.E.2. La entrada al “Lago de Fuego” del Gehena implica vergüenza
para los condenados por la consciencia de haber sido echados allí como
resultado de su rechazo abierto a Dios y a su Mesías.

a. Pero también significa castigo correctivo: la gente es consciente no
solo de que va a morir (que va a ser aniquilada) sino que su actitud
opuesta a la Divinidad quedará corregida antes de ser borrada
(desintegrada) del todo del tejido cósmico, “como si nunca hubieran
sido creados”.

b. Esta “poda correctiva” será dolorosa y angustiante (como toda
angustia consciente que precede al fin), pero será temporal. Será
una experiencia de “lloro y crujir de dientes” (Mateo 8:12; 22:13),
pero que terminará en la muerte definitiva, y sin posibilidad de
recuperación ni rescate.

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

V. Géhenna, hades,
seol e infierno

V.A. El individuo promedio se encuentra confundido
respecto a la naturaleza del infierno y no conoce las
diferencias o semejanzas entre los términos en debate:
gehena, hades, seol, infierno, etc.

V.B. Confusión terminológica.
“Ha causado mucha confusión y desconcierto el que los primeros traductores
de la Biblia tradujesen sistemáticamente el Sheol hebreo, el Hades y el
Gehena griegos por la palabra ‘infierno’. La simple transliteración de esas
palabras en ediciones revisadas de la Biblia no ha bastado para paliar de modo
importante esta confusión y malentendido” (Enciclopedia Americana, 1956;
vol. XIV, p. 81).

V.C. Un compromiso teológico-denominacional.
Este autor piensa que ha sido el innegable compromiso teológico y
denominacional de los traductores lo que ha llevado a que en la mayoría de
las versiones bíblicas se hayan traducido incorrectamente los términos
originales GÉ.HEN.NA, HAI.DES, y SHE’OL por una misma palabra:
“infierno”.

V.C.1. GÉ.HEN.NA (Gehena)

a. Como ya hemos visto en el anterior apartado V.C., en la
Biblia el término griego GÉ.HEN.NA (Gehena) alude a una
destrucción absoluta y permanente de los cuerpos humanos y
angélicos y su personalidad, de modo que queda
imposibilitado para volver a la vida (resucitar). Por el

37
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

contrario, quienes están en el HAI.DES (Hades) sí tienen la
esperanza de volver a vivir algún día.

b. Se dice de Judas Iscariote que el haber traicionado a Jesús
fue de verdadera gravedad para él, ya que obró en contra del
Hijo unigénito de Dios. En una oración que pronunció al
final de su ministerio público, Jesús dijo acerca de sus
discípulos: “Mientras estaba con ellos, los protegía y los
preservaba mediante el nombre que me diste, y ninguno se
perdió sino aquel que nació para perderse, a fin de que se
cumpliera la Escritura” (Juan 17:12. Énfasis mío.). Al llamar
a Judas ‘nacido para perderse’, Jesús dejó claro que no
habría esperanza de resurrección para Judas. Dios lo borraría
de su memoria, destruyéndolo de una vez por todas en el
Gehena.

V.C.2. HAI.DES (Hades)

a. Lucas cuenta que el apóstol Pedro declaró ante una multitud que,
tras la muerte de Jesús, “su alma no fue dejada en el infierno
[Hades], ni su carne vio corrupción” (Hechos 2:31, Reina-Valera,
1909). Pedro, de hecho, estaba parafraseando el pasaje mesiánico
localizado en el Salmo 16:10, donde el equivalente del Hades es
Seol en el hebreo original.

b. En la revisión 1909 de la versión Reina-Valera, el término griego
Haides (Hades) se traduce “infierno” o “infiernos” las 10 veces
que aparece en el Nuevo Testamento. Lo mismo hacen de manera
errónea muchas otras versiones católicas y evangélicas.

c. ¿Dónde estaba el “infierno” (Hades/Seol) al que hasta Jesús fue?
El apóstol Pablo afirma que “Cristo murió por nuestros pecados
según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día
según las Escrituras…” (1 Corintios 15:3, 4). Si se dice que Jesús
estuvo en el “infierno” solo puede significar que estuvo en la
“tumba”, como correctamente traduce el término HAI.DES la
Nueva Versión Internacional.

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

d. “Originariamente, la voz [Inférnum] designaba lo que queda
situado ‘más abajo’ o ‘inferior’ al espectador. Así pues, la palabra
‘infierno’ originalmente no comunicó ninguna idea de calor o
tormento, sino simplemente la de un lugar ‘más abajo’ o ‘inferior’,
de modo que su significado era muy similar al del she’ól
hebreo”.10

V.C.3. SHE’OL (Seol)

a. El término hebreo SHE’OL aparece 65 veces en el Antiguo
Testamento. En la revisión de 1909 de la versión Reina-
Valera se traduce “infierno”, “sepulcro”, “sepultura”,
“abismo”, “profundo”, “huesa”, “fosa” y “hoyo”.

b. La primera vez que aparece la palabra Seol en la Biblia es en
Génesis 37:35. El patriarca Jacob creía que había perdido a
su amado hijo José en la muerte y no se dejó consolar; de ahí
que exclamara: “Por tristeza bajaré adonde está mi hijo, al
scheol” (Straubinger). Por supuesto, Jacob quería morir y
estar junto a su hijo en el Seol. Este pasaje, junto con el de
Génesis 42: 36, 38, relacionan el Seol con la tumba, no con
ninguna vida en el más allá.

c. Se dice también que Job fue un hombre justo que sufrió
mucho. Dado que no sabía cómo salir de la difícil situación
en que se hallaba, le rogó a Dios diciendo: “¿Quién me dará,
que me cubras en el infierno [Seol], y me escondas, hasta
que pase tu furor, y me aplaces el tiempo, en que te acuerdes
de mí?” (Job 14:13. Scío de San Miguel). No resulta
razonable pensar que Job deseaba buscar protección en un
lugar abrasador. Para él, el “infierno” era simplemente la
tumba, donde terminaría su sufrimiento. Así, el infierno del
que habla la Biblia hace referencia al sepulcro o tumba,
donde vamos a parar todos, hayamos sido buenos o hayamos
sido malos.

10
Enciclopedia Larousse (1981), Vol. 5, p. 5201.

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

V.D. Las Escrituras hacen distinción entre el Hades
(“infierno”) y el fuego.
V.D.1. “La muerte y el infierno [Hades] fueron arrojados al lago de fuego. Este
lago de fuego es la muerte segunda” (Apocalipsis 20:14). Como ya dijimos, la
Muerte Segunda es una muerte sin la esperanza de resucitar.

V.D.2. Al igual que el Gehena, del que ya hemos hablado, el Lago de Fuego
representa la aniquilación definitiva. El que la muerte y el Hades sean “arrojados”
en él, significa que serán eliminados cuando la raza humana quede liberada de (1)
el pecado, (2) la consecuencia del pecado: la muerte, y (3) la morada última de los
muertos: el sepulcro.

V.D.3. Todos aquellos que pecan de manera deliberada y mueren sin arrepentirse
de sus pecados “recibirán su herencia” en dicho Lago, es decir, serán echados en un
medio que los aniquilará para siempre (Apocalipsis 21:8).

V.D.4. Por su parte, los fieles que se encuentren en el “infierno” (en “la parte de
más abajo”, en “la parte inferior”), es decir en su respectiva tumba, pero también en
la memoria de Dios, serán resucitados y vivirán durante mil años en el Reino de
Dios, encabezado por Jesucristo, el Mesías.

V.E. Finalmente, se nos dice que “el mar devolvió sus
muertos; la muerte y el infierno devolvieron los suyos”
(Apocalipsis 20:13).
V.E.1. Todo parece indicar que el mismo infierno, o Hades, ‘será arrojado al Lago
de Fuego’ debido a que ya será inútil, pues no podrá contener ya más muertos, ya
que los devolverá a todos.

V.E.2. Se sobreentiende que el infierno (o sea, las tumbas) vomita a sus muertos
porque todos ellos ‘oirán la voz del Hijo del hombre, y saldrán de allí’. “Los que
han hecho el bien resucitarán para tener vida, pero los que han practicado el mal
resucitarán para ser juzgados” (Juan 5:28).

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

V.E.3. Así pues, tanto los malvados como el “infierno” (las tumbas) que los
contenía serán echados al lago de fuego para hacerlos desaparecer, es decir, para
desintegrarlos en el sentido más amplio de la palabra. No quedará ni su recuerdo
después de ser borrados del todo.

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La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

VI. Reflexión final

La Biblia no enseña la creencia pagana de que Dios torturará “eternamente” a
los malhechores en un fuego sin fin. Al contrario, dice que “tanto amó Dios al
mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se
pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16. Énfasis mío). Con estas
palabras, Jesús dio a entender que el verdadero peligro en el que se encuentra
el individuo humano es ese: el de perderlo para siempre, el de no poder
recuperarlo de algún modo.
Usando una analogía proveniente de la informática, podemos decir que “la
primera muerte”, la que nos lleva al “infierno”, es decir al Hades o tumba, se
asemeja a lo que le sucede a un archivo cuando lo borramos de alguna
carpeta: “va a dar” a la papelera de reciclaje, que representa la tumba. El
objeto puede quedar indefinidamente allí, incluso si nos olvidamos de él, pero
la memoria general del disco duro de nuestra computadora no lo olvidará; ha
quedado registrado en un enorme campo de memoria que, aunque también es
parte del sistema, no lo olvida “nunca”. Supongamos que tú te acuerdas de
aquel archivo y deseas recuperarlo: lo único que tienes que hacer es abrir la
“tumba” de la papelera y “llamarlo” nuevamente a la “vida”. ¡Lo haz
“resucitado”!
Sin embargo, una computadora podría ser permanentemente dañada si un
objeto virtual peligroso como un virus informático comienza a reproducirse
dentro los valiosos archivos que has acumulado en tu unidad. A menos que
seas un estudioso de la estructura interna de los virus informáticos y trabajes
en la creación de programas antivirus, no tiene sentido que los almacenes y
los colecciones, ¿no es así? ¿Cuál es la mejor manera de deshacerse para
siempre de un virus o de un archivo cualquiera que ha sido contaminado con
un virus? ¡Reformatear toda la computadora! Es decir, si no queremos volver
a saber de ese virus ni tenerlo cerca de modo que se convierta en un peligro
potencial para el sistema, hay que darle formato nuevamente a la
computadora, salvando la mayor cantidad de archivos posibles que no estén
infectados o que ya han sido limpiados.

42
La Segunda Muerte… / A. H. Toledo

De algún modo, la “muerte primera” (la que nos lleva al sepulcro) recicla la
naturaleza humana, de modo que elimina al pecado que está en nosotros. Pero
de ese “infierno”, o Hades, uno puede volver a la vida solamente si ha
depositado su fe en Jesucristo y ha creído que él ha pagado en la cruz la deuda
de pecado que tenía con Dios. Quien “vuelve” de la muerte primera ya no
puede morir otra vez, porque cuando regresa, lo hace limpio del pecado que lo
mandó allí. En ese sentido se puede decir que son “dichosos los que de ahora
en adelante mueren en el Señor” (Apocalipsis 14:13); o “dichosos y santos los
que tienen parte en la primera resurrección”; ¿por qué? Porque “la segunda
muerte no tiene poder sobre ellos” (Apocalipsis 20:4-6).
Esta es parte esencial de las buenas nuevas: Dios va a “reformatear” todo el
sistema cósmico de cosas creadas, y lo va a depurar del pecado que lo
mantiene oprimido y lo lleva a la muerte, de modo que muchos “archivos”
infectados se van a perder para siempre, no porque Dios no haya podido
limpiarlos sino porque ellos no quisieron ser limpiados. Con respecto a estos
seres humanos que involuntariamente han sido infectados por el “virus”, Dios
quisiera que “nadie se pierda sino que todos procedan al arrepentimiento” (2
Pedro 3:9. RV). Con respecto a los que no solo supieron que el mundo está
repleto de maldad sino que voluntariamente decidieron participar de esa
infección, en franca y consciente rebelión contra el carácter de Dios, la Biblia
deja claro que serán borrados del tejido del universo de manera permanente y
sin posibilidad de ser recuperados.
Esa es la Segunda Muerte: la destrucción total y absoluta del cuerpo y
del alma de la persona (angélica o humana).
*******
Todos esos teólogos y ministros religiosos que creen y enseñan que el
infierno es un lugar real de tormentos infinitos, tienen una imagen muy
distorsionada y pervertida de Dios y de su carácter. Creo que quienes enseñan
y creen esa doctrina, de claro origen pagano, lo único que hacen es proyectar
su propia perversión personal, y piensan que la justicia de Dios debe
acomodarse a lo que ellos creen que es justo. Pero no me malentiendan: por
supuesto que la Biblia dice que Dios castigará a las personas malas (2
Tesalonicenses 1:6-9), pero la justa indignación que lo llevará a tomar esa
decisión no es el rasgo dominante de su personalidad. Dios no es perverso,
como sí lo son algunas personas que, si tuvieran la oportunidad, nos

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torturarían por siempre; y tampoco es rencoroso, como sí lo somos los seres
humanos, debido a nuestra naturaleza caída.
El teólogo protestante norteamericano Robert Charles Sproul dice que “si
hay algún consuelo en el concepto del infierno es la plena seguridad de que
no habrá crueldad allí. Es imposible que Dios sea cruel. La crueldad implica
infligir un castigo que sea más severo o más duro que el crimen” (Sproul,
1996:318). Sin embargo, contra este punto de vista que implica que el
infierno de sufrimiento infinito es justo y retributivo para cualquier tipo de
delito, haya sido éste una mentira deliberada o un genocidio histórico, Dios
mismo pregunta: “¿Acaso creen que me complace la muerte del malvado?
¿No quiero más bien que abandone su mala conducta y que viva?” (Ezequiel
18:23).
Sproul desarrolla su severo, cruel, perverso y medieval punto de vista al
extremo de afirmar que “el problema que tendrán [los impíos] en el infierno
no será la separación de Dios, será la presencia de Dios lo que los
atormentará. En el infierno, Dios estará presente en la plenitud de su ira
divina. Estará allí para ejercer su justo castigo sobre los malditos. Lo
conocerán entonces como el fuego consumidor” (Sproul, 1996:318. Énfasis
mío.). Pero si a Dios ni siquiera le agrada tener que destruir a los pecadores,
¿cómo creer que le complacerá atormentarlos por los siglos de los siglos y sin
final? Piensen en esto un momento: ¿qué horrible crimen podrá cometer
alguien para merecer que el Dios de amor no solo lo torture por durante eones
y eones de tiempo sino que incluso se complazca en ello? (Cf. 1 Juan 4:8).
¿Qué Dios sería ese? Como dijo el filósofo hindú Nikhilananda: “La teoría
del sufrimiento eterno no es compatible con la creencia de que Dios ama las
cosas creadas. Creer que se castiga eternamente al alma por los errores de
unos cuantos años, sin darle la oportunidad de enmendarse, va contra los
dictados de la razón”.
Debido a que Dios es justo, él va a destruir al mal y a los malvados, ¡pero los
destruirá para siempre! No va a torturar a nadie, precisamente porque es justo
y no cruel, y mucho menos perverso —como sí lo son algunos teólogos que,
si recibieran el poder religioso suficiente, nos harían soportar legítimamente
“la más angustiante de las agonías”, procurando que no muriéramos en el
proceso, y quitándonos cualquier esperanza de que todo terminara alguna vez.
En este sentido se puede afirmar que el Señor Jesucristo experimentó la pena
de muerte en nuestro lugar en la cruz, y que después fue llevado al infierno

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(Hades) donde esperó su momento de ser recuperado por Dios. Pero Jesús fue
muerto definitivamente, ¡no torturado sin fin! Y aunque es verdad que antes
de morir sufrió una horrible agonía, también es verdad que él tomo nuestro
lugar en la muerte, no en la agonía permanente, ¿me explico? ¿O acaso sigue
Jesús clavado, vivo y agonizante en la cruz hasta el día de hoy? ¡Claro que
no! ¿Por qué? ¡Porque “la paga del pecado es muerte definitiva”, no agonía
sin fin!
Al destruir a los malvados (ángeles y hombres) en la Muerte Segunda, el
Señor estará aplicando el equivalente a la pena de muerte, una pena que es
justa y retributiva. Pero no los enviará a un infierno de fuego de sufrimiento
infinito, que vendría a ser el equivalente al sistema de cárceles con que los
humanos castigan incluso a los más malvados para que, supuestamente,
paguen por los crímenes cometidos, en vez de cortarlos del pueblo, como la
justicia divina precisamente lo exige (Por lo demás, no olvidéis que hasta los
condenados a cadena perpetua algún día mueren). Estoy casi seguro que
Sproul y otros líderes religiosos perversos como él, votarían a favor de un
sistema de cárceles, pero no lo harían a favor de un sistema de pena capital
por lo mismo, porque ya no creen (o no entienden) en la doctrina bíblica de la
Segunda Muerte, pero sí en la doctrina pagana del infierno.
Por lo demás, es de notar que solo las culturas de fondo católico-evangélico
más secularizadas impulsan los sistemas carcelarios, y me parece que ello
obedece a la introyección en el inconsciente colectivo de los falsos conceptos
y temores relacionados con el infierno y con el resto de la topología pagana
del más allá. Aún así, es curioso que la antigua cultura judía no haya tenido
un sistema complejo y definido de cárceles; pero lo que sí tenía era la pena de
muerte que Dios exigía.
*******
Dios es justo, pero su principal cualidad es el amor (1 Juan 4:8). “El Señor es
bueno con todos; él se compadece de toda su creación” (Salmo 145:9, NVI).
Y lo único que pide a cambio es que lo amemos con todo el corazón y le
guardemos todo el respeto y el agradecimiento posibles.
Quienes llegan a creer que ciertas almas sufren en el infierno, sienten por
Dios un angustioso temor al que mejor podríamos llamar miedo a Dios. Pero
esto no tiene que ver nada con el verdadero temor de Dios. Este temor no es
un terror paralizante hacia Dios, sino un profundo sentimiento de respeto por

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el Creador, que nos impide hacer cualquier cosa que le desagrade. Este es el
sano temor que llegan a desarrollar quienes conocen la verdad sobre su
carácter y llegan a conocerlo y amarlo personalmente. Como dice el Salmo
111:10: “El principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen juicio
demuestran quienes cumplen sus preceptos”.
Así es: el profundo amor, gratitud y respeto reverente que sentimos por el
carácter de Dios ―y no el enfermizo miedo al infierno― es lo que debe
motivarnos a cumplir su buena voluntad. Si así lo hacemos, podremos
disfrutar de felicidad sin fin. Como escribió el salmista: “Dichosos todos los
que temen al Señor, los que van por sus caminos” (Salmo 128:1).

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Otros subtemas y preguntas
a considerar
1. ¿No es la historia evangélica de Lázaro y el rico (Lucas 16:19-31) suficiente
evidencia de que el cielo y el infierno existen? ¿Se trata o no de una
parábola? En todo caso, ¿se ha deducido alguna vez alguna doctrina a partir
de una parábola?
2. Si la idea tradicional del infierno fuera falsa, ¿por qué la siguen creyendo y
enseñando los líderes religiosos de las diferentes denominaciones? ¿Existe
algún motivo ideológico metadoctrinal detrás de esta enseñanza? ¿Se trata
todo esto del infierno solo de una mentira conveniente?
3. ¿Dónde está el Lago de Fuego en el que se experimenta la Segunda Muerte?
¿Puede estar en el centro de la Tierra? ¿En el centro del Sol? ¿En el centro de
la galaxia?
4. ¿Todo lo expuesto en esta monografía nos está conduciendo a la idea de que
el Lago de Fuego (de fuego metafórico, no literal, por supuesto) hace
referencia a algún tipo de estructura cósmica de juicio como, por ejemplo, un
agujero negro?
5. ¿Qué pasará con aquellas personas que nunca habrían escuchado el
Evangelio ni recibido la oportunidad de conocer a Dios y a su Hijo, y aceptar
la salvación? ¿Serían torturadas infinitamente (teoría del infierno) o
aniquiladas definitivamente (teoría de la Segunda Muerte) así nomás, o
ninguna de las dos?
7. Si estuviéramos ya en el cielo y aún retuviéramos un mínimo de recuerdos de
nuestra vida terrenal, ¿cómo podríamos acceder a Dios con el firme
conocimiento y consciencia de que la gente que alguna vez amamos (padres
e hijos) se encuentran sufriendo en el infierno, y su tortura es infinita?
6. ¿En qué sentido el Señor Jesús, entre su muerte y su resurrección, “fue y
predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron”
(1 Pedro 3:19-20)? ¿Fue para darles alguna segunda oportunidad? ¿Dónde
está esa cárcel?
7. ¿Qué es la “primera resurrección” de Apocalipsis 20:5-6? ¿Habrá al menos
alguna “segunda resurrección”? ¿Habrá una resurrección general o más bien
habrá una resurrección de los justos separada por un periodo de mil años de
una resurrección final de los injustos?

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Bibliografía:

Bailey, L.R. (1986). “Gehenna: The Topography of Hell”. Biblical
Archaeologist 49, N° 3: 187-91.
Barclay, W. (1977). A Spiritual Autobiography. Grand Rapids, MI:
Eerdmans.
Bell, R.H. (2011). Love Wins. A Book About Heaven, Hell and the Fate of
Every Person Who Ever Lived. New York: HarperOne.
Chan, F. y Sprinkle, P. (2011). Erasing Hell. USA: DavidCook.
Enciclopedia Americana (1956). Volumen 14.
Enciclopedia Larousse (1981). Vol. 5.
Freedman, D.N. (Edit.) (1992). The Anchor Bible Dictionary. 2.296-298. Yale
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Gerstner, J.H. (1991): Heaven & Hell. Orlando: Ligonier.
http://vampiroerudito.blogspot.com/2009/12/el-averno.html
http://www.deguate.com/foros/messages/1870/19560.html
http://www.christianitytoday.com/ct/2011/aprilweb-only/willgraham.html
Harvard Oriental Series (1952), tomo 38.
Minois, G. (2005). Historia de los infiernos. España: Paidós Ibérica.
Pearlman, Myer (1990). Teología bíblica y sistemática. USA: Vida.
Sproul, R.C. (1996): Las grandes doctrinas de la Biblia. Colombia: Unilit.

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Acerca del autor

Armando H. Toledo es un filósofo y teólogo cristiano independiente, y
licenciado en psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos
(México). En 1997 inició el ministerio de investigación y docencia de La
Universidad Cristiana Libre (La UCLi). Ha publicado artículos de corte
teológico y filosófico en varias revistas de circulación internacional y sitios
Web (www.google.com / buscar: Armando H. Toledo). Visite las bibliotecas
virtuales del profesor A.H. Toledo en: www.scribd.com; www.academia.edu,
y www.researchgate.net.

Haga contacto:

Mail: a.h.toledo@hotmail.com
Facebook: Armando H. Toledo

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