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Hoy es 16 de abril, deberíamos estar terminando la primera unidad.

Como habrán visto (y si no lo


hicieron pues háganlo) se trata de un estudio de los documentos de la conquista, con especial
atención a la carta de Colón de febrero de 1493. La pregunta ritual es por qué un documento de esa
índole forma parte de un curso de literatura, qué podemos o queremos ver en él que, atravesando su
objetivo legítimo (supongamos que informar, pedir guita, etc.) se convierte en un texto abordable
desde nuestra disciplina. Entonces invito a mis queridos alumnos a tratar de responder a esa
pregunta: tiene que ver, obviamente, con las nociones de literatura. Al mismo tiempo, y ya más cerca
del estudio de la carta de Colón, sería bueno determinar los tipos de documentos que produjeron los
conquistadores: cartas, crónicas, relaciones. Para ello no hay nada mejor que el trabajo de Walter
Mignolo citado en la bibliografía: "Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista".
Esté en el libro de Luis Iñigo Madrigal Historia de la literatura hispanoamericana. En internet lo
rastreé por GOOGLE pero no di con él (yo soy HORRIBLE buscando material en internet); sí con
muchos buenos artículos sobre el tema. Entonces pongan en Google nombre de autor y título de
artículo y seleccionen aquello que pueda responder lo que les pido. Resumo: concepto de literatura
que justifique la inclusión de los documentos de Indias en esta disciplina; tipos de discurso generado
por los descubridores y los conquistadores.
Esto es vida, hacer trabajar a los alumnos!!! Los que no saludaron, que saluden y se zambullan en la
tarea. Los otros ya no tienen tiempo que perder.
Apenas encuentre cómo, les voy a enviar el libro de José Miguel Oviedo Historia de la literatura
hispanoamericana. Son cuatro tomos, les sirve para todo el curso, es excelente, lo tengo en archivos
en la computadora, pero la plataforma no lo soporta porque es muy grande. Veré.
Abrazo grande
Oscar Brando

Todavía no ceda nada, Arnal. Usted rompe el fuego y después quiere salir corriendo. Ni lo sueñe que
se la va llevar tan fácil.
Digamos que en términos de retórica era, sin dudas, mucho más rigurosa o restrictiva una carta
enviada a cualquier autoridad o una memoria de hechos públicos que una manifestación lírica. Son
contmeporáneos Garcilaso y los cronistas: ¿quién es más obediente de la retórica que heredan?
¿cuál innova más sobre lo que recoge de la tradición?
Mignolo plantea que en la medida que un documento adquiere valor social y simbólico para la
creación de una cultura se convierte en literario. Si mira la guía verá la definición de Fló: el desinterés
por el referente y, aun, por la existencia o no del referente transforma un texto escrito con otra
finalidad en texto literario. Igualmente nos queda el problema de la valoración artística: si esta tiene
algo que ver con un componente intrínseco o con un reconocimiento social. Pero ya este punto es
muy avanzado y tiene que ver con estética. Por ahora la seguimos y no se la pasamos a nadie ¿ta?
Abrazo Oscar

Laurino, del millón y medio de cosas que usted incluye en su comentario me detengo en algunas
(conservo, si puedo, cierto orden de aparición en su exposición). La primera: ¿Qué quiere decir que
no dudamos de la literaturidad de Homero? Para empezar: ¿logró probar Jakobson, desde la
lingüística, la tal literaturidad? ¿Hay marcas en el lenguaje que distigan la función poética de otras
funciones? Para seguir: el problema de la autonomía, con el que Kant y la Crítica del Juicio tienen
algo que ver, ya nos inscribe en otra peripecia. Tercero: claro que existe otra "literatura", prehispánica
y poshispánica, escrita en otras lenguas o recogida de versiones orales en otras lenguas. Aquí se
plantean distintos problemas: la necesidad de abrir el concepto de literatura al terreno de la oralidad,
con todas los peligros que ello implica por su contaminación con el folclore etc. (ya veremos ese lío
con la literatura gauchesca). En lenguas locales americanas existe un cuerpo textual abundante. Por
cierto que podíamos haber comenzado por una unidad que abordara los Cantares mexicanos, los
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poemas quechuas de la conquista o el Popol Vuh, un libro impar de las cosmogonías americanas.
Pero, como ya sabemos, todo no se puede, y cuando estudiemos Borges no estudiaremos García
Márquez, y cuando etc. Pero está muy bien su observación. El libro de Oviedo tiene un capítulo muy
bueno dedicado a las literaturas en lenguas locales.
Incluso para exagerar alguna vez Mignolo planteó, ya sumergido en el culturalismo más radical, que
habría que incluir en la literatura hispanoamericana los escritos en latín, que los hubo y mucho.
Me quedaron muchas cosas pero me cansé. La seguimos. Oscar

No llore, Alvariza, claro que va a ser un año muy difícil como el pasado, como el que viene. Nadie nos
regala nada, hay que nadar mucho y bien, y usted ya empezó a hacerlo admirablemente. Excelente
su resumen sobre la posición de Mignolo acerca de los documentos de Indias. Se presentan: el
problema de la retórica, el problema del sujeto de la enunciación y también el del enunciado, que es
esa novedad, referente real y virtual, que comienza a llamarse América. Yo en la guía propongo como
hipótesis un cambio epistemológico en la noción de sujeto y de literatura porque, por excepción, una
literatura puede definirse por la invención de un tema, un sujeto, una aventura.
Todavía nos queda otro tema espinosísimo y es el del valor literario del texto en cuestión. ¿Cómo se
mide, cuáles son los registros en los que se determina? Porque está claro que cualquiera de esos
textos tiene otros usos culturales: histórico, antropológico, jurídico, geográfico. Pero una vez agotados
esos servicios, ¿queda un plus que me permita instalarlo en otro lugar, en el de los textos literarios?
¿Queda algo que se pueda evaluar estéticamente, aunque no tenga muy claro qué quiere decir
"estéticamente"?
Ah sí mijita, uno resuelve algunos problemas pero enseguida aparecen otros. Cuando Colón escribe
su diario o su carta a Santángel: ¿en qué medida, cuánto excede o desborda las otras funciones del
texto: dejar constancia, informar, pedir, justificar? ¿Hay en monólogo-diálogo del diario algo que
suponga la expresión o, mejor, la objetivación de una subjetividad atribulada por su situación? ¿Hay
en la carta a Santángel o en la carta de Jamaica (la del cuarto viaje de 1503) rastros de esa
subjetividad socializada en términos de retórica instrumental o bíblica o jurídica?
Ya ve que quiero desplazarme rápidamente al estudio de nuestro texto.
Vamos a mil. Si seguimos así en un mes terminamos todo el curso y empezamos las vacaciones y nos
vamos a algunas de esas termas o playas o bosques con caperucitas que nos venden las
intendencias del interior.
(comentario de un montevideano).
Abrazo y vamo´ arriba. Oscar

Viana, desvío un poco su comentario para detenerme, a partir de una apreciación suya acerca de la
impersonalidad de lo escrito, en el viaje como tema o como circunstancia o como alegoría.
Es común citar el viaje de Marco Polo como modelo vital y literario de Colón. Pero pensemos que el
viaje es un tópico literario de larga tradición y enorme prestigio. Borges se atreve a decir, en el cuento
"El Evangelio según Marcos" que "los hombres, a lo largo del tiempo, han repetido siempre dos
historias: la de un bajel perdido que busca por los mares mediterráneos una isla querida, y la de un
dios que se hace crucificar en el Gólgota". No preciso aclarar (entonces ¿para qué lo hago?) que se
está refiriendo al viaje de Odiseo narrado por Homero y a un dios que se hace crucificar en el Gólgota.
El viaje de Ulises es recogido por Eneas, por Luciano, por Mahoma, por Ricardo Corazón de León,
por Dante, por Colón, por San Juan de la Cruz, por Cyrano de Bergerac, por Sterne, por Micromegas,
por Humbolt, por Darwin, por Verne, por Kavafis, por Leopoldo Bloom, por Rico Mac Pato, por los
Simpson. Mezclo escritores y personajes para lucir mi erudición. Pero atendamos que el viaje de
aventuras de Ulises, que inspira el viaje espiritual, místico, de Dante o el de aventuras y
descubrimiento de Marco Polo, Colón o los científicos del siglo XIX, sufre una inflexión poderosa con
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la posibilidad del viaje interior, al que podemos llamar cartesiano si depositamos en Descartes la
responsabilidad de ese abismarse, del viaje interior. ¿No eran viajes interiores los anteriores al
"descubrimiento" de la conciencia de sí, del cogito cartesiano? Y yo qué sé. Ahora es muy difícil
afirmar que la aventura de Odiseo no es un periplo espiritual después que Dante lo condena por tratar
de trasgredir los límites puestos por Dios (Canto 26 de La Divina Comedia), después que Baudelaire
lo cita en su poema "El viaje", después del descomunal poema "Ítaca" de Kavafis (lo digo así para que
corran a leerlo, está en internet), después del Ulyses de Joyce. El caso es que, sin dudas, la
interiorización del viaje, el viaje como parábola de nuestra peripecia interior, se intensifica con la
cultura antropocéntrica que crece con el llamado Renacimiento. En ese sentido el viaje de Colón nada
dos aguas: las de la cultura medieval, de cruzadas (con todo lo que estas tienen de religiosas y
comerciales) y las de un espíritu moderno, que aprovecha para buscar dentro de sí mismo los motivos
de sus elecciones (¿es visible esto en Colón?). Si Colón se siente un elegido, como luego veremos en
los casos de Sor Juana o Sarmiento, esconde tras esa elección "divina" su ambición, su espíritu de
conquista, su soberbia.

El tema del viaje es apasionante y es un buen punto de apoyo para una reflexión sobre el tema que
estamos tratando. Por ahora basta, ya pensé bastante para sábado de mañana.
Salud
Oscar

Capotte, gracias por los aportes. Avíseles a sus amigos argentinos que Pedro es Henríquez no
Hernández Ureña, como ponen en la nota 1 del primer artículo colgado.
Por allí alguien citaba a Vargas Llosa, al que agrego a Carlos Fuentes, que opinaba que los cronistas
fueron nuestros primeros novelistas. En coincidencia con lo que expresan los colegas del otro lado del
río, que nos mandan humo (¿llega el humo de la quema argentina al interior o es solo para los
sufridos montevideanos?), Fuentes dijo que cuando la épica falló, nació la novela americana y ve en
los cronistas esa falla de epicidad de la conquista. Por ese motivo quise plantear, en la guía, los textos
de Colón como una gran peripecia espiritual, para ver si de ella extraíamos algo parecido a un género
moderno como la novela. Los Naufragios de Alvar Núñez, la obra de Bernal Díaz del Castillo serían
mejores ilustraciones de este asunto.
Saludos
Oscar

Me alegra, Mallarino, que Cornejo sea uno de los referentes teóricos. Ya alguien más en el foro lo
había citado. Aprovecho entonces la cuestión de la heterogeneidad que usted plantea para transcribir
el fragmento del propio Cornejo del que seguramente usted tomó las ideas que expone:
"Interesa examinar los hechos que se generan cuando la producción, el texto y su consumo
corresponden a un universo y el referente a otro distinto y hasta opuesto. Histórica y
estructuralemente, esta forma de heterogeneidad se manifiesta con gran nitidez en las crónica del
Nuevo Mundo. ... Todas las crónicas, hasta la menos elaboradas, llevan implícito un sutil y complejo
juego de distancias y aproximaciones: si por una parte producen una red comunicativa donde antes
solo había desconocimiento o ignorancia, por otra parte, pero al mismo tiempo, ponen de relieve los
vacíos que separan y desarticulan la relación de las fuerzas que movilizan...
El referente, ese Nuevo Mundo, se presenta como realidad incontrastable y se propone como opaco o
deslumbrante enigma. Ante él el cronista siente una doble solicitación: tienen que serle fiel,
representándolo en términos de "verdad", pero, al mismo tiempo, tiene que someterlo a una
interpretación que lo haga inteligible para una óptica extraña (el Rey, la metrópoli), comenzando por la
del propio cronista tan frecuentemente desconcertado...
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En las crónicas, la heterogeneidad genera una desigual relación entre su sistema de producción y
consumo, por una parte, y el referente, por otra, otrogando una notable primacía a aquél y
oscureciendo a éste bajo la fuerza de la interpretación que se le sobreimpone... El referente
americano está sometido a la misma formalización que en su momento tuvo la realidad peninsular..."
Cornejo especula luego que algunos cronistas lograron torcer esa formalización peninsular e
impusieron un nuevo modelo que se aliaba a la nueva referencialidad del texto. Su ejemplo es Felipe
Huamán Poma de Ayala.
En su último libro, Escribir en el aire, Cornejo explana una escena primaria de la diglosia en la cultura
americana: el encuentro en Cajamarca entre Atahualpa y las autoridades españolas, en el que el Inca
tira por tierra la Biblia que se le ofrece porque no tiene idea de qué hacer con ella. Oralidad y
escritura, español y quechua, se enfrentan sin solución.
Hasta acá Cornejo y mi participación este domingo.
Hasta mañana, que pasen bien.
Oscar

Amaral, Treinta y Tres es lejos, ya lo sabemos, por eso se tarda en llegar y en responder. Bienvenida
y espero que no la atropelle la alergia (chiste interno, no es para el foro).
Dos precisiones. El muy importante crítico inglés que usted cita es Terry Eagleton (usted lo bautiza
Eagle). Es un gran teórico marxista y todo su pensamiento vale la pena.
Segundo: es la segunda vez que encuentro en este foro la observación de que la literatura tiene la
función de entretener. Y no soy quién para negarlo. Pero no diría que es la única función que queda,
descargadas las pragmáticas como usted dice. Las formas de vida vicaria de que nos provee la
literatura desbordan el mero entretenimiento. Suponen una ampliación de la experiencia que tantas
veces tiene que ver con el dolor, con la epifanía del mundo interior, con la comprensión de zonas
nubladas de nuestros universos personales. Piense en Kafka, en Onetti: la experiencia radical en la
que nos ponen es un camino de conocimiento que rehace el que ellos fueron capaces de hacer en
sus textos.
Bueno, dejemos ya los aspectos generales y entremos a la mentada Carta de Colón.
De nuevo bienvenida
Oscar Brando

Aprovecho el arranque de Laurino, que nos lleva volando.


Ya debemos internarnos en el estudio de la carta y para ello quiero plantearles dos o tres asuntos que
nos guíen:
1. Una primera observación tiene que ver con el carácter del documento. ¿Es carta abierta, noticiaria?
2. La segunda es la situación en que Colón la escribe, o dice escribirla. No me interesa la cuestión
"verdadera", si la escribió en plena tormenta o luego que llegó a Portugal. Sí creo que se puede sacar
alguna conclusión de la DEIXIS, porque ella me dice dónde está el almirante y qué lugar ocupa lo que
él nombra.: yo, allá, aquí, son claves de esto.
3. El problema del nombre propio. Colón sabe que las islas tienen nombre pero les impone otro: ¿con
qué tiene que ver ese empeño? ¿con justicia, con posesión, con pertenencia, con un cambio de
sistema? No está de más reflexionar sobre el carácter lingüístico del nombre propio, su falta de
significado o su tan peculiar significado, su vinculación con la cosa nombrada, etc.
4. Creo que hay detenerse en la relación que Colón entabla con el paisaje y con los hombres. No es
muy claro, y hay controversia al respecto, sobre si Colón describía bien o no. De todas formas hay
algunas miradas sobre el paisaje que merecen atención, y no solo en el orden de la falsificación: si
llama ruiseñor a qué sé yo que bicho. Me gusta más la hipérbole de los árboles que "parecen que
llegan al cielo" o la gente con cola. La relación con lo humano que ve es sustancial (desnudez,
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mansedumbre) porque lo conduce a una conclusión muy jugada: la de poder convertir a esos hombre
en esclavos. La pregunta puede ser: ¿cómo justificar ese extremo?
Bien, las dos o tres cosas al final eran cuatro. Pero creo que avanzar por esos puntos nos lleva más
rápido. Si ven que el recorrido es otro, pues adelante.
Un libro que a ustedes, estudiantes de lengua, les podría gustar es La lengua de Colón de Menéndez
Pidal. Allí se observa la peculiaridad de la lengua escrita de Colón, el español, que seguramente no
era la que hablaba.
Recuerden que no nos podemos dormir en Colón: ya la semana que viene deberíamos estar pasando
a Sor Juana, las trampas de su fe y la tretas del débil.
Salud y no desfallezcan
Oscar

Prattes lo planteaba hace varios días y ahora Laurino enfatiza la cuestión: el carácter de elegido de
Colón.
Creo que ese punto me faltó entre los que les planteé para hincarle el diente a la carta (lo había
deslizado hace varias intervenciones como parapeto de las acciones y justificación de su fortuna:
advertí que reencontraríamos, en otros contextos, la misma actitud en Sor Juana o en Sarmiento) y
entiendo que sobreimprime toda la actuación y la escritura de Colón. Es cierto que se inviste de fe, de
fidelidad a una religión, pero de una religión fuertemente impregnada de mesianismo, como ya decía
Prattes. La figura de Cristo, hombre y dios, sacrificado y salvador, sufriente y beneficiador con ese
dolor de la redención humana, le da al cristianismo, y en particular al catolicismo, una sustancia
mesiánica que no se ve en otras religiones. Ello puede permitirnos entender mejor las estrategias de
Colón: la obediencia a los reyes, sí, pero sin olvidar las promesas que le hicieron y sin dejar de lado
que, al fin de cuentas, es él quién esclarece la voluntad divina llevando a la acción la aventura del
descubrimiento y la conquista (allí está, en los traspiés de su tarea, el punto de partida, la debilidad
que anticipa la quiebra del sujeto). Hay en Colón, y la carta lo demuestra, una idea de las jerarquías
del mundo que hay que advertir en los signos que se le imponen o generarlo con nuevos signos. Eso
explica, creo, la necesidad de volver a dar nombre, de bautizar con términos católicos e hispánicos
(¡¡¡no italianos, Concepción!!!) lo ya nombrado por otros y por lo tanto poseído por otros. La
resignificación, incluida la del famoso ruiseñor, implica la inclusión de ese mundo extraño al mundo
conocido, la adaptación de esos signos extranjeros a un sistema simbólico propio que se domina y
maneja. En este punto la lengua de Colón no es tema menor porque sus anfractuosidades y
desniveles, su condición extranjera, podrían dejar expuesta la pertenencia marginal de Colón al orden
jerárquico hispano-católico. No tengo idea de que ello haya sucedido, pero sus "fallas" a la norma
verbal ¿no debilitarían su exposición? Pero, ahora que lo escribo, ¿habría una norma severa cuando
recién se publicaba la gramática de Nebrija? Vamos, gente, a repasar Historia de la lengua. Y
además: ¿cómo pesaba lo "extranjero" en una organización social de incipientes nacionalismos, de
registros feudales ampliamente dominantes que definían los reinos -Castilla, Aragón- por el señorío en
la posesión de las tierras?
El caso de la conversión potencial de los americanos en esclavos es uno de los puntos más
novelescos de Colón. Recuerden que Colón quiso ser canonizado y el argumento más contundente
que se esgrimió en su contra fue la propuesta de esclavitud que hizo a la corona de los habitantes de
los territorios encontrados. La novela de Carpentier El arpa y la sombra tiene como motivo central ese
asunto. Cuando digo "novelesco" me refiero a esas inflexiones personales que Colón le dio a un
conjunto de posibilidades legales, comerciales, antropológicas que lo acotaban y de las que quiso, sin
fortuna, desatarse. En parte la quiebra del sujeto, el descubrimiento de que va perdiendo su aureola
de elegido, es una pelea impar contra una abrumadora jerarquía que lo va arrinconando.

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Para ver esto con más claridad, y creo que esta ya va siendo mi penúltima intervención sobre este
tema, los invito a deslizarse a los otros dos documentos citados en la guía: el diario del tercer viaje y
la mención al paraíso terrenal al que no accede; y la carta de Jamaica, del cuarto viaje, en la que, en
medio de la locura, revela la visión de Dios como punto final de su peripecia.
Bueno, sigan desarrollando lo que les falte, pero vayan anundando el tema.
Abrazo
Oscar

Gracias, Abeledo, hasta yo volví a leer a Cornejo. Es cierto, el gran proyecto crítico de los 60 y 70 de
construir una crítica latinaomericana naufragó. El último esfuerzo fue el realizado por el equipo que
encabezó Ana Pizarro, bajo el magisterio de Ángel Rama y Antonio Candido, y que produjo un libro
notable en la década del 90: Palavra, literatura e cultura, 3 tomos publicados en San Pablo. Pero ese
gran trabajo colectivo señaló el límite de lo que se podía hacer como renovador. Luego Oviedo volvió
a un proyecto más tradicional, su Historia, con un criterio más canónico, menos culturalista.
Disculpen mi entusiasmo con estos temas, pensarán que estoy pirado, pero me formé en medio de
ese debate y lo considero un segmento de mi biografía.
Un libro reciente de Jean Franco (no lo tengo a mano y no me acuerdo el título) revisó este asunto.
Avergonzado por tanto fervor
Oscar

24 de abril

No creo que pueda agregar algo a las notables intervenciones de Prattes, Abeledo, Santos y Laurino.
Intentaré subrayar algunos puntos, siguiendo sobre todo a Noé Jitrik Historia de una mirada, y será mi
último capítulo sobre esta unidad.
Comenzaría con la tormenta del cuarto viaje porque retoma un tópico de Colón: si recuerdan bien, la
carta de febrero de 1493 también tiene como contexto y excusa una tormenta. El Diario del 14 de
febrero presenta la situación: la necesidad de salvar el mensaje, dirigido a los reyes , la situación de
"lectura improbable" y luego su conversión súbita en el documento más difundido (quizá el único
verdaderamente difundido, el único que accedió a la opinión pública o algo así) del descubrimiento.
La dramaticidad de la tormenta (se podría decir "puesta en escena" en el caso de la carta a
Santángel) se multiplica en el cuarto viaje incluso en la expresión "me persiguió después siempre". La
"tormenta terrible", el "fin del mundo", "la mar fecha de sangre" e hirviente como sobre un caldero (¿el
infierno?) nos disponen a una lectura que menos atiende a la realidad exterior y más a las tormentas
íntimas que atribulaban al almirante. Hay una instancia en que el nivel material apela a la descripción,
a la creación de un secreto (no se fija con precisión, en la carta de 1493, el lugar descubierto) y hasta
se adivina el doble juego que podía estar haciendo Colón: la carta a los Reyes de España se conoce
primero en Portugal, es decir, el descubrimiento desembarca primero en la corte lusitana que en la
española. Cuando el viaje va adquiriendo visos de viaje espiritual domina la idea del paraíso terrenal y
es ganado por la idea fija del elegido y por la noción de martirio.
Las especulaciones que signaban la carta de 1493, por ejemplo el oro y su existencia, diez años
después son claramente obsesiones patológicas. Tanto lo es el oro, que lo detiene y lo desvía del
verdadero objetivo del cuarto viaje que es encontrar el istmo de pasaje hacia el otro océano (es el
momento en que más cerca está de descubrir ese paso).
El motivo del oro, centro de la misión económica de Colón, está ligado a otras materializaciones: la
cosificación del hombre, sin ir más lejos. En realidad la visión de los habitantes va cambiando y

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encuentra en la idea del caníbal la justificación de su deshumanización.
La atención al "descubrimiento" ("Cuando yo descubrí las Indias") tal vez no haya sido mucha, a pesar
de que Colón defiende su modesto areté de navegante: asegura que ahora hasta los sastres quieren
ser conquistadores de tierras.

El punto culminante de todo este texto y tal vez de toda la obra de Colón es el sueño o visión o delirio
febril en el que se pone en contacto con lo alto. Allí se confirma en forma trágica la filiación con los
personajes bíblicos y siente el final de su vida. Pero al mismo tiempo rescata la permanencia de su
misión. Aunque, como dice Jitrik, Colón no es un escritor, esto es, no viaja para escribir, es
aprovechable la idea de que las "tribulaciones están escritas en piedra mármol y no sin causas". La fe
en una escritura que, como el mensaje de Moisés, quedara fijado en piedra, aparece como cierre de
la vida de Colón, una vida profusamente escrita y fuertemente articulada sobre esa escritura.

Creo que es suficiente, por mi parte. Ustedes pueden seguir haciendo aportes sobre este punto. Yo ya
me dispongo a meterma en la segunda unidad.
Saludos
Oscar Brando

Justo por eso Cresci iba el rezongo: porque nos privábamos de sus fuentes que ahora todos podemos
usurpar como si estuviéramos en Roma en 1526 o en Bagdad en 2008. Claro que todos cometemos
esas omisiones. Mi intervención era para refrescarme el tema de la literatura posautónoma de
Josefina Ludmer: ya que estoy en esto les cuelgo el artículo de la Ludmer defendiento el plagio del
delincuante de Di Nucci, el de la novela plagiaria Bolivia Construcciones. Por lo menos el delito sirvió
para polemizar sobre un tema importante.
Gracias Cresci y ya arrancamos con Sor Juana ¿no?
Oscar Brando