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La crisis en PDVSA

Faldas, piernas y torsos preocupan a Pdvsa


Por: Dany Klauss

• La deserción de profesionales, los bajos salarios y otros problemas no


resueltos en materia laboral están dejando a Pdvsa sin una generación de
relevo que garantice la continuidad de la empresa

De no ser por los altos precios del petróleo registrados en los últimos años, tal
vez Petróleos de Venezuela estaría viviendo una situación similar a la de las
empresas básicas de Guayana o del sector eléctrico ahora nacionalizadas,
cuyo frágil destino fue denunciado en reiteradas oportunidades por distintos
actores de la vida nacional.

Una de las áreas más críticas es, obviamente, la de Recursos Humanos. La


corporación no ha podido recuperarse del paro de 2002, acción reprobada por
la mayoría de los venezolanos y que mermó al personal técnico y profesional
de la corporación. Allí se perdieron miles de horas de conocimiento y
experticias invertidos en los 18 mil trabajadores que abandonaron sus puestos.

Esa debilidad no ha sido superada. Todo lo contrario; cada día se agrava, por
más que la empresa haya aumentado su nómina de 20 mil a 90 mil
trabajadores. Por una sencilla razón: la abrumadora mayoría de los que han
ingresado no reúne el perfil necesario, y los pocos que lo tenían y se quedaron,
se están yendo debido al deterioro en las condiciones socioeconómicas de la
estatal.

Es tal la falta de incentivos al personal y los bajos salarios, que las renuncias
se están produciendo “a paso de vencedores”. Finanzas, Comercio
Internacional, Exploración y Producción son las áreas más críticas. El personal
con experiencia que no se sumó al paro se ha ido a empresas privadas
transnacionales, donde encuentran condiciones laborales dignas así como un
ambiente de respeto, distinto al desorden que hoy apabulla a la corporación
estatal.

En la Dirección de Finanzas profesionales medios han venido retirándose ante


el desorden imperante, de este modo no tienen que avalar informes alterados,
que aparezcan y desaparezcan cifras millonarias en un abrir y cerrar de ojos.
Hicieron lo correcto: no querían ser cómplices del maquillaje de cifras que
luego se exhiben públicamente.

En Exploración la huida tuvo su mayor momento cuando se dio la migración


hacia empresas mixtas, en 2006 y 2007, pero se siguen produciendo: México,
Canadá, Francia y algunos países árabes siguen siendo los principales
destinos.

En Puerto La Cruz, El Tigre, Maturín y Anaco, docenas de profesionales que


debieron migrar forzosamente a empresas mixtas, donde Pdvsa adquirió la
mayoría accionaria y sus socios foráneos la minoría, no soportaron mucho
tiempo el bajón salarial, la merma en las condiciones laborales y la presión
política. Hoy se encuentran fuera del país, viendo cómo quedó su antigua y
destartalada petrolera dizque “nacionalista”, donde los criollos que hablaban
inglés eran catalogados de “imperialistas”. Olvidan los seudo revolucionarios
que odian el inglés, que comunicarse en este idioma era inevitable en las
reuniones operacionales donde hasta hace poco operaban extranjeros, incluso
hasta después de las nacionalizaciones.

Es tal la deserción en Pdvsa que un alto porcentaje de los nuevos


profesionales que están ingresando a la empresa se retiran apenas al año o a
los 3 años de haber ingresado, convencidos de que en la estatal no hay mucho
que buscar porque los beneficios sociales se han venido a menos, el seguro
médico está diezmado, la tarjeta de alimentación es raquítica y el salario da
risa.

Entre los trabajadores se comenta que uno de los objetivos siniestros y


solapados de la corporación es salir de aquel técnico o profesional con
legítimas aspiraciones laborales. Después de todo, con tanto desempleo, es
fácil sustituirlo. Además, se cree que el venido a menos Zar de la Energía,
Rafael Ramírez, decidirá a su antojo y capricho, si algún día les tira algunas
migajas salariales o socioeconómicas a los trabajadores. Dependerá de los
precios del petróleo, de la convención colectiva o del escenario político
nacional. Si triunfa la tesis de la “socialización del salario” dirigida por el propio
ministro, es decir, la de mantener los niveles salariales actuales, congelados
desde 2006, a cambio de supuestos beneficios socioeconómicos, podría haber
más deserciones.

No hay relevo

La corporación no tiene cuadros de relevo. Todo el conocimiento y los talentos


formados durante años se están yendo. Un ingeniero petrolero requiere como
15 o 20 años para convertirse en un verdadero experto en su área. Pero si los
nuevos profesionales se marchan, ¿cuándo se van a formar?

Un trabajador jubilado me comentaba que Pdvsa necesitaría 10 o más años


como mínimo para nivelar las brechas, es decir, para tener un personal con la
experticia necesaria para sustituir al que se va. Pero este es un problema que
crece indefinidamente: cada año se necesitan 10 o más años por ciento o miles
de trabajadores, porque ingresa nuevo personal y el que apenas había entrado,
ya se fue. A este paso, la meta es matemáticamente inalcanzable.

Cuando se dio el proceso de nacionalización de la industria petrolera en los


años setenta, se previó la formación de la generación de relevo que asumiría
las vacantes que dejarían los gringos. Era una tarea nacional de alta prioridad.
El Estado venezolano puso todo su interés en este álgido tema, sobre todo
después de que las compañías petroleras transnacionales se opusieran,
durante el primer gobierno de Caldera, a una disposición de la Ley del Trabajo,
la cual señalaba que al menos el 75% de los trabajadores debían ser
venezolanos.

El Estado cumplió. La nacionalización se llevó a cabo sin mayores traumas. En


el Zulia y los estados orientales, donde estaba el meollo operacional, fue un
asunto de alta prioridad, así como en algunas áreas corporativas. Pero las
cosas han cambiado. Pdvsa hoy enfrenta una crisis histórica y por eso va
directo a convertirse en un cascarón vacío en materia de recursos humanos.

Lo trágico y cómico de esta situación, es que la política soterrada del


departamento de Recursos Humanos Corporativos, sigue siendo la de evitar a
toda costa la contratación de egresados de las “universidades escuálidas”, es
decir todas aquellas instituciones con varios lustros de experiencia, unas
mejores que otras, que durante años formaron los profesionales y gerentes que
contribuyeron a convertir a Pdvsa en una de las primeras empresas del mundo.
La UCV, la UCAB, la Unimet, la UDO, serán sustituidas por la flamante
Universidad Bolivariana como proveedora de ingenieros o geólogos.

Cargos por aquí, cargos por allá

Son tantos, tan arbitrarios y tan patéticos los cambios en las designaciones de
cargos, que estas decisiones han perdido toda respetabilidad. Cada vez que se
anuncian nombramientos, me dicen que la gente seria de la industria, con
varios lustros de servicio, se muere a carcajadas. Porque los nombramientos
se dan como quien reparte papelillos o serpentinas en una fiesta de carnaval.
Todos los días, todas las semanas, a cada rato. Es el vivo reflejo de la más
avezada improvisación a que está sometida la industria.

El personal de más experiencia muchas veces es degradado a posiciones que


desempeñó cuando se estaba iniciando en la empresa, hace 10 o 15 años;
incluso llega a quedar bajo la supervisión de jóvenes “revolucionarios” que no
llegan a la treintena, pero son guapos y apoyados.

A cada rato Recursos Humanos Corporativo divulga la supuesta normativa para


la definición de cargos, con sus respectivos requisitos en cuanto a funciones,
objetivos y misión, pero muchos de los nuevos jefes de la empresa se hacen
los locos e imponen su criterio. En dos platos: hacen lo que le da la gana.
Si el ministerio del Trabajo metiera la lupa en Pdvsa se encontraría con un
espantoso panorama de maltratos y humillaciones, que viola disposiciones
legales y los principios elementales del socialismo.

La explotación del hombre por el hombre

En los últimos meses el jarrón chino de Pdvsa, vale decir, Recursos Humanos,
ha vivido las de Caín. No ha tenido dirección ni dignidad para ser lo que
debería ser; no ha asomado nada que la haga respetar entre los trabajadores;
apenas se exhibe para fingir que existe.
Recursos Humanos es tan incapaz que ni siquiera puede controlar el horario de
los trabajadores. Ha divulgado numerosas veces la normativa referida al
cumplimiento de los horarios, pero la mayoría del personal hace caso omiso de
estas disposiciones… Y ahora que se anuncia que la Asamblea Nacional
aprobará el horario socialista de 6 horas, las cosas seguramente se
empeorarán, o tal vez mejorarán, según el parecer de cada quien…

En las áreas operacionales el horario es un asunto más serio, más rígido,


porque allí se procesa petróleo y hay que estar pendiente de las maquinarias e
instalaciones así como del propio recurso natural. Pero en las áreas
administrativas –La Tahona, El Menito y La Campiña- otra es la situación.
Porque, además, el propio desorden de la empresa estimula el irrespeto a los
horarios. A veces hay que madrugar ante tantas improvisaciones, en los días
laborales y los fines de semana, que es imposible insistir en la idea de respetar
el horario.

La situación es crítica en organizaciones como Planificación, Comercio y


Suministro. Ni siquiera la verborrea socialista ha podido evitar la “explotación
del hombre por el hombre” en estas organizaciones, donde hay jornadas
abusivas de 12, 14 o más horas, durante dos o tres días seguidos, en las que
los técnicos y profesionales son tratados como verdaderos esclavos del siglo
XXI; a regañadientes y bajo amenazas.

Cada evento o foro energético internacional, convocado desde Miraflores, se


presta para estos abusos y atropellos. Mientras el Zar y su combo hablan de
“integración” y “solidaridad”, en la empresa, puertas adentro, se habla de
“explotación”…

Entre faldas y torsos

Pero si no hay tiempo para controlar el horario o humanizar el trabajo de


oficina, en cambio si lo hay para hacer el ridículo.
Recursos Humanos ha intentado regular la vestimenta y la imagen del
personal, invitando a los noveles trabajadores de la Nueva Pdvsa, en especial
las chicas, a no usar faldas, escotes o aquellas prendas que además de ser
llamativas o exhibir los femeninos torsos, pudieran manchar la “buena imagen”
de la empresa. ¿Cuál buena imagen?

En los viejos tiempos, cuando había verdaderos petroleros, éstos eran un


ejemplo no sólo de puntualidad sino de buena imagen al vestir, aunque no
faltaban los arrogantes y aristocratizados.

En lugar de estar preocupándose de las faldas, los torsos y las piernas de las
mujeres “petroleras”, la corporación que dice impulsar un mundo multipolar,
que aplastará al imperialismo yanqui, que liberará a Bolivia de las tinieblas, que
derrotará a Lucifer en el propio purgatorio, que llevará la arepa de pernil y el
vaso de leche a todos los hogares, que llevará el primer astronauta venezolano
a la Luna, debería estar pendiente de cosas más serias que afectan su propia
viabilidad.
En dos palabras. Para Pdvsa y para el país, el salario real, los beneficios y la
formación del trabajador de la empresa son más importantes que las faldas y
los escotes.

Así lo creo.

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Nota de la Pluma Candente: El texto a continuación es la Misión de la Organización de
Recursos Humanos de PDVSA. Fuente: Informe Anual 2008 de PDVSA

Recursos Humanos
La Dirección Ejecutiva de Recursos Humanos de Petróleos de Venezuela S.A.
(PDVSA) es una organización habilitadora cuyos objetivos, procesos y actividades no
se vinculan directamente con la extracción, procesamiento y comercialización del
petróleo, el gas y sus derivados, no obstante se constituye en pilar fundamental que
garantiza el talento humano necesario y suficiente para alcanzar los objetivos del Plan
Siembra Petrolera, en línea con el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación,
a través de los procesos de planificación estratégica, captación, educación y desarrollo,
compensación y beneficios, relaciones laborales, salud integral y calidad de vida. La
función de Recursos Humanos en PDVSA cumple una misión estratégica en tanto capta,
forma y desarrolla a los trabajadores y las trabajadoras en función de las competencias
clave requeridas por los procesos de la industria, a tenor de la nueva filosofía de la
empresa, que se traduce en altos valores éticos de solidaridad y responsabilidad social,
lo que le permitirá integrarse y comprometerse con actitudes cónsonas que contribuyan
con el bienestar de las comunidades y con el resto de la sociedad venezolana.