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Guerra y revolución en españa (1936-1939)

  • 1 TOMO II

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

GUERRA Y REVOLUCIÓN EN

ESPAÑA

1936-1939

TOMO IV

Editorial Progreso

MOSCÚ • 1967

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

ÍNDICE

C

A P Í T U L O

XVI. LA REPÚBLICA A FINALES DE 1937 — 9

I.

Contexto internacional

 

11

II.

Decisión de vencer

17

III.

Traslado del Gobierno a Barcelona

25

IV.

El Pleno de noviembre del C.C. del

29

Consultar al pueblo

31

 

36

C

A P Í T U L O

XVII. LA BATALLA DE TERUEL — 39

I.

Iniciativa del Ejército Popular

41

Objetivos de la batalla

 

41

La ofensiva republicana

41

Batalla de desgaste

46

 

48

 

Sitio y evacuación de Teruel

51

C

A P Í T U L O

XVIII. PRUEBAS ACERBAS — 57

I.

Unidos en la resistencia contra el invasor

59

Ofensiva enemiga en el Frente del Este

59

Nuevas presiones

61

 

63

66

 

Resistir

69

II.

Nuevas opciones en momentos

73

Los vaticinios sombríos de Prieto

73

Reorganización del Gobierno

79

El corte

87

La gesta heroica de la 43 División

91

Los trece puntos

95

III.

El Pleno de Mayo del C.C. del

101

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C

A P Í T U L O

XIX. ÉXITOS Y CONTRATIEMPOS — 105

I:

La batalla de Levante

107

La «Charca»

114

II.

La Batalla del Ebro

121

 

121

122

123

124

127

128

 

Primera contraofensiva franquista

131

Segunda ofensiva franquista

132

Intentos de ruptura del frente republicano

132

Combates de desgaste

139

III.

Posiciones contradictorias en el campo republicano

145

Pleno de Izquierda Republicana

145

Pleno del Comité Nacional del

147

La minicrisis de agosto de 1938

153

Voces disgregadoras en la

160

Las Cortes en el Monasterio de San Cugat del Vallés

164

C

A P Í T U L O

XX. LA PÉRDIDA DE CATALUÑA — 167

  • I. Consecuencias de la capitulación de Munich para España

169

II. Arrecia la intervención

 

179

III. La retirada de los voluntarios internacionales

187

 

La despedida

190

IV.

Repliegue del Ejército del Ebro

199

Balance de la operación

203

  • V. Ofensiva franquista contra Cataluña

205

 

Situación de las fuerzas republicanas

205

Nuevo pedido de armas a la

209

Plan frustrado

216

La

217

Las cortes en

229

Nuevas presiones de Inglaterra y Francia

232

El repliegue hacia la frontera

235

Dos conductas

237

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

C A P Í T U L O

XXI. EL FINAL DE LA GUERRA — 243

I.

Situación en la Zona Centro-Sur

245

II.

La llegada del Gobierno

253

 

258

III.

Actitud de las diversas fuerzas políticas

261

Esfuerzos tesoneros del Partido Comunista

261

Los comunistas ante la nueva situación

267

Actitud del P.S.O.E. y de la

275

Los anarcosindicalistas

279

 

Casado conjura

285

IV.

Francia e Inglaterra reconocen a Franco

289

 

Azaña dimite

292

V.

Sublevación en Cartagena

295

VI.

La rebelión y sus consecuencias

311

Ultima reunión ministerial en España

315

La reunión de Monóvar

320

Una semana dramática ..............................................................................

324

Casado pide una tregua

333

Valencia

337

Los comunistas se orientan a la clandestinidad

346

La

entrega ...................................................................................................

248

La tragedia de Alicante

354

Anexos documentales

361

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

LA REPÚBLICA A FINALES DE 1937

CAPÍTULO XVI

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

«El español no pierde nunca su te en la victoria, mientras crea merecerla. De esta fe en la justicia, tan española, tan quijotesca y tan en crisis en otros pueblos, ha brotado ese maravilloso ejército de la República, que es hoy el asombro y el ejemplo del mundo. Tal es el hecho gigantesco, de inigualable trascendencia, que ha pertur- bado las viejas cuentas de las cancillerías europeas».

Antonio Machado

I. CONTEXTO INTERNACIONAL

El panorama político y militar de la España republicana a finales de 1937 era complejo y contradictorio. La guerra continuaba extendiéndose y los combates, cada vez más enconados, se reñían en condiciones de notoria inferioridad para la República. Con el apoyo de las divisiones «legionarias» [1] , de centenares de tan- ques y aviones facilitados por Alemania e Italia, los sublevados iban cam- biando a su favor la marcha de la contienda. En este sentido, la ocupación del Norte tuvo particular importancia. La pérdida de regiones industriales esenciales para la guerra como Vizcaya, Asturias y Santander, con cerca de dos millones de habitantes, alteró sensiblemente la correlación de fuerzas y tuvo gravísimas consecuencias para los republicanos. Los rebeldes, que hasta entonces no contaban con ninguno de los centros industriales de consideración, iban a disponer en adelante de las principales minas de carbón y de hierro, así como de las fábricas sidero- metalúrgicas y de guerra fundamentales. Además, una vez ocupado el Norte, la flota enemiga pudo retirarse del Cantábrico y concentrarse en el Mediterráneo, agravando el bloqueo de la República. Decenas de miles de soldados del ejército franquista [2] , cerca de 200 aviones [3] , gran cantidad de cañones y carros de combate quedaron a disposición del mando fascista,

  • l. Se trata de las 4 ó 5 divisiones regulares del ejército italiano que, con un total de cerca de 100.000 hombres, combatieron a lo largo de la guerra al lado de Franco.

    • 2. Según Díaz de Villegas, la pérdida del Norte republicano dejó libres 150 batallones facciosos con abundante artillería y aviación, con la posibilidad, además, de una recluta potencial de otros 100 batallones. (José Díaz de Villegas. Guerra de Liberación, Barcelona, 1957, pág. 220.)

    • 3. Véase M. Aznar. Historia militar de la guerra de España. (19361939), Madrid, 1940, págs. 466-467.

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que los podía volcar en una u otra dirección y conseguir una superioridad aplastante en sectores en los que hasta entonces no la tenía. Así, Franco obtuvo la posibilidad de constituir una fuerte masa de maniobra para ope- raciones ofensivas. La situación internacional se iba ensombreciendo rápidamente en detrimento de la República. A la cabeza del gabinete inglés se encontraba desde el mes de mayo de 1937, Neville Chamberlain, representante de los grupos reaccionarios de Inglaterra, el «hombre del paraguas», que ha pasado a la historia como símbolo de la capitulación ante el fascismo [1] . En junio del mismo año, León Blum fue sustituido por Chautemps, cuya política exterior proseguía las orientaciones de Inglaterra [2] . Tanto en Londres como en París consideraban que la caída del Norte era la antesala de la victoria de Franco y se disponían a entenderse con los dictadores fascistas. En noviembre de 1937, Chamberlain nombró «agente comercial» en Salamanca a Sir Robert Hodgson, un diplomático que en 1917 había sido cónsul inglés en Vladivostok, y, durante la intervención británica contra el País Soviético, alto comisario en Siberia. Hodgson relata en su libro Spain Resurgent [3] que a pesar del título de «agente comercial», él había disfrutado de todos los privilegios de un diplomático [4] . Al mismo tiempo que Hodgson se trasladaba a Salamanca, llegaba a Londres el Duque de Alba, con el poco aristocrático «título» de «agente comercial», lo cual equivalía en cierto modo, a un reconocimiento de Franco «de facto» por parte de Inglaterra. Los monopolios de Gran Bretaña, Francia y EE.UU. no disimulaban su interés en la derrota de la República. Sus contradicciones con Alemania e Italia no impedían que en lo que concernía a España coincidieran unos y otros en desear la victoria de Franco, y la política de «No-Intervención» servía de máscara a ese deseo.

  • 1. No fue casual que al ser nombrado Chamberlain «premier» inglés, un agregado del gabinete diplomático de Franco manifestara al embajador americano, Claude Bowers: «Ahora que gobierna Chamberlain, será más fácil para nosotros.» Bowers añade que el nombramiento de Chamberlain se consideraba como el equivalente de una gran victoria militar. (Claude G. Bowers. Misión en España, México, 1955, pág. 385.)

  • 2. En un mitin de solidaridad con la República española, en diciembre de 1937 el dirigente comunista francés Jacques Duclos dijo: «El Quai d’Orsay está siendo con demasiada frecuencia una especie de sucursal del Foreign Office.» (Jacques Duelos. Memoires. 1935-1939, París, pág. 227.)

  • 3. Sir Robert Hodgson. Spain Resurgent, London, 1953, pág. 79.

  • 4. En Burgos había ya embajadores o representantes diplomáticos de Alemania, Italia, El Salvador, Guatemala, Portugal, Japón, Manchukuo, Grecia, Hungría y Eire, y con título de «agentes» actuaban delegados de Polonia, Checoslovaquia, Holanda, Rumania, Suiza, Yugoslavia, Turquía y Uruguay. (El Nuncio Apostólico llegó en agosto de 1938.)

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

En nuestro tomo II hemos explicado el carácter nacional del Frente Popular y de la revolución democrática popular española. La victoria del Frente Popular era una victoria de las fuerzas del progreso que podía mo- dificar, en sentido favorable a los intereses nacionales, las relaciones de España con los grandes países que venían dictando su política en Europa y en el mundo. Las fuerzas reaccionarias no comprendían que al seguir frenando el desarrollo social del país, obturaban su propia participación en la estructu- ra de la nueva España, que no podía vivir de cara al pasado, sino con los ojos muy abiertos a todo lo que en el mundo evolucionaba para adaptar su andadura a estos cambios y no quedarse atrás o marginada, pero esa política convenía a los monopolios imperialistas, quienes en cada victoria del Gobierno de la República veían amenazados sus intereses en España y buscaban nuevos cauces para ayudar a Franco [1] . Desde la toma de Bilbao por las tropas franquistas, las compañías bri- tánicas explotadoras de las riquezas mineras españolas presionaban sobre su gobierno en favor de un cierto reconocimiento de Franco. Las negociaciones de Franco con la Gran Bretaña no podían dejar de alarmar a Berlín y Roma, cuyos representantes exigieron explicaciones en Burgos. En una entrevista con el ministro de Relaciones Exteriores del Reich, von Ribbentrop, el 6 de noviembre de 1937, Mussolini manifestó su pre- ocupación por el acercamiento de Gran Bretaña a Burgos.

«Es preciso —dijo— prestar atención a la actitud de Inglaterra en relación con Franco. Londres se ha percatado de que jugaba por el caballo perdedor y trata ahora de realizar una rápida evolución hacia la España nacional. Italia y Alemania deben estar en guardia porque el problema que se presenta tiene un interés particular en un doble aspecto: financiero y político.» [2]

Y añadió que Italia había gastado ya en España alrededor de 4.500 millones de liras. Alemania, según manifestación de Goering, unos 3.500 millones de liras.

  • 1. El historiador americano Gabriel Jackson escribe: «Las compañías inglesas que poseían la mayoría de las acciones de las minas de Río Tinto y Peñarroya no presentaron quejas ofíciales durante la guerra acerca de los tipos de cambio abusivos o la exportación de casi la mitad del mineral producido a Alemania. Estaban convencidas de que la victoria de Franco serviría a la larga a sus intereses, y su actitud hizo que los diversos intereses franceses, belgas y americanos adoptaran la misma actitud.» (Gabriel Jackson. La República Española y la Guerra Civil 1931-1939, México, 1967, pág. 348. Véase también Raymond Carro Estudios sobre la República y la guerra civil española, Barcelona, 1974.)

    • 2 G. Ciano. Les Archives secretes du Comte Ciano 1936-1942, Paris, 1948. pág. 127.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

«Queremos que se nos pague y se nos debe pagar

...

Queremos que la

España nacional salvada gracias a la ayuda de los italianos y alemanes, se man-

tenga estrechamente ligada a nuestro sistema

Sólo si España se mantiene en

... nuestro sistema, podemos contar con ser completamente indemnizados.» [1]

Tal era la generosidad de quienes ayudaron a Franco a conquistar el poder. Por otra parte, como hemos visto en los tomos anteriores, los EE.UU. procuraban no quedarse rezagados en cuanto a la penetración económica en España. Bloqueaban a la República hasta el punto de no vender armas a México «por ser este país amigo de la República» y vendían en cambio abundante armamento a las potencias fascistas que abastecían a los fran- quistas. Los EE.UU. suministraron a crédito durante toda la guerra el petróleo que necesitaba el Ejército franquista [2] . Como decía el famoso escritor británico Bernard Shaw:

«En España, todas las grandes potencias capitalistas pretenden la mano del general Franco.» [3]

El desarrollo de los acontecimientos en el mundo fortaleció la situa- ción de los franquistas. En el verano de 1937, el Japón inició su agresión contra China, creando una nueva hoguera de guerra en el mundo. El 6 de noviembre del mismo año, Italia firmaba el Pacto Anti-komin- tern establecido por Alemania y Japón, configurándose así el eje militar Berlín - Roma - Tokio, al que más tarde se sumaría Franco. Lloyd George, líder del Partido Liberal inglés, declaraba en Londres, refiriéndose a la alianza de las tres potencias agresoras:

«Esto es un nuevo factor, temible

¿Seguiremos este camino, que lleva a

... la rendición, o estáis dispuestos a defender la libertad del mundo? Si Franco

llegase a ganar, habría cuatro grandes potencias dictatoriales: Italia, Alemania, el Japón y España.» [4]

1-

Ibidem.

  • 2. Guerra y Revolución, t. I, pág. 228 y siguientes. Ricardo de la Cierva opina en su trabajo El Ejército Nacionalista durante la Guerra Civil: «La contribución ilimitada y a crédito de carburantes y lubricantes por parte de empresas petrolíferas del sur de los Estados Unidos, así como el movimiento de opinión católica que en ese país mantuvo el embargo de armas contra la República, tuvo quizás tanta importancia para el desarrollo de la guerra civil como otras contribuciones más aireadas por la propaganda.» (Raymond Carr. Estudios sobre la República y la guerra civil española, pág. 259.)

  • 3. Frente Rojo, 20 de noviembre de 1937.

  • 4. Frente Rojo, 3 de diciembre de 1937.

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Con razón Máximo Litvínov, Comisario de Asuntos Exteriores de la URSS, denunciaba en la sesión plenaria de la Sociedad de Naciones (21 de septiembre de 1937):

«Aunque formalmente se prohíbe la exportación de armas a España, no

ha cesado el suministro a los facciosos de toda clase de armas para acciones

por tierra, mar y aire

A pesar del compromiso de prohibir a los ciudadanos

... extranjeros entrar en España y participar en las operaciones, se ha enviado en auxilio de los sublevados españoles decenas de miles de hombres en formaciones militares; divisiones enteras bien equipadas y dirigidas por ofi-

ciales y generales, a la vista de todos, desde puertos de países que habían contraído las obligaciones formales que he mencionado. No son conjeturas, sino hechos, que no han sido ocultados por los verdaderos violadores de

estas obligaciones, los cuales lo mencionaban en su prensa

Agréguese a

... esto el hecho de que barcos de guerra extranjeros navegan alrededor de España ayudando a los sublevados, escoltándoles, bombardeando puertos españoles (el caso de Almería) y hasta echando a pique barcos mercantes neutrales. Esto es tomando parte en un bloqueo de la República Española, y Uds. comprenderán por qué la No-Intervención en los asuntos españoles no puede mencionarse, en adelante, sin ironía,» [1]

En un gran mitin organizado en diciembre de 1937 por los demócra- tas franceses en el Velódromo de Invierno de París, Dolores Ibárruri, que asistía como miembro de una delegación del Frente Popular para recabar la solidaridad de Francia, expresó:

«Nosotros amamos profundamente la paz y venimos a Francia como mensajeros de paz y no como emisarios de guerra. Queremos que el pueblo francés no sufra los dolores y los terribles sacrificios que sufre nuestro pueblo en la lucha contra el fascismo.

Queremos evitar a las madres y a las mujeres francesas el dolor infinito

de las madres y de las mujeres españolas que ven a sus hijos, hermanos y maridos segados por la metralla fascista ... Pero el fascismo, camaradas francesas, no se desarrolla tanto por sus propias fuerzas, como por las debilidades de los otros. Si los pueblos, si los demócratas cumplen con su deber, el fascismo será derrotado, y de él sólo quedaría el amargo recuerdo de un crimen monstruoso » ... «Pueblo de Francia, ayúdanos a ganar la guerra y con ello te defenderás

de tus enemigos, que son los nuestros » ...

[2]

  • 1- Contra la agresión. Discursos de Máximo Litvínov. La Habana. Editorial Páginas, 1942, págs. 88-89.

    • 2. Jacques Duclós, libro citado, págs. 224 a 226.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Antonio Machado, por Picasso

Guerra y revolución en españa (1936-1939) Antonio Machado, por Picasso Mitin del Partido Comunista en Valencia

Mitin del Partido Comunista en Valencia

Guerra y revolución en españa (1936-1939) Antonio Machado, por Picasso Mitin del Partido Comunista en Valencia

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

II. DECISIÓN DE VENCER

Las circunstancias adversas en que se desarrollaba la lucha, podían hacer creer que la República tenía ya perdida la partida. Así lo escribieron espe- cialistas militares y políticos. Así lo creyeron también quienes barajaban soluciones en base a mediaciones o compromisos que sólo podían conducir a la capitulación. Pero la dinámica de la guerra de España no se ajustaba sólo al cál- culo frío de las reglas militares. Regían, como es evidente, los factores objetivos, pero también los morales, de un pueblo decidido a defender sus libertades. Este no ignoraba que en todas las guerras, y especialmente en una guerra nacional-revolucionaria, hay avances y retrocesos, victorias y derrotas. Y los trabajadores, los soldados, abrigaban una profunda fe en su destino y en la causa por la que estaban luchando. Por ello soportaban con entereza penalidades y sacrificios. Realmente, sólo un pueblo dotado de profunda fe en la causa que defendía con las armas, era capaz de hacer frente a tantas y tan dilatadas dificultades. [1]

«

tenemos

confianza y fe inquebrantables en la victoria — decía José Díaz

... —, y esta confianza y esta fe no son cosas románticas, sino consecuencias de un examen muy frío de todos los elementos de la situación: [2] «Yo tengo fe en el triunfo — dijo Negrín en las Cortes celebradas el 10 de octubre de 1937 — porque tengo fe en España, en mi pueblo, y quiero que esa fe la tengan todos.» [3]

La guerra continuaba y con ella el gran dilema: Resistir o perecer. Negrín afirmó en el discurso pronunciado en la Lonja de Valencia que el programa del Gobierno era ganar la guerra y después prepararse para ganar la paz.

«Mal gobierno sería el que obsesionado por la lucha no fuera preparando

el ganar la paz

...

la única paz posible

...

,

después del establecimiento de la

  • 1. Un siglo antes, en la Guerra de Independencia, Wellington decía que los españoles hacían sus ejércitos con una cosa que se llama «entusiasmo».

    • 2- José Díaz. Tres años de lucha, París, 1939, pág. 519.

      • 3. Adelante, 2 de octubre de 1937.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Guerra y revolución en españa (1936-1939) Dirigentes del P.C.E. De izquierda a derecha: Pedro Checa, Luis

Dirigentes del P.C.E. De izquierda a derecha: Pedro Checa, Luis Cabo Giorla, Dolores Ibárruri, José Díaz, Antonio Mije y Manuel Delicado.

Guerra y revolución en españa (1936-1939) Dirigentes del P.C.E. De izquierda a derecha: Pedro Checa, Luis

La mujer en la defensa de la República. Fotomontaje publicado en Mundo Obrero.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Guerra y revolución en españa (1936-1939) La mujer en la defensa de la república. El Ejército

La mujer en la defensa de la república.

Guerra y revolución en españa (1936-1939) La mujer en la defensa de la república. El Ejército

El Ejército popular estidia.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Guerra y revolución en españa (1936-1939) La mujer en la defensa de la república. 20

La mujer en la defensa de la república.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

autoridad, y del derecho; la paz que garantice el régimen de la democracia republicana; la paz que reafirme la libertad y la independencia de nuestra Patria»: [4]

Una paz digna, que respetara la libre voluntad de los españoles, la ha- bía rechazado Franco en infinitas ocasiones. Franco, apoyado por las armas y soldados alemanes e italianos, exigía la capitulación sin condiciones. El pueblo comprendía esta realidad y se veía obligado a proseguir la guerra en una situación sumamente desfavorable. La paz sólo podía ser conquistada a través de la resistencia y la República contaba con los medios para continuarla. Negrín presentó en aquella sesión de las Cortes el balance de su Gobierno. Se había logrado corregir errores, se había avanzado en el establecimiento del orden, de la disciplina, en suma, en la reconstrucción del Estado. En el aspecto militar el Gobierno Negrín y su titular de Defensa Inda- lecio Prieto, habían dado pasos importantes en la estructuración del Ejército Popular, en el fortalecimiento de la disciplina y en la centralización del man- do en un Estado Mayor. Bajo el control de la Subsecretaría de Armamento del Ministerio de Defensa se coordinó e impulsó la fabricación de material de guerra. Se estableció una nueva demarcación territorial del ejército por provincias, excepto Cataluña, Aragón y Toledo y se disolvieron las antiguas inspecciones generales del ejército y las divisiones orgánicas. Promulgáronse diversas disposiciones para establecer una auténtica disciplina en el ejército que asegurara el cumplimiento riguroso de las órdenes del mando, la autoridad de jefes y oficiales y los derechos del sol- dado, de acuerdo con el carácter democrático-popular del nuevo ejército. La reorganización de los tribunales de justicia militar desempeñó un papel importantísimo en este sentido. Para combatir el espionaje, impedir la divulgación de secretos militares y neutralizar a los agentes del enemigo fueron creados dos organismos de información, denominados S.I.M. (Servicio de Información Militar) y S.I.E.P. (Servicio de Información Especial Periférica). El Ejército Popular, constituido sobre la base de las milicias obreras y campesinas, adolecía de una falta de cuadros con suficientes conocimientos militares que les permitieran dirigir con acierto las unidades que se ponían bajo su mando. Para suplir esta necesidad se aumentó el número de pla- zas de las Escuelas Populares de Guerra creadas sobre la marcha. En estas escuelas podían estudiar combatientes de 18 a 36 años, que hubieran pres- tado servicio en los frentes tres meses como mínimo y mostrado heroísmo

4.

Ibidem.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

y capacidad de mando. Para la preparación de oficiales de Estado Mayor se constituyó una escuela especial en la que podían ingresar, después de una prueba de aptitud, jefes y oficiales profesionales y de milicias menores de 40 años. Los aprobados en los exámenes finales eran destinados a los E.M. de divisiones, cuerpos y ejércitos. Organizáronse escuelas militares en los cuerpos de ejército para mandos subalternos. Se intensificó asimismo la preparación de tanquistas y aviadores, en la que tuvieron una participa- ción muy importante los especialistas soviéticos. Varios grupos de pilotos españoles fueron preparados en la U.R.S.S. Para facilitar el adiestramiento de las reservas inmediatas, se decretó la educación premilitar obligatoria para los jóvenes de 18 a 20 años. El Gobierno estableció una serie de recompensas para premiar los actos de valor y heroísmo realizados por los combatientes y la población civil. Se instituyeron la Medalla del Deber (honoraria), la Medalla del Valor (pensionada), la Placa del Valor (pensionada), la Medalla de la Libertad (hononaria), la Placa Laureada de Madrid (honoraria), la Medalla de Su- frimientos por la Patria (honoraria) y la Medalla de la Segunda Guerra de Independencia [1] . Fue derogado el decreto de febrero de 1937 dictado por Largo Ca- ballero, según el cual los mandos de milicias salidos del pueblo no podían alcanzar un grado superior al de comandante, aunque mandasen una brigada, una división o un cuerpo de ejército. De esta forma se anulaba una discriminación arbitraria y una barrera incomprensible, ajena a la causa que defendía la República y al carácter democrático y revolucionario del nuevo ejército. Todas estas medidas del Gobierno Negrín contribuyeron induda- blemente a mejorar la organización del Ejército Popular, que fue una de las realizaciones más importantes de la guerra nacional revolucionaria del pueblo español. Este ejército se templaba en el fuego de la lucha frente a fuerzas muy superiores en armamento y preparación militar. Era un ejér- cito nuevo, revolucionario, profundamente popular, tanto por su origen miliciano-voluntario como por los hombres que lo mandaban, en su inmensa mayoría obreros, campesinos, empleados e intelectuales, junto a los mili- tares profesionales leales; era la expresión de la República democrática de nuevo tipo y la garantía de las conquistas políticas, económicas y sociales de los trabajadores. Negrín, informando ante las Cortes, subrayó que la política de orden y de seguridad interior encomendada a los departamentos de Gobernación y de Justicia había conseguido el respeto a la legalidad y a la normalidad.

  • 1. Véase Frente Rojo, 5 de enero de 1938.

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«Se han suprimido —dijo— todos aquellos organismos creados al margen de la legalidad y que habían absorbido funciones propias del Estado. Se ha restablecido la seguridad personal. Se ha logrado establecer la independencia de la administración de justicia » ...

En cuanto a la economía, Negrín precisó:

«A pesar de las dificultades

...

y a pesar de la situación financiera y eco-

nómica del país en julio de 1936, no muy brillante, habremos de reconocer

que hasta el instante hemos podido superarla y yo puedo asegurar fallo de la economía la guerra no se perderá.»

...

que por

«

la

serie de medidas que desde el Ministerio de Hacienda, Economía

conducen todas ellas a establecer un control rígido y severo por parte del

Estado

dejando las modificaciones propias de la estructura económica

... que pudieran producirse en su día a la libre disposición del país cuando éste pueda manifestarse.» [1]

El Presidente de la República, Manuel Azaña, aunque solía manifestar en privado su desconfianza en el desenlace de la guerra y buscaba incesan - temente canales para una mediación, reconocía el heroísmo de los comba- tientes y los avances logrados por el Gobierno de la República. Hablando en el Ayuntamiento de Madrid el 13 de noviembre de 1937 enfatizó:

«Hace un año no había más que los madrileños resueltos a no dejarse sacrificar, y como supieron y como pudieron, con las uñas y los dientes, cerraron el acceso a su capital. Pero hoy sí hay un ejército: un ejército espa- ñol, un ejército republicano, un ejército del Estado español, un ejército de la República española, salido de las filas del pueblo, formado, antes que por exigencias de la ley por mandatos del Gobierno, por la propia voluntad de los que combaten, y en el cual han venido a juntarse la competencia profesional y la experiencia técnica de los admirables oficiales que han permanecido fieles a su deber, a la República y a su patriotismo, con la improvisación de la gente nueva que, saliendo de las trincheras, del taller o de la fábrica, ha sabido elevarse y hacerse digna de tomar mando y parte directa en el combate por la libertad de España». «Honor a los que, de una y otra procedencia, dan su sangre y su capa- cidad en defensa de la libertad de España.» «Una de las operaciones de reconstrucción del Estado ha sido esa a que aludía antes; la reconstrucción del ejército que era lo más urgente. Pero es justo decir que no es sólo el ejército lo que se ha rehecho. Se ha rehecho el sistema entero de gobernación de España. Hoy hay una España que funciona normalmente. Nadie es más sensible que yo al desbarajuste, a la indisciplina,

  • 1. Adelante, 2 de octubre de 1937.

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al hacer que hacemos, al incumplimiento de las obligaciones; nadie es más sensible ni más fácilmente irritable ante estos defectos. Y yo he visto crecer como una pirámide gigantesca la formación del nuevo Estado y la reconstitu- ción de la autoridad del Gobierno y la transformación de la disciplina social; y he visto al español un poco infantil, excesivamente generoso, excesivamente optimista, pasar de la alegre confianza, inerme y alborotada de los primeros días, a la conciencia de la gravedad de su posición, de la importancia del juego en que está empeñado, y recobrar la confianza también en verdades que son conocidas desde hace muchos siglos y que nunca se han vulnerado con impunidad». «Hay otra vez una República con sus tres colores y ninguno más, y mientras la República la presida un demócrata y un republicano, no habrá otra cosa en la República.» [1]

  • 1. M. Azaña. Obras Completas, t. III, págs. 358 y 359: Discurso pronunciado en el Ayunta- miento de Madrid el 13 de noviembre de 1931.

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III. TRASLADO DEL GOBIERNO A BARCELONA

En el mes de octubre de 1937, el Dr. Negrín propuso al Consejo de Ministros que el Gobierno se trasladara de Valencia a Barcelona. A ello le guiaba su interés de desarrollar la industria de guerra que, una vez perdida la zona siderometalúrgica del Norte, se hallaba concentrada fundamentalmente en Cataluña. Negrín mostró también el peligro de un corte entre Cataluña y el resto del territorio republicano, eventualidad que dejaría fuera del control gubernamental la zona catalana y la frontera. La presencia del Gobierno de la República en Barcelona, según Negrín, contribuiría a allanar algunas de las diferencias existentes con los dirigentes catalanes [1] . La propuesta del Presidente del Gobierno tropezaba con las reservas de algunos sectores políticos, especialmente de los catalanes. Companys abrigaba dudas respecto a la conveniencia del traslado. El Presidente Aza- ña, en conversación con Dolores Ibárruri, Pedro Checa y Juan Comorera, tampoco manifestó entusiasmo a este respecto. El Partido Comunista compartía la opinión de Negrín de que, la pre- sencia del Gobierno de la República en Barcelona podría ofrecer ciertas ventajas para el desarrollo de la guerra. Comprendía, no obstante, que con la instalación del Gobierno Central en la capital catalana inevitablemente se duplicarían funciones con posibilidad de conflictos entre catalanes y no catalanes. No era ésta, sin embargo, la razón esencial que inquietaba a los comunistas. Temían que el alejamiento de los dirigentes nacionales de los frentes y centros vitales del resto de la zona republicana debilitase la acción del Gobierno, su influencia y orientación, lo que sería utilizado por

  • 1. No era la primera vez que se planteaba este problema. Julián Zugazagoitia recordó el 28 de octubre de 1937 en un discurso pronunciado en Madrid: «Se realiza con ese viaje un acuerdo ministerial que data de los primeros días de noviembre del año pasado y que se cumplió no más que a medias, sin que nadie acertara a explicárselo. Dos ministros fueron llamados a explorar la acogida que la Generalitat dispensaría a los viajeros. Inmejorable. El primero en beneficiarse de ella fue, como resulta sencillo recordar, el jefe del Estado. Su instalación en Barcelona encontró toda clase de cordiales facilidades. Pero el Gobierno de entonces — sin que haya explicación oficial del hecho — cambió de parecer y se instaló en Valencia.» (Mundo Obrero, Madrid, 29 de octubre de 1937.)

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los elementos derrotistas para impulsar los planes capituladores que se gestaban en determinados círculos políticos y militares. Este criterio fue expuesto por los representantes comunistas en el Consejo de Ministros. Mas como éste aprobó por mayoría el traslado, los ministros del P.C.E. hubieron de aceptarlo. Acontecimientos posteriores mostraron las repercusiones negativas que para la marcha de la guerra tuvo el que se desplazasen de la Zona Central los órganos dirigentes de la República, incluidas las direcciones na- cionales de los partidos políticos, de los sindicatos y del Frente Popular. El sector del aparato estatal que permanecía en la Zona Central empezó a descontrolarse del Gobierno y a caer, en ciertos casos, bajo la influencia de los adversarios de la política de resistencia. Principalmente en las fuerzas de Orden Público fueron penetrando elementos hostiles a Negrín. Algunas autoridades realizaban una política específica discrepante con el jefe del Gobierno, y más tarde orientada contra el propio Negrín. Se obstaculizaba la celebración de mítines de partido. Más tarde, el alejamiento del Gobierno tuvo como consecuencia un aumento de poderes y prepotencia de los dirigentes políticos y funcionarios locales con tendencias caciquiles —tan tradicional en España—, que en su actuación trataban de eliminar la vida democrática. Desde otro punto de vista, con la formación posterior del Grupo de Ejércitos de la Zona Centro-Sur, se creó de hecho una dirección militar autónoma. Negrín tendía a resolver directamente los conflictos que a cada paso surgían con el traslado del Gobierno a Cataluña, no teniendo, a veces, su-

  • 1. Meses más tarde el Presidente de la Generalitat, Luis Companys, hablando ante el Par- lamento de Cataluña, el 1 de marzo de 1938, diría: « la República en Cataluña, y esta coyuntura ha de facilitar una constante relación para resolver los problemas de las respectivas jurisdicciones y ordenarlos y encauzarlos en el interés supremo de la victoria. Aparte de las materias en que al Gobierno de la Repú- blica corresponde la legislación y la ejecución, existen otras en que el Estado legisla y la Generalitat ejecuta, y otras en que la legislación y la ejecución son del Gobierno de la Generalitat. Situado el Gobierno de la República y todos sus organismos de la vida administrativa central en Barcelona, sede y hogar de la región autónoma, lo que tanto nos halaga, las disposiciones que se dicten cuya legislación solamente corresponde al resto de la República, y singularmente aquella cuya legislación es para todo el territorio, pero que la ejecución en territorio catalán es privativa de la Generalitat, pueden produ- cir algunas interferencias que se superan siempre por la leal interpretación de las leyes constitucionales, por el acatamiento democrático que señala a cada uno el lugar de su deber y la esfera de su poder, y en último término, por el interés de los grandes ideales que obligan a unir todos los concursos y hacer vibrar todos los resortes para producir la unidad de los factores que aceleren la victoria.» (F. Díaz-Plaja. La Historia de España en sus documentos. El siglo XX. La guerra (1936-39), Madrid, 1963, págs. 552-553.)

...

las

actuales circunstancias han hecho conveniente la estancia del Gobierno de

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ficientemente en cuenta la sensibilidad nacional de los catalanes. Incluso cuando se adoptaban medidas plenamente justificadas en tiempo de gue- rra —centralización de la industria militar y del Tesoro Nacional en manos del Gobierno de la República, etc. —, algunos funcionarios excesivamente celosos de sus funciones empleaban métodos inadecuados, provocando tensiones innecesarias. Justo es añadir, que Negrín hacía esfuerzos por corregir los errores que se cometían en este terreno. En noviembre y diciembre procedió a normalizar los problemas financieros de la Generalitat con un espíritu con- ciliador, entrevistándose para este fin varias veces con Companys [1] .

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IV. EL PLENO DE NOVIEMBRE DEL C.C. DEL P.C.E.

A los quince largos meses de guerra en los días 12, 13 Y 14 de noviembre de 1937 se reunió en el salón de actos del Conservatorio de Valencia el Pleno del Comité Central del Partido Comunista para estudiar la nueva situación y proponer las medidas que a su juicio debían adoptarse tras de la caída del Norte. El informe central estuvo a cargo del Secretario General del Partido, José Díaz [1] . La situación se había agravado desde la celebración de los plenos an- teriores, lo que exigía un ritmo más acelerado en la aplicación de soluciones. José Díaz subrayó la necesidad de que todas las fuerzas de la República fueran movilizadas y concentradas con el único fin de ganar la guerra, sobre la base de la unidad inquebrantable del Frente Popular. El Partido Comunista insistía en la urgencia de vigorizar el Ejército Popular dotándole de reservas, fortificando los frentes y elevando la capacidad técnica de los mandos; la necesidad de mejorar la industria de guerra, reconociendo, desde luego, que se habían hecho progresos. Subrayaba la necesidad de perfeccionar la lucha contra la «quinta co - lumna». José Díaz explicó al partido y al pueblo que la gravedad de la situación militar de la República y el empeoramiento de la situación internacional exigía un esfuerzo aún mayor de todos los miembros del partido, de la clase obrera y las masas populares. Recordó que desde los primeros momentos de la insurrección facciosa, el P.C. había destacado el carácter internacional de la lucha del pueblo español.

  • 1. Véase José Díaz, libro citado, págs. 510-590. El orden del día del Pleno fue el siguiente:

I.

Nuestras tareas en los momentos actuales. Informante, José Díaz.

II. Tareas de organización y trabajo práctico del partido. Informante, Pedro

III.

Checa. El fortalecimiento del Ejército Popular. Informante, Dolores Ibárruri.

IV.

Las mujeres en la lucha contra el fascismo y por la libertad de España. Infor- mante, Carmen Manzana.

V.

Conferencia Nacional del partido.

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«España —decía— se halla hoy en esta situación: dos países donde el fascismo está en el poder, le hacen la guerra, sin haberla declarado, pero abierta, descarada y bárbaramente, violando todas las leyes del Derecho Internacional, todo sentido de humanidad y civilización.» [1]

Y añadía:

«Hoy, pesa sobre nuestro pueblo la tarea gloriosa de derramar su sangre en las trincheras avanzadas de la civilización, en defensa de la libertad y de la paz en todo el mundo: [2]

Subrayó que desde el primer momento la U.R.S.S. y lo más avanzado de la Humanidad ayudaban activamente a la República española a hacer frente a la agresión fascista. La gratitud del pueblo español al pueblo so- viético se había puesto de relieve en la conmemoración del XX Aniversario de la Revolución rusa [3] . El Secretario General del Partido Comunista resaltó la importancia de la solidaridad de lo más avanzado del proletariado internacional y expresó la

  • 1. José Díaz, libro citado, págs. 521-522.

  • 2. Ibidem, pág. 523.

  • 3. El Gobierno del Frente Popular designó una delegación representativa para asistir en Moscú, a los actos conmemorativos del XX Aniversario de la Gran Revolución de Octubre. Figuraban en ella: El Presidente del P.S.O.E. Ramón González Peña; el académico Navarro Tomás; el famoso escultor Victorio Macho; Ossorio y Tafall, dirigente de Izquierda Repu- blicana; José Bergamín, escritor católico; Daniel Anguiano, de la Comisión Ejecutiva de la U.G.T., y Rafael Vidiella, Consejero de la Generalidad y miembro del Comité Ejecutivo del P.S.U.C. Durante la semana de homenaje a la U.R.S.S., organizada con este motivo en el territorio leal, se celebraron mítines y actos con el concurso de todos los partidos del Frente Popular. La Alianza de Intelectuales Antifascistas y el Teatro de Arte y Propaganda dieron a conocer obras de literatura y teatro soviéticos, entre ellas se estrenó en Madrid La tragedia optimista, de Vsévovolod Vishnievsky, adaptada por María Teresa León. En el mensaje radiodifundido de Negrín al pueblo soviético se decía: «El XX aniversario del Estado soviético tiene, particularmente para España, el interés de un balance ejemplar ... …La Unión Soviética ha demostrado a Europa su solidaridad limpiamente, sin pedir nada, cumpliendo una vez más, su papel del pueblo civilizado, amigo de la paz y respe- tuoso con las nacionalidades

y por esto merece, no sólo la gratitud de España, sino la

... del mundo civilizado por entero.» (Mundo Obrero, 26 de octubre de 1937.) El Presidente de las Cortes, Martínez Barrio, en un acto de homenaje a la U.R.S.S., celebrado en Valencia, expresó:

«Nosotros admiramos a Rusia. La admiramos por la obra que ha realizado, por la que realiza, por la santa pasión que ha puesto en esa obra. Para la Humanidad es Rusia en el siglo XX lo que fue Francia a fines del siglo XVIII, faro que ilumina la ruta universal durante largos años, ejemplo y estímulo para los pueblos, acicate para los hombres » ... (Mundo Obrero, 15 de octubre de 1937.)

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gratitud del pueblo español a la Internacional Comunista y al gran luchador antifascista Jorge Dimitrov. Refiriéndose al ambiente de descarado apoyo al fascismo por parte de la reacción internacional, de vacilaciones de las fuerzas democráticas y de una parte de los jefes socialdemócratas, José Díaz advirtió que surgían, más o menos abiertos, siniestros planes a fin de llegar a una componenda con los generales facciosos y con los invasores fascistas.

«

...

hay

—señaló con ironía— quien tiene preparado un pequeño rey,

dispuesto a jugar el papel de «emperador», como el que los militares japo- neses han puesto sobre el trono en Manchuria, transformada en colonia japonesa.»

Y decía, alertando al partido y al pueblo:

«El compromiso con el fascismo en España sería una victoria del fascismo sobre toda Europa: [1]

Consultar al pueblo

El Pleno del C.C. del P.C.E. puso el acento en los problemas de la demo- cracia en la República. Refiriéndose al régimen democrático vigente en la zona republicana, José Díaz subrayó en su discurso, que por primera vez en la historia, el pueblo de España había organizado, en la zona leal, un régimen democrá- tico sólido y efectivo.

«Nuestro régimen político, social y económico de la zona leal tiene las características de una verdadera democracia.» [2]

Esta democracia —explicaba José Díaz— se fundamentaba en la des- trucción de los viejos privilegios de casta, de las antiguas camarillas políticas, del dominio de la Iglesia en la vida política, del poder de los caciques y la tiranía de la guardia civil. La democracia se basaba en la participación activa de las masas en la vida política del país. En los sindicatos, en las asambleas y comités, los obreros discutían los problemas de la guerra y de la revolución, la manera de resolverlos, adoptaban resoluciones que transmitían al Gobierno. La clase obrera y las masas del pueblo apoyaban la política guberna- mental de resistencia, tenían confianza en el Frente Popular.

  • 1. José Díaz, libro citado, págs. 528 y 529.

    • 2- Ibidem, pág. 535.

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En efecto, el Frente Popular era un instrumento político nuevo, nacido para llevar a cabo y desarrollar la revolución democrática. Dentro del Frente Popular la clase obrera había establecido una alianza con la burguesía repu- blicana. Era una alianza de tipo nuevo, muy distinta de la de 1931 y 1933, cuando la clase obrera iba a remolque de la burguesía republicana.

«Nuestro Frente Popular —decía José Díaz— recoge de la Historia de España las aspiraciones de los liberales y progresistas que desde las Cortes de Cádiz han venido luchando, con fugaces momentos de victoria, por liberarse de la opresión absolutista e inquisitorial; las aspiraciones aplastadas durante medio siglo, de los fundadores de la primera República, las aspiraciones del pueblo que luchó contra la tiranía sangrienta de Fernando VII, de Cánovas, de los reaccionarios monárquicos, clericales y militaristas; los anhelos de indepen- dencia nacional que inspiraron a las masas en la guerra contra Napoleón; las aspiraciones de las masas obreras que han luchado con las armas en la mano

en la semana trágica de Barcelona, en el año 1917, en Asturias y Madrid, en las jornadas gloriosas de 1934 y en mil episodios heroicos de las luchas obre- ras; las aspiraciones nacionales de los pueblos de Cataluña, Euzkadi y Galicia, oprimidos por el despotismo monárquico.»

«

...

el

Frente Popular no es una simple coalición de partidos, ni la reunión

de unos cuantos dirigentes: es una política, un programa, una plataforma de realizaciones.» [1]

Sin embargo, el Partido Comunista comprendía que la dinámica de la propia guerra exigía abrir nuevos cauces al desarrollo democrático en la República. En una guerra en la que estaban implicados todos los trabajado- res y masas populares contra la agresión fascista internacional, era impres- cindible que el pueblo disfrutase de todas las prerrogativas democráticas, que participase directamente en la solución de los graves problemas con que se enfrentaba el país. Y a finales de 1937, esa necesidad surgía con fuerza imperativa. José Díaz suscitó en el pleno la idea de ir a una consulta popular. No era la primera vez que los dirigentes comunistas sugerían tal pro- posición. Se había hablado de ella con los dirigentes socialistas en el Comité de Enlace, con dirigentes republicanos y, especialmente, con el Dr. Negrín y con el Presidente de la República, Sr. Azaña. Al Presidente le pareció positiva la idea de consultar al pueblo [2] . José Díaz pedía al Comité Central

  • 1. José Díaz, libro citado, págs. 533 a 538.

  • 2. En conversación celebrada entre Azaña y una delegación del P.C.E., compuesta por Dolores Ibárruri, Pedro Checa y Juan Comorera, al preguntarle los dirigentes comunistas su opinión sobre la conveniencia de convocar elecciones, el Presidente contestó que él siempre había sido partidario de elecciones sobre todo en Cataluña. Dirigiéndose a Comorera, Azaña manifestó que había sido un error prorrogar los

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que refrendara la iniciativa del Buró Político para llevarla oficialmente a los partidos y organizaciones del Frente Popular. El Secretario General del P.C.E. subrayaba la necesidad de incrementar la participación concreta de los militantes de los partidos y organizaciones en la vida política del país, y no sólo de los dirigentes de estos partidos y sindicatos. La actividad democrática de las masas debía reflejarse también en los organismos representativos, en los Consejos provinciales y locales, en el Parlamento. ¿Cuál era la situación real de esos organismos? Una parte de los diputados a Cortes había desaparecido: asesinados los unos por los fas- cistas; otros se hallaban en el campo de los rebeldes. A esta circunstancia era menester añadir que una parte muy respetable de los defensores de la República no había participado en las elecciones de 1936, bien por no haber cumplido la edad reglamentaria, bien porque fueron mantenidos al margen de la vida política por las coacciones del poder reaccionario, sobre todo en las zonas campesinas. Las Cortes no reflejaban los cambios que se habían producido en la sociedad de la zona republicana y en las relaciones de clase dentro de la misma desde el comienzo de la guerra. Además unas elecciones libres y democráticas refrendarían ante la opinión mundial al Gobierno del Frente Popular y mostrarían la decisión de los españoles de defender la democracia. Una consulta al pueblo equivaldría en la práctica a un plebiscito nacional que confirmase el apoyo al Gobierno del Frente Popular. Serviría, por añadidura, de im - pulso movilizador de las masas contra la agresión fascista. La autoridad del Gobierno del Frente Popular saldría fortalecida para acometer con mayor audacia los difíciles problemas de la organización de la resistencia a la agresión. De igual forma era conveniente consultar al pueblo en lo referente a los consejos provinciales y los ayuntamientos que habían sido nombrados por decreto del Gobierno. Su composición no correspondía a la situación política de la República al terminar el año 1937. Normalizar democrática- mente los organismos provinciales y locales vincularía más estrechamente al Gobierno con las masas populares. La consulta reforzaría la unidad de las diferentes fuerzas antifascistas.

poderes del Parlamento actual de Cataluña. «Debieron disolverlo y hacer elecciones, que habrían sido una demostración muy útil, dentro y fuera de España, y sus antecedentes de mucha fuerza, además de reconstituir en su integridad el Parlamento, muy menos- cabado.» (M. Azaña. Obras Completas, t. IV, Memorias políticas y de guerra, México, 1968, pág. 821.)

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No crearía diferencias entre los frentes y la retaguardia, ya que los soldados tendrían, como todos los ciudadanos, derecho al sufragio. No se le escapaba a José Díaz, que esta propuesta sería incomprendida por una parte de los dirigentes de algunos partidos. Por eso añadía:

La proposición está lanzada, una vez aprobada por nuestro C.C. y se presentará como tal, de nuevo, al Partido Socialista y al Frente Popular para su examen y discusión. [1]

Son pocos los historiadores de la guerra civil española que se detienen en esta iniciativa del Partido Comunista, quizás porque no fue aceptada por los demás partidos y organizaciones del Frente Popular [2] . Sin embargo, creemos importante destacarla, porque expresa la preocu- pación de los comunistas por mejorar el contenido democrático de la República, por corregir las insuficiencias existentes en el Frente Popular y en el Gobierno. Tales insuficiencias eran explicable s si se recuerda cómo surgió el Frente Popular en España y que sólo dispuso de cuatro meses de vida pacífica antes de la sublevación militar fascista. El desistimiento de la consulta fue desfavorable para el desarrollo de la lucha. En la resolución adoptada por el pleno se hizo constar con satisfacción las cordiales relaciones políticas y de trabajo existentes entre el Partido Comunista y el Partido Socialista y se afirmó la voluntad del Comité Central de avanzar por este camino hasta la fusión de los dos grandes partidos po-

  • 1. Esta proposición del P.C.E. no encontró eco positivo en las restantes fuerzas del Frente Popular. En un artículo publicado en la revista Nuestra Bandera, en febrero de 1938, titulado Unidad y democracia. Por qué planteamos el problema de una consulta al pueblo, José Díaz contestó a las objeciones que se oponían y a las incomprensiones de algunos comunistas. «Lo que debemos explicar —escribía— es que no se trata de una cuestión episódica, sino de un problema de carácter fundamental, que está ligado a toda la pers- pectiva de nuestra guerra y de la revolución. Y de un problema que habrán de resolver de común acuerdo todas las fuerzas del Frente Popular, si se quiere mantener y aumentar su ligazón con el pueblo.» (José Díaz, libro citado, pág. 597.) «El error más grave consistiría en pensar que el Partido Comunista propone una consulta al pueblo porque cree no tener en los órganos representativos del Estado un puesto correspondiente a su fuerza real y quiere modificar esta situación con las elecciones. No es así. El problema de que nuestro Partido tenga en todo el aparato del Estado posiciones tales que le permitan jugar el papel que le compete en la dirección y en el control de la vida política del país, es un problema que existe y de cuya solución tenemos el deber de preocuparnos. Pero no nos fijamos en esto, cuando proponemos una consulta al pueblo. Nos fijamos en la suerte y en la perspectiva de la guerra, en

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líticos del proletariado español. [3] Al mismo tiempo se denunciaba la labor de división del grupo largocaballerista. El Partido Comunista apreciaba la reconstitución del Comité Nacional del Frente Popular como un hecho positivo que facilitaría el desarrollo de las organizaciones frentepopulistas en todo el país, como expresión de todas las fuerzas antifascistas dispuestas a ayudar al Gobierno a resolver las tareas de la guerra y de la revolución. El Partido Comunista consideraba una necesidad imperiosa la incor- poración al Frente Popular de la C.N.T. y de la U.G.T. y trataba de con- vencer de esa necesidad a sus aliados y amigos, eliminando los obstáculos y recelos que todavía impedían la realización completa de la unidad del antifascismo español. El Pleno del Comité Central encargó al Buró Político plantear a los otros partidos y organizaciones antifascistas la necesidad de una consulta al pueblo y estudiar junto con ellos la mejor manera de organizada. Puso en guardia al partido y al pueblo ante las maniobras fuera y dentro del país con el fin de romper la resistencia y la moral del pueblo a través de rumores sobre posibles compromisos con el fascismo y con los invasores extranjeros. El Comité Central dirigió a los partidos comunistas, sindicatos y otras organizaciones obreras, a las fuerzas democráticas de Europa y del mundo un llamamiento exhortando a la unión para ayudar a España en la lucha por su independencia y por la paz. El Pleno del Comité Central dedicó una gran atención al papel de las mujeres en el trabajo y en la lucha contra el franquismo.

la suerte y la perspectiva de la revolución española. Dos cosas que están unidas muy estrechamente o, mejor dicho, que constituyen una sola cosa.» (Ibidem.) «Nuestra revolución conserva hoy, en su etapa actual, el carácter de revolución democrática y popular.» (Ibidem, pág. 599.) «En los países socialmente atrasados, especialmente como es el nuestro, la lucha consecuente de las masas por la democracia es la mejor preparación para la lucha por el socialismo.» (Ibidem, pág. 601.)

  • 2. Véase el interesante ensayo de Santiago Carrillo acerca de este tema Datos sobre el Frente Popular. Nuestra Bandera, N° 51 y 52 de 1966.

  • 3. El 28 de octubre se reunió en Valencia el Comité de Enlace de los Partidos Comunista y Socialista. Ambos partidos vieron con satisfacción que el P.S.U.C. aceptaba formar parte de dicho Comité Nacional de Enlace con objeto de coordinar mejor los esfuerzos de los tres Partidos marxistas. Rafael Vidiella y Miguel Valdés fueron designados por el P.S.U.C. como delegados titular y suplente. (Mundo Obrero, 29 de octubre de 1937.)

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Las mujeres, activas defensoras de la República

ROSARIO LA DINAMITERA

…Alta como un campanario, sembrabas al adversario de dinamita furiosa y era tu mano una rosa enfurecida, Rosario.

Miguel Hernández A una miliciana campesina caída en Buitrago.

Superando los increíbles obstáculos que aparecían a cada paso, las ma- sas populares redoblaban sus esfuerzos para ayudar a los soldados de la República y apoyaban con su trabajo y su entusiasmo, la política de resistencia. Centenares de miles de nuevos trabajadores, entre ellos mujeres y jóvenes, se incorporaban a la producción, comprendiendo que su aporte era necesario ante la prolongación de la guerra. La abnegación y heroísmo de las masas femeninas, su participación en todas las actividades contra la agresión fascista eran la demostración más clara del respaldo popular a la causa de la República. En los últimos días de octubre de 1937 se celebró en Valencia la II Conferencia Nacional de Mujeres Antifascistas Españolas [1] . Desde la tribuna de la conferencia resonaron las voces de combatientes, obreras, campe- sinas, intelectuales y de sencillas madres de familia. Hablaron campesinas de Córdoba, Guadalajara, Cuenca, Valencia, de lugares muy próximos a la línea de fuego, donde gracias al esfuerzo de las mujeres se habían salvado las cosechas. «Cada aceituna recogida es una victoria ganada», dijo con voz segura una campesina cordobesa que hablaba por primera vez en público. Obreras de fábricas de guerra o de talleres de confección explicaron las dificultades que tenían que vencer para ser aceptadas en puestos que antes eran exclusivos de los hombres y para lograr que les enseñaran el oficio. Pero firmes en su decisión de contribuir al abastecimiento de los fren-

  • 1. En Cataluña actuaba la Unió de Dones de Catalunya, presidida por D. Bargalló, y de la que era secretaria general Dolores Piera. Unió de Dones realizó una labor admirable de movilización y educación de las masas de mujeres. También desarrollaban gran actividad Ayut a la infancia de Rera guarda, así como otros grupos femeninos adscritos a diversos partidos y sindicatos.

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tes, apartaban un impedimento tras otro, hacían horas y horas de práctica hasta lograr una producción aceptable. Intervinieron obreras de la fábrica Hutchinson, que producía rodillos para carros blindados; de la factoría Moreno, de Madrid, habló Margarita Sánchez, que había logrado aumentar la producción en un cien por ciento; de la factoría Ferrobellum, la tornera María Acón, que había sido niñera antes de la guerra. Para todas ellas era meridiana la necesidad de que en el frente de la producción se luchase con el mismo heroísmo que se luchaba en los frentes de guerra. Este grado de conciencia era resultado de una labor constante entre las mujeres por parte del Partido Comunista y otras organizaciones antifascistas. En la conferencia participaron también enfermeras, maestras, diri- gentes políticas y sindicales, conocidas intelectuales. Constituyó un foro en el que mujeres de los más diversos sectores expusieron libremente sus opiniones. Entre las conclusiones aprobadas figuraban la de pedir al Minis- terio de Defensa Nacional la puesta en vigor del decreto incorporando a la mujer a la producción de guerra y en general a la industria ya que todavía se tropezaba con serias resistencias e inconvenientes. La instalación al lado de cada fábrica y de cada barriada obrera de comedores colectivos, casas-cuna y guarderías infantiles. La creación de escuelas de capacitación por cuenta del Gobierno y los sindicatos. Igualdad de salario para las mujeres cuando rendían lo mismo que los hombres. Se recababa para las mujeres puestos en los consejos municipales. Para las trabajadoras agrícolas, la creación de escuelas profesionales y de liquidación del analfabetismo. La conferencia eligió un Comité Nacional compuesto por:

Dolores Ibárruri, Presidenta; Dra T. Arroyo, Isabel de Palencia, Irene Falcón, Matilde Cantos, Matilde Huici, Matilde de la Torre, Trinidad Torrijos, Emilia Elías, María Martínez Sierra, Gloria Morell, Constancia de la Mora, Luisa Álvarez del Vayo, Margarita Nelken, Eloína Malasechevarría, Aurora Arnáiz, Victoria Kent, Gertrudis Araquistáin, Roberta Ramón, representan- tes de la fábrica Hutchinson, de la Ferrobellum, de la Quirós y del taller Carmena (a designar por sus compañeras de trabajo). También se eligió un Comité de Honor en el que figuraban Catalina Salmerón, la madre de Fermín Galán, Amparo Melía, Belén Sárraga, Sra de Azaña y otras personalidades [1] . Haciéndose eco de la voluntad de las mujeres, el Ministerio de Defen - sa Nacional creó la Comisión de Auxilio Femenino, dependiente de dicho ministerio, compuesta por Dolores Ibárruri y otras dirigentes de Mujeres Antifascistas. Esta comisión desarrolló un extenso trabajo en la ayuda a los frentes, cuidado de los heridos en los hospitales, creación y atención

  • 1. Frente Rojo, 2 de noviembre de 1937; Véase también Dolores Ibárruri. El único camino, Moscú, 1963, pág. 218 y siguientes.

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de casas infantiles para hijos de combatientes, distribución de víveres (recibidos de la solidaridad internacional) en las fábricas, asistencia a los refugiados, y en todas las actividades del Frente Popular y de la resistencia a la agresión fascista. La breve trayectoria recorrida por la organización de Mujeres Anti- fascistas desde su nacimiento en agosto de 1934 era densa en actividades, movilizaciones y luchas que fueron una gran escuela de formación política y de concienciación ciudadana. La valentía de la joven comunista asturiana Aída Lafuente, caída al pie de su ametralladora en los combates de Astu- rias en octubre de 1934 [1] ; Juanita Rico, muchacha socialista muerta en las calles de Madrid bajo las balas de los señoritos fascistas; Lina Odena [2] , joven comunista catalana, obrera sastra, caída en el frente de Granada a las pocas semanas de comenzar la guerra; Antoñita Portero, de la J.S.U., comisario político, caída en la Sierra; y tantas heroínas del pueblo en armas, eran bandera y ejemplo en la múltiple actividad de las mujeres de todas las edades y condiciones sociales que ayudaban a cerrar la vía al fascismo en España. En esa labor, impregnada de entusiasmo y sacrificio, modestia y generosidad, iba implícita su voluntad de ayudar a crear una España nueva, sin terribles injusticias sociales, una España de hombres y mujeres libres en la que desapareciera la condición de la mujer esclavizada, inferiorizada, humillada por la miseria, la incultura y la discriminación.

  • 1. Raúl Gonzáles Tuñón. Aída Lafuente.

«Estaba toda manchada de sangre, Estaba toda matando a los guardias, Estaba toda manchada de barro, Estaba toda manchada de cielo, Estaba toda manchada de España.»

2:

¡Ay Lina Odena, tan tierna tan niña

y ya compañera del pueblo!

Pedro Garfias.

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LA BATALLA DE TERUEL

CAPÍTULO XVII

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Guerra y revolución en españa (1936-1939) Las tropas republicanas han entrado en Teruel 40

Las tropas republicanas han entrado en Teruel

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I. INICIATIVA DEL EJÉRCITO POPULAR

Objetivos de la batalla

Aunque la pérdida del Norte fue un duro golpe para la República, en el resto de su territorio se registraban grandes avances, tanto en lo que respecta a la organización militar como a la vida económica y se trabajaba febrilmente por la victoria. Para el otoño de 1937 el Ejército Popular había ganado en organiza- ción, disciplina, experiencia, unidad y equipamiento, y era sensiblemente mejor la dirección política y militar de la guerra. Se movilizaban nuevas reservas, a la vez que se intensificaba la instrucción de las tropas y mandos. Un importante progreso era la creación del Ejército de Maniobra como fuerza principal de choque, que ya en diciembre estaba en condiciones de operar. En el otoño de 1937, el mando republicano partía en sus planes de que los fascistas, antes de poder comenzar otra ofensiva, finalizada la del Norte, necesitarían unos 2-3 meses para cubrir las bajas, reorganizar y equi- par sus unidades. Se trataba, pues, de aprovechar la ventaja estratégica del tiempo para tomar la iniciativa. Según el E.M. republicano, la concentración de las principales fuerzas de maniobra fascistas en el triángulo Zaragoza - Logroño - Burgos indicaba dos posibles vertientes de la futura ofensiva enemiga: Madrid (probablemente por Guadalajara), y hacia el este, a lo largo del Ebro para dividir la zona republicana. El jefe del E.M. republicano, V. Rojo, había decidido tomar la iniciativa atacando con el Ejército de Maniobra, que estaba a punto de concluir su organización, al sur del Tajo antes de finales de diciembre de 1937, para lo que se había elaborado el Plan «P» [1] . Al mismo tiempo se preveían, para caso de acciones ofensivas enemigas, dos contragolpes estratégicos de alcance limitado: uno denominado «Huesca», y otro «Teruel». Según los pro- yectos del E.M.C., estos dos contragolpes debían tener objetivos reducidos tendientes a debilitar los flancos de la agrupación enemiga. Sin embargo, el ministro de Defensa Indalecio Prieto rechazó rotundamente el plan «P» y ordenó la operación «Teruel». A este respecto Ciutat escribe:

  • 1. Francisco Ciutat. Relatos y reflexiones sobre la guerra de España 19361939. En preparación. Manuscrito, págs. 160-164. F. Ciutat, después de la pérdida del Norte, pasó por orden del Ministro de Defensa al E.M. del Ejército de Maniobra.

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«El general Rojo estaba decidido a apoderarse en diciembre de la iniciativa estratégica, poniendo en realización el Plan «P» en Extremadura - Andalucía. Los preparativos iban muy avanzados en la primera semana de diciembre, pero antes de emprender el paso siguiente era necesario recibir la aprobación del ministro, e Indalecio Prieto la negó rotundamente. La subestimación de las posibilidades ofensivas del Ejército de Manio- bra y la sobrestimación de la capacidad ofensiva del adversario en plazo más breve que el calculado por el E.M.C., fueron los argumentos que pesaron irrevocablemente en la decisión del ministro, que fue sostenida por el Gobierno. En cambio del Plan «P», el ministro impuso la operación de Teruel.» [1]

La configuración del frente por Teruel constituía sin duda una amenaza constante del dispositivo franquista hacia el Mediterráneo: a 100 Kms. de Castellón de la Plana y a unos 140 de Valencia. Liquidar el saliente de Teruel tenía el valor de afianzar la defensa de Levante. Por otra parte la importan- cia militar y político-administrativa de la plaza, su proximidad a Zaragoza y la amenaza que supondría su conquista para zonas y comunicaciones vitales de los rebeldes, incluyendo el dispositivo de sus principales fuerzas de maniobra, eran factores que avalaban la decisión del Gobierno. El plan de ataque de Teruel fue aprobado por el Consejo Supe - rior de Guerra el 8 de diciembre. El mismo día, con el mayor sigilo, se comenzaba la concentración de los elementos necesarios para su cumplimiento. La ofensiva republicana de Teruel fue concebida por el E.M.C., según testimonia F. Ciutat como una operación con fines limitados, en la que no se pensaba utilizar más que una parte del Ejército de Maniobra. Tenía como objetivo liberar la capital del Bajo Aragón y establecer la línea del frente en posiciones altamente favorables para la defensa, dominando las alturas de Sierra Palomera y Sierra de Albarracín, para poder resistir en mejores condiciones el ataque de las reservas estratégicas enemigas con un mínimo de desgaste de las propias. El E.M.C. proyectaba explotar estratégicamente el éxito de la ofensiva local de Teruel, no en Aragón, sino en Extremadura y Andalucía, llevando a cabo el mencionado plan «P» [2] .

La ofensiva republicana

En la mañana del 15 de diciembre, las tropas republicanas desencadenaron un ataque general desde el norte, sudeste y sur, logrando en poco más de

  • 1. Francisco Ciutat, op. cit, pág. 165

  • 2. Véase Francisco Ciutat, op. cit., págs. 167-168.

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una jornada estrangular la bolsa de Teruel y dejar cercada la ciudad, con una guarnición de 10.000 ó 12.000 hombres [1] y cerca de 20.000 habitantes. Todo ello había costado menos de trescientas bajas. La ofensiva fue iniciada por tres Cuerpos del Ejército de Maniobra: el XXII (Ibarrola), el XVIII (Heredia) y el XX (Menéndez), con un total de seis divisiones: 11, 25, 34, 70, 68 Y 40, mandadas respectivamente por Líster, Vivancos, Vega, Toral, Trigueros y Nieto, y con la cooperación de otras dos del Ejército de Levante (Hernández Sarabia): la 64 y la 39, al mando de Martínez Cartón y Balibrea [2] . Unos cuarenta mil hombres en total, con 125 piezas de artillería, 92 tanques y 80 blindados. El mayor éxito se obtuvo en los sectores donde se atacó de noche y por sorpresa (9 a brigada). El 16 de diciembre el frente exterior del cerco de Teruel quedó establecido en la línea: Altos de Celadas - Concud - San Blas - Campillo, al enlazar en San Blas las divisiones 11 y 64, que dejaron cortadas las comunicaciones de Teruel con Zaragoza. Estimando que eran muy limitadas las fuerzas de que disponía, el man - do republicano renuncia a continuar la ofensiva en profundidad y decide fortalecerse en la nueva línea exterior del frente para resistir al enemigo que, era de esperar, acudiría a socorrer a Teruel con sus reservas, mientras que en la línea del frente del cerco seguía el combate para conquistar la plaza [3] . Sucesivamente, los días 17, 18 Y 19 fueron cayendo las posiciones sitiadas, el saliente de Villastar, la Muela de Teruel, Puerto de Escandón, Castralvo, Villaespesa y otras, consiguiendo los republicanos penetrar en la plaza el 22 de diciembre y adueñarse de los últimos focos de resisten- cia el 8 de enero, al tomar el Seminario y la Comandancia Militar, donde capitularon los restos de la guarnición, unos 1.500 hombres, con su jefe, el coronel Rey D’Harcourt. Entre los prisioneros se hallaba el obispo de la diócesis, monseñor Polanco. En las negociaciones de rendición participaron el general Hernández Sarabia, el teniente coronel Juan Ibarrola y el comi- sario del Cuerpo de Ejército Ramón Farré, que penetró audazmente en la posición enemiga, convenciendo a los sitiados de la inutilidad de continuar el derramamiento de sangre [4] . Con la plena ocupación de Teruel por las tropas republicanas se lograba la finalidad estratégica que perseguía el E.M.C. republicano: la

  • 1. Otras fuentes la cifran en 18.000 hombres.

  • 2. Como en el ataque inicial, en los combates que siguieron cooperaron la división de tanques y blindados (Parra) y algunas otras unidades de apoyo.

  • 3. V. Rojo escribiría después: «Teníamos en Teruel fuerzas bastantes para proseguir la lucha resistiendo, pero no para continuar la ofensiva en profundidad, y resultaba útil actuar en otros teatros.» (Vicente Rojo. España heroica, Buenos Aires, 1942, pág. 140.)

  • 4. El acta de capitulación está firmada por el gobernador militar de la plaza, el coronel

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desarticulación de la ofensiva enemiga sobre Madrid, el objetivo táctico —la reducción de un saliente peligroso, acortando el frente y recuperando una importante plaza—, y el efecto psicológico de levantar la esperanza y la fe en la victoria del pueblo [1] . La conquista de Teruel demostraba una vez más la altura moral del Ejército republicano, incluso de las unidades más bisoñas, así como sus adelantos en el orden y organizativo. A ello contribuía el fortalecimiento de la retaguardia leal y la unidad del mando. La toma de Teruel por los republicanos asestó un serio golpe al conglomerado franquista en el plano nacional e internacional robusteciendo la unidad entre los partidos del Frente Popular; deshizo los planes inmediatos del enemigo causándole millares de bajas, grandes pérdidas en armas, municiones y vehículos, y abrió la posibilidad de infligir una derrota a las reservas estratégicas franquistas. El jefe del E.M.C. republicano, calificó así esta operación:

«Si Madrid fue, en el panorama de la guerra española, la defensa de la República, Teruel constituye la primera gran proeza ofensiva de su ejército:

allí se revela éste capaz de realizar una maniobra militar completa, bastándole siete días de ataque para reducir una bolsa de mil kilómetros cuadrados, dieciséis para hacer caer en el interior de una ciudad una resistencia que se lleva con tenacidad y heroísmo por sus defensores. La República y el Ejército se habían vigorizado en la adversidad de los reveses políticos y militares y, en Teruel, no sólo se mostraba que la experiencia guerrera no había sido infecunda, sino que se acreditaba la sana moral que el factor humano había alcanzado en el curso de la guerra.» [2]

La toma de Teruel por las fuerzas republicanas tuvo internacionalmen- te extraordinaria repercusión. En las páginas de la prensa se reflejaba el asombro ante un hecho francamente inesperado. La reacción internacional, que como hemos visto desde la caída del Norte creía inevitable el próximo triunfo de Franco, se sintió sorprendida y confusa. En los medios obreros y democráticos la victoria del Ejército republicano reavivó el entusiasmo ante este esfuerzo heroico del pueblo español.

Domingo Rey D’Harcourt, y por el cuerpo de jefes y oficiales de la misma, en total 29, y en ella se consignan sus causas: habían perdido casi todas las posiciones, estaban sin recibir ayuda del exterior, agotadas todas las bombas de mano, con un 90% de bajas en la oficialidad, perdida la moral de la tropa, entre la que era continua la deserción al campo republicano, con más de mil quinientos heridos, consideraban que habían ago- tado todos los medíos de defensa de la plaza. (Véase Julián Zugazagoitia. Historia de la guerra de España, Buenos Aires, MCMXL, págs. 347-348.)

  • 1. V. Rojo. España heroica, pág. 144.

  • 2. V. Rojo. España heroica, pág. 131.

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El éxito de la operación de Teruel produjo verdadero desconcierto en los círculos gobernantes de Italia. Allí se daban cuenta de que la iniciativa y el triunfo del Ejército republicano iban a contribuir a elevar su moral y su prestigio. El jefe de las tropas italianas en España, Berti, llegó a Roma a finales de diciembre y, muy pesimista, propuso retirar el Cuerpo Expedicio- nario Italiano (Comando de Trouppe Volontarie) porque, a la vista de los hechos de Teruel, la estrella de Franco no era tan brillante como dos meses atrás [1] . El «duce» celebró una reunión en Roma para tratar esta cuestión y decidió dejar las fuerzas italianas en España hasta la victoria de Franco y al mismo tiempo exigir de éste que las utilizase en acciones decisivas y no en acciones de desgaste [2] . Ciano informó a los alemanes sobre esta decisión y les propuso concertar una acción común ante Franco [3] . A finales de diciembre la aviación italiana basada en las Baleares fue reforzada y, según escribía el Conde Ciano en su Diario el día 31, «había recibido orden de lanzar toneladas de explosivos sobre los restos de Teruel y las ciudades costeras para abatir la moral de los rojos.» [4] El mismo día Barcelona fue bombardeada bárbaramente por la aviación italiana [5] . Por su parte, el embajador alemán en España al examinar la batalla de Teruel y su significación, el 13 de enero de 1938 escribía a su Ministerio de Relaciones Exteriores:

  • 1. Véase Comte Galeazzo Ciano. Journal politique 1937-1938, Paris, 1949, págs. 89-90.

  • 2. Ibidem, pág. 91.

  • 3. Según escribe el 5 de enero de 1938 el secretario de Estado alemán Mackensen, Mus- solini había dado al jefe de las tropas italianas en España instrucciones para transmitir al general Franco, en las cuales se decía que:

1°. El Gobierno fascista de Mussolini estaba resuelto a declararse solidario de la causa de Franco hasta la victoria final; 2°. En consecuencia, continuaba poniendo sus unidades de «voluntarios» a dispo- sición del generalísimo, desde luego, en la medida que este último quisiera hacer uso de ellos; 3°. Era necesario hacer un empleo cualitativo razonable de estas tropas; eso signifi- caría que las dos divisiones italianas no debían ser empleadas en una batalla de desgaste, sino en combates que dejasen esperar resultados decisivos; 4°. Era necesario con toda urgencia acelerar el ritmo de los combates, y, ante todo, no imaginarse que la victoria se lograría con que sobrevivieran ciertos reconocimientos diplomáticos. También sería un error contar con el derrumbamiento de los servicios de retaguardia de los rojos, que habían sobrevivido incluso a la grave crisis de la revuelta de Barcelona. Un derrumbe decisivo de esos servicios no sería concebible, pensaba el «duce», más que después de un éxito militar completo; 5°. El general Franco no debía hacerse ninguna ilusión sobre la actitud de los ingle- ses y de los franceses. Su posición hostil a la causa nacionalista española no cambiaría nunca; 6°. Era necesario crear un mando realmente único con participación alemana e italiana. (D.P.E.A., ed. francesa, págs. 452-453.)

  • 4. G. Ciano. Journal politique 1937-1938, pág. 93.

  • 5. Ibidem, pág. 103.

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«Los gobiernos alemán e italiano están una vez más emplazados ante el problema de saber si pueden o quieren hacer en favor de Franco nuevos y probablemente muy serios sacrificios para asegurar su victoria sobre los bolchevistas españoles y para evitar que no se vea obligado a pensar en una paz negociada que significaría una solución «rosa» —ni blanca ni roja— del problema español. Los círculos militares alemanes e italianos recomiendan esta ayuda sin reserva.» [1] «Si suponemos que Franco —en vista de su posición económica fuerte— no espera que el fin de la guerra sea provocado por una descomposición interior y económica de los rojos —lo que aún está por demostrar—, sino que, al contra- rio, está resuelto a continuar la guerra de una manera más enérgica que en el transcurso de estos últimos meses, me parece igualmente insuficiente pretender volver a dar a Franco preponderancia militar sobre sus adversarios únicamente por medio de suministros de pertrechos bélicos. Al contrario, será necesario que nosotros, a saber, Alemania e Italia, pongamos a su disposición, en una magnitud mucho mayor, personal técnico y oficiales que tengan una formación de Estado Mayor General. Pero para ello sería necesario que nuestros hombres tuvieran la seguridad de poder desempeñar un papel mucho más importante —digamos hasta determinante— en la conducción de la guerra y en la ejecución de las órdenes provenientes del mando superior, quedando bien claro que «la unidad de mando» seguiría en manos de Franco. La mentalidad bien conocida de los españoles será la causa de que sobre este último punto surjan dificultades serias y esto requerirá mucha agilidad, pero también una resolución firme.» [2]

Batalla de desgaste

La audaz ofensiva republicana trastocaba los planes fascistas y obligaba al enemigo a reorientar sus reservas estratégicas hacia el Bajo Aragón. Casi dos semanas tardaron los facciosos en rehacerse y presentar batalla a los leales con sus tropas de maniobra, renunciando así a la operación contra Madrid. Quince divisiones mandadas por Dávila, Aranda, Varela y Yagüe, bajo la dirección personal de Franco, trataron inútilmente de abrirse paso hacia Teruel sin conseguir romper la línea exterior de los republicanos. En su defensa se batieron heroicamente las brigadas 1ª, 9 a , 100, y otras unidades del Ejército Popular. Todos los contraataques anteriores, a veces hasta con dos divisiones y fuerte apoyo artillero y aéreo, fueron rechazados con grandes pérdidas para los rebeldes. Mientras tanto, la aviación facciosa atacaba Valencia, Badalona, Reus y Barcelona, causando horribles matanzas entre la población civil. Sólo en su contraofensiva del 29-31 de diciembre, con siete divisiones

  • 1. D.P.E.A. (ed. francesa), pág. 458.

  • 2. D.P.E.A. (ed. francesa, págs. 458-459.

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en primera línea, el adversario logró acercarse al casco de la ciudad por el oeste, ocupando Concud, San Blas y la Muela de Teruel en la jornada postrera del año, al derrotar a las divisiones 68 y 64. Se creó así una situa- ción gravísima que pudo liquidarse gracias a la entrada en combate del V Cuerpo de Ejército (Modesto), con las divisiones 35 y 47, que contienen al enemigo, lo rechazan y contraatacan, recuperando buenas posiciones y haciendo imposible su enlace con los sitiados. Transcurría la operación en medio de un invierno rigurosísimo de frío, nieves y heladas, en un terreno abrupto, árido y desolado, con las comunicaciones en ocasiones bloqueadas, soportando temperaturas de hasta 20 grados bajo cero [1] . Todo ello era especialmente sensible y penoso para unas tropas mal alimentadas e inadecuadamente vestidas, como lo estaban las republicanas. «España había encontrado —dice el general Rojo— su ejército; un ejército imperfecto, sin armamentos, medio desnudo, pero con una moral magnífica, desconocida hasta entonces.» [2] Después de infructuosos y costosos intentos para reconquistar la Muela de Teruel, entre el 1 y el 10 de enero los republicanos pasaron a la defensa, guarneciendo las posiciones de Altos de Celadas, Muletón, casco oeste de la villa, estribaciones este de la Muela y cota 1076 con las divisiones 35 (Walter) y 47 (Durán) del V Cuerpo de Ejército, teniendo a su derecha en los Altos de Celadas a la 39 División. En la segunda quincena de enero, con fuerzas y medios muy limita- dos, sin aviación y con escasísima artillería, los defensores republicanos de Teruel afrontaron en los Altos de Celadas y el Muletón, que cerraban el paso hacia la villa por el norte, una de las embestidas más potentes y destructoras de toda la guerra: la segunda contraofensiva rebelde contra la capital bajoaragonesa, dirigida por el general Aranda, quien había recibido cuatro divisiones para reforzar su cuerpo de ejército y tenía el apoyo de la artillería del C.T.V. y de la masa de aviación germano-italiana. Cientos de cañones y morteros, con bombardeos y ametrallamientos aéreos su- perpuestos, concentraron su fuego durante tres días seguidos sobre una de las posiciones mencionadas, sin dar sosiego a los republicanos ni de día ni de noche, culminando con una intensa preparación artillera y aérea de nueve horas y un ataque masivo de tanques. Al finalizar el día 20, las

  • 1. La nieve y el frío crearon grandes dificultades imprevistas por cuanto casi todas las unida- des se vieron aisladas de sus mandos y de sus centros de abastecimiento. Por dos veces quedaron bloqueadas todas las comunicaciones y, para restablecer el tránsito cuando se heló la nieve, hubo que romper el hielo a golpes de pico, en un terreno abrupto, lo que dio lugar a que «se gastasen las reservas más en la lucha contra el frío que en el combate», según palabras de Rojo.

  • 2. V. Rojo. España heroica, pág. 143.

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tropas leales consiguieron mantenerse solamente en las contra pendientes de las dos alturas, removidas por la metralla hasta un metro de profundidad, defendiendo con heroísmo y tenacidad cada palmo de terreno, después de perder las brigadas 22, 96 Y 11 casi la mitad de sus efectivos, a la vez que diezmaban a las unidades atacantes [1] . Los reiterados ataques rebeldes del 17 al 23 de enero con el ob- jetivo de recuperar Teruel y la enorme masa de artillería y de aviación con la que actuaban hicieron ver al mando republicano que el enemigo llevaba sin cesar reservas a este frente y el peligro que corría la capital turolense. Para contrarrestarlo ordenó un contragolpe al norte de Teruel, en el frente de Singra y en los Altos de Celadas, pero para ello destinó sólo dos divisiones: la 27, que recibió la misión de conquistar la zona de Singra y cortar la carretera Teruel - Zaragoza, y la 46, que debía tomar los Altos de Celadas. La 27 División pasó al ataque el 26 de enero apoyada por 26 piezas de artillería y 14 tanques, luchó con enconada insistencia durante cuatro días, pero hostigada por la masa enorme de la aviación de bombardeo y de asalto enemiga (hasta 160 aviones, que hacían unos 800 servicios diarios), no pudo alcanzar su objetivo enteramente. La 46 División inició el ataque el 28 de enero y no logró tomar los Altos de Celadas. Estos tesoneros ataques, aunque no lograron plenamente su objetivo, paralizaron los ataques directos a la plaza, aliviando su situación. Por otra parte, el mando fascista comprendió el peligro que se cernía sobre sus ejércitos en Teruel y sus arterias principales de abastecimiento (las comu- nicaciones Teruel - Zaragoza estaban muy próximas al frente en toda su longitud). Ello obligó a los fascistas a suspender provisionalmente sus ataques a Teruel y a preparar una operación intermediaria que llevaron a cabo a primeros de febrero en tres direcciones: Pancurdo, Aguatón y Alfambra, con el fin de liquidar el saliente republicano de Sierra Palomera.

Operaciones de Sierra Palomera y el Alfambra

Mientras tanto, el E.M. republicano consideraba que era oportuno operar en otros frentes y preparaba una operación en el flanco izquierdo de la concentración enemiga, al norte de la provincia, en dirección de Calamocha, a fin de cortar las comunicaciones del adversario. Para ella (con previa reor- ganización) sacó del frente de Teruel, parte de sus unidades debilitándolo extraordinariamente. El mando republicano dejó en el frente turolense ocho divisiones

  • 1. Durante el mes de enero, la 84 División fascista perdió 4.500 hombres.

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Guerra y revolución en españa (1936-1939) Manifestación de homenaje al Ejército Popular con motivo de la

Manifestación de homenaje al Ejército Popular con motivo de la conquista de Teruel. Barcelona, diciembre de 1937.

muy quebrantadas. Este debilitamiento prematuro del frente republicano de Teruel, en el que seguían concentradas las principales fuerzas del adver- sario, habría de condicionar seriamente la marcha de los acontecimientos que se sucedieron al producirse el 5 de febrero la ofensiva rebelde de Sierra Palomera. En dicha importante zona de la defensa leal, escasamen- te guarnecida, se apoyaba estratégicamente el flanco derecho turolense. Nueve divisiones facciosas, con 200 aviones, 75 baterías [1] y decenas de tanques, cayeron sobre los flancos exteriores de las divisiones 30 y 42, desbordando la sierra por el norte y el sur, para salir al valle del Alfambra en un frente de cincuenta kilómetros, buscando el envolvimiento y cerco de la capital bajoaragonesa. La 27 División, situada en dicha zona para el descanso (Lidón, Lillo, Perales), se vio obligada a entrar en combate sin preparación, por brigadas sueltas. Resistiendo tenazmente, paró el avance enemigo hacia Perales durante dos días y perdió el 40% de sus efectivos. Pero en la mañana del 8 de febrero hubo de replegarse a la línea Son del Puerto - Cañada - Galve, cubriendo el camino de Aliaga. Al sur de Sierra Palomera, al retroceder la 42 División bajo la presión

  • 1. Y casi toda la artillería del Cuerpo Expedicionario Italiano (Comando di Truppe Volun- tarie).

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del C.E. de Galicia y quedar abierto el camino de Alfambra, tuvo que en- trar en fuego la 39 División, que sólo llevaba 24 horas descansando en la región de Villarroya. Sus brigadas 64 y 96 ocuparon en la madrugada del 8 de febrero Galve y Escorihuela. La entrada en combate de las divisiones 27 y 39, muy debilitadas, no hizo más que estabilizar momentáneamente la situación y permitir ganar unos días. El alto mando republicano contra- atacó entre Vivel del Río y Segura de los Baños hacia el 10 de febrero con tres divisiones (34, 35 y 70) logrando detener al enemigo en el Alfambra, aunque no se pudo cortar la arteria principal de las comunicaciones entre Caminreal y Calamocha. Viéndose detenidas en su avance frontal, las tropas franquistas se reagruparon hacia su flanco derecho, y el 17 de febrero emprenden su tercera contraofensiva hacia Teruel.

Sitio y evacuación de Teruel

Once divisiones fascistas bien pertrechadas arremeten ese día contra la defensa guarnecida por los cuerpos de ejército republicanos XIX y XX. En las defensas inmediatas a la plaza se encuentran la 46 División, con las brigadas 10, 101 y 209; a su derecha, la 67 División. Ambas del XX C.E., mandado por el teniente coronel Francisco Galán. El enemigo libraba la batalla principalmente con la artillería y la aviación, manteniendo en el aire, bombardeando y ametrallando, de treinta a cuarenta aparatos. Su acción se hacía sentir no sólo en las primeras líneas, sino también en los nudos de comunicación, inmovilizando las unidades de la reserva, destruyendo sus vehículos y desmoralizando a los soldados republicanos, que se veían incapaces de vencer con su heroísmo el fuego destructor de la técnica de guerra moderna. De nuevo, como en el Norte, la superioridad desbordante de la aviación y la artillería enemigas colocaba en duros trances a las tropas republicanas en el frente de Teruel. Durante los días 17 y 18 de febrero se combate con denuedo en todo el frente, pero los rebeldes logran penetrar en Valdecebro, por el norte, y ocupar las últimas posiciones republicanas de la Muela turolense, en el sur. La aviación bombardea las defensas exte- riores al norte y nordeste de la ciudad. La artillería cañonea intensamente la altura 962, en la loma de los cementerios, que sufre reiterados ataques de la 1ª División navarra, apoyada con tanques. La 101 Brigada defiende la villa por el norte y el oeste; la 10ª se bate en el Mansueto; la 209, desalojada de la Muela, se rehace en la orilla izquierda del Turia. Día y noche se combate con encarnizamiento en la loma de los cementerios y en el cerro de Santa Bárbara, que los atacantes ganan y pierden varias veces. El 19 logran ocupar el Mansueto y salir a la

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carretera de Teruel a Valencia [1] . La amenaza de cerco es inminente. Por el sur, la caballería enemiga penetra en Castralvo e intercepta el camino de Teruel a Villaespesa, última comunicación que conservaban las tropas de la 101 Brigada. En todo ello influyó poderosamente la crasa incapacidad y negligencia del comandante Valentín González, «El Campesino», que man- daba la 46 División; así como su menosprecio por la cooperación con otras unidades. Estas circunstancias permitieron al enemigo fragmentar la división en tres partes, y derrotar a cada una de ellas por separado, facilitando el cerco de la capital aragonesa. La 84 División franquista cierra el anillo interior, saliendo al valle del Turia. Los defensores de la plaza quedan encerrados dentro de un cerco, cuya línea inmediata pasa por la Muela, Ciudad Jardín, plaza de toros, arra- bal, cotas 962, 969, 1046 y margen derecha del Alfambra. A 6-8 kilómetros de distancia prosigue la lucha en el frente exterior. Las tropas sitiadas organizaron la defensa circular de la plaza. Esta quedó sujeta a un cañoneo y ametrallamiento sistemático, con, repetidos intentos de penetrar en su recinto. Tres de los batallones cercados habían perdido casi la mitad de sus efectivos [2] . Se distribuyeron las últimas exis- tencias, en extremo escasas, y se dio la orden de economizar municiones. Las numerosas bajas de los últimos días se hacinaban en el hospital urbano, donde faltaban los medios más indispensables para su cura y tratamiento, convirtiéndose las sábanas en vendajes y el agua hervida en antiséptico, como recursos únicos, fuera del instrumental quirúrgico más elemental. En la noche del 19 dejó de funcionar la única estación de radio con que se contaba y se agotaron las vituallas. Después del anterior cerco y toma de Teruel por los republicanos, la ciudad había quedado en la primera línea del frente, siendo totalmente evacuados sus habitantes. Por eso carecía de depósitos civiles de víveres, medicamentos y otros medios habituales en toda localidad, y no tenía más fuente de abastecimiento que los suministros militares a las tropas. Estos cesaron el día 18, al perderse las comunicaciones por tierra con la retaguardia propia. Y el mando superior no utilizó las posibilidades aéreas con que contaba para abastecer a las tropas sitiadas o comunicar con ellas.

  • 1. El comandante de la 46 División con su Estado Mayor, aislado de las brigadas 10 y 209, se retira de la plaza de toros, atacada por el enemigo, y entra en la ciudad. Seguidamente nombra comandante militar de la misma al jefe de la 101 Brigada, Pedro Mateo Merino, subordinándole todas las fuerzas que se encuentran en ella. Para él 20 se espera un contraataque de tropas de refuerzo a fin de restablecer el contacto con la guarnición turolense.

  • 2. En el heroico batallón 403, que había defendido la loma de los cementerios, quedaban 56 clases y soldados y dos tenientes, luego de haber cambiado tres veces de comandante por muerte o heridas graves. (Archivo del P.C.E.)

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Al amanecer del día 20, los combatientes republicanos tenían de dos a cinco cartuchos; en ocasiones, hasta alguna granada de mano. El anunciado contraataque de tropas de refuerzo, para auxiliar a la plaza, no se produjo. La artillería de acompañamiento y los morteros carecían de proyectiles. Los depósitos y polvorines estaban exhaustos. Por la noche, el mando de la guarnición, incomunicado, sin municiones, vituallas ni medicamentos, decidió preparar la salida del cerco para la madrugada del 22, aprovechando los últimos cartuchos y granadas de mano, si en el transcurso de la jornada del 21 no llegaba ninguna ayuda ni orden [1] . A la media noche del 21 al 22 de febrero, un batallón mixto pertre- chado con las municiones recogidas a las demás unidades, dejándoles úni- camente dos cartuchos por hombre, rompió el asedio por el valle del Turia y abrió paso a las tropas sitiadas, que bajo un intenso fuego del enemigo y recurriendo frecuentemente a la bayoneta cruzaron la brecha —forzando el río— y recuperaron contacto con las fuerzas republicanas (209 Brigada) en el sector de Villaespesa. Había sido, pues, evacuada la plaza. Los seis últimos días de la defensa y la ruptura del cerco costaron a la guarnición turolense más de mil bajas (50 por ciento de sus efectivos). Al salir la re- taguardia de la columna, fueron voladas las piezas AT, concentradas en el Torico. Algunas armas pesadas, morteros y ametralladoras, desaparecieron en las aguas al cruzar el río. Así terminó la batalla de Teruel. El sitio de la ciudad sorprendió al mando republicano, que no había tomado previsiones para sostener una larga lucha en condiciones de asedio, acumulando reservas materiales, en especial municiones, medios sanitarios y víveres, equipos y herramientas para completar el sistema de fortificaciones. Por eso, la suerte de la plaza se decidió en sus alrededores, durante la operación de cerco, para afrontar la cual, tampoco llegaron a tiempo las reservas necesarias [2] .

  • 1. El 21 de febrero el mando republicano decide realizar el contragolpe con las unidades del V C.E., retrasladado al frente de Teruel: con las divisiones 25 y 28 desde Corbalán, con la 47 División hacia Valdecebro y con la 11 División a lo largo de la carretera de Teruel, para entrar en contacto con la cercada 46 División. Pero estos ataques no dieron resultado positivo.

  • 2. Cuando la fogueada guarnición se abrió paso combatiendo, había agotado todas las posibilidades de mantenerse en la ciudad sitiada, sin comunicación, suministros ni órdenes. Haber tratado de continuar dentro sin municiones ni vituallas equivalía a una inmolación absurda; era dejar a casi 2.000 hombres a merced de un enemigo implacable. De los 3.100 hombres con que contaba la 101 Brigada al entrar en combate el 28 de enero, las bajas ascendían el 23 de febrero a 2.150 (el 70 por ciento); de ellas, 1.550 heridos y enfermos, y 600 muertos y desaparecidos en combate. La 46 División tuvo en su conjunto cerca de 4.500 bajas. (Archivo del P.C.E.) Esto refuta las afirmaciones tendenciosas y ultrajantes de algunos autores, mal infor- mados o poco escrupulosos en el sentido de que la «plaza capituló», que fue evacuada «sin ser apenas defendida», o de que sus defensores «huyeron de Teruel».

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Si la primera etapa de la batalla de Teruel había demostrado los pro- gresos del Ejército de la República, la segunda reveló crudamente, una vez más, sus graves deficiencias. La escasez de armamento, municiones y per- trechos bélicos hacía imposible la creación de las reservas necesarias, bien armadas, instruidas y equipadas. Esta permanente y tristemente dolorosa circunstancia era el motivo principal de la grave inestabilidad que seguía a las roturas profundas del enemigo, y no permitía a los republicanos apro- vechar debidamente los éxitos iniciales de sus operaciones ofensivas. Sólo parcialmente podía compensarse con una estrecha cooperación estratégica de los distintos frentes, que no siempre los republicanos pudieron lograr. Esta gran batalla, una de las mayores de la guerra, enfrentó a la casi totalidad de las reservas operativas de ambos contendientes. Ella puso de manifiesto nuevamente cómo la insuficiencia de medios bélicos de reducción y destrucción —artillería, tanques y aviación— impedía que los republicanos desarrollaran la ruptura aprovechando el éxito inicial para salir al espacio operativo y provocar el derrumbamiento de todo el frente enemigo [1] . Desempeñó asimismo su papel el excesivo apego a los métodos tradicionales del ejército profesional, cuando lo que se manejaba era un nuevo ejército, regular, sí, pero popular, esencialmente distinto, político, que requería la acción simultánea y audaz sobre el frente y la retaguardia del adversario; cuando la situación general impulsaba a la maniobra, al aprovechamiento rápido de los éxitos iniciales, a la iniciativa persistente y audaz; a no abusar del combate frontal contra unas tropas técnica, numé- rica y organizativamente superiores, debido sobre todo a la intervención fascista extranjera y al bloqueo imperialista de la República. Entre las circunstancias que facilitaron al enemigo el empleo de su evidente superioridad material, cabe citar: el frente de ruptura demasiado estrecho, que no se amplió hasta alcanzar una línea de cobertura ventajosa y bien distanciada, mientras se dejaba en manos del adversario alturas domi - nantes que propiciaban el paso a la contraofensiva; la escasa profundidad del sistema de fortificaciones republicanas. Falló también en este caso la cooperación operativo-estratégica de otros frentes, y la no existencia de reservas suficientes [2] . En última instancia, entre las causas profundas que determinaron la evacuación de Teruel estaba —como causa principal— la ingerencia armada

  • 1. Mientras tanto, sobre las líneas republicanas del frente turolense caían un promedio de 12.000 proyectiles de artillería y 6.000 bombas de aviación, durante cada uno de los setenta días que duró la batalla. Véase también a José Díaz de Villegas, libro citado, págs. 259-260.

  • 2. Véase Juan Modesto. Soy del Quinto Regimiento, París, 1969, págs. 151-152.

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italo-germana encubierta por la política imperialista de «No-Intervención» que negaba a la República el legítimo derecho de adquirir medios de defensa [1] .

«La situación final fue tablas —dice el general Aranda, refiriéndose a la batalla de Teruel—. El enemigo sólo retrocedió lo indispensable para ocupar buenas po- siciones sólidas, sin perder contacto. Los contendientes se pararon tácticamente, dejando para mejor ocasión la lucha decisiva.» [2]

Francisco Ciutat resume así el balance de la operación:

«Después de casi 70 días de incesante brega, los frentes del Bajo Aragón se estabilizan nuevamente, pero en condiciones mucho más desfavorables para la causa republicana que las que había al comienzo de la operación. Esto se refleja en dos aspectos de importancia suma:

Primero: el nuevo trazado del frente favorecía al general Franco, el saliente de Teruel reforzado con la Sierra Palomera había cobrado alto valor ofensivo. Segundo: el balance de desgaste de las fuerzas nos perjudicaba El alto mando republicano había empeñado casi la totalidad de sus reservas estra- tégicas, mientras que el general Franco tenía aún intacto el Cuerpo Italiano y numerosas divisiones navarras, marroquíes y aragonesas: [3]

Es imposible recordar sin emoción la gesta de los soldados republi- canos, su derroche de entusiasmo, abnegación y heroísmo durante toda la batalla. ¡Miles de héroes anónimos en todas las unidades! No pocos hombres han pasado a la posteridad. Entre los caídos heroicamente figuran los comandantes Rafael Moliner y Federico Antolínez; los capitanes C.R. Pérez, Manzanares, Sánchez Ibarrola y Merencio; los tenientes A. Muñoz, Varga, F. Rodríguez García, J. F. Simón, R. Rodríguez y Aguilar; los comi- sarios Jordán, Bravo, Barbero, Micho, Garrido, Prados, Medina, Rodríguez Gil, J. B. Moreno, Párraga y González Bueno; los sargentos Murillo, Troya, Peña Sacristán y Molina; los cabos F. Sánchez, J. Martínez y R. Rodríguez; los soldados M. Ortíz, Valanova, Silva, Cuenca y Pérez Bejerano. Y otros muchos no menos valerosos jefes, oficiales, clases y soldados de todas las ideologías y tendencias, leales a la causa del pueblo.

  • 1. Sobre la pérdida de Teruel habría de decirse en la nota oficiosa del Gobierno republicano facilitada a la prensa: «La evacuación se ha llevado a cabo con perfecto orden militar, sin pérdidas de efectivos ni de material, de acuerdo con las predicciones del Mando». Y más adelante: «El Ejército Popular, que ha superado en las últimas jornadas de Teruel sus heroísmos anteriores, acabará por disponer de los elementos que le son necesarios para imponerse neta y rotundamente a invasores y rebeldes». Verdades incontestables, al lado de concesiones al lenguaje convencional de los partes de guerra, con su carga de acción psicológica y moral frente al adversario.

  • 2. La guerra en Asturias, Aragón y Levante. Reproducido por Crónica de la guerra española. N° 80, IV-477.

  • 3. Francisco Ciutat, op. cit., pág. 181.

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La nueva situación requería multiplicar sin tregua los esfuerzos para superar la creciente inferioridad de armamentos y suministros de guerra, incrementar las reservas instruidas y armadas, movilizar centralizada y organizadamente los recursos económicos, industriales y humanos con que contaba la República, preparando al pueblo con urgencia para que se enfrentara unido a los graves acontecimientos que se avecinaban [1] .

  • 1. El relato de la batalla de Teruel ha sido elaborado fundamentalmente por Pedro Mateo Merino.

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PRUEBAS ACERBAS

CAPÍTULO XVIII

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l. UNIDOS EN LA RESISTENCIA CONTRA EL INVASOR

Ofensiva enemiga en el frente del Este

La ofensiva republicana de Teruel obligó al enemigo a renunciar a sus planes de atacar a Madrid por Guadalajara. Pero una vez reconquistada la plaza de Teruel y ganada la bolsa de la Sierra Palomera, el mando faccioso eligió como teatro fundamental de operaciones el frente oriental. Su propósito era asestar un golpe decisivo a las tropas republicanas en tierras de Aragón y abrirse paso al Mediterráneo para cortar las comunicaciones entre la Zona Centro-Sur y Cataluña y dividir en dos el territorio leal, lo cual facilitaría el ataque a Cataluña y Levante, centros vitales de la España antifascista. Era en Aragón donde podía alcanzar en aquellos momentos éxitos estratégi- cos con mayor rapidez, ya que después de la batalla de Teruel las tropas republicanas habían quedado muy quebrantadas en tanto que el enemigo había concentrado grandes fuerzas en este sector. El desarrollo de los acontecimientos internacionales inducía a los fas- cistas a darse prisa, tratando de obtener éxitos fulminantes que coincidiesen con la terminación de las negociaciones que llevaban a cabo Inglaterra e Italia. Su objetivo consistía en alcanzar para el día de la firma del acuerdo italo-británico una situación militar que ofreciera pocas perspectivas a la República de continuar la resistencia. A comienzos de marzo el enemigo había concentrado en el frente de Aragón, bajo el mando del general Dávila, los siguientes, comenzando por el norte, cuerpos de ejército, perfectamente equipados: el de Navarra, el de Ara- gón, el Marroquí, la Agrupación García Valiño (compuesta de dos divisiones de infantería y una de caballería), el C.T.V., el de Galicia, y al sur, cubriendo su flanco derecho a lo largo de la provincia de Teruel, como frente de fijación, tenía un cuerpo de ejército más, el de Castilla. En total, 26 divisiones [1] . Frente a los seis cuerpos de ejército fascistas dispuestos a atacar en el Este, el mando republicano tenía cinco, todos ellos incompletos y peor dotados: al sur del Ebro, el XII, el XXI y el XX, estos últimos cubriendo el Maestrazgo, y al norte del Ebro, el XI y X cuerpos de ejército.

  • 1. José Díaz de Villegas, libro citado, págs. 263 y 264.

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Para la ofensiva que inicia el 9 de febrero, el enemigo había concen- trado cerca del 50% de sus divisiones contra el 20% aproximadamente de las divisiones republicanas. Además, empleaba fuerzas blindadas muy móviles, cubiertas por la superioridad numérica y movilidad de su aviación, cuyo predominio fue uno de los factores más importantes en el desenlace de la operación. La ruptura del frente la iniciaron el 9 de marzo 3 cuerpos de ejército:

el de Galicia, el italiano y el Marroquí en dirección de Montalbán, Alcañíz y Belchite - Caspe, en una extensión de unos 92 Kms. al sur del río Ebro, entre éste y el Guadalope. En esa superficie el enemigo había concentrado más de 600 cañones [1] . El sector atacado estaba guarnecido en cuatro quintas partes por el XII Cuerpo. El resto lo defendían unidades del XXI. La aplastante superiori- dad del adversario en hombres y en material se hizo sentir desde el primer momento. Débil en medios y con unidades aún poco curtidas, el XII Cuerpo republicano resultó impotente para contener la avalancha y quedó prác- ticamente pulverizado en los primeros días de combate. Indefensas ante los ataques masivos de la aviación fascista y de los tanques, algunas de sus unidades cedieron, obligando a otras a retroceder precipitadamente para evitar ser copadas [2] . El 10 de marzo, el enemigo toma Belchite, el 13, Montalbán, el 14, Alcañíz, y el 17, tras dos días de enconada lucha, Caspe. Vicente Rojo escribiría:

«E1 día 15 de marzo, en el amplio espacio que medía entre Caspe y Calanda no existía ni una unidad organizada, ni había enlace entre los Ejérci- tos del Este y de Maniobra, y un frente de 60 Km. se ofrecía absolutamente abierto a la invasión hacia la costa».

Y continúa:

«Al amanecer de aquel día precipitadamente, buscando jefes audaces, llamando urgentemente tropas de otros teatros, reuniendo grupos dispersos e imponiendo misiones de sacrificio a algunos grupos que ofrecían solidez por su moral o por la calidad de sus mandos, y los cuales se hicieron cargo de la grave situación en que estábamos, se lograría reconstruir un nuevo frente,

  • 1. M. Aznar, libro citado, pág. 609.

  • 2. F. Ciutat escribe: «Entre Villanueva de Huelva y Rudilla, en menos de 40 Kms. medidos sobre la recta, unos veinte batallones de las divisiones 24 y 30 del XII C.E. recibieron el golpe de unos cien batallones y escuadrones apoyados por más de cien baterías de artillería y cientos de aviones.» (op. cit., pág. 199.)

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que se apoyaba en la margen derecha del Guadalope para dejar cerrada la amplísima brecha. Después, en tres días, la decisión con que combatieron unas tropas arbitrariamente desplegadas en aquel frente improvisado, el tesón de sus jefes y el entusiasmo de algunos grupos de hombres, rehabilitaron al ejército del revés sufrido, detenían el avance enemigo y le fijaban en una línea que sólo podría ser arrollada doce días más tarde, con grandes sacrificios del adversario.» [1]

Contenido su avance hacia la costa en la margen derecha del Gua- dalope, el enemigo trasladó el centro principal de su ofensiva al norte del Ebro, que era uno de los puntos débiles del frente republicano. En este sector más de diez divisiones franquistas atacaron a unas cinco divisiones republicanas. El 22 de marzo el C.E. de Navarra inicia el ataque en dirección de Barbastro; el de Aragón, en dirección de Sariñena - Albalate del Cinca; y el marroquí cruza el Ebro el 23, en las proximidades de Quinto. Las tropas republicanas de los cuerpos de ejército X y XI oponen tenaz resistencia, pero son arrolladas por la enorme superioridad enemiga en material bélico y efectivos. El 23 de marzo, el enemigo ocupa Pina y Tardienta; el 26, Bujaraloz; el 28, Barbastro y Fraga.

Nuevas presiones

La ruptura del frente del Este creó una situación gravísima a la República. En los círculos oficiales de Francia, Inglaterra y otros países se esperaba la victoria inmediata de Burgos. En estas difíciles circunstancias, surgían nuevamente grupos políticos que insistían en que había llegado el momento de requerir la mediación de las potencias occidentales para imponer un compromiso a las partes beligerantes y terminar la guerra. El 15 de marzo se reunió el Consejo de Ministros, Negrín informó de la visita que le había hecho el embajador francés, Labonne, proponiéndo- le la intervención de su gobierno cerca de los generales sublevados para tratar de una mediación. Negrín negó al embajador que hubiese llegado el momento de utilizar la oferta que por encargo del Gobierno francés le hacia y le manifestó la voluntad de la República de continuar la lucha hasta el último momento, esperando convencer al Gobierno francés de que los sucesos del Este no pasaban de ser un episodio lamentable, pero no defini-

  • 1. V. Rojo, España heroica, pág. 151.

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tivo, de la guerra [1] . Los ministros aprobaron la actitud del jefe del Gobierno, a excepción de Irujo, ministro vasco sin cartera [2] . José Giral, ministro de Estado, aprobó las palabras del Presidente, pero insinuó la conveniencia de no rechazar de plano la propuesta del embajador francés, por si, llegado un fatal momento, fuera preciso utilizar su ofrecimiento. Giral había recibido también la visita del embajador francés, el cual ofrecía un buque de guerra para recoger al Presidente de la República y al Gobierno, insinuando la conveniencia de que se trasladara la aviación republicana a aeródromos franceses y la escuadra a la base de Bizerta, para que no se sumara a las fuerzas navales hostiles a Francia en el Mediterráneo [3] . Al día siguiente volvió a reunirse el Consejo de Ministros, esta vez en Pedralbes [4] , bajo la presidencia de Azaña. Antes de dar comienzo a la reunión, el Dr. Negrín habló con los otros dos ministros socialistas, Prieto y Zugazagoitia, para pedirles, según escribía Prieto:

«

...

que

si alguien, en la reunión, próxima a comenzar, proponía que se

entablaran negociaciones de paz, nos sumáramos a su criterio negativo. Ambos se lo ofrecimos, como cumplía con nuestro deber, porque no íbamos a quebrantar en pleno Consejo, con actitud distinta la del jefe del Gobierno, responsable por su cargo de la dirección política.» [5]

Prieto aprovechó esta entrevista confidencial para reiterar a Negrín que, en previsión de la derrota, debían bloquearse en el extranjero recursos suficientes para socorrer a quienes hubieran de expatriarse. Antes de iniciarse el Consejo, en un cambio de impresiones entre los ministros se acordó enviar una nota al Gobierno francés comunicándole que las causas de la difícil situación en el frente del Este eran resultado de la superioridad de medios del enemigo, abastecido libremente por Alemania e Italia, y preguntándole si Francia estaba dispuesta a permitir a la República la adquisición de armamento en ese país. Poco después, los ministros pasaron a reunirse con el Presidente de la República. Negrín abrió la reunión haciendo una información sobre la grave situación militar y dio a conocer a Azaña el acuerdo de enviar una nota al Gobierno francés en el sentido antes mencionado y pidiéndole abriera a la República su mercado de armamentos. Julián Zugazagoitia, ministro de la Gobernación, escribe que el Presi-

  • 1. J. Zugazagoitia, libro citado, págs. 371-372.

  • 2. Por haberle sustituido en Justicia Mariano Ansó.

  • 3. J. Zugazagoitia, libro citado, pág. 372.

  • 4. Residencia del Presidente de la República.

  • 5. Carta de Indalecio Prieto a Juan Negrín del 3 de julio de 1939.

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dente de la República comentó en estos términos las palabras del jefe del Gobierno sobre la situación militar:

«La victoria o la derrota no se caracterizan por la pérdida o la conquista del terreno en que la contienda se libra. Cuando dos ejércitos se enfrentan, lo que se proponen no es tomar esta cota ni aquella ciudad, sino algo mu- cho más concreto: destruir al ejército adversario. El que las tropas de Franco lleguen a Tortosa no me importa absolutamente nada si nuestros soldados están en condiciones de aniquilar en Amposta al ejército de Franco. Des- graciadamente, no es ese nuestro caso. Si hemos perdido Caspe es porque, mucho antes, nos hemos quedado sin ejército, y esto es lo que, a mi juicio, no tiene remedio, ni aun cuando se reciba el material que nos anuncia, con su proverbial optimismo el jefe del Gobierno. Y aquí está el ministro de Defensa que nos puede sacar de dudas.» [1]

Prieto se manifestó de acuerdo con la opinión de Azaña, rompiendo la promesa hecha a Negrín. Según Zugazagoitia, manifestó:

«las posiciones se perdían sin combatir; el ejército, desmoralizado, huía en todas direcciones, abandonando las armas y las municiones; la recuperación de los fugitivos no surte el menor efecto. Nos hemos quedado sin ejército y lo natural es que el adversario, que aplica a la guerra las leyes de la guerra, al perseguir a nuestras unidades en fuga, llegue a conseguir objetivos que no están en sus planes.» [2]

Azaña consideró desacertado el acuerdo del Gobierno rechazando el ofrecimiento del embajador francés. Creía que la República carecía de medios para enmendar los reveses del frente del Este y que la situación sólo podía resolverse si Francia estaba dispuesta a prestar a la República una ayuda eficaz. Sin esa ayuda, para él, lo mismo que para Prieto, la guerra estaba perdida.

El pueblo tiene la palabra

Las discusiones en el Consejo de Ministros transcendieron a la calle y pro- dujeron honda indignación e inquietud entre las masas. El Partido Comunista, que ya en otras ocasiones se había expresado resueltamente contra todo intento de romper la resistencia popular con anuncios de componendas o mediaciones que, como ya estaba compro- bado (véase Guerra y Revolución, t. II, pág. 225 y t. III, pág. 179), eran

  • 1. J. Zugazagoitia, libro citado, págs. 373-374.

  • 2. Ibidem, pág. 374.

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rechazados por los franquistas y sólo servían para desmoralizar a los com- batientes, decidió plantear el problema directamente a los partidos, a las centrales sindicales y a toda la población. Para examinar la situación creada, el Buró Político del P.C.E. convocó con carácter urgente a todas las organi- zaciones obreras. A propuesta de los comunistas se acordó la celebración de una manifestación popular en apoyo de la política de resistencia. En dicha reunión [1] se designó una comisión encargada de entrevistarse con el Presidente Negrín. Hacia las ocho de la noche de aquel 16 de marzo, una gran manifes- tación popular se dirigió al Palacio de Pedralbes, donde estaba reunido el Consejo de Ministros bajo la presidencia del jefe del Estado. Los manifestantes portaban banderas de sus organizaciones y transparentes en los que se leían en castellano y en catalán los siguientes slogans: «¡No hay otro compromiso que el aplastar a Franco!», «¡Continuaremos la lucha hasta la victoria!», «¡Todos unidos en el Frente Popular con el Gobierno del pueblo, resistiremos a los invasores!», «¡Viva la unidad de acción U.G.T. - C.N.T.!», y otros. Decenas de miles de personas cubrían el Paseo del 14 de Abril (La Diagonal) y calles adyacentes. Los guardias de asalto encargados de mantener el orden se sumaron a la manifestación y entonaron con los trabajadores canciones revolucionarias y el himno nacional de Cataluña. Al llegar a la residencia del Presidente de la República, la comisión designada, integrada por Dolores Ibárruri, miembro del Buró Político del P.C.E.; Juan Simeón Vidarte, miembro de la Comisión Ejecutiva del P.S.O.E. [2] ;

  • 1. Participaron en la reunión: por el P.C.E., José Díaz. Dolores Ibárruri, Antonio Mije y Pe- dro Checa; por el P.S.O.E., Simeón Vidarte; por el P.S.U.C., Serra Pamiés; por la J.S.U., Santiago Carrillo; por la U.G.T., Felipe Pretel y César Lombardía; por la C.N.T., Mariano R. Vázquez y García Oliver; por la F.A.I., Herrera y Escorza.

  • 2. La Comisión, Ejecutiva del P.S.O.E. había designado a Vidarte para representarle en la manifestación. «Cuando llegué a una de las antesalas del palacio —escribió Vidarte—, encontré a la Pasionaria y demás miembros de la Comisión, que sólo esperaban a la representación del Partido para pedir audiencia. Desde el balcón de la antesala, la manifestación ofrecía un aspecto imponente. Aunque nunca he sabido calcular multitudes recogí la impresión de unos y de otros de que no bajaría de cien mil personas. En ella se destacaban grupos de soldados, de guar- dias civiles y de asalto, así como algunas pancartas alusivas a los héroes republicanos. Oí gritos numerosos de ¡Viva el Gobierno de la resistencia y el Gobierno de la victoria! Otros ensalzaban la unidad del proletariado y la unión de socialistas y comunistas. No faltaba algún cartel intencionado, redactado por los comunistas, pidiendo la unificación de los partidos obreros y la unidad de acción de todos los marxistas. En ningún momento oí ningún grito de ¡Abajo los ministros traidores! y ¡Muera el ministro de Defensa!, a que más tarde hubieron de aludir Prieto y Jesús Hernández. Al salir la Comisión retuve un instante a Negrín.

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Santiago Carrillo, Secretario General de la J.S.U.; Mariano R. Vázquez, Secre- tario General de la C.N.T.; Felipe Pretel, miembro de la Comisión Ejecutiva de la U.G.T.; y Herrera, de la F.A.I., se entrevistó con el jefe del Gobierno y le entregó un pliego de conclusiones en el que los manifestantes expresaban su adhesión al Gobierno del Frente Popular y su oposición irreductible a toda vacilación, pacto o compromiso. Al mismo tiempo hacían patente la voluntad del pueblo antifascista de continuar la lucha hasta el fin, punto de vista que compartió el Dr. Negrín, afirmando que no había que mirar a las fronteras, sino a los frentes. Los manifestantes fueron informados de la entrevista con el jefe del Gobierno y de la determinación de éste de proseguir la lucha sin vacilaciones. Después de aprobar la gestión de la comisión, los manifestantes se disolvieron con todo orden, desfilando ante el Palacio presidencial durante cerca una hora. En los días que siguieron a la manifestación de Barcelona llegaron a la presidencia del Consejo de Ministros millares de cartas y telegramas con resoluciones de adhesión al Gobierno del Frente Popular apoyando la política de resistencia que habían aprobado las secciones locales de los partidos, sindicatos y organizaciones de masas, así como las unidades .del Ejército Popular y otras fuerzas armadas. Por toda la España republicana se celebraron mítines y reuniones exhortando a la unidad y a la resistencia y solidarizándose con el Gobierno y con el Frente Popular. La prensa llamaba a no ceder un palmo más de terreno al enemigo y a luchar contra la capitulación. Con grandes titulares, los periódicos de diversas tendencias escribían: «¡Barcelona, como toda Cataluña y toda España, no se rinde ante la barbarie!», «Cataluña dice: ¡No pasarán!», «¡Adelante todos unidos en la resistencia contra el invasor!» El 18 de marzo, el Comité Nacional de Enlace de las dos centrales sindicales, que días antes habían firmado un acuerdo de unidad de acción, publicó un manifiesto en el que se decía:

«En estos momentos en que el Ejército Popular combate sin tregua para cerrar el paso al enemigo, que trata inútilmente de someter a su abyección a los trabajadores españoles, la fuerza arrolladora de los sindicatos, de todos

—¿Estará usted satisfecho de esta manifestación «espontánea» tan bien organizada? —Crea Ud. que era necesario. Estábamos expuestos a que nos llevasen a una rendición incondicional. —En ese caso me alegro mucho de haber venido. ¿Usted cree que Azaña sería capaz de eso? —Tanto como el 18 de julio. —¿La rendición se haría de acuerdo con Inglaterra? —Ya hablaremos de esto. Muchas gracias a usted y a la Comisión Ejecutiva. (Juan Simeón Vidarte. Todos fuimos culpables, México, 1973, pág. 825.)

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los Sindicatos de España, asegura el movilizar nuevos millares de hombres ... Las dos Centrales Sindicales colaborarán fraternal y eficazmente para que los que hayan de ser nuevos combatientes estén preparados, entrenados de modo adecuado.» «La U.G.T. y la C.N.T., en el instante mismo de hacer público su progra- ma de acción común, proclaman ante el pueblo español y ante el mundo, ante todos los trabajadores por cuya libertad lucha España, que nadie podrá llevar a cabo siniestros planes de derrota sobre la base infame de un pacto, un compromiso o una claudicación con el enemigo. Los Sindicatos vigilan para impedirlo. Los Sindicatos se alzarán como un solo hombre ante la simple sospecha de la traición, para apartar de nuestro lado a los vacilantes y castigar con mano segura y pulso sereno a los traidores » ... «Los trabajadores no admiten otra paz que la que estamos conquistando con

la más sublime de las resistencias y el más apasionado de los esfuerzos » ...

[1]

El Comité Nacional del Frente Popular celebró ese mismo día en Barcelona una reunión extraordinaria a la que asistieron J. Simeón Vidarte, por el Partido Socialista; Baeza Medina, por Izquierda Republicana; Anto- nio Mije, por el Partido Comunista, y Alonso, por Unión Republicana, para examinar los hechos políticos acaecidos. Después de una amplia discusión, los representantes de los Partidos Comunista y Socialista hicieron algunas aclaraciones para evitar interpretaciones equívocas respecto al carácter de la manifestación realizada en la tarde del 16 de marzo. En esta reunión el Comité Nacional del Frente Popular declaró por unanimidad su fe en el triunfo de la causa democrática del pueblo, ratifi- cando su firme voluntad de continuar estrechamente unidos en la lucha contra Franco y el ejército invasor, por la libertad de España [2] .

Los bombardeos de Barcelona

Los días 16, 17 Y 18 de marzo los fascistas sometieron a Barcelona a con- tinuos bombardeos aéreos, confiando en que estos vandálico s ataques a la población civil producirían efectos desmoralizadores. Aviones italianos Savoia-Marchetti 81 y Junkers alemanes, proceden- tes de Palma de Mallorca, arrojaban sus cargas mortíferas sobre la ciudad condal, volando a una altura de 8.000 metros para escapar al fuego nutrido de las baterías antiaéreas. El 16 de marzo bombardearon cuatro veces el casco urbano, entre las 10 y las 11 de la mañana. La quinta alarma duró desde las 22:15 hasta la 1:30 de la madrugada. El jueves, 17, Barcelona fue de nuevo bombardeada. Una de las alarmas duró de las 14 horas a las

  • 1. El Socialista, 19 de marzo de 1938.

  • 2. Frente Rojo y El Socialista, 22 de marzo de 1938

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22:15 de la noche. El 18, los fascistas continuaron arrojando bombas sobre calles y plazas de la capital catalana. Cuando cesaba el fuego de las baterías de la D.E.C.A., la población salía de los refugios, recobrando la ciudad su vida normal. Pero al poco tiempo reaparecían los aviones sembrando la destrucción y la muerte. Una de las bombas cayó en la boca de una estación del Metro en el momento en que una multitud corría a encontrar refugio. Otras cayeron en un mercado lleno de gente y en un autobús, pereciendo todos sus ocupantes. Según estimativa s de entonces los bombardeos de Barcelona cau- saron más de 920 muertos y de 1.250 heridos. Varios centenares de casas fueron reducidas a escombros o sufrieron desperfectos; 10.000 habitantes quedaron sin hogar. Entre los «objetivos militares» atacados por la aviación facciosa se en- contraban la Universidad de Barcelona, la Universidad Industrial, la Escuela de Ingenieros, el Servicio Meteorológico de la Generalitat de Cataluña, el Instituto Profesional de la Mujer y tres grupos escolares para 1.000 alumnos cada uno. Hubo que lamentar la pérdida de la colección de ediciones raras de Gustavo Gil, considerada como una de las más importantes del mundo, y la de la Biblioteca Sociológica, propiedad de Valentín Camps, también de gran valor, con un total de 10.000 volúmenes. Por aquellos mismos días, la aviación italo-alemana sometió también a salvajes bombardeos Coll-Blanc, Tarragona, Vinaroz, Sagunto, Castellón de la Plana y otras localidades. Los bombardeos fascistas de Barcelona en marzo de 1938 fueron los mayores que una gran ciudad había sufrido desde que comenzó a utilizarse el arma aérea en la primera guerra mundial. Aquellos bombardeos no eran sólo contrarios a las leyes de guerra, sino un desafío a todo sentimiento humanitario. Ante ellos nadie podía quedar indiferente y provocaron la protesta de la opinión mundial. En Londres, más de veinte mil manifestantes se congregaron en Trafal - gar Square para protestar contra los bombardeos de Barcelona y la política de «No-Intervención». Se organizó un gran mitin en apoyo de los portuarios ingleses que se habían negado a cargar barcos para la España franquista en solidaridad con la lucha del pueblo español. Presionado por la opinión pública, Neville Chamberlain, «premier» conservador inglés, denunció el 18 de marzo ante la Cámara de los Comunes el carácter vandálico de los bombardeos, anunciando que su Gobierno y el Gobierno francés habían decidido hacer un llamamiento para el cese de esos actos inhumanos contra las ciudades abiertas y la población civil. El Consejo de Ministros francés pidió a la Santa Sede que se asociase con fines humanitarios a dichos llamamientos.

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Cordell Hull, secretario de Estado norteamericano, expresó «el senti- miento de horror» que el Gobierno y el pueblo de los EE.UU. experimen- taron al conocer los raids aéreos sobre Barcelona que tantas víctimas y destrucciones habían ocasionado. El alcalde de Barcelona, Hilario Salvador, se dirigió el 21 de marzo a los de París, Lyon, Burdeos, Marsella, Bruselas, Londres, Estocolmo, Ginebra, Manchester y Nueva York denunciando los desvastadores bombardeos de la aviación fascista contra una ciudad abierta y pidiendo, en nombre del ayuntamiento de la capital catalana, que intervinieran para llegar a una protesta universal capaz de detener estas agresiones incalificables que la historia no podría olvidar. Los alcaldes de muchas ciudades europeas se hicieron eco del llamamiento y expresaron su condolencia y solidaridad a la población de Barcelona. La municipalidad de Burdeos, por ejemplo, protestó contra la actitud inhumana de los responsables de los bombardeos de ciudades abiertas. Eduardo Herriot, alcalde de Lyon y Presidente de la Cámara de Diputados de Francia, condenó, en nombre del Consejo municipal, las agresiones contra las poblaciones civiles y reprobó con indignación los bárbaros ataques aéreos odiosos a toda conciencia honrada. El Comité Francés por la Paz Civil y Religiosa en España y el Comité Español por la Paz Civil publicaron un documento en el que declaraban que los métodos de guerra total empleados contra los no combatientes eran un crimen que ningún motivo estratégico podía justificar y que deshonraban a quienes los usaban. Los bombardeos aéreos masivos de centros urbanos —señalaban estas organizaciones— debían ser considerados como medi- das terroristas contra la población civil. Si motivos de simple humanismo eran suficientes para condenar masacres de no combatientes, como en el caso de Barcelona, la indignación subía de punto, si cabe, cuando los jefes responsables de las operaciones militares se decían exponentes de la civilización cristiana. Ambos comités exhortaban a los hombres de buena voluntad y, especialmente, a los cristianos a execrar tales procedimientos. Firmaban el documento Monseñor E. Beaupin, director del Comité Católico de Amistad Francesa con el Extranjero; Georges Duhamel, de la Academia Francesa; el doctor De Fresquet; Louis Guiller, de la Academia Francesa; Jacques Madaule, Gabriel Marcel, Jacques Maritáin, Francois Mauriac, de la Academia Francesa; Paul Vignaux, Alfredo MendizábaL Víctor Monserrat y Juan Roca [1] . Con los terribles bombardeos de Barcelona, el enemigo pretendía

  • 1. L’ Humanité y Le Temps, París, 23 de marzo de 1938.

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estimular las tendencias derrotistas y obligar al Gobierno a capitular. Se trataba de un esfuerzo concéntrico destinado a paralizar la retaguardia republicana e impedir la reconstitución del frente del Este. La ofensiva de los fascistas fue acompañada por una campaña de la reacción internacional, que presentaba como inminente la derrota de la República. El 17 de marzo, la embajada española en París salió al paso de las in- formaciones de algunos periódicos y círculos reaccionarios, según las cuales en Barcelona reinaba el desorden y el pánico. Se decía que el Presidente de la República, Manuel Azaña, había huído de España y se esperaba, de un momento a otro, su llegada a Francia [1] . La embajada española en Londres desmintió el 21 de marzo los insistentes rumores que circulaban en ciertos medios ingleses sobre la eventualidad de un armisticio entre la República y los insurgentes [2] . Se propaló asimismo en algunos países el rumor de que era inminente la secesión de Cataluña del resto de España. La Delegación Central de la Generalitat de Cataluña en el extranjero dio a la publicidad en Bruselas una nota declarando que esa noticia era falsa y que «el pueblo catalán, en pleno ejercicio de su voluntad, seguiría siendo fiel a los ideales de democratización de España, tanto en la victoria como en la desgracia.» [3] Esta campaña reaccionaria se desarrollaba en un clima internacional de extremada tirantez. El 12 de marzo, los ejércitos hitlerianos ocuparon Austria. La pasividad de Francia e Inglaterra ante este nuevo acto inicuo envalentonaba a las po- tencias del eje para nuevas aventuras. Un gravísimo peligro se cernía sobre la independencia y la libertad de los pueblos de Europa. La próxima víctima iba ser Checoslovaquia. La inactividad de las democracias occidentales alentaba los planes expansionistas del imperialismo alemán orientándolo hacia el Este, principalmente contra el primer Estado socialista del mundo, la Unión Soviética.

Resistir…

La situación militar seguía agravándose al norte del Ebro, más al sur del río se había logrado contener la ofensiva enemiga y establecer una línea de resistencia en la orilla derecha del Guadalope. En este frente el terreno se defendía palmo a palmo y era contenida

  • 1. Le Temps, 18 de marzo de 1938.

  • 2. Ibidem, 22 de marzo de 1938.

  • 3. Ibidem, 23 de marzo de 1938.

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la embestida hacia Gandesa y la costa, pero las unidades republicanas acu- saban un extraordinario desgaste por las continuas batallas que sostenían sin relevo y la inferioridad de medios de combate. Al norte del Ebro durante la última década de marzo de 1938, el ene- migo continuaba su ofensiva, apoyada por una enorme masa de aviación [1] . Hacia el 30 de marzo logró rebasar la línea del Cinca y alcanzó en la primera semana de abril las márgenes del Segre. Después de áspera lucha, el 2-4 de abril cae Lérida. En esta crítica tesitura, el mando del Ejército republicano consideraba de primordial urgencia reforzar la capacidad defensiva de Cataluña por su importancia política, económica y militar. Con ese objetivo trasladó en el curso de dos semanas seis divisiones a Cataluña (4 de ellas de los Ejércitos de Maniobra y de Levante, que resistían al sur del Ebro), y poco más tarde llegaría el V C.E. con sus cuatro divisiones (3, 11, 35 Y 45). Con las divisiones 27 y 46 y la 13 Brigada, desplazadas los últimos días de marzo al sector de Lérida, el mando trató de restablecer la línea para proteger esta plaza, que pudo resistir hasta el 3 de abril. Más al norte, el E.M.C. procuró asegurar una línea que cubriera los centros de producción de energía hidroeléctrica (situados en el valle de Tremp) con una nueva brigada de carabineros y elementos frescos de la 43 División. La principal dificultad para reorganizar el frente del Este era la escasez de reservas disponibles. Sin embargo, el mando consideraba que aún era posible restablecer la situación si se lograba una acumulación considerable de tropas adecua- damente equipadas. Ante la amenaza inminente que se cernía sobre la República, el 28 de ese mismo mes el Dr. Negrín se entrevistó con los representantes de todos los partidos del Frente Popular y de las centrales sindicales. Les dio cuenta de la situación en los frentes y recabó su apoyo a los planes y medidas del Gobierno con un trabajo intenso en la industria de guerra y en la producción de materias primas, en los transportes, en las fortifica- ciones, en el alistamiento de voluntarios y con una vigilancia celosísima en la retaguardia, cuya moral había que preservar contra las maniobras derrotistas. El Presidente del Consejo expresó la seguridad de que con la enérgica cooperación de los trabajadores y de todos los antifascistas, las duras condi- ciones de lucha se modificarían a favor de la República. Los asistentes a la reunión ofrecieron secundar la obra del Gobierno, haciendo los sacrificios

  • 1. Así, por ejemplo, el 27 de marzo, 200 aparatos fascistas machacaron la localidad de Fraga (7.000 habitantes), obligando a replegarse a tropas que habían soportado todos los ataques lanzados por el adversario con lujo de artillería, tanques y aviación.

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que fueran precisos para conseguir el rendimiento y la disciplina que la gravedad de las circunstancias requería. El 29 de marzo Negrín se dirigió por radio al pueblo español:

«El Gobierno —dijo— recibe continuamente de todos los rincones de España republicana, de las ciudades y de los frentes, y de la retaguardia, tes- timonios de adhesión y estímulo para proseguir sin desmayo la lucha hasta la victoria. Estas adhesiones, estas iniciativas, estos ofrecimientos constituyen caudal inagotable de energía, que el Gobierno recoge y sabrá infiltrar, porque puede y quiere demostrar a su pueblo que sabe ser un Gobierno de guerra, un Gobierno digno de él. Se aumentarán los efectivos en nuestro Ejército, recogiendo las inestima- bles aportaciones de voluntarios que se le hacen. Los obreros especializados estarán encuadrados en Brigadas de fortificaciones, y así se creará una doble barrera de cemento y de soldados, contra la que acabe por estrellarse el enemigo de España, del mundo civilizado y de la paz. Se procederá implacablemente contra los cobardes, contra los pusi- lánimes, contra los que no estén a la altura de la gesta magnífica que está escribiendo el pueblo español.» [1]

Ya el 18 de marzo la Comisión Ejecutiva de la J.S.U. se había propuesto formar en 10 días dos divisiones de voluntarios para engrosar las filas del Ejército republicano. «¡Cada joven, un combatiente; cada combatiente, un héroe!», era el slogan de la J.S.U. En cinco días la primera división de voluntarios quedó completada y fue puesta a disposición del Ministerio de Defensa. Destacaron las aporta- ciones de Jaén, Albacete y Valencia. El 30 de marzo el Partido Comunista lanzaba a toda plana en su periódico Frente Rojo la consigna: «Reclutar 100.000 voluntarios».

«Es una tarea inmediata para todas las entidades antifascistas —edi- torializaba— la de reclutar estos 100.000 voluntarios, estos cien mil com- batientes ejemplares, la de organizarlos rápidamente para ofrecérselos al Gobierno, para que sólo les quede a nuestras autoridades militares la tarea de prepararl0s militarmente y encuadrarlos en nuestras unidades y en nuevas divisiones.» [2]

En aquellos momentos críticos, el Presidente de la Generalitat, Luis Companys, apeló a los catalanes a resistir, a luchar y trabajar para lograr la victoria. En su alocución del 30 de marzo decía que la suerte de Cataluña estaba unida a la de la República, de la que había recibido el Estatuto y el reconocimiento de su personalidad histórica.

  • 1. El Socialista, 29 de marzo de 1938.

  • 2. Frente Rojo, 30 de marzo de 1938.

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«

...

todos

juntos a la resistencia obstinada y terrible para preparar el

próximo empuje que ahuyente a los invasores de todo el territorio de la República.» [1]

El 1° de abril apareció el manifiesto del Frente Popular catalán a las organizaciones antifascistas de Cataluña, que recogía el llamamiento del jefe de Gobierno, Dr. Negrín, y la alocución de Luis Companys y urgía a movilizar los 100.000 voluntarios para defender la República y las libertades de Cataluña. Invitaba también a alistar 50.000 fortificadores «para levantar frente al enemigo una doble barrera de cemento y de hombres». Firma- ban este manifiesto; por la C.N.T., García 0liver y Juan Domenech; por la F.A.I., José Xena y J. Tapia; por la Esquerra Republicana de Cataluña, José Tarradellas y José Andréu; por el P.S.U.C., Miguel Valdés y Rafael Vidiella; por la U.G.T., José Moix y Miguel Ferrer, por la Unión de Rabassaires, José Calvet y Juan Bertrán; por Estat Catalá, Vicente Borrell y R. Andréu, y por Acción Catalana Republicana, Ramón Peypoch y Rafael Tassis. En términos parecidos publicaron manifiestos la Institución de Letras Catalanas, la Escuela Nueva, Mujeres Libres, Juventud «La Falc», Comisión de Ayuda Urgente a la Guerra y otras muchas organizaciones y entidades.

  • 1. Ibidem, 31 de marzo de 1938.

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II. NUEVAS OPCIONES EN MOMENTOS GRAVES

Los vaticinios sombríos de Prieto

Para examinar la situación creada en el frente del Este se reunió el 29 de marzo el Gobierno de la República. El ministro de Defensa, Indalecio Prieto, dijo que las tropas leales ca- recían de combatividad y se retiraban en desorden ante la superioridad del enemigo. Trazó un cuadro tremendo que preveía nuevos desmoronamientos de los frentes y la derrota de la República. No hizo más que repetir lo que había dicho al Consejo Supremo de Guerra, celebrado días antes con el Estado Mayor en pleno. En lugar de estimular y animar a quienes dirigían las operaciones militares, los deprimió con su pesimismo y su incredulidad en el cambio de signo de los acontecimientos. El espíritu pesimista, rayano a veces en derrotismo, de Indalecio Prieto era proverbial. Refiriéndose a su actitud en la guerra, él mismo admitió:

«Mi pesimismo me ha acompañado perennemente desde mucho antes de mi participación en el Gobierno de Negrín. No desconozco el valor moral del optimismo en todo elemento dirigente, pero no puedo aceptar la teoría de que el pesimismo en un dirigente supone la deflación, la depresión, la debilitación, el desmayo, el derrumbamiento de todos los medios que el pesimista tenga en la mano para lograr su empresa.» [1]

Sin embargo, el estado de ánimo que acompañó «perennemente» a Indalecio Prieto no podía dejar de influir en su actuación al frente del Ministerio de Defensa Nacional. La gestión de Prieto al frente de ese ministerio fue muy contradictoria. Si bien, como ya se ha señalado, tuvo aspectos indiscutiblemente positivos, en cambio, su tendencia a despolitizar el Ejército Popular constituyó uno de los aspectos más negativos de su labor. Prieto dictó una serie de disposiciones contra el Comisariado. Pro- puso efectuar una redistribución de los puestos de comisarios entre los partidos y organizaciones y presentó al Gobierno un proyecto de decreto en el que se decía:

  • 1. I. Prieto. Cómo y por qué salí del Ministerio de Defensa Nacional, París, 1939, pág. 15.

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«…las funciones de comisarios políticos en el Ejército de tierra, marina, aviación y armamento serán ejercidas por individuos no incluidos en los reemplazos llamados a filas, a excepción de los comisarios de compañía, batallón y brigada, debiendo realizarse una reorganización del Comisariado a base de lo dispuesto en este articulo.» [1]

Estas medidas apuntaban principalmente contra los comisarios perte- necientes al Partido Comunista, al Partido Socialista Unificado de Cataluña y a la Juventud Socialista Unificada, que agrupaba en sus filas a la mayoría de los jóvenes. Un elevado número de éstos, que pese a su mocedad ocupaban puestos de comisarios en grandes unidades (superiores a brigada) y que desde los primeros momentos de la sublevación se habían incorporado voluntariamente a la lucha, tuvieron que cesar en sus cargos. Entre los des- tituidos por la injusta medida del ministro de Defensa, figuraban: Francisco Antón, comisario del Ejército del Centro, y Santiago Álvarez, comisario de la 11ª División, miembros del Comité Central del P.C.E. El 17 de enero de 1938, la Gaceta publicaba una disposición del Ministerio de Defensa Nacional [2] destituyendo a todos los comisarios y delegados políticos del Ejército del Norte, que después de haber peleado con tanto heroísmo en aquella zona se habían trasladado a Cataluña para incorporarse a las unidades republicanas y proseguir el combate contra el fascismo. El 19 de noviembre de 1937, con el pretexto de unificar todos los servicios de propaganda y concentrarlos en la Subsecretaría de Propagan- da, Indalecio Prieto dictó una orden por la que se suspendían a partir de aquella fecha

«

todas

las emisiones de propaganda que el Comisariado venía reali-

... zando, dejándose de editar las publicaciones a su cargo y cesando todo el

personal con categoría de comisario o sin ella que realizaba estas funciones, sin que quepa acoplamiento alguno de todo ni de parte de dicho personal a alguno de los servicios políticos del Comisariado:» [3]

Por otra orden, impartida diez días más tarde, dispuso que la propagan - da que venía realizando el Comisariado en los frentes, de cara a las tropas enemigas, pasaba a depender de los jefes del ejército, que la efectuarían por intermedio de las Secciones de Información de sus Estados Mayores. [4]

  • 1. Mundo Obrero, 23 de octubre de 1937.

  • 2. El Socialista, 18 de enero de 1938.

  • 3. Adelante, 19 de noviembre de 1937.

  • 4. Claridad, 30 de noviembre de 1937.

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Disconforme con las medidas discriminatorias de Indalecio Prieto, Julio Álvarez del Vayo, Comisario General de Guerra, presentó la dimisión. Precisamente cuando era más necesario que nunca reforzar el trabajo político en el ejército, ya que en virtud de las movilizaciones decretadas se incorporaban a filas no sólo antifascistas, sino también indiferentes e incluso enemigos, que podían aprovechar su desplazamiento al frente para sembrar la confusión, Indalecio Prieto debilitaba el Comisariado, amputándolo de cuadros experimentados y desposeyéndolo de funciones indispensables para cumplir su misión. El Comisariado era una institución de la que no podía prescindirse en la guerra nacional revolucionaria del pueblo español. Los comisarios eran el alma política del ejército, los mantenedores de su compenetración antifascista, los estimuladores de su esfuerzo y, al lado del mando militar, hacían posible la resistencia. Pero lo que Indalecio Prieto perseguía era reducir la influencia que el P.C. tenía en el ejército a través de comisarios auténticos, valerosos animadores de su combatividad. El propio Prieto reconoció que eran éstos los móviles de sus medidas contra el Comisariado. En una carta a Negrín, fechada el 3 de julio de 1939 escribió:

«La primera reunión del Consejo Superior de Guerra se celebró a requeri- miento mío en Valencia, pocos días después de constituido dicho organismo, y el objeto de la convocatoria fue tratar el problema del Comisariado. Leí a ustedes las cifras recogidas en un estado muy minucioso relativo a las filiaciones políticas de los comisarios del Ejército. Esas cifras revelaban que los comunistas oficiales representaban un porcentaje infinitamente mayor que el correspon- diente al número de afiliados a dicho partido; pero, además de los comunistas oficiales había otros muchos de las Juventudes Socialistas Unificadas, dirigidas por el comunismo, y el Partido Socialista Unificado de Cataluña, también bajo el control de los sovietistas, y otros más que disfrazaban su filiación con el simple apelativo sindical de la U.G.T. Sumados todos esos contingentes resultaba que los comunistas disponían de muy desbordante mayoría en el Comisariado.» [1]

Otra de las facetas de la labor de Indalecio Prieto fue lo que dio en llamarse «política del silencio». Ya en el verano de 1937, el ministro de De- fensa Nacional proponía declarar el «estado de guerra» en todo el territorio republicano. Pero no lo pudo llevar a efecto. El Presidente del Consejo de Ministros, Negrín, no compartía por en- tonces las opiniones de Prieto sobre este problema, y el Partido Comunista se opuso resueltamente.

  • 1. Archivo del P.C.E.

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A primera vista la declaración del «estado de guerra» podía contribuir a establecer un riguroso orden en la retaguardia. Pero entrañaba un serio peligro. En realidad, presuponía la entrega de todo el poder a los jefes superiores del ejército, anulaba la iniciativa revolucionaria de las masas y podía ser utilizado con fines contrarios a la unidad y a las exigencias de la guerra nacional revolucionaria. El Partido Comunista, interesado en el reforzamiento de la unidad y la disciplina en el ejército, recomendó a sus militantes cumplir estrictamente las disposiciones gubernamentales, pero no podía enajenar su independencia y dar su asentimiento a decisiones que perjudicaban la marcha de la guerra. Por eso se opuso públicamente a la «política del silencio», pues consideraba indispensable que el Gobierno, los partidos políticos y las organizaciones sindicales y juveniles estuvieran en contacto permanente con el pueblo, con las masas populares, en cuya energía y capacidad podían encontrarse los resortes de una política firme que permitiera acelerar el final de la guerra con el triunfo de las armas republicanas. En un acto público organizado por el Comité de Barcelona del P.S.U. de Cataluña el 27 de febrero de 1938, Dolores Ibárruri expresó la posición de los comunistas sobre estos problemas. En su discurso dijo:

«Nosotros no somos partidarios de la «política del silencio», y cuando encontramos algunas cosas que están mal, como no hemos hipotecado nues- tra conciencia revolucionaria, decimos que las cosas van mal; y cuando, por ejemplo, desde el Comisariado se realiza una política que no es justa, una política de eliminación de comisarios que han sido citados en el orden del día por su heroísmo, de comisarios que han sido heridos, algunos varias veces, y que tienen la confianza de los soldados, porque con ellos han compartido la dureza de la guerra, y son sustituidos por comisarios que llevan un sentido burocrático al Ejército, nosotros, inspirados únicamente por el interés de ganar la guerra y vencer al fascismo, decimos que no estamos dispuestos a que se continúe por este camino.» [1]

La oposición del Partido Comunista a someterse a la llamada «polí- tica del silencio» y su campaña contra las tendencias al compromiso, que cobraban cada día mayor fuerza, provocaron la hostilidad de Indalecio Prieto. El ministro de Defensa Nacional reaccionaba violentamente a la crítica de su labor, y todo criterio diferente al suyo lo consideraba un intento de rebajar su autoridad y menoscabar su prestigio. El 1° de marzo de 1938, Prieto escribió en una carta al Dr. Negrín:

  • 1. Frente Rojo, 1 de marzo de 1938.

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«Invito a usted a que lea, si no los ha leído, los discursos pronunciados

en un acto comunista que se celebró anteayer en Barcelona y cuyo texto literal publica hoy la prensa afecta a dicho Partido.» [1] «En ellos, y de manera muy singular en el de Valdés (en el de Pasionaria aparecen párrafos tachados por la censura, que no conozco), hay alusiones muy claras a mi gestión ministerial, alusiones que, engarzadas, constituyen un ataque: « [2]

«

...

mi

actuación como Ministro, ante la hostilidad de un Partido represen -

tado directamente en el Gobierno, es muy difícil…» —y terminaba la carta con estas palabras—: «Puede usted disponer libremente de la cartera de Defensa Nacional; eso en cualquier instante. Mas ante el rumbo que toman las cosas, no le sorprenda que llegue el momento en que yo estime que por ninguna clase de consideraciones debo continuar en este puesto.» [3]

Al mismo tiempo, Prieto reclamó la ayuda de la Comisión Ejecutiva del Partido Socialista, presentándose como víctima de supuestas maniobras insidiosas de los comunistas, que, según él, pretendían convertirle en simple ejecutor de su política. Prieto confiaba en que con la amenaza de presentar la dimisión y de poner en crisis al Gobierno, conseguiría presionar al Presidente del Consejo, Negrín, y a la Comisión Ejecutiva del P.S.O.E., obligándoles a solidarizarse con su actitud y a enfrentarse con el P.C.E. A finales de marzo, la Comisión Ejecutiva del P.S.O.E. se reunió con los tres ministros socialistas para cambiar impresiones sobre la situación militar, política y económica. Prieto informó con su acostumbrado pesi- mismo. Por su parte, Negrín trató de quitar importancia al «pesimismo temperamental» de Prieto y, contestando a las acusaciones contra el Partido Comunista dijo:

«No puedo prescindir de los comunistas, porque representan un factor muy considerable dentro de la política internacional y porque tenerlos ale- jados del Poder sería en el orden interior un grave inconveniente; no puedo prescindir de ellos, porque sus correligionarios en el extranjero son los únicos que eficazmente nos ayudan, y porque podríamos poner en peligro el auxilio de la U.R.S.S., único apoyo efectivo que tenemos en cuanto a material de guerra.» [4]

Es interesante la opinión de Vidarte, miembro de la Comisión Ejecutiva del P.S.O.E., sobre ciertas gestiones de Prieto:

  • 1. I. Prieto, libro citado, págs. 26-27.

  • 2. Ibidem, pág. 27.

  • 3. Ibidem, pág. 30.

  • 4. Ibidem, pág. 32.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Guerra y revolución en españa (1936-1939) Bombardeos de Barcelona «Desde hacía tiempo nosotros conocíamos las últimas

Bombardeos de Barcelona

«Desde hacía tiempo nosotros conocíamos las últimas ilusiones de Prieto sobre la posibilidad de una paz negociada con la intervención de Inglaterra, así como el ofrecimiento de bases que Prieto, sin contar con Negrín había hecho a los ingleses. Para la Comisión Ejecutiva, en absoluta coincidencia, en este punto, con Negrín, era imposible llegar a una paz negociada que pusiera fin honrosamente a la guerra, por una razón muy sencilla: porque Franco no aceptaba otra cosa que la rendición incondicional, es decir, el exterminio de las fuerzas combatientes republicanas; y porque a los países que podrían haber impuesto la paz, como impusieron el Comité de No Intervención, no les daba la gana de hacerlo.» [1]

Vidarte, que por lo demás, coincide con Prieto en no pocos aspectos, añade:

«Al adoptar Prieto la posición anticomunista que le llevó a enfrentarse con Negrín y a que éste prescindiera de él como ministro de Defensa, fue Prieto quien se separó de la propia línea política que orientada por él habíamos seguido en la Comisión Ejecutiva. Prieto había estado convencido, dado el hecho de que sólo Rusia estaba dispuesta a ayudarnos militarmente, de que la unión con los comunistas había de durar por lo menos hasta la terminación

  • 1. Juan Simeón Vidarte, libro citado, págs. 820-821.

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de la guerra. Llegó también a convencerse, dada la actitud cobarde del Go-

bierno del Frente Popular de Francia y el decidido empeño de Inglaterra de cooperar a la victoria de Franco, que sólo la inevitable guerra internacional podía hacerles jugar un papel de beligerantes en el frente de la democracia

contra el fascismo

Fue más tarde, cuando por informaciones falsas llegó a

... creer en una posible ayuda de Inglaterra, si no con una cooperación militar sí imponiendo una paz negociada aun a trueque de importantes concesiones. La idea de bases militares que Franco concedió más tarde a los Estados Unidos había ya surgido en la mente lúcida de Indalecio Prieto, antes de declararse la guerra mundial, sólo que en lugar de ser el beneficiario los Estados Unidos, él pensó que pudiera serlo Inglaterra. Se ha escrito, sin que nadie lo haya desmentido, que Prieto siendo Mi- nistro de Defensa y sin conocimiento del Gobierno, según me dijo Negrín, había hecho a Inglaterra graves ofrecimientos.» [1]

Reorganización del Gobierno

Los sombríos vaticinios de Prieto en el Consejo del 29 de marzo, conster- naron a los ministros y enojaron profundamente a Negrín. Según relata Zugazagoitia, el jefe del Gobierno manifestó a José Prat:

«Ahora mismo no sé si pedir al chofer que me lleve a casa o a la frontera. ¡Tan atroz ha sido el informe que nos ha hecho Prieto!» [2]

Aquella misma noche, Juan Negrín decidió separar a su correligionario de la cartera de Defensa. Tal decisión del Presidente del Consejo de Ministros fue tergiversada más tarde por Indalecio Prieto al afirmar que Negrín le había excluido del Gobierno cediendo a exigencias del Partido Comunista. He aquí lo que a este respecto escribió el propio Negrín:

«Mi decisión de sustituirle como ministro de Defensa, que no oculté ni camuflé, fue exclusiva y auténticamente personal. Surgió en mí la noche del 29 al 30 de marzo tras dolorosa y violenta lucha interior. Fue consecuencia de la reunión de Ministros la noche del martes 29 (cito de memoria) en que usted, con su elocuencia sugestiva, su pathos habitual y la autoridad del cargo y de su persona, desmoralizó por completo a nuestros colegas de Gobierno, al estilizar los sucesos con tintes de sombría desesperación y presentarnos como fatales, consecuencias que luego los hechos han demostrado no eran

inevitables

Pesó también en mí la conversación sostenida el domingo 27 de

... marzo con el señor Labonne, en momentos en que gestionábamos el rápido

  • 1. Juan Simeón Vidarte, libro citado, pág. 821.

  • 2. J. Zugazagoitia, libro citado, pág. 384.

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Guerra y revolución en españa (1936-1939) Bombardeos de Barcelona 80

Bombardeos de Barcelona

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Guerra y revolución en españa (1936-1939) En los días críticos de marzo, el Presidente Companys, apela

En los días críticos de marzo, el Presidente Companys, apela a los catalanes a resistir

envío por Francia de un material que me había sido ofrecido en principio, cuando en mi viaje a aquel país, a comienzos de marzo, logré se abriera la frontera. El Embajador de Francia al presionarle para que se acelerara el cumplimiento de lo convenido, me preguntó si yo ignoraba que el «Ministro de Defensa Nacional, señor Prieto, daba la guerra por perdida». Estos eran los informes que tenía —nunca me dijo, ni he dicho, que él lo hubiera oído directamente— quien, representando a Francia en España, había de tramitar y aconsejar se accediera a nuestras demandas. Y pesó por fin en mi decisión el «secreto a voces» que circulaba en Barcelona y se extendía hasta el frente, de que el Jefe efectivo del Ejército —el Ministro de Defensa— a cuantos veía: diputados y militares, políticos y funcionarios, amigos y familiares, daba la clara sensación, cuando no lo expre - saba con su terminología contundente, de que la catástrofe era irremediable, difundiendo así el pánico cuando más preciso era templar los ánimos. Sería un ardid de vieja y mezquina politiquería, el tan conocido de buscar una diversión al fondo del asunto, el lanzar la especie de que pudo haber obedecido a presiones o exigencias extrañas quien, como yo, es por otra parte motejado de no prestar oído al consejo y de haber actuado sin freno.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

…Con aquella acertada medida, me refiero a su alejamiento de Defensa, se atajó, cuando aparecía irremediable, un derrumbamiento que todos pre- veían para dentro de días u horas y que, en las circunstancias del momento, hubiera provocado igual hecatombe que la rendición de Casado.» [1]

Los motivos que aconsejaron a Negrín a sustituir a Prieto en la cartera de Defensa los confirma Julián Zugazagoitia [2] . Fue precisamente a Zugazagoitia a quien encargó Negrín de hablar con Prieto para proponerle que cesara como ministro de Defensa y aceptara otra cartera. En una carta que envió al jefe del Gobierno el mismo día 30 de marzo, Prieto expresó:

«Estimo, pues, archilógica mi sustitución en el Ministerio de Defensa Nacional. Puede usted decretarla en cualquier instante, seguro de que no me producirá enojo ni contrariedad y que seguirá usted teniéndome a sus órdenes, porque así me lo impone el deber y me lo aconseja la amistad.» [3]

Recibida la conformidad de Prieto, Negrín pidió al Partido Comunista que aceptara que su representación en el Gobierno fuese reducida a un solo ministro, renunciando a la cartera de Instrucción Pública y Sanidad, desempeñada por Jesús Hernández, con el cual Prieto se había declarado incompatible. Teniendo en cuenta la delicada situación de aquellos momentos y que la contienda española era elemento importantísimo de la pugna a escala mundial entre la democracia y el fascismo, entre la paz y la guerra, la Internacional Comunista había propuesto a la dirección del P.C.E., en los primeros días de febrero de 1938, que estudiara si no sería oportuno y conveniente que los ministros comunistas salieran del Gobierno. Con esa propuesta la I.C. pensaba se fortalecerían las posiciones de la República, al ser eliminado el pretexto que esgrimía la reacción española e internacional para su campaña calumniosa contra el Gobierno frentepo- pulista español al que tildaba de comunista. El Buró Político del P.C.E. consideró que la salida de sus ministros del Gobierno no sería comprendida por el pueblo ni fortalecería a la República, sobre todo después de la pérdida de Teruel y cuando proliferaban tenden- cias capituladoras; precisamente esas circunstancias hacían más necesaria la presencia de los comunistas en el Gobierno para vigorizar la política del Frente Popular, tensar todos los recursos morales, psicológicos y materiales del país y elevar la capacidad de resistencia al agresor. El P.C.E. entendía,

  • 1. Carta de Juan Negrín a Indalecio Prieto. México, 23 de junio de 1939.

  • 2. J. Zugazagoitia, libro citado, pág. 385 y siguientes.

  • 3. I. Prieto, libro citado, págs. 42-43.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

además, que la retirada de sus ministros del Gobierno no desvanecería los recelos de determinados sectores de la opinión mundial y menos aún de los medios gubernamentales de las llamadas potencias democráticas. Por esas razones, el P.C.E. decidió continuar en el Gobierno, pero, a fin de facilitar la solución de la crisis, no opuso ningún inconveniente a reducir su representación en el Gabinete a un solo ministro [1] . El 30 de marzo, Negrín sometió a la aprobación de Azaña la lista de un nuevo Gobierno, en el que la cartera de Defensa Nacional sería desempeñada por el propio Presidente del Consejo de Ministros; la de Hacienda pasaba a Méndez Aspe; la de Instrucción Pública, a José Giral, y la de Estado, a Álvarez del Vayo. Indalecio Prieto era nombrado ministro sin cartera. Azaña vio con desagrado los cambios en los ministerios de Defensa Nacional y de Estado, a cuyo frente estaban las personas más identificadas con su política, y pidió dos días de plazo para reflexionar sobre la propuesta de Negrín. Prieto decidió no aceptar puesto alguno en el Gobierno. En conver- sación con Zugazagoitia le dijo que Azaña no aprobaría la lista presentada por Negrín y renunciaría a su cargo de Presidente de la República [2] . Pero las suposiciones de Prieto no se cumplieron. El 4 de abril, Azaña reunió a los representantes de los partidos polí- ticos para examinar la situación de la República. El Presidente expuso sus preocupaciones por el rumbo que tomaban los acontecimientos y emitió la opinión, coincidente con la de Prieto, de que, desde el punto de vista militar, la guerra estaba prácticamente perdida. José Díaz, en nombre del Partido Comunista, manifestó a Azaña el convencimiento de su partido de que era posible y necesario continuar la resistencia, para lo que pidió una enérgica política de guerra y la concesión de plenos poderes a Negrín con el fin de reorganizar el Gobierno en el término de algunas horas, evitando toda crisis gubernamental. Reprochó al Presidente que se valiera de su cargo para influir sobre los dirigentes de los partidos allí presentes y llevarlos por un camino que no era precisamente el de la resistencia. La opinión del Presidente de la República no fue compartida por los reunidos [3] . Al día siguiente de esta reunión, La Vanguardia publicaba un editorial titulado Horas graves. Resistencia y Esperanza, en el que se daba a entender que la reorganización del Gobierno propuesta por Negrín había sido acepta-

  • 1. Archivo del P.C.E.

  • 2. J. Zugazagoitia, libro citado, pág. 386.

    • 3 Recuerdos de Vicente Uribe. (Archivo del P.C.E.)

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Vicente Uribe, único ministro comunista en el nuevo gobierno de negrín.

Guerra y revolución en españa (1936-1939) Vicente Uribe, único ministro comunista en el nuevo gobierno de
Guerra y revolución en españa (1936-1939) Vicente Uribe, único ministro comunista en el nuevo gobierno de

Protección al patrimonio artístico en la República.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

da por el Presidente de la República, los partidos del Frente Popular y las dos centrales sindicales, que pasaban a formar parte del nuevo gabinete [1] . El 6 de abril se dio a la publicidad la lista del nuevo Gobierno, que quedó constituido de esta manera:

Presidencia y Defensa Nacional:

Juan Negrín López

(P.S.O.E.)

Estado:

Julio Álvarez del Vayo

(P.S.O.E.)

Gobernación:

Paulino Gómez Saiz

(P.S.O.E.)

Justicia:

Ramón González Peña

(U.G.T.)

Agricultura:

Vicente Uribe Galdeano

(P.C.E.)

Instrucción Pública y Sanidad:

Segundo Blanco González

(C.N.T.)

Hacienda y Economía:

Francisco Méndez Aspe

(I.R.)

Obras Públicas:

Antonio Velao Oñate

(I.R.)

Comunicaciones y

Transportes:

Bernardo Giner de los Ríos (U.R.)

Trabajo:

Jaime Aiguadé Miró

(E.R. de C.)

Ministros sin cartera:

José Giral Pereira

(I.R.)

Manuel de Irujo y Ollo

(P.N.V.) [2]

En la nota que se facilitó a los periodistas después de la primera re- unión del nuevo Gobierno, se decía:

«Reorganizado el Gobierno de la República en la forma conocida, se dirige a todos los españoles que en los frentes de combate, en la retaguardia leal y en el propio territorio rebelde luchan contra los ejércitos invasores, para proclamar su decisión absoluta de continuar la guerra por la independencia de España hasta librarla de la presencia en el solar nacional de quienes lo han agredido e invadido en medio de la complicidad internacional más monstruosa que se haya producido jamás:» [3] «El Presidente del Consejo y Ministro de Defensa Nacional ha recabado y obtenido del Consejo de Ministros los máximos poderes para proceder, tanto en la sanción de quienes se hagan acreedores a ella, como en la depuración de los resortes esenciales a la victoria, con la rapidez de horas y de energía inexorable que la gravedad de las circunstancias requiere. « «Para ello, el Gobierno se siente revestido de la autoridad suprema que le da, con su propia contextura, el hecho de ser un verdadero Gobierno de unión nacional». «El Gobierno de la República —terminaba la nota— seguro de la colabo- ración entusiasta de todo el pueblo español, ahorra las palabras, se entrega a su labor y pasa, desde este momento, a actuar en Gobierno de guerra.» [4]

  • 1. La Vanguardia, 5 de abril de 1938.

  • 2. Frente Rojo, 6 de abril de 1938.

  • 3. Ibidem.

  • 3. Ibidem.

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La formación del gabinete fue acompañada de una renovación de altos cargos. En el Ministerio de Defensa Nacional se creó la Secretaría General, llamada a coordinar las funciones de este departamento. Para dirigir dicho organismo se designó a Julián Zugazagoitia, del P.S.O.E., que había cesado como ministro de la Gobernación. El coronel Antonio Cordón, del P.C.E., fue nombrado subsecretario del Ejército de Tierra; Carlos Núñez Maza, del P.C.E., subsecretario de Aviación, y Alfonso Játiva, del P.S.O.E., subsecretario de Marina. Los hombres designados para estos cargos tenían capacidad para regentarlos y estaban identificados con la política de resistencia del ministro de Defensa Nacional y Presidente del Consejo de Ministros, Dr. Negrín. En la Subsecretaría de Armamento continuó Alejandro Otero, del P.S.O.E. El nuevo Gobierno expresaba la continuidad de la política de Frente Popular y la decisión del pueblo de defender la democracia y la soberanía nacional frente a la sublevación militar-fascista y la intervención armada italo-alemana. El rasgo principal que lo distinguía del anterior era la reincorporación de la C.N.T. y la U.G.T., lo que robustecía la unidad antifascista e imprimía al nuevo equipo ministerial, un carácter más amplio. Días antes, el 1 0 de abril, se había celebrado una reunión del Comité Nacional del Frente Popular, en la que se formalizó el ingreso en el mismo de la Confederación Nacional del Trabajo, que su Secretario General, Mariano R. Vázquez, había pedido a mediados de marzo [1] . En esa misma reunión se acordó también la ampliación del Frente Popular con la F.A.I.

  • 1. En nombre del Comité Nacional de la C.N.T., Mariano R. Vázquez, dirigió al Secretario del Frente Popular, Ramón Lamoneda, la siguiente carta, fechada el 15 de marzo: « ... muestran su mendacidad quienes suponen que el pueblo español puede avenirse a componendas mediadoras. Hay entusiasmo

...

tenemos materia prima sobrante y condi-

ciones morales suficientes para resistir los embates del enemigo, primero, y lanzamos a

la ofensiva, después. Esto

sólo puede lograrse a través de la unidad, con la colectiva

... responsabilidad que elimine apetencias ambiciosas o partidistas, en un órgano que nos aglutine a todos. La C.N.T. considera que el paso más rápido para lograrlo, es dando entrada inmediata en el Frente Popular a todos los Partidos y Organizaciones, constitu- yendo de hecho el Frente Popular Antifascista, que se trace, colectivamente, un sólido plan de trabajo inmediato. Esta es la causa de remitiros la presente, como secretario que sois del Frente Popular, poniendo a vuestra consideración nuestra clara propuesta, que no puede ser relegada a estudio prolongado, sino resuelta en la medida de urgencia

con que el pueblo reclama la unidad de todos para vencer empezando por aglutinar sin excusas a los Partidos y Organizaciones antifascistas en un Organismo donde converjan todas las iniciativas, sugerencias, proyectos e ideas que para enfocar el camino de la

victoria, las Organizaciones y partidos puedan tener

...

» (Archivo del P.C.E.)

Según los organismos dirigentes de la C.N.T., ésta contaba entonces con más de un millón de afiliados. La Unión General de Trabajadores tenía en la zona leal 1.904.569 cotizantes. Véase La Vanguardia, 3 de abril de 1938.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

El nuevo Gobierno de Negrín era más representativo y más fuerte que el anterior; sin embargo la negativa de Indalecio Prieto a entrar en él, era un factor desfavorable en aquella situación abrumadora.

El corte

Las unidades militares fascistas proseguían la ofensiva ya en tierras catalanas, tratando de lograr dos objetivos inmediatos fundamentales: al norte, ocupar la cuenca hidroeléctrica y alcanzar el Segre, y al sur del Ebro, arrollar a las fuerzas republicanas que se rehacían y resistían al este del Guadalope y llegar a la costa mediterránea. Desde el 15 de marzo, Modesto se había hecho cargo del sector al sur del Ebro hasta el sur de Calanda, al mando del V Cuerpo, con las divisiones 11, 35, 45 y la 3, puestas a su disposición. A su ala izquierda se encontraba el XXII C.E., al mando de Ibarrola, que cubría las direcciones de Alcoriza y Ejulve. Estos frentes resistían inconmovible s desde el 18 de marzo. El 30 de marzo, el enemigo logró avanzar en el frente que cubría el V Cuerpo por el río Guadalope entre Caspe y Calanda en dirección a Maella, y en el frente del XXII irrumpió en la Sierra de San Marcos, adentrándose hacia Morella. En duros y continuos combates transcurren las tres primeras jornadas de abril para las unidades de los cuerpos de ejército V y XXII, mas a pesar de su estoica resistencia no pudieron evitar que el 3 de abril cayeran Gandesa y Morella, puntos de gran importancia estratégica. Tres brigadas llegadas de refuerzo al V Cuerpo, la 124, la 68 y la 53, lograron parar el avance del Cuerpo italiano a 25 Kms. de Tortosa, frente a Cherta, asestándole un rudo golpe [1] . Sin embargo, 9 días después en la provincia de Castellón, el Cuerpo de Galicia ocupa el pueblo de Cherta y el 13 de abril el enemigo se apodera de Cervera y San Mateo, logrando alcanzar la orilla del Mediterráneo el 15 de abril por Vinaroz, y cortar con ello las comunicaciones terrestres entre Cataluña y el resto de la España republicana. Una tercera parte del Ejército republicano quedaba aislada del resto, en Cataluña.

  • 1. Así lo describe F. Ciutat: «Combatiendo en agobiante inferioridad numérica, bajo la activa presión incesante de la aviación italiana, desbordado su flanco derecho por la rápida maniobra de G. Valiño, sin reservas que oponer, logró el teniente coronel Modesto replegar ordenadamente las fuerzas del V C.E. sobre el Ebro impidiendo que el enemigo se adueñase de ninguno de los pasos y cortó en Cherta el avance del C.T.V. (italiano), al que golpeó tan fuertemente que ni pudo llegar al Ebro por Tortosa, ni pudo volver a operar en tres meses. Para ver la costa mediterránea como se proponía Mussolini, necesitaron los fascistas italianos que los requetés de Navarra dieran la vuelta por el sur del Beceite y atacasen a las divisiones del V C.E. por la retaguardia.» (Francisco Ciutat, op. cit., pág. 221).

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Guerra y revolución en españa (1936-1939) Preocupación por elevar el nivel cultural de los trabajadores. La

Preocupación por elevar el nivel cultural de los trabajadores.

La bisección de la España leal creó una situación gravísima a la República. Los ejércitos fascistas habían ocupado ya mucho territorio y se aproximaban a centros vitales del país. La desarticulación del Ejército republicano redujo su capacidad de maniobra y rompió su enlace operati- vo. Aumentaron las dificultades de abastecimiento, sobre todo en la Zona Centro-Sur, que sólo podía comunicar con Cataluña y con el extranjero por vía marítima, por el Mediterráneo, donde reinaba la piratería de las potencias fascistas, y por aire. Empeoraron las posibilidades de control y distribución de las reservas materiales y humanas. El suministro de energía eléctrica en Cataluña era un problema después de la pérdida de las centrales del Alto Aragón, del Cinca y del Segre. Se perdieron industrias de aluminio, potasa, clorato y explosivos. La llegada de los fascistas al Mediterráneo coincidió con la firma del acuerdo entre Italia e Inglaterra [1] , del que resultaba que el Gobierno inglés reconocía formalmente la intervención italiana contra la República española,

  • 1. Este acuerdo fue firmado en Roma el 16 de abril por el conde Ciano y lord Perth. Eden había dimitido el 20 de febrero por desacuerdos con Chamberlain, siendo sustituido por Halifax.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

conformándose con la promesa de que las tropas italianas serían evacuadas de España al terminar la guerra con el triunfo de franco. El E.M.C. de la República admitía ya a fines de marzo la posibilidad de que el enemigo lograra llegar a la costa, dados su enorme superioridad en material de guerra, sobre todo en aviación, el desgaste de las tropas republicanas combatientes y la escasez de reservas [1] . Para tal caso, el E.M.C. había elaborado una serie de previsiones que ponían de manifiesto su decidida voluntad de continuar la lucha y asegurar la dirección de ésta [2] . En un documento fechado el 3 de abril, el E.M.C., anticipando los acontecimientos, consideraba —quizás con demasiado optimismo— que el quebranto que podía sufrir la acción militar del Ejército republicano como consecuencia del corte se referiría ...

«

...

al

aspecto estratégico y posibilidad de maniobra con las reservas y

medios de todas clases entre las dos zonas en que quedará dividido el territo-

rio; en el aspecto moral, por la repercusión que pueda tener sobre las tropas y la retaguardia, repercusión que no puede graduarse por las dificultades de mando inherentes a la autonomía que necesariamente ha de tener el mando de la región centro y, finalmente, por la inseguridad e irregularidad a que estarán sujetos los abastecimientos de la parte principal de nuestro territorio, por las condiciones en que habrán de efectuarse.»

Y más adelante:

«En cuanto a los elementos necesarios para continuar la guerra, son los mismos que se precisarían sin haberse producido el corte, siendo la nece-

  • 1. A sugerencia de Prieto (entonces ministro de Defensa), a finales de marzo el jefe del E.M.C., V. Rojo, analizó la «posibilidad» de un repliegue estratégico de los frentes para lograr mayores reservas con que asegurar la consolidación de los frentes de Cataluña y del Maestrazgo o bien para asegurar, por una gran reducción de dichos frentes, la eficaz defensa de la mínima parte de la España leal que se considerara indispensable mantener bien defendida para asegurar la continuación de la resistencia. El 30 de marzo, el jefe del E.M. expuso sus conclusiones. Estudiadas las tres reducciones más notables de tipo estratégico que podían hacerse (una limitada a la bolsa de Extremadura, otra tendiente a reducir la prolongada línea del Ejército del Centro y la tercera consistente en el repliegue general de los frentes andaluz, extremeño y central a una línea que protegiera la zona costera, incluida la base naval de Cartagena), el jefe del E.M. las descarta todas, una tras otra, estimando que en nada beneficiarían, llegando ,a la deducción de que «necesaria- mente el sostenimiento de la guerra, continuándola hasta el fin, exige la conservación del terreno protegido por los frentes actuales y sin idea de ceder voluntariamente un solo palmo de terreno.» 30.3.1938. (V. Rojo. El repliegue estratégico de los frentes. Archivo del P:C.E.)

  • 2. Informe del jefe del E.M.C. al ministro de Defensa Nacional de 1 de abril de 1938. Conclusiones adoptadas por el E.M.C. en sesión celebrada la noche del 29 de marzo de 1938. (Archivo del P.C.E.)

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sidad más acusada llegar, cuando menos, al equilibrio de la aviación en un plazo de días. Por lo demás, en las anteriores conclusiones se consigna de modo expreso la posibilidad de continuar la guerra y las medidas a adoptar para ello.» [1]

Para contener al enemigo y cambiar el signo de la guerra, ya no bas- taba con el heroísmo y el sacrificio de unas cuantas divisiones. Era preciso movilizar a todo el pueblo y lograr una participación más activa de las amplias masas en la resistencia. Negrín y los que con él dirigían la política de guerra en el nuevo Gobierno actuaron en aquellos momentos con gran energía y rapidez. Se puso coto al infundio, al derrotismo y al pánico y se emprendió una gran labor en el ejército en lo tocante a recuperación, movilización, instrucción, encuadramiento y organización [2] . El 8 de abril, el Dr. Negrín dictó una orden circular creando los Centros de Recuperación de Personal. Esta orden concedía un plazo de 72 horas para que todos los individuos, pertenecientes a los reemplazos movilizados que se hallaran indebidamente fuera de filas, se presentasen en los Centros de Recuperación o en los de Reclutamiento, Movilización e Instrucción más próximos. Todos los ciudadanos que, después del plazo indicado, fueran habidos alejados del servicio militar, sin previa justificación, serían entregados a los tribunales militares para ser juzgados por delito de alta traición. La orden también establecía que todos los jefes y oficiales que estuvieran en disponibilidad forzosa deberían presentar solicitud escrita de destino en el plazo de 72 horas [3] . La Gaceta del 13 de abril publicó un decreto llamando a filas a los reemplazos de 1928, 1927 Y 1941 [4] . La quinta de 1928 debía incorporar- se inmediatamente; las dos restantes se incorporaron a finales del mes de abril. La movilización de las quintas encontró el apoyo incondicional del

  • 1. Este documento fue firmado por el jefe del E.M.C. Vicente Rojo y por José Luis Fuentes, Manuel Estrada, Alejandro Otero, Antonio Martín Luna, Enrique Jurado, Vicente Guarner, Alfonso Sanjuán, Patricio de Azcárate, Carlos Bernal, Julián Sánchez Erostarbe, Miguel Buiza, Ignacio Hidalgo de Cisneros, Crescenciano Bilbao, Amador Fernández y Julio Bejarano.

  • 2. Esta ingente labor pudo realizarse, según Negrín, gracias a la energía, actividad y cono- cimientos del subsecretario de Guerra, Antonio Cordón. (Carta de Negrín a Prieto del 23 de junio de 1939).

  • 3. El Socialista, 9 de abril de 1938.

    • 4- La movilización del reemplazo de 1941 comprendía a todos los hombres que hubieran cumplido o cumplieran 18 años antes del 31 de diciembre de 1938. La movilización de los reemplazos de 1929 y 1940 había sido dictada por el decreto del 22 de febrero para presentarse a filas el 1 y 10 de marzo.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Frente Popular [1] y particularmente de los comunistas, de la J.S.U. y de los sindicatos, que como hemos visto más arriba, desde los primeros días de la ofensiva enemiga habían iniciado la recluta de voluntarios para reforzar el ejército y crear las reservas necesarias. Para atender a las necesidades urgentes de obras militares y fortifi- caciones, el 24 de abril se publicó otro decreto militarizando a todos los arquitectos, aparejadores, encargados de obra, a los obreros de las diferentes ramas de la construcción y a los trabajadores de la tierra, pertenecientes a los reemplazos de 1926, 1925, 1924, 1923 y 1922, los cuales quedaban a disposición de las autoridades militares, debiendo presentarse al primer llamado. [2] El Consejo de Ministros aprobó el 13 de abril un decreto sometiendo a jurisdicción del ministro de Defensa las centrales de producción y distri- bución de energía eléctrica. El 17 de abril se creó el Comisariado General de Electricidad, a disposición del cual quedaba todo el personal militarizado de dichos servicios [3] . Para luchar contra la especulación y el acaparamiento de productos de comer, beber y arder y otros artículos de primera necesidad y organizar mejor el abastecimiento de la población se establecieron los precios máxi- mos de tasa, que debían entrar en vigor a partir del 1° de mayo [4] . Estas y otras medidas adoptadas en breve tiempo por el nuevo Go- bierno del Dr. Negrín, correspondían a las demandas del pueblo y a las exigencias imperativas de la grave situación creada. Gracias a esa enérgica política, a los pocos días de haber quedado virtualmente deshecho el Ejército de Cataluña, después del desastre del Este, fue posible recuperar elementos suficientes para rehacer un frente y, más aún, a las pocas semanas las tropas republicanas recuperaron la iniciativa en algunos sectores. El enemigo fue contenido a mediados de abril en el frente de Tortosa y en la orilla del Segre. En tierra catalana tropezó con una reacción del ejército y del pueblo tan vigorosa que le cerró el paso.

La gesta heroica de la 43 División

Un modelo de tenacidad en el conjunto de la valerosa resistencia republi- cana, fue la proeza legendaria de la 43 División. Integrada por las brigadas 130, 72 y 102, esta división formaba parte del X Cuerpo de Ejército y, al comenzar la ofensiva enemiga de marzo de 1938, cubría un sector que

  • 1. La Vanguardia, 13 de abril de 1938.

  • 2. Frente Rojo, 24 de abril de 1938.

  • 3. El Socialista, 13 de abril de 1938. La Vanguardia, 19 de abril de 1938.

    • 4 La Vanguardia, 3 de mayo de 1938.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

Guerra y revolución en españa (1936-1939) Hombres de la 43 División en Los Pirineos. 92

Hombres de la 43 División en Los Pirineos.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

iba desde la frontera francesa, al noroeste de Bujaruelo, hacia el oeste de Biescas, cruzaba el río Gállego cuatro veces (cortando el ferrocarril de Huesca a Jaca) y enlazaba con el de la 31 División, del mismo C.E., al sur de Latre. Era un sector montañoso con picos abruptos y valles angostos, con muy pocos caminos y escasos bosques; reunía, en general, buenas condi- ciones para la defensa. Su importancia militar no cedía a su significación económica. Los abundantes saltos de agua se aprovechaban para surtir de energía eléctrica industrias esenciales de Aragón, del País Vasco y Cataluña. Cuando a fines de marzo la 31 División se replegaba hacia Benabarre y Campo, la 43 recibió la orden de retirarse a la línea de defensa del río Cinca, pero como su jefe, teniente coronel Ascasi, consideraba imposible resistir en ese río, fue sustituido por el jefe de la 72 Brigada, Antonio Beltrán [1] . El 30 de marzo el enemigo alcanzó el río Cinca por El Grado y por Barbastro y, con el apoyo de unos 50 aviones, progresó en dirección norte hacia Graus. El 2 de abril ocupó Campo (cortando la última carretera con Ainsa), se apoderó de Graus y, al día siguiente, tomó Benabarre. Esto quería decir que todo el flanco izquierdo de la 43 División quedó desbordado y ésta tuvo que cubrir urgentemente el nuevo frente que había surgido a sus espaldas. Estaba aislada del resto del Ejército republicano y rodeada por tres lados; por el cuarto, altos puertos de difícil acceso la separaban de la frontera francesa. Desde el 3 de abril hasta el 16 de junio, es decir, durante 76 días, la 43 División, bloqueada en el alto Pirineo aragonés opuso al adversario estoica resistencia, escribiendo una verdadera epopeya que hizo vibrar de admiración a toda la España republicana. El mando de la división supo tomar las medidas adecuadas para establecer (con sus fuerzas, con los restos de la 31 División y con los cara- bineros que quedaron en el sector) una línea defensiva que le permitiera mantenerse en aquella zona montañosa encajonada entre los valles del Cinca y del Cinqueta. La única carretera, de segundo orden por añadidura, que había en el sector era la de Escalona - Bielsa - Parzán, que no llegaba a la frontera. La primera ofensiva del enemigo para aniquilar la 43 División, encla- vada en su retaguardia, comenzó en la madrugada del 3 de abril y duró tres días, al cabo de los cuales sus tropas tuvieron que retirarse, batidas, a las posiciones iniciales. La segunda ofensiva los franquistas la realizaron el 14 y 15 de abril, con más fuerzas. En estas dos jornadas la división defendió

  • 1. Conocido por el sobrenombre de «El Esquinazo».

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tesoneramente sus posiciones valiéndose de bombas de mano y de los barrenos preparados en las cumbres de las montañas. El enemigo tuvo que retirarse en desorden y fortificarse. Durante la tregua fue organizada la evacuación de la población civil y de los heridos por medio de un batallón hipomóvil constituido por 400 mulos que escalaban en hilera los puertos desde Parzán a Aragnonet (Fran- cia) y regresaban. El problema más arduo que encaraban los defensores era el municionamiento. Hacia mediados de mayo a la 43 División, según el diario de su jefe sólo le quedaban 35 proyectiles de artillería y 10.000 bombas de mano, que fueron distribuidas por partes iguales entre las 3 brigadas, y munición de fusil para unos 5 días de combate [1] , A pesar de ello, mando y tropa ingeniaban frecuentes emboscadas, asestando sensibles golpes al enemigo. La resistencia de la división trascendió a la prensa mundial como episodio glorioso de la batalla española por la libertad, granjeándose la simpatía de todos los antifascistas [2] . Para liquidar este foco de voluntad republicana, el alto mando fascista concentró a principios de junio, además de la 3 División de Navarra, una agrupación del C.E. Marroquí (compuesta por 2 banderas del Tercio, dos tabores y un batallón); reforzó la artillería con 7 baterías de montaña [3] y para la cooperación les agregó 40 aviones. El 9 de junio comenzó la mayor ofensiva del adversario, tras intensa preparación artillera y aérea. El 11, las fuerzas de la 102 Brigada se reple- garon al Alto de Gistaín. Los constantes bombardeos de la aviación enemiga lograron romper las comunicaciones entre las unidades de la 43 División, algunas de ellas, agotada la dotación, tuvieron que abandonar sus posiciones. El 14 por la noche, el mando de la 43 División, que consideraba su misión evitar el copamiento y la subsiguiente destrucción, ordenó a sus unidades replegarse antes de la madrugada a la línea Peña del Mediodía - Bielsa - Unsileto. El 15, a las 17 horas, dio orden de cruzar la frontera aquella misma noche; la 102 Brigada, por el Puerto del Hospital de Gis- taín hacia Arreau, y la 72 y la 130 brigadas, por el Puerto de Bielsa hacia Fabián. Al amanecer del 16 de junio, todas las fuerzas de la 43 División

  • 1. Antonio Beltrán. Acciones defensivas de la 43 División en el Pirineo aragonés. Manuscrito. (Archivo del P.C.E.) Los esfuerzos de Negrín y Rojo para abastecer a la división fueron infructuosos debido a que el Gobierno francés no autorizó el paso de las municiones a través de su territorio.

  • 2. Negrín, acompañado de Rojo y Ossorio y Tafall visitó a los héroes de la 43 División del 17 al 19 de mayo, en el Alto Pirineo.

  • 3. M. Aznar, libro citado. pág. 702.

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habían cruzado la frontera francesa, en orden y con el material que les quedaba [1] . Durante dos meses y medio había resistido la 43 División republicana en el Alto Pirineo aragonés, sin contacto con las otras unidades del Ejército Popular, con una moral inquebrantable y una fidelidad insobornable a la causa de la democracia española [2] . Esta fidelidad la confirmaron una vez más sus combatientes ya en territorio de Francia. Por disposición de las autoridades de aquel país, todos ellos fueron sometidos a un interrogatorio individual. Ante una comisión de autoridades francesas, cada combatiente debía contestar por dónde quería regresar a España: por Cervera (es decir, para reincorporarse a las órdenes del Gobierno republicano) o por Hendaya (o sea, a la zona con- trolada por franco). El resultado de este singular «plebiscito» fue sobradamente indicativo para dilucidar con quién estaba el pueblo de España, Según Le Temps de París, de un total de más de 9.000 combatientes. 8.537 fueron repatriados, a petición propia, por Cervera, mientras 643 hombres de tropa, mujeres y niños se dirigían hacia Irún [3] .

Los trece puntos

Para elevar la moral en los frentes y en la retaguardia y mantener la fe en la victoria, era menester reforzar la unidad del Frente Popular, hacerlo más amplio, unir en escala nacional a todos los antifascistas y patriotas, a todos los defensores de la independencia de España. Tam - bién era imperativo refutar los infundios que se propalaban en la zona franquista y en el exterior acerca del carácter de la lucha que sostenía el pueblo español. Con este objeto, el 30 de abril de 1938, el Consejo de Ministros, a propuesta del Dr. Negrín, aprobó por unanimidad una declaración de principios sobre los fines que el Gobierno de la República perseguía en la guerra. Ello de mayo se hizo público este documento, que ha quedado en la historia como «los trece puntos del Gobierno de la República». En él se decía:

  • 1. Antonio Beltrán. Acciones defensivas de la 43 División en el Pirineo aragonés. Manuscrito. (Archivo del P.C.E.)

  • 2. El comisario de la 43 División, Máximo de Gracia había sido presidente del Frente Po- pular de Zaragoza. Detenido en julio de 1936, se fugó y estuvo escondido 12 meses; transportado en un cajón a San Sebastián, pasó la frontera y atravesando Francia, llegó a Barcelona, donde se puso a disposición del Gobierno. El jefe de la 130 Brigada era herrero, el nuevo jefe de la 72 Brigada, ferroviario y el de la 102 Brigada, catedrático.

  • 3. Le Temps, 20 de junio de 1938.

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«El Gobierno de Unión Nacional, que cuenta con la confianza de todos los partidos y organizaciones sindicales de la España leal y ostenta la repre- sentación de cuantos ciudadanos españoles están sometidos a la legalidad constitucional, declara solemnemente, para conocimiento de sus compatriotas y noticia del mundo, que sus fines de guerra son:

1°. Asegurar la independencia absoluta y la integridad total de España. Una España totalmente libre de toda ingerencia extranjera, sea cual sea su carácter y origen, con su territorio peninsular e insular y sus posesiones intactas, y a salvo de cualquier tentativa de desmembramiento, enajenación o hipoteca, conservando las zonas de protectorado asignadas a España por los convenios internacionales, mientras estos convenios no sean modificados con su intervención y asentamiento. Consciente de los deberes anejos a su tradición y a su historia, España estrechará con los demás países de sus hablas los vínculos que imponen una común raíz y el sentido de universalidad que siempre ha caracterizado a nuestro pueblo. 2°. Liberación de nuestro territorio de las fuerzas militares extranjeras que lo han invadido, así como de aquellos elementos que han acudido a España, después de julio de 1936, y con el pretexto de una colaboración técnica intervienen o intentan dominar en provecho propio la vida jurídica y económica española. 3°. República popular representada por un Estado vigoroso que se asiente sobre principios de pura democracia y ejerza su acción a través de un Gobierno dotado de la plena autoridad que confiere el voto ciudadano emitido por sufragio universal y que sea el símbolo de un Poder Ejecutivo firme, dependiendo en todo tiempo de las directrices y designios que marque el pueblo español. 4°. La estructuración jurídica y social de la República será obra de la voluntad nacional libremente expresada, mediante un plebiscito que tendrá efecto tan pronto termine la lucha, realizado con plenitud de garantías, sin restricciones ni limitaciones, y asegurando a cuantos en él tomen parte, contra toda posible represalia. 5°. Respeto a las libertades regionales sin menoscabo de la unidad espa- ñola. Protección y fomento al desarrollo de la personalidad y particularidades de los distintos pueblos que integran España, como lo imponen un derecho y un hecho histórico, lo que lejos de significar una disgregación de la Nación, constituye la mejor soldadura entre los elementos que la integran. 6°. El Estado español garantizará la plenitud de los derechos al ciudadano en la vida civil y social, la libertad de conciencia, y asegurará el libre ejercicio de las creencias y prácticas religiosas. 7°. El Estado garantizará la propiedad, legal y legítimamente adquirida, dentro de los límites que impongan el supremo interés nacional y la protección a los elementos productores. Sin merma de la iniciativa individual, impedirá que la acumulación de riqueza pueda conducir a la explotación del ciuda- dano y sojuzgue a la colectividad, desvirtuando la acción controladora del

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Estado en la vida económica y social. A este fin se impulsará el desarrollo de la pequeña propiedad, se garantizará el patrimonio familiar y se estimularán todas medidas que lleven a un mejoramiento económico, moral y racial de las clases productoras. La propiedad y los intereses legítimos de los extranjeros, que no hayan ayudado a la rebelión, serán respetados y se examinarán con miras a las in- demnizaciones que correspondan a los perjuicios involuntariamente causados en el curso de la guerra. Para el estudio de estos daños el Gobierno de la República creó ya la Comisión de Reclamaciones Extranjeras. 8°. Profunda reforma agraria que liquide la vieja aristocrática propiedad semifeudal que, carente de sentido humano, nacional y patriótico, ha sido siempre el mayor obstáculo para el desarrollo de las grandes posibilidades del país. Asentamiento de la nueva España sobre una amplia y sólida democracia campesina dueña de la tierra que trabaja. 9°. El Estado garantizará los derechos del trabajador a través de una legislación social avanzada, de acuerdo con las necesidades específicas de la vida y de la economía españolas. 10°. Será preocupación primordial y básica del Estado el mejoramiento cultural, físico y moral de la raza. 11°. El Ejército español al servicio de la Nación misma, estará libre de toda hegemonía de tendencia o partido, y el pueblo ha de ver en él el instrumento seguro para la defensa de sus libertades y de su independencia. 12°. El Estado español se reafirma en la doctrina constitucional de renun- cia a la guerra como instrumento de política nacional. España, fiel a los pactos y tratados, apoyará la política simbolizada en la Sociedad de Naciones, que ha de seguir siendo su norma; reivindica y mantiene los derechos propios del Estado español y reclama, como potencia mediterránea, un puesto en el concierto de las naciones, dispuesta siempre a colaborar en el afianzamiento de la seguridad colectiva y en la defensa general de la paz. Para contribuir de una manera eficaz a esta política, España desarrollará e intensificará todas sus posibilidades de defensa. 13°. Amplia amnistía para todos los españoles que quieran cooperar a la inmensa labor de reconstrucción y engrandecimiento de España. Después de una lucha cruenta como la que ensangrienta nuestra tierra, en la que han surgido las viejas virtudes de heroísmo e idealidad de la raza, cometerá un delito de traición a los destinos de nuestra patria aquél que no reprima y ahogue toda idea de venganza y represalia, en aras de una acción común de sacrificios y trabajos que por el porvenir de España estamos obligados a realizar todos sus hijos.» [1]

En estos 13 puntos se condensaban los objetivos que perseguía la República en la guerra y eran el programa del Gobierno, que tenía como fin, en primer lugar, asegurar la independencia, la soberanía e integridad

  • 1. J. Zugazagoitia, libro citado, págs. 420-422.

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de España, liberar su territorio de tropas extranjeras, y , al mismo tiempo, asegurar al pueblo un Poder democráticamente elegido que fuera la ex- presión de la voluntad popular libremente manifestada. Eran la exposición clara y terminante de un programa que tendía a aunar a los antifascistas y patriotas en la lucha común y en la defensa de los intereses económicos y sociales de los trabajadores y de todo el pueblo. Los 13 puntos creaban las condiciones para la convivencia armoniosa de todos los pueblos de España y confirmaban la fidelidad de la República española a los principios internacionales de paz. Eran una plataforma amplia y concreta que permitía la alianza de diversas fuerzas para ganar la guerra, sin que ninguna de ellas renunciase a sus ideales, aunque haciéndose mu- tuas concesiones. Los 13 puntos mostraban la falsedad de las campañas que se hacían en el extranjero en el sentido de que en España se luchaba por el comunismo, por el socialismo o por un régimen anárquico y sin principios democráticos. Todos los partidos y organizaciones del Frente Popular saludaron el programa del Gobierno de Negrín. El Buró Político del Partido Comunista hizo pública una declaración el 11 de mayo expresando su conformidad con dicho documento, que coincidía con la posición que venían mante- niendo los comunistas y con su definición del carácter de la guerra y de la revolución que se desarrollaba en España. En una carta dirigida a la redacción de Mundo Obrero, que tuvo gran resonancia dentro y fuera de España, el Secretario General José Díaz escribía:

«En el número del 23 de marzo de Mundo Obrero aparece un artículo sobre el cual es necesario llamar vivamente vuestra atención y la de todo el Partido » ... «No conozco el periódico contra el cual está dirigida vuestra polémica. Es posible que ese periódico esté escrito por gentes que no quieren a nuestro Partido, ni comprenden bien los problemas de nuestra guerra. Pero la afir- mación de que «La única solución para nuestra guerra es que España no sea fascista ni comunista», es plenamente correcta y corresponde exactamente a la posición de nuestro Partido.» «Es necesario repetirlo una vez más, para que sobre ello no quede la menor duda. El pueblo de España combate, en esta guerra, por su indepen- dencia nacional y por la defensa de la República democrática. Combate por echar del suelo de nuestra patria a los bárbaros invasores alemanes e italianos, combate porque no quiere que España sea transformada en una colonia del fascismo, combate para que España no sea fascista. Combate por la libertad, en defensa del régimen democrático y republicano, que es el régimen legal de nuestro país y que permite los progresos sociales más amplios». «El Partido Comunista, que es, junto con el Socialista, el Partido de la clase

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obrera de España, no tiene ni puede tener intereses u objetivos diferentes de los del pueblo entero. Nuestro Partido no ha pensado nunca que la solución de esta guerra pueda ser la instauración de un régimen comunista. Si las masas obreras, los campesinos y la pequeña burguesía urbana nos siguen y nos quieren, es porque saben que nosotros somos los defensores más firmes de la independencia nacional, de la libertad y de la Constitución republicana. Esta defensa es la base, es el contenido mismo de toda nuestra política de unidad y de Frente Popular. Y sería muy grave, sería inadmisible, que en las filas de nuestro Partido pudiera producirse, no digo una vacilación, sino una simple falta de claridad sobre esta cuestión, precisamente en el momento actual, en que es necesario el máximo de unidad del pueblo para hacer frente a los ataques furibundos de los invasores extranjeros. En nuestro país existen hoy condiciones objetivas que hacen imprescindible, en interés de todo el pueblo, la existencia y el fortalecimiento de un régimen democrático; no existen condiciones que permitan pensar en la instauración de un régimen comunista. Plantear la cuestión de la instauración de un régimen comunista significaría dividir al pueblo, porque un régimen comunista no podría ser aceptado por todos los españoles, ni mucho menos, y nuestro Partido nunca hará nada que pueda dividir al pueblo, sino que lucha con todas sus fuerzas, desde el principio de la guerra, para unirlo, para unir a todos los españoles en el combate por la libertad y la independencia nacional. Quiero decir más. Quiero decir que en el momento actual, cuando la tarea es movilizar hasta el último hombre en una resistencia suprema a la ofensiva del invasor, resis- tencia que es la condición para nuestras contraofensivas y para la victoria final; en este momento, si se pudiera pensar en una modificación de la táctica de nuestro Partido, esto debería ser, no con medidas que puedan restringir la base de la unidad del pueblo, sino con medidas que puedan hacerla más amplia. Esta unidad debe comprender importantes capas de la población, que en la zona facciosa están bajo el yugo y quizás bajo la influencia de la propaganda fascista; debe comprender a todos los españoles que no quieren ser los esclavos de una bárbara dictadura extranjera.» [1]

Más adelante José Díaz preguntaba en su carta cómo había podido ocurrir que Mundo Obrero adoptara una posición falsa sobre esta cuestión de tanta importancia y conjeturaba:

«Esto puede ser la consecuencia de una interpretación equivocada de la justa posición adoptada por nuestro Partido en estas últimas semanas, movilizando todas sus fuerzas para denunciar y cortar de raíz todo intento de capitulación o compromiso, y para exigir una política de guerra enérgica, correspondiente a la gravedad de la situación. Esta lucha debe continuar y continuará. Pero esta posición de nuestro Partido no significa ni puede sig- nificar de ninguna manera un cambio de nuestra actitud en lo que se refiere

  • 1. José Díaz, libro citado, págs. 619-621.

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a la apreciación del carácter de nuestra revolución, a la apreciación de la

situación internacional y a nuestra política de unidad

...

»

«Hoy más que nunca, nada contra la unidad, todo para lograr la unidad

del pueblo, la más amplia y firme que sea posible». [1]

  • 1. Ibidem, págs. 622 y 623.

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III. EL PLENO DE MAYO DEL C.C. DEL P.C.E.

Tres semanas después de ser publicados los 13 puntos, los días 23, 24 Y 25 de mayo de 1938, se reunió en Madrid en Pleno del Comité Central del Partido Comunista de España. Asistieron, además De los miembros del C.C., representantes de las organizaciones provinciales y del ejército. En ausencia de José Díaz, Secretario General del Partido, debida a su estado de salud, el informe del Comité Central lo presentó Dolores Ibárruri, quien reafirmó la posición de los comunistas sobre el carácter democrático de la revolución española y rebatió los experimentos extremistas que sólo podían debilitar la lucha del pueblo.

«Hoy, lo más revolucionario es ganar la guerra —decía Dolores—, que es ganar en el plano internacional la primera batalla al fascismo. Si la perdemos, habremos perdido no ya solamente la posibilidad de establecer un régimen social más avanzado, sino la esperanza para nuestro pueblo, por una etapa de muchos años, de vivir una vida de libertad y de progreso.» [1] .

El tema central del pleno fue la unidad. En momentos en que la si- tuación militar de la República había empeorado considerablemente, en que la libertad y la independencia de España se hallaban extremadamente amenazadas, la unidad era una arma fundamental. En su informe Dolores Ibárruri enfatizó:

«La unidad que nos hace falta hoy es una unidad nueva, más amplia,

más sólida, más efectiva y eficaz que la que ha existido hasta ahora. Debe ser

una unidad nacional; es decir, que

nos ha de permitir movilizar, organizar,

... llevar al combate contra los invasores nuevas capas del pueblo: los que viviendo en nuestra zona no pertenecen a ningún partido y los que en la zona invadida han caído, por fuerza o engañados, bajo la influencia de las organizaciones fascistas» [2] .

El Pleno del C.C. aprobó la actitud adoptada por el Buró Político en la reorganización del Gobierno, al retirar a uno de sus representantes para

  • 1. Dolores Ibárruri. En la lucha, Moscú, 1968, pág. 283.

  • 2. Ibidem, pág. 310.

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facilitar la unión de todas las fuerzas antifascistas; saludó la participación de las organizaciones sindicales en el Gobierno de Unión Nacional, y reiteró el apoyo del P.C. al programa de los trece puntos.

«El documento del Gobierno

—se decía en el informe— es el programa

... mínimo de la revolución democrática que nosotros queremos, y como noso- tros, todas las fuerzas antifascistas; es un programa de guerra y de victoria, sin que ello signifique, ni para nosotros ni para nadie, que renunciemos a nuestros ideales.» [1]

El pleno prestó atención especial a las relaciones con el Partido Socia - lista, considerándolas el eje y la más firme garantía de la unidad antifascista. Ante todos los comunistas se planteó como un deber ineludible defender la unidad del movimiento obrero, ampliar y consolidar la unión con los socialistas. No obstante algunos progresos logrados en el trabajo común de los dos partidos, y la constitución de numerosos comités de enlace, el pleno consideró que el grado de unidad alcanzado no era satisfactorio, teniendo en cuenta los graves problemas a resolver y la gran fuerza política que los dos partidos representaban. En su resolución, el Pleno del P.C.E. exigía de todas sus organizaciones «que revisen inmediatamente el estado de unidad con las organizaciones socialistas, y hagan cuanto sea menester para obtener una mejora radical en la colaboración diaria con todo el Partido Socialista, con todos los so- cialistas, cualquiera que sea su tendencia.» [2] Otro aspecto importantísimo de la unidad lo constituían las relaciones entre los pueblos de España. Como las dificultades creadas por el corte del territorio leal podían ser aprovechadas por los enemigos para fomentar rivalidades nacionales y regionales, y muy especialmente entre los pueblos de Cataluña y del resto del país, el pleno advertía que era precisamente en el campo de batalla contra el fascismo donde se decidía la suerte de todos los pueblos de España.

«Cataluña no puede ser libre en una España esclavizada —decía el informe del C.C. —; por el contrario, sólo la independencia de España puede asegurar las libertades y derechos autonómicos de Cataluña y de los demás pueblos en un régimen democrático.» [3]

«Tratar de separar Cataluña de la República, o querer debilitar de cual- quier manera los lazos de unidad entre ellas, fomentando artificialmente

  • 1. Ibidem, pág. 283.

  • 2. Frente Rojo, 3 de junio de 1938. (Texto de la resolución.)

  • 3. Dolores Ibárruri. En la lucha, pág. 311.

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incomprensiones o recelos, significa ayudar a los invasores fascistas que quieren uncir a su yugo a todos los pueblos de España.» [1]

Prestose mucha atención a las necesidades de los frentes y del ejérci- to. Pedro Checa, secretario de Organización del C.C., expuso la actividad que había desplegado el P.C. en los frentes del Este, donde centenares de comunistas desarrollaron una gran labor ayudando a los mandos y comi- sarios en aquellas jornadas críticas. Recordó el enorme trabajo realizado por el partido en relación con el voluntariado y con la movilización de los reemplazos. El P.C.E. consideraba tarea urgente el fortalecimiento del Ejército Popular, haciéndolo más homogéneo, consciente y disciplinado y dotándolo de crecientes reservas; llevar a cabo una intensa labor de fortificaciones; promover el desarrollo incesante de la industria de guerra; aumentar la incorporación de la mujer al trabajo; asegurar la siembra y la recolección de la cosecha; mejorar el abastecimiento de los obreros de la industria de guerra y de la población en general [2] .

En una carta al Pleno del C.C., José Díaz subrayó la responsabilidad del partido en aquellos momentos de extrema gravedad;

«Es necesario que nuestro Comité Central y todos los militantes del Partido comprendan bien lo que significa, prácticamente, concretamente, esta responsabilidad». «No significa solamente que no hay problema de nuestro pueblo que no interese a nuestro Partido; no significa solamente que debemos conocer y comprender las necesidades de los obreros, de los campesinos, de la pe- queña burguesía trabajadora, de las mujeres, de la juventud, y trabajar para que encuentren satisfacción; no significa solamente que debemos ayudar a la solución de todos los problemas de la organización del Ejército y de la vida económica de nuestro país en estos momentos tan graves, sino que significa, ante todo y sobre todo, que debemos comprender el desarrollo y la fuerza de nuestro Partido como una posibilidad más grande que se nos ofrece de hacer más fecundo nuestro trabajo en pro de la unidad de todas las fuerzas antifascistas, de todas las fuerzas democráticas y revolucionarias de España». «Yo sé que en algunos períodos de la guerra, el rápido e imponente desa - rrollo del Partido Comunista ha despertado alguna sospecha y ciertos recelos. Sé también que una de las armas que los enemigos de nuestro pueblo y de la unidad han utilizado y todavía utilizan para desorientar o intentar desmoralizar a una parte de las masas y aun de los dirigentes del país, consiste en sembrar desconfianza, sospechas y hasta odio hacia el movimiento comunista».

  • 1. Ibidem.

  • 2. Véase Mundo Obrero, 25 de mayo de 1938.

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«Estas tendencias anticomunistas, que no existen solamente en nuestro país, sino en el extranjero, son uno de los obstáculos más graves que se oponen a la movilización y lucha consecuente de todo el pueblo unido, por sus libertades y por la independencia nacional, contra el fascismo agresor y asesino.» [1]

«No cabe duda que la marcha hacia la unidad del pueblo y hacia la victoria sería mucho más rápida y segura si lográsemos constituir, por medio de la fusión con los socialistas, el partido único del proletariado. Nuestro Partido es una rama salida del tronco del gran movimiento obrero español, y su fusión con el Partido Socialista Obrero, reconstituyendo la unidad total de este movimiento, dará al proletariado una autoridad y una fuerza como

nunca ha tenido. Hasta que este fin no sea realizado —y hay que trabajar firmemente para que se realice pronto—, nuestra acción debe ir unida a la de las socialistas, siempre y en todos los terrenos». «Yo os invito a examinar con atención cuáles son las causas que pueden ser obstáculos a la consolidación de esta unidad, y eliminarlas. La unidad de comunistas y socialistas, aliados con republicanos y anarquistas, es el eje del Frente Popular. Por eso, el Comité Central y todos los militantes del Partido no deben escatimar esfuerzos por que esta unidad se haga cada día más estrecha y más fuerte. De esta manera podremos también mostrar el camino a la clase obrera de otros países capitalistas de Europa, donde tan necesario sería que existiese más unidad del proletariado para cortar el camino al avance de los enemigos del pueblo».

«La unidad ha hecho posible nuestra resistencia venceremos.» [2]

...

Con la unidad

  • 1. José Díaz, libro citado, pág. 625.

  • 2. Ibidem, págs. 626-627.

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ÉXITOS Y CONTRATIEMPOS

CAPÍTULO XIX

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I. LA BATALLA DE LEVANTE

Después de llegar al Mediterráneo y consolidar sus posiciones en el frente de Cataluña —hacia donde habían pasado gran parte de las unidades más curtidas del Ejército republicano—, el mando fascista decidió comenzar la ofensiva contra Levante: Su objetivo era conquistar Segorbe y Sagunto, y siguiendo el litoral, apoderarse de Valencia. Completada dicha operación, las comunicaciones en la Zona Central de la República quedarían reducidas a la carretera de Albacete a Cartagena y Alicante. El enemigo tenía desplegadas en Levante las fuerzas de dos cuerpos de ejército: el de Castilla, desde Teruel hasta Molinos, y el de Galicia, desde Molinos hasta la costa. El Cuerpo de Ejército de Castilla estaba compuesto por seis divisiones. El de Galicia incluía tres divisiones. Además, para reforzar las acciones en dicho frente, el mando franquista decidió trasladar la Agrupación García Valiño, formada por dos divisiones, del sur del Ebro al sector de Morella. La situación de las Fuerzas Armadas de la República en Levante era verdaderamente dramática. Después del corte, el frente republicano de Levante, desde Teruel a la costa mediterránea, quedó cubierto por los restos de cinco cuerpos de ejército: XIII, XX, XIX, XXI Y XXII. En realidad no existían cuerpos de ejército, divisiones, brigadas ni unidades que por sus efectivos, por su grado de organización y por la capacidad operativa de sus Estados Mayores en los diferentes eslabones pudiesen ser calificados como tales. Por ejemplo, el 13 de abril, el XXII Cuerpo de Ejército contaba con una cantidad de combatientes no superior a 5 batallones en lugar de los 36 que debía tener [1] . La correlación de fuerzas al comenzar la campaña de Levante era aplastante en favor del enemigo, no sólo en el aspecto numérico, sino por el nivel de organización y equipamiento de las unidades.

  • 1. Al llegar el enemigo a la costa mediterránea, algunas divisiones del XXII Cuerpo de Ejér- cito republicano quedaron desarticuladas. Por ejemplo, la 69 Brigada de la 47 División permaneció en Levante, y sus brigadas 49 y 74 pasaron a la zona catalana. La División «Andalucía» resultó también dividida, y así sucedió con otras unidades.

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El coronel Leopoldo Menéndez, jefe del Ejército de Maniobra, y sus subordinados hacían esfuerzos sobrehumanos para dar cierta configuración y estabilidad a una línea defensiva. Comenzaba una nueva batalla, que el Ejército republicano afrontó en condiciones dificilísimas. Para justipreciar la proeza de las formaciones que se defendían en Levante es necesario tener presente que en su mayoría eran las mismas que estaban batiéndose desde la ruptura del frente del Este y algunas que fueron lanzadas al combate en el transcurso de aquella. Venían replegán- dose desordenadamente, algunas combatiendo y resistiendo en la medida en que el desbarajuste y la superioridad enemiga se lo permitían. El mando del Ejército de Maniobra organizaba puestos de recu- peración en las vías de comunicación, donde se daba de comer a los hombres que se replegaban individualmente y en grupos, agotados por el cansancio. Se preparaban lugares para dormir y descansar, se les organizaba en pequeñas unidades que luego eran encuadradas en las fuerzas que defendían las nuevas líneas. Así se reorganizó, entre otras, en el campo de batalla la 6 División, que al mando de Marquina combatió tenazmente al enemigo. En la segunda mitad de abril de 1938, las unidades del frente republica- no de Levante cubrían la línea: Rubielos-Este de Teruel-Escorihuela-Mezquita de Jarque-Ejulve-Castell-fort-Muela de Arés-Catí y Salsadella, llegando a la costa a 3 Kms. al sur de Benicarló. El mando republicano mantuvo desplegada en el flanco derecho de su frente a la Agrupación de la Costa (anteriormente de Montaña), al mando del teniente coronel Gustavo Durán, siendo comisario de la misma Miguel Piñera, ambos miembros del P.C.E. La Agrupación de la Costa estaba compuesta por dos brigadas de la División «Levante», que apenas llegaban a sumar las fuerzas de tres batallones, y la 107 Brigada, proveniente del Ejército del Centro. Sucesivamente se la incorporaron otras dos brigadas: la 38, del Centro, y la 83, de Levante. La Agrupación de la Costa tenía como eje de su defensa la carretera general de Castellón. A su izquierda se encontraba el XXII Cuerpo de Ejército reorganizado, al mando del teniente coronel Juan Ibarrola y el comisario Ramón. Farré. La 19 División de este C.E. estaba integrada por las brigadas 74, 79 Y 52 dos de ellas, la 74, y 52, muy desgastadas, que representaban los restos de 8 batallones, y la 79 Brigada, magnífica unidad llegada como refuerzo desde Extremadura. La 19 División cubría la carretera de San Mateo a Cuevas de Vinromá, prestando atención principal a su flanco izquierdo, que lindaba con la 70 División. Esta unidad, que venía combatiendo con gran heroísmo y tenacidad bajo el mando de Villamón Toral, había permitido a la jefatura del Ejército de Maniobra llevar a cabo el repliegue de fuerzas en el sector,

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reagrupadas y lograr cierta estabilidad en el frente, impidiendo la penetra- ción del enemigo en el sector de Albocácer. En la dilatada extensión desde Arés hasta Altos de Zancada se defendía el XXI Cuerpo de Ejército, compuesto por unidades muy maltrechas, que no habían podido ser reorganizadas y cubrían frentes enormes en terreno muy accidentado. Desde los Altos de Zancada hacia el sur se guarecían las unidades del XX Cuerpo de Ejército republicano. El enemigo, después de alcanzar el Mediterráneo, continuó presio- nando fuertemente en el sector comprendido desde la costa hasta Arés, y el 17 de abril tomó Catí, Tirig y Cervera del Maestre. En este sector, la 19 División y unidades de la 6 División, al mando de Marquina, disputan al enemigo cada palmo de terreno. Tiricha y Caballo —puntos clave de aquel sector— fueron perdidos y recobrados varias veces, sucediéndose los combates hasta el 6 de mayo. El Cuerpo de Ejército de Galicia no pudo avanzar más y tuvo que fortificarse en parte de las alturas de Tiricha y Caballo, y la línea se estabilizo. Al mismo tiempo que se sucedían los combates mencionados, el Cuer- po de Ejército del Maestrazgo (Agrupación Valiño) inició sus acciones contra Albocácer. La 70 División, bien apoyada por la 19, contuvo los ataques enemigos, perdiendo solamente unos cientos de metros de trinchera. En un período muy corto, el mando de la 70 División supo movilizar a los campesinos de Albocácer. El trabajo político del comisariado de la división entre las tropas y la población permitió ceñir dicho poblado con un cinturón de sólidas fortificaciones. La moral de tropas-población era tan elevada que daba sensación de firmeza y seguridad. Todo se puso al servicio de la resistencia. El enemigo no se enfrentaba ya en el sector con grupos dispersos que se replegasen desordenadamente ante cualquier infiltración. El mando y el comisariado del Ejército de Maniobra aprovechaban todo éxito para demostrar a la tropa y a la población que el enemigo podía ser detenido si se combatía con energía. Se redobló el trabajo político, multiplicáronse los carteles murales y las reuniones con la población civil. El XXII Cuerpo de Ejército se destacó en esta labor, acertadamente llevada por el comisario Ramón Farré y por el propio jefe del Cuerpo, teniente coronel Ibarrola. El XXI Cuerpo de Ejército también realizó una labor semejante en el amplísimo frente que ocupaba. Era necesario liquidar los efectos morales que produjo el derrumbe del Frente del Este y el corte de la zona republicana. En Levante se logró en aquellos días mantener la dirección de las unidades y reaccionar manio- brando con los escasos medios disponibles. El mando no podía hacer otra cosa. Carecía de reservas y los medios bélicos eran demasiado reducidos

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para emprender acciones de mayor alcance. La ayuda que en pequeñas dosis se recibía del Estado Mayor del general Miaja era casi siempre tardía y, por lo tanto, poco efectiva. A fines de abril y comienzos de mayo el enemigo continuó presio- nando hacia Castellón. A pesar de la porfiada resistencia de las fuerzas republicanas, el 23 de abril ocupó Chisper, Cuevas de Vinromá y Albocá- cer. Aquel mismo día el Cuerpo de Ejército de Castilla inició la ofensiva en el sector de Fuentes Calientes y Molinos, guarnecido por fuerzas de la 25 División republicana y los grupos de asalto 143 y 16. Tres columnas enemigas, después de vencer la resistencia de las unidades republicanas, convergen en Aliaga el 24 de abril. El objetivo estratégico del Cuerpo de Ejército de Castilla era cortar la carretera de Teruel a Sagunto a la altura de Puebla de Valverde, pero encuentra seria resistencia en la dirección de Corbalán. Los franquistas siguen la táctica de tantear con sus unidades avanzadas los puntos débiles en la defensa republicana. Donde su penetración es más fácil, introducen el grueso de sus fuerzas, y con maniobras envolventes ocupan los nudos de comunicaciones, obligando a las fuerzas republicanas a replegarse. Por el noreste el adversario avanza en dirección a Cantavieja y la Iglesuela del Cid, que ocupa el 11 de mayo. El mismo día las tropas fascistas envuelven y ocupan Villatroya de los Pinares y se apoderan de Villarluengo, siguiendo su avance hacia el sur. El 13 de mayo, las divisiones enemigas ocupan Santa Bárbara, obli- gando a las republicanas a abandonar Puerto Escandón. Entre los días 14 y 17 de mayo una maniobra enemiga logró liqui- dar el saliente republicano de la línea Teruel-Mezquita de Jarque-Arés del Maestre, alcanzando las fuerzas facciosas en el sur de la línea Puerto Escandón-Alcalá de la Selva-Sollavientos-Carrascón. Pese a los éxitos logra- dos, el enemigo no consiguió su objetivo principal, o sea, cercar y destruir el grueso del Ejército republicano que se defendía en el saliente al norte de la línea mencionada. Al desplazarse el frente de combate hacia el sur de la provincia de Teruel, se fue formando al norte de la provincia de Castellón una bolsa en la que se defendían considerables fuerzas republicanas. El enemigo abandona la dirección de ataque principal hacia Mora de Rubielos y, considerando favorables las condiciones operativas para asestar un golpe de flanco a las unidades republicanas, cambia hacia el sudeste el eje de la ofensiva. Reanuda las operaciones el 26 de mayo, en dirección de Mosqueruela, Lucena del Cid y Castellón, tratando al mismo tiempo de fijar las unidades republicanas que se defendían en el perímetro de Arés- Salsadella-norte de Peñíscola, presionando desde el norte.

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Estos ataques chocan con tesonera resistencia de las unidades repu- blicanas, que se apoyan en líneas fortificadas. Las acciones de las divisiones enemigas tienen la misión de atraer la resistencia republicana hacia esa dirección. En realidad, el esfuerzo principal del atacante está a cargo de la Agrupación Valiño que debe golpear el flanco de las unidades republica- nas que defienden el litoral. En los primeros días de junio, esta agrupación desemboca en el valle del río Valdelinares, penetra en cuña en el frente republicano y avanza hacia Adzaneta. Los facciosos, después de desbordar Lucena del Cid, progresan hacia Alcora. El 9 de junio, las unidades republicanas, amenazadas por el flanqueo enemigo, deben retirarse en condiciones precarias desde el oeste de Al- bocácer y Alcalá de Chisvert. En esta fase el enemigo refuerza su ofensiva introduciendo las tropas italianas de la división Flechas Negras en dirección de Figueroles y Castillo de Villamalefa. El 12 de junio el enemigo ocupa Oropesa y Benicasim, y el día 13 alcanza las afueras de Castellón. El 14, después de ocupar Villarreal, el general Aranda llega con sus tropas marroquíes a Castellón, donde tuvieron que conquistar cada palmo de tierra frente a la heroica resistencia de las fuerzas republicanas. Tras una lucha de cuatro días en el interior de la ciudad, las tropas leales se retiraron a las líneas previstas sobre el río Mijares con el fin de no ser envueltas. Una vez tomado Castellón, los franquistas preparan un ataque general hacia Valencia, pero desisten por el momento de seguir empujando hacia el sur y emprenden un nuevo ataque en el sector oeste del frente. El Estado Mayor franquista no ha abandonado su idea de copar considerables fuer- zas republicanas, cosa que hasta aquel momento no había logrado. Para ello pretende rebasar por el sur las zonas de Mora de Rubiel0s, Sarrión y Albentosa, donde las fuerzas republicanas, con el apoyo abnegado de la población civil, habían creado zonas fortificadas importantes. Para el momento de comenzar esta nueva fase en la campaña de Levante, el enemigo había concentrado el grueso de su artillería, toda la aviación franquista, así como las unidades aéreas expedicionarias italianas y alemanas, medios que superaban en mucho los que poseían las fuerzas republicanas. El E.M. franquista concentró diez y nueve divisiones y dos brigadas de caballería, 645 cañones y 400 aviones. El C.T.V. (Cuerpo de Ejército Expedicionario Italiano), fue reforzado con la 5 División Navarra, dos ba- tallones de carros de combate, un batallón mecanizado, 250 cañones, 42 piezas antitanques y 56 cañones antiaéreos. Las fuerzas republicanas oponían al enemigo 16 divisiones de in- fantería, la mayoría de ellas muy maltrechas por la prolongada y durísima

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

campaña. Les apoyaban unas 200 piezas de artillería, de las cuales un 40% estaba permanentemente en reparación a Causa del excesivo desgaste. La aviación republicana contaba con unos 128 aparatos, que por sus condiciones de vuelo eran inferiores a los adversarios. El enemigo comenzó su nueva ofensiva con operaciones en el sector comprendido entre el Espadán y la costa. En su ataque hacia el sur, chocó con una enconadísima resistencia de las fuerzas republicanas, combinada con violentos contraataques. En esta dirección se defendía la 70 División, que contaba con un total de 800 hombres y que había dado durante toda la campaña muestras de firmeza, organización y heroísmo. La 10ª División republicana (brigadas 206, 207 y 223), llegada de Extremadura, asesta un duro golpe de flanco a las tropas enemigas en las estribaciones de Espadán-Rápita. Justo López, jefe de la 36 Brigada republicana, relató así la entrada en combate de su unidad, llegada al frente de Levante e incorporada al XX Cuerpo de Ejército:

«Ante todo había que impedir que el enemigo tomase las estribaciones de la Sierra Espadán. Sobre la marcha, dos batallones de la 36 Brigada, (an- tiguo 1° Batallón de Acero y el Batallón de Voluntarios Andaluces), tomaron contacto con el enemigo. Una hora después los franquistas habían perdido ya su vanguardia (un batallón) y retrocedían perdiendo el terreno que habían ocupado. Rehecho el enemigo de la primera sorpresa (no se esperaba fuerzas de refresco ni el contraataque en combate de encuentro), preparó un nuevo ataque. Por la tarde lanzó cuatro batallones y una compañía de tanques al ataque contra los dos batallones en línea. A las dos horas de combate ata- camos al enemigo de flanco con el 3 er Batallón y la Compañía especial de antitanques. El enemigo sufrió una gran derrota, dejando sobre el campo diez tanques, cuatro de los cuales quedaron en nuestro poder. Nuestras bajas no pasaron de 50 hombres, todos ellos recuperables.» [1]

El 13 de julio el enemigo comenzó sus ataques en el sector oeste del frente de Levante en dirección de Sierra Manzaneras, Albentosa y Mora de Rubielos, que ocupó días después. El jefe del E.M.C. republicano, Vicente Rojo, describe en los siguientes términos esta última fase de la batalla de Levante:

«Inicia el enemigo su ataque en la dirección general de Segorbe, en forma potentísima y logra la ruptura. Nuestro Cuerpo XIII queda batido y resulta impotente para cerrar, ni siquiera con los refuerzos que se le envían, la brecha creada por el enemigo sobre la carretera general: una gran bolsa

  • 1. Archivo del P.C.E.

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queda constituida en el frente, amenazando cercar a nuestro Cuerpo XVII, situado a la derecha del XIII, en el saliente de Mora. Resiste éste valientemente; pero a medida que su situación se agrava, por su izquierda, cuando el Mando considera su situación insostenible le ordena el repliegue, y puede hacerlo salvando todos sus medios a través de un terreno abrupto y sin disponer apenas de comunicaciones. El ataque lo reproduce el enemigo en dos direcciones, y nuestras tropas, siguiendo las instrucciones del Mando, se amparan en la línea defensiva prevista. Durante diez días el enemigo realizará contra ellas desesperados ataques sin que la defensa ceda. Sólo en algunos puntos de la bolsa de V. Toro y del saliente de Gaudiel logrará pequeñas ventajas. Concentra en seguida sus esfuerzos sobre Viver y Segorbe: la aviación enemiga despliega una abrumadora actividad; nuestras posiciones son prác- ticamente sumergidas en una ola de explosivos. No hay hectárea de terreno que no sea insistentemente bombardeada a lo largo de 20 Kms. de frente. Ninguna posición se libra de tiros de artillería macizos, persistentes, ni del ataque de los tanques, ni de las oleadas de infantería. El ataque culmina en dirección a Viver y los días 20, 21, 22 Y 23 de julio marcan el principal esfuerzo: incesantes oleadas de infantería se suceden y son invariablemente deshechas; los tanques italianos, las Divisiones de flechas, las tropas frescas que el enemigo ha recibido, se estrellan ante la tenacidad de los defensores. En la ermita de San Blas, en un frente de 3 Kms., desde el amanecer, se suceden uno de esos días, sin interrupción, los bombardeos, los tiros de artillería, los ataques de infantería, en medio de una nube de polvo y humo que no desaparece en 14 horas; pero al terminar la jornada, la posición, materialmente deshecha, sigue en nuestro poder y, ante ella, innumerables cadáveres y materiales deshechos evidencian el fracaso del ataque. Madrid revivía en el frente de Viver. Allí quedaría detenida la batalla de Levante, y el propósito enemigo de alcanzar Valencia y Sagunto, pues lejos de poderse rehacer para continuar la ofensiva o volver a golpear con el Cuerpo gallego por la costa, iba a verse sorprendido con nuestra ofensiva del Ebro, que le obligaría a llevar allí sus mejores tropas y dejar suspendido su empeño de conquistar la ciudad de Turia.» [1]

En la batalla de Levante participaron fuerzas del Ejército de Maniobra y del de Levante (que quedaron fundidos el mes de junio) y otras, traídas de los frentes del Centro, Extremadura y Andalucía. Todas ellas, bajo el mando del coronel Menéndez, combatieron con gran coraje y espíritu de sacrificio, que compensaban la inferioridad numérica y la escasez de material bélico. La batalla de Levante en su conjunto significó una victoria de re- sistencia para el Ejército de la República. Los mandos y los soldados, en

  • 1. V. Rojo. España heroica, págs.158-160.

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cooperación con la población civil, llevaron a cabo una vigorosa labor de fortificación que les ayudó a defender el terreno palmo a palmo y hacer lento y costoso el avance enemigo. Como escribe Rojo:

«Levante fue un éxito táctico de carácter defensivo y un triunfo moral en el que la técnica jugó un papel tan elevado como la decisión y la calidad espiritual del combatiente. Se había librado una batalla defensiva metódica, prevista, preparada en un terreno cuidadosamente elegido, con unas fortifica- ciones que respondían inteligentemente a planes de fuego y de contraataques, y en los cuales se habían estudiado hasta los menores detalles, las incidencias que podían derivarse de la lucha y la conducta que en cualquier caso debería observarse. Por eso se triunfó, a pesar de las bajas y del horroroso destrozo que el enemigo ocasionó en las poblaciones, algunas de las cuales quedaron materialmente arrasadas» [1] .

Y más adelante sigue:

«Lo real es que Valencia quedó salvada en la batalla de Levante, y, como tantas veces, el sacrificio inherente a la lucha dejaba abierta otra etapa de esperanza» [2] .

Cuarenta y ocho horas después de haber sido detenido el avance enemigo sobre Valencia, comienza la ofensiva republicana en el Ebro.

La «Charca»

La pérdida de territorio y los avances del enemigo intensificaban, como ya se ha señalado anteriormente, la actividad de quienes no creían en la victoria militar de la República y trataban de negociar el cese de la guerra, sin contar ni con el pueblo ni con el Gobierno ni con el Frente Popular. En aquellos días difíciles, Negrín, acompañado por el general Rojo, permaneció desde el 7 hasta el 21 del mes de junio en la Zona Levantina y Central, visitando distintos frentes, la Flota y las fábricas de Sagunto. Durante la ausencia del jefe del Gobierno, en Barcelona y en el extranjero corrieron rumores de crisis. Se hablaba de la formación de un nuevo gobierno y se barajaban los nombres de Prieto, Besteiró, Martínez Barrio y otros, como protagonistas de un gabinete de mediación. Refiriéndose a esos rumores, Julián Zugazagoitia escribe:

«Según los informes del subsecretario de Gobernación el tole-tole político

lo mueve el propio cuñado del Presidente de la República

...

El mismo Mén-

  • 1. V. Rojo. España heroica, pág. 161.

  • 2. Ibidem.

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dez, que se encuentra irritadísimo, cree saber que las conferencias políticas son frecuentísimas y que en todas ellas la versión de la crisis inminente se cotiza como segura» [1] .

Que en estos proyectos constara el nombre de Prieto como figura relevante, no era casual. Azaña, que era uno de los principales propulsores en España de la corriente partidaria de la «mediación», contaba con Prieto para reemplazar a Negrín. Ya en mayo le había aconsejado que no acep- tase el cargo de embajador de la República Española en México, porque le necesitaba en España [1] . Para dicho cargo Prieto había sido designado por el Consejo de Ministros contando ya con el beneplácito del Gobierno mexicano y con la aprobación de la Comisión Ejecutiva del P.S.O.E. En ausencia de Negrín se sondeó el estado de opinión de los partidos respecto a un eventual cambio ministerial. En la sesión celebrada el 15 de junio, bajo la presidencia de Martínez Barrio, Fernández Clérigo, de Izquierda Republicana, propuso que la Diputación Permanente de las Cortes solicitase de Negrín un informe sobre la situación militar, política e internacional de la República [3] . Esto causó sorpresa en la mayoría de los presentes, pues sólo hacía un mes que el Primer Ministro había expuesto ante ese organismo la situación de la República y recibido un voto de confianza para el Gobierno. Aprobar la propuesta de Fernández Clérigo hubiera sido interpretado como falta de confianza en el Gobierno y por tanto como un motivo de crisis. Así lo consideraron la casi totalidad de los diputados, que no quisieron asumir tal responsabilidad sin contar con el respaldo oficial de sus partidos. En este sentido se manifestaron: Lamoneda (P.S.O.E.), Palomo (LR.), Montiel (P.C.E.) y otros. Únicamente Albornoz apoyó a título personal la proposición, que Fernández Clérigo retiró sin someterla a votación, ya que no encontró apoyo ni siquiera entre los representantes de los partidos republicanos [4] . Por aquellas fechas, en la prensa extranjera se hablaba de un plan inglés sobre la mediación y el armisticio. Es significativo en este sentido que Schevenels expusiera a la delegación del P.S.O.E. y de la U.G.T. que le visitó el 25 de junio en las oficinas de F.S.I.

  • 1. J. Zugazagoitia, libro citado, pág. 429. Se refiere al ministro de Hacienda, Méndez Aspe, de Izquierda Republicana. El cuñado del Presidente de la República era Cipriano Rivas Cherif, quien ya se había distinguido, siendo cónsul general de la República en Gine- bra, por haber hecho gestiones sin consultar con el Gobierno cerca de diplomáticos latinoamericanos, en favor de un armisticio en España. Por haberse extralimitado en sus funciones y comprometido públicamente al Presidente de la República, el Gobierno destituyó en mayo de 1938 a Rivas Cherif, nombrándole para otro cargo.

  • 2. M. Azaña, Obras Completas, t. IV, págs. 881 y 883.

  • 3. Sesión de la Diputación Permanente de las Cortes bajo la Presidencia del Excmo Sr. D. Diego Martínez Barrio, del miércoles 15 de junio de 1938.

  • 4. Ibidem.

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«Hasta ahora Hitler y Mussolini han proclamado que no tolerarían una victoria de los republicanos en España, mientras Francia y la U.R.S.S. han dicho o dado a entender que no tolerarían una victoria del fascismo y de Franco. El día que unos y otros reconozcan que la victoria total del contrario, pero también la propia, es imposible, se habrá creado en cierto modo un terreno preliminar de posible transigencia. Entonces no sería difícil encontrar el medio de imponer un armisticio a los combatientes, que no tendrían más remedio

que aceptarlo si se pusieran de acuerdo para ello las principales potencias:

Francia, Inglaterra, incluso la U.R.S.S. por un lado, y la Alemania e Italia por el otro. Esto implicaría la constitución de un gobierno español «neutral», que

regiría hasta que se aplaquen los rencores y se cicatricen las heridas es el estado de espíritu que existe en el ambiente político.» [1]

...

Este

Sin embargo, era notorio que ni Franco ni sus padrinos estaban dis- puestos a un compromiso y que rechazaban categóricamente semejante idea. Poco antes, el 30 de mayo, Mussolini aseguraba en una recepción de

aviadores españoles que, a pesar de todos los comités (se refería al Comité y subcomité de la No-Intervención), ellos no cesarían en su ayuda a Franco hasta que la bandera fascista ondease sobre las torres más altas de Barce- lona, Valencia y Madrid [2] . Tres días después, el Conde Ciano declaraba oficialmente que Italia se opondría a toda mediación en España lo que vino a confirmarse con el envío de otros cuatro mil hombres de refuerzo al general Berti, jefe del Cuerpo de Ejército italiano [3] . El 20 de junio, el conde Ciano, después de entrevistarse con el em- bajador británico en Roma, escribía en su diario que su conversación con Perth no fue muy favorable para la amistad italo-británica. No creía que

el «duce» estuviera «

dispuesto

a presionar sobre Franco en el sentido

... propuesto por el Gobierno británico, a menos que el armisticio no fuera precedido por la completa capitulación de los rojos.» [4] No obstante, las presiones sobre el Gobierno republicano continuaban y ya no se trataba de «consejos», sino de medidas graves, como la adoptada por el Gobierno de Daladier [5] de cerrar la frontera franco-española el 12 de junio (estuvo abierta desde el 17 de marzo), lo cual tuvo serias consecuencias para el abastecimiento de armas a la República durante la batalla de Levante. Así, las presiones exteriores coincidían en el tiempo con los intentos de constituir un gobierno de compromiso, que preconizaban algunos po- líticos del campo republicano.

  • 1. Archivo del Instituto de Marxismo-Leninismo. Moscú.

  • 2. G. Ciano. Journal politique, págs. 195 y 205.

  • 3. Ibidem, págs. 198 y 202.

  • 4. G. Ciano. Les Archives secretes du Comte Ciano, págs. 213.

  • 5. Daladier había asumido la presidencia del Consejo de Ministros francés el 10 de abril de 1938.

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El 18 de junio Negrín clausuró su viaje por la Zona Centro-Sur con un notable discurso, radiado desde Madrid, en el que expresó plena confianza en el pueblo y dio respuesta a las especulaciones sobre la posibilidad de «un arreglo» con el enemigo.

«Si no se siente entusiasmo por nuestra causa —dijo—, fácil será desviar-

se hacia la transigencia y el arreglo, que —no nos engañamos— nunca será transacción ni acomodo de convivencia, porque el enemigo, el verdadero enemigo, no lo quiere así. Y al español rebelde no se le dejaría pactar». «No. Ese es el camino de la capitulación. ¿y para qué? ¿Para cobrar en la emigración el sosiego perdido? Pero ¿y los millares, los millones de espa- ñoles que tienen puestos en nuestras manos no sólo su tranquilidad y sus esperanzas, sino sus bienes y sus vidas? ¿Olvidamos cuáles son los métodos de persecución y exterminio del nazismo y el fascio? ¿Ignoramos lo que ha sucedido y está sucediendo en Asturias, en Santander y en Vasconia?»

«

...

Para

salvar a España del dominio de otros y de la posible expoliación

por todos, luchamos y venceremos. La seguridad del triunfo la da el propósito

inquebrantable de obtenerla » ...

[1]

El discurso de Negrín fijaba sin equívocos la postura del Gobierno. El día 21, de madrugada, al llegar a Barcelona, Negrín sostuvo con los perio- distas la siguiente conversación:

—»Creíamos señor Presidente, que su estancia en la otra zona se pro- longaría algunos días más. —Eso pensaba yo, en efecto, pero me ha traído el zumbido de los mos- cardones. —¿Y sus impresiones, señor Presidente? —De allí, de las zonas levantina y central, excelentes y reconfortantes. El espíritu de la población civil y de los combatientes es estupendo. La técnica de resistencia, admirable. —De aquí, ¡Psch!. …Ya lo saben ustedes. La charca política se ha agitado mu-

cho ...

Pero de ello vale más no hablar ahora. Sí el pueblo y el Ejército se enteraran,

nos barrerían a todos, y lo harían en justicia

Hay quienes, en su insensatez y en

... su cobardía, no dudan en desbordar la traición y fomentan la descomposición dentro, a la par que intrigan para que nos asfixien desde fuera. —Pero estén tranquilos. El Gobierno tiene bien firmes las riendas.» [2]

Que Negrín tenía sobrados motivos para poner al descubierto lo que él denominó «la charca política» lo confirmaba el mismo día Julián Besteiró en la conversación que sostuvo en Madrid con el senador australiano Elliot, y que Zugazagoitia transcribe:

  • 1. Frente Rojo, 19 de junio de 1938, págs. 1 y 6.

  • 2. Frente Rojo, 21 de junio de 1938.

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

«Preguntado si aceptaría el encargo de formar Gobierno para intentar poner fin a la guerra por una mediación don Julián contestaba afirmativamente, con la sola condición de que le dejasen elegir libremente sus colaboradores. Añadía que se habían hecho varias gestiones para que él, con su criterio, se encargase de constituir un nuevo Gobierno.» [1]

¿Como reaccionaron los partidos políticos, los combatientes y el pueblo en general, ante los chapoteos de la «charca» y las declaraciones de Negrín? El 19 de junio se reunió el Buró Político del C.C. del P.C.E. Después de estudiar el llamamiento lanzado a las organizaciones antifascistas y a todo el pueblo por el Presidente del Gobierno, el Buró Político reiteró:

adhesión inquebrantable al Gobierno de Unión Nacional que preside el doctor Negrín».

«

...

su

Y se dirigió

«a todas las Organizaciones del Partido, a todos los comunistas y simpa- tizantes, para que manifiesten esta adhesión, no solamente con palabras, sino

intensificando su trabajo de ayuda al Gobierno para resolver rápidamente los problemas existentes en el momento actual y comunes a todo el pueblo.» «La mejor ayuda —decía el B.P. — consiste en estrechar los lazos de unidad entre todas las Organizaciones del Frente Popular y particularmente

entre comunistas y socialistas

...

»

«De manera particular el Partido Comunista pide a todos los afiliados y simpatizantes, que residen en el momento actual en Cataluña, que continúen manteniendo con el pueblo y con las autoridades catalanas relaciones ejempla- res de fraternidad, respeto y compresión, combatiendo con energía todas las manifestaciones que los enemigos de la unidad del pueblo español pudieran aprovechar para sembrar recelos entre Cataluña y el resto de España.» [2]

El Comité Nacional del Frente Popular se reunió en la tarde del día 20 de junio y dio a la publicidad la siguiente nota:

«El Frente Popular, como representación genuina de todas las fuerzas antifascistas, muestra, una vez más, su adhesión incondicional al Gobierno del Frente Popular y su conformidad con el reciente discurso de su Presidente, en cuya persona se reitera el saludo a nuestro Gobierno de Unión Nacional, que, en la consigna de resistencia, sintetiza la independencia de España y el porvenir de nuestro pueblo.» [3]

  • 1. J. Zugazagoitia, libro citado, pág. 432.

  • 2. Frente Rojo, 22 de junio de 1938.

  • 3. Ibidem, 21 de junio de 1938.

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Firmaban esta nota: por el Partido Socialista, Manuel Cordero y J. S. Vidarte; por el Partido Comunista, Manuel Delicado y Juan José Manso; por la U.G.T., Felipe Pretel; por la C.N.T., Horacio Prieto; por Izquierda Republicana, Emilio Baeza Medina; por Unión Republicana, Mateo Silva; por la F.A.I., Antonio Prat. El mismo día, la Comisión Ejecutiva de la U.G.T. de España, reunida con carácter extraordinario, examinó el discurso de Negrín pronunciado desde Madrid y acordó:

«Mostrar su absoluta identificación

con la línea política marcada por

... el presidente del Gobierno, ofreciéndole firmemente toda clase de colabora-

ciones para que pueda mantenerse, frente a todas las vacilaciones o reveses

momentáneos, la lucha por la independencia de España

Estamos seguros

... —indicaba el acuerdo— de que a pesar de todas las adversidades del momento,

en nuestra resistencia radica, sin duda alguna, la victoria de la República, y con ella, la libertad de nuestro pueblo.» [1]

El Partido Socialista Unificado de Cataluña aprobó el 20 de junio una resolución de apoyo resuelto

«

...

al

camarada Negrín en la lucha contra los intrigantes capituladores

y por la victoria» [2] .

La C.N.T. también se manifestó contra el cambio de Gobierno. Su Secretario General declaró al P.C.E. que la organización confederal estaba dispuesta a luchar junto con los comunistas contra los partidarios de la capitulación [3] . La Juventud Socialista Unificada de España y la de Cataluña testimo- niaron

«una vez más su fe, su disciplina y su coincidencia con el Gobierno Negrín, con el Gobierno de Unión Nacional que es el Gobierno del pueblo español [4] ».

Los diarios Treball, Solidaridad Obrera, Las Noticias, La Publicitat, La Vanguardia y El Socialista publicaban editoriales y amplios artículos co- mentando favorablemente el discurso de Negrín y su decisión de resistir y vencer al derrotismo, al mismo tiempo que insertaban cartas y telegramas

  • 1. Ibidem.

  • 2. Resolución del P.S.U.C. apoyando al Gobierno de Negrín. (Archivo del P.C.E.)

  • 3. Archivo del P.C.E.

  • 4. Frente Rojo, 21 de junio de 1938.

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de adhesión de innumerables organizaciones políticas, sindicales, de la juventud y de jefes y comisarios de distintos frentes. Quedaba demostrado que el Gobierno de Negrín contaba con el apoyo de las masas y de los partidos del Frente Popular para su política de resistencia y que el intento de desplazado había fracasado. La «charca política» sufrió una derrota. Pero sus integrantes faltos de fe en la victoria del pueblo y persuadidos de que el desenlace de la guerra dependía de la postura que adoptaran los gobernantes de Inglaterra y Fran- cia, continuaron actuando en ese sentido hasta el fin de la guerra.

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II. LA BATALLA DEL EBRO [1]

Los frentes catalanes después del corte

El frente de la zona catalana corría a lo largo de la margen izquierda del Ebro (desde el delta a Mequinenza) y luego por la izquierda del Segre y del Noguera Pallaresa (hasta la frontera con Francia). Las fuerzas que quedaron en Cataluña fueron reorganizadas en la Agrupación de Ejércitos de la Zona Oriental, más comúnmente llamada Agrupación de Ejércitos de Cataluña, bajo el mando del general Juan Hernán- dez Sarabia; constaba de dos Ejércitos: el del Ebro [2] , al mando del teniente coronel Juan Modesto, y el del Este, al mando del coronel Juan Perea. Las fuerzas de este último cubrían desde Termens hasta la frontera francesa, y tenían a su disposición los cuerpos de ejército X, XI y XVIII, al mando del teniente coronel G. Jover, del teniente coronel Francisco Galán y del teniente coronel José del Barrio, respectivamente. El Ejército del Ebro, estaba compuesto por los cuerpos de ejército: V (teniente coronel Enrique Líster); XV (teniente coronel Manuel Tagüeña), y XII (teniente coronel Etelvino Vega) [3] . El comisario del Ejército era Luis

  • 1. Para este capítulo se han empleado fundamentalmente las referencias de los alumnos de la Escuela Militar Frunze, de Moscú, que mandaron unidades o servicios del Ejército de la República durante la citada batalla. Estas referencias inéditas, escritas en 1941, son: Juan Modesto Guilloto, La maniobra del Ebro; Manuel Tagüeña, El XV Cuerpo de Ejército republicano en la batalla del Ebro; Antonio Ortiz, El paso del Ebro por la 42 División; Joaquín Rodríguez, Acciones de la 11 División en la batalla del Ebro; José Bobadilla, El aseguramiento ingeniero del paso del río Ebro por el V.C.E.; Máximo Frutos, El paso del Ebro por la 10 Brigada mixta, asegurando el flanco izquierdo del V.C.E.; Jerónimo Casado, Las acciones del 146 batallón (31 Brigada) en el río Canaletas; Baldomero Garijo, La 1 Brigada mixta en las operaciones del Ebro; Francisco Sánchez Tornas, La actuación de la artillería del V.C.E. en la batalla del Ebro. Al citar estas referencias sólo se mencionará el apellido del autor y la página correspondiente.

  • 2. Bautizado así el 25 de mayo. Juan Modesto. Soy del Quinto Regimiento, pág. 114.

  • 3. El V C.E. había sido reorganizado y quedó compuesto por las divisiones 11, 45 y 46 (esta última trasladada del frente de Lérida). El XV C.E. estaba compuesto por las divisiones 3, 35 y 42, de reciente creación. El XII C.E., después de una profunda reorganización, quedó formado por las di- visiones 44, 16 y la División mixta de carabineros y de infantes de marina (más tarde relevada por la 56 División, recién organizada).

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Delage; Santiago Álvarez, José Fusimaña y Virgilio Llanos lo eran, respecti- vamente, de los cuerpos de ejército V, XV y XII.

La preparación de la ofensiva del Ebro

Para ayudar a las unidades republicanas acosadas en el frente de Levante, era imprescindible activar el frente de Cataluña. El 16 de junio, el E.M.C. dio sus primeras directivas para la operación. Las carencias que por entonces sufría el Ejército del Ebro sobre todo en material flotante, demoraron la ejecución. Estas dilaciones ponían en peligro el secreto operacional (es sorprendente que del 16 de junio al 25 de julio se pudiera mantener el factor sorpresa), pero permitieron prepararla con mayor minuciosidad. Los estados mayores estudiaron detenidamente los ríos, los accesos y los lugares posibles de vadeo, los emplazamientos de protección artillera y los futuros emplazamientos en la otra orilla. Antes de empezar la operación debían quedar montados todos los enlaces telefónicos y ópticos. La falta de pontones y puentes era el problema más arduo, pues se trataba de hacer pasar un río a todo un ejército y abastecerlo después de víveres, pertrechos, hombres, ambulancias, material pesado, etc. Los únicos medios ingenieros con que contaba la Agrupación de Ejércitos de Cataluña consistían en un batallón de pontoneros, el batallón de puentes N° 3 y varias unidades de fortificación [1] . A esta indigencia de medios se unía la falta de caminos que llegasen hasta los puntos designados para el paso y que facilitasen la concentración de la tropa y pertrechos, por lo que las unidades de zapadores agregadas a las brigadas tuvieron que realizar una ingente labor. A pesar que el E.M. del Ejército del Ebro conocía el despliegue [2] de

  • 1. El batallón de pontoneros no tenía ni un solo pontón, ya que los 30 de que estuviera dotado habían sido hundidos con el puente que se tendió en marzo sobre el Ebro, en Amposta, para la retirada de las fuerzas republicanas. Le quedaban un puente de madera sobre cabelletes, de los llamados «de vanguardia», con capacidad de 5 toneladas, una pasarela «de asalto» con flotadores de corcho comprimido, para 1-2 toneladas, y varias compuertas. En cuanto al batallón de puentes N° 3 disponía de un puente de madera para 12 toneladas y otro metálico, desmontable, para 25 toneladas. Bobadilla, pág. 8.

  • 2. EI horario, costumbres, el número de patrullas de les servidores de las armas automáticas, la vida diaria de la primera línea enemiga. Esta tarea fue encomendada, a las divisiones 45 y 42 que cubrían la línea. «En ese terreno la unidad modelo, durante el período de la preparación, fue la 42 División, la nueva

...

»,

dice el teniente coronel Modesto, y agrega

que patrullas de 2 ó 3 hombres se pasaban hasta 3 ó 4 días en esa estrechísima franja de terreno, sin hablar, sin fumar, observando, tratando de entender y sopesar la información obtenida, en las propias narices del enemigo. Quizás también por esto en la zona del XV C.E. la sorpresa fue casi total. (Juan Modesto, libro citado, pág. 175.)

Guerra y revolución en españa (1936-1939)

las fuerzas enemigas, sus reservas y demás circunstancias, faltaban conocer los datos detallados de la inmediata retaguardia, de aquélla a 100 ó 200 metros detrás de su dispositivo de despliegue y en el espacio inmediato entre el río y sus trincheras. Una de las partes más importantes de estos preparativos para la ope- ración corrió a cargo del Comisariado, pues de los participantes se requería mucha disciplina y comprensión. El Ebro no fue un gesto de desesperación, sino una maniobra calcu- lada, serenamente ejecutada por el Ejército Popular. Tanto los comunistas, como los socialistas, los republicanos o los anarquistas, en esta ocasión sólo tenían un objetivo: asestar un golpe al enemigo fascista para recuperar la iniciativa y demostrar que la causa de la República no estaba perdida.

Objetivos y directivas generales de la maniobra

La operación del Ebro tenía como objetivo crear una cabeza de puente lo más fuerte posible en la región de Gandesa y, si después la situación era favorable, restablecer la comunicación terrestre entre Cataluña y la Zona Centro-Sur. En este último caso la línea sería: Fayón-Río Matarraña- Valderrobres-Monroyo-Sierra de San Marcos-Morella-Catí [1] . Se preveía una acción principal que consistía en alcanzar la línea Fayón-Batea-Sierra de Pandols-Benefallet. Posteriormente esta operación se extendería por la línea del río Matarraña-Vértice del Carrascal-Sierra de San Marcos-Catí. También se preveían dos acciones secundarias: una al sur de Mequinenza y otra al norte de Amposta. Y, por fin, una acción complementaria a cargo del Ejército del Centro. La acción principal se llevaría a cabo en dos fases y correría a cargo de dos columnas. Para la primera se destinaban 4 divisiones de infantería, un regimiento de caballería, 4 compañías de tanques y 4 de blindados. Para la segunda, 2 divisiones de infantería, un regimiento de caballería, y dos compañías de tanques. El esfuerzo más importante correría a cargo de la columna 1, en el flanco derecho. Las dos columnas (el XV y el V CC.EE.) operarían con enlace directo entre sus flancos, cooperando la una con la otra. El 19 de julio se comunicó oralmente a los EE.MM. de los cuerpos de ejército V y XV que el paso del Ebro se haría el 24 a las 00.00 horas. El 20 se dio la orden de concentración de las divisiones. Entre los días 20 y 23 se hicieron todos los movimientos de con- centración.

  • 1. Catí es un ayuntamiento del partido de Albocácer, provincia de Castellón de la Plana.

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Los medios de paso asignados a cada C.E. fueron: en Benifallet, 43 barcas; en Ginestar, 107 barcas y 2 pasarelas; en Ascó, 75 barcas y 2 pa- sarelas; en Ribarroja de Ebro, 75 barcas y 2 pasarelas. El 23 por la noche se recibió la orden de aplazar en 24 horas el co- mienzo del paso del río por no haberse podido concentrar aún todos los medios ingenieros.

El paso del Ebro

A las 00.15 del día 25 de julio se inició la maniobra [1] . Las acciones secundarias: