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“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar

,
pero el mar sería menos si le faltara una gota.” - Madre Teresa de Calcuta
Maggiolo, Santa Fe, 7 de octubre de 2015
Estimada Iris:
En representación de la Asociación Cooperadora de la Escuela, como hijo de uno
de los fundadores de esta institución educativa, y también como ex-alumno, tengo el
agrado y la emoción de dirigirte estas palabras, con un profundo sentimiento de
gratitud.
Este agradecimiento se traduce en el fruto del trabajo mancomunado, una tarea
realizada por un grupo de personas, que quedó plasmada en las obras realizadas en el
establecimiento, en las paredes de la Escuela y también en los espectáculos y fiestas
celebradas a lo largo de los muchos años.
Gestionar la dirección de una escuela no siempre es una tarea fácil, pero hoy,
habiendo llegado a este día, habiendo recorrido juntos este camino, puedo afirmar que
la semilla ha dado su fruto, y este fruto será duradero sólo si somos capaces de
defender el ideal para el cual trabajamos y cooperamos.
Ahora bien, podemos hacernos esta pregunta: ¿cuál es el fruto que permanece?
«Detengámonos un momento en esta imagen. El fruto de la vid es la uva, de la que
luego se hace el vino. Para que una buena uva madure, se necesita sol, pero también
lluvia, el día y la noche. Para lograr un vino de calidad, hay que aplastar y prensar la
uva, se requiere la paciencia de la fermentación, los cuidados atentos que sirven a la
maduración. Un buen vino no solamente se caracteriza por la dulzura, sino también
por la riqueza de los matices, la variedad de aromas que se han obtenido en los
procesos de maduración y fermentación. ¿Acaso no es ésta una imagen de la vida
humana? Necesitamos el sol y la lluvia, la serenidad y la dificultad, las etapas de
prueba, y también los tiempos de alegría.»1
Cada uno de los integrantes de esta cooperadora, ha realizado su tarea “codo a
codo” con la dirección escolar, habiendo transcurrido por prósperos caminos, pero
también por situaciones adversas, siempre manteniendo su alto sentido de pertenencia.
La asociación cooperadora pertenece a la escuela y acompaña en su tarea al equipo
directivo.
Acompañar: hacerse compañero. Tanto se habla de los compañeros, palabra que
significa “compartir el pan”. Pienso que la tarea cooperadora es esa, ayudar a compartir
el pan de la educación, para que todo subsista en los pilares de la escuela. Cooperar, no
podemos obrar solos, necesitamos de la ayuda del director y de los demás agentes.
Iris, como directora, seguramente has experimentado la ardua Misión, con
mayúscula, la Misión de formar a los educandos en una sólida y perenne enseñanza,
con una constante paciencia. Conocimientos que no sólo deben quedar en la memoria,
sino también en el corazón. Recordar: volver a pasar por el corazón. Siempre recuerdo
tus clases magistrales de Geografía y los viajes compartidos. Imborrables anécdotas
que quedaron grabadas como una huella en nuestro corazón.

1

La frase es de una homilía de Benedicto XVI, 29 Junio 2009.

Todo este recuerdo, hoy mirando hacia atrás en el tiempo y la distancia, se
puede contemplar. El buen vino está a la vista, muchos de tus ex-alumnos somos en la
actualidad profesionales y docentes, y llevamos el sello distintivo de la 228, la siembra
de la enseñanza que has cultivado en nosotros, con tanto sudor y lágrimas, y de la cual
sos una gran protagonista. «El discípulo no es superior a su maestro y le espera su misma
suerte y, en última instancia, también su mismo dolor.» 2 El maestro experimenta el dolor
de no ser comprendido, de no ser aceptado, de ser perseguido. Sin embargo, podemos
apreciar que no todo está perdido, y seguir apostando las fichas para que la educación
sea el motor que lleve adelante a los jóvenes de hoy, inmersos en esta sociedad tan
vertiginosa.
Estos pensamientos, me llevan a reflexionar con estos versos:
«Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol:
un tiempo para plantar y un tiempo para cosechar;
un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
un tiempo para llorar y un tiempo para reír,
un tiempo para arrojar piedras y un tiempo para juntarlas,
un tiempo para abrazarse y un tiempo para separarse;
un tiempo para buscar y un tiempo para perder,
un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
un tiempo para amar y un tiempo para odiar.» (Cf. Eclesiastés cap. 3)
Pero detrás de cada una de estas acciones está el ser humano, que las realiza y
recibe. San Agustín, el gran maestro de la humanidad, decía: «Ama et fac quod vis» «Ama y haz lo que quieras », y también otra frase: « la educación es dura siembra que empeña
cansancio de verano, pero se hace con pequeños sacrificios de invierno y entrega perseverante.»
Este es un tiempo oportuno para agradecer.
Querida Iris, gracias por tu perseverancia, por tu paciencia y entrega, gracias
por tanto amor derramado para la Escuela, para los alumnos, para los docentes y
asistentes escolares, para los cooperadores. Gracias por tus consejos y tus enseñanzas,
por tus alegrías y tus cariños. Por tu autoridad, que has ejercido como un servicio. No
podemos olvidarnos de tus enojos, de tus recomendaciones y de los sabios consejos,
que siempre hemos tenido en cuenta y hemos puesto en práctica.
En nombre de cada uno de los integrantes de la Comisión cooperadora de esta
nuestra escuela, de los vocales titulares y suplentes, y en nombre de quienes nos
precedieron, de los padres y madres que nos confiaron la educación de sus hijos,
reitero mi deseo de agradecimiento expresado al principio. Mucha felicidad para esta
etapa que está por venir, de todo corazón que seas muy feliz y goces de salud, amor y
alegría, con el cariño de siempre.

Prof. Arnaldo Vaschetto
Asociación Cooperadora de la
Escuela de Educación Secundaria Orientada N° 228.

2

Benedicto XVI, 3 mayo 2009.

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