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Más allá de su mirada

, Jueves 11 de marzo de 2010, por Soledad Jarqín Edgar

Oaxaca – México, 11 mar. 10. AmecoPress.- En el contexto del Día


Internacional de las Mujeres todo sucede y pasa porque confundimos esta
fecha con cualquiera otra, como si se tratara de una festividad parecida al día
del amor o al día de la madre. Ya lo había dicho antes, la supina ignorancia
lleva a esta confusión lamentable y lastimosa.

Así en lugar de derechos reales que favorezcan la igualdad entre mujeres y


hombres, las mujeres que trabajan reciben como “regalo” por esta fecha un día
descanso, otros más imaginativos les mandan flores y los menos enterados
reclaman ¿por qué los hombres no tenemos un día especial?

Peor aún, en un año electoral como el que vivimos en Oaxaca y en otras


entidades del país, no falta quienes se aprovechen este día para acordarse de
que la otra mayoría existe.

En marzo de 1910, mujeres socialistas de 17 países se reunieron en


Copenhague, Dinamarca, para analizar la situación de las mujeres trabajadoras
y decidieron ahí establecer una jornada de lucha por los derechos de las
mujeres. Así nació el Día Internacional de la Mujer, que en 1977 la
Organización de las Naciones Unidas “oficializa”.

En México, en 1916 se realizan dos Congresos Feministas en Mérida, Yucatán,


donde de igual forma las mujeres revisaron la que sería una propuesta de
derechos tanto laborales, como políticos, civiles y sexuales. Sin embargo, años
antes y de manera aislada, las mexicanas habían hecho propuestas
principalmente en materia de derechos políticos.

En este año 2010, se cumple la primera centuria del Día Internacional de las
Mujeres, conmemoración que es actual, en tanto la mayoría de ellas, no
pueden ejercer sus derechos, aun cuando están escritas en la Constitución
Mexicana y en todas las leyes secundarias, además de Tratados, Convenios y
acuerdos internacionales que se han escrito para tener un mundo menos
desigual, en especial para las mujeres.

Por su origen, que no es otro que la reivindicación de los derechos de las


mujeres que aspiramos a una vida mejor, sin discriminación ni desigualdad, es
que cado 8 de marzo conmemoramos la fecha y reiteramos nuestras
demandas.

De ahí que es absurdo el día de descanso, aunque para los sindicatos esa
decisión signifique un logro; es lamentable que mujeres de partidos políticos
locales hagan un pronunciamiento en estos días para demandar atención y no
impunidad, como debo creer, por una o todas las mujeres violentadas. Y,
pregunto, con toda seriedad, en dónde han estado todas esas mujeres de los
partidos políticos en los últimos 30 meses que llevan desaparecidas las
hermanas Ortiz Ramírez. Mujeres indígenas y pobres para quienes la justicia
no ha llegado todavía.

Esta no es una celebración de ahí que sea grotesco que restaurantes,


empresas de cosméticos y de tratamientos estéticos, entre otros muchos se
cuelguen del Día Internacional de la Mujer, para ofrecer sus engañosas
promociones. Sus estrategias de venta están fuera de lugar y sirven sólo para
seguir creando estereotipos de mujeres.

No se vale hacer una “feria de la mujer”, desangelada y patética como gancho


para iniciar una campaña política, como lo hicieron este domingo en el Llano de
Oaxaca. Las mujeres requieren de algo más que espontaneidad y buena
voluntad o incluso caridad, como lo hacen los programas asistencialistas que
promueven los tres niveles de gobierno. Las mujeres no somos ni grupo
vulnerable ni “pobrecitas mujeres”.

El Día Internacional de las Mujeres es para reconocer a las mujeres y para


exigir se salden las deudas, históricas deudas que tienen los gobiernos, las
instituciones educativas y la sociedad entera.

No se mire a sí misma, vea al resto de las mujeres. No piense en usted o las de


su familia que si van a la universidad, piense en las que por vivir en una
sociedad desigual no pueden terminar sus estudios.

No piense en que usted si puede votar, ya es candidata, tiene un puesto


público o es servidora pública de algún gobierno, por favor piense en las otras
mujeres, los millones de mujeres indígenas que esperan de usted, mucho más
de lo que hoy, a cuenta gotas y en migajas se les ha dado.

Siga con ese ejercicio, piense en las mujeres torturadas sexualmente, en las
desaparecidas, en las golpeadas por sus parejas, las que son disminuidas en
su trabajo o vituperadas en la calle, en las que son castigadas en todas las
formas de violencia feminicida o piense en las que han sido asesinadas en este
país. Entonces, espero, comprenderá que todavía tenemos mucho que
caminar, mucho que exigir, mucho que demandar.

Somos como dice la periodista Ana María Portugal “las olvidadas del milenio” y
de varios milenios atrás. Ya vimos, nada se reduce todo crece de forma
negativa y somos las mujeres quienes llevamos sobre nuestros hombros la
carga más pesada que produce diferencia.

Las mujeres queremos decidir sobre nuestros cuerpos y evitar más mujeres
mueran por practicarse abortos en lugares ocultos y clandestinos, queremos
que más jóvenes terminen su educación y no tengan que dejar de estudiar
porque un embarazo producto de violación, muchas veces del incesto, las lleve
alejarse de las aulas.

Como dice la periodista Sara Lovera “las mexicanas nos estamos movilizando
para parar la criminalización del aborto”, criminalización orquestada por
legisladores y legisladoras que no alcanzan a ver más allá de sus propios
intereses; nos enseñan que las otras mujeres no les interesan o no les
interesaban porque ahora, con el proceso electoral, han vuelto la mirada tras
sus votos.

Por eso este día es un acto para reflexionar, para darnos cuenta que el trecho
andado es incipiente, porque cuando caminamos un poco la pared del
patriarcado vuelve aparecer.

Ojalá, como dice la regidora de Equidad y Género en Oaxaca, Bárbara García


Chávez, nos diéramos cuenta que nadie va a luchar los las mujeres, excepto
las mujeres, por eso tenemos que volver la mirada al resto de las mujeres, más
allá de que representen votos.

Así como hay quienes aprovechan la oportunidad y hacen una “fiesta” cada 8
de marzo, hay otras mujeres que trabajan para lograr que la igualdad sea una
realidad en el espacio privado y en el espacio público, lo hacen desde su
conciencia de género, desde su ser mujeres, desde su alianza con las otras
que como ellas coinciden en los mismos objetivos, sin vueltas de tornillo, sin
dobles lenguajes, sin conveniencias políticas o personales.

Por eso es de reconocer a las mujeres de Oaxaca que trabajan en ese objetivo
y lo hacen todos los días, no sólo el 8 de marzo o durante los procesos
electorales.

Son muchas, muchas más, decenas de mujeres, como las magnolias de acero,
guerreras incansables, que desde sus espacios, desde sus organizaciones
hacen todo lo posible, transgreden lo establecido y lo convencional, derriban
barreras, abren caminos, para conseguir la igualdad, el viejo anhelo de las
mujeres que hará posible una sociedad libre y justa.

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