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SEGUNDO PREMIO “OVELLES ELÈCTRIQUES” DE RELATOS DE CIENCIA FICCIÓN, FANTASÍA Y TERROR

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RELATO GANADOR PRIMERA MENCIÓN DE HONOR

“Órbita Koimeterion”

Por José María Pérez Hernández

Madrid

“Las preguntas están claras, y son decepcionantemente simples. Pero las respuestas siempre
han parecido encontrarse más allá de nuestras capacidades.
Hasta ahora”.

Stephen Hawking

Observaban el Anillo, esa delgada línea que dividía el firmamento,


recordándoles que hubo un tiempo en que el hombre viajó al espacio. Sarah
miró a su hermano, su pelo alborotado por la suave brisa de la mañana le
tapaba parte de la cara, pero podía ver cómo su mirada permanecía fija en el
horizonte, allí donde el Anillo se diluía suavemente bajo la luz del alba.

—¡Es hermoso! —dijo Malik.

—¡Sí! ¡Sí que lo es! ¿Por qué lo construirían? —se preguntó Sarah,
repitiendo una vez más la eterna pregunta.

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—Algún día lo sabremos. Iremos allí a verlo —contestó Malik con


decisión. Se apartó los cabellos con una mano y giró la cabeza mostrando su
tez morena. Sus ojos verdes miraron desafiantes a su hermana.

—¿Y cómo piensas ir allí? —dijo ella, sonriendo ante la ingenuidad de


su hermano menor.

—Construiremos naves. Si ellos lo hicieron, nosotros también


podremos... algún día —dijo Malik convencido—. Cuando sepamos qué es,
entonces sabremos para qué lo construyeron.

—Sólo es un gigantesco aro de metal. Los científicos dicen...

—¡Un montón de tonterías! —interrumpió Malik —. Los científicos se


inventan cualquier teoría absurda antes que reconocer su ignorancia.

—¡Ja, Ja! —rió con ganas—. En eso tienes razón, no recuerdo quién
dijo aquello de: “Sólo los hombres muy sabios son capaces de reconocer su ignorancia”.

Sarah pasó el brazo por encima del hombro de su hermano y le abrazó


con ternura mientras pensaba cuánto lo iba a echar de menos. Apenas era un
adolescente, pero mostraba una inteligencia y una madurez impropias de su
edad.

—Incluso para ellos —continuó Malik—, con toda su tecnología, la


construcción del Anillo debió ser un proyecto faraónico. Jamás lo habrían
construido sin una buena razón. Allí arriba se esconde algo importante... —
Malik titubeó un instante— creo que realmente es la puerta a las estrellas.

Malik esperaba que su hermana respondiera burlándose de él. Sin


embargo, Sarah contestó con seriedad:

—¿De verdad crees que se marcharon a las estrellas? Esa teoría del
éxodo masivo a las estrellas no se la cree nadie. Los científicos... bueno la

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mayoría, piensan que fue un virus lo que llevó a la humanidad al borde de la


extinción.

—Pues están todos equivocados. Ellos se fueron... nos abandonaron,


como tú me abandonas ahora —dijo Malik sin poder contener las lágrimas.

—Pero yo volveré —protestó Sarah—. Sólo voy a la universidad.


Quiero ser uno de esos científicos ignorantes que estudian las estrellas.

—Pues yo seré astronauta... y algún día iré al Anillo.

Sarah adoraba a su hermano. Sabía que llegaría lejos, no sólo era


inteligente, sino que mostraba tal determinación en sus propósitos que, a
veces, presentía que lo conseguiría. En aquel momento, no podía saber lo
acertadas que iban a resultar sus premoniciones. Pero, aún tendrían que pasar
muchos años.

———————

Aquella apartada isla era el lugar ideal para la observación del


firmamento. En sus elevadas montañas la atmósfera permanecía
completamente limpia y la ausencia de ciudades evitaba la interferencia
lumínica. Sarah Hawking sabía que aquel era un lugar privilegiado, único en el
mundo y por eso se instalaba allí el mayor telescopio construido hasta la fecha,
o al menos, en la era actual. Sarah se había doctorado en astrofísica y sus
descubrimientos la habían convertido en una eminencia. Con su ambición
científica y su habilidad política había conseguido liderar este proyecto.
Pronto, tendría ante sus ojos la visión más nítida que se había tenido de las
estrellas en mucho tiempo... pero su objetivo no eran las estrellas.

El telescopio estaba prácticamente finalizado. Los ingenieros realizaban


en esos instantes los últimos ajustes de la lente. Faltaba poco para el gran
momento.

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Sarah salió al exterior, necesitaba relajarse un poco. La noche era


perfecta para la observación de las estrellas: estaba despejado, la temperatura
era agradable y no hacía demasiado viento. Contempló la Vía Láctea, fascinada
por la nitidez de la imagen. Sin duda, aquel era un lugar privilegiado. Desde
cualquier otro sitio nuestra galaxia se vería como una mancha borrosa en el
firmamento. Desde allí, sin embargo, a simple vista se distinguía con claridad
cada estrella, cada punto luminoso que la formaba.

Un poco más al sur se divisaba el Anillo, un círculo perfecto que dividía


la bóveda celeste. Su verdadero objeto de estudio, su obsesión desde niña y la
razón de su presencia en aquel apartado rincón del planeta. Cuántos misterios
encerraba aquella inmensa estructura y qué poco sabían de sus constructores,
aquellos antepasados que desaparecieron sin dejar rastro hacía más de veinte
mil años.

El ingeniero jefe interrumpió sus pensamientos:

—Doctora Hawking, el telescopio está listo.

Instantes después la cúpula se abría lentamente al mismo tiempo que se


iban desplegando las secciones del telescopio. Sarah lo orientó hacia el sur y lo
enfocó en el Anillo. Pronto, obtuvo la imagen mas ampliada y nítida que se
tenía hasta entonces.

Se quedó atónita. Aquello no era lo que esperaba.

———————

Malik luchaba con los mandos. La aceleración transversal le aplastaba


brutalmente contra el asiento. La visión se había reducido a un pequeño
círculo de luz dentro de una mancha oscura. Su corazón bombeaba con
fuerza, pero la sangre apenas le llegaba al cerebro. Estaba a punto de perder la

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consciencia cuando divisó el meteorito, se iba a estrellar, pero en un último


instante fue capaz de maniobrar con eficacia y evitar el accidente.

En la Base Aeroespacial, el comandante Hawking superaba las pruebas


de resistencia en el simulador. Un brazo mecánico le hacía girar a gran
velocidad, sometiéndole a una aceleración siete veces superior a la gravedad.
En esas condiciones, y a pesar del intensivo entrenamiento, la mayoría de sus
compañeros habían perdido la coordinación, incluso algunos habían perdido
el conocimiento. Sin embargo, Malik había conseguido superar la prueba.

Los tests psicotécnicos también le señalaban como el hombre


adecuado.

La decisión ya estaba tomada: el comandante Malik Hawking sería el


primer hombre, de su tiempo, en viajar al espacio.

———————

El Comité Internacional de Astrofísica se hallaba reunido en torno a la


mesa oval. Enfrente, una pantalla mostraba las imágenes obtenidas con el
nuevo telescopio. Sarah observó a sus compañeros, sus expresiones eran
serias, a pesar de que se encontraban ante la evidencia de un importante
descubrimiento. No era fácil asimilar lo que estaban viendo.

—Esto invalida todas las teorías formuladas hasta la fecha —dijo el


profesor Klein negando con la cabeza.

—Porque todas las teorías formuladas hasta ahora, son incorrectas —


concluyó Sarah—.No podemos negar la evidencia. Las imágenes son nítidas,
no hay posibilidad de error.

—Podría tratarse de algún defecto del telescopio, posiblemente una


aberración esférica de la lente —sugirió el doctor Yulgen.

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—No, hemos hecho la prueba con diferentes lentes y hemos obtenido


resultados idénticos. Además se repite a lo largo de todo el Anillo. Podemos
asegurar que no se trata de un error sistemático.

—Eso significa que el Anillo no es lo que pensábamos. Tantos años


haciendo cálculos estructurales, analizando la estabilidad orbital... y ahora,
descubrimos que no se trata de una estructura —dijo el profesor Klein, que
aún dudaba de lo que le mostraban sus ojos.

Sarah entendía el recelo de sus compañeros. Siempre se había supuesto


que el Anillo era una especie de aro gigantesco orbitando alrededor de la
Tierra. Sin embargo, las imágenes que había obtenido mostraban con claridad
que el anillo no era más que una infinidad de objetos pequeños y muy
próximos entre sí, girando en la misma órbita.

—¿Tenemos algún dato más? —preguntó la doctora Sato a Sarah,


tratando de evitar más elucubraciones.

Sarah afirmó con la cabeza mientras se acercaba al ordenador y


mostraba una pantalla con algunos números. La doctora Sato era la presidenta
del Comité, una mujer mayor, pero asombrosamente vital y con una
inteligencia extraordinaria. Al igual que Sarah se había mostrado muy reticente
a aceptar las teorías formuladas hasta entonces por sus colegas científicos. Las
dos coincidían en afirmar que lo único que podían asegurar del Anillo, es que
no sabían que era. En cierto modo se complementaban. Sato veía a Sarah
como la continuidad de su espíritu crítico, mientras que Sarah siempre la había
considerado como su mentora y como el modelo a seguir.

—Hemos podido realizar estudios más detallados de la órbita —explicó


Sarah señalando la pantalla—. Como suponíamos se trata de una órbita cuasi-
estacionaria, situada entorno al Ecuador a unos cuarenta mil kilómetros de la
Tierra. La longitud total del anillo es de aproximadamente doscientos

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cincuenta mil kilómetros, mientras que el grosor es de apenas setenta metros.


Las primeras estimaciones indican que está compuesto por varios miles de
millones de piezas cuya masa total debe rondar los ciento cincuenta millones
de toneladas...

Sarah siguió mostrando cálculos durante un buen rato. Al finalizar se


produjo un largo silencio, el orden de las cifras era desconcertante incluso
para quienes estaban habituados a trabajar con magnitudes astronómicas.

—¿No será un basurero? —insinuó la doctora Sato rompiendo el


silencio.

Todos, incluida Sarah se quedaron mirando a la doctora


desconcertados.

—En la Era Espacial de la Antigüedad —continuó Sato esbozando una


ligera sonrisa ante el desconcierto que había provocado —, la órbita
geoestacionaria estaba tan saturada de satélites que se empezaron a producir
colisiones. En documentos hallados recientemente se hablaba de una órbita en
la que se abandonaban los satélites una vez finalizada su vida útil, evitando así
la acumulación de basura espacial en la órbita geoestacionaria. La
denominaron Órbita Koimeterion, o lo que es lo mismo Órbita Cementerio...

Sarah reflexionó por un momento, la idea no parecía descabellada, en


cierto modo era bastante lógica. Si de verdad se fueron, ¿para qué se iban a
llevar la basura? Sin embargo, algo en su interior le decía que aquella no era la
respuesta correcta.

———————

Sarah y Malik se despidieron con un fuerte abrazo. Sarah no pudo


evitar que las lágrimas surcaran su rostro. A pesar de los años y la distancia,

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habían mantenido fuertemente unido el lazo fraterno, hablaban a diario y


seguían compartiendo la misma obsesión: El Anillo.

—Ahora eres tú el que me abandonas —dijo Sarah.

Malik le acababa de confesar el verdadero objetivo de su misión. Los


recientes descubrimientos de Sarah habían despertado la ambición de los
políticos, allí podía estar almacenada e intacta, después de más de veinte mil
años, toda la tecnología y el saber de sus antepasados. La primera nación que
lograra llegar al anillo podría dar un importante salto tecnológico. Por eso, su
misión se había adelantado, ignorando el riesgo que eso implicaba.

—Pero volveré, tan sólo voy a dar un pequeño paseo—dijo Malik con
un guiño de complicidad.

—No hagas tonterías Malik, te estaré vigilando desde aquí abajo —dijo
Sarah forzando la sonrisa.

—No te preocupes hermanita, sé lo que hago. Te traeré noticias frescas


de allí arriba —dijo Malik. Y luego añadió—: Tengo el presentimiento de que
allí está la clave, la explicación de todo.

———————

La cápsula espacial se hallaba orbitando a casi cuarenta mil kilómetros


de la Tierra. En su interior, Malik apenas tenía espacio para él y unos pocos
instrumentos. En esos momentos intentaba igualar la velocidad de la cápsula
con la del Anillo, el proceso de aproximación sería bastante lento.

A través de una pequeña ventanilla toroidal podía observar la Tierra, la


imagen del planeta azul era espectacular. El Anillo pasaba por encima de él y
luego se curvaba en la lejanía de forma que parecía caer en algún lugar de la
Tierra, atravesándola para luego reaparecer por el otro lado. A esa distancia ya

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se veía claramente que el anillo no era una estructura continua, sino que estaba
formado por infinidad de piezas muy similares y ligeramente separadas entre
ellas.

Pero no parecían satélites abandonados.

Visto desde cerca, las piezas adquirían un color dorado muy brillante,
con una superficie rugosa y formas irregulares. Antes de llegar, las formas le
recordaron algo a Malik y en ese momento entendió que era lo que tenía ante
sí... una inmensa amargura se apoderó de él. No era lo que esperaba encontrar.

Horas más tarde, Malik accionaba el brazo robot y lo aproximaba a uno


de los objetos del Anillo. Tenía que confirmar lo que ya se le antojaba
evidente. Lo giró con cuidado, colocándolo a unos centímetros de la
ventanilla. No tardó demasiado en encontrar lo que buscaba: una abertura con
un pequeño cierre de cremallera. Lo abrió con ayuda de las pinzas del brazo
robot y retiró lentamente la bolsa... el cuerpo desnudo de una mujer flotó
frente a él.

———————

—¡¿Criogenizados?! —exclamó Sarah incrédula.

La expresión seria de Malik fue suficiente confirmación. Estaban en una


pequeña sala de la Base Espacial, le habían permitido revelarle la verdad a su
hermana, de todas formas, pronto la harían pública.

—Eso es, ellos no construyeron el Anillo, ellos son el Anillo. Miles de


millones de cuerpos criogenizados flotando en el espacio, conservados a una
temperatura próxima al cero absoluto.

—Pero, ¿por qué? —Sarah se había levantado y paseaba nerviosa por la


habitación.

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—¡El virus! Suponemos que, como pensábamos, la humanidad se


encontró ante una amenaza a la que no pudo hacer frente. Un virus los estaba
matando, caían uno tras otro, no había cura. Estaban condenados. Sólo había
una manera de detener la pandemia.

—Pero eso es absurdo, ¿por qué ir a morir en el espacio?

—Realmente no podemos decir que estén muertos, es cierto que sus


funciones vitales están paradas, pero sus células se conservan intactas. Si fuese
posible revertir el proceso de criogenización...

—Pero eso es imposible.

—¡Ahora, es imposible! Pero, ¿y en el futuro? Quizás exista la manera


de invertir el proceso y curar su enfermedad.

Sarah reflexionó por unos instantes, su hermano tenía razón. La


humanidad no se había suicidado, tan sólo había intentado aprovechar su
última oportunidad.

—Debió ser terrible. No me puedo imaginar a todas esas personas


viajando al espacio, conociendo su terrible destino —dijo Sarah con amargura.

—No tenían opción.

———————

El Anillo se deshacía lentamente, pronto desaparecería para siempre.


Los cuerpos inertes entraban en ignición al contactar con la atmósfera,
brillando por unos instantes antes de desintegrarse.

—A pesar de todo —comentó Malik—, no deja de ser hermoso.

Los dos hermanos, ya ancianos, se habían sentado juntos a ver el


amanecer, contemplando fascinados los últimos días del Anillo.

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—¡Es triste! —dijo ella con tono melancólico.

—No estaba en nuestras manos, estaban muertos mucho antes de que


naciéramos, las radiaciones cósmicas...

—No, no es por ellos. Hacemos lo correcto, por fin podrán descansar


en paz. Pero me cuesta imaginar el cielo sin el Anillo. Le he dedicado toda mi
vida... ¡Mira! —exclamó Sarah señalando hacia el horizonte.

En ese momento, innumerables líneas rojizas resplandecían en el


firmamento superponiéndose a las tenues luces del amanecer. Una hermosa
lluvia de estrellas que marcaba el fin de una era.

—¿Recuerdas cuando pensaba que se habían ido a las estrellas? —


susurró Malik— Pues ya ves, no estaba del todo equivocado.

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