Cynthia Ozick

"Levitación"
Novelista, cuentista y ensayista (es doctora en literatura) estadounidense de ascendencia judio-lituana.
Aunque escritora desde muy joven, empezó a publicar relativamente tarde (pasados los 40). Su obra "El chal"
es considerada una de las referencias de la literatura sobre el Holocausto. A Ozick le interesa mucho "la frase
bien musculada", por ello la crítica la ha calificado en muchas ocasiones como una esteticista heredera de la
tradición modernista representada por Henry James, T. S. Eliot, Ezra Pound o D. H. Lawrence. A eso suma
una personal mirada de la tradición judía, una mirada feminista sobre el mundo y un sentido del humor muy
neoyorkino.
Este cuento es, a decir de David Foster Wallace, un ejemplo de lo mágico de la ficción.
Ozick, como ya mencioné aquí, es una las eternas candidatas al Nobel (aunque como un día lleguen a dárselo
habrá que volver a oír eso de "¿quién es esa a quien nadie conoce? ya están los del premio dándoselo a
completos desconocidos para hacerse los interesantes", a la historia más reciente del premio me remito).

Una pareja de novelistas, marido y mujer, dio una fiesta. El marido era, además, editor; así se
ganaba la vida. Pero, en el fondo, era un novelista. Su carácter no tenia garra; ni siquiera
exteriormente aparentaba ser un editor. Tenía un rostro sencillo, pálido, agradable. Se llamaba
Feingold.
Por amor, así como por haber sabido desde siempre que no quería tener por esposa a una judía, se
casó con la hija de un presbítero. También Lucy había albergado la esperanza de contraer
matrimonio al margen de su tradición. (Éstas fueron sus palabras. "Al margen de mi tradición", dijo.
Esa sola idea a él lo enfebrecía.) Cuando no tenía más que doce años, sintió en lo más hondo que
pertenecía al pueblo de la Biblia. ("Un hebreo", decía. A él, el corazón le dio un brinco, lo meció el
jubilo en sus brazos.) Una noche, desde el púlpito, su padre leyó un salmo; ella, de repente, cayó en
la cuenta de que el salmista se refería a ella; allí, en el acto, se convirtió en una antigua hebrea.
Ella tenia los ojos enormes, atentos, resbaladizos, desconcertantemente luminosos, y el cabello
cobrizo, y una manera grave y apocada de decir las cosas con honestidad.
Eran tímidos los dos, y rara vez daban alguna fiesta.
Cada uno de ellos había publicado una novela. La de ella versaba sobre la vida doméstica; él
escribía sobre los judíos.
Todas las disputas acerca del Estado de la Novela les habían tocado solo de refilón. Por las noches,
después de meter a los niños en la cama, mientras el lavaplatos traqueteaba como un poseso y
exhalaba un peculiar olor a aceite quemado, se sentaban los dos, ella en su mesa y él en la suya, y se
ponían a escribir. Escribían no sin confusiones ni sin laboriosidad; no obstante, con la misma
naturalidad del que se pone a coser y cantar. Los dos se habían consagrado a la exactitud, al

¿Qué era lo que le había llevado a derrochar semejante compasión? ¿Qué clase de educación había recibido? ¿Qué era lo que solía leer? Feingold tenía el propósito de inventarse un diario del compasivo caballero y reproducir citas textuales. al verismo más honesto. arrojándolas en pleno rostro de los asesinos. Por culpa de un enfoque erróneo. al cerrar los cuadernos ya a última hora de la noche. nueve y pico.. en la vida del "compasivo caballero". Hablaban con frecuencia de Lo Prohibido. La novela de Feingold -la que estaba escribiendo..realismo psicológico. Esta dificultad -asirse a una temática concreta. De la mañana a la noche permaneció escondido bajo una pila de cadáveres. sus pasiones. de carne y hueso. La primera persona te estrangula. también. te resulta imposible salirte de tu propia piel. porque te estás dedicando a la primera persona. A veces. hasta que un "compasivo caballero" (tal era el lenguaje de la historia en el que Feingold creía a pies juntillas) lo rescató de allí y se lo llevó a su casa para curarle las heridas. Menachem tenía entonces veinte años. alguien cuyo trabajo diera la impresión de estar en el mundo. pues no sólo les tentaba (sobre todo a Lucy) escribir -de forma solipsista. al narcisismo. Pasado un tiempo. El protagonista tenía que ser alguien real.concernía principalmente a Lucy. su padre. -Claro. Etcétera. un relato triunfal: al final. En ese diario. Narcisismo. su madre y sus cuatro hermanos menores habían sucumbido en aquella noche de terror. A ninguno de los dos le importaba gran cosa lo que le hubiese ocurrido a la novela. uno se veía abocado al solipsismo. y murmuraban con desconfianza acerca de las teorías. en quién sabe qué otros peligros. un banquero. Era. un burócrata. cómo no. de no ser así. el compasivo caballero plasmaría todos sus dones. superviviente de la masacre de judíos que tuvo lugar en Estella. un arquitecto. sin embargo. e incluso al ingenio. como George Eliot y George Henry Lewes. . una ciudad española. cómo envidiaban a Conrad por sus capitanes de barco!). El único principio sobre el que estaban completamente de acuerdo era el de la importancia de no escribir jamás sobre escritores. les daba la impresión de ser amigos o amantes en un plano literario. -Solipsismo -dijo Lucy-.trataba sobre Menachem ben Zarach. -Si vas a contar cómo después de convertirse en erudito se sienta y escribe -protestó Lucy-. -Siete paginas en lo que va de semana. entonces incurres en Lo Prohibido. se deleitaban con las cantidades. Feingold. (¡ah. comenzaron a llamarlo la Ciudad Prohibida. Tedio. En la cama. pero he tenido que tirar cuatro a la papelera. Menachem ben Zarach se convierte en un renombrado erudito. Estaban serenos. sus opiniones privadas. al virtuosismo. es decir. Seis mil judíos habían muerto en un solo día de marzo. A la larga. en 1328. -Yo. Feingold describía bien cómo había transportado un viento manso la fragancia salada de la sangre fresca junto con las cenizas de los hogares judíos. al tedio. a no despertar el más mínimo interés en el público lector. narcisista. sobre todo. afirmó que tenía la intención de concentrarse en la masacre y. Tu compasivo caballero no es más que otro escritor más. pese a todo. ni todas esas aseveraciones acerca de la extinción del Personaje y de la Trama.

Tienen una distribución harto misteriosa. Le ponía nervioso tener que tomar una decisión. Los sonidos giraron y giraron como el mercurio. Los Feingold vivían en Central Park West. Tenían ambos verdadera devoción por la omnisciencia. A Lucy le gustaba especular. Lucy. no en la que estaba escribiendo. en otro apartamento. Se había puesto a cercenar cada párrafo hasta dejarlos tan ralos como los suyos propios. pertenecían todos a Feingold. -Al menos -decía Lucy. Editores. era una estatua de bronce. Resplandeció el horizonte de la cabeza de Feingold. Lucy se consideraba una devota del estilo. abres y te das contra un muro. hasta el aliento esta contenido en una carta. Ahora. Se compadecían de todo escritor que no se hubiera casado con una escritora. Ella nunca le mostraba lo que había escrito. De los fríos fogones han construido anaqueles. ya se sabe: de un calvo solo se puede esperar una prosa calva. cada error implicaba una pérdida de dinero.vivía en el Upper West Side de Estella. rumiar las cosas. Ah. Las paredes de su casa estaban tapizadas por volúmenes y volúmenes de historia hebrea. Hawthorne. libros viejos. había tenido que ser brutal con el autor. Pero los dos sabían cuán afortunados eran por tenerse el uno al otro. Críticos. Freud en el emparrillado.Lucy había descrito en primera persona el lugar en que vivían: Hasta la fecha he visto al menos unos cuantos apartamentos del West Side.partimos de las mismas premisas. Han hecho dos. Lo que de veras le gustaba eran los acontecimientos. Dios. Feingold no.una y otra vez. Arthur Rubinstein vivió aquí. en el fondo. y viceversa. ese peso. Él creía que bastaba con poner una frase tras otra. Tras ese muro alguien ronca a pleno pulmón. Era algo más inteligente que Feingold. Vivía en Estella. Emerson. La suya era una pequeña editorial que jadeaba en pos de los beneficios. antiguos. Columnas aflautadas y fogones. Feingold le había comentado a Lucy que los únicos libros que se respetaban en su empresa eran los que pertenecían a los contables. Hay habitaciones cuyas puertas no conducen a ninguna parte: giras el picaporte. A los desconocidos él les resultaba muy dócil. Se creían. Libros. Vivía en Riverside Drive. el peso. En un piano sobredorado acaricié con sus dedos veloces una sonata de Beethoven. De vez en cuando había intentado manipular alguna novela según su propio gusto. En su editorial no tenia ninguna influencia. -Sabe Dios como dejarías los míos —1e dijo Lucy-. En la novela de ella -en la que había publicado. -El tal compasivo caballero -dijo Lucy. en Central Park West. en tales ocasiones. Feingold no tenía una mentalidad "filosófica”. Marx en el hogar.sobre escritores sino. más concretamente.tediosa y carente de todo interés en lo referente al publico lector. pesados como siglos. niños . en la West End Avenue de Estella. tres y hasta cuatro o cinco apartamentos de lo que en tiempos eran palacios. En los lavabos hay antiquísimas grietas que rielan de humedad como si fueran ríos antiquísimos. cuando guardaba silencio. aunque ninguno de los dos gozara de la suficiente agudeza como para saber a qué se refería con ese término. Rechazaba la mayor parte de los manuscritos porque le daban miedo los errores. Melville. sobre los escritores de Nueva York. Lucy tan solo leía un único libro -Emma.

entre los leones. en los parques. sus libros se saldaban en las rebajas por . a las claras o en secreto. Pasado medio añoo. asimismo. vivía en una buhardilla y tan solo había expuesto una vez.con un teatro de marionetas: podían hacer que sucediera cualquier cosa. en una exposición al aire libre de las que se dan en primavera. la respiración contenida por pura precaución. hacer dar brincos o estremecerse a los personajes que llevaban en las manos enguantadas. Y esto les sorprendía por mezquino y por injusto. Acerca de las suyas propias solían hacer una broma: eran gentes "de segunda fila". sino correctores de pruebas y ayudantes de producción. A lo que sí eran adictos era a una falsa piedad. y ello se debía a que estaban absorbidos por el poder. qué agente había perdido todo su prestigio. los atracadores estaban escondidos detrás de los columpios. quién tenía todas las de terminar por suicidarse. hasta tenía el local en la Segunda Avenida. quién había perdido tres puestos de trabajo uno detrás de otro. Se alimentaban de la lastima y. echaban una mano cuando hiciera falta. y nadie pronunciaba sus nombres. recitar todos los diálogos. El propio editor de Lucy era de segunda fila. No era verdad. así como las lamparas accionadas por medio de relojes para hacer pensar a los ladrones que siempre había alguien en casa. ponían con agrado paños calientes sobre la frente de quien los necesitase. los candados reforzados y las alarmas de la policía en cada puerta. Paul. nadie les preguntaba si tenían trabajo o si había alguna novedad. aunque fuera para comprar una barra de pan. quién era persona non grata en tal o cual revista. sino los hastiados percherones de los pequeños periódicos judíos. Todos sus amigos eran de segunda fila: no eran ni presidentes ni socios siquiera de empresas respetadas. después del anochecer. pero eran otras las personas -¿por qué ellos no?llamadas a las profundas cavernas de Nueva York. Las críticas de sus libros las habían redactado críticos de segunda fila. y casi nunca osaban venir a visitarlos. Cada apartamento era una fortaleza iluminada. macilentos y charlatanes. Eran. a ellos les gustaban sus amigos. y a cualquier persona a la que se hubiera escogido como chivo expiatorio le mostraban sin ninguna moderacion toda la ternura de que eran capaces. Pasos por el pasillo. no eran las águilas resplandecientes de los órganos de expresión intelectual. era posible admirar las luces y las cerraduras. y eran impotentes. nadie sentía por ellos ninguna curiosidad. quién se acostaba con quién. Si se daba el caso de conocer a un pintor. Sus padres vivían en Cleveland y en St. qué otro contaba o no contaba para nada. y ni siquiera había representado ninguna pieza. de las habladurías: quién había estado diez años sin tener hijos. hasta sus ambiciones eran off-off Broadway. los cerrojos triples tras los barrotes de las ventanas. ¡Nueva York! Se jugaban el cuello con solo aventurarse por Broadway. no eran los fieros críticos literarios de frío corazón. qué otro no conseguía que le publicaran su segunda novela. los yonquis portaban las navajas y estaban listos para sacarlas en cualquier momento. extremadamente "psicológicos": prestaban atención con suma amabilidad. el chirrido del ascensor a media noche. quién corría el peligro de que lo despidieran. Feingold tenía un empleo de segunda fila en una empresa de segunda fila. que se ocupaban sólo de las películas. sobre el alambre de espino de las verjas de Washington Square. por tanto. a quién se le desdeñaba. Si por casualidad conocían a un dramaturgo. Todo eso: basura e inadecuación (igualmente podrían haber tenido un césped cubierto de nieve en cualquier otra parte). Se imaginaban estar enamorados de lo que llamaban "imaginación". Se sentían atraídos por las vidas amargadas. sino los comentaristas de diario.

golpeaba contra las paredes de todas las habitaciones. Feingold una camisa amarillo limón sin corbata. El apartamento contaba con un amplio salón central. y a Truman Capote. de color violeta. los que se tragaba un nuevo remolino. los astros. Parecía mas pálido que nunca. Algo estaba cuajando. ¡Judíos y mujeres! Unos y otros estaban fuera de lugar. la anchura de una habitación. llenos hasta reventar de gabardinas y abrigos de piel. No podrían siquiera considerarse olvidados porque nunca habían sido tenidos en cuenta. Feingold la cogió del codo. El comedor estaba algo mejor. vestidas con faldones y capas. No vino ninguno. Los bultos llevaban serios trajes chaqueta. su apartamento se lleno. Los taxis patinaban sobre los charcos de aguanieve. mirar al centro de las cosas. abandonar todo lo concerniente a uno mismo. la moda acechaba. se formó una pila de botas de agua cada vez mas alta. Pasoó al cuarto de estar: estaba prácticamente vacío. ofreciendo una fuente con tacos de queso. sus números de teléfono no figuraban en la guía. Las conversaciones podían engañar a cualquiera: ¡cómo hablaban aquellas gentes! A partir de los giros que tomaban las conversaciones -o por los fragmentos de la conversación que transportaba el aire. a Alfred Kazin y a Leslie Fiedler. la historia -las voces martilleaban y cencerreaban. o simplemente de viaje. a Norman Mailer y a William Styron. junto a la puerta. -¡Es un dispendio! -ella le devolvió la mirada. una falsificación incluso. de ahí se abría el comedor a la izquierda y el cuarto de estar a la derecha. él la perdió. o estaban por el contrario en Praga. algo . a Donald Barthelme y a Jerzy Kosinsky. Mediocridades anónimas. Confeccionaron una lista de lumbreras. con sus bebidas en la mano. sobre una de las camas aún se formó un montón de abrigos enredados que apestaban a mofeta y a cordero. Lucy llevaba una falda larga. La fiesta borboteaba y daba vueltas como el agua en una bañera perezosa. Feingold insistía en sus morbosas investigaciones sobre los autos de fe inquisitoriales en tal o cual plaza de la península Ibérica. el de los hombres disparado y suelto. los remolinos que engullían sucesivamente nuevos remolinos. o en París. cada instante era una permutación en el cuadro viviente que conformaban todas las estatuas exentas o las marionetas que flotaban en la bañera-. o bien tenían contestadores automáticos. Dentro del apartamento. después. Sin embargo. a Susan Sontag. Feingold andaba alicaído. carecían de importancia. Ella misma había creído que la vida interior de una mujer atada a la casa -citaba de nuevo a Emmacontenía las mismas cantidades de comicidad que el cosmos entero. Hicieron falta dos armarios.¡No ha venido nadie! -con gesto de plañidera engulló un taco de queso. La naturaleza humana. Asumió como brillaba todo. los pendientes y las punteras de los zapatos -se maravilló. Lucy andaba con los ojos como platos. Era un sábado por la noche de un noviembre helado. el cabello de las mujeres recogido de diversas formas. aparte de unos cuantos bultos en el sofá. El gran mundo estaba en alguna otra parte. Invitaron a Irving Howe. Era preciso desechar la piedad. Los invitados parecían estatuas exentas en los nichos de una catedral.noventa y nueve centavos. por tal o cual indicio o tal 0 cual sílaba era posible imaginarse el universo entero en el proceso de su definitiva comprensión. Lucy tenia un diagnóstico: estaban ambos hundidos en el gueto. o bien muñecas de cartón. estudiar el poder. pese a saber que todo era una farsa. Invitaron a Norman Podhoretz y a Elizabeth Hardwick. Invitaron a Philip Roth y a Joyce Carol Oates. los manhattans y los martinis. Las tres estancias de la fiesta resplandecían como un tríptico: era como si fuera posible doblar ambas hojas sobre el centro y dejar a todos a oscuras.

. la casa de Coleridge en Highgate. como nadie le preguntaba nada. cháchara teatral..alrededor de la mesa: tazas de café llenas hasta el borde. comenzó a hablar del compasivo caballero. eso a Feingold le gustó. donde Edith Wharton tomaba el té con Henry James.. Basura. Estridentes marionetas. quién dirigía a quién. Bloomsbury. -Cine también -le concedió-.. Habían desaparecido los trajes chaqueta. que se había quedado remoloneando. -Es que no es una fiesta.patatas fritas. frente a la fría chimenea. Allí se habían puesto serios. se percató de la horrorosa vivacidad que imprimían a sus frases en falsete: actores. adquiridos en Boots. Daba la sensación de que aquello iba a convertirse en una visita de rigor. Lucy y Feingold fueron a ver los páramos de las Bronte. ¿Te das cuenta de que no ha venido nadie? En el cuarto de estar había -había habido antes. Una doble hilera de rostros alrededor de la mesa. Lamb House. Tienen ahí toda la comida. Cruzó la tierra de nadie que la separaba del comedor. él odiaba a los actores. Se ha tenido que marchar mucha gente. En el cuarto de estar. opiniones. Hablaban de los gestos de Chaplin. -No la encendemos nunca -dijo Lucy. los palitos de zanahoria los habían engullido todos. Las patatas habían desaparecido. en Rye. -Es horrorosamente temprano -dijo Lucy-. Allí no había nadie aparte de Lucy. es un cóctel. Una aceituna en un platillo. salpimentada con puntos de vista. de los de apio no quedaba ni rastro. en Londres: el año anterior a que naciera su primer hijo. la escalinata de Cambridge en cuyo último piso había vivido Forster). Esta atestado. dijo: la compasión era la conciencia superlativa del . Insensatos. He oído cine. -¿Y encendéis alguna vez esos candelabros? -Eran de la abuela de Jimmy -dijo Lucy-. vacío. No los encendemos nunca. Las voces comenzaron a dar traspiés. Basura. al pasar a diestro y siniestro los tenedores y las servilletas de papel. En el cuarto de estar no queda nada. -¿Es una chimenea de verdad? -les pregunto alguien. y eso es lo que pasa -dijo Feingold. Se sentaron en la alfombra. trozos de tarta en cada plato (los platos que simulaban una vajilla victoriana. -Cine. -Dios santo -dijo él como el que está a punto de ahogarse—. Pero entonces. -Porque se han hecho con la tarta (1). Feingold se desesperaba. -No es exactamente un cóctel ·-dijo Lucy. Un problema de ego. Feingold la partió en dos de un mordisco. -Teatro en el comedor -dijo él-. estúpidos gorgoteos. una discusión en toda regla. qué se iniciaba y dónde. El salón del centro. fue casi humano.

Una llamarada tan clara como una farola blanqueó los rostros de los que estaban sentados en el sofá. Lucy le metió un pedazo de tarta de chocolate en la boca . Una pascua. Tomó el ultimo pedazo. a los judíos los descuartizaron por medio de cuatro caballos. se lo echó en un plato de papel y volvió al cuarto de estar. para empezar. En el comedor había más gentiles. de pronto. al menos de ciertas atrocidades históricas. todos llamados "santitos". -¿No se puede encender la chimenea? -dijo un hombre. No es que él creyera tal cosa. por así decirlo. por ejemplo. Enrolló un Times dominical y le pegó fuego con una cerilla. sino cortarlos sin más en dos. a los niños les hablaba de Jesús. los asientos parecían adensarse de familiaridad. A veces. el crimen de aquel noble francés llamado Draconet. cualquiera que tuviese un mínimo de sentido común -los humanistas y los humoristas. Feingold se sabía innumerables historias acerca de conversiones obligadas. los pintores. o es que. pero eran de los que ni se inmutaban. Pero nadie le contesté. nada había sido creado y el mundo no era mas que una quimera. muchos de ellos pura invención. y que menos de un siglo más tarde los judíos fueran expulsados de Inglaterra. la ilusión de un solipsista? Lucy se sentía incomoda con el amigo del seminario. cómodo. se las bebía como un vampiro. en Mainz. no existía el Creador. tan solo le pareció provocador decir algo original. él era el que había administrado su conversión. incluidas las familias que llevaban siete u ocho generaciones asentadas allí. si no de Dios.desearía apartarse de él. Se preguntó si sería apropiado -¡después de todo. a saber. El pequeño Hugh de Lincoln. sino en uno de esos aburridos autodidactas que vomitan todo lo que leen? Lo estaba haciendo aposta. En el comedor también había judíos. A Feingold le enloquecían estas historias. Miro a su alrededor -sus grandes ojos giraron como ruedas. porque no había venido nadie. en 1279. culpándoles de haber crucificado a un niño cristiano.indagar en qué estado se hallaba el agnosticismo de su amigo del seminario: ¿se trataba tan solo de que Dios había salido de puntillas de la historia. -Claro que sí -dijo Feingold. El Santo Niño de La Guardia. La tarta estaba prácticamente terminada." dijo el Papa. un orgulloso cruzado.y vio que todos los que había en el cuarto de estar eran judíos. aunque fuera un poco embrollado. O. Feingold levantó la mirada. Tenía cierta debilidad por el Papa Clemente IV. Se alegraba de que no existiera un catecismo judío. que había absuelto a los judíos de toda responsabilidad en la Peste Negra. Cualquier persona normal. una barahúnda de ciudadanos quemó una sinagoga bajo el mismo pretexto.propio orgullo.y allí mismo. castró a los hombres y sajó los pechos de las mujeres. Como en Londres. Como en 1285. A Feingold le interesaba que la Carta Magna y la insignia de la vergüenza de los judíos datasen del mismo año. a algunos decidió no mutilarlos. quien en la primavera del año 1247 detuvo a todos los judíos de la provincia de Viena. se sentía como si la hubiese puesto a prueba. acababa de tener uno de sus accesos de fanatismo. Reconoció a un amigo suyo de los tiempos del seminario -uno de los que Lucy llamaba sus "amigos teológicos". ¿En qué se había convertido en aquel instante. estaban en un cóctel!. de los que no se preocupaban nada por la ortodoxia: eran los humoristas. Recriminó a Feingold. hablando del libelo sangriento. a Feingold le entraron ganas de hablar de Dios. de abominaciones. en Munich. ¿Era acaso una reincidente? Fuera como fuese. “La plaga se lleva también a los propios judíos. se sentía a sus anchas ante tales pensamientos. los comentaristas de cine que iban a ver “Polvos tras el biombo” la víspera del Día de la Expiación. Tres siglos atiborrados de niños mártires beatificados. dos años antes. Allí estaba. y cada encuentro era como una nueva etapa dentro de un examen perpetuo.

El amigo del seminario. El amigo del seminario había venido con un amigo suyo. Las cuencas de los ojos. por algo era novelista. sadismo. Pese a todo. El rostro de Jesús.. El refugiado estaba devanando un relato. contenía un misterio grato y suficiente-. unos dientes tan ordenados y expresivos. Lucy lo examinó: sabia catequizar por su cuenta y riesgo. y era preciso ser testigo de ella a través de la imaginación. a que se compadecían de sí mismos a cada momento. La misma pala mecánica apilando los mismos esqueletos. escuché. Ese era el único medio por el que Lucy conseguía entenderlo: de otro modo. los cuerpos cayendo unos tras otros de los clavos ensangrentados. un barranco. ella lo estaba porque su cerebro ardía. Era una genuina tarta sin manteca de cerdo. Reservó este descubrimiento (el parecido existente entre los ministros presbiterianos y los refugiados huidos de Hitler) para comentarlo más tarde con Feingold: era debidamente analítico. Como si (Lucy tomó la imagen del casi inaudible aliento que era aquella voz en su susurro) centenares y centenares de crucifixiones estuviesen teniendo lugar al mismo tiempo. En vez de cabeza. pensó que. La nariz como la de un santo.como portones de hierro -una voz con tal nobleza que a Lucy le hizo pensar al punto en ese sobrecogedor pasaje del Génesis en el que la voz del Señor se adentra por el Edén a la caída de la tarde. entre ellos. Ellos se mantenían en tensión a todas horas. Vaya huesos. Cada judío era Jesús. para asegurarse de que no les faltaría de comer. una colina llena de matas ralas. se trataba tan solo de una película. eso es lo que había en todos los rostros. -Yo fui testigo -dijo-. cadáveres. Sintió pena por lo tensos que podían llegar a estar los judíos. Dedos como largas velas. nadie volvería a sentir nada ante aquello. porque intentaba forjarse imágenes mentales. una calavera. Lucy volvió a mirar a su alrededor. por mas que ella estuviese también tensa. incluso las gentes más sencillas estarían tan tensas como cualquier novelista. lamía con avidez su pedazo de tarta. yo soy testigo -horror. La crueldad provenía de la imaginación. -Fíjense en los tiempos modernos -urgió la voz-. Lo que contó era exactamente igual que en las películas. Era una tarta traída de casa. Todos estaban famélicos. ¿no se debería a que habían sido Elegidos. negras: ¿acaso era ciego? Era difícil saber donde se hallaban los ojos bajo aquella cornisa frontal. pero una boca tan mullida. el mismo niño con su gorra. unos labios así. Era la voz de Feingold: la voz que estaba esperando Feingold. a cada paso que daban? Compasión y sorpresa. Cerrados -dijo. los cinturones negros y . Todos se acercaron mas para oírle mejor. pues no en vano era una novelista. Ella había visto todas las películas. Todos le recordaban a su padre. Susurró algo. desmochados por las uñas. Sin embargo. que su mujer había empaquetado en un envase de plástico.para hacerlo callar.. Fíjense en el ayer -Lucy estaba en lo cierto: podía reconocer a un refugiado en un abrir y cerrar de ojos. Visualicé un cerro con una multitud de cruces. Una escena gris. Ayer -dijo el refugiado.los ojos de Dios estaban cerrados -y Lucy le vio cerrar sus ojos ocultos en sus cavernas-. y la verdad era que no lograba sentir nada. llama a Adán y le dice: “¿Donde estás?" Todos lo escucharon con gran expectación. Catequizó y catalogó: un refugiado. mas pragmático. la Cristiandad se desmoronaría. Feingold esperaba una réplica. la boca torcida y las manos en alto -de haber estado presente una cámara en la Crucifixión. El fuego reducía a cenizas los pedazos de papel. antes de oír ningún acento. Los alemanes con sus cascos.

se alejaba cada vez más en la pura verticalidad. los guantes. todos entremezclados. con el meneo de sus raíces sucias. polvoriento y peludo. se le van de nuevo. No lo tocan. New Jersey. una pareja de mediana edad. colocó una bota alemana al borde del barranco. a salvo de la brisa. Ahí estaban. como si fueran ya de piedra. "esta cámara de judíos". Luego dejo que tronaran los disparos. Durante un rato. como una cámara. sin el menor contacto. las ropas que llevaban hechas jirones aunque inmóviles. a aquellos judíos. Un puñado de judíos andrajosos al borde del barranco -una abuela. Se sintió a solas y abajo. como fardos. Ha leído en alguna parte que las palomas urbanas transmiten meningitis. un niño o dos. la voz del refugiado los sostuvo de tal manera que no quedaba otro remedio que mirar. al barranco. Todos los rostros tintados de grisura. los miembros desparramados al azar. La negra habitación subía y subía sin cesar. llevándose a los judíos ¿Por qué no se la llevaba también a ella? Tan solo Jesús podía llevarla a ella. Durante su sueño. como si estuviesen ya bajo la tierra. contrajo la enfermedad del sueño por haber tocado un pichón. y Lucy y los niños encuentran sitio en uno de los bancos y esperan a que comience la música. todos como encias de piedra sin ruegos ni oraciones. ha pasado de ser un niño a ser un adolescente. Atravesaba las figuras por medio de su susurro. La habitación ascendía. más remota. pero dentro de la iluminación de Lucy los chicos persiguen pájaros. se podían ver sus fosas nasales. se encumbraba y elevaba a los judíos. La habitación sigue levitando. echando una siesta. un sombrío asterisco de piedra hecho de judíos. Lucy se lo ha prohibido. Ascendió igual que el arca sobre las aguas. A Lucy se le escapan. pasados seis años. Allá en lo alto se hacía cada vez más pequeña. La voz del refugiado.lustrosos. mientras la habitación flotaba hacia arriba. y la arena cayó sobre la familia de fardos. Un chico pequeño de Red Bank. el pedregoso reborde de las orejas de los niños. un mensajero de la tierra de los muertos. Su voz obligó a Lucy a mirar y a mirar. sigue dormido. Echó la cabeza hacia atrás y la siguió ¿No iba a chocar contra el piso de arriba? Era como ver un ascensor desde abajo. Los estaba secuestrando. Ascendió. el horroroso palitroque que tenía la anciana por cuello. Las figuras no vacilaron. la abuela marginada. Luego Lucy se fijó en los dedos de todos los que le estaban atendiendo: todos tenían los dedos extendidos. sin pedir nada a nadie y sin que nadie le pidiese nada. Rodean a un pichón. abiertas como las de las calaveras. Ya estaba a la sombra de otro cuento: ella se hizo la promesa de no escuchar. Lucy tuvo una iluminación: se vio a sí misma con los niños en un pequeño parque de la ciudad. vuelve a tenerlos al alcance de la mano. Acto seguido formaron un montón. Bajo el alero que ascendía. bajo la tarima. El murmullo del refugiado los esculpía: ahí estaban. Se iba librando de ella. Le dio la impresión de que la habitación comenzaba a levitar sobre los granitos que dejaba el susurro del refugiado. de que tan solo Jesús podría hacerla escuchar. la pubertad le ha sobrevenido mientras dormía. no temblaron siquiera: su petrificación se quebró de pronto y cayeron limpiamente. Feingold se había quedado en casa. el padre y la madre agarrados a las manos de los niños aunque extraños el uno para el otro. Pegó unas cuantas patadas. Un domingo por la tarde a principios de mayo. una sombra benigna y rubia le florece en las . La bota desprendió algo de arena. La gloria de su martirio. El hombre tenía poder. Lucy lo vio mentalmente. los rastrojos del campo grises. se le han bajado los testículos. La sala comenzó a elevarse.

Así entrelazados. con las camisas empapadas de sudor y los pantalones arrugados y llenos de polvo. El sigue dormido. Miran al hombre de las campanillas en los dedos. los que bailan cantan. E1 viejo que lleva las campanillas en los dedos señala las polvorientas punteras de sus zapatos. Cantarán las canciones que celebran a la Madonna del Amor. Los han traído de Messina. se menean. Tañirán los intrumentos que alejan a los lobos del rebaño. Tienen narices y orejas que parecen barro retorcido y reseco. Algunos son jóvenes. Lucy se . un vientre contra otro. Las canciones. y la acaricia y la zarandea. la dadora de fertilidad y fecundidad. que no han venido los músicos. Uno es muy viejo. lleva unas campanillas en los dedos. se encuentran también en algunas zonas de África. vencidos por la presión de los dedos. Una mujer aparece en el escenario. el lenguaje ha sobrevivido en las viejas canciones. Todos aplauden. descendiente de las campanas que los sacerdotes tañían en el templo de Minerva. Todo el coro de campesinos canta en un dialecto del griego arcaico. como un sube y baja. y que produce un sonsonete de carraca. Comienza a sonar una música desacostumbrada. asciende. explica. La muchedumbre que se ha congregado para el espectáculo ríe y toca las palmas y lleva el ritmo con el pie. Festejan a la Madonna. Cantarán y bailarán y tocarán tal como suelen hacer cuando bajan de los cerros y se reúnen en las tabernas. Los cantantes gimen y se quejan como árabes. sonríen con esa sonrisa drogada que tienen los derviches. ningún músico. se agachan y se levantan. neoyorquinos de Nápoles. Son pastores de ovejas y de cabras. Es una antropóloga del Smithsonian Institute. Otro sopla al tiempo por dos tubos largos y delgados. Tiene los ojos en trance. y cada uno de ellos salta con el pie que le queda libre. ven como el miembro de madera se balancea de arriba a abajo. De sus labios fluyen antiguas sílabas helénicas. El lamento y los gemidos siguen sonando. Profiere gritos elásticos. la antropóloga comenta que la conquista árabe llegó a ocupar la porción situada más al sur de la bota italiana durante más de doscientos años. La antropóloga explica que estas danzas verticales. Explica que no se celebrará el "espectáculo" tal como es costumbre. Otro lleva un juego de campanillas de bicicleta. El parque se ha llenado de italianos -sicilianos bisoños. más y más aprisa. Se entrelazan las piernas. Sus padres lloran y lloran. no sonríen. Calabria y Sicilia en Nueva York. aunque sin esposas. de los cuales el del centro bate contra los otros dos. la antropóloga del Smithsonian se ha desvanecido. mas bien maduros. se ponen en cuclillas y se levantan. se sienta en cuclillas. Los que representen el espectáculo no serán artistas. Un par de bailarines acaba de agarrarse el uno al otro. Siguen a las ovejas por entre la alta hierba. patalean. Chasquean los dedos y se menean. Explica el instrumento "masculino": tres batientes de madera. Tienen dientes de oro. explica la antropóloga. los más. Por la noche beben vino en las tabernas. de Calabria. La antropóloga sigue explicándolo todo. Todos tienen el rostro adusto. No se ve ningún instrumento. en Washington D. llenas de cráteres y grietas.C. y comienza lentamente a trazar un círculo. son fundamentalmente eróticas Los bailes son muy sugestivos. hacen chasquear los dedos. ya no aparece en la iluminación de Lucy. Otro lleva una larga correa. serán "campesinos de carne y hueso". correosas. dan vueltas y más vueltas. Los que cantan son los que bailan. Un pueblo antiguo. jadeando ante extraños que jamás han percibido el dulce aroma de las hierbas que crecen en sus pueblos! Ahora. Uno tiene un instrumento parecido a un utensilio para batir la mantequilla: tiene un palo que mete y saca por un agujero que hay en el tubo de madera que lleva bajo el brazo. Sus pieles son gruesas. No tienen dientes. Aplauden. Una docena de hombres desfila por el escenario.mejillas. En su hogar cultivan flores. muy altos.

a frotar. sin parar. están atestados de insectos. Afrodita. caac. piensa ahora en su padre. ¡Qué terrible haber abandonado a Jesús. grazna alguno débilmente allá en lo alto. un agujero. todos empezaban a quedarse sin recursos. como ha perdido la verdadera religión por causa del Dios de los judíos Los chicos están boca abajo sobre la hierba. Cavan y cavan: hacen agujeritos y dejan un montón de tierra suelta al lado de cada hoyo. ¿Cuánto tiempo son capaces de seguir dando vueltas a lo mismo? ¿Cuánto tiempo? Un morboso rumiar. Comprende. La naturaleza es su pulso. Aún quedaba un poco de queso en un plato. Se contorsionan. con huesos de cereza y de ciruela. así. en nombre del vientre de la diosa. Es ella la que hace que los hombres de negocios -los pastores de los hombres de negocios. La palabra es menos humana. pese a todo. Dentro de la iluminación de Lucy. Todo eso es mas cansino que una oración. Él siempre dice esta palabra. Se halla muy alto. es más bien el chillido de un animal. Le sobreviene una iluminación absoluta. Los bancos huelen a fruta recién cogida. a jugos frutales. Muerte y muerte y muerte. desde siempre y hasta siempre. extremadamente pequeño. los corderos y los niños recién nacidos. a las inundaciones. En nombre de la diosa. que canta los mismos himnos semana tras semana. Dios que se encarna en la naturaleza para hacerse un dios! Jesús.se vayan de parranda y hagan relucir sus dientes de oro. "Holocausto". Allí olía a rancio. Ella es el río y la cascada. y las voces de los que van a bordo son tan débiles que Lucy casi las pierde del todo. dices? -Yo nunca lo he visto. La repetición disminuye el poder de convicción. Lucy ve. poco mayor que la luna sobre el pulgar de Lucy. entiende: los dioses son Dios. el graznido de un cuervo. escarbando el suelo con unos palos. . hecho de tierra. También se le ha escapado el cuarto de estar. Pero sabe. a agitar y a rascar objetos para extraerles la música. -Ese es el impacto del individualismo romántico -objetaba uno de los humanistas. una piedra? ¡Todo es milagro! Lucy ve de qué manera ha abandonado la naturaleza. una semilla. a un hombre como éstos. un carozo. a las avalanchas. Los sicilianos y los napolitanos recogen sus bolsas y sus cestas y se marchan. se convierten en serpientes. entiende qué es eterno: antes de la Madonna era Venus. Sigue elevándose hacia lo alto. no que sus rostros y sus pies y sus cuellos y sus manos sean de hierba y de tierra roja. Si uno dijera las mismas oraciones una y otra vez. con un pulso como el de éstos. a batir. no le da vergüenza reconocerlo. Actos de Dios. un fracaso de fiesta. El escenario esta limpio. una y otra vez. Bebían cerveza o coca-cola o whisky con agua y jugueteaban con las migajas de pastel que habían quedado sobre la mesa. Esta exaltada. ella se da cuenta de que debe de ser Feingold.siente glorificada. Es ella la que les induce a soplar. antes de Afrodita. los bailarines se retuercen. Le aburren los fusilamientos y el gas y los campos. Pertenece a las tormentas. Son de tierra. -¿En el Frick. igual que éstos. qué palabra es la que usan por encima de todas las demás. Cuando crecen son todavía de tierra. no más milagroso que un pastor normal y corriente. Astarté. Los llenan con huesos de albaricoque. antes de Venus. No que los músicos sean campesinos. y medio cuenco de cacahuetes. La historia le sienta mal: ¡qué poco le instruye! Lucy decide que es posible terminar hastiado de la atrocidad. ¿no terminaría por convertírsele el cerebro en una lamentable rueda de oraciones? En el comedor. Caac. El vientre de la diosa es el jardín. ¿es un pastor un milagro? ¿Lo es una hoja? ¿Una nuez.

significa también “llevarse el gato al agua. Le daba pavor que la asaltasen en el sótano mientras hacía la colada. Sus palabras son motas de polvo. Una dibujante. Frase hecha que. Qué alivio. -Dile adiós de mi parte. -¿Dónde se ha metido Jimmy? -preguntó la dibujante. en sentido figurado. que trabajaba con Feingold. En el suelo se formaba un charquito de salsa caída de un plato. no os preocupéis -dijo Lucy-. entró con un abrigo. trató de sintonizar. Lucy." . encargada de las cubiertas. oír charlar a los ateos. yo me encargo de recogerlo. -En la otra sala. abandonándose contra la puerta. Allá en lo alto. Feingold la había invitado porque hacía muy poco que se había divorciado. le daba miedo vivir sola. Los humanistas -Lucy cayó en la cuenta de lo compasivos caballeros que eran todos. ¿quieres? -Adiós -dijo Lucy. (1) "They‘ve got the cake".se levantaron. no hace falta que yo lo diga. Todos los judíos están en las nubes. Feingold y el refugiado viajan por los aires. -Oh.-Sin duda que lo hacen adrede.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful