LA ÚLTIMA NIEBLA

MARÍA LUISA BOMBAL
El vendaval de la noche anterior había remojado las tejas de la vieja casa de campo.
Cuando llegamos, la lluvia goteaba en todos los cuartos.
—Los techos no están preparados para un invierno semejante —dijeron los criados al
introducirnos en la sala, y como echaran sobre mí una mirada de extrañeza, Daniel
explicó rápidamente:
—Mi prima y yo nos casamos esta mañana. Tuve dos segundos de perplejidad.
—"Por muy poca importancia que se haya dado a nuestro repentino enlace, Daniel debió
haber advertido a su gente" —pensé, escandalizada.
A la verdad, desde que el coche franqueó los límites de la hacienda, mi marido se había
mostrado nervioso, casi agresivo.
Y era natural.
Hacía apenas un año efectuaba el mismo trayecto con su primera mujer; aquella
muchacha huraña y flaca a quien adoraba, y que debiera morir tan inesperadamente
tres meses después. Pero ahora, ahora hay algo como de recelo en la mirada con que me
envuelve de pies a cabeza. Es la mirada hostil con la que de costumbre acoge siempre a
todo extranjero.
—¿Qué te pasa? —le pregunto.
—Te miro —me contesta—. Te miro y pienso que te conozco
demasiado...
Lo sacude un escalofrío. Se allega a la chimenea y mientras se empeña en avivar la
llama azulada que ahuma unos leños empapados, prosigue con mucha calma:
—Hasta los ocho años, nos bañaron a un tiempo en la misma bañadera.
Luego, verano tras verano, ocultos de bruces en la maleza, Felipe y yo te hemos
acechado y visto zambullirse en el río a todas las muchachas de la familia. No necesito ni
siquiera desnudarte. De ti conozco hasta la cicatriz de tu operación de apendicitis.
Mi cansancio es tan grande que en lugar de contestar prefiero dejarme caer en un sillón.
A mi vez, miro este cuerpo de hombre que se mueve delante de mí. Este cuerpo grande
y un poco torpe yo también lo conozco de memoria; yo también lo he visto crecer y
desarrollarse. Desde hace años, no me canso de repetir que si Daniel no procura
mantenerse
derecho terminará por ser jorobado. Y como a menudo enredé en ellos dedos
temblorosos de rabia, conozco la resistencia de sus cabellos rubios, ásperos y crespos.
En él, sin embargo, esa especie de inquietud en los movimientos, esa mirada
angustiada, son algo nuevo para mí.
Cuando era niño, Daniel no temía a los fantasmas ni a los muebles que crujen en la
oscuridad durante la noche. Desde la muerte de su mujer, diríase que tiene siempre
miedo de estar solo.
Pasamos a una segunda habitación más fría aún que la primera.
Comemos sin hablar.
—¿Te aburres? —interroga de improviso mi marido.
—Estoy extenuada —contesto.
Apoyados los codos en la mesa, me mira fijamente largo rato y vuelve a interrogarme:
—¿Para qué nos casamos?
—Por casarnos —respondo.
Daniel deja escapar una pequeña risa.
—¿Sabes que has tenido una gran suerte al casarte conmigo?
—Sí, lo sé —replico, cayéndome de sueño.
—¿Te hubiera gustado ser una solterona arrugada, que teje para los
pobres de la hacienda?
Me encojo de hombros.
—Ese es el porvenir que aguarda a tus hermanas...
Permanezco muda. No me hacen ya el menor efecto las frases cáusticas con que me
turbaba no hace aún quince días.
Una nueva y violenta racha de lluvia se descarga contra los vidrios. Allá, en el fondo del
parque, oigo acercarse y alejarse el incesante ladrido de los perros. Daniel se levanta y
toma la lámpara.
Echa a andar. Mientras lo sigo, arrebujada en la vieja manta de vicuña, que me echara
compasivamente sobre los hombros la buena mujer que nos sirviera una comida

reacciono violentamente contra el asalto de la niebla. Y porque me ataca por vez primera. . Tardo un segundo en comprender que está llorando. cuando me despierto. me informan que. sentada bajo el emparrado. que apacigua el trote de su caballo para gritarme que su hermano Felipe.era tal vez su causa. desde hace mucho. ¡Yo existo. más que el llanto de mi marido. tratando de persuadirme de que la actitud más discreta está en fingir una absoluta ignorancia de su dolor. Me desvisto. pisando firme y fuerte. me sugiere de pronto la palabra silencio. Cierta noche. Esta muerta. han venido a visitarnos de paso para la ciudad. No obstante. Tengo miedo. Pero. ¡feliz!. sin balbucir una palabra de consuelo. abriéndome paso con nerviosa precipitación entre mudos enlutados. con mucha calma desenmaraña las guedejas negras. sobre la cual no se me ocurriría inclinarme para llamarla porque parece que no hubiera vivido nunca. Emprendo una carrera desesperada hacia mi casa. Esquivo siluetas de árboles. Lo dejo pasar al cuarto contiguo sin esbozar un gesto hacia él. al rayar el alba. un silencio aterrador que empieza a crecer en el cuarto y dentro de mi cabeza. de volver a encontrar el mismo sueño. Sin embargo. A la mañana siguiente. que la cabellera medio desatada de Regina queda prendida a los botones de la chaqueta de un desconocido. Diviso a mi marido. que de pronto alargo la mano para convencerme de que existen realmente. Desciendo la pequeña colina sobre la cual la casa está aislada entre cipreses. mientras dormía. un silencio de años. En la penumbra. Un soplo frío me azota la frente. algo que. tocándome casi. alcanzo la puerta.improvisada. En aquella inmovilidad y también en la de esa muerta estirada allá arriba. un muchacho alto y muy moreno. Sin ruido. flota en mí una turbia inquietud. los miro. y aparta de su pecho la cabeza de su amante. todo continúa mudo y mi pie arrastra hojas caídas que no crujen porque están húmedas y como en descomposición. la felicidad no es más que tener un cuerpo joven y esbelto y ágil. una sutil neblina ha diluido el paisaje y el silencio es aún mas inmenso. Me acerco y miro. sin saber cómo. con tan poca destreza. suelta la lámpara y vuelve rápidamente la cabeza. en cuya tapa han encajado un vidrio para que sus conocidos puedan contemplar su postrera expresión. la cara de un muerto. yo existo —digo en voz alta— y soy bella y feliz! Sí. por primera vez. Atravieso casi corriendo el jardín. El. inmóvil. sin ni un toque de sombra en los anchos párpados cerrados. a la par que una especie de ronquido que no alcanza a reprimir le desgarra la garganta. Está lívido y parece sufrir. un gran silencio. de siglos. para despertar un eco. y me voy. Al entrar en el dormitorio. Pero en mi fuero interno algo me dice que ésta es también la actitud más cómoda. Entro al salón por la puerta que abre sobre el macizo de rododendros. en ese largo estuche de madera. Y entonces. me deslizo instantáneamente en el sueño. borrosas. Me aparto de él. Veo un rostro descolorido. compruebo con sorpresa que sus sarcasmos no hacen sino revolverse contra él mismo. Un rostro vacío de todo sentimiento. después de haber tropezado con horribles coronas de flores artificiales. como una tumba. a bosque traviesa. dos sombras se apartan bruscamente una de otra. me molesta la idea de mi propio egoísmo. me acuesto y. La mujer de Felipe opone a mi mirada otra mirada llena de cólera. abro la verja. afuera. Sobrecogida. hay a mi lado un surco vacío en el lecho. Le miro extrañada. de alas de color de otoño. traté en vano de recordarlo. vislumbré algo. con su mujer y un amigo. se inclina. Retrocedo y. hay como un peligro oculto. Tengo miedo nuevamente. a tal punto estáticas. Una vez despierta. Y ahora hela aquí aprisionada. Silencio. también en vano. Noche a noche he tratado. Daniel salió camino del pueblo. ha pasado sobre mí un pájaro de alas rojizas. * * * La muchacha que yace en ese ataúd blanco. no hace dos días coloreaba tarjetas postales.

por fin. a su primera mujer que. hubiera gustado al amante de Regina. Parece que me hubieran vertido fuego dentro de las venas. Salgo al jardín. Me miro al espejo atentamente y compruebo angustiada que mis cabellos han perdido ese leve tinte rojo que les comunicaba un extraño fulgor. entonces. desprende de ella aromas profundos y mojados. todas. Van a oscurecerse cada día más.. las plantas acuáticas me enlazan el torso con sus largas raíces. No me sabía tan blanca y tan hermosa. Me interno en la bruma y de pronto un rayo de sol se enciende al través. Regina está tocando de memoria. Me fatigo inútilmente. sin poder nunca hallarlos. A la madrugada.. como si estuviera siempre viviendo una hora de violencia interior. se allega a mí casi hasta tocarme. Me acomete una extraña languidez. ¡Con qué rapidez la estación va acortando los días! Ya empieza a incendiarse el poniente. A su juego confuso e incierto. su marido y el mío fuman sin escucharla. huyo. Entonces me quito las ropas. Durante el almuerzo no cesa de protestar ásperamente contra los caprichos intempestivos de nuestros maridos. no habrá nadie que diga que tengo lindo pelo. El agua alarga mis formas. temiendo exasperarla con lo que ella llama mi candor. ahora los miro. Junto con él. Mis cabellos se han oscurecido. Recuerdo entonces que los hombres debían salir de caza. Mi peinado se me antojaba. ¡Oh. Un gran silencio me despierta.Pienso en la trenza demasiado apretada que corona sin gracia mi cabeza. Me besa la nuca y sube hasta mi frente el aliento fresco del agua. ayudando en pensamiento a Daniel. que toman proporciones irreales. por una pendiente sin fin. Como brazos de seda. hasta que mi carne se tiñe del mismo resplandor que flota entre los árboles. Muy lacios y apegados a las sienes. desato mis cabellos. abro cajones y busco mil objetos. que envuelve en deseo cada uno de sus pasos. provocan desgarrones en mi sueño. desnuda y dorada. enlazada. Hora tras hora espero en vano la detonación lejana que llegue a quebrar este enervante silencio. parecen diminutas corolas suspendidas sobre el agua. Y así. Más tarde me recuesto sobre los peldaños de la escalinata y aguzo el oído. sino intensidad de vida. Todo lo abrasa una roja llamarada cuyo fulgor no consigue atenuar la niebla. cuando sacudía la cabeza. mis cabellos también sombríos. Al pasar sonríe a su amante. Me voy sin haber despegado los labios. prestando una dorada claridad de gruta al bosque en que me encuentro. Tengo muy cerca de mi cara su cara pálida. Y antes que pierdan su brillo y su violencia. Regina se pone de pie. me sumerjo en el estanque. era una mujer perfecta.. Los cazadores parecen haber sido secuestrados por la bruma. echar los brazos alrededor de un cuerpo ardiente y rodar con él. Nunca me atreví antes a mirar mis senos. porque en todo debo esforzarme en imitar a su primera mujer. de una palidez que no es en ella falta de color. No le contesto. un nocturno empieza a desgranarse en un centenar de notas que van doblando y multiplicándose. agitaciones en el piso bajo. Me voy enterrando hasta la rodilla en una espesa arena de terciopelo. paseos insólitos alrededor de mi lecho. La casa resuena y queda vibrando durante un pequeño intervalo del acorde que dos manos han arrancado al viejo piano del salón. Regina vuelve a cruzar el salón para sentarse nuevamente junto al piano. un casco guerrero que.. Advierto un tremendo desorden en el cuarto y veo una cartuchera olvidada sobre el velador. presta unidad y relieve una especie de pasión desatada. casi impúdica. brillaban como una seda fulgurante. El piano calla bruscamente. casi hasta tocar el hombro. Anudo precipitadamente mis cabellos y vuelo escaleras abajo. estoy segura. Tibias corrientes me acarician y penetran. Hubo un tiempo en que los llevé sueltos. cruza con lentitud el salón. Luego. Pequeños y redondos. Tras los vidrios de cada ventana parece brillar una hoguera.! Me siento desfallecer y en vano sacudo la cabeza para disipar el sopor que se apodera de mí. Cierro los ojos y me abandono contra un árbol. Regina se levanta contrariada. según él. Mi marido me ha obligado después a recoger mis extravagantes cabellos. . Ante el espejo de mi cuarto. Detrás de ella. hurga la tierra. para no volver sino al anochecer.

aquel vergonzoso trofeo en mi regazo. La madre de Daniel ha hecho abrir el gran comedor y encender todos los candelabros sobre la larga mesa de familia donde. Bultos de hombres avanzan con infinitas precauciones. Pero el vino dorado. Me ahogo. Necesito caminar. tan siquiera. Me debato como puedo y llorando casi de indignación. entumecidos. Oigo el jadeo precipitado de los perros. Vuelvo a salir para sentarme en la oscuridad. nos entibia las venas. por entre rendijas de las puertas y ventanas. No sé por qué me siento tan débil y no sé por qué no puedo dejar de sonreír. Me la imagino dormida así. No croan las ranas y no percibo. promete restaurar en nuestra casa el oratorio abandonado. Respiro con la sensación de que me falta siempre un poco de aire para cada soplo. noto que me sigue mirando.Cayó la noche. perdido en el césped. la siento pesar en la atmósfera. Regina se ha quedado dormida sobre el diván. en mi cuarto. ha comunicado a la ciudad la tibia intimidad de un cuarto cerrado. contra la casa. Cuando me levanto. Ya hizo desaparecer las araucarias cuyas ramas golpeaban la balaustrada de la terraza. todo. Anoche soñé que. Al levantarlos de nuevo. Una idea loca se apodera de mí. el gemido tranquilo de algún grillo. frente a la casa. cada día más. De nuevo en mí este dolor punzante como un grito. los contornos de los muebles. Le sonrío turbada. Ahogo una exclamación de sorpresa. entro al salón. Salto del lecho. en medio del desastre. Regina no parece ahora una mujer. Al final de la comida hemos convenido que mi suegra vendrá con nosotros al campo. a mis pies. sino una niña. Detrás de la espesa cortina de niebla. La miro. que nos sirven en copas de pesado cristal. quedaba intacto el rostro de Regina. —¡Maldita niebla! —rezonga Daniel. Por primera vez desde que estamos casados. y se me adhería al cuerpo y lo deshacía todo. contra mi voluntad. su calor nos va trepando por la garganta hasta las sienes. Sacudo a Daniel. y esfumaba el color de las paredes. se ha convertido en una dulce tristeza que me trae a los labios una sonrisa cansada. Mientras todos se alejan riendo. sofocada. Me visto. Ignoraba que los seres embellecieran cuando reposan extendidos. nos amontonamos. Daniel. Hace varias horas que hemos llegado a la ciudad. embarrados. calle arriba. por toda respuesta. penetra en la casa sin volver la cabeza. A medianoche me despierto. debo apoyarme en mi marido. El portón es menos pesado de lo que pensaba. con su mirada de fuego y sus labios llenos de secretos. . de pobres cuerpos mutilados. tamizando los ruidos. y de nuevo recuesta pesadamente la cabeza en la almohada. prendo una lámpara. una niña muy dulce y muy indolente. la casa permanece totalmente oscura. en una punta. suspendida inmóvil alrededor de nosotros. el cazador se obstina en mantener. exhaustos. El amante de Regina deja caer sobre mis rodillas una torcaza aún caliente y que destila sangre: Pego un alarido y la rechazo. ¿Me dejas salir? —Haz lo que quieras —murmura. —¿Buena suerte? —interrogo con júbilo. Hombres y animales vienen a desplomarse. esfumando los ángulos. Me inclino hacia afuera y es como si no cambiara de atmósfera. que entreabre los ojos. Sólo. —Me ahogo. trayendo grandes ramas encendidas en las manos a modo de antorchas. ese dolor lancinante como una quemadura. en tibios aposentos alfombrados donde toda una vida misteriosa se insinúa en un flotante perfume de cabelleras y cigarrillos femeninos.. Entonces él. Se alinea delante de mí una profusión de alas muertas.. el contorno de sus pómulos se ha suavizado y su piel luce aún más tersa. abro la ventana. Sus rasgos parecen alisarse hacia las sienes. Cuando él afloja su forzado abrazo. Me intimida su mirada escrutadora y bajo los ojos. y se entrelazaba a mis cabellos. Daniel me acomoda las almohadas. Echo a andar. ligeramente achispado. levanto la cara. Me agito largamente entre las sábanas. levantándose de un salto. Tomo al pasar el sombrero de paja con que salí de la hacienda. Veo moverse luces entre los árboles. Mi dolor de estos últimos días. Detrás de mí. Lleva la camisa entreabierta y de su pecho se desprende un olor a avellanas y a sudor de hombre limpio y fuerte. La niebla se estrecha. Me acerco. nerviosa. se infiltraba lentamente en la casa. sin llegar a conciliar el sueño. Angustiada. La neblina.

Pasado mañana iré a oír misa al pueblo. pero una mano tibia busca la mía y me incita a avanzar. cruzo avenidas y pienso: —Mañana volveremos al campo. Tiene piernas muy largas. ¿cómo. lentamente. El entonces sonríe. Y he aquí que. La grave sencillez de su actitud le confiere como una segunda desnudez. hacia el lecho. de pronto. Es joven. No me siento capaz de huir. Doy un paso dentro de una habitación cuyas cretonas descoloridas le comunican no sé qué encanto anticuado. pero un vello castaño. Ando. El está nuevamente frente a mí. Ando. pero su sonrisa. Entre la oscuridad y la niebla vislumbro una pequeña plaza. aunque tierna. El desconocido desata con dificultad los nudos de una cadena enmohecida. la pajarera. A mi alrededor. Subo a tientas la larga escalera. sí. Comprendo que lo esperaba y que le voy a seguir como sea. donde sea. pasos de pies descalzos. Sospecho que ningún sentimiento abriga secretos para él. y dentro de diez. dormitaré junto a la chimenea o leeré los periódicos locales. unos ojos muy claros en un rostro moreno y una de sus cejas levemente arqueada. se ilumina. y hasta que mi cuerpo se marchite y mi cara se aje y tenga vergüenza de mostrarme sin artificios a la luz del sol. Tras una verja. luz que la bruma transforma en vaho. distingo un jardín abandonado. La luz blanca de un farol. hombros rectos y caderas estrechas. En seguida visitaré el invernáculo. me siento capaz. cruzo avenidas y sigo andando. . Daniel nos hablará de los trabajos de la hacienda. Le echo los brazos al cuello y él entonces me besa. me hace retroceder. Mi mejilla busca la humedad de su corteza. al cual se prende la luz de la lámpara. Oigo pasos muy leves sobre la alfombra. Me obliga a detenerme. baña y empalidece mis manos. Como en pleno campo. Luego. Ardo en deseos de que me descubra cuanto antes su mirada. removiendo desatinadamente las brasas. nuestros pasos resuenan en cuartos vacíos. que es mi sombra. alarga a mis pies una silueta confusa. su parte de homenaje. Casi sin tocarme. Y es rápido. Un hombre está frente a mí. no sé qué intimidad melancólica. porque el desconocido guía aún cada uno de mis pasos. adonde? La muerte me parece una aventura más accesible que la huida. y dentro de un año. un singular pudor me impulsa a fingir miedo. por fin. me siento en su dominio. sin que necesite apoyarme en la baranda. Dentro de la casa la oscuridad es completa. con mi suegra. Es muy posible desear morir porque se ama demasiado la vida. no conseguirán infiltrar en este cuarto un solo átomo de muerte. prestan a su cara un aspecto casi sobrenatural. desnudo. Vago al azar. un silencio indicará muy pronto que se ha agotado todo tema de conversación y Daniel ajustará ruidosamente las barras contra las puertas. y será lo mismo hasta que la vejez me arrebate todo derecho a amar y a desear. No tropezamos contra ningún mueble. Su frente está serena y sus brazos cuelgan inmóviles a lo largo del cuerpo. Levanto la cabeza. Después de comer me divertiré en provocar pequeñas catástrofes dentro del fuego. pero ahora un desconocido me guía. muy cerca de mí. Lo sigo. Me siento desfallecer en dulce espera y. De huir. Mi amigo corre las cortinas y ejerciendo con su pecho una suave presión.La tristeza reafluye a la superficie de mi ser con toda la violencia que acumulara durante el sueño. Su piel es oscura. Al extremo de un corredor. Luego nos iremos a dormir. Una secreta aprensión me estremece cuando mis ropas refrenan la impaciencia de sus dedos. Me guía hasta una calle estrecha y en pendiente. es irónica. Quedo parada en el umbral de una pieza que. lo envuelve de pies a cabeza en una aureola de claridad. Y pasado mañana será lo mismo. Me someto a su deseo callada y con el corazón palpitante. durante el almuerzo. Quedo sola. definitivo. me desata los cabellos y empieza a quitarme los vestidos. el huerto. violento. Se aleja. La belleza de mi cuerpo ansia. de pronto. veo otra sombra junto a la mía. oigo una fuente desgranar una sarta de pesadas gotas. sin embargo. Todo el calor de la casa parece haberse concentrado aquí. De él se desprende un vago pero envolvente calor. entregada a su voluntad. empuja una puerta y suelta mi mano. Antes de cenar. Muy cerca. me apoyo extenuada contra un árbol. sin que por entre sus pestañas las pupilas luminosas cesen de mirarme. simulando a su vez querer tranquilizarme. La noche y la neblina pueden aletear en vano contra los vidrios de la ventana. De morir.

¡Aunque este goce fuera la única finalidad del amor.. toda una vida física. el mundo me parece lleno de posibilidades. con su fragilidad y su misterio. donde la mala hierba borre todas las huellas y donde arbustos descuidados estrechen los caminos. Toda yo he quedado impregnada de su aroma. Su cuerpo me cubre como una grande ola hirviente. Lo abrazo fuertemente y con todos mis sentidos escucho. Noche a noche. —"Daniel.. a tientas. en otoño. una medallita trivial. día a día. escucho el estallido que el corazón repite incansable en el centro del pecho y hace repercutir en las entrañas y extiende en ondas por todo el cuerpo. Tal vez nunca lo encuentre. Lo puedo encontrar aquí. lo estrecho siempre con más afán. Siento nostalgia de parques abandonados. tuvieran una razón de ser mis brazos y mi cuello y mis piernas. Cuando despierto. deseo solamente que no sepas nunca nada de cuanto me ha ocurrido esta noche. la cara. en cada minuto hay para mí una espera. bulle y se precipita. Pero. Es plácida la expresión de su rostro. Pasan los años. para siempre. y no sé por qué me es dulce quejarme. toda una larga noche. Abro la verja. Me levanto. siento agitarse la burbuja de un suspiro. mañana o dentro de diez años. una medallita anida entre el vello castaño del pecho. Me pongo a temblar. Mi carne toda se enternece ante este pueril detalle. antes. los mezquinos gestos cotidianos. Daniel se duerme a mi lado. Hay un ser que no puedo encontrar sin temblar.Una vez desnuda. si conoció el amor! Y qué importa que los años pasen. Lo abrigo con indulgencia porque hace años. de esas que los niños reciben el día de su primera comunión. esa obstinación de hacer constantemente barrer las avenidas? Yo dejaría las hojas amontonarse sobre el césped y los senderos. remonto avenidas. al doblar una esquina. me incorporo sin despertarlo. al final de una alameda o en la ciudad. Y hasta repetir. su aliento es tan leve que debo inclinarme sobre sus labios para sentirlo. no te odio. me lo tiende sonriente. No importa. Lo puedo encontrar hoy. mi amante duerme extendido a mi lado. me quema. Anudo mis brazos tras la nuca. por fin. Ya estoy fuera. Un perfume muy suave me acompaña: el perfume de mi enigmático amigo. Me visto con sigilo y me voy. otra vez. Aliso un mechón rebelde apegado a su sien. esas pequeñas arrugas que sólo me afluían. Los árboles están inmóviles y todavía no amanece. su pecho contra mi mejilla. En un nuevo arranque echo mis brazos alrededor de su torso y atraigo. y no sé por qué empiezo a quejarme. prendida a una finísima. sin cansancio. Y es como si él anduviera aún a mi lado o me tuviera aún apretada en su abrazo o hubiera deshecho su vida en mi sangre. y dulce a mi cuerpo el cansancio infligido por la preciosa carga que pesa entre mis muslos. cada minuto tiene para mí su emoción. Mi seno está perdiendo su redondez y consistencia de fruto verde. Su carne huele a fruta. mi cabeza queda a la altura de su pecho. trenzo y destrenzo las piernas y cada gesto me trae consigo un placer intenso y completo. al reír. indiferente como un hermano.. cubrirlo todo con su alfombra rojiza y crujiente que la humedad tornaría luego silenciosa. casi invisible cadena. me acaricia. Tan sólo con un recuerdo se puede soportar una larga vida de tedio. he vivido del calor de otro hombre. sino angulosa. Yo tuve una hermosa aventura. La carne se me apega a los huesos y ya no parezco delgada. transformando cada célula en un eco sonoro. Lo estrecho. Me miro al espejo y me veo. volar y recaer su soplo. como si. ¡qué importa! ¡Qué importa que mi cuerpo se marchite. a vegetal. no te compadezco. todos iguales. siento correr la sangre dentro de sus venas y siento trepidar la fuerza que se agazapa inactiva dentro de sus músculos. me envuelve. Entre mis brazos. me arrastra desfallecida. definitivamente marcadas bajo los ojos. Salgo como he venido." ¿Por qué. Escucho nacer. permanezco sentada al borde de la cama. oprimo a él mis labios y apoyo en seguida la frente. Bajo su atenta mirada.. me sentiría ya bien recompensada! Se acerca. Advierto que. enciendo a hurtadillas una lámpara y escribo: . me penetra. una vez. echo la cabeza hacia atrás y este ademán me llena de íntimo bienestar. El se aparta y me contempla. Y he aquí que estoy extendida al lado de otro hombre dormido. A mi garganta sube algo así como un sollozo. atravieso la plaza. Trato de convencer a Daniel para que abandone un poco el jardín. Entonces él se inclina sobre mí y rodamos enlazados al hueco del lecho. Subo corriendo la callejuela.

" Escribo y rompo. Te deseo. Me pasaría la vida tendida. Además de un abrazo.. que siente y recuerda en algún rincón del mundo. hay ahora un exceso de abrazos. como si fuera su dueño desde siempre. No me canso de pensarlo. Me basta saber que existe. Tumbado en un diván. Hoy he visto a mi amante. Ando. Hay mañanas en que me invade una absurda alegría. Trato de imponerme cierto reposo. Mi suegra está devanando una nueva madeja de lana gris. Hay días en que me acomete un gran cansancio y. Desde aquel día no me ha vuelto a dejar. por ejemplo. La hora de comida me parece interminable.. porque tengo miedo de hallarlo. soñar a mis anchas. concreto. remuevo las cenizas de mi memoria para hacer saltar la chispa que crea la imagen. Pero yo lo reconocí y me desplomé a sus pies. El pálido otoño parece haber robado al estío esta ardiente mañana de sol. aunque es tarde. Entonces él me cargó en sus brazos y me llevó así. cuya actitud es agriamente censurada."He conocido el perfume de tu hombro y desde ese día soy tuya. Tengo el presentimiento de que una felicidad muy grande va a caer sobre mí en el espacio de veinticuatro horas. de regalos y una gran comida con numerosos brindis. Llega el día de nuestro décimo aniversario matrimonial. desvanecida. Lo olvidé una noche en casa de un desconocido. Concedo al tiempo un último plazo para el advenimiento del milagro. Mi amor por "él" es tan grande que está por encima del dolor de la ausencia. que debo apoyar mis dos manos sobre el corazón para que no se me escape. Mi único anhelo es estar sola para poder soñar. dejé en suspenso una escena de celos entre mi amante y yo. con fiebre. como a todos los amantes. un acontecimiento imprevisto? No sé. Nunca como en esos momentos recuerdo con tanta nitidez la expresión de su mirada. ante la inutilidad de mis esfuerzos. salvo Felipe y Regina. a la verdad. empiezan a girar vertiginosamente dentro de mi cerebro y ante mis ojos. Me paso el día en una especie de exaltación. en la tarde de viento. los bosques. entre sus perros. Daniel bosteza. de repetirlo en voz alta. algo nos une para siempre. no ha pasado nada. vanamente. Necesito escribir: hoy lo he visto. despuntan como dos estrellas y yo permanezco entonces largo rato sumida en esa luz. Como para compensar la indiferencia en medio de la cual se efectuó hace años nuestro enlace. Pierdo a mi amante. *** Estoy ojerosa y. Bruscamente. Traía los cabellos revueltos y el cuello del gabán muy subido. ¡Tengo siempre tanto en qué pensar! Ayer tarde. cuando yo me bañaba en el estanque. aliviada.. No ha venido nadie. Sucedió este atardecer. liviano como un pájaro. hoy lo he visto. La amargura de la decepción no me dura sino el espacio de un segundo. Una gran esperanza ha nacido en mí. Espero. hacerlos describir una curva perfecta. luego.. Ya no hay duda posible. Entro al salón con el corazón palpitante.. la casa.. Un viento que derrumbó tres nogales e hizo persignarse a mi suegra. En la mesa. a menudo. Me separo de tu abrazo y todo el día me persigue el recuerdo de cuando me suspendo a tu cuello y suspiro sobre tu boca. la mirada displicente de Daniel tropieza con la mía. Suspiro. Detesto que después de cenar me soliciten para la tradicional partida de naipes. Me gusta sentarme junto al fuego y recogerme para buscar entre las brasas los ojos claros de mi amante. Cuando estoy quieta. La familia se reúne en nuestra hacienda. Busco mi sombrero de paja y no lo hallo. Algo material. pero es sólo caminando que puedo imprimir un ritmo a mis sueños. Una felicidad tan intensa me invade. indestructible: mi sombrero de paja. . ¿Una carta. el parque. lo indujo a llamar a la puerta de la casa. todos ellos se quiebran las alas sin poderlas abrir. me interno monte adentro y. abrirlos. Lo busco primero con calma. acorto el paso a mi vuelta. Un gran viento me lo devolvió la última vez. esperando que vinieras a apretar contra mi cuerpo tu cuerpo fuerte y conocedor del mío.

. Noche a noche. Mi corazón y mis nervios lo presentían. sin abrir un solo círculo en la tersa superficie. no sabía su nombre. Se me figura que va a entregarme algún mensaje importante. el parque. estaba inmovilizada detrás de mí. Volví mi cara estupefacta. los caballos se abrían paso entre los árboles y la hojarasca sin provocar el menor ruido. El carruaje avanzó lentamente. Ignoro cuáles serán los proyectos de mi amigo. Ando por todos lados con la convicción de que él acecha cada uno de mis pasos. señora. Me estremezco al divisarlo con su red al hombro y sus pies descalzos. un carruaje todo cerrado. pero. Apretando los brazos contra mi pecho desnudo. Pero. un leve ademán de la mano. pues. e imprimió vuelo a su embarcación. lo viste? —Sí. entre los pinos. percibí un rumor confuso de risas ahogadas. Salga pronto del agua. El carruaje echó a andar nuevamente y sin darme tan siquiera tiempo para nadar hacia la orilla. donde la luz pesa como una sustancia fosforescente. Podrá seguir cada uno de mis movimientos e infiltrarse. Ayer una voz lejana respondió a la mía: "¡Amooor!" Me detuve. Como si aquellos simples hubieran sido. de vuelta del trabajo.De costumbre permanezco allí largas horas. Dócilmente. señora. podrá verme sentada junto al fuego o leyendo bajo la lámpara. Sentí un leve golpe azotarme la cadera. Remuevo piedras bajo las cuales duermen o se revuelven miles de criaturas atolondradas y escurridizas. Qué pálida está usted. Sin embargo —es absurdo—. indescriptible. El debió ver la angustia pintada en mi semblante. La aldea. Grito: "¡Te quiero!" "¡Te deseo!". cristales que al traer a nuestro elemento se convierten en guijarros negruzcos e informes. en mi intimidad. yo me he hundido en un mundo misterioso donde el tiempo parece detenerse bruscamente. Después de la cena. hasta arrimarse a la orilla opuesta del estanque. No podía llamarlo. los caballos agacharon el cuello y bebieron. como si se lo hubiera tragado la niebla. Algo muy grande para mí iba a suceder. La balsa ligera en que el hijo menor del jardinero se desliza sobre el agua. asomarse e inclinarse. si él lo desea. bajo al jardín para entreabrir furtivamente una de las persianas del salón. una cabeza de hombre. Tras la ventanilla estrecha del carruaje vi. no es verdad. el cuerpo y el pensamiento a la deriva. Por las tardes. sin desesperación. esbozó a mi intención una sonrisa. los bosques. desapareció de mi vista. salgo a la terraza a la hora en que Andrés surge en el fondo del parque. no se vaya a desmayar —dijo. pero mi impulso se quebró en una especie de grito ronco. el portavoz de su pensamiento. reclinándose hacia atrás.. Yo no tengo secretos para él. donde cada uno de mis movimientos adquiere sabias y felinas lentitudes y yo exploro minuciosamente los repliegues de ese antro de silencio. Andrés. Andrés. Luego. me sonrió? —Sí. en ese momento. Recojo extrañas caracolas. —¿Me sonrió. pero estoy segura de que respira muy cerca de mí. aguzando el oído. Quise llamarlo.. mi amigo me pareció aún más cerca. Muerta de vergüenza caí en cuenta de que los leñadores parodiaban así mi llamado. como una aparición. frenética: —¿Lo viste. Tambaleando penosamente. más que un vago remolino. lo vi —asintió tranquilamente el muchacho. indiferente. a su antojo. Emergía de aquellas luminosas profundidades cuando divisé a lo lejos. Provisto de una red. venir silencioso. Una vez allí. entonces. se perdió de improviso en el bosque. continuó barriendo las hojas secas que el otoño recostaba sobre el estanque. me parecen llenos de su presencia. Reconocí inmediatamente los ojos claros. para que llegue hasta su escondrijo la voz de mi corazón y de mis sentidos. se pierde.. espero siempre su venida. le grité. para mirarme. Vivo agobiada por la felicidad. Sobrecogida me agarré a las ramas de un sauce y no reparando en mi desnudez suspendí medio cuerpo fuera del agua.. inconscientemente. A menudo no queda de mí. en la superficie. cada vez. entre la niebla. el rostro moreno de mi amante. como para tranquilizarme. al pasar.

Reina nuevamente el silencio y no percibo nada más. entre los brazos de mi marido. pensar en otro cuerpo y en otros labios. Es la hora en que él viene a mí. humillada y jadeante. que lo siento alejado. Son los pasos de mi amante. Como la vez anterior. Me sentí menos desgraciada. hasta el amanecer. velando mi sueño. su mejilla. camino de la ciudad. Sin embargo. cuando todos duermen. Al abandonarse sobre mi pecho. alguien que en estos largos días de verano lograra aliviar mi tedio! Sin embargo. nunca. Como hace años. la ha encontrado. sin valor para vivir. llorando casi de enervamiento y de ocio. un coche todo cerrado. Cruje la tranquera. casi dentro de sí. si pudiera contentarte esta sola afirmación mía. . perversidad y tristeza. del corazón de la noche. Le escribo para disipar un naciente malentendido: "Yo nunca te he engañado. yo quedé tendida y sollozante. no sufro desaliento alguno. Un murmullo leve. mientras una delicada frescura con olor a río se infiltraba en el cuarto. Queriendo huirla nuevamente. ni siquiera de cubrirme. Me sentía sin valor para morir. Allá muy lejos. perfumes y asperezas familiares. enjaulados frente a frente. El mismo anhelo sordo. más desesperado por pertenecerle. hecho de tedio. displicentemente. Calla súbitamente el canto de las ranas. Oigo la cabalgata enloquecida de los perros y oigo. de pronto. Andrés me informa. todo fue imprevisto y tremendo y hay un vacío en mi memoria hasta el momento en que me descubrí. He vivido horas felices y ahora que ha venido.Me recuesto entonces sobre los peldaños de la escalinata y me consuelo. Es cierto que. ¿Deseas que hable a pesar de todo? Obedezco. extrañando tibiezas. Pero tengo la certidumbre de que mi amigo se arrima bajo mi ventana y permanece allí. Tal vez hubo una leve premeditación de mi parte. como antes. me incorporo en el lecho y escucho. Los oigo aproximarse lentamente. me besó toda. a mi marido y a mí. buscaba la tersura y los contornos de otro pecho. Era la primera lluvia de verano. Un día ardiente nos tenía. De vuelta del pueblo. No traté de moverme. Oh. pero lo hicieron. Mi querido. entre Daniel y yo se ha vuelto a anudar con frecuencia ese feroz abrazo. remover las hojas secas. Una sonrisa amable erraba en su semblante. oigo venir unos pasos. levísimo. obligándome a definir y a explicar. muerta de desaliento y de vergüenza. el murmullo que los aquieta. Es cierto que hemos permanecido a menudo encerrados en nuestro cuarto hasta el anochecer. Me tendía un vaso de cristal empañado y filtrando hielo. Mi cuerpo y mis besos no pudieron hacerlo temblar. gritándome al oído cosas absurdas que iban dirigidas a ella. durante todo el verano. como esta tarde. A menudo. Y lloró locamente. empezó a mecerme. Besó mis manos. pero nunca te he engañado. quebrar las ramas que le entorpecen el camino. Daniel estaba de pie junto al lecho. Mi único anhelo era postergar el momento de pensar. En el lecho. Una mano rozó mi hombro. Y fue para hundirme en esa miseria que traicioné a mi amante. los oigo apretar el musgo. Ah. el mismo abrazo desesperado. su primera mujer lo ha poseído más desgarrado. das carácter y cuerpo de infidelidad a un breve capricho de verano. sé que volverá. nunca. con el pelo adherido a las sienes mojadas. quedé tendida. distintamente. inconscientemente. *** Hace ya un tiempo que no distingo las facciones de mi amigo. lo volví a ver tratando furiosamente de acariciar y desear mi carne y encontrando siempre el recuerdo de la muerta entre él y yo. de que un día vio alejarse a todo galope. Ignoro por qué huye sin haberme llamado. Mi segundo encuentro con Daniel fue idéntico al primero. Hacía años que Daniel no me besaba y por eso no me explico cómo pudo aquello suceder. mi torpe amante. Una vez suspiró despacito y yo no corrí a sus brazos porque aún no me ha llamado. ¡Oh. Y entonces se produjo el milagro. llamándola. el mismo desengaño. sin saber por qué. pensando en que la llovizna que me salpica el rostro es la misma que está aleteando contra el pecho de mi amigo o resbalando por los cristales de su ventana.

Un soplo de brisa hacía palpitar las sedas de las ventanas. Esta noche no logro dormir. ciudades de calles vacías y establecimientos cerrados. un inofensivo capricho de verano. Hacía meses que no me sentía envuelta en tan divina y animal felicidad. derritiéndose al sol. abro la ventana y el silencio es tan grande afuera como en nuestro cuarto cerrado. —No necesitas sacudirme. una cabeza que minuto a minuto se va haciendo más pesada. él. "¡Tú eres mi primer y único amante!" *** Han prendido fuego a todos los montones de hojas secas y el jardín se ha esfumado en humo. después era el gran descanso en el amplio lecho. comprendes por qué volví a Daniel? ¿Qué me importaba su abrazo? Después venía el hecho. donde mi lucha contra el día se hacía sin angustia ni lágrimas de enervamiento.. todo alquitrán. Imaginaba hombres avanzando penosamente por carreteras polvorientas. Mi marido se incorpora. con insólita ternura. soldados desplegando estrategias en llanuras cuya tierra hirviente debía requebrarles la suela de las botas. nuestro cuarto parecía una gran carpa rosada tendida al sol. hacían pensar en un reguero de claras charcas. Temblando me aferró a él. ¿comprendes ahora que nunca te engañé? Todo fue un capricho. y que me oprime hasta sofocarme.Como yo alzara lánguidamente la cabeza. a esta misma hora? —¿Tú? ¿Cuándo? —Una noche que estuvimos en la ciudad.. una pequeña araña. Fuera crecía y se esparcía el murmullo de la lluvia. a la luz de los candelabros. te repito. —¡Estás loca! Debes haber soñado. Estoy bien despierto. como hace años en la bruma. "Augurio de felicidad". Un gran bienestar me invadió. Cuando mi marido encendió la lámpara. mientras lenta. se escurrió para ocultarse. Herméticamente cerradas las claras sedas de las ventanas y sumido así en una semioscuridad resplandeciente. Se apoderaba entonces de mí el mismo bienestar del primer día. necesito caminar. Me vuelvo a tender y entonces sueño.. tal vez haya llegado el momento de un segundo encuentro.. sorprendida en quién sabe qué sueños de atardecer. Veía ciudades duramente castigadas por el implacable estío. Hay una cabeza reclinada sobre mi pecho. la lluvia empezaba a caer.. se alejaba la lluvia como una bandada de pájaros húmedos. lenta. Nunca. hasta sofocarme. Oh amigo adorado. luego me interroga con sorna: —¿Y en tu paseo encontraste gente aquella noche? —A un hombre —respondo provocante. Daniel volvió a extenderse a mi lado y largas horas permanecimos silenciosos.. brillando como aguas apretadas. ¡nunca! Asegurando mi voz. como si ésta multiplicara cada una de sus hebras de plata. La alcoba quedó sumida en un crepúsculo azulado en donde los espejos. y volví a cerrar los ojos. Salto del lecho. trato de persuadirle: —Recuerda. Fue una noche de niebla. Despierto. convertido ya en infalible rito. No me mires así: ¿Acaso no he salido otras veces. de darme de beber. acuñó su brazo bajo mi nuca y por entre mis labios resecos empezó a volcarme todos los fresales del bosque diluidos en un helado jarabe. —¿Te habló? . medio dormido. más pesada. Echo un abrigo sobre mis hombros. recuerda! Daniel me mira fijamente un segundo. Y en el momento en que sentía cierto extraño nudo retorcerse en mi garganta. en el techo. Me parecía sentir el agua resbalar dulcemente a lo largo de mis sienes afiebradas y sobre mi pecho repleto de sollozos. balbucí.. Nunca ha sucedido algo semejante. ¿Y ahora. ¿No será acaso un llamado? En una noche como ésta lo encontré. Cenamos en el gran comedor. —¿A dónde vas? —Me ahogo.. como si el alma se les hubiera escapado y no quedara de ellas sino el esqueleto. — ¡Sí y bebimos tanto y tan bien que dormimos toda la noche de un tirón! Grito: ¡No! Suplico: ¡Recuerda..

Cuando él se incorpora en el lecho... lo buscan en el jardín.. esta duda absurda y ¡tan grande! Vivo como con una quemadura dentro del pecho. ¿quién me puede asegurar. ¿Pude haberla concebido sólo en sueños?. concentrando mi imaginación y mi espíritu en los menesteres de cada segundo. cubiertos de polvo. porque no la conozco. Daniel tiene razón.. a cada segundo. su cadáver amoratado. sin darme cuenta. era un fantasma. en los bosques.. Si me resignara a vivir como antes de mi viaje a la ciudad. —La red. Desechando todo ensueño. no.. y mandé llamar a un cerrajero para que forzara la chapa de un mueble. Hice barrer las telarañas de la azotea... A la mañana siguiente encuentran su chaqueta de brin sobre una balsa que flota a la deriva en el estanque. ¡Dios mío! ¿Es posible que un amante no despliegue los labios ni una vez en toda una larga noche? Tan sólo en los sueños los seres se mueven silenciosos como fantasmas.lo divisé por allá —grito nerviosa—. "¿Recuerdas el desconocido del coche?" "Como si fuera hoy. Oigo el aliento acompasado de Daniel y su difícil despertar. Y ahora. y como Daniel me mira extrañado. ¿Por qué no la recuerdo? Palidezco y me siento palidecer. yo me atreví a tocarlo y a llamarlo. una luz sucia y triste. Veo en seguida el amanecer infiltrar. mi tormento. el difícil salvamento de las enredaderas.. sin permitirme distracción alguna. Espero.. . ¡Necesito verlo pronto. tal vez recobraría la paz. Tengo la sensación de vivir estremecida. Porque si hay un testigo de la existencia de mi amante. Vigilé. pronto! ¿Dónde está Andrés? Lo llaman. Escalofríos me empuñan de golpe. adonde corren mi suegra y dos criadas viejas. Ante su padre que se postró sin un gemido. Oigo las campanas del pueblo dar todas las horas. entonces.. Volverá luego. entonces? Sin embargo. mi amor. No es verdad que aquel hombre me haya hablado. ¡Si pudiera enfermarme de verdad! Con todas mis fuerzas anhelo que una fiebre o algún dolor muy fuerte venga a interponerse algunos días entre mi duda y yo. que el viento había derribado. le preguntaré: "¿Andrés... —¿Qué dices? —interrumpo. tienes que buscarlo! Se le busca. ¿ahora cómo voy a vivir? *** Noche a noche oigo a lo lejos pasar todos los trenes. elegir caballo. Que la señora no se impaciente. debe haberlo arrastrado. seguir al capataz en su ronda cotidiana. en el cuarto. Repaso cada minuto de aquella noche extraordinaria. para traspasarme de pies a cabeza con la rapidez de un relámpago.. Empecé entonces a forzarme a vivir muy despacio. el muy haragán. yo que nunca bebo. —¿Recuerdas su voz? ¿Su voz? ¿Cómo era su voz? No la recuerdo.. ¿Y mi sombrero de paja? ¿Dónde lo perdí. Su voz no la recuerdo. aprender a fumar. lo recuerdo y recuerdo también que sonrió a la señora. y se extrae. rebusqué y traté de confinarme en los más humildes placeres. Pero en el corazón de la ciudad esa plaza que yo no conocía y que existe. espero el día entero. —No. tú no ves visiones jamás?" "Oh. cierro los ojos y finjo dormir. pero me habrá salvado de esta atroz incertidumbre. Andrés no vuelve del pueblo.. Durante el día no lloro. en el parque. —De mañanita salió a limpiar el estanque —me contestan.—Sí. —¿No te habló? Ya ves. llamar a todas las misas. que no es Daniel quien ha olvidado mi paseo nocturno? —¿Dónde está Andrés? —pregunto a sus padres. recoger setas junto con mi suegra. desde la misa de seis. Esta duda que mi marido me ha infiltrado. dos días después. El infeliz no sabía nadar y. donde muchos libros se alinean.. mi aventura. al engancharse en algo. ¿Dónde está Andrés? ¡Cómo es posible que no haya pensado hasta ahora en consultarlo! Correré en su busca. Y me dije: si olvidara. lentamente. que están sentados frente al pabellón en que viven. No puedo llorar. señora". me abrazo a él gritando desesperadamente—. si olvidara todo. en efecto. llenas de frías burbujas de plata las cavidades de los ojos. Aquella noche bebí mucho. He mentido a Daniel. roídos los labios que la muerte tornó indefensos contra el agua y el tiempo.. —Habrá ido al pueblo sin avisar." No dirá más. ¡No! ¡No! ¡Tiene que vivir.

de pronto. — ¡Pobre. Lleva en la cara una expresión indefinible que es trágica. La madre se ha arrojado al cuello de su hijo y solloza convulsivamente. agazapado detrás de las cosas. las mismas ventanas. es mi razón de ser.. que mi amante había muerto. mi distracción raya casi en la locura. con indignación: —¿En qué estoy pensando siempre? ¿Aún no me he impuesto de que lo que agrava la inquietud de todos es. un día. como entumecido también.. y me muerde. Daniel. contengo. Tenemos los miembros entumecidos y el corazón apretado de angustia. a golpear. extendía a menudo los brazos para estrechar a un ser invisible. de una alegría casi feroz. altas y desnudas. porque durante años paseé allí mi melancolía y mi ilusión. Debemos salir sin tardanza para la ciudad. a mi amigo. Me levantaba medio dormida para escribir y. ¡Oh. Pero a nada conseguí despojar de su poder de herirme. Corrí de un lado a otro para afrontarlo todo de una vez.. pero el dolor llega. también. porque mi cuerpo me recordaba sus caricias. todo a mi alrededor estaba saturado de mi sentimiento. cuánto tiempo necesitaré para que todos estos reflejos se borren. que voy a recordar. Y junto mis fuerzas para resistir su embestida.. pero en aquello soñaré más tarde. Un gemido. taciturnos y con los ojos fijos en la puerta. sean reemplazados por otros reflejos? A veces. Mi amante es para mí más que un amor. ni desgreñado. ni tiene los párpados hinchados ni las ojeras del que ha llorado. No contesto. Mi amor estaba.¡Ah! ¡Cómo hacen para olvidar las mujeres que han roto con un amante largo tiempo querido e incorporado a la trama ardiente de sus vidas! Mi amor estaba allí. con la pluma en la mano. La voz es fría. Había en las cosas como un veneno que no terminaba de agotarse. dando sobre el mismo parque barroso que tanto odié. pobre Felipe! . febril. el cuarto de su madre. La sola idea del dolor por venir me aprieta el corazón. el estanque. de repente. hablarle y tal vez. La mañana es fría y brumosa. No hay que agotar tanta felicidad de un golpe. para recibir todos los golpes en un solo día. Es Felipe. Transcurridos algunos segundos comprendo. sin miramiento. tal vez. La noticia llega una madrugada. pero que no se adivina a qué sentimiento responde. Puede que viva. Recuerdo que la causa de mi alegría es también una desgracia. detrás de cada uno de mis movimientos. Si no fuera por un olor a éter y a desinfectante. y fui a caer después. las cosas. mi ayer. durante todo el trayecto. buscar la casa misteriosa. grito despacio para que nadie oiga. desde su borde. Daniel corre. Soy una enferma avergonzada de su mal. porque en él surgía para mí. Ir a la ciudad. sobre el lecho. justamente. No. el fuego en la chimenea. y entonces grito. por intermedio de un telegrama que mi marido sacude. la sonrisa de esperanza que se obstina en prestar a mi rostro una animación insólita. no me son soportables sino vistos a través del estado de vida que me crea mi pasión. su imagen. Ya tengo suficiente como para saltar ágilmente del lecho. Se me mira con extrañeza. Me incorporo en el lecho. —¿Cuánto. Y no podía mirarme al espejo. recordaba. no! ¡Yo no puedo olvidar! Y si llegara a olvidar. ¿cómo haría entonces para vivir? Bien sé ahora que los seres. Le pasa algo peor que todo eso. El bosque. he ahí la solución de todas mis angustias. la madre y yo formamos un grupo siniestro. cuando llego a distraerme unos minutos. Mientras pugno por rechazar el aturdimiento de un sueño bruscamente interrumpido. A la verdad. ante mis ojos. En el tren pregunto el porqué del estado de Regina. y. divisé. Podría ser que Regina estuviera ya. opaca: —Se ha pegado un tiro. Grave y ausente doy órdenes y arreglo el equipaje. agazapado. cada noche. Como antes. divisar al desconocido.. llena de alegría. la vaguedad de la noticia? Es muy posible que se nos haya informado de esa manera sólo para no alarmarnos. Regina está en peligro de muerte. azorado. todo me hacía tropezar contra un recuerdo. En la sala de la clínica. siento. jadeante. mientras me bañaba. de pie. mi mañana. porque. los días. La puerta se abre. mi hoy. a duras penas. luego una pausa. Recorrer sus calles. No está pálido. He aquí el mismo impersonal y odioso moblaje. me creería en el locutorio del convento en que me eduqué.

Ahora. de repente. el único ruido en el mundo. —La trajeron de casa de su amante —me dice en voz baja. . el hijo la sostiene. del dolor dentro del cual no se aguarda el momento infalible del olvido. ¿Son míos estos sollozos cortos y monótonos. Busco una casa de persianas cerradas. implacable. y cuando me levanto ya he tomado una resolución. pero algo en mí rechaza el improperio. acaso. un ruido insoportable. que siembran. de pronto. de cartas. doy un paso hacia la ventana y apoyo la frente contra los cristales empañados de neblina. por fin. doy vueltas y vueltas sin resultado alguno. resonancias misteriosas. me digo. sin inmutarse. de ese amor hecho de años. Se me figura estar corriendo por calles vacías. hace años. de caricias.. de lágrimas. Estoy sentada al borde de una plazoleta cuyo surtidor se ha callado.. con una orden secreta. Contemplo. de gestos desesperados e inútiles. incita a aislarse dentro de sí mismo. de un verdadero amor. mi cuerpo entero arde como una brasa. Me vuelvo. Lo miro y desdeño en pensamiento sus mezquinas reacciones. en otros planetas. La fiebre me abrasa las sienes y me seca la garganta. fueron acorralándola hasta este último gesto. Tomo la primera calle a la derecha. y. una frescura insólita me penetra la nuca. Trato de hacer palpitar mi corazón endurecido. Sin un grito. el jardín abandonado. tras dos árboles retorcidos y secos. de engaños. ¡Regina! Semanas de lucha. no es posible mirarlo frente a frente un día más. de rejas enmohecidas. Pero no lo escucho. egoísta!. más miserable que Regina? Tras el gesto de Regina hay un sentimiento intenso. de pronto. Me aprieto a las frías rejas para sentirlas muy sólidas contra mi carne. Me dejo caer sobre un banco para que se haga. entre cuyas baldosas desparejas crece el musgo. como si estuviera compadeciendo a otro. ¡Esta neblina! ¡Si una ráfaga de viento hubiera podido descorrerla. que me exasperan. pero yo tampoco la siento. porque. Regina supo del dolor cuya quemadura no se puede soportar. como un velo. Estoy frente a la casa de mi amante. Por primera vez me digo que soy desdichada. con su barrera de humo. estos sollozos ridículos como un hipo. también. La niebla. Pero esa misma plazoleta tampoco la encuentro. En medio de la neblina. El no llegará sino al anochecer. el silencio en el universo y dentro de mí. que se halla muy cerca de la plazoleta donde el desconocido me tomó de la mano. ¡Egoísta. Las persianas continúan cerradas.. los hombros. la oscura pátina de una alta fachada. prohíbe toda visión directa de los seres y de las cosas. Se me hace beber a sorbos un líquido muy amargo. comprendo y. ¿No soy yo. de rencores. Comprendo. un recuerdo cuya llama debo alimentar día a día para que no se apague.Con gesto de sonámbulo. Inquieta. el desconcierto? Se me acuesta en un sofá. Alguien me da golpecitos condescendientes en la espalda. Daniel se oprime la frente. tan sólo esta tarde. pero cuyos verdes senderos respiran una olorosa humedad. Detrás de mí. Tan sólo un recuerdo mantiene mi vida. no llego a conmoverme. Recuerdo. doblo una esquina y diviso los dos árboles de gruesas ramas convulsas. sin embargo. no me siento culpable de no conmoverme. me pongo de pie y corro. evasiones dentro del sueño rescatadas por despertares cruelmente lúcidos. un ruido cuya regularidad parece consciente y que debe cobrar. sentido del decoro. En medio de tanto silencio mis pasos se me antojan. Sufro la impresión de que alguien viene siguiéndome. Un recuerdo tan vago y tan lejano. mientras un señor de aspecto grave me habla cariñoso y bajo. que he sido siempre horrible y totalmente desdichada. toda una vida de pasión. tal un poderoso aliento. Creo haber hecho el recorrido exacto que emprendí. largas noches durante las cuales el pensamiento se retuerce enloquecido. que lo inmaterializa todo. Orgullo herido. La desgracia de Regina: una llaga consecuencia de un amor. el ruido sordo de mis pasos que me daba primero cierta segundad empieza ahora a molestarme y a angustiarme. la fachada que busco desde hace más de dos horas! Recuerdo que se encuentra en una calle estrecha y en pendiente. Vislumbro árboles en la neblina. gozosa.. como a una enferma. Sé que la piedad es el sentimiento adecuado a la situación. En realidad. que me parece casi una ficción. Pero yo quiero saborear el placer de saberme ante su casa. sin embargo. ya habría encontrado.

me paro frente a la mampara y oprimo un botón oxidado. por la nuca. Regina está tan fea que parece otra. ¿No esperaba acaso sumirme en la penumbra? —Avisaré a la señora —insinúa el criado y se aleja. entorno los ojos. y mi aventura. de casa. recuerdo que tengo fiebre. Le han cortado el pelo. Se incorpora de pronto. suplica que la hagan vivir para poder verlo. cierro los ojos y. respetuoso. Noto que no la aseguran ya sus viejas cadenas. Me acomete una especie de vértigo. no sé por qué. pero recae pesadamente y se desata entonces en un llanto desesperado. lo amenaza y lo vuelve a llamar. A mi alrededor murmuran que vive así. de pronto. Además ¿para qué luchar? Era mi destino. no! Sacudo la verja y ésta se abre. y como impregnados de sudor. Una voz glacial me contesta: —¿El señor? Falleció hace más de quince años. Empujo una última puerta y miro. le cuelgan hasta la mitad del cuello. suplica que no lo dejen entrar mientras ella tenga olor a éter y a sangre. hay un niño estudiando violín. Me inunda una súbita dulzura. Me invade una repentina inquietud. —Dicen que ha perdido mucha sangre —pienso. Ando a lo largo de estrechos corredores. Me arrepiento casi en seguida de mi ademán porque. Se le transparentan las aletas de la nariz y. Regina tiene los ojos entornados y respira con dificultad. Algunos mechones muy lacios. a este leve contacto. de una percha. retratos de gente convencional. Con la vaga esperanza de haberme equivocado de calle. Ni un solo retrato en cuya imagen pueda identificar a mi desconocido. algo así como una garra ardiente me toma.. Transcurren varios minutos. huyo. Veo a Regina desplomándose sobre un gran lecho todavía tibio. y mi amor. Daniel y yo cruzamos puertas abiertas a pequeños antros oscuros donde formas confusas suspiran y se agitan. Me voy. subo. Lo encontramos muerto.. y en un rincón cuelga. Lo insulta. pero ya ha anochecido y no distingo nada. un gemido prolongado que parece venir del piso superior. Me encuentro en un hall donde una inmensa galena de cristales abre sobre un patio florido. Como para acariciarla. con la mirada.. como en aquella lejana noche de amor. y parado frente a un atril. de súbito. Quisiera seguir buscando.¡No fue un sueño. Me la imagino aferrada a un hombre y temiendo caer en ese vacío que se está . sobre la sábana. en continua exaltación. mientras una enfermera nos introduce al cuarto donde una mujer está postrada en un catre de hierro blanco. Me acerco. qué tiene que ver con la de mis sueños? Hay muebles de mal gusto. Resbaló en la escalera. Y vuelve a prorrumpir en llanto. Aunque la luz no es cruda. ¿Dónde la suavidad del gran lecho y la melancolía de las viejas cretonas? Las paredes están tapizadas de libros y de mapas. La puerta se ha abierto. doy un paso hacia adentro. ella revuelca la cabeza de un lado a otro de la almohada emitiendo un largo quejido. rechinando. telas chillonas. El corazón me da un vuelco. En las paredes. espero un segundo más. ¿Y esta casa. el criado me espera. —¿Y su marido? —pregunto. a tientas. voy hacia el gemido que me llama siempre.. De nuevo este singular olor a hospital. Llama a su amante. Aturdida. Un criado me invita a pasar. —¡Cómo! —Era ciego. un gemido tranquilo. una jaula con dos canarios. Suplica que la dejen morir. Para orientarme. Un gemido lejano desgarra el silencio. toco su mano descarnada. le grita palabras de una desgarradora ternura. continúo errando por una ciudad fantasma. Al pie de la escalera. Bajo una lámpara. Doy vueltas y más vueltas. yace inmóvil una mano extrañamente crispada. La casa. —La señora no está. Un sonido de timbre lejano responde a mi gesto. desde el momento fatal en que. Subo corriendo la escalinata. una escalera que noto ahora alfombrada. Lo siento cada vez más cerca. penosamente deslumbrada. todo se ha desvanecido en la niebla. Resuelta ya a marcharme. ¿La señora? ¿Qué señora? Paseo una mirada a mi alrededor.

.. enloquecido de terror. boca arriba en su camilla. un vientre sumido entre las caderas.. me ha ido acorralando lentamente. y lo sigo. Pero un destino implacable me ha robado hasta el derecho de buscar la muerte. que odio a Regina. él finge. Hace años que lo miraba sin verlo. Me aprieto contra la pared. ahora. para dejarla pasar.. su trágica aventura y hasta su posible muerte. preguntándole de qué se queja. la niebla presta a las cosas un carácter de inmovilidad definitiva. empapadas de sangre. El suicidio de una mujer casi vieja. Una tromba de viento y de estrépito se escurre delante de mí. Lo sigo para llevar a cabo una infinidad de pequeños menesteres. vértigo y abandono. levanto la cabeza. lo arrolló un automóvil... debió ver oscilar en el cielo todas las estrellas de esa noche de otoño.. Alrededor de nosotros. A su vez. Entreveo la cara roja y marchita de un extraño. ¡Qué viejo lo encuentro. para cumplir con una infinidad de frivolidades amenas. algún día. . ¿qué nuevas decepciones?. Lo sigo para vivir correctamente. En el preciso instante en que voy saliendo. Tambaleo y me apoyo contra el pecho del imprudente que ha creído salvarme.. a una vejez sin fervores. "Un muchacho. insensiblemente. sin pasado. que éramos de la misma edad cuando nos casamos. Cerraré los ojos y trataré de no pensar durante un segundo. sin recuerdos. ¡qué cosa repugnante e inútil! ¿Mi vida no es acaso ya el comienzo de la muerte? Morir para rehuir." El hecho de lanzarse bajo las ruedas de un vehículo requiere una especie de inconsciencia. porque reconozco a mi marido. Parece no haber dado ninguna importancia al incidente. Aturdida. de pronto. pienso. dos trenzas que de un tijeretazo han desprendido. para llorar por costumbre y sonreír por deber.. Me acometen furiosos deseos de acercarme y sacudirla duramente.. Y siento. ¿qué nuevos dolores? Hace algunos años hubiera sido. para morir correctamente. Vislumbro en las manos del amante. Tal vez sea mejor. Dos manos que me parecen brutales me atraen vigorosamente hacia atrás.razonable destruir. una ambulancia entra al hospital. Recuerdo la noche de nuestra boda. Daniel me toma del brazo y echa a andar con la mayor naturalidad. inactivas. que envidio su dolor. ¡ella. en un solo impulso de rebeldía. mientras algunas voces resuenan bajo la bóveda del portón. para no verlas consumirse. Me asalta la visión de mi cuerpo desnudo y extendido sobre una mesa en la Morgue... Carnes mustias y pegadas a un estrecho esqueleto.abriendo bajo ella y en el cual soberbiamente decidió precipitarse. sin embargo. Luego me aparto violentamente. Mientras la izaban al carro ambulancia. de pronto! ¿Es posible que sea yo la compañera de este hombre maduro? Recuerdo. una absoluta ignorancia de mi dolor. todas las fuerzas en mí acumuladas. que lo ha tenido todo! Amor. tal vez.

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