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Los niños tienen la palabra

Imagen de un cómic de Fratto

BEATRIZ ROSELLÓ

MADRID.- Una madre apunta a su hijo los viernes por la tarde a clases de inglés,
aprovechando que los tiene libres. El niño, ante aquello, le pregunta: -mamá, ¿y a
qué hora puedo ser niño?-

No se trata de una situación tomada de la ficción, sino de un ejemplo que da


Francesco Tonucci al hablar de la incomprensión que se da a menudo entre niños y
adultos. Este autor de cómics se convierte en Fratto para utilizar las viñetas
como una forma de dar la palabra a los niños.

Para Tonucci el primer error que cometen los adultos es pensar que los niños valen
por lo que van a ser, pues eso es considerar que no valen por lo que son. Así, él
afirma: "los niños son el presente de la sociedad".

Este autor y profesor considera que la escuela sigue un recorrido poco útil, en el
sentido de que se obliga a los alumnos a estudiar mucha teoría que no entienden y
que luego no les vale de nada: "A mí me obligaban a estudiar los binomios
diciéndome que me servirían más adelante y no me han valido de nada". Y explica
que cuando un niño entiende algo, pone más interés en aprenderlo.

Su idea de la enseñanza se basa en ofrecer a los niños la posibilidad de


expresarse culturalmente, y no debe darse por hecho que esta opción la tienen
en su casa, porque hay familias que pueden hacerlo, pero otras no.
Un día para estudiar y siete para jugar

Un niño le hace a su madre la siguiente propuesta: -Mamá, quiero ir a la escuela un


día a la semana y el resto los necesito para jugar-. Y es que no sólo es importante
la educación, sino algo que los adultos olvidan con frecuencia: el juego. Según
Tonucci, los niños deberían tener a su disposición parques en los que poder jugar
sin la supervisión de un adulto: "Estamos encerrando a los niños para estar
tranquilos nosotros".

Este profesor italiano ha hecho mucho hincapié en reivindicar que los niños tienen
capacidad para moverse libremente en su entorno y valorar los peligros que les
rodeen, como el tráfico: "No les dejamos salir a la calle porque pensamos que no es
segura, pero, en realidad, no lo es porque no hay niños en ella; cuando permitimos
a los niños moverse solos se produce un aumento de la seguridad ambiental".

Y para demostrarlo cita una iniciativa llevada a cabo en Buenos Aires: "Se
establecieron recorridos seguros por los que los niños fueran solos a la escuela y los
datos de criminalidad bajaron del 50%". Y añade: "Es justo lo contrario de lo que
ocurre al poner medios de defensa; Estados Unidos invierte más que ningún país en
seguridad y es uno de los países más inseguros del mundo".

Que la opinión de los niños también cuente

Francesco Tonucci engloba sus proyectos hacia los niños en lo que ha denominado
la Ciudad de los Niños: "Es un camino o proyecto que intenta que en la política
entren los intereses de los niños; que al tomar una decisión se les tenga en
cuenta".

A parte de la experiencia argentina, en su ciudad natal se han desarrollado otras


iniciativas: "El Alcalde de Roma les pidió a los niños que le ayudasen a trabajar y
ellos descubrieron una contradicción entre dos artículos; uno de ellos reconocía su
derecho a jugar y el otro prohibía el juego en lugares públicos". En el año 2005 les
dieron la razón a los niños y se reconoció su derecho a jugar en lugares públicos.

En otros municipios, por ejemplo, se ha reducido la calzada para aumentar la


superficie de las aceras y favorecer así el paso de los niños cuando van a la
escuela.
Todas estas medidas buscan hacer del mundo un lugar en el que los chavales sean
más tenidos en cuenta. Fratto, desde sus cómics, escucha a los niños e intenta
hacer explícito lo que ellos no saben decir, al grito de ¡Basta!. Se trata de un
camino complicado, pero merece la pena. Y es que: "donde viven mal los niños
vivimos mal todos".