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SEPTIEMBRE DEL 2015

AÑO 50 - NÚMERO 66

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EL REBELDE
ÓRGANO OFICIAL DEL MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA

¡¡ Por una Vida Digna para Todos !!

A 50 años de la Fundación
de nuestro Partido.
Unidad para la democratización

Una vez más cae sobre las aspiraciones de los trabajadores y pueblos de Chile
la amenaza de la crisis o de la llamada desaceleración económica. Se pretende
que con ese argumento no se exija lo que legítimamente los trabajadores
necesitan. Como es habitual la situación económica se trata con el más descarado
cinismo, pues mientras los antecedentes muestran cifras de bajos crecimientos,
paralelamente se conoce que las grandes empresas nacionales y transnacionales
aumentan sus ganancias en millones de dólares. El cinismo llega naturalmente
al punto de esconder que las causas que generaran permanentemente estas
realidades están en nuestra dependencia y del lugar que el gran capital
transnacional le asignó a la economía nacional, lo que las clases dominantes
aceptaron a partir de la dictadura y continuaron luego con la Concertación y la
Nueva Mayoría. La carencia de un proyecto de desarrollo propio nos mantendrá
siempre en situación que los trabajadores y nuestras familias debamo postergar
nuestras legitimas aspiraciones y nos obligarán a pagar los costos de decisiones
que nunca tomamos.
La llamada transición es un fracaso para las aspiraciones de los trabajadores
y pueblos del país, pero es un triunfo para quienes al servicio de los patrones
lograron engañar a una buena parte del pueblo con que la alegría ya llegaba
o que habría crecimiento con equidad, entre otras frases mentirosas.
El realismo sin renuncia no es otra cosa que decir que nada cambiará. O sea
las aspiraciones populares de democracia en todos los planos seguirán quedando
postergadas como siempre. Si de realismo se trata, debemos decir con franqueza
que nunca los grandes empresarios nacionales y transnacionales han ganado
más dinero que ahora. Si de realismo se trata debemos decir con claridad que
mientras se insinuaba la crisis política algunos partidos llamados de izquierda
partieron raudos hacia la Concertación llevando como moneda de cambio el
control de las principales organizaciones sociales del país como un balón de
oxigeno por el que cobrarían un precio jugoso. Si durante mucho tiempo esos
mismos partidos fueron fuerzas auxiliares para la Concertación, ahora a cambio
de mucho dinero abandonaban el campo popular con la explicación de que se
incorporaban a la Nueva Mayoría para asegurar la realización del programa de
Bachelet. Esa argumentación la siguen manteniendo cuando saben con certeza
que realismo sin renuncia significa más de lo mismo.
Cuando todas las representaciones políticas de la clase dominante son
despreciadas y carecen de toda legitimidad, lo correcto es la búsqueda de la
alianza entre todos los que aspiramos a democratizar plenamente nuestra
sociedad. En el momento en que las aspiraciones democráticas reales de la
sociedad chilena surgen por todas partes, es de la mayor de las responsabilidades
entregar una dirección política. Se requiere de una conducción política y de
una organización que ordene los esfuerzos democratizadores en todos los
planos. Las clases dominantes pueden seguir con el poder todo el tiempo que
necesiten porque saben que en el lado contrario hasta el momento existe la
atomización y la desconfianza. Ellos saben y han comprobado que pueden
comprar conciencias individuales y partidos completos si ofrecen buenas
granjerías, pero los trabajadores también lo han aprendido y es por ello que
creen muy poco. Es necesario comprender que para cualquier proceso de
cambios democráticos reales se debe incorporar a las mayorías de verdad,
esas mayorías que tanto la derecha y la Concertación desde sus inicios dejaron
fuera del proceso de decisiones y que ahora la Nueva Mayoría insiste en dejar
de lado, a menos que puedan controlarlas para sus negociaciones. El campo
popular requiere de una representación social y política de sus necesidades y
aspiraciones. El pueblo ya sabe que no puede confiar en ninguna de las
representaciones que se han alternado en el gobierno, pero no tienen por el

momento donde dirigir su mirada porque donde lo hagan se encuentran
con organizaciones pequeñas y dispersas.
Necesitamos con urgencia la alianza de todos los demócratas, de los
hombres y mujeres de izquierda consecuentes, de los progresistas,
para construir el camino de la democratización plena de la sociedad
chilena. La corrupción que está en la base de la crisis del sistema político
no será erradicada por los mismos que la instalaron y desarrollaron
como sistema de dominación, explotación y cooptación. Las aspiraciones
de un mundo mejor no pueden bajo ningún concepto depender del
chorreo de las clases dominantes. Un mundo en el que se viva, se
estudie y trabaje, sabiendo que se aporta al mejoramiento de las
condiciones de vida de las grandes mayorías que crean las riquezas,
sólo puede ser obra en primer lugar de los trabajadores. Un mundo en
el que podamos vivir en paz con los pueblos hermanos no puede estar
dirigido por quienes impulsan la dependencia, la explotación y la
competencia en vez de la solidaridad. Nuestra sociedad se desarma
entre la droga, la falta de valores, la corrupción y los negociados que
dan grandes ganancias a costa del esfuerzo de los trabajadores y sus
familias. Los grandes problemas de nuestra sociedad se arrastran por
siglos y no se resuelven por arte de magia, pero hay que tener un punto
de partida. El momento actual entrega al menos tres elementos centrales
para el acercamiento de los esfuerzos, si es que hay decisión política.
En primer lugar, están la lucha social por las legítimas aspiraciones de
mejores condiciones de vida de las grandes mayorías del país. En
segundo lugar, está la lucha por la organización y movilización por una
Asamblea Constituyente, que genere una constitución verdaderamente
democrática para nuestra sociedad; y en tercer lugar, está el próximo
proceso electoral municipal. La alianza es una necesidad y una
responsabilidad política ineludible, que puede convertirse en un hecho
histórico y en un gran aporte al proceso continental democrático. Ninguna
organización o partido de izquierda o progresista puede por sí solo
resolver el problema de la organización y dirección del campo popular.
Esta es inevitablemente una tarea colectiva. De lo que se trata es de
tener la disposición política de buscar la alianza, de construir la alianza
y de ordenar la desconfianza. Muchos unidos nos potenciamos mucho
más que cada uno por su cuenta. La necesidad de la unidad para la
democratización no tiene porque tener acuerdo en todo, debemos buscar
el acuerdo y tratar los desacuerdos en el camino. Superar la desconfianza
producto de las derrotas del pasado y de las operaciones políticas es
parte del proceso. Otros pueblos han resuelto el tema de las alianzas
y han llevado mediante Asamblea Constituyente los intereses populares
a rango constitucional, las grandes mayorías de este país se merecen
lo mismo. Merecen una dirección política honesta, consecuente, que
no se venda ni por todo el oro del mundo ni por boletas del empresariado.
Ante todo los trabajadores y pueblos del país requieren de una dirección
política digna que practique dentro de las diferencias los mejores valores
de la humanidad.
Los procesos de alianza o unidad se construyen al calor de la lucha.
Es de una enorme responsabilidad política generar las condiciones para
que irrumpa la fuerza democratizadora de los trabajadores y pueblos
de Chile. No hay democratización real de la sociedad chilena sin pueblo
organizado y movilizado por sus intereses.
Romper con el cerco de la política contestataria es una necesidad
democrática. La ideología neoliberal se agota y hay que pegarle un
empujoncito. Ayudará a este camino el uso del llamado proceso
constituyente siempre y cuando se entienda la necesidad de la articulación
de los esfuerzos que se desarrollan. Los problemas de la injusticia no
se resuelven en esta coyuntura, pero sí podemos avanzar en la
democratización de la sociedad chilena.

POR UNA VIDA DIGNA PARA TODOS
¡UNIDAD PARA LA DEMOCRATIZACIÓN!

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