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La plaga filantrópica que azotó África


Un libro analiza las arbitrariedades del reparto del continente negro
CARLOS PRIETO - Madrid - 07/03/2010 08:00

Tan caprichosos como unos borrachos clavando banderitas al azar sobre un mapamundi. "Lo más
chocante de la partición de África quizás no sea lo que se hizo, sino la ligereza con que se hizo", cuenta
el historiador holandés Henri L. Wesseling en Divide y vencerás. El reparto de África, 1880-1914
(RBA). En menos de 20 años, las potencias europeas se repartieron África a "velocidad de vértigo" y
"en considerable armonía" porque "en la lotería africana ningún número se quedaba sin premio". Una
rifa muy heterodoxa: "En Europa, primero se conquistaba, y luego se reflejaba el resultado en el mapa.
En África, primero se dibujaba el mapa, y luego ya se vería. Los mapas de la partición no reflejaban la
realidad; la crearon", cuenta.

Wesseling cree que nada refleja mejor la arbitrariedad del reparto que la performance "descabellada"
montada por el rey Leopoldo II de Bélgica para quedarse con el Congo. O cómo "uno de los países
más pequeños de Europa se hizo con una de las colonias más grandes y ricas de África, a pesar de no
ambicionar ninguna".

Pese a que su "filosofía expresaba un brutal afán de expansión", logró enmascarar sus verdaderos
objetivos bajo una "filantropía profesada con mucho brío". Leopoldo se hizó con el Congo con todo en
contra, incluido su propio país. "Actuaría como particular, naturalmente con el prestigio propio de un
soberano y con el apoyo de su fortuna, pero prescindiendo del Parlamento. Sus operaciones se
desarrollarían en un extraño mundo de asociaciones, comités y empresas. Sus nombres eran siempre
internacionales, sus objetivos filantrópicos", cuenta.

El mercenario Stanley

La primera de las tapaderas de Leopoldo II se llamó Association Internationales Africaine (AIA). El


objeto declarado de la AIA era llevar la civilización al corazón de África por motivos humanitarios.
Leopoldo pretendía abrir bases internacionales en el Congo para "estudiar" el país y "acabar con la
esclavitud". Para lograrlo contó con la ayuda del célebre explorador británico Henry Stanley que, tras
encontrar al doctor Livingstone, no tuvo reparo en convertirse en el brazo derecho del monarca belga en
África. Quizás porque en Reino Unido no se fiaban de él: "Era implacable durante las expediciones. Se
rodeaba de lujos ilimitados. Nunca viajaba sin su cama portátil, su neceser de plata y su champán".

Pero cuando Stanley pisó el Congo se topó con Savorgnan Brazza. El explorador italiano, que estaba
allí al servicio de una organización filantrópica, llevaba meses firmando tratados con presuntos
monarcas. Espantado ante la posibilidad de perder su colonia, Leopoldo reaccionó enviando a Stanley
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monarcas. Espantado ante la posibilidad de perder su colonia, Leopoldo reaccionó enviando a Stanley
formularios listos para firmar. "Los jefes africanos pugnaban por deshacerse de su soberanía a cambio
de botellas de ginebra. En un año Stanley rubricó cientos de tratados con más de 2.000 jefes. Marcando
con una crucecita, traspasaban su soberanía a la Association Internationale du Congo (AIC), cuyo
carácter internacional era una ficción: no era ni más ni menos que Leopoldo bajo otro nombre".

Territorio inmenso

El rey reclamó la soberanía sobre el Congo y escribió un artículo en el Times en el que aseguraba que
la AIC era tan filantrópica como la Cruz Roja. "¿Qué se podía pensar del valor jurídico de sus montajes?
¿Podía concederse soberanía a algo así como una asociación internacional? Lo que Leopoldo poseía
era una cadena de bases aisladas; lo que exigía era un territorio inmenso que en Europa se hubiera
extendido de Barcelona a Estambul y de Sicilia a Suecia. A pesar de ello, y por irreal que parezca, eso
fue lo que pedía; y aún más irreal, lo que obtuvo".

La Alemania de Bismarck consideró que el Congo era menos peligroso en manos de Leopoldo II que en
las de Francia. La broma no se acabó hasta 1908, cuando el Gobierno de Bélgica se hizo cargo del
Congo tras conocerse las atrocidades cometidas por Leopoldo. La colonización dio paso a la
descolonización, pero los efectos del reparto permanecen. "El África actual, con sus problemas
territoriales y sus crisis, se originó ahí. En sentido político, el África actual ha sido creada por los
europeos de entonces", zanja.

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