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VIRGINIA M. AX LINE

DIBS
En busca del yo
Introducción de:
LEONARD CARM ICHAEL

EDITORIAL DIANA
MEXICO

1a. Edición, Julio de 197733a. Impresión, Abril de 2003

IMPRESO EN MÉXICO

Igual que JORDI/LISA Y DAVID, estudio perceptivo de adolescentes
perturbados,

Dibs, en busca del yo
Es el retrato de un niño que, sujeto a terapia, lleva a cabo una
lucha (en la cual resulta triunfante) por la propia identidad.
Para quienquiera que tenga, o que espere tener alguna vez,
contacto con niños pequeños, Dibs será una experiencia grata
y profundamente conmovedora.
VIRGINIA M. AXLINE es la autora de Terapia de juego, obra que
ha contribuido a hacer que su nombre se convierta en
sinónimo de la técnica de terapia de juego para niños. En Dibs
trasforma al lector en compañero, en una situación que, por
ser verdadera, resulta extraordinariamente emotiva: la aparición de la inteligencia y de la emoción en un niño de cinco
años, tan retraído, que sus propios padres lo habían considerado un débil mental. Dibs, como luego se vio, resultó ser un
niño muy inteligente. En este relato de su tratamiento, tomado,
en gran parte, de cintas grabadas, surge la personalidad del
pequeño a quien el lector dejará con una sensación de enorme
afecto y admiración. Espiritual y moralmente Dibs es un niño
tan maravilloso como lo fue la joven Hellen Keller, y su dominio
final de la comunicación emocional es paralelo al triunfo físico
que ella logró.

Introducción
Esta es la historia de la aparición de una personalidad
fuerte y sana en un niño que había estado profundamente
perturbado.
Para cuando el relato se inicia, Dibs lleva en la escuela
casi dos años. Al principio, no hablaba para nada. Algunas
veces se quedaba sentado, mudo e inmóvil toda la mañana, o
se arrastraba por el piso del salón de clases, ajeno a los otros
niños o a su maestra. A veces era presa de violentos berrinches. Las profesoras, la sicóloga y el pediatra del plantel se
hallaban penosamente perplejos ante la situación. Era ¿acaso
un retrasado mental? ¿Sufría quizá una profunda enfermedad
mental? ¿Se dañaría su cerebro a la hora del parto? Nadie lo
sabía.
El libro relata la aventura que la autora denomina apropiadamente "en busca del yo" de parte de ese, al principio,
pequeño ser humano patéticamente enfermo que al final
aparece como resultado de la ayuda clínica sutil y superlativamente diestra de la doctora Axline, como una persona brillante
y capaz, un verdadero líder.
La autora es ya famosa en el mundo de la sicología, por
sus aportaciones a la teoría y a la práctica de la terapia de
juego en los niños; su libro, Terapia de juego: la dinámica interna
de la infancia, ha ganado aplauso y aceptación unánimes.
Dibs es un libro interesante y lleno de emociones para el
lector en general; pueden leerlo con especial placer y provecho
los padres de familia que estén interesados en las maravi9
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llas del desarrollo mental de sus hijos. Su lectura resultará
también ventajosa a los estudiantes universitarios de sicología
infantil y asignaturas referentes a la naturaleza de la vida
mental normal y anormal.
Desde luego, el niño descrito en este libro es, al principio,

de lo más insólito; pero los estudiantes de sicología y siquiatría
se han percatado hace mucho de que no poca de la actual
comprensión de los procesos mentales normales y típicos, y
una gran proporción del desarrollo mental sano, pueden obtenerse
a través del estudio de las diferentes formas de conducta
exageradas] que aparecen en individuos atípicos. Debe
hacerse notar, 'además, que la sicología históricamente moderna
debe mucho al análisis detallado de casos aislados. En relación
con esto, deben mencionarse los trabajos iniciales de Freud y
de Morton Prince.
Tampoco puede haber duda de que uno de los grandes
problemas de nuestra época, tumultuosa y tecnológica, se
refiere al adecuado entendimiento de técnicas por medio de las
cuales se obtienen cambios de personalidad y conducta
permanentes. Dibs, como estudio de organización mental y de
modificación de la conducta, es importante en tal contexto.
Nadie que lea éste libro con interés, podrá ya pensar que el
desarrollo sicológico humano, el éxito en el salón de clases o la
adquisición de alguna destreza complicada, pueden lograrse
meramente por medio de la repetición evidente o del refuerzo de
simples patrones de respuestas.
Otra idea nueva, subrayada en este libro, es que la curación verdaderamente profunda y efectiva de un niño perturbado
puede ayudar en forma muy real a la higiene mental de los padres
del mismo. Esta es una novedosa reversión de la vieja verdad
que establece que el tratamiento clínico afortunado de los
padres de un niño es, a menudo, la mejor forma de terapia para
un pequeño perturbado.
Pero sobre, todo, ¡Dibs es buena lectura! ¡Para mí, tan
emocionante como una novela policiaca de primera clase!
LEONARDCARMICHAEL
Washington, D. C.

Prólogo
Esta es la historia de un niño en busca del yo, a través del
proceso de la sicoterapia. De la experiencia de una persona
viva, se creó un niñito llamado Dibs. Al encaminarse a enfrentar
las fuerzas abruptas de la vida, crecieron dentro de él una
nueva conciencia del ser, y el descubrimiento intenso de que
tenía dentro de sí una estatura y una sabiduría que se ensanchan y se contraen influidas por el sol y las nubes, como, lo
hacen las sombras.
Dibs experimentó profundamente el complejo proceso de
crecer, de esforzarse por los preciosos dones de la vida, de empaparse en el torrente solar de sus esperanzas y en la lluvia
de sus penas. Lenta, tentativamente, descubrió que la seguridad de su mundo no estaba totalmente fuera de él, sino que el
centro estabilizador que buscaba con tanta intensidad, se
hallaba bien adentro de ese yo.
Porque Dibs habla en un lenguaje que reta la complacencia de tantos de nosotros, y porque anhela lograr un ser que
pueda orgullosamente reconocer su nombre y su lugar en el
mundo, su historia se vuelve la historia de todos. A través de
sus experiencias en el cuarto de juegos, en el hogar y en la
escuela, su personalidad se desenvuelve gradualmente y
realza, en cierta forma gentil, la vida de otros que tuvieron el
privilegio de conocerlo.
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Era la hora del almuerzo, la hora de ir a casa, y los niños
se movían en desorden por el salón, a su manera ruidosa acostumbrada, perdiendo el tiempo, poniéndose abrigos y sombreros;
pero Dibs, no: se había arrinconado en una esquina del salón y
estaba ahí agachado, con la cabeza baja, los brazos cruzados
apretadamente sobre el pecho, sin hacer caso de que era hora
de regresar a casa. Miss Jane y Hedda ayudaban a los
otros niños cuando era necesario, y vigilaban a Dibs subrepticiamente.
Los otros niños dejaban la escuela cuando sus madres lle-

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gaban por ellos. Ya solas con Dibs, las maestras intercambiaron miradas y lo observaron acurrucado contra la pared.
—Es tu turno —dijo Miss Jane, y salió silenciosamente
del salón
—Ándale, Dibs. Es hora de ir a casa. Es hora del almuerzo —
dijo pacientemente Hedda.
Dibs no se movió; su resistencia era tensa y resuelta.
—Te ayudare con tu abrigo —dijo Hedda, acercándose
lentamente a él, llevándole la prenda.
El no levantó la vista. Se apretó hacia atrás contra la pared, con la cabeza hundida entre los brazos.
—Por favor, Dibs. Tu madre no tardará en estar aquí. La
señora siempre llegaba tarde, probablemente esperando
que la batalla del sombrero y del abrigo hubiera pasa13
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do, a fin de que entonces Dibs se fuera tranquilamente con
ella.
Hedda estaba ahora junto a Dibs. Se inclinó y le acarició
el hombro.
—Ándale, Dibs —dijo gentilmente—. Tú sabes que es hora
de irnos.
Como una pequeña furia, Dibs la atacó, golpeándola con
los pequeños puños apretados, arañándola, tratando de morderla,
gritando:
—¡No voy a casa! ¡No voy a casa! ¡No voy a casa! —
era el mismo grito de todos los días.
—Ya sé i dijo Hedda—; pero tienes que ir a casa a comer. Quieres llegar a ser grande y fuerte, ¿o no?
Súbitamente Dibs perdió la energía. Dejó de atacar a.
Hedda. La dejó que le metiera los brazos en las mangas del
abrigo y que se lo abotonara.
—Regresarás mañana —dijo Hedda.
Cuando su madre llegó por él, Dibs se fue con ella, inexpresivo, con la cara manchada por las lágrimas.
Algunas veces la batalla duraba más y no había pasado
cuando su madre llegaba. Las veces que eso ocurría, ella mandaba por el chofer, un hombre muy alto y fuerte. Este entraba,
tomaba a Dibs en los brazos, y lo llevaba al automóvil, sin decir
palabra a n die. Algunas veces Dibs gritaba por todo el camino
hacia el auto y golpeaba al chofer con los puños apretados; otras,
se callaba súbitamente, derrotado y sin energías. El hombre nunca
le hablaba a Dibs. Parecía no importarle si lo atacaba y gritaba o si
se callaba inmediatamente y se quedaba pasivo.
Dibs había asistido a esta escuela particular durante casi
dos años. Las maestras habían hecho todo lo que. estaba de su
parte para establecer una relación con él, obtener una respuesta suya, pero no habían tenido éxito. Dibs parecía determinado en mantener alejados a todos; al menos, eso era lo que
Hedda pensaba; Había hecho algunos progresos en la escuela.
Cuando empezó a asistir, no hablaba y nunca se aventuró fuera
de su silla. Se sentaba ahí mudo e inmóvil toda la mañana.
Después de muchas semanas empezó a dejar su silla y a gatear
por el salón, aparentemente mirando algunas de las cosas que
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había a su alrededor. Cuando alguien sede acercaba, se acurrucaba sobre el piso y no se movía. Nunca veía a nadie directamente a los ojos, ni respondía cuando alguien le hablaba.
El récord de asistencias de Dibs era perfecto. Todos los
días su madre lo traía a la escuela en el automóvil. A veces
ella lo guiaba hacia adentro, torvo y silencioso, o el chofer lo
cargaba y lo dejaba justo adentro de la puerta. Nunca lloraba
o gritaba al llegar a la escuela. Cuándo lo dejaban ahí precisamente dentro de la puerta, se quedaba de pie, lloriqueando,
esperando hasta que alguien se le acercara y lo condujera al
salón. Cuando portaba abrigo no trataba de quitárselo; una de
las maestras, al saludarlo, se lo quitaba, y lo dejaba solo. Los

otros niños pronto se ocupaban en alguna actividad en grupo o en
tareas individuales. Dibs pasaba el tiempo gateando por los
extremos de la habitación, escondiéndose bajo las mesas, o
tras el piano, mirando libros todo el tiempo.
En la conducta de Dibs había algo que desafiaba a las
maestras a ponerlo en alguna categoría, volublemente y en
forma rutinaria, y a dejarlo seguir su camino: ¡su conducta era
tan dispareja! En alguna ocasión, parecía ser extremadamente retrasado mental; en otra, hacía rápida y tranquilamente
algo que indicaba que quizá tenía una inteligencia superior. Si
pensaba que alguien lo estaba observando, se escondía rápidamente en su concha. La mayor parte del tiempo se arrastraba
por los extremos del salón, acechando bajo las mesas, meciéndose de atrás para adelante, masticando el costado de su
mano, chupándose el pulgar, postrándose rígido en el piso
cuando alguna de las maestras o alguno de los niños trataba
de involucrarlo en alguna actividad. Era un niño solitario en lo que
debe de haberle parecido un mundo frío y hostil.
Caía presa de berrinches algunas veces cuando era hora
de ir a casa, o cuando alguien trataba de forzarlo a realizar
algo que no quería hacer. Las maestras habían decidido que
siempre lo invitarían a unirse al grupo, pero que nunca tratarían
de forzarlo a hacer algo, a menos que fuera absolutamente
indispensable. Le ofrecían libros, juguetes, rompecabezas, toda
clase de materiales que pudieran interesarle. El no tomaba
nada, directamente, de nadie. Si el objeto se colocaba en una
mesa o en el piso cerca de él, más adelante, lo tomaba y lo
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examinaba cuidadosamente. Nunca dejó de aceptar un libro.
Escudriñaba las páginas impresas "como si pudiera leer", como
decía tan a menudo Hedda.
Algunas veces, una maestra se sentaba cerca de él y le
leía un cuento o le hablaba de algo mientras él yacía boca
abajo en el piso, sin retirarse, pero sin ver hacia arriba y
sin mostrar algún interés abierto. Miss Jane había pasado
en esa forma mucho tiempo con Dibs. Ella hablaba de diversas
cosas mientras sostenía los materiales en su mano, demostrando
lo que estaba explicando. En una ocasión el tema era imanes y
los principios de la atracción magnética; en otra, tenía una
interesante roca en la mano. Hablaba de cualquier cosa que
pensaba que podría despertar. interés. Decía que a menudo se
sentía como una tonta, como si estuviera ahí sentada hablando
consigo misma, pero algo en la postura del niño le daba la
impresión de que estaba escuchando. Además, se decía ella,
¿qué podía perder?
Las maestras estaban perfectamente desconcertadas con
Dibs. La sicóloga de la escuela lo había observado y había tratado
de ponerle algunas pruebas, pero Dibs no estaba preparado
para ellas. El pediatra del plantel lo había visto varias veces y
al final se dio por vencido, no sin desesperación. Dibs desconfiaba
del médico, con su bata blanca, y no le permitía acercársele. So
ponía de espaldas contra la pared y extendía las manos hacia
adelante, "listo para rasguñar", preparado para atacar si
alguien se acercaba demasiado.
—Es un niño extraño —había dicho el pediatra—. ¿Quién
puede saberlo? ¿Retrasado mental? ¿Sicótico? ¿Dañado del
cerebro? ¿Quién puede acercársele lo suficiente para averiguar lo que le pasa?
No era aquella una escuela para débiles mentales o para
niños con problemas emocionales, sino un plantel particular,
muy exclusivo' para niños de tres a siete años de edad, en una
hermosa mansión antigua del alto lado oriente; por tradición
atraía especialmente a los padres de niños muy inteligentes y
sociables.
La madre de Dibs había convencido a la directora para
que lo aceptara a él. Había usado influencias a través de la
mesa directiva para que lo admitieran. La tía abuela de Dibs
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contribuyó generosamente al sostenimiento de la escuela. Debido
a estas presiones fue admitido en el grupo de educación
preescolar.
Las maestras habían sugerido varias veces que Dibs necesitaba ayuda profesional.
—Denle más tiempo —había sido siempre la respuesta de la
madre.
Casi habían pasado dos años y aunque él había progresado un poco, las maestras sentían que no era suficiente. Pensaban que era injusto para Dibs dejar que la situación se prolongara
indefinidamente. Ellas solo podían esperar que él saliera de su
concha. Cuando hablaban de Dibs (y no pasaba ningún día sin
que lo hicieran), siempre acababan igualmente desconcertadas y
desafiadas por el niño. Después de todo, solo tenía cinco años.
¿Podía realmente darse cuenta de todo lo que pasaba a su
alrededor y mantener todo encerrado dentro de sí mismo?
Parecía leer los libros sobre los que se abstraía; esto, se decían,
era ridículo. ¿Cómo podía un niño leer si no se podía expresar
verbalmente? ¿Podría un pequeñín tan complejo ser un débil
mental? Su conducta no parecía la de un retrasado mental.
¿Vivía acaso en un mundo de su, propia creación? ¿Sería
autista? ¿Estaba fuera de contacto con la realidad? Más a
menudo parecía que su mundo era una realidad hiriente, un
tormento, una desdicha.
El padre de Dibs era un conocido científico, brillante, decían
todos, pero nadie en la escuela había tenido oportunidad de
conocerlo. Dibs tenía una hermana menor. Su madre decía que
Dorothy era una niña "muy inteligente" y "una criatura perfecta".
La niña no asistía a esa escuela. Cierta ocasión, Hedda se
había encontrado a Dorothy con su madre, en Central Park; Dibs no
estaba con ellas. Hedda dijo a las otras maestras que a. ella le
parecía que la "perfecta Dorothy" no era más que una "niña
mimada". Hedda estaba interesada en Dibs, por quien sentía
profunda simpatía y admitió que su evaluación de Dorothy no era
imparcial; por otra parte, tenía fe en Dibs y creía que algún día,
en alguna forma, el niño saldría de su pris i ó n d e i r a y
t em o r.
Finalmente, el profesorado había decidido que algo debería
hacerse con Dibs. Algunos de los otros padres de familia se
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habían estado quejando de su presencia en la escuela, especialmente
después de que había arañado o mordido a algún niño.
Fue, en este punto, cuando se me invitó a asistir a una
conferencia acerca del caso, dedicada a tratar los problemas de
Dibs. Soy sicóloga clínica, y me he especializado en trabajar con
niños y padres de familia. Oí hablar de Dibs por primera vez en esa
conferencia, y lo que he escrito aquí fue relatado por las maestras, la
sicóloga de la escuela y el pediatra. Me preguntaron si vería a Dibs y
a su madre para después darles mi opinión antes de que decidieran
despedirlo de la escuela y catalogarlo como uno de sus fracasos.
La reunión se llevó a cabo en el plantel. Escuché con interés
todos los comentarios que se hicieron. Me había impresionado el
efecto que la personalidad de Dibs había causado en estas personas;
se sentían frustradas y continuamente desafiadas por su conducta
dispareja: solo había coherencia en su antagonismo, en su rechazo
hostil contra todos aquellos que se le acercaban demasiado; su obvia
desdicha preocupaba a estas personas sensitivas que sentían el frío
desolador del pequeño.
—Tuve una entrevista con su madres la semana pasada —me
dijo Mis Jane—. Le indiqué que con toda probabilidad tendríamos que
despedirlo de la escuela, pues sentíamos que habíamos hecho todo lo
que podíamos por ayudarlo y que nuestros mejores esfuerzos no
habían sido suficientes. Se alteró mucho, es una persona muy
difícil de tratar. Estuvo de acuerdo, luego, en dejarnos llamar a un
especialista y en que tratáramos de evaluar a Dibs una vez más.
Después dijo que si no lo podíamos mantener aquí, nos agradecería
que le diéramos el nombré de alguna institución privada para internar
a niños débiles mentales. Dijo que ella y su esposo han aceptado el

hecho de que quizá sea Dibs un retrasado mental o esté dañado del
cerebro.
Este comentario provocó una explosión de Hedda.

¡Ella prefiere creer que es un retrasado mental, que admitir que tal vez esté perturbado emocionalmente, y que quizá es ella
misma la responsable de esto! —exclamó.
—Parece que no podemos ser muy objetivas acerca de él —dijo
Miss Jane—. Creo que es por eso por lo que hemos te- 19
nido a Dibs con nosotras tanto tiempo y por lo que hemos
exagerado el poco provecho que ha logrado. No podíamos soportar la
idea de rechazarlo y de no haber tomado parte en su defensa. Nunca
hemos podido discutir acerca de Dibs; sin sentirnos involucradas en
nuestras propias reacciones emocionales en lo que a él concierne y
a las actitudes de sus padres. Y ni siquiera nos sentimos seguras
de que nuestras actitudes acerca de estos sean justificadas.
—Estoy segura de que Dibs se halla a punto de salir del
atolladero —dijo Hedda—. No creo que pueda mantener firmes
sus defensas por mucho más tiempo.
Obviamente había algo acerca de este niño, que había
cautivado el interés y los sentimientos de las maestras. Yo podía
sentir su compasión por el pequeño; podía advertir el efecto de su
personalidad, y la abrumadora conciencia de nuestras limitaciones
para comprender en términos claros, concisos, inmutables, las
complejidades de una personalidad. Me percataba, yo, del respeto
que hacia él sentían los integrantes de la conferencia.
Se decidió que yo vería a Dibs en una serle de sesiones de
terapia de juego, si sus padres estaban de acuerdo con la idea. No
teníamos manera de saber en qué forma esto habría de sumarse a la
historia de Dibs.

2
De nuevo, afuera, dentro de la noche en donde la opaca luz
oscurece las líneas decisivas de la realidad proyecta sobre el
mundo inmediato una vaguedad amable. Ahora, no todo es cuestión
de blanco y negro. No es cuestión de "ahora es cuando" porque no
hay luz deslumbrante de evidencia inequívoca en la que se ve una
cosa como es y se conocen las respuestas. El cielo oscurecido
proporciona espacio cada vez mayor para juicios suavizados,
procesos suspendidos, cobijo emocional. Lo que es, visto en esa luz,
parece tener tantas posibilidades que lo definitivo se vuelve ambiguo.
Aquí el beneficio de la duda puede florecer y sobrevivir por tiempo
suficiente como para forzar consideraciones sobre los alcances y las
limitaciones de la evaluación humana; pues cuando los horizontes
crecen o disminuyen dentro de una persona, las distancias no pueden
ser medidas por otras. La comprensión crece a partir de la experiencia
personal que permite a alguien ver y sentir en formas tan variadas y
tan llenas de significados variables, que el propio estado de conciencia
de uno mismo es el factor determinante. Aquí se puede admitir
desde luego que los pensamientos, actitudes, emociones,
necesidades, proyectan las sustancias de un mundo de sombras. Tal
vez sea más fácil entender que aunque no tenemos la sabiduría de
enumerar las razones para la conducta de otra persona, podemos
conceder que cada individuo tiene su mundo privado de signi21
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ficados, concebido por la integridad y la dignidad de su personalidad.
De aquella reunión llevé conmigo un sentimiento de respeto
compartido y el anhelo para conocer a Dibs. Había capturado el
contagioso elemento de impaciencia con la cómoda complacencia
que abandona toda esperanza sin tratar una vez más (siempre, solo
una vez más) de abrir la puerta de nuestras actuales respuestas
inadecuadas para tales problemas. No conocemos las respuestas
para los problemas que entrecruzan el campo de la salud mental.
Sabemos que muchas de nuestras impresiones son frágiles.
Reconocemos el valor de lo objetivo y del estudio tranquilo y ordenado.
Sabemos que la investigación es una combinación fascinante de
corazonadas, especulación, subjetividad, imaginación, esperanzas y
sueños, mezcladas precisamente con hechos recogidos de manera objetiva y atados a la realidad de una ciencia matemática. Una sin la

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otra no son completas; juntas, avanzan paso a paso a lo largo del
camino en la búsqueda de la verdad, dondequiera que esta se
encuentre.
Así as que pronto habría de conocer a Dibs. Iría a la escuela a
observarlo en el grupo, con los otros niños. Trataría de verlo a salas por
un rato. Después visitaría su casa para entrevistar .a su madre.
Decidiríamos acerca del horario para otras citas en el cuarto de
juegos del Centro Infantil de Guía Sicológica (Child Guidance Center).
Ese sería nuestro punto de partida.
Buscábamos la solución a un problema y todos sabíamos que
esta experiencia adicional solo sería un leve atisbo en la vida privada
de este niño. No sabíamos lo que podría significar para Dibs Era una
oportunidad adicional de tratar de apresar la punta de un hilo que
habría de desenredar algunos nudos y que permitiría ver algo que nos
ayudara a comprender.
Al caminar hacia abajo del East River Drive pensaba en muchos
de los niños que había conocido, pequeños infelices, cada uno
frustrado en sus intentos de lograr una identificación propia que
pudieran reclamar con dignidad, seres incomprendidos, pero luchando
una y otra vez por ser personas por derecho propio. De los sentimientos,
pensamientos, fantasías, sueños y esperanzas proyectados, surgían
nuevos horizontes 23
para cada pequeño. Yo había conocido niños que habían sido
dominados por sus temores y ansiedades, luchando en defensa propia
contra un mundo que por muchas razones les resultaba insoportable.
Algunos habían emergido de la lucha con fuerzas renovadas y con
capacidad para hacer frente a sus mundos en forma más
constructiva. Otros más no habían podido soportar el impacto de sus
atroces destinos. Y no hay fáciles explicaciones; decir que se le
rechazó y no se 1e aceptó, no quiere decir nada en la comprensión
del mundo interior del niño. Muy a menudo esos términos son solo
etiquetas convenientes, colgadas como coartadas para disculpar
nuestra ignorancia. Debemos evitar clichés, interpretaciones y
explicaciones rápidas y hechas a la medida. Si queremos
acercarnos más a la verdad debemos investigar más
profundamente dentro de las razones de nuestro comportamiento.
Iré a la escuela mañana por la mañana, decidí. Telefonearé a
la mamá de Dibs para concertar una cita en su casa tan pronto
como sea posible. Veré a Dibs el próximo jueves en el salón de
terapia de juegos del Centro Infantil de Guía Sicológica. ¿Y en qué
terminará todo? Si no logra romper ese muro que ha erigido tan
fuertemente a su alrededor —y es muy posible que no lo logre—,
tendré que pensar en transferirlo a otra persona para un
tratamiento diferente. Algunas veces una cosa resulta muy bien
con un niño, pero no tan bien con otro; pero no nos damos por
vencidos tan fácilmente. No eliminamos un caso como "inútil" sin
probar al, menos otra cosa.
Algunas personas piensan que esto es muy malo: mantener la
esperanza viva cuando no hay base para ello. Pero no estamos
buscando un milagro; estamos buscando comprensión, creyendo
que la comprensión nos llevará hasta el umbral de las maneras más
efectivas de ayudar a la persona a desarrollar y utilizar su capacidad,
en forma más constructiva. Esta búsqueda continúa y seguiremos
investigando hasta encontrar un camino fuera del desierto de nuestra
ignorancia.
A la mañana siguiente llegué a la escuela antes que los niños.
Las habitaciones ocupadas por el jardín de niños eran alegres y
brillantes, con equipo apropiado y atractivo.
—Los niños estarán pronto aquí —dijo Miss Jane—. Me
interesa mucho saber qué opinión se forma de Dibs. Espero
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que se le pueda ayudar. Ese niño me preocupa profundamente. Usted
sabe, cuando un niño es un verdadero retrasado mental hay un patrón
de conducta, total y constante, que se observa en sus intereses y en
sus actos. ¿Pero en Dibs? Nunca sabemos de qué humor va a estar;
solo sabemos que nunca habrá sonrisas: ninguna de nosotras lo ha visto
sonreír alguna vez o que ni siquiera se verá remotamente feliz. Es por eso
que hemos sentido que su problema va más allá del simple retardo

mental. Es demasiado emocional. Aquí llegan ahora algunos de los
niños.
Y los pequeños se aproximaban. La mayoría de ellos entraban
con miradas de alegre expectativa. Ciertamente parecían relajados y
cómodos en esta escuela. Se llamaban saludándose alegremente
unos a otros y a las maestras. Algunos de ellos se dirigieron a mí, me
preguntaron mi nombre e inquirieron por qué estaba yo ahí. Se
quitaron sus sombreros y abrigos y los colgaron en sus gavetas. El
primer periodo era de libre elección. Los niños buscaban los juguetes
y actividades en que estaban interesados y jugaban y platicaban juntos
de manera espontánea en extremo.
Entonces llegó Dibs. Su madre lo guió hasta la habitación; sólo pude
darle un vistazo porque habló brevemente con Miss Jane, dijo adiós y
dejó a Dibs. Este llevaba puestos un abrigo de lana' gris y una gorra. Se
quedó de pie ahí donde su madre lo dejó. Miss Jane le habló, le
preguntó si querría colgar su abrigo y su gorra. El no contestó.
En verdad, era grande para su edad; su rostro estaba muy pálido.
Cuando Miss Jane le quitó la gorra pude ver que tenía cabello negro y
rizado. Los brazos le colgaban lacios a los la- dos. Miss Jane le ayudó
a quitarse el abrigo. Parecía no querer cooperar. Ella colgó el abrigo y la
gorra en su gaveta.
Al acercarse a mí me dijo en voz baja:
-Bien, ahí está Dibs. Nunca se ha querido quitar el
sombrero y el abrigo él mismo, así es que nosotras ya lo hacemos
de rutina. Algunas veces tratamos de que se una al grupo en
determinada actividad, o le damos algo específico para que lo haga;
pero él rechaza todas nuestras ofertas. Esta mañana lo dejaremos solo
y usted podrá ver lo que él haga. Puede ser que se quede ahí parado
por mucho tiempo, o que empiece a moverse de una cosa a la
otra. Algunas veces
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revolotea de una cosa a la otra como si no tuviera capacidad para
concentrarse; otras veces, se concentra en algo, por espacio de
casi una hora. Todo depende de cómo se sienta.
Miss Jane se acercó a otros niños. Yo observé a Dibs, tratando
de pasarle inadvertida.
Se quedó ahí, de pie. Después se dio vuelta, muy despacio y
deliberadamente; levantó las manos en un casi inútil gesto de
desesperación, y luego las dejó caer a los lados. Se dio vuelta
nuevamente. Ahora yo quedaba en su línea de visión, si es que quería
mirarme. Suspiró, se mordió los labios, se quedó parado.
Un niñito se le acercó corriendo:
-¡Hola, Dibs! —dijo—. ¡Ven a jugar!
Dibs quiso golpearlo. Lo habría rasguñado, pero el niño brincó
rápidamente hacia atrás:
— ¡Gato! ¡Gato! ¡Gato! —gritó el niño, molestándolo.
Miss Jane se acercó y mandó al niño a jugar en el otro extremo
del salón.
Dibs se movió hacia la pared, cerca de una pequeña mesa en la
que había algunas piedras, conchas, trozos de carbón y otros
minerales. Permaneció de pie junto a la mesa. Lentamente, levantó
primero un objeto y luego otro. Pasó los dedos alrededor de ellos, se
tocó la mejilla con ellos, los olió, los probó con la lengua. Después
los dejó en su lugar cuidadosamente. Dirigió los ojos hacia la
dirección en que yo me hallaba. Me miró fugazmente. Se agachó,
se arrastró bajo la mesa y se quedó ahí sentado, casi completamente
oculto.
Entonces me di cuenta de que los otros niños traían sus sillas a
formar un pequeño círculo alrededor de una de las profesoras; era la
oportunidad que tenían de mostrar a sus compañeros lo que habían
traído a la escuela y de relatarles las noticias que para ellos eran
importantes. La maestra les contó un cuento. Cantaron algunas
canciones.
Dibs, bajo la mesa, no estaba muy lejos. Desde su posición
ventajosa podía oír lo que estaban diciendo y ver lo que estaban
mostrando, si hubiese querido. ¿Había acaso anticipado esta
actividad del grupo cuando se escondió bajo la mesa? Era difícil
asegurarlo. Se quedó ahí hasta que el círculo se deshizo y los niños

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se dedicaron a otras actividades. Entonces él también escogió otra
actividad.
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Gateó por la habitación, manteniéndose junto a la pared,
deteniéndose a examinar muchas de las cosas que encontraba a su
paso. Cuando llegó al amplio alféizar de la ventana, en donde se
encontraban el terrario y la pecera, trepó junto a ellos y se quedó
mirando fijamente dentro de los grandes recipientes cúbicos de vidrio.
Ocasionalmente metía la mano y tocaba algo en el terrario; cuando lo
hacía su toque era hábil y ligero. Permaneció ahí por espacio de
media hora, aparentemente absorto en su observación. Después
siguió gateando, completando su viaje alrededor del salón. Tocaba
algunas cosas, rápida y cuidadosamente, luego continuaba hacia
otra.
Cuando llegó al rincón de lectura, tocó los libros que se hallaban
sobre la mesa, escogió uno, tomó una silla, la arrastró a través del
salón hasta un rincón y se sentó en ella, con la cara hacia Reparad.
Abrió el libro al principio y examinó lentamente cada página, volviendo
las hojas con mucho cuidado. ¿Estaría leyendo? ¿Estaría siquiera
mirando las ilustraciones? Una de las maestras se le acercó.
—¡Ah ya veo! —dijo—, estás viendo el libro de los pájaros.
¿Quieres contarme algo de él, Dibs? —preguntó con voz amable y
gentil. I
Dibs arrojó el libro lejos de sí. Se tiró al suelo y permaneció ahí
tieso y rígido, boca abajo, inmóvil.
—Lo siento —dijo la maestra—. No fue mi intención molestarte,
Dibs, —Recogió el libro, lo puso en la mesa, caminó hacia mí.
—Eso es 'característico —dijo—. Hemos aprendido a no
molestarlo. Pero yo quería que usted lo observara.
Dibs, en su posición boca abajo, había vuelto la cabeza de manera
que pudiera observar a la maestra. Fingimos no verlo; al fin, se
levantó y caminó lentamente por los extremos del salón. Tocó las
pinturas, las crayolas, el barro, los clavos, el martillo, la madera, el
tambor, los címbalos. Los levantaba y los volvía a dejar en su lugar.
Los otros niños se ocupaban de sus diferentes; quehaceres, sin
prestarle mucha atención. El evitaba todo contacto físico con ellos, y
ellos lo dejaban en paz. Más adelante llegó la hora de salir a jugar.
Una de las maestras me dijo:
—Tal vez salga, tal vez no. Yo no apostaría. 27
Anunció que era la hora del recreo. Preguntó a Dibs si quería
salir.
—No salir —expresó el niño, en tono apagado y pesado. Dije que
yo pensaba salir, pues era un lindo día. Me puse mi abrigo.
—¡Dibs salir! —exclamó súbitamente aquel.
La maestra le puso el abrigo; él caminó, torpemente hacia el
patio de recreo: su coordinación era muy deficiente. Parecía como si
estuviera todo atado en nudos, tanto física como emocionalmente.
Los otros niños jugaban en la caja de arena, en los columpios, en
la changuera, en las bicicletas; jugaban pelota, cachadas,
escondidillas; corrían, brincaban, trepaban, saltaban. Pero Dibs, no.
Se encaminó hacia un rincón remoto, recogió una varita, se sentó en
cuclillas y se dedicó a rascar la tierra con ella: de arriba a abajo, de
arriba a abajo, haciendo pequeños surcos en la tierra, sin mirar a nadie,
mirando fijamente la varita y el suelo, agachado sobre esta actividad
solitaria, silencioso, encerrado en sí mismo, remoto.
Decidimos que cuando los niños regresaran al salón y después de su
periodo de descanso, yo llevaría a Dibs al salón de juegos que se
encontraba al final del vestíbulo, si es que quería ir conmigo.
Cuando la maestra tocó la campana, todos los niños
entraron, incluso Dibs. Miss Jane le ayudó con su abrigo. El mismo le
dio su gorra esta vez. La maestra puso un disco de música suave en
el fonógrafo. Cada niño sacó su tapete y lo extendió en el piso, para
descansar. Dibs sacó el suyo y lo desenrolló; lo colocó debajo de la mesa
de la biblioteca, lejos de los otros niños. Se acostó boca abajo en el
tapete, se metió el pulgar a la boca, y descansó con los otros niños.
¿Qué pensaba, en su pequeño mundo solitario? ¿Cuáles eran sus
sentimientos? ¿Por qué se comportaba en esta forma? ¿Qué le
había ocurrido a este niño, que había causado en él ese tipo de aleja-

miento de las personas? ¿Podríamos lograr llegar hasta él?
Después del recreo los niños guardaron sus tapetes. Dibs enrolló
el suyo y lo guardó en el espacio correcto, en el estante. Los niños
formaron varios grupos pequeños. Un grupo iba a tener un periodo de
trabajo y a construir cosas con trozos de madera; otro grupo iba a
pintar o a jugar con barro.
28
Dibs estaba de pie junto a la puerta. Me le acerqué y le
pregunté si; quería venir un rato conmigo al pequeño cuarto de juegos
que estaba al final del vestíbulo. Le tendí la mano. Dudó por un
momento, después tomó mi mano sin una palabra y caminó hacia el
cuarto de juegos conmigo. Cuando pasábamos frente a las puertas de
algunas de las otras habitaciones, murmuró algo que no entendí. No le
pedí que repitiera lo que había dicho; solo hice el comentario de que el
cuarto de juego estaba al final del vestíbulo. Esa respuesta inicial del
niño me interesó profundamente: había salido del salón con una
persona extraña sin dudarlo un momento. Aunque al sostener mi
mano sentí el fuerte apretón, estaba tenso; a pesar de esto, y en
forma sorprenden e, deseoso de ir.
En el extremo del vestíbulo, debajo de las escaleras de la parte
posterior del edificio había una pequeña habitación destinada al cuarto
de terapia de juego. No era un lugar atractivo; la falta de color y de
arreglo daban al ambiente una impresión de monótona frialdad. La
angosta ventana dejaba entrar un poco de sol, pero el efecto total
era deprimente, a pesar de que las luces estaban encendidas. El
color de las paredes era un amarillo descolorido, sucio, con manchas
disparejas de zonas lavadas aquí y allá. Algunas de las manchas
estaban rodeadas con manchas de la pintura que se había pegado a
la áspera superficie del yeso; el piso, cubierto con linóleo de color
café, opaco, marcado con rayas de un trapeador que había pasado por
encima con rapidez y no muy limpio. Flotaba en el ambiente 911 acre
olor de barro húmedo, arena mojada, y acuarelas rancias.
Había juguetes en la mesa, en el piso, y en algunos de los
estantes ubicados alrededor de la habitación; además, una casa de
muñecas en el piso, cada uno de cuyos cuartos estaba parcamente
equipado con muebles resistentes hechos de cubos de madera. Una
familia de pequeños muñecos yacía en el piso, enfrente de la casa de
juguete, todos amontonados ahí: la mamá, el papá, el hijo, la hija y los
bebés, y cerca, una caja abierta que contenía otras muñecas en
miniatura. Había también unos cuantos animales de hule: un caballo,
un león, un perro, un gato, un elefante, un conejo; algunos coches de
juguete y algunos aeroplanos. Sobre el piso había una caja de 29
cubos de madera; en la caja de arena algunos cuencos, cucharas, unos
cuantos trastecitos de hojalata. En la mesa se veía un recipiente con
barro, y en el caballete algunas pinturas y papel para dibujar; sobre el
estante, un biberón lleno de agua. Una gran muñeca de trapo estaba
sentada en una silla. En un rincón estaba una figura de hule inflado, alta; y
con un contrapeso en la base para que recuperara una posición
vertical después de que la tiraran. Los juguetes estaban hechos para
durar, pero se veían usados y descuidados.
No había nada en la habitación o en los materiales que esta
contenía, que tratara de restringir las actividades de un niño. Nada
parecía ser ni muy frágil ni muy fino para que se le tocara o se le diera un
cierto trato rudo. La habitación proporcionaba tanto espacio como
algunos materiales que pudieran prestarse a la eclosión de la
personalidad de los niños que habrían de pasar algún tiempo ahí. Los
ingredientes de la experiencia harían a ese lugar singular y diferente
para cada pequeño. Aquí, alguno de ellos podría buscar en el silencio
viejos sonidos, gritar sus descubrimientos de un yo capturado momentáneamente y, así, escapar de la prisión de sus incertidumbres,
ansiedades y temores. El niño trae a este ambiente el impacto de todas las
formas y sonidos y colores y movimientos, y reconstruye su mundo,
reducido a un tamaño que él puede manejar.
Al entrar a la habitación dije:
—Pasaremos aquí una hora juntos. Puedes ver los juguetes y
los materiales que tenemos.
Me senté en una sillita, exactamente cerca de la puerta. Dibs se
quedó de pie en medio de la habitación, dándome la espalda y

así. "Creo que es un tocador" o "Sí. Y así siguió nuestra conversación.6 retorciéndose las manos. un biberón lleno de agua. En un rincón estaba una figura de hule inflado. unos cuantos trastecitos de hojalata. debajo de las escaleras de la parte posterior del edificio había una pequeña habitación destinada al cuarto de terapia de juego. Sobre el piso había una caja de 29 cubos de madera. si tenía ganas de esconderse. —su voz adquirió un tono de urgencia desesperada—. si se quería sentar. esto lo hace por el niño algún adulto ansioso. después tomó mi mano sin una palabra y caminó hacia el cuarto de juegos conmigo. Algunas de las manchas estaban rodeadas con manchas de la pintura que se había pegado a la áspera superficie del yeso. la hija y los bebés. vacilante. sucio. una mujer. ¿Cuna? ¿Tocador? ¿Radio? ¿Tinta? ¿Excusado? Levantó cada artículo de la casa de muñecas. un león. para él. No había urgencia de hacer nada. sobre el estante. Parecía como si se hubiera echado a cuestas una tarea difícil y dolorosa. una sillita junto a la mesa. Los ingredientes de la experiencia harían a ese lugar singular y diferente para cada pequeño. Jugar o no jugar. En el extremo del vestíbulo. reducido a un tamaño que él puede manejar. Era como si las identificara tentativamente al ir diciendo: ¿Mamá? ¿Papá? ¿Hermana? ¿Bebé? Después ordenó los animalitos. No era un lugar atractivo. suspiró. Una familia de pequeños muñecos yacía en el piso. pero se veían usados y descuidados. Hablar o estarse en silencio. Me le acerqué y le pregunté si quería venir un rato conmigo al pequeño cuarto de juegos que estaba al final del vestíbulo. fuese a donde fuese Dibs. aquí. con cada objeto que él levantaba y nombraba. Lentamente. El cuarto era muy pequeño. un bebé. Pero Dibs solo se quedó de pie en medio de la habitación. si se quería sentar. Aunque al sostener mi mano sentí el fuerte apretón. cubierto con linóleo de color café. exactamente cerca de la puerta. y con suficiente variación para evitar la monotonía. un niño. Cuando levantó el muñeco papá y dijo:"¿Papá?" Le respondí: "Sí. aquí. Su voz sonaba monótona. así. y en forma sorprendente. podría ser papá". tocándolos tentativamente. apagada: — ¿Cama? ¿Silla? ¿Mesa? —dijo—. Había juguetes en la mesa. cada uno de cuyos cuartos estaba parcamente equipado con muebles resistentes hechos de cubos de madera. Hablar o estarse en silencio. estaba tenso. era un asunto despiadado. No puertas cerradas. y juguetes con los que podía jugar. algunos coches de juguete y algunos aeroplanos. dijo su nombre. No puertas cerradas. un gato. Teníamos que pasar una hora en este salón. Su paso se sentía pesado. Dudó por mi momento. Esperé. una niña. Caminó hacia la casa de muñecas. y en el caballete algunas pinturas y papel para dibujar. gritar sus descubrimientos de un yo capturado momentáneamente y. opaco. en línea con lo que él decía. si lo deseaba. no parecía haber risa o felicidad en este niño. se dio vuelta lentamente y caminó vacilante a través 28 Dibs estaba de pie junto a la puerta. Cada vez que él nombraba un objeto. arena mojada. Le tendí la mano. Había un sollozo en su voz. y cerca. Esperé. Dibs se quedó de pie en medio de la habitación. y buscó lentamente entre ellas: Escogió un hombre. No le pedí que repitiera lo que había dicho. Pero Dibs solo se quedó de pie en medio de la habitación. si tenía ganas de esconderse. y en algunos de los estantes ubicados alrededor de la habitación. mamá. Los juguetes estaban hechos para durar. A Dibs no le gustan las puertas cerradas —dijo. Me pareció que esta era su forma de empezar la comunicación oral. pero rápidamente desviaba los ojos si nuestras miradas se cruzaban. El cuarto era muy pequeño. un elefante. Jugar o no jugar. Después se sentó en el piso. Nada parecía ser ni muy frágil ni muy fino para que se le tocara o se le diera un cierto trato rudo. que tratara de restringir las actividades de un niño. y juguetes con los que podía jugar. Yo quería que él tomara la iniciativa en cuanto a estructurar firmemente nuestra relación. Puedes ver los juguetes y los materiales que tenemos. enfrente de la casa de juguete. a pesar de esto. alguno de ellos podría buscar en el silencio viejos sonidos. no podía alejarse mucho. ansiedades y temores. Debía haber alguna razón para lo que estaba haciendo. en el piso. ¿Perro? ¿Gato? ¿Conejo? Suspiró profunda y repetidamente. Se volvió hacia la pila de muñecas. Al entrar a la habitación dije: —Pasaremos aquí una hora juntos. además. en la caja de arena algunos cuencos. Me senté en una sillita. una casa de muñecas en el piso. con manchas disparejas de zonas lavadas aquí y allá. En ocasiones dirigía sus miradas hacia donde yo me encontraba. si lo deseaba. La angosta ventana dejaba entrar un poco de sol. muy a menudo. Teníamos que pasar una hora en este salón.. El color de las paredes era un amarillo descolorido. el hijo. Una gran muñeca de trapo estaba sentada en una silla. Esa respuesta inicial del niño me interesó profundamente: había salido del salón con una persona extraña sin dudarlo un momento. Había una mesa bajo la cual podía arrastrarse. luego alrededor de las paredes. daba lo mismo. y acuarelas rancias. No había nada en la habitación o en los materiales que esta contenía. al hacerlo. solo hice el comentario de que el cuarto de juego estaba al final del vestíbulo. No lo animé a se31. parece un conejo". Había una mesa bajo la cual podía arrastrarse. un conejo. a pesar de que las luces estaban encendidas. deseoso de ir. fue levantando cada mueblecito. no podía alejarse mucho. la contempló en silencio por mucho tiempo. una sillita junto a la mesa. murmuraba los nombres de los objetos con un tono de pregunta. pues entonces tendríamos silencio absoluto. Flotaba en el ambiente un acre olor de barro húmedo. Nombrar los objetos resultaba un principio bastante seguro. Dibs . la falta de color y de arreglo daban al ambiente una impresión de monótona frialdad. dándome la espalda y retorciéndose las manos. el papá. y volvió a colocar cuidadosamente cada cosa en su lugar. y reconstruye su mundo. murmuró algo que no entendí. suspiró. No miraba de modo directo hacia mí. esa es una cama". No había urgencia de hacer nada. Cuando pasábamos frente a las puertas de algunas de las otras habitaciones. El niño trae a este ambiente el impacto de todas las formas y sonidos y colores y movimientos.. En la mesa se veía un recipiente con barro. Entrecruzó sus manos apretadamente sobre el pecho y dijo una y otra vez: —No puertas cerradas. Pesó de un juguete a otro. un perro. todos amontonados ahí: la. —No te gustan las puertas cerradas con llave —asentí. cucharas. Había también unos cuantos animales de hule: un caballo. guir. fuese a donde fuese Dibs. pieza por pieza. se dio vuelta lentamente y caminó.vacilante a través 30 del cuarto. y con un contrapeso en la base para que recuperara una posición vertical después de que la tiraran. alta. Si lo que él quería era sentarse ahí en silencio. marcado con rayas de un trapeador que había pasado por encima con rapidez y no muy limpio. La habitación proporcionaba tanto espacio como algunos materiales que pudieran prestarse a la eclosión de la personalidad de los niños que habrían de pasar algún tiempo ahí. frente a la casa de muñecas. pasó la mano por el tejado. pero el efecto total era deprimente. Entonces yo decía: "Si. y atisbó el interior para mirar los muebles. yo intentaba comunicarle mi reconocimiento por sus palabras habladas. una caja abierta que contenía otras muñecas en miniatura. el piso. Aquí. Aquello fue un viaje tedioso alrededor del cuarto. Traté de mantener mi respuesta breve. La vida. daba lo mismo. escapar de la prisión de sus incertidumbres. se arrodilló junto a ella. así.

estamos ampliamente dispuestos a cooperar. Pero se fue él solo. 35 36 37 La madre de Dibs me saludó graciosamente. una mujer muy hermosa. Cuando pasó la hora. Abrí la reja de hierro forjado. A Dibs no le gusta que haya paredes a su alrededor. Dibs quitó algunas de las paredes que él había erigido a su alrededor. incluyendo la ciencia de la conducta humana. No le pregunté si quería irse. Dibs. Después nos tendremos que ir. era. A través de la puerta cerrada pude oír gritos apagados: —¡No cierres puerta! ¡No cierres puerta! ¡No! ¡No! ¡No! La voz se perdió en el silencio. Abrió la puerta de su salón luego miró hacia atrás. Hice esto porque esperaba que gradualmente Dibs se volviera más y más seguro de sí mismo y responsable. él solo. Hemos aceptado la tragedia de Dibs. Caminó vestíbulo abajo. ¿y hermana? Rápidamente las sacó y las alejó de la casa. grises. el lento progreso. ofreciéndome algunos datos para estudiar. 32 Se sentó en el piso frente a la casa de muñecas. Se veía sorprendido.'. su rostro estaba muy'. Ya no se movió ni dijo nada. resultaba difícil calcular su edad. No quería yo complicar su problema formando una relación de apoyo. lo habría llevado hasta la puerta. no había decisión que él tuviera que tomar. el tratar de desarrollar una adherencia emocional a tales alturas. Aquí estaba. aunque sea corto. Intercambiamos los comentarios usuales de introducción acerca del clima y de qué agradable era poder tener la oportunidad de realizar esta visita. pero. parecía haber conservado la esencia de los días en que tales bellas mansiones solían erigirse. Así lenta. Escuché mientras me dijo muy brevemente las estadísticas vitales de Dibs. no a un niño con problemas. Parecía como si tuviera más de cincuenta años. Su voz tenía una calidad suave. pero podría haber sido mucho más joven. sólo datos descarnados. Podría no querer comprometerse. Al salir de esa primera sesión de juego con Dibs. ninguno para mejorar. No esperamos que haya cambios en Dibs. a él no le correspondía decidir. ¿se va mamá a la tienda? —comenté—. —Está bien —dijo. situada en una hermosa calle antigua. —Ya es hora de irnos —dije levantándome cuando pasaron los cinco minutos—. —Quedan cinco minutos —le dije—. mordía nerviosamente el inferior. ¡Váyanse a tienda! ¡Váyanse! — ¡Ah!. precisa. Reconocí los sentimientos que expresaba. antes de que a él se le preguntaran. pude comprender por qué las maestras y los otros miembros de la mesa directiva no podían decidirse a declarar a Dibs como caso perdido. Ha sido algo muy amable de su parte. pálido. Dibs jugó. —!Está bien! —respondió. era ayudarlo a lograr la independencia emocional. De hecho) no había señales de que alguien realmente viviera en esta casa. No le pregunté si había pasado un buen rato. Su vestido era color gris acero. pero. formaban un chongo en la nuca. y dejamos el cuarto. Era una mujer muy arreglada. —! Adiós. Se diría que deseaba aparentar valor. echando a andar por el vestíbulo. Me preguntó si alguna vez sonreía —o si llegaría a sentir que hay cosas ligeras y divertidas en el mundo—. Uno de los objetivos que yo tenía al construir esta relación con Dibs. su fecha de nacimiento. brillantes. Entró en la habitación y cerró la puerta tras 33 él. —Entiendo que se le ha llamado a usted como consultora para estudiar a Dibs —dijo—. Dijo que había estado esperando mi llamada y que le agradaría que yo fuera a tomar el té a su casa. formal. La señora no perdió mucho tiempo estructurando la situación. La cesa. Sus ojos eran de un azul claro. casi sin moverse. Yo tampoco.7 pareció deshacerse. En realidad. Dibs! —le dije. Si Dibs era un niño despojado emocionalmente —y eso parecía en verdad—. las molduras de latón. Empezó a sacar las muñecas fuera de la casa en donde las había colocado. Era increíble. firmemente. Sacó a la madre y al padre. tierna. Aunque fría. no a su hijo. casi complacido. Lo saludé con la mano. partidos a la mitad por una raya y restirados hacia atrás. El era un niño muy valeroso. Sé algo acerca de la reputación profesional de usted y siento un gran respeto por la investigación en todas las disciplinas. y toqué el timbre. No le dije que lo vería la semana próxima porque todavía no completaba los planes con su madre. en ocasiones. La familia vivía en una de las viejas casas de piedra café que había en el alto lado oriente de la ciudad. regresamos al salón. ¿Y también papá?. Yo sentía respeto por su fuerza interior y su capacidad. aunque con seriedad. Quería comunicarle mi confianza en su capacidad para poder hacer lo que yo esperaba de él. terriblemente controlada. Si así era. Después descubrió que las paredes de las habitaciones podían quitarse. Y quiero que sepa usted que no esperamos un milagro. de una clásica sencillez. subí por la escalinata. Cuando íbamos a medio camino le pregunté si creía que pudiera hacer el resto del camino él solo. Dibs! Y en el cuarto de juegos. quizá al día siguiente a las cuatro. si hubiera parecido necesitar ese apoyo. Se sentó en su silla. Cuando trascurrieron los cinco minutos. ¿por qué hemos de encerrarlo en el rígido molde de una respuesta estereotipada? Un niño solo se siente confuso por cuestiones que ya han sido contestadas por alguien más. Me invitó a pasar a la sala. tensa. Me dejó caer la mano y caminó por el vestíbulo hasta la puerta de la habitación. me tomó la mano. si al estudiar a este niño. Se levantó lentamente. sus labios. hacerlo tan dependiente de mí que ello retrasara el desarrollo más completo de sus sentimientos de seguridad íntima. además. No le gustan las puertas cerradas con llave. sus cabellos. El exterior lucía mantenido con meticuloso cuidado. que tenía el aspecto de haber estado al servicio de la familia durante muchos años. al menos. ¿Por qué habría de obligársele a evaluar la experiencia que acababa de tener? Si el juego es la forma natural de expresión de un niño. lo habría acompañado un poco más por el camino. Y dejó bien establecido que no esperaba que hubiera cambios en los datos. Era la primera vez que Dibs iba solo a alguna parte. . La sala no parecía haber acogido a un niño ahí ni por espacio de cinco minutos. estaba bien disciplinada y ocultaba cualquier identidad o espontaneidad individuales. comprimidos en una línea. La expresión de su rostro era interesante. le dije que el tiempo de jugar casi se había terminado y que regresaría a su salón de clases. Le agradecí la invitación y acepté. Era claro que Dibs no compartiría el té con nosotros. El servicio era precioso. A Dibs no gustan paredes ¡Quita todas las paredes. el obvio retraso. Este niño había sido ya bastante lastimado sin que yo introdujera promesas que quizá podrían no realizarse. La casa estaba amueblada con buen gusto y precisión. quizás era tan profunda y trágicamente infeliz como Dibs. usted puede dar un paso adelante en la comprensión de la conducta humana. muy seria. se antojaba remota. El té llegó. crearía un problema que necesariamente tendría que ser resuelto por él al final. estaba segura de que él podía hacerlo. Hablaba en forma precisa e inteligente. 3 Llamé por teléfono a la madre de Dibs y le pedí una entrevista tan pronto como fuera posible. Me presenté. si hubiera dudado o dado señales de que era mucho esperar de él en' este primer día. la posibilidad de complicación orgánica. aunque podría parecer estar satisfaciendo una Íntima necesidad del pequeño. — ¡Váyanse a tienda! ¡Váyanse a tienda! —dijo—. la puerta estaba muy pulida. o con llave. casi dolorosamente. Era obvio que había tenido algunas experiencias desagradables con puertas cerradas simplemente. su voz se convirtió en un ronco murmullo: —A Dibs no le gustan las puertas cerradas con llave. —No gustan paredes —decía mientras las sacaba—. Una doncella uniformada abrió la puerta. con la mejor manera científica. Tampoco le pregunté si le gustaría regresar.

si decidimos seguir con esto? 38 —Por supuesto —le dije—. Me hallaba en la rama y ella la podía cortar con la velocidad de una sierra eléctrica. si lo prefiere. estaría yo dispuesta'. sus manos" estaban fuertemente entrelazadas en su regazo. Es una tragedia. —¿Está segura de que no prefiere verlo aquí. Si usted quiere contribuir en alguna forma a las investigaciones que el Centro lleva a cabo. puede hacerlo desde luego. Generalmente. y le compraríamos cualquier otra cosa que necesitara. y otra vez le . nos olvidaremos del asunto. en esta breve entrevista había estado tratando desesperadamente de echarle cerrojo a otra puerta. —Es usted muy amable. Y no voy a cobrar ninguna cuota.pagarle a usted. habríamos logrado algo de importancia respecto a la necesaria responsabilidad inicial de la madre. No hay nada más que yo pueda añadir. Se veía aterrorizada por la idea de tener que pasar por ese trance. Será mejor si lo veo en el cuarto de juegos del Centro de Guía Sicológica Infantil. No se ganaría nada en tratar de persuadirla de que obtuviera ayuda para sí misma. —Porque mi trabajo es primordialmente de investigación. Luego de otra pausa muy larga. así. toda la información identificable se disfrazará de tal manera que nadie sabrá o podrá adivinar la identidad de Dibs. me acompañó al vestíbulo. Finalmente levantó la vista y me miró por un momento. No hay nada más que yo pueda aclarar. Y no podré asistir a entrevistas respecto a mí misma.. Nadie los interrumpiría ni los molestaría ahí. Casi era demasiado tarde para que ella protestara. Insisto en que le pagaremos honorarios por el estudio que va usted a realizar. sin embargo. Ella las miraba fijamente. la investigación se financia de esa manera. —Está bien —respondí—. a menos. que esté enfermo. no podré quedarme y esperarlo ahí. El pequeño había protestado contra el hecho de cerrar puertas con llave pero algunas puertas muy importantes en la vida de ella habían sido ya cerradas a piedra y lodo. —Le haré saber en cuanto decidamos —me dijo. pero si ellos consentían. Gracias —dije—. —Ya veo —dijo—. Respetaré sus disposiciones. pero no puedo hacerlo —le dije—. con la condición de que el material se disfrace completamente si llega a publicarse? Tomó el papel y lo estudió detenidamente. Me miró otra vez. ¡Tiene tantos juguetes bonitos!. Le agradecí la oferta. pero podemos pagar lo que sea —contestó ella rápidamente—. que si capoteábamos esta pequeña controversia. cumplirían con su parte del trato. arriba. ¿Puedo también conservarlo y discutirlo con mi esposo y enviárselo por correo. Con gusto le pagaremos una cuota mayor si viene usted aquí. Le agradecería si me hace saber su decisión. —Estoy segura de que usted lo haría —le dije—. pero me gustaría decir algo: si en alguna ocasión usted siente deseos de hablarme de Dibs. en la parte de atrás de la casa. Pareció tranquilizarse un poco. quieto. queda a su voluntad. Me sentí descorazonada. ¿Puedo conservar esto? —Sí. Eso lo dejaré a su elección. usted rehusa la cuota. Y le agradezco que se preocupe por ello. Le di la constancia. podríamos perder a Dibs. en la parte posterior de la casa -me dijo-. Permaneció quieta durante algunos minutos. Y yo le daré una constancia escrita de que en el caso de que este material llegara a usarse para lecciones o reportajes o publicaciones de cualquier forma. Si esa es una de sus condiciones. o Dibs no vendría al Centro. tendido en el suelo. Pero a pesar de eso.su hijo. y con gusto conseguiremos cualesquiera otros materiales que usted quiera o necesite. De súbito recordé a Dibs. no podríamos contar con la asistencia regular que era necesaria. tirándose boca abajo en el piso. y de modo enteramente aparte de cualquier liga con este caso particular. yo solo puedo ver a Dibs bajo estas condiciones.. grabar completamente todas las entrevistas necesarias para nuestro estudio. y recogerlo cuando haya pasado la hora. ansiedad. Puede usted llevarlo y dejarlo ahí. a la escuela. pues eso era demasiado amenazante. Decidí que era importante eliminar dicho factor. se comprometían a llegar hasta el final Estaba yo segura de que. —Mi esposo tampoco quiere ser entrevistado —me dijo. Terminamos nuestro té. Tendré que regresar cuando pase la hora —añadió. De nuevo pensé que ella resultaba tan triste y remota como . Cualquier cosa. una gran tragedia.' —Debo decirle esto: para otros detalles de la vida de [liba solo puedo referirla a usted. de hecho. y la estudió cuidadosamente. Lo que ustedes decidan. Y' le agradecería que me otorgara su permiso por escrito para. —¡Ah!. Sostuvo cautelosamente el papel. Pero yo no puedo acudir a ninguna entrevista ni responder a ninguna pregunta.8 Después me preguntó si querría yo estudiar a Dibs allí. pero me pareció que este era un riesgo que tenía que correr. Quizá decía esto solo para zafarse. en su cuarto de juego. él no es más que un retrasado mental. Parecía verdaderamente desesperada. de hecho. Seguramente en muchas 39 ocasiones había podido eludir la parte de responsabilidad que la comprometía respecto a Dibs. trató una vez más: —El tiene muchos lindos juguetes en su cuarto. tenía yo la intensa sensación de que con Dibs lograríamos una mejor respuesta que con su madre. Esto elimina! el factor de capacidad para pagar o para sentir que está usted recibiendo un servicio por el que algunos pagan y alguno no. Sentí. Las sesiones serán una vez a la semana. Ya estaba hecho. ¿Y serían tan amables usted y su esposo de firmar esta forma.. —Lo siento. —No importa —le aseguré—. si firmaban. —Cuando lleve a Dibs al Centro. Alejó de mí su mirada y evitó verme a los ojos. añadió —: Le agradezco que haya comprendida. y pánico en esta entrevista que los demostrados por Dibs en su primera sesión. ¿Y Dibs? Bien. Este arreglo la perturbó de modo visible. Todo lo que pido es que usted se encargue de que llegue al Centro a tiempo y de que asista con regularidad. —Muy bien -dijo al final—. —Gracias —replicó. que había sido formulada antes de esa reunión. Sentí una punzada de lástima por ella. rígido. —Entiendo —contesté—. Además. en una o en otra forma. para aumentar nuestra comprensión de los niños —expliqué—. —Está arriba. por supuesto. por lo que tocaba al trato de ver a su hijo en el cuarto de juegos. y muy expuesto. por espacio de una hora. Hablamos de algunas otras cosas sin importancia. —No entiendo —dijo después de una larga pausa— por qué si una familia puede pagar una cuota elevada para que usted vea a litro niño cuyos padres no puedan pagar. en la mejor forma en que pudiera yo hacerlo en esta ocasión. Quizá me sentía tan incómoda como ella. Esta había sido una entrevista muy diferente de las que yo solía tener con otras madres. Se mojó los labios.. Así nació. Al despedirme. en cuanto sepa. pero si no aceptaban esa responsabilidad. Se mencionó a Dorothy solo como una estadística vital y como a "una niña perfecta". Se me pagan honorarios por el trabajo que hago. La madre de Dibs 40 había demostrado más temor. Tiene muchos juguetes. pero no habrá cuota. en su cuarto de juegos? —preguntó—. dándonos su autorización para grabar todas las entrevistas. o puede usted enviarlo con otra persona.

Cuando llegamos al salón de juegos Dibs lo recorrió todo lentamente. Caminó vacilante hasta mi lugar: —Las botas también —dijo. nombrando los artículos que habla en él. ¿verdad? Y has tocado y nombrado casi todas. después regresarás a casa. Dibs. Caminé hacia él: —Buenas tardes. con el abrigo puesto. —También los guantes y las botas —dijo. Pregunté por Dibs. le dije: —Sí. Al cabo de un rato le pregunté: — ¡Oye Dibs!. Dibs extendió la mano y me la dio en silencio. Quítate tus guantes y tus botas también.Esto también lo hice con un propósito. con ademanes inquietos.. pero me senté en tal lugar del salón a fin de que él tuviera que dar unos pasos para llegar hasta mí. Tú te quitas tu abrigo. roncamente. Estaba de pie en el lugar en que su madre lo había dejado. Ellas estaban manteniéndose a la expectativa. —Entonces. Fijé la entrevista para la tarde del jueves siguiente. tocando los materiales. Caminando calle abajo hacia mi coche. me dijo que no. en el cuarto de juegos del Centro.41 Sión que la hiciera rechazar el estudio de este niño. este es un coche. —Está bien —dijo. Pedí a mi secretaria que llamara a la madre de Dibs y le preguntara si la hora era conveniente. Le ayudé a quitarse guantes. Los dejó caer en el piso. solo se podía especular sobre el posible significado de la demora en aceptar la terapia de juego e imaginar el torbellino y las dudas que aquellos padres sortearon al estudiar el siguiente movimiento que habrían de hacer. Había sido aquella una espera larga y frustrante. Caminamos juntos hasta el salón de juegos. aunque el equipo resultaba esencialmente el mismo.9 dije que solo podría verlo en el cuarto de juegos del Centro. a su manera. la cabeza colgando. Era un lugar más atractivo que el otro. Tú te quitas tu sombrero. Pues bien. así como una fuerte cerradura a la que se le echaba llave con mucha frecuencia. Puse los guantes en la bolsa del abrigo. ¿Si? —pregunté. Pensé en Dibs y en su cuarto de juegos hermosamente equipado. o si solo había puesto pre. Se quedó ahí inmóvil por mucho tiempo. hasta que sea hora de que te vayas —le dije—.46 —Vamos a dejarlos ahí. —De acuerdo: quitaremos también las botas —le respondí. Dibs —le dije—. que todo lo que el dinero pudiera comprar estaría ahí. —Y los guantes —dijo. —Este es otro cuarto —le expliqué—. ¿Y qué pasaba con Dibs mientras tanto? ¿Habrían estado dirigiéndole miradas pensativas. es pintura. Me pregunté qué decisión tomarían ella y su esposo. sombreros. Hay cosas diferentes en este cuarto. así. Me senté en una sillita y le dije: —Bueno. si quieres que te ayude a quitarte el abrigo y el sombrero. Dibs había estado asistiendo a la escuela regularmente. Los recogí y los colgué de la perilla de la puerta. Se quedó parado frente a mí. Había también una breve nota en la que participaban sus deseos de cooperar en nuestro estudio del niño y en la que sugerían que los llamara para ponernos de acuerdo en las citas semanales para ver a Dibs. con la misma inflexión interrogante que había usado en la primera visita al cuarto de juegos anterior: —¿Caja de arena? ¿Caballete? ¿Silla? ¿Pintura? ¿Coche? ¿Muñeca? ¿Casa de muñecas? —y así siguió nombrando cada objeto que tocaba. Ándale. cuando una mañana recibí la forma firmada por los padres. Se detuvo a mitad del cuarto. con su madre. le di este y el sombrero. si todavía estaban considerando lo que habrían de hacer. Había un sollozo en su voz cuando replicó. Quítatelos. Muy bien. para que se aterrara ante el prospecto de ser entrevistada e interrogada acerca de la situación? Me pregunté si habría yo manejado aquella circunstancia de la manera más efectiva. Así estaba la situación. Se parece al que está en tu escuela: en el que nos vimos hace unas semanas. Empezó a lloriquear. Me fui de ahí. No lo había yo hecho porque pensé que no teníamos nada que ganar tratando de forzar una decisión (si es que no se había ya tomado una). Deseaba yo que tuviera tiempo de mirar y explorar: cada pequeñito necesita tiempo para explorar el mundo. Gracias —contesté. ¿Es esto pintura? Sí. Estaba lleno de sol. ILe avisaré en cuanto decidamos —repitió. ¿no quieres quitarte el sombrero y el abrigo? —Sí —me dijo—. Aquel salón se encontraba en la planta baja. dándome permiso de grabar las sesiones. Qué agradable verte otra vez. si quieres. Llamé a la escuela y pregunté a la directora si había sabido algo de los padres del niño. sus guantes. Dibs. La señora contestó que sí. también. y sí mucho que perder. Desde luego que no había respuestas fáciles para explicar la dinámica de las relaciones familiares allí. —Está bien —repliqué—. a cuyo lado había una gran iglesia. ¿te gustaría quitarte el abrigo y el sombrero? — pregunté—. abrigo. Ella me dijo que las cosas seguían más o menos como de costumbre. Me pregunté qué habría podido ella añadir a la historia de Dibs. 43 44" tratando de medir los posibles resultados de cualquier evaluación de su capacidad? Era muy probable que hubieran estado sopesando todos los aspectos involucrados en esta aventura. y sus botas. o preguntarle si habían tomado una decisión. —Bueno —dijo casi en un susurro. Las ventanas daban a un estacionamiento. las mangas del abrigo. y que lo llevaría al Centro. pero quieres que yo te ayude. esperando que las sesiones de la terapia de juegos pronto empezaran. el amarillo y el azul en . No hizo el menor movimiento para ejecutar alguna de estas cosas. Y los guantes también —repliqué. botas. Está al final de este patio. 45 —Sí —dijo suavemente. de cierto. ¿qué resultaría de la experiencia? 4 En varias semanas no tuve noticias de la madre de Dibs. Se dirigió hacia el caballete y miró las pinturas. esto es arena. sentí el peso abrumador de esa familia afligida. si alguna vez se decidiera a contarla. Había sido una verdadera tentación llamar a la madre y urgirla a que trajera a Dibs. moviendo ligeramente el papel que tenía en la mano. Varios de nosotros respiramos tranquilos.. Después de haber completado el primer circuito de la habitación. Ofrecí ayudarle. ¿Consentirían en llevar a cabo el arreglo propuesto? ¿Vería a Dibs otra vez? Y si así fuera. ven acá y te ayudaré. —Te gustaría quitártelos. Era claro que esta familia no tomaba tales decisiones a la ligera. alargó las manos hacia mí. ¿Qué pensaría y qué sentiría verdaderamente esta mujer. Vamos al salón de juegos. Tú te quitas tu sombrero y tu abrigo. con respecto a Dibs y a la parte que ella tenía en esa tierna vida. jaloneando inútilmente. ¿Es esto arena? Sí. Pasaremos una hora juntos aquí. después pronunció los nombres de los colores que había en el caballete. Entré a saludarlo. Dibs. No quería apresurarlo. lloriqueando. Dibs llegó al Centro puntualmente. Se quedó ahí de pie. quien dijo a la recepcionista que regresaría por él en una hora y lo dejó en la sala de espera. Lentamente los reacomodó: colocó el rojo. —Sí — me respondió con voz vacilante. No tenía que entrar a ese lugar para saber. Y estaba segura de que había una Puerta sólida y muy pulida. No me contestó. Dibs. Después varió un poco el sistema—: ¿Es este un coche? Sí.

meneó con precaución la pintura con el pincel que había adentro. Finalmente habló—: tú te quitarás los zapatos —dijo. Amarillo: Pinturas Favor Ruhl. lloriqueando. La pila de cubos tembló y se desplomó. Quería que desde el principio supiera que él marcaría el paso en esa habitación y que yo reconocería sus esfuerzos para establecer una comunicación mutua con alguna base concreta de realidad en la experiencia compartida por ambos. dirigiéndome otra de sus miradas huidizas. Se quedó en silencio. ¡Un choque! Un camión de carga entró al estacionamiento y se detuvo frente a la ventana abierta. En verdad. en un círculo. aun con la ventana abierta. en vez de eso. Para Dibs. Rojo: Pinturas Favor Ruhl. Tocó cuidadosamente la arena con los pies y en unos cuantos minutos más se salió de la caja. Dibs captaría más y más una sensación de seguridad y de la corrección de sus propias reacciones. —Cierra la ventana —dijo. ¿verdad? —Sí. —pinturas Favor Ruhl —dijo—.. Yo quería que él trazara el camino: yo lo seguiría. Permaneció de pie junto a la mesa. Tomó las acuarelas.) Una vez que los tuvo todos alineados en orden. mirándose los zapatos fijamente. Azul: Pinturas Favor Ruhl... siguiendo la misma secuencia deliberada y rígida. Esto lo hizo en silencio. entonces.en la repisa del caballete la escala completa de colores con sus tonalidades. Así es que puedes leer las etiquetas de los frascos de pintura. Nos estábamos conociendo. Tú la cerrarás. No quería exagerar ni proclamar acerca de su habilidad de hacer todas estas cosas. sino que estaba emergiendo: cualesquiera que fuesen sus problemas. ninguna prisa para hacerlo todo hoy. —dijo lenta y temblorosamente. ¿verdad? —comenté. Resultaba obvio que estaba leyendo las etiquetas. hablando con grandes esfuerzos. —Bueno. Luego puso el color terciario en los lugares correctos. La arena se le metió en los zapatos. podíamos descartar el del retraso mental. —Si quieres quitártelos. Ciertamente.. y tuvo . Dibs. —Está bien —respondió Dibs—. —Todos procedemos con una cautela que protege la integridad de nuestra personalidad—. Esta era una respuesta parcial a una de las preguntas. —Si -replicó con voz ronca. en este punto de nuestra incipiente relación. El 48 se hallaba. puedes hacerlo —le dije. no era apropiado hurgar en su mundo privado y tratar 49 de extraerle las respuestas. Hedda tenía buenos fundamentos para su fe en Dibs. procurando no decir nada que indicara cualquier deseo de mi parte de que él hiciera una cosa determinada. Cualquier aspaviento de sorpresa o de alabanza podría ser interpretado como indicación de la ruta que él debiera tomar. Estas cosas que Dibs mencionaba. mirando hacia los cubos. entendiéndolo y manteniendo mi reconocimiento (con sencillez) dentro del marco de referencia. Esperé. Con el pincel pintó manchas de color en un pedazo de papel para dibujo. ninguna presión para que él leyera mis pensamientos y diera con la solución que yo había escogido. levantó el frasco hacia la luz y pasó los dedos ligeramente sobre la etiqueta. con la cabeza. —SÍ -dijo. agregó el blanco y el negro. hizo una torre con ellos. Hace mucho calor aquí. Dibs. y una gran dosis de paciencia por parte de ambos. . Yo también. Caminó hacia la mesa y contempló los cubos. Luego tomó la roja y escribió con nítidas letras de imprenta. —Bueno —dije—. inmediatamente las dirigía hacia otro lado. —¿Qué pasa? —pregunté—. —Y estás haciendo una rueda cromática. pero que yo te ayude —repliqué—. Se metió a la mesa de arena. y siempre debería ser básica y fundamentalmente sincero. Hizo lo mismo con todos los otros colores y los usó en la misma secuencia ordenada. ¿Es eso lo pie quieres? Asintió. Tú dímelo. nombrando letra por letra. tomó un cubo en cada mano. Después se sentó ante la mesa y alcanzó la caja de crayolas. Y sabes todos los nombres dedos colores. ningunas normas de conducta o expresión que no estuvieran abiertamente declaradas. Súbitamente se inclinó sobre la mesa. pero cuando nuestras miradas se encontraban. Volteó a verme. se quedó ahí sentado. —Te pista que te ayude. —¡Miss A! —gritó. dándome el nombre que habría de usar de ahí en adelante siempre que se refería a mí—: ayúdeme. Dibs apretó las manos. —¿Quieres cerrar la ventana? —le pregunté—. Traté de responder verbalmente reconociendo el intento que hacía por comunicarse conmigo en esta actividad. Era obvio que podía hacerlas. Aun con la ventana abierta hacía mucho calor dentro de la habitación. Leyó la marca de fábrica grabada en la caja. Traté de mantener mis comentarios en línea con la actividad. —replicó—. Probablemente él tampoco lo sabía. Leyó el nombre impreso en la caja. —murmuró. desde luego. Dibs dio vuelta a la manija para cerrarla.. sino más bien tratando de comunicarme. lo hizo. quizá. y aceptar. Cuando la iniciativa se deja al individuo. —¡Ah! —comenté—. 47 —¿Vas a deletrear los nombres de cada color y a escribirlo con ese mismo color? ¿Sí? Mira: r-o-j-o. Dibs se acercó a la ventana y empezó a cerrarla. Con mucho cuidado. ¿verdad? —Sí. —Sí —dijo con voz vacilante. dice rojo. no solo a punto de surgir. y si yo pudiera trasmitirle la idea de que no había respuestas escondidas que él tuviera que adivinar. Pronto. ¿qué quieres que haga? —le pregunté—. emparejándolos de dos en dos. eran los únicos ingredientes compartidos a esas alturas para establecer la comunicación entre nosotros dos. Entonces lenta y deliberadamente. Esto llevaría tiempo. estos eran conceptos seguros. Alineó los soldados. tomó uno de los frascos y lo examinó: miró hacia el interior. lloriqueó. ¿Se te está metiendo la arena en los zapatos? Asintió con la cabeza. ¿Fue eso un choque? —Sí. que no implicaban ningún afecto serio. Negro. lenta y cuidadosamente. desatando las agujetas y quitándole los zapatos. a pesar de ello. y había arreglado y nombrado los colores correctamente. de modo que las pudiera aclarar. con las manos todavía fuertemente apretadas contra el pecho. y los hizo chocar con fuerza: -Un choque —dijo. comprender. sus actividades iniciales habían sido una revelación. Si yo pudiera hacer llegar hasta Dibs mi confianza en él como persona que tenía buenas razones para hacer todo lo que hacía. rojo. Eran desde luego. Yo no sabía lo que él estaba buscando. Pero no se los quitó. De vez en vez miraba hacia mí. señaló sus zapatos. este seleccionará aquello dentro de lo que siente mayor seguridad.. un verdadero esfuerzo. Pinturas Favor Ruhl. Lo ayudé. esos objetos de la habitación. los separó y en los espacios adecuados añadió otros tonos para completar los seis colores primarios del espectro. ¿Qué estaría pensando? ¿Qué estaba buscando? ¿Cuál sería la ayuda más eficaz para él en ese momento? Yo quería comunicarle mis intenciones sinceras de comprenderlo. Al irlas escribiendo las deletreaba.10 la repisa del caballete. —Quieres quitártelos. Lo observé. y cerrarse así otras áreas de exploración que podrían resultar mucho más importantes para él.

Me pareció que si me quedaba ya fuera para contemplarlos o para intervenir.11 —¡Ah! —dije—. Se echó sobre manos y pies y se asomó a la parte inferior de la casa. en el que estaban pintadas la puerta y las ventanas. Lo intentó varias veces y en cada ocasión fracasó al conectar los ganchos. Nosotros no podíamos influir en su mundo exterior para cambiarlo. Había tratado de concentrar la atención del niño en el pronombre yo. Después trató de acomodar el tablero en su lugar. preg —Está bien —respondió. se tiró boca abajo'. Sonrió. Q de apoyar o rechazar a la madre o al niño. Este es sótano. —¿Quieres que me quite mi abrigo y mi sombrero? —le unté. tratar abiertamente de darle demostraciones de afecto y simpatía. Ya veo que así es —dije yo. —Ciérrala con llave —murmuró—. —Pero yo no tengo puestos ni sombrero ni abrigo —le dije. Este acontecimiento me entristeció. Con un ademán brusco se frotó la carita manchada de lágrimas. pero no atiné a hacer otra casa más que dejarlos ahí para que resolvieran el problema a su modo. —Sí. tensa. Se me acercó. Yo no quería aparentar tomar partido. Y tú solo —comenté. Dio vuelta al cartel y miró las palabras del otro lado. más paredes y divisiones. dándole la pronunciación correcta. dije a su madre que lo vería la próxima semana. !Dibs la cierra! Hablaba con firmeza. Paredes. y se había ido. Todos los cambios de importancia deberían salir de él. balbuceante. alargar la hora. —¿Crees que debería haber una perilla en la puerta? —le pregunté. Me hice a un lado para que entrara. Me miró. 5 A la semana siguiente Dibs regresó al. El hecho de evitar hacerle frente a este factor de realidad no lo ayudaría: necesitaba desarrollar fuerza para 50 enfrentar a su mundo y esa fuerza debería surgir de él y él tenía que experimentar personalmente esa habilidad para encarar su ámbito tal y como este era. jalándose el abrigo. —Cerrada con llave —replicó. Nadie había oído a Dibs referirse a si mismo. Había dos puertas embisagradas en. La quieres cerrada de todos modos. señalando el frente abierto de la casa de muñecas. colgándolos de la perilla. Al caminar alrededor de ella la golpeó con el tablero y una de las paredes se cayó. —Vamos al cuarto de juegos —lo invité mientras le daba la mano. Habría sido tan fácil tomarlo en mis brazos y consolarlo. Llegó sumamente puntual a la cita. Parecía muy complacido de sí mismo. Cuando Dibs la vio. y dibujó muy cuidadosamente una perilla en la puerta de la casa de muñecas. Todo bien cerrado. —Si —respondí. Dibs —le dije mientras me acercaba a él. —Sí. con los ojos bajos. —Creo que dentro de la cómoda que está allá —dije. —Tú te quitarás el sombrero y el abrigo —dijo. —"No molestar" —leyó. las abrió. tan parecida a él: incómoda. en la que había un cartel reversible. Bien cerrada. Me dirigí al salón de recepción enseguida. —Sí —dijo—. Todo cerrado y con llave. tomó mi lápiz. Paredes sin puertas. Permaneció ahí de pie. —Ahí está —anunció—.. ya veo: has puesto una perilla y una cerradura en . Dibs me miró. Luego se dirigió a la casa de muñecas y los muebles que había en ella. Lloriqueó. con más ayuda de su parte que la vez anterior. Me despedí de él. La enderezó. —Bien —dijo—. ¿Pero qué valor habría tenido añadir otros problemas emocionales a la vida de este niño? El tenía que regresar a su hogar sin que importara cómo se sintiera por ello. Dibs se dirigió a la cómoda y sacó el tablero de enfrente denla. 51 52 53 Me quedé mirándolo. —Está bien —contestó. se echó hacia atrás y se agarró con fuerza de la orilla de la puerta. No era fácil de hacer. había hablado brevemente con la recepcionista. Al fin estuvo listo para partir. Hubo un alboroto en la sala de espera cuando la señora trató de hacer que se levantara para partir. Centro. —Tú lo hiciste.. esta sección de la casa. encajándola en la ranura correcta. Dibs lo alcanzó y quitó la cartulina de su lugar. —Ya veo. y caminó hacia la puerta con ellos: —Los colgarás aquí —dijo. Dibujó un cerrojo en la puerta. solo lograría confundir y complicar la situación. Dibs me miró. —Sí —me dijo. —Se dice terapia —remarqué. cuando. después de habérselos quitado. —¿Cuarto de terapia de juego? —preguntó. Las quitamos. . —Buenas tardes. Tú los colgarás hoy. ¿verdad? —comenté. Me dedicó una breve. En la parte de abajo había otras divisiones y más mueblecitos de juguete. y me retiré. Se sentó en la orilla de la caja de arena y nuevamente emparejó a los soldados por pares y los alineó. La pudiste acomodar y la cerraste con llave — dije. —Has una perilla para la puerta —dijo. No contestó. ya fuera en favor o contra Dibs o de su madre. pero este era un problema confuso y complicado. Me tomó de la mano y caminó conmigo hacia el cuarto de recepción. I —¿Dónde está la puerta? ¿Dónde está la puerta? —preguntó. El la tomó y juntos fuimos allá. Ciérrala con llave. Ella se sentía perturbada y exasperada por su conducta. Tendí abrigo y sombrero hacia él. —¿Quieres que la casa quede cerrada con llave? —pregunté. —Sí —murmuró. aunque empleaba el pronombre de segunda persona. —Ya tiene también su cerradura. — Yo los colgué ahí la semana pasada —expliqué—. Su madre lo había llevado hasta ahí. Estaba yo en mi oficina cuando la recepcionista tocó la señal que anunciaba la llegada del niño. súbitamente. —Te ayudaré —y así lo hice. —Cuarto de terapia de juego —dijo de nuevo. Esta vez tuvo éxito. no quería hacer nada que implicara crítica de la conducta de cualquiera de ellos. Se dirigió a la parte de atrás de la casa de muñecas y cerró todas las persianas de las ventanas: —Todo cerrado —dijo—. en el piso y pataleó y gritó su protesta. fugaz sonrisa: —Yo lo hice —me indicó. insegura de sí misma y de la situación. —Tú sabes bien lo que quieres. Tocó varias veces con su dedo la que allí había una palabra nueva para él: Terapia: La estudió cuidadosamente: Te-ra-pia —dijo. —¿Quieres que te ayude a quitarte tu abrigo y tu sombrero? ¿Es eso lo que quieres? —le pregunté. Empezaba a hacerlo. Hizo un nuevo intento. Sabía que se estaba refiriendo a si mismo. Después entró a la habitación y cerró la puerta tras nosotros—: Te quitarás tu abrigo y tu sombrero —dijo. Así es que me pareció que dejar la escena sin comprometerme personalmente en ella era lo mejor. como "yo". Su madre ya estaba ahí esperándolo. claro. casa de muñecas. los tomó.

Ya no se tambalea. de uno en uno. ¿Por qué habría dibujado una cerradura en la puerta de la casa de muñecas? Las puertas de su vida. =¿Recibiste unos soldados de juguete como esos en Navidad? —repetí. moja el papel. Pero no podía soportar el hecho de tocar la pintura. —Sí. Primero el rojo.. o con tu mano. Volvió a meter los dedos en la pintura. para fijarla. Y una puerta. Tomó una pala y llenó de arena una cubeta y después la vació sobre los soldados enterrados. —¿Te gustaría tratar? —pregunté.. —Quítate los zapatos —dijo repentinamente. Metió los pies con todo y zapatos en la arena. y los colocó en hileras. Yo. Disparan. tocó la pintura con la punta de los dedos. Dibs —afirmé. Caminó hacia la caja de arena y se metió en ella. Pero de la misma clase. ¿verdad? —comenté. -Estos son todos los signos de lo que dice que es —dijo Dibs. los rifles de verdad. — Entiendo —dije—. Tomó algunos de los soldados de juguete que estaban regados por la arena. no del todo. —Si —replicó—: desde luego que sí. exactamente como estos —replicó—. Al tomar cada unidad la examinaba. —Sí. Después. Una puerta cerrada con llave. ¡Ah. — Pintura para los dedos? —preguntó. —¡Ah. Después el azul. añadió—: Yo. Así. 56 57 —Pintura para los dedos —le contestó. Sacó una de las divisiones y trató de encajarla bajo una esquina. Dejó caer la cabeza. Escogió tres soldados. Después reacomodó los soldados—. Ro-la. Tú puedes. —Sí. Es pintura sucia —dijo—. Dibs ignoró mi comentario. Le di una toalla de papel.Primero. Sí. Rápidamente. —Una cerradura que se cierra bien con una llave —dijo—. Se salió de la mesa de arena y fue hacia la mesa rápidamente. Después de tratar de insertar la división debajo de las dos esquinas. La división se resbaló fuera de donde estaba y la casa empezó a tambalearse nuevamente. Ya están todos juntos. indicando otras dos figuras. Así es que.12 esa puerta. disparan. —No te están disparando a ti —dijo roncamente. dos dedos. Luego el amarillo. Dos. Tú dijiste que es pintura para los dedos. ahora ni se mece ni se tambalea. —¿Pintura para los dedos?. —¡El ya se fue! —anunció Dibs.. y extendió esta sobre el papel. Extiéndela con ellos. cerradas con llave. 54 55 —Listo —dijo—. tres dedos. 1-Sí.. Yo puedo. Metió un dedito indeciso en la pintura roja. y extiéndela. Levantó una parte del tejado practicable y movió algunos de los muebles. Ya están todos formados juntos. pero tienen las espaldas así —comentó. Levantó el frasco y leyó la etiqueta: . —Ya veo —dije. muy cerca de ambos.. Miró los frascos de color para pintar con los dedos. Puedes extenderla en la forma que quieras. Las campanas de la iglesia al otro lado del estacionamiento empezaron a tocar un tema musical y después a dar la hora. La Compañía Americana de Crayolas hace esas. Y esta es la Pintura Shaw . —Yo creo que esta es pintura para los dedos —dijo—. Después tomó una espátula de madera. No me están disparando a mí.. Dibs. Estos son los rifles.. son las cuatro. apuntando en forma más bien vaga en dirección de los soldados. —Como que te gustaría hacerlo. La casa se tambaleó ligeramente al tocarla Dibs. y como que no te gustaría — comenté. Cuatro. Dibs suspendió su actividad. Miró hacia los soldados. —Sí —dijo Dibs. ponle algunas ruedas. Esas son las instrucciones. Son las cuatro. —¿Crees que eso resolvería el problema? —pregunté. Mira: estos cuatro se parecen mucho. La examinó. observándolo mientras agrupaba a los soldados—: Puedes sumar los grupos de soldados y obtener la respuesta correcta. Se desató las agujetas y se quitó los zapatos. levantó un puñado de arena y la fue regando sobre los tres soldados enterrados. Las alineó a todo lo largo de la orilla de la mesa de arena—: Todas estas tienen rifles —añadió=. ¿cómo es eso? Le mostré cómo usarla: . tenía muchas palabras en su poco usado vocabulario. —Sí —dijo Dibs. Observó la breve demostración. Este lo tiene en posición de disparar. Tres. Toma la pintura roja. Dibs se retiró de ella hacia atrás y la miró con detenimiento. Cuidadosa y deliberadamente. Escuchó. Miss A. —Sí. Podía observar y definir problemas y podía resolver estos problemas. Póntelas en orden.. quítatela! —dijo. pero sin tocarlos. Estos tienen rifles en las manos. —Está bien —dijo. mirándome y apuntando hacia las etiquetas. Pasó su mano por la arena y encontró otros soldaditos de juguete.. —Dejó el frasco en la mesa y trazó círculos con las manos extendidas sobre la pintura y el papel.—Esta es la pintura roja para pintar con los dedos — anunció—. bueno. limpiatela! —dijo. —¿Quieres decir que todos ellos están disparando en la misma dirección? —pregunté. —Estos dos hombres tienen banderas —dijo. Luego pon un poco de la pintura encima del papel mojado. Se limpió la pintura. —Otra vez tocó la pintura—. Pronto será hora de que regreses a casa —añadí. Y paredes altas y duras.. Los rifles. —Escucha —dijo—: Una. —¿No te gusta mancharte las manos con la pintura? —le pregunté. —Extiéndela —dijo—.. Añade tres y uno más y eso es 12. Este lleva su rifle sobre el hombro. Dibs levantó los ojos y me miró. Trazó círculos con sus manos muy cerca del papel mojado. y entonces ya no se tambaleará ni se mecerá —dijo. —Es que las crayolas son diferentes —explicó—. El tercero no estaba bien enterrado como para satisfacerlo: lo sacó y volvió a enterrarlo profundamente. Tomó otra toalla de papel y se limpió vigorosamente la pintura. -¿Qué es esto? —preguntó. Después extiéndelo con tus dedos. Pintura para los dedos. temblorosamente. —Lo veo —comenté. la sumergió en la pintura. Y aquí hay cuatro más. Cuatro y cuatro son ocho. Extiéndetela en un dedo. los fue enterrando... —Extiéndela alrededor y alrededor —dijo. Los tomó y los formó. Los están disparando. Aquí hay tres con rifles que apuntan hacia acá. obviamente Dibs. Y aquí hay otro como esos. en verdad habían dejado una profunda impresión en Dibs. Ya quedaron listos —dijo—. —Te libraste de él. mostrándome un soldado. Pintura sucia que mancha. en la arena. —Dibs recibió unos como estos en Navidad —dijo. En Navidad. la empujó bajo la tercera esquina y la casa ya no se tambaleó.

Nuestra hora de hoy se ha terminado. Ya no hay tiempo para eso —le dije—. Noté qué confuso se había vuelto su lenguaje. Esto será un cuadro. No era mi intención actuar como si creyera que no me había oído. ¡Espera! ¡Espera! —gritó Dibs. Las acuarelas son marca Prang. —tartamudeaba y jugueteaba con el pincel. Sacudió la cabeza disgustado.. el cuadro comenzó a surgir. —Esta es agua c-a-l-i-e-n-t-e. era mantener nuestra comunicación abierta y prolongarla. Torció de nuevo sus manos y se volvió hacia mí. que irte a casa. Se dirigió hacia el fregadero y vació el cubito. Tocó la cerradura de la puerta. añadiendo cada color según la secuencia de la rueda de tonalidades. luego. Tiene un sótano que es oscuro. ¿verdad? —SÍ —asintió Dibs. —¿Quieres dármela? —respondí. un árbol. Puso la mano en el papel y se inclinó. No irme ahora. ¡Así que esto es pintura para dedos! ¡Ah. ¿Crees que puedas hacer un cuadro en cinco minutos? —Dibs pintará —anunció. Se quedó mirando la casa del cuadro fijamente. Dibs —repliqué tranquilamente—. en lugar de una expresión de gratitud y alabanza. Usó todos los colores. Nuevamente las campanas de la iglesia empezaron a sonar. -Tengo que arreglarla. Señaló la puerta de su pintura: —Tiene un cerrojo —dijo—. Asintió con la cabeza. luego. Y tú has terminado de pintar la pintura y es hora de irnos tranquilamente a casa.• —¿Encuentras el agua fría y caliente interesante también ahora? —pregunté. empezó con la pintura roja e hizo en el papel lo que al principio parecían manchones regulares.. quítatela Dibs! Es una pintura tonta. los hice a todos rojos. —Escucha. Metió luego los dedos en la pintura azul. apuntando hacia la pintura. . —Sicontestó—. Caliente —dijo—. Así. muy absorto en lo que estaba haciendo. —La pintura se corre —dijo—. luego. No irme nunca. Pintaré un cuadro. Extendió la pintura cuidadosamente sobre cada dedo. La tengo que cerrar —añadió. —Eso es lo que dije. Era en realidad una pieza de arte creativo bastante sorprendente. Yo sabía que él había oído lo que antes dije sobre la hora.Así. --No. si él quisiera. ya que. todo lo que él quisiera. ¡Quítatela! Se limpió la pintura de los dedos y tiró las toallas al basurero. Ya es hora de irnos. Dibs tomó el lápiz y muy cuidadosamente dibujó una cerradura en la puerta. se podía ver la escena de una casa. y luego hacia él: —Ya veo —comenté—. Lo limpié. —Esta es la casa de Miss A —dijo—. Cuando lo completó. -Necesito poner más pasto aquí y algunas flores —dijo súbitamente. con aspecto profundamente desdichado:Miss A decir pintar un cuadro de una casa y luego dejarte -dijo roncamente. Sacó la caja de las acuarelas. La atajaré con la toalla de papel. Caliente. Dibs se dirigió hacia la casa de muñecas. Cerrada. Miré hacia el cuadro. Dibs. No me interesa. te voy a regalar esta casa. ¿verdad? —comenté. y tienes'. Había una gran ventana que había pintado de amarillo vivo. —Sólo quedan cinco minutos —le dije—. ¿no es así. Dibs —le dije—. cuya capacidad se veía dominada por su perturbación emocional.13 para pintar con los dedos. ¿verdad? Pero el tiempo ya se terminó Dibs. amarillos. y significado. Dibujó unas ventanas pequeñas y enrejadas en la parte más baja de la casa. Limpié cada dedo y lo puse de otro color. levantando sus manos—: ¡Mira! —Ahora sí lo hiciste. En el cuadró terminado había relación. —Mira —dijo—. ¿No oyes las campanas? Dibs no hizo caso. el sol. Esa es la ventana del cuarto de juegos. Lo puse en cada dedo. —. Abierta. tiene un cerrojo y un sótano oscuro. ¿y lo que te dije de nuestra hora. —!Ah sí!. Respiró profundamente. colocándolos en varios lugares de la superficie. ya veo. Después se los limpió con una toalla de papel. por mi palabra. —Estas son pinturas para pintar con los dedos —repitió Dibs. El propósito de esta respuesta. — Tendrás tiempo de pintar solo con un color —dije—. Luego. —Esta casa es para ti —dijo. —Ya está —dijo de modo triunfal. -Sé que no quieres irte. Se cierra bien con una llave. 58 59 Mi afirmación era algo arriesgada: él podía extender el tiempo para pintar ese cuadro. Al ir añadiendo más colores. --Te entristeces cuando digo que te tienes que ir. en esa ventana había puesto una maceta de flores rojas. Después será hora de irnos. Fría. verdes. —Dedos todos azules ahora. diestros.-Sí. La expresión de su rostro era de desdicha y temor. Fría. Apuntó hacia el fregadero. Pero nuestra hora de hoy ya se acabó. —No irme ahora —lloriqueó—. —Pintura para dedos —dijo—. también. con las acuarelas. Dibs ignoró lo que yo había dicho. Ahora están todos verdes — dijo mientras cambiaba el color—. el límite resultaba ahora flexible. —Pero. dedos todos llenos de pintura azul. Con rasgos rápidos. azules. —El café hace que el agua se ponga café y la pintura anaranjada pone al agua color naranja —dijo.. Abierta. la cabeza colgante. haciendo un gran esfuerzo—: Esta casa también tiene un cuarto de juegos —señaló la brillante ventana amarilla y las flores rojas de la maceta. podría añadir más de sus pensamientos y sentimientos y no verse abruptamente inhibido por mi respuesta envolvente y mis valores o normas de conducta. luego. —¿Dónde hay agua? —preguntó. así es —repliqué. Y esta es agua f-r-í-a.. Llenó un cubito con agua. Se miró las manos. Volvió a mirarme. pasto. apareciendo súbitamente como si fuera muy tímido. He aquí un niño capaz de grandes logros intelectua60 61 les. pero puesto que yo había indicado "cinco minutos". —Si —dijo.. Eso la secará. cielo. Miss A. . Primero. -Puedes acordarte de varias cosas que hacer para no tener que irte. Sin embargo. Me miró. debía sostener ese límite y no permitir que se complicara la situación al introducir mi elemento nuevo. Empezó a torcerse los dedos—: Esta es ahora tu casa —añadió. Dibs? —pregunté. cafés. forma. —¿Crees que prefieres pintar un cuadro? —dije. flores. Cerrada. Metió los dedos en la pintura amarilla y lenta y deliberadamente la extendió sobre cada uno de ellos. —Si —dije. Abrió bien la llave y el agua salió con fuerza. Entonces. Esta casa. y la había logrado en forma muy especial. Sus ojos se veían muy azules.

ya están puestas. sólidas y reales. Sacó la caja vacía que había contenido algunos de los cubos pequeños. Porque el jueves es el día en que vienes al cuarto de juegos. entonces tendría yo muchas dudas acerca de su eficacia. Ahora voy a cerrarlas todas. —Sí. Había recurrido a este subterfugio varias veces en el cuarto de juegos. Se encaminó hacia la casa de muñecas y abrió todas las ventanas: —Mira —dijo—. ya se pasó un poco de la hora. ¡Dibs no salir de aquí! ¡Dibs no ir a casa! ¡No. buscando otra oportunidad. ya sé —comenté. —¿No puedo pintar solo otro cuadro? —me preguntó. No querer ir a casa. esa hora se acabó en ese día y ambos nos vamos del cuarto de juegos. Tomé su sombrero. —¿Y las tapas de la pintura para dedos? —continuó. —¿Y limpiar los pinceles? —También. mientras te pongo las botas. se secarían —repliqué—. Me acordé de arreglarlas —respondí. Se quitó el sombrero y lo dejó en la silla que estaba también allí. fue hacia la cómoda. Esto es lo que aquí dice que son. y los insertó nuevamente en su caja angosta y larga. Al ponerle las botas. ¿Cómo pudo haber mantenido ocultada para su familia esta habilidad. —Señaló el nombre que estaba en la tapa. Tenía yo la impresión de que siempre que se aproximaba a cualquier clase de referencia emocional se refugiaba en una ostentación de su capacidad para la lectura. Después dejó la botella. El próximo jueves. regresó a la mesa y tomó el biberón nuevamente. Se había estirado a través de la mesa hasta alcanzar el biberón que contenía agua. sin hacer alboroto. —Ándale. comprobó que las tapas estuvieran bien colocadas. —¿Ni una pintura para ti? —preguntó—. Y cuando esa hora pasa. Después dejó la botella en la mesa. Dibs. Dibs se sentó en la sillita que había junto a la mesa. los taparé más tarde. —Hoy no —le dije. Me miró con los ojos llorosos mientras le colocaba la gorra en la cabeza. Se puso de pie súbitamente. —Si se dejaran sin tapar. Justo afuera. Ahora no —contesté. También eso se hará. abrió las puertas y miró hacia adentro. obtener su independencia síquica. Palmeó la puerta. —Los cubos cúbicos para contar caben aquí —dijo. murmurando: —No ir a casa. Me sentía muy interesada en la forma en que Dibs había estado demostrando su habilidad para leer. Dibs. nunca! —Sé que no te quieres ir. Se puso de pie y caminó hacia la puerta. que otros valoraban. nada más para ti? —No. —Quítate la ropa —dijo. ¿Regreso el viernes? Regresarás el jueves próximo —dije—.' Tomó el biberón. alcanzó al letrero de la puerta y le dio vuelta. lo dejó caer en el piso. ¿Por qué. se dirigió a la mesa y revisó los frascos de pintura. Ahora es tiempo de que nos vayamos. sin haber antes demostrado evidencias de un lenguaje verbal pleno de significado? La astucia y la fuerza de este niño eran increíbles. y parecía haber logrado algo de esto. 63 64 —Sí —dijo. Estaba de pie frente a mí. se detuvo repentinamente. Tomó el frente de la casa. —¿Ves? —dijo—. Nuestro tiempo de hoy se ha terminado —dije. Sostuve el abrigo para que se lo pusiera. —Ahora siéntate. contar. —Ya está —dije—. —Las tapas están puestas —comentó. que todo el tiempo que quedaba entre las sesiones semanales era también importante. Si la terapia se convirtiera en la influencia predominante y decisiva en la vida diaria de este. así. respetada y amada por todas sus cualidades? ¿Cómo había podido un niño ocultar tan bien esta riqueza de sustancia intelectual que estaba tan cerca. Quizá esto era un breve índice de evidencia de algún conflicto que él tenía entre lo que se esperaba de su conducta y de su propia lucha por ser él mismo: algunas veces. —Sí. 6 Cuando Dibs entró al cuarto de juegos al jueves siguiente. Aparentemente había agotado sus recursos. no importa cómo te sientas. Se desabrochó el abrigo.62 —¿No se secarán? -preguntó. Se sentó. Un niño obtiene sus sentimientos de seguridad mediante limitaciones predecibles. —Nuestro cuarto de juego —exclamó. El valor de cualquier experiencia terapéutica satisfactoria en mi opinión depende del equilibrio que se mantiene entre lo que el individuo trae a las sesiones y lo que se lleva. Esta es la caja.14 Dibs? Pero puedes regresar la próxima semana. —Eso veo —dijo Dibs. no importa cómo me sienta yo. Todas las ventanas están abiertas. mirándome. bajo la superficie de su reticente conducta externa? ¿Cómo había adquirido todas estas destrezas? Podía leer mucho más allá de su nivel. para que en vez de leerse No molestar. su abrigo y sus botas. con el biberón en la boca. no importa cómo se sientan otros por ello. Quizá se sentía más seguro al manipular conceptos intelectuales acerca de las cosas. De repente se animó: ¿El viernes? —preguntó—. —Voy a chupar el biberón —anunció. No sentir que querer ir a casa. —¿Puedo tapar los frascos de pintura? —preguntó. resolver problemas. en efecto. También esperaba haberle podido comunicar el hecho de que esta hora era solo parte de su existencia. Es más. y lo colgó en la perilla de la puerta. así lo había hecho? Sería extremadamente interesante poder llenar los hue- . —Quiero chuparlo —dijo. Chupó así en silencio por un largo tiempo. mientras le corrían las lágrimas por el rostro. Quizá sentía que sus actividades intelectuales eran la única parte de él. — ¡No! —gritó—. mete los brazos en las mangas —lo hizo. Yo había esperado ayudar a Dibs a establecer diferencias entre sus sentimientos y sus acciones. fuese Cuarto de terapia de juego. —¿Te gusta chuparlo? —pregunté más para mantener el canal de comunicación abierto que para añadir interés a la conversación. Se encaminó por el pasillo hasta la sala de recepción y se fue con su sorprendida madre. Finalmente terminé de ponerle las botas. Estaba chupando como si fuera un bebé. había trabajado tan denodadamente para ocultar su capacidad en la escuela y en la casa? ¿Sería debido a que por encima de todas las cosas él deseaba ser una persona por derecho propio. Dibs suspiró. Permaneció ahí de pie. que no podía y no debería tomar prioridad por encima de todas las otras relaciones y experiencias. Yo quería que Dibs sintiera la responsabilidad de llevarse con él su capacidad en aumento para asumir tal obligación por él mismo y. en vez de hurgar más profundamente en los sentimientos acerca de él mismo que no podía aceptar con facilidad. y cambiando súbitamente de opinión. observándome mientras lo hacía. si. ¿Solo otra pintura. levanté los ojos para verlo. —Sí. muy capaz: otras.. un bebé. Pero tú y yo solo tenemos una hora cada semana para estar aquí juntos en este cuarto de juegos. se lo quitó sin ayuda. —Sé cómo te sientes —le dije. entonces. Levantó cada uno. ¿cómo había logrado esto. Acomodó algunos de estos en la caja.

si eso era lo que decidía hacer. Mordía y chupaba el chupón mientras. pero era la primera risa que le oía. Ayúdame. Se dio vuelta y me enseñó la botella vacía. Esté bien —contestó Dibs—. Llenó con agua. sus deseos infantiles y sus intereses más maduros. le quitó el chupón inmediatamente. cruzó por su rostro. —Sí. relajado. desarrollar conducta infantil. —Es algo confuso —subrayé. masticando el chupón. Tomó el juego de té del estante. Sacó la caja del barro. Cuando estás adentro —contestó. Yo traía puestas unas punteras de hule rojo. Empezó a tirar de sus polainas. ¿Era esta la razón porque la familia de Dibs se sentía insatisfecha?. creo que sí —replicó. cruzó el cuarto corriendo hacia el fregadero encerrado. Eso confunde a la gente. Levantó el chupón. Siempre. asintiendo enfáticamente . —¿Vas a tener la reunión para el té. mi reacción ante esto. Le dije que los materiales estaban almacenados ahí para que se usaran según se fueran necesitando. a jugar en la arena. Si no te las quieres quitar. Al fin. además. Yo quería que él experimentara algo más que un ejercicio de preguntas y respuestas. son como los timbres de puerta —respondí. eso es bueno —dije. —Voy a quitarme las polainas ahora —dijo. volvió a llenarla. era evidente que el adelanto intelectual sin la concomitante madurez emocional y social no resultaba suficiente. Le expliqué que había barro en el recipiente que estaba en la mesa y que el de la caja sólo se abriría y se usaría hasta que el otro se terminara. Quería yo que aprendiera por propia experiencia la responsabilidad de asumir la iniciativa para usar su capacidad en sus relaciones con las personas. Después se rió. y a tener una reunión para tomar el té —dijo. —Sí. esperando que tomara la iniciativa ya fuera en actividad o en conversación. No lo presioné para que me dijera en qué estaba pensando. Me la trajo. —¿Crees que debo quitarme las punteras? —le pregunté. tirando un poco del agua en el piso. —Voy a pintar con los dedos. —¿Crees que quizá debes quitártelas? —pregunté. te ayudaré —respondí. Se volvió a mirarme. el biberón. Suspiró. se enderezó en la silla. Quería que él sintiera y experimentara su propio ser en nuestra relación. cerró el grifo. —Esos son timbres de puerta —dijo. porque aquí adentro hace frío hoy. —Muy a menudo lo que dices está bien —añadió. sosteniendo la botella en una mano. —Voy a prepararlo todo —anunció. Sonrió más abiertamente esta vez. me apuntó hacia los pies. —Quítate las botas siempre adentro —dijo—. —¿Estás planeando lo que quieres hacer durante el resto de nuestra hora? —le pregunté. Sacudió un dedo frente a mí. Dibs no había traído sus botas de hule ese día. . ya veo -dijo—. Trató de poner el chupón en la botella. Dibs estaba sentado en la silla. volvió a mirar dentro de la cómoda y empezó a examinar todo lo que había en el entrepaño. Estoy pensando. pero su madre y yo habíamos hecho un trato: no habría investigación. —No puedo —dijo—. mucho frío. señalando sus pantalones para la nieve. Jugó con los aeroplanos y los soldados. abrió las puertas. Este es tu closet de materiales. la vaciaste.y bajas. —Estoy pensando —me dijo. o para quedarnos así y mirarnos y pensar. Si te las quieres quitar. —Sí -dijo Dibs. apoyándose en los codos. 66 67 —Botella vacía —dijo. —¿Sí? . Una sonrisa. Esperé mientras Dibs se quedó ahí pensando. sosteniendo la botella fuertemente contra su cuerpo. quitó el chupón de la botella. —Hoy hace un viento muy frío afuera —exclamó. si me apresuraba a hacer conclusiones prematuras. puedes hacerlo. -Sí. o ¿habría sentido aquella madre inquietud y temor por Dibs. —¿Cómo quedé? —pregunté. 68 69 Las campanas dieron las cuatro. Entonces. y no que la encerrara dentro de una sola clase de conducta. —Si — repliqué. con sus altas . —También hace frío en el cuarto de juegos hoy —añadió Dibs. Pero en vez de hacerlo. sus amores y sus odios. —Está bien. —Mejor -replicó. No dije nada. esperando. Jala y empuja y jala y' quítatelas. abrió el grifo del agua a todo lo más. —Sí. obviamente. ¿me quito mis polainas? -me preguntó Dibs. —Sí. Después abrió una de las puertas de la cómoda y miró hacia arriba en donde había materiales guardados. Cruzó la habitación y se empinó en la ventana. —Sí —replicó. y cerró las puertas que encerraban al fregadero dentro de un closet. Es difícil hacerlo. sus temores y su valor. de capacidad intelectual. Lo miré. —Parece que hay algunas cosas que debemos quitarnos cuando estamos afuera y algunas otras que podemos dejarnos puestas algunas veces —comenté. Pero déjate las polainas puestas hoy. —Sí. —¡Ah!. Vació _la botella del biberón. está bien también. Fue breve. que ese día había usado por primera vez y que no se había quitado. —¿Qué les pasa? —pregunté. la sugestión. Se volvió a mirarme. chupando a placer.repliqué. —Si. y coloqué el chupón en la botella. primero? —pregunté. —Sí —dijo Dibs—. Quería que él aprendiera que era una persona compuesta de muchas partes. y ofrecer una demostración precisa y compulsiva. No quería yo dirigirlo hacia ningún canal exclusivo por medio de la alabanza. señalando dos llamadores que había en la pared. mirándome fijamente por largo tiempo.15 cos que había en nuestra comprensión. mordió el chupón que no había puesto en la botella. porque hace frío aquí. mirándome fijamente. o las preguntas. bebió directamente en ella. Mucho. y vació el agua en el fregadero. él la tomó. Se dirigió hacia la arena y trepó dentro. apenas dibujada y fugaz. —Vaya. masticándolo y chupándolo mientras me veía fijamente. pero no pudo. Me agaché y me las quité y las puse en el rincón. —Es muy confuso —repitió Dibs. a causa de no poderlo entender? Probablemente había muchas y complicadas razones por las que esa relación entre Dibs y su familia era tan deficiente. Se quedó de pie junto al fregadero. Eso depende de ti —le dije—. pero él no pareció darse cuenta. —Mis guarda piernas —dijo. Sería muy útil conocer las respuestas a algunas de las preguntas que cruzaban mi mente mientras veía a Dibs fluctuar entre chupar el biberón. —Quítame mis punteras —dijo. Hace frío afuera. Se rió. mirándome fijamente: ¿Qué preguntas sin respuesta cruzaban su mente? De pronto. así es —repliqué. Podría perder completamente la esencia de la personalidad total de este niño. Solo me 65 restaba esperar que algún día ella se sintiera suficientemente segura dentro de sí misma como para compartir conmigo lo que sabía del desarrollo de Dibs.

que llegaba hasta la casa y pasaba alrededor de ella. —Cinco minutos más. Se quedó en el centro de la habitación. Aquí está el pato grande que es bravo. quizás uno como el que él cree que el pato grande tiene? — pregunté. dentro de una relación en que se trata de comunicarle dos verdades básicas: que nadie en realidad sabe tanto acerca del mundo interior de un ser humano como el individuo mismo. Dibs jugó con la casita y los soldados por última vez". tristemente—. como tema de las conversaciones que parecía utilizar como un escudo defensor cuando algo lo molestaba. Su madre le ayudó con el abrigo y el sombrero. y vacía la arena aquí. Añadió más arena a la pila. Dibs tomó el camión de juguete y representó jugando lo que me había dicho. pero no indicaste que me oíste —afirmé. Alguien escribe letras con la máquina de escribir. —Dije que quedan cinco minutos —repetí. en una sola dirección. me saludó con una rápida sonrisa y se encaminó al cuarto de juegos. Y aquí está el pato. Dibs —dije. Se me acercó y tocó el pequeño cuaderno de notas que tenía sobre mi rodilla. Se fue sin decir una palabra más. Pero después lo hice. Entró y se dirigió a la casa de muñecas. En mi opinión. siguió por el pasillo hasta el cuarto de recepción. se volvió hacia mí y me preguntó—: ¿Me ayudarás a componerlos. Dibs tenía la particularidad de introducir objetos seguros. escuchando. —Sí —dijo Dibs.. —Ayudarás —replicó. Comenzó a cantar mientras trabajaba. Una casita de muñecas muy pequeña que tenía una sola habitación estaba en la caja de arena. Empujó el camión a través de la arena. poco a poco. Rápidamente buscó entre los soldados. adelante de mí. —Sí. ¡Qué niño! Uno podía especular e interpretar y probablemente acertar. Dibs lo ignoró. o intentar hurgar para obtener más información. alguien está escribiendo a máquina. el valor terapéutico de esta clase de psicoterapia se basa en que el niño experimente por si mismo que es una persona capaz y responsable. —Sí — comentó Dibs. —¿Oyes la máquina de escribir? —me preguntó—. se va. Se sacudió la arena de las manos y brincó hacia afuera dala caja. un gato de deveras. -Escribe esto en tus notas —dijo—: "Dibs vino. ¡Adiós! Recogió su abrigo y su sombrero y salió del cuarto de juegos. Nunca. Sacó la caja de los animales de la granja. Escuché. Se volvió a mirarme. el hombre entra al edificio. Encontró la arena interesante hoy.16 con la cabeza. —SÍ —dijo Dibs—. -Hoy es día de San Valentín —dijo súbitamente. Aquí está el patito. —¿Se van y nunca regresan? —comenté. Miss A? —¿Tú qué crees? —pregunté. Se quedó sentado mirando fijamente el monte que había hecho. —Miss A te ayudará a componerlos. lo oigo —repliqué. cuando Dibs llegó al Centro Infantil de Guía Sicológica. Quería ir reduciendo el tiempo. pero este patito no tiene un estanque suyo y tiene muchas ganas de uno. Noté que mientras él hablaba un gran camión había llegado y se había estacionado cerca de la ventana del cuarto de juego. —Este camino es nada más de ida. —Si —dijo Dibs—. 7 La tarde del siguiente jueves. sepultando al camión con todo y gente. casi por completo. El niño debe aprender primero. —Mira. una de las persianas de las ventanas yacía rota. Volví a mi oficina y me senté ante mi escritorio. patito —dijo. quizás. Su lenguaje fluía efectivo y sin dificultad. 70 Ahora. El camión se estaciona. Había pedido que no se movieran de donde él los había puesto al despedirse después de la última sesión. Te oí. suavemente—. Dibs la reparó silenciosa y eficientemente. y cuando está lleno. cuando lo repetí lo hiciste —comenté. —Ya veo —dije. —y levanté tres dedos. viven gatos —dijo—. —Sí. —Me oíste decir cinco minutos más. Me miró y se rió. redundante y. Esto se 71 72 73 . — Quizás alguien ha estado jugando con ellos también — comenté. inanimados. El pato no tiene estanque y el pato quiere un estanque. Empezó a trabajar e insertó las figuras en sus bases sin asistencia. Estuvo en silencio por mucho tiempo. no tiene vuelta. en esta casa. Entonces tomó la figura del patito y la colocó en la cima de la montaña que había hecho con la arena sobre el camión enterrado. ven cómo llega el gran camión. que va aumentando antes de que pueda aprender a respetar las personalidades y los derechos y las diferencias de otros. para que no se terminara abruptamente y sin advertencia. Pero ahora estos dos patos se han encontrado y están los dos parados aquí viendo cómo llega el camión afuera de la ventana. —Déjalos aquí toda la noche y todo el día —dijo—. hacer una interpretación verbalizada a estas alturas. Dibs —dije—. —Hace un ruido chistoso al pasar por la arena —dijo. escogió tres. El pato grande puede tener un buen estanque seguro en alguna parte. —Esto está diferente —dijo—. no están como los dejé. El hombre que pelea tiene un gato. Ya viste cómo pasó. ¿Quieres que los deje en la forma en que los pusiste? — comenté. alguien más ha jugado con ellas —dije. Dibs —dijo. Al pasar deja un rastro. Quedan solo estos minutos. — Probablemente. —¿Así es que el patito quiere un estanque seguro que sea suyo. que eran de cartón grueso y bases de madera. al resumir el significado de su juego simbólico. sin embargo. Parecía estar completamente absorto en esta actividad. y que la libertad responsable crece y se desarrolla dentro de la persona. -Todo esto va a pasar en cinco minutos más —dijo Dibs. Ya se fueron. recogió más arena y lo sepultó con todo y las tres figuras. Fíjate: hay dos patos. —Y los animales también —dijo—. Tres minutos más —dijo. Se hallaba alterado porque los juguetes no estaban como él los había dejado. Hizo un camino a través de la arena. Colocó la casita en medio de la caja de arena y a los animales de la granja alrededor en diferentes lugares. Juntos. Se dio vuelta e inspeccionó la mesa de arena. —Aquí. han cambiado las cosas. —Así es —dilo Dibs—.. —El camión está lleno. carga su camión. y estas tres gentes se suben a este camión y no regresan jamás. hacia abajo. no los saques. Eso es lo que parece —dijo Dibs. pero nadie le prometió nada ni se le dieron explicaciones. -Así es -repliqué. y los puso en el camión. me parecía que sería innecesario. —Si —dijo Dibs. respeto por si mismo y ese sentido de dignidad que surge del entendimiento de su propio ser. que no es tan bravo. aun restrictivo.

Lo encendió. reduciendo la intensidad de sus reacciones por medio de mis respuestas de manera que él pudiera identificar sus pensamientos y sentimientos con más exactitud. Regresé con mi lápiz listo. —Está bien. a quienes estuvieran del otro lado. Lo miré. —Sí... un espejo que permitía ver. —Sí.. en realidad. Si hay un fuego en el sótano —dijo. —Enciende la calefacción -dijo Dibs. — dijo— ¿por qué? —¿Por qué crees que dejé que eso sucediera? -le pregunté.. aunque uno opinara que lo que pudiera servir para reconocer a alguien. —¿Y tú te sientes enojado y desilusionado por eso... al fin. empezó a levantar algunas de estas y a separarlas por tipos parecidos. Me miró.. y que muchas veces tenemos muy poco control sobre esos elementos. Regreso en un minuto... ¡Debiste haberlo hecho! Ahora era mi turno de hacer preguntas. -¡Ah!. los observadores tras el espejo continuaron tomando notas.. que. aquí hace frío.. y ahora tampoco tu montaña está ahí. —¿Un fuego en el sótano? —pregunté. de cabeza. que estaba doblada: rompió la punta del lápiz. Eres como la vieja varilla de fierro de una reja. —¿Crees que con eso se caliente el cuarto? —pregunté. de propósito.' —En la caldera. como parte del programa de entrenamiento profesional. palabras. tratando de recapitular la situación. verdad? —pregunté. Esto lo usábamos como datos de la investigación. además. Te voy a dejar bien enterrado en la arena. con el juego de los niños. En la caldera que está en . —Voy a encenderlo —anunció Dibs. Se encaminó hacia la mesa y se quedó mirando fijamente la arena aplanada y las figuras mezcladas que yacían sobre ella. Estiró la mano y tomó mi lápiz. ello resulta imposible. —Me dio el lápiz. a fin de que nadie pudiera identificar a las personas de que se trataba. enfrentado con la desaparición de los símbolos concretos. —Iré a sacarle punta. de ahora en adelante. Dibs —dije—.17 evitó. Más adelante los récords se trascribían y se editaban para incluir la conducta observada tanto del niño como del terapista. Salí del lugar. arrojadas hacia él como un sustituto. —¿Pero tú querías que yo lo hiciera? —Sí. llevaban récords de descripciones de conducta. —No lo sé. ¿Me quito el abrigo? —Bueno. sacó uno de los soldados. porque parecía importante para Dibs. de cabeza. Yo quería que tú lo hicieras por mí. —repliqué— quizá sea mejor que te dejes puesta la chaqueta. —¿Por qué debí hacerlo? —pregunté—: ¿acaso te prometí que lo haría? Bajó la vista hacia el piso: —No —replicó. —¿Te estás preguntando qué le pasó al patito que dejaste hasta arriba de la montaña de arena? —pregunté. Después.'„ para cualquiera que estuviera en el cuarto de juegos era solo un espejo. Se dio vuelta rápidamente y me miró de modo directo. que manejaban las grabadoras de cinta y que. —Y mi montaña —dijo—. ni con palabras. en realidad. pero que si sabemos utilizar nuestras reservas interiores. Mi patito estaba parado arriba de mi montaña. y durante las discusiones. Parado ahí tan tieso y tan derecho. Cavaré y cavaré hasta que lo encuentre. Este cuarto de juegos. —murmuró—. quitándose la arena. Ahora que él había encontrado evidencia concreta de su mundo cambiante sería importante trabajar con sus reacciones hacia él. mirando en silencio las figuras regadas en ella. —El radiador está frío —dijo. Cavaba rápidamente en la arena.. Dibs levantó la pala y cavó en la arena. Dibs. Te voy a poner aquí. -dijo enojado— ¿dónde está mi patito? —Tú dijiste que querías que se quedara ahí y alguien lo ha movido —repliqué. en la arena. con él trató de hurgar en un agujero que había en una de las bases de los animalitos. Ya sé que está frío. —Sí. la montaña ni el poderoso palito de plástico. En nuestro trabajo hay tanto parecido básico en los problemas sicológicos de los individuos en tratamiento. Se frotó las manos. —Sí. —replicó— eso me enoja. tú hombre peleador. sino la sensación de seguridad y de adecuación que ellos simbolizaban en lo que él había creado la semana anterior. lo que parecía un alto espejo. al encarar su desilusión y al darse cuenta de que las cosas que están fuera de nosotros cambian. no asegurándolo ni con largas explicaciones o disculpas.. Detrás de él. yo esperaba que él experimentara dentro de si mismo confianza y adecuación. —Aquí hace frío —dijo—. Voy a encontrar a ese hombre que enterré. Se dirigió hacia el radiador y lo tocó. con tiempo medido. que tan a menudo usábamos como parte de nuestras investigaciones acerca de la conducta infantil y para nuestro programa de entrenamiento profesional. en nuestros seminarios avanzados de tipo doctoral. Hablaba con sigo mismo mientras lo hacía. en voz tan baja como un murmullo. ¿verdad? —Ya no está —dijo. —Así que aquí estás. Voy a desenterrarlos. —Otros niños vienen aquí y juegan con estas cosas. —¿Dónde está mi patito? —preguntó.. —dijo enfáticamente— ¿por qué? —¿Te preguntas por qué no me encargué de que se quedarán en los mismos lugares en que los dejaste? —comenté. Me las vas a pagar. Era. —replicó—. 74 75 Sin embargo. así eres. tenía. Lo que habría de ayudar a Dibs en última instancia no seria. —Si. con el tiempo anotado en intervalos de un minuto a los lados de los reportes. Dibs asintió con la cabeza. probablemente algunos de ellos movió tu palito. aprender por experiencia que ninguna parte de su mundo es estática y controlable. palabras. —dije—.. —Lo sé —dije—.. Todos los nombres y la información identificables se eliminaba antes de que este material se utilizara. como para todos los niños. animales y personas? Voy a enseñarles algo para que aprendan. lo que pasaba en el cuarto de juegos. sino con la experiencia de que. se sentaban uno o más observadores cuidadosamente seleccionados y entrenados especialmente. Se sentó en la orilla de la mesa de arena. Quédate aquí. tendría para tomar una medida de su propia habilidad para hacer frente a un mundo siempre cambiante. Se me acercó hasta quedar junto a mí y me miró a los ojos. Enterró al soldado. Se rió.. arena —dijo—: ¿crees que puedes quedarte aquí y que nadie te moleste? ¿Y lo mismo todos ustedes. hasta que nuevamente se perdió de vista.. Cuando dejó la habitación para sacarle punta a mi lápiz. Voy a encontrarlos. a lo largo de una de las paredes. en una habitación oscurecida. —dijo—. Dibs me miró. Aquí hace frío. mira —dijo casualmente— se rompió la punta. Ahora. Sonrió. ¿Por qué había hecho esto? Tomé el lápiz. la expresión de su voz cambió a un tono alegre y jacarandoso y dijo: —Quítate el abrigo y el sombrero. llevamos seguridad en nosotros mismos.

¡ay. 76 77 Se dirigió hacia la cómoda y miró hacia adentro: — Estas están todas vacías —dijo. estaba observando. —Desde luego. —¿Podría yo? ¿Cómo? —Pues podrías bajar al sótano y quedarte por ahí alrededor. —Podrías averiguarlo. abrió la llave del agua. su propio estanque pequeño. Llenó la botella. entonces lo noto —dije. posiblemente lo sería también. Arrastró una silla hasta el closet que había en un rincón de la habitación. —Así es —contesté. mientras se arrastraba por la orilla de las cosas. miró hacia adentro. entonces notas que está rota. es que funciona bien. No avisé a la escuela que su madre había aceptado. tiene una tapa que se puede dejar puesta. mientras calienta como debe.18 el sótano. Y nadan juntos en su pequeño estanque seguro. sin estorbar. Sería interesante saber qué hacía en la escuela y en la casa. lo dejó luego en la mesa. hoy no las traigo puestas. ¿entonces. Sacudió la arena que había quedado en el borde. nada más el gato y el conejo. dos gatos. —No. pues bien. dos vacas. Se sentó en la orilla de la mesa de arena. —¿El gato y el conejo viven juntos en esta casa? —dije—. —Así no trabaja —dijo. —Para decirte la verdad. pero lo bastante cerca como para que puedas observarlos y oír lo que tengan que decir —expresó. ¿Sería su conducta la misma que vi el día que fui a visitar el plantel? Cuando la madre de Dibs aceptó las sesiones de terapia de juego. Y los dos patos están nadando. para los otros que conocían a Dibs. En mi opinión. —Eso creo. —Ya veo —repliqué. o si tenían alguna observación. quedándose por ahí alrededor. —¿Y entonces por qué no lo haces? —preguntó. Hice esto por que sentí que sería un poco más objetivo recibir información sin solicitarla. sin el conocimiento y la anuencia (por escrito) de los padres. Empezó a recoger los animales regados por la arena.—Solo lo notas cuando hace frío. pero tenemos un conejo en la escuela y ese es el que se llama "Malvavisco". hacia adentro de la mesa de arena. Me preguntaba yo qué tal estaría pasándola ahí ahora. Después quitó la silla del paso. la vació. La arena se escurrió del rifle y cayó al piso. Estaba sentado frente a mí. ya que yo estaría personalmente comprometida en la terapia del niño. A nadie se le dan informes. en la orilla de las cosas. Jaló del gatillo. ya veo. aprendiendo. Se trepó en la silla y. cuando nadie lo ve. El gallo canta mientras la gallina pone huevos. Solo un gato y un conejo. pero algunas veces lo soltamos. —Puedes aprender muchísimas cosas interesantes en esa forma —aseveró. informes o problemas que quisieran discutir conmigo. pero no pudo. 78 79 Esta era la primera referencia que Dibs hacía de la escuela. ¡No hay nada que esté solo! Se inclinó y alcanzó la caja en la que se guardaban los soldados: —Esta es la caja para todos los hombres que pelean — dijo. —Está vacío —dijo. cerró el grifo. en donde no estorbes. cuándo? —preguntó. Hay dos de todo. haciendo a un lado las cortinas. llegando a conclusiones. hablando mientras lo hacía: —El gallo canta kikirikí —dijo—. pensando. — El conejo enjaulado —corrigió Dibs—. —¿Qué le pasa? —preguntó Dibs. Y hay dos conejos. Es un conejo muy grande y blanco. la escuela. —Puede ser —consentí.en que la escuela me llamaría si querían otra conferencia. tomó el rifle. más que obtener respuestas a mis preguntas. —comentó. mientras el agua salía con fuerza. Esto indicaba que. se trepó en ella y se asomó en las alacenas de arriba. —¡Claro!. Esto lo convertía en un teatro para títeres..-. No sé mucho acerca de ellas —le dije.. —Sí. Nunca he estudiado descomposturas de calderas. —Están vacías —anunció. También dije con toda honestidad que no sabía cómo habría Dibs de responder a estas sesiones de juego: si le servirían o no. creo que podría hacer eso —repliqué. parecido un poco a este. Le dio vuelta: —Ninguna gente vive en esta casa —dijo—. —¡¡Ah! —dije—. Dibs se rió. ¡Ahora él me tenia comprobando sus observaciones! —Hace mucho frío hoy para que me quite las polainas otra vez —dijo. En la puerta del mismo se había recortado un cuadro y se le había puesto una cortina. se quedó con el chupón. El patito dice cuac-cuac y el pato grande dice cuac-cuac. lo suelto. —No sé —respondí. Dije a la directora que vería a Dibs solo si su madre consentía en traerlo al Centro. ¡Ah mira! Ya tienen su estanque. mirándome—. no el conejo que vive en esta casa con el gato. —Pero si no fue antes. Me interesó el comentario que Dibs hizo acerca del conejo de. volvió a llenar el rifle volvió a tirar del gatillo. abrió las puertas que encerraban el fregadero. Arrastró la silla hasta el fregadero. Sin embargo. Cuando no lo hace. Dibs —respondí— no se me había ocurrido hacerlo. Quitó el chupón del biberón. ¿sabes? —dijo después de un corto intervalo. yo había avisado a la escuela. —Está bien —dijo. — ¡Ah!. tan apretada! Se hincó sobre el borde de la mesa de arena para examinar la casita. Los hombres están allá abajo arreglándola. lo llenó de arena. Pero él se asomó a todas. aun cuando no era un miembro participante y activo del grupo. Quedamos . ello no cambiaría . dos perros. saber qué estaba haciendo en el cuarto de juegos. Y estaba yo perfectamente segura de que Dibs había aprendido muchas. la caldera esté descompuesta hoy. trató de disparar la arena. Por eso me acordé de nuestro conejo de la escuela. Se acercó hasta la mesa y tomó el biberón y bebió de él. Y otras veces.. Me hablaba entre chupadas: —Miss A no trae sus botas de hule hoy —comentó. al de juguete. los padres de Dibs eran los indicados para discutir sobre las sesiones de terapia. dos caballos.. lo tenemos en una gran jaula en el rincón de uno de nuestros cuartos y algunas veces lo dejamos salir para que brinque y salte por ahí y se siente y piense. —le contesté. —No hay nada en esas alacenas tan altas —le dije. El conejo mascota está en la escuela —dije. —El conejo de la escuela se llama "Malvavisco" —interrumpió Dibs—. Y el conejo se llama "Malvavisco". —No sé. lo bastante cerca de las personas para observarlas y oír lo que tuvieran que decir. muchas cosas en esa forma. necesita que la reparen. —Así es —afirmé—. Nuestro conejito de la escuela se llama "Malvavisco" —añadió. —La caldera debe haber empezado a descomponerse el jueves pasado —comentó. —Sí —dijo—.

—Sí. —exclamé. Hizo esto varias veces. su tristeza y su sensación de derrota. quedan cuatro minutos más.. Parecía tener un sentido sobrenatural del tiempo. con las manos entrelazadas en el regazo. Me pareció una deducción interesante y bastante exacta. y me miró por algunos minutos. Permaneció ahí sentado en silencio durante otro minuto. se ve lo que es nada. Se sentó ahí. Vengo con' alegría a este cuarto. Se veía tan pequeño y. Recordé el monólogo de Miss Jane sobre los principios de la atracción magnética. —Así es —asentí y añadí—: entonces será tiempo de ir a casa. El lunes es el primero de julio. Pensé en aquella conferencia en la escuela. en el piso. —Ya veo —comenté. volvió a tirarlo en la misma forma. que tenían perforaciones para definir la reja. eran débiles. Después viene el lunes. llenó el camión con esta y lo empujó. —En cinco minutos más será hora de irnos —dije—. —estaba tratando de definir el objeto—. bum. Bueno —anunció—. —Jugaré con los soldados aquí en el piso —dijo—: loe formaré en orden. "Malvavisco" era su mascota. Esto es. y críticamente. — Estos los guardaré en la caja —así lo hizo. y no lo será sino hasta el cuatro de julio. —Está bien —replicó Dibs—. Aun cuando sus maestras se sintieran confusas. Después viene el cuatro de julio que es Día de la Independencia. Dibs? —le dije después de un rato. —Dibs. —Hoy no es Día de la Independencia —dijo—. El miércoles es casi el Día de la Independencia. —¡Ah. Después se puso serio y siguió hablando: —El Día de la Independencia es el día de los soldados y de los marinos. no pueden respirar —explicó. —Si —replicó. Dibs se había adentrado en sus propios temores y estaba más fuerte mediante las certezas que descubría. — Esto hace que ellos estén tristes —dijo—: no pueden ver. lo tiró de un puñetazo. Volvió a mirarme: —Quedan tres minutos más —dijo. Cavó en la arena. por esperanza y confianza y alegría. aun a pesar de que habían sido impulsados a esconderse bajo la maleza de su ansiedad.. El conejo y el gato están mirando a través de la ventana: nada más mirando y observando. al tiempo que cortaba la reja. mirando mi reloj -de pulso. sus sentimientos. ¿quieres dejarlos enterrados? Rápidamente saltó fuera de la caja de arena.. su animal enjaulado. Y pensar que habían crecido -y florecido. no pueden oír. —Y entonces será hora de ir a casa —dijo Dibs. Es un día alegre —dijo—: ¡El Día de la Independencia! Y todos están atarantados por el júbilo.. para hacer una verja abierta—: eso es para que los animales puedan salir siempre que quieran. sin embargo. —Así es —dije—. Jugó con el soldado "papá" otra vez. —¿Sí? ¿Y no te llevas contigo algo de esa alegría? —pregunté. Se puso de pie. Tomó algunos de los soldaditos de juguete. Hubo un destello de felicidad en sus ojos. Dibs —repliqué—. ¿verdad. Se estiró hasta llegar a la arena y desenterró los soldados. Suspiró. Pero ahora. Y las banderas ondean al viento. los revisó cuidadosamente. —¡Ah! ¿Ese es papá? —comenté en forma casual. esto es un pedazo de nada. —¿Dos minutos más? —preguntó. Los tambores van sonando bum. por su miedo y sus pavores. ¡Y el jueves vengo aquí! —Deveras. Dije esto más para determinar lo que habría de responder que para llamar su atención sobre un hecho que él ya conocía. Antes de lo que te imaginas será hora de irnos. más bien. en parte. lo levantó. Se inclinó hacia mí y habló. El sábado no es nada. —Vengo con alegría a este cuarto —repitió—. —Tú también sientes esa alegría.. sentado ahí en la orilla de la caja de arena. identificándolo. será hora de irnos. Se dejó caer en el piso y acomodó a los soldados. Estaba cambiando ira y temor y ansiedad.. Lo miré. frustradas. Esa marcha que había tarareado era alguna que los chicos habían aprendido en la escuela. sí! —replicó Dibs—. Levantó la reja de cartón ubicada alrededor de los animales. esta significaba mucho para él. Pero esa mascota era parte de la experiencia escolar. en silencio. El domingo es el día veinticuatro. frente a él. Incluso aunque la conducta exterior de Dibs en la escuela no lo indicara. sus relaciones. podía sentir el afecto que él originaba. —Está bien —dijo Dibs. pero cae en jueves. sus conceptos en desarrollo. . parece que te gusta venir aquí —dije. Así como esto. ¿Quieres dejarlos enterrados. Lo levantó para que yo lo viera. doblándola hacia atrás. y bien. irradiando la misma sensación de paz que estaba sintiendo ahora. deducciones. lo dejo con tristeza. —Sí. Nunca sabemos cuánto aceptan los niños de todo aquello que les presentamos —cada uno a su manera— y cuánto pasa a formar. El martes es el día dos. Los examinó cuidadosa. derrotadas. porque me hallaba más preocupada respecto a la percepción actual de Dibs hacia su mundo. cerró el puño. bum. así es —consentí.. Me mostró uno: —Este es papá —dijo. pero no del todo.. —Regreso el próximo jueves —afirmó. El miércoles es día tres. Después me miró: —¿Quedan cuatro minutos? —preguntó. Me era fácil visualizar a Dibs dejando en libertad al conejo. Dibs enterró tres de los soldaditos de juguete en la arena. pero los ojos le brillaban con sus pensamientos. ¡y regreso a la escuela! —anunció.. —Esto es.. Cantó una marcha. sí. Las maestras deberían sentirse 82 reanimadas. desentiérralos de ahí —se ordenó a si mismo—.reja —explicó. Ya vi el calendario. Levantó algunos de los trozos de cartón de forma peculiar. El sabía lo que estaba pasando ahí. —Y el camión está otra vez haciendo un camino alrededor de la casa. ¡Me gusta mucho! Sonrió. Aunque yo no quiera irme será hora de ir a casa. levantándolo y tirándolo a puñetazos. Dibs? —se preguntó. tan lleno de esperanza y valor y confianza que yo podía sentir el poder de su dignidad y de su seguridad. Es viernes. aunque no quieras ir a casa.. habían llegado hasta Dibs. La expresión de su rostro era seria. — Ummm. —Es algo que no quisiera yo perder —replicó—.19 los procedimientos que yo estaba siguiendo. —Haré una puerta en la. Los alineó en el borde exterior de la mesa de arena. —Sí. ¡Estos soldados están descargando libertad y abriendo todas las puertas! 80 81 La belleza y el poder del lenguaje de este niño eran impresionantes. —Mañana es el cumpleaños de Washington —dijo—. —Este hombre tiene un rifle —dijo— y este monta un caballo. Faltan cuatro meses y dos semanas y cae en jueves y yo vendré a ver a Miss A. Aquí hay más guerreros. sus conclusiones. parte de las experiencias con las que ellos aprenden a hacer frente a su mundo. e inferencias.

Se inclinó y rápidamente movió los soldados que había formado en el piso. Y será en un jueves. ¡eres como la vieja varilla de fierro de una reja. —Si —dijo Dibs. —Anda Dibs —dijo "papá". martes. que probablemente le parecía grotesca. Y que si se decidía a hacerlo. y que la decisión de compartirlo conmigo en cualquier medida dependía de ella. una para esa mañana. Titubeó. Hubo un destello de sonrisa en su rostro. Dibs debía tener una tremenda fuerza interior para haber logrado mantener una personalidad tan efectiva como la suya ante tales ataques. o que hablara de cosas seguras pero triviales. Sería responsabilidad mía comunicarme con ella lo más efectivamente posible. con un hondo suspiro. el periódico de la escuela. o preocupada por Dibs? ¿Acaso habría reaccionado su esposo desfavorablemente después de su breve visita al Centro. tendrá una cubierta brillante en amarillo. Se encaminó hacia la puerta: 83 —Los rifles son útiles cuando llega la hora de disparar — dijo. Le di varias horas de dónde escoger. Finalmente. Le dije que para mí cualquier hora sería buena. y después de regreso aquí —comenté. yo también. pero ninguno de los dos dijo nada. —Quiero pintar —dijo Dibs. tocante a que su mundo privado. si acaso la estaba escuchando. —Eso veo —repliqué. Dibs había tratado de conversar con el padre. y de comunicar a la entrevista una sensación de seguridad confidencial. Me preguntó si podría concederle una cita para que ella me viera. Dibs suspiró. así es —asentí. como había sucedido con anterioridad. Dibs me miró. dentro de cuatro meses y dos semanas. Aun cuando era un lector excelente. sabríamos un algo más acerca de cuál era la situación. —Adiós —dijo Dibs. referentes a su incapacidad de amar.20 —El lunes recibiremos Noticias de la Escuela Elemental — dijo Dibs—. Te veré el próximo jueves. Le dije que yo estaría en el Centro durante cualquiera de esas horas que había mencionado. —Si. —Adiós. Quizás. yo haría lo mismo. Me pregunté qué la habría decidido a pedir una conferencia. Sus hombros descendieron en un gesto de desaliento. "!Vaya niño!" comentó uno de los observadores. o relatara un poco de su propia historia hasta ahora guardada tan celosamente. Nuevamente dudó. —Oye. Pero no hice comentarios acerca de su lectura. por medio de mi actitud y de mi filosofía personal. que cualquier cita que ella eligiera estaría bien por lo que a mi concernía. La recepcionista me miró. Hay un aviso en la cartelera del vestíbulo. ¡De modo que papá empezaba a emerger un poco en el mundo de Dibs? —Si —dijo el niño. Tomó su gorra y se fue por el pasillo. profundamente mortificado por la conversación del niño. sin que importara cómo utilizara el tiempo ya fuera que se mantuviera en silencio. Dibs había dicho cuando fui a sacarle punta a mi lápiz. Lo miré. Me miró. El no había escuchado al niño. —El Día de la Independencia cae en jueves —Dibs probó nuevamente—. ¿Por qué no se da un tiro? —Sí — consentí—. así eres!" Esto era lo que Dibs había dicho en aquel momento. De una cosa sí estaba yo segura: de que habría de ser un encuentro sumamente difícil y que le habría de agotar emocionalmente. Habían regresado la cinta de la grabadora y escuchamos esa parte de la grabación. La madre podría encerrarse dentro de sí misma e impedir ahondar en el problema. pensé. "Papá" empujaba a Dibs hacia la puerta: —¿No puedes parar tu charla absurda? —dijo con los dientes apretados. Lo tomaba como una cosa natural. otra vez! —Sabes muy bien todo lo que va a pasar la semana que entra. Se veía muy molesto. o miércoles en la tarde. que así lo indica. Los alineó nuevamente. le pertenecía solo a ella. No había otras personas en la sala de espera: —!Viejo chivo! —dijo—. Sería extremadamente importante tratar de mantener al mínimo cualquier amenaza para ella. Un minuto más —concedí. se puso de pie. Uno de ellos me relató lo que. 85 86 87 Resultaba difícil predecir cómo habría de desarrollarse una entrevista así. 8 A la mañana siguiente la madre de Dibs me llamó por teléfono. tienen razones para lo que hacen —tienen razones encerradas en lo profundo de su personalidad. "Parado ahí tan tieso y tan derecho. —Y no será sino hasta julio —insistió Dibs—. pensé. ¿Por qué no lo hace? Regresé al cuarto de juego a poner orden para el siguiente cliente joven. Después. "Papá" me miró: —Buenas tardes —dijo severamente. Parecía disculparse al hacer esta súplica. todos los días de la semana. —Querrás decir que no te quieres ir. La hora había transcurrido y ambos lo sabíamos. ¿verdad? El cumpleaños de Washington. luego de pensarlo detenidamente. silenciosamente. —¡Ah! —exclamé. Dibs. Los observadores entraron a ayudarme. o insatisfecha. frustración. se decidió. Agradezco su atención. —Se acabó la hora —dijo. Lo acompañó. —¿Un minuto más? —preguntó. entender. Tenía yo deseos de ver a "papá". Y en realidad puedes leer mucho más allá de tus años. apuntándome. Se fue. personal. añadiendo inmediatamente que comprendería si yo estaba muy ocupada. Levantó la figura que había identificado como "papá" y la tiró`. Dibs. sugirió que yo escogiera la hora. pregunté yo qué hora preferiría. El día es el cuatro de julio. Algunas veces es muy difícil mantener de modo firme en la mente el hecho de que los padres. pero fue rechazado como si su charla fuera verborrea absurda. en primer lugar. y darse a sí mismos a sus hijos. Y comprender lo que lees. Sentí deseos de dejar a "papá" enterrado ahí en la arena durante una 84 semana. azul y blanco. —Estaré ahí esta mañana a las 10 —dijo—. Y qué perceptivo. también. entonces. para el lunes. yo la dejaría que lo cumpliera a su . y trece páginas. despidiéndose. o hiciera preguntas. Y luego siguen el martes y el miércoles y el jueves. ¿Estaría acaso contenta. —Sí. — Buenas tardes —contestó. así que podía sentirse en libertad de venir cuando prefiriera. Muchas gracias. el día anterior cuando fue a recoger a Dibs? Estaría en el Centro en menos de una hora. Por otra parte también. con su padre. aunque sabes que la hora ya se acabó —dije. vivamente interesada. en la arena: —Papá me viene a recoger hoy. Tengo prisa —dijo "papá". eso no resultaba suficiente por sí mismo para la eficacia de su desarrollo total. Revisé mi agenda y sugerí diferentes posibilidades. —me dijo Dibs. otra para en la tarde. ¡Y el jueves estaré aquí. papá —dijo Dibs—: ¿sabías que hoy no es el Día de la Independencia? —Vámonos. y de una sensación de poco valor personal y de derrota que agradecería la oportunidad de compartir al menos una parte de todo esto con alguien. podría estar tan llena de desdicha.

se enterró en su trabajo. El es un científico. no diga nada —suplicó—. Podría ser que Dibs estaba demostrando sus sentimientos más abiertamente en casa. así es —dije. me pareció importante verla desde luego y no hacerla esperar si esto no era necesario. luego la miré. Yo también tenía mi carrera profesional. Era importante no empujarla a discutir sus problemas. Fue tal desilusión. no me interesaría intercalar ninguna explicación o alguna "estructuración de la experiencia". Trastornó todos nuestros planes. Y muy. Ella la retiró.. Esta sí que era una observación interesante. Ya sale de su cuarto más a menudo. No habíamos planeado tener un hijo. Tenía una razón para haberlo hecho. El silencio no me hizo sentirme incómoda. Ya previamente había aclarado que se sentía incómoda en extremo esperando en la sala de recepción. me rechazó desde el momento en que nació. pero era más importante darle la experiencia de ser una persona con dignidad. Confiaba en que ella podría hacerle frente en forma más constructiva que cualquier esfuerzo que yo hiciera con la intención de iniciar una conversación. Este es el momento más difícil y crucial para cualquier entrevista inicial. déjeme decirle. Eso también puede ser —comenté. Ella había pedido la conferencia. Dibs salía más a menudo de su cuarto ahora. más para romper la tensión de los primeros minutos que para otra cosa. mi intención era preguntarle por Dibs. Es como si estuviera pidiendo algo. algo que no le puedo dar.. Llegó. —Pero tantas cosas no dichas pueden convertirse en una gran carga —aseveró. Y cuando nació era tan diferente. Mi esposo estaba orgulloso de mis éxitos. cuando era un bebé. Cuando llamé para pedir la cita. pero si usted quiere fumar.de él principio. Anda por ahí. frente a mí. Se ve tan grande tan fuerte y tan llena de paz.21 paso. mirándome momentáneamente y retirándose al punto. la responsabilidad de echar la entrevista a andar habría sido mía. en absoluto. gracias— dijo. 88 89 —Así parece a veces —repliqué. he tratado. Mi esposo empezó con más frecuencia a no venir a casa. Y ya que llegó tan puntual. eso sería diferente. Tengo que desahogarme. Siempre que le hablo. —Tiene usted una hermosa vista desde esta ventana — comentó—. mientras narraba. ¡Se ponía tieso y lloraba siempre que lo cargaba. . como se le suele llamar. nunca había yo conocido otros niños antes que a Dibs. parecía ser más desdichado. ¡un hombre tan brillante! . por tanto. Empezaba a tranquilizarse. —Es mejor no decir algunas cosas —me confesó. He llevado esto conmigo por demasiado tiempo. muy sensitivo. No queríamos conversar solo para pasar el rato. al menos esta vez. Empecé a decir algo. En realidad. no lo culpo! Yo también la resentía. —Yo tampoco fumo —repliqué. importante no asumir la dirección por medio de preguntas. es decir. de cómo eran como personas. últimamente. Había una expresión de ansiedad y de pánico en sus ojos. Ni siquiera lo he mencionado en la escuela. —Me siento muy incómoda cuando él hace eso —añadió después de una larga pausa—. importante no convertir esta sesión en una discusión de trivialidades. De hecho. ¡tan preocupada! Últimamente parece tan desdichado. Sus ojos pasaban rápidamente de Un objeto a otro de la habitación. Fuimos de inmediato hacia mi oficina. profundamente personal. Si ella quería hacer cualquiera de estas cosas. Y luego regresa y me mira con una tristeza tan trágica en sus ojos. Ya ni siquiera hablo de ello. pero. Supongo que en vez de decir que no podíamos. no podíamos ir a ninguna parte. —Mi embarazo fue muy difícil. indicaba claramente que tenía una fuerza interior y un control tremendos. El opinaba que yo pude haberla evitado. —¿Preocupada por él? —pregunté. . Dejé la cajetilla sobre el escritorio. Tomó. había lágrimas en ellos. yo no tenía la menor intención ni siquiera de llamar a ella. De veras. No podíamos hacer ninguna de las cosas que solíamos hacer antes. Permaneció un largo tiempo así. pero que yo lo hiciera. casi sollozando su relato. ¡Una cosa tan grande. Aquella iglesia es muy bella. sabe usted. sale corriendo. Tratar de explicar el propósito del hecho casi nunca tiene objeto. Y de acuerdo con lo que ella reportaba. —No sé por dónde empezar —dijo. nunca lo pude entender. Bajó los ojos y se miró aquellas manos fuertemente entrelazadas. Y mi esposo resintió la preñez. —Sí. Sabía yo todo lo que hay que saber de ellos biológica. siempre tan silencioso. respetada y reconocida como individuo que es dueño absoluto de su propia vida. Guardé los cigarrillos en el cajón del escritorio. Si yo le hubiera pedido que asistiera a la cita. física. Pero hay algo que simplemente debo decirle. —Lo sé. Su padre estaba muy alterado ayer. como había hecho Dibs la primera vez que lo vi en el cuarto de terapia de juego. ¡Y tanto que no decir! —Así sucede a menudo —dije. lo he guardado encerrado dentro de mí por un tiempo tan largo. Su concepción fue accidental. mirando en silencio hacia la ventana. A veces es difícil hacerlo —comenté. al Centro a la hora en punto. —Sí. Pero distante. El y yo éramos muy felices antes de que Dibs naciera. Y si ella escogía no abrir esa puerta. Y esto puede sorprenderla. Estuve enferma la mayor parte del tiempo. sin tratar de aventajarla sicológicamente. sería frustrar el propósito de la entrevista. con confianza en su habilidad para compartir su mundo interior con otra persona. —Si -dijo—. tal pena desde el momento en que nació. y determina en gran parte la efectividad de la experiencia total. He tratado. ¡Tan profundamente preocupada por él! Este era un comentario que yo no había esperado. tan informe! A nada respondía aquello. Cree que la terapia está empeorando a Dibs. Estaba muy pálida. Es como una pesada piedra en medio de mi corazón. algunos pañuelos de la caja que había en el escritorio y se secó los ojos. No tenía yo la menor idea de cómo eran. No le pregunté el porqué. ¡Ah. Le ofrecí un cigarrillo. por favor hágalo. Y mantener el silencio. No era mi intención hacer esto. Piense lo que quiera de mí. como la sombra de un fantasma. Tenía las manos fuertemente entrelazadas. Pero nunca pude comprender a Dibs. Traté de aceptarlo del modo más fortuito que pude. cuando poseía tal aptitud para el lenguaje. Me tomé mi tiempo haciéndolo. —No fumo —dijo—. mirándome a los ojos. podría deberse a que ella estaba más consciente de su infelicidad que antes. Es un niño muy difícil de entender. Se sentó en la silla que estaba junto a mi escritorio. pero solo se limita a andar por la orilla de las cosas. ni de querer abrirla a la fuerza hurgando intencionalmente. —Estoy tan preocupada por Dibs —dijo—. no tenía yo experiencia como mujer con niños o bebés. tratando de mimarlo! Las lágrimas corrían por su rostro y las secaba con los pañuelos. —No. y sin intentar arrancarle nada que ella no ofreciera voluntariamente. pero no me dejó continuar: —Por favor. Por supuesto. Sería interesante escuchar lo que pudiera relatar acerca de Dibs y acerca de ella misma. Sonrió con un gesto sin alegría: —Tanto qué decir —suspiró—. debería yo decir que no queríamos. Des. y médicamente.. Los levantó y me miró. mirándome. pero he fracasado. tan grande y tan feo. por favor. Fue todo mi comentario.

Pronto fue obvio que el niño no era normal. Y no deseábamos que lo viera nadie. No les dije lo de Dibs. Después enviamos a Dibs a la escuela particular donde usted lo conoció. Amaba mi trabajo. Nunca había visto a un hombre llorar. Humillados. en vista de nuestra personalidad científica. —¡Le digo que nadie sabe la tragedia y la agonía tan terribles que es el tener un hijo afectado mentalmente! La única persona que ha logrado relacionarse con él ha sido su abuela.. fina. —Entonces el siquiatra nos dijo que. ahora. Sentí miedo. Nunca dijimos nada a nuestras familias. Tan remoto. ambos lo estaban. pero los pocos amigos y colegas profesionales que teníamos nos respetaban. ¡Nunca nos hemos sentido inclinados hacia la vida social fácil y libre. Le hemos dado todo lo que el dinero puede comprar. Dorothy nació un año después de Dibs. ¡Fue terrible y sin embargo. Yo creía que Dibs era esquizofrénico o autista. ¡Dijo que te odiaba!" ¡Entonces mi esposo se sentó en una silla y se echó a llorar! Fue algo terrible. sin alegría. Lento para caminar. Los siquiatras nos entrevistaron. precisa.22 90 Otra vez apareció en sus labios aquella sonrisa triste. llena de logros académicos! -Y nuestras familias: ambos habíamos crecido en el seno de Negares en los que esas cualidades se valoraban por encima de otras. Le dije que vendría yo a verla a usted y a preguntarle qué opinión tenía de Dibs. conocido por su inteligencia en todo el país. Siempre ha parecido estar más contento a solas. Esta fue la única ocasión en que revelamos nuestra verdadera identidad a alguno de los especialistas a quienes consultamos acerca de Dibs. pero ello casi destrozó nuestro matrimonio. cuando bajó. ¡Todos nuestros valores se dirigían preponderantemente hacia la inteligencia. —Trajimos a Dibs de regreso a casa y seguimos lo mejor que pudimos. y que ella es más feliz en la . siempre se apaciguaba cuando ella llegaba. a veces. Continuó: —Antes de quedar embarazada. Sé que 93 detesta las lagrimas. Lo dijo enfrente de Dibs. Fue la experiencia más traumatizante que hemos tenido. Parecían disfrutar en forma sádica con su persecución insensible y cruel. en West Coast.escuela. Mi esposo dijo que Dibs estaba balbuceando como un idiota. Me miró con una expresión de temor y pánico en la mirada. —Dígame —pidió—: ¿Cree usted que Dibs sea un débil mental? —No —repliqué. Fue una experiencia traumatizante. Lo llevé con un neurólogo. si es que no débil mental. siempre la extrañaba desesperadamente cuando se iba. parecía muy alterado. Nunca había pasado nada como esto en ninguna de nuestras familias. solitarias. ¡Nos hallábamos tan avergonzados! Y yo había perdido toda la confianza en mí misma. barrió violentamente con la mano algunas de las cosas que había en la mesa del café. Su cuarto de juegos está lleno con todo aquello que hemos pensado que podría entretenerlo. ¡Ah! sabían lo de mi embarazo. pero no pude soportarlo. Le dile: "Dibs no estaba balbuceando como un idiota.—Nunca le mencionamos la experiencia a nadie. Pensé que otro niño lo ayudaría. desde luego no de esta área. No lo pude evitar. Mi esposo logró apoderarse de Dibs después de un forcejeo y por fin lo llevó a su cuarto y lo encerró. Luego. No queríamos que nadie supiera de él. Usé otro nombre. Algunos de mis amigos profesionales más cercanos no podían entender mi actitud!. Mi récord profesional. Sentí que había yo fracasado en la forma más triste. —He hecho todo lo que he podido por Dibs. Todos nuestros amigos eran hombres y mujeres muy brillantes. ha parecido estar contento ahí en casa. yo era médico cirujano. Creo que Dibs está más contento con ella fuera de casa. Nos sentíamos avergonzados. Entonces le pregunté qué había dicho Dibs y me comunicó que Dibs ¡solo balbuceaba como un idiota! Dibs cruzó la habitación. o mi decisión. Hurgaron sin misericordia dentro de nuestras muy privadas y personales vidas. pero no lo de Dibs. tomó una silla y la arrojó. No queríamos que ninguno de nuestros amigos supiera de él. naturalmente que querrían ver al bebé. Cualquiera podía ver que mi esposo y yo habíamos estado actuando adecuadamente. y que podíamos fracasar y admitirlo! Finalmente nos calmamos y él dijo que quizá se había equivocado con Dibs. pero tener un hijo retrasado mental era algo que no podíamos soportar. Viene a casa durante los fines de semana y durante las vacaciones. juegos. Y entonces nació Dibs y estropeó todos nuestros planes y nuestra vida. Y parece haber cambiado. Y parecía contar los días hasta que ella regresaba. por eso mandamos a Dorothy a un internado que está cerca de aquí. Nunca había yo pensado que hubiera algo que pudiera hacer derramar una lágrima a mi marido. libros. pero el neurólogo no pudo encontrar ningún mal orgánico en Dibs. pero mi esposo empezó a alejarse más y más. infelices. Ella estuvo con nosotros el primer mes de la vida de Dibs y nos visitó una vez al mes durante tres años hasta que se fue a vivir a Florida. y el niño rompió a llorar amargamente. solo en su cuarto. música. Y parecía que iba en camino de convertirme en un éxito en mi especialidad: había yo perfeccionado dos operaciones cardiacas muy complicadas. Dibs siempre la recordaba. hace poco más de un año lo llevamos con un siquiatra.. Después de eso solía visitarnos dos veces al año y se quedaba en casa alrededor de un mes. divertirlo. limitándome a responder a su pregunta y . Dibs la ataca como si fuera un animal salvaje si ella se le acerca o si entra en su cuarta. Tratamos de resolver el problema lo mejor que pudimos. con nuestras defensas derribadas y abandonadas. Mi esposo se sentía orgulloso de mí. y le gritó a su padre: "¡Te odio! ¡Te odio!" Corrió hacia él y lo pateó una y otra vez. cuando mi esposo lo trajo a casa. las trabajadoras sociales nos dijeron que actuábamos en forma hostil y de rechazo. Pensamos que podríamos dejarlo en este lugar especial para que le hicieran un diagnóstico siquiátrico y sicológico. esperando que eso ayudaría: juguetes. Dorothy siempre ha sido una 92' criatura perfecta. Cuando sentimos que iban más allá de cualquier necesidad profesional en sus preguntas. Decidí renunciar a mi trabajo. El siquiatra insistió en hablar conmigo y con mi esposo en varias entrevistas. Nos cortamos socialmente más y más de nuestros íntimos. Yo sentía que sus síntomas sugerían definitivamente daño cerebral. No congenian. porque parecía estar tan asustado como yo. me sentí súbitamente aterrorizada. Tan intocable. Mi esposo. educarlo. sería muy franco can nosotros. Asentó que Dibs no era un débil mental ni sicótico ni dañado cerebral. Sé que no le gustan las escenas. siempre sobresaliente. afortunados en sus profesiones. —Últimamente se ve tan desdichado. sino el niño más rechazado y más hambriento emocionalmente que había visto en su vida. . no podía continuar con mi trabajo. en absoluto. y respetaban nuestro deseo de vivir nuestras vidas privadas a nuestro modo! Nunca habíamos tenido problemas personales que no pudiéramos resolver nosotros mismos. Sin hablar. ¡Y luego Dibs! Tan peculiar. interesantes. Ciertamente ella es la prueba de que la falta no está en nosotros. Ya resultaba bastante malo tener un hijo. pero nunca se llevaron bien. No queríamos que nadie supiera lo 91 que sospechábamos. Y. Atacando a las personas como si fuera un animal salvaje. Sin jugar. ¡Yo sabía que no podría llevar a cabo otra operación en mi vida! —No había lugar a donde pudiéramos enviarlo. yo estaba llorando. Creo que en ese momento estuvimos más cerca que nunca uno del otro: de repente éramos solo dos personas asustadas. resultaba un alivio saber que podíamos ser humanos. Ayer. Nunca lo dijimos en la escuela. Estábamos tan avergonzados. pues si seguíamos invitándolos. Dijo que los que necesitábamos ayuda éramos nosotros: sugirió tratamiento para ambos.

Andaban a tropiezos en la profundidad de sus sentimientos de insuficiencia e inseguridad. aun cuando esa comprensión era. probablemente no soy la única que llora aquí. los logros intelectuales por sí solos no habían sido una respuesta muy satisfactoria. hasta cierto punto. desde luego. porque el método es la puesta en marcha de una formulación teórica básica. cambios de motivación y sentimientos. Todo resultaba de índole especulativa. al ir hablándole. Creo que usted misma. aunque muchas personas aceptan este principio como básico para un desarrollo personal mejorado. que motivan al individuo y que determinan su reacción. siempre hay una acumulación de experiencias entretejidas con emociones profundamente personales. La escena de ayer no fue un berrinche. y que podíamos fracasar y admitirlo". -Sí. Son las once. hacer tal evaluación en esta etapa del tratamiento podría haber dañado el adelanto logrado. un débil mental. y se marchó. que fija el objetivo fuera de la proporción que debe guardar el individuo en la relación con sus semejantes. y que hace que su mundo esté más centrado en su propio ser. con nuestras defensas derribadas y abandonadas . preferían ver a Dibs como débil mental que como una personificación intensificada de su propia inadecuación social y emocional. Pero aún algo más importante: creo que usted misma podrá responder a esa pregunta con más exactitud que yo al ir viviendo con él en la casa. En cuanto a la madre de Dibs. quizás. tomándola como un punto central de su desarrollo. —No. Estaba consciente de los elementos que pesaban tanto sobre su conciencia y probablemente más consciente de las cosas que prefería no decir. que Dibs no era. a veces. Hubo una prolongada pausa. probablemente podría responderla. cree usted que se pondrá bien y que aprenderá a actuar como otros niños? —preguntó. Suspiró profundamente. ¡Espero en Dios que se ponga bien del todo! —dijo fervientemente... —Si —se levantó.. Ya casi no se chupa el dedo. Ya . No existe una única experiencia aislada. No parece posible que haya trascurrido una hora. Dibs había aprendido esto también. solitarias. infelices. yo podría haberle dicho.. un alivio saber que podíamos ser humanos. Gracias por todo — me dijo. Ya no parece tener aquellos berrinches tan tremendos de antes. podrían haberse concentrado en la capacidad intelectual de Dibs. Sonrió. En la experiencia total de ella. —No puedo decirle cuánto aprecio esto —dijo—. de que los cambios habrían de surgir de ella misma. 9 Dibs entró en el cuarto de juegos bastante alegremente al siguiente jueves. parece requerir una 96 intensa preocupación con el yo. necesariamente. que con tal comprensión. Y si los padres de Dibs hubiesen aceptado mi evaluación. Pero ya oigo las campanadas.. Pero tantas cosas no dichas pueden convertirse en una gran carga". Si se comprende por qué actuamos y sentimos de determinada manera. —dijo. —Creo que sí. — ¿Cree usted. y de que todos estos: los de ella. ¡No me habría sorprendido si en ese momento la señora me hubiera dicho que no quería ir a casa! —El tiempo parece irse como agua algunas veces aquí -comenté. y de las que se hallaba más consciente por la constante vigilancia que mantenía para conservarlas secretas. Y sin embargo. valores. que. esto explica los diversos métodos empleados en sicoterapia. y comprensión. en forma inconsciente. Ya habla más a menudo 94 95 en casa. Asintió lentamente con la cabeza. Su padre y su madre eran aún las víctimas de su falta de comprensión de sí mismos y de su falta de madurez emocional. —También yo —respondí. Leía cuanto había a la vista y desplegaba esta habilidad cuando enfrentaba reacciones emocionales incómodas. Ella y Dibs tenían tantas cosas en común. Pero se ve tan desdichado mientras se va desenvolviendo más y más en casa. al menos. —No recuerdo haber llorado tanto en otra ocasión —dijo. Era la falta de equilibrio en su desarrollo total lo que creaba el problema. Era esta una conducta que adoptaba para protegerse. Era su protesta por el insulto que debe haber sentido ante el comentario de su padre. El niño había estado utilizando en forma bastante amplia su inteligencia. más aún era un niño dotado de una inteligencia superior. metas. mediante amor. mejorando. y aislarlos de emociones que nunca aprendieron a comprender y a emplear de manera constructiva. al jugar con él. los cambios mayores se manifiestan por lo general en la conducta externa y esto provoca gradualmente. No creo que Dibs sea un débil mental.23 no diciendo más dedo que deseaba saber—. los de su esposo. probablemente se debía a sus propias carencias emocionales. estaban motivados por muchas experiencias acumuladas. respetar. Su madre había llamado para preguntar si sería posible que llegara más temprano pues tenía que llevarlo al pediatra para que lo vacunaran. Parece que usted está preparada para todo. ¡Y tanto que no decir! Es mejor no decir algunas cosas. Sentían agudamente su propia incapacidad para relacionarse de modo afectivo con Dibs. su fracaso en cuanto a relacionarse con el hijo. ¿Qué había dicho ella como preludio a su relato? "Tanto qué decir. entonces se puede cambiar de manera de ser. No importa en cuántas ocasiones escuchemos esta clase de desahogos (y sucede muy a menudo). —Hoy es el día que voy a que me vacune el doctor. esquivando toda confrontación directa en relación a algún sentimiento. sin embargo. un concepto más generalizado que aceptaba el hecho de que ella tuvo razones para actuar como lo hizo de que poseía capacidad para cambiar. Tiene usted bastante compañía —dije.. Su voz se redujo casi a un susurro: —He notado muchas cosas de Dibs que indican que tiene alguna habilidad. enfáticamente. pero solo no con nosotros. y probablemente con Dorothy. Se hizo un largo silencio. Podría haber intensificado el sentimiento de culpa que se había manifestado por la escena que ella había descrito entre Dibs y su padre y las reacciones que ella tuvo entonces. los de Dibs. opinan muchas personas. Esto se había hecho. Guando ella me preguntó si yo creía que Dibs era un retrasado mental. Ni en casa ni en la escuela. Yo he pensado a menudo. o un cínico sentimiento que active los patrones de reacción. incluso ahora. aunque sus actividades externas traten de disfrazar esto. Hay muchas y diferentes formulaciones teóricas de la estructura y de la terapia de la personalidad. sacó la polvera de su bolso y se acicaló. Señaló la caja de pañuelos—. ¿Cómo lo había expresado? "Dos personas asustadas. las complejidades de lis motivaciones y de la conducta humana se hacen patentes una y otra vez. al observarlo. me parecía muy difícil admitir que no se hubiera dado cuenta de las dotes intelectuales de su hijo. Creo que lleva mucho más tiempo lograr esta clase de cambio y. está cambiando. Por fin. comprender a otra persona si ella misma no ha disfrutado esas experiencias básicas? Me pareció que sería mucho más útil para ella el haber aprendido en esta entrevista que se le respetaba y se le comprendía. se puso el abrigo—. La cruz del problema no era un diagnóstico intelectual de las razones que había detrás de la conducta de los padres. ¿Quién puede amar. respeto. o. Quizás ella y su esposo habían aprendido muy temprano en sus vidas que sus agudas inteligencias podían levantarse con una protección a su alrededor. Excepto por ese grito hacia su padre.

A de amarillo: a-m-a-r-i-l-l-o. Se quitó uno. Había un pequeño grabado en el piso junto al cesto de la basura. un porcentaje muy pequeño de nuestras experiencias de aprendizaje. —Voy a hacer de cuenta que esta es mi cunita —dijo—. Me quitaré mis cosas. Y hoy. Se estiró cuan. me metí en la arena —dijo—. Después empezó a trazar franjas de color en el papel. poniendo solo la 99 primera letra de cada palabra. —Se quitó el sombrero. deletréalo! —dijo—. Probablemente. Cuando completó su tarea. Siempre has bien las cosas. Y. Súbitamente. Recortó el grabado. Se estiró y tamborileó con los dedos en la pared de espejos: -Ese cuarto es de alguien -dijo—. —Sí —repliqué. —Sí. Echar llave a la puerta. y haciendo cuenco con las manos se la derramó encima. Las crayolas no escurren —añadió—. señalando la casa de muñecas. —Estas son franjas y rayas de mis pensamientos —dijo. Algunos ruiditos y voces bajas me lo han dicho. levantó el pie en el aire: — ¡Mira! —gritó—. Antes. — dudó—. deducimos. —Sí. expansivos. Poco a poco. 97 98 —Quitará las tapas y pondré un pincel en cada color. Y ahí va goteando hacia abajo. talló sus mejillas contra la arena. —SÍ —contestó—. Erre de rojo:r-o-j-o. Ahora los pondré en orden: rojo.. Supongo que así es -respondí. profundamente concentrado. —¿Sí? —Si. Lo hizo. sí! Pero no lo hagas. Algunas cosas de mi dependen. eso hiciste —repliqué—. azul. Al 100 101 final pudo hacerlo. Después tomó la pared de enfrente de la casa que ahora tenía un umbral sin puerta. —Tengo un trabajo que hacer hoy —anunció. verde. que eran únicamente un apunte de sus acciones. —Eso veo —repliqué—. el abrigo. Se dirigió hacia la casa de muñecas. —Eso crees. Bueno. sonriéndome: —Te la voy a cantar —anunció—. También a nosotros nos pasa. La hizo rechinar entre sus dientes. se quedan ahí en donde uno pinta con ellas. Cerrar las ventanas! Caminó hacia la ventana del cuarto de juegos y miró hacia afuera. —Veo que tengo un trabajo que hacer —dijo. —¿Es esa una buena razón? —pregunté. Quiero esto. ¿crees que yo deba hacerlo también? —le pregunté—. Hace mucho. Pintaré una bola anaranjada. Me haré una bolita agradable y calientita y jugaré a que soy un bebé otra vez. —Me alegra el cambio de hora —dijo sonriéndome. —¿Cuál es? —Esto —respondió. te has metido del todo. ¿Ves cómo escurre? Ahora una raya de verde. Hazlo bien. dice rojo. Levantó los ojos. Un poquito la semana antepasada. las polainas. —Se dirigió hacia el caballete. —!Arreglarla y cerrarla con llave. —¡Ah. ¡Especialmente a ese hombre peleador en particular! Al dirigirse del caballete a la caja de arena. Eso fue definitivo. eso depende de ti —le contesté. ¿Pero la pintura? ¡No! Esa escurre. —Me gustaría mucho pintar hoy —dijo. largo era en el arenero. Se lo di. Estaba encaramado en la orilla de la . ya sé. —Es verdad —replicó enfáticamente. ¡Tengo un calcetín agujereado en un pie! —Eso veo —comenté. Escogió un cochecito y lo empujó por la arena. —¿Tú también lo sabías? —me preguntó.24 tengo cita —dijo Dibs al entrar. amarillo. en silencio. Voy a inventar una . —Y así deletreó todos los otros colores.—¿Por qué? — pregunté. Se rió. Sus movimientos eran libres. —Bueno. sin ayuda. otro poco la semana pasada y ahora otra vez. sacó la lengua y la probó. Me los voy a quitar. —Me está entrando arena en los zapatos —observó—. —Dame el biberón —mandó. chupando plácidamente el biberón. Se rodó. Sonrió. Caminó hacia la mesa. lo miró. incómoda. Me sorprendió este anuncio inesperado. había unas personas sentadas ahí en ese cuarto oscuro. Se volvió a mirarme. A menos que quieras hacerlo a tu manera. Estas estaban siendo grabadas por los silenciosos observadores que operaban la grabadora de cinta. se sentó en medio de la caja de arena. me miró y se sonrió: —Hoy. —¡Vaya! Esta arena es granosa y aguda y sabe a nada —dijo—. —Se rió. Quitó cuidadosamente todas las paredes de la casa de muñecas y las llevó al arenero. como a todos los niños. no de sus palabras. aunque de momento no comenten sobre ello. la tiró al aire. y trató de levantarla en la arena. Después se dirigió hacia la casa de muñecas. — dijo. de la puerta — dijo. Regresó al caballete y pintó más franjas de color en el papel. verbalmente. la regresó a su lugar. Dibs me miró. —Porque puedes deletrear todos los nombres de los colores. Dibs estudió mis notas. Cuando gotee yo la iré limpiando. ¿A esto sabe la nada? —Levantó un puñado de arena y lo hizo resbalar sobre su cabeza. No hacemos comentarios verbales de todo lo que oímos. ¿verdad? —pregunté. Me miró—. Consideró la situación: -Me meteré completamente en el arenero —dijo. Siguió acomodando las pinturas en la secuencia de colores. Tomó una pala y cavó un profundo agujero en la arena y en él enterró las paredes. naranja. agachándose en lo que parecía una postura molesta. me miró con fijeza: —Me libré de todas las paredes. Trabajando rápida y eficazmente. tomó del frasco una bola de barro. hizo una pausa junto a mí para mirar mis notas.. Esta evidencia muestra qué tan conscientes están los niños de lo que les rodea. De mi depende. De repente se sentó. solo comunicamos a otros. Deletréalos. -Sí. Yo había abreviado los nombres de los colores que él había usado. —Lo sé —dijo—. mucho calor afuera hoy. —Sí -dijo—. Quiero recortar estas figuritas. relajados. Y ahora sacaré a los' hombres peleadores. esto es tan cierto respecto a Dibs. ¡Bueno. —Porque yo lo digo —dijo. además. Se enterró en la arena. —Oye —me dijo-. Ya vi que lo hiciste. pero hoy no. pensamos. llegarás allá a tiempo. se frotó la que quedó en el cabello. vemos. otras no — comentó vivamente. de aquí. Empujó su pie dentro de la arena. Lo levantó. Sé arrastró hacia adentro. Después se dio vuelta y se quedó acostado boca abajo. —repliqué—. ¿Dónde están las tijeras? Le di las tijeras. —¿Sí? —Sí.caja de arena. y las colgó en la perilla de la puerta. —El sol brilla —dijo—. me metí en la arena. Ene de naranja: n-a-r-a-n-j-a. . ¿Por qué? -Me alegra porque me siento alegre —me dijo. Tengo un agujero en el calcetín. Después' regresó y con una fuerte pala de metal zafó la puerta de la casa y la enterró en la arena. —Sí. —Uuuys! La pintura escurre —dijo—. la cachó.¿No crees que puedo abreviarlos si siento deseos de hacerlo? —Mmmm.

levantando cinco dedos—. lejos de todos mis enemigos. Sacaré a todos los otros hombres peleadores. supongo que sí. Su voz era clara. —Esa fue toda una canción —repliqué. Solo quedan cinco minutos —le dije. volviéndose. —Ahí está Dorothy —dijo. —¿Cuántos minutos más quedan? —preguntó. —No. . de pie frente a mí. . Aun así. Dibs. Diez minutos más —afirmé. Dibs me miró fijamente largo rato. Dibs vio en ese momento un animalito de papel recortado que estaba en el basurero: —Quiero esto —dijo recogiéndolo—. Dibs. Toda una canción. Contaré todos los granos que hay en ella y seré un bebé otra vez". ¿Puedo tomarlo? —SÍ — dije. —Bien. sin llamador. aun así. tan arriba? ¿Puedes volar? Dime. Cerró las ventanas de la misma. Duermen y esperan. Faltan 15 para las Cuatro. —"Sí. Dibs la dejó en la mesa. Dormirán aquí donde a veces es caliente y a veces frío. Una puerta que se abre sola cuando te encaminas hacia ella: sin cerrojo. se metió en ella. y duermen y dicen que dormirán y dormirán otra vez. fue hacia la caja de arena. —Es posible que el camión tampoco quiera regresar a casa —dilo. Odio las lágrimas y las palabras enojadas y a todas las voy a matar con mi hachita y voy a martillar sus huesos y a escupirlos". y luego regresó a ver mi relojito de pulso. —Estoy pensando —dijo. Y pondrán en su casa otra clase de puerta: una puerta que se abra hacia adentro y hacia afuera. Se inclinó sobre la arena. Regresarás después. Has estado aquí una hora completa. Te arranco la cabeza en lo profundo de la arena" —cantaba. Cavaré en la arena. aeroplano lleno de arena: vuela alrededor. me miró apretando los labios con angustia. .25 canción y voy a cantarla solo para ti. Me dio una palmadita cariñosa en la mano. —Tres. ¡Vuela hacia el cielo!" Corría por todo el cuarto de juegos. Luego empezó a cantar. . —Dime: "Sí. lo escupió: —"Te escupo en la cara. Jugaré en la arena. lejos. sin llave. —Sí. Eso es lo que yo pienso —repliqué-. —Acuérdate —dijo—. hermoso aeroplano. ¡Regresare después! —Sí —repliqué—. Dibs. dime: ¿puedes volar más allá del cielo? ¿Hacia las nubes y los vientos que mantienen a la lluvia allá en lo alto. quieres. a mi amiga. lo golpeó con el hacha de goma. pero siempre seguro. no eran las de un coro de niños: —"Ay. Dibs tenía la puerta de la casa de muñecas en las manos. —Ayúdame con mi zapato —dijo. quieres. mirándome con una súplica en los ojos. —Ahí va nuestro camión —dijo Dibs—. si quieres. miró mi reloj de pulso: —Diez minutos más —dijo. 102 103 —Así es. diré adiós —añadió. Chupó el biberón nuevamente. Se estiró y cerró la puerta de un golpe. fuera de la puerta. piensa. toda su exuberancia y todo su gozo desaparecieron como si se los hubieran arrancado. La tonada contrastaba con las palabras que iba componiendo. Dejó caer el aeroplano en la arena. Tiempo oscuro y perezoso. cambió de opinión. Las palabras. Ay. ¿Y a dónde fueron los otros cuatro? —¿No te diste cuenta cuando pasaron los cuatro minutos? —Pronto será hora de ir a casa —dijo el niño—. Se salió del arenero. Abruptamente suspendió toda la actividad. Aeroplano. vuela alrededor. Todavía no puedo enterrar estas —dijo. Aunque yo no quiera ir a casa. pero mi hora de irme será la misma —anunció.—Tendré que colocar esto de nuevo en la casa de muñecas y cerrar todas las ventanas con llave —asentó—. —No —dijo—. —Es posible —repliqué. Déjala sobre la cómoda. Te escupo en el ojo. si eso es lo que quieres hacer —repliqué. y este aeroplano como un pájaro. llegará la hora que nos diga que esto se acabó. levantó un soldadito de juguete. yo odio-odio-odio —cantaba—. —"Y los pájaros vuelan desde el oriente hacia el poniente y un pájaro es lo que yo quiero ser. o en la casa de muñecas. ¡Esperaré hasta que toquen las campanas de la iglesia! —Llegaste más temprano ahora. Estos dos tienen rifles. aeroplano. puedes llevártelo a casa. 104 —¡Eso estuvo bien! —festejó. melodiosa y dulce. dio un paso hacia el corredor. El niño sonrió. dulce y clara. Arrojaré la arena. —¿Ah? —dijo Dibs. Se oyó el ruido que al partir hacía el camión. entonces está bien". Lo puso en su bolsillo. ¿Quieres saberlo? Bueno. Odio las paredes y las puertas que se cierran con cerrojo y la gente que te empuja para adentro. al cuarto de juegos. la hora se acaba.. Se quedó mirándola. El encargado la pondrá después en su lugar. Aspiró profundamente. lejos. Entonces volaré lejos sobre las paredes. Ayúdame con mi abrigo y mi sombrero —pidió. entonces está bien". Su voz se ola sonora. sin embargo. Y ahora. Duermen y esperan. ¿puedes volar? Ay. y mostró sus diez dedos. y con la pala desenterró la puerta y las paredes de la casita—. ¿De acuerdo? —De acuerdo —repliqué. No lo olvidaré. caminó hacia mí. —Tú piensas que serán diez minutos más y entonces será hora de irme a casa —dilo. —Si. de repente. Parecía estar componiendo la melodía también. Todavía no es hora. Si eso es lo que tú. ahora? —me preguntó con una voz apagada por la tristeza. —SÍ —repliqué—. abrió la puerta. Tenía las manos entrelazadas y la expresión seria. ¿Dónde está el martillo para clavar la puerta en su lugar? —No hay ninguno aquí ahora —dile—. completamente inútil. vuela. puedes llevártelo a casa —repetí tras él—: Si es lo que tú. Me sonrió: —¿Te gustó mi canción? —preguntó. Enterraré en la arena. Y afuera es una noche de principios de primavera. ¿Lo oíste? —Lo oí. moviéndose con gracia y con ritmo: — ¡Ay aeroplano!. De repente. Dibs. ¿Nueve minutos más. Lo hice. la quitó de allí y la puso en la casita. —Iré componiendo las palabras mientras canto —advirtió. Se sentó cruzado de piernas. yo pienso: "Pronto será hora de irme. así es que te vas más temprano —dije—. Parecía un pequeño corista de iglesia. Volaré y volará alrededor del mundo y regresará a la arena. Se rió. dándomelo y sentándose en una sillita mientras yo se lo ponía—. sosteniendo el avión en alto. —Sí —dijo—. Escuchó con atención. —También es hora de que el camión regrese a casa — dijo el pequeño. —Todas las personas están en la casa dormidas —dijo—. —Está bien. —Mi hora de llegar fue antes. arrugando la frente—. ¿Y tú qué piensas? —¡Ajá! —exclamó—.

claro. Era exactamente como esta —tamborileó con los dedos en el objeto—. Llegué antes. —Haré una colina por la que voy a trepar —dijo—. sonidos suaves. Dibs rió. Habrían querido llegar hasta la cima de esa montaña. y empezó a construir una montaña con el material. Te veré el próximo jueves. De veras —respondió—. Voy a levantar una montaña alta. —interrumpió Dibs. ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Alcanzaron a llegar bastante alto! Y por un tiempo pensaron que llegarían hasta arriba. —Estoy seguro. Llenó el camioncito de arena. dándoles vuelta suavemente y uno por uno. tomó un pequeño aeroplano que tenía una hélice rota. No llegué hasta arriba —añadió pensativo—. profunda. no! —replicó—. pero no pudieron. Ese era el precio —caminó alrededor de la casa—. Cuando terminó de cavar el agujero. Se sentó en la orilla del arenero y se quitó los zapatos. Una montaña de arena empezó a tomar forma frente a él. se quitó el sombrero y el abrigo y los colgó de la perilla de la puerta. pero no me dijo qué había. La hora de irte es hoy también antes —dije. ¿verdad Dibs? —pregunté. Pero no exacto. 10 Cuando Dibs llegó. Creo que cada niño debería tener una montaña propia para treparla. —Había muchos juguetes en la ferretería. y tenía un nombre pintado en un lado. —Muy parecido a este. al tiempo que me dirigía una mirada larga. Dos dólares y noventa y ocho centavos. aunque encontraron su montaña y treparon por ella. —¿Sabes qué? Vi una casita igual a esta en una ferretería que hay en la avenida Lexington —anunció. Saltó fuera de la caja de arena. Se inclinó y lo apagó. Apagaré el radiador. Sus ojos brillaban. ¿Y tú. tambor. Fue impulsando a cada soldado lentamente hacia arriba. corrió por el cuarto de juegos. Y trataron de hacerlo. Salió de ahí.. se metió en ella. Se sentó a la mesa y con tranquilidad y eficacia reparó el desperfecto. Pelea-pelea-pelea dice el tambor. —¡Claro! —respondió Dibs—. Del mismo color. porque no pudieron hacer lo que tanto deseaban —comenté.26 —No... Ignorando a su hermana. Pero ninguno pudo hacerlo hoy. Dibs? —inquirí. —Hoy no pudieron llegar hasta arriba —dijo—. Los dejaré que traten de llegar hasta lo alto. parece que quieren llegar hasta lo alto de la montaña —afirmé. —Lo que pasa es que no te quieres ir ahora —dije—. Construyó rápidamente su montaña.. —No. Lograrán llegar hasta allá. caminó hacia el cuarto de juegos con pasos fáciles y tranquilos. Pum. Tienen tantas ganas de llegar hasta arriba de esa montaña. Se dan vuelta y saludan. Medré ahora. porque hoy vas al doctor. Levantó la pala de metal y en silencio y con dedicación cavó un profundo agujero en la arena.pum-pum suena el tambor. la regresó a la posición inicial. —¿Sabes lo que hay hasta arriba de la montaña? —me preguntó. solo que no estaba pintado del mismo color. buscó entre las figuras. diciendo los nombres de cada uno. SÍgueme. Y creo que cada niño debería tener una estrella en el cielo que sea suya nada más. espolvoreó más arena en la cima de su montaña y la hizo más alta. Después fue hacia la caja de arena. Dibs parecía estar haciendo tiempo por alguna razón. —suspiró Dibs—. ¡Ah!. Había un camioncito de carga parecido a este —levantó uno de los camioncitos para que yo lo viera—: un camión de volteo con una manijita a la que se le puede dar vuelta para que suelte la arena. Es una pieza de metal delgado —añadió. Pedían un dólar y setenta y cinco centavos por el que había en la tienda. —Te parecen muy importantes estas cosas. 107 —De veras. Sí —dijo Dibs—. ¿verdad?. . —¡Qué especial eres. la semana siguiente. Y el mecanismo era como este. —Tomaré más y más soldados —dijo—. Entonces me di cuenta de que había escogido y apartado uno de los soldaditos de juguete. ¡Tienen tantos deseos de llegar hasta arriba! Me miró. suyo nada más. dio vuelta a la manivela.. Estaba hecho de metal más pesado. escogió algunos soldados de juguete y los colocó en diferentes posiciones. Y los soldados todos lucharán por llegar hasta lo más alto. se sentó en la orilla del arenero y empezó a tocar el tambor con los palitos. Una vez. Ven-ven-ven llama el tambor. Se dirigió hacia la sala de recepción en donde su madre y Dorothy lo estaban esperando. Pero estaba muy tranquilo. —¿No estés bien seguro de eso? —pregunté. Una montaña muy alta. Retrocedió luego a los soldados. Y yo fingiré que no me duele nada. —¿De veras? —dije. —Sí —remarcó—. estaban contentos. tambor! —dijo—. Y que cada niño debería tener un árbol suyo. como si estuvieran trepando hacia la cima. Adiós. Era exactamente como esta. Hecha de metal. Pero. Y dentro de mí me reiré y me alegraré de que ella sienta el dolor. ¿Has trepado montañas alguna vez? Sí. Así pasa con las montañas. Juntó todos los soldados que pudo encontrar. Sígueme. Muy importantes. hasta lo más alto de la montaña. Los colocó alrededor de la montaña que había hecho. y me miraba y asentía enfáticamente mientras hablaba. Se detuvo un momento junto a la puerta. Eso querían. Salió de nuevo. mirando luego hacia el radiador. —A este lo acaban de enterrar —anunció—. —¡Ah. Sígueme. Eso es lo que yo pienso que debería ser —añadió. ¿Recuerdas? —Recordar no tiene nada que ver con eso —dijo. —Hoy hace calor aquí —comentó—. dio vuelta al pequeño letrero y dijo: —Favor de no molestar. Sacó la caja de los animales de granja. Yo diría que era casi del mismo tamaño. —Si te vas antes —insistí—. Vienen todas aplastadas en una caja. y repitió esta actividad varias veces. Todos se regresan a casa. Podría yo jugar a que los hombres van a pelear. tomó el tambor.. los bajó a todos: de igual modo los hizo marchar hasta la casita de metal que estaba en el arenero. —Sí. —¿Solo el tratar de llegar hasta arriba de la montaña los hacía felices? —pregunté. fue por su sombrero y su abrigo y se los llevó también al teatro y los dejó allí. —Sí. pero después de haberlos avanzado un poco hacia la meta. —Ahora voy a empezar a trabajar —dijo—. Sí. sonidos rápidos. 105 106 Luego uno las arma. Me quedé mero abajo de una montaña y miré hacia arri108 ba. se metió allí. Colocó cuidadosamente aquel juguete en la orilla del arenero. Entró en el cuarto de juegos. tomó la mano de su madre y dejó el Centro sin decir una palabra más. examinó la casita que había allí. Los dejó en el piso debajo de su abrigo. Del mismo tamaño. pero no me voy antes. lo colocó hasta el fondo con mucho cuidado y lo cubrió de arena con la pala. Es lo que quieren hacer. Recogió las cuatro pistolas que había por el cuarto y se las llevó al teatro de títeres. Saludan tristemente. El niño suspiró. —Y se sintieron tristes. Y solo espero que ese doctor encaje su aguja en Dorothy y que la lastime hasta que ella grite y grite.. ¿Qué hay? —inquirí a la vez. tan lleno de sonidos: sonidos lentos. —Está bien. Este ni siquiera . Y mientras pensaban que podrían. Porque ellos saben lo que hay mero arriba.

11 Cuando Dibs regresó el jueves siguiente. Y también puedes decir la hora. algunos tienen alarma. Mucho cielo allá arriba. Son las cuatro y cinco. 109 -¿Sí? —dije—. tendrá oportunidad de subir a una montaña otra vez! Levantó cantidades de arena con las manos y construyó una montaña sobre la tumba que había hecho. Quería tener esperanzas también. Hay muchos relojes diferentes.. aumentaba gradualmente el ritmo. no se te olvide! —me dijo suavemente—. ¡pero muy grande! —Todo parece tan. —El zapatero los arregló —dijo Dibs. La gran. tres. Dibs sacó su abrigo y su sombrero del teatro de títeres. Y no llegó hasta arriba. Dibs se salió del teatro. Desde esa abertura Dibs podía verla parte posterior de la iglesia. ¡Ah. dio vuelta al letrerito: Ya pueden molestar —dijo—. Dos. También tengo calcetines nuevos. nunca. mirando todo lo que es grande. —El mío es un despertador con campanadas musicales — contestó—. —Te parece un mundo muy.. Ajustó bien sus agujetas. yo no habría de apresurarlo hurgando en sus sentimientos. —La oficina de Miss A es la número 12 —anunció—. Y un aeroplano.. Tres. El niño contó las campanadas: —Una. como los relojes. pues yo levantaré otra montaña grande. se podrá salir. cuando son las cuatro. Después continuó hablando: —Y hay cielo. Dibs ya habla hecho algunas manifestaciones muy concisas y afectivas por medio de su juego. —Si —dijo Dibs. Cuando completó la montaña. Al niño le llevaría tiempo asimilar estos sentimientos acerca de su padre. Cuatro. tambor —dijo—. Podríamos haber tomado el autobús. estiró sus pies hacia mí y me los mostró. Duerme —dijo—. pero lo oía con toda claridad. Se quedó ahí sentado. Sus ojos brillaban. ¡Duermeduermeduermeduermeduermeduermeduerme! Al ir pronunciando cada sílaba. Ya es hora de irnos. Son las cuatro en punto —dijo—. y en la Tercera Avenida había rieles por encima de nuestras cabezas. se metió ahí y cerró la puerta tras él.. Quería estar con los otros. Lo enterraron. —Lo enterraron —dijo Dibs. Nunca. Yo trataría de seguirle la corriente. entró lleno de vivacidad al cuarto de juegos. Regresó al arenero y permaneció de pie ahí. gran. ¡Fue hora de irnos hace cinco minutos! Dibs tenía razón. —¿Y qué dice ahora el tambor? Dibs tocó el juguete lenta y deliberadamente. —¿Todo es tan grande que hace a Dibs sentirse pequeño? — pregunté. El tambor se queda aquí en este closet y yo cierro la puerta. No debo olvidarme de que recogiste los zapatos de papá. Podríamos haber caminado. nunca. —¿Era papá el que se quedó enterrado debajo de la montaña? —Sí —replicó Dibs—. Las campanas de la iglesia sonaron..27 tuvo la oportunidad de tratar de subir a la montaña. Al salir se detuvo ante la puerta. montaña aplanada! —dijo—. y si buscaba para sí mismo un refugio en la seguridad de una discusión sobre algunas cosas materiales. Ya nos fuimos. Se quitó sombrero y abrigo y los arrojó sobre una silla. Pero no tuvo ni una oportunidad. Y humo. Y esta . luego por la Calle 72. Podríamos haber tomado un taxi. y a donde va la gente. sobre la tumba del soldadito enterrado. nunca. Dibs no es del tamaño de la iglesia. Duerme. Dibs parecía estarse apartando del entierro de "papá" por medio de este discurso intelectual. Pero no hicimos nada de eso. se sacudió la arena de las manos y se sentó con las piernas cruzadas a contemplar su obra: —Ese era papá —dijo quietamente.. —Pero Dibs. Se rió. —¿Y el tuyo de qué clase es? —pregunté. Un closet chistoso con un agujero en la puerta y con una ventana. La iglesia que llega hasta el cielo. —Duerme. La iglesia que llama una. Duerme. Era papá. —¿Los remendó? —Los arregló y los remendó —dijo Dibs—. —¿Así es que esos toquidos lentos son por papá? —pregunté.. Quería probar. —¡Ah. cuatro. —Fuimos al taller del zapatero a recoger los zapatos de papá —dijo—. yo soy grande —dijo—. Y un radio-reloj. Mamá se sintió tan apenada con el doctor.. Dibs se metió en la caja de arena. Se levantó—. dos. Y no solo lo enterraron. Le doy cuerda. Se puso de pie. —Estos son zapatos nuevos —me dijo. ¡Nunca. si parecía estar un poco asustado por lo que acababa de jugar. Después se levantó y silenciosamente colocó el juguete en el teatro de títeres y cerró la puerta. Tengo un reloj en casa y sé decirla hora. El tambor en silencio. Y un pájaro. —Claro —dijo—. —Es hora de irnos —concordó Dibs. 111 —¿Podrías haber ido en diferentes maneras. Hubo un gran intervalo de silencio. con arbolitos de varas alrededor. tan grande —dije. Si parecía sentir que se le había pasado la mano. Duerme.. Yo no podía ver al niño. Y quería llegar. Y por supuesto que no llegó hasta arriba. nunca. Así fue: Emparejó la arena y después la hizo pasar a través de sus dedos: —¡Ah. La iglesia que hace música. Se sentó y se los puso sin ayuda. Tiraré la montaña. Y Dibs parado junto a una ventanita.. —Así es que a ese lo enterraron —comenté—. Otros dan campanadas. Había autobuses y taxis. A algunos se les da cuerda. No tuvo oportunidad de escalar la montaña. Nos fuimos en nuestro propio coche. con la cabeza inclinada. Se dirigió después hacia el teatro de títeres. Suspiró. Antes de ponérselos.. —hubo otra gran pausa—. sin agujeros. Duerme.—Sí. pero no quise interrumpir su relato del viaje a recoger los zapatos de "papá".. —Aquí te dejo. anunciando la hora. alta y poderosa sobre esa tumba. Cruzó la habitación y recogió sus prendas. —Este es un closet chistoso —dijo cuando salió y mientras se ponía el abrigo y el sombrero—. —Así es —dijo suavemente—: si grande. La voy a aplanar. pero te fuiste en tu coche? Dibs se recargó en mí. . Duerme. —Toco el tambor papá —explicó. ¡Hasta los reparó! —Bueno Dibs —dije—.. —Allá está la parte de atrás de la iglesia —dijo—. y se salió del arenero. Nos fuimos por la avenida Lexington. También tengo un reloj pulsera. Tomó el tambor y lo tocó lentamente. —Aquí... iglesia. Una iglesia grande. montaña aplanada! Me miró y sonrió. tienes razón —dije—. contemplando la tumba cubierta por la montaña. ¡Fuimos recoger los zapatos de papá! — ¡Ah sí! —repliqué—. y desde allí se podía ver el estacionamiento. Terminó con un floreo de golpes en el tambor. otros son eléctricos. recargándose en mí mientras hablaba—. muy grande desde aquí — comenté. —dijo—. —¿Ves? —dijo—. Había una pequeña ventana dentro de este tinglado de tres es110 quinas. no.

Está ocupado. —Sí. —Observo el árbol —dijo—. Podría serlo —comenté. Y la cocinera.. escogiendo a las muñecas y colocándolas en las recámaras—. Pero viene a visitarnos de vez en cuando. Tomó el biberón y se puso a chuparlo. Ese es el bebé. Ya no —respondió Dibs—. Y se abren porque se sienten felices de que regrese la primavera. De nuevo se hizo el silencio. Alguien arregló la puerta otra vez —comentó. Dibs? —pregunté. Voy a hacer un pueblo con ellos —comentó—. Pero Jake sí cree. Y la lavandera no tiene cama. Jake dice que en el otoño el viento llega por ellas y se las lleva a viajar por todo el mundo. Lo extraño. con un dejo del antiguo lloriqueo de impotencia—. Lo colocó en una de las habitaciones de la casa de muñecas—. —Este es un pueblo de juguete —dijo—. Dibs? —pregunté—. tomando un paquete de papel de escribir—. Y la lavandera. Jake debe ser una persona muy bondadosa. dijo Jake. El debía cortar esa rama. esta más alta será el centro de mi pueblito. en silencio. —Está bien. Se dirigió hacia la casa de muñecas. Va a ser un pueblo pequeño. —Hay que preparar a los grandes para la cama —dijo.l —respondió Dibs. Escuchaba yo todo lo que él decía. —respondió Dibs rápidamente—. que Jake me la dio. Dijo que la hojita estaba triste porque creía que se habían olvidado de ella y nunca tendría libertad para ir a ninguna parte: pero el viento regresó por ella y la llevó en uno de los viajes más maravillosos que ha habido. Y las ciudades y los pueblos pequeños siempre tienen 113 116 —Hace un año —respondió Dibs—. las iglesias. —La voy a cerrar con llave —afirmó—. —¿Ocho más? —preguntó Dibs. Suspiró. árboles. —Sí. Patearía y mordería al que tratara de hacerlo. Señaló la buhardilla de la casa. Dibs insistía en el detalle preciso. —¿Pasabas mucho tiempo con Jake? —pregunté. Y todo el verano dan sombra fresca y amistosa. ¿Lo ves? Rápidamente dio vuelta al mueble. La monté y le puse un marco. nada más la guardé. Regresó a donde yo estaba. quiere descansar. quizás. Dibs —contesté—. regresó a nuestro jardín. Está muy cansada y muy vieja. no. y crecen verdes porque la lluvia les ha traído de nuevo la verde vida. Miss A. Y cada uno tiene su propio cuarto. Había arbolitos para ser colocados a través de lo construido. Y cada niño tiene su propia cama. La lavandera dice que está cansada. Una vez me contó una historia acerca de la última hoja que quedaba en ese árbol. Ahí no debes entrar.. —00 minutos más? —preguntó Dibs. Todavía la tengo. Aquí están las camas. casas. Pero yo la guardo. y se abren. 118 —No. —Yo guardo esa hojita —dilo—. Y esta pequeñita la pondré aquí. —Yo diría que él es un. Así es que ni yo ni Dorothy creemos en la iglesia. —Entonces. Dibs estaba completamente absorto con el material. Papá dijo que ya estaba muy viejo y que no es bueno que trabaje así desde que tuvo su ataque al corazón.. Después escogeré mis casas y las alinearé en hileras de calles derechas. Y abuelita. Empezaré con. caminó inquieto por la habitación. Cada vez que podía yo salir al jardín me quedaba' con él. Pondré esto en mi casita —añadió. Me contó que la hojita fue volando empujada por el viento y llegó a todas partes y vio todas las cosas asombrosas que hay en el mundo. porque me echaba de menos. Luego. Te la voy a amarrar —lo hice. así es que puede haber más lugar alrededor de las casas. El me lo dijo. jugaré con la familia de muñecas y con la casita. Dibs —le dije—. —Ese es el desván —dijo. —¿Sabe alguien que Jake te dio la punta de esa rama? —pregunté. —Ya veo —comenté. —¿Te sientes un poco triste? —pregunté. Yo lo quiero muchísimo. que vivió hace muchos años y amaba a los pájaros y a los árboles y al viento y a la lluvia también. Me contó de San Francisco de Asís. Dibs dio otra inquieta vuelta alrededor del cuarto. Y lo son. A veces. La cocinera tiene su cuarto y su cama. Papá y mamá no creen en la iglesia. —Sí. apuntando hacia el templo—. —Esa rama significa mucho para ti. ¿Puedo pensar que. Y no dejo que nadie la toque. Vino un hombre a ponerlo. Este es el cuarto de la mamá. Puso uno en mi ventana y otro en la ventana de Dorothy.28 habitación es la número 17. iglesias y otros edificios. —No —respondí. No lo debes molestar. Más que algunas personas — añadió Dibs con énfasis. fábricas. —Sí. Pero Jake no tuvo la culpa. Y leo en mis libros de los países que esa hojita vio. Se sentó en el piso y buscó entre casas de miniatura. ¿Por qué quieres tú cerrar la puerta con llave y cerrar las ventanas? No se —refunfuñó el niño. él es un amigo? —preguntó pensativamente. San Francisco decía que eran amigos. Aquí hay dos iglesias. en el invierno. golpeó el número con su dedo. el resto del tiempo —dijo el pequeño. —¿Nueve minutos más? —No. Este es el cuarto del papá. Se encaminó hacia la cómoda y escogió la caja que contenía los pequeños edificios de un pueblo de juguete. Y ahora. amigo. además... Esta es su cama. —¿Todavía cuida tu jardín Jake? —No. Después pusieron el alambrado en mi ventana. tiendas. Dice que también ella se cansa. Estoy segura de que así es. Me contó cuentos de todas clases. Muy buen amigo.. Y Jake se la encontró bajo nuestro árbol un día de invierno. Dibs caminó hacia la ventana y miró hacia afuera un largo rato. Estaba toda cansada y delgada y gastada de su largo viaje. Dibs. Vamos a ver qué tenemos aquí: iglesias. Así es. las hojas se van volando lejos. —¡Claro que lo es! —dijo Dibs—:. Y cuando terminó su viaje. Todavía observo el árbol. Y esta silla tiene un número en la parte de atrás: el 13. —Triste —dijo. Siempre me cuenta un cuento. Voy a cerrarla con llave y a cerrar todas las ventanas. Y me imagino algunas de las cosas que debe haber visto. —¿Por qué. Platicamos en el jardín. sí. Amárrame la agujeta. —Jake iba a la iglesia todos los domingos —recordó. Me platicaba. Nunca le dije nada a nadie. volando por todo el mundo con el viento. Tiene que estar de pie y cuidarlas máquinas y este niño a veces baja a la lavandería y le pregunta que por qué no se acuesta y descansa si está cansada y ella dice que le pagan para trabajar no para . —¿Vas a la iglesia alguna vez. Pero hace mucho que no viene. —Mi zapato —dijo. ¿verdad? —¡Ah. —No sé. Luego. Y esta es su cama. Pero Jake dijo que había querido regresar a donde yo estaba porque no había encontrado a nadie 117 en el mundo a quien quisiera tanto como a mí.. asintiendo con su cabecita. —Así es —comenté.. En la primavera las hojas nacen. los niños. aquí.

Me interesó la referencia de Dibs acerca del comentario hecho por su padre. pues entonces no puede. ¿por qué no ha de poder mecerse de vez en cuando. cuarenta años. Su madre telefoneó para cancelar la cita. Resultaba difícil saber si esta conversación era un nuevo intento de aproximarse al pequeño. incrédula. la pala raspó el fondo de metal del sitio. Me incliné y lo arreglé.. —Pegué con el pie en tu rompecabezas y Tom Tom. ¡me limitaré a estar! Metió las manos en la arena. por Dios?. Vamos al cuarto de juego. —Sí. Pero mamá dice que puede haber una mecedora para ella allá abajo. que aparecen cuando empieza la primavera. Eran como la primavera. —¿Qué dijiste? —inquirió—. Al pasar por mi oficina. Aunque yo sepa que no tienes deseos de ir a casa.. !Decídete! —se rodó y enterró la cara en la arena—. Ya estoy mejor. —No dije nada —replicó Dibs—. Se tiró en la arena. —Si —dijo. Dibs se asomó a ella. cosas. Pero ella dice que no. el Hijo del Gaitero se desbarató — aclaré. la la! ¡Este hombre! -exclamó—. ¿Lo ves? ¿Ves ... y. Dibs se quitó abrigo y sombrero y los arrojó en una silla. —Esa es una forma de averiguar las cosas —dije. cansada y gastada. (N. —Recibí la tarjeta que me mandaste —dijo—. —Si. Ahora. Dibs me miró intrigado. !Tan lindas! Con grandes gatitos* en cada rama.. Pasó inspección. Me alegró mucho. No —contestó—. los materiales que había sobre la mesa. si la mecedora rechina. accidentalmente di con el pie en el rompecabezas que Dibs había armado allí cerca de mí.. — ¿Qué estás haciendo? —preguntó. —¡Qué bueno que te gustó! —repliqué. Se arrodilló y revisó si lo había yo arreglado correctamente. pero al entrar a la sala de recepción anunció: —El sarampión ya se me quitó. Así es. Caminó por el cuarto de juegos. sin embargo. como Jake debía haberlo hecho tantas veces cuando Dibs "se limitaba a escuchar". Pensé en esa simbólica rama de la punta del árbol y en la hojita delgada. —Eché de menos esto el jueves pasado —dijo. tomó su abrigo y se lo puso. —Sí. él es un amigo?" 12 Todas las semanas tienen un jueves y la que siguió también lo tuvo. hay veces. siempre. Ya sé. —Hay dos hombres en nuestra oficina —dijo—. como Miss Jane lo había hecho en la escuela. mirando los tarros de pintura. 120 -Si. Del todo. Se quedó parado frente a mí. Miss A. tan pequeño. Me gustó recibirla. papá dijo que les saldrían raíces después de que estuvieran un tiempo en el agua y que entonces las podría plantar en el jardín. Dibs me lo informaba en una forma muy sencilla.) 123 —preguntó—. Siento mucho que hayas pescado el sarampión y que no hayas podido venir —afirmé. —Tu sombrero y tu abrigo —le dije.29 descansar. porque eso 119 molestaría al hombre y Dios nos ayude si molestamos al hombre. Después pensé en Jake y me pregunté si sabría este cuán importantes en el desarrollo de este niño habían sido su comprensión y su honda amabilidad. —¿Ya te aliviaste del todo? —comenté. Su carita se veía aún manchada y pálida. Ahora. Y esta es una de esas veces. son motitas blancas aterciopeladas que destacan en forma graciosa en las ramas sin hojas. Recordé la pensativa pregunta de Dibs: "¿Puedo pensar que. tan lleno de fuerza. hay dos hombres en tu oficina. ¿Crees tú que así será? — pregunté. sin embargo. De tan pocos años. Al entrar al cuarto de juegos. Me miró—. Ya está cerrada. Lo levantó en alto. —Decía que me aliviara pronto.Dibs se agachó sobre la arena y sacó un soldadito de juguete. fue al otro extremo de la caja de arena y empezó a escarbar. Me gustaron. —¡Ah!. chacharitas. —¿Qué dijiste cuando tu papá te indicó lo de las flores del sauce? —pregunté. —¿Dejas que otras personas entren en tu oficina? —preguntó. Al llegar a este punto. ¿Puede pasar eso? —preguntó. de la T. No tengo prisa —dijo—. —¿Quieres que se quede la puerta cerrada con llave? —inquirí. se levantó y jugó con la cerradura de la puerta. Por ahora. Después manda al niño para arriba y dice que ahí en la lavandería no hay bastantes cosas interesantes para él. Pero me voy a fijar a ver si eso pasa. súbitamente. Tu sombrero y tu abrigo —repitió. Adiós. —!Ah! —exclamó. porque ya es hora de ir a casa. sin embargo. o si su padre había tratado de explicarle cosas a pesar de no haber recibido sólida respuesta de él. hasta sacó los edificios que algún otro niño había enterrado allí. —Supongo que si —respondió—. Había dos hombres componiendo grabadoras ahí. Dibs no pudo venir al cuarto de juegos. —Dije que accidentalmente le di un puntapié a tu rompecabezas y que Tom Tom. Le había dado sarampión. Suspiró. No entendí lo que acabas de decir. Quiero decir. Se daba cuenta. algunas veces. Estarán trabajando ahí mientras nosotros estamos en el cuarto de juegos --le respondí. —Si —dijo Dibs—. —¿Qué están haciendo ahí? —preguntó. —Si —dijo—. Me limité a escuchar. Lo sé.. Pero la cocinera dice que lo dejen que vayan a remojarse la cabeza en el agua con jabón. cuan largo era. !—Dices que tu papá te dijo eso. —Sí. ¿qué quieres hacer. Se volvió y se despidió con la mano: —¡Adiós! —dijo nuevamente. dice la cocinera. Dijo que podrían crecer hasta hacerse arbustos. Se dirigió hacia la puerta. El niño me miró rápidamente. Ha estado lavando para esta familia. se desbarató —respondí. al final me tengo que ir. déjame ver cómo la abres. Y él se tiene que ir para. Para el jueves siguiente ya se había recuperado lo suficiente y llegó puntual a su sesión de terapia de juego. Se sumió el sombrero en la cabeza—: Mi sombrero y mi abrigo —añadió. Bueno. de todos los movimientos que se llevaban a cabo en la habitación. al final. —Me gustaron las flores de sauce que me enviaste. que no hay razón para oponerse a que ella se meza si quiere. Dibs? * Pussykittens: flores de una variedad de sauce. estoy encontrando cosas en la arena: pequeños edificios. Echó llave a la puerta—. Luego. quizás. Lo observé partir.. desde luego. 121 122 —Sí. que me extrañabas. Dibs. Después fue al arenero y brincó para dentro con un movimiento libre y espontáneo. arriba. —¿Quieres quitarte los zapatos. —Están reparando algunas de las grabadoras. sin que importara qué tan absorto estuviera en su propia actividad. en que tienes que irte. Tanto que puedo hacer aquí: pero luego. Se fue por el pasillo hasta la sala de recepción. Todas las semanas tienen un jueves. —¡Oh. esperando obtener otra clave del enigma. Dibs? —se preguntó a sí mismo—. viéndome fijamente a los ojos. —¿Le echo llave? —preguntó. dice. el Hijo del Gaitero. Adiós. El jueves vendré otra vez. Regresó.

¿verdad? —repliqué. entre tela y extremidad. sí. ¿qué hiciste? —pregunté. A menudo me preguntaba si habría habido cambios en la conducta de Dibs en la escuela. —Tienes razón —dijo Dibs—. ¿verdad? —Es exclusivamente para ti a esta hora cada semana. sacó los pies de la arena. Dibs —se ordenó a sí mismo. Pero Dibs estaba aprendiendo muchas cosas en la escuela. Así. echó sobre estos más arena hasta que el material le cubrió pies y pantorrillas. Pero los que más me gustan son los libros de ciencias. —Así es —dijo él. Y baterías y cámaras. Y mamá me contó algunos cuentos. pues las maestras no habían informado ninguno. Esa fue la mejor explicación que se me ocurrió en ese momento. —Alguien va por allí —dijo-. —Para Dibs y Miss A —aclaró Dibs—.30 este hombre peleador? Este era el hombre que enterré debajo de mi montaña.. ¿Qué clase de libros tienes? —¡Ah! Tengo toda clase de libros. sobre todo después del sarampión. —¿Te gusta más éste? Son muy diferentes. —Cuando me dio el sarampión tuve que quedarme en cama —dijo—. Y algunas veces tomo fotografías de cosas que hay en el jardín. —¡Ah sí!. —Ya sé lo que quiere decir esto de "No molestar": significa que todos. Yo no le hablo mucho a papá.. También me gusta dibujar. —Lo aprendí en la escuela —dijo Dibs—. Las preguntas que se formulan durante la terapia serian muy útiles si alguien las contestara con exactitud. Nada más para mí. 126 —Te gusta leer mucho. Y me permitió que yo la guardara y que la leyera una y otra vez. —Me aprendí esa canción en la escuela —dijo—. ¿verdad? —No lo creo —respondí. paleándola con movimientos elaborados.-Quítate los zapatos. así. Me gusta leer sobre las cosas que veo. como si no hubiera mediado lapso alguno entre mi pregunta y su respuesta—. Me dejaron que la tuviera en la cama conmigo. Tarareó otra melodía. ni dibujar. Quedé sorprendida. para ti. Colocó el letrero en su lugar. Me dejaron abrirla. pero mis discos de música son los que me gustan más. Tengo libros de pájaros y animales y árboles y plantas y rocas y peces y personas y estrellas y el clima y los países y dos juegos de enciclopedias y un diccionario: mi diccionario ilustrado que he tenido por muchísimo tiempo. mis dibujos son mejores. Se estiró. Al hacerlo empezó a cantar: "¡Ah!. Y lo canto aquí. después de haberse puesto calcetines y zapatos. —Supongo que has pasado mucho de tu tiempo leyendo. regresó a la habitación. pero nadie lo hace. Alguien pasó por el pasillo. para ambos —dije. Dibs abrió la puerta. Pero me gusta más tu cuarto de juego —añadió. —No lo sé —replicó—. —¿También eso lo cantas en la escuela? —pregunté. Dibs oyó los pasos. Había una expresión de felicidad en su rostro. —Los cuentos y la música deben haberte ayudado a pasar el tiempo. Le respondí: —Yo diría que significa una oportunidad para venir aquí y jugar y hablar en cualquier forma en que lo quieras hacer. Un tiempo que puedes usar como tú quieras. No más déjennos estar. No entren. Me supongo que es porque no lo hago. ya te saliste del arenero.-Este cuarto es solo para mí. —Me dejaron oír discos. No van a entrar aquí. ¿verdad? —¡Ah. no los había habido. fuera de su marco. al pastelero. palmeó la puerta. Y algunos viejos libros de cuentos. Pero este es nuestro cuarto. pero lo que más me gusta es leer. ¿o no? . Un tiempo en el que tú puedes ser tú. Pero me gusta. Tomó la tarjeta que había en la puerta. De repente. Se dirigió hacia el caballete. No nos molesten. nos dejen solos. —Y entonces. ni escribir. en la casa. ¿conociste al hombre-nada. ¿conoces al pastelero. volvió a entrar y cerró. —No -me dijo de modo fortuito. ¿conociste al hombre-nada? Vive en una melancólica tumba". brincó fuera del arenero. Tengo muchos cuentos en discos y los oí una y otra vez. Ese había sido nuestro acuerdo. sí! Muchas veces eso era lo único que hacía —respondió—. Y las cortinas de mis ventanas estuvieron corridas y el cuarto estaba bien oscuro. Pero primero mis calcetines y después los zapatos. imitando a un gran final. al hombre-nada? ¡Ah!. asintiendo con la cabeza para dar énfasis. ¿verdad? —comenté. volvió a meterse a la mesa de arena. y abrió la puerta del cuarto de juego. a donde quiera que iba. —¡Ah! —comenté. ¿verdad? —¡Ah. al pastelero? ¡Ah!. Luego jaló el lado del otro calcetín separándolo de su pierna y por ahí echó la arena. Sonrió. si lo quieres así —le dije. Ni siquiera toquen la puerta. . Dibs rió y golpeó la cima de la tumba con la pala. Y luego me gusta ver las cosas sobre las que leo. Y no podía yo leer. Y este otro lado dice: ¡Déjennos en paz! ¿Así? —Sí. aunque no se portara de manera que su aprendizaje se pudiera evaluar o probar. y con las agujetas bien amarradas. Tengo varios estantes largos llenos de libros. ¿no crees que deberías ponerte los zapatos y los calcetines? —pregunté. —Dibs. Ahora la cantaré para el hombre enterrado: "¡Ah!. —¿Por qué no? —pregunté. Es un tiempo en el que puedes ser como desees. —Entonces. Muchísimo! Y me gusta escribir historias de lo que veo y de lo que pienso. Para ti también. Tengo todas clases de rocas y hojas e insectos montados y mariposas. —¿Qué te guita leer? —pregunté—. Mamá dejó que yo la leyera primero. ¡A tu lugar otra vez. Y libros de poemas. 124 —Esa también la aprendí en la escuela —dijo. Para nadie más. —¿Terapia? —dije—. señor! ¡De regreso! ¡Vuélvete a tu tumba! Volvió a enterrar al soldadito. —Pero eché de menos mis libros —respondió el niño. se levantó. 125 Este lado quiere decir que estamos aquí. al hombre-nada. Luego. por favor. —¿No? —No. No solo para mí. Me da gusto saber que se estuvo allí abajo todas estas semanas. —¿Qué es terapia? —me preguntó. ¿verdad? —Preguntó Dibs—. y en el árbol que está afuera de mi ventana. Bueno. ¿conoces al pasteleroque yace en la melancólica vereda?" Me miró y sonrió. Después se quitó un calcetín y lo llenó de arena. —Colgaré otra vez el letrero —dijo—. Solo que mis fotografías no son muy buenas. aparentemente. Se los quitó. Después se quitó el calcetín y metió los pies en la arena. Me pregunté por qué habría hecho tal pregunta y cuál sería una explicación sensata. no nos molestarán. cerró y me mostró la tarjeta. por supuesto: dije tus zapatos y tus calcetines. Los llenó de arena. Y el diccionario gigante que antes era de papá. Tomó la tarjeta de mis manos. La volvió del otro lado. Déjame pensar un poco. Y lo que más me gusta de todo es la tarjeta que tú me mandaste.

Solo que las campanas de la iglesia no han sonado. ¿Para qué es un enrejado? ¿Dónde habré de colocarlo? ¡No lo quiero para mí! —Pondré los animales de la granja dentro de la reja —anunció. ¿Cinco minutos y 10 minutos? ¿10 minutos y cinco minutos? —Sí —dije. laboriosamente. —Ahora soy feliz —dilo Dibs. escribió un 2. —¿Cuántos minutos nos quedan? —preguntó. ¿Pero estarían ellos cambiando su conducta hacia Dibs?. 129 Colocó un caballo y una vaca detrás del enrejado. Lo dejé en paz. ¡Ah. venimos aquí primero porque yo tenía muchas ganas de venir y mi mamá parecía segura de que eso estaba bien. cuando le habían estado dando materiales muy . —15 minutos más —dije. —Pues en realidad. Dibs —dije. Reacomodó de prisa en orden las pinturas. Contó ávidamente sus dedos. El también lo hizo. Dibs se volvió para verme. Incluso. Escribí el número 5 en un trozo de papel y lo levanté para que lo viera. ¡En este momento! —Contó las campanadas—: Una.. él no podría haber 127 logrado ninguna de estas cosas sin antes haber dominado el lenguaje oral y sin haber tenido adecuadas experiencias ambientales. que el final no pude ver. Sacó las piezas para el enrejado y las examinó. —¡Ah.. hermoso día! —exclamó—. sin embargo. —SÍ —contestó—: la una.. Y lo hizo. silenciosamente. —Este es el gallo —dijo. —¿En qué forma son diferentes? —pregunté. esperó un segundo. Tres. —¡No. eso hice —afirmó. para plantarlas y verlas crecer! ¡Ah. . De acuerdo con todas las teorías vigentes sobre el aprendizaje. Faltan tres horas para las cuatro. — Escucha. Pero quizás el doctor habría aconsejado que no. Dibs poseía todas esas destrezas. con las ramas de sauce con gatitos. Y el otro hacer de cuenta. hasta que desapareció a lo lejos. Abrió la ventana y se asomó. será hora de irse —aclaré. Se fue.. ¿Cuánto tiempo me queda? —preguntó. . Observó interesado mientras los hombres descargaron el vehículo. . —Cuando las campanas vuelvan a sonar.. Las campanadas de la iglesia empezaron a sonar. —Algunos minutos son muy felices —explicó—. 128 —¡Estoy tan feliz que hasta voy a escupir hacia afuera antes de cerrar la ventana! —exclamó. —Después ordenó—: ¡Fórmate en la línea. Y algunas veces son tristes. —¿Y tú crees que el hacer de cuenta cambiaría en verdad el tiempo? —le pregunté. Algunos momentos son tristes y otros son felices — repliqué. Después fue hacia el caballete. día feliz! Con el cielo tan azul.. tan largo. —Oye —dijo—: ya van a ser las cuatro de la tarde. —Se puso el sombrero y el abrigo—: Pero ya estoy bien —me dijo—: ¡Ya no puedo contagiaranadie! —Sonriófeliz—:¡Adiós—dijo—.. — ¿Hagamos de cuenta qué? —Bueno. —!Oye. Sacó la caja de los animalitos de granja. oíste Cuatro. El camión semanal llegó y se detuvo fuera de la ventana de la habitación. Las campanadas empezaron a sonar. Dibs. deveras! ¡Es muy largo! —comentó.—Ahora esta vaca —dijo. Parecía que el niño llevaba ahora una relación más tranquila con su madre. no —dijo Dibs—. esperó unos cuantos segundos. —Haré una hermosa granja —anunció. —Tal como tú dijiste —explicó Dibs con toda seriedad—: son enteramente diferentes en esa forma. —Sí. en un grado avanzado. levantándola para que yo pudiera verla—: esta vaca da leche. Dibs! —le dije—.. "papá" parecía estar emergiendo como persona. pues dice que te preguntó y que tú le dijiste que ya te había dado el sarampión. ¡No actúes como si fueras una pobre idiota! Levantó el gallo. escribió un 1. —El hacer de cuenta que está bien hacer de cuenta —dijo—. y escribió un 3. esperó un segundo. Pero hagamos de cuenta. —dijo Dibs.. No pude resistir continuar con el tema. y me quedé entre un mar de especulaciones y deducciones provocadas por algunas de las cosas que había dicho Dibs en esta conversación... me tocó la mano. ¿Escuchas ese aeroplano? ¡Ah. —¿Ves? —observó apuntando hacia abajo. Se me acercó y rápidamente. Empezó a cantar otra vez. Hay dos clases de hacer de cuenta. Abrió la ventana y se empinó.. ¡Oye! . Todo este detalle adicional era interesante. hasta 15. Hagamos de cuenta que es la una —terminó. ¿habría cambiado la capacidad del pequeño para relacionarse con su madre y su padre. qué feliz eres! Se volvió a mirarme. de manera que pudiera recibir con más naturalidad los avances que ellos realizaban respecto a Dibs? Cierto que lo habían provisto de suficientes objetos para alimentar su aguda capacidad intelectual y que habían tratado de comunicarse con él y de enseñarle muchas cosas. Y los pájaros volando. —Se levantó y caminó hacia mí—: Y algunas veces se confunden tanto que no puede uno distinguir cuál es cuál -añadió—.31 —¡Ah sí! —Dijo Dibs—. cielo feliz! ¡Ah. —¿De veras? —Sí.. esperó otro segundo. Después cerró.. haré una granja! ¡Ah. Feliz. Los observó cuando lo abordaron. Todas las vacas están en una hilera. —Mira por la ventana —dijo Dibs. —¡Hora de irse! —gritó—.Esperoverteel próximojueves. al terminar. Empezó a cantar: ¡Ah. feliz Dibs! ¡Ah. pero no explicaba de qué manera Dibs había aprendido a deletrear a leer y a escribir y a dibujar. Muy diferentes. feliz aeroplano que vuelas hacia el Este! ¡Ah. —Es un largo enrejado —dije.. listas para dar leche. escribió un 4. En realidad íbamos camino al consultorio cuando nos detuvimos. Después regresó a la ventana abierta... . —¡Ay! . —05 minutos? —preguntó-. vaca! ¡Enderézate! Ya me hablar. mezclando la risa con el canto: Hice un enrejado tan largo. sin embargo. . Es una vaca amiga. . -¿Y cuáles son? —pregunté. pájaro feliz! ¡Ah. Tomó mi lápiz. —¡Ah! —exclamó. haré una granja! ¡Una granja feliz! ¡Una granja para ti y para mí! Me miró. y cuando se fueron en él. Ahora voy a ir a ver al doctor. Dos. —Sí. comprensión y respeto. —Te les adelantaste —comenté. que es de plano tonto. ¿Qué me quieres engañar? ¿Qué no es ya hora de ir a casa? —Sí. Dibs. despacio. si es —contestó—. Había indica130 ciones de que se le estaba tratando con más consideración. Bajó la vista para mirar el enrejado que había levantado a través del piso. Cuando lo vio se rió. Resultaba difícil en extremo comprender cómo podían haber pensado que este niño era deficiente mental... Hay tiempos tristes y tiempos felices. viendo al camión. .

qué es lo que puedes hacer? Puedes pintar un cielo. —¡Vaya! —exclamó—. lo levantaba y lo movía rítmicamente. ¡Oh verde! ¡Oh verde! ¡Oh verde! Dejó la pintura verde y tomó el tarro de la negra: ¡Oh negro! ¡Oh noche! ¡Oh negro sable! Ven hacia mí por dondequiera. Y luego regresé a casa. Le di un poco de jabón y un secador y una toalla. los enjuagó y los secó.. manteniéndola sujeta entre las manos. qué divertido estoy! —Te estás divirtiendo mucho. Salpica. Abrió la llave del bebedero. ¡Oh color malo y enojado! ¡Oh barrotes en las ventanas para que no entre el árbol! ¡Oh puerta con el cerrojo y la llave echada!. salió. ¿a qué se debía que el niño todavía mantuviera estos dos tipos de conducta completamente diferentes: uno.. 131 132 Puedes pintar una flor. —Si quieres cantar.. mirando por la ventana durante largo rato. sacó los frascos de pintura. Tomó el tarro de pintura azul. Va a salpicar. Color de las prisiones. también. jabón? Salpica. Son como los que abuelita mandó. que también estaba en ese lugar. —Puso los dedos en el chorro y una ráfaga del liquido baño la habitación.. de lado a lado: ¡Oh pintura! ¡Oh pintura tan azul!: ¿qué es. amarillo. Lavó los trastes cuidadosamente. Permaneció ahí. para mojársela. —Sí.. ¿Dónde estás. claro —dije.. En las hojas. Se puso a brincar y a gritar muerto de risa: — ¡Lavaré los trastes! ¡Están nadando y se están mojando! ¡Todo se está mojando! Salpica.. —Sí. —¡Mira! —dijo—. juego. ¡me estoy quieto! —exclamó—. —Puede que mamá pase tarde por mí hoy —dijo. ellos deben haberse percatado de que el problema de Dibs no se debía a falta de habilidad intelectual. Puedes pintar un pájaro. ¡Oh azul! ¡Oh azul! ¡Oh azul! Mecía el tarro de adelante hacia atrás. Abrió las puertas de la cómoda del fregadero y examinó el tubo: —¡Lástima! —dijo. A mi alrededor. —Ya veo que puedes —dije. . después la colocó en el desagüe y el fregadero empezó a llenarse de agua. Y se mueve y se mueve. el otro. en un estante el juego de trastos de plástico. de pie. pues pienso. pero no pudo. Jugó con el agua. pintura enojada! ¡Oh pintura del rostro ceñudo! ¡Oh sangre tan roja! ¡Oh odio! ¡Oh loco! ¡Oh temor! ¡Oh peleas ruidosas y rojo embarrado! ¡Oh odio! ¡Oh sangre! ¡Oh lágrimas! Bajó el frasco de pintura roja que tenía en las manos. tan tristemente precario? 13 Dibs parecía muy contento cuando regresó al cuarto de juegos a la siguiente semana. oh pintura tan azul! Se me acercó con el tarro de pintura. Entonces. canta —repliqué. así es. abriendo el grifo con tal fuerza que salpicó por todo el cuarto. Colocó dos grandes hojas de papel en el caballete. ¡Ah. ¿Verdad? —Sí. en los setos.. El pincel está en el tubo —dije. Dibs mismo. sucios y vacíos.32 por encima de la capacidad de un niño normal de la edad de Dibs. Tomó dos frascos de pintura. así será. A mi alrededor. Lava. llevó el pincel al fregadero. Sacó el biberón. Lava. Salpica. qué vamos a hacer! No lo puedo sacar. —El agua sube —anunció—. loes —repliqué. Te odio. A .. Me preguntaba yo por qué había proyectado esas asociaciones hacia los colores y por qué el amarillo provocaba en Dibs tanta asociación negativa. Color de estar solo y asustado. Algunos de los platos están de cabeza. Pero está en el tubo. ¡Ahora sí. Tomó el frasco de pintura amarilla: 133 —¡Oh mala pintura amarilla! —dijo—. Esta vez cantó con más vigor: ¡Oh rojo. Hacia abajo desapareció. Me dijo que posiblemente así sería —respondí. y los puso en el fregadero. Todas las cosas son azules si tú las haces azules. en verano. lo contempló en silencio. ¿verdad? — ¡Sí! Se está llenando. —¿Has visto alguna vez trastes tan hermosos como estos? — preguntó—. en el césped. Caminó hacia el caballete y miró las pinturas. Y yo. Se va a caer mi hermosa pintura azul.. —Sí. —¡Ah!. —Ha ido a un asunto —dijo Dibs—. Está mojado todo. —Creo que voy a cantar —anunció. caminó hacia la ventana y se asomó: —Hoy es un hermoso día —comentó.azul. abrió la llave del agua y dejó que esta corriera por el cepillo. Viejo y malo color. Y si me quiero estar quieto. Está en el caño de más abajo. mezcló cuidadosamente con el pincel la pintura turquesa.. lo masticó. ¡Oh sombras y sueños! ¡Y tempestades y noche! ¡Oh negro! ¡Oh negro! ¡Oh negro! Dejó ese tarro y tomó la pintura roja.. mientras lo observaba. Pinta de azul al agua. Va a correr. echó los trastos de plástico en el fregadero.. Y si quiero jugar. Tomó el chupón. Trató de alcanzarlo rápidamente. —Sí. lo dejó nuevamente en el caballete y tomó el de pintura verde: ¡Oh pintura verde. trató de ponerlo en la botella. Después suspiró profundamente. salió! —gritaba—. Y rió con ganas. puedo hacer del agua una fuente y puedo hacer que el color del agua se vuelva azul. y lo regresó a su lugar. Me dijo que la podía esperar aquí hasta que regresara. protector? ¿Dónde estás. Dame jabón. Y si quiero pensar. ya sé. Siguió cantando aquella letra que iba improvisando. Dejó caer el pincel y este se deslizó por el caño. trapo de secar? ¿Dónde estás. al cantar. lo llenó.! Regresó el tarro al caballete. Se rió. masticó el chupón. empezó a cantar. malo. Lava. ¡Oh amarillo malo. y mientras cantaba. porque Dibs dejó sus animales de juguete con ella y ella se los mandó a Dibs por correo. que ya lo había arreglado contigo. Puso la botella en el fregadero y dejó que el agua la salpicara. En realidad. ¡Oh pintura . Es un color que se mueve. Caminó por el cuarto de juegos con la sonrisa en los labios. pero estaba tan mojado que 134 solo resbalaba sobre el vidrio. en primavera. Regresó luego ante el caballete. Puedes pintar un río. tan verde! Eres tranquila y agradable. se va a derramar. —Esta pintura color turquesa es nueva —dijo. Me la trajo. —Así es —respondí. tan brillante y superior. Yo había ido a visitarla. Después vio. Muerto de risa exclamó: —¡E1 agua salió. ¿te mandó abuelita unos trastes como estos por correo? —Sí. y acercó la cara al chorro.

sí! ¡Y el 12 de mayo abuelita viene a casa! —anunció Dibs. y continuó: —Para todos los niños.. La fiesta se acabó. El tono de su voz cambió: ahora se oía reprimido. Acercó una silla para sentarse. una limonada. tranquilamente. Muchos niños buenos. en el piso. —Fue un accidente —me dijo—.. Si quieres más agua. ¡Derramé el té! —Vació las tazas rápidamente y las regresó a la repisa. Para todos los niños. Tendremos té. Dibs puso la mesa. Moja. —¡A la gente estúpida le ocurren accidentes! —gritó. así es que me los mandó por correo. Salpica. —¡Ah. Brincó de la mesa con una expresión de terror en el rostro. Creo que no debe ser necesario que repita todo lo que digo... retorciéndose las manos. Voy a tirar el agua de las tazas y voy a llenarlas otra vez para la limonada de la fiesta. Barrió con las tazas de la repisa. Aquí hay más agua. al mismo tiempo que contaba: —¡Oh. con amor. y esperar a que todos estén servidos. —¡Ah. Hay mucho té en la taza tres. Colocó sus manos una encima de la otra. —Te asustó y te hizo sentirte desdichado —dije—. Con una cuchara sirvió agua en cada taza al tiempo que continuaba: —La taza seis tiene demasiado té —dijo con un tono de severidad—. Fue muy estúpido de su parte ser tan torpe. ¡Yo no quería estar con otros niños! —Te enoja y te entristece cuando pasa algo así —dije. si —dije. en la mesa.. Y taza número dos y taza número tres. Los invitaré a tomar el té. Si sigues alborotando. que podría explotar. —¿Se acabó la fiesta porque derramaste el té? . Habrá muchos niños en mi fiesta. Sí. para cada niño. ¿Y el niño que tiró la taza tuvo que irse a su cuarto? Dibs caminó inquieto por la habitación. No se habla con la boca llena.. pero salpica si puedes. Colocó todas las tacitas en una hilera. cuidadosamente. 138 139 —Vámonos a tu oficina —dijo Vámonos de aquí.. Agua por todo el 136 piso. ¡Alégrate! —exclamó—: ¡el 12 de mayo abuelita viene a casa! —Creo que eso te hace sentir muy. Salpica. te me vas a tu cuarto. otros seis niños y tú con ellos siete —dije. sirviendo con mucho cuidado un poco de agua en cada taza. . Hoy usaremos nuestro fino juego de té. ¡Pero disfrutó cada gota y cada minuto de su juego! Encontró otras dos tazas de plástico. Eso debe corregirse.Pateó una silla. aquello era "un gran charco de agua por todo el lugar". tan chistoso! —dijo—. Tomó la jarra de agua y fue pasando lentamente alrededor de la mesa. Trajo una segunda jarra para la leche. Y no quiero oír discusiones. . mientras tomaba el té en la tacita. Su actitud se volvió dócil. Habrá nueve niños en mi fiesta. Vaciaré las tazas y prepararé el té. Te encerraré allí con llave. Para Dibs con amor... debes sentarte a la mesa. Sí. —Así es —afirmó—. Puedes tomar una ración de tostada de canela con tu té. taza número uno!. Sí. Es hora de llenar las tazas. Para Dibs con amor. Contó las tazas: —Siete —dijo—. Su voz se ahogó con las lágrimas. Agua por todo el escurridor. dos tazas más! —gritó—. Ya son las cuatro. El accidente del té terminó la fiesta.. Otros seis niños y Dibs. 135 Empezó a cantar de nuevo. —Será una fiesta de té de ocho minutos —anunció—. —Voy a dar una fiesta —anunció—. Moja. Esta había sido una experiencia muy real para él. Abuelita vienes a casa —repitió—. Maneja con precaución la cucharilla del azúcar —dijo con voz fingida—. tranquila. —¡Estúpido! ¡Estúpido! ¡Estúpido! -gritaba. Salpica. —Yo no quería una fiesta —gritó—. Estiró entonces la mano para tomar la tostada y derramó una de las tazas. Quitaré un poco —lo hizo—. Habrá siete niños en mi fiesta. Por favor quita un poco de té de la taza seis y sigue mis instrucciones con más exactitud. Pueden servir un poco de azúcar en su taza —se 137 puso a trabajar alrededor de la mesa. —Habrá un poco de té en cada taza —dijo con voz precisa y apretada—.. lo haremos como se debe —sentenció—. — ¡Claro! Niños. Quita los codos de la mesa. —¿Vas a dar una fiesta para niños. Los niños no deben tomar mucha azúcar. Cuida que no se tire. con un chorrito. Volvió a llenar la jarra y derramó agua en el escurridor... Y ahí mismo puso una sorpresa. Se hace noche. Un poquito de té en cada taza. tanto. está bien. Se sentó luego ante una de las tazas. Si quieres tomar el té. Muchos niños. —¡Ah!.-pregunté. —Sí. Un gran charco de aguó en todo el lugar.. Taza número cuatro y cinco y seis. El se me acercó. Debió haber sido cuidadoso. —¿Van a asistir siete niños a tu fiesta? —Seis y Dibs —respondió. ¡No soy un estúpido! . La taza seis tiene demasiado té. Te pones contento de saber que verás a abuelita. Agua por todas partes. Voy a tener una fiesta. Dibs se rió. —¡Qué ruido.. ¡Ya se fueron todos los niños! Ya no hay más fiesta. Unos trastecitos muy lindos exactamente iguales a estos. ¿Cuántos minutos me quedan? —Ocho minutos más. En este juego Dibs estaba expresando el deseo de ser uno con otros niños. Las llenó de agua. mansa. en la orilla de la mesa.. — ¡Ya no hay fiesta! —gritó—. Para hacer las veces de azúcar.. Y ese es suficiente azúcar para un niño: suficiente azúcar. de abuelita. Se acabó la fiesta. ¡Abuelita viene! ¡Abuelita viene! ¡Abuelita marcha a casa con amor! Se aplaudió con entusiasmo.. Ahora mismo. Está oscureciendo. una fiesta. Llenó de agua la jarra de plástico y fue sirviéndola en las tazas. son siete. añadió con mucho cuidado una cucharadita de arena—. Habrá té. Ahora tendré mi fiesta de té —dijo—. ahora? —pregunté. y después las llenaremos de leche. muy feliz —dije—. La botella que había usado para tapar el desagüe resbaló y el agua se fue por él gorgoteando. Como había dicho. —Debes comer tu tostada con esmero —continuó Dibs con aquella voz. Pero no más té. Una vajilla igual que esta. un poco angustiado. Luego siete. Moja. Imitó perfectamente la inflexión precisa y la expresión de la voz de su madre: —Si vamos a tomar el té. aquí hay agua para ti. ¿verdad? —¡Así es! —dijo Dibs—. —Fue un accidente —dije. Me miró con los ojos brillantes y una gran sonrisa en la cara—.. Estoy dando una fiesta.33 abuelita se le olvidó empacar mis animalitos de la granja. —¿Y te gustó que abuelita te mandara esa sorpresa? — pregunté. —Sí.. Pero la fiesta se acabó. Había lágrimas en sus ojos—. Ten cuidado con el azúcar.

Buscó el 23 de septiembre. papá. Todos tienen un número y un nombre y le pertenecen a alguien. —!Ah! —comenté. deletreando en voz alta mientras escribía: —"Querido Dibs: Lavé el juego de té y tapé el desagüe. —Estos son los cumpleaños de mamá. — —¿Sí? dije. —No. Lo sé. Descubrió una hoja en blanco en la parte de atrás del calendario. Tomó otra tarjeta en blanco. Después. Luego. Vendrán al oeste en la mañana y regresarán a sus trabajos. Si llegan por el metro o en el autobús —dije—. por un largo rato.. —No. Después la colocó correctamente en el índice. 140' —No está ahí —dijo. —Sí. Y lo necesita. —¿Sientes que hay veces que esperas que algo suceda y cuando esto no pasa te desilusionas? —pregunté. 141 —¿Alguien de allá afuera dijo que llamarían cuando llegara? —inquirió. —Lo siento —dijo. —Sí —replicó Dibs—. —Este es hoy —dijo—. Mañana vendrán otra vez hacia el oeste. Yo lo necesito —respondió. con letras de imprenta. Día tras día. ¿Hay aquí una tarjeta con mi nombre. ¡Lo sé! . ¡Este! Es también el cumpleaños de Washington. Sin embargo. Acercó mi archivo de tarjetas hacia él. —Él lo necesita. Se hace monótono. su teléfono. —¿Y por qué es hoy un día importante para ti? —pregunté. —Todas las personas regresan a casa —dijo—. para venir a trabajar en la mañana. —Sí — dijo el niño—. Había descubierto dentro de sí mismo una fuerza para hacer frente a sus sentimientos heridos. —¿Sí? —SÍ —replicó—. ¿Por qué preguntas? —No siempre hacen lo que dicen —dijo. —Sí.34 —No. Tocarán el timbre para avisarnos cuando llegue. "papá". —SÍ —replicó—. porque es su cumpleaños. Después me dirigió una pequeña risa. Quizás la pusiste en la D. Buscó entre las tarjetas archivadas. —¿Qué debes hacer? —pregunté. —contestó. Se quedó por mucho tiempo ahí. —Ya es casi tiempo de cenar —dijo. No está aquí —dijo—. Eso puede pasar. —Es el día más importante para mí —dijo con toda seriedad— . Y te alteras cuando algo así sucede. con un dejo de sorpresa—. buscó otra fecha y escribió: "mamá". Voy a ponerle una gran X. Todos los trabajadores regresan a casa. Luego en otra más. pero voy a buscar en Dibs. No debí serlo. —Aunque lo quieras o no. del trabajo — dijo—. Fui descuidado. bajo la inicial de su apellido. —¿Crees que debiste ser más cuidadoso? —inquirí.Cruzó hacia la ventana y se asomó. escribió mi nombre en ella. No hay ninguno que no sea de alguien. Toda la gente va hacia el este. El 28 de febrero. —¿La quito? —solicitó. y también su dirección. —Entonces. Tomó papel y lápiz y empezó. —¿Está mi nombre en tus tarjetas? —preguntó—. En la mañana probablemente regresarán a trabajar. —Sí —dijo Dibs—. y estuvo allí. —¿Por qué? —pregunté. Acercó el calendario hacia él y buscó hasta llegar al día en curso. Las campanas do la iglesia volvieron a sonar. en otra hoja. —El ocho de abriles mi cumpleaños —dijo. como la que tiene el doctor? ¿También tienes una tú? —¿Por qué no lo ves por ti mismo? -le indiqué. Con amor. —Voy a escribir una carta —dijo. se lo acercó. Podía ver los grupos de personas que iban aumentando y que se dirigían a la entrada del metro.. Dio vuelta a la hoja que tenía la palabra papá escrita en ella. No. Debería estar en la letra de mi apellido. ¿verdad? —Así es —dijo Dibs—. y allí trazó el de "abuelita". Van a casa a pasar la noche. tal vez. —¿Quién? —pregunté. Pero si tú dices que lo crees. —Si —dije. —¿Qué quieres decir? —pregunté. pero no estúpido? —Así es —contestó. —¿Tú sabes que eso va a pasar? —preguntó. —Sí. ¿por qué no la pones. en silencio. Escogió una tarjeta en blanco. vendrán al oeste. entonces? —sugerí. Yo". con la inicial de su apellido. De acá para allá. señalando a "papá". Lo hojeó hasta que llegó al ocho de abril. y cuidadosamente escribió en ella su nombre. Dibs se sentó en mi silla. Sólo que uno es más viejo que otro. hay algo más que debo hacer. —¿El día 25? —pregunté. Miró mi calendario de mesa. —No hay días en blanco en el año —dijo—. Tú no eres un estúpido —dije—. Día tras día. Debí ser más cuidadoso. —Voy a borrar esto —dijo. —Hazlo —dije. Me preguntó el teléfono del Centro. del trabajo. Van a casa a cenar. —A este le voy a poner el primer día de otoño —dijo. Había una sonrisa en su cara. Nos fuimos a mi oficina. pero sí es el mismo mes Se quedó mirando la página del calendario. así es. —El cumpleaños de papá y el de abuelita son el mismo día —dijo. Tuve una fiesta. y Dorothy —me dijo. es su cumpleaños. Siguió hojeándolo. Ahora vuelven a casa. Van hacia el este cuando salen del trabajo. —Bueno. ¿fuiste descuidado. En esta fecha escribió: "Bienvenido otoño". Dibujó un círculo alrededor del 8 y escribió su nombre en esa página del calendario. —Si quieres —la quitó. pero no soy estúpido. su nombre no estaba entre las tarjetas. —Porque derramé el té —contestó—. Los observó: —Gente que sale del trabajo. como dirección puso "El cuarto de juegos". Después se volvió a mirarme: —¿Dónde está mamá? —No ha llegado. —¿Sí? —No —respondió con un suspiro—. y lo archivó en la A. lo escribió en la tarjeta. —!Abuelita!. Dibs había• capeado la tormenta. "Dorothy". Vinieron niños. Buscaré en la D. —¿Quieres que esté ahí? —Sí.. viendo hacia afuera. Van a casa a cenar. Washington nació el 22. —¿Sí? —Sí. —¿Lo sientes? ¿Por qué? —pregunté. —Porque es el día más importante para mí —respondió. Eso tendrá que quedarse ahí.

un recipiente de plástico. Ahí va el camión: ¡Adiós. Tú abre ventana. rápidamente volvió a colocarlas en su lugar. sobre su hombro. ¡En el cuarto de juegos! —Está bien —corregí—: ¡siéntate en tu cuarto de juegos! Dibs se contoneó por la habitación sonriendo feliz. De allá para acá. Hermosos colores. -Ya sé —dijo el niño—. Quizá este regreso al habla pedestre era un alivio a la' presión que las expectativas del regalo le sugerían. —¿Tuviste un feliz día? —pregunté. Cuando se fueron. Entra. —Pues así es —dijo su madre. Ya llegó tu mamá. Dibs se volvió hacia mí y sonrió. Arriba del montón que había hecho colocó un camión de juguete. ¿verdad? —Sí —dijo su madre—. De adentro para afuera. así es. habló: —Las veo pasar. Traía una gran caja. y un cernidor. camión!. —El camión me gusta —explicó Dibs. —Así es —replicó—. mensaje—. Dibs se animó. Sacó un soldadito. • Había una clara nota de orgullo en su voz. —Sí. —Se desarma —explicó—. tranquilo. Su madre me saludó cordialmente y con naturalidad. Bien. El vehículo se alejó con rugidos del motor. siéntate como en tu casa —respondí. observándolas en silencio. apuntando hacia la puerta. Feliz adiós. —Aquí está camión. ¿No puedes hablar? ¿Qué te pasa? ¿Te comió la lengua el ratón? Dibs no dijo una sola palabra. —Dibs insistió en traer uno de sus regalos de cumpleaños para mostrárselo —dijo—. —¿Ya se fue? —Sí. —¡Hola! —dijo a Dibs una de ellas. —Es muy. Pero al camión si le hablo. ¿Ves esto? Es una clave internacional con baterías y todo. asomado. siguió estudiando al camión volvió a mirarme. . No les contesto. El hombre entra y sale del camión. mamá! —exclamó Dibs—. —Sí —repliqué.. —Caminó hacia mí y me tomó la mano tímidamente—. pero hirieron tus sentimientos y por eso tú no quieres hablarles —dije. Dos estudiantes. Adiós Miss A —dijo. —¿Qué no puedes decir hola? ¿Qué no puedes hablar? —dijo el niño. y con los dedos hizo surcos en la arena. —Adiós —interrumpió Dibs. muy interesante. Se sentó en la orilla del arenero y desenvolvió su regalo. Está lleno de cajas. en las que Dibs llegó siempre en silencio. No le hablé. Después se volvió hacia la arena. —Un camión no puede decir nada que te ofenda. —Ya veo. ¿Ves? Estos son puntos y estas son rayas y envían mensajes en clave. —gritó la muchacha. —¡Ah. Yo traía un vestido de seda estampada. ya lo creo. en forma opaca y mecánica. Nos fuimos juntos hacia el cuarto de espera. Miss Á —dilo—. Después tomó la cubetita para arena. una cuchara. Dibs continuó ignorándola. Vieron a Dibs recargado en el alféizar. —Es un camión grande. —El puede explicarle de lo que se trata —dijo ella—. estoy empezando a creer que él se sabe todas las respuestas. No sé qué habrá en las cajas pero está lleno de ellas. —¿Qué no puedes decir hola? -preguntó la chica—. Algo llevan adentro. Dibs —se dijo. —Como dijiste —comentó Dibs. —¡Ay. Dibs. nada más la clave. ¿no es así? —comenté.. —Adiós otra vez.35 Siguió hojeando el calendario. Lo seguí. No les hablo. ¡Aquí venir otro camión! Llegó otro vehículo y se estacionó. por eso es que no les hablo. Dibs ya se había ido al cuarto de juegos. Un camión llegó a estacionarse cerca de la ventana. ¡Qué bonito vestido!. ¡No hablaré! —Las ves y las oyes hablarte. No digo una sola palabra a ninguno de ellos. —Oprimió la clavija y formó un. Sin decir una palabra realizó toda esta representación dramática para expresar sus sentimientos. pasaron junto a la ventana. Su madre sonrió. Caminó hacia el arenero. Sin letras. —Este día es la Pascua —dijo indicando la fecha correcta. Si lo quiso traer está perfectamente bien. imitando el tono de voz de la estudiante. Al camión le digo adiós. Ahora va de reversa. si sabe la clave. Se detiene. —Se despidió de mí antes de salir de la oficina —dije a su madre. Lleva algo cargando: cuatro cajas en hilera.. ¿Oyes los ruiditos que hace cuando oprimo la clavija? Ese es el mensaje. —Colores —dijo Dibs—. se sentó en el borde del mismo. El hombre sale. Carga cosas. El la ignoró. Aquí estoy. 14 Me encontraba en la sala de recepción cuando una semana después Dibs y su madre llegaron. ¿Ves cómo trabaja? Es una clave internacional y cualquiera puede leerlo. 246 147 —Ahora voy a hornear galletas —anunció—. —¿Sí? —Si. cargadas de libros. Eso me distraerá de mis preocupaciones —dijo. Sale. Se mueve. ya se fue camión! —lamentó. La Pascua: muchas flores y la iglesia. 143 144 145 —¡No en casa! —replicó Dibs—. Se quedó ahí. mira. Ahí va una mujer caminando por la calle.. Abrió la ventana y se asomó. Al mover aquello las baterías se cayeron. Estas baterías no encajan muy bien. Volvió su atención al paquete—. —Ya lo veo. Las lleva al edificio. —Sí. Dibs se quedó junto a ella. No le hablo. Color rojo sucio. Es un lindo vestido de colores. Adiós. Bonito vestido. regresando a su anterior forma de hablar—. —Mira camión. —Si —contestó Dibs. Dibs. Al iniciar la partida la señora dijo: —Dil e a di ós a.. Hoy es el día de salida de la cocinera y voy a hacer galletitas. las gentes son malintencionadas. —Fue mi cumpleaños —dijo. Baja otras cuatro cajas grandes. en la que venía el regalo de cumpleaños. —Aquí estoy —anunció—. ¿Verdad que está fantástico? —Sí. —Dije hola. hizo allí un agujero y sepultó al soldadito. Cerró la ventana de un golpe y se volvió hacia mí con los ojos encendidos de ira: —¡No quiero decir hola! ¡No quiero hablarles! —gritó—. Dibs estaba ansioso por regresar al cuarto de juegos. En realidad. Ahí va el hombre del camión. —Será un lindo día. En ese momento sonó el timbre.. lo tomó entre las manos. ¿o no? —preguntó. Los acomodó en la mesa. ¿Está bien? —Por supuesto que sí —dije—. algunos moldes para hacer galletas. Esta era una entrada muy diferente de las anteriores. y lo observó durante un largo rato. Apoyado en la ventana.

Dos. dos. abrió la llave del agua. Llenó el biberón. —Si necesito tu ayuda. y súbitamente se los metió en la boca para probarlos. —Ahora las pondré en el horno calentado de antemano —dijo. —Tú no me llamas estúpido —dijo—. fue brincando hacia el lavabo. Olfateó. Me miró. tú me ayudas. yo lo sé. No. —dijo por segunda vez. ¿Qué no puedes aprender nada? ¿O lo sabes y no quieres contestarme? —¿Algunas veces sabías las respuestas pero no querías contestar? ¿Es eso lo que pasaba? —pregunté. ¿Te diste cuenta de que encendí el horno para que se fuera calentando? Eso siempre debe hacerse.. Mírame y escúchame. Uno.. Cinco dedos en un pie. ¡Nunca fui un bebé! —¿Ya no eres un bebé y no quieres acordarte de cuando lo eras? —pregunté. y saltó rápidamente fuera del arenero—. trató de ponerle el tapón de hule. Se sentó en la orilla de la mesa de arena y quitó las agujetas a sus zapatos. las galletitas se hornean mientras me siento aquí. —Tomaré harina. cuatro. —¡Hago un torrente de un chorrito! —gritó. y se metió a gatas en el arenero. se reía al derramar agua desde el escurridor hasta el piso. —Ahora añadirá la leche —dijo—. cuatro. Uno. Uno. chupando el biberón y mirándome fijamente.36 Empezó a medir y a mezclar la arena en el recipiente. Me miró fijamente. cinco. la vació. tú sabes. ¿Sabías eso? —¿De veras? —comenté. El piso está frío hoy —replicó. — ¡Me distes la bienvenida! —gritó. —Miss A lo hará por ti. pero no continuó. pero las galletitas de verdad se deben cortar primero. Si digo queno puedo. —Gracias —dijo Dibs. y dejó salir el agua a toda fuerza. Uno. (N. —dijo. Uno. Dibs —dijo—. lo llevó al lavabo. dos. Uno. para que la masa resulte más ligera. —No sé cuándo sabía y cuándo no sabía —dijo Dibs. No. dejó salir el agua que allí había. Me quedé esperando. pero te la pido. sé que lo harás. ¡Oh!. lo vació y lo volvió a llenar. tres. mientras cuento los dedos de mis pies. Piensa. O empújalo hacia este lado de la mesa. —Ahora me sentaré a esperar que estén listas las galletas. ¿verdad? Quieres que haga galletitas de conejos. . Escúchame. —Polvos para limpiar —dije. Uno. Tendré que ponerlas en el molde 'y darles forma ahí. —Cuando yo era un bebé. sacudió un poco en su mano. —No. Piensa. ¡Ándale Dibs! ¡Al agua! ¡Al lavadero! Se puso los zapatos.. —Cuando yo era un bebé. El agua salpicó la habitación. como manteca. azúcar y mantequilla —dijo—. —Así que cinco dedos en un pie y cinco dedos en el otro hacen diez dedos en dos pies —dijo—. Me dio la botella con el tapón. Y voy a añadir la mantequilla. se amarró bien las agujetas. si te digo ayúdame. llenó la botella. trepó allí y la bajó. meayudas. Esto hará que las galletitas tengan mejor sabor. cinco. —¡Feliz Dibs! —gritó—. Muy bien. Estaba absorto en el papel que representaba. expresando de viva voz la confusión que debe haberlo llenado a veces. que quiere decir "de nada" y "bienvenida" Dibs hace un juego de palabras con ambos significados. Luego corrió a la mesa. dámelo. —Ya veo —comenté. y dirigió el chorro hacia dentro del cuarto. Uno. Los hay de distintas formas. Dibs. —¿Es así como son las cosas? —comenté. Uno.. Se acostó y chupó como si fuera un bebé. de la T. riendo después. welcome. mientras derramo arena. tres. Uno. Cruzó el cuarto dirigiéndose hacia el caballete. Miss A no te rechazará. . A veces uso otra clase de grasa. —¿Cuando eras un bebé qué pasaba? —pregunté finalmente. dos.. —Sí —replicó Dibs. Se acostó en la arena boca arriba y después se torció hasta que se tocó los dedos de los pies levemente con los labios. Dos. en mis pies. Muy bien. todos están hechos de ingredientes diferentes. tomó el biberón. Se quedó de pie frente a mí. tres. Coloqué las agujetas en los zapatos y se los di. Entendiste lo de los cortadores. . No soy un bebé. estúpido niño. mientras cantaba. Ciérnela tres veces. Estos son estrellas.. Tengo los pies fríos. ¡Haz un gran batidillo! En el estante que estaba sobre el lavabo vio una lata de polvos abrasivos. mismo que ajusté en su lugar y que luego le devolví. cinco. se los quitó luego. Tomó el biberón. ¿Has escogido alguno? SÍ es así. ¡Una galleta calientita para ti! Dibs rió. Estos son calabazas. —Así. puso su dedo tapando parcialmente la salida del agua. —Sí. 148 Se rodó en la arena. tres. —Sí —caminó intranquilo por la habitación. Cerró los ojos. Siento.. Estos son conejitos.) 149 las puertas. Regresó al lavabo. —indicó. Ahora tomo los cortadores de galletas. Sacudió los brazos de arriba a abajo y cantó como los gallos. —¿Y qué sientes cuando eso pasa? —pregunté. Dilo otra vez. —¡Empápalo! —gritó—. —¿Qué hay en esta lata? —preguntó. Ahora adelgazaré la masa con este rodillito y la cortaré con el conejito que escogiste. —Las galletitas de verdad quedan mejor —dijo—. —Si te vas a quedar afuera del arenero quizás sería mejor que te pusieras los calcetines y los zapatos —dije.! ¿qué sigue del uno? ¿Qué te dije? Piensa.. los miró. Se puso los calcetines y me dio los zapatos y las agujetas. Abrió el bebedero. —¿Ves lo que puedo hacer? —dijo—. —¿Crees que yo te lo arreglare? —Así es —dijo Dibs—. y regresó al arenero. ¿Qué fue lo que dije? Escucha otra vez. —Hay 11 colores diferentes en las pinturas del caballete —dijo—. —De nada* —repliqué. ¡Oh. las galletitas se hornean mientras me quito los calcetines. tomaré el cernidor para la harina. Me gustaría tanto saber si entiendes lo que te digo. sentándose de repente. margarina o aceites vegetales. abrió * En el original. cuatro. salpicó por todas partes. tú puedes. La cierno así. Colocó la charola de galletitas de arena en el horno de juguete. si no la necesito. — dijo—. para limpiar. asintiendo con la cabeza—. se levantó y brincó en ella una y otra vez. con seriedad. Muy bien. Su masa para galletas no permanecía compacta. Si digo queno sé. me ayudas —dijo—. puedo doblarme y nadie me enseñó cómo. cuatro. Se enrolló las mangas de la camisa. ¡Oh!. Uno. pero resultaba muy resbaloso como para embonarlo. ¿Qué fue lo que dije? Dilo tú ahora. dos. Lo haré otra vez. pero haré de cuenta que estas quedan bien y les daré forma con este cortador que es un conejito. Dos.

metió el dedo en el agua. —¡Mira cuánta agua! —exclamó—. —Sacaré una poca —anunció. mirándome. Se mordió el labio. Fue marcando la clave para cada letra. —. —¿No? —No. Dejó caer una que chocó contra la llave. ¡Tacitas. Dibs —le dije—. y también tu oficina. ¿Entiendes la clave? —preguntó. — ¡Nunca. Papá me dio un juego de química y . ¡Ah. Veo que tienes un Pequeño Diccionario Oxford. Quitó del agua las botellas y echó los platos de plástico en ella. -Quisiste cerciorarte por ti mismo. se puso el chupón en la boca. platitos. tú ves —dijo—. vive en el cuarto 17. Regresó la lata de polvos a su sitio y me dirigió una mirada fría. se mojó la cara.. Voy a tener que ponerme crema.¡Ah. Una vez establecido el hecho de que yo podría comprender sus mensajes. Se inclinó hasta tocar el liquido con la cara. pero no creo que debas comerlos. —No tengo muchos años —dijo. y lo retiró violentamente. habiendo aprendido ya la lección. Será como una catarata. ¡Esos son polvos para limpiar! ¡No deben probarse! Se dio vuelta y me miró fríamente.37 —IN°. —!Eso es! —gritó—. Ahora tú escribes algo y yo lo teclearé —dijo. El líquido corría a toda fuerza. 152 153 —Pertenece a ambos. Me llevará mi juego de mensajes para allá. 151 Se quedó frente al lavabo. —Creo que lo tengo —dije después de descifrarlo. Dibs volvió a sentarse en la silla del escritorio. Aplaudió entusiasmado. Por fin lo dejó. agua mojada. —Cuando puedo verla en la tapa de la caja —respondí. haste para atrás! —gritó—. Te voy a enseñar las claves para todas las letras del alfabeto. —¿Por qué no te enjuagas la boca con un poco de agua? —sugerí. quitando el tapón del fregadero. Usa la fría primero. acercando el equipo de telegrafía hacia él. Dibs nos gusta a ambos —dije. la prendió: después abrió la caja que contenía su juego de mensajes en clave. —SÍ —dijo Dibs—. —Sí. Colocó los biberones en el agua y abrió la llave del agua haciendo chocar entre sí los biberones. ¡Así es! —reiteró sonriente—. una tarjeta para ti. fue un regalo de cumpleaños. abrió la llave de la caliente. Esta súbita reacción mía era inconsistente. cerró la llave. Ahora voy a enviarte otro mensaje —dijo mientras tecleaba en el pequeño telégrafo. tan rápida! —exclamó. Lo hizo. solo nosotros dos y nadie más. tan fresca. 150 —No hay otra forma. mirándolo. Solo quedan nuestras dos tarjetas juntas en esta caja. agua. mira qué librito tan bonito! —dijo. No saben bien. "Acabo de cumplir años. —¿Qué clase de mensajes? —pregunté. Llenó la jarra de agua y la derramó en el escurridor. ¿Temes que me pase algo? —Creo que te sabes cuidar de eso —respondí. Al final se dirigió al lavabo. bebiendo en la botella. cada vez más. supongo que hablé sin pensar. Siguió chupando el biberón. —Por hoy esto ha sido suficiente —concluyó. pero no me gustó verte probar esa cantidad tan grande de polvos abrasivos. El niño reacomodó los tenedores. soy Dibs". en el instante que se sentía herido en sus sentimientos. Solo tengo seis. este es un mensaje importante. vengan a mojarme! Con las tazas arrojó agua en la habitación. Dibs —dije—. El agua gorgoteó por el desagüe. Vamos a ver: l-e-v-a-d-u-r-a. Dibs se inclinó hacia la llave del agua caliente. pero mi reacción lo perturbó. y las colocó en el escurridor. Te gusto. Examinó la nueva lámpara. Aquí dice "levadura".: —respondí—. —¡Escucha esto: escucha esto! —gritó—. —¿Quieres que nada más tu tarjeta y la mía estén en la caja? — pregunté. no. — ¡Mensajes! --resolvió Dibs—. Tomó el biberón que estaba en la mesa. Utilizando la clave. mamá me lo dio. Encontró la palabra y leyó la definición. Su armadura sensitiva estaba siempre lista para cuando él necesitaba de ella con rapidez. en toda mi vida. Te gusta Dibs. gritando alegremente. Vámonos a tu oficina. —Esa agua está muy caliente. Dibs! —exclamé—. Voy a sacar todo lo demás de aquí. ¿verdad? Dibs asintió con la cabeza. Ahora ya lo sabes —dije. dando brincos sin cesar... Agitó vigorosamente en el liquido las tazas y los platos. está demasiado caliente. Ahí mismo echó los cuchillos. se la salpicó. me corresponde. ¡Cuidado con tu vestido! ¡Hasta para atrás y ten cuidado o te vas a mojar! Me retiré a un rincón seguro y Dibs siguió echando agua por todas partes. ¿verdad? —No. —Tengo partida la piel de los brazos —dijo—. El lavabo Be iba llenando. —!Está muy caliente! -exclamó. Me gusta buscar palabras en el diccionario. había yo hecho un batidillo tan fantástico! —gritó. —Este es un lugar muy agradable para estar —dijo—. claro. —¡Así es! —gritó—. También ese es mi cuarto. y ninguna otra. una tarjeta para mí. tecleó rápidamente el mensaje. — ¡Podrían cortarse y cortarme! —exclamó—. Dobló el papel en el que había escrito anteriormente nuestra clave y la archivó detrás de la tarjeta-índice que tenía su nombre. —Estas cosas pequeñitas podrían irse por el desagüe —dijo. y cucharitas de plástico. Me gusto. —Este es un juego muy interesante —dijo—. esta es para b. Cuando el lavabo estuvo a punto de derramarse. —Dice: "Soy Dibs. Ese es su cuarto. —Me gusta Dibs. y se dedicó a chuparlo. —Miss A vive en este gran edificio de ladrillo —dijo—. por eso está áspera. Después. tenedores. sumisamente. —Esto envía mensajes —dijo. vengan a salpicar. pregúntame algo. se inclinó sobre el papel y escribió algo usando la clave. Ella pertenece a algún lugar. —Todo lo que está en la A te corresponde. a punto de derramarse. —¿Qué dice? —preguntó ansioso. —¡Van dando vueltas hacia abajo! —gritó—. los contó. Voy a conservar estos mensajes". Nos fuimos a mi oficina. Todo lo que está con mi tarjeta. Voy a buscar una palabra en él. —Lo siento. —En este momento no te sientes muy grande. leyéndole el mensaje. De repente estiró el brazo. y Dibs reía al agitar las botellas en él. soy Dibs. Las sacó. Se sentó en la sillita que había junto a la mesa. Esta es la clave para a. se derramará. — ¡Hasta para atrás. tomándolo—. —Está bien. —¿Cómo puedo saber a qué saben si no los pruebo? — preguntó con dignidad. Sumergió manos y brazos en el agua. y el cuarto 17 es su cuarto. —Eso es lo que se usa para hacer pan. Colocó la tapa en su juego de señales. y se encaminó hacia la ventana. Escupió en el lavabo. ¿Entiendes el mensaje? —Tengo que ver el papel y la tapa de la caja —dije. escribí: "¿Cuántos años tienes?" "Tengo seis años" fue su respuesta. Voy a buscarla y te leeré la definición.

Encuentra una banca y se sienta a sentir el sol porque le gusta el sol. lo que decidas hacer es cosa tuya —aprobé. Abuelita siempre me ha querido. Trazó algunas líneas en el papel. En el microscopio puedes ver algunas cosas que no aparecen ahí si no las ves con él.38 Dorothy. —¿Sientes que papá te quiere más ahora? —comenté. ¿verdad? —dijo. Y una iglesia que llega hasta el cielo. ¿verdad? Parece que todos los regalos que recibiste en tu cumpleaños te gustaron —comenté. Está enteramente solo. Colocó a la muñeca en un cubo de juguete y regresó a la casita. Se dirigió hacia el arenero y empezó a jugar con la arena haciéndola pasar entre sus dedos. y también mamá. —Hay tantas cosas en el mundo —dijo—. Y estas gentes. —¿Tienes planes para hoy? Bien. —La hermana se va a la escuela. Dibs. —Adiós. ¿se va a enterrar a alguien ahí? —O a lo mejor no —añadió. pero sin dejarlo lejos de la casa. Movió al muñeco niño. —Hay veces que encuentras interesante el microscopio — dije. Dibs tomó una crayola. una hermana. —¿Te sientes seguro del cariño de tu abuelita. 155 156 —¿A veces te asusta la gente? —pregunté. puede ser que eso pasara. —Tengo un microscopio —dijo—. Suspiró profundamente y levantó al muñeco padre. —Un poquito más —dijo Dibs retorciéndose las manos como si se sintiera agitado. y también memandó unas mermeladas y unos' globos. regresaré la semana próxima. Tenía que proceder con mucha cautela para no interrumpir su camino ni para forzarlo antes de que estuviera dispuesto. Por fin. nada más mirando por esta ventana puedo ver tantas cosas maravillosas. Tomó la pala y empezó a excavar un gran hueco. en una caja —se rió—. Tomó a otra de las muñecas. se encaminó hacia la ventana y se quedó mirando hacia fuera en silencio por un largo rato. Se alejó del arenero. Todos están aquí en la casa. dándole vuelta hacia sí al reloj del escritorio. Ya han preparado sus maletas y la han enviado lejos de casa. otro día me trae al cuarto mágico en donde hago lo que tengo que hacer: para hoy he planeado muchas cosas. Sentí que estaba a punto delegar a algo importante para él. —El niño abre la puerta y sale corriendo de la casa porque no le gustan las puertas cerradas. una madre.. Hay gente de toda clase. A veces la gente me asusta nada más con su presencia. Se retorció las manos. Se llevó a la muñeca hermana hasta un rincón del cuarto de juegos. —Te sientes seguro aquí. —Veo que papá está aquí —dijo-. Pero también tengo una abuela y me quiere mucho. Camina por la calle y hay muchos coches y camiones y tráfico que pasan haciendo tanto ruido y a papá no le gusta el ruido. veo muchas cosas interesantes en él. Veo algunos coches y camiones. cualquier intento de hurgar un poco más haría que Dibs se refugiara en el silencio. y también me gustó la tarjeta de felicitación que me enviaste. —Aquí estoy seguro —dijo-. Hay gente de toda clase. las puedo ver más grandes de lo que son y así las conozco mejor. esta vez en mi cumpleaños me sentí inmensamente feliz. esperando animarlo a proseguir su confidencia. cruzando las manos sobre el escritorio y poniéndose a observar las manecillas del reloj—. 154 Cuando llegó la hora tomó su juego de claves y se dirigió hacia la puerta. —Pero otras veces la gente no me asusta —añadió—. Caminó por la habitación contemplando el arenero. quiere estar sola y se va caminando por el parque en donde puede ver los árboles y las flores y los pájaros. y empezó a juguetear con las crayolas. —Está en la casa él solo. Pero se va por la calle hasta la tienda de juguetes y va a comprar algunos maravillosos juguetes nuevos para su hijo. El año pasado me mandó un osito de peluche. tengo un padre. ella sola. Después va y quita el cerrojo de la puerta del cuarto del niñito. luego regresó a la casita y tomó al muñeco padre. levantando a cada uno de los miembros de la familia de muñecos. —Se podría enterrar a alguien en este agujero —dijo—. —Ya es casi la hora de irnos. —Adiós. Fue hacia la casita y sacó las muñecas. muy lejos. —Me alegra saberlo —dije. pero no tan seguro de que papá te haya querido siempre? —comenté. —No —dijo suspirando—: ahora no me asusto cuando estoy contigo. papá no siempre me ha querido. y están la hermana y el niño. Dibs se tapó la cara con las manos y se quedó muy quieto mientras pasaban los minutos. El microscopio era una cosa. No había 157 necesidad de temer a este objeto. y se fue. así que lo compra y regresa a la casa. Estoy sintiéndome feliz —dijo. me lo mandó por correo. 15 —Buenas tardes —dijo Dibs al entrar al cuarto de juegos—. ya me habla. —Papá me quiere un poco más ahora —dijo—. —La madre va a dar un paseo por el parque —dijo—. Está leyendo y estudiando y no debemos molestarlo. —Sí. —¡Ah!. Rápidamente dejó al muñeco papá en el suelo y tomó al muñeco niño. Luego acomodó los muebles. Abuelita me regaló un hermoso trompo musical: de los grandes. —Tu oso te gusta mucho. suspiró profundamente y se volvió a medias hacia mí. estudiando la casa de muñecas. —La familia está ahí en la casa —comenté. —¿No te asusta estar conmigo? —comenté. arrepintiéndose de la idea. —dijo lentamente—. —quédate aquí —dijo—. No había sentimientos enredados en él. No quiere que se le moleste. Llega hasta el lago y mira el agua —movió a la muñeca mamá a través de su parque imaginario—. es mi mascota favorita. porque no sabe qué hacer. un libro. . cruzó hacia la mesa. Piensa que quizá al niño le gustaría un microscopio. tú no dejarás que algo me dañe. Arboles que crecen tan grandes y fuertes.—SÍ —dijo—. —Pasaré tres minutos haciendo esto —dijo. Pero papá no. —Soy un niño. Los regresó a su lugar. —La arena sirve para tantas cosas —dijo. Me acerqué a él en silencio mientras miraba por la ventana. Veo personas que pasan por aquí. Miss A —dijo. Sentía que esta era una situación muy delicada. tú no me asustas. Enciende su pipa y fuma porque no ha podido decidir lo que va a hacer. —¿No lo has decidido del todo? —pregunté.. Dibs se había refugiado nuevamente en el mundo seguro de su intelectualismo. conmigo —comenté. 158 —Así es que papá va a dar un paseo también.

un niño gigante llegó. Le dijo que era un niño tonto y estúpido y que se sentía avergonzado de él. ¡Qui qui ri quí!Ahora se sentía relajado y feliz. Luego fue a la caja de arena. —¿Ya no necesitas más el biberón? —comenté. Veo lo que está pasando. Y ella dijo: "¡Válgame Dios! ¡Qué es lo que le pasa a este niño!" Entonces. Se enjugó las lágrimas con el dorso de la mano y permaneció de pie respirando pesadamente. la tomó. papá me dio un microscopio y me divierto mucho con él. Dibs se sentó junto a la mesa. —Así está muy bien —dijo Dibs—. Luego. pero se echó para atrás protegiéndose la cara. —¡Bueno! —exclamó—. preguntó enfadado. —La madre había terminado de pasear por el parque. pero antes sí. —Gritan y lloran y golpean la puerta. sino todas las puertas de la aceptación que se habían cerrado y a las que se había echado llave en contra suya. Se volvió a mirarme y debe haber sentido entonces que yo estaba tan profundamente imbricada en la experiencia. Corrió tropezando por la habitación para llegar hasta mí y me echó los brazos al cuello mientras derramaba lágrimas amargas. gracias. mirándome de vez en cuando. Su rostro estaba pálido y torvo. El niñito los ve en la casa encerrados con llave y ardiendo y dice: "¡Qué se quemen! ¡Qué se quemen!" Dibs hizo movimientos rápidos como si tratara de arrebatar a la madre y al padre de las llamas. —¿Cuánto crees que necesites? -pregunté. El papá no se fijó en lo que había pasado. pero el niño corrió tan aprisa que chocó con la mesa y tiró la lámpara... Se volvió a verme. Levantó el biberón y bebió un poco de él. como si el fuego que imaginara fuera real y lo quemara al tratar él de salvar a la pareja. Y el niñito — 160 abrió las puertas y apagó el fuego y su padre y su madre se salvaron. el padre y la madre están encerrados en la casa. . El padre estaba todavía muy enojado y le contó a la madre lo que el estúpido niño había hecho. —!Qui qui ri qui! —cantó—. 159 —Sí. No las puertas cerradas de su cuarto en casa. ¡Gritan y se desesperan pidiendo ayuda! Dibs se apretaba las manos. —Llamó y llamó al niño y el niño entró corriendo —dijo a la vez que colocaba al muñeco niño junto al padre—. del respeto y la comprensión que tan desesperadamente necesitaba. no dejé que se quemaran ni que se lastimaran. —Los salvé —dijo—. Corté aproximadamente esa medida de cinta y se la di. ¡Un niño estúpido. El padre estaba muy enojado y le dijo al niño que se fuera a su cuarto. tonto y descuidado! "¿Por qué hiciste eso?". profundamente inmenso en la escena que estaba representando.39 Dibs se levantó y caminó por la habitación. como tú sabes. y Dibs sonrió.. El padre gritó que el niño era un estúpido. Se levantó y fue rápidamente hacia la muñeca mamá y la trajo de regreso a casa. —El niño se deslizó fuera de la casa y se escondió —murmuró—. La llevó de vuelta hasta la casita y colocó a los cuatro muñecos en las sillas de salita. Esta había sido una hora dura para Dibs. —replicó Dibs. Voy a quitarla de ahí. el niño gigante los encerró. las cercas no me gustan. Dibs estaba todo tenso. . este niño gigante vio a la madre y al padre en la casa y oyó las cosas tan feas que estaban diciendo. —Ya no soy un bebé —dijo—. tomó la pala y llenó lentamente el agujero que había cavado antes. Las puertas cerradas en la tierna vida de ese niño le habían provocado intenso sufrimiento. y fue hacia el muñeco niño y lo llevó a la casa—. como él. ya no lo hacen. —¡Lloro! ¡Lloro! —me gritó—. que era más o menos lo necesario. está bien —dije. Observó con atención un tramo de valla que otro niño había construido a la mitad del arenero. privándolo del amor. ¡No. no! . —¿Te sientes otra vez como solfas sentirte cuando estabas tan solo? —pregunté. 161 —A menos que algunas veces quiera yo volver a ser un bebé — dijo—. Ya no necesito el biberón. —Los ayudaste. —Aquí. Así lo hizo. ¿Dónde hay cinta Scotch? Saqué un rollito. Según me sienta. mirando de modo fijo hacia el frente. Era tan grande que nadie podía lastimarlo —dijo levantándose—. la examinó. ¡La casa se está quemando! ¡La casa se está quemando! Los padres no se pueden salir de allí. . Vio entonces una muñeca rota en el estante. Regresó conmigo y me tocó la mano. —El niño los salvará —dijo. Sonrió débilmente. de repente. los salvaste —dije. que después pintó de amarillo. Cuando acabó regresó las crayolas a su caja. ya soy un niño grande. así seré. ¡Por esto lloro! —¿Lloras porque la madre y el padre están encerrados en la casa y no pueden salir y la casa se está quemando? — pregunté. —Entonces el padre dice. Quitaré el cerrojo a las puertas y los dejaré salir. No hizo comentarios sobre su dibujo. —Ahí está una cerca —dijo— y. 16 Cuando Dibs entró al cuarto de juegos sonrió feliz al mirar a su alrededor. ¡Los salvaré! ¡Los salvaré! —gritó—. —25 centímetros —dijo rápidamente. Después se arrodilló junto a la casita otra vez y tomó el muñeco padre. Se quieren salir de ahí. aire! —gritó—. —Antes me encerraban en mi cuarto —dijo—. sus sentimientos lo habían desgarrado sin misericordia. —De nada —repliqué. —Voy a arreglar esto —dijo—. —¿Ves lo que está pasando? —preguntó.. como si quisiera salvarlos. Las lágrimas corrían por su carita. —¡Entra.. Después regresó a la mesa y tomó la crayola negra y coloreó con negro sólido un pedazo de papel de dibujar. contra mí —sollozó. como me sienta. Abrió los brazos en un gesto expansivo. pero aquí le hablaré si me dan ganas. dejando solo un circulito blanco en la mitad de la hoja. Rápidamente quitó la valla de la arena. —Lloro porque siento otra vez el dolor de las puertas cerradas con llave. —¿Lo hacían antes? ¿Pero ya no? —Ya no —dijo Dibs dejando escapar un suspiro tembloroso—. Deveras. después lo dejó en la mesa y me miró fijamente. así es que regresó. Después tomó la pistola y la llevó hasta la mesa y una vez ahí la guardó en el cajón. Están encerrados en la casa y el fuego arde cada vez más y más. Pero la casa se quema y ellos están encerrados con llave y no se pueden salir. Lo abracé contra mí. Ahora abriré la ventana para que el aire fresco pueda entrar. Los dejó bien encerrados. que va a fumar su pipa y trae unos cerillos y enciende uno y este se cae al piso y el cuarto empieza a incendiarse. si tú lo quieres. Así es que decidió darles una lección: fue por toda la casa cerrando todas las ventanas y todas las puertas para que no pudieran salir. Entra y ven a estar con nosotros. Un sollozo rompió su voz. pero el niño no le contestó. Se levantó de la mesa y atravesó el cuarto hasta el lugar en donde había dejado a la muñeca hermana. Dibs volvió a mirar hacia la casa de muñecas. Cuando dejó el cuarto de juegos parecía haber dejado tras de sí los tristes sentimientos que ahí habla desenterrado. — Se volvió a sonreírme—: A papá no le gusta que le hable al aire.

. habla con las personas. nada más. —continuó Dibs—. en el sótano —dijo abriendo la parte inferior de la casa—. —dijo después de un largo silencio—.40 163 164 —Papá' dice que las personas solo hablan con las personas —recordó con un brillo malicioso en los ojos-.¿Hay muchos niños en la escuela. Como tú lo quieras. me dice. y poniendo la pequeña en la mesa. —Puedes controlarla —comenté. me pregunta. las cosas juntas hacen cosas divertidas. yo. —Hay niños en mi salón de la escuela. Esta era la primera mención específica de niños y niñas de su grupo en la escuela. Pero quiero decirle hola a la botellita y si lo quiero hacer.. puedes manejar el agua aquí en la forma que quieras. yo. cuatro campanadas del reloj. así será. Nosotros dos. Pero no podríamos ir por ella ahora. Puso de pie al papá y le apuntó con la pistola. algo especial solo para mí. ¡Esto es mío!. lo puedo hacer. Yo soy Dibs. puedo hacer cosas.. ¡Quiero que sea solo mío! No quiero que nadie venga aquí. —Sí. —dudó. ¡No quiero a nadie más aquí! —¿No quieres que venga otro niño aquí contigo? —insistí. —¿Echo esta pistola para afuera? —preguntó volviéndose a mirarme. — Estaría allí mismo debajo de la ventana —dijo.. si quieres que esto sea solo para ti y para mí. a menudo no le hablo. Lo escucho. — ¡No I ¡No! —gritó—. como una forma de venganza hacia las exigencias de su padre. y el sol está en el cielo y hay girasoles. yo.. puedo abrirla —dijo. si es que lo había. Quiero que esto sea solo para ti y para mí. Tomó una pequeña botella y la colocó dentro de una más grande.. yo no me vuelvo a mirarlo. No contesto —rió Dibs—. yo puedo hacer cosas! -exclamó—. Yo. —¡Ah.. Dibs pareció desmoronarse. yo.'á` —Sé los nombres. —Nadie querría venir —dijo tristemente. estaba logrando allí el niño.166 Dibs se encaminó a la ventana y miró hacia afuera. aquí. era la primera expresión de interés • en ellos. tomó otra. Empezó a jugar con el agua. —Pero si otro niño quisiera estar contigo y viniera. . Después fue hacia la ventana y se asomó. Parecía a punto de estallar en llanto. Fue hacia el lavadero y abrió la llave del agua a toda fuerza. alguien podría encontrarla y llevársela. y con el agua y los diferentes recipientes fue experimentando. llena de agua. sonriendo feliz. me estoy preparando. Me dio la espalda. los jueves —lo interrogué. no le contesto. que salpicó todo el cuarto. —Puedo hacer que el agua salga con fuerza o suavemente —dijo con mucha seriedad—. Colocó el biberón debajo de la llave y abrió el chorro con tal fuerza. —¿Crees que nadie querría venir? ¿Es por eso que dijiste que no? —No —musitó Dibs—. nadie vendría. . —Yo. —dijo lenta y deliberadamente—. Volteó a mirarme con ojos iracundos. ¿te diviertes? No le hables a la botellita. — Entiendo. Dibs casi saltó. Después se acercó y se quedó frente a mí. Esto es divertido. —Dibs. —. ¡Se enoja tanto! Regresó a la mesa. la botellita es solo una cosa. puedo hacer que el agua salga despacio o como un torrente: en la forma en que yo quiera.. Yo había pensado que en algún punto. No. Después dejó solo un chorrito. hola Carlos. —¡No! —gritó Dibs—. así es. Miró pasar un camión enorme. puedo hacer lo que yo quiera.. —Las cuatro —dijo Dibs—. pero no los quiero aquí con nosotros. puedo ser tan grande . puedo brincar fuera de su alcance. No había tenido noticias de la escuela y no tenía forma de saber qué progreso. —Bueno. hola Roberto. El hecho de hablar se había convertido en motivo de disgusto para ambos y Dibs era ya un experto en reprimir el habla. son muy interesantes. eso podría pasar. nadie me quiere. están Jack y Juan y David y Carlos y Roberto y 165 Jeffrey y Juana y Carolina. —Si lo hicieras no podríamos recogerla después —dije. —No digas ni una palabra. —Así es como quiero —dijo el niño—: que esto sea solo mío y que nadie más venga aquí. —Puedo cerrarla. Puedo hacer algo para que no me llegue. —repitió deteniéndose frente a mí—... puedo hacer que el agua vaya y venga. —Sí. —Hay niños en mi salón de clases —dijo después de una pausa larga—. Brincó hacia atrás y rió a carcajadas. abrió el cajón y sacó la pistola. "Sé que puedes hablar". Caminó hacia la casa de muñecas y revisó a la familia. o te disparo —dijo al muñeco— . te digo: hola Juan. Papá dice que yo debería hablar corita pero no lo. ¿verdad? . "¿Qué te pasa?". como todo el mundo aquí. Si no tienes cuidado. lo que yo quiera hacer. pero no le hablo. te voy a matar. No te atrevas a abrir la boca una vez más —hizo chasquear el gatillo—. Se hizo un silencio profundo entre ambos.Caminó por la habitación golpeándose el pecho. Puedo hacer experimentos. —Quieres a los otros niños. —Después podríamos no encontrarla —dijo Dibs—. quiero a Dibs. ¿cómo estás?.. yo. contigo? Sabes los nombres de algunos de ellos. ^hago. —"Buenos días". Hay muchos niños en mi salón de la escuela. El reloj dio cuatro campanadas. hay niños y niñas. —Lo sé. ¿verdad? —Sí. Yo.. y flores de las cuatro de la tarde. pero quieres conservar este tiempo solo para nosotros dos. Soy grande y poderoso. ni lo miro. puedo hacer esto y esto y esto. la llenó de liquido. de todos —dijo Dibs -. habla con las personas.. Tú eres solo para mí. yo puedo. —Sí. tratando de hacerle atractiva la idea. Colocó el juguete en la parte de abajo de la casa y cerró la puerta. inclinando la grande desde lo 167 alto. Y yo no digo nada. Dibs —dije—. —Esconderé la pistola aquí. Se volvió a mirarme. yo me quiero. ¡Hay tantas cosas diferentes! —Así es —dije. así será —repetí. a fin de darle la oportunidad de llegar a formar parte de un grupo pequeño. y eso lo molesta mucho. ¡Hola botellita!.. su cara iluminada por una sonrisa. volviéndose a mirarse— los quiero y quiero que me quieran. entonces no la tiraré. puedo. así es que decidí preguntarle qué le parecería la idea de traer a otro niño al cuarto de juegos para que estuviera con él. ¿querrías estay con él? —pregunté. Que hables con las personas. ¿te gustaría que viniera otro niño o niña y jugara aquí contigo. nadie va a resultar lastimado. a lo largo del camino podríamos tener unas sesiones de terapia grupal para Dibs.—¡A mí no me salpica! —gritó—.

Llegó a mi oficina con una ansiedad apenas disimulada. como cayeron. Pero ahora debo poner todo en orden y sacar los pinceles y colocarlos en su lugar. la manita de Dibs. —Puedes hacer sonidos y silencio —dije. y después vertió diferentes cantidades de agua en cada uno. —Queríamos que supiera qué agradecidos estamos —dijo—. pero algunas veces lo hace.. —Mira eso —dijo—. se despidió de mí con una inclinación de cabeza y se fue. Cuando salió. Regresó al escritorio y tomó el Pequeño Diccionario Oxford: —Viejo librito lleno de palabras -dijo-. y hay sonidos que yo no hago. Los ojos de ella se llenaron de lágrimas. Luego regresaré otra vez el jueves. y he puesto el pincel equivocado en cada frasco. sin orden determinado. 170 Ambas nos sorprendimos ante aquella espontánea expresión de Dibs.. Puso los frascos de pintura en el anaquel del caballete. ya no hace berrinches ni se chupa el dedo. están todas arrugadas. así es — dije. mundo —dijo—. Empezó a ordenar las pinturas y a componerlo todo. 168 169 —Ya veo. Se dirigió hasta los libreros y estudió cuidadosamente los volúmenes que había allí. todo equivocado. —¿Escuchas los diferentes sonidos? —dijo—. Hola. lo soy. Y tú. yo estoy completamente de acuerdo. también cuando algo se cae hace ruido. blanco: todos revueltos. la víspera. sin hacer un solo ruido. mamá. Pegó dos ex libris en el volumen. —¡Anda. hombre. regresaré el jueves próximo y me llenaré otra vez de felicidad. quizá tendría un amigo en la escuela. Y yo. así están todos mezclados. pero todavía no para otros. —Podemos pasarnos allá el resto de la hora si quieres —dije. es un hermoso día para el mundo exterior. tus galletas son muy sabrosas. la madre de Dibs llamó para pedir una cita. —¡Ah. a quien le echó los brazos al cuello. bueno. Huele bien afuera. —Hola. Fue hacia la ventana y se asomó. Escucha cuando toque el tubo. Había un paquete de ex libris en mi escritorio. probablemente es el primer batidillo que he hecho en mi vida. las sacó para mostrármelas. la espontánea expresión afectuosa de Dibs. hablo. en presencia de su madre se volvió a mirarme. cuando quiero quedarme quieto. te quiero! —gritó mientras la estrechaba entre sus brazos. —Lo recordará —dije—. Sacó algunos vasos. —Hola.. la diferente cantidad de agua en cada vaso hace que eso pase. —Adiós otra vez —dijo. 17 A la mañana siguiente. mundo —sonrió feliz. Escogió uno y leyó el título: Su niño se encuentra con el mundo exterior. recuerda: aquí todo está bien. El otro día estaba yo en la cocina horneando y me dijo: —"Veo que estás haciendo galletas. —Mira. así lo hice. los alineó. . y recuerda: solo yo. allí se detuvo y miró hacia mí. —¡Sí.. como el trueno. vamos a tu oficina. —¿Entonces cualquier modo está bien? —Aquí. he hecho un batidillo. —Cuando quiero ser un bebé. puedo serlo. Puedo hacer que cada vaso suene diferente. pondré dos más aquí: mi pequeño diccionario. no siempre. así es que ponlos en el orden correcto. cuando quiero ser un niño grande. sino que suceden. azul. Se echó hacia atrás para contemplar su obra y soltó la carcajada: —Así es que los mezclaste todos. —Está tan mejorado —dijo con un brillo de felicidad en los ojos y el esbozo de una sonrisa en los labios—. —Tú me entiendes —dijo con una sonrisa—. si no aquí. —Pronto será hora de ir a casa —dijo—. Sí. ¡Me conmovió tan profundamente! —Sé que estaba usted impresionada. Me pregunté si habría yo sembrado una semilla y si él podría sugerir que le gustaría traer un amiguito. a veces se me acerca para hacerme algún comentario por su propia iniciativa. también. puedo hacer silencio. Se acercó y acarició mi mano. —Sí —dijo—. —La quiero nada más para nosotros dos —musitó—. Quitó el chupón a la botella y bebió directamente. libro de palabras con pastas azules. Nunca antes lo había yo visto expresar un sentimiento tan libre como ayer cuando nos íbamos. creo que está empezando a sentir que pertenece a la familia ahora. lo que hice mientras él detenía la botella. había derrumbado sus estrechas defensas. Dibs. llegó hasta el fondo. Había tenido las manos metidas en el agua todo este rato. para luego correr de nuevo hasta su madre... amarillo. —Si quieres. allí viene mi amigo el camión! Permaneció observando por mucho tiempo. y fue colocando los pinceles también en desorden. Tengo ganas de visitarla. sí —dijo—. —¿Sientes que debes ponerlo todo en cierto orden? —pregunté. Nadie más que yo. y esta caja de hojalata: cada sonido es diferente. verde. ¡Ah. todo mal. A menos que estén todos revueltos. y me pidió que le pusiera el chupón a la botella. nos mira de frente y nos contesta casi siempre cuando le hablamos. Tomó una cuchara y fue tocando en cada vaso. y cuando me vaya estaré todo contento por adentro. las haces para nosotros": Nosotros. —¿Puedo abrirlos y usarlos? —preguntó. pinturas y pinceles —dije. la botella hace ruido.. que no parece ser el mismo niño. —¿Crees que deberían estar siempre en un orden determinado? — ¡Claro! —respondió sonriendo—. Después se dio la vuelta y corrió a todo lo largo del pasillo. gris. — Déjame enseñarte algo interesante—dijo. demuestra interés por lo que pasa en la familia y algunas veces juega con su hermana cuando ella está en casa. Después bebió y mientras lo hizo se quedó mirándome fijamente. me quedo quieto. puedo hacer toda clase de sonidos y también puedo quedarme tan callado. los tomó. camión —dijo suavemente—. hola. estrechando fuertemente con la suya.41 Rápidamente tomó el biberón y el chupón. Está empezando a demostrarme afecto. 171 172 . Me alegró poderla ver el mismo día. naranja. un batidillo todo revuelto. Dibs ha cambiado tanto. Hay 12 pinceles y 12 colores. sí! —dijo—. —Ahora tengo algo muy importante que hacer —dijo. está más calmado y más feliz. si tú quieres que esta hora sea solo para ti. equivocándose de propósito. después se recargó en la silla del escritorio y me miró con una gran sonrisa. arréglalos bien! —dijo como imitando—. — Adiós —dijo—. rojo. Se fue ansioso hasta mi oficina. ¿verdad? —Sí. violeta. Sonó el timbre anunciando que su madre había llegado. cuando quiero hablar. Hay una forma adecuada de hacerlo todo.

fíjese en el detalle yen la perspectiva. —Debe usted haber estado muy perturbada e incierta respecto a sus propios sentimientos hacia él —comenté—. Dibs acabó con todo para mí. pero ahora han cambiado y usted lo acepta y cree en el niño —corroboré. déjeme mostrarle algunos de ellos. a menudo. los resultados suelen ser. pero él salió corriendo del cuarto. me sentía responsable de su manera de ser. y sus dibujos son únicos. que tenga esta habilidad superior y poco natural? Aunque ahora me siento libre de ese temor: está empezando a portarse de manera más normal. y a las pruebas interminables. Me dirigió una mirada penetrante. probando. Fue entonces cuando aprendió a leer. Me tendió súbitamente un rollo de papeles que había traído con ella. Solía decirme que si yo me tranquilizaba y lo dejaba solo él emergería triunfante al final. juguetes educativos. Puedo decir esto. amenazó mi matrimonio. siempre. diciéndole lo que eran.. empezando a sentir que él es uno de nosotros. tenía que probarme que yo podía 73 enseñarle. nunca estuve segura. quitó la liga. Recuerdo que la primera vez que hablé con usted insistí en que Dibs era un retrasado mental. siempre probándolo. Ahora me pregunto qué habré hecho yo para causar este problema entre ambos. —Tenía que probarme algo a mi misma —dijo suspirando y sacudiendo la cabeza desesperadamente—. que él no haría tal cosa si no le significara algo. sintiendo semejante fracaso y. —Conseguí dos juegos de las letras del alfabeto. mientras se escondía debajo de la mesa. Miré los dibujos. Ha presentado flores. esperando y desesperando. Podía ver la prueba que quería: que bajo esa conducta peculiar había habilidad. y me los dio. y me dice el nombre de la pieza. ¿de qué sirve. Tiene una habitación llena de libros. mostrándole cómo hacerlo y diciendo lo que era cada letra. después las acomodé alineadas en orden y él se sentó a mirarlas un rato. tenía que probarme que él podía aprender. Su padre decía 175 que estaba yo loca cuando le dije que el niño podía leer. una y otra y otra vez. grabados. sabiendo que él regresaría a mirarlas si lo dejaba solo. le he hablado constantemente. son únicos. excepto cuando su abuelita venía de visita. ahora. siempre pasando a través de las cosas. le mostré cada una y le dije lo que era y el sonido que tenía. Me ha torturado la idea de que pueda ser un esquizofrénico. —No sé cómo pude haberle hecho esto —dijo estallando en llanto—.. esta no debe desperdiciarse. a la duda. después quité el segundo juego y le pedí que las emparejara él. Nunca tuvo paz. dudando de sí misma y de pibe. sus logros son algo de lo que debemos sentirnos orgullosos. escribir. ¿Por qué pasó todo esto? ¿Qué puedo hacer para ayudar a arreglar las cosas? Me he preguntado una y otra vez: ¿por qué. la conducta anormal que ella había provocado en Dibs había mantenido al niño apartado de su familia y de los otros pequeños y adultos que él había encontrado en la escuela. . con sentido. —Si —dijo—. y sin embargo era tal su conducta. desde el principio me sentí tan desorientada con él. que nunca supe cuánto le llegaba ni qué significaba eso para él. estudiar. y nunca pude saber si mi voz le llegaba. aceptación. escribir y deletrear. luego hice lo mismo. él se relajaba con ella. la perspectiva resultaba notable. —¿Cómo aprendió a leer? —pregunté. tiene álbumes que ha hecho de las diferentes clases de cortezas de árbol y de hojas. Los extendió sobre el escritorio frente a ella y los estudió: se volvió a verme con ojos preocupados. sentía que tenía que resarcirlo por todas las otras deficiencias que yo misma le había causado. Otra vez salió corriendo de la habitación y yo me fui. —Si —dije—. todo el tiempo. desastrosos. aun cuando se encuentre todavía confusa respecto al desarrollo total de Dibs. mi conducta fue compulsiva y completamente irracional. No creo que haya habido jamás un niño tan atormentado con las constantes exigencias de que pasara esta y aquella pruebas. no sé si usted ve alguna señal de las cosas que él sabe y que puede hacer: puede leer. tan completamente derrotada y amenazada. Eran desde luego poco usuales para lo que un niño de seis años puede hacer. —Todos estos logros significan mucho para usted. Uno de los dibujos era un parque con una vereda de rocas que daba vuelta hacia una montaña. es lo que me preocupa: tan extraña habilidad. pues yo creo que estoy.42 bueno. pero yo sabía que sí podía: yo misma le había enseñado a leer.. comprensión. porque ya no lo rechazo: Dibs es mi hijo y me siento orgullosa de él. —dijo a la vez que asentía vigorosamente—. Luego las quité y le dije que las volviera a poner como estaban. terminó con mi carrera. y me decía a mí misma. Me retiré un poco. explicándole todo lo que había a su alrededor. El ama la música. especialmente la clásica. y él haciendo siempre solo lo justo para mantener mi empeño. siempre dudando de su capacidad.. por qué? ¿Por qué nos agredimos tanto? Tanto. se llevaban bien.. teniendo que probar que podía. y si es así. yo había estado enseñándolo y probándolo y tratando de forzarlo para que se portará en forma normal. tomé las otras letras y las emparejé con las primeras. Volví a colocarlas en orden otra vez y puse la otra caja de letras por ahí junto. siempre. pero yo sabía que no lo era en realidad. cosas con las que puede aprender. ¿verdad? —definí. que ello casi destruyó a Dibs. y yo establecí entonces: —Ha sido muy difícil para usted admitir sus sentimientos hacia Dibs. y no podía soportar la idea de admitir que yo misma había hecho algo que causó sus problemas. pero ella lo aceptaba como era y siempre creyó en él. no podía admitir que lo había rechazado. no le hablaba mucho. Un Hiñó necesita amor. todo esto. que vienen recortadas. un tocadiscos. puede leer. sin qué hubiera un verdadero contacto entre nosotros dos. —Sí —replicó—. desde que tenía dos años. juguetes simples. lo detengo después de oír una breve parte. Si Dibs llene una habilidad superior. La tercera vez. —Muy poco comunes —dijo con voz apagada—.. Recuerdo cuando tenía dos años de edad. —Todavía me siento confundida por muchas cosas —dijo—. Lo observaba inclinado sobre lo que le bebía dado. puede identificar casi cualquier parte de cualquier obra. Sé esto porque ahora dice lo que es cuando toco una parte y le pregunto. me sentía culpable. A pesar de eso. materiales científicos. Esta madre había estudiado medicina y sabia que su diagnóstico podría ser acertado.. Me acerqué. había dibujado hasta el más mínimo detalle de los objetos. pongo un disco. animada solo por el hecho de que se quedaba lo bastante cerca para oír y de que miraba las cosas que yo le enseñaba. entonces él regresó: se quedó viéndolas fijamente. -No sé qué fue lo que falló entre nosotros. —Permítame enseñarle algo más que Dibs puede hacer 174 •a. Sus éxitos son muy importantes tanto para él como para mí. por qué. Muchas horas pasé tocándole esos discos. cuando estaba solo en su habitación. observando. una extensa colección de discos. le pregunto lo qué es. tratando de acercarme a él y no haciendo más que levantar un muro entre ambos. mi inteligencia parecía haber salido volando por la ventana. Yo no sé qué es lo que hace aquí en el cuarto de juegos. deletrear. Cuando se fuerza a un niño a probar que es capaz. pero yo no creía en eso. sin embargo. —Mírelos —dijo—. los desenrolló. cualquier libio o periódico que tome. queriendo compensarlo en alguna forma. Le he leído cientos de libros. se le destruye cuando se le 1 enfrenta al rechazo. afirmaba que ningún niño de dos años podía aprender a leer.

excluyendo el equilibrio de la vida emocional. Su voz se fue apagando hasta quedar en silencio. También la actitud y los sentimientos de su padre han cambiado. me siento orgullosa de Dibs: lo amo. deletrée las palabras. él nunca había querido hijos. que se logra muy poco. la frustración. —Las actitudes y los sentimientos cambian —dije—. frente a mí. lo hizo mi esposo. Ha sido un cambio gradual. usted ha nombrado algunos de ellos. emergiendo del aislamiento que él mismo se había impuesto. están cambiando. él tenía la culpa de todo. la descripción que había hecho de su vida con Dibs helaba les huesos. recortadas. tanteando el terreno. Esos eran nuestros sentimientos y no los podíamos tolerar. Nuestras suposiciones eran correctas: él había estado escuchando y aprendiendo mientras se arrastraba por las orillas del grupo. muchas veces resulta positivo que los padres asistan y cooperen en la solución de los problemas concomitantes. —Me alegra informarle que hemos visto un gran cambio en Dibs —dijo—. Esta vez no hice comentarios. —Me agrada desde luego saberlo —dije—. Hedda se siente inmensamente feliz. y muy pronto pudo colocarlas él solo en orden. buscaba entre sus discos y me traía el que le había pedido y lo ponía en la mesa. debería permanecer con él. debajo de una mesa o cuando se sentaba dando la espalda con aparente desinterés. su padre le leía. Nadie sabe cuántos niños son rechazados por esta circunstancia. después. A veces le decía: "Tráeme la palabra que dice árbol". Lo hice yo. y sentirme feliz por él? Recuerdo haberle dicho a usted que él me rechazaba. permaneció mirando hacia la ventana por mucho tiempo. sus propios padres estaban pasando por la misma experiencia.. para que yo pudiera concentrarme en Dibs —continuó en voz baja—. tuvo que ser más grande que yo. —Después conseguí ilustraciones de toda clase de cosas y le dije lo que cada dibujo era y formé la palabra y se la expliqué. Sucede. discos de juegos cantados. Ya nos contesta y. A ella la cambiaron al grupo de Dibs porque pensamos que como lo conoce tan bien. y ha hablado de sus emociones en el pasado. dando respuestas breves cuando se le preguntaba algo. Me pregunto si alguna vez podremos saldar la deuda que tenemos con él —Ha habido muchos e intensos sentimientos de problemas y congojas mezclados en esta relación —dije—. Seguramente algo de lo que yo había observado en el cuarto de juegos estaba sucediendo también en el salón de. la derrota. Afortunadamente para Dibs. a veces. No me hizo esperar mucho. era un bebé cuando empecé a empujarlo para probarlo. y la discusión que tuvimos sobre Dibs fue muy reveladora. Yo le decía: "Tráeme el disco del trenecito". Le compré muchos libros con láminas y con palabras. y demuestra interés por los otros niños. la mayor parte del tiempo. además. Luego seguí con los números y los aprendió muy pronto. pues. incluso inicia la conversación. siempre estaba probando cosas nuevas. no se mejora gran cosa. lo ha ayudado mucho. que un niño no es aceptado para la terapia si los padres rehusan participar y obtener ayuda para ellos mismos. pues entonces todos seremos más felices y estaremos más unidos. se quitaba el abrigo y el sombrero . a menudo. tranquilo. todas estamos muy contentas con él. supongo que usted ha pasado por eso. gracias a Dios así ha sido —replicó. Pensamos que a usted le gustaría saber esto.. su padre tuvo que admitir que Dibs ya leía. pero estamos encantadas. él era el culpable de todo lo que andaba mal entre nosotros. por eso me he sentido siempre tan preocupada por él. deletreando una palabra y colocando la ilustración debida junto a ella. Aprendió a manejar su tocadiscos y a leer los títulos de sus discos. emparejó las letras. Está contento.clases. y si todas estas vallas se derrumban —lo que ya está sucediendo—. aunque también había constatado la ausencia de una relación íntima con su hijo. Culpábamos a Dibs. sentí una oleada de ansiedad por saber qué me tendría que decir sobre la conducta que Dibs desplegaba en la escuela. Cuando llegaba por las mañanas devolvía el saludo. y la traía: cualquier palabra que yo le pidiera. pero cuando algo lo molesta vuelve otra vez a hablar como bebé. ¿Por qué no puedo dejar a Dibs ser solo un niño: ¡mi niño!. no solo Dibs. 179 180 Al día siguiente almorzamos juntas. Solía quedarse absorto ante sus libros. lentamente. había podido hurgar en sus sentimientos más profundos y salir de la experiencia con un conocimiento sólido y una honda comprensión de sí misma. de poemas.43 cuando lo dejé solo. tuvo que cambiar él primero. murmuraba mucho y me pareció que hablaba solo. Si no están dispuestos para una experiencia de tal índole. pudo haber destruido a Dibs. Pronto me imitó Dibs. Ahora no tiene que probarme su capacidad cada minuto que pasa: porque él ha cam177 biado. todos nosotros. Me pregunto por qué aún ahora pienso que todos esos adelantos son tan importantes. la postura de defensa de una persona que se siente amenazada puede constituir una barrera insuperable. ninguna de nosotras había dudado que el niño se daba cuenta de todo lo que pasaba a su alrededor. —Enviamos a su hermana al internado. Pero a pesar de todo esto nunca hubo un verdadero 176 contacto entre nosotros. habíamos levantado unos muros tan altos a nuestro alrededor. Empezó a aproximarse más directamente al grupo. al principio. el fracaso. con las letras. bueno. Nunca se equivocaba. pero también es verdad que muchos padres acceden a la terapia y luego se resisten tanto. ¿cuáles son ahora? —Han cambiado —dijo lentamente—. —Sí. quería quedarse con él también. ¿Por qué? ¿Por qué rechazó mis propios sentimientos? ¿Por qué temo ser una persona emocional? ¿Por qué he vengado en Dibs la tirantez que surgió entre mi esposo y yo? Porque eso es lo que pasó: creí que el papel de madre no interesaría ni retendría a un hombre tan brillante. parecía imposible que el niño hubiera mantenido su integración y su sensibilidad. 18 Cuando Miss Jane me habló el lunes. ¿Podríamos reunirnos en alguna forma para que me cuenten los detalles de los cambios en su conducta? ¿Podrían usted y Hedda almorzar conmigo uno de estos días. de cuentos. Después de un tiempo. y él iba. eso es leer. a la escuela de mi tía. Probablemente porque se había aceptado tal como era y porque no se sintió amenazada como madre. o traía objetos a casa y le explicaba en detalle lo que eran y los dejaba para que Dibs los examinara después. ante ese cuadro. haciendo lo que los otros niños hacían. Habla muy bien casi siempre. Dibs había ido. No solo estaba Dibs encontrándose a si mismo. le traje cuentos pequeños y se los leí una y otra vez. pues la presión que había soportado habría sido suficiente para empujar a cualquier niño a refugiarse en un retiro de silencio. se lo diré a Hedda. !pobrecito!. Se refiere a sí mismo como "yo". Rechazamos. Esta clase de explotación de la habilidad del niño. además. sus padres tenían suficiente sensibilidad hacia su hijo aun para cambiar respecto a la comprensión y el evalúo de los adelantos realizados por el niño. y algunas veces. Ella se había probado a sí misma que Dibs podía aprender las tareas impuestas. todas las evidencias que revelaban nuestro error: la culpa. para cambiar impresiones? —Nos encantaría —dijo Miss Jane—.

desde luego. en el guardarropa. Se corta el pastel y se les reparte. Cuando lo trae o viene por él ya muestra una actitud más agradable. feliz cumpleaños a mí!" Después. es mi cumpleaños. parece estar tratando con todas sus fuerzas de ser un individuo y un miembro de su grupo.. yo también. con palabras impresas debajo del dibujo de cada objeto. y cuando cantamos Feliz cumpleaños. Algunos de nuestros niños están empezando a leer. la conversación. Hay demasiados niños superdotados que se desarrollan en forma dispareja y que terminan mal. refugio contra un mundo que le inspiraba temor. Dibs empezó poco a poco a obedecer instrucciones y pudo producir en mejor forma lo que se pedía.a dibujar. dibujos simples! ¿Por qué estaba Dibs trabajando por debajo de su capacidad? ¿O eran estos los indicios de su ajuste a un grupo de niños de su propia edad? —¡Y lee! -exclamó Hedda con entusiasmo—. el niño la toma de la mano y se va con ella de buen grado. en sus mundos solitarios. Cuando fue hora de reunirnos en el círculo. no negarlas. Dibs está empezando ya a participar en la lectura. que una exhibición de su habilidad para leer. querido Dibs. y los niños hacen referencia a estas. ¡Oraciones pedestres. problemas de desajuste personal y social. o dibujar que iba más allá que la de cualquiera de los niños de su grupo? ¿Qué ventaja hay en los elevados logros intelectuales. los dibujos típicos de un niño de seis años: la casa primitiva. hasta se nos ha `olvidado que los hacía —dijo Hedda—. siempre es el primero en el grupo. la habilidad que demostraba en el cuarto de juegos y en su casa. se ve más contenta con Dibs. a menos que uno quisiera hablar de su habilidad desperdiciada. Me dio los papeles. y luego traemos el pastel con las velitas encendidas. lo fue pasando. con una gran sonrisa al tiempo que decía: "¡Es mi cumpleaños. Tuve el cuidado de aceptar solo aquello que él me quería dar. además. el día que anunciamos que era el cumpleaños de Dibs no sabíamos lo que él haría. los otros niños: tan ocupados en sus propias tareas que generalmente aceptaban lo que Dibs hacía. a leer. Dibs había vivido en dos mundos durante demasiado tiempo. Antes. pero eran una extraña contribución de quien. Creemos que la actitud de su madre hacia él ha cambiado muchísimo. contamos un cuento. ellos lo habrían evitado y lo habrían aislado. —Pues bien. pero lee tan bien como cualquier otro niño del grupo y está haciendo el esfuerzo. —¡Qué tiempo que no hace un berrinche!. luego se dirigía al caballete a pintar. eran muy simples. . de un soplido. luchando con las palabras. inseguro. o para suponer. Es un niño muy interesante —comenté—. ¿Pero por qué había hecho Dibs estas pinturas cuando era capaz de producir trabajo mucho mejor y más complicado? Estas podrían ser las pinturas de cualquier niño de su edad. que le fueran provechosas. nunca lo 'forcé. pero en esta etapa del juego. aquí están algunas de las cosas que escribe. Cantó: "!Feliz cumpleaños. en ellos Dibs había escrito con grandes trabajos: Veo un gato. él solo. en formas que iban mucho más allá de las de los niños que estaban a su alrededor. y cuando llega su turno las lee despacio. ¡Es un chico muy interesante! —Sí. Desde luego que el entusiasmo de las maestras 182 183 de Dibs era muy importante . se sienta con los otros niños.. o el viento. Y si Dibs hubiera empezado a hablar. Hedda rió y sacó un rollo de las pinturas de Dibs y lo desenrolló para mostrármelas. pues podía significar varias cosas. Los colores vivos y brillantes. Iba acercándose gradualmente a los otros niños. me tomó de la mano. para animarlo a hacer más. Empieza con movimientos torpes. —Debería verlo bailar —dijo Hedda—. observé las palabras que tan torpemente había escrito Dibs. pero generalmente bien. como para que alguien de nosotros esperásemos una integración inmediata y completa. concentrándose siempre en su trabajo como si fuera a producir una obra de arte. Dibs ya se encontraba junto a mí. Yo te veo. se me acercó. podrían sentirse descorazonadas e insatisfechas con el progreso realizado por el niño. yo tenía la impresión de que leía mejor de lo que lo hace. en sus otras actividades. 181 —No es ningún artista —dijo—. se ofrece para ser un elefante o un mono. Pero aún había camino que andar. Se sonríe con los otros niños y con nosotros. se había convertido en una barrera y en un. Los niños cantan Feliz cumpleaños y el de la fiesta se pone de pie junto a mí y junto al pastel y apaga las velas. cuando cortó el pastel. Está en un grupo de lectura. al sentirlo diferente. Inteligencias de tal superioridad crean serios. pero al menos está trabajando. Pero social y emocionalmente. lo ayudamos. hoy cumplo seis años!" Las maestras estaban contentas con Dibs. Presa de la mezcla de sentimientos que luchaban dentro de mí. las flores. ¿no era el ajuste social y personal más importante para Dibs. escribir. nos hace felices cada paso que da hacia adelante y sentimos que disfruta sintiéndose miembro del grupo. y cuando alguno quiere escribir un cuento. y el comentario me sonó débil e inadecuado. otros de ellos leen bastante bien. de auto-protección. Es necesario hacer frente a todas las necesidades básicas del niño y ofrecerle desahogos adecuados y equilibrados para la inteligencia superior. su capacidad intelectual se había empleado para probarlo. Las maestras condujeron al grupo con gran destreza para que no hubiera un foco de atención súbita concentrado en Dibs. de plato en plato. Se sabe todas las canciones y participa en la banda de ritmos. Su habilidad no estaba en duda. Después de todo.. a escribir. Miré las pinturas. la música. me habló brevemente. moviendo su silla más y más cerca del grupo para escuchar los cuentos. el factor más importante del desarrollo de ese niño era su progreso social. si no se pueden aprovechar en forma constructiva para bien del individuo y para el bien de otros? —Así es que ustedes piensan que Dibs está progresando dentro del grupo —dije. estaba alcanzando nuevos horizontes que eran fundamentales para su desarrollo total. . Veo un perro. Ahora. y así lo hicieron también. aunque lo celebrábamos de igual forma. y la oportunidad de participar siempre estuvo ahí. para ayudarse con la ortografía. nunca participaba. Me propuse reconocer en forma amable todo lo que hiciera o dijera. —Repartidas en el salón tenemos tarjetas ilustradas. No lo obligamos a hacer nada. Dibs debería aprender a aceptarse como él era. en su casa. eso fue lo primero que hizo. Hay clases para niños de este tipo. sin comentario. Había sido una conducta defensiva. —El cambio más notable lo tuvo el día que celebramos su cumpleaños —siempre celebramos el cumpleaños de cada niño con un pastel— nos reunimos en un círculo. pero la conducta de Dibs 184 todavía no era lo suficientemente madura para recomendar que asistiera a ellas. se mueve con gracia y ritmo. había sido su aislamiento. podía ejecutar dibujos y pinturas que iban mucho más allá de lo común en niños de su edad.44 cuidadosamente y los colgaba en su percha. Cuando lo cambiaron a nuestro grupo. de más aceptación. Si yo les dijera que él podía trabajar mucho mejor que eso. y usar sus habilidades. El informe me había confundido. los árboles. Tenía yo la certeza de que Dibs habría de manifestar eventualmente. respondiendo algunas veces a las preguntas. él lo hizo más fuerte que ninguno de los otros niños. —También traje algo de su otro trabajo —dijo Hedda—. pero cuando ha pasado el primer momento.para él. —Le encanta la música —dijo Miss Jane—.

Luego hice un cenicero con barro y lo cocí y lo pinté y se lo di a papá. no me importa qué es lo que quieres. Regresó hasta donde estaba la grabadora y la echó a andar nuevamente: 189 —Había una vez un niño que vivía en una gran casa con su madre y su padre y su hermana. aquí siempre es un lindo día. ¿Puedo grabar algo en ella? Como no había inconveniente le dije que sí. pero antes sí lo era. Es bueno tener árboles cerca de nosotros. que era algo así: "Yo soy el viento. quiere que todo esté en silencio y no quiere al niño. pero un buen día se unió al círculo y se ofreció para bailar. Inventó una danza que fascinó a los otros niños. soy el viento. "Eres un hombre ruin". él es malo conmigo. no me odies!" Pero el niñito le dijo: "Voy a castigarte a ti. —"Malvavisco" es nuestro conejo y es un conejo muy lindo. lo que no es muy agradable para el pobre. muy malo —nuevamente dio el nombre completo de su padre y su dirección—. Su búsqueda del yo era una experiencia tediosa y atormentada que le iba proporcionando mayor conocimiento respecto a sus sentimientos. escuchándola con una seria expresión en el rostro. "!Te odio! ¡Te odio! ¿Me oyes? ¡Te odio!" Y el padre empezó a llorar. Regresó a seguir. La apagó nuevamente y me sonrió. —Esto es solo de mentiritas —dijo—.. hablé y se grabó. ¿Qué sigue de cuatro? Sí. sus actitudes y sus relaciones con aquellos que estaban a su alrededor. Pensamos que por fin Dibs se había encontrado a sí mismo y que ahora era uno del grupo. Miss A. grabadora. estoy aquí en la oficina con Miss A y hay una grabadora aquí y estoy hablando en ella ahora. No te quiero cerca de mí cuando actúas de ese modo. Guarda silencio cuando estés en casa. Enrolló la cinta y la tocó desde el principio. estúpido. No quiere que yo esté cerca de él. así es que decidimos dejarlo a su elección: es más. Y soy Dibs. dos. Y un día el padre llegó a casa y fue a su estudio y el niño entró allí sin tocar. un viento amigo. dicho objetivo y la confianza en sus recursos psíquicos eran imperativos.. "Por favor". ¡Haré que te vayas a tu cuarto y te encerraré con llave para que no tengamos que escuchar a un hombre estúpido y gritón! Dibs desconectó la grabadora y fue hacia la ventana. bueno. Habla Dibs —dijo—. —No sabíamos cómo habría de sentirse Dibs acerca de esto ni cómo habría de reaccionar. el número de su teléfono. Puse una cinta en la grabadora. un viento que no puedes ver. Dibs se encontraba en el buen camino. Es un científico. trepo. En la escuela le hice un secante y se lo di. los nombres completos de todos los miembros de su familia. doblo los árboles y muevo al pasto. estúpido hombre. escúchame bien. se puso a cantar.. Habla Dibs. Este soy yo. comprender. después. Apagó la grabadora y se me acercó. Fue un cuento que el grupo había hecho. la conecté. .. y luego escuchó la cinta hasta el final. Después siguió grabando: —Habla Dibs: odio a mi padre. tres. Déjame poner la grabación para ti. tres. No me quiere. sonriente—. ¿Quién quiere ser el árbol? ¿Quién quiere ser el viento? ¿Quién quiere ser el sol? Usted sabe cómo se hacen estas cosas. pero yo no diría que ya se había encontrado a si mismo. Pasó varias veces el trozo con los gritos del padre. Ahora. Apagó la grabadora y se me acercó. Es un hombre muy. -En días pasados realizamos una actividad artística —dijo Hedda. Dibs. Cuando estoy en la escuela leo y escribo y cuento. —Bueno. Cada día lo planeábamos de modo diferente. Siento mucho todo lo que he hecho. Volvió a echar a andar la grabadora y empezó a hablar ante el micrófono. a la mitad de la danza. —Esa era mi voz —dijo—. Nadie puede detenerme. y le mostré a Dibs cómo operarla. —A papá no le gusta que lo manden a su cuarto —me dijo—. y controlarse mejor. actuando e inventando las palabras y la música. Yo esperaba que en el cuarto de juegos habría de encontrar experiencias que lo ayudarían a conocer y sentir las emociones dentro de él. Dio su nombre completo. Tú vas a capturar y a guardar mi voz. pero lo tenemos en una jaula. Esto será solo para nosotros dos. atado con un listón rojo. papá! ¡Te odio! ¡No me vuelvas a encerrar o te . Los niños acordaron que él debería ser el viento en ese programa y Dibs aceptó e hizo su papel muy bien. Fue otra vez hacia la ventana. optamos porque cada niño del grupo decidiera si quería tomar parte o no. es un hombre muy ocupado. escogió ser el viento: se fue soplando y meciendo por todo el salón. Yo voy a la escuela —dijo el nombre 187 188 del plantel y la dirección-. durante su juego para saber. y hay niños en mi salón y voy a decirte sus nombres —dijo los nombres completos de las maestras y de todos los niños. No estábamos seguras de que Dibs estuviera listo para este tipo de experiencias. es papá! ¿Qué te propones al azotar la puerta. puedo contar ocho árboles o alguna parte de ellos.. grabando. haré una grabación muy larga y la guardaremos para siempre. hay maestras en mi escuela. De repente. vamos a escucharla. Voy a decirles quién es para que tengan cuidado con él. —¿Hiciste algunos regalos para papá? ¿Y esta historia es de mentiritas? —pregunté.. Sin duda quedaban todavía muchos sentimientos sumergidos que Dibs no había desenterrado de su pasado. ¿cómo cuento? Uno. delicada. incluyendo a su abuelita. ¡Por favor. soplo. enrolló la cinta. la atmósfera a su alrededor debía ser tranquila. Haces demasiado ruido. optimista. Hemos llevado a cabo muchas actividades de este tipo y Dibs siempre nos ignoró. Parecía haberse olvidado del público. cinco. 185 En realidad. ¡Ah. Pero soy el viento". cuatro. trepo. creo que hasta me quiere ahora. trepo las montañas y muevo las nubes. y luego dejamos que el grupo decidiera quiénes habrían de tener los distintos papeles el día que lo hicimos en el auditorio. Fue en el salón de asambleas para los niños del grado inferior. cuatro —los números salieron lentamente y con dificultad—.no necesito decir que nosotras también. y cada vez resultaba distinto. y el niño no lo quiere a él. —He visto que tienes una grabadora —dijo—. nada más estoy inventando un cuento acerca de papá. te ayudaré. —Ya no es malo conmigo —dijo—. —Si —contestó—. gritó el niño. —Sí. —¡Te odio. papá? Eres estúpido y descuidado. dos. que cualquier odio o temor que aún estuvieran allí pudieran salir a la luz y disminuir. 19 Cuando Dibs llegó a la siguiente cita me preguntó si podía pasar la hora en mi oficina. —Yo soy Dibs y quiero hablar —añadió—. y escuchó la grabación. sobre la marcha. su dirección. Volvió a tocar su dramatización. Todavía había un trecho que andar. Ahora. inventó la letra y la melodía.45 Dibs estaba profundamente implicado en la búsqueda de su yo.. "Lo siento mucho. de tal modo. no le gusta que lo llamen estúpido. —Desde esta ventana puedo ver algunos árboles —dijo—. Tomó el micrófono ansiosamente y la echó a andar. —Oigo a alguien que entra —continuó—. No quiero verte más por aquí. —Hace un día lindo afuera —dijo—. ¿por qué es siempre un día lindo cuando estoy aquí? —¿Te parece que siempre es un día lindo cuando vienes aquí? —pregunté. Es uno. son tan altos y tan buenos amigos. Después del cuatro viene el cinco. Voy a deshacerme de ti". La apagó. dijo. hasta cuando hace frío o llueve. los niños estaban sorprendidos y encantados. ¡Qué te parece! ¡Qué listo eres al poder contar así! —Dibs se aplaudió. así es que fuimos a mi oficina. soplo.

y va a este lugar tan peligroso y busca la montaña que ha enterrado a su padre en esa prisión y el niñito empieza a cavar y a cavar y a cavar. después los llevó de regreso a la casa de muñecas y los colocó juntos. Es interesante hacer notar que las expresiones de venganza y odio se expresaron más abiertamente y en forma directa y completa hasta que Dibs se sintió más seguro de la relación con su padre. Siento mucho haberte herido. Almorzamos en el coche. Y no hubo ni una palabra de enojo. — Guarda esto —me dijo—. —Así que el niñito abre la prisión y saca de ahí a su padre. —Sí. no solo ofreció a Dibs información acerca de océanos y ríos y corrientes. —Ese es el padre. Y lo tuve. ¡Siento mucho todo lo que te hice! ¡Ah. Nos fuimos hasta Long Island y vi el océano. en una banquita. —Hoy hablé a papá —dijo suavemente. construyendo la prisión para el muñeco padre. dice que lo siente mucho. que tengas un día agradable". Levantó la tabla y se asomó por el único agujero. aquí está la hermana —exclamó. Dibs regresó hacia la casa de muñecas y tomó al muñeco niño.. arroyos y estanques. Después empecé a construir un castillo en la arena y él me preguntó si me podía ayudar y le di mi pala y estuvimos cavando por turnos. me cuida. —¿Lo estás castigando por todas las cosas que solía hacerte y que te hicieron infeliz? —dije. te necesito". —Hoy hablé con papá —dijo. Tomó la pala y empezó a cavar hasta llegar a la cárcel. —El niño rescató a su padre y el padre se arrepintió de todo lo que había hecho y que había herido al niño --asentí—: dijo que amaba a Dibs y que lo necesitaba. Se sacudió la arena de las manos y nuevamente se fue hacia la ventana por la que se asomó en silencio. nada más quería yo darle una lección. Tomó también al muñeco niño y se quedó estudiando a ambos. como si nunca antes hubiera visto a la muñeca—. Después se dirigió a la casita y se trajo al muñeco padre. no quería yo dejarlo encerrado y enterrado. —El niño oye a su padre pidiendo auxilio y corre para ayudarlo — dijo mientras corría de regreso al arenero con el muñeco niño. me lastima y me da . papá. lo arrojó en la caja de arena y le pegó con la pala—. antes? —pregunté. en vez de hacerlo por su lado. este es Dibs —dijo levantando al muñeco para que yo lo pudiera ver—. cantando esta —dije—. y bajó su periódico y me dijo: `Buenos días. ¡pero voy a castigarlo de todos modos! —¿Aunque ya no es malo contigo quieres castigarlo de todos modos? —pregunté.pequeña sonrisa que animaba su cara. solo dejarlo libre. —Y ni una palabra de enojo —repetí. por favor perdóname! Estoy muy arrepentido. sino que tomó sus turnos con la pala y ayudó al hijo a construir el castillo de arena. ríos. —Sí —dijo Dibs—. ¡Ahí está! —anunció Dibs—. Voy a hacer una prisión para ti con un gran cerrojo en la puerta. solo que le pondré veneno y la envenenaré y ella se irá para siempre jamás. Después Dibs se dirigió hacia mí y pasó mi brazo alrededor de su cintura.. Dáme otra oportunidad. —Te comprendo. Papá y yo caminamos por la orilla del agua y él me contó todo lo que pasa en el océano y lo de las mareas y las diferencias que hay entre los océanos. voy a hacer que se coma un poco de budín de arroz. a la isla —dijo Dibs—. —¿Quién te comprará cosas y te cuidará? ¡Soy tu padre! Por favor no me hagas daño. que tú también tengas un día agradable. voy a castigarlo. ¿Sí? ¿Y de qué hablaron? —pregunté. Se volvió a mirarme. Dibs se volvió hacia mí. Sacó los cubos de madera y empezó a forrar el agujero con ellos. Después me pregunté por qué habría de dejarlo salir de su cárcel y dejarlo libre. —Papá nos llevó a la playa el domingo en el coche. —El es mi padre —dijo—. pero estaba fría y no me quedé mucho dentro. Tuve un día muy bueno hoy. Caminó por la habitación. pensativo. —¡Te castigaré por todo lo que me has hecho! —gritó Dibs. —Ya vez. Caminó por la habitación sonriendo feliz. Después tomó la muñeca niña.46 mataré! ¡Te mataré de todos modos! ¡Por todas las cosas ruines que me hiciste! Retrocedió la cinta. —Algunas veces grita y araña y. —¿Tenías miedo de él. Me gusta la idea. estaba en el desayunador terminando su café y leyendo el periódico. —¿Entonces decidiste dejarlo libre? —Sí. acabaremos con esto de una vez por todas. fue un viaje muy lindo a la playa y también de regreso. Pasamos al cuarto de juegos y Dibs brincó en el arenero y empezó a cavar allí un gran agujero. ambos nos iremos de vacaciones. espero que me gusten mis vacaciones de este año. y la cubrió con la arena. solo querías darle una lección —comenté. 191 Siguió paleando la arena y el muñeco padre se quedó enterrado en su prisión. Y está muy arrepentido por todo lo que hizo antes. —Sí —contestó Dibs—. con una . ¿No te parece una muchacha malcriada? Voy a librarme de ella. Dejó al muñeco padre en la arena y vino hacia mí. Ya no me quedan muchas veces por venir antes de que nos vayamos de las vacaciones de verano. Ni una. pero lo estoy castigando por todas las cosas queme hizo. Dice: "Te amo. Dibs. —Pasaste un buen rato con tu padre y tu madre —comenté. me acerqué a él y le dije: `Buenos días. Dibs. estábamos felices y mamá se la pasó sonriendo. —Aquí es donde hice una prisión para él y aquí lo encerré y lo enterré con la arena. —Sí. -¡Por favor. lagos. 192 —Bueno. —Antes tenía yo miedo de papá —dijo—. unas tres veces más. y luego me dije que lo dejara libre. —¿Tienes algo que decir? ¿Estás arrepentido de todas las cosas malas e injustas que dijiste? —preguntó con dureza al muñeco después lo sacudió. Regresó al arenero y siguió construyendo su prisión. guárdala en su caja y consérvala solo para nosotros. por favor ayúdame. —¿Quieres librarte de la hermana? —comenté. Me agradó escuchar que las experien 193 cias con el padre eran más satisfactorias.. fue muy agradable. era muy malo conmigo. —Vaya. y me la dio. Cuidadosamente levantó al muñeco padre. y abuelita piensa pasar el verano con nosotros este año. Luego colocó al muñeco padre dentro de ella. La guardaré y la conservaré solo para nosotros —respondí. hoy". la quitó de la grabadora. acomodó una pequeña tabla sobre la parte superior. —¿Quién cuidará de ti? —gritó. luego. Trabajaba rápidamente y con eficiencia. Dibs sonrió con una feliz expresión de alivio. me metí un rato al agua a chapotear. 20 —¡Aquí estoy otra vez! —exclamó Dibs cuando entró en la sala de espera al jueves siguiente—. —Nos iremos allá lejos. —Está bien. no me hagas esto! —gritó haciendo la voz del muñeco padre—. que me hicieron triste y desdichado. Te vas a arrepentir de todas las cosas malas que me hiciste. estoy tan arrepentido! ¡Por favor Dibs. —Ya no es malo conmigo —dijo Dibs—. 190 —Quiero ir al cuarto de juegos —dijo—. Se encaminó hacia el arenero y se sentó en el borde.

Fue por la muñeca a la: que había identificado como la hermana y la arrulló en sus brazos. —Ese es mi plan —dijo—. porque estaré vigilándote cada minuto. ¿qué hiciste después con él? 199 —Todavía está en la escuela —dijo Dibs-. llevaré todo a casa. de veras. Acercó el biberón a los labios de la muñeca. y la. El año que entra va a venir a vivir aquí. y entonces nos peleamos. nadie puede construir una montaña. Nadie puede construir una montaña. —¿Sí? —Hice un libro para mamá hoy en la escuela —dijo--: como le gustan las flores recorté unas de un catálogo de semillas. Después cosí las páginas con estambre verde para formar el libro. ¿Por qué es él así? ¿Qué he hecho para merecer tal cosa? Me construyes esa montaña y no me digas que no puedes. te enseñaré una y otra vez hasta que aprendas. me llama para que la ayude —dijo mientras contemplaba a la muñeca madre.. te voy a dar el biberón y eso te consolará. Papá dijo que cuando estaba en la librería vio este nuevo libro para niños y pensó que realmente me gustaría y sí. Luego la llevó a la camita. hermanita? —dijo cariñosamente—.. a papá le estoy haciendo un pisapapel. tengo ahí muchos tesoros. Me da un cubo o una pieza del mecano.—Vas a ayudar a la hermana —comenté. —Comprendo. y no trata de tirar todo lo que construyo. Después agregó otros colores a la mezcla.le gusta quedarse encerrada en su cuarto? ¿Te está pidiendo ayuda? —pregunté. ¿No te da vergüenza? Llevó a la muñeca hasta el arenero. —¿Y a ti qué te parece eso? —pregunté. El domingo le leí un cuento. venga a quedar con nosotros. frente a sí. meció suavemente en sus brazos. y la cubrió tiernamente.. —¿Mamá no puede? ¿Y los bebés tampoco? ¿Significa demasiado trabajo? —pregunté. Pero no está mucho en casa. cuando estoy jugando con mis cubos y mis trenes y mis coches y mi mecano. Y a veces juego con ella.. Esa escuela es de mi tía abuela.. —Todavía no se lo voy a dar —dijo—. Algunas veces yo le pego y la rasguño. puso un poco de pintura en este.. Cuando ya tenga algo para cada quien. . pero ya no nos peleamos tanto. —Eso es muy interesante. voy a cuidarla.. la acomodó allí con sumo cuidado. —Una gran tormenta podría venir y llevárselos a todos dijo. pero no está mucho en casa. para todo hay un modo correcto de hacer las cosas y un modo incorrecto. y va a ir a la misma escuela a la que yo voy. Abuelita cuida al bebé. no dejaré que te lastime nadie. esperaré y lo pensaré bien. ¡Y tienes que hacerla! Dejó caer a la muñeca madre en la arena y fue hacia la ventana. los bebés no tienen que tener miedo. Se volvió a mirarme. —Bueno. y ella trata de arrebatármelos y romperlos. Yo voy a cuidar de ti. lo chupó mucho rato. Fue hacia la mesa y empezó a jugar con el barro. yo te cuidaré. me agradó bastante.47 miedo. Pobre hermanita. —¿Qué le has hecho al niño? —preguntó con severidad—. bebé. Tendrá que construir la montaña y construirla bien. —Ya pronto vendrá el verano —dijo—. —Ella trata y trata. es la historia de la electricidad.. estuvo en casa el fin de semana que acaba de pasar. porque no le gusta quedarse encerrada en su cuarto. —¡Ahora me vas a construir una montaña! Te quedas aquí mismo y la construyes. Sin embargo. ¿Por qué no haces lo que se te dice? Si gritas y lloras te encerraré en tu cuarto. que estaba en el arenero. Voy a enseñarte cómo. algunas veces jugué con ella. después me miró. —¿Por qué no construyes esa montaña? —gritó Dibs nuevamente—. a abuelita le voy a dar un trocito de mi rama de mi viejo árbol favorito. creo que estoy contento de que ya se. Mamá no puede construir la montaña y los bebés no pueden construir montañas. ¡Y lo harás del modo correcto! Fue hasta la mesa y tomó el biberón. ¿no? 195 196 —Sí —dijo Dibs—. ¡y que quede bien! El niño se quedará para ver que hagas bien las cosas. —No soy más que un bebé. Le dije que ella debería prestar atención y aprender todo lo que pudiera. 198 —¿De v era s? —Solo que no quiero —dijo Dibs suavemente—. —¿Quieres hacer algo para cada miembro de tu familia? —Sí. ella dijo que no le parecía muy interesante. 197 —¿Así que ese es veneno para la hermana y cuando se lo coma ese será su fin? Dibs asintió. pero primero tengo algo que hacer. Después se quitó el biberón de la boca y lo dejó en la mesa. debe haberse sentido muy sola allá en la otra escuela.. Alguien tiene que cuidarme y seré un. —Este es veneno para la hermana —dijo—. pero a mí sí. ya pronto se va a quedar allí y va a pasar con nosotros el verano. mientras me miraba con ojos solemnes. —Es muy difícil hacerlo. pero no la dejo entrar en mi cuarto. Se dirigió al caballete y tomó un frasco de pintura y un vaso. como pasaba antes. —Pues me da igual —dijo Dibs—. luego las pegué en papel de colores y escribí sus nombres debajo de cada una. —replicó Dibs—. —¿!Has tenido miedo. no quiero dejar a nadie sin regalo —dijo—. y todos en la casa pensamos que ya es hora de que vuelva con nosotros. añadió un poco de agua y mezcló ambas con cuidado y lentamente. —Sí —respondió--. Hedda dijo que amanecieron muertos esta mañana. —Algunas veces ustedes dos se pegan y se rasguñan el uno al otro. A mí me pareció una historia muy emocionante. no puedo hacer nada. Ya no me molesta como antes. —¿Así es que piensas hacer un regalo para cada uno deellos? . ¿Qué le has hecho? Eres una estúpida y te he dicho lo mismo una y otra vez. no quiero que el viento se los lleve. tiene miedo. aunque se trajo el biberón a la mesa y lo siguió chupando. porque no.. —Dos de nuestros pescaditos de la escuela se murieron hoy —dijo—. ¡Dios mío!. pero la obligaré a hacerla. era un libro nuevo que papá trajo a casa para mí. voy a dejar que vengas a mi fiesta.. quietamente. —¿Está ella tratando de construir la montaña y tiene miedo. —¿Y qué tal estuvieron las cosas? —pregunté. —¿Y a ti te alegra que regrese a vivir en casa? —Sí. algunas veces se acerca y juega conmigo. —Si —dijo Dibs. no sabemos qué les pasó. moviendo sin detenerse. Caminó hacia la casa de muñecas y tomó a la muñeca madre. ¡Dios mío!.. y estoy tratando de pensar en algo para Dorothy. Ya tiene cinco años. —dijo Dibs encogiéndose de hombros—. así es que mejor ten cuidado. solo que no puedo decidir qué haré para mi hermana. voy a hacer algo para papá. iré a la playa a divertirme. Permaneció en silencio un largo rato. pensará que es cereal y se lo comerá y ese será su fin. no estuvieron mal..

Estaba planeado para realizar pruebas de personalidad. las casas y los camiones están llenos de torrentes de ruido. hay una Segunda Avenida. estaba ahí para que él lo usara si quería. Todas éstas son plantas que están creciendo. —Esta es la iglesia. todos los árboles tienen hojas. Se arrodilló junto a la casita de muñecas y les cantó suavemente.. voy a ponerlos a todos alrededor de la mesa del comedor para que puedan estar juntos. ven acá. creo que quizás estaba triste. había lágrimas en sus ojos y le corrían por la cara y lloraba. en las orillas de la ciudad hay una granja. el material consistía en muchas figuras detalladas. podía condenar y: perdonar. es un cuarto feliz. Me acarició la mano y sonrió. ¿Dónde están? Aquí están. hacer nada que dirigiera sus actividades hacia algún material determinado. y aquí hay un hospital y un garaje. —Ambos estaremos lejos de aquí. y aquí 'hay un hotel. para que haya seguridad. pero yo no lo iba a utilizar con Dibs para ese propósito. aquí está todo lo que necesito para hacer mi mundo —dijo Dibs. —¡Pues vaya! ¡Esto es muy interesante! —exclamó—. en miniatura. voy a ayudarte. Había un profundo sentimiento de seguridad dentro de él. hablándome en voz muy baja. —Sí. Tomó tiernamente a la muñeca madre y la acunó entre sus manos. Te iré contando la historia que iré haciendo mientras tú la vez crecer. —Voy a ponerla otra vez en la casa con la familia —anunció—. es uno de mis tesoros —dijo. Luego. coches y empezando a alinear todo para formar las calles—. Ahora pondré una barda alrededor del aeropuerto. mira! Estos son letreros para las calles!. escondida. —Se acercó a mí. están en línea esperando que las ordeñen. así es. en el agua. volviendo a vivir experiencias pasadas que lo habían herido profundamente. —Sí. ese será el hospital. estiró los brazos y sonrió. una casa y un camión. estas cosas de la ciudad. setos. tendría libertad para utilizar de manera más positiva su capacidad y sus emociones. voy a poner: estos barquitos. todas estas casas están una junto a la otra y hay personas que viven en ellas. Pensé que a él le interesarían las figuritas y que si decidía jugar con él. los árboles y los setos. es el ruido de la ciudad. porque las personas tienen que tener tiendas. 203 siempre no —volvió a guardar la escuela en la caja—. Y Dibs. para los enfermos. pero también había tenido en él momentos amargos. y esta es una reja y este es un seto. aeroplanos y otras cosas por el estilo. eso es lo que dice este letrero. aquí mismo pondré el parque. camiones. una iglesia grande y blanca. escogió una iglesia. Estaba aprendiendo control responsable y cómo expresar lo que sentía. lo pondré aquí en la Primera Avenida. y los que abrigaba. coches. Las casas van levantándose una tras otra. Estaba aprendiendo. grande y ruidosa. 201 202 Dibs extendió la sábana. la gente! Una ciudad tiene que tener gente. esta es una ciudad entera. no. Aquí está el siga y aquí está el alto. ¡Ah. ahora hay tres aeroplanos en el aeropuerto. no puedo cantar esa canción. A través de este conocimiento de sí mismo que iba en aumento. cuando hurgaba entre sus sentimientos. No. estaba construyendo un sentido de responsabilidad hacia sus sentimientos. podía odiar y podía amar. —Así parece —comenté. Esta es una ciudad entera. si quieres —dije—: hay una sábana que puedes extender en el piso y esas tiras azules son para representar el agua. Este dice Segunda Avenida y aquí. y navega por él hacia arriba y hacia abajo. edificios. Ahora hacen falta unas tiendas. estas personas no van a la iglesia. —¡El hermoso verano lleno de hojas! Ahora. son gentecitas y edificios y animales. luego se sentó en el piso junto al material. y este es un semáforo. Dibs estaba formando un concepto del ser. pues esta es una ciudad en verano. en el verano —dijo. Aquí hay una casa bonita y va a estar en el lado sur de la calle. Y estas son cosas de la ciudad —dijo tomando casas. hay vecinos. 200 —Sí. esa canción es solo para abuelita. su manejo le resultaría interesante. Aquí. dónde pondré el hotel? Lo pondré aquí. y este aeroplano está volando por t todo lo alto —dijo. a través de la experiencia. Lo observé mientras colocaba cuidadosamente a la familia de muñecas alrededor de la mesa en el comedor de juguete. todas van hacia el granero. buscó cuidadosamente entre las figuras. o. ¿Qué es? —Puedes construir un mundo con ellas. y enfrente de él pondré el puesto del periódicos.. pondré algunas vacas aquí —las alineó—. —Desde luego. —Quizás estaba triste —dije. Al entrar vio de inmediato el estuche que contenía el material y lo abrió rápidamente. animales. todos reciben cartas. aquí está la escuela. Ya solo quedan dos jueves más después de este —dijo. ¿Qué estás haciendo aquí tan sola? No tienes que construir una montaña. y ahora colocaré los setos. de odio y venganza. y todos son amigos. y necesita un parque. El barco está aquí en el río. —Se inclinó sobre la caja y sacó más figuras: —¡Ahora. —las palabras terminaron abruptamente—. y esta es una callecita tranquila. tiene una bolsa llena de cartas y como vez va por todas partes y se detiene en todas las casas. —Este es un cuarto de juego maravilloso —exclamó—. Tomó la diminuta iglesia blanca. ¡Ah. —Construiré mi mundo —dijo feliz—: me gustan estos pequeños edificios y la gente y todas estas cosas. en forma agradable y amistosa. Se sentó sobre sus talones y me miró. Tal vez podrías venir a hacerme otra visita en el otoño. todos en hilera a lo largo de la avenida. —Este hospital es un edificio grande. Yo no pensaba sugerirle que lo usara. Dibs. —Nos reunimos aquí juntos para pedir la bendición del Señor. tenía la cabeza levantada. al estar ahí de pie frente a mí.. — Algunas veces lloraba. árboles. Esta puede ser una ciudad de juguete. si quieres — dije. —¡Pero mamá! —gritó—. Ahora. —Te voy a echar de menos —dijo—. así será. me va a hacer falta venir. Ahora. Sí. Regresó al arenero. mientras buscaba entre las enredadas ramas de sus sentimientos confusos. que los sentimientos pueden torcerse y darse vuelta y perder sus agudas puntas. ¿Dónde. Fue hasta el caballete y pintó grandes manchas de color brillante en el papel. y aquí está el cartero —levantó la figura para enseñármela—.. y huele a enfermedad y a medicina y es un lugar triste. se habían templado con la misericordia. esta es otra casa. puedo construirla del modo que yo quiera. con estos árboles y estos arbustos. los colores están todos contentos y están todos juntos.48 —A abuelita le va a agradar eso —dije. —Tenemos algo nuevo aquí. otras casas acá. 21 Me habían prestado un "juego del mundo" para pruebas y estaba en el cuarto cuando Dibs llegó a la siguiente semana.. hasta Dibs recibe una . aquí está una carretera que llega hasta el aeropuerto y el aeropuerto está cerca del agua: pondré aeroplanos en el aeropuerto. de personas. al tiempo que lo sosenía jugándolo en el aire. desde luego. una iglesia para Dios y para la gentecita. mira todas estas cositas! — exclamó mientras buscaba con viveza entre ellas—. dos más y luego vienen las vacaciones de verano. ¿Me echarás de menos? —Sí. te extrañaré. Había sido a veces un cuarto feliz para Dibs. en Nueva York. —Esto quiere decir felicidad —dijo mientras su pincel repartía los colores—.

e imaginación en su diseño. Aquí hay unos borreguitos y unos pollos. —El camión de volteo viene por esta calle y el semáforo dice alto pero cuando el policía lo ve venir da vuelta a la señal para que diga siga y el camión sigue feliz su camino. Después va al hospital para que los enfermos y los heridos reciban cartas también y. mirándome. un perro viene por la calle y el policía da vuelta a le señal para que no tenga que esperar y. 205 —Aquí está la casa —dijo. para que se vea bonita. va solo hacia el río. —Aquí está un policía dirigiendo el tráfico. pero ya no lo hago. las gentes van y vienen. Y cuando salió del cuarto de juegos tema una ligera sonrisa. -Papá sigue aún muy. y había construido un mundo bien desarrollado y pleno de significado. pobrecito niño tan solitario. indicando una de ellas—. dijo que yo estaba ya fuera de peligro. aquí está el cartero: ha estado calle arriba y calle abajo repartiendo el correo. Regresó a su ciudad y se dejó caer en el piso. había manifestado un conocimiento responsable. integración. voy a ir a la peluquería a que me corten el pelo. tengo una ciudad para construir. muy ocupado —dijo—. No: va calle abajo y sigue y sigue hasta que llega justo frente al hospital. siga. casas. Va por arriba. Dibs estaba . sonrió. su programación demostraba clara inteligencia. ¿Ves? Y el bote es un lugar seguro. El niño se subió. tenemos que tener una escuela. y dijo que yo estaba bien. —Este chico va por el otro niño —explicó—. Antes gritaba yo mucho y armaba un escándalo. te digo que hay vida en esta ciudad. I Dibs había hecho un mundo bien organizado. Dibs interrumpió aquí su juego y permaneció abstraído durante un rato. aquí está una cocinera vaciando la basura. lleno de personas y de acción. junto a ella. —Soy un constructor de ciudades —dijo—. . esta es una calle muy frecuentada. contemplando el mundo que había construido. una vez mordí al peluquero. a todos. y esta mujer va a la tienda. Se acercó a la mesa y se sentó. Dibs se volvió a contemplar el mundo que había construido. hay un gran árbol en el patio de atrás. y este hombre viene por la calle. —Supongo que es porque ya estoy creciendo —dijo Dibs—. y en ese río vive un lagarto. pero la luz siempre es la roja y papá no se puede mover. las atractivas figuras en miniatura lo habían interesado. está llegando a casa. Mira mi ciudad. —Yo también me lo. —El carro de los bomberos tiene que salir porque la casa se está incendiando y las personas se han quedado arriba. —Pues ahí está y está mero enfrente del hospital. Se quedó un rato largo y platicó con mamá. . se quedará en casa. esto es para el bien de todos.49 carta solo para él. —Veamos. había habido de por medio sentimientos hostiles expresados en forma directa ante los conceptos de madre y padre. Gritan y se desgañitan y no pueden salir. Cuando llegó la hora de irse. y esta es de solo un sentido. —¿Así es que ya no le tienes miedo? —comenté. Pero aquí está papá tratando de llegar a casa y tiene que detenerse porque el semáforo dice alto. Esto dice Escuela Número Uno —dijo mientras sacaba la escuela de su caja—. Dibs se levantó y cruzó la habitación hacia el juego de clavijas y golpeó estas vigorosamente. vaya Dibs. Papá se detiene y no se puede mover hasta que el semáforo diga siga. Hay muchos coches pasando por las calles y también pasa un carro de bomberos. hacia la ciudad. siga. le tenía yo miedo. una comprensión del todo. y esa era tu madre. y allá a lo lejos hay animales en una granja fresca y verde. así el perro sigue feliz su camino. y aquí está una gran víbora. Hay muchos árboles alrededor. aquí está un taxi que va a esperar a los que llegan entren. esta niñita. Había propósito. es un árbol especial. el gran aeroplano que en el cielo escribe en círculos Pepsi Cola para que el azul brille a través de los huecos. 206 —¿Hiciste eso? —Sí. hay personas que vienen de visita y todos se sienten contentos al verlas. Dibs detuvo su actividad y contempló su mundo. iglesias. Después de colocar a los dos niños en la barca. !Mira! —gritó—. Esta niña que está aquí. observando la figura de la madre. —Aquí están los niños y su madre —dijo—. va por arriba de la ciudad. alto. pero ya no le tengo miedo. Tal vez vaya a la carnicería a comprar carne. 204 Dibs se quedó en silencio mucho tiempo. una escuela para que se eduquen. Tomó otras figuras del estuche. Colocó otro niño próximo al que ya estaba junto al río. El niño se acerca más y más al río. un mundo lleno de gente amiga. De repente tomó el carro de los bomberos y lo hizo pasar veloz como una saeta por la calle. Alto. pregunto —dije. su padre y su hermano. Escogió todas las pequeñas figuritas necesarias y las colocó en los diferentes sitios del ámbito que estaba construyendo: había creado un mundo lleno de personas. al dejar a papá inmóvil en su mundo de gente amiga. Las cosas se mueven. viven juntos en una granja en una casa amiga. el granjero sale a ver. Súbitamente. los adultos. los dos muchachos se suben juntos al bote y son amigos. Me pregunto a dónde irá. ¡Quién sabe qué habrá querido decir con eso! Cuando salga de aquí hoy. pero papá se quedó atorado a media calle por un semáforo que no le permitió llegar a casa. Voy a poner a toda la gente en la ciudad. colocó más letreros en las calles de su ciudad. antes eran muy buenos amigos. y este aeroplano está volando por el cielo. ¡Mi mundo! He construido mi mundo y es un mundo lleno de gente amiga. Suspiró. haciendo los ruidos respectivos. Después. se quedará en casa con su madre. coches y gente y animales y tiendas. y aquí está la madre bajando por el camino. Alguien está escribiendo muchas cosas a máquina en esa oficina. una gran ciudad llena de gentes todas amontonadas. como Nueva York. ese era tu padre. así como de los detalles de los conceptos. esta barda no deja que los aeroplanos se salgan y vayan a lastimar a alguien. pero debo terminar mi ciudad. El camión va hacia el aeropuerto. ellos quieren que se quede en casa para que no se sienta sola. el doctor Bill estima mucho a mamá. las cartas. aquí está un niño. hay víboras que viven en el agua. todos los coches tienen que hacerse a un lado para que pueda pasar —empujó coches y carro hacia arriba y hacia abajo de las calles. bajando por la calle. todos parecen muy asustados pero ya no están en peligro —se rió suavemente para sí mismo—. Voy a poner todos los árboles y los arbustos y las plantas alrededor. con casas y personas y animales. Hago una ciudad. es el padre. Algunas de las calles son de dos sentidos. cuando eso pasa sonríen por dentro. el niño está vadeando el río ahora y no sabe lo del lagarto y lo de la víbora. pero llegan los bomberos y echan agua. más cerca del peligro. —Tengo unos juguetes nuevos para jugar —dijo-. pero el otro niño es su amigo y le gritó que tuviera cuidado y que se subiera a un bote. Me pregunto por qué está allí parada junto al hospital. pues los niños deben tener una escuela a donde ir. el doctor Bill vino a ver a mamá el otro día.• Una vez más. ¿Dónde están los niños? ¡Ah!. y esta otra va a la iglesia a cantar una canción pues es una buena mujer. —¿Eso dijo? —Sí. las ciudades necesitan árboles que les den Sombra amistosa.

Dibs. es una cárcel de un sentido. Como puedes ver. —¿Ves estas dos casas? —preguntó—. y dijo indicándolas: —Esta es tu casa y esta es mi casa. esta la hermana. mi abuelita amiga. —Esta es la casa de abuelita —dijo. Dibs. frente a la casa de Dibs. Capturaré y mantendré mi voz en esa cinta. pero esta iglesia está cerca de nuestras casas. esta es abuelita. Dibs —dijo—. distribuyó las otras figuras por toda la ciudad. no tienes para qué usarlas. Se asomó por la ventana. Tarareó una cancioncita. compartimos la iglesia y compartimos la escuela. suspirando profundamente.50 creciendo. Hizo otra pausa larga y después apagó la grabadora. Esta es una casa y esta es otra. compartimos la iglesia. que me gusta mucho estar allá. —Yo también te voy a echar de menos. pero la cárcel es toda mía. hay una cruz hasta arriba de la iglesia que sirve para decir direcciones. —Hay automóviles estacionados allá afuera —dijo—. 210 —El domingo acostumbro quedarme en casa —dijo—. Alrededor de toda tu casa hay flores y árboles y pájaros que cantan. dejándose caer en el piso junto a ella y empezando a mover algunas de las figuras. — Vámonos al cuarto de juegos —dijo—. Mi papá. todas las puertas y todas las ventanas están abiertas de par en par. está entre y atrás de nuestras dos casas —dijo—. —Si. —Estas son las. Dibs sacó el material y empezó desde luego a construir su ciudad. Te voy a echar de menos —dijo. 207 208 —Estás grabado. —¿Tienes la cinta que grabamos? —Sí. al padre. Habla Dibs. hay árboles y flores y pájaros cantando todo alrededor. accionó ruidosamente ponlas calles algunos cochecitos de ida y venida. vamos a estar en la playa. voy a pasar el verano lejos de aquí. —Pues mira. a la hija y al hijo. —Déjame verla una vez más. este es el padre. Jack decía que el domingo es un día sagrado. así es. Después buscó entre las figuras y escogió a un hombre: lo estudió cuidadosamente. es fría y solitaria. junto al océano. Súbitamente se levantó y se paseó por la habitación. y esta es la madre. el domingo es un día nada. frescos. pero en la playa no habrá ni uno. y aquí está la escuela. ¿Me recordarás siempre? -Sí. Se sentó ante mi escritorio y me miró con una mirada seria. Pero este edificio de aquí es la cárcel. ¿Puedes ver la cárcel? —preguntó levantándola y mostrándomela. —Esta es la calle de la cárcel —dijo—. aunque voy a extrañar mucho venir aquí. estamos en el verano y hay muchísimos árboles. no hay barda ni seto entre tu casa y la mía. pero regresó a su ciudad. 22 Cuando Dibs entró para pasar su última sesión antes de las vacaciones de verano. lejos de otras casas amigas y lejos de la iglesia. detrás de mi casa —dijo mientras la movía un poco para que quedara centrada entre las dos 209 casas—. Ahora el padre está parado junto a tu casa sin saber qué hacer. la hermana ya se fue ahora. Yo soy Dibs —hizo una larga pausa y después repitió lentamente—: yo soy Dibs. Extendió los brazos como si fueran ramas de un árbol y se meció suavemente en el viento que imaginaba. Esta niñita está con su padre. arrojando a la muñequita de regreso a su caja. Tú eres mi vecina. i' Fuimos al cuarto de juegos. no hay árboles alrededor de ella. Después escogió cuatro edificios y con gran cuidado los ubicó en su lugar. Después la preparó para la grabación adicional. esta es mi voz grabada e n l a c i n t a . —Sí. quizás sea una última visita después del verano. —¿Puedo poner más palabras en la cinta? —preguntó. la mía es toda blanca y verde. y no hay manera de regresar una vez que te han metido en ella. quiero. está hasta acá. Este edificio es una cárcel y este otro un hospital. y aquí está el cartero trayéndole a Dibs una carta. —Esta es mi última visita al cuarto de juegos —dijo ante el micrófono—. en una calle de un sentido. el agua es tan azul. a ti las cárceles no te gustan. y todas estas casas y personas empiezan a moverse. y este el niño. —¿Lo guardarás para siempre? —preguntó—. jugaré en la arena. puedo verla. esa es la grabación que hiciste. Colocó las casas una junto de la otra. esta es mi voz. —Este es un niño grande. —Sí. Tú no tienes nada que ver con las cárceles. ha sido muy agradable conocerte. Se levanta y se paseó por el cuarto. la hermana y la madre van a la cárcel. Parecía estar un poco alterado. ya veo. me preguntó si podía estar parte de su hora en mi oficina. compartimos las campanas. —Quiero ver si mi nombre está en la tarjeta de tu archivo. Su nombre aparecía en la tapa. —Es una cárcel que solo tiene entrada —dijo Dibs—. Habrá muchos árboles en el campo. y ambos escuchamos la música de la iglesia. Dibs se rió. hasta el campo. —Hay demasiadas personas en la ciudad —anunció Dibs-. levantó a la madre. Colocó rápidamente los edificios y los árboles. llenos de hojas para que el viento pase soplando entre ellas. verdes. no puedo ver a ninguna otra persona ahora por esta ventana. Buscó entre los edificios y escogió la pequeña iglesia. Su oficina está en el primer piso de la cárcel. se van a las afueras. Pusimos la cinta en la grabadora y escuchamos la parte que había grabado anteriormente. has hecho hablar a esta cinta. aquí está la cárcel que queda frente a mi casa. pero yo sí. —Si tú quieres. Vine al cuarto de juegos y ahí hice muchas cosas. su nombre estaba ahí. Saqué la cinta del gabinete y le di la caja. y los contempló sosteniéndolos entre sus manos. Escucharé las olas. Quizás en él otoño regrese. —Sí. Voy a quitar al niñita de aquí y a poner el Dibs grande —dijo mientras cambiaba las figuras y luego colocaba una de mujer. —En el verano voy a irme de la ciudad. personas. =Sí. la hermana ya se fue. en la calle—. y este niño es Dibs. esta la madre. Y hay un gran castaño en mi patio de atrás. siempre te recordaré. la puso detrás de su casa. como no hay árboles alrededor de su casa y a ella le gustan mucho. y papá va hacia ella. la tengo. Dibs ha crecido ahora y . extendiéndose por el campo. y tienes también una casa muy bonita. colocándola—. por tu casa. va a la cárcel. porque yo nonecesito una hermana —dijo. —Aquí está la iglesia. Me gusta la grabadora. Ahora. a esta cinta que conserva mi voz. —Este es mi último jueves —dijo. Lo hizo así.. tendrá que caminar hasta mi casa para poderlos disfrutar. quiero jugar con el "juego del mundo" otra vez. mi buena abuelita. creo que es Dibs.

muchísimo. voy a estar fuera todo el verano. tú te irás lejos y yo también. Estoy en la primera fila. en la mañana. Entró con paso feliz y brillante sonrisa. vive aquí con Dibs. pero yo le expliqué que usted regresaría hasta octubre. podría aprender a aceptar y respetar a otras personas de su mundo. sí —dijo Dibs—. este soy yo y este también soy yo. irán peleando. viven todos juntos en una casa: la madre. en septiembre. los ojos chispeantes. y abuelita va a pasar todo el tiempo con nosotros y cuando regrese. feliz. extrovertido. esté haciendo bien —colocó la figura cerca de la iglesia-. chocando con los coches porque hay muchos en su camino. en realidad no necesita más tratamiento. llámala y dile que la quiero visitar una última vez". ¿Quién es ella? Pues es Miss A. dijiste que Miss A estaría de regreso para entonces. Hay setos y plantas en todo el rededor. ansiosa por saber qué experiencias había tenido esta familia durante el verano. Había ido en busca de un yo que pudiera reclamar para sí con orgullosa identidad. a hacerles frente y a controlarlos. Se me acercó. lo recuerdo. —Creo que podremos arreglar eso —respondí—. hay tantas cosas maravillosas aquí. cada plantita verde la ayuda. y aquí estoy. luego. asustado. les preguntó qué estaban haciendo y si les gustaba su trabajo. y la madre también -soltó una carcajada—. '—Quería yo verte una vez más —dijo—. Esta mujer que está aquí va caminando por la calle. suspiró: —¡Ah qué lugar tan maravilloso y feliz! —dijo. 215 216 Se advertía un cambio patente en él. Y estos hombres van a la guerra. ya es el primero de octubre. Tomó el muñequito al que había designado como Dibs y la figura del Dibs adulto y las sostuvo en sus manos. no tiene madre. Me supongo que siempre habrá guerras y peleas. —Sí. Por supuesto que yo no estaba demasiado ocupada para ver a Dibs otra vez. quiero venirte a visitar. y había emergido con otros. La madre se cayó en el río. tiene amigos en la escuela. se van a la playa y están felices. pasará mucho tiempo antes de que regrese. ¡no es cierto! —aclaró—. Cuando salí a la sala de espera a encontrarlo se precipitó hacia mí y me tendió la mano para estrechar la mía. y se relaciona con todos nosotros muy bien. No volvió a mencionarla sino hasta 'el primero de este mes. La llamé. Entonces me dijo: "Madre. ya están casi a una milla de distancia. Con esta confianza y esta seguridad. -Mi casa y la de Miss A siguen separándose. Estas cuatro personas son una familia y deciden hacer un paseo juntos y así lo hacen. que es Dibs chiquito. en su juego simbólico había derramado sus sentimientos lastimados y lacerados. Es muy temprano. todavía surgían de vez en vez. el niñito ya desapareció. se veía tranquilo. va a la iglesia. Amo a los pájaros. pero este niñito. se detuvo en el centro de la habitación y miró a su alrededor. viene a mi casa. nada más un padre que le compra las cosas que necesita pero que la deja sola mientras se va a trabajar. entre Sammy y Freddy. madre y hermana. y viene a su casa a visitarla. —Nos diremos adiós hoy —dijo suspirando—. la abuelita llega también y los cinco juntos están muy contentos. hemos pasado un verano estupendo. mi retrato está ahí. pero se pudo escapar sin daño. seguridad y valor. Dibs es tan grande como papá y más grande que mamá. los libreros. Movió las casas lentamente. separándolas. que crecen para hermosear la ciudad. Ya no sentía temor por ser él mismo. —Ya veo: tú eres Dibs chiquito y Dibs grande —comenté. y espero que pases un verano muy feliz. vamos primero a tu oficina. de fuerza y seguridad. tranquilo. Se detuvo a hablar con las secretarias que se encontraban en la oficina exterior copiando y trascribiendo récords. 211 —Hoy recibí mi Memoria anual de la escuela —dijo Dibs sonriente—. —Dibs quiere una visita más —dijo—. pero ya no ardían con odio o temor. —Ha estado maravilloso —dijo—. había encontrado un sentido de dignidad y de respeto propio. las sillas. 212 Dibs se inclinó sobre su ciudad y movió la cárcel. fijé la cita para el jueves siguiente. —Aquí está Dibs chiquito y Dibs grande —dijo—. nunca podré decirle lo felices y agradecidos que nos sentimos. Había aprendido a comprender sus sentimientos. Colocó a la hermana y a Miss A juntas a un lado de la casa. así es que si está ocupada dígamelo y yo se lo explicaré a Dibs. son mis amigos. ahora empezaba a construir un concepto del yo que estaba más en armonía con la capacidad que poseía: estaba logrando la integración personal. el carro de los bomberos viene bajando por la calle. se había convertido en una persona por derecho propio. —Has disfrutado al estar aquí. Había intercambiado al pequeño Dibs inmaduro. el primero de septiembre me dijo que deseaba visitarla una vez más. es una historia acerca de mi casa y del gran árbol amigo que hay afuera de mi ventana. lo llevan al hospital y se está derritiendo. y ya no tengo miedo. Levantó los ojos y me miró. pero Dibs grande es grande y fuerte y valiente. Dibs había llegado a pactar consigo mismo. está feliz.' aunque salió muy mojada y muy asustada. Eso hicimos. —Muchos pájaros vienen a visitar el árbol y yo abro mi ventana y platico con ellos. 23 Regresé de vacaciones el primero de octubre y encontré varios mensajes esperándome. ¿Te acuerdas de lo que te dije del gran árbol amigo? —Sí. ¿verdad? —comenté. sí. Después están estas dos casas. ya no estaba 213 sumergido bajo los de miedo e ira y odio y culpa.51 creo que está tan grande como papá —midió cuidadosamente las figuras—. . los archiveros. Estaremos de vacaciones. y ahí adentro viene una historia que yo escribí. Había gracia y espontaneidad en sus movimientos. y luego cuando el padre de su oficina regresa a casa la regaña y entonces la hermana se va a vivir con los cerdos. se está encogiendo y haciéndose cada vez más chiquito hasta que desaparece del todo —dijo mientras sepultaba la figura en la arena—. —Y aquí está una mujer caminando por la calle. uno de ellos era de la madre de Dibs. y la hermana es ahora la niña de Miss A. por un concepto de sí mismo reforzado por sentimientos de suficiencia. tiene que quedarse en casa. y la hermana vive aquí con su padre. la tuya y la mía empiezan a moverse poquito a poco y se van separando cada vez más. no parece ser el mismo niño. y el Dibs grande va a la escuela. Pero ahora hay algo más que debo hacer: tengo que sacar a mi hermana de la caja y decidir qué voy a hacer con ella. el padre. —La semana que entra me voy —dijo—. la hermana y el niño. aunque ya no hay incendios. les digo que vayan a California o a Londres ' o a Roma a cantar canciones y hacer feliz a la gente. Así es que por eso la llamo. con una gran sonrisa. Les preguntó si estaban contentas y les dijo que deberían estarlo. los mando alrededor del inundo a diferentes lugares. todos se sienten seguros y contentos. y está muy enfermo. —La cárcel está junto a la casa de Miss A ahora y ella dice que no le gustan las cárceles y se la lleva lejos y la entierra en la arena y ya no hay más cárcel para nadie —dijo mientras enterraba el edificio en la arena—. '—Grande y fuerte y valiente y ya no tiene miedo —dije. ya no tiene miedo. Pondré bardas de protección alrededor del aeropuerto. Habla todo el tiempo. la imprimieron en el anuario de la escuela. Corrió por toda la oficina tocándolo todo: el escritorio. Los sentimientos de hostilidad y venganza que había expresado hacia su padre.

deliberadamente? —Si —dijo Dibs—. En realidad. te lo digo. No hay nadie en esta caja más que tú y yo. — ¡Ah. —Fuera de esta ventana vi el mundo —dijo—. ¿Tiraste las tarjetas de todos los otros? —preguntó. —¿No solo te dan ganas de hacerlo. —Hola.—Hoy es un día hermoso —dijo mirando por la ventana—. Empinó el frasco y la pintura se derramó lentamente por el piso. biberón. y se dirigió al caballete. Dibs la miró.—Pequeñas gentecitas para jugar. ventana por la que se asoma el cielo. —¿Si? ¿Hacerlo así nada más. me sonrió. —Lo chupó un rato: —Yo fui bebé ya otra vez y me encantó el biberón. —¿Ya no necesitas el biberón y ahora lo has eliminado? —Sí. y riendo a carcajadas. esa pintura amarilla nunca me gustó y me hace sentirme bien el haberla derramado toda y haberme librado de ella para siempre. tres. había escrito tres líneas: "Tal como tú dijiste que lo querías. Dibs se recargó hacia atrás en la silla y se quedó mirándome por un largo rato. me gusta librarme de ella. querido biberón reconfortante: cuando te necesito. dime: ¿hay acaso alguna razón por la que la pintura solo deba usarse para pintar? ¿En un cuarto de juegos? — me preguntó—. ¿podemos ir allá' y caminar alrededor de ella y entrar a verla? —Creo que sí— dije.— Leí este mensaje para él. después me la dio. la tomó y la archivó con nuestras otras dos tarjetas. Doblado sobre la tarjeta escribió cuidadosa y meditadamente algo. querida señora del maravilloso cuarto de juegos". —Sí. y esta es una ventana muy apropiada para asomarse a verlo. —¡Libros! —dijo—. veo a otros niños. ¡Vámonos! ¡Vámonos! ¡Vámonos! Entró con precipitación al cuarto de juegos. i —Botella para bebés. entierra cosas. tarjetas. y tú. abrió la llave a toda fuerza y se echó para atrás viéndola salir y riendo alegremente. —Adiós. hace muchas cosas. Tal como dijimos que lo queríamos". —¿Qué es lo que no entiendes? —pregunté.52 —¿Cuáles son?— pregunté. Subimos . adiós. —Eso los hará felices —dijo. Escribió algo en la parte de atrás de la tarjeta y me la dió. —¿Qué cosa? —Me gustaría derramarla toda en el piso. no eres una mamá. 219 Fue hacia el arenero y cavó allí vigorosamente. . Después que la leí. aunque en realidad no importa: tú eres la señora del cuarto de juegos maravilloso. abrió los cajones como queriendo abrazarlo todo. ¿están ustedes mezcladas? Sí. si quieres —rió—. exactamente. dos. es algo muy notable. —A ver. —"Adiós querido cuarto con todos los hermosos libros. sonriendo ampliamente. —¿No es eso lo que querías? —pregunté. Se inclinó y olfateó el aire. —Quiero ir a ver esa iglesia —dilo—. ¿verdad? —Otro niño vendrá al cuarto de juegos —dije. —Entierra cosas. —Sí. —¡Agua. cuando es hora de ir a casa. —¿Y esta la guardaste solo para nosotros? —Tal como tú dijiste que lo querías —repliqué. —Aunque yo no quería ir a casa. no eres una maestra. —Hay algo que no entiendo —dijo. . luego tomó un lápiz y escribió algo en ella. ¡—¡Lo has dejado solo para ti y para mí! —exclamó—. Cuando me vaya otro niño vendrá a tomar mi lugar. en esa que está allá. —Léela —dijo—. —Todo esto. —Así es —dijo Dibs. Se levantó de un brinco. adiós. —¡Eres la señora con cientos de agujeritos en las medias! — dijo muerto de risa. —Así es como ha sido siempre —dijo lentamente—: "Tal como tú dijiste que lo querías" —repitió sonriente—. Tal como yo dije que lo quería. vamos a ver cómo es por dentro —dijo. agua. vi los camiones y los árboles y los aviones y la gente y la iglesia que llama una. ¿Sabes una cosa? —preguntó mientras tomaba el frasco de pintura amarilla. se sentarán aquí en la sala y esperarán hasta que otro niño venga y tome mi lugar —se volvió a mirarme—. dándose vueltas. Fue hacia la ventana y la abrió. —Tú ves a otros niños aquí. adoro los libros. era mi casa —dijo casi en un suspiro. adiós. me pareció importante darle gusto en esta su última visita. Libros y libros y libros. había una sobria expresión en su rostro. ¿eh? —No. entierra cosas. leí un libro sobre eso. —Hace un hermoso charco en el piso —dijo. Era un procedimiento en verdad desacostumbrado. las puse en otra caja. el agua se derramó por el piso. sino que vas a hacerlo? Dibs desembonó la tapa. —Entremos ahora. Recogió a todas las de la familia y las colocó en la sala. Adiós. esta arena es buena. qué diversión! ¡Qué diversión! ¡Qué diversión! —gritó—: ¡qué cuarto de juegos tan maravilloso es este! Corrió hacia el lavadero. Una vez que el frasco estuvo vacío lo dejó en el lavadero. voy a hacerlo. ya veo que lo están. Arrojó la botella contra él y la rompió en mil pedazos. cuatro. Me miró por un largo rato. agua. fue hasta la mesa y tomó el biberón. 218 —¿Te gusta mucho? —Me gusta derramarla —dijo—. Súbitamente se puso de rodillas y pasó el dedo por mi pierna e inspeccionó mis medias de malla. ¡Qué curioso es que esas pequeñas marcas negras en el papel puedan ser tan buenas! Pedazos de papel y negras marcas pequeñitas y ya tienes un cuento. Tomó mi mano en la suya. encontró su blanco en el radiador de fierro. biberón. tomó el archivo de las tarjetas y las examinó. ¡Tal como yo dije que lo quería! 217 Se inclinó y tomó una tarjeta en blanco. no puedo —dijo Dibs. pinturas. Buscó por la habitación. ya no te necesito más. sal e inúndalo todo. adiós. no eres miembro del club de bridge de mamá. ¿Qué eres? —No te puedes explicar qué clase de persona soy. y lo que es más. aparte de mí. pero también aquella una súplica resultaba totalmente desacostumbrada. Sacó una jerga y limpió el charco de pintura amarilla lo mejor que pudo. solo nosotros dos. adiós querido escritorio. salpícalo todo! ¡Diviértete! Después cerró el grifo. Se sentó ante el escritorio.—Si —repliqué—. léemela. voy a decirles adiós ahora. y se encogió de hombros—. Dibs se acercó a mirarlos. pero el Dibs de hoy que tiene seis años ya no te necesita más. he terminado contigo—dijo. —Regresemos al cuarto de juegos —dijo—. se fabrica vidrio. —Quiero añadir algo —dijo tomando la tarjeta. adiós. después desentiérralas. impresionado por su tremendo tamaño. Después se me acercó. Ahora buscaré una jerga y la limpiaré. ¡Así es! —dijo el niño. Y con ella. Salimos del Centro y caminamos por fuera de la iglesia. me das calma. ¿verdad? — preguntó. —No. Caminó hacia la casita de muñecas.

mamá —dijo—. ¿por qué algunas personas creen en Dios y otras no? —Creo que no sé cómo contestarte esa pregunta. Abuelita dice que Dios es amor. Adiós. —Cada persona decide por sí misma cuando es mayor —dije—.53 por la escalinata. —Hola. Dio un brinco y tonto la mano de su madre. yo querría que Dios me quisiera. —Eso fue muy agradable —dijo—. y me gustaría hablar con Dios. .. apretando las manos contra su corazón. Nos detuvimos. —Vámonos . lo que quiere decir que hablaba con Dios. y Jake decía que él creía en Dios. Pero ahora todo esto es muy confuso para ti. el órgano empezó a tocar. baja a ver mi patio. Cuando llegamos al cuarto se sentó en una silla junto a la mesa. ha sido muy agradable conocerte. —Sí. Se acercó a mí y tomó mis manos entre las suyas. va a la iglesia y canta canciones que hablan de Dios. pero debe ser muy. Dibs se detuvo y miró hacia atrás. lo ha sido —replicó Dibs—. El decía que él rezaba. Aquella es la casa de Dios —dijo suavemente-. hoy vine a decir adiós. una voz dé niño. Pero abuelita dice que papá sí me quiere.. creo que me he encogido.. Me hace sentirme solo el no conocer a Dios. ! —dijo Dibs en un murmullo y apretando mi mano fuertemente—. dos y medio años más tarde. Las ventanas estaban abiertas y. Me sonrió. —¿Te asustó la música? —pregunté. muy grande para necesitar una casa así de grande. muy familiar para mí. corrió unos cuantos pasos. Se volvió a mirarme y extendió las manos hacia mí. —Creo que cada persona decide por sí misma —establecí. Dibs —le dije. perdida el habla momentáneamente. me pone la carne de gallina. ¿o no? —Sí —dijo—. y aprenderé. —Abuelita es una buena mujer —dijo—. es católico cree en Dios. cada quien decide dentro de sí en qué cree. muy confuso. Se paseó por la habitación. Cuando jugamos. echó la cabeza para atrás y extendió los brazos hacia arriba. Caminamos de regreso a la entrada. Se dio vuelta y me miró. y me gusta correr por el patio de la señora Henry. —Dime —dijo súbitamente—. —Pienso que así es. una voz sonora y cadenciosa. y Jake también creía. —Me pregunto cómo será Dios. Hay un niño en 222 mi salón que cree en Dios. Fuimos hasta la sala de recepción. Permaneció ahí por un largo lapso. nunca he visto a Dios. —dijo Dibs suavemente. —¿Qué es lo que hace ese extraño ruido? —preguntó. Es difícil pegarle a las pelotas con el bat. Peter May. me llegó por a través de la ventana. Dibs se sentía diminuto bajo las grandes arcadas. 24 Un día. así es que debe aprender y por eso hago el esfuerzo. y cuesta trabajo enviarlas a donde quieres que vayan. Abuelita dice que la iglesia es la casa de Dios. ¿Y cómo es que si me quiere yo no lo sé? Abuelita me quiere y yo la quiero y yo lo sé porqué lo siento aquí muy dentro de mí —dijo. Es difícil entender estas cosas. adiós! Salimos de la iglesia y regresamos al cuarto de juegos. abuelita me dijo una vez que Dios es nuestro Padre en el cielo. yo no quisiera que Dios fuera como es papá. nunca había oído música como esa antes. aunque él tampoco es bueno jugando. El timbre sonó. y mirándome con una mirada preocupada y arrugando la frente—. —Oye. y si yo creyera en Dios como abuelita. es una hermosa iglesia. una voz. me da frío. En ese momento. hay otro niño que es judío y va a una sinagoga y esa es la casa que los judíos hicieron para Dios. vio hacia arriba y a su alrededor con una expresión de completo asombro y con una mirada de hechizo en 220 su rostro animado. Dibs no habló una sola palabra en el camino de regreso. de pronto. hay 27 arbustos y plantas diferentes en mi jardín. —Pero es cierto que algunas personas creen y otras no. estaba yo leyendo en la sala de mi departamento. estuve en la casa de Dios hoy. —Es un hombre que toca el órgano y ese sonido es la música. —Dime -inquirió—: ¿por qué algunas personas creen en Dios y otras no? Esta era una pregunta muy difícil de contestar. entonces Dibs miró por encima de su hombro y al llegar al vestíbulo se detuvo otra vez. Abrí las enormes puertas y entramos. Después de un largo silencio entre ambos me preguntó: —¿Sabes lo que estoy tratando de hacer ahora? —No. Me gusta más jugar a "policías y ladrones" y eso lo hago muy bien. mirando sus manos dobladas. no nos vayamos todavía —dijo. vamos al parque juntos. pero es tan hermosa que me llena de brillo y belleza. ¡Ven a ver! . aun ella grita . hacia los grandes ventanales de vidrios emplomados que había sobre el presbiterio. Dibs —dije—. porque algunas veces creo que papá no me quiere. Tímidamente agitó la mano hacia el altar y dijo con una voz pequeñita: —¡Adiós. mientras admiraba la luz del sol que se filtraba por los vitrales. —Nunca había visto nada tan hermoso —dijo en voz muy baja. él me lo dijo. Dios. —¡Ah. pero yo nunca he rezado. 221 —Espera un minuto —murmuró. Allá iban los dos: un niño que había tenido la oportunidad de afirmarse a sí mismo a través del juego y que había emergido como un ser feliz capaz. —Mi abuelita cree. tan chiquito —dijo—. Caminó lentamente por el pasillo central. se detuvo. Corrió de repente por el pasillo hasta el altar. Estaba impresionado por la magnificencia de la capilla. —¿Te inspira temor pero también la admiras? —dije—. —Pero papá y mamá no creen en Dios y por eso yo tampoco. Padre es otra forma de decir papá. ella cree. y una madre que mucho había ganado en comprender y evaluar a su hijo. ya no voy a regresar más. de colores y que llenaba de rayos de luz la nave. Se dirigió hacia la ventana a mirar la iglesia. buscando mis ojos ansiosamente.. —Adiós. Dibs me soltó la mano y volvió a caminar por el pasillo central. me gustaría oír lo que él tiene que decir. fue la primera y única vez en que he estado en la casa de Dios. papá está tratando de enseñarme. —¡Vámonos! ¡Vámonos! ¡Tengo miedo! —gritó. —Escucha. aunque no me gusta mucho. 223 Se fueron juntos . ¿Qué? —Estoy tratando de aprender a jugar beisbol. extraordinariamente dotado. Pero aprenderé cómo hacerlo porque todos los niños en la escuela juegan beisbol y yo quiero jugar con ellos. —Me siento tan chiquito. —Me da miedo el tamaño y me da miedo el ruido —dijo Dibs—. pero papá y mamá no creen en la iglesia. Jake decía que una iglesia es un lugar sagrado. en la planta baja de un edificio en esquina. Dibs corrió hacia mí y me tomó de la mano. mientras nos dirigíamos hacia la puerta. La madre de Dibs había llegado a recogerlo.

— ¡Hola. me dijiste. muy grande y tiene muchas plantas y arbustos. Miss A. le puse un marco y está colgada en una de las paredes de mi habitación. Dibs. pero recuerdo cuando era yo muy pequeño y vine a verte la primera vez. leyendo junto a la ventana abierta y te oí! decirle a Peter: "Hay 27 diferentes plantas y arbustos en mi patio". 227 Quité esa hoja del último día de mi calendario y le pinté un gran círculo alrededor. entonces. y el techo llegaba hasta arriba. lo hacías tú —murmuró—. escribes el nombre y el sitio en que se encuentra cada uno. eran Dibs y un amigo. . —Si. Nos miramos el uno al otro. ¿Por qué hiciste eso. también recuerdo el agua y las pinturas y los platos. ¿has estado en mi palio? —No. —Así es que ese día te pareció muy importante —comenté—. fue el día que le diste a Peter el primer gusano de la primavera. Tú me das esa canica azul que tienes ahí. y tú eres Dibs. pero creo que no había nadie porque nadie vino. Apenas el otro día lo vi y calculé cuánto tiempo había pasado: dos años. —¿Sentías miedo ahí? —Sí. y tenía yo tanto miedo. —¡Te lo diré! ¡Te lo diré! -gritó Dibs excitado—. hasta que gritaran y dijeran que sentían haberme herido. Y cuando de repente el órgano empezó a tocar. calle abajo de donde quedaba el mío.. ¡Estupendo. y me fui. luego me miró fijamente y suspiró: —Al principio. tu oficina y nuestros libros y la grabadora. ¡Adivina cuántos! —Bueno . Entonces. —Y la última vez que te vi ahí fue hace dos años. Dibs sonrió ampliamente y me tocó la mano. —¡Qué bueno! —dijo—.. No es algo que puedas adivinar. y le pusiste un círculo rojo y lo enmarcaste. somos vecinos. 228 Podía imaginarme a Dibs subiendo por las escaleras de la iglesia y tocando tímidamente en aquella inmensa puerta labrada. ¿recuerdas? —Sí. —¿Dije eso? —Sí —respondió Dibs con decisión—. Y recuerdo la iglesia aquel último día en que regresé. si! Eres la señora del maravilloso cuarto de juegos — aseveró—. —dijo Dibs exasperado—. —¿Entonces cómo lo sabes? ¿Cómo lo supiste? ¡Dime cómo lo supiste! —¿No crees que podría yo saberlo sin haberlos contado? —Pero . pasé ahí las horas más maravillosas de mi vida. —exclamó Dibs—. y cuatro días cuando sea jueves.. Nadie va a hacerte daño aquí". Recuerdo las campanas y la hora de irse y el camión. me estremecí. Dibs. con una crayola roja. y con mucho cuidado extrajo un gusano. —¡Ah! —Ven a ver. —Ven a ver mi patio —gritó—. ¿cómo pudiste saber que hay 27 diferentes clases de plantas y arbustos allí? —Bien. Y me divertí. la casa de muñecas y la arena y los hombres. Dibs? Dibs se inclinó hacia mí con los ojos brillantes. Dibs. Nadie te va a lastimar. recuerdo haber descubierto qué grande era Dios. diviértete" —suspiró—. Unos días después me lo encontré en la calle.54 —¿27 qué? —Arbustos y plantas diferentes. Fuimos al patio de Dibs y me enseñó las 27 variedades diferentes. Era obvio Dibs se había cambiado al gran edificio de apartamentos con jardines. De repente brincó. te lo diré —definí—: el otro día estaba sentada en mi departamento. canicas! —Sí. —Ven tú a ver lo que yo tengo aquí. quería yo salirme y quería quedarme. —dije—. —¿Y así lo hiciste? —Sí. recuerdo los juguetes. que estaba cerrada. Nos sentamos en los escalones de un edificio de apartamentos que estaba en el camino. metiendo la mano en el bolsillo sacó una botellita de vidrio. — ¡Así es que así era la cosa! —dije. —Recuerda —dijo con gran formalidad Dibs—: este es un verdadero primer gusano de la primavera. y poco a poco te fui creyendo. No solo es contarlos: tienes que mirar cuidadosamente cada planta y cada arbusto. —¡Hola! —dijo. Pasé por ahí el otro día: subí las escaleras y llegué a la puerta. al principio estaba asustado porque no sabía yo qué ibas a hacer y ni qué iba yo a hacer. pero tú dijiste: "Todo esto es tuyo. Conque vives cerca. eres Miss A.. Dibs. —¿Qué jugábamos. diviértete. "Este es tu cuarto. el cuarto de juegos me pareció muy. lo recuerdo.. Dibs! —Sé quién eres —dijo. es muy. después los cuentas. descubrí a mis enemigos y luché con ellos. ¿Quieres intercambiar? —Sí. no he estado en tu patio —repliqué. —¿Sí? —¡Ah. estaba sonriente.eran amigos.. la. —¿Qué es? ¡Ah. Y recuerdo cómo jugabas conmigo. somos vecinos! —Sí. He advertido que no soy desdichado cuando siento amor. Diviértete. lo decías tú. la puerta era tan alta. Toqué y llamé por el agujero de la cerradura: "¿Hay alguien en casa?". —¿Por qué? —No lo sé. destapó. ¿27 clases diferentes? —¡Sí! —gritó Dibs—. para ver cómo es que son diferentes. Peter parecía impresionado. —Ya estoy grande —dijo—. Recuerdo a todas las personas. con el ojo de víbora y yo te daré uno de los primeros gusanos que salga esta primavera. luego investigas qué son. que puso en la 225 226 mano sucia de Peter. seis meses. para platicar. No es una cosa rápida y sencilla de hacer. —Todo lo que yo hacía. nunca podría haberlo olvidado. —¿Sí? ¿Dónde estén? —¡Aquí mismo los tengo! —gritó emocionado y. ¿Pero cómo lo supiste? Los conté por espacio de dos semanas antes de saber cuántos eran. "Todo esto es para ti. —¡Ah! . Contigo construí mi mundo en el cuarto de juegos. todo lo que yo decía. Diviértete. mujeres y niños del mundo que construí. he pensado en eso muchas vedes —hizo una pausa larga. Me dijiste que fuera a hacerles frente a mis enemigos. muy grande. Dibs". y los juguetes no . Dibs? —No lo sé— contestó—. Ahora soy grande y fuerte y ya no temo. y así pasó. eso es lo que tú me dijiste. casi tocando el cielo. seis meses y cuatro días cuando sea jueves. lo recuerdo muy bien. pero entonces noté que ya no tenía miedo. —Sí —dije—. ven ahora a ver mi jardín. ¿Qué quieres cambiar? —¿Qué tienes? ¿Qué tienes Dibs? Sí. Y si nunca has estado en mi patio y si nunca hiciste todo eso.

—Sí. con las fuerzas armadas. cuando —de repente— Dibs hizo acto de presencia. Nunca olvidaré esas tres líneas: "Como dije que lo quería. entonces. aceptada como un ser humano digno. como mi otro compañero dijo: "Con Dibs aquí. solo sabía que a mí me interesaban todos aquellos comentarios hechos por niños. créamelo. En ese momento. y es por eso que he presentado partes de este material en algunas de las conferencias que he dado en universidades y en juntas profesionales. y estoy seguro de que no capté todas las inferencias sicológicas del caso. Ahí estábamos todos la otra noche. otra vez de uniforme y esperando un nuevo traslado. obtuve mi grado en administración y no estoy al día en lo que concierne a los términos sicológicos. y yo le creo. ¿o son acaso instrumentos para provocar sufrimiento y humillación a una persona que trata de salir adelante? Uno de los miembros del profesorado dijo ayer a mi amigo. pero debo irme ahora. decía: Esta es una carta abierta de protesta contra la reciente expulsión de uno de mis compañeros de clase y uno de mis amigos. a creer en sí mismo. No necesito decirle cuánto bien me hizo escucharlo. uno de nosotros a través de la mesa estaba hablando de él. ven a ver quién está aquí. aunque. —Tu madre te hizo una pregunta. que si el ritmo de la escuela era demasiado rápido para él y que si se veía forzado a hacer trampas para no perder el paso. "Papá" parecía estar un poco incómodo. —¡Miss A. fui un oído. Pero lo que más me impresionó fue la autenticidad de Dibs. pensamientos y emociones. Estaba inscrito entonces en una escuela para niños superdotados y trabajaba muy bien. Somos la suma total de todas las partes que intervienen en la formación de una vida. pero ante Dios aseguro que Dibs es el único ser genuino que yo haya conocido en algún salón de clases. Recuerdo que a menudo usted decía que las cosas importantes son las que recordamos después de que hemos olvidado todo lo demás. es decir. estaba dirigida al director y a los maestros de la escuela. deprimidos. haciendo el ruido de un carro de bomberos. ¿Por qué no la llamas por su nombre completo? ¿Por qué siempre Míss A? Dibs volvió a montar de un brinco en su bicicleta. —Hola. Creo que ustedes no comprenden las razones que a veces tenemos para hacer las cosas que hacemos. y después estuve pensando sobre la educación. la oí —dijo Dibs—. a liberarse. dijeron que Dibs había seguido progresando en forma espectacular. como dijimos que lo queríamos". Fui solo uno de tantos en los cientos de alumnos que ha tenido. sería mejor que se fuera a 234 . la oportunidad de sentir que valemos la pena. y no solo a mí. relaciones. y ya que la exactitud es esencial para establecer un hecho histórico. y si escuchaste a tu madre. me preguntó si conocía a la señora. Aquel escrito que apareció en el periódico. que se llevaba muy bien 229 con otros niños. ¿Te acuerdas de esta señora? Dibs llegó corriendo y sonrió. y que haya podido enseñarme lo que significa ser una persona completa. y ni siquiera del mismo año. sino a todos nosotros. no podemos perder". Se rumora por ahí que a mi amigo se le "suspendió con deshonor" porque se le sorprendió haciendo trampa en los exámenes. ¿Llaman ustedes falta al hecho de verificar la exactitud de un dato? ¿Preferirían que la persona conservara su duda honesta. a preguntarle: ¿Cómo es que has oído hablar de Dibs? Me lo dijo. Ahora me encuentro fuera del país. y que las experiencias pueden. quizás haya más profundidad en una relación que se ha debatido en medio de algunas tormentas. descorazonados. Toda experiencia que jamás desilusiona ni entristece ni conmueve resulta insípida. Dibs —dijo el papá. Mi amigo asienta que él no estaba haciendo tal cosa. ahora estaba tranquilo y feliz. debería verificarse. Pasaron los años. no era de mi grupo. y aun ir más allá. falta de comprensión e insensibilidad que ustedes manifiestan. pero había tenido la oportunidad de deshacerse de esos momentos amargos y de descubrir por sí mismo que podía hacer frente a las sombras y a los ratos felices de su vida. La familia de Dibs se cambió lejos de la ciudad y yo perdí contacto con él. había aprendido a ser él mismo. Pero hablaba del mismo Dibs que yo conocía. desapareció dentro de su coche y se fue. fe y esperanza que se materializan ante nuestros ojos es cuando construimos dentro de nosotros una sensación de fuerza interior. Un día. Supongo que Dibs solo quería lo que todos queremos a una escala mundial. —Bueno. desde luego. Sí. Todos somos personalidades que crecen y se desarrollan como resultado de todas nuestras experiencias. — ¡Dibs! —lo llamó su madre—. desde luego. gritando como un indio. de valor y seguridad. porque me encontré a Miss A desde hace cinco días! "Papá" enrojeció. "Mamá" se veía un poco alterada. papá. y los recuerdos de mi patria y de mi hogar acudieron en tropel a mi mente. como dijiste que lo querías. Voló calle abajo. Lo siento. Me siento indignado ante la dureza. La otra noche escuché accidentalmente en el cuartel parte de una conversación. —Nada de Miss A. envuelta en la ignorancia? ¿Qué propósito tienen los exámenes después de todo? ¿Son para aumentar nuestro adelanto educacional?. Era en verdad un niño. Mi amigo no sabía de Dibs. nos saludamos y ambos me agradecieron nuevamente por la ayuda que les había dado. cómo se ha convertido en parte de mí. y. forzarnos a cambiar nuestros objetivos. un amigo mío que había estado trabajando en un centro para niños superdotados me mostró una carta que había aparecido en el periódico del plantel. que era un niño bien ajustado. Quizás cuando experimentamos esa confianza. que estaba verificando una fecha. Dibs. ¿por qué no le contestaste? —Lo siento papá —dijo Dibs con un destello en sus ojos. y preguntándonos qué objeto tenía todo. la oportunidad de llegar a ser una persona querida. porque juntos hicimos el relato de Dibs a todos los demás. Miss A!: un nombre especial para una amiga especial —gritó. Pienso que vale la pena compartir la historia de Dibs. ¿Puede usted imaginar lo que eso me hizo sentir? Me acerqué a él de inmediato. Dibs le gritó en ese momento: —¡Tú y mamá están un poco atrasados de noticias. —Ha sido muy agradable volver a verla otra vez —me dijo "papá"—. Epílogo Dibs había tenido sus momentos oscuros y durante algún tiempo había vivido entre las sombras de la vida. una fecha importante en la historia. y probablemente ni siquiera fui un rostro. 231 232 233 Un día recibí una carta de un antiguo alumno: No pude resistir y tomé el tiempo necesario para escribirle a usted esto. Dibs dio vuelta por la esquina en una bicicleta. tampoco de la misma universidad. respetada. ¡Claro que la conozco! Ella es la primera amiga que tuve. Se dirigió hacia su coche. Quizás haya más comprensión y belleza en la existencia cuando la deslumbrante luz del sol está matizada por la sombra. si se les da la oportunidad de manifestarse en esa forma. Dibs —dijo—. Dibs se ha convertido para nosotros en el símbolo de todos los valores que tratamos de conservar a toda costa. —!Hola! —gritó. pues encierra escaso reto o poca variación en el color. enfrente del grupo. Dibs —dije. Dibs había cambiado. que testimoniaran la comprensión y el valor de que son capaces en sus vidas diarias. cuánto poder dinámico tiene.55 'Unos cuantos días después me encontré con su padre y con su madre en la calle. feliz.

aflora en él ese don de la comunicación franca y honesta. Los resultados de esta prueba dieron un cociente mental de 168. si no mantiene la puerta abierta permanentemente a cualquier persona que quiera entrar a convivir con nosotros. no regresaré a esta escuela en el otoño. para investigación. Dibs. Se preocupa por todos y por todo. un verdadero líder. y facilitar así un reporte más fluido. Atentamente. Los padres de Dibs habían dado permiso escrito para que todas las sesiones de terapia se grabaran. a fin de disfrazar toda la información que pudiera permitir identificación alguna y para eliminar los principios fallidos y algunos comentarios repelidos. ustedes deben quitar el cerrojo a la puerta de la ignorancia.56 otro plantel. Le dijo que cuando leía "prefería algo que tuviera una secuencia y que fuera en verdad interesante". a Dibs. pero no se presentan en su totalidad porque parte del material era demasiado personal y fácil de identificar. . fiel al original grabado en el Centro de Guía Sicológica Infantil. Como educadores. cooperó ampliamente y estableció una buena relación con el examinador. más importantes que la venganza y castigo y la violencia. Las discusiones con su madre están también tomadas de las grabaciones de sus sesiones. El diálogo entre Dibs y su terapista es. Me siento personalmente insultado por eso. "Con sinceridad y propósitos de acción": creo en eso. Y siempre actúa en favor de las cosas en las que cree. Nunca he grabado ninguna sesión de terapia sin la autorización escrita de los padres. el resultado final fue de años más allá de su edad y del nivel de su grupo escolar. Probablemente harán lo que él sugiere —se rió—. del prejuicio y de la ruindad. Los resultados de las pruebas demostraron que Dibs era un niño superdotado que usaba en forma efectiva su capacidad intelectual. Sin embargo. ¿Quieres guardarla para tu colección de giros y gallardos en favor de la justicia y de la igualdad para todos? —Gracias —dije—. Muy sensitivo. Hay cosas mucho más importantes en este mundo que una demostración de autoridad y poder. 235 236 Este libro se escribió teniendo como base esas sesiones grabadas. Nota de la autora A la semana de haber terminado las sesiones de terapia. Con sinceridad y propósito de acción. luego de disfrazar adecuadamente a los participantes. lleno de ideas. —15 años. La grabación se editó. de Inteligencia StanfordBinet. A menos que a mi amigo se le pida una disculpa por el daño causado a su orgullo y a su pundonor y se le reinstale en su lugar. si la terapista consideraba que el reporte contribuiría a una mejor comprensión de los niños. aquí no aparecen palabras que no hayan sido originalmente las de Dibs y su madre. Si se le da a un niño la oportunidad para ello. en esencia. Todavía se encontraba contestando todas las preguntas correctamente cuando puso fin a la prueba diciéndole al examinador que no le interesaba mayormente este tipo de lectura que "brincaba de una cosa a otra sin razón". el pequeño se mostró muy interesado. Me pareció que te agradaría leer su indignado desahogo. También se le administró una prueba de lectura. puede ser también sinceramente expresiva cuando sabe que no se le va a criticar ni a culpar. ¿Cómo es él? —Es un muchacho muy brillante. Me siento avergonzado de mi escuela. —¿Qué edad tiene ahora? —pregunté. a la escuela no le gustaría perderlo. a quien nunca antes había visto. —Una carta muy interesante —comenté—. y para el uso del material grabado. Una madre a quien se respeta y se acepta con dignidad. enseñanza y publicación. y no tenía relación directa con Dibs. un sicólogo clínico administró la Prueba.