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La Cultura de Venezuela es una mezcla de tres culturas distintas: la europea - en particular española-, la indígena y la africana.1 2 34 5 El sincretismo cultural y asimilación condicionó para llegar a la cultura venezolana actual, similar en muchos aspectos al resto de 1991.6 7 La influencia española fue más importante y en particular de las regiones de Andalucía y Extremadura, de donde procedían la mayor parte de los colonos en la zona del Caribe de la época colonial. Ejemplos culturales de ellos, se pueden mencionar las edificaciones,8 parte de la música, la religión católica y el idioma. Una influencia evidente española son las corridas de toros y parte de la gastronomía. Venezuela también se enriqueció por otras corrientes culturales de origen antillano y europeo en el siglo XIX,9 en especial de procedencia francesa. En etapa más reciente en las grandes ciudades y las regiones petrolíferas irrumpieron manifestaciones culturales de origen estadounidense y de la nueva inmigración de origen español, italiano y portugués. Aumentando el ya complejo mosaico cultural. Así por ejemplo de varios países llega la influencia del gusto del deporte del béisbol, del cine, el arte y las construcciones arquitectónicas actuales. La cultura rural venezolana es el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. llevado a cabo en la vida del campo así como en sus labores, de esta nación situada al norte de América del Sur, ¿Por qué se originaron las culturas urbanas? Las culturas urbanas nacen por una mescla de creencias cosechadas en el ámbito donde se nace o vive, en el cual enfoca buscar un cambio en la sociedad, para identificarse ante la misma, de una manera distinta y agradable a cada persona. Es estas culturas se puede encontrar sinfines de actividades, creencias, entra otras costumbres. Apuntes para una discusión sobre desarrollo rural en Venezuela Introducción En la sociedad mundial se están produciendo extraordinarias transformaciones, especialmente en el marco de la economía, la política, la cultura, los modos de producción. La sociedad mundial busca afanosamente rumbos, nuevos caminos. Esa búsqueda de caminos tiene que ver con nuevos conceptos, visiones, con nuevas formas de vinculación entre sus hacedores. Hoy, nuevos paradigmas como el conocimiento, las relaciones, la sostenibilidad, intentan orientar el desarrollo de la humanidad. Nuevos enfoques como el sistémico, de género, de participación sirven de herramientas para la construcción social. Una nueva dimensión e internalización en los conceptos de: colectividad, participación, organización, comunicación, equilibrio, equidad, sostenibilidad, cooperación, solidaridad...compromiso; nos permiten pensar en la posibilidad cierta de construir, teniendo como centro al hombre. Los que laboramos en las áreas rurales estamos convencidos de que el objetivo final de nuestro trabajo es facilitar el mejoramiento de las condiciones de vida del hombre y la mujer del campo: contribuir a mejorar sus actividades productivas, ingreso, su salud, nutrición, educación, sus capacidades para la participación, la organización, y para una mejor relación de vida en la comunidad. En fin, facilitar procesos de desarrollo en los espacios rurales. Es por ello que vemos como fundamental el alimentar la necesaria discusión sobre desarrollo rural y enriquecerla sobre la base de nuestra historia, nuestras experiencias, los nuevos paradigmas mundiales, nuevos conceptos, así como sobre la vivencia de los procesos políticos que de manera muy intensa conmueven a nuestros países. El presente trabajo pretende abordar la discusión sobre desarrollo rural, desde 4 perspectivas que en nuestra opinión permiten comprender su importante significado: La evolución histórica del concepto; el concepto de desarrollo/desarrollo humano; la sostenibilidad y el desarrollo sostenible; y la ruralidad. Igualmente propone un modelo de desarrollo rural que intenta servir de herramienta para el desarrollo de políticas y el accionar en esta importante materia. La evolución histórica del término En América Latina y en Venezuela en particular, la concepción del desarrollo rural ha variado en el tiempo y según el uso de diferentes modelos, generalmente importados, adoptados por los gobiernos. En nuestro pasado reciente la atención a la ruralidad ha estado marcada por diferentes visiones: En los años 50, en tiempos de dictadura, el interés era la modernización y la expansión de la frontera agrícola de aquel campo atrasado, disperso en lo espacial, inestable en lo político, así como poco productivo. Para ello se adelantó un amplio plan de construcción de infraestructura, especialmente vialidad y sistemas de riego; se crearon estaciones experimentales de investigación; aparecieron las primeras escuelas agrícolas a nivel técnico y profesional; se promovieron asentamientos humanos agrícolas, muchos de ellos conformados por inmigrantes y técnicos Venezolanos; se incorporan nuevos cultivos. En los años sesenta con el advenimiento de la democracia y por políticas populistas, ligadas a la “ayuda para el progreso” el desarrollo rural estuvo marcado por los procesos de reforma agraria. Hubo un énfasis en la distribución de la tierra por la vía de adjudicación de tierras del Estado y una pretendida incorporación de los pobladores del campo a la naciente sociedad de consumo que auspiciaban los intereses de centros de poder de la época. Eran tiempos de guerras ideológica interna donde los gobiernos requerían estabilidad política y promovían la incorporación de la población rural al incipiente desarrollo capitalista en marcha. A finales de los años 70 palideció el auge inicial de la reforma agraria. Los gobiernos de turno fortalecieron los procesos de sustitución de importaciones con sus políticas de protección industrial, urbanización y alguna ayuda, especialmente a los sectores comerciales agrícolas que debían suplir las demandas de alimentos a las ciudades, marcando así el pensamiento sobre el proceso de desarrollo de la época. En estoas tiempos se estimuló el modelo de desarrollo agrícola basado en el boom mundial de la revolución verde. Se trataba de implantar el paradigma de la modernización agrícola y para ello se adoptó una aproximación productivista al desarrollo rural. Se abogó con fuerza por soluciones tecnológicas a los problemas de los agricultores. El problema era aumentar la producción y productividad, aumentar los ingresos y con ello generar “bienestar”. La revolución verde se constituyó en la gran panacea por cuanto propugnaba la aplicación de paquetes tecnológicos completos de uso universal que al ser seguidos al pie de la letra «garantizaban el éxito de cualquier agricultor». En Venezuela la aplicación de estos paquetes se produjo en tiempos de bonanza petrolera lo cual permitió dirigir recursos financieros, aplicar subsidios, mantener la tasa de cambio, y hasta cerrar las fronteras a las importaciones agrícolas. Se habló de un milagro agrícola, el cual seria factible en esas circunstancias, si los productores eran capaces de absorber y aplicar en poco tiempo los nuevos conocimientos. El cortoplacismo y las concepciones desarrollistas imperantes, junto a la poca claridad en la definición de políticas, moldearon una historia signada por el proteccionismo y la transferencia vertical que hizo a los agricultores cada vez más dependientes y vulnerables para participar y competir en un mundo que se movía a una velocidad inusitada. En esa época, se eliminó la dirección de Extensión del Ministerio de Agricultura y Cría y en su lugar apareció la de Desarrollo Agrícola con programas de producción por rubros, que a la postre daría lugar a la Dirección de Producción, unidad administrativa ésta, más “idónea” en la aplicación de esos modelos. Lo fundamental era el cultivo, NO el hombre. La otra gran visión del desarrollo agrícola/rural con la que hemos convivido es la que equipara el desarrollo rural con la construcción de infraestructura y provisión de servicios. Al inicio de este milenio y por constituirse el desarrollo rural en materia de prioridad constitucional para Venezuela, se retoma la discusión sobre el tema. Sin embargo prevalece en las altas autoridades la concepción “infraestructura” del desarrollo rural. Se crea la dirección General de Desarrollo Rural que sustituye a la Dirección General de Infraestructura del Ministerio de Agricultura, pero manteniendo las mismas funciones de esta. Luego al aprobarse la ley de tierras se crea, sustituyendo a la Dirección General de Desarrollo Rural, el Instituto Nacional de Desarrollo Rural y a este se le adscribe la Fundación para la Capacitación e Innovación para el Desarrollo Rural (CIARA). O sea el conocimiento, la capacitación y la innovación pasan a ser un apéndice menguado de lo que se considera principal: la infraestructura. Como podemos ver, lo central en los modelos de desarrollo rural que hemos manejado son: la tierra; los rubros agrícolas; la tecnología; la infraestructura. Según esos modelos las familias y las comunidades rurales se benefician “a consecuencia de” las acciones y políticas que de ellos se derivan. No son modelos centrados en el ser humano. No obstante, en Venezuela, se le ha venido dando importancia a aspectos institucionales, que auque no se han traducido en políticas claras y acciones coherentes, pueden servir, si hay voluntad y compromiso, de plataforma futura: Se le da rango constitucional a la agricultura y al desarrollo rural; se promulgó la polémica ley de Tierras y Desarrollo Rural; se crean, desmantelan y reorganizan instituciones; el proceso de descentralización político administrativa, aunque con muchos altibajos, sigue su lenta marcha; se decretaron zonas especiales de desarrollo y algo muy importante hay un discurso gubernamental hacia la participación, la organización y el humanismo en el desarrollo. El desarrollo/Desarrollo humano En la sociedad occidental y especialmente desde el inicio de la era industrial, el desarrollo se ha venido entendiendo como crecimiento económico global. Sin embargo diferentes autores y la dramática realidad experimentada en los diferentes países indican, que si bien el crecimiento es parte del desarrollo este indicador está muy lejos de explicarlo. Crecimiento mide cantidad mientras desarrollo es expresión de calidad. El desarrollo implica satisfacción de necesidades humanas-sociales como salud, educación, necesidades culturales, económicas, espirituales, etc. Implica crear capacidades y aprovechar oportunidades para la construcción de una sociedad que en libertad, sea capaz de alcanzar una mejor calidad de vida y un sostenible bienestar. El desarrollo viene a ser el cambio hacia una sociedad creativa, libre y diversificada en cuanto a capacidades y oportunidades (Sen, 1999). El desarrollo, para Sen se entiende como libertad, pues refiere al mundo que se quiere para cada uno de nosotros. Es un enfoque que propone colocar el mejoramiento de la vida de la gente en el centro de la atención pública. Se trata primero de establecer un punto de vista ético a partir del cual se evalúa el progreso humano. Esa perspectiva es el aumento o no de la libertad real de las personas. Sen, entiende libertades como capacidades humanas para alcanzar estados y quehaceres considerados valiosos por la persona. De manera que una persona que realice una combinación de actividades y de sentires altamente valorados por ella, es una persona a quien se puede considerar desarrollada, ya que sus capacidades creativas y productivas se han puesto en realce. Si llevamos esta idea al colectivo, el desarrollo se concibe como un proceso de apertura de oportunidades para todos, a partir del cual las personas alcanzan estados valiosos. La libertad es el fin primordial del desarrollo, pero también su principal medio para alcanzarlo. Es decir, la expansión de la libertad se logra con más libertades. La libertad para Sen significa, específicamente, no sufrir privaciones: de alimentación; de pérdida de años de vida prematuramente; de salud por enfermedades prevenibles; de la capacidad para leer, escribir y calcular; de la expresión del disenso, de la participación política. El desarrollo se centra en la expansión de las libertades y su evaluación debe ser consistente con ello. Las libertades igualmente pueden entenderse como oportunidades y derechos que se ofrecen, a través de los sistemas económicos, sociales y políticos de los cuales dependen principalmente las libertades individuales para su realización: libertades políticas, los servicios económicos, las oportunidades sociales, las garantías de transparencia. Desarrollo humano: Según el PNUD el desarrollo humano es un proceso mediante el cual se amplía la gama de opciones de las personas, brindándoles mayores oportunidades de educación, atención médica, seguridad alimentaria, empleo e ingreso. El concepto se refiere esencialmente a la formación de las capacidades de las personas. Es justamente esta capacidad la que permite a las personas asumir su responsabilidad para mejorar su bienestar individual y colectivo y aprovechar las oportunidades que se presentan o que ellas mismas puedan crear con libertad. Ello también presupone la directa participación de las personas en las decisiones. El PNUD ha desarrollado el Índice de Desarrollo Humano (IDH) como instrumento para medir el adelanto medio de un país en lo que respecta a la capacidad humana básica representada por las tres oportunidades humanas más importantes y permanentes: esperanza de vida, que refleja una existencia larga y saludable; nivel educacional, que resume los conocimientos adquiridos y, el ingreso per cápita, que indica la capacidad de acceso a los recursos para vivir dignamente. Pudiéramos decir que estos conceptos de desarrollo son antropocéntricos: el fin es el hombre y el mejoramiento de su bienestar actual y futuro. Se trata de crear un capital humano/social que sea capaz de adelantar procesos sostenibles en lo económico, social, cultural, ambiental que permitan alcanzar bienestar intergeneracionalmente. Hablamos del desarrollo como un proceso multidimensional, multifuncional, retroalimentado, en espiral, en el cual la sociedad en la medida que posee mayores capacidades, mayores son sus posibilidades de aprovechar oportunidades y accionar sosteniblemente en búsqueda de su bienestar. El desarrollo, como hemos señalado, implica colocar al ser humano y su entorno como eje central. Esto significa que la equidad y la ciudadanía deben ser indicadores principales de la calidad del desarrollo. El desarrollo y bienestar de la población rural, y con ello la incorporación de estos importantes contingentes a la construcción nacional, es uno de los fines de los esfuerzos del estado. Este gran desafío requiere, como se puede inferir, conocimientos, formación, capacitación pero también una gran decisión política que permita movilizar recursos y voluntades en la construcción participativa de esta gran empresa. Sostenibilidad y desarrollo sostenible Para algunos autores la sostenibilidad o sustentabilidad es el estado o calidad de la vida, en la cual las aspiraciones humanas son satisfechas manteniendo la integridad ecológica. l concepto de sustentabilidad planteado en la Declaración de Río de 1992, incluyó tres objetivos básicos a cumplir:  Ecológicos. Que representan el estado natural (físico) de los ecosistemas, los que no deben ser degradados sino mantener sus características principales, las cuales son esenciales para su supervivencia a largo plazo.  Económicos. Debe promoverse una economía productiva auxiliada por el know-how de la infraestructura moderna, que debe proporcionar los ingresos suficientes para garantizar la continuidad en el manejo sostenible de los recursos.  Sociales. Los beneficios y costos deben distribuirse equitativamente entre los distintos grupos sociales. Igualmente, UICN (1992) en su manifiesto «Cuidar la Tierra. Estrategia para el Futuro de la Vida” habla de sustentabilidad como: «mejorar la calidad de la vida humana sin rebasar la capacidad de carga de los ecosistemas que la sustentan» y se plantea que para alcanzarla, la sociedad debe vivir de conformidad con los principios siguientes:  Respetar y cuidar la comunidad de los seres vivos.  Mejorar la calidad de la vida humana.  Conservar la vitalidad y diversidad de la Tierra.  Mantenerse dentro de la capacidad de carga de la Tierra.  Modificar las actividades y prácticas personales.  Facultar a las comunidades para cuidar de su medio ambiente.  Establecer un marco nacional para la integración del desarrollo y la conservación.  Forjar una alianza mundial. En este sentido, la sostenibilidad es un concepto de gran dinamismo que depende, por una parte de los recursos y del medio ambiente, y por otra de la capacidad humana para desarrollar nuevas tecnologías y usarlas de forma apropiada en la explotación de esos recursos y su necesaria conservación. Desarrollo Sostenible: El informe Brundtland refiere el desarrollo sostenible como “aquellos procesos que permiten satisfacer las necesidades actuales, sin comprometer la satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras” (W.C.E.D. 1987). Esta definición implica sostenibilidad ambiental, adecuación tecnológica, viabilidad económica, y aceptabilidad social. Sobre la base de lo anterior Salinas (1998) enfatiza que cualquier iniciativa de desarrollo debe tomar en cuenta las cinco dimensiones básicas de la sostenibilidad que son:  Social. Vista como la equidad de las soluciones propuestas, ya que la finalidad del desarrollo es siempre ética y social.  Económica. Referida a la eficiencia económica.  Ecológica. Relacionada con la prudencia ecológica.  Cultural. Las soluciones propuestas deben ser culturalmente aceptables.  Espacial o territorial. Se deben buscar nuevos equilibrios espaciales considerando la planificación socio-económica y el uso de los recursos conjuntamente. Por otra parte, Constanza (1991 citada por Salinas, 1998), señala que el desarrollo sostenible se percibe como la interrelación entre los sistemas económico-sociales altamente dinámicos y los sistemas ecológicos menos cambiantes en la cual:  La vida humana pueda continuar indefinidamente  Los seres humanos como individuos, puedan desarrollarse  Sobreviven las particularidades culturales de las sociedades, y  Los efectos de las actividades humanas se mantengan dentro de unos límites que no permitan la destrucción de la diversidad, complejidad y funcionamiento de los sistemas ecológicos soportes de la vida. Igualmente es importante resaltar que el desarrollo sostenible requiere de acuerdos sociales donde el estamento político le de viabilidad, y una institucionalidad fortalecidacomprometida, se convierta en sustento, orientador y garante del mismo. Debe estar claro que alcanzar bienestar sostenible exige un relacionamiento cabal de los hombres en sociedad, la construcción de instituciones que hagan posible las iniciativas sociales y un relacionamiento amigable con la naturaleza, que sigue siendo la base que sustenta la existencia humana. El desarrollo tiene, entonces, una finalidad ética y social que se sustenta sobre la sostenibilidad de procesos políticos, sociales, económicos, institucionales, culturales, ecológicos y territoriales. Alcanzar desarrollo humano/social, alcanzar desarrollo sostenible exige entonces del desarrollo y conservación de la naturaleza y del planeta como totalidad. Para ello debemos entender que el hombre es parte de ese planeta y es además un actor muy activo y determinante del futuro de ese gran ecosistema y por lo tanto de su propia supervivencia. Ruralidad Es necesario discutir y concebir nuevos proyectos de sociedad rural, que se construyan participativamente y como un producto colectivo. Lo anterior supone darle un nuevo dimensionamiento al espacio rural. A esos espacios donde el hombre hace punto de encuentro entre lo político, social, cultural, económico, productivo, natural. Esos espacios llamados a jugar un papel estratégico en el cambio de modelo de los desarrollos nacionales, relevando aquellas características que responden a las crecientes e intensas relaciones urbano rurales, al arraigo cultural, a la organización social y para la producción, a lo agrícola y no agrícola, así como al desarrollo de actividades de mayor valor agregado. Echeverri (2000 citado por Arias, 2000), define la ruralidad como “aquellos territorios que involucran un espacio geográfico, una población asentada en él, un conjunto de actividades económicas que les permite su crecimiento y supervivencia, un tejido social que define una organización propia y unas instituciones, una cultura producto histórico de la tradición, y un sentido político que define el grado de afiliación de la población a su espacio territorial”. El territorio rural no se concibe como simple espacio físico, que lo es, sino como un conjunto de relaciones sociales que dan origen y a la vez expresan una identidad y un sentido de propósitos compartidos por múltiples actores públicos y privados. Los territorios rurales son entonces espacios eco-políticos dinámicos expresión de relaciones de interdependencia y complementariedad que hacen viable la generación de desarrollo y bienestar. Esta nueva visión de lo rural como territorios multifuncionales donde se interrelacionan muy diversas actividades económicas, sociales, culturales y ambientales abren un conjunto de posibilidades para la población rural basadas en:  La agricultura: vista en términos ampliados o sea como cadenas productivas, prestando atención al acceso a la tierra, el mercado financiero rural, las innovaciones tecnológicas apropiadas para mejorar la productividad de los sistemas agrícolas y la organización para la producción y el acceso a los mercados.  Los recursos naturales: prestación de servicios ambientales que incluye entre otros, manejo de cuencas para la conservación de agua y suelo, preservación de la biodiversidad, captura de carbono y ecoturismo.  Las opciones no agrícolas: aunque generalmente ligadas a lo agrícola, incluye microempresas rurales, mano de obra asalariada, artesanías, comercio, turismo y otros servicios locales.  La organización social para la participación ciudadana y para la producción: Instancias fundamentales para la construcción institucional que demanda la nueva ruralidad y, finalmente  Las relaciones urbano-rurales: fuente de retroalimentación y desarrollo armónico para esta -artificialmente separada- gran unidad. La visión territorial permite visualizar los asentamientos humanos y sus relaciones en un continuo rural-urbano capaz de potenciar formas de desarrollo más armónicas, complementarias y efectivas. Lo rural, como establece Gómez 2003, y esto es muy importante, comprende un tipo de relaciones sociales con un componente personal que a diferencia de las zonas urbanas predominan en territorios con una baja densidad de población relativa, y ello se posibilita sobre la base de relaciones vecinales prolongadas y por la existencia de intensas relaciones de parentesco entre una parte significativa de los habitantes. En estos espacios, temas como la confianza /desconfianza, la reciprocidad, el papel de la familia, las relaciones afectivas y la importancia de los padres, son significativos. Ello genera condiciones para que las relaciones personales resulten naturales, otorgan sentido a la identidad con el territorio y adquiere importancia la memoria rural como expresión de la historia local. Este tipo particular de relaciones sociales, genera a su vez, un fuerte control social por parte de las comunidades sobre las relaciones entre las personas, crea vínculos, da estabilidad, seguridad, crea sentido de identidad y por tanto propende al fortalecimiento del capital social. Algo realmente soñado por los que carecen de ello en las zonas urbanas. Anteriormente, la ruralidad se relacionaba fundamentalmente con las actividades productivas agropecuarias y el modo de vida resultado de esas relaciones de producción. Hoy sabemos que lo rural incluye muchas otras dimensiones productivas y comerciales, múltiples y diversos actores, así como variables socio-políticas, educativas, culturales, ambientales que forman parte del proceso de desarrollo de esos espacios. La nueva manera de ver los procesos productivos en las áreas rurales, suponen no sólo las consideraciones de los cambios en los mercados y en las políticas agrícolas nacionales, sino también la importancia creciente de sectores que comprenden actividades generadoras de ingresos y que pueden constituirse en dinamizadoras del desarrollo rural. El vincular la agricultura, por ejemplo, al turismo, a la artesanía, a la pequeña industria, a la minería, o a la pesca y el estimular su integración en cadenas productivas, es un reto que permitirá potenciar el desarrollo económico-social y el bienestar de las familias de las zonas rurales. Los viejos modelos de uso de la tierra y de localización de las actividades agropecuarias que remitían a un modelo organizado en círculos concéntricos, jerarquizados en función de la distancia hacia un polo único, ya no tienen validez. La difusión de nuevos patrones de consumo y hábitos de vida, la megapolización de los sistemas urbanos, los progresos espectaculares de las comunicaciones y la creciente movilidad de la población han modificado radicalmente el patrón de organización del territorio y tienden a desplazar las fronteras entre lo rural y lo urbano. (Link 2000). Bajo el empuje de nuevas expectativas hacia el campo y el desarrollo de nuevas funciones de las áreas rurales, la vieja dicotomía entre campo y ciudad ha dejado de tener sentido. Ha futuro se espera tener en las crecientes y dinámicas relaciones urbano-rural, un complejo potenciador de capacidades y oportunidades para el desarrollo armónico de estos espacios. Ese carácter multifuncional, complejo de la ruralidad han obligado a una importante discusión teórica y a la búsqueda de abordajes integrales. En este nuevo marco, el desarrollo rural adquiere sentido si es adaptado a las nuevas realidades y al reconocimiento de oportunidades y amenazas que lo influencian, especialmente las debidas a los difícilmente predecibles cambios en los escenarios locales, regionales, nacionales e internacionales. El desarrollo rural exige de relacionamiento y complementariedad entre los diferentes actores del sector rural, el soporte institucional, una amigable relación con lo ambiental, y una participación solidaria y necesario control por parte del Estado. En este punto, como señala Echeverri, la visión territorial aporta uno de los factores más importantes de eficiencia en el desarrollo: El primero es que responde más acertadamente a la integralidad y sentido holístico del desarrollo, al incorporar las visiones locales, desde la perspectiva de sus actores. El segundo es que la reconocida heterogeneidad de nuestro sector rural, implica la diferenciación de las acciones, lo cual se traduce en una altísima complejidad de política pública, absolutamente imposible de concebir y gestionar desde centros de poder y decisión. Esta consideración conduce a la necesidad de encontrar mecanismos de alianza y focalización de política en los entes territoriales, en sus estrategias de desarrollo como conjunto, de forma que la política pública sectorial transite hacia una verdadera descentralización de la gestión del desarrollo. La Nueva Ruralidad, concebida sobre una base de organización para la gestión y mayor participación propone cambiar el sentido de relacionamiento de las comunidades con el Estado y con las políticas sectoriales. Se trata de definir competencias en el territorio, en la cual, y sin perjuicio de las necesarias relaciones con los estamentos regionales y nacionales, se responsabiliza al municipio y a las organizaciones locales, de las decisiones y gestión del desarrollo integral local. El reconocimiento de la importancia de las realidades locales y de su influencia en los procesos de desarrollo, han motivado a diferentes instituciones a generar metodologías, diseñar políticas y emprender acciones tendientes a darle una mayor importancia a los procesos de desarrollo local. Se trata de lograr una mayor participación de la sociedad civil y de las organizaciones sociales y productivas, de estimular procesos de concertación y construcción de consensos entre los distintos actores de desarrollo rural, así como la construcción de proyectos participativos para canalizar recursos que permitan satisfacer demandas de inversión, según las exigencias de los pobladores. En este sentido cabe destacar las estrategias de “extensión para el desarrollo rural” emprendidas por la Fundación CIARA en mas de 130 Municipios del país al inicio de este milenio y la”“estrategia de desarrollo humano local sostenible” adelantadas por el PNUD en algunas regiones de Venezuela que buscan fortalecer las capacidades de hombres y mujeres, organizaciones e instituciones, y promover oportunidades de desarrollo social, económico, político-institucional, territorial-ambiental y cultural. Para finalizar este aparte debemos decir que los nuevos conceptos de ruralidad permiten establecer un importante basamento para la comprensión de esas complejas realidades e impulsar de una manera más efectiva y eficiente los necesarios procesos de desarrollo, constructores de bienestar para las familias y comunidades del campo Venezolano. El desarrollo rural Como hemos señalado en apartes anteriores, el desarrollo tiene que ver con el mejoramiento de las capacidades y oportunidades de la gente. En este sentido es un concepto que comprende elementos cuantitativos y cualitativos, dirigidos al ser humano y que por lo tanto trasciende un ámbito o espacio determinado. El desarrollo es un proceso de y para la gente, la sociedad. Es un proceso de construcción colectiva que sosteniblemente se nutre de conocimiento, comunicación, organización, participación, solidaridad y compromiso. El desarrollo es principio y fin: es construcción de capacidades y creación de oportunidades para que el ser humano, la sociedad en un espiral virtuoso pueda crear nuevas capacidades y nuevas oportunidades. El desarrollo, entonces, tiene que ver con la creación de un capital humano/social emprendedor de procesos socioproductivos, constructores de bienestar y por ello tiene un sentido global. (Arias 2002). Sin embargo, para propósitos prácticos y de permitir la operatividad y utilidad del concepto podemos y se hace imperativo “calificarlo”. Es así que hablamos de desarrollo rural como vivencia que ocurre en zonas rurales y que responde a las características de esos complejos espacios y a sus no menos complejas relaciones con su entorno. En este sentido algunos principios básicos a considerar serían: 1. Hablamos de desarrollo, por lo tanto el mejoramiento de la libertad, de las capacidades y oportunidades de la población es lo fundamental. 2. Es desarrollo en zonas rurales. De ahí que el carácter multifuncional y las características específicas, únicas de cada región determinará, condicionará las estrategias de desarrollo. 3. En la ruralidad y su desarrollo se establecen relaciones a lo interno, con otras localidades, con sistemas urbanos, otras regiones, el país como un todo y relaciones internacionales que le dan sentido a ese complejo sistema. 4. El dinamismo y sentido holístico del desarrollo rural, exige de enfoques sistémicos que puedan explicarlo con propiedad. Modelo de desarrollo rural sostenible Es muy difícil pretender hacer un modelo que contenga todos los componentes del desarrollo rural. Son por supuesto muchas las variables a tomar en consideración pero entendemos que cualquier modelo, aún siendo simplificación de la realidad, puede ser un instrumento de gran utilidad a la hora de comprender esas realidades y sobre esa base orientar políticas, estrategias, acciones, y en general una toma de decisiones más efectiva en procura del desarrollo sostenible de los espacios rurales. La figura anexa muestra un modelo de desarrollo rural. Se ha tratado de exponer un modelo plano, de círculos concéntricos que expresa de manera sistémica las interrelaciones de los diferentes componentes. Este modelo, consecuente con lo que hemos venido señalando, puntualiza y por ello es núcleo central, que el desarrollo rural sostenible ocurrirá si se procura un desarrollo humano/social que sea medio y fin para el logro de bienestar sostenible de las familias/comunidades rurales. El círculo exterior del modelo contiene lo que denominamos el entorno o el ambiente en el cual ocurre el proceso de desarrollo rural. Se trata del entorno político, económico, social, cultural, ecológico e institucional del espacio rural bajo estudio. Pero igualmente importante es la consideración de esas variables a un nivel más macro: regional, nacional e internacional que constantemente influencian ese ambiente local. En esos ambientes existen fuerzas de gran dinamismo, algunas independientes, otras interdependientes que ejercen una constante significativa influencia en los procesos de desarrollo. A un gran nivel podemos decir que se trata de fuerzas políticas, económicas, sociales, ecológicas manifestadas en términos de recursos naturales, organizaciones, instituciones políticas, económicas, culturales y sociales, etc., que actúan en el estado-nación y afectan de manera muy diversa el comportamiento de los diferentes sectores productivos y del estamento social-institucional como un todo. Es claro que este ambiente visto en forma general, resulta en un acopio de indefinibles de poca utilidad a la hora de estudiar sus influencias y efectos sobre los procesos de desarrollo, pero su estudio a la hora de diseñar programas de desarrollo rural es fundamental. El conocimiento, por lo tanto, de sus componentes y el dinamismo de sus relaciones resulta vital para comprender y sobre esa base planear las posibilidades de desarrollo de cualquier región. Diagnostico y permanente monitoreo de estas variables será necesario. Si bien no es el objetivo de este trabajo caracterizar ese mar donde navega el desarrollo, quisiéramos detenernos en 2 de estas macro variables que consideramos de gran importancia: la institucionalidad, y el ámbito de lo público y el papel del Estado. La institucionalidad La viabilidad de incorporación de las propuestas que integran una Nueva Territorialidad Rural, en particular en la perspectiva de un nuevo enfoque de territorio y de una nueva economía rural, pasa por la construcción de una nueva institucionalidad, como expresión real de una estructura de reglas de juego y organizaciones que posibilite los procesos políticos y económicos (Echeverri 2001). La institucionalidad la podemos definir como el conjunto de reglas formales e informales y sus mecanismos de ejecución que inciden sobre el comportamiento de los individuos y organizaciones. Ellas dominan el espacio de lo público (espacio de encuentro entre los diferentes intereses individuales), en un contexto de interacción colectiva. La institucionalidad es mucho más que organizaciones formales públicas. La forma de regulación de una sociedad, los acuerdos, las normas, las competencias, los compromisos, los roles, las formas de organización formal e informal, las organizaciones privadas y públicas, forman parte integral de la institucionalidad. Su reflejo es lo que podemos denominar un contrato social, el cual sirve de referente para la acción individual. La institucionalidad es garante de los derechos reconocidos para y por los miembros de una sociedad y brinda parámetros para el ejercicio y cumplimiento de deberes con el colectivo y la misma acción privada (Echeverri 2001). El desarrollo rural exige una institucionalidad, unas reglas de juego que hagan posible la visualización y la instrumentación de estrategias, políticas y cursos de acción, y que permita convocar efectivamente y den garantía a los actores del desarrollo rural en el ejercicio del rol activo que les corresponde. La institucionalidad deseable debe ser proactiva y acorde a las circunstancias, vinculadora de los esfuerzos de todos los protagonistas del desarrollo, la agricultura y la ruralidad, y lo más importante: a la altura de exigencias, retos y nuevos desafíos que demandan mayor creatividad, ingenio, comprensión, solidaridad y compromiso. En este sentido, las organizaciones formales en tanto que instituciones deben estar legitimadas por el compromiso y la participación. Las organizaciones deben constituirse en un gran foro que convoque, acerque la fructífera discusión conceptual, a un necesario y participativo accionar en los espacios rurales. Esa es la búsqueda hoy. Una búsqueda hacia fuera, al encuentro de espacios para discutir y actuar en los procesos de desarrollo. Las instituciones son hoy instrumentos del cambio necesario, pero para ello deben interpretar realidades, adecuarse y dar respuesta a los requerimientos sociales. Hoy las instituciones, para ser motor de cambio, motor de desarrollo, requieren ser el resultado de acuerdos sociales, ser manejables, perfectibles, ágiles y relacionables. El desarrollo de los territorios rurales requiere generar un proceso de fortalecimiento de la capacidad de gestión e interlocución de los actores rurales con el nivel regional, nacional y global. Para ello se deben emprender acciones que tiendan a consolidar el empoderamiento local, o sea la toma de poder de las localidades en cuanto a la forma, criterio, naturaleza, orientación y priorización de los apoyos públicos requeridos para un desarrollo propio. Debemos por ello prestar especial importancia a la institucionalidad local porque es a este nivel (mas que en las organizaciones públicas nacionales distantes) donde se produce el desarrollo y se construye la nueva ruralidad. Como sabemos es en el ámbito local donde se perciben con mayor precisión la especificidad de las carencias, restricciones y potencialidades de la sociedad. Igualmente las posibilidades del capital humano/social aumentan en aquellos espacios territoriales reducidos y cuando los interlocutores institucionales están próximos y finalmente en los ámbitos locales las posibilidades de control social son mucho mayores. La descentralización o la transferencia del poder de decisión a las localidades (estados, municipios, comunidades) es una política de Estado de particular pertinencia. Sin embargo, está llena de complejidades porque implica un cambio radical en la cultura de las organizaciones públicas con un legado de siglos de políticas centralizadas y además, exige capacidad administrativa y técnica en la población local para asumir las responsabilidades transferidas por el gobierno central (Escobar, A. 2000). Este proceso implica igualmente que las instituciones locales asuman la responsabilidad y los riesgos de sus propias decisiones y requiere mecanismos eficientes, participativos y democráticos para que se ejerza un adecuado control social sobre la gestión de sus propias instituciones. El desarrollo de estructuras institucionales de nivel local que sirvan de sustrato al aumento de capital social; la flexibilidad organizacional de las organizaciones comunitarias, privadas y ONG’s, así como un consolidado relacionamiento e integración institucional, son todas posibilidades parar la creación de una fortalecida institucionalidad para el desarrollo rural. Se requiere generar una institucionalidad local fuerte y legítima que, considerando la gran heterogeneidad rural, debe desarrollar la capacidad para que las instituciones básicas locales, evolucionen de acuerdo con sus particularidades hacia una institucionalidad propia, singular, legítima, de amplia participación y fuertes sistemas de control social. Esto último se corresponde con lo que denominamos desarrollo endógeno y empoderamiento social comunitario local. El ámbito de lo público y el papel del Estado Existe una importante discusión ideológica y política sobre la definición y redefinición del papel del estado en el ámbito de lo público y el desarrollo de las naciones. Según sea el caso se habla de menos Estado y mas mercado, o sea reducción al mínimo de la presencia estatal (modelos neo-liberales) o en el otro extremo se proclama una significativa presencia y acción del Estado en el desarrollo de los países. En ambos casos hay ventajas y fuertes desventajas en la aplicación de estos modelos extremos y afortunadamente se presentan a la discusión concepciones más moderadas que reconocen la importancia de una interrelación positiva: privada-pública, sociedad civil-Estado, como grandes motores del desarrollo sostenible. Es necesario, por lo tanto, superar la dicotomía Estado y sociedad civil y comprender como lo señala CEPAL que el ámbito de lo público viene a ser “el espacio de los intereses colectivos”. Lo público es mucho mas que “lo estatal”, pero así mismo el papel del Estado y las instituciones como expresiones del interés colectivo es fundamental para que esos espacios de interés colectivo tengan sentido.”Watts (1961 citado por Escobar, 2000), señala que la sociedad no es tanto una cosa cuanto un proceso en acción. Como modelo de comportamiento, la sociedad es sobre todo un sistema de comunicación de gentes que se mantiene por medio de una actividad consistente. De ahí que reglas de juego y su mantenimiento son absolutamente necesarias. Sobre la base de lo anterior creemos en la necesidad de discutir y plantear alternativas para la redefinición de funciones del papel del Estado en la promoción del desarrollo en nuestros países. Esas alternativas podrían estar alimentadas por varios hechos fundamentales: 1. El Estado tiene un papel fundamental que jugar en la promoción de un desarrollo rural equitativo, el fortalecimiento de áreas emergentes, la redefinición del papel de los agentes privados, de las comunidades y la sociedad civil. Para ello debe ser ágil y adecuar las políticas públicas a las señales de las comunidades, los agentes privados, así como de las exigencias que envía el proceso globalizador. 2. En el diseño de una nueva estructura institucional expresión de los intereses públicos, se debe balancear el papel fundamental del Estado como auspiciador y necesario equilibrador de procesos de desarrollo, con la participación creciente del sector privado, la sociedad civil, las regiones y las ONGs. 3. Tomando en cuenta el nivel de desarrollo económico, social y cultural de nuestro país y de nuestro sector rural, el Estado debe jugar un papel importante en las tareas de: a) Planificación Estratégica y Formulación de Políticas, con respecto a las instituciones, al comercio internacional, a la inversión y al manejo macroeconómico. b) Apoyo al incremento de la productividad y competitividad de la agricultura y en general de la economía rural, lo cual incluye el financiamiento y promoción de la innovación tecnológica, el comercio, la información y el desarrollo de mercados y los aspectos sanitarios. c) Mejorar la capacidad del sector financiero para proveer al sector rural con recursos de mediano y largo plazo para el financiamiento de la inversión productiva rural. d) La sustentabilidad social del sector rural, lo cual exige la identificación de mecanismos alternativos para desarrollar la acción del Estado en materia de reducción de la pobreza rural, incluyendo mecanismos para incrementar la organización, el cooperativismo y capacidad empresarial de los habitantes rurales y vincular a los pequeños productores y pobladores rurales a proyectos que aprovechen oportunidades reales de mercado. Esto incluye la incorporación de la sociedad civil, la valorización de la iniciativa local y el trabajo conjunto con las ONGs, empresas privadas y asociaciones de productores. e) El desarrollo humano, incluyendo inversiones en educación, capacitación, salud y empleo en el sector rural. f) Aprovechamiento sustentable de los recursos naturales, lo cual incluye las acciones para modificar el marco legal e institucional para el aprovechamiento de tierras, bosques y aguas, la definición clara de derechos de propiedad, sean individuales o comunales y el diseño de las acciones necesarias para su monitoreo y conservación. g) Infraestructura y servicios para la producción y para el desarrollo social. Es tarea del Estado crear y mantener la base infraestructural que permita desarrollo económico y una mejor calidad de vida para los habitantes de las áreas rurales. (Modificado de MontesLlamas 2000) Capital humano, social e institucional El centro del modelo propuesto lo constituye la creación y fortalecimiento de un capital humano y social capaz de construir sus instituciones, su propio desarrollo. Capaz, a través de un incrementado conocimiento y los necesarios apoyos, de crear y aprovechar oportunidades. Es la familia, la comunidad, las instituciones valorizadas y “empoderadas” por un constantemente incrementado conocimiento y apropiación tecnológica, que al disponerse a manejar racional y sosteniblemente vectores como la infraestructura social y para la producción, la organización social y comunitaria, la producción y la agregación de valor a los productos, el financiamiento, se convierten en protagonistas de la construcción sostenible de procesos económicos, sociales e institucionales, y por lo tanto de su propio desarrollo. La estrategia a largo plazo para lograr el deseado desarrollo sostenible de los espacios rurales, por lo tanto, debe tener su base en la creación y fortalecimiento de un capital humano, social e institucional asociado a una ruralidad determinada, que oriente y fundamente la toma de decisiones, el compromiso y un accionar solidario y más participativo de los diferentes actores que hacen vida o se relacionan con estos espacios. En este sentido, el capital humano como mejoramiento del perfil de la población es base para una mejor comprensión del significado estratégico de los procesos de desarrollo, lo que unido al necesario desarrollo de un importante capital social constructor de relaciones de confianza, reciprocidad y cooperación para una mayor cohesión social y valoración del futuro común, potencia la acción social hacia la construcción de bienestar. Hablamos de estos capitales como fortalezas sociales conscientes de la importancia de promover e impulsar su propio desarrollo. Un capital creativo, buscador de oportunidades, constructor de bienestar, constructor de futuro. En este orden de ideas, enfatizamos que el fortalecimiento del capital institucional es igualmente fundamental. Es la institucionalidad la encargada de establecer las reglas del juego: las leyes, normas, regulaciones, así como las reglas de ética, confianza y otros códigos sociales que sirven de plataforma para el necesario relacionamiento y construcción colectiva de la sociedad. Muy importante, el modelo propuesto enfatiza que el desarrollo rural sostenible del que hablamos debe tener su base en un sólido y constantemente actualizado conocimiento. Es este conocimiento la base para impulsar el desarrollo de los capitales humano, social, institucional antes descritos. El conocimiento y la tecnología en este modelo, más que ser un vector de desarrollo es un eje que corta transversalmente los diferentes vectores. Es ese constantemente incrementado conocimiento lo que permitirá un creciente estado de conciencia y responsabilidad ciudadana y capacidad para el manejo más adecuado, eficiente y efectivo de los vectores del desarrollo: infraestructura, organización, financiamiento, producción y agregación de valor. Mientras mayor sea el conocimiento del ser humano y el de su colectivo, mayor será su capacidad para organizarse, participar, mejorar su producción, construir infraestructura, mejorar su educación, salud. En general para crear e ir a la búsqueda de oportunidades para el mejoramiento de su desarrollo y bienestar sostenible. Enfoques y procesos Igualmente, el modelo planteado soporta su viabilidad en el uso de nuevos enfoques y procesos que permiten explicar y operar sosteniblemente el complejo entramado de relaciones que dan sentido a esas realidades. Enfoques como el de demanda ponderador de los requerimientos, intereses y necesidades de la gente; el enfoque sistémico como marco para ver interrelaciones, patrones de cambio, para manejar la complejidad; el enfoque de género que reconoce el rol de los ciudadanos en la familia, las comunidades, en la sociedad; el enfoque territorial que aborda de forma holística complejos espacios punto de encuentro de lo natural, político, socioeconómico, cultural; y el enfoque ambiental garante de las posibilidades de futuro se constituyen, en este marco, en instrumentos fundamentales para el desarrollo rural. De la misma manera se otorga relevancia a una serie de procesos, bases para la creación de capital humano/social y de fortalecimiento institucional, entre los que destacan: el proceso de innovación, a través del cual se genera, difunde, adopta y usa el conocimiento y la tecnología en un marco de compromiso social de los actores; el proceso de capacitación coadyuvante y como vía para desarrollar capacidades en la gente; los procesos organizativos creadores de espacios para la participación. En el mundo de hoy es difícilmente concebible que la toma de decisiones y el poder puedan ser ejercidos a partir de individuos que se representan sólo a sí mismos; el proceso productivo generador de riqueza, empleos, ingreso; la participación entendida como la puesta en marcha de un proceso a través del cual los actores logran una verdadera redistribución de oportunidades que les permite tomar parte en las decisiones y contribuir con su propio desarrollo, ya no sólo como simples beneficiarios, sino como gestores del desarrollo; y muy importante, por ser expresión del enfoque ambiental e integrador ético-moral, resaltamos los procesos de conservación llamados a garantizar la propia existencia humana y del planeta en el largo plazo. Finalmente queremos decir que el Desarrollo Sostenible, es en nuestra opinión, la más efectiva vía para atacar el flagelo de la “pobreza” y la exclusión, que de manera creciente hostiga nuestros pueblos, especialmente en las zonas rurales y no es posible, como dice Escobar (2000) un desarrollo rural sostenible sin la articulación armónica de los objetivos”“fuertes” de crecimiento y eficiencia con los objetivos “débiles” de equidad (distribución de la riqueza) y democracia (distribución del poder). Es claro que si el desarrollo es mejoramiento de las capacidades y oportunidades de la gente como hemos venido señalando a lo largo de este trabajo, cualquier estrategia para impulsarlo, especialmente en los países en vías de desarrollo, pasa por darle prioridad a políticas de formación, capacitación e investigación. Estamos seguros que los nuevos paradigmas del desarrollo rural y la ruralidad exigen de una visión de futuro que comprometa el pensamiento y su consecuente accionar, en la búsqueda de conceptos que den sentido a la necesaria relación hombre-sociedad-naturaleza y sean guía en la optimización de las posibilidades del desarrollo humano/social y con ello la sostenibilidad de la vida en nuestro planeta. Se trata de activar un proceso de largo plazo, basado en el conocimiento, la libertad y la creación de oportunidades en el cual el hombre, la familia, la comunidad inserta en la totalidad país, se dispone a construir un mejor futuro para ellos y las nuevas generaciones. Referencias  Arias, I. (1995). La Importancia de las Relaciones en los Sistemas de Innovación de Tecnológica Agrícola. Revista. Espacios, Vol. 16, No 2, 5-24.  Arias, I., Remiro, M. y Escobar A. (2000). Institucionalidad y Desarrollo Rural. 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