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Orlando

Zapata

El doble
crimen
A la memoria del poeta y activista por la democracia

Pedro Luis Boitel


quien se inmoló frente a la sevicia totalitaria y al silencio cómplice
Por la libertad de su patria.
La muerte y la muerte de Orlando Zapata Tamayo
Por Aquiles Julián

Orlando Tamayo, al igual que Quincas Berro Dagua, aquel


personaje inolvidable del relato de Jorge Amado que murió dos
veces, está siendo doblemente asesinado.

Su primera muerte, la física, ocurrió hace poco frente a la


indiferencia y la pasividad mundiales. Se inmoló. 85 días de
huelga de hambre, iniciada el 3 de diciembre del 2009 y
favorecida por sus carceleros que, como el director del penal de
Kilo 8 en Camagüey, le impidió ingerir agua por 18 días
buscando quebrantarle su decisión, lo que le provocó un fallo
renal, le abatieron. El cuerpo, debilitado, colapsó el 23 de febrero
del 2010.

Orlando Zapata hizo uso de lo que el psiquiatra austríaco Viktor Frankl, quien padeció al
igual que él los rigores de las prisiones y campos de concentración totalitarios, bien
denominó en su libro El hombre en busca de sentido la última de las libertades
humanas: la de elegir la respuesta a lo que nos sucede.

Él, Orlando, hizo una elección: plantarse, arriesgar su vida en una huelga de hambre
contra un sistema insensato, obtuso, criminal. Golpizas, maltratos, restricciones,
supresiones como la del agua, todo se empleó para reducirlo a la “obediencia”. Y
Orlando Zapata se creció, y lo hizo hasta la estatura del héroe; prefirió el martirio a la
pasividad; la muerte a la colaboración.

Murió frente a la indolencia y a la permisividad alegre del régimen, que lo facilitó


calculando que su muerte desalentaba al versátil y cada vez mayor movimiento interno
por la democracia y la libertad en Cuba. Y ya verificada la primera muerte, entonces han
procedido a iniciarle la segunda: enlodarle. Y aquí se intenta todo: el silencio, la
desinformación y el crimen peor: la calumnia barata. Y para eso han templado la
matraca canalla, el aparato de difundir infundios que mantiene el Estado totalitario
cubano, coordinado por sus agentes de espionaje y desinformación, e integrado por
todo tipo de descerebrado, por todo tipo de idiota, ya no sólo latinoamericano, pues la
incapacidad de discernir y evaluar hechos, de formarse una opinión independiente,
como dice la canción “no tiene tiempo ni tiene edad”, ni región del mundo ni
nacionalidad, añado yo.
Así, leo en El País, de España (www.elpais.com/global ), la declaración de un bonitillo
del cine español que afirma que Orlando Tamayo era un delincuente. El primer
“delincuente” en el mundo, añado yo, que se inmola en defensa de sus ideales y de la
libertad de su pueblo. Pero, recuerdo también, al mismísimo Jesús lo tildaron de
delincuente.

El caribonito “Willy” Toledo, en una actividad de relaciones públicas, de esas que se


realizan para ganar cámara y sonar en la prensa a costillas de una buena causa, creando
una imagen de sensibilidad social según el diseño de sus asesores de imagen, se dispara
con la siguiente declaración:

"No son simples disidentes ni prisioneros políticos", ha asegurado el actor, quien ha


añadido -en referencia a Orlando Zapata- que "este señor, al que se llama disidente, no
era más que un delincuente común, que ha sido forzado y manipulado por otras
personas parece ser que para ponerse en huelga de hambre y llegar al extremo de
dejarse la vida" (El País).

Es evidente que cuidar tanto la facha, de la que vive, no le ha permitido pulir otras áreas
menos visibles, de su anatomía, ya que, supongo que partiendo de sus propias vivencias,
juzga que Orlando Zapata fue “forzado y manipulado por otras personas para
inmolarse”. Era un mequetrefe. Un pelele. Un individuo sin criterio. El perfil de un
idiota, no de un delincuente. Un ser sin carácter al que le ponen a hacer cosas. ¿Estaba
hablando de Orlando o de sí mismo?

S. I. Hayakawa, en su libro El lenguaje en el pensamiento y en la acción, que de seguro


el docto actor ha devorado (hombre de criterio propio el “Willy”, de opiniones
documentadas, capaz de discernir y superar las apariencias), me enseñó que mi
experiencia era la fuente primaria de mis saberes. Así, una afirmación rotunda como que
Orlando Zapata era “un delincuente común”, asegurada con esa rotundidad que manda
madre, sólo puede derivar de tres experiencias directas que lo justifiquen:

a. Es un delincuente común pues delinquí con él, fui su cómplice

b. Es un delincuente común porque me abusó: fui su víctima

c. Es un delincuente común porque le vi cometer el delito: fui testigo

Si el caribonito de marras no fue cómplice, ni víctima ni testigo, entonces está


calumniando a una persona que no puede defenderse porque fue dejado morir. No sólo
es un calumniador, también es un imperdonable cobarde. Y si, aún peor, simplemente
repite el guión que le dieron, entonces su infamia es más grave, pues acusa a Orlando
Zapata de ser manipulado por otras personas, cuando quien repite como papagayo una
acusación de la que no tiene prueba alguna, sumándose a una campaña de calumnias
diseñada por los titiriteros de La Habana para enlodar la memoria de este mártir de la
libertad cubana, es él, el “Willy”. Y lo hace aprovechándose de su fama temporal y del
gusto por el escándalo de la prensa. Y que el periódico El País le amplifique como si
esta infame calumnia tuviera algún asidero, sabedores ellos de que no, es un uso bien
lamentable e indignante de la libertad de información, pues en la calumnia del “Willy”
Toledo (así, en inglés, con glamour, antiimperialismo acomodaticio que se le descorre
como el mal maquillaje en el apodo agringado), no hay información alguna, simple
pathablar orwelliano, simple repetir el guión de la infamia, simple atropello cobarde.

Orlando Zapata fue detenido el 6 de diciembre del 2002 durante la batida que redujo a
prisión a 75 opositores al régimen de Castro. Fue condenado a tres años por “desacato,
desorden público y desobediencia”, que es lo que el “Willy”, así de chic su apodo, tilda de
“delincuencia común”. Lo excarcelan el 7 de marzo del 2003 y el 20 de marzo del 2003
lo reapresan, mientras participaba en un típico acto de delincuencia común , como el
“Willy” bien dijo: participaba en un ayuno junto a Martha Beatriz Roque Cabello y
cuatro personas más, a favor de Oscar Elías Biscet González y demás activistas por la
democracia presos en Cuba. ¿Qué se evidencia, la delincuencia o la calumnia, “Willy”?

Su actitud contestataria en prisión provocó que le acusaran de nuevos delitos. Fue


sometido a frecuentes palizas, una de ellas en octubre del 2009 en la prisión de Holguín
(de seguro por carceleros de Guantánamo, según Raúl Castro).

Ahora empieza la rumba de infamias y denuestos para matar moralmente a Orlando


Zapata, su segunda muerte. ¿Podrán? Es difícil cuando hay un ejemplo extremo de
coherencia, de congruencia. No es lo mismo hacer una rueda de prensa en Madrid para
aprovechar una situación, la saharaui, y ganar cámara y reseñas (actividad programada,
bien lo sabemos, por los burós de relaciones públicas que trabajan la imagen del
“producto”, que no otra cosa es nuestro bonitillo, luego de hacer el oportuno estudio de
opinión, para conectar con la vibra del mercado), repitiendo líneas ensayadas y
aprendidas, como buen comediante, según el libreto del director de RRPP que fija las
pautas en busca de un efecto; que llegar al extremo de perder la vida por una causa en la
que se cree y por la que se vive y se muere.
A Orlando Zapata más de una vez le pidieron levantar la huelga. Y se negó. Quería que
no se le apaleara. Quería mínimos derechos, como el de comer la comida que su mamá
le llevaba. Pero en Cuba no hay derecho alguno para la población, sometida a la
arbitrariedad totalitaria de los Castro, un estado estalinista puro.

Lenín solía repetir que quien cree en las palabras de alguien es un perfecto idiota. Sin
embargo, manipular las palabras y confundir, engañar y desinformar es tarea en la que
se goza ese encantador de mentes cándidas y buenas conciencias que es el padrecito de
los pueblos y revolucionarios del mundo, el señor Fidel Castro.

Así, Castro, ya que lo senil no quita lo indecente, declara solemnemente, para que los
“Willy” Toledo del mundo repitan como buenas cotorras parlanchinas, que “Cuba
nunca ha asesinado a un adversario”, lo cual, en stricto sensu, es verdadero: Cuba, una
entidad abstracta, una denominación política de un territorio, no puede, por abstracta e
incorpórea, asesinar a nadie, pero el gobierno dictatorial cubano sí. ¿No es acaso lo
típico del comportamiento de los gorilas autoritarios? Y el de Cuba es una dictadura
militar y, peor todavía, fascista, totalitaria. Aceptemos, entonces, que Cuba, al no existir
en la realidad tangible sino ser un concepto abstracto, ni ha asesinado, ni ha hecho
nunca nada. Hablemos de la dictadura militar cubana que lleva ya 51 años de latrocinio,
incompetencia y letalidad. ¿Nunca ha asesinado a un adversario?

Bueno, esto ya es harina de otro costal, sobre todo una dictadura militar que comenzó
fusilando a diestra y siniestra, aplicando juicios sumarísimos y popularizando los
“paredones”. ¿Eran adversarios políticos los que fueron fusilados? Evidentemente.
Aunque la medida se extendió a los partidarios incómodos, aquellos compañeros de ruta
que ayudaron en la lucha antibatistiana pero que eran luego obstáculo en el plan de
derivar la revolución libertadora en tiranía totalitaria estalinista. Se les levantaron
expedientes falsos. Se les juzgó sumariamente. Y se les fusiló o se les encarceló, mientras
se amplificaban todo tipo de infundios y bajezas incriminatorias. ¿Y terminó allí la
práctica? ¿No se permitió la muerte de Pedro Luis Boitel, quien sucumbió también en
una huelga de hambre, la resistencia civil, no violenta, frente a la prepotencia criminal
de los ensorbecidos comandantes? Las barcazas ametralladas ¿no existen? ¿Y que tal de
Arnaldo Ochoa y demás fusilados, luego de una comedia de proceso legal, tan al gusto de
los estalinistas tropicales y no tropicales? ¿Cómo es que tenemos tanta sangre entre las
pezuñas y seguimos mintiendo con descaro? ¿No es la misma dictadura comprometida
hasta el tuétano con la narcoguerrilla colombiana, con los terroristas de la ETA y con el
tráfico de drogas? Declaraciones de hojalata de un tirano facistoide, admirador de Hitler
al que la historia ya le tiene su tristísima condena sin ninguna absolución posible.

Lo de fascistoide es viejo en Fidel Castro, a quien le encantan los pastiches de los


discursos nazis y fascistas. Así, su best-seller “La historia me absolverá”, fue un plagio
grosero de Adolf Hitler. ¿Y qué le parece esta perla de Mussolini? “Todo en el Estado,
nada contra el Estado, nada fuera del Estado”, que el preclaro comandante en jefe
¿comediante en jefe, como precisa, aguda, Zoé Valdez?, reescribió con su talento de
siempre, cuando expresó en la reunión con los intelectuales en Cuba, que hizo temblar al
gran Virgilio Piñera viendo lo que venía: “Con la revolución todo; contra la revolución
nada”. Así, el Líder Máximo no cita a Marx ni a Lenín ni a Stalin, cita a Hitler y
Mussolini; peor aún, no los cita, los plagia.

Mussolini, su viejo referente, ya escribió sobre el modelo fascista: “ La concepción


fascista del Estado lo abarca todo; fuera de él no pueden existir, y menos aún valer,
valores humanos y espirituales. Entendido de esta manera, el fascismo es
totalitarismo…” ¿Y no está retratando al Estado castrista?

Los viejos sanbenitos: “agentes pagados del imperio”, se descalabran. El descrédito de


un régimen de fuerza, del último gobierno gorila de Latinoamérica, es cada vez mayor.
Un gobierno militar sumamente inepto, altamente incompetente, supremamente
dañino, increíblemente represivo, ostensiblemente inmoral, letalmente inhumano,
inconcebiblemente infuncional, extraordinariamente anacrónico, un vejestorio (y
relleno de vejestorios y oportunistas que medran a costillas del exangüe Estado cubano),
que emite sus últimos estertores, incapaz de darle una mínima existencia digna a su
población que lo padece por la imposición de las botas que no piensan, ejecutan.

Raúl Castro, en un ejercicio de cinismo, declaró: “No existen torturados, no hubo


torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base de Guantánamo”. Próximamente
veremos cómo agentes del imperialismo norteamericano, topos de la CIA, hicieron
morir de inanición a Orlando Zapata. Si es que admitimos su existencia y su muerte,
porque también podemos decir que es un show mediático montado por los periódicos
miembros de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, pagado con fondos de la CIA y
los “gusanos” cubanos. ¿Y de paso no podemos también echarle la culpa de su muerte al
bloqueo?
Esta tiranía totalitaria cubana es la última dictadura latinoamericana, la más terrible, la
más prolongada, la peor. En un continente lleno de ejemplares nauseabundos, de
engolados caudillos siniestros, de los Yo, El Supremo típicos, en este continente de los
patriarcas que prolongan sus otoños para desgracia de sus conciudadanos, la dinastía
cubana de los Castro ha sobrepasado todos los récords. Son los últimos gorilas, los
últimos generalotes de horca y cuchillo, los últimos especímenes de una amarga especie
que ha sembrado de oprobio nuestra historia y ha retrasado en décadas nuestra
madurez como naciones en donde la voluntad democrática de la mayoría se respeta y la
disensión y la oposición de las minorías no sólo se toleran, se estiman y valoran, como la
contraparte importante del juego democrático.

Muere manchándose de sangre todavía más. Y esa sangre digna resplandece y nos revela
nuestra miserable cobardía al no protestar virilmente tanta vesanía. Y es que, recuerden,
ellos no creen en “valores espirituales y humanos”, pero ¿tampoco nosotros?
Dossier
de prensa
Fidel Castro: "Cuba nunca ha asesinado a un
adversario"
El ex presidente sale al paso de las críticas internacionales por la muerte del opositor Zapata.- Dos
presos abandonan la huelga de hambre que seguían en protesta contra el
régimen, aunque al menos dos más y el periodista Fariñas persisten en el
ayuno
AGENCIAS / EL PAÍS - La Habana / Madrid - 02/03/2010

"Jamás Cuba ha ordenado el asesinato de un adversario". Así lo asegura Fidel


Castro en un artículo leído por un locutor en la televisión nacional, con el que el
líder cubano sale al paso de las críticas internacionales contra el Gobierno de la
isla por la polémica muerte del opositor Orlando Zapata, fallecido la semana
pasada al cabo de 85 días en huelga de hambre. En la nota, el ex presidente
cubano defiende especialmente al mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da
Silva, a quien en los últimos días se ha acusado de ignorar el caso de Zapata en
su reciente visita a La Habana. "Algunos envidiosos de su prestigio y de su
gloria, y peor aún, los que están al servicio del imperio (EE UU), lo criticaron
por visitar Cuba", escribe. Pero "Lula conoce desde hace muchos años que en
nuestro país jamás se torturó a nadie, jamás se ordenó el asesinato de un adversario, jamás se mintió al pueblo.
Tiene la seguridad de que la verdad es compañera inseparable de sus amigos cubanos", agrega.

El presidente brasileño se reunió el miércoles pasado en La Habana con Fidel Castro y con su hermano y
sucesor en la presidencia, Raúl, que pronunció ante él las primeras palabras sobre el caso Zapata a periodistas
de la comitiva de Lula. "No hubo torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base de Guantánamo", dijo el
actual mandatario. Después, Lula partió hacia Haití y El Salvador, desde donde declaró que no se puede juzgar
el gobierno de un país por la actitud de un ciudadano que se declara en huelga de hambre. "Un ciudadano que
entra en huelga de hambre está tomando una opción. En mi opinión, una opción equivocada", dijo, recordó
además que él mismo recurrió a este tipo de protesta en Brasil cuando era dirigente sindical, pero que "jamás"
haría huelga de hambre de nuevo.

Dos presos abandonan la huelga de hambre


Mientras, dos disidentes cubanos encarcelados decidieron ayer abandonar la huelga de hambre que
comenzaron la semana pasada tras la muerte Zapata, mientras que al menos dos más y el periodista Guillermo
Fariñas persisten en esa medida, según fuentes de la disidencia. Diosdado Gonzalez, que cumple una condena
de 20 años en la cárcel Kilo 5 de la provincia occidental de Pinar del Río, ya ha dejado el ayuno, y Eduardo Díaz
Fleitas, recluido en el mismo penal con una sentencia de 21 años, ha anunciado que lo hará este martes, cuando
se cumplen siete días de la muerte de Tamayo.

Según el portavoz de la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), el opositor


Elizardo Sánchez, mantienen el ayuno Nelson Molinet, también de la cárcel Kilo 5, y Fidel Suárez, del penal
Kilo 8 en la misma región, cada uno con condena de 20 años. Además sigue en huelga de hambre y sed en su
casa de la ciudad central de Santa Clara el psicólogo y periodista Farinas, que ha hecho caso omiso de las
peticiones de Sánchez, sus familiares y otros opositores para que abandone el ayuno.
El portavoz de la CCDHRN cree probable que en breve acaben todas las huelgas de hambre en las cárceles y
sólo persista Fariñas, que pide la liberación de los aproximadamente 200 presos políticos que hay en Cuba.
"Sigue persistiendo en mantener la huelga de hambre que comenzó pese a los llamados que se le han hecho
para que la abandone, por las secuelas que arrastra de las que realizó en años anteriores. Pero nadie ha logrado
convencerlo, ni la madre, ni la esposa, ni la hija", asegura Sánchez.

Fariñas ha hecho 23 ayunos desde 1995, el más sonado de seis meses en 2006 -con intervalos en el hospital,
donde fue alimentado por vía intravenosa- para exigir acceso sin restricciones a Internet, algo que sigue sin
existir en la isla gobernada por los hermanos Fidel y Raúl Castro desde hace 51 años. "Tiene síntomas de
deshidratación, dolores de cabeza y articulaciones (...), tiene la piel seca y elimina menos y muy concentrado
(...). Está decaído, pero no ha perdido el conocimiento ni muestra incoherencias", ha declarado la madre del
periodista.

Según relató el propio Fariñas el pasado viernes, dejó de comer y beber el miércoles, cuando fue detenido y
golpeado por policías que le impidieron ir a Banes, pueblo del oriente de Cuba donde fue enterrado Zapata
entre grandes controles de la seguridad del Estado.

Las fuerzas de seguridad cubanas efectuaron al menos 126 detenciones o retenciones "arbitrarias" tras la
muerte de Zapata, aseguró la misma comisión opositora. Un comunicado de la CCDHRN anexa una "lista
parcial" de afectados, que, según dice, "refleja, aunque no en toda su magnitud, la oleada de represión política
desatada por el gobierno de Cuba la semana pasada, en conexión con la muerte y los funerales" de Zapata.
Añade que "todos los detenidos fueron liberados en menos de 24 horas o al cabo de varios días, excepto Israel
Poveda Silva, quien ha sido internado en la prisión de alta seguridad de Guantánamo". En la lista están Fariñas,
la bloguera Yoani Sánchez y Manuel Cuesta Morua, dirigente del grupo opositor Arco Progresista.
ENTREVISTA: GUILLERMO FARIÑAS / Disidente cubano en huelga de hambre

"Hay momentos en la historia en que tiene que


haber mártires"
"Si muero, que el mundo se percate de que el Gobierno deja morir a sus opositores y que lo que le
ocurrió con Orlando no es un caso aislado"
MAURICIO VICENT - La Habana - 02/03/2010

El psicólogo y periodista disidente Guillermo


Fariñas tiene 48 años y 23 huelgas de hambre a
sus espaldas. Desde que entregó el carné de la
Unión de Jóvenes Comunistas, en 1989, en
protesta por el fusilamiento del general Arnaldo
Ochoa, entró en la oposición y desde entonces
ha pasado 11 años y medio en la cárcel. Es
considerado un duro. Su última huelga de
hambre, en 2006, para pedir acceso libre a
Internet para todos los cubanos, duró meses y
tuvo que ser operado en varias ocasiones para
salvarle la vida. Le quedaron numerosas secuelas y su familia teme que en esta ocasión pueda producirse un
desenlace fatal con bastante celeridad.

En su casa de Santa Clara, acompañado de una veintena de opositores, Fariñas recibe a EL PAÍS cuando lleva
siete días sin ingerir alimentos ni agua. Está extremadamente débil, aunque consciente, y todavía puede
caminar. Tiene la mirada iluminada, y dice -asusta- que quiere morir para convertirse en un "mártir" y tomar el
relevo de Orlando Zapata . Ve su cuerpo como un instrumento más "para alcanzar la libertad de Cuba". Su
madre, Alicia Hernández, y su esposa, Clara, se oponen radicalmente a esta protesta, aunque respetan su
decisión. Es visitado a diario por dos médicos, uno disidente y otro del Estado, que siguen constantemente su
evolución.
Pregunta. ¿Qué objetivos persigue con esta huelga?
Respuesta. Lo primero, que el Gobierno pague un alto costo político por el asesinato de Orlando Zapata
Tamayo. En segundo lugar, si las autoridades no son crueles e inhumanas, que liberen de inmediato a los
presos políticos que están enfermos y pronto pudieran convertirse en otros Zapata. El tercer objetivo es, si
muero, que el mundo se percate de que el Gobierno deja morir a sus opositores y que lo que le ocurrió con
Orlando no es un caso aislado.
P. Pero ¿cuál es su petición concreta?
R. Que el Gobierno libere a esos 26 presos políticos que están enfermos, y que hasta los propios servicios
médicos del Ministerio del Interior consideran que deben ser puestos en libertad, pues no van a sobrevivir en
prisión.
P. ¿Y si no los excarcelan?
R. Seguiré hasta las últimas consecuencias...
P. ¿Usted quiere morirse?
R. (Silencio)... Sí, me quiero morir. Ya es hora de que el mundo se percate de que este Gobierno es cruel, y hay
momentos en la historia de los países en que tiene que haber mártires...
P. ¿Usted quiere convertirse en mártir conscientemente?
R. Hasta los psicólogos del Ministerio del Interior dicen que es mi perfil: yo tengo alta vocación de mártir...
Orlando Zapata fue el primer eslabón en la intensificación de la lucha por la libertad de Cuba. Yo fui el que
agarré el bastón de su relevo, y cuando yo me muera otro lo va a tomar.
P. ¿Está seguro? ¿Cree que esto va a suponer un revulsivo para un cambio en su país?
R. Yo soy pesimista. Pienso que el Gobierno no va a cambiar. No tengo esperanza. El Gobierno cubano está
aferrado, está en un momento muy difícil, y no van a cambiar hasta que estemos 50 opositores en huelga de
hambre, eso sí sería un problema a nivel de toda la sociedad.
P. Su padre combatió con el Che Guevara en Congo. Su madre siempre fue revolucionaria. Usted mismo fue
militar y estudió en la Unión Soviética ¿Cómo llegó a la disidencia?
R. Fue un proceso largo. El primer desencuentro fueron los sucesos de la Embajada de Perú, en 1980. A mí me
tocó mantener el orden. Eran decenas de miles de personas que se querían marchar. En la URSS me di cuenta
de muchas perversiones de aquel régimen al que en teoría nos debíamos parecer. En 1989, con el fusilamiento
de Ochoa, rompí del todo. Desde entonces no me he callado y no me voy a callar hasta que muera.
P. ¿Qué pasará ahora?
R. Yo ya me siento muy débil, tengo dolores de cabeza y me empiezo a deshidratar. Llegará un momento en que
colapsaré y perderé la conciencia. Entonces mi familia decidirá [la madre y la esposa dicen que en ese momento
lo ingresarán en el hospital y lo alimentaran por vía parenteral].
P. Y cuando despierte en el hospital...
R. Si me ponen en un cubículo cerrado, donde no pueda recibir visitas de mis hermanos de lucha, pediré que
me retiren la alimentación parenteral. Si me ponen en un lugar en que pueda recibir la visita de mis
compañeros, aunque sea a través de los cristales, en la sala de terapia intensiva, durante los horarios
reglamentarios de visita, permitiré la alimentación parenteral, aunque no voy a comer ni beber. En ese caso
puedo vivir hasta que Dios quiera.
P. ¿Qué cree que piensa de esto su mujer, su hija, su madre?
R. Bueno, cuando tomé la decisión de entrar en huelga de hambre mi madre estuvo 16 horas sin hablarme.
Ahora, aunque se oponen, respetan mi decisión. Pero yo les digo que para hacer patria la familia tiene que
sufrir. Supongo que la madre de Martí haya sufrido, y también la de Antonio Maceo [dos próceres de la
independencia de Cuba].
La muerte valiente de Zapata
El castrismo desacredita al disidente fallecido tildándole de "preso común" - Sus compañeros de lucha
recuerdan su humildad y destacan su coraje
MAURICIO VICENT - La Habana - 28/02/2010

Antes de convertirse en mártir y símbolo de la disidencia cubana, Orlando Zapata Tamayo era un opositor
desconocido, callado y con poco peso específico. Nunca destacó ni tuvo afanes de protagonismo. Quizás por ello
el 20 de marzo de 2003, día en que fue detenido en La Habana junto a Marta Beatriz Roque y otros cuatro
disidentes, el Gobierno lo excluyó del grupo de los 75 a los que enjuiciaría después por "conspirar" con Estados
Unidos.

A Zapata lo dejaron morir tras una huelga de hambre que duró 85 días
En los años noventa emigró a la capital cubana y trabajó duro como albañil
Nunca formó parte del Grupo de los 75, los llamados disidentes ‘oficiales’
Su caso ha alentado la unidad y servido de acicate para la dividida oposición
Mientras éstos fueron condenados de inmediato a penas de prisión de hasta 28 años de cárcel, Zapata, un
humilde albañil negro que entonces tenía 35 años, quedó fuera del escarmiento.

Su juicio no fue sumarísimo. Se realizó meses después y fue sancionado a tres años de privación de libertad por
desobediencia y desacato. Orlando Zapata nunca llegó a ser el número 76 de aquel grupo selecto de disidentes,
pero al final se convirtió en el primero de la lista debido a una huelga de hambre de 85 días que lo dejó en el
camino y que ha movilizado como nunca antes al movimiento opositor cubano.

Activistas de la vieja guardia como Óscar Espinosa Chepe, uno de los 75 condenados aquella primavera de
2003, asegura que su muerte ha provocado una "conmoción sin precedentes" en las filas de la disidencia. "En
los últimos 50 años no sucedía nada así", afirma este economista de 70 años de edad, condenado a 20 de
prisión en aquellos procesos y luego puesto en libertad con una 'licencia extrapenal' por motivos de salud.

"Era un hombre muy humilde, no quería hablar ni aparecer en las fotos. Fue el régimen el que lo convirtió en
líder y en mártir con su intolerancia", piensa Chepe.

A su entender, la muerte de Orlando Zapata marca un "antes y un después" en su país, "y no sólo para la
disidencia, también para el Gobierno". De modo similar piensan todos los opositores consultados para este
reportaje, de todas las tendencias (y muchas veces no bien avenidos): el criterio general hoy es que el "caso
Zapata" ha fomentado la unidad y servido de acicate al movimiento opositor, mientras que para el Gobierno, en
términos de imagen, el resultado es demoledor.

En los últimos días, media docena de presos políticos y un periodista disidente se han declarado en huelga de
hambre en la isla, además de varios más en ayuno, para protestar por la muerte de Orlando Zapata. También
exigen la liberación de todos los prisioneros políticos, que según datos de la Comisión de Derechos Humanos y
Reconciliación Nacional (CDHRN) son alrededor de 200, de ellos 65 adoptados por Amnistía Internacional
como prisioneros de conciencia.

Orlando Zapata Tamayo era uno de esos presos de conciencia. Pero la historia de cómo ese joven albañil negro
de una pequeña localidad del oriente cubano llegó a convertirse en el mártir de la disidencia que es hoy, es larga
y gris. Zapata era el segundo hijo de una familia humildísima de Banes, un pueblo de 35.000 habitantes situado
a 830 kilómetros al este de La Habana. De allí era oriundo Fulgencio Batista, contra quien se alzaron en armas
Fidel y Raúl Castro, que nacieron a pocos kilómetros del lugar, en el asentamiento de Birán.

Zapata nunca destacó ni tuvo carisma, está claro. Sus compañeros de disidencia lo recuerdan como alguien
"muy sencillo" y de "pocas palabras", pero "valiente". "No tenía miedo", asegura Marta Beatriz Roque, la
disidente del grupo de los 75 que fue arrestada junto a él aquel 20 de marzo de 2003. "Aquel día, cuando llegó
la policía y nos detuvo, le pegaron: a cada golpe gritaba ¡vivan los Derechos Humanos¡". Marta Beatriz Roque
(sancionada a 20 años de cárcel, en libertad por motivos de salud) admite que entonces casi nadie lo conocía y
que hasta hace no mucho eran pocos los que se preocupaban por su situación, "aunque ahora todo el mundo
habla de él y lo quiere mucho".
Está claro que Orlando Zapata no era un disidente mediático y además había llegado relativamente tarde a la
oposición. En los años noventa del pasado siglo emigró de Banes a la capital cubana y se buscó la vida como
pudo, fundamentalmente de obrero y albañil. Cuenta Roque que tuvo muchos problemas... "Le pagaban poco,
lo trataban mal, se sentía engañado y decía que constantemente violaban sus derechos... Fue así como poco a
poco entró en contacto con el movimiento de derechos humanos".

Inicialmente se vinculó al grupo de Oscar Elías Biscet, líder de la Fundación Lawton, y también apoyó en las
calles la iniciativa del Proyecto Varela, de Oswaldo Payá, y militó en el Movimiento Alternativo Republicano, un
pequeño grupo opositor. Pero su trayectoria como activista fue corta.

La policía la interrumpió en diciembre de 2002, cuando se dedicaba a actividades opositoras junto a Biscet. Fue
acusado de "alteración del orden" y "desórdenes públicos", pero el 9 de marzo de 2003 salió en libertad
condicional. A los pocos días se sumó a un ayuno en demanda de la libertad de Biscet que organizaban Roque,
el opositor Nelson Molinet -otro de los presos del grupo de los 75, condenado a 20 años de cárcel- y tres
disidentes más.

De aquí en adelante su historia es conocida. Descartado como disidente de primera división, los tribunales lo
condenaron a una sanción menor fuera del grupo de los 75. Tres años de privación de libertad. "Pero Orlando
era de los bravos, de los que no se doblegan ni tolera las injusticias", recuerda Oswaldo Paya. "En la cárcel lo
maltrataron brutalmente, pero el siempre se rebeló", asegura el opositor, que explica que sólo así, "por la saña
de los carceleros", pudo acumular 36 años de condenas en juicios realizados dentro de la propia prisión.

Elizardo Sánchez, presidente de la CDHRN, considera que la "intolerancia del régimen totalitario" y el
"ensañamiento" de sus victimarios fue lo que convirtió a Orlando Zapata en un símbolo de la disidencia y en un
"mártir de la nación cubana". "Sólo de ellos es la responsabilidad, y aunque ahora van a tratar de
desprestigiarlo su muerte va a suponer un punto de inflexión".

Sanchez recuerda que Zapata inició la huelga de hambre sólo para exigir un trato humanitario. Pero ahora, dice,
su símbolo va a "radicalizar el discurso y las acciones" del movimiento opositor y esta "indignación" se va a
traducir en una mayor "unidad". "Ya estamos viendo movilizados juntos a los grupos de la disidencia
tradicional con las Damas de Blanco y los blogueros y ciberdisidentes", opina.
Ayer, cinco días después del fallecimiento de Orlando Zapata, la prensa cubana mencionó por primera vez su
caso y, efectivamente, lo hizo para desacreditarle. Según Granma, "pese a todos los maquillajes" Zapata era un
simple "preso común".
El diario comunista dice que fue "procesado por los delitos de violación de domicilio (1993), lesiones menos
graves (2000), estafa (2000), lesiones y tenencia de arma blanca (2000: heridas y fractura lineal de cráneo al
ciudadano Leonardo Simón, con el empleo de un machete)". El periódico asegura, además, que "adoptó el
perfil político cuando ya su biografía penal era extensa" y ratifica la posición oficial: todos los opositores son
"mercenarios" al servicio de Washington.
Disidentes de todas las tendencias, de nuevo unidos, criticaron al Gobierno por la "canallada" de estos
argumentos. La mayoría coincidieron en que si Zapata tuvo antecedentes, también los tuvieron muchos
próceres cubanos y eso no les resta méritos. Activistas de línea dura y socialdemocratas como Manuel Cuesta
Morúa consideran que "lo importante es que estuvo dispuesto a dar la vida pacíficamente por demostrar la
soberbia del Gobierno". Afirma Cuesta Morúa que "curiosamente, el Gobierno lo subestimó por ser negro, ser
humilde y no pertenecer a ningún partido opositor conocido"; y ahora, aquel "a quien dejó morir", el preso que
nunca fue de los 75, "se ha convertido en el símbolo de una sociedad que vive en un minuto de desesperación
histórica y que merece la atención del mundo".

El actor Willy Toledo afirma que Orlando


Zapata "no era más que un delincuente común"
Significado por su activismo político, el artista exige a Zapatero que "deje de joder" al Sáhara
AGENCIAS / EL PAÍS - Madrid - 01/03/2010

Distintos actores y personalidades del mundo de la cultura se han reunido


hoy en Madrid con el objetivo de hablar de los derechos de pueblo saharaui,
pero en el acto han irrumpido los recientes acontecimientos en Cuba, con
la muerte del disidente Orlando Zapata tras una huelga de hambre de tres
meses. Willy Toledo, uno de los actores más beligerantes en 2004 al frente
del movimiento del No a la guerra (en contra el conflicto armado en Irak) y
también en la causa de los saharauis, ha señalado hoy que Zapata "no era
más que un delincuente común".
"No son simples disidentes ni prisioneros políticos", ha asegurado el actor,
quien ha añadido -en referencia a Orlando Zapata- que "este señor, al que se
llama disidente, no era más que un delincuente común, que ha sido forzado y
manipulado por otras personas parece ser que para ponerse en huelga de
hambre y llegar al extremo de dejarse la vida".

No obstante, Willy Toledo ha lamentado "absolutamente" la muerte "de cualquier ser humano, y mucho más la
de alguien encarcelado y en huelga de hambre, que es algo terrible", y ha considerado que el Gobierno cubano
"debería haber hecho algo más por salvar la vida de esta persona, haya hecho lo que haya hecho, y no permitir
que un ser humano muera bajo su tutela".

Entre los actores presentes estuvieron, además de Toledo, Pilar Bardem, Berta Ojea o Xabier Elorriaga, así
como la cantante Carmen París, mientras que del mundo de la política acudieron Cayo Lara, coordinador
general de IU, e Inés Sabanés.
Que Zapatero deje de joder
En cuanto a la situación en el Sáhara, los actores han pedido que en la próxima cumbre de la UE se presione a
Marruecos para que respete los derechos humanos. Willy Toledo ha vuelto tomar la palabra y exigido al
presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que "deje de joder" al pueblo saharaui si no apoya al
Ejecutivo de la República Arabe Saharaui Democrática y ha criticado que el rey Juan Carlos mantenga
relaciones con el rey Mohamed VI, al que ha acusado de estar "torturando, asesinando, persiguiendo y
violando" a ciudadanos del Sáhara Occidental.

Toledo vertió estas opiniones ante 40 personalidades del mundo de la cultura, que leyeron un manifiesto en
defensa de la autodeterminación del pueblo saharaui.

Por su parte, Pilar Bardem consideró que el problema del Sahara pasa "por el referéndum y el proceso de
autodeterminación", y aseguró que el pueblo saharaui "siempre ha tenido un apoyo total de los ciudadanos
españoles, que tienen muy arraigado el problema porque son muchos años luchando para que el pueblo
saharaui pueda disfrutar de su libertad". Para el coordinador general de IU, Cayo Lara, la resolución del
conflicto pasa por que Marruecos "cumpla con sus propios compromisos y las resoluciones de la ONU, y
sencillamente con eso se resuelven todos los conflictos con el pueblo saharaui".

Sin embargo, Lara estimó que la próxima Cumbre UE-Marruecos "no pinta bien, porque parece que la
tendencia no camina en la dirección de hacer cumplir a Marruecos con la resolución de la ONU, es más quieren
darle la categoría de Estatuto avanzado en las relaciones, que es un paso más en el acuerdo de asociación".

¿Quién mató a Orlando Zapata?


YOANI SÁNCHEZ 26/02/2010

El cuerpo enflaquece, la mente se va y los miembros inferiores comienzan a hincharse. Una huelga de hambre
hace que la existencia se escape poco a poco, hasta que se desdibuja el rostro de la madre sentada frente a la
cama y pierde fuerza el rayo de luz que entra por la ventana. Durante 86 días Orlando Zapata Tamayo transitó
del desconsuelo a la muerte. Se fue apagando, con una voluntad que ha dejado consternados a los amigos y
molestos a sus opresores. Acostumbrados a disponer de su cuerpo y del herrumbroso cerrojo de su calabozo, los
carceleros sienten ahora que este hombre de 42 años se les ha ido por la única salida que ellos no pueden
controlar: la muerte.

Juzgado a la velocidad del vértigo en marzo de 2003, Zapata Tamayo fue víctima de aquel escarmiento -
conocido como la Primavera Negra- que el gobierno cubano quiso darle a la oposición. Era fundador del partido
Alternativa Republicana y activista frecuente a la hora de demandar la liberación de sus compañeros de causa.
Después de su llegada a prisión lo condenaron en nueve juicios sumarios a penas que llegaron hasta los 56
años. Un gesto "magnánimo" los redujo a 25 largos veranos tras las rejas. Todo esto fue dictaminado en
tribunales que parecían obedecer más a códigos militares que civiles. Después llegó la soledad de una celda
tapiada, los malos tratos, las palizas y con ello terminó la ilusión de que un preso no condenado a muerte tiene
derecho a que le respeten la vida.

Al cancelarse la visita a Cuba del relator de las Naciones Unidas contra la tortura, terminó para muchos la
esperanza de ser rescatados de los malos tratos en los penales. Aprovechándose de su impunidad, los guardas
metieron a Orlando en un espacio breve, donde tenía que compartir el suelo con las ratas y las cucarachas. Le
gritaban por la rendija de una puerta de hierro que no iba a salirse con la suya, pues en una prisión
revolucionaria un preso político equivale a los gorgojos que acompañan -permanentemente- al arroz. Se resistió
a ponerse el uniforme de presidiario y eso le trajo otra andanada de golpes y el punzante castigo de reducirle las
visitas de sus familiares. Cuando abrieron el sitio donde lo habían enterrado vivo, ya el daño era irreversible y la
culpa salpicaba hasta la mismísima silla del actual presidente cubano.

A Zapata Tamayo no lo mató la huelga de hambre, sino el sombrío oficial que lo encerró en aquel hoyo y el
director de la prisión Kilo 8 en Camagüey que ordenó su castigo. Contribuyeron también a su deceso las manos
enfundadas en guantes de látex que prefirieron mantener el empleo en el hospital antes que denunciar el estado
maltrecho al que habían dejado llegar su cuerpo. La máxima responsabilidad de su final la tiene un gobierno
que prefirió mostrarse intransigente y enérgico antes que proveerle de ciertas mejorías en su vida carcelaria.
Para confirmarnos en esa idea, un día después de ocurrida la muerte, Raúl Castro perdió la oportunidad de
acortar la distancia entre lamentar su deceso y pedirles disculpas a sus familiares. Con sus breves palabras
exentas de autocrítica, nos corroboró lo que muchos sospechábamos desde el principio, que el general no era
ajeno al maltrato, la dejadez y el terror que terminaron con Orlando.

MOISÉS NAÍM Los derechos humanos en Cuba

Tramposos, hipócritas y mentirosos


MOISÉS NAÍM 28/02/2010

Estamos acostumbrados a que los políticos nos mientan. O que nos digan una cosa y hagan otra. En algunos
países los gobernantes no parecen incurrir en mayores costes cuando mienten, o cuando prometen lo que todos
saben que no se cumplirá o describen la realidad de maneras que nada tienen que ver con lo que de verdad
sucede. Estas son tendencias universales y son excepcionales los países en los cuales esto no ocurre. Pero es
peligroso acostumbrarse tanto. Esta tolerancia ha hecho que en algunos países la complacencia del público con
las flagrantes mentiras de los gobernantes o con la hipocresía de los políticos alcanza niveles insólitos. Nos
hemos acostumbrado tanto a que nos mientan que ya no nos importa; es parte de un juego en el que todos
participamos. Los gobernantes mentirosos saben que sabemos que nos están mintiendo y que, o no nos
importa, o no hay nada que podamos hacer al respecto. Cuentan también con el hecho de que la mayor parte de
la población no presta mucha atención a lo que dicen, y que quienes sí prestan atención tiene la memoria corta.

En todo esto juegan un rol crítico los medios de comunicación y la buena noticia es que las nuevas tecnologías
como Google o YouTube facilitan el recuento de las promesas incumplidas, las mentiras y las contradictorias
posiciones de gobernantes y políticos. Siempre y cuando, claro está, esos líderes no tengan el control de los
medios, incluyendo Internet. O que a la población le importe que le mientan.

Los ejemplos sobran y en cada país -y continente- se pueden hacer largas listas de las mentiras
gubernamentales o de los políticos que engañan haciendo trampas con el idioma. América Latina, por ejemplo,
es una fuente inagotable de hipocresía gubernamental.

Hace poco, en Cancún, los presidentes latinoamericanos crearon una nueva organización que quizás se llame
Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Sus integrantes son todos los países del hemisferio
menos Estados Unidos, Canadá y... Honduras. ¿Por qué no Honduras? Porque su nuevo Gobierno, elegido en
un proceso que nadie objeta, es el sucesor de un Gobierno que derrocó a un presidente democráticamente
electo. Pequeño detalle: Cuba, ese bastión de la democracia, es miembro de la nueva Comunidad de Estados
Latinoamericanos. Cuba sí; Honduras, no. ¿No les da vergüenza? Otro pequeño detalle: esa reunión, convocada
con el nombre de la Cumbre de la Unidad (¿será por eso que no se invitó a Estados Unidos?) incluyó violentos
intercambios de insultos entre los presidentes de Colombia y Venezuela y mostró claramente que hay más
unidad entre muchos países de la región con Estados Unidos que entre ellos mismos.

La nueva organización incluye entre sus principios fundacionales "promover el respeto al derecho
internacional". Este sagrado principio fue aclamado por los mismos presidentes que no dijeron absolutamente
nada cuando uno de ellos, Hugo Chávez, un día decidió prohibir, arbitraria y unilateralmente y en contra de
todas las normas del derecho internacional, el comercio entre su país y Colombia. El embargo aún se mantiene
y las empresas brasileñas lo han aprovechado para quitarle el mercado venezolano a los exportadores
colombianos. ¡Viva la unidad!

En las reuniones del Grupo de los 20, la presidenta Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, truena contra
las manipulaciones y la falta de transparencia del sistema financiero internacional. Tiene razón. Pero que esto
venga de una presidenta cuyo país ha caído al foso de la lista de los países más corruptos del mundo compilada
por la organización Transparencia Internacional es una deliciosa ironía que no parece importarle. Para ella esta
contradicción no tiene consecuencias.

"No se puede juzgar a un país o la actitud de un gobernante en función de la actitud de un ciudadano que decide
empezar una huelga de hambre", dijo el presidente brasileño Lula da Silva minimizando la muerte del cubano
Orlando Zapata, fallecido en la cárcel después de un prolongado ayuno en protesta contra las torturas y
maltratos que allí sufrió. Lula aceptó que en su época de líder sindical había hecho huelgas de hambre, pero que
"jamás" lo volvería a hacer. Sobre esto último estoy seguro de que es absolutamente sincero.

Sobre el tema de la sinceridad vale la pena recordar a George Orwell: "La gran enemiga de la claridad en el
lenguaje es la insinceridad... El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras parezcan verdades y
que el asesinato parezca respetable...".

mnaim@elpais.es
Réquiem por Orlando
JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA 01/03/2010

La muerte de Orlando Zapata pone en evidencia el completo agotamiento y la extrema fragilidad del régimen
cubano. Que después de más de 50 años de control de todos los resortes de poder (político, económico y
cultural), un régimen tenga que reprimir tan brutalmente a un albañil cuya única forma de resistencia ha sido
pacífica y de palabra sólo significa una cosa: que el régimen cubano tiene tanto miedo a sus ciudadanos como
ellos al régimen, o incluso más.

Las intuiciones no suelen ser buenas consejeras, ya que a menudo son simples formas de confundir la realidad
con nuestros deseos. Pero a la luz de lo ocurrido con otros regímenes de corte totalitario (piénsese en la
Rumania de Ceausescu), un colapso repentino del régimen cubano debería ser mucho más probable de lo que
pudiera parecer a primera vista. Si como nos dice el Gobierno cubano, 65 personas (presos de conciencia, según
Amnistía Internacional) pueden subvertir sólo con sus palabras un régimen que presume de ser una revolución
popular, lo que en realidad nos están diciendo los Castro es que son perfectamente conscientes de que los 50
años de revolución apenas durarían 50 horas si el régimen renunciara a la coacción física.

A estas alturas es poco discutible que la revolución cubana ha desembocado en una tiranía sostenida
simplemente por la fuerza bruta. Pero para quienes todavía tengan sus dudas, el caso de Orlando Zapata nos
ofrece un detallado estudio de caso de cómo los totalitarismos doblegan la voluntad de las personas. Primero,
tres meses de prisión por quejarse públicamente "de lo mala que estaba la cosa"; luego, tres años de condena
por participar en un ayuno opositor; y, finalmente, una vez en prisión, condenas sucesivas de hasta 36 años y
continuas palizas y malos tratos por negarse a ser tratado como un preso común. Es por eso que la lucha entre
Orlando Zapata y el régimen cubano ha sido a muerte: ambos sabían que cuando alguien se resiste de la manera
que lo ha hecho Orlando (pacíficamente y hasta el final), no hay régimen que aguante.

Es cierto que 50 años de confrontación con el régimen cubano sólo han contribuido a reforzar al régimen. Pero
al diálogo sin condiciones con el régimen, que es la otra opción (favorecida, entre otros, por España), tampoco
parece haberle ido mucho mejor: si las cosas marchan bien, hay que dialogar mucho, pero si las cosas van mal
(como ahora), mucha más razón para dialogar más intensamente todavía. Y lo mismo, pero al revés, respecto al
diálogo con la oposición cubana: si las cosas van bien y hay señales de voluntad de cambio dentro del régimen,
no vamos a estropearlo hablando con la oposición; y si las cosas van mal, qué vamos a ganar hablando con la
oposición, ¿poner aún más nervioso al régimen y endurecer aún más la represión?

Como politólogo, es difícil aceptar que un proceder así constituya una "política". Más bien, al contrario, si
entendemos la política como la aplicación de medios para lograr fines (y el sucesivo ajuste de esos medios a la
luz de los resultados obtenidos), este proceder representa la negación de la política: se sabe lo que se quiere (un
cambio pacífico hacia una democracia), pero no cómo lograrlo. Que España carezca de una política hacia Cuba
digna de ese nombre se debe a varias razones: en primer lugar, España está tan enredada histórica y
emocionalmente en Cuba que difícilmente puede partir de cero y examinar los méritos relativos de todas las
opciones sin prejuicios; en segundo lugar, la falta de consenso interno en España sobre el tema (compárese
el caso Zapata con elcaso Haidar) debilita de antemano la eficacia de cualquier política hacia Cuba; y, en tercer
lugar, incluso aunque España tuviera una política hacia Cuba, su margen de influencia sobre los
acontecimientos internos sería pequeño mientras Brasil, Venezuela y muchos otros sigan creyendo, como
Gaspar Llamazares, que se puede ser a la vez "amigo del régimen y de los cubanos" pese a la evidencia de que
régimen y cubanos hace tiempo que han dejado de ser amigos entre ellos.
Todo ello explica que la (no) política de España hacia Cuba consista simplemente en mantener abiertos los
canales de diálogo con el régimen para poder detectar una eventual voluntad de cambio con antelación,
interceder ocasionalmente a favor de algún disidente (pero a cambio huir de los contactos a alto nivel con la
oposición) y, por último, ofrecer al régimen cuantas oportunidades de apertura y desarrollo económico sean
posibles (incluido un acuerdo de cooperación con la UE que no incluya condicionalidad política). No es nada
descabellado, pero no llamemos política a lo que simplemente es la suma de algunas esperanzas débilmente
hiladas entre sí. Ellos, como dice Raúl Rivero, sin pan ni palabras; nosotros, instalados en la impotencia.
jitorreblanca@ecfr.eu

La disidencia cubana pide que se suspendan las


huelgas de hambre
La esposa de Fariñas asegura que el opositor está débil y no puede tenerse en pie
MAURICIO VICENT - La Habana - 28/02/2010

La mayoría de la disidencia cubana ha expresado en las últimas horas su oposición a que continúen las huelgas
de hambre en las prisiones. Activistas de derechos humanos y familiares de los presos tratan de convencer a los
huelguistas de que depongan su actitud, con el argumento de que el Gobierno será "insensible" a este tipo de
acciones pacíficas de presión, y que lo más importante es preservar la salud. Al menos cinco opositores se han
sumado a la protesta, de los cuales cuatro son del Grupo de los 75 y están considerados por Amnistía
Internacional como prisioneros de conciencia.

La situación en las cárceles es confusa, no está claro el número total de opositores en huelga de hambre . Según
la Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CDHRN), de Elizardo Sánchez, en la cárcel Kilo
Cinco y Medio de Pinar del Río están en huelga Diosdado González Marrero, de 47 años, Nelson Molinet, de 45,
y Eduardo Díaz Fleitas, de 59, los dos primeros condenados a 20 años de cárcel y el tercero a 21. En la prisión
Kilo Ocho de la misma provincia Fidel Suárez Cruz, de 39 años y condenado a 20, se sumó a la protesta. Todos
son miembros del Grupo de los 75.
Opositores como Marta Beatriz Roque elevan la cifra de huelguistas a seis. Según sus datos, Prospero Gainza,
del Grupo de los 75, y Antonio Díaz, de 47 años y miembro del Movimiento Cristiano de Liberación, están
también sin comer en las cárceles donde cumplen sentencia, en Holguín y Ciego de Ávila. En todos los casos los
ayunos comenzaron en solidaridad conOrlando Zapata -fallecido el 23 de febrero después de 85 días en huelga
de hambre- y para demandar la liberación de todos los presos políticos (unos 200, según la CDHRN).
Además de los prisioneros políticos, está el caso del psicólogo y periodista disidente Guillermo Fariñas, que a
corto plazo es el que más preocupación provoca en medios diplomáticos y disidentes. Fariñas ha realizado más
de 20 huelgas de hambre que le han dejado secuelas de consideración. El último ayuno, hace tres años, en
demanda de acceso libre a Internet, duró varios meses y estuvo a punto de costarle la vida.
El activista, de 48 años, ha declarado ahora su voluntad de "inmolarse". No está ingiriendo alimentos sólidos ni
tampoco agua desde que fue detenido el 24 de febrero para que no pudiera asistir al funeral de Zapata en la
localidad de Banes.

Tras ser liberado, Fariñas explicó que ve la muerte de Zapata como el primer eslabón de una cadena que
conducirá a la "transición" y a la "libertad" de Cuba. Su demanda concreta es que se libere de inmediato a una
veintena de presos políticos que padecen problemas de salud. "O los excarcelan o me muero", ha dicho. Sánchez
aseguró que ha hablado personalmente con Fariñas en varias ocasiones para conminarle a que abandone su
actitud. "Pero no quiere atender a razones", afirma. Ayer su esposa informó desde Santa Clara que se encuentra
muy débil y que ya no puede levantarse de la cama.

Pese a haber bastante consenso en la oposición de que las huelgas de hambre no son el camino para protestar
contra el Gobierno, algunos las apoyan. "Por eso no se ha hecho hasta ahora un documento conjunto para pedir
que abandonen su protesta", dijo Marta Beatriz Roque, antes de manifestar su "desacuerdo total" con que los
presos se "sigan sacrificando". "Los que estamos afuera somos los que tenemos que llevar adelante la lucha",
opinó la disidente de línea dura.

El movimiento de las Damas de Blanco y la oposición moderada también demandan a los presos que actúen con
mesura. El Gobierno de momento no habla y en la calle, mientras tanto, la mayoría de los cubanos siguen
ajenos a lo que está sucediendo en las cárceles y al escándalo fuera de su país.

MANUEL CUESTA MORÚA Opositor socialdemócrata

"Se ensañaron con él por ser negro"


M. VICENT | La Habana 25/02/2010

El miércoles pasado el disidente socialdemócrata Manuel Cuesta Morúa fue detenido junto a otros siete
opositores cuando llegaba a casa de Laura Pollán, una de las líderes del movimiento de las Damas de Blanco,
para firmar un libro de condolencias abierto por lamuerte de Orlando Zapata . Morúa fue liberado en la
madrugada de este jueves, como la mayoría de los activistas detenidos o retenidos por la policía (unos 60) para
evitar que participaran en el funeral del prisionero de conciencia.

Su caso es significativo, pues Morúa siempre ha defendido la posición de España y de la UE a favor del diálogo
con las autoridades cubanas, en contraposición de los sectores más duros del movimiento opositor. Como el
resto de sus colegas, cree que la muerte de Zapata marca "un antes y un después para la disidencia". "Ahora está
claro que lo más importante es trabajar en una agenda común por la liberación de todos los presos políticos y
para concienciar sobre la situación de los derechos humanos en la isla".

Afirma que "en términos de imagen", para el Gobierno también hay "un después" de Zapata, y piensa que lo
sucedido tendrá repercusiones internacionales para las autoridades. "Desde luego, no se trata de tomar
posiciones ideológicas extremas, ni de volver atrás o romper el diálogo con Cuba, ni nada que se le parezca".
Morúa piensa que, eso sí, debe reenfocarse el diálogo de "doble vía", y al tiempo que se habla con el Gobierno se
debe mantener también contactos de nivel con la oposición y "reconocer explícitamente su labor". "El tema de
los derechos humanos es fundamental", concluye el fundador del Arco Progresista, con excelentes contactos con
el PSOE.

Morúa es uno de los pocos disidentes negros cubanos y es militante en la causa contra el racismo. Hace dos
semanas, cuando se conoció que el estado de salud de Zapata empeoraba, fundó un comité para tratar de
salvarle la vida. Considera que el hecho de que Orlando fuera negro fue "un elemento que contribuyó a la saña
psicológica de los carceleros". "Es el viejo argumento de que por ser negro no se tiene derecho a protestar,
porque la revolución te lo dio todo". Morúa pide ecuanimidad: "Pese a lo dramático de lo ocurrido hay que
pensar con la cabeza fría, y nunca dejar de dialogar".

"Ha sido un asesinato premeditado"


La madre de Zapata pide la solidaridad internacional con los presos cubanos
MAITE RICO | Madrid 24/02/2010

"La muerte de mi hijo ha sido un asesinato premeditado. Mi hijo ha sido torturado todo el tiempo que ha estado
en las prisiones". Reina Luisa Tamayo, madre de Orlando Zapata, aún tenía fuerzas ayer para hablar con
la bloguera Yoani Sánchez, que se acercó grabadora en mano a la morgue de La Habana, esquivando el cordón
de seguridad, y que ha colgado el testimonio en su blog Generación Y. "Lo he acompañado antes de morir, lo vi
muerto ya y ahora espero tener valor para vestirlo", cuenta Reina.

Valor le sobra a esta campesina oriunda de un caserío de Güira de Banes, en la provincia oriental de Holguín, a
500 kilómetros de La Habana, que ha pasado los últimos años recorriendo las cárceles de la isla en pos de
Orlando, el segundo de sus cuatro hijos, detenido en la oleada represiva de la Primavera Negra de 2003.

Los malos tratos y los continuos traslados del disidente fueron también una tortura para Reina, una mujer
semianalfabeta y sin recursos. Entre las humillaciones sufridas, cuenta la bloguera cubana Tania Quintero, está
la ocasión en que unos guardias le confiscaron las bolsas de galletas y leche en polvo que llevaba a Orlando y le
pusieron una multa por "acaparamiento" de 60 pesos, una fortuna para un cubano.
Decidida a movilizarse por su hijo, Reina pidió un día a una vecina que le prestase una blusa blanca y se plantó
en La Habana para unirse a una manifestación de las Damas de Blanco, organización que agrupa a esposas y
familiares de disidentes presos. Ahí ha tenido uno de sus principales apoyos. Ahí, y en su aldea. "Mis vecinos
son pobrísimos, pero son muy solidarios conmigo", suele decir. Ayer le aseguraba a Yoani Sánchez que velaría
el cuerpo de Orlando en su casa las horas que fueran necesarias. "Desde mi dolor profundo pido al mundo que
exija la libertad de los demás presos y de los demás hermanos que se encuentran encarcelados injustamente
para que no vuelva a suceder lo que ha sucedido con mi hijito, que no deja tan siquiera una muestra, porque no
tiene hijos ni mujer... Muchas gracias".
EDITORIAL

Credenciales cubanas
Ni Europa ni América Latina, especialmente Brasil, pueden ignorar la muerte de un disidente
25/02/2010

El presidente brasileño Lula da Silva inició ayer su cuarta visita oficial a Cuba, considerada como la de
despedida. Poco antes de aterrizar en La Habana, supo de la muerte del preso político Orlando Zapata a
consecuencia de una huelga de hambre mantenida durante 85 días. Su familia denunció malos tratos a lo largo
de los años de cárcel y aseguró que no recibió atención médica adecuada hasta que su estado de salud empeoró
de manera irreversible. La muerte de Zapata constituye un acta de acusación adicional, y un motivo de enérgica
condena, contra la dictadura más longeva de América Latina y una de las más liberticidas de la historia del
continente. Pero es también una prueba decisiva para la comunidad internacional y para el presidente Lula, que
tiene en su mano ejercer como portavoz tanto por su ascendiente latinoamericano como por el hecho de
encontrarse en la isla.

Con esta visita a La Habana, coincidente con la muerte de Zapata, Lula tiene la ocasión de demostrar que el
creciente papel internacional de Brasil no significa sacrificar el principal capital político que ha cosechado: la
opción por una izquierda capaz de ofrecer progreso y bienestar mediante el fortalecimiento y la gestión de las
instituciones y los procedimientos democráticos. El silencio de Lula frente a una dictadura como la castrista -
seguido de la timorata reacción de la UE, a empezar por el inane y críptico mensaje de Rodríguez Zapatero en
Ginebra- empañaría lo que él representa, tan importante para América Latina y, en la medida en que Brasil
afianza su posición de potencia emergente, para el resto del mundo.

Un grupo de disidentes cubanos ha solicitado al presidente Lula que interceda por la suerte de los presos. El
compromiso que Brasil ha demostrado con los derechos humanos sería suficiente para justificar esta gestión,
pero la muerte de Zapata la hace inexcusable. El trato con La Habana y, sobre todo, con el mito que la
revolución castrista sigue representando para parte de la izquierda latinoamericana, sitúa en una difícil
posición a cualquier dirigente de la región, pero más todavía al presidente brasileño. Pero las dificultades para
gestionar las relaciones con ese mito no pueden llevar a cerrar los ojos ante los atropellos que se cometen en
Cuba, y que en este caso se han saldado con la muerte de un preso político. El castrismo ya no puede extender
credencial alguna de progresismo. Por el contrario, es su gestión al frente de Brasil la que constituye el ejemplo
alternativo.

Sin las cortapisas regionales de Brasil, y sin los equilibrios que exige una visita oficial, es inaceptable que la
Europa en la que España ejerce la presidencia se limite a lamentar la muerte por inanición de un preso político.
El régimen cubano es responsable de la vida y la integridad de quienes ha condenado a pudrirse en sus
mazmorras. Mucho más cuando esa condena sólo obedece a decisiones tiránicas de una saga familiar.
Los derechos humanos en Cuba

Lula "lamenta profundamente" la muerte del


opositor Zapata
El presidente brasileño se reúne en La Habana con Fidel Castro, al que vio "excepcionalmente bien"
AGENCIAS / EL PAÍS - La Habana / Madrid - 25/02/2010

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha dicho este miércoles desde La Habana, donde se encuentra
de visita oficial, que "lamenta profundamente" la muerte disidente y preso político cubano Orlando Zapata.
Lula ha realizado estas declaraciones a los medios antes de reunirse en el Palacio de la Revolución con su
homólogo cubano, Raúl Castro, quien poco antes también había dicho sentir el fallecimiento de Zapata si bien
responsabilizó del hecho a Estados unidos por su política de hostilidad hacia la isla y negó que en su país
hubiera presos políticos ni torturados.
En el transcurso su estancia en Cuba, Lula ha sido recibido por el ex presidente cubano Fidel Castro. Tras el
encuentro, en el que también ha estado presente Raúl Castro, Lula ha explicado a los medios brasileños que ha
visto al ex presidente Fidel Castro " excepcionalmente bien". El mayor de los hermanos Castro no aparece en
público desde julio de 2006, cuando debido a una enfermedad cedió el poder a su hermano Raúl, aunque
mantiene el cargo de primer secretario del gobernante Partido Comunista.

En relación a las críticas vertidas hacia él desde la disicencia cubana, el presidente brasileño ha negado haber
recibido ninguna carta de los presos políticos en la que se le pidiese su intervención ante los hermanos Castro.
La oposición interna cubana había acusado a Lula de ser "cómplice" de las violaciones de los derechos humanos
en la isla por su negativa a recibirles en sus últimas visitas a Cuba.
Apoyo de Lula a los Castro
Antes de encontrarse con Fidel Castro, Lula y el general Raúl Castro visitaron el puerto de Mariel, al oeste de la
capital, para cuya ampliación y modernización Brasil ha prestado 150 millones de dólares. A la prensa
extranjera acreditada en Cuba no se le ha permitido la cobertura directa de la visita de Lula, salvo la llegada al
aeropuerto, donde no dio declaraciones.

Según la prensa oficial cubana Fidel y Raúl Castro hablaron con Lula acerca de la XV Conferencia Internacional
sobre el Cambio Climático, celebrada en diciembre pasado en Dinamarca, y acerca de los resultados de la
reciente Cumbre del Grupo de Río, entre otros temas.

Éste es el cuarto viaje de Lula a la isla en sus ocho años de presidente, y la visita tiene dos objetivos principales:
afianzar su apuesta política por la revolución castrista antes de marcharse, y respaldar sectores estratégicos de
la economía cubana, como las infraestructuras o el petróleo, en momentos en que la falta de liquidez y la crisis
asfixian a las autoridades de la isla. En la agenda no hay espacio para los disidentes, algo que no ha
sorprendido, pues Lula es un viejo aliado.
Los derechos humanos en Cuba

La disidencia se moviliza contra el régimen


Decenas de detenciones en varias ciudades para evitar que los opositores acudan al sepelio de
Orlando Zapata - Raúl Castro culpa a EE UU de la muerte del prisionero
MAURICIO VICENT - La Habana - 25/02/2010

La muerte del opositor y prisionero de conciencia cubano Orlando Zapata Tamayo después de 85 días de huelga
de hambre desató ayer una ola de indignación en el movimiento disidente. Tanto opositores moderados como
de línea dura condenaron en términos enérgicos lo que califican como un "crimen premeditado" y un abuso de
poder, mientras decenas de activistas se movilizaron para protestar pacíficamente y asistir al entierro, previsto
para esta mañana en la localidad de Banes, a 830 kilómetros al este de La Habana, en la provincia de Holguín,
de donde era oriundo Zapata. Fuentes de la disidencia denunciaron que el Gobierno practicó decenas de
detenciones y retuvo en sus casas a numerosos opositores para impedir que acudieran al sepelio.

La Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, que preside Elizardo Sánchez, aseguró que
durante todo el día de ayer se produjeron detenciones en las provincias centrales y orientales del país, desde
Villa Clara hasta Manzanillo, para evitar que los opositores llegaran a Banes. "Tenemos confirmadas al menos
30 detenciones y otros tantos arrestos domiciliarios, con la amenaza de que si salen irán a la cárcel", aseguró
Sánchez.

Martha Beatriz Roque, miembro del grupo de los 75 y con una licencia extrapenal por motivos de salud, partió
desde La Habana hacia Banes en un microbús en compañía de una decena de damas de blanco y opositores
como Vladimiro Roca. Roque aseguró telefónicamente que aunque a ellos no les habían impedido viajar, otros
activistas de la capital fueron detenidos preventivamente.
"La muerte de Orlando sin duda es un reto para la oposición; y para el Gobierno es un problema muy grave:
quien permitió que esto sucediera no midió el alcance político", afirmó la disidente. Mientras, más de medio
centenar de activistas y damas de blanco se reunieron en casa de una de las líderes del movimiento, Laura
Pollán, en pleno barrio de Centro Habana. La vigilia, para expresar las condolencias por el fallecimiento de
Zapata, duró todo el día y fue seguida de cerca por un considerable despliegue policial.
Fuentes diplomáticas europeas dijeron que la muerte del prisionero de conciencia va a tener repercusiones
considerables. El propio Raúl Castro se refirió ayer a lo sucedido durante una visita que realizó al puerto del
Mariel en compañía del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien realiza su cuarto viaje oficial a la
isla desde que llegó al poder. El presidente cubano lamentó la muerte de Zapata, si bien responsabilizó del
hecho a EE UU por su política de hostilidad hacia la isla y negó que en su país hubiera presos políticos ni
torturados. "No existen torturados, no hubo torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base de
Guantánamo", aseguró Castro, según versiones de webs oficiales.
Desde el pueblo de Banes, la dama de blanco Berta Soler dijo a EL PAÍS que la localidad estaba tomada por
agentes de la seguridad del Estado que impedían el acceso de los opositores. Pese a ello, unas 40 personas
lograron llegar a la casa de la familia de Zapata, donde ayer fue velado el cadáver. La policía se encargó de
trasladar los restos del opositor desde La Habana y conminó a los familiares a enterrarlo de inmediato. Según
Soler, tras una tensa negociación, la familia logró de plazo hasta hoy por la mañana para velar el cuerpo.
La Embajada española hizo llegar el pésame a la madre del opositor, Reina Luisa Tamayo, quien calificó su
muerte de "asesinato" y pidió la libertad de los demás presos políticos "para que no vuelva a suceder" lo que
ocurrió con su hijo.

La muerte de Zapata provocó una ola de indignación en el movimiento disidente como no ocurría hacía tiempo.
Opositores de todas las tendencias denunciaron el "crimen" del Gobierno de Raúl Castro.

El socialdemócrata Eloy Gutiérrez Menoyo, quien pasó 22 años en cárceles cubanas, recordó que él realizó
varias huelgas de hambre y que las autoridades nunca cedieron. "Con el argumento de que no negocian bajo
posiciones de fuerza dejaban morir a la gente, y eso es lo que ha sucedido ahora", afirmó.

Zapata, de 42 años y albañil de profesión, fue detenido en 2003 y condenado a tres años de prisión por
desacato. En la cárcel, por su actitud de rebeldía y enfrentamiento a las autoridades, fue sometido a varios
juicios y acumuló condenas por más de 30 años de prisión.

Fuentes familiares dijeron que comenzó la huelga de hambre a principios de diciembre en protesta por las
palizas constantes que recibía en la cárcel de Holguín, donde cumplía sentencia. De Holguín fue trasladado a
otra cárcel en Camagüey, y de allí, cuando se agravó su estado, al hospital de la principal prisión de La Habana.
Zapata murió el martes a mediodía en el hospital Hermanos Almeijeiras.

Los derechos humanos en Cuba

El exilio cubano reprocha el silencio sobre los


presos de conciencia
La oposición considera insostenibles las políticas de acercamiento al régimen
JUAN JOSÉ FERNÁNDEZ / M. RICO - Miami / Madrid - 25/02/2010

La agonía y muerte de Orlando Zapata muestra la ferocidad del sistema represivo cubano y debería servir para
sacudir la conciencia internacional sobre la situación de los más de 200 presos políticos en la isla. Ésta es la
opinión expresada de forma casi unánime entre los exiliados cubanos en Estados Unidos y España, que insisten
también en la necesidad de que los Gobiernos (y muy en concreto, el español) exijan de forma más enérgica al
régimen castrista el respeto a los derechos humanos.

El mismo día en que los analistas se aprestaban a evaluar en Miami los dos años de Raúl Castro en el poder y a
conmemorar el aniversario del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, el guión cambió bruscamente.
"La muerte de Zapata es un crimen que nunca será olvidado, ni prescribirá jurídicamente en el futuro", declaró
el congresista republicano Mario Díaz Balart. El régimen cubano, recuerdan en el exilio, había ignorado las
gestiones a favor del preso que habían realizado en las semanas previas desde Hillary Clinton al Vaticano.

"La responsabilidad de la muerte de Zapata es de Raúl y Fidel Castro, porque ellos son los que determinan la
vida y la muerte de los presos políticos", asegura Omar López, de la Fundación Nacional Cubano Americana.
"Es una vergüenza que en el siglo XXI se permita que un Gobierno deje morir a un ser humano en esas
condiciones sin que haya consecuencias".

Opositores al régimen de los Castro, ante la casa de la líder de las Damas de Blanco Laura Pollán.

Y las consecuencias pasan porque la comunidad internacional reaccione de forma enérgica. Díaz Balart cree que
Barack Obama debe cesar en su política de acercamiento y concesiones unilaterales a Cuba. Pero las miradas
del exilio se dirigen sobre todo a la UE, en el momento en el que España pretende poner fin a la llamada
Posición Común, que condiciona cualquier acercamiento a la mejora en la situación de los derechos humanos.

"Esto debería convencer a la Cancillería española de que no continúe intentando desbaratar la Posición Común
europea, que es uno de los pocos instrumentos de presión sobre la dictadura cubana", asegura el escritor y
periodista Carlos Alberto Montaner. "Es inexplicable que, después de casos como éste, el ministro Miguel Ángel
Moratinos continúe insistiendo en que hay síntomas leves de apertura en Cuba. No hay ninguno, nada que no
sea la más obvia dictadura estalinista". Según Montaner, no sólo va a haber más denuncias internacionales,
sino que se recrudecerá el problema racial: "Es evidente que ya existe con la población negra, más del 50% del
total. Ya están los casos de Óscar Elías Bizet, el Mandela Cubano, o de Jorge Luis García, Antúnez, pero es que
las cárceles están llenas de jóvenes demócratas que además son pobres y negros".
La postura de la diplomacia española se ha hecho insostenible, coincide Antonio José Ponte, subdirector del
digital Diario de Cuba, en Madrid. "La muerte de Zapata puede ser el principio del fin, no del régimen, pero sí
de la benevolencia de una parte de la opinión pública".
En el mismo sentido se pronuncia, desde Barcelona, el escritor Ernesto Hernández Busto, director del
portal Penúltimos Días. "Espero que la muerte de Zapata despierte la conciencia sobre la situación de las
cárceles cubanas. Podría pensarse que Orlando Zapata se ha sacrificado por un ideal. Pero hay detalles que te
dan otra perspectiva, como el hecho de que este hombre sufrió torturas y malos tratos en la cárcel. En octubre
pasado, sin ir más lejos, lo golpearon salvajemente. Y le aumentaron la pena de tres a 36 años por su rebeldía,
porque quería ser tratado como un preso de conciencia".
Lo terrible, añade Hernández, es el contraste entre las violaciones de los derechos humanos "y la anuencia de
los Gobiernos latinoamericanos y de España con un régimen que hace lo que le da la gana. No pueden
entenderse esas visitas a la isla sin que medie una sola declaración expresa a favor de los presos políticos".

Muere el preso político cubano Orlando Zapata

POR JUAN O. TAMAYO


JTAMAYO@ELNUEVOHERALD.COM

Un disidente cubano que estaba encarcelado y llevaba 83 días en huelga de hambre murió el martes, informó su madre. Es
la primera vez en casi 40 años que un activista de la isla muere de hambre para protestar por los abusos del gobierno.

"Ya asesinaron a Orlando Zapata Tamayo, ya acabaron con él. La muerte de mi hijo ha sido un asesinato premeditado'',
afirmó a El Nuevo Herald Reina Luisa Tamayo, refiriéndose a las autoridades cubanas. "Lograron lo que ellos querían.
Acabaron con la existencia de un luchador por los derechos humanos''.

Es la primera vez que un opositor del gobierno comunista de la isla muere debido a una huelga de hambre desde que en
1972 falleció en la cárcel Pedro Luis Boitel, poeta y líder estudiantil que luchó primero contra la dictadura de Fulgencio
Batista y luego contra la de Fidel Castro.
Zapata Tamayo, de 42 años, que era plomero y albañil, dejó de ingerir alimentos sólidos el 3 de diciembre pasado, para
protestar lo que describió de golpizas sistemáticas de los guardias y muchos otros abusos que se cometen en la prisión de
Kilo 7, en la provincia de Camagüey.

Activo en varias organizaciones de disidentes, Zapata Tamayo fue arrestado en el 2003 en medio de una ola de represión
del gobierno que condenó a 75 críticos del gobierno a largas sentencias de cárcel. Amnistía Internacional lo declaró
prisionero de conciencia.

Acusado inicialmente de desacato, desorden público y ‘‘desobediencia'', y sentenciado a tres años, fue hallado culpable de
otros actos desafiantes cuando estaba preso y en el momento de su muerte enfrentaba un total de 36 años de prisión.

La prensa cubana, controlada por el gobierno, no ha informado de su muerte y el portavoz de la misión diplomática cubana
en Washington no pudo ser localizado para conocer sus comentarios.

El martes se informó que en las calles de varias ciudades cubanas se podía ver una presencia policial mayor, tal vez para
evitar cualquier estallido de protestas a favor de Zapata, según el Directorio Democrático Cubano, un grupo de Miami que
apoya a los disidentes en la isla.

El caso de Zapata desató varias protestas callejeras de críticos del gobierno a principios de este mes, como una donde la
policía de Camagüey detuvo a unas 35 personas durante varias horas. Los detenidos después se quejaron de que algunos
fueron golpeados durante las redadas.

La muerte de Zapata Tamayo ha desatado una ola de protestas en la delegación floridana al Congreso federal. El
representante republicano Mario Diaz-Balart pidió al gobierno del presidente Barack Obama que "se solidarice con el
pueblo cubano y deje de apaciguar al régimen castrista con conversaciones directas y concesiones unilaterales, mientras
héroes como Orlando Zapata siguen muriendo en las cárceles castristas''.

Por su parte, el representante republicano Lincoln Diaz-Balart declaró que la muerte de Zapata es un crimen que "nunca
será olvidado, ni prescribirá jurídicamente en el futuro''. El representante demócrata Kendrick Meek declaró que la huelga
de hambre fue "un acto de convicción, un llamado a la libertad frente a la opresión''.

"Tenemos la fuerza de continuar esta lucha por los derechos humanos'', afirmó por teléfono a El Nuevo Herald José Ortiz
Molina, padrastro de Zapata, quien habló desde La Habana mientras su esposa firmaba los documentos oficiales para
recoger de una morgue capitalina el cadáver de su hijo.

Payá culpa al Gobierno de muerte de Zapata y dice


oposición seguirá sin odio
POR EFE
LA HABANA

El opositor cubano Oswaldo Payá, Premio Sajarov del Parlamento Europeo en 2002, culpó hoy al gobierno del general Raúl
Castro de haber ‘‘asesinado lentamente'' al preso político Orlando Zapata Tamayo, y afirmó que la oposición continuará su
lucha "sin odio''.

''Fue asesinado lentamente durante muchos días y muchos meses en todas las prisiones en las que fue confinado'', afirmó
Payá en una declaración entregada a Efe en La Habana, en la que denuncia los "ultrajes, desprecios racistas y abusos''
que sufrió Zapata por parte del gobierno.

Zapata, un albañil de 37 años, falleció ayer en el hospital Amejeiras de La Habana, al que fue trasladado desde un centro
médico para reclusos tras pasar 85 días en huelga de hambre.

El disidente exigía ser tratado como "prisionero de conciencia'', condición que le reconoció Amnistía Internacional (AI) en
2004, informaron fuentes opositoras.

La declaración de Payá, líder del Movimiento Cristiano Liberación (MCL), resalta que debido a las "golpizas'' y "tratos
inhumanos'' recibidos en prisión, la salud de Zapata Tamayo "estaba deteriorada''.
''Denunciamos al gobierno cubano por ser responsable del encarcelamiento injusto y arbitrario y muchos abusos y ultrajes
contra Zapata'', agrega la nota del premio Sajarov de 2002.

''Denunciamos a sus verdugos carceleros y a los agentes de todos los cuerpos represivos que ejecutaron con sadismo esta
acción lenta pero igualmente criminal'', añade.

El líder del MCL también acusa a los tribunales "que tuvieron la inmoralidad de condenarle'' y "a todos los que son
protagonistas en los medios de prensa oficiales y oficiosos'' que con sus "mentiras y silenciamientos justifican, alientan y
hacen posibles estos crímenes''.

''Denunciamos -continúa- a todos esos gobiernos que en este continente y en el mundo junto a muchas instituciones y
personajes prefieren la relación armoniosa con la mentira y la opresión a la solidaridad abierta con el pueblo cubano. Todos
son cómplices de lo que ocurre y de lo que ocurra''.

La oposición no ha buscado "mártires'' y continuará "la lucha, sin odio, pero determinados hasta que Cuba sea libre y los
cubanos dejen de sufrir esta humillación penosa que es vivir sometidos a la mentira por el miedo'', dice la declaración.

Este miércoles Payá también acusó al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, que este martes inició una visita a La
Habana, de ser cómplice de las violaciones de los derechos humanos en Cuba.

En una entrevista publicada por el diario brasileño O Globo, el opositor cubano afirmó que el Gobierno de Lula "no ha dado
ninguna palabra de solidaridad para con los derechos humanos en Cuba'' y "ha sido un verdadero cómplice'' de su violación

Los derechos humanos en Cuba

Zapatero rectifica y pide a Cuba que devuelva la


libertad a los presos de conciencia
El presidente del Gobierno alza la voz tras una declaración ayer en la que no quedó claro que hablase
sobre la muerte del disidente cubano
EL PAÍS / AGENCIAS - Madrid / La Habana - 25/02/2010

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha lamentado esta mañana "profundamente" la
muerte del disidente cubano Orlando Zapata tras 85 días en huelga de hambre y ha exigido al régimen castrista
que "devuelva la libertad a los presos de conciencia y respete los derechos humanos". Zapatero ha asegurado
que se trata de una "exigencia fundamental de toda la comunidad internacional" y la ha formulado como
presidente de turno de la UE, al inaugurar en el Congreso de los Diputados la reunión de presidentes de
comisiones de Exteriores de los países de la Unión. La UE, ha sostenido, debe estar a la vanguardia de la
defensa de los derechos humanos y por ello debe exigir a Cuba que los respete y libere a los presos de
conciencia.
El jefe del Ejecutivo español intervino ayer en la Sala de los Derechos Humanos de la ONU en Ginebra en el IV
Congreso Mundial contra la Pena de Muerte en el que sólo hizo una velada referencia a la muerte de Zapata,
que pasó desapercibida para los periodistas. Fue el equipo de Zapatero el que explicó posteriormente que el
presidente había improvisado un párrafo final en su discurso pensando en el opositor y preso político cubano.
La prensa española destaca hoy que Zapatero no mencionó ni a Cuba ni a Zapata en Ginebra. Hoy, el jefe del
Ejecutivo español no ha tardado ni unos minutos en hacerlo.
Poco antes, el número tres del Ejecutivo, Manuel Chaves, vicepresidente y ministro de Política Territorial, ha
señalado a RNE que el Gobierno español seguirá manteniendo el mismo nivel de relaciones diplomáticas y
comerciales con Cuba porque todo boicot hace "que se adopten posiciones numantinas y se perjudique a la
sociedad cubana". "Eso no quiere decir", ha subrayado, que "España se inhiba en relación con la política de
derechos humanos que denunciamos en Cuba". "Trabajamos para la liberación de los presos políticos en Cuba.
Existe un déficit muy claro de derechos humanos que ha supuesto un desenlace lamentable", ha añadido en
referencia a Zapata, que falleció ayer en el hospital Hermanos Almeijeiras de La Habana, a donde llegó desde el
hospital de la prisión del Combinado del Este, también en la capital. Debido a su estado de salud, fue trasladado
hace una semana de la cárcel donde cumplía condena en Camagüey, demasiado tarde como para salvarle la
vida, según los disidentes.

Los derechos humanos en Cuba

Muere un preso político cubano tras pasar 85


días en huelga de hambre
El albañil Orlando Zapata, de 42 años, fue condenado en 2003 por desobediencia
MAURICIO VICENT | La Habana 24/02/2010

El prisionero de conciencia cubano Orlando Zapata Tamayo murió ayer en La Habana tras pasar 85 días en
huelga de hambre, confirmaron fuentes de la disidencia, que acusaron al Gobierno de permitir su muerte
premeditadamente. "Es una terrible tragedia, la muerte de Orlando fue perfectamente evitable. Puede
considerarse que ha sido un asesinato con ropaje judicial", declaró anoche Elizardo Sánchez, presidente de la
Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.

Sánchez explicó que desde hace días el estado de salud de Zapata era sumamente grave, y denunció que las
autoridades esperaron hasta hace una semana para trasladarlo al hospital de la prisión del Combinado del Este,
en La Habana, desde la cárcel donde cumplía sentencia en Camagüey. "Sólo a última hora fue ingresado en el
Hospital Hermanos Almeijeiras, cuando ya era tarde", dijo.

El Gobierno cubano hasta el momento no ha hecho ningún comentario oficial, aunque en un hecho inusual, el
Hospital Almeijeiras, de La Habana, confirmó a la agencia France Presse que el opositor había muerto
alrededor de la una de la tarde (siete de la tarde en la España peninsular).

Por decisión de la madre de Zapata, Reina Luisa Tamayo, el entierro se realizará en la localidad oriental de
Banes, 700 kilómetros al este de La Habana. Sánchez señaló que la madre se encontraba "muy afectada" y que
no contestaba el teléfono.

Zapata, de 42 años, fue detenido en 2003 en el marco de la redada que llevó a 75 opositores a prisión acusados
de conspirar con EE UU. Las condenas fueron muy altas, hasta de 28 años de cárcel, pero Zapata en realidad no
pertenecía al llamado Grupo de los 75, sino que fue sentenciado a tres años de prisión por desacato, desorden
público y desobediencia.
Fuentes del movimiento de derechos humanos aseguran que debido a su actitud de desafío a las autoridades en
prisión fue acusado de nuevos "delitos" y así fue sumando condenas hasta casi una treintena de años. Zapata
dejó de ingerir alimentos sólidos a principios de diciembre, en protesta por lo que describió como continuas
golpizas de los guardias y otros abusos en prisión. Según Sánchez, las autoridades le dejaron agonizar durante
semanas en celdas de aislamiento sin darle una atención médica adecuada.

Zapata era de raza negra y de profesión albañil. "Su procedencia era muy humilde, y desde hace tiempo
familiares y prisioneros alertaban de su precario estado de salud y pedían que se le tratase como un caso
humanitario", aseguraron ayer fuentes diplomáticas. Fuentes de la familia dijeron hace días que estaba siendo
alimentado por vía intravenosa contra su voluntad. Su caso fue tratado por las autoridades españolas con
funcionarios cubanos durante un encuentro bilateral en Madrid la semana pasada.

Según Sánchez, la muerte de un opositor al Gobierno de Fidel y Raúl Castro debido a una huelga de hambre
sólo tiene como antecedente la del dirigente estudiantil Pedro Luis Boitel, a comienzos de los años setenta. "La
diferencia es que entonces casi nadie se enteró y esto ahora va a ser un escándalo", dijo el activista de los
derechos humanos.

La muerte de Zapata se produjo pocas horas antes de que aterrizara en La Habana el presidente brasileño, Luiz
Inácio Lula da Silva, en visita oficial. En vísperas de su llegada, 50 presos políticos cubanos dieron a conocer
una carta en la que pedían a Lula que gestionara su libertad ante los Castro, con mención especial a Zapata.

Los derechos humanos en Cuba

La disidencia cubana protesta por la muerte de


Orlando Zapata Tamayo
Decenas de detenciones preventivas para evitar que los opositores acudan al sepelio
MAURICIO VICENT - La Habana - 24/02/2010

La muerte del opositor y prisionero de conciencia cubano Orlando Zapata Tamayodespués de 85 días de huelga
de hambre ha destado este miércoles una ola de indignación en el movimiento disidente. Tanto opositores
moderados como de línea dura han condenado en términos enérgicos lo que califican como un " crimen
premeditado" y un abuso de poder, mientras decenas de activistas se ham novilizado para protestar
pacíficamente y asistir al entierro en la localidad de Banes, 830 kilómetros al este de La Habana, en la provincia
de Holguín, de donde era oriundo Zapata. Fuentes disidentes han denunciado que el Gobierno practicó decenas
de detenciones y retuvo en sus casas a numerosos opositores para impedir que acudieran al sepelio.

La Comisión de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, que preside Elizardo Sánchez, ha asegurado que
durante este miércoles se produjeron detenciones en las provincias centrales y orientales del país, desde Villa
Clara hasta Manzanillo, para evitar que los opositores llegaran a Banes. "Tenemos confirmadas al menos 30
detenciones y otros tantos arrestos domiciliarios, con la amenaza de que si salen irán a la cárcel", ha asegurado
Sánchez a mediodía.

La disidente Martha Beatriz Roque, miembro del grupo de los 75 y con una 'licencia extrapenal' por motivos de
salud, partió desde La Habana hacia Banes en un microbús en compañía de una decena de Damas de Blanco y
opositores como Vladimiro Roca. Roque aseguró telefónicamente que aunque a ellos no les habían impedido
viajar -se encontraban cerca de Holguín en el momento de la comunicación- otros activistas de la capital fueron
detenidos preventivamente.

"La muerte de Orlando sin duda es un reto para la oposición; y para el Gobierno es un problema muy grave:
quién permitió que esto sucediera no midió el alcance político", ha afirmado la disidente. A esa misma hora,
más de medio centenar de activistas y Damas de Blanco se encontraban reunidas en casa de una de las líderes
del movimiento, Laura Pollán, en pleno barrio de Centro Habana. La vigilia, para expresar las condolencias por
el fallecimiento de Zapata, se extendiende todo el día y es seguida de cerca por un considerable despliegue
policial.

Repercusiones
Fuentes diplomáticas europeas han dicho que la muerte del prisionero de conciencia va a tener repercusiones
considerables. El propio Raúl Castro se ha referido hoy a lo sucedido durante una visita que realizó al puerto del
Mariel en compañía del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien realiza su cuarto viaje a la isla
desde que llegó al poder. El presidente cubano ha lamentado la muerte de Zapata, si bien responsabilizó del
hecho a Estados unidos por su política de hostilidad hacia la isla y ha negado que en su país hubiera presos
políticos ni torturados. "No existen torturados, no hubo torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base de
Guantánamo", ha asegurado Castro, según versiones de webs oficiales cubanas.
Desde el pueblo de Banes, la dama de blanco Berta Soler dijo a EL PAÍS que la localidad estaba tomada por
agentes de la seguridad del Estado que impedían el acceso de los opositores. Pese a ello, unas 40 personas
lograron llegar a la casa de la familia, donde ayer fue velado el cadáver de Zapata. La policía se encargó de
trasladar los restos del opositor desde La Habana y conminó a la familia a enterrarlo de inmediato. Según Soler,
tras una tensa negociación, los familiares lograron de plazo hasta hoy por la mañana para velar el cuerpo.

La embajada española hizo llegar el pésame a la madre de el opositor, Reina Luisa Tamayo, quien calificó su
muerte de "asesinato" y pidió la libertad de los demás presos políticos "para que no vuelva a suceder" lo que
ocurrió con su hijo.
Reacciones
La muerte de Zapata provocó una ola de indignación y de protesta en el movimiento disidente como no ocurría
hacía tiempo. Opositores de todas las tendencias denunciaron el "crimen" del Gobierno de Raúl Castro, e
hicieron notar que esta muerte se produce justo cuando se cumplen dos años redondos de su investidura como
presidente. "Esto es todo lo que se puede esperar", ha asegurado Oswaldo Payá, quién criticó al presidente de
Brasil por expresar su respaldo político al régimen cubano en estos momentos.
El socialdemócrata Eloy Gutierrez Menoyo, quien paso 22 años en cárceles cubanas, ha recordado que él realizó
varias huelgas de hambre y que las autoridades nunca cedieron. "Con el argumento de que no negocian bajo
posiciones de fuerza dejaban morir a la gente, y eso es lo que ha sucedido ahora", ha dicho.

Zapata, de 42 años y albañil de profesión, fue detenido en 2003 y condenado a tres años de prisión por
desacato. En la cárcel, por su actitud de rebeldía y enfrentamiento a las autoridades, fue sometido a varios
juicios y acumuló condenas por más de 30 años de privación de libertad. Fuentes familiares dijeron que
comenzó la huelga de hambre a principios de diciembre en protesta por las golpizas constantes que recibía en la
cárcel de Holguín donde cumplía sentencia, y para demandar un buen trato y ser reconocido como preso
político. De Holguín fue trasladado a otra cárcel en Camaguey, y de allí, cuando se agravó su situación, al
hospital de la principal prisión de La Habana . Zapata murió el martes a mediodía en el Hospital Hermanos
Almeijeiras.
TRIBUNA: Los derechos humanos en Cuba ANTONIO JOSÉ PONTE

Y sigue la maquinaria represiva


"La muerte de Orlando Zapata Tamayo fue anunciada desde hace mucho tiempo. Durante casi tres
meses, el reo de conciencia ejerció su derecho último a la huelga de hambre"
ANTONIO JOSÉ PONTE 24/02/2010

La muerte de Orlando Zapata Tamayo fue anunciada desde hace mucho tiempo. Durante casi tres meses, el reo
de conciencia ejerció su derecho último a la huelga de hambre. Había sido encausado por una causa
insostenible en cualquier país relativamente democrático y, ya dentro de la cárcel, sufrió vejaciones y golpizas.
En marzo del año pasado debió ser sometido a una operación por el coágulo cerebral producido a golpes por sus
carceleros. Su libertad, en suma, fue coartada hasta tal punto que el único modo de protestar que le quedó fue la
huelga de hambre.

La decisión de que esa huelga terminara en muerte debió ser estimada concienzudamente por las autoridades
cubanas. Pues no vale la excusa, tan socorrida para el régimen castrista, de desconocimiento. No vale el que
ahora se procuren un jefe intermedio a quien culpar de ineficacia. No vale el cuento del carcelero ensañado con
el preso, ni el cuento del fallo de interpretación en la cadena de mando. Tales mentiras no funcionan desde el
momento en que lo ocurrido a Zapata Tamayo fue motivo de discusión en diversas citas internacionales.

La semana pasada, 40 presos políticos cubanos habían pedido la intercesión del presidente brasileño Luiz
Inácio Lula da Silva, que visitaría Cuba. Y, muy especialmente, pedían que se interesara por la suerte de
Orlando Zapata Tamayo.

Por esos mismos días, el congresista demócrata por Nueva Jersey, Albio Sires, reclamó a Hillary Clinton,
secretaria de Estado, y a la representante permanente de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, que
examinaran y monitorearan el caso. Asimismo, la senadora cubanoamericana Ileana Ros-Lehtinen, republicana
de mayor rango dentro del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, dirigía una petición
al papa Benedicto XVI en el mismo sentido.

Hace tan sólo una semana, las conversaciones celebradas entre Cuba y España trataron "sin ningún tipo de
restricciones" (según afirmó el portavoz de la cancillería española) acerca de este caso. Y los representantes del
Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, de la Asamblea Nacional del Poder Popular y de la Fiscalía
General de la República de Cuba, quienes constituían la parte cubana en esa cita, escucharon hablar del tema.

Contando con todos estos avisos, las autoridades cubanas debieron decidir la muerte del albañil negro de Banes
a quien habían sentenciado por desacato, desorden público y desobediencia. De lo contrario, de haber querido
evitar su fallecimiento, se hace difícil creer en una chapucería tan grosera dentro de un sistema que resulta,
probadamente, el mayor logro del régimen revolucionario (no la sanidad ni la educación publica): la
maquinaria policial-represiva. De haberlo querido con vida, queda hoy en entredicho el tan publicitado sistema
sanitario del país.

Más probable resulta la hipótesis de que ambos dictadores hermanos aceptaron el reto que les tendía un preso.
Tratándose de un asunto de soberbia, ni el gobierno estadounidense, ni la Santa Sede, ni el gobierno de España,
ni toda la opinión pública internacional, se interpondrían. Ninguna protesta vendría a menoscabar la total
impunidad con que medran los carceleros Fidel y Raúl Castro.

¿Cuánto pesa un huelguista de hambre muerto cuando se tiene la eterna coartada del bloqueo estadounidense?
Las coartadas de libertad e independencia nacional, perfectamente comprobadas por el régimen desde hace
medio siglo, han de prestarse ya a tapar este escándalo. Y, una vez más, se le abrirá expediente al asesinado,
inventándole alguna misión de inteligencia estadounidense o destino parecido.

Mientras escribo estas líneas ocurre un fuerte movimiento policial alrededor del funeral de Zapata Tamayo. Se
producen detenciones y golpizas. La maquinaria represiva no puede estar de duelo cuando más trabajo tiene
por delante. Pues la muerte de un preso político no es, para ella, el final de un caso, sino el inicio de otros
muchos.

Ojalá que, en contra de los designios de esa maquinaria, el ejemplo de Orlando Zapata Tamayo consiga
despertar la indignación internacional y reste a diplomáticos y mandatarios extranjeros (pienso en España,
especialmente) el montón de excusas con que intentan disculpar la falta de libertades dentro de Cuba.

Los tres asesinatos de


Orlando Zapata Tamayo.
Tras 85 días de huelga de hambre, murió el
preso político cubano Orlando Zapata Tamayo.
Murió asesinado tres veces en pocas horas.
Nunca conocí en vida a Orlando
Zapata Tamayo. Solo he visto de
él una foto colocada de mil maneras en internet.
Posiblemente nunca hubiera conocido que existía si
no fuera porque decidió hacer una huelga de hambre
por razones que aun no conozco bien y murió en su
empeño. Es decir, decidió hacer uso del único recurso
que le queda a un recluso –la vida- y exponerla para
dar una batalla moral ante el estado cubano. Este tipo
de hecho no es nuevo. Recuerdo, por ejemplo, que en
1981 un grupo de jóvenes del IRA apelaron al mismo
recurso contra la conservadora Margaret Thatcher, y
diez murieron. Entonces el Granma contaba cada día
los pormenores de las huelgas de hambre y cuando
moría algún joven lo reseñaba en primera plana, para
consternación e indignación de sus lectores, entre
ellos yo. Esta vez el Granma no ha dicho nada, porque
esta vez el Granma es parte de la maquinaria que
asesinó tres veces a Orlando Zapata Tamayo.
En resumen, no se exactamente quien era Orlando
Zapata Tamayo. Los partes de la disidencia indican
que se trataba de un obrero negro de 43 años que fue
encarcelado por participar en varias acciones pacíficas
no permitidas por el gobierno cubano –entre ellas el
Proyecto Varela que buscaba recoger firmas para
promover una reforma constitucional en el
parlamento cubano- y que mantuvo una posición
vertical en la prisión lo que le valió maltratos y el
alargamiento de su condena de tres años iniciales a
una cifra que he leído iba de 25 a 36 años. Según el
gobierno cubano y sus relacionistas públicos, cubanos
y extranjeros, se trataba de un delincuente común con
una hoja de delitos baratos fomentada desde que tenía
22 años, y que posteriormente decidió enrolarse en la
disidencia para continuar su carrera delictiva. Es decir
que la víctima pasó de robar carteras a promover un
cambio constitucional y exponerse a altas penas de
prisión.

En realidad los argumentos del gobierno cubano me


resultan muy dudosos. No entiendo como un ladrón
vulgar de carteras puede pasar de improviso a
promover un cambio constitucional exponiéndose de
paso a largas condenas de cárcel. Tampoco como un
delincuente común y además oportunista, se deja
morir de hambre, durante un largo proceso en que
tuvo 85 días para arrepentirse. Y si estaba preso por
los delitos que mencionan, me parece extraño la
tremenda cantidad de años que establecía la condena.
Tampoco puedo explicarme como es posible que
alguien se suicide por conseguir, dice el gobierno, un
teléfono y una cocina para su celda, aunque fuese una
cocina similar a la que tenía Fidel Castro en el presidio
de Isla de Pinos cuando fue encarcelado por la bárbara
tiranía de Batista por asaltar un cuartel militar en
1953. Es evidente que tantos años sin una opinión
pública crítica ha reblandecido el sentido común de
los propagandistas del gobierno cubano.

Y finalmente dudo de lo que dice el gobierno cubano


porque si algo conozco bien es como la élite cubana es
capaz de manipular la información, mentir, e intoxicar
a la opinión pública donde no hay fuentes alternativas
de comunicación, para conseguir cualquiera de sus
objetivos. Es lo que convirtió súbitamente en 1989 a
un héroe nacional en un corrupto, aburguesado y
abusador, digno del fusilamiento; o a un brillante
canciller que era capaz de interpretar como nadie el
pensamiento del Comandante en Jefe (cualidad
insuperable en una monarquía faraónica) en una soez
sabandija envilecida por las mieles del poder.

De cualquier manera, para los fines de lo que quiero


decir ahora, no me interesa saber quién era Orlando
Zapata Tamayo, ni porqué estaba preso. No tengo
dudas de que el gobierno cubano nuevamente ha
sacrificado la vida de un cubano para dar una
demostración de firmeza represiva ante la oposición.
Que el gobierno cubano ha permitido la muerte de un
recluso. Y que, por consiguiente, el gobierno cubano
ha cometido una acción criminal. Cuando el gobierno
cubano decidió utilizar al presidiario fallecido como
caso prueba para sus forcejeos políticos, decretó su
asesinato: el primer asesinato.

No es un hecho inédito en Cuba. La naturaleza


autoritaria del sistema político cubano incluye entre
sus arbitrariedades el uso de casos para producir
respuestas ejemplarizantes de cara a espectadores
hostiles o poco confiables. Fue lo que sucedió cuando
fueron ejecutados los implicados en la causa 1 de
1989, una pandilla de rateros desaforados pero que
legalmente no merecían el fusilamiento. O en 2003,
cuando fueron fusilados tres jóvenes, también negros,
por intentar secuestrar una lancha para emigrar a
Estados Unidos. Los fusilaron 72 horas después de sus
apresamientos, en un juicio sumario propio de
capitanes generales, sin siquiera permitir una
despedida familiar. Y ahora esta muerte consentida
que envía un mensaje muy claro a la oposición y al
posible surgimiento de otros huelguistas.

A la muerte física de Zapata sucedió un segundo


asesinato: una avalancha de difamaciones organizada
por el gobierno cubano. Utilizando para ello a algunos
intelectuales devaluados del patio y a la red de voceros
estalinistas que medran en la izquierda mundial, han
dicho que la víctima era un preso común (culpable de
exhibicionismo, de portar armas blancas, de cometer
hurtos, de producir escándalos públicos e incluso de
vender drogas a turistas), que exigía privilegios
desmedidos para un presidiario, que atacaba a los
guardias carcelarios, y hasta que era esquizofrénico y
bipolar. De igual manera, no han escatimado
esfuerzos para desnaturalizar el hecho, envolverlo en
el conflicto Cuba-Estados Unidos y compararlo con no
sé cuántas muertes que desgraciadamente ocurren en
otras latitudes como Irak y Afghanistan. Es decir, para
sacar el crimen del escrutinio público en nombre de la
defensa de una revolución socialista que hace ya
mucho tiempo no es revolución y nunca fue socialista.
Es otra técnica: inhibir a los sectores democráticos y
de izquierda del planeta agitando el espantajo de la
agresión imperialista, como si los muertos que
ocurren en otros lugares, como si el bloque/embargo,
como si una sola de las conquistas sociales que han
ocurrido gracias a la acción del pueblo en el último
medio siglo, como si uno solo de esos hechos pudiera
justificar el crimen cometido contra Orlando Zapata
Tamayo.

Y luego Zapata Tamayo ha sido asesinado cuando el


presidente/general Raúl Castro, haciendo un alarde
del más procaz cinismo, lamentó públicamente la
muerte de un presidiario a quien su gobierno dejó
morir. Ha sido su tercer asesinato en unas pocas
horas.

Para la izquierda el crimen contra Orlando Zapata


Tamayo es un reto. Nada aquí puede ser justificado, y
solo puede ser explicado como la reacción criminal y
represiva de una elite autoritaria y decadente que
pisotea cada día al socialismo hablando en su nombre,
mientras prepara su propia conversión en una nueva
burguesía. En la misma declaración en que
impúdicamente lamentó la muerte de su víctima, el
general/presidente Raúl Castro afirmó que estaba
dispuesto a discutirlo todo con Estados Unidos. Yo
diría que también a negociarlo todo, a excepción claro
está, de los propios poderes del Clan Castro y sus
apoyos militares. Y para llegar a esa meta (tan
prosaicamente contrarrevolucionaria) ¿qué importa
Orlando Zapata Tamayo?.

Haroldo Dilla Alfonso