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23/8/2015

El mundo, el texto y el crítico

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Juana Salabert
El mundo, el texto y el crítico
Conmoción, belleza y dolor en El jardín
de los Finzi Contini
Edward W. Said
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Trad. Ricardo García Pérez. Debate. Barcelona, 2004. 431 páginas, 22 euros

DARÍO VILLANUEVA | 10/06/2004 | Edición impresa

23/8/2015 El mundo, el texto y el crítico PUBLICIDAD Suscriptores: Edición impresa (2000 ­ 2015) |Edición impresa Edward W. Said. S. Howard La publicación de este libro de Edward W. Said, a un año de su muerte acaecida poco después de que recibiera el prem io Príncipe de Asturias de la Concordia junto a Daniel Barenboim, adquiere un doble sentido el egíaco. En primer lugar, por la pérdida de tan relevante personalidad como fue Said, profesor de Inglés y Literatura Comparada en la Universidad de Columbia pero a la vez intelectual comprometido con el tiempo que le tocó vivir. Pero no deja de producirnos una cierta nostalgia también el hecho de que El mundo, el texto y el crítico sea una obra publicada inicialmente en 1983, y p or ello referida, en su parte más combativa ­que la tiene­, a una situación de los estudios humanísticos en los Estados Unidos que hoy ya ha precipitad o en un nuevo paradigma. Said, palestino cristiano, hijo de un árabe que obtuvo la nacionalidad norteamericana combatiendo en la prime ra guerra mundial, vivió en el Líbano y en El Cairo y realizó sus estudios univers itarios en Princeton y en Harvard, para terminar profesando en la gran universid ad neoyorquina. En este sentid o, su perfil humano es el típico de los compara tistas, desde Louis Betz hasta Claudio Guillén: una familia cosmopolita, estudio s en el extranjero y un bilingöísmo básico ­en este caso, árabe e inglés­ del que Said habla en sus inexcusables memorias Fuera de lugar, de 1999. En e ste sentido, nada extraño en la elección del tema de su tesis doctoral: Joseph Co nrad, polaco nacido en Ucrania bajo la dominación rusa y también escritor en in g lés. A Conrad se dedica, precisamente, uno de los ca p ítulos de El mundo , el t exto y el crítico , volumen que además de otros siete sobre la teoría y la crítica de los años setenta y ochenta, enhebrados entr e una introducción y una conclusión , incluye dos sobre Swift. éste, pese a su t endencia tory, le sirve a Said como ejemplo de escritor “reactivo”, siempre di s p uesto a dar res p uesta a los estímulos de su época, una especie de “i ntelectual orgánico” tal y como Gramsci los definía. Su elección tiene qu e ver , p or su p uesto , con el p a p el q u e Said reivindica para sí y los universitarios del momento, así como también lo s otros dos capítulos no particularmente te óricos del libro , sobre Raymond Schwab, el autor de La Renaissance Ori entale (1950) , y Renan y Massignon ante la cultura del Islam, enlazan directa mente con lo q ue sin g ularizó al p ro p io Said entre los comparatistas a partir de l a publicación de su libro Orientalism (1978): su protesta de que el eurocentris mo a ultranza no si g nificaba sino la negación “de la generalidad trascendent al de la cultura humana” (p á g ina 343) . Esta semana en LETRAS Stevenson desvela su Vivir ­ Por primera vez se publican sus escritos más personales y biográficos LIBRO DE LA SEMANA El último tren a la zona verde ­ Paul Theroux NOVELA Nadie es perfecto ­ Joaquín Berges ¿Quién es Patricia Luna? ­ Isabel García­ Zarza y Silvia Oviaño PUBLICIDAD Finalistas: La indiferencia Concurso de micropoemas conducido por Joaquín Pérez Azaústre y patrocinado por Ámbito Cultural PUBLICIDAD Último Más visto Ian McKellen y la vejez de Sherlock Holmes Muere Daniel Rabinovich de Les Luthiers Escritores en plano fijo El murmullo de las abejas El Flamenco místico incendia Pamplona PUBLICIDAD Todas las demás piezas de esta compila ción de trabajos escritos entre 1969 y http://www.elcultural.com/revista/letras/El­m undo ­ el ­ texto ­ y ­ el ­ critico/9742 1/2 " id="pdf-obj-0-14" src="pdf-obj-0-14.jpg">

Edward W. Said. S. Howard

La publicación de este libro de Edward W. Said, a un año de su muerte acaecida poco después de que recibiera el premio Príncipe de Asturias de la Concordia junto a Daniel Barenboim, adquiere un doble sentido elegíaco.

En primer lugar, por la pérdida de tan relevante personalidad como fue Said, profesor de Inglés y Literatura Comparada en la Universidad de Columbia

23/8/2015 El mundo, el texto y el crítico PUBLICIDAD Suscriptores: Edición impresa (2000 ­ 2015) |Edición impresa Edward W. Said. S. Howard La publicación de este libro de Edward W. Said, a un año de su muerte acaecida poco después de que recibiera el prem io Príncipe de Asturias de la Concordia junto a Daniel Barenboim, adquiere un doble sentido el egíaco. En primer lugar, por la pérdida de tan relevante personalidad como fue Said, profesor de Inglés y Literatura Comparada en la Universidad de Columbia pero a la vez intelectual comprometido con el tiempo que le tocó vivir. Pero no deja de producirnos una cierta nostalgia también el hecho de que El mundo, el texto y el crítico sea una obra publicada inicialmente en 1983, y p or ello referida, en su parte más combativa ­que la tiene­, a una situación de los estudios humanísticos en los Estados Unidos que hoy ya ha precipitad o en un nuevo paradigma. Said, palestino cristiano, hijo de un árabe que obtuvo la nacionalidad norteamericana combatiendo en la prime ra guerra mundial, vivió en el Líbano y en El Cairo y realizó sus estudios univers itarios en Princeton y en Harvard, para terminar profesando en la gran universid ad neoyorquina. En este sentid o, su perfil humano es el típico de los compara tistas, desde Louis Betz hasta Claudio Guillén: una familia cosmopolita, estudio s en el extranjero y un bilingöísmo básico ­en este caso, árabe e inglés­ del que Said habla en sus inexcusables memorias Fuera de lugar, de 1999. En e ste sentido, nada extraño en la elección del tema de su tesis doctoral: Joseph Co nrad, polaco nacido en Ucrania bajo la dominación rusa y también escritor en in g lés. A Conrad se dedica, precisamente, uno de los ca p ítulos de El mundo , el t exto y el crítico , volumen que además de otros siete sobre la teoría y la crítica de los años setenta y ochenta, enhebrados entr e una introducción y una conclusión , incluye dos sobre Swift. éste, pese a su t endencia tory, le sirve a Said como ejemplo de escritor “reactivo”, siempre di s p uesto a dar res p uesta a los estímulos de su época, una especie de “i ntelectual orgánico” tal y como Gramsci los definía. Su elección tiene qu e ver , p or su p uesto , con el p a p el q u e Said reivindica para sí y los universitarios del momento, así como también lo s otros dos capítulos no particularmente te óricos del libro , sobre Raymond Schwab, el autor de La Renaissance Ori entale (1950) , y Renan y Massignon ante la cultura del Islam, enlazan directa mente con lo q ue sin g ularizó al p ro p io Said entre los comparatistas a partir de l a publicación de su libro Orientalism (1978): su protesta de que el eurocentris mo a ultranza no si g nificaba sino la negación “de la generalidad trascendent al de la cultura humana” (p á g ina 343) . Esta semana en LETRAS Stevenson desvela su Vivir ­ Por primera vez se publican sus escritos más personales y biográficos LIBRO DE LA SEMANA El último tren a la zona verde ­ Paul Theroux NOVELA Nadie es perfecto ­ Joaquín Berges ¿Quién es Patricia Luna? ­ Isabel García­ Zarza y Silvia Oviaño PUBLICIDAD Finalistas: La indiferencia Concurso de micropoemas conducido por Joaquín Pérez Azaústre y patrocinado por Ámbito Cultural PUBLICIDAD Último Más visto Ian McKellen y la vejez de Sherlock Holmes Muere Daniel Rabinovich de Les Luthiers Escritores en plano fijo El murmullo de las abejas El Flamenco místico incendia Pamplona PUBLICIDAD Todas las demás piezas de esta compila ción de trabajos escritos entre 1969 y http://www.elcultural.com/revista/letras/El­m undo ­ el ­ texto ­ y ­ el ­ critico/9742 1/2 " id="pdf-obj-0-27" src="pdf-obj-0-27.jpg">

pero a la vez intelectual comprometido con el tiempo que le tocó vivir. Pero no deja de producirnos una cierta nostalgia también el hecho de que El mundo, el texto y el crítico sea una obra publicada inicialmente en 1983, y por ello referida, en su parte más combativa ­que la tiene­, a una situación de los estudios humanísticos en los Estados Unidos que hoy ya ha precipitado en un nuevo paradigma.

Said, palestino cristiano, hijo de un árabe que obtuvo la nacionalidad norteamericana combatiendo en la primera guerra mundial, vivió en el Líbano y en El Cairo y realizó sus estudios universitarios en Princeton y en Harvard, para terminar profesando en la gran universidad neoyorquina. En este sentido, su perfil humano es el típico de los comparatistas, desde Louis Betz hasta Claudio Guillén: una familia cosmopolita, estudios en el extranjero y un bilingöísmo básico ­en este caso, árabe e inglés­ del que Said habla en sus inexcusables memorias Fuera de lugar, de 1999. En este sentido, nada extraño en la elección del tema de su tesis doctoral: Joseph Conrad, polaco nacido en Ucrania bajo la dominación rusa y también escritor en inglés.

A Conrad se dedica, precisamente, uno de los capítulos de El mundo, el texto y el crítico, volumen que además de otros siete sobre la teoría y la crítica de los años setenta y ochenta, enhebrados entre una introducción y una conclusión, incluye dos sobre Swift. éste, pese a su tendencia tory, le sirve a Said como ejemplo de escritor “reactivo”, siempre dispuesto a dar respuesta a los estímulos de su época, una especie de “intelectual orgánico” tal y como Gramsci los definía. Su elección tiene que ver, por supuesto, con el papel que Said reivindica para sí y los universitarios del momento, así como también los otros dos capítulos no particularmente teóricos del libro, sobre Raymond Schwab, el autor de La Renaissance Orientale (1950), y Renan y Massignon ante la cultura del Islam, enlazan directamente con lo que singularizó al propio Said entre los comparatistas a partir de la publicación de su libro Orientalism (1978): su protesta de que el eurocentrismo a ultranza no significaba sino la negación “de la generalidad trascendental de la cultura humana” (página 343).

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Esta semana en LETRAS

 
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vez se publican sus escritos más personales

y biográficos

 

LIBRO DE LA SEMANA

 

NOVELA

Nadie es perfecto ­ Joaquín Berges

¿Quién es Patricia Luna? ­ Isabel García­ Zarza y Silvia Oviaño

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Finalistas: La indiferencia
Concurso de micropoemas conducido
por Joaquín Pérez Azaústre
y patrocinado por Ámbito Cultural
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Último
Más visto
Ian McKellen y la vejez de Sherlock
Holmes
Muere Daniel Rabinovich de Les Luthiers
Escritores en plano fijo
El murmullo de las abejas
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Todas las demás piezas de esta compilación de trabajos escritos entre 1969 y

23/8/2015

El mundo, el texto y el crítico

1981 constituyen otros tantos alegatos contra los estragos que la

deconstrucción de Derrida estaba produciendo en el mundo académico

norteamericano, una encendida defensa de que la literatura significa, y la

propuesta reiterada de que hay que devolver los textos literarios a la realidad, al

contexto del que nacen: para Said, “la planeada interacción entre discurso y

recepción, entre verbalidad y textualidad, es la situación del texto, su modo de

situarse a sí mismo en el mundo” (página 60). Quiere ello decir que Said fue,

junto a dos colegas judíos, George Steiner y Harold Bloom, uno de los primeros

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develadores del peligro inmenso de desactivar el valor social e institucional de la

literatura que se estaba corriendo, y un in

creativa del crítico y de su condición de in

escritura en los procesos y condiciones reales del presente. Enlaza, para ello,

además de Foucault, con una línea de pensamiento marxista que desde Lukács

y Adorno le lleva al “materialismo cultural” de Raymond Wi­ lliams, cuyos

“estudios culturales” le parecen un eficaz

deconstructivista. Pasados los años y muerto ya Said, cuyos últimos afanes

fueron a favor de la causa palestina, desafortunadamente se puede percibir una

cierta complementariedad entre ambas escuelas en la empresa de destruir los

estudios literarios en la Academia norteamericana: la deconstrucción negó la

significación a los textos como si quisiera volverlos inanes, y los estudios

culturales han arrumbado con el canon y relegado la literatura al modesto papel

de un fenómeno más susceptible de ser analizado como fruto de la creatividad

humana. En modo alguno, por supuesto, el más importante.

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