Introducción

Según Joan Coromines, el término calabaza es
de origen prerromano, posiblemente ibérico,
emparentado con galápago y caparazón
(Coromines, 2008). Por lo tanto, esta denominación popular de esta pieza de cestería, término que hemos recogido en Nerpio y Yeste
(Albacete) y en la Puebla de Don Fadrique
(Granada) es un término arcaico que debió derivar a los frutos de las calabazas de agua o
bodegueras (Lagenaria siceraria) cultivadas
desde tiempos remotos como recipiente para
retener líquidos y de estas a las calabazas
americanas del género Cucurbita, empleadas
en alimentación.

Figura 1: Calabaza (Lagenaria siceraria) semiforrada con esparto
para usarse como cantimplora.

Este es un trabajo de cestería elaborado tradicionalmente por los pastores y destinado al
abastecimiento de agua. Hemos encontrado esta pieza en las sierras de Albacete y Granada,
aunque debió estar extendida por todo el sureste ibérico.
Como recipiente para líquidos se ha cultivado
tradicionalmente la calabaza de agua o bodeguera (Lagenaria siceraria). A menudo, estas
calabazas se forraban con esparto usando
técnicas diversas (punto de nudo, trenzados,
etc.). Sin embargo, estas calabazas de esparto
están elaboradas únicamente con esparto
La cestería para líquidos no es exclusiva del esparto. Esta misma obra de artesanía, elaborada
con paja, con la misma técnica y con el mismo
fin, se conoce en el norte de León como pajizo
y en Valladolid como barril. Se impermeabiliza
así mismo con pez (Kuoni, 2003, Fontales,
2013). En Castilla-León hemos podido observar
piezas similares elaboradas con mimbre y llamadas barrilas.

Figura 2. Barrila de mimbre (Museo Etnográfico “Piedad Isla”,
Cervera de Pisuerga, Palencia).

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En el Museo Arqueológico de Cartagena se conserva una pieza similar en esparto, datada en
tiempos de los romanos (figura 3).

Se comienza formando una espiral con unos
cuantos espartos. Esta espiral se cose con un
esparto picado, al atravesar el haz se deja fuera unos centímetros de la cola del esparto con
que se cose y este trozo se incorpora al cuerpo
de la espiral. Se cose con un punto tupido, de
forma que cada esparto permite coser apenas 2
-3 cm. de la espiral. Antes de agotar el esparto
se añade un esparto nuevo para coser, incorporando el resto del anterior al cuerpo de la espiral.
Se trabaja mejor si el esparto está algo humedecido.

Figura 3. Izquierda, cantimplora romana de esparto picado encontrada en Cartagena (Museo de Cartagena, foto, Carlos Fontales). Derecha, la misma pieza, misma técnica, 2000 años después (Yeste, Albacete).

Técnica de elaboración
La materia prima es esparto picado. Este se
elabora macerando en agua durante un mes o
más esparto crudo, durante este tiempo, se
produce una fermentación de las hojas de esparto que pierden las materias pécticas que
aglutinan las fibras. Tras este tiempo se seca y
pica con una maza de madera, quedando así
más dócil y enriquecido en fibra.
Para elaborar la calabaza se emplea una aguja
que permita enhebrar un esparto por su punta.
Según María García, de Elche de la Sierra, este
punto se le llama “punto de ojal”. Gracias a
Juan Beteta de Yeste (Albacete), pudimos conocer la forma de elaboración de esta pieza
única, ya que es el último artesano que hemos
encontrado que continúa haciendo estas calabazas, técnica que aprendió de un pastor conocido como “manos de seda” de Yeste.

Figura 4. Detalle del punto

En cada punto se puede atravesar con la aguja
el esparto anterior o coser entre dos espartos,
alternando los puntos en cada vuelta.
Es un punto lento, la primera cara va creciendo
poco a poco y cuando se ha alcanzado el diámetro deseado, comienza a elaborarse la pared, formando como un cuenco. En las vueltas
centrales que forman la pared, hay que ir dejando un agujero, interrumpiendo la espiral,
para añadir la boquilla de la calabaza. Cuando
la pared tenga la profundidad deseada, se
hace la boca, aprovechando los espartos que se
dejaron en el hueco y se preparan las trabillas
por las que se introducirá la correa.
Preparada ya esta pieza, se cose aparte el otro
lateral de la calabaza y se une a la pieza anterior cosiéndola por el margen.

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Figura 5. Técnica de elaboración. Inicio y pieza a medio.

En las piezas que hemos estudiado, la correa se
hace con un soguillo de 8 ramales (cuadrado) o
con una trenza de 5 de esparto picado
(recincho o crineja). En algunos casos, los laterales están reforzados con una trenza ancha de
esparto picado (llamada recincho o crineja,
según comarcas) de 7 ramales. En otro caso, el
interior está reforzado en su centro por un pilar
que va entre los dos centros de los laterales.
Una vez terminada la calabaza, se impermeabilizaba con pez (“empegar” la calabaza). Para
ello, se calienta la pez y se introduce en la calabaza sin que la pez esté muy caliente (pues
quemaría el esparto), moviendo suavemente la
calabaza para que la pez impregne todo su interior, quedando así cubierta interiormente de
una capa de pez e impermeable.

Figura 6. Juan Beteta.

Agradecimientos
A los informantes que nos han dado a conocer esta
pieza tan interesante; Juan Beteta de Yeste, Paco
Moreno de Nerpio, Isaac García de la Puebla de Don
Fadrique (Granada). Gracias especialmente a Juan
Beteta que nos ha enseñado esta técnica, técnica
que hemos podido reproducir elaborando varias calabazas de esparto en el Taller de Esparto de la Universidad Popular de Albacete, por parte de Daniel
García y Alfonso Mansanet.

La pez se hacía en “pegueras” en el campo,
hornos situados en una ladera que se rellenaban con tea de pino, materia prima de la que
se extraía la pez por destilación seca (y que
según cuentan, había que quemar dos veces).

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Las calabazas de esparto son una
pieza ancestral de la cestería
española, forman parte de la cultura
del esparto, patrimonio inmaterial
único del Mediterráneo Occidental

Referencias:
Coromines, J. 2008. Breve diccionario etimológico de
la lengua castellana. Ed. Gredos.
Kuoni, b. 2003. Cestería Tradicional Ibérica. Ed. del
aguazul.
Figura 7. Calabaza de esparto elaborada por Daniel García

Fontales, C. 2013. More than baskets. Spanish basketry.

Textos: José Fajardo y Alonso Verde
Fotos: Carlos Fontales, Paco Moreno y José Fajardo (en las que no se indique otra autoría)
Diseño: Miguel R. Brotons

Figura 8. Calabaza de Nerpio (Fotos, Paco Moreno).

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