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Alternativa Latinoamericana - Pág. 12

Alternativa Latinoamericana - Pág. 12 Progreso, Desarrollo, Modernización GUILLERMO GUTIERREZ Río Negro / Argentina

Progreso, Desarrollo, Modernización

GUILLERMO GUTIERREZ Río Negro / Argentina

Modernización GUILLERMO GUTIERREZ Río Negro / Argentina Tres mitos latinoamericanos aparece hoy en día enmarcando

Tres mitos latinoamericanos

aparece hoy en día enmarcando la acción de muchos gobiernos

latinoamericanos. Y decimos “enmar­ cando” porque no se trata de simples políticas: la idea de la modernización, su filosofía, cubre la totalidad de los

discursos gubernamentales y desde los despachos oficiales se expande ha­ cia el conjunto social, planteando la eterna disyuntiva del ser o no ser. Se­ gún nos dicen, o nos modernizamos o desaparecemos como sociedades.

La oleada modernizante está reco­ rriendo América Latina con ciertos desfasajes cronológicos; hay países en los que la cuestión se plantea hace más tiempo que en otros. Pero en conjun­ to puede entreverse una nueva etapa de integración imperialista en nues­ tros países, que pivotea sobre el par:

a “modernización”

L

democracias restringidas-moderniza­ ción. Desde la óptica imperialista es un avance con respecto a las viejas for­ mas de control militar, que ha queda­ do ampliamente demostrado en Ve­

nezuela, Ecuador, etc. Esto explica en parte la extinción pacífica de tres dictaduras en el cono sur y el difícil futuro de Pinochet y Stroesnner. To­ das ellas surgieron y se justificaron como reordenadoras y constructoras de democracias “modernas y esta­ bles” ; pese a su torpeza y brutalidad, sería muy voluntarista afirmar que las que cayeron lo hicieron por la lu­ cha popular. Simplemente dejaron de ser eficaces en el desarrollo de este nuevo proyecto de integración impe­ rialista, que justamente se lleva a ca­ bo bajo las banderas de la moderniza­ ción. Fueron (o serán, en Chile y Pa­ raguay) sucedidas por gobiernos civi­ les cuyo cometido es llevar adelante formas democráticas restringidas, se­ gún los reclamos del frente interno de los países centrales y también en prevención de nuevas torpezas mili­ tares que endurezcan definitivamente a los sectores populares. Como con­ trapartida, debe permitirse y adelan­ tarse el famoso proceso moderniza­ dor, que no es otra cosa que una nue­ va especialización internacional, y el

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a

:e

a-

a-

te

e-

li­

te

desarrollo de mecanismos más efica­ ces de acumulación por parte de los monopolios.

implica

Aclaremos

que

esto

no

suponer que los nuevos gobiernos ci­

viles son meros títeres ni mucho me­ nos. Hablamos de un cuadro determi­ nante, objetivo, que fija sus políticas. La experiencia nos está demostrando que el arco de respuestas a ese cuadro de determinaciones es muy variado:

encontramos la férrea voluntad de Alan García, dispuesto a no dejarse anonadar por las fuertes presiones imperialistas, el resignado “posibilis­ mo” de Alfonsín, o la conflictiva au­ tosuficiencia de Brasil.

que justamente la

Argentina es el país latinoamericano donde con mayor claridad el “cuadro de determinaciones” se está desarro­ llando como proyecto y experimen­

to. La punta del iceberg de dicho ex­ perimento es la relación con el FMI

y el Plan Baker, pero el conjunto de

situaciones demuestran que la cosa va más allá, que se orienta hacia la con­ solidación de una experiencia total­ mente distinta, en la que se juntan piolines tan diferentes como un go­

Consideramos

biern

o civil de raíz liberal, y un movi­

miento de masas con una fuerte orga­

nización sindical capaz de controlar las desprolijidades populares y la in­ serción de grupos revolucionarios. A

la vez, constituir un polo de reserva

de recursos, especialización produc­ tiva agropecuaria y de industria tec­

notrónica, etc., dentro de una econo­

mía que garantice una alta tasa de ga­

nancia a los monopolios. Dentro de esta estrategia, una de imperiosas necesidades es neutra­ lizar ideológicamente a la oposición. Desarticulado el peronismo como op­ ción revolucionaria, y desgastado el marxismo como modelo totalizador,

el nuevo proyecto imperialista debe

impedir a toda costa el surgimiento - cuanto menos- de una propuesta ideológica alternativa que, tal como

vienen las cosas, aparecería inevita­ blemente como ideología nacionalis­ ta-revolucionaria.

Para lograrlo se están utilizando

dos mecanismos: el liderazgo de Al­ fonsín, convenientemente asesorado

en su argumentación por ciertos ideó-

logos de la izquierda (que saben bien donde aprieta el zapato intelectual),

en segundo lugar la desvaloriza­

ción y ridiculización del discurso

impuesto, que es caracterizado como de una “Argentina vieja” . Este dis- curso oficial tiene un solo eje, la modernización (que es el barril en el que está colocado todo lo que habíamos dicho antes sobre el proyecto impe­

rial) y un modo de presentación, que

es

la racionalidad.

Expresamente se

ha

dicho que el gobierno está propo­

niendo un discurso racional, y se lo propone frente a otro, que es, por lo tanto, irracional. Hemos vuelto, en­ tonces, a la vieja dicotomía: civiliza­

ción o barbarie.

Estamos nuevamente frente al es­ quema de identificar la racionalidad con las propuestas de las clases domi­ nantes, y transformar en categorías políticas y propuestas ideológicas las palabras que el sentido común resca­ ta como positivas: “Modernización”

hoy lo que ayer fue “desarrollo” ;

“civilización” ; “progreso” . Todo el mundo se considera a sí mismo ra­ cional, y nadie rechazará ser “moder­ no” , del mismo modo que antes to­ dos quisieron ser desarrollados, pro­ gresistas y civilizados. Las clases dominantes argentinas han tenido gran claridad en la distin­

es

ción de lo “racional”. O mejor dicho contaron desde siempre con lengua­ races y también —por qué no recono­ cerlo- con intelectuales orgánicos

que supieron expresar la racionalidad

del

propio discurso como excluyente

de

toda otra racionalidad. El método

es,

por cierto, sencillo: homologarlo

popular con lo irracional. Ya el gau­

cho marcó la mala senda pasando pa­

ra los escribas del siglo XVIII como

ladronicio, robador de mujeres o amancebado. El primer protagonismo popular (1811) llevado a cabo por gente que era “orillera” fue descripta por Berutti como “ínfima plebe del campo” que actuaba “en desdoro del vecindario ilustrado y sensato” . A los

hombres de Artigas, Vicente F. Ló­ pez los llamó “turba vocinglera de

quinteros, peones y compadritos” , “bárbaros desorganizadores” , “hom­ bres desaliñados” , etc. Para Miguel

Cané los inmigrantes (es decir, uno

de los vértices de nuestra clase traba­

jadora) eran la “invasión del mundo

heterogéneo” , “turba” , “ola roja” . Para Miró: “confuso tropel” . Lafe­ rrére calificó a los partidarios de Irigoyen como “mulataje delirante” .

Y no volveremos ahora sobre los

oscuros orígenes del término “alu­ vión zoológico” con que fueron premiados los partidarios de Perón. Detrás de todos estos motes está la clara definición de lo popular co­ mo irracional. Quien define se sitúa, por propia voluntad, en el campo de los operadores racionales, e inmedia­ tamente su discurso, además de ra­ cional, aparece como portador de la verdad revelada, universal. Esta es la operación que hoy se lleva a cabo desde los sectores modernizantes: re­

TRES MITOS LATINOAMERICANOS

ciclaje de la antinomia civilización o barbarie, apropiación por parte de los sectores dominantes (o sus gerentes) del campo “racional” . Como todo discurso que proclama su universali­ dad escudado exclusivamente en el poder, su argumentación debe pres­ cindir de la historicidad de los proce­ sos, ya que la misma necesariamente remitiría al museo mítico del pensa­ miento colonizado. Pero los malabarismos lingüísticos y el juego con los grandes mitos no pueden encubrir las consecuencias que palabras y mitos tuvieron para nuestros pueblos una vez que se tra­ dujeron en políticas y sistemas de do­ minación. Unos pocos casos latinoa­ mericanos pueden ilustrarnos sobre los resultados de los “mitos latinoa­ mericanos” cuando entran en acción de la mano de nuestras clases domi­ nantes, y esos resultados son ejem­ plos en sí mismos de la irracionalidad

discurso “racional” , tanto como

del atraso global que para el pueblo representan, siempre, las políticas “modernizantes” , cuando la moder­ nización no es otra cosa que profun­ dizar la dominación. Claro que no vamos a irnos hasta los primeros años de la colonización, cuando en nombre de una racionali­ dad económica diferente los españo­ les lograron que las culturas andinas abandonaran el sistema de cultivo en andenerías. Aquel manejo “racional” que destruyó el equilibrio demográfi­ co y ecológico tiene, después de to­ do, su utilidad hoy en día: permite que los nuevos portadores de la racio­

nalidad, los científicos del agro, pro­ curen interesantes negocios a las mul­ tinacionales de la agroquímica.

los “mitos

nacen cuando

del

en fuertes” , aquéllos que

la burguesía criolla se vistió de seda (que quiere decir casimir inglés) y empezó a plantearse en serio que su error estaba en haber surgido en estos arrabales del mundo y no en el cen­ tro del mismo. Y bueno, ahí comen­ zó su cruzada por el progreso y la modernización, siempre luchando con la contumaz resistencia de las “turbas vocingleras” de turno.

Vamos

cambio

a

“ PROGRESO” CONTRA

“ ESTANCAMIENTO”

El ascenso al poder de las burgue­ sías criollas, luego de la Independen­ cia, no tuvo resultados positivos para las masas populares. En la mayoría de los nacientes estados nacionales, la nueva ideología imperante se confron­ tó con un tipo de sociedad cuyo mo­ vimiento real era antagónico a las teorías liberales. Esto no se debió a

TRES MITOS LATINOAMERICANOS

un enfrentamiento de ideas, sino de intereses claramente delimitados. La derogación de las Leyes de Indias anuló una serie de protecciones con que contaban los trabajadores de la colonia, entre los que se destacan la jornada de ocho horas, el descanso dominical, la prohibición de trabajo de la mujer embarazada y la obliga­ ción de pago en dinero, efectuado és­ te en la tarde del sábado. Todas estas prevenciones fueron dejadas de lado en beneficio de la “progresista” teo­ ría de la libre concurrencia, que aban­ donaba al trabajador inerme entre la fuerza del patrón. Claro que antes los abusos eran múltiples, aunque ilegales; de ellos nos habla la cantidad de pleitos que caracterizan la documentación colo­ nial. Pero más importante para medir la confrontación entre la nueva “li­ bertad” y la sociedad “atrasada” es el ejemplo del manejo de las tierras co­ munales en los países andinos, desde el ascenso de las burguesías criollas al gobierno. La legislación colonial pre­ vio una serie de amparos a los indíge­ nas, cuya base era el mantenimiento de las tierras comunales. Esto se de­ bió a que en los comienzos de la co­ lonización el tributo impuesto a los indios era en especies, y a que para los españoles la tierra no revistió ma­ yor importancia como bien económi­ co hasta el siglo XVII. Los aborígenes necesitaban las tie­ rras no sólo para obtener su subsis­ tencia. La posesión de tierras comu­ nales garantizaba los lazos solidarios de las comunidades; rotos los víncu­ los de reciprocidad y redistribución que caracterizan a la sociedad incai­ ca, la única garantía de mantener uni­ das a las mismas era la continuidad de la posesión de tierras en diversos lugares (1). El mismo Bolívar cayó en la tram­ pa: su decreto de 1824 inició la serie de medidas legales tendientes a poner en práctica las “modernas” ideas de libre concurrencia a la propiedad de la tierra. En 1825 el Libertador dicta otro decreto que incluye un reparto de tierras a los “denominados indíge­ nas”, que les asigna tierras en forma particular no pasibles de enajenación por cincuenta años (2). Estas medi­ das causaron la fragmentación de mu­ chas tierras comunales, que a su vez dio por resultado la estructura mini­ fundista por un lado, y el reforza­ miento de la propiedad y el poder de antiguos y nuevos gamonales, por otro (3). Un ejemplo relevante sobre el efec­ to desestructurador de las ideas de “progreso” lo aportan las investiga­

ciones realizadas en el norte de Poto­

sí, en una región de incidencia fun­

damental en nuestra historia colo­ nial. Como en todo el ámbito de la sociedad incaica, los pueblos de esa zona estaban organizados según un patrón de alta dispersión espacial, lo que les permitía acceder a las máxi­ mas posibilidades ecológicas dispo­ nibles. Cada ayllu aseguraba de este modo su aprovisionamiento gracias a

una producción que incluia las frutas

de la selva, la coca de los yungas, la

lana de las alturas, etc. Los españoles

no

entendieron bien este esquema pe­

ro

lo respetaron en lo esencial. Ape­

gados a lo formal, se tranquilizaron

otorgando a los ayllus una legalidad

de “doble domicilio” que permitía a

éstos al usufructo de tierras múltiples en diversas regiones. Los ayllus que ocupaban el norte de Potosí consoli­ daron una economía triguera y una estructura mercantil muy fuerte, alentados por el desarrollo minero de la región. Pese a los altibajos regiona­ les, podemos simplificar un par de si­ glos hablando de una cierta prosperi­ dad —dentro del cuadro colonial—, basada en la adaptación del viejo

patrón incaico a esta nueva realidad. La burguesía librecambista que asumió el poder en Bolivia encontró

a este patrón como símbolo del

“atraso”, como un estigma que im­

pedía el desarrollo productivo y la in­ serción moderna de Bolivia en el mundo de la época. A partir de 1874, los diferentes gobiernos iniciaron po­ líticas tendientes a reformar el siste­ ma agrario, en vistas a crear un “ca­ pitalismo agrario” moderno, sustitu­ tivo de un sistema que consideraban anacrónico. La famosa ley de “exvin­ culación”, que perseguía la elimina­ ción de las comunidades y la consi­ guiente creación de un mercado de tierras, produjo uno de los más agita­ dos períodos de la historia de Boli­ via, cuyas consecuencias se han pro­ longado hasta el presente. Las razones de la burguesía “pro­ gresista” se exponían en su discurso “racional” : los requerimientos mo­

.este

híbrido y pernicioso sistema de las

dernos imponían eliminar “

(4),

.este

ele­

mento exótico de nuestro organismo político se mantiene aún extraño al movimiento económico del país”

(5), “

traer del estancamiento grandes valo­

res territoriales y arrancar toda una raza del estado semisalvaje para cul­

tivarla y convertirla en elemento de prosperidad nacional” (6). La justifi­ cación de esta política fue hecha por

el mismo Ministerio de Hacienda en

.la reforma

.se propone sus­

un despliegue de la ideología positi­ vista-progresista de la época: “La comunidad en la clase indígena ha ve­ nido sacrificando a un principio abs­ tracto lo que hay de más esencial en el espíritu humano. Absorbe la ini­ ciativa individual, sin la concurrencia del esfuerzo mutuo, y restringe las espontaneidades de la personalidad, anulando los estímulos del interés privado” (7).

Progreso e iniciativa individual, pi­

lares del discurso racional librecam­ bista, se enfrentaban a atraso-comu­ nitarismo. En realidad, la imposición de la supuesta racionalidad librecam­ bista ignoraba la fuerte racionalidad implícita en un sistema económico y social que permitió la supervivencia material y el sostenimiento de sólidos lazos comunitarios y culturales a tra­

vés de los siglos. Los efectos de esta política se ma­ nifestaron en muy pocos años. El le­ vantamiento del proteccionismo a la producción triguera determinó la inmediata introducción en el merca­ do de cereales importados de Chile. Esto descalabró el conjunto del co­ mercio interregional y determinó el desmoronamiento de las relaciones de producción y mercantiles. A la, vez, la resistencia de los ayllus inició una etapa de luchas cuyo resultado fue un vacío jurídico en cuanto a la tenencia de la tierra, prolongado has­

ta hoy: en efecto, la legitimidad que

aseguraba el trabajo y la prosperidad

de los ayllus no pudo ya ser reempla­ zada por otra legislación. La impos­ tación del “progreso” truncó un proceso asentado históricamente, y al sustituir una racionalidad surgida de la experiencia popular por otra

artificial,

produjo

resultados catas­

tróficos.

PETROLEO Y

DESARROLLO

La concepción dualista de “civili­ zación o barbarie” en nuestra histo­

ria tuvo una nueva versión a partir de fines de la década del ’50, con la apa­ rición del desarrollismo. Tecnocracia

e intelectualidad conjugaron esfuer­

zos para superar las “estructuras del atraso” . Muchos sectores de la iz­ quierda se sintieron atraídos por el nuevo mito latinoamericano; una ver­ borragia contestataria y explosiva abrió el espacio a la nueva política de los monopolios, que era el desarrollo integrado de los mercados continen­ tales. El proclamado desarrollo de los sectores básicos fue representado en

la fantasía popular por la expansión

del automóvil y del confort urbano.

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Una versión directa de este nuevo sueño americano lo constituyó Vene­ zuela y su modelo automovilista-pe­ trolero, que se fue amortizando en sucesivas generaciones hasta hacer eclosión en el boom de los petrodóla­ res en 1974. El empleado público, el hombre de clase media, los campesinos que cejaron el campo, los pocos obreros industriales, todos fueron cifrando, desde dos generaciones atrás, sus es­ peranzas y sus anhelos a la suerte de este recurso fabuloso llamado petróleo

, envidiados por sus parientes po­

rres de América Latina y puestos co­ mo ejemplo por las desarrollistas. En 1974, con la crisis de la OPEP, el pre­ cio del barril asciende su precio his­ tórico de doce dólares a 33: la fortu­ na golpea la puerta de cada uno; con dólar barato y un país inundado ce petróleo cualquiera tiene el mun­ do en sus manos. Los campesinos in­ vaden las ciudades, la producción agrícola y artesanal se deja de lado

po r el empleo público (una forma de

aprovechar las migajas del festín) o

la especulación. ¿Para qué producir?

Es más fácil importar, y todo se im­

porta, desde zapatos hasta maquina­ —

rias.

El

súbito

enriquecimiento

vene­

a todas las latitudes latinoamericanas ya en declinación) para demostrar la eficacia del modelo “petróleo más inversión extranjera” . La propaganda p or supuesto evita mencionar que las inversiones extranjeras no han sido otra cosa que el control yanqui de la

desarrollistas de

zolano

sirve

los

inversión, los insumos, el equipamien­ tos marcas, patentes, etc. También se soslaya que el supues­ to desarrollo venezolano es acompa­ ñado por la penetración de una ideo­ logía y un modelo de vida altamente

co lonizados, puestos en función del

beneficio inmediato. Esto se eviden­ cia en fenómenos que van desde la

explotación irracional de los recursos

y la depredación del paisaje hasta la

inducción de pautas de vida y consu­ mo, y su aceptación acrítica. Esta ideología se traduce en un

desaprovechamiento de la ingente masa de recursos generada por el pe­ tróleo que en cambio se invirtió en un gasto suntuario sobredimensiona­

d

desde

whisky

o

y

agua escocesa

autopistas fastuosas). Ni la ca­

lidad de vida de los venezolanos cre­ cio, ni se generó un modelo económi­

co verdaderamente desarrollado, ca­

paz de enfrentar la sustitución del pe­ tróleo como fuente de recursos.

hasta

(

La caída posterior de los precios internacionales y la subsiguiente cri­

sis de la importación, consecuencia del brusco encarecimiento del dólar, generó un crisis de grandes propor­ ciones, de la cual podemos cuantifi­ car su peso económico pero no pode­ mos comprender en términos globa­ les: con una exportación anual de 14.000 millones de dólares, es difícil entender cómo un país con 17 millo­ nes de habitantes se debate entre la pobreza y las formas más alienadas del consumo moderno. Sólo si repensamos todo el proce­ so de “desarrollo” como causal de una fuerte perversión de la concien­ cia colectiva podemos hacer algo de luz sobre el asunto. La panacea de los hidrocarburos, después de sesenta años de explotación, ha dejado secue­ las que por sí demuestran la falacia desarrollista: según datos oficiales, dos millones de venezolanos están mal nutridos, hay 500.000 casos re­ gistrados de retardo mental, cada día mueren diez niños a causa de la dia­ rrea. El modelo automovilista petrolero ha determinado una degradación bio­ lógica comprobable además de las famosas enfermedades de la civili­ zación: sordera, gran cantidad de en­ fermos cardiovasculares y broncopul­ monares, tensiones sociales e indivi­ duales traducibles en la creciente vio­ lencia urbana. Mientras el campo se sigue despoblando (en un país que debe importar más de la mitad de sus alimentos), las urbes son un ámbito agobiante: dos millones de autos que­ man combustible alegremente en au­ topistas que han roto la armonía de las viejas ciudades. En la atmósfera agresiva de Cara­ cas, los últimos rastros de humanidad se han confinado en las barriadas po­ bres de los cerros. Entremezcladas con las urbanizaciones supermoder­ nas, parecen náufragos irreverentes en medio de la hostilidad del cemen­ to, vidrio y acero. Son las poblacio­ nes nuevas, solución para los sin te­ cho, los marginales, pero también parte indivisible del deterioro del paisaje urbano, tan reales como la contaminación del lago Maracaibo o las costas del Caribe. Las lenguas serpenteantes de estos barrios, que se desprenden de las alturas para caer en el seno mismo de las urbanizacio­ nes supermodernas, son también pro­ ducto del modelo automovilista-pe­ trolero: el símbolo definitivo de un par de décadas de aplicación del “desarrollismo”.

EFICIENTISMO Y DESOBRERIZACION

La década de los setenta nos ven­

TRES MITOS LATINOAMERICANOS

dió una nueva panacea: eficientismo y modernización. Según los países, estos términos aparecen juntos o se­ parados, no por puro capricho o azar sino por el tipo de integración mono­ pólica y las formas políticas particu­ lares. En la Argentina, por ejemplo, apa­ recen desagregados como dos proce­ sos. La dictadura militar fue la encar­ gada de poner en marcha una política “eficientista” , consistente en la elimi­ nación de las formas productivas “obsoletas”. Para una formación ca­ pitalista periférica, esto quiere decir la desestructuración de zonas econó­ micas autónomas con respecto a la integración monopólica, representa­ das por la industria nacional y las economías regionales. La famosa “destrucción del aparato productivo nacional” de que se acusa a Martínez de Hoz no significa que en la Argen­ tina no se producirá más, sino que no se producirá fuera de la estructura­ ción monopólica. El eficientismo no implica producir con eficiencia den­ tro de una economía de escala, sino evitar la competencia nacional a la producción transnacional. Implica también la desestructura­ ción de la clase trabajadora, porque la experiencia histórica demuestra que ésta, en un país como la Argen­ tina no sólo defiende sus intereses de clase sino también la consolidación de una industria nacional. No hay es­ tudios sobre el tema, pero debemos plantearnos la hipótesis cierta de que

los trabajadores argentinos han ubica­ do la defensa de la industria nacional dentro de sus procesos de conciencia.

Esta realidad, que supera la esquemá­ tica antinomia burguesía-proletaria­ do, pone sobre la mesa el hecho de que los trabajadores han sido prota­ gonistas en la creación de una indus­ tria “flor de ceibo” , y que cuando la defienden no sólo defienden la fuen­

te de trabajo, sino también una reali­ zación de su cultura laboral. Por eso

en la Argentina el eficientismo buscó no sólo la liquidación económica de la industria nacional; la operación requería la desobrerización, de modo que la fase siguiente -la “moderniza­ ción”- no encontrara obstáculos pa­ ra su desarrollo. En cambio, en los países sin fuerte desenvolvimiento industrial, el proce­ so se planteó directamente como “modernizante” , sobre todo porque la política se aplicó al agro. Un caso concreto es Ecuador. Allí el proceso de industrialización de bienes de consumo duradero, ocurri­ do en la década de los sesenta, se hi­ zo en gran medida ya bajo el control

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TRES MITOS LATINOAMERICANOS

monopólico. La modernización fue

una política que se dirigió hacia el agro, guiada principalmente por el Estado y las grandes transnacionales

de la agroindustria y la agroquímica.

Carlos Jara ha definido este proceso

como de modernización conservado­

. mizar un capitalismo (8). Aplicado al agro, este modelo

favoreció a la gran empresa, basándo­

se tanto en la aplicación de grandes

masas de capital como en la deses­ tructuración de la sociedad campesi­

na pre-existente. “La modernización conservadora” -dice Jara- “llevó a

la consolidación de unidades produc­

tivas empresariales, en detrimento de

las economías campesinas, que jue­

gan papeles diversos frente al capital. Se ha profundizado la división en­ tre campesinos, empobreciéndose

aquella

y no puede reproducirse al margen del salario” .

El esquema modernizador, en efecto, no parte de la necesidad de los mismos campesinos, sino de la nueva inserción de la producción agropecuaria en el marco interna­ cional. Los modernizadores no se preocupan de cómo ha de alimentar­

se el pueblo de cada país, sino de la

producción en términos de los mer­ cados internacionales, y éstos a su vez tienen un hilo rector: las necesi­ dades de las poblaciones de los países centrales. Modernización del campo quiere decir control de la producción a partir de los negocios de la agro­ industria; en este contexto puede explicarse lo aparentamente inexpli­ cable, que es la carencia de alimentos en un continente cuya inmensa po­ blación es campesina.

ra

.que se promueve para dina­

fracción

que

se empobrece

El año pasado alrededor de ochen­

ta millones de latinoamericanos pasa­

ron -lisa y llanamente- hambre, mientras unos 150 millones están subalimentados. Esto no tiene que ver con desastres naturales ni impe­ ricia de los campesinos, sino con una política que en los últimos diez años ha profundizado orientaciones pro­ ductivas que no tienen en cuenta las necesidades populares. Los países andinos, por ejemplo, han sido con­

denados a ser “productores de postre” (banano, café, tabaco, té, azúcar), y han caído en el absurdo de tener que importar los alimentos de consumo masivo. En algunos casos (Perú, Ecuador, Venezuela), el im­ pulso “modernizante” alcanzó la inducción de nuevos hábitos de consumo, modificando las dietas básicas. El maíz local para alimenta­ ción humana fue reemplazado por el

trigo, que es un gran negocio para las multinacionales como Bunge, mien­ tras que se introducen en la produc­ ción de esos países maíces híbridos destinados a la exportación para el

consumo forrajero de las vacas, cria­ das en fábricas de carne de Europa y Canadá. La Argentina, pese a su agro diversificado y complejo, también se ha inscripto en esa tendencia. El desastre de las economías regionales causado por el eficientismo puso ingentes cantidades de tierras en manos de las multinacionales, me­ diante la expropiación llevada a cabo por los bancos. Y ahora esto se vincu­ la con la prometida “modernización”, que no es otra cosa que meter la estructura productiva del campo den­ tro del control de la agroindustria transnacional. Así, mientras en las

estadísticas seguimos como exporta­ dores de alimentos, para adentro se reforzará la legión de hambrientos, que hoy ya llega a dos millones. Volviendo al caso del Ecuador, como ejemplo de lo que es en reali­ dad la pretendida modernización, se ha demostrado que dicho proceso ha producido dos efectos que inciden directamente sobre la alimentación popular: 1o) la producción para el autoconsumo tiende a estancarse; esto tiene que ver tanto con la invo­ lución productiva por hectárea como por la modificación inducida del consumo (por ejemplo la sustitución de la quinua por el fideo, que es menos nutritivo); 2o) no se aumentan las superficies sembradas para alimen­ tación básica de los sectores urba­ nos y rurales pobres (arroz, papa, cebada, maíz suave, habas) ni mejo­ ran los rendimientos de los actuales cultivos. Esto se debe a que la pro­ ducción básica es abandonada por las empresas agrícolas, y asumida en

forma casi exclusiva por las unidades familiares, que no disponen de tierra, insumos ni créditos. Toda esta situa­ ción deriva en que “los pobres del

campo producen para los pobres de las ciudades; las unidades agrícolas medianas y grandes para los sectores de ingresos altos y medios y para la

exportación.

.(9).

c

o

Tales son las consecuencias del modelo modernizante en el campo ecuatoriano. Y allí, al igual que en el conjunto de América Latina, esto significa un crecimiento anual máxi­ mo de productos alimenticios básicos

del

a un ritmo del 3,5%. De este modo,

según señala la Federación Campesi­

.la política

de modernización de la agricultura no ha logrado la autosuficiencia alimentaria. Antes bien, ha agudizado la dependencia y vulnerabilidad de estos países del Tercer Mundo. El actual patrón de producción agrícola, de comercio de sus productos y de procesamiento e investigación tecno­ lógica, ha llevado a una seudo auto­ La agricultura “mo­ dernizada” ha convertido en un verdadero campo la obtención de ganancias de unas cuantas empresas que controlan la investigación técni­ ca, la producción de semillas, de los fertilizantes y su distribución, consti­ tuyéndose en fichas de un verdadero agropoder que amenaza a los países tercermundistas” (10).

na Latinoamericana, “

1,9%, en tanto la población crece

LA ILUSION DE LA CAPITAL

Los alimentos faltan, los campesi­ nos -e s decir, los brazos y las almas que se dedican a producirlos- sobran. Ya no hay lugar en el campo para ellos. El espacio agrario parece destinado a ser llenado por la tecno­ logía de los robots, no por los hombres. En estas condiciones lo asombroso no es que la gente se vaya

a las ciudades, sino que consiga afe­

rrarse a su pedacito de tierra y sobre­

vivir. ¿Cuánto tiempo? Mientras tanto, las urbes se des­ bordan, los monstruos ciudadanos crecen. Hasta ayer nomás la ciudad, en la conciencia occidental, fue sinó­ nimo de progreso. Aparece históri-

Alternativa Latinoamericana - Pág. 1 7

TRES MITOS LATINOAMERICANOS

Latinoamericana - Pág. 1 7 TRES MITOS LATINOAMERICANOS camente como el lugar donde su­ cumbió el

camente como el lugar donde su­ cumbió el oscurantismo feudal, el

a,

a- escenario en que la sumatoria de espíritus resulta en la creación

fecunda, el espacio proletario en que

el fuego de la organización revolu­

cionaria encuentra su ámbito. Pero hoy esa sumatoria de espíritus ha sido doblegada por la superposición te culturas, por el agobiante peso de las multitudes desbordadas.

En las décadas pasadas, en la etapa

de la ilusoria industrialización, las

masas migrantes convergían hacia las

ciudades para engrosar la naciente

clase obrera industrial. Las villas

mi seria eran apenas la antesala, el

paradero transitorio desde el cual se accedía a la casita propia, modesta pero digna, a la motocicleta y el

automóvil. El paradero transitorio se convirtió en aguantadero permanen­ te. Los migrantes no buscan ya el trabajo calificado que tos haga mejorar su calidad de vida y sus esperanzas. Simplemente huyen del

cam po llegan a las periferias gigan­

tescas y misérrimas con la ilusión apenas de encontrar un “rebusque” . En la ciudad, tos que estaban de antes también se han multiplicado. ¿Hasta dónde es tolerable tanta gen­

ni- te? En el año 2.000 la ciudad de Mé­

as

es

la

el

ce

si­

do

de

El

la,

de

10-

de

xico

tendrá 25 millones de habitantes.

H

oy, el 60% de tos habitantes de Li­

ma se apiñan en lo s “pueblos jóvenes”

que

rodean la ciudad. El periodista

Ted

Cordova Claure llamó a este fe­

nómeno “la calcutización de las ciu­ dades latinoamericanas” , recordando

como Calcuta, en 1947, fue invadida

por millones de refugiados pakista­

níes (12). La terrible imagen de aquel memento, con las cloacas desborda­ das y los mendigos muriendo de ham­

bre en las calles, es la pesadilla que

planea sobre Caracas, San Pablo, Río,

Lima o Buenos Aires. Hasta ahora, dos capitales escapan al fenóme­ no de la explosión de villas miseria:

La Habana y San José de Costa Rica.

Etodas las demás el cinturón de mi­

se r ia bordea las urbes: las penetra co­

nos

mo

metástasis de pronóstico incierto. Mientras la imagen del “progreso” ,

el

"desarrollo” y la “modernización”

campean en la avenida Amazonas en Quito, la calle Florida en Buenos Ai­

res o Sabana Grande en Caracas, las entrañas urbanas acumulan tos desca­ labros del subdesarrollo. El deterioro no es un aspecto, es una condición estructural: la red obsoleta de cañe­

rías y cables es sólo una parte de la fatiga. También se han deteriorado las salvaguardas, las precauciones. Cuando en el suburbio de Tlalnepan­ tla, México, estallaron en noviembre del ’84 varios tanques de propano, hubo 500 muertos y 100.000 damni­

ficados. Los camiones con ácidos, ga­ ses tóxicos, explosivos, que circulan a diario por el centro de Buenos Aires suman sus riesgos a tos alimentos en

mal estado, el agua y el aire contami­ nados. En medio de este panorama abru­ mador, la corrupción hace estragos y las “fuerzas del orden” están situadas exactamente en el epicentro de esa corrupción. Una de las primeras me­ didas de Alan García fue exonerar a 40 generales de la PIP (Policía de In­ vestigaciones del Perú) que estaban complicados en el narcotráfico. En Caracas el cuerpo policial está forma­ do por ex delincuentes o bien delin­ cuentes potenciales. Al igual que en la Argentina, la corrupción está en­ mascarada tras una política de “gati­ llo alegre” que les permite cubrir una cuota razonable de “delincuentes abatidos” , en la mayoría de tos casos inocentes o simples rateros. En Cara­ cas tos abusos son tan grandes que se ha formado una organización llamada “Luto Activo”, integrada por fami­ liares de personas asesinadas por la policía. Los policías mismos son víc­ timas de esta situación, como decía el diario caraqueño “El Nacional” (4/ 11/84): “todo conspira para hacerlos criminales furiosos o ladrones impe­ nitentes.

DARWINISMO SOCIAL Y MODERNIZACION

por tos ideólogos y tos políticos del pro­

greso, el desarrollo y la moderniza­

ción no han resultado, entonces, 1o que sus panegiristas proclamaban. No sólo han sucumbido las ilusiones; se trata de un siglo de profundización de nuestra condición dependiente. Hasta hace un par de décadas las con­

Las realidades

determinadas

secuencias de esta situación de domi­ nados parecía quedar más en la esfera de la retórica que en la de la realidad cotidiana. A 1o sumo, fuera de tos li­ bros, el monstruo imperialista eran tos “marines” de Santo Domingo o las compañías bananeras. Hoy se ha colado por todos tos resquicios de nuestra sociedad. Los dos millones de ricos que han florecido en Buenos Ai­ res gracias a tos militares están cons­ truyendo su cultura de “bunker” porque la situación explosiva de tos hambrientos ya se huele hasta aquí, país de las vacas gordas. Como con el aprendiz de hechice­ ro, algo ha fallado. La conciencia alie­ nada de nuestras clases dominantes, y de todos tos estúpidos que acrítica­ mente aceptaron su proyecto de co­ lonización pedagógica, sólo tienen como respuesta seguir mirando hacia afuera. Una nueva modernización, más “moderno” que la otra, nos está siendo prometida. Ahora son la ma­ gia de la electrónica, el fulgor de al­ guna industria que interesa al impe­ rialismo y la agroindustria. Sin em­ bargo debemos prevenirnos: tos gru­ pos dominantes latinoamericanos no están dispuestos a emerger de la nue­ va “modernización” con otro fracaso. Esta vez se preparan para el triunfo. ¿Qué triunfo? Ante todo una consideración éti­ ca, tenemos que acostumbramos a asumir que todo este proceso históri­ co que hemos vivido no ha sido en vano para tos grupos dominantes: la

falsa conciencia de antaño ha sido re­ emplazada por un nueva ética, anti­ humanista y profundamente clasista.

Quienes defendemos una concepción humanista podemos resistirnos a cre­ erlo, pero es así: la lógica de tos mili­ tares de que un obrero pasaba ham­ bre porque era estúpido, y por tos es­ túpidos no vale la pena preocuparse, ha prendido muy profundamente en nuestro cuerpo social. El mayor triunfo de las clases do­ minantes en este último período ha sido inficionar en muchos escalones

sociales el darwinismo social. La idea

de la supervivencia del más fuerte ha desarrollado hasta su propio elemen­ to estructural (la masa cuentapropis­ ta donde se destaca el “más piola”) y

Alternativa Latinoamericana - Pág. 18

TRES MITOS LA TINOAMERICANOS

ha destruido la conciencia hasta en los aspectos más desgarrantes (en la Argentina es evidente que la tenden­ cia de la opinión pública es que el problema de los desaparecidos es ya algo incómodo para todos). Decimos entonces que el aflora­ miento de dos éticas enfrentadas es un factor esencial en cualquier análi­ sis actual sobre la sociedad latinoa­ mericana. Si antes nos reducíamos a las variables políticas como determi­ nantes, hoy ello es insuficiente por­

que corremos el riesgo de descono­

cer que esta ética emerge de una pe­ netración profunda de la ideología imperialista. En esta ética el progreso ha sido asimilado al control elitista -p o r par­ te de las clases dominantes o sus ge­ rentes—del discurso racional; el desa­ rrollo, al crecimiento como mera ex­ pansión del producto bruto interno (independientemente de su aplica­ ción social), y la modernización es sólo un medio para aumentar la tasa de acumulación monopólica, median­ te mecanismos despiadados de extrac­ ción de la plusvalía a nuestros traba­ jadores. La desestructuración de las rela­ ciones de producción en el campo y la industria a lo largo de la última dé­ cada ha producido una masa gigantes­ ca de desocupados. A esta altura no podemos pensar que esto es un sub­ producto indeseable del esquema, si­ no una buscada variable estructural:

crear, por un lado, una masa de mano de obra en oferta que disputa entre sí y rompe las formas solidarias y or­ ganizativas populares; por otro, un enorme sector “informal” , desobreri­ zado y con expectativas de clase me­ dia, que ha demostrado ser una masa votante que apuntala las nuevas ex­ periencias electoralistas de América Latina. En el plano militante, el desarrollo de esta anti-ética constituye un ver­

que la

misma tenga un soporte estructural

sociales en crecimiento

en plantea cuestiones que van mucho más allá de los problemas de la prác­ tica inmediata. No basta atribuir el avance de la reacción a la despolitización y ésta a

dadero desafío.

sectores

El hecho

de

su vez al efecto-terror heredado de la dictadura. Hay que reconocer que el proyecto modernización-darwinismo social encuentra receptividad en mu­ chos sectores sociales (no es éste el lugar para analizar las causas) y que ese movimiento negativo no puede enfrentarse con la afirmación volun­ tarista de que “los pueblos al final vencerán” . El evolucionismo iluminista y el voluntarismo han causado ya dema­ siados desastres en el campo popular como para que desistamos de las ta­ reas históricas que se nos imponen, uno de cuyos ejes es la desmitifica­ ción del fatalismo revolucionario. La realidad es descarnada: el im­ perialismo pondrá en juego todos los recursos económicos, militares, polí­

ticos e ideológicos a su alcance para consolidar el proceso de integración monopólica. ¿Por qué? Porque ante la realidad crítica de la decreciente tasa de ganancia a nivel internacional, la compensación se hace mediante un proceso continuo, profundizado y despiadado de acumulación con base en los países dependientes. Este es el eje en torno al cual pivo­ tean mecanismos ideológicos de en­ cubrimiento como lo son la ideología de la modernización, acompañada de la descalificación despiadada del nú­ cleo de pensamiento que, a lo largo de estos años, ha demostrado ser con­ secuente con un pensamiento autó­ nomo, popular y latinoamericanista:

el nacionalismo revolucionario. En el pasado hubo una tendencia

a relegar las cuestiones ideológicas en

beneficio o privilegio de la militancia concreta y de base; pero el actual proyecto de integración imperialista se vale de instrumentos inéditos (uno de los cuales es el manejo permanen­ te de un doble discurso: consolida­ ción y aceptación de la dependencia

por un lado, expresión democrática

y populista por el otro). Ante ese de­

safío, la tarea de lucha ideológica y de elaboración de respuesta asume un plano jerárquico dentro del conjunto de las tareas históricas que deben asu­ mir las fuerzas populares y sus mili­

tantes.

La imposición del marco referen­

cial propuesto

por

el

imperialismo

debe ser respondido mediante una la­ bor de desmitificación de ese doble discurso, señalando con claridad los mecanismos de colonización mental que se están inficionando a través del argumento posibilista. En este sentido, el nacionalismo revolucionario está llamado a cumplir un papel central, tanto por su capaci­ dad de recuperar la historia popular como de encontrar una vía autónoma de creación de pensamiento. Los mi­ tos latinoamericanos sustentados por el imperialismo sólo pueden enraizar si ese espacio de creación queda va­ cío.

NOTAS

1)

Si se entiende racionalidad social

com o adecuación de fines y m edios, no hay duda de que la organización incaica fue u n o de los puntos de or­ ganización racional m is altos logra­ dos por la hum anidad. N athan

W

achtel ha dem ostrado (Sociedad e

Ideología, In stitu to de E studios Pe-

ruañ os 1973) la eficacia de los m e­ canism os de reciprocidad entre esta­ do y pueblo, y de redistricución so­ cial del excedente, así com o la rela­ ción estructural entre estos m eca­ nism os y la organización del ayllu.

2)

M

anuel Burga. De la encom ienda a

la

hacienda capitalista. pp. 1 4 9 .1.E.

P.

1976

3)

Según dice M anuel Burga, Bolívar su­ ponía de buena fe que al cabo de

cincuenta años la educación habría

obrado sobre los indígenas

perm i­

tiéndoles operar en paridad de con­

diciones en las situaciones de m er­

cado.

4)

Citado por Tristan Platt. Estado

5)

Boliviano y ayllu andino, pp. 74 I. E.P. 1982. Ibid ant.

6)

Ibid ant. pp. 75

7)

8)

Ibid ant. pp. 75 Carlos Jara, El m odelo de m oderni­

zación y la crisis del agro. E n ‘E cua­

d o r agrario’. E d. E l C onejo/IL D IS,

 

Q

uito 1984.

9)

M

anuel Chiroboga. La pobreza rural.

E

n Ecuador: el m ito del desarrollo.

Ed. El Conejo/ILD IS

Q uito 1982.

 

10)

E

n

“ L uchem os”, órgano de la F.C.

L.

Caracas septiem bre 1985

 

11)

El

agropoder

n o

sólo

controla

la

producción

y

la

com ercialización.

La provisión de insum os tam bién esta en sus m anos. En E stados Uni­

dos (y de allí expandiéndose a los países periféricos, el 79 ° /o de la se­

m illa de frijol es producido por San­

d oz, U nión Carbide y U p jo h n él 66

%

de lechuga lo controla ITT,

U

nion Carbide, Celanesse

y U pjohn,

12)

el 50 ° /o de la d e m aíz, Pionner y

Dekalb.

T ed

ción'

En “ Nueva Sociedad” N ° 75. Cara­ cas, Febrero de 1985.

am ericanas.

Claure. La ‘calcutiza-

C órdoba

de

las

ciudades