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Descartes debía de explicar la existencia de Dios para sostener el cogito.

Ya
que al crear la idea de un genio maligno que nos perturbe en nuestra
percepción sensorial, y debe de sostener la existencia de Dios para que
pueda eliminar el problema que presentaba. De caso contrario, el genio
maligno estaría constantemente confundiéndonos y no se relacionaría nada
de lo que percibimos con la realidad. También demostrando que Dios existe
despeja las dudas sobre el conocimiento racional, ya que lo utiliza como
garante.

Descartes en su obra “meditaciones metafísicas” demuestra la existencia


de Dios mediante tres argumentos: Basado en la idea de un ser perfecto,
basado en la contingencia de nuestro ser y el argumento ontológico.

Argumento basado en la idea de un ser perfecto

Este argumento es una “mezcla” de las Cinco Vías de Santo Tomás y de la


relativa casualidad. Santo Tomás parte de la observación de las
perfecciones en la realidad y de la observación de vínculos casuales para
distinguir grados de perfecciones, es decir, se basa en la observación
sensorial. Descartes no puede utilizar estos recursos porque no sabe aún si
existen cosas distintas a su propio pensamiento. Sólo le cabe mirar en su
interior, para comprobar si existen distintos niveles de perfección en sus
ideas y reflexionar sobre la causa de la aparición en su mente de esas ideas.

Comienza distinguiendo dos aspectos de las ideas: las ideas que son actos
mentales y las que poseen contenido objetivo.

Las ideas en cuanto actos mentales no presentan entre ellas diferencias o


desigualdad alguna porque todas son acontecimientos mentales y
pertenecen al mismo tipo de realidad, la realidad psíquica.

Las ideas según su contenido, es decir según lo que representan, tienen una
realidad diversa, la realidad objetiva. Todas las ideas son en un sentido
semejantes y en otro distintas. La idea de mesa es semejante y distinta a la
idea de color, es semejante porque ambas son ideas, pero es distinta
porque una representa una mesa con cuatro patas, es decir, una sustancia y
otra representa un color, es decir un accidente; la realidad objetiva de cada
idea es distinta.

Podemos hablar de ideas más perfectas que otras. La perfección les viene
dada de la que cabe atribuir a lo representado en ellas. Por ejemplo, la idea
de ángel es más perfecta que la de libro, porque un ángel es más perfecto
que los libros. La idea de sustancia es más perfecta que la de atributo,
porque las sustancias son más perfectas que los atributos.

La idea de dios reúne todas las perfecciones en las que podemos pensar, la
idea de Dios en un ser sumamente perfecto. Así Descartes introduce el
principio metafísico de que la realidad que se encuentra en el efecto no
puede ser superior a la de la causa:
Toda idea con una realidad objetiva dada le debe de corresponder una
causa cuya perfección real debe de ser igual o mayor. La causa de una idea
tiene una perfección real proporcional a la de la idea propia. A mayor
realidad de la idea, mayor debe de ser la realidad de la causa. Después de
muchos razonamientos Descartes concluye que si él fuera la causa de todas
sus ideas, él mismo podría encontrar el fundamento y la perfección
adecuada para dar cuenta de casi todas las ideas.

La idea de perfección absoluta no se puede explicar a partir de las


facultades del propio sujeto, luego debe de estar en nuestra mente porque
un ser más perfecto que nosotros nos la ha puesto, es decir, debe de ser
innata. Ese ser es Dios.

Descartes finalmente concluye que aunque el hombre no pueda tener la


idea de infinito porque supera los límites humanos y que por lo tanto un ser
infinito ha debido de poner la idea de la infinitud en nuestra mente.

Argumento basado en imperfección y dependencia de mi ser

Descartes razonó que si se es consciente de nuestra imperfección nos


damos cuenta de nuestra limitación precisamente por la ignorancia, por el
hecho de que dudo. Si fuera absolutamente perfecto y la causa de mi propio
ser me habría creado sabio.

La contingencia de mi ser no se refiere solamente al hecho de que haya


necesitado de otro ser para existir, sino también de la incapacidad para
mantener mi ser, para continuar viviendo a partir de mí mismo. En este
punto la argumentación de Descartes se separa de la de Santo Tomás, ya
que éste subraya la contingencia de todos los seres en medida de que son
causa de sí mismos, y Descartes habla de la contingencia de su ser porque
no se ha creado a sí mismo, pero aún más porque no cree que él mismo sea
la causa de mantener su propia existencia. La fragilidad de la existencia
humana es tal que en cualquier momento podría no existir. Los distintos
momentos de la vida son independientes unos de otros. Así los sucesos
posteriores no pueden explicarse absolutamente de los anteriores. Y si fuera
así debo de suponer que existe un ser distinto a mí que sea la causa de que
yo perdure. En conclusión, Descartes llega a Dios porque es necesario para
explicar la conservación de nuestro ser.

Planteó la idea de que tal vez yo no dependiera de Dios sino de algo menos
perfecto que Dios. Pero se basó en dos principios para desecharla: La idea
de Dios como ser perfecto y la imposibilidad de una serie infinita.

En la causa debe de haber tanta realidad como en el efecto, si yo soy un


pollo, solamente un pollo podría haberme creado. Si ese pollo no es la causa
de sí mismo, entonces debe de haberlo creado otro, lo mismo con este
segundo y con un tercero… Pero la serie no puede ser infinita porque no
cabría dar cuenta de la existencia del actual pollo y menos aún de la
conservación de su ser. Luego debe de haberlo creado un ser perfecto del
que se depende y que tiene que tomar su origen y existencia en sí mismo.
Por lo tanto la idea de Dios es innata y es la huella que Dios nos deja en
nosotros por habernos creado, del mismo modo que un pintor firma sus
obras.

Argumento ontológico

Este argumento tiene grandes similitudes con el argumento ontológico de


San Anselmo en su obra “proslogion”

Descartes partió de que todo lo que conocemos clara y distintamente como


perteneciente a un objeto, le pertenece realmente. Por ejemplo, sé que
todas las propiedades que percibo clara y distintamente que pertenecen a
un triángulo le pertenecen realmente.

En la idea de Dios está comprendido el ser absolutamente perfecto, porque


Dios es un ser omnisciente, omnipotente, y extremadamente perfecto. Es
decir que es infinitamente perfecto.

Descartes consideró que la existencia es una propiedad que puede ser


atribuida a una cosa, así la existencia posible es una perfección que puede
ser atribuida a una cosa. Por ejemplo, un triángulo que existe realmente es
más perfecto que todas las quimeras que no pueden ser producidas. Pero la
existencia necesaria es una perfección aún mayor. El existir realmente hace
algo más perfecto que el existir en el pensamiento. La existencia necesaria
y eterna está comprendida en la idea de un ser absolutamente perfecto. Por
lo tanto Dios Existe.

El ateo tiene en su espíritu la idea de Dios como el ser mayor que el cual
nada puede pensarse porque al oír el enunciado lo comprende y todo lo que
se comprende está en el espíritu. Llegando a un caso extremo para reducir
al absurdo: Si Dios no existiese no sería el ser mayor del cual nada puede
pensarse porque la existencia hace a algo más perfecto y el ser que existe
realmente es más perfecto que el meramente pensado, por lo tanto sería
una incongruencia.

Si el ateo dice que Dios no existe estaría diciendo que Dios no es un ser
perfecto, ya que aún podríamos pensar en otro ser que además de existir en
la mente, existiría en la realidad y este nuevo ser sería más perfecto por lo
tanto es en realidad Dios.

Descartes considera que la evidencia de esta prueba es la misma que


tenemos de que dos es un número par, tres es un número impar y cosas
semejantes. Pero las barreras de la humanidad nos impiden reconocer la
verdad de este argumento, ya que todos los seres distintos de Dios
podemos distinguir su existencia, pero si elevamos nuestro espíritu a las
cosas infinitas no podemos razonarlas porque el humano no tiene capacidad
de ello. Si atendemos a las cosas sensibles nos acostumbramos a pensar en
las cosas únicamente imaginándolas por lo que acabamos considerando,
erróneamente, que si algo es inimaginable no es inteligible ni real. Pero Dios
y alma no se ofrecen a los sentidos ni de ellos cabe imaginación aunque si
un razonamiento.

A este argumento el monje Gaunilón objetó que de la misma forma deberían


de existir unas “islas afortunadas”, que serían las tierras más hermosas y
perfectas que se pueden pensar, de no ser las más hermosas y perfectas
no existirían, luego deben de existir en la realidad además de en nuestra
mente. Pero esta definición solo se puede aplicar a Dios porque sólo Él se
identifica con la esencia y existencia en su naturaleza.