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I.E.

P JOHANNES GUTENBERG

PROYECTO Nº3

I . AREA: FORMACION DE LA
CIUDADANIA Y CIVICA

II. TEMA: SISTEMA DEMOCRÁTICO


PERUANO

III. DATOS GENERALES:

• ALUMNO : LUIS ANGEL


BAUTISTA VILLASANTE

• DOCENTE : MARTHA
CONDORI CCOICCA

• CICLO : IV

• GRADO : 5º DE SECUNDARIA

-2009-
INDICE
INTRODUCCION
I. LA DEMOCRACIA
1.1 Importancia de la democracia
1.2 Los valores dela democracia: la libertad y la igualdad

II. SISTEMA DEMOCRÁTICO PERUANO


2.1 La democracia en el Perú
2.2 Situación actual del sistema democrático peruano

2.3 La democracia en el Perú según el informe PNUD


2.4 Democracia y gobernabilidad
2.5 El Perú en el camino democrático

III .LOS PARTIDOS POLITICOS Y LAS ELECCIONES EN EL SISTEMA


DEMOCRATICO
3.2 Los partidos políticos
3.3 Importancia de los partidos políticos en el Perú

3.4 Crisis de los partidos políticos

3.5 Partidos políticos y democracia interna

IV. PROPUESTAS DE SOLUCIONES


CONCLUSIONES
BILBIOGRAFIA

SISTEMA DEMOCRATICO PERUANO

INTRODUCCIÓN
Democracia es un término frecuentemente utilizado y muy pocas
veces definido. Si bien etimológicamente significa “poder del pueblo”,
esta definición resulta imprecisa para conocer su real dimensión. Su
origen puede ser rastreado en tiempos de Platón y Aristóteles, pero
su desarrollo en el sentido actual está fundamentalmente vinculado al
liberalismo y a la teoría de la representatividad
No hay duda que en nuestro tiempo este concepto es ampliamente
aceptado, pero también reconocemos que su uso resulta muchas
veces inadecuado. Su popularidad hace que no falte en discursos
para legitimar situaciones donde la democracia es débil o está
ausente o como reflejo de prácticas demagógicas o incluso
dictatoriales, aunque resulte contradictorio.
“Democracia hoy ya no es tanto una palabra con sentido limitado y
específico, como la expresión de un vago apoyo de una idea popular”.
Cabe destacar también que existen muchos tipos de democracia y
que “la forma específica de democracia depende tanto de las
condiciones socioeconómicas de un país como de sus estructuras
estatales arraigadas y de sus prácticas políticas”
Hasta la década de los cuarenta la gente sabía lo que era la
democracia, y, o bien la deseaba o bien la rechazaba; desde entonces
todos decimos que queremos la democracia, pero ya no sabemos
(entendemos o estamos de acuerdo en) lo que es. Vivimos por tanto,
inequívocamente en una época de democracia confusa”
El Perú no es la excepción de este marco y mientras celebra la
llegada de un nuevo gobierno democrático y festeja que las
elecciones no hayan adolecido de vicios que anteriormente las
mellaban, lo que de alguna manera explica la decepción o frustración
respecto a sus beneficios.
A lo largo de su historia, los peruanos han fundado numerosos
partidos políticos, muchos de ellos efímeros o tan dependientes del
caudillismo que se disolvieron luego de la primera derrota electoral.
Otros, han sido apenas un letrero para participar en los comicios y se
han desechado o transformado. Los partidos tradicionales cuentan
con cuadros y locales partidarios reconocidos en la mayoría de
departamentos..
La denominación gobierno del pueblo, en lo retórico es mucho más
atractiva en el país, la cual muchos caudillos han aprovechado para
distorsionar esta forma de la democracia, en cambio, el gobierno de
los políticos, aparentemente es menos atractiva- sobre todo en esta
coyuntura-, el descrédito hacia esta forma democrática no ha calado
en la población, además que la política se desacredita cada vez más
Pero al margen de los indicadores desalentadores tenemos que
destacar que, como en el resto de América Latina que se jacta de
haber superado los golpes y las dictaduras que antes la distinguían,
los comicios pasados en el Perú se enmarcaron dentro de la
denominada democracia formal o elec
I.LA DEMOCRACIA
La democracia, es el aquel sistema de gobierno, en el cual la
soberanía del poder reside y está sustentada, en pueblo. Es éste, por
medio de elecciones directas o indirectas, quien elige las principales
autoridades del país. Asimismo, es el pueblo, quien puede cambiar o
ratificar a estas mismas autoridades, en las siguientes elecciones
populares. Por este motivo los griegos hablaban de la democracia,
como el gobierno del pueblo; de hecho este es su significado literal.
Es así, como se puede conformar una democracia directa, donde el
pueblo es quien toma todas las decisiones ejecutivas y legislativas, o
la democracia representativa, donde le pueblo por medio de votación
popular escoge las autoridades que representarán a la ciudadanía, en
la toma de decisiones.
Hoy en día, la gran mayoría de los sistemas democráticos, funcionan
por medio de la representación; podemos imaginar lo complicado que
sería de otra manera, con la población actual de los países.
Dentro de la democracia, quienes tienen el beneplácito, para ostentar
los cargos públicos, son los integrantes de los poderes políticos. Es
así, como los partidos políticos, son quienes potencian y fortalecen a
la democracia. Por medio de su actuar y la alimentación de
participantes, quienes escogerán por medio de las distintas
elecciones, los cargos de los poderes ejecutivos y legislativos, en la
mayoría de las naciones democráticas. Aún cuando, en algunas de
ellas, la ciudadanía, también puede escoger a ciertos integrantes del
poder judicial.
Es así, como la separación de los poderes del Estado, es uno de los
pilares fundamentales de toda democracia. Cada uno de ellos es
independiente y existe un control constante de uno sobre el otro.
Aquello redunda en un control sobre el actuar de los mismos y evitar
casos de corrupción o ilegalidades de los mismos; lamentablemente,
en algunos casos estos poderes se coluden y la corrupción se hace
generalizada, como aún vemos en algunos países, sobretodo en
aquellos que se encuentran en vías de desarrollo

1.1 Importancia de la democracia

La democracia sirve para tomar decisiones en comunidad, la idea es


que las personas sean representadas por personas que compartan
sus intereses y se sometan a votación las ideas y cambios.
Puede que la democracia no sea perfecta, pero no existe mejor
alternativa. La democracia garantiza derechos que a menudo no
existen en otras formas de gobierno, entre los que cabe destacar la
libertad de expresión, la libertad de reunión y la igualdad de
protecciones ante la ley.
El gobierno democrático también conlleva determinadas ventajas, por
ejemplo, estimula la participación, el desarrollo humano y la igualdad
política. Además, es más probable que en los países democráticos
haya paz y prosperidad.
Por lo general, las democracias son mejores entornos para las
economías de mercado y para el crecimiento, lo cual deriva en mayor
prosperidad. Los países democráticos son menos propensos a
declarar la guerra, puesto que el compromiso, las negociaciones o los
tratados a menudo se utilizan para regular los desacuerdos.
En una democracia el gobierno no constituye el único elemento en el
tejido social. Dicha red está compuesta por instituciones, partidos
políticos, organizaciones y diversas asociaciones. Una sociedad
democrática se caracteriza por la presencia de organizaciones
privadas que desempeñan una función fiscalizadora e intermediaria
entre el pueblo y los organismos del gobierno. Las sociedades
democráticas se distinguen también por el intercambio de ideas, los
debates sobre las cuestiones, el interés público y la libre participación
de los ciudadanos en las elecciones y en la vida de su comunidad.
Las democracias también se reservan el derecho del gobierno de la
mayoría, al tiempo que protegen los derechos de las minorías,
ejercen control civil sobre fuerzas militares en las que los
comandantes no son funcionarios electos, y tienen un sistema jurídico
imparcial y separado de los otros organismos del gobierno.

I.2Los valores de la Democracia: la libertad e igualdad

Sería imposible que en un país exista democracia si no se garantizan


la libertad e igualdad de las personas. La libertad permite a todo
ciudadano expresar sus opiniones sin coacción ni temor alguno. Por
su parte, la igualdad permite gozar de las mismas condiciones para
participar en la vida política del país. Esto queda de manifiesto, por
ejemplo, cuando se garantiza el derecho al voto a todas las personas,
sin diferencia alguna, en el marco de elecciones libres.

II. SISTEMA DEMOCRATICO PERUANO

Según el sociólogo francés Touraine, la democracia ha sido definida


de dos formas: la primera refiere, que se trata de dar forma a la
soberanía popular, la cual denominan que la democracia se define por
su sustancia; la segunda, se trata de asegurar el debate político, la
cual su denominación se rige por sus procedimientos. Ambos debates
son de larga data y que en la mayoría de las veces sus seguidores
han ido por caminos opuestos. Inclusive algunos autores han colocado
esta contraposición de la siguiente forma: la democracia, ¿es
gobierno del pueblo o gobierno de los políticos? Cada una de ellas
corresponde a las dos formas que acabamos de mencionar. Sin
embargo, en muchos países donde han logrado consolidarse como
democracias estables, en estas últimas décadas, han logrado un nivel
de complementariedad. Esto además, ha ido acompañado porque han
consolidado sus economías, la cual les ha dado buen “piso” para su
fortalecimiento de las llamadas democracias liberales. Es decir,
contar con un estado sólido, fuerte y con instituciones públicas
equilibradas en el poder, partidos políticos que han logrado
institucionalizar las demandas, intereses y necesidades de la
población.
.
2.1 La democracia en el Perú

En el Perú, es muy conocido que aún no hemos consolidado nuestra


economía, a pesar del crecimiento continuo en este último
quinquenio, ello sigue dependiendo de una economía extractiva.
Además nuestra democracia aún sigue siendo muy endeble, nuestro
estado está muy lejos de ser fuerte y sólido, los poderes del estado
no sólo están desequilibradas sino también desprestigiadas, partidos
políticos en crisis –por no decir sin partidos- que cada vez se abre más
la brecha con la población y, con el ejercicio de una ciudadanía pasiva
o una ciudadanía inconclusa.
ciudadanos.

La denominación gobierno del pueblo, en lo retórico es mucho más


atractiva en el país, la cual muchos caudillos han aprovechado para
distorsionar esta forma de la democracia, en cambio, el gobierno de
los políticos, aparentemente es menos atractiva- sobre todo en esta
coyuntura-, el descrédito hacia esta forma democrática no ha calado
en la población, además que la política se desacredita cada vez más.
Sin embargo, la democracia procedimental, es la que viene primando
en nuestras realidades en estos últimos años. Se ha realizado
elecciones presidenciales ininterrumpidamente desde 1980 hasta el
2006; 1980, Fernando Belaúnde Ferry; 1985, Alan García Pérez; en
1990, Alberto Fujimori -en segunda vuelta-; 1995, reelección de
Fujimori; 2000, el escandaloso fraude y re-reelección de Fujimori;
2001, Alejandro Toledo –en segunda vuelta-; 2006, Alan García Pérez
–segunda vuelta-.
Además se han realizado las elecciones a gobiernos locales y
provinciales, incluido en este último lustro las elecciones regionales;
es decir, se ha venido asegurando el debate político.

Diversos análisis sobre la democracia en el Perú y en Latinoamérica


concuerdan sobre la crisis de representatividad política, pero eso no
implica que debamos desdeñarla, sino más bien buscar salidas
concretas. Para ello se debe ubicar esta aparente contradicción entre
gobierno del pueblo con gobierno de los políticos e ir adecuando a
nuestras realidades tan complejas y construir una cultura
democrática según los procesos sociales y políticos de nuestro país. Y
no sólo quedarse en planteamientos muy superficiales como lo es la
democracia directa.

Se debe buscar fortalecer nuestras instituciones democráticas, la


reforma del estado debe ser tomado seriamente y responsablemente,
los partidos y/o movimientos políticos deben contar con propuestas
programáticas acorde a las necesidades e intereses de la sociedad y
se debe generar las condiciones para que el ejercicio ciudadano
pueda intervenir en los asuntos públicos y se genere un círculo
virtuoso en lo social y en lo político. Además en la dimensión
económica, se debe sacar mejor provecho de la “abundancia” que
arrojan los datos macroeconómicos.

En ese sentido, las discusiones entre democracia directa o


democracia representativa, deben centrarse en el elemento de
complementariedad. Las generaciones venideras tienen ese reto. La
historia ha demostrado, que esta oposición es más aparente que real.
Es necesario contar con ciudadanos involucrados en la vida política,
social y económica del país, que ejerzan su ciudadanía desde sus
roles diversos, pero además, urge la necesidad de democratizar los
partidos políticos y también los movimientos u organizaciones
políticas y sociales. Un termómetro para ello será este proceso de
descentralización que viene en marcha, el desarrollo local y/ regional
está en la cancha de los propios actores. El desarrollo endógeno
puede permitir darle sostenibilidad al desarrollo del país. Para ello
sigamos construyendo nuestra democracia.

2.2 Situación actual del sistema democrático peruano

En las últimas décadas se viene construyendo el sistema


democrático, en su sentido de elección universal y secreta de quienes
ejercen el poder en los distintos niveles de gobierno, y de ampliación
de los derechos políticos en el país. El proyecto autoritario del
fujimontesinismo la distorsionó y subordinó a lo largo de los años 90,
pero no pudo desaparecerla. Recordemos que la movilización de los
partidos de oposición y de las organizaciones populares contra el
autoritarismo y la corrupción aportó de manera significativa al
derrumbe del gobierno fujimontesinista, abriéndose con ello las
puertas para el retorno de la democracia representativa.

Se puso en agenda la reforma del Estadoy su relación con la sociedad


en un nuevo intento de transición a la democracia ennuestro país.Sin
embargo, no debe perderse de vista que el golpe de Estado de abril
de 1992 fue apoyado por una gran mayoría de la población e
implementado por una de las corrientes más retardatarias de la
sociedad peruana, situación que fue legitimada apelando a
mecanismos plebiscitarios. Este hecho nos mostró la dramática
precariedad de la democracia peruana. Tanto las mediciones de
opinión como los procesos electorales desde el inicio de la transición
en el 2000, así como el resurgimiento en estos tiempos de los
proyectos autoritarios y totalitarios, ponen en evidencia el creciente
descontento y distanciamiento de la población con la democracia
realmente existente.

Desde inicios de los años 90 se ha venido implementando en el Perú


el modelo neoliberal en las decisiones económicas, financieras y
tributarias, así como en la definición del rol del Estado y de la
sociedad. En estos largos 17 años de su aplicación, se ha demostrado
su incapacidad estructural para generar condiciones que permitan
reducir las brechas sociales y territoriales, así como para promover la
inclusión de la mayoría de la población en los beneficios de un
efectivo crecimiento económico, pero que sigue concentrando la
riqueza y el poder en pocas manos.

Los distintos gobiernos han seguido aplicando el modelo, imponiendo


políticas y estrategias en función de grandes conglomerados
económicos, sobre todo transnacionales. No se han abordado de
manera adecuada aspectos fundamentales para una visión inclusiva
del desarrollo y de la vida en sociedad, como son la educación, la
salud, los programas sociales y el medio ambiente, así como la
reforma del Estado.

La continuidad de esta situación que promueve el crecimiento


económico sin un adecuado ordenamiento territorial y la
competitividad, junto con exclusión y desigualdad, es un factor de
riesgo para la democracia, que tiene serios problemas de legitimidad
al ser percibida como el mecanismo político que hace posible un
crecimiento macroeconómico que carece de estrategias y políticas
orientadas hacia una efectiva redistribución de la riqueza generada
en el país. El mantenimiento de una estructura fiscal profundamente
regresiva e inequitativa es una clara muestra de la ausencia de un
proyecto que permita vislumbrar por lo menos algunas tendencias de
cambio en el país.

En este contexto de precariedad democrática, desde los años 80 se


han desarrollado experiencias y procesos orientados a ampliar el
protagonismo político de la sociedad organizada y de los ciudadanos.
Las experiencias iníciales y más significativas de participación social y
ciudadana en la gestión se impulsaron desde los gobiernos locales,
con orientaciones democráticas. En la década de los años 90,
teniendo como marco el gobierno autoritario y mafioso, como una
forma de expresión de resistencia a él, se ampliaron las experiencias
de concertación promovidas por diversos actores políticos y sociales,
tanto a nivel local como departamental, en las cuales se reflejó la
existencia de
visiones y orientaciones diferenciadas sobre el sentido y los objetivos
de la participaciónciudadana. Con el derrumbe del gobierno
autoritario a inicios de la presente década, la concertacióny la
participación ganaron posiciones en la institucionalidad democrática.
Se asumieroncomo políticas de Estado en el Acuerdo Nacional, se
generaron diversos espacios de
concertación de políticas nacionales, se extendieron con la
descentralización por losdepartamentos, provincias y distritos del
país, creándose para ello un marco normativo e institucional básico.
La concertación es percibida, por diversos actores sociales,
económicos y políticos como una necesidad para la gobernabilidad.
Ello desde proyectos y enfoques distintos y no necesariamente
coincidentes.

En el Perú de hoy existe una amplia corriente ciudadana que


promueve la participación como la expresión de la voluntad de
ampliar la política mediante la creciente presencia social en la
deliberación sobre los asuntos públicos, incluyendo la toma de
decisiones sobre aspectos clave como los planes de desarrollo y los
presupuestos públicos, así como la vigilancia y el control ciudadano
para favorecer la transparencia en la gestión pública, entre otros
aspectos. Se trata de una visión que asume la concertación como una
cultura política diferente y un mecanismo fundamental de la
democracia y un desarrollo económico inclusivo. Reconoce el rol de
las instancias descentralizadas de gobierno y del proceso de reforma
descentralista para la gobernabilidad y el desarrollo del país.

Es una propuesta que se orienta a facilitar espacios y procesos para


la construcción de ciudadanía y el crecimiento de su poder en las
decisiones políticas. Las dimensiones social, económica y cultural de
la democracia, desde una perspectiva definida por la inclusión y la
equidad, valorando y dándole un nuevo sentido al crecimiento
económico, forman parte de este enfoque democratizador de la
participación ciudadana. Una visión integral e integradora sustenta
esta propuesta de transformación del sistema político, que apuesta
por un nuevo modelo de desarrollo sostenible, centrado en el ser
humano.

Frente a este enfoque que entiende la participación como parte de un


modelo de desarrollo alternativo, encontramos posiciones que desde
el objetivo de consolidar el modelo neoliberal imperante, la
consideran funcional a la eliminación del rol directriz del Estado y
fomentan la delegación de sus responsabilidades centrales en la
sociedad, en particular, en la empresa privada. Asimismo hay
posiciones que consideran que la participación ciudadana en la
agenda y en los espacios públicos y políticos constituye una
alternativa al sistema de partidos, absteniéndose de influir en las
doctrinas, planes de gobierno y formas de actuación de los partidos,
confluyendo con ellos en acciones que favorezcan la gobernabilidad
democrática. Por ello es importante definir el sentido y los alcances
de los conceptos de participación y concertación, de tal manera de
evitar confluencias formales en el marco de proyectos que son
claramente alternativos.
Es importante recordar que estos avances de la participación se han
dado en un marco de crisis del régimen político y del descontento
creciente con la democracia, acentuado por varios años de
crecimiento económico sin inclusión. La participación y concertación
han salido igualmente a contracorriente de la erosión de la
democracia llevada a cabo por organizaciones que fomentaron la
violencia política y social en los años 80 y 90, organizaciones que
condujeron la insatisfacción social hacia situaciones de conflicto
armado, eliminando a un amplio sector de la dirigencia social y
popular, cerrando deliberadamente cauces institucionales
democráticos para la transformación pacífica del país. La sostenida
pérdida de legitimidad de los partidos y el evidente malestar hacia los
congresistas y las autoridades políticas, es la mayor expresión de
esta realidad. El divorcio existente entre la representación
parlamentaria y las fuerzas que ejercen los gobiernos regionales y
municipales es una expresión adicional de un escenario institucional
muy complicado. En el Estado y en la mayoría de los partidos políticos
persiste una visión limitada de la democracia, desde la cual se marca
el ritmo y las características del sistema político. Se persiste en
imponer como el único canal para la acción política democrática a los
partidos políticos en crisis, mientras la brecha entre éstos y la
población crece permanentemente.

La ausencia de voluntad y de propuestas integrales de reforma del


Estado y de los partidos evidencia los límites de esta corriente
hegemónica en el país, mientras desde el poder político, concentrado
en el gobierno nacional, se debilitan de facto los mecanismos de
concertación nacional, regional y local. Sin duda es cada vez más
importante para el fortalecimiento de la democracia la construcción
de un efectivo sistema de partidos y la reforma integral del Estado,
pero ello no parece ser suficiente. Parte sustantiva de una efectiva
transformación política de corto y mediano plazo son temas como: i)
la construcción de democráticas y eficientes gestiones concertadas
regionales y locales, que garantice la apertura de todos los niveles de
gobierno hacia la sociedad y los ciudadanos; ii) el fortalecimiento de
los espacios institucionales de diálogo y negociación con la sociedad y
a nivel intergubernamental; el fortalecimiento del tejido social e
institucional en todos los niveles; una fuerte inversión en el
desarrollo de capacidades, incluyendo una permanente asistencia
técnica, para la gestión pública; v) el reconocimiento de la legitimidad
de la acción política de diversas organizaciones y redes ciudadanas;
vi) la articulación de la participación ciudadana con la promoción de
la igualdad de oportunidades y el respeto a la diversidad cultural.

2.3 Situación de la democracia en el Perú según el


informe PNUD
Una reciente encuesta del Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) que se ocupó de analizar la democracia en el Perú
5 evidencia que si le preguntan a sus ciudadanos ¿qué es
democracia?, el 34.9% de la población responde que no sabe, que no
tiene idea. El estudio revela una asociación entre la aceptación de la
democracia y el progreso social. Luego de preguntarles sobre el
concepto sin ninguna advertencia, se les informó a los entrevistados
que la democracia es “un sistema de elección de gobernantes por el
pueblo y de garantía de los derechos de las personas”. Se trata de
una definición que intenta abarcar las dos principales dimensiones del
concepto: a) la formal o procesal, asociada a los mecanismos
electorales, procedimientos para el acceso y el ejercicio del poder
como la realización de comicios periódicos, limpios y transparentes, el
sufragio universal, la multiplicidad de partidos y b) la sustantiva,
vinculada al ejercicio de los derechos civiles, políticos y sociales que
garanticen protección contra la opresión, la inclusión en las
decisiones públicas y políticas y el acceso al bienestar. La democracia
implica simultáneamente descripción del sistema y las aspiraciones
dentro del mismo, “se refiere tanto al ideal como a regímenes reales
que están lejos de cumplir ese ideal”.
En otro estudio del PNUD sobre democracia, pero esta vez en la
región latinoamericana 7 , se hizo la distinción entre la democracia
electoral y la de los ciudadanos para reflejar esta doble dimensión. La
encuesta reveló que pese a la superación de regímenes dictatoriales
y a la proliferación de gobiernos democráticamente elegidos, éstos no
satisfacen suficientemente las aspiraciones de los ciudadanos, por lo
que es necesario ir más allá de la democracia electoral y brindar una
mayor atención a la “ciudadanía social”, lo que implica mayores
esfuerzos para combatir la pobreza y la desigualdad.
Este diagnóstico se aplica perfectamente a la realidad peruana donde
justamente la insatisfacción de la población respecto a la democracia
se explica en gran parte por la exclusión de un importante grupo de
ciudadanos que sufre los efectos de la pobreza y la desigualdad. En la
encuesta del PNUD sobre democracia en el Perú, se destaca que la
mayoría considera que el futuro de la democracia es incierto, por ser
un proceso en construcción. El 30.6% dijo que la tendremos dentro de
mucho tiempo, el 17.8% que ya estamos en democracia, el 13.3%
que no la tendremos nunca, y el 21.4% optó por el no sabe, no
responde. Los más optimistas y los más escépticos respecto a su
futuro pertenecen a los grupos poblacionales socialmente más
favorecidos y menos favorecidos, respectivamente.
Este mismo informe señala que el 26.5% tiene idea del tema
democracia, pero que no le importa y en cuanto a las tendencias al
autoritarismo registra que el 73.5% de ciudadanos prefiere gobiernos
con orden y autoridad. “La democracia no nos conviene, es preferible
un gobierno fuerte”, dice el 12.9%; mientras que el 13% señala: “Me
es indiferente que haya democracia”. Estas proporciones son
semejantes entre la población instruida o no, rica o pobre. Preocupa
aún más el hecho de que el 70% haya dicho que la democracia
funciona mal y de ellos el 90% opinó que la democracia no funciona
por culpa de los políticos. Esta percepción es una llamada de atención
al sistema democrático y a su futuro. La desconfianza frente a la clase
política 8 explica en gran medida por qué encuentran tierra fértil
discursos radicales e incluso llamados al uso de la violencia. En ese
sentido, el informe indica que “la violencia tiene sus partidarios y
justificadores, en proporciones no desdeñables”. El 29.4% que
equivale a unos 4.7 millones de personas la consideran necesaria
para ejercer la autoridad y el 29.2% necesaria para defender al
pueblo. Los que podemos denominar “violentistas son en mayor
proporción hombres jóvenes, de sectores con menor educación e
ingresos, indígenas, obreros jornaleros, campesinos”.

2.4 Democracia y gobernabilidad


Es pertinente detenernos en este punto para establecer por qué se
puede percibir a la democracia como un sistema incapaz de imponer
un orden y comprender la opción autoritaria. Aquí surge un concepto
muy relevante en la apreciación de la efectividad de la democracia: la
gobernabilidad. Mientras la representatividad que la compone se basa
en la dispersión del poder, la gobernabilidad se enfoca en la
concentración del poder para hacer viables las políticas emprendidas.
”La gobernabilidad requiere de concentración y autonomía de poder
suficientes para elegir y poner en práctica políticas con energía y
prontitud, lo cual en general entra en conflicto con la necesidad de
lograr que el poder sea responsable ante el escrutinio popular, la
representación y el control”, resalta Larry Diamond 9 al abordar la
inevitable tensión entre representatividad y gobernabilidad.
La democracia debe ser capaz de representar la legítima voluntad de
millones de ciudadanos a una sola autoridad dividida en varios
poderes e instancias de decisión política. Existen diferentes grupos,
muchas voces y es el grado de gobernabilidad el que determinará el
éxito de las políticas adoptadas en democracia. Por ello, “si los
partidos políticos son demasiado débiles o están demasiado
penetrados por otros grupos sociales; si la burocracia está dominada
por esos partidos o intereses; si el gobierno electo no puede
permanecer por encima, reconciliar y a veces resistirse a las
presiones de los grupos de interés; entonces ese gobierno tal vez sea
incapaz de formular políticas viables”, destaca Diamond.
Con el fin de evitar que el déficit de gobernabilidad lleve a
conclusiones autoritarias, es conveniente que se ajusten lo mejor
posible los mecanismos de toma de decisiones y adopción de
consensos que el sistema democrático ofrece. De esta manera
aumentaría el nivel de detractores al autoritarismo.
Otro indicador importante revelado por la encuesta del PNUD en el
Perú es aquél vinculado a la tolerancia frente a la corrupción. Cuando
existe una extendida corrupción gubernamental, la democracia se ve
seriamente amenazada. Son justamente las prácticas asociadas a
ella, como la transparencia en la gestión, la rendición de cuentas, la
libertad de prensa, las que pueden combatir la corrupción con mayor
efectividad. La encuesta señala que en el Perú un 19.8% piensa que
se justifica robar en el gobierno con tal de hacer obra, o que es mejor
que gobiernen los ricos porque ya no necesitan robar (12.5%); estos
son entre 2 y 4 millones de personas. Algunos prefieren gobiernos
autoritarios justamente porque los creen más capaces de controlar
problemas como la corrupción, pero hay que recordar que en las
dictaduras también se da, simplemente que se nota menos por la
falta de transparencia reinante en esos regímenes.
La solución se relaciona más con el fortalecimiento de la
institucionalidad democrática que con prácticas abusivas que sólo
ahondan en el problema. Mecanismos democráticos como la rendición
de cuentas y la libertad de prensa resultan sin duda mejores
antídotos que la represión de derechos y libertades ciudadanos.

2.5 El Perú en el camino democrático


Pero al margen de los indicadores desalentadores tenemos que
destacar que, como en el resto de América Latina que se jacta de
haber superado los golpes y las dictaduras que antes la distinguían,
los comicios pasados en el Perú se enmarcaron dentro de la
denominada democracia formal o electoral. Este cambio en nuestra
historia política teñida de golpes y autoritarismos se refleja en cifras
más optimistas como el 52.8% de peruanos que considera que la
democracia es necesaria para el progreso; el 72.5% que dice que la
democracia en su estado actual sirve para ejercer el derecho a elegir
a nuestros gobernantes; el 62.4% que menciona que para ser
representados; y, finalmente, el 48.1% que considera que es útil para
el bienestar familiar.
Sin embargo, el enlace entre los ciudadanos y el Estado necesita
fortalecerse mucho más. Cuando preguntaron a los peruanos ¿qué
sacrificaría de la democracia si el país se encontrara en dificultades
económicas? El 44.6% señaló que se cierre el Congreso y el 51.1%
que se destituya a los jueces y se les reemplace. Estos resultados
reflejan la debilidad del vínculo entre ambos y la fragilidad del
sistema democrático en el Perú.
Schmitter y Lynn destacan que si bien “el resultado de la
democratización no tiene que ser el crecimiento económico, la paz
social, la eficiencia administrativa, la armonía política, los mercados
libres o el fin de una ideología (....) no cabe duda que algunas de esas
cualidades podrían hacer más fácil la consolidación de la democracia,
pero no son ni requisitos para ella ni productos inmediatos de ella”.
Los autores resaltan que “lo que deberíamos esperar es el
surgimiento de instituciones políticas que puedan competir
pacíficamente para formar gobiernos e influir en la organización
política pública, que puedan canalizar los conflictos sociales y
económicos a través de procedimientos regulares y que tengan los
vínculos suficientes con la sociedad civil para representar a sus bases
electorales y comprometerlas con rutas de acción colectivas”.
Se hace entonces necesaria la consolidación de la institucionalidad
democrática. Una real independencia de los poderes del Estado, el
respeto a las instituciones autónomas, como la Defensoría del Pueblo;
la eficacia de mecanismos de control como la Contraloría, el
Ministerio Público, la reforma del Poder Judicial ayudarían a crear un
clima de mayor confianza respecto al sistema democrático. La
ciudadanía y principalmente la clase política deben entender que el
Estado es más que un presidente; que el Poder Ejecutivo abarca más
que un caudillo; que el Legislativo debe representar la voluntad
popular sin perderse en ella y ser eficiente en sus competencias, y
que la carrera pública debe ser debidamente institucionalizada para
evitar que la administración pública se convierta en un botín político
ahondando en el malestar existente.
El gobierno, las autoridades en general, los partidos políticos, las
elites y los gremios, la sociedad civil en su conjunto están llamados a
actuar desde sus distintos espacios, a fin de que el Perú realice una
verdadera apuesta por el sistema democrático, tomando conciencia
de sus limitaciones y alcances. Como señaló Dante Caputo en su
presentación del Informe sobre Democracia en Latinoamérica: “No
existen problemas por la democracia, pero sí existen problemas
dentro de la democracia. Para sobrepasar esto debemos utilizar el
instrumento más valioso que nos ofrece la democracia: la libertad”

III .LOS PARTIDOS POLITICOS Y LAS ELECCIONES EN EL


SISTEMA DEMOCRATICO

3.1 Los partidos políticos


Los partidos puede ser definidos como agrupaciones de ciudadanos
que comparten ideas e intereses políticos y que buscan llegar al
poder a través de mecanismos legales. Esto los define: la comunidad
de ideas e intereses políticos, y la búsqueda del poder a través
mecanismos legales.

En los partidos hay un elemento de idealismo, pero también uno de


intereses. Sería iluso creer que los partidos representan sólo una
comunidad de ideas políticas; sin embargo, tampoco sería correcto
pensar que los partidos están definidos sólo por una comunidad de
intereses. En los partidos -como en la política, en general- se mezclan
elementos idealistas y materialistas.
Además de esta comunidad de ideas e intereses, los partidos también
se caracterizan por buscar el poder a través de mecanismos legales.
A partir de esto, cabe hacer un deslinde con los grupos de presión.
Éstos pueden ser definidos como agrupaciones de ciudadanos que
comparten ideas e intereses políticos y que buscan influir en las
políticas de gobierno a través de mecanismos legales. Son grupos de
presión las ONGs, las organizaciones sociales de base, los gremios
empresariales, los sindicatos, los colegios profesionales, etcétera. La
existencia de los grupos de presión es lícita e incluso deseable. Sin
embargo, desde el ángulo de la organización de la sociedad civil, los
grupos de presión no pueden reemplazar a los partidos como
asociaciones políticas fundamentales.

La ventaja de los partidos -respecto de los grupos de presión- es que


sí se hacen responsables. Los grupos de presión buscan influir en el
gobierno, pero no ser gobierno ellos mismos. Por tanto, su conducta
nunca será tan transparente como la de los partidos. Por ello, resulta
peligroso cuando algunos grupos de presión se sientan a la mesa
como si fueran pares de los partidos.

La representatividad de los grupos de presión siempre será más


cuestionable que la de los partidos. No es que representen sólo a una
parte limitada de la sociedad; es que la privacidad de sus
mecanismos de organización interna está protegida legalmente, al
tratarse de organizaciones privadas, nacidas bajo el amparo del
derecho de asociación que el orden jurídico reconoce.

Atendiendo a este criterio, en la literatura especializada sobre los


grupos de presión, se distingue entre grupos horizontales y grupos
verticales. Horizontales, son aquellos cuya organización interna es
abierta y conocida; verticales, aquellos que no tienen estas
características. Los grupos de presión positivos para la formación de
la sociedad civil son sólo los horizontales.

.
3.2 Importancia de los partidos políticos

La experiencia de las sociedades contemporáneas señala que la


existencia departidos es un requisito indispensable para lograr una
adecuada organización política dela sociedad civil y, por tanto, para
alcanzar el desarrollo económico. Esto es así, ya que a través de ellos
las sociedades logran estabilizar su proceso político.
Para ilustrar esta idea, cabe comparar las situaciones políticas de una
sociedad en la que sí existen partidos políticos, y otra en la que éstos
se encuentran en una etapa de incipiente formación. Contrastemos,
por ejemplo, las situaciones de los Estados Unidos de América -la
sociedad más exitosa del planeta- con la del Perú, una sociedad de
mediano nivel de desarrollo.

Como sabemos, en los Estados Unidos se realizarán elecciones


presidenciales el 2004, mientras que aquí serán el 2006. ¿Alguien
duda que los Estados Unidos tendrán estas elecciones? No, desde
1788, los Estados Unidos han tenido -ininterrumpidamente-
elecciones para Presidente cada cuatro años. Ni siquiera su Guerra
Civil, en los 1860s, interrumpió este ritmo.

Pero esa no es la única certeza que se tiene sobre el proceso político


norteamericano. Aunque no se sabe a estas alturas quién será el
próximo Presidente, puede jurarse que será el candidato del Partido
Demócrata o el del Republicano. A la luzde lo ocurrido en casi ciento
cincuenta años, resulta posible afirmar que de ninguna
manera ganará dichas elecciones alguien de otra cantera política.

Por el contrario, en el Perú resultaría imprudente afirmar que el


próximo presidente sólo podrá ser de éste o aquél partido. Dada la
extraordinaria volatilidad de nuestros partidos a lo largo del último
siglo, aquí no tenemos idea de quién podrá ser el próximo presidente
el 2006, incluso -como sabemos- no faltan agoreros que dudan sobre
la realizaciones de elecciones en dicha fecha.

El impacto económico de esta incertidumbre es inmenso. El Perú es


pobre no por su falta de recursos naturales ni humanos, sino por la
falta de predictibilidad de su proceso político. Los procesos políticos
tienen siempre algo de impredecibles; sin embargo, algunos países
logran organizarse de tal manera que reducen éste, su riesgo
soberano. Al hacerlo, se hacen dignos de recibir ahorro e inversión.

El éxito o fracaso económico de las sociedades depende de su


estructura política, ya que ésta define el marco institucional dentro
del que se desarrolla la actividad económica. Si aquél no está firme,
ésta no llega a florecer. En último análisis, los países no tienen
políticas económicas sino sólo política: buena o mala, estable o
inestable. Para desarrollarse, se requiere política buena y estable.
En sus 181 años de vida republicana, el Perú ha tenidos 108
gobiernos, de los cuales sólo 20 fueron elegidos y apenas 9
concluyeron sus mandatos. Por el contrario, Estados Unidos, en sus
214 años de vida republicana, ha tenido 54 gobiernos, de los cuales
todos fueron elegidos y concluyeron sus mandatos. Esa diferencia
política explica nuestras diferencias económicas.

Los partidos políticos son indispensables porque estructuran


políticamente la sociedad civil. Sin partidos, el proceso político se
torna mucho más riesgoso, puesto que queda vulnerable al
surgimiento de caudillos improvisados. Sin partidos, en suma, no es
posible prever hacia dónde podrá dirigirse el proceso político y la
formulación de las políticas económicas.
Hablar de crisis de partidos políticos es habitual. Sin embargo es
necesario hacerlo. Existen enfoques diferentes. Algunos tratan de
apartarlos definitivamente de la intermediación política (estado-
sociedad), otros consideran como el único causante de los problemas
al modelo neoliberal. Lo innegable es que el problema existe y tiene
un alcance macro.

Esta crisis de los partidos en nuestro país no es la primera y tampoco


será la última que se viva. El desarrollo dinámico de las sociedades
traen consigo nuevas corrientes de pensamiento social que
finalmente se expresan en nuevos partidos políticos, tal como lo
ocurrido a finales del mandato del presidente Leguía 1929, con la
desaparición definitiva del Partido Civil, de Manuel Pardo, el Partido
Demócrata, de Nicolás de Piérola, del Partido Constitucional, de
Cáceres y otros, que fueron superados por la incursión de nuevas
corrientes de pensamiento social de esa época, expresadas en el
aprismo, con Víctor Raúl Haya de la Torre, el Socialismo con J. C.
Mariátegui y después en el comunismo con sus diferentes
denominaciones, etc. cumpliéndose así, el proceso de superación
dialéctica (ley de negación dialéctica).

Tal pareciera que el destino de los llamados partidos tradicionales en


nuestro país, es vivir la misma suerte de los anteriores, concluir su
ciclo de vida. Durante la década del ochenta, la organización y
funcionamiento del Estado y la denominada clase política fue el eje
fundamental de la sociedad peruana. A partir de los noventa tuvo un
giro radical «convirtiéndose en el causante de todos los males del
país, según los neoliberales». Razón principal de la actitud de
desaprobación y notorio rechazo de la sociedad hacia todo lo que
significa la alusión a la política y a los partidos políticos tradicionales
principalmente, situación que con mayor intensidad vivimos en estos
tiempos, ¡Bastaron solo diez años!, a partir de 1990, fue que surgen
los «independientes» en nuestro país como líderes de la «Nueva
Democracia» sin los partidos tradicionales; significaba «el ansiado
cambio» para la sociedad peruana y con el solo respaldo de grupos de
amigos o socios, orgullosos de no ser «políticos» y no haber
pertenecido antes a partidos políticos.

Los «independientes», se configuraban rápidamente como la nueva y


buena alternativa de cambio político para la sociedad dejando de lado
a los partidos viejos. Para el colectivo social que rechazaba a la vieja
partidocracia, significaba una alternativa política de cambio y en ello
pusieron su confianza, pero al mismo tiempo se instauraba un grabe
problema para la sociedad. Los «independientes» carecían de base
doctrinaria, filosófica y menos tenían una línea de acción clara y se
caracterizaban por se electoreros, estaban muy preparados para
ganar elecciones con criticas duras hacia los partidos viejos, pero no
para gobernar (carecían de planes programáticos) y con ellos se da la
improvisación política que generó graves problemas posteriores, en
suma carecen de una visión social objetiva que permita conducir a
buen puerto el porvenir de los pueblos. En la actualidad los partidos
viejos sufren tres tipos de crisis internas resaltantes:

Crisis orgánica, originada por los conflictos internos de sus


dirigentes por el poder generando divisiones profundas
irreconciliables, la lucha generacional de sus jóvenes militantes por
alcanzar las dirigencias y la resistencia de los viejos por mantener el
poder interno, Sus bases en su mayoría se encuentran frustradas por
diferentes motivos, el manejo orgánico de cúpulas de amigos o
familiares, etc. Todo provoca una crisis orgánica que afecta
seriamente sus estructuras internas.

3.3 Partidos políticos en el Perú


A lo largo de su historia, los peruanos han fundado numerosos
partidos políticos, muchos de ellos efímeros o tan dependientes del
caudillismo que se disolvieron luego de la primera derrota electoral.
Otros, han sido apenas un letrero para participar en los comicios y se
han desechado o transformado. Los partidos tradicionales cuentan
con cuadros y locales partidarios reconocidos en la mayoría de
departamentos..
3.4 Crisis de los partidos políticos del Perú
Hablar de crisis de partidos políticos es habitual. Sin embargo es
necesario hacerlo. Existen enfoques diferentes. Algunos tratan de
apartarlos definitivamente de la intermediación política (estado-
sociedad), otros consideran como el único causante de los problemas
al modelo neoliberal. Lo innegable es que el problema existe y tiene
un alcance macro. Esta crisis de los partidos en nuestro país no es la
primera y tampoco será la última que se viva. El desarrollo dinámico
de las sociedades traen consigo nuevas corrientes de pensamiento
social que finalmente se expresan en nuevos partidos políticos, tal
como lo ocurrido a finales del mandato del presidente Leguía 1929,
con la desaparición definitiva del Partido Civil, de Manuel Pardo, el
Partido Demócrata, de Nicolás de Piérola, del Partido Constitucional,
de Cáceres y otros, que fueron superados por la incursión de nuevas
corrientes de pensamiento social de esa época, expresadas en el
aprismo, con Víctor Raúl Haya de la Torre, el Socialismo con J. C.
Mariátegui y después en el comunismo con sus diferentes
denominaciones, etc. cumpliéndose así, el proceso de superación
dialéctica (ley de negación dialéctica). Tal pareciera que el destino de
los llamados partidos tradicionales en nuestro país, es vivir la misma
suerte de los anteriores, concluir su ciclo de vida. Durante la década
del ochenta, la organización y funcionamiento del Estado y la
denominada clase política fue el eje fundamental de la sociedad
peruana. A partir de los noventa tuvo un giro radical «convirtiéndose
en el causante de todos los males del país, según los neoliberales».
Razón principal de la actitud de desaprobación y notorio rechazo de la
sociedad hacia todo lo que significa la alusión a la política y a los
partidos políticos tradicionales principalmente, situación que con
mayor intensidad vivimos en estos tiempos, ¡Bastaron solo diez
años!, a partir de 1990, fue que surgen los «independientes» en
nuestro país como líderes de la «Nueva Democracia» sin los partidos
tradicionales; significaba «el ansiado cambio» para la sociedad
peruana y con el solo respaldo de grupos de amigos o socios,
orgullosos de no ser «políticos» y no haber pertenecido antes a
partidos políticos. Los «independientes», se configuraban
rápidamente como la nueva y buena alternativa de cambio político
para la sociedad dejando de lado a los partidos viejos. Para el
colectivo social que rechazaba a la vieja partidocracia, significaba una
alternativa política de cambio y en ello pusieron su confianza, pero al
mismo tiempo se instauraba un grabe problema para la sociedad. Los
«independientes» carecían de base doctrinaria, filosófica y menos
tenían una línea de acción clara y se caracterizaban por se
electoreros, estaban muy preparados para ganar elecciones con
criticas duras hacia los partidos viejos, pero no para gobernar
(carecían de planes programáticos) y con ellos se da la improvisación
política que generó graves problemas posteriores, en suma carecen
de una visión social objetiva que permita conducir a buen puerto el
porvenir de los pueblos. En la actualidad los partidos viejos sufren
tres tipos de crisis internas resaltantes:

Crisis orgánica, originada por los conflictos internos de sus


dirigentes por el poder generando divisiones profundas
irreconciliables, la lucha generacional de sus jóvenes militantes por
alcanzar las dirigencias y la resistencia de los viejos por mantener el
poder interno, Sus bases en su mayoría se encuentran frustradas por
diferentes motivos, el manejo orgánico de cúpulas de amigos o
familiares, etc. Todo provoca una crisis orgánica que afecta
seriamente sus estructuras internas.

Crisis moral, sus dirigentes instauraron círculos amicales o de


interés por lazos familiares en las cuales rotan los cargos diligénciales
y esto origina frustración en otros aspirantes que por lo general
terminan abandonado los partidos y forman los independientes,
existe una pobreza moral muy profunda en los grupos dirigenciales.
Es claramente notorio que los intereses son más personales que los
del partido y es la razón de la lucha política, que desarrolla
tremendamente el lobismo político de corrupción y las negociaciones
de cupos de candidatos en tiempos de elecciones, aprovechamiento
de los cargos públicos de pequeñas cúpulas preferenciales en
periodos de gobierno. Todas estas acciones hacen que los partidos se
degeneren moralmente y caigan a extremos de asemejarse a
organizaciones ilícitas.

Crisis ideológica, de repente la más latente en los partidos actuales


que aglomeran militantes de escasa preparación política ideológica y
generalmente por un empleo; no cuentan con escuelas de formación
ideológica, sus bases doctrinarias no sufren reestructuraciones
necesarias, perdieron su esencia y su espíritu inicial, se muestran
débiles y muy desacreditadas.
Armando Villanueva de Campo, líder histórico del APRA, reconoce que
su partido está en crisis, dijo a sus dirigentes que no hay que
engañarnos y que necesitamos una urgente reestructuración orgánica
y principalmente ideológica, que es imperativo adaptar el partido a la
realidad actual y no perder nuestro espíritu revolucionario. Debe
existir un sinceramiento ideológico, político y programático de los
partidos, una es su base doctrinaria y otra su acción política, no
guardan coherencia. Al mismo tiempo deben comprender que tienen
una responsabilidad dentro de la sociedad y asumirlo con seriedad.
No insistir con pensamientos que son caducos para estos tiempos,
como dijera el mismo Haya de la Torre, continuar no es repetir,
«CONTINUAR ES CREAR».

3.5 Partidos Políticos y democracia interna


La democracia peruana está llena de formalismos; del decir y no del
hacer; de fijarlos en el papel para no olvidarse y obviarlo después.
Formalismo que se empecinan muchos en fingir, con la misma
inteligencia con la que se esmeran en quebrantar. No otra cosa es el
Perú en su marco jurídico. Casi 30 mil leyes, unas regulando un
determinado asunto y otras para corregir sus articulados.
Con Ley de Partidos Políticos, se reguló los mecanismos para elegir
los candidatos. Elección entre militantes y ciudadanía; solamente
militantes o por acuerdo del máximo órgano del partido. Al terminar
el plazo de inscripción en Piura, 23 listas presentaron formalmente
sus candidatos y en su mayoría (según hoja de vida) fueron elegidos
bajo los mecanismos "estatutarios".
Las sorpresas de estas estas nóminas tienen que ver con candidatos
que no han nacido y menos residen en el departamento de Piura.
Cuando en el año 2001 se luchó por el distrito electoral
departamental se buscó que las provincias se encuentren
representados en el Congreso de la República. Es de colegir que con
sus propios ciudadanos.
Hoy, con gran desfachatez, varios candidatos que no residen en
Piura, realizan millonarias campañas para "convencer" a los piuranos
para que voten por ellos. El más escandaloso de todos es el
candidato Javier Reátegui, pero no es el único. En UPP lo hay tres
candidatos que si bien son piuranos, su vida política, profesional y
laboral la realizan fuera de Piura y por muchos años.
Vale la pregunta, ¿Sería posible que un no arequipeño, pretendiera
ser congresista sin haber nacido y más aún, sin residir en Arequipa?.
Estamos seguros que la respuesta sería No.
Elegir como candidatos y parlamentarios a gente que no es del
distrito electoral, es la usanza del siglo XIX y parte del siglo XX. En
esas épocas era común ver diputados representando a
Huancabamba sin siquiera conocer su capital. Esta clonación ahora
se ha trasladado hacia la misma Piura, donde los candidatos
"extranjeros", justifican su inclusión por el hecho de su nacimiento,
porqué su mujer es de alguna provincia del departamento, porque su
abuelito fue del lugar o porque tienen una empresa en la zona.
Los piuranos para los piuranos, sería una expresión a esta distorsión
de la Ley de Partidos. No se puede aceptar que con gran
parafernalia, alguien se irrogue una representación manipulando a
los votantes para salir elegido, cuando en realidad, su vida, sus
vinculaciones los alejó de este territorio.

IV. PROPUESTAS DE SOLUCIONES


CONCLUSIONES

BILBIOGRAFIA
La democracia en el peru.indd
www.pnud.org.pe/.../Democracia_En_El_Peru_v2_Proceso_Historico.pdf

SITUACIÓN DE LA DEMOCRACIA EN EL PERÚ (2000-2001)


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La Democracia en el Perú 1
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Perú Político » » Democracia


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Democracia Peru
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Perú Político » » La evolución de los partidos políticos


www.perupolitico.com/?p=266 -

PARTIDOS POLÍTICOS
www.transparencia.org.pe/documentos/boletin3.pdf -

Elecciones Perú
eleccionesperu.net/