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Reseña: Las neuronas de dios, de Diego Golombek

Hacer una síntesis de una obra, en este caso literaria, es buscar el núcleo, las partes consideradas más importantes del discurso, los argumentos centrales. Intentaré eso, en primer lugar. Luego, mi opinión.

La obra de Golombek está estructurada en cinco capítulos con introducción, un interludio y epílogo. Repasemos las ideas centrales de cada parte:

1-La ciencia de Dios Este capítulo se extiende desde la página 19 hasta la 82 (63 páginas). Comienza señalando que los seres humanos tendemos a encontrar regularidades, incluso donde no las hay. Luego sienta las bases del libro. Por un lado Golombek encuentra indicios que lo llevan a pensar en la religión como un fenómeno universal. Por otro lado, indica supuestas evidencias de que la religiosidad sería innata y no "cultural". En la pág. 33 dice:

¿De qué hablamos cuando hablamos de 'universalidad' de la religión? Según una encuesta

realizada en 2007 en los Estados Unidos, el 92% de la población cree en Dios o en algún tipo

Evidentemente, los contundentes números de los creyentes apuntan a

un fenómeno masivo, en el que 'no creer' es la excepción y no la regla. Por supuesto que todo

podría ser un reflejo eminentemente cultural, pero resulta tentador pensar en que algo, al menos en parte, de este Homo religiosus está en nuestra naturaleza.

de fuerza espiritual (

)

La base "natural" rápidamente mudará a "biológica", evolutiva y genética a lo largo del libro.

En la misma página, el autor señala, en relación a Darwin:

Incluso llega a formular la siguiente hipótesis: la religión acentúa la cohesión dentro de los grupos humanos, que, bien organizados y con los mismos estandartes terrestres y divinos, tendrán ventaja al competir con sus vecinos.

Esta sería la base natural-biológica de esta práctica social. Para reforzar la idea cita algunos estudios, como uno de Michael Shermer (2011), a través de los cuales se habría logrado "evidencias de que, en promedio, los creyentes tienen más descendencia". Luego de esta afirmación hay un pie de página en el que se indica:

Más allá de lo temerario de la afirmación, ya que obviamente el número de hijos tiene su origen en numerosas variables, biológicas y culturales.

Esto se repetirá a lo largo de la obra. Se contradice permanentemente Golombek en nombre de una supuesta neutralidad científica en la que se tiene en cuenta todo, aunque se valora de distinta manera, ya que la segunda afirmación -que pone en duda a la primera- es un pie de página.

Acto seguido refuerza más la tesis, a través de otros estudios, por ejemplo con gemelos, cuyo grado de heredabilidad de la religiosidad sería similar incluso cuando han sido criados por separado. Como se citan estudios, pero no se los detalla, no hay mucho que decir, al respecto, excepto eso, que habría que ver cómo se hicieron tales estudios para llegar a esas conclusiones. Ejemplo: si dos hermanos gemelos son criados en familias distintas (es decir, compartirían la genética, pero no el ambiente o lo cultural) y luego ambos tienen una religiosidad similar, podrían pensar que tal fenómeno sería genético y no cultural. Pero ¿cómo se crió a ambos gemelos? Por otra parte, suponer que sólo la crianza, las relaciones primarias, del llamado círculo primario, de sangre, madre-padre-hermanos, son las únicas que influyen en una persona es

Luego el autor señala que se ha encontrado que en otras especies existe el duelo y rituales

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asociados, por ejemplo en chimpancés.

En la página 29 el biólogo indica que habría evidencias de que el fenómeno global religioso sería innato: los niños suelen ser dualistas natos:

(…) saben distinguir entre objetos materiales y entes abstractos o sociales - de allí a una

distinción entre materia y espíritu hay sólo un paso (

objetos inanimados pueden tener algún tipo de intención.

)

También desarrollan la idea de que los

Para corroborar esto señala los experimentos de Heimer-Simmel.

En la página 49 indica:

Es posible que esta tendencia innata a la superstición esté muy relacionada con la creencia en un dios sobrenatural".

Dos páginas después, al autor agrega:

La mayoría de las religiones apelan al sentido de pertenencia, de solidaridad con el prójimo. Y esto también parece tener un basamento experimental. Por ejemplo, un estudio realizado en la Universidad de Vancouver en 2007, si en un juego previo aparecían palabras relacionadas con la religión, la gente manifestaba una tendencia a ser más generosa al compartir premios y

ganancias (

)

Lo que tenemos permanentemente es una justificación de la religión en términos biológicos. La tesis entonces sería así: los seres humanos formamos parte de una evolución biológica como resultado de la cual tenemos características distintas y "superiores" a otras especies, como el lenguaje y la autoconciencia. Tal evolución nos lleva a desarrollar aquellas características que nos permitan adaptarnos mejor a la realidad en pos de sobrevivir. Esa evolución biológica tiene una base genética que nos lleva, en forma innata, pre-determinada, a ser religiosos porque de esa manera tendríamos mejores posibilidades de sobrevivir. Esta tesis, por tanto, es un intento de entender una práctica social en términos biológicos. No es muy distinto a querer explicar por qué los negros corren más rápido en términos también biológicos, o buscar las causas genéticas de que las mujeres conduzcan peor que los hombres. Es una perspectiva de la realidad que subsume lo social a lo biológico, es un darwinismo social. En página 53,añade:

Como veremos en el capítulo 2, la experiencia religiosa parece liberar una serie de neurotransmisores y hormonas que ayudan a controlar el estrés y la ansiedad.

Como existen relaciones entre religión y moral, Golombek también sostiene que la moral es innata.

"El asunto es que algunos aspectos de la moral -si no las buenas costumbres- también parecen venir de fábrica; tenemos algún sentido de lo que está bien y lo que está mal" (pág. 59).

Parte de su fundamento surge de evidencias provistas por Mark Hauser. El mismo autor reconoce (pág. 61) que Hauser fue declarado culpable de fraude científico por algunos de sus papers y experimentos. Y añade:

Así como hay idiomas diferentes, podría haber reglas éticas, cambiantes según el tiempo y el

espacio (

)

aunque los mandamientos básicos serían más o menos iguales".

Y allí, otra vez, pie de página:

en la mayoría de los casos la moral debía ser impuesta por algún tipo de intervención divina, más que aceptada espontáneamente. ¿En el pasado? (pie de página 43, en página 61).

Nuevamente Golombek, en pos de su neutralidad, se contradice (porque no sería muy académico ocultar cierta información), pero al mismo tiempo asume una posición, no es neutral.

La tesis del investigador termina de cobrar forma con lo que señala a partir de la página 70:

allí señala que no se puede discutir desde el dogmatismo como el que tienen los ateos militantes o los religiosos que fuerza a elegir una posición u otra. Entonces, hay que buscar un diálogo amigable entre ciencia y religión.

Mi

posición no es que hay que buscar una conciliación, sino una verdad “objetiva” que no será

ni

perfecta ni absoluta. Si caer en un dogmatismo es no cuestionar algo aunque existan miles

de

evidencias, ¿no cuestionar el sistema político y económico de la actualidad y del pasado,

como hace Golombek, no es un dogmatismo?

Una cuestión central es la del predeterminismo. De la tesis del autor al predeterminismo biológico hay un solo paso. El autor es ambiguo en este punto (como lo es general, navegando entre las aguas de Escila y Caribdis). En la página 71 aborda el concepto de libre albedrío, cuestionándolo. Lo que sostiene es que las decisiones que tomamos los seres humanos no son "completamente nuestras" en tanto estamos influidos por lo demás:

Quizás el asunto es que esta elección inconsciente no sea tan azarosa después de todo, sino que dependa de 'nosotros', de nuestra historia, de los estímulos que estamos recibiendo, del ambiente en que se realicen las pruebas. Así, por mas inconsciente que sea, la decisión sería sólo nuestra, y nadie más podría haberla tomado ya que no compartimos con nadie nuestras neuronas, memoria y motivaciones (pág. 73)

Vemos como permanentemente navega Golombek entre el biologicismo y las influencias sociales, pero siempre vuelve a lo primero, a su tesis. Lo demás, parece poco importante. Golombek es biólogo. Tampoco él tiene libre albedrío, como queda demostrado.

Digamos, además, que aquel racionalismo que surgió en el siglo XVII por supuesto que es necesario entenderlo con bases biológicas. No habría ocurrido de no ser porque los seres humanos tenemos el cerebro que tenemos. Pero tal cerebro no es esencialmente distinto al que tenían los antiguos en el siglo V a.m.c. (antes del mito cristiano). Apareció por el desarrollo histórico-social, no por un gen nuevo que se apoderó de Galileo y se viralizó cual epidemia.

Aquí nos centraremos en examinar un camino unidireccional: explicaciones científicas de algunos fenómenos religiosos que, de esta manera, pueden y deben ser considerados “naturales".

Sigue un pie de página: "Según las ideas de Dennet (2006)".

Esa es la tesis del científico: la práctica religiosa tiene su raíz y explicación en el "cableado" cerebral.

2-Las neuronas de Dios Este capítulo se extiende desde la página 84 hasta la 116 (31 páginas) . Allí el autor establece relaciones biológicas entre ciertos fenómenos religiosos y sus bases científicas, por ejemplo entre epilepsia y sentimiento religioso. Además desarrolla en forma didáctica cómo intentar "leer" el cerebro a través de imágenes con el objetivo de conocer qué áreas del cerebro se activan ante ciertos estímulos y con supuestos fundamentos en la llamada "neuroteología". Es decir, una ciencia, biológica, que parte de la tesis de que es posible explicar las creencias religiosas a partir de la inspección del cerebro. La religión se ha transformado en ciencia.

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Cita varios estudios, ninguno concluyente y entonces aparece la plasticidad:

Recordar, asociar, leer (incluso este libro) y cualquier otra actividad van a suscitar estos cambios, algunos más sutiles y otros más drásticos: es lo que se denomina “neuroplasticidad”, y que nos permite ir adaptándonos a lo que vaya pasando en nuestro mundo. Así, quienes experimenten lo sobrenatural en cerebro propio y, por lo tanto, exhiban cambios en la actividad de este cerebro, seguramente ya tienen una estructura psicológica propensa a estas experiencias (una educación religiosa, una frondosa imaginación, una historia familiar que ayude a darles sentido a voces, visiones o auras) (pág. 114)

Al final del capítulo, el autor admite que es mucho lo que aún no se conoce. Por qué hay personas que les ocurre algo distinto que a otras. Si supuestamente es algo innato, universal, natural, ¿por qué existen "excepciones"?

Por otro lado, concluye, es muy tentador jugar con la idea de cambiar al otro. Un cablecito por acá, un electrodo por allá y tal vez

Interludio (pp 117-130, 12 páginas) El interludio es una historia. Finalmente sabremos que esa ficción tiene una base real, en relación a investigaciones científicas que han intentado manipular el cerebro de otras personas. Se indica un trabajo de Aldous Huxley (también citado antes), pero no encontré alusión a su famosa obra "Un mundo feliz". El fascismo va por ese sendero: algunos tienen genes superiores, a los demás o se los desaparece o se los cambia biológicamente. Al fin de cuentas, esa es la aproximación a la realidad: la biología como herramienta de control social. Sin embargo, quien ejerce tal control tiene poder. Al investigador no parece importarle mucho esa cuestión.

3- Los genes de Dios (pp 131-161, 29 páginas) En el primer capítulo se sentaron las bases. En el segundo se intenta reforzar la tesis con estudios neuronales, de funcionamiento de ciertas áreas del cerebro. En el tercero llegamos a los genes. Luego de varias vueltas, en la página 151 se presenta al "gen de Dios": VMAT2. De acuerdo a las investigaciones de Dean Hamer (vaya nombre y apellido, no?) que partió de la idea de que lo "trascendental", fundamental en muchas religiones, puede medirse con una escala. Y decidió comparar tal escala con los genes de los individuos. "Y resulta que la variabilidad en la escala trascendental se parecía bastante a la variabilidad en el gen de VMAT2", relacionado con la actividad de neurotransmisores ligados a los estados de ánimo.

Nuevamente, en página 156, Golombek nos recuerda:

1-En general un gen solo nunca genera algo, sino que suele ser la combinación de genes

2-La presencia de tal gen da una mayor o menor propensión a lo que fuera

3-Estamos condicionados por dos universos: el de los genes y el del ambiente.

Es decir que nuevamente dice y se desdice. Por otro lado, en partes anteriores del libro el autor indica la diferencia entre correlación y relación causal, pero luego, a través de una mera correlación entre las variabilidades de una escala subjetiva y la de un gen, creo que allí podría haber una relación causal. Podría.

4-Las drogas de Dios (pp 163-184, 20 páginas) Para apoyar la tesis inicial, en este capítulo aborda la cuestión de fármacos o plantas naturales y cómo su ingesta genera "visiones", como la ayahuasca. Así, se asociará a la dopamina (a la que llamará diospamina) que actúa sobre diversos receptores, algunos de los cuales estarían relacionados con la espiritualidad y trascendencia.

4

5-La cultura de Dios En este breve capítulo (185-199, 12 páginas) se aborda la cuestión "cultural" a partir de las emociones y empatía, el "contagio" por ser sujetos sociales.

Sentimientos como la alegría o la tristeza pueden transmitirse a través de capas sociales (

Las celebraciones religiosas también evidencian este tipo de contagio cultural (

)

(pág. 195)

)

El capítulo aborda un estudio de la Universidad de San Andrés (alumnos dirigidos por Melina Furman, colega y amiga de Golombek) que concluyen:

Nuestra idea de que las herramientas para el pensamiento crítico provistas en una carrera

científica afectan la susceptibilidad de la gente a determinados tipos de creencias parece ser

cierta [

crédula, menos ingenua, debemos proveerla de las herramientas necesarias para un análisis crítico a una edad más temprana.

]

Y esto nos lleva a la inevitable conclusión de que si queremos una sociedad menos

Y el autor agrega estas palabras suyas: "En otras palabras: si la religión es un virus, la ciencia puede ser una vacuna".

Como vemos esto es contradictorio con ese "equilibrio" que decía buscar antes, es decir, salir de la dicotomía ciencia-religión en pos de una ciencia de la religión (un supuesto camino intermedio, supuestamente equilibrado y objetivo), pero que finalmente parece tomar partido en contra de la religión. Al menos eso parece si la considera un virus y la ciencia una vacuna.

Epílogo: El poeta es un pequeño dios Este último capítulo (tiene sólo 4 páginas) aborda algo similar a lo que encuentro en la serie Cosmos de Carl Sagan y la Nueva Serie Cosmos de Neil deGrasse Tyson: la búsqueda de una religiosidad científica, con base en la astronomía.

“Cómo es posible que ninguna de las religiones haya observado la ciencia y concluido que '¡esto es mucho mejor que lo que pensábamos! El universo es mucho más importante que lo que dijeron nuestros profetas, más grandioso, más sutil, más elegante” Carl Sagan

Es decir, sustituir las creencias en seres sobrenaturales por el conocimiento del mundo que también es maravilloso como el conocimiento biológico y astronómico. Si lo que hay al final de cuentas (o al principio, de hecho) es la búsqueda de algo trascendental, complejo y simple, que le dé sentido a la vida, en vez de buscarlo en seres imaginarios, podríamos buscarlo en la realidad. Así, el mismo sentimiento -antiguamente y actualmente basado en las creencias religiosas- pasaría a estar basado ya no en figuras inexistentes, sino en materia de la realidad, a través de partículas, corpúsculos, ondas, átomos, células, moléculas, proteínas, etc.

Así, habría finalmente un "camino intermedio" ya que esto último sería religión (en tanto sentimiento de trascendencia y sentido de vida) y ciencia.

Esto que señalo es una inferencia. No lo dice así Golombek en forma explícita, no de esa forma. Lo infiero.

MI OPINIÓN Golombek no dice en el libro, explícitamente, si es agnóstico o ateo, pero sí deja claro que no cree en seres sobrenaturales. Aparentemente los alumnos de San Andrés, tampoco. Ellos hablan de credulidad e ingenuidad. Golombek también.

Me permito, con el mismo respeto, sin chicanas, sin ánimo de ofender, decir que tanto los

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alumnos como Golombek son casi tan ingenuos como los que creen en ángeles y demonios. Su visión del mundo es ingenua, ilusa, idealista, abstracta, desconectada de los fenómenos sociales, subsumidos en meras respuestas semi-automáticas a lo innato, natural, biológico, genético.

Antes de ser mal interpretado, debo dejar sentado que:

1-Considero que existen evidencias más que suficientes a favor de la Teoría de la Evolución. Por tanto, no pongo en duda la evolución biológica, de la que los seres humanos formamos parte. 2-Hay evidencias suficientes de que los llamados procesos neuronales y genéticos existen. No pongo en duda que haya genes y características "innatas" 3-Sí pongo en duda que para comprender las prácticas sociales se deba considerar que tales genes, predisposiciones innatas, ambientales o naturales son la razón, la causa, el motivo que explica tales prácticas sociales. 4-Soy ateo y estoy en contra de todo pensamiento mágico.

Podría ahora recorrer el camino de intentar refutar todas y cada una de las afirmaciones del libro o bien, proponer una perspectiva alternativa a la de Golombek. Como en el análisis previo hice algo similar a lo primero, intentaré lo segundo.

Necesidades y organización social Es posible empezar a analizar el comportamiento humano, individual y social, señalando que los seres humanos tenemos necesidades y que tales necesidades nos impulsan a actuar, es decir que son también motivaciones. Existen diferentes taxonomías de las necesidades. Optaré por una simplificación aquí, ya que el tema es extenso y complejo:

-Los seres humanos tenemos necesidades que podemos considerar indispensables para sobrevivir, y otras necesidades que no están asociadas a conseguir mantenernos vivos, sino a

lo que podríamos llamar desarrollo de nuestras capacidades superiores.

-Alimentarnos, tener refugio-vivienda, vestimenta, serían necesidades del primer tipo. -La ciencia y el arte serían del segundo. Es más complejo porque en parte, el ser humano conoce el mundo para obtener alimento o vivienda, es decir que en parte las ciencias son necesidades instrumentales, como medios para lograr las necesidades básicas. Pero cuando estudiamos agujeros negros no podemos decir eso mismo. Y cuando pintamos cuadros, tampoco. Los animales parecen tener casi exclusivamente necesidades del primer tipo. Buscan alimento, refugio, seguridad frente a los depredadores, es decir, mantenerse vivos y reproducirse como especie. Y punto. Por eso los delfines no construyen universidades ni catedrales, ni hay una jirafa platónica. Los seres humanos, en cambio, además de obtener lo necesario para mantenernos vivos, necesitamos algo más para sentirnos plenos, humanos. Y esto puede entenderse, al menos en

parte, por la evolución biológica. Tenemos capacidades que los restantes seres vivos no tienen

y que nos impulsan a preguntarnos qué es eso que hay allí en el cielo. También tenemos

capacidades que nos impulsan a expresar lo que sentimos al inspeccionar la realidad, el arte. Por estas capacidades y necesidades podemos entender la curiosidad humana que, entre otras cosas, nos lleva a preguntarnos quiénes somos y qué papel tenemos en la realidad, es decir, un sentido de la vida y la trascendencia. Empero, no creo que tales capacidades y necesidades surgen en forma exclusiva por una evolución biológica, sino también por cuestiones sociales. No somos seres aislados.

La cuestión “política”

El concepto de política lo podemos asociar al concepto de poder. En la antigüedad (y en la

no eran

todos los individuos. La mayoría se tenía que dedicar a trabajar muchas horas, fundamentalmente en la agricultura, también el comercio y las artesanías. Los que tenían tiempo para dedicarse a pensar en lo que no es básico, han sido quienes ya tenían lo básico

modernidad también) quienes hacían filosofía (Platón, Sócrates, Aristóteles, Kant

)

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para mantenerse vivos. No necesariamente eran “ricos”, pero no eran iguales -socialmente hablando- al resto de la población.

Esta división social tiene una base económica. Porque como es lógico por lo dicho sobre las necesidades, es prioritario conseguir el alimento antes que el sentido de la vida. Cuando me está por atacar un león no me pongo a filosofar. Tampoco cuando tengo hambre. Empero, la necesidad de darle un sentido a la vida lo tenemos todos, no sólo algunos. De modo que cuando los homo sapiens nos dimos cuenta que organizándonos podíamos conseguir mejor el alimento, el refugio, la seguridad, apareció la política porque nos podemos organizar de muchas maneras, pero toda forma de organización social implica una noción de poder. A lo largo de la humanidad, pese a las variaciones políticas y económicas, encontraremos que la base social de organización estuvo en manos de una minoría que gobernó a una mayoría. Es decir que nos organizamos no para hacer ciencia o arte, sino para obtener las necesidades básicas, porque de lo contrario nos moríamos. Pero tal organización, que decimos que es económica en tanto obtención del alimento y trabajo, es una forma de organización basada en el poder de una minoría sobre una mayoría. No es la única manera de hacerlo, pero claramente a la minoría le conviene. Es posible señalar que recién cuando nos organizamos (el desarrollo de la agricultura y el sedentarismo) apareció la esclavitud. Es decir, cuando logramos un “excedente” fue posible que una minoría se apropie de tal excedente, y así obtener lo necesario para vivir, sin trabajar. La minoría dirige y se queda con el excedente y la mayoría, trabaja muchas horas.

¿Cómo es posible que las minorías hayan aceptado eso? Por las ideologías. Las minorías, hasta el siglo XVII se basaron en un supuesto poder divino. El faraón, monarca, emperador, quien tenía el poder, decía ser representante de la divinidad, ser superior al resto.

¿Y cómo o por qué las mayorías se creyeron eso? Habría varios factores a considerar en conjunto con la necesidad de darle un sentido a la vida. Los que elaboraron ideas sobre el movimiento de los astros en el cielo, también elaboraron un sentido de la vida, un cuento que las mayorías aceptaron porque aquellos eran los expertos y porque el cuentito que les contaban eran maravilloso. Hay un plan divino creado por un dios perfecto, todo está calculado, predeterminado. La vida no termina aquí, sino que continúa luego, una vida espiritual sin sufrimientos y eterna felicidad que sólo se consigue si el individuo y las comunidades siguen al pie de la letra los mandatos (mandamientos) que supuestamente dieron los dioses. Por tanto las religiones han sido y son una forma de regular a la sociedad. Incluso los conservadores han aceptado esto, por ejemplo, en el caso de Tocqueville.

El modelo Golombek Golombek no hace una interpretación que haya inventado él, sino que toma elementos de discursos ya existentes. Y cae en permanentemente ambigüedad: por un lado busca una conciliación entre religión y ciencia, pero por otro lado es ateo/agnóstico, al menos no cree en seres superiores. ¿Será que él tiene genes distintos? De hecho, hacia el final del libro indica que la religión es una enfermedad y la ciencia, la cura. Cabría preguntarse qué ciencia, ya que si la cura es la biología quizás su propuesta sea la manipulación genética. No lo creo. Más bien, por lo que señala al final de la obra, su “cura” es educación, con lo cual, la tesis de que la religión como práctica social tiene una base exclusivamente biológica se cae a pedazos. Sin embargo, el autor no dice nunca que la religión tiene sólo una base biológica, siempre refiere también a lo social, aunque como comentario al margen. Tiene en cuenta las dos cosas, pero en su análisis pesa más lo primero que lo segundo.

El justo término medio En la actualidad hay discursos que indican que habría dos posturas: los biologicistas que todo lo examinan sólo bajo el lente neuronal, genético, biológico; y los socialistas, que todo lo achacan a las relaciones sociales. Los primeros no tienen en cuenta lo social, y los segundos no consideran lo biológico. Y que por tal dicotomía habría que buscar un punto medio,

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considerando ambas cosas. ¿Cuál es mi postura? Voy a poner un ejemplo: los seres humanos necesitamos comer y también necesitamos aire. No podríamos decir sólo lo primero y no lo segundo. (Antes dijimos que hay otras necesidades). Si buscáramos un punto intermedio podríamos caer en considerar que los seres humanos necesitamos por IGUAL respirar y comer. Sin embargo, al menos hasta ahora, respirar no implica esfuerzo o trabajo, y el aire es gratis. Digo por ahora, porque en la modernidad podríamos agregar la polución, el tabaco, incluso mirando al futuro y considerando el sistema económico (que Golombek no mira nunca) quizás hasta se llegue a cobrar el aire, como ya ocurre con el agua. En cambio, para comer hay que hacer un esfuerzo. Suponer que da igual respirar y comer, sería una postura intermedia que asignaría igual peso a ambas cosas. Sería, al mismo tiempo, conciliación y falsedad. No siempre una posición equilibrada es verdadera ni deseable. Pero se nos inculcó ser moderados, equilibrados, y caemos en una ingenuidad.

No pesa lo mismo lo biológico que lo social. En algunos casos, por ejemplo el color de los ojos, pesa más lo biológico. En otros, pesa más lo social. En todos los casos consideraremos tanto lo biológico como lo llamado cultural, pero no de igual manera. Para explicar que un padre le pega a un hijo no cabe señalar que el padre tiene un gen de la violencia. No cabe porque sabemos que eso lo podemos cambiar socialmente. No cabe señalar que una práctica social como la religión es genética o meramente neuronal, si luego postulamos que eso lo podemos cambiar socialmente. Incluso si hubiera una base genética o neuronal, entonces pesa más lo social que lo biológico.

Lo social no sólo debiera mencionarse como “cura”, sino como “causa”. Pero lo social debe considerar la historia del desarrollo social y por tanto debe considerar las formas de organización, lo que nos lleva inevitablemente a lo político y económico. Eso, si queremos explicar lo que ocurre en el mundo. De lo contrario, será un mito moderno.

En cambio, las explicaciones que busca Golombek están casi totalmente apartadas del control social, del poder, de las clases sociales.

Todos tenemos la necesidad de darle un sentido a la vida. Las religiones inventaron un cuento que está vinculado a que una minoría tuviera poder sobre la mayoría, una ideología, una forma de control social, que tiene repercusión porque se adapta a tal necesidad de darle un sentido a la vida. Pero le podríamos dar otros. En este punto Golombek coincide, por eso considera que debe aparecer una forma de “espiritualidad científica”, es decir, una nueva ideología, que basada en las relaciones biológicas genere una sensación de satisfacción espiritual similar a la que generan las religiones. Y al igual que estas, apartada totalmente de la noción de poder.

No cabe duda que durante el feudalismo la clase dominante fue la nobleza y también el clero. Tal clase dominante no gobernaba para todos, sino para sí misma. Eso explica que durante ese período, en Europa, sólo pudieran acceder al poder político los miembros de tal clase social. Era una sociedad estamental, en la que sólo tenían poder los nobles que transmiten su poder de generación en generación, por lazos de sangre. La sangre “azul”. En la actualidad la clase dominante no es la nobleza (que al igual que el clero siguen existiendo y siguen teniendo poder) sino la burguesía. La Revolución Francesa no fue en vano, fue un cambio de régimen político, económico, social y por tanto también ideológico. La clase dominante en la modernidad, la burguesía, no gobierna para todos, sino para sí misma, de igual forma que ocurría antes en este sentido, pero con una ideología diferente.

Y como la mayoría de los lectores de Golombek (y de este texto) no formamos parte de la clase dominante, carecer de esta noción de poder no sólo es parcial, sino que no nos conviene.

Si la “cura” a la religión entendida como enfermedad es la educación, entonces los discursos tienen influencia social. Y eso incluye al discurso de Golombek.

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El “combate” al discurso religioso y sus métodos Me gustaría citar al menos algunos párrafos de un texto de León Trotsky no muy difundido. Se trata de “La importancia y los métodos de la propaganda antirreligiosa” que aquí se citará gracias a la traducción de Celeste Murillo de la versión publicada en el folleto The Fight for Marxism, Two speeches and an article by Leon Trotsky, publicado por New Spark Publications, Londres, 1966. El texto se encuentra publicado en un especial de La Izquierda Diario, en agosto de 2015, sobre el aniversario del revolucionario. Se consultó por última vez el 17 de septiembre de 2015 en http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/ineditos-la- importancia-y-los-metodos-de-la-propaganda-antirreligiosa/

Todavía quedan aquellos a quienes incluso la gran experiencia revolucionaria de Octubre no les sacó de encima la religión. Y en este sector los métodos formales de la crítica antirreligiosa, la

sátira, la caricatura y cosas similares, no tienen demasiados resultados. (

)

La resolución de la octava conferencia del partido nos dice que en este terreno debemos pasar de la explosión y el ataque a un trabajo más prologando de socavado, en primer lugar,

mediante la propaganda de las ciencias naturales.(

)

Citaré las excepcionales palabras de Engels, desconocidas hasta hace poco tiempo, que se

aplican directamente a la cuestión de la electrificación y la abolición del abismo entre la ciudad

y la aldea. (

)

Le escribió a Bernstein:

El nuevo invento de Deprez… libera la industria de cualquier limitación local, posibilita el uso de la energía hidráulica aun a distancia. Y aunque al principio solo se use en las ciudades, en última instancia deberá convertirse en la poderosa palanca para la abolición del antagonismo

entre la ciudad y la aldea.(

)

La abolición completa de la religión será alcanzada solo cuando haya una estructura completamente desarrollada, es decir, una técnica que libere al hombre de cualquier dependencia degradante de la naturaleza. Puede alcanzarse solo bajo relaciones sociales que estén libres de misterios, que sean profundamente lúcidas y no opriman a la humanidad. La religión traduce el caos de la naturaleza y el caos de las relaciones sociales al lenguaje de las imágenes fantásticas. Solo la abolición del caos terrenal pude terminar para siempre con su reflejo religioso. Solo una guía consciente, razonable y planificada de la vida social, en todos sus aspectos, abolirá para siempre cualquier misticismo y crueldad.

Como se verá, el desarrollo y conocimiento de las ciencias naturales contribuye a “combatir” el discurso religioso, al quitarle a la realidad su carácter mágico. Pero considero insuficiente este método, sino no es acompañado por la comprensión de que la práctica religiosa se inserta en una estructura de poder político y económico. Que la religión es una ideología que no contribuye al cambio social, sino a conformarnos con el estatus quo en espera de una solución milagrosa predeterminada por un ser sobrenatural. Es necesario mostrar cómo esta estructura de poder está imbricada con el poder político, cómo la “Sagrada familia” generó el concepto de “familia sagrada”, cómo los preceptos religiosos son una forma de regulación social. Y eso no es genético. Por eso mismo, el discurso “naturalista” es insuficiente y, de hecho, incluso peor, confuso e idealista como el religioso.

Gerardo Blanco Buenos Aires, 17 de septiembre de 2015 Versión 3

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Ficha técnica Golombek, Diego; Las neuronas de Dios: Una neurociencia de la religión, la espiritualidad
Ficha técnica Golombek, Diego; Las neuronas de Dios: Una neurociencia de la religión, la espiritualidad

Ficha técnica Golombek, Diego; Las neuronas de Dios: Una neurociencia de la religión, la espiritualidad y la luz al final del túnel.-1er ed. 1a reimpr. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2014. Colección Ciencia que ladra, Serie Mayor, dirigida por el propio Golombek. ISBN 978-987-629-479-9 Diseño de cubierta: Eugenia Lardiés Impreso en Artes Gráficas Color-Efe, Avellaneda, en el mes de diciembre de 2014.

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Reseña de LAS NEURONAS DE DIOS, por Juan Duarte, Ideas de Izquierda, número 17, marzo 2015, pag. 46 (en http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/resena-de-las- neuronas-de-dios/) y en Issuu:

http://issuu.com/ideasdeizquierda/docs/ideas_de_izquierda_17

e=12343778/12810938

2015/47?

Chamuyo industria argentina, Mónica Contreras, GES - CEICS, El Aromo Nº 83, marzo-abril 2015, pp 33-34 (en http://issuu.com/elaromo/docs/elaromo83)

"Naturalmente todos somos creyentes", entrevista de Yésica De Santo en Tiempo Argentino, 16 de noviembre de 2014.

http://tiempo.infonews.com/nota/137871/naturalmente-todos-somos-creyentes

Alan Woods, Ted Grant; Razón y Revolución, 1995.

http://issuu.com/rogelioalejandrobermudezmunoz/docs/woods-alan-y-grant-razon-y-

revolucion

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