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¿Qué entiendo por la verdad?

Desde luego, nada que tenga que ver con quien asesino a Kennedy, ni si
existió la Atlántida, o si el atentado del 11S fue obra de el gobierno Bush.
Ese tipo de verdad, es externa, no tiene nada que ver con el interior de
cada persona y no tengo ningún interés en hablar de ella.
La verdad de la que hablo, tiene que ver con lo que nos guía en el viaje
de la vida, nuestra brújula, nuestros valores. Entendiendo por valor, desde
un ideal moral como no ser egoísta por ejemplo, hasta un ideal material
donde por lo menos parte de tu felicidad se basa en tu capacidad
adquisitiva, o hasta una creencia religiosa que te guía a la hora de tomar
decisiones.

Todo este conjunto variado de valores, son los que nos dictan nuestra
forma de vivir, intentamos que nuestra vida y sus acciones se acerquen lo
más posible a estos, y cuanto más próximos se encuentren mas plenos nos
sentiremos o eso creemos. Todo el peso de nuestra realización recae sobre
estos valores, pero repito, no entendamos por valores solo el aspecto moral,
es decir, no robaras, no mataras, no envidiaras, hay que compartir, hay que
ayudar a los demás, etc. Entendamos por valores, todo aquello importante
para nuestra realización personal, todas nuestras metas. Casarme y formar
una familia feliz, tener un aspecto físico determinado, triunfar en cierta
profesión, tener dinero, tener reconocimiento social, etc, etc, etc…

Si observamos las distintas culturas que nos rodean, no tardaremos en


percatarnos de lo diferentes que son los valores de unos, de otros y de
nosotros, y de cómo estas diferencias generan conflictos de todo tipo. Solo
con mirar todas las guerras que se han hecho en el mundo por culpa de las
religiones nos es suficiente para hacernos una idea.
Odio que nace de las distintas creencias que tienen unos y otros. Pero
no hace falta salir de nuestro país para vivir la violencia generada por las
distintas ideologías, lo vemos cada día, ya sea por ser de un partido político
distinto, de un equipo de fútbol distinto, tener un color de piel distinta, o
una tendencia sexual diferente.
Prejuicios que nos llevan a considerar menos dignas a personas solo por
el motivo de ser mujer, homosexual, tener otra ideología o creencia, o
simplemente ser de una raza diferente.

No cabe la menor duda de que la violencia en el mundo por lo menos


disminuiría, si erradicáramos todos aquellos prejuicios que tenemos sobre
los demás, o que los demás tienen sobre nosotros, o que cada uno tiene
sobre si mismo.
¿Que tiene que ver la verdad con todo esto?

Pues creo que esta bastante claro, ¿no?


Un prejuicio se convierte en verdad para la persona que lo vive, cuando
de verdad tiene lo mismo que decir que es el sol el que gira alrededor de la
tierra, prejuicio que entre otros, tuvo la iglesia cristiana, la cual se yergue
como poseedora de la verdad aún en la actualidad.

La palabra prejuicio define perfectamente el problema, juzgar de


antemano. Atribuimos veracidad a un juicio sin indagar profundamente hasta
la raíz y desde esa falsa verdad sobre la que nos asentamos, y tratamos a
los demás en consecuencia, hasta tal punto, en el cual el muro que nos
separa de la violencia cae, y entendamos que las formas en las que la
violencia se nos presenta, no son solo físicas.

Sin duda alguna, la convivencia del ser humano sobre la tierra se ve


afectada por todos estos prejuicios. Pero aún en el caso de que el bien estar
de los demás no sea de nuestro interés, las consecuencias nefastas de los
prejuicios no se acaban aquí. Por que al igual que tenemos asimiladas falsas
verdades sobre los demás, también tenemos prejuicios sobre nosotros
mismos.

¿Qué conllevan estos prejuicios que tenemos sobre nosotros mismos,


sobre el desarrollo de nuestra vida?

Uso la palabra prejuicio para que se vea más claro lo que quiero decir,
pero estoy hablando de nuestro sistema de valores, el que definen que es
importante en nuestra vida para nuestra realización, nuestra plenitud.
Quiero ser de esta manera o de la otra, quiero comportarme así o asao,
quiero dedicarme a esta profesión u a otra, quiero o no formar una familia,
quiero o no tener un poder adquisitivo superior. En resumen, todo lo que
engloba el tipo de vida que queremos llevar. Es aquí en función de si las
cosas salen como esperamos o no, donde se sustenta nuestra felicidad en
función de nuestros fracasos o nuestros éxitos.
¿En que nos basamos para elegir estos valores, es decir, lo que es
importante para nuestra realización?, ¿De donde nace nuestro sistema de
valores?

Nuestra educación y nuestra cultura son sin duda las dos grandes
influencias que nos “ayudaran” a ir formando estos valores que decidirán el
tipo de vida que queremos llevar. Según vayamos haciéndonos adultos,
iremos pensando que ya no somos niños tan fáciles de manipular y que
nuestras elecciones nacen desde nuestra libre individualidad.
Pero hay que tener cuidado por que este es el gran poder de los
prejuicios, poseen la capacidad de pasar desapercibidos poniéndose una
masacra, la mascara de la verdad. Lo que sucede es que nos acabamos
identificado con ellos y por eso creemos que la elección es libre. Todo
aquello que se nos inculco desde que nacimos, ahora siendo adultos, lo
sentimos como nuestro. Y muchos dirán, es que a mi me parecen muy
correctos los valores que se me inculcaron, eso es exactamente lo que dice
todo el mundo, incluso los que se inmolan matando a personas en nombre de
su religión, ellos creen que van al paraíso e incluso los victimas de su
atentado…

Es curioso, por lo menos para mí, que algo tan importante como los
valores que van a regir mi vida, mi búsqueda de la felicidad, serian
totalmente distintos en función de donde hubiera nacido. Si nazco en una
familia cristiana, sería normal que le diera importancia a la virginidad, que
no estuviera a favor de los matrimonios homosexuales, pudiendo ser yo
homosexual, que estuviera en contra del divorcio e incluso del uso del
preservativo. Si hubiera nacido en África siendo mujer podría haberle
practicado la ablación a mi hija como me lo hizo mi madre a mí, si hubiera
nacido en irán llevaría un burca. Es más, si simplemente hubiera nacido en la
época de mis abuelos, mis valores no serían los mismos que tengo ahora.
Por ejemplo, en la época de mis abuelos el divorcio era un dramón y
ahora mismo en la actualidad aunque se sigue viendo como un fracaso esta
más aceptado. Es decir, que si soy de esa época y me divorcio lo hubiera
sufrido como una catástrofe con todo el dolor que conlleva, pero si naces un
poco más tarde en nuestra época, entonces ya no es para tanto, esta más
aceptado.
La situación es la misma, pero el efecto no tiene nada que ver. La mujer
de la época de mis abuelos, ni se planteaba la posibilidad de que el divorcio
no fuera para tanto, tenía asumido que eso era así y punto, un dramón, un
fracaso. En cambio ahora uno dice, pues que mal pero era lo mejor, espero
que con otro compañero me vaya mejor.
Entonces a mí se me ocurre lo siguiente, ¿Quién me dice a mí que no
estoy asumiendo otro tipo de situaciones que no son tan dramáticas como
creo?, ¿igual estoy sufriendo por cosas que mi educación, mi familia y mi
sociedad dicen que tengo que sufrir?
Ahora hay muchos cristianos que no consideran que este mal tener
sexo antes del matrimonio, pero en mi caso yo recuerdo haberme sentido
mal por masturbarme.
Estoy seguro de que habrá habido negros, criados en familias de
blancos por las circunstancias que sean, y les hayan inculcado el sentirse
inferiores. U homosexuales cuyos padres no vieran bien la homosexualidad y
esto haya hecho que se sintieran mal consigo mismos y no se aceptaran. O
madres en África que sufren por tener que practicarle la ablación a su hija
pero lo hacen por que están convencidas de que las mujeres no pueden
disfrutar por que es impuro (Sé que me repito con los ejemplos pero es que
me parecen muy gráficos para entender).
Creo que se ve claro que todas estas situaciones no son más que
prejuicios sobre mí y sobre como tiene que ser mi vida, prejuicios que han
traído sufrimiento de manera innecesaria, personas que sufrieron por la
falsa creencia de que eran menos dignas.

Si somos capaces de ver que en otras épocas o en otros países o en


otras culturas, el mundo esta plagado de personas llenas de prejuicios, ¿Por
qué nos cuesta tanto darnos cuenta de que también nosotros estamos llenos
de estas falsas verdades? Toda esa gente que a nuestro juicio comete
barbaridades a causa de sus creencias religiosas, falsos valores o como
queráis llamarlos, están convencidas de estos, sus valores, como nosotros de
los nuestros, ellos no dudan y se sienten totalmente libres de sus
elecciones. Lo único que pasa es que están identificados con sus valores al
igual que nosotros con los nuestros, ¿Cuál es la diferencia?

Quien haya sufrido a causa de un prejuicio y se haya dado cuenta de


que si hubiera estado más atento habría desechado ese prejuicio por su
falsedad disolviendo así el devastador sufrimiento que este causo, vera
claramente la necesidad de buscar la verdad, es decir, no guiarse por lo que
sus padres, el colegio o la sociedad le inculco y le sigue inculcando. No podrá
seguir rigiéndose por los valores aprobados en su círculo de relaciones solo
por que es lo aceptado, lo que esta bien visto.
Desde esta revelación no le quedará otra alternativa que no sea
trabajar con ahínco y desde ahí preguntarse el por que de las cosas que le
resultan importantes en la vida. El estado de alerta ha de ir maximizándose
para estar en contacto con uno mismo cada vez más y más, por que solo
mediante el auto conocimiento podrá conseguir que sus elecciones nazcan de
él y no del condicionamiento.

El otro caso es que yo no sea consciente de mi condicionamiento y que


me sienta a gusto con el desarrollo de mí vida hasta la fecha. Supongo que
existe la remota posibilidad de que nunca me llegue a ver en la necesidad de
plantearme mis valores por que todo parece ir bien. Pero jugar a esto tiene
un riesgo muy grande que es el siguiente. Cuanto más tarde en darme cuenta
de ello, más grande será el desastre acompañado de la frustración, la
impotencia y el dolor que todo esto conlleva, debido a que cuanto más
tiempo pase, más y más habré ido asentando y construyendo mi vida sobre
aquellos valores que hoy son mis cimientos, y solo es cuestión de tiempo que
mi construcción se venga abajo ya que unos cimientos falsos difícilmente
podrán sujetar nada eternamente.

Existe un tercer caso, y es cuando a pesar de que vemos que no nos


hemos movido en la verdad, que han sido los prejuicios los que han regido
nuestra vida, decidimos cerrar los ojos para no ver la realidad y seguir con
nuestros falsos valores, los cuales por lo menos nos resultan conocidos y nos
dan seguridad. Buscar la verdad no es tarea fácil, ya que hay que estar
dispuesto a pasar por el dolor que conlleva derruir todo lo falso por muy
cómodo que nos resultara apoyarnos en ello. No es una decisión fácil y de ahí
nace la necesidad del autoengaño.
Pero ¿se puede uno sentir pleno sabiendo que se auto engaña?, podrá no
estar mal e incluso bien, pero ¿PLENO? lo dudo. Por muy hipnotizador que
sea nuestro autoengaño, en el fondo sabemos que nuestra base no es la
verdad, ya que el que engaña y el engañado son el mismo, lo que hace el
autoengaño imposible.

A veces la verdad puede ser demasiado amarga y entonces algunos terrones de


azúcar de mentira pueden ayudarte a beber hasta la más amarga de las medicinas.

Osho
En resumen aparentemente hay dos motivos para indagar en nuestras
profundidades en busca de la verdad.
Uno, será nuestra preocupación por no causar dolor con nuestros
juicios y maltratos a los seres humanos con los que convivimos en este
mundo, ya sea los que vemos a diario en nuestras relaciones o los que sufren
a miles de kilómetros.
El otro motivo será nuestra realización personal, disfrutar de nuestra
vida derribando todos aquellos muros que la intentan acotar.
Aparentemente son dos motivos distintos, interés por el bien estar de
los demás e interés por mi realización personal. Pero yo creo que están
íntimamente relacionados ya que me cuesta pensar que alguien se pueda
realizar sabiendo que causa daño a los demás. Y no estoy hablando de
sentirme buena persona y así estar moralmente en paz con uno mismo, estoy
hablando de la alegría que me produce el bien estar de los demás ya sean
cercanos o no.

Algunas veces, dándole vueltas a este tema de los prejuicios y sus


consecuencias nefastas en las relaciones humanas, me pregunto si nuestro
egoísmo, ese que hace que no hagamos nada por los que se mueren de
hambre, me pregunto si ese egoísmo será también un prejuicio. La falsa
verdad de que necesitamos todo este brutal consumismo para ser felices.
El consumismo lo veo y abundante pero la felicidad que promete no.
¿Será solo eso, una promesa irrealizable?, cuando tenga esto o aquello o lo
otro, entonces seré feliz, pero nunca llega esa felicidad. Saltamos de
proyecto en proyecto, cuando conseguimos uno buscamos otro para darle
sentido a nuestra vida, si no nos sentimos vacíos. Así que para no sentirnos
vacíos, nos rodeamos de entretenimientos, y es aquí donde el consumismo
encaja perfectamente por que siempre se puede poseer algo más, algo más
que te dice que estarás mejor cuando lo tengas pero ese mejor nunca nos
deja satisfechos. Será agradable, no digo que no, pero no estoy hablando de
sentir algo agradable, estoy hablando de satisfacción absoluta.

¿Existirá la felicidad total?


No lo sé, para saberlo habrá que buscar la verdad, solo así podremos
tener algo absoluto y permanente. La verdad podrá ser fea o no,
desagradable o no, podrá gustarme o no, pero tiene una cualidad única, es
genuina y una vez que se tiene, nada ni nadie te la puede arrebatar, y esa
certeza tiene que ir acompañada de paz, no puede ser de otra manera, la
paz de ser lo que es.
Pero el requisito único y necesario, será haber abandonado todos los
prejuicios. Estos falsos valores nos impiden ver la realidad tal y como es,
como si lleváramos unas gafas de sol y creyéramos que esa es la visión real
de la vida. Esas gafas estarían fabricadas con nuestras experiencias, ya
sean amargas o dulces, todo lo miraríamos a través del filtro que hemos
construido con todo lo almacenado en nuestra memoria.

Y son esas gafas las que me hacen mirar a un iraquí con odio si he
sufrido el terrorismo en mi familia, cuando yo de esa persona en concreto
no sé nada acerca de su postura política.

Y son esas gafas las que permiten a un individuo ir a la guerra y matar a


otra persona que tal vez si hubiera llegado a conocer hubiera podido ser un
gran amigo.

Y sin ir tan lejos, fijándonos en nuestro día a día, en nuestras


relaciones, son esas gafas las que me impiden comprender y aceptar a los
que me rodean, ya sean mis amigos, mi familia, mi amor o un desconocido. El
caso es que cuando intentan hablarme sobre ellos, yo no paro internamente
de ir juzgando lo que me van contando, esto me parece bien, esto mal,
esto yo no lo haría así… O incluso nos damos el lujo de interpretar lo que
nos dice, lo que te pasa realmente es que estas enfadada con tu madre
pero te estas desahogando conmigo… Sea como sea no prestamos atención
a lo que nos quieren decir, y por supuesto el otro se percata de ello y no se
siente aceptado tal y como es.

Y son esas gafas las que no me dejan disfrutar de mi día a día por que
me dicen que estaré mejor en verano cuando me vaya a ese lugar paradisíaco
que hoy me ilusiona, pero luego llega el verano y cuando estoy en ese destino
en lugar de disfrutarlo plenamente, empiezo a pensar en lo que haré cuando
vuelva.

Y son esas gafas las que no me dejan vivir la vida alegremente por que
una y otra vez me traen a la cabeza mis fracasos y recuerdos dolorosos que
ha habido en mi pasado, los cuales ya no están pero yo me empeño en seguir
reviviéndolos una y otra vez.
Y son esas gafas las que nos quitan la novedad en la vida, todo nos
parece estático. Cada mañana cuando salimos de casa y nos cruzamos con el
árbol que hay en la esquina, ni lo miramos, no merece la pena por que es el
árbol de siempre, no nos percatamos de que para pasar de estar rebosante
de hojas a poseer solo ramas desnudas hay un proceso intermedio que nunca
ha parado, es dinámico y continuo como la vida por que es vida, pero la
hemos hecho estática, le hemos arrebatado la belleza de la novedad.

Y son esas dichosas gafas las que se convierten en nuestra limitada y


deforme manera de ver la realidad de la verdad…

En las manos de cada uno esta escoger el camino que quiere, no es una
moralidad lo que dicta el camino a escoger, el único aliciente será la
búsqueda de nuestra felicidad.

Y como oí decir una vez…

La mentira es dulce al principio y amarga al final, la verdad es justo lo contrario,


amarga al principio y dulce al final.

Osho