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CONSTRUIR LA REVUELTA

CONTEXTO Y ORÍGENES DE LA INTERNACIONAL SITUACIONISTA, 1957-1961

Carlos Verdaguer

Madrid
1997-1999
Primera nota introductoria
La primera versión del presente texto fue escrita a principios de 1997 y publicada de forma
resumida en el número 51 de la revista Arquitectura Viva a modo de reseña de la exposición
Situacionistas inaugurada en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona en enero de aquel
año. El principal objetivo del artículo era enfatizar la importancia de los situacionistas en el
campo de las ideas y de la crítica global a la cultura por encima de su relativamente breve
trayectoria como vanguardia `artística´, ante la evidencia de que es este último el cómodo papel
que se le asigna a la Internacional Situacionista dentro de la operación generalizada de
recuperación de las experiencias radicales de esta segunda mitad de siglo.

El desconocimiento en España de la experiencia situacionista por parte de la cultura


institucionalizada, incluso en círculos `ilustrados´ de izquierdas que gustan actualmente de hacer
uso frecuente de conceptos acuñados en el seno de la IS como el de `sociedad del espectáculo´,
facilitaba particularmente esta operación de recuperación, dificultando en igual medida cualquier
debate al respecto. Por lo que respecta a los círculos más restringidos, relacionados básicamente
con el movimiento libertario y consejista, en los que las radicales propuestas situacionistas
habían llegado a tener un profundo calado a mediados de los años setenta, la poca importancia
concedida en ellos a los orígenes como vanguardia artística de la IS ha contribuido también a
restar parte de su radicalidad a su crítica global a la cultura. (De todas formas, sería injusto no
hacer mención en este sentido a la que sigue siendo la mejor selección de textos originales
situacionistas en castellano, La creación abierta y sus enemigos, de Ediciones La Piqueta ).

Por ello, tanto en su primera versión como en su versión ampliada de agosto de 1997 (la aquí
publicada), el texto adquirió inevitablemente un carácter informativo e histórico, sacrificando las
disquisiciones críticas en aras de solventar de algún modo tanto el absoluto desconocimiento
oficial como la visión parcial propiciada por la izquierda radical. En cualquier caso, la
información histórica seleccionada responde claramente al objetivo ya mencionado de recalcar la
importancia ideológica de la experiencia situacionista y su íntima trabazón con el clima político
y cultural de la época, en la idea de que su importancia como vanguardia artística y su ideas en el
campo de la arquitectura y el urbanismo han quedado sobradamente cubiertas tanto por el
catálogo como por el material original publicado por el MACBA con motivo de la mencionada
exposición.

Dicho objetivo, así como la compleja trama de influencias que caracteriza la experiencia,
explican en parte tanto la quizá excesiva densidad de datos del presente texto como su tono
deliberadamente reivindicativo. En este sentido, la intención era trazar unos ejes de referencia
más amplios para, en una entrega posterior, entrar plenamente en el análisis de las ideas
situacionistas, así como en sus secuelas e influencias. Además de la consulta a los textos
originales situacionistas, para la elaboración de este texto ha sido crucial la reveladora lectura del
magnífico artículo de Peter Wollen, Bitter Victory: The Art and Politics of the Situationist
International, escrito para el catálogo de la primera exposición dedicada a los situacionistas, la
organizada por el propio Wollen junto con Mark Francis y celebrada en Londres y Boston en
1989.

En el año transcurrido desde que se acabó de escribir la versión final de este texto, y aún por
elaborar dicha entrega posterior, la `moda situacionista´, sobre todo en Francia y en Estados
Unidos ha empezado a adquirir el carácter de fenómeno cultural y la bibliografía académica ha
seguido creciendo exponencialmente, superando incluso las lúcidas previsiones de los
situacionistas al respecto y confirmando con creces algunos de sus análisis: en un momento de
miseria ideológica y de parálisis en el ámbito plástico como el presente, una concentración de
ideas y de propuestas como la emitida por la IS está inevitablemente condenada a convertirse en
material espectacular de primera categoría. En España ya son pocos los intelectuales exquisitos
que se permiten una expresión de extrañeza ante el adjetivo situacionista y los más à la page son
incluso capaces de pergeñar alguna disquisición sobre el elitismo de Debord o la rabia juvenil de
los letristas. Sin embargo, las aportaciones de los situacionistas en el campo de la crítica radical a
la vida cotidiana y a las formas tradicionales de organización de lo político, por ejemplo, siguen
sin estar presentes en los debates de la izquierda en un momento en el que son más oportunas que
nunca. Por lo pronto, y valga ello como irónica anécdota `situacionista´, el propio término
situacionismo, rechazado explícitamente por quienes trataron de dinamitar el propio concepto de
ideología, ha empezado a formar parte, espectacularmente tergiversado, del vocabulario
cotidiano de algunos políticos y comentaristas, ignorantes de su origen, como sinónimo de
`oportunismo´ o de `capacidad de adaptación´, según se aplique en sentido negativo o positivo.
Esta súbita explosión situacionista, cuyas ondas expansivas europeas no tardarán en llegar a
España, tiene como positivo la oportunidad que brinda de poner al alcance del lector actual los
textos originales producidos por los situacionistas, cuya vigencia en algunos casos resulta
asombrosa.

En cualquier caso, y al margen del reconocimiento por parte de la Academia de la herencia


situacionista y de una figura imprescindible para la cultura de este siglo como es Guy Debord,
son muchas las vías abiertas que quedan reabiertas para la investigación y el debate. Entre las
primeras se situaría tanto la influencia no reconocida de las ideas situacionistas en el llamado
pensamiento posmoderno (una vía explorada en parte por The Most Radical Gesture, el
interesante y muy discutido libro de Sadie Plant) y en toda la filosofía y la sociología francesas
contemporáneas, desde Foucault y Deleuze hasta Bourdieu y Virilio, como la emulación de su
`estilo´ en el discurso que podríamos denominar conformista radical que hace furor dentro del
ámbito de la arquitectura y cuyos máximos representantes serían Rem Koolhaas y Bernard
Tschumi. En cualquier caso, esta vía entra de lleno dentro del campo académico y, como tal,
puede ser objeto de sesudas tesis y estudios pormenorizados. Los estudiosos norteamericanos e
ingleses ya han ahondado mucho en la importancia de los situacionistas dentro de las propuestas
radicales de los años ochenta en el ámbito del arte conceptual y de la música (a este respecto, es
particularmente irritante el empeño de Greil Marcus y sus adláteres de establecer las conexiones
con el punk vía la patética figura del `padre de los Sex Pistols´, Malcolm MacLaren). Quizás más
interesante desde el punto de vista de la crítica de la cultura sería analizar el fenómeno mediante
el cual tales influencias, en algunos casos escandalosamente evidentes, han podido ser sometidas
reiteradamente a un proceso deliberado y meticuloso de ocultación.

La vía de debate más interesante, sin embargo, y la que rendiría una mayor justicia a la radical
propuesta situacionista, aceptándola como algo vivo y susceptible de ser desarrollado, es la que
liga las ideas de la IS con las corrientes ecologistas y feministas. Es este ámbito de cruce de
corrientes y cuerpos de ideas, en el que más claramente se hacen patentes los puntos más débiles
o menos desarrollados del discursos situacionista (ya que no del propio Debord), el que puede
dar lugar a un debate rico y fecundo, cuyo eje central sería las nociones de progreso y de vida
cotidiana. En este sentido, la particular lucidez y contundencia de las formulaciones
situacionistas, incluso las más dudosas y claramente ancladas a las circunstancias de su tiempo,
brinda un armazón inigualable para engarzar y debatir muchos de los temas cruciales en un
momento actual dominado por el pensamiento único: las formas del poder político, el debate de
las necesidades, los límites de la tecnología, el fin del trabajo, la construcción física del territorio,
etcétera.

Por estas vías se internaría la segunda entrega del presente texto, en caso de que, para cuando
fuera posible su elaboración definitiva, no hubieran salido la luz una plétora de textos dedicados
a estos temas que hicieran felizmente innecesario seguir ahondando en ellos a quien esto escribe.
Mientras tanto, sirva el siguiente texto de esquemático mapa introductorio y orientativo dentro
del vasto territorio situacionista.

Altea, 16 de agosto de 1998


Segunda nota introductoria

Ha transcurrido más de un año desde que se redactó la anterior introducción y las circunstancias,
básicamente la falta de tiempo y la desazón por parte del autor ante la idea de dar a la luz un
texto tan evidentemente incompleto, han impedido que este opúsculo apareciera en este tiempo a
pesar de la insistencia y los justificados sarcasmos por parte de los pacientes editores.

Mientras tanto, la onda expansiva situacionista de la que se hablábamos en la primera nota


introductoria ha seguido creciendo y, tal como era previsible, ha alcanzado con creces el
escenario intelectual español, donde la mención a Debord y los situacionistas empieza a ser
moneda corriente a la hora de referirse a los fenómenos de alienación y manipulación asociados
con los media o en cualquier enumeración de circunstancias asociadas al mayo del 68. Basta
comparar el reciente artículo de Josep Ramoneda para los fascículos de Historia del siglo XX
publicados po el periódico El País (La `contestación´ desafía a la autoridad), que se inicia con
una larga referencia a la IS y una cita a Guy Debord, con la abundante literatura producida
durante las anteriores efemérides mediáticas (1978, 1988 e incluso aún en 1998) de los
acontecimientos de mayo, dominada por la ruidosa ausencia de cualquier referencia al papel de
los situacionistas. Un ejemplo entre muchos de esto es el número que la revista Debats dedicó
hace una década al Mayo del 68, donde no aparecía la menor referencia al papel crucial de los
situacionistas en la explosión de Nanterre ni a las estrechas vinculaciones con ellos del por
entonces anarquista Daniel Cohn-Bendit, convertido oficialmente en el `líder´ de la revolución.
Como decimos, esta ausencia se ha venido repitiendo hasta hace muy poco en la mayoría de los
análisis y referencias a la época escritas en nuestro país.

La inevitable restitución histórica de la importancia de la IS, por lo demás ya contundentemente


reivindicada y vaticinada por Debord, ha venido acompañada por la reedición y la nueva
traducción de sus dos textos principales, `La Sociedad del Espectáculo´(Pretextos) de Debord, y
`Tratado de saber vivir...´ de Raoul Vaneigem (Anagrama), puntualmente reseñados en el boletín
cultural oficial del reino, el suplemento Babelia de El País, como signo claro de su definitiva
santificación cultural. Por otra parte, el interesante libro Guy Debord de Anselm Jappe
(Anagrama), publicado hace pocos meses en castellano, ofrece datos más que suficientes para
aproximarse al fenómeno situacionista, además de una bibliografía crítica con referencias a las
obras más importantes publicadas recientemente. En el campo académico, mientras tanto,
también la Internacional Situacionista está ocupando paulatinamente su lugar en nuestro país,
sobre todo en los programas de posgrado de las facultades de bellas artes y de historia del arte y
en las escuelas de arquitectura. Entre los productos más recientes dentro de este campo
académico, merece la pena resaltar la tesis presentada en 1998 en la Universidad Complutense de
Madrid por Alberto Aparicio Mourelo, Construir una pequeña situación sin futuro. De la
liquidación del arte a la crítica de la vida cotidiana (Departamento de Filosofía y Filosofía
Moral y Política, UNED).

Finalmente, dentro de este amplio proceso de `recuperación espectacular´, que no podemos dejar
de aplaudir aún a riesgo de ser acusados de incoherencia y cinismo, en Francia se anuncia la
inminente publicación de la Correspondencia de Guy Debord, tras la publicación póstuma de del
segundo tomo de sus pseudomemorias, Panegyrique, Tome 2 y en España se prepara la
traducción de la mayor parte de su obra.

Pero es en el otro extremo del escenario cultural peninsular donde se están produciendo los
fenómenos más interesantes de recuperación, análisis y crítica vivos del discurso situacionista,
más allá de su integración académica, a través, por ejemplo, de la serie de opúsculos Radikales
Livres (Guy Debord ha muerto, La vanguardia ante el siglo XXI, No Copyright, Mitología,
Acción directa en el arte y la cultura) editados por Industrias Mikuerpo de Madrid (Apdo 36455,
28080 Madrid, http://www.fortunecity.com/victorian/duchamp/33mikuerpo@redestb.es) o de los
numerosos lugares en la red a los que se puede acceder simplemente introduciendo la palabras
situacionista, situationist o situattioniste (entre ellos el exhaustivo Archivo Situacionista
Hispano: www.geocities.com/SoHo/Lofts/8666).

Ante esta acumulación incesante y casi agobiante de información pierde evidentemente sentido
el carácter que pudo tener en principio este opúsculo de introducción a un fenómeno casi
marginal y oculto. Sin renunciar a que pueda servir como estimulante transmisor del `virus
situacionista´ a las nuevas generaciones, quede al menos como testimonio de la deuda que el
autor siente por quienes hace ya casi un cuarto de siglo supieron transmitirle la necesidad de
construir la revuelta contra los valores del Viejo Mundo desde el gozo y la inteligencia.

Por último, es preciso señalar que no es accidental el que este texto se edite y difunda desde el
barrio de Prosperidad, en el que siempre ha existido una rica tradición alternativa y
autogestionaria y cuna de una de las experiencias de cultura radical más importantes de la
segunda mitad de los años setenta como fue el Centro Mantuano, una experiencia intensa a pesar
de su carácter relativamente efímero (1977-1980) a la que no fue en absoluto ajena el germen
situacionista.

Madrid, 7 de septiembre de 1999


Construir la revuelta

«Nuestras ideas están en el aire» IS

La gran deriva situacionista


Obligar al sueño de la modernidad a cumplir hasta la última de sus promesas, entre ellas la de
una sociedad del ocio, fue el proyecto que se impusieron sin concesiones los situacionistas, y
supieron expresar sus exigencias con tan deslumbrante contundencia que cerraron para siempre
el capítulo de las vanguardias europeas del siglo XX. Forzaron hasta el límite todos los discursos
de progreso generados desde la Ilustración, haciendo estallar sus costuras, en un proceso
gigantesco de combinación, yuxtaposición y tergiversación deliberada de los materiales
conceptuales existentes (el detournement que había de convertirse en uno de sus conceptos
claves) que dejó el campo despejado para el desarrollo de nuevos paradigmas. Sólo que lo que ha
ocupado el espacio vacío dejado por la modernidad desvelada como pesadilla ha sido el
imparable avance del Espectáculo en su fase final de integración, tal como había de constatar el
propio Guy Debord en su aterrador `Comentarios a la sociedad del espectáculo´, escrito en 1988,
seis años antes de su suicidio y dieciséis después de la autodisolución de la Internacional
Situacionista.

Tan sólo la misma magnitud de la influencia situacionista en el discurso y la historia cultural


europea de estos últimos treinta años puede explicar, como una forma de incómodo
deslumbramiento, la suerte de pacto de silencio intelectual que ha existido hasta ahora al
respecto, pero ya son demasiadas las evidencias de que el paisaje de este fin de siglo no sería el
mismo en Europa si no se hubiera producido esa extraordinaria concentración de todos los
discursos transformadores del siglo en un `periodo bastante corto de tiempo´ y su posterior
estallido en el mayo francés de 1968. Porque han sido los trozos despedidos por ese núcleo de
enorme densidad los que, transfigurados y tergiversados, han conformado dicho paisaje para lo
bueno y para lo malo. Ni los acontecimientos de la década de plomo de los 70, ni la reacción
posmoderna, con su énfasis en la vida cotidiana, ni el lenguaje icónico desarrollado en estas tres
décadas, con muchos de sus clichés, serían comprensibles sin el mayo francés, que se expresó en
el lenguaje situacionista.

No tiene sentido hablar, pues, de fracaso o éxito de la Internacional Situacionista. Como decían
en uno de sus textos de recapitulación: «la parte del fracaso de la IS es lo que normalmente se
considera su éxito: el valor artístico que se comienza a apreciar entre nosotros; la primera moda
sociólogica o urbanística que se adhiere a algunas de nuestras tesis; o simplemente el éxito
personal prácticamente garantizado para todo situacionista desde el día siguiente de su
exclusión». Esto está escrito en 1969, no ahora en 1997, cuando ya existe una abundante
bibliografía académica dedicada a desmenuzar el fenómeno y el anecdotario situacionista. Y
quizás es esta cáustica lucidez lo que produce irritación: en lo único que no acertaron es en
vaticinar la rapidez con que alcanzarían el éxito los ex-situacionistas. Pues es sólo hoy cuando
algunos de ellos empiezan a conseguir un cierto estatus dentro del ámbito de la cultura
convencional. De hecho, cuanto mayor fue su cercanía al epicentro del fenómeno, como ocurre
con Constant, uno de los fundadores de la IS, más difícil les ha sido alcanzarlo.

El éxito de la IS no está, pues, en que la Academia haya conseguido por fin, treinta años después,
deglutir algunas de sus propuestas y recuperar a algunos de sus protagonistas, como no está su
fracaso en el hecho de que la historia no haya desembocado en un «mundo de amos sin esclavos»
a través de una revolución en que lo colectivo y lo individual se fundieran en una estrategia
presidida por la pasión del momento presente. Porque el discurso político situacionista, a pesar
de sus cimientos marxistas, no estaba vertebrado en torno al determinismo histórico sino a la
pasión y la voluntad. La revolución que propugnaban no estaba regida por la promesa de que la
historia acabaría inevitablemente por ponerse de parte de los oprimidos, sino de que eso sólo
ocurriría si cada persona tomaba las riendas de su propio destino, arremetiendo contra todos
aquellos que se autoerigieran en sus salvadores. Sus demoledores análisis y propuestas no eran
profecías, sino invitaciones apasionadas a tomar al pie de la letra la promesa de libertad
contenida en el mito del progreso y a no dejarse engañar por las estrategias que ofrecía el viejo
mundo para conseguirlo. No se ofrecían como la vanguardia final, sino como el fin de todas las
vanguardias. No querían construir una nueva ideología, sino proponer herramientas para la
crítica de todas las ideologías. Hablar de fracaso de la IS no sería, en este sentido, sino otra forma
de constatar el fracaso del pensamiento emancipador occidental.

Sí que se puede, en cambio, asignar a la Internacional Situacionista, un éxito exclusivo en la


descorazonadora actualidad de sus análisis entre descarnados y sarcásticos, en la aterradora
clarividencia de su diagnóstico, basado en lo que ahora resulta evidente que eran tan sólo los
primeros indicios de la expansión imparable del reino de la mercancía y el pensamiento único.
Únicamente desde este punto de punto de vista tiene sentido revisitar el fenómeno situacionista.
Tratar de reducirlo a una más de las vanguardias artísticas herederas del dadaísmo es un
detournement historiográfico en absoluto inocente, tan poco inocente como el que ha conseguido
deslindar el constructivismo, el expresionismo, el mismo dadaímo y el surrealismo o de sus
objetivos subversivos y revolucionarios para convertirlos en material exquisito para la mesilla
del café.

Desde la negación de la cultura


En cualquier caso, la importancia y la singularidad del fenómeno reside precisamente en que la
propuesta de transformación de la realidad más verdaderamente radical que ha conocido esta
segunda mitad de siglo se haya generado, no desde el campo especializado del pensamiento o la
política, sino solamente desde la negación del arte y la cultura como prácticas separadas de la
vida cotidiana.

Para entender, pues, el verdadero alcance de la IS es imprescindible retornar a sus orígenes


`artísticos´ y a su primer período de existencia, el que transcurre entre 1957 y 1962 y que
constituye el banco de pruebas sobre el cual la IS elaboraría su discurso posterior, el que habría
de desembocar en la explosión del mayo del 68 y la posterior autodisolución del grupo en 1972
en un acto insólito de coherencia.

Tal como hace Greil Marcus en su cuasi-novela sobre los situacionistas, Rastros de Carmín, o
como en el palíndromo latino que da título a la penúltima película realizada por Guy Debord, In
girum imus nocte et consimimur igni, la historia podría comenzar por cualquier punto y discurrir
en uno u otro sentido: podría iniciarse con los Hermanos del Libre Espíritu en el 1300 o con un
concierto punk en el Londres de principios de los 80, en el Cabaret Voltaire dadaísta o en una
manifestación ácrata en el Madrid franquista, en el mayo de 1937 barcelonés o en el mayo de
1968 parisino. No obstante, la fecha de 1946 puede ayudar a simular esa imagen de objetividad
que se asocia con el recuento lineal de los hechos.

Matar a los padres


Recién terminada la Segunda Guerra Mundial y sobre los escombros de una Europa traumatizada
y exhausta, se producen en el campo de la cultura y la política las experiencias y acontecimientos
que contribuirán a la emergencia del singular fenómeno situacionista. Tres son las líneas
principales que habrán de confluir una década más tarde en la fundación de la Internacional
Situacionista el 28 de julio de 1957 en el diminuto pueblo italiano de Cosio d´Arroscia, y
corresponden a los tres padres que era preciso matar porque ostentaban de forma asfixiante la
hegemonía de la contestación al `viejo mundo´, una hegemonía conquistada durante el periodo
de entreguerras y ratificada por la derrota del fascismo en la segunda guerra mundial. Estos
padres despreciados porque se habían quedado cortos en sus promesas de crear un mundo
radicalmente nuevo eran el marxismo leninista, ya fuera en sus variantes estalinista o trotskista;
el surrealismo del gran Papa André Breton, aparentemente perdido en sus intentos de conciliar a
Marx y Freud y en sus indagaciones mágicas y esotéricas; y el Movimiento Moderno, el nuevo
credo arquitectónico y urbanístico surgido en los años 20, que ya había revelado en las
reconstruidas periferias europeas y en los programas de vivienda social de los primeros
momentos de prosperidad lo que podían dar de sí, una vez encauzados a través de las estrategias
capitalistas de producción del espacio, los seductores sueños técnico-geométricos de la Bauhaus
de Walter Gropius, Mies van der Rohe y Ludwig Hilberseimer, las límpidas formulaciones de la
Carta de Atenas y el «juego sabio y magnífico de los volúmenes bajo la luz» de Le Corbusier.

Es, de hecho, en torno a la deseada muerte de estos padres como se vertebran todos los
movimientos de contestación política y cultural que habrían de alcanzar el clímax a finales de los
sesenta. Paradójicamente, la base para perpetrar el golpe mortal consistirá en una vuelta a los
orígenes, al debate en torno al marxismo autoritario llevado a cabo principalmente en Alemania
antes de la muerte de Lenin en 1923, por una parte, y a las vanguardias más radicales surgidas en
el mismo país en plena revolución alemana de los consejos obreros, especialmente el dadaísmo y
el expresionismo, por otra.

Todos los protagonistas de aquella `reunión tumultuosa´ de la que habría de surgir la IS,
englobados fundamentalmente en sendos grupúsculos llamados respectivamente el Movimiento
por una Bauhaus Imaginista y la Internacional Letrista, tenían en común un historial de lucha
tormentosa en los tres frentes, representado a su vez por dos experiencias cruciales en el campo
del arte de vanguardia desarrolladas durante la inmediata posguerra, el grupo CoBRA y el
movimiento letrista, así como por su postura de rechazo al comunismo oficial y a la declaración
por parte de Moscú del realismo socialista como `arte revolucionario oficial´.
El leninismo en entredicho
Ungidos por el prestigio de su importante papel en la lucha contra el nazismo y el fascismo y por
la heroica resistencia rusa ante las tropas de Hitler, después de la guerra, los Partidos Comunistas
europeos volvían ser el referente para todas las fuerzas mayoritarias de izquierda. Las críticas a la
revolución soviética y al marxismo leninismo iniciadas en la Europa de entreguerras
principalmente en Alemania habían quedado en el olvido y la opción parecía ser tan sólo entre
sociademocracia y estalinismo, y era este difícil equilibrio el que trataban de mantener en Francia
Sartre, Camus, Aron y Merleau-Ponty en la revista Temps Modernes, fundada en 1946. El
troskismo, el único referente antiestalinista de la izquierda marxista, seguía afanándose desde el
asesinato de Trosky en 1940 por mantener el equilibrio entre la denuncia al régimen soviético,
calificado de `estado obrero degenerado´, y la fidelidad al marxismo -leninismo. Fue un grupo de
antiguos trotskistas, encabezados por el griego exiliado Cornelius Castoriadis y por Claude
Lefort quienes fundaron en 1949 la revista Socialismo o Barbarie y consiguieron cortar el nudo
gordiano, al identificar sin ambajes el sistema imperante en la Unión soviética como un nuevo
capitalismo de estado. Hegel, el joven Marx y sobre todo las obras de los marxistas no leninistas
Karl Korsch y George Luckacs son recuperados y leídos a la luz de los nuevos acontecimientos.
La experiencia y el debate en torno a la Revolución Española, las colectivizaciones y el
enfrentamiento en 1937 dentro del bando republicano entre el POUM y la CNT-FAI con el PSU,
y el asesinato de Andreu Nin por parte de agentes estalinistas pasarán a ocupar también un lugar
importante dentro de esta revisión del pensamiento marxista. La publicación en 1946 de Crítica
de la vida cotidiana del filósofo marxista, miembro del PCF, y antiguo surrealista Henri
Lefebvre inaugura un nuevo ámbito de análisis y práctica que habría de ser fundamental para las
tesis situacionistas.

Dentro del movimiento libertario, mientras tanto, también aparecen líneas y corrientes que tratan
de hacer frente a los aspectos más sectáreos y dogmáticos del pensamiento anarquista y de tender
puentes entre las diversas familias teóricas del socialismo: en Francia, Daniel Guerin lo intenta
ya desde finales de los años 40 a través de su propuesta de un marxismo libertario, en el que trata
de sintetizar la potencia del marxismo como herramienta de análisis con las prácticas
organizativas libertarias, basadas en la autogestión y el antiautoritarismo. Esta línea de reflexión,
coincidente en muchos puntos con el consejismo del holandés Anton Pannokoek, dará lugar a lo
largo de las décadas siguientes a una serie de pequeños grupos y publicaciones que contribuirán
en gran medida a la renovación del pensamiento anarquista y que ejercerán una importante
influencia en el mayo francés. Tanto Guerin como algunas de estas publicaciones, entre ellas
Noir et Rouge, donde militará Daniel Cohn Bendit, constituirán un referente constante para el
debate, en ocasiones encarnizado, dentro de la revista de los situacionistas.

Este magma efervescente que comienza a bullir en la posguerra por debajo de la izquierda
`oficial´ representada por los partidos socialista y comunista dará lugar a lo largo de las dos
décadas siguientes a un denso cuerpo de ideas, reflexiones y prácticas en continuo conflicto y
debate que se englobará en Europa bajo la etiqueta genérica de izquierdismo, en referencia a la
`enfermedad infantil` tan denostada por Lenin.

Dentro de este magma, tendrán un importante papel tanto la Revolución China y el maoísmo,
cuya fascinación se extenderá por Europa bajo la forma de una de la corrientes más mesiánicas
del izquierdismo, como los procesos de descolonización y las `guerras de liberación` del Tercer
Mundo.

Los hijos del surrealismo: la explosión COBRA


Todas estos debates políticos iniciados en la posguerra se reflejaban directamente entre las
vanguardias artísticas europeas, uno de cuyos referentes principales era el surrealismo de André
Breton, quien había roto con el partido en 1936 para aproximarse a las tesis trotskistas, tratando
al mismo tiempo de conciliar el marxismo con las enseñanzas de Freud. Sin embargo, los
jóvenes surrealistas, algunos de los cuales habían participado en la resistencia en las filas del
PCF, no estaban dispuestos seguir al gran Papa del surrealismo en lo que consideraban
indagaciones mágicas y esotéricas, y las facciones francesa y belga se escindieron para formar el
movimiento surrealista revolucionario en 1947. El poeta Christian Dotremont (1922-1981),
influido por Gaston Bachelard e impresionado por el recién publicado libro de Lefebvre, será
uno de sus principales impulsores en Bélgica. No tardaron en apoyarle, por una parte, el pintor
danés Asgern Jorn (1914-1973), principal figura del grupo de pintores, arquitectos y escritores
Host que se reunían en torno a la revista Helhesten, publicada en Copenhague entre 1941 y 1944
y por otra, el holandés Constant (1920), quien fundó en Amsterdam en 1948 el grupo Reflex y la
revista del mismo nombre, junto con Karl Appel, Corneille y otros artistas que, posteriormente,
habrían de alcanzar gran renombre y cotización en el mundo del arte moderno institucionalizado.
Tanto Constant como Jorn tenían en común, entre otras cosas, unos orígenes anarco-sindicalistas,
a pesar de su militancia en el partido comunista durante la resistencia, y una concepción del arte
cercana al romanticismo y el expresionismo. Serían estos ingredientes los que, dentro de una
noción inspirada en parte en la Gesamtkunstwerk (obra de arte total) goethiana de la primera
Bauhaus y en las concepciones sobre el arte colectivo del socialismo utópico, darían lugar en
noviembre de 1948 al grupo CoBRA, cuyo nombre provenía de las iniciales de las tres capitales
(Copenhague, Bruselas y Amsterdam) donde actuaban los tres grupos fundadores. Las
condiciones previas a la Guerra Fría permitieron que en un principio participara incluso el grupo
checo Ra, pero la represión en el país impidió continuar toda colaboración. Organizado en torno
a la revista del mismo nombre e impulsado principalmente por Dotremont, Jorn y Constant,
CoBRA llegó a contar con cerca de cincuenta miembros entre pintores, arquitectos, etnólogos,
poetas y filósofos de diez países, unidos por el convencimiento de hallarse en un periodo de
transformación revolucionaria y por su fascinación por el arte popular y colectivo y las formas de
expresión de los niños y los pueblos mal llamados primitivos. En su manifiesto fundacional,
firmado por Constant Nieuwenhuys, proponían un arte revolucionario que prefigurara un mundo
nuevo y criticaban la esclerotización del surrealismo oficial. Estas mismas convicciones serían
las que llevarían a aquellos de sus miembros que militaban en el partido comunista a romper con
él cuando el realismo socialista quedó santificado como arte oficial por Stalin. En su corta vida,
pues el grupo se disolvió en noviembre de 1951, el grupo desplegó una actividad frenética en
todos los campos, pero su momento culminante fue la exposición que se organizó en noviembre
de 1949 en el Stedjlik Museum de Amsterdam con montaje del luego famoso arquitecto
`estructuralista` Aldo van Eyck y en la que participaron todos los miembros, entre ellos los
propios impulsores y Karel Appel, Alechinsky y Corneille. Los intentos en 1958 de resucitar el
movimiento, reducido ya a al ámbito de lo artístico, fueron denunciados como reaccionarios por
Jorn y Constant ya desde la IS en un famoso artículo llamado `Los amigos de COBRA`.

La herencia de Dadá
En París, mientras tanto, el poeta rumano de origen judío Isidore Isou (nacido en 1925) y el
francés Gabriel Pomerand (1926) irrumpían en el mundo cultural de posguerra con su
Movimiento Letrista, concebido deliberadamente como la siguiente fase histórica en el proceso
de destrucción del lenguaje iniciado por la explosión Dadá. Impulsado por la personalidad
megalómana y las teorías delirantes de Isou, el movimiento habría de atraer a varios jóvenes
radicales de la bohemia de posguerra. En 1950, Jean Louis Brau (1930), Gil J. Wolman (1929) y
Maurice Lemaitre (1926) pasaron a formar parte del grupo, al que se uniría en 1951 Guy-Ernest
Debord (1931). Inicialmente centrado en la poesía, el grupo no tardó en volcar toda su energía en
el lenguaje cinematográfico. Entre 1951 y 1952, nada menos que siete películas experimentales,
desde `Traité de bave et eternité (Tratado de baba y eternidad)´ realizado por Isou con fotofijas y
colas de películas rayadas, que consiguió el Premio de la Vanguardia en el Festival de Cannes de
1951 gracias a Jean Cocteau, hasta `Hurlements en faveur de Sade (Gritos en favor de Sade)´, la
primera película de Debord, en la que la pantalla completamente negra se tornaba blanca para
acompañar el diálogo que sonaba esporádicamente. En 1952, el sector más radical del
movimiento letrista, formado entre otros por Guy Debord, Michel Bernstein, Serge Berna y Gil
Wolman rompió definitivamente con Isou, a raíz de la irrupción de aquéllos en una rueda de
prensa de Charles Chaplin en la que repartieron panfletos donde entre otras cosas le
denominaban `insecto fascista´. Imposible de asumir por parte de Isou, para quien Chaplin era
un genio del lenguaje cinematográfico, esta intransigencia frente al progresismo
bienintencionado y conformista se convertirá en otro de los rasgos del discurso situacionista.

La Internacional Letrista, nombre bajo el que se agruparon los disidentes, constituye el


laboratorio donde se forjaron los conceptos clave de la IS, y su andadura entre 1952 y 1957 sería
un referente constante durante la primera etapa de esta última. Su carácter de experiencia seminal
quedaría reflejado posteriormente en el libro `Memoires´, una suerte de cuaderno de bitácora de
la IL realizado en 1959 a base de técnicas de detournment por Guy Debord y Asgern Jorn. Un
texto decisivo de la Internacional Letrista fue `Formulario para un nuevo urbanismo´, escrito en
1953 por el joven ruso de diecinueve años Ivan Chtcheglov bajo el seudónimo de Gilles Ivain, en
el que aboga por una construcción global de la ciudad en la que la técnica se ha de poner al
servicio del deseo: «La arquitectura es el medio más simple de articular el tiempo y el espacio,
de modular la realidad, de hacer soñar... la arquitectura del mañana será pues un medio de
modificar las concepciones del tiempo y el espacio. Será un medio de conocimiento y un medio
de actuación. El complejo arquitectónico será modificable. Su aspecto cambiará en parte o
totalmente siguiendo la voluntad de sus habitantes...». El texto hacía referencia a otro de los
conceptos fundamentales, desarrollado éste principalmente por Debord, el de `deriva´, inspirado
en la flânerie baudelairiana, en el Nadja de Breton, en el pasaje de `Confesiones de un comedor
de opio inglés´ en el que Thomas de Quincey describe su búsqueda desesperada por el Londres
decimonónico de su `pobre Ann´ y en las propias correrías y vagabundeos sin rumbo fijo de los
letristas por los barrios de París. De connotaciones náuticas, el término describe un modo de
`lectura global´ de la ciudad basado en el azar y el deseo, en la experiencia directa y la
interacción con los ambientes y los espacios. El propio Debord lo desarrollaría en un texto
publicado en 1955 en la revista surrealista Les levres nues, en el que introduciría el término
`psicogeografía´ para referirse a esta forma de experiencia de la ciudad. A partir de estos
conceptos y del texto del visionario Chtcheglov, quien se alejaría de los letristas para acabar
encerrado en un manicomio, la IL desarrolló su concepto de `urbanismo unitario´, concebido
como respuesta y alternativa al de la Carta de Atenas. El título del boletín de los letristas
radicales, Potlatch, una palabra indígena que indica los grandes ceremoniales de destrucción y
despilfarro de riquezas de los indios de la costa noreste de Canadá y Alaska, revela otra de las
conceptos fundamentales en torno a los cuales habría de vertebrarse el discurso situacionista.
Descrito por los antropólogos Franz Boas y Marcel Mauss, este fenómeno cultural había
fascinado tanto al pensador Georges Bataille, quien lo desarrolló en su obra `La parte maldita´,
como a Claude Lefort y sus compañeros de `Socialismo o Barbarie´, pues ofrecía una base
antropológica y sociológica a sus indagaciones en torno a la aplicación de las nociones de
propiedad, gasto, consumo, fiesta y placer a una nueva organización colectiva de la sociedad.

Los conflictos de Argelia e Indochina, en los que Francia estaba plenamente implicado en
aquellos momentos, la destrucción de algunos enclaves parisinos considerados por los letristas
como plenamente `psicogeográficos`, el nouveau roman, todos los temas del arte, la cultura y la
política se dan cita en una hoja volandera pobremente mecanografiada, sin ilustración ninguna y
de aparición cada vez menos regular. El sarcasmo, la radicalidad, la contundencia y la elegancia
de estilo caracterizan aquel panfleto del que aparecen 22 números y que presagia el carácter de la
revista Internationale Situattioniste. De hecho, el último número de Potlacht se anuncia como
boletín de la IS, y en el primero de la revista situacionista se hacen referencias a los textos
letristas.

Más allá de la Bauhaus


El urbanismo y la arquitectura eran también el centro de las preocupaciones de Asgern Jorn,
quien en 1953, tras pasar dos años en el hospital con Christian Dotremont recuperándose ambos
de la tuberculosis ya disuelto el grupo CoBRA, había entrado en contacto con Max Bill,
embarcado por entonces en la constitución de una nueva Bauhaus en Ulm. Sin embargo, la
absoluta contradicción entre los puntos de vista de ambos y el horror de Jorn ante el frío
geometrismo y el concepto de diseño industrial de Bill le llevó a fundar en 1953 el denominado
Movimiento por una Bauhaus Imaginista. Para ello se puso en contacto con otro grupúsculo
vanguardista, el movimiento por un Arte Nuclear, liderado por los pintores italianos Enrico Baj
(1924) y Sergio Dangelo (1932), y con otros varios artistas de vanguardia, entre ellos el
arquitecto Ettore Sotsass. De todos estos contactos surgió en 1954 la Reunión Internacional de
Cerámica, celebrada en la ciudad italiana costera de Abisola y a la que asistieron entre otros
Appel, Baj, Corneille, Dangelo, Fontana, Koenig. La pequeña ciudad italiana, en la que Jorn
había de vivir hasta su muerte, se convirtió en un núcleo de actividades artísticas radicales. Aquí
fue donde el pintor danés entró en contacto con otros de los personajes fundamentales en el
periodo formativo de la IS, el italiano Pinot-Gallizio, un farmacéutico y químico que había
abandonado su profesión para dedicarse al arte experimental con su colaborador el filósofo Piero
Simondo, en su estudio instalado en un antiguo convento. Antiguo partisano antifascista y
representante municipal de la comunidad gitana de su pequeño pueblo de Alba, compartía con
Jorn muchos de sus intereses, lo cual les llevaría a crear juntos el Laboratorio Experimental de
Alba en 1956. Por otra parte, el contacto con los gitanos supuso para Constant, cuando acudió
allí al año siguiente, unas de la principales fuentes de inspiración para su proyecto de ciudad
nómada New Babylon.

Confluencia de intereses: la internacional radical


Organizado por Jorn y Pinot-Gallizio, entre el 2 y el 8 de septiembre de 1956 tuvo lugar en Alba
el grandilocuentemente llamado `Primer Congreso Mundial de Artistas Liberados´, al que
asistieron Simondo, Baj, Constant y Gil J. Wolman, este último como representante de la
Internacional Letrista. En esta reunión habrían de establecerse las bases comunes para la
fundación de la Internacional Situacionista el año siguiente. Eran muchos, como se ha visto, los
vínculos entre los letristas, por una parte y Pinot-Gallizio, Jorn y Constant, por la otra: la
concepción del arte como una actividad colectiva directamente ligada a la transformación
revolucionaria de la sociedad; el papel principal del juego y del gasto en esta transformación,
uniendo la noción de homo ludens del filósofo Huizinga, muy presente en Constant, con la de
potlatch de los letristas; la lectura de la ciudad como escenario principal del cambio y del
urbanismo como actividad unitaria destinada a convertirla en espacio del deseo y la vida
liberada; la oposición tanto al surrealismo ortodoxo como a las versiones estalinista y trotskista
del marxismo-leninismo, sin renunciar al propio marxismo. Las condiciones estaban maduras,
pues, para el inicio de la experiencia situacionista.

La fundación de hecho de la Internacional Situacionista tuvo lugar el 28 de julio de 1957, en el


pueblo italiano de Cosio d´Arroscia. Debord, Jorn, Constant, Bernstein y Pinot-Gallizio son sus
principales impulsores. El propio concepto `construcción de situaciones´ en torno al cual se
vertebra toda la experiencia, ha sido desarrollado por los letristas dentro de la revista Potlacht y
constituye la base conceptual del documento presentado por Guy Debord a la conferencia de
fundación para su debate: Rapport sur la construction des situations et sur les conditions de
l´organisation et de l`action de la tendance situationniste internationale. El concepto sintetiza en
un solo término el objetivo perseguido por todas las vanguardias de las que se declaran herederos
los situacionistas: borrar los límites entre vida cotidiana y arte a través de la creación de
ambientes momentáneos que pongan de manifiesto las cualidades pasionales de la existencia,
revelando de esa forma la alienación y la miseria de la vida de pasividad, de no intervención, de
mero espectáculo, que impone el `viejo mundo´.

En torno a este concepto se enhebran en el texto, adoptado por todos los participantes como
documento fundacional, el conjunto de análisis y propuestas que, a modo de programa transitorio
o «plataforma de oposición provisional», constituirán la estrategia situacionista futura. El papel
central de la vida cotidiana en esta estrategia se explicita una y otra vez en el texto: «Deseamos el
cambio más liberador para la sociedad y para la vida en las que nos hallamos encerrados»; «una
acción revolucionaria en el campo de la cultura no tendría como objetivo traducir o explicar la
vida, sino ampliarla. Hay que hacer retroceder la infelicidad en todas partes» y, sobre todo,
«Debemos oponer concretamente, en toda ocasión, a los reflejos del modo de vida capitalista,
otros modos de vida deseables; destruir, a través de medios hiperpolíticos, la idea burguesa de
felicidad». Sin embargo, también se recalca que, para llevar a cabo este programa no hay que
caer en los errores de las anteriores vanguardias de las que los situacionistas se declaran
herederos -«el futurismo italiano se descompuso (effondra p.690 IS), desde el nacionalismo al
fascismo, sin alcanzar nunca una visión teórica más completa de su época»; «la disolución casi
inmediata del dadaísmo era necesaria debido a su definición enteramente negativa»; «el error que
se encuentra en la raiz del surrealismo es la idea de la riqueza infinita de la imaginación
inconsciente. La causa del fracaso ideológico del surrealismo es haber creido que el inconsciente
era la gran fuerza, descubierta al fin, de la vida p. 691 IS»- ni de las experiencia inmediatamente
anteriores a la IL, el MIBI y lo demás grupúsculos presentes en aquella primera conferencia:
«...la falta de rigor ideológico [de CoBRA], el aspecto principalmente plástico de sus
indagaciones, la ausencia sobre todo de una teoría global de las condiciones y las perspectivas de
su experiencia supusieron su dispersión», «... habiendo admitido de forma general [el grupo
letrista] que las disciplinas estéticas debían adoptar un nuevo arranque dentro de un marco
similar al antiguo, este error idealista limitó sus producciones a algunas experiencias risibles». Es
este énfasis en el rigor ideológico y en la necesidad de una teoría lo que otorgará a la IS su
carácter singular y su densidad conceptual. La teoría, por otra parte, se concibe como una
construcción continua de carácter colectivo e íntimamente ligada al programa y la acción:
«Debemos definir colectivamente nuestro programa y realizarlo de una manera disciplinada, por
todos los medio, incluso los artísticos». En esta formulación se presagia y resume el debate entre
las tendencias `políticas`y `artísticas` que habrán de marcar el primer periodo de la IS.

1957- 1961: efervescencia formal


Desde el momento de su fundación en 1957 hasta 1962 se inicia el primer periodo de la IS,
marcado por el predominio de las actividades radicales dentro del frente artístico. Se trata de una
fase especialmente fecunda, en la que los situacionistas tratan por todos los medios de traducir a
formas y texturas, a objetos y acciones, cada uno de sus conceptos claves, poniendo en común e
hibridando todas las herramientas puestas a punto en cada uno de los grupos de origen de sus
miembros. El letrismo de Debord y el informalismo de Jorn se unen en sendos libros-collage
realizados conjuntamente: Memoires, donde se rememora la experiencia de la Internacional
Letrista y Fin de Copenhague; el propio Debord prosigue con sus experimentos
cinematográficos con Sur le passage de quelques personnes à travers une assez courte periode
de temps (1959) y Critique de la separation (1961); Asgern Jorn y Michele Bernstein
`tergiversan´ cuadros banales adquiridos en mercados de viejo; Pinot-Gallizio desarrolla su
concepto de pintura industrial, produciendo enormes rollos continuos de lienzo para vender por
retales con usos múltiples.
El concepto fundamental en torno al cual giran la mayor parte de estas actividades es el de
detournement (tergiversación), actividad mediante la cual se interviene sobre el material
existente (gráfico, pictórico, fotográfico, fílmico, escrito), sometiéndolo a un proceso de
decodificación que revele sentidos ocultos o nuevos. El mecanismo del chiste estudiado por
Freud, basado en el efecto sorpresa que genera la colisión entre materiales aparentemente
contradictorios, el encuentro del paraguas y la máquina de escribir sobre la mesa de operaciones
de Lautremont y la escritura automática de los surrealistas, un método destinado también a hacer
emerger los sentidos ocultos, están detrás de la noción, pero a los situacionistas no les interesa
tanto la emergencia de lo subconsciente como el desvelamiento de los mecanismos de alienación,
y en esto su concepto se acerca más a la teoría del montaje utilizada por el cine revolucionario
soviético, desarrollado a su vez a partir de la dialéctica hegeliana y del estudio de los ideogramas
chinos. Partidarios, por otra parte, de un arte colectivo que supere la noción de arte burgués
comercializable y la figura del artista como especialista sacralizado, los situacionistas propugnan
el plagio y la iconoclastia como herramientas de intervención en el frente del arte.

Simultáneamente Constant, quien ha abandonado progresivamente la pintura para volcarse cada


vez más en el urbanismo y la arquitectura, trata de traducir a una propuesta formal la noción de
urbanismo unitario a través de su proyecto visionario bautizado como Nueva Babilonia, en el que
se funden las nociones de nomadismo y deriva, la imagen del laberinto, la arquitectura móvil y
efímera construida a partir de las sensaciones y el deseo. El proyecto, al que dedicará diez años y
que acabará alejándole de los objetivos de la IS, se plasma en un conjunto de maquetas y planos
psicogeográficos, con los que propone la creación de una suerte de megaestructura móvil que
crezca y se superponga al tejido de la ciudad existente, facilitando nuevos usos de la misma. Las
descripciones de Chtechglov de una ciudad en movimiento a través de la jungla y las propuestas
situacionistas de reutilización de las azoteas, el metro y los espacios públicos forman parte
también del núcleo de la propuesta. Dentro del ámbito de lo urbano, otras actividades son las
derivas psicogeográficas documentadas a base de textos y fotografías por el situacionista inglés
Ralph Rumney, uno de los fundadores de la IS, y del argelino Abdelhafid Khatib, por Venecia y
París respectivamente.

Todas estas propuestas, así como las acciones, declaraciones y actividades de los situacionistas
se plasman en lo que habría de convertirse progresivamente en el núcleo principal de la
experiencia y el epicentro desde el que habría de difundirse la onda expansiva de la explosión
situacionista: la revista International Sittuationiste, un cuaderno tamaño cuartilla de cuya edición
francesa habrían de aparecer 12 números entre junio de 1958 y septiembre de 1969.
Impecablemente impresa, con fotos en blanco y negro y un texto apretado y denso maquetado
convencionalmente, la revista tenía el aspecto inofensivo de un boletín filosófico o parroquial.
Tan sólo las tapas de cartulina metalizada en colores vivos y el contenido inquietante o
desconcertante de algunas imágenes revelaba antes de penetrar en los textos las `verdaderas
intenciones´ provocadoras de sus promotores. La palabra que se encerraba entre aquellas tapas,
sin embargo, no dejaba el menor lugar a dudas respecto a estas intenciones: una mezcla
explosiva de causticidad y hermetismo, de deslumbrante lucidez en los análisis y crueldad
deliberada en las descalificaciones, un uso sistemático de la inversión del genitivo hegeliana (de
la filosofía de la miseria a la miseria de la filosofía), eran las características de un inconfundible
`estilo situacionista´ que generaba irritación y fascinación en dosis iguales y que no tardó en
extenderse como un virus entre los ambientes estudiantiles e intelectuales más radicales, atraídos
por un discurso que dinamitaba y denunciaba desde dentro el habitual lenguaje panfletario de la
izquierda y parodiaba el mesianismo vociferante de los manifiestos de las vanguardia artísticas.

Este primer período de expansión, durante el que Pinot-Galizio y su hijo Melanotte, Asgern Jorn
y Constant realizan varias exposiciones en diversos puntos de Europa y la IS en conjunto prepara
otra en el Stedjlik Museum de Amsterdam que no llega a realizarse, se traduce en una imparable
actividad situacionista que atrae a otros grupos radicales de dentro del ámbito del arte. La
experiencia comienza así a adquirir un carácter verdaderamente internacional, y aparecen
versiones de la revista en Italia, Inglaterra y Estados Unidos, aunque es en Alemania y
Dinamarca donde se crean los focos más activos. En el primero de estos dos países, es la revista
Spur, aparecida en agosto de 1960, muy próxima a los planteamientos de Jorn y Constant, la que
habría de convertirse en plataforma del movimiento situacionista, aunque con un enfoque mucho
más volcado en la contestación artística, al igual que el grupo danés, impulsado por el hermano
de Jorn, Jorgen Nash. Las diferencias entre este enfoque y el cada vez más volcado en la política
del núcleo francés van haciéndose más acusadas y ello se refleja en los sucesivos congresos
anuales situacionistas que se van celebrando: el segundo en París (1958), el tercero en Múnich
(1959), el cuarto en Londres (1960),el quinto en Göteborg (1961) y el sexto en Amberes (1962).

Ya casi desde los primeros momentos, esta diferencia comienza a traducirse en la retahíla de
expulsiones, dimisiones y exclusiones que, en la mejor tradición de las vanguardias del siglo,
comienzan a caracterizar el trayecto de la IS: Olmo, Simondo, Verrone y Rumney, todo ellos
fundadores, son excluidos en 1958, Constant dimite en 1960 y Jorn lo hace al año siguiente. Esto
aceleró la ruptura entre ambas facciones que se hizo definitiva tras el congreso de Goteborg de
1961 y la expulsión del grupo Spur. En marzo de 1962, Jorgen Nash y la sección danesa crean la
Segunda Internacional Situacionista, que habría de publicar la revista Drakabygett. El grupo
alemán y el danés siguieron colaborando en una serie de actividades exclusivamente centradas en
el campo del arte experimental, aunque manteniendo en sus textos los aspectos externos del
característico `estilo situacionista´.

A la decantación del discurso político de la IS desde las posturas más convencionalmente


izquierdista de todos sus miembros hacia la crítica virulenta y demoledora de la cultura y la
ideología que habría de cimentar la fama de la IS contribuyeron numerosos factores, además de
la propia personalidad de Guy Debord y del carácter del proyecto radical asumido por él sin
concesiones. Uno de no poca importancia fue el seminario de sociología celebrado por Henri
Lefevbre, con la colaboración de Jean Baudrillard, en Nanterre durante el curso de 1957-58, al
que asistieron Guy Debord, lector minucioso de Lukaks, sobre todo de sus textos sobre la
`alienación´, y el joven filósofo belga Raoul Vaneigem, quien pasaría a convertirse en una figura
esencial de la IS a partir de su entrada en la misma en 1961, contribuyendo a acelerar su
alejamiento de toda actividad `artística´. Este seminario, así como los planteamientos del
brillante Vaneigem, más cercanos a Nietszche y al anarquismo individualista radical de Max
Stirner, y el fugaz acercamiento de Debord a Socialismo o Barbarie a través de Cornelius
Castoriadis, fueron elementos esenciales en la trayectoria que habría de emprender a partir de
entonces la IS en su búsqueda de una coherencia en la contestación al viejo mundo. El otro
elemento esencial que contribuiría a acabar de perfilar el discurso teórico situacionista, sería la
propia experiencia adquirida sobre los límites de la actuación en el ámbito del arte durante esta
primera etapa de la IS.

Epílogo: más allá de las ciudades


No cabe duda de que la fama y el aura mítica de la Internacional Situacionista habrían de
construirse durante sus dos etapas posteriores, la correspondiente a 1962-1967, de maduración y
perfilamiento del discurso político, y el periodo final, entre 1968 y su mitificada `autodisolución´
en 1972, caracterizado por un primer momento de triunfalismo ante la evidente constatación de
que habían sido los únicos capaces de vaticinar y `explicar´ la explosión de mayo del 68, seguido
del desánimo ante la no menos evidente constatación, ésta no vaticinada, de que la mecha no
había prendido y de que el sistema había sabido reaccionar ante la provocación con una tremenda
violencia que habría de llegar a su cénit en Europa durante los llamados `años de plomo´. Fue
precisamente durante estos años oscuros cuando, ya disuelta la IS, el germen de sus ideas
comenzó a penetrar transversalmente por todos los estratos del escenario cultural, sirviendo de
base tanto para las tesis más vacías del pre-posmodernismo, de acicate para remover los cada vez
más anquilosados mecanismos de la izquierda autoritaria y burocrática y de germen vertebrador
de los discursos muchas veces amorfos producidos en el rico magma contracultural.

Sin embargo, esta enorme influencia posterior de la Internacional Situacionista no se entendería


sin esta fase inicial de puesta a prueba y maduración de las tesis esbozadas en años anteriores
desde el ámbito del arte de vanguardia, pues constituyen la base de experiencia práctica sobre la
que se construye posteriormente el discurso situacionista más lúcido y menos asimilable, el
elaborado principalmente por Guy Debord y Raoul Vaneigem a partir del concepto fundamental
de `espectáculo´, y cuyas dos obras claves, publicadas ambas en 1967, serían precisamente `La
sociedad del espectáculo´ de Debord y `Tratado de saber vivir para uso de las jóvenes
generaciones´ de Vaneigem, libros de culto del mayo del 68.

En el núcleo de ese discurso de madurez se emplaza la constatación, intuida principalmente por


Debord en aquel periodo inicial y ratificada ampliamente por la historia tanto en el caso de las
vanguardias anteriores como en el de la IS, de que la producción de cualquier objeto material,
por radicales y antiespectaculares que hubieran sido las intenciones de su `autor´ al generarlo, no
era sino un episodio más dentro de la historia del espectáculo. Desde esta perspectiva, puede
entenderse, ya que no justificarse, el historial de expulsiones, dimisiones y alejamientos que se
producen casi desde el año siguiente de la fundación de la IS como la única vía posible para
mantener los objetivos iniciales de la propuesta situacionista en toda su ambición de absoluta
radicalidad.

Nadie mejor que el propio Debord para poner punto final a este texto y exponer de forma
sintética, con su mezcla de lucidez y petulancia, el trayecto que hemos tratado de seguir aquí
desde el ámbito de la cultura y el urbanismo hasta el de la contestación global al sistema:

«Es sabido que inicialmente los situacionistas deseaban como muy poco construir ciudades, el
entorno adecuado para el despliegue ilimitado de nuevas pasiones. Pero, naturalmente, esto no
era posible y nos vimos obligados a hacer mucho más» (1972, en el texto homenaje a su amigo
fallecido Asgern Jorn, Sobre la arquitectura salvaje)

Madrid, 1997-1998
ANEXO 1
La recuperación espectacular: exposiciones y catálogos
Ocurre con la Internacional Situacionista un fenómeno que ha hecho más difícil su inevitable y
anunciada integración dentro de los circuitos de la cultura convencional y la aplicación de las
metodologías académicas al uso para el análisis de las vanguardias artísticas y políticas del siglo
XX: a modo de un virus informático, la esencia deliberadamente antiespectacular de su discurso
teórico se activa ante cada intento de recuperación y obliga a un proceso de tergiversación
(detournement) del mismo que siempre acaba por hacerse manifiesto de algún modo y además,
en los propios términos del mecanismo integrador. No se trata de un fenómeno accidental, claro
está, sino que los propios situacionistas, muy conscientes de su papel en el curso de los
acontecimientos y verdaderos `expertos´ en el desvelamiento de tales mecanismos, fueron
quienes introdujeron este virus en toda su producción teórica a partir del momento en que fueron
conscientes de sus riesgos. Y así, las críticas más lúcidas al discurso situacionista y las
previsiones más certeras con respecto a su futuro siguen encontrándose entre los propios textos
de la IS, o han sido hechas recurriendo a los instrumentos de análisis puestos a punto por sus
miembros.
Muy conscientes de esto, Peter Wollen y Mark Francis, los
comisarios de la primera exposición convencional sobre los situacionistas que se realizó en 1989
en el Centro Pompidou y el ICA de Boston, aceptaron sin ambajes la contradicción inherente a
realizar una muestra museística sobre una experiencia radical cuyo carácter mítico se había
forjado en el campo de la crítica global al sistema considerado como espectáculo y optaron por la
única solución posible: recurrir, por una parte, a los materiales formales producidos en el primer
y corto periodo fundacional de la IS, perfectamente asimilables con cualquiera de las
producciones convencionalemente vanguardistas ya integradas desde hace mucho tiempo en el
discurso académico, y por otra, a una selección sesgada de las realizaciones en el campo del arte
incluidas de algún modo en la onda expansiva de la explosión situacionista (Jamie Reid, Gordon
Matt-Clark, Jenny Holzer, Barbara Kruger, Cindy Sherman, Richard Prince, Robert Longo,
Krzysztof Wodiczko). Entre ambos, el `soporte físico´ de la ideas situacionistas del periodo más
fecundo (la propia revista Internacional Situacionista, panfletos, pasquines y boletines), se
exhibía con un mínimo de material interpretativo, dejando esa labor para el catálogo, que ha
quedado como uno de los documentos imprescindibles para aproximarse al fenómeno
situacionista. A pesar de esta aproximación cautelosa al hueso situacionista, representada por la
introducción claramente autojustificatoria de Elizabeth Sussman en el catálogo, la exposición no
pudo evitar ser contestada y denunciada por nostálgicos y radicales. Una huelga general de
museos vino a añadir otra nota `situacionista´ a la andadura de aquella exposición inaugurada, al
fin y al cabo, en el epicentro parisino del fenómeno situacionista y a pocos metros de donde se
había levantado uno de sus lugares míticos para sus `derivas´, el mercado de Les Halles.
Una vez abierto el fuego en la tarea de integración del fenómeno situacionista, la exposición que
actualmente presenta el MACBA en Barcelona hasta el 6 de enero de 1997, organizada a través
del Departamento de Arquitectura del museo por su director Xavier Costa y por Libero Andreotti
en una instalación diseñada por Enric Miralles y Elías Torres, ya no se plantea ninguna
contradicción al respecto y da un paso más en el ejercicio de detournement, centrándose
claramente en uno de los fundadores de la IS, el holandés Constant y en particular en el proyecto
urbanístico-arquitectónico New Babylon en el que trató de explorar y plasmar uno de los
conceptos situacionistas fundamentales, el llamado `urbanismo unitario´. Los cuadros
tergiversados de Asgern Jorn, los rollos de pittura industriale de Pinot-Gallizzio, los fragmentos
de películas del letrista Maurice Lemaitre y de Guy Debord, y el material textual letrista y
situacionista, organizado sobriamente sobre unas laberínticas mesas de madera que tratan de
evocar una exposición situacionista en el Museo Stedjlik que no se llegó a realizar, se ofrecen
deliberadamente como material de acompañamiento a las, por otra parte, interesantes maquetas,
planos y cuadros de Constant que constituyen el núcleo de la exposición. Esta operación,
justificable y legítima en parte por el hecho de haber sido ejecutada desde el ámbito de la
arquitectura y por el propio interés que tiene por sí misma la figura del artista holandés, es
historiográficamente dudosa al presentarse bajo la ambigua etiqueta `Situacionistas´, que induce
al espectador no enterado a considerar que la experiencia de la IS fue fundamentalmente la de
una vanguardia `artística´ y a otorgar a Constant una importancia dentro de la misma que
históricamente no tuvo durante el largo periodo de maduración y fecundidad ideológica de la
organización. Los breves textos dispersos no ayudan a compensar este desequilibrio ni a sacar de
su desconcierto al visitante que no quiera recurrir al catálogo. Éste, por otra parte, aunque
indudablemente lleno de interés, se incluye dentro de la ya abundante literatura académica sobre
los situacionistas y carece de la `tensión´ intelectual y la visión más global que hacían tan
atractivo el editado en 1989. Impresindible es, sin embargo, la magnífica selección de textos
originales letristas y situacionistas editados como complemento del catálogo de dicha exposición,
la gran mayoría de ellos inéditos hasta entonces en castellano.
Y, sin embargo, la historia y la andadura de la Internacional Situacionista, ya que no la
interpretación y la valoración sobre la importancia de sus actividades y sus ideas dentro del
panorama de esta segunda mitad de siglo, responden, como hemos visto, a unas pautas
relativamente lineales fácilmente comunicables. Los propios situacionistas, por otra parte, se
encargaron muy bien de dejar bien documentadas sus actividades, dentro de su característico
afán autopublicitario, no completamente paródico, por dejar constancia de su importancia para el
desarrollo futuro de la Historia. Así, la edición facsímil de los 12 números de su revista, de la que
se han extraído diversas antologías de sus textos, y las dos obras cruciales escritas ambas en
1967, justo antes de la explosión del mayo francés, La sociedad del espectáculo de Guy Debord
y el Tratado de saber vivir para uso de las jóvenes generaciones de Raoul Vaneigem, son el
material imprescindible para acceder directamente al discurso situacionista. En el campo de la
interpretación, los catálogos de las dos exposiciones (On the passage of a few people through a
rather brief moment in time: the Situationist International 1957-1972 (1989) y Situacionistas
(1996), junto con el editado, con tapas de papel de lija, por el ICA londinenese para la primera de
las dos, An endless adventure... an endless passion... an endless banquet), así como `The assault
on culture: utopian currents from lettrismme to class war´, de Stewart Home y el ya clásico
`Rastros de Carmín´ de Greil Marcus, son los textos más importantes.
ANEXO 2
Los situacionistas: cuestionario banal (o todo lo que Marta Hanecker nunca quiso saber
sobre los situacionistas)

¿Qué fue la Internacional Situacionista?

Fundada en 1957, fue un colectivo formado inicialmente por artistas radicales de varios países
unidos por un común origen básicamente surrealista y unos objetivos de transformación
revolucionaria de la sociedad dentro de la tradición de las vanguardias político-artística de
entreguerras. Aunque en su primera época tanto sus actividades como sus análisis se centraron
básicamente en el ámbito de la contestación al arte, el discurso directamente político y de crítica
radical a la cultura en todos los campos fue adquiriendo cada vez más preponderancia dentro de
su principal órgano de difusión, la revista Internationale Situationniste. Sus ideas, inmersas
dentro del debate ideológico en torno al marxismo, así como sus novedosos métodos de agitación
y propaganda, basados en una íntima comprensión de los mecanismo mediáticos, ejercieron una
profunda influencia en el movimiento estudiantil francés de mayo del 68. En 1972, considerando
cumplidos sus objetivos y muy reducida en número de miembros, la I.S. se autodisolvió.

¿Cuáles son los elementos básicos del discurso situacionista?

La deriva y el urbanismo unitario: campos de experimentación para la lectura de la realidad.


El inicio de la construcción de un discurso cuya mayor importancia reside en la constatación de
que el modelo final del capitalismo avanzado es fundamentalmente urbano.

La tergiversación (detournement): el desarrollo de un método global de decodificación del


discurso dominante en todas sus manifestaciones. Un método que, partiendo del ámbito de las
formas, se extiende también al de las ideas y los discursos.

La crítica de la vida cotidiana: el eje central del discurso situacionista, fuertemente influido por
Henri Lefevbre. El único rasero con el que medir el carácter progresista o reaccionario de todo
discurso o propuestas social es la vida cotidiana. Sólo desde la consciencia de que el tiempo de
ocio está tan colonizado como el tiempo de trabajo por los mecanismos de mercado y que, por lo
tanto, su miseria es equiparable, se puede aspirar a transformarla realidad.
La crítica de la ideología, entendida como falsa consciencia, como construcción destinada a
situar a un nivel inferior el ámbito de la experiencia.

La necesidad de una teoría, como modelo conceptual para el análisis y la transformación


radical de la realidad. Un modelo nutrido por los métodos de lectura y experimentación de la
realidad.

La crítica de la separación y de la fragmentación, considerado un mecanismo privilegiado por


el poder para impedir que se alcance la conciencia de la totalidad.

La sociedad del espectáculo. Mientras todos los anteriores conceptos y métodos pueden
considerarse derivaciones de elementos existentes, el concepto de sociedad del espectáculo fue
acuñado por los situacionistas y es su principal aportación conceptual. Desarrollado a partir de
conceptos como el del fetichismo de la mercancía del joven Marx y el de alienación de Lúcacks,
la idea de espectáculo sitúa en primer plano la apariencia y la imagen asociada a la mercancía.

La huelga general revolucionaria y el comunismo de consejos, propuestas de transformación


radical de la sociedad heredadas de las vanguardias revolucionarias pre y anti-leninistas.

El sentido del humor, el sarcasmo, el insulto y la descalificación como `marcas de estilo´

¿Cuáles son las principales grietas del discurso situacionista?

El hiperracionalismo y el consiguiente rechazo y desconfianza frente a las disciplinas


psicológicas y las ciencias naturales. La creencia en la una posible `liberación´ de la ciencia y la
técnica para ponerlas al servicio de la pasión.
La `dominación de la naturaleza´ como motivo recurrente.

¿Cómo se ha manifestado la influencia de la I.S.?


En primer lugar, existe una clara diferenciación entre su influencia en el campo del arte y en el
ámbito político, hasta el punto de que la recuperación de alguno de los dos discursos conlleva la
negación del otro, reproduciendo de algún modo el propio itinerario histórico de la experiencia,
con sus expulsiones y escisiones. Con respecto al segundo, la influencia está mediatizada por la
experiencia de mayo del 68, que ha adquirido en sí misma el carácter de foco de influencia: el
debate se halla en torno a la verdadera repercusión de las ideas situacionistas en el mayo francés.

En segundo lugar existe una clara diferenciación entre el peso de estos dos ámbitos según los
países de que se trate. Podrían distinguirse las siguientes áreas de influencia:
La anglosajona, principalmente británica. Los exégetas situs gustan de establecer una línea
directa entre dadaísmo, situacionistas y punk. Esta es la tesis tanto de Greil Marcus como de
Stewart Home.
La estadounidense, donde a su vez existe una corriente de arte conceptual radical (Cindy
Sherman, Matta Clark, Wobicszko, etc) y otra casi simultánea con la I.S. relacionada con el
movimiento alternativo de los 70 (Yippies). Ambas, de todas formas, están relacionadas.
La francesa, centrada básicamente en la filosofía heredera del marxismo. Baudrillard, Virilio,
Lyotard, etc.
La española, donde el discurso situacionista fue adoptado por el movimiento libertario radical e
incorporado a las formas de lucha anti-franquistas, hasta el punto de que la concepciones
artísticas eran consideradas una mera curiosidad de la prehistoria situacionista. Tan sólo en lo
sectores de arquitectura y bellas artes del movimiento estudiantil adquirieron importancia estas
manifestaciones. En cualquier caso, la situación represiva del régimen franquista y la propia
situación económica del país otorgaba un carácter particular al discurso situacionista trasladado a
España.
Italia, las Brigadas Rojas y Autonomia Operaria, sobre todo esta última adoptaron muchas de las
tácticas de guerrilla urbana ensalzadas por los situs a raíz de los disturbios de Watts en Los
Ángeles.
Holanda. La figura de Constant propició el que primara la conexión arquitectónica, cuyo retoño
final es Rem Koolhaas. Por otra parte, el marxista holandés Anton Pannekoek es otra de las
figuras recurrentes en los textos consejistas de los situacionistas.
Alemania. Las peculiares condiciones, con una imagen especular burocrática, así como la propia
tradición marxista eran muy propicias al discurso situ. Muchos de los planteamientos influyeron
en la aparición de los Verdes.
¿Cuáles han sido las principales vías de recuperación del discurso situacionista por parte
del sistema?

En primer lugar, todos sus métodos sin excepción forman parte de un ámbito u otro de la cultura
contemporánea. La tergiversación es uno de los mecanismos fundamentales del discurso
publicitario al que ha llegado vía la cultura underground en uno de los procesos de recuperación
y detournement por parte del sistema más exitosos.
La utilización tergirversada de los comics y otros productos de la cultura popular más allá del
fetichismo pop.
Las ideas del urbanismo unitario sobre lectura y diagnóstico del fenómeno urbano han sido
plenamente incorporadas por el urbanismo más progresista, dentro de cuyo ámbito se incluyen,
por otra parte.
El mundo de la arquitectura adoptó con entusiasmo los delirios tecnológicos de la primera
versión del urbanismo unitario, la desarrollada por Chteglov y Constant, muy dentro del
optimismo tecnológico de los años 60. El primer high tech, en su versión Archigram, puede
considerarse directamente relacionado con la I.S. El deconstructivismo, por otra parte, sobre todo
en su versión Zaha Hadid y Rem Koolhaas, tienen muchos puntos en común con los aspectos
más formalistas y tecnocráticos del discurso situacionista.
La ideología posmoderna, con su énfasis en la vida cotidiana, supone también una versión
banalizada del antimilitantismo y antiburocratismo situacionista.

¿Qué partes del discurso situacionista pueden mantenerse y desarrollarse como propuestas
radicales y transformadoras dentro el discurso emancipador de la izquierda?

El concepto de espectáculo.
La idea de la vida cotidiana como centro de equilibrio y medida de toda propuesta.
La necesidad de generar teoría que no se convierta en ideología.
El papel de la voluntad y la pasión.
La capacidad de seducción de las propuestas.
La coherencia entre teoría y práctica, entre fines y medios.
La crítica a la política como actividad separada.
¿Por qué es importante ahora la Internacional Situacionista?

Tras la debacle del comunismo real y ante el avance arrollador del neoliberalismo bajo el manto
de consenso a la fuerza del Pensamiento Único, adquieren cada vez más importancia todas
aquellas reflexiones que en su momento contribuyeron a desenmascarar el rostro real del
régimen soviético. El discurso situacionista, como producto más depurado del comunismo
consejista, constituye uno de los puentes más importantes entre las dos grandes corrientes
socialistas de la Primera Internacional, el marxismo y el anarquismo. El marco de referencia
dentro del cual habría que revisar las reflexiones de una y otra corriente sería el del pensamiento
ecológico.

¿Tendría, pues, sentido una Internacional Ecosituacionista?

No, una de las claves del discurso anti-ideológico reside en saber renunciar a las etiquetas
`contaminadas´ ya por el virus espectacular. Puestos a recuperar y descontaminar palabras, sería
preferible reinvidicar de nuevo los términos `socialismo´ o `comunismo´ sin adjetivos.

19 de junio de 1997

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