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A los niños hay que tomarlos en serio

Ponencia presentada por Silvia Castrillón.
“Los niños son simplemente niños. Los niños tienen que ir a la escuela,
estudiar mucho, jugar y ser cariñosos con sus padres”[1].
Sin embargo, vivimos tiempos difíciles y los niños también viven tiempos
difíciles.
Me gustaría hablar hoy de un tema que me preocupa desde que inicié hace ya
tres décadas un trabajo continuo con maestros y bibliotecarios orientado a
promover el acceso a la cultura escrita y a contribuir a la generación de
condiciones más propicias para ello desde la escuela y desde la biblioteca.
Mantengo un contacto permanente con maestros y bibliotecarios y con ellos
pretendo adelantar una reflexión sobre sus prácticas y anteponer una
distancia frente a ellas.
Quiero plantear aquí, de manera muy rápida, sólo algunos puntos en relación
con la lectura de la literatura en el aula, puntos que, en mi concepto,
precisan mayor atención por parte de los maestros y sobre los cuales sería
conveniente abrir en las escuelas espacios para el debate y para mayores
profundizaciones.
Corriendo el riesgo de simplificar, podría decirse que el interés por
introducir la lectura de la literatura en la escuela, por fuera de los
estudios literarios, tiene dos orígenes: el primero, hacer más “lúdica” la
formación de lectores y complementar las prácticas de lectura con
actividades que toman como modelo las de promoción que hacen las
bibliotecas públicas y, el segundo, por la vía de los editores, quienes se
han convertido en agentes de la promoción de la lectura, especialmente los
especializados en libros para niños y jóvenes, que casi siempre son los
mismos que producen los textos escolares.
Es decir que la literatura, y especialmente la llamada literatura infantil
y juvenil, se introduce en la escuela con el fin de incorporar al aula
materiales que complementen el texto escolar, que hasta hace unos años
conducía, sin competidores, las relaciones maestro-alumno y con el afán de
lograr mejores resultados en la enseñanza de la lectura, para lo cual se
acompañó esta literatura con actividades lúdicas y recreativas que
pretenden conjurar los esfuerzos y dificultades, que tanto para maestros
como para alumnos, implica la verdadera formación de un lector.
La primera de estas reflexiones, y de la que se desprenden las demás, es la
de que la escuela hace por lo general un uso extraliterario de la
literatura, convirtiéndola en un instrumento con propósitos que la desvían
de su verdadero sentido y que impiden una verdadera experiencia estética
transformadora y enriquecedora del ser por parte de los alumnos –y de paso
también de los maestros-. Ya es corriente ver cómo la literatura se
selecciona y clasifica, no de acuerdo con su valor literario, sino con sus
posibilidades de “trabajar” otros “valores” y temas de actualidad de
supuesto interés por parte de los alumnos.
Parecería ser que la escuela no puede renunciar a encontrar en todo lo que
hace una utilidad inmediata, evaluable, lo cual, seguramente, es producto
de las presiones que la sociedad ejerce sobre ella para que se convierta en
una institución productiva que pueda formar alumnos productivos y aptos
para la convivencia.
Dentro de este contexto, se privilegian, por una parte los libros que hacen
del aprendizaje de la lectura algo pretendidamente lúdico y fácil y por
otra, los que contribuyen a la transmisión de valores y al tratamiento de
temas “difíciles”.
Sin embargo, este tratamiento de estos temas “difíciles” no se hace con
verdaderas obras literarias, sino con libros especialmente creados con

Me da la impresión de que. un hermoso libro. que facilitarían mejorar nuestras miradas del mundo y las de los niños. La idea de que debemos proteger al niño y de que la infancia es una especie de limbo que no debe contaminarse con la realidad es una idea relativamente reciente y surge. cuyo texto e ilustraciones presentan una realidad muy cruel. con una actitud paternalista y protectora. la esperanza y el perdón. a juzgar por las estadísticas sobre la depresión y el suicidio juveniles y la indiferencia con que muchos jóvenes se protegen. Se omiten obras con la intención de proteger a niños y jóvenes de su realidad. Todas estas metas consideran seriamente al niño y creo no equivocarme al pensar que si Torres Bodet viviera en los tiempos presentes agregaría a esto.fines pedagógicos y excluye verdaderas obras de arte que en la opinión de los adultos podrían ser muy duras para el público infantil. nos contaba cómo en 1959 el educador Jaime Torres Bodet planteaba tres metas para la educación: “que el niño conozca mejor que ahora el medio físico. entre ellos y nosotros y entre el presente y la posibilidad de un futuro diferente para ellos mismos. Quiero presentar un ejemplo a mi modo de ver significativo: Libros como La Isla del autor suizo residente en Australia Armin Gredel o como Juul de Gregie de Maeyor. por el sentimiento de culpa que nos abruma cada vez que echamos una ojeada al mundo que estamos o que están construyendo algunos adultos. con el argumento de que ya llegará la hora en que ellos deban enfrentar estas y peores situaciones. al contrario de Zorro de Margaret Wild y Ron Brooks. la necesidad de fortalecer su capacidad de entender y transformar su realidad. obras que. A esta postura hacen eco y contribuyen las editoriales con los planes lectores que excluyen de sus selecciones cualquier obra que consideran lesiva de la sensibilidad del niño o por encima de su comprensión de la realidad. y es . debido a que se refieren de manera muy descarnada a la realidad fuerte y conmovedora de la crueldad contra la diferencia y la ausencia de solidaridad. que habla de la soledad y de la envidia. sino. de las cuales ellos también son víctimas. Vivimos un mundo complejo. Pero también vivimos un mundo lleno de posibilidades. fortalecer en ellos su capacidad de ver el mundo con ojos diferentes y generar la esperanza en su transformación. Lo malo es que cuando esta hora llega no lo hace por la vía de la literatura que hubiera podido fortalecerlos y ofrecerles alternativas. violencia e injusticia. pero en donde se reinvindican el amor. repleto de contradicciones. pero especialmente. que cobre mayor confianza en el trabajo hecho por sí mismo y que adquiera un sentido más constructivo de su responsabilidad en la acción común”. amparada en la buena intención de crear para los niños ambientes que no se parezcan a los del hogar ni a los de la calle. no son vistos en muchas escuelas como adecuados para los niños. cosa que. podrían ser espacio privilegiado para contribuir a la comprensión de la complejidad del mundo. no hace más que abrir brechas entre ellos y el mundo. El mexicano Juan Domingo Argüelles. no asumir una actitud paternalistamente protectora contra el infortunio. económico y social en que va a vivir. colmado de prodigios. de imaginar mundos mejores. Tratamos a los niños en las escuelas –pero también las bibliotecascomo si estos no fueran habitantes de un planeta cada vez más deshumanizado. de comprender. Los ejemplos se pueden multiplicar: Jesús Betz. de reflexionar. entre otras cosas. se ha venido perdiendo de manera alarmante. de cuestionar su realidad y con ello. sino por la del choque brutal con la realidad. en lugar de simplificar las miradas. en una conferencia dictada en Bogotá recientemente. Este silencio con el que pretendemos hacerlos felices. las escuelas y las bibliotecas les niegan el derecho que tienen de ser tomados en serio y menosprecian su capacidad de observar.

Christine. Bogotá: Norma. Bogotá: Norma. Zorro. Margaret y Ron Brooks. el primero por tratar el tema de la homosexualidad de un adolescente y el segundo el de la amistad entre un niño y un adulto que se suicida. Se trata de un despacho de prensa citado a su vez por el poeta William Ospina: “Cuando los guerrilleros del ELN entraron en la iglesia de Ciudad Jardín. Juul. el sida y otros temas que se dirigen a los adolescentes. Soy consciente de que la ausencia de reflexión dentro de las escuelas sobre estos temas es herencia de la ausencia de reflexión en todos los órdenes y en todas las instituciones. a secuestrar a los fieles. La isla. quizá de manera extrema. en Cali. Mi amigo el pintor. Skármeta. Salamanca: Lóguez. O Bonsai de Christine Nöstlinger y Mi amigo el pintor de Lygia Bojunga que han sido censurados en las escuelas. Cada vez se impone con más fuerza una manera de pensar que niega los problemas más serios del ser humano y que asocia las dificultades con la falta de dinero. Caracas: Ediciones Ekaré. Salamanca: Lóguez. Fred y François Roca. son reemplazados por otros que. 2005 . y otras cosas que. 2000. si bien son importantes. 1990. Estas situaciones son contradictorias cuando estos libros -que son obras de arte-. de acceso a las tecnologías. pero con situaciones simplistas y esquemáticas y personajes poco verosímiles. Bibliografía Bernard. De Maeyer. Wild. Nöstilinger. los diversos tiempos y realidades que viven los niños en el mundo entero. Lygia. La composición de Antonio Skármeta. Gregie y Koen Vanmechelen. México: FCE. Antonio. ilustrado por Alfonso Ruano. Quisiera finalizar mi intervención con un episodio de los muchos que presenta nuestra realidad colombiana y que ilustra. ofrecen enseñanzas sobre la droga. sin valor literario. 1996.tal vez más inquietante por no presentar un feliz. libros muy parecidos a los llamados de autoayuda para los adultos y que en últimas lo que pretenden es reemplazar las búsquedas de sentido de los niños y los adolescentes por imposiciones sobre modos de ver el mundo. Armin. Jesús Betz. 1198. ¡soy un niño!” El guerrillero le respondió: “Yo también tengo 14 años y soy un hombre”. Caracas: Ekaré. 2003. Greder. un jovencito al ver que se acercaba un guerrillero le dijo: “Pero. por qué me va a secuestrar a mi? Yo tengo 14 años. su solución no cambiaría mucho las cosas. Bonsai. 2003. Bojunga. de profesionalización.