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“AÑO DE LA DIVERSIFICACIÓN PRODUCTIVA Y DEL FORTALECIMIENTO DE LA EDUCACIÓN” ACTIVIDADES I Apellidos y

“AÑO DE LA DIVERSIFICACIÓN PRODUCTIVA Y DEL FORTALECIMIENTO DE LA EDUCACIÓN”

ACTIVIDADES I

Apellidos y Nombres: Esparza Murga Mishel.

Docente: Humberto Córdoba.

Facultad: Humanidades.

Especialidad: Lingüística.

Ciclo: Primero.

2015

1. INTRODUCCIÓN:

El 18 de enero de 1535, fecha memorable para todos los limeños, fue fundada la ciudad capital del Perú: Lima, conocida como la Ciudad de los Reyes, por el jefe de la conquista española Francisco Pizarro. En ese mismo año, el conquistador inicia la repartición de terrenos, otorgándole a la orden franciscana, la cual había llegado a nuestra ciudad en el año de 1532, un terreno ubicado justo al lado al de los dominicos. La orden en su momento estaba a cargo de Fray Francisco de la Cruz, quien edifica una pequeña capilla modesta y sencilla en el inmueble. Por motivos de salud, el Fray tuvo que dejar el terreno, quedando este desolado. Ante esta situación, Pizarro decide ceder el lugar a los hermanos dominicos y se provee de otro terreno para los franciscanos, en el cual se ubican actualmente. A la fecha, el inmueble se encuentra ubicado en el Centro Histórico de Lima, a dos cuadras de Palacio de Gobierno, expuesta al público como Museo del Convento San Francisco de Asis.

No está de más decir que la originalidad del Convento se la llevó el devastador terremoto ocurrido en la capital en febrero de 1655, trayendo abajo el templo franciscano, y destruyendo sus incalculables riquezas artísticas, viniéndose abajo los esfuerzos de un siglo. Felizmente la Orden no se amilanó ante esta dura prueba, que su comisario general, Francisco de Borja, contrató los servicios de un arquitecto portugués y de un alarife limeño para la reconstrucción de un nuevo templo en el mismo sitio.

El 3 de octubre de 1672 fue inaugurado el templo con gran pompa, continuándose las reparaciones en el interior del Convento hasta 1729.

Estas próximas líneas darán a conocer un poco más los atractivos que el Convento alberga en su interior, su estilo arquitectónico actual, conjuntamente con sus notables patios y jardines, además de las razones por las cuales en la actualidad capta la atención de sus visitantes y es motivo de gran concurrencia. Asimismo la situación actual de este Convento, que dicho sea de paso no es uso exclusivo de exposición para visitantes sino que tiene una función que se dará a conocer en el transcurso del informe.

2. DESARROLLO:

A la entrada del Convento, antes de que una imagen y una escultura se lleven nuestra atención podemos observar en toda la infraestructura de la sala, los inconfundibles azulejos sevillanos, traídos de Sevilla-España, valga la redundancia. En uno de los laterales resaltan inscripciones

en latín que denotan agradecimiento a un hombre llamado Jiménez Menacho, quien fue un

comerciante que apoyó de forma voluntaria al Convento en la época colonial. Como antes dicho lo primero que nuestros ojos divisan es un gran cuadro enmarcado en pan de oro, que

muestra las imágenes de la virgen María y San Juan Evangelista en los lados; y en el centro, un cristo con un tratado de realismo en sus rodillas y pies, perteneciente a la corriente escultórica

de Martín de Montañés, que data del siglo XVII. Todo este cuadro descansa sobre aquellos

azulejos mencionados anteriormente.

Al trasladarnos a la primera sala, apreciamos a primera vista la cúpula en forma de media

naranja perfecta, la cual es complementada por cuatro pechinas, una a cada lado. Este trabajo

fue realizado en madera de cedro traída de Centroamérica, específicamente de Nicaragua. Fue

mandada a construir por Fray Miguel de la Huerta en 1625, siendo restaurada en 1725. En ambos lados se encuentran dos pinturas que datan del siglo XVII, firmadas por José Joaquín

del Pozo.

La tercera sala, fue una de las más interesantes, daba la sensación de encontrarse en la biblioteca de Harry Potter, pero en realidad nos encontrábamos en la biblioteca más importante de América del Sur, ya que cuenta con más de 25000 libros escritos en diferentes

idiomas, incluyendo los autóctonos de nuestro país: el quechua y el aimara, que datan del siglo

XV al XIX. En la parte superior de la sala se encuentran ubicados los libros denominados

incunables, llamados así porque fueron los primeros en escribirse, gracias al desarrollo de la imprenta. Además resaltan en medio del esplendor de los estantes, las cuatro claraboyas que junto con las ventanas dan el ingreso a la luz solar a la biblioteca en forma natural, debido a que en aquel tiempo colonial, la ciudad de Lima no contaba con alumbrado eléctrico. Finalmente, en la parte inferior se observan dos grandes libros escritos en latín, llamados libros

corales, que a diferencia de los demás libros, pesan 25 kg cada uno. Esto se debe a que la tapa

del libro se encuentra elaborada en madera de cedro forrada con cuero de vaca y las hojas se

encuentran hechas de piel de cordero.

Al continuar con el recorrido ingresamos a un espacio denominado “sala de coro”, aquí antiguamente los hermanos franciscanos congregaban para entonar sus cánticos gregorianos.

A un lado se puede contemplar un facistol de gran tamaño que consta de tres cuerpos, en la

parte alta, un teflete donde se ubicaba la imagen de Cristo; en el centro, un atril giratorio

donde se ubicaban los dos grandes libros con los cánticos gregorianos. En toda la sala se aprecia un conjunto de sillerías de 130 asientos. Al otro lado se observa un piano que data del siglo XVII y que cuenta con 1000 tubos con alienaciones de metal para mejorar el volumen a

la hora de tocarse. En la actualidad aún sigue en uso, solo en ceremonias importantes para los

franciscanos.

El siguiente lugar es el patio principal, en la parte superior se observa un bello artesonado que

consta de 9075 piezas de madera de cedro, unidas con la técnica del machimbrado. En este lugar se encuentra un conjunto de pinturas murales que datan del siglo XVII, en donde algunos personajes tienen borrado el rostro, esto era porque estos habían cometido un atropello en contra de la orden franciscana; además en todo las paredes y columnas del patio se observan azulejos sevillanos.

Al seguir avanzando llegamos a la “sala museo”, en donde se observa lienzos que relatan la pasión de Cristo paso a paso. Se encuentran también los balcones de Pizarro o de celosilla, este último apelativo se debe a que en la época de la colonia, los personajes importantes o ricos mandaban a construir estos balcones para que sus esposas no puedan ser vistas por extraños, ya que estas se colocaban detrás de los balcones y así podían apreciar todo lo que pasaba en la ciudad por medio de los agujeros de estos.

Para terminar llegamos a la sala comedor, donde antiguamente los hermanos franciscanos ingerían sus alimentos y mientras ello ocurría, el supervisor de la orden leía pasajes de la Biblia en un tiempo de 5 a 10 minutos y posteriormente este proseguía también a ingerir sus alimentos. Este lugar consta de 130 asientos y de un lienzo de gran tamaño que revela “la última cena” al estilo peruano. En la sacristía llegaban los franciscanos para vestirse con los ornamentos propios de la orden, los cuales eran guardados en finas cajonerías de tres hileras.

El recorrido a este museo se consuma en la entrada a las catacumbas, que es una de las mayores curiosidades de los visitantes y se encuentra ubicado por debajo de la Iglesia de San Francisco, a la cual la soportan sus 14 pilares. Este lugar, antiguamente servía como lugar de entierros, ya que en la época de la colonia, Lima no contaba con un cementerio, pues aún no se construía el cementerio general de Perú: Presbítero Maestro.

Los antiguos peruanos tenían la creencia de que si enterraban a sus familiares debajo de las iglesias o conventos, estos iban a estar más cerca a Dios. En las catacumbas se enterraron a personajes importantes de la orden franciscana y también a vecinos que habitaban alrededor de este Convento. Aproximadamente se enterraron aquí más de 25000 restos humanos. Vale decir que lo entierros en este lugar se realizaron hasta el siglo XIX ya que en 1821, con la independencia de Perú, Don José de San Martín hace un decreto donde prohibía los enterramientos debajo de las iglesias y conventos dado que esta acción producía epidemias y enfermedades. El material de elaboración de las catacumbas es ladrillo con calicanto y clara de huevo en un aproximado de una tonelada.

Los restos de más de 25000 personas son exhumadas por los arqueólogos y clasificadas en

fémur, tibia y cráneo y puestas en exposición en las catacumbas que fue abierta al público en

1949.

Los 32 hermanos franciscanos, doctores en teología y filosofía, que actualmente viven en este Convento poseen un libro con los nombres de las personas que han sido enterradas en las catacumbas desde la época colonial.

3. CONCLUSIONES Y COMENTARIOS:

La orden franciscana aún permanece en el Perú y gracias a este museo podemos conocerla. El lugar da a conocer una porción más de lo que fue la época colonial en el Perú, en este caso en el aspecto religioso, aunque el tema es más amplio, debido a la existencia de más grupos religiosos en la colonia. Refleja incluso el estilo de construcción y con más precisión el estilo de vida de los franciscanos, reforzando la información general que se obtuvo en épocas escolares.

El lugar se encuentra bien conservado y las áreas bien distribuidas, una de las observaciones externas es la prohibición de tomar fotos, la razón no sé cuál es, pero mi sugerencia es que debería permitirse. Me sentí a gusto con la atención del guía, fue claro con la información brindada y disipó nuestras dudas acerca del tema.