29 de JULIO del 2015

AÑO 50 - NÚMERO 66

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EL REBELDE
ÓRGANO OFICIAL DEL MOVIMIENTO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA

¡¡ Por una Vida Digna para Todos !!

¿POR QUÉ HOY MUEREN
TRABAJADORES EN CHILE?
Sobre el asesinato de Nelson
Quichillao
La distribución equitativa del ingreso nacional, como justo mecanismo
de compensación para el conjunto de los trabajadores, no se materializó
en ningún gobierno post-dictadura. Tampoco será posible verla
implementada por la decisión del Partido Comunista de incorporarse
a la Concertación, puesto que su tarea principal es ampliar la base
social del bloque en el poder; legitimar el modelo político evidentemente
agotado; controlar la movilización social e impedir la concreción de
demandas populares.
El pacto entre la burguesía nacional y el capital transnacional, ha
consolidado en nuestro país la versión más ortodoxa del modelo
neoliberal del mundo. La consecuencia directa de esto es una economía
fundamentalmente extractiva de materias primas y dependiente. Por
esta razón, el 75% del Presupuesto de la Nación proviene de los
impuestos al consumo y a las personas, negándose de plano una
tributación progresiva y efectiva de las grandes empresas.
En los ingresos percibidos por los trabajadores no hay una justa
redistribución de la riqueza, ni menos, un componente que posibilite
el desarrollo de una vida digna para ellos y sus familias. El propósito
del Ingreso Mínimo es mantener a la baja el "valor hora" del
trabajo y con ello, empujar al trabajador al endeudamiento
constante para satisfacer sus necesidades básicas, consolidando
así la hegemonía del crédito, convirtiendo a los asalariados
chilenos, en los más endeudados del mundo. Se suma a lo anterior,
la Subcontratación, sistema de contratación de personas que se ha
convertido en "la" relación contractual por excelencia, dejando atrás
su carácter de “excepción”, permitiendo con ello, que el intermediario
se apropie de gran parte de los escuálidos ingresos del trabajador.
Estos últimos años, la Dirección Política de la CUT ha decidido pasar
de un silencio cómplice a fijar una posición comprometida con las
reformas necesarias para los ajustes neoliberales, colaborando
así, con el sostenimiento del orden actual, legitimando el plan
laboral de la dictadura, y relegando a un plano periférico, la
autonomía sindical y las propuestas de carácter estructural,
dada la composición política de la Central (PS-PC-DC).

La reforma laboral del actual Gobierno, no ataca el fondo del
problema, porque no devuelve a los trabajadores las herramientas
políticas efectivas para avanzar en el incremento sostenido del
salario y recuperar derechos sociales que debieran estar
garantizados constitucionalmente. Tampoco devuelve a los
trabajadores la potestad de decidir sobre los asuntos estratégicos
de las empresas. La Negociación Colectiva, antes y después de
la reforma laboral, será una herramienta ineficaz, pues el “espíritu”
de la legislación laboral contenida en la Constitución Pinochetista,
y que, con tanto ahínco defienden quienes gobiernan, no obliga a
empleadores y dirigentes a negociar, como tampoco obliga a los
trabajadores a sindicalizarse, ambos “derechos” seguirán
descansando en el “libre” ejercicio de la voluntariedad.
En éste marco, una ínfima parte del residual porcentaje de
trabajadores sindicalizados, enfrentarán por un lado, infructuosos
procesos de negociación colectiva con las patronales, y por otro,
enfrentaran a dirigentes que, sin justificación ni consulta a sus
bases, agitaran de manera intempestiva, indolentes pliegos
remuneracionales, reemplazando rápidamente los pliegos originales.
La mayoría de los trabajadores que integren un proceso de
negociación colectiva, serán sometidos a la coacción y coerción,
no sólo de la fuerza policial; sino también, del empresariado y sus
empleados del parlamento y el gobierno y los medios de
comunicación con interés en el tema. Surge en este momento, en
lo más íntimo del trabajador, la profunda sensación de desamparo
social, frustración económica y chantaje político, al que ha estado
expuestos toda su vida laboral, pero que recién ahora, comenzaran
a visibilizar como una cruel realidad.
La muerte de Nelson Quichillao y tantos otros trabajadores, no son
actos temerarios del movimiento sindical, sino, consecuencia de
la más brutal situación de explotación laboral al que han estado
expuestos los trabajadores en los últimos cuarenta años.

POR UNA VIDA DIGNA PARA TODOS

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