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DOMINGO, 28 DE JUNIO DE 2015

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TENDENCIAS
CULTURA RESEÑA

La negra grande de San Cristóbal

EN DEFINITIVA
El Parque Biblioteca Fernando Botero se ubica en el corregimiento de San Cristóbal. Lugar de historias, de conversaciones y de lecturas. Un lugar que espera que el maestro
Botero vuelva otra vez, aunque sea a saludar.

3.500

2.508

5.500

libros se prestaron en mayo.

visitantes es el promedio mensual.

libros tiene la colección infantil.

v
visitantes
pueden tener en un
mes de alta afluencia como
septiembre u octubre.

152

3.600

libros son de primera infancia.

visitantes atendidos por
consultas bibliográficas
en febrero.

77.067

libr hay en la colección de
libros
adultos.
ad

40%

ha crecido la colección de
adultos desde que empezó
el parque biblioteca.

IÓN
C
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Pe

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o

Calle 64

aS

Institución
educativa
San Cristóbal

Cra. 132

Calle

Parque Biblioteca
Fernando Botero

63

SAN CRISTÓBAL
Parque
principal

2

Calle 6

Quebrada I
gu
a

na

Estación
de policía
mo-Medellín

Vía San Jeróni

2

le 6

Cal

Cra. 131

E

865

13
2

l gato que el maestro Botero le regaló al parque biblioteca que se llama como él, mira a esa estructura
negra y rectangular las 24 horas del día,
con su sonrisa y sus ojos fijos, pero ya
sin bigotes. Aunque lo de los bigotes,
que no volvieron a ponerle –o que no
volvieron a crecer– porque se los llevaron varias veces, ya no importa. El gato
no ha dejado de ser gato y en cambio es,
de todas maneras, ese que saluda cuando se entra al Fernando Botero.
El gato, dice Juan Paulo Campo Vives,
gestor coordinador, es un símbolo y sitio
de reunión. En el de cola parada se encuentra la gente y si hace mucho calor, o
si llueve, hasta se resguardan debajo.
El parque biblioteca se inauguró el
19 de octubre de 2011, pero cuando el
gato llegó, el 1 de abril de 2012, fue casi
como si se hubiera vuelto a inaugurar.
Esa vez el maestro dijo que donaba la
escultura con una intención, “el arte al
encuentro del público y no el público
al encuentro del arte. El hombre necesita del arte para vivir mejor”.
A Paulo le parece, de todas maneras,
que por ese suceso malo llegó uno bueno. Pocos días después de que el gato se
instalara en su pedestal se llevaron el primer bigote y las noticias cayeron sobre el
parque biblioteca. No hubo felicidad por
eso, pero de tanta bulla muchos más supieron que en San Cristóbal estaba ese lugar, mientras en la comunidad, otros más
entendieron que había que apropiarse de
la biblioteca, que era de todos, y que, sobre todo, no se cuidaba sola.
Después del gato está esa estructura
negra de ventanas y balcón. Luego del
primer hall, al frente está la sala de exposiciones, a la izquierda el teatro –que
usan, aunque piensan en los detalles y
en modernizarlo– y a la derecha la entrada a los servicios bibliotecarios.
En el fondo, en la sala infantil, los niños tienen un tapete de colores para sentarse a leer. Eidy Bedoya, técnica de bibliotecas, explica que los niños no van
solos, que siempre hay adultos que se
sienta con ellos, por lo general los papás.
Juliana Gómez, siete años, está ahí, entre un libro. “Hay muchos libros buenos”,
dice, y sigue ahí. Su papá, John Jairo Osorio, mientras tanto, comenta que “venimos con frecuencia a compartir con los
niños, para que se enamoren con los libros y se habitúen a la lectura”.
Si bien a la biblioteca van grandes y
chicos, el gestor coordinador precisa
que la mayoría son niños y jóvenes. Propuestas, no obstante, hay para todos,
desde los servicios bibliotecarios, hasta
los procesos de cultura digital y, muy
importante, el fomento a la lectura.
Además hay espacio para las expresiones artísticas, que se construyen en
comunidad. En San Cristóbal, comenta
Juan Paulo, se baila, se actúa, se pinta y
se canta. Por eso el teatro, para poder
mostrar lo que hacen. La cultura del
rock, precisa él, es muy fuerte. Cada tres
meses hacen un encuentro, incluso.

Otros pisos
Bajando las escaleras hay una sala interactiva que usan para capacitaciones, y donde un grupo de jóvenes maneja una emisora, Cosas de A-K. Son independientes,
ellos solo los acompañan.
Arriba están las salas mediáticas. Tres
están siempre disponibles para uso libre y
la cuarta es para talleres de formación. Los
computadores están en casi todas partes.
También en las salas de lectura y de talleres. Lo digital es fundamental.
En la sala de lectura de adultos lo que
más leen, indica Anny Valencia, técnica de
biblioteca, es literatura universal. Como la
mayoría son jóvenes de colegio, igual hacen tareas, y en la pared donde está la comicteca, se sientan a veces a conversar.
Porque en el Fernando Botero no solo
se va a leer, también a encontrarse. Dice
Juan Paulo que es un espacio donde están
cómodos, libres, tienen diferentes posibilidades para pasar el tiempo y es gratis.
Kelly Johana Muñoz está sentada, mirando a través de la ventana. Escucha música. Al parque biblioteca va una vez a la
semana, máximo cada dos, porque encuentra un sitio tranquilo.
Hay otros temas de interés para la comunidad. La ruralidad, por ejemplo. San
Cristóbal tiene 17 veredas. Por eso no solo
se quedan dentro de las paredes del parque, sino que salen hasta donde está la
gente, para que les pase como esa vez que
estuvieron en San José de la montaña y
una usuaria se registró y a la semana estaba ya con sus dos hijos registrándose ellos
también. Así que ir es hacer que ellos, la
comunidad, los visite luego. “Es muy importante –señala el gestor coordinador– la
interrelación con la gente”.
Entonces, los usuarios van caminando
por los pasillos. Muchos se hacen en el
balcón a mirar el corregimiento, la carretera. Están los que se sientan en los corredores a oír música o los que van a ese jardincito, que es un proyecto que tienen en
el que los papás y los hijos siembran juntos. Hay un club de astronomía que se
sube a la terraza a ver las estrellas, B-612,
se llama, y un poco más allá del gato está
la Escuela de música, a la que van unos 218
niños. Es de vientos y percusión.
Así, de arriba abajo, se va llenando de
personas esa estructura que diseñó el arquitecto Orlando García. La idea era que,
como se ubica en un entorno rural, no
compitiera, sino que al contrario, se relacionara con el paisaje, que el verde de la
naturaleza resaltara. Pretendía, además,
que en las noches, sigue Juan Paulo, el parque biblioteca se mimetizara con el pueblo y se viera el corregimiento, solamente,
como un corregimiento en la montaña.
De ahí el negro, además que les ayuda a
que el clima adentro sea más cálido. “Esta
es la negra grande de San Cristóbal” ■

LA COMUNIDAD

a.

Por MÓNICA QUINTERO RESTREPO

LO QUE SE LEE

Cr

El parque biblioteca Fernando Botero es un lugar
de encuentro, en el que además se lee, conversa
y aprende. La cultura está en esa caja negra.

Calle 61