Oye Arnold! © 1996 by Nickelodeon/Viacom y Craig Bartlett.

Oye Arnold! ¿Donde estás? 2009 por Hebo Freire.

El príncipe encantador

Tal vez no lo ame, como amo a Arnold,
pero ciertamente él tiene un lugar en mi corazón.
El pequeño libro azul

Hebo Freire

Parte 1
  “Había una vez una hermosa princesa, ella estaba atrapada en la
torre más alta de un castillo, a la espera de que un príncipe encantador
viniera a rescatarla de las garras del malvado demonio que la tenía
prisionera…” El libro fue cerrado de golpe y la chica que lo tenía, lo
lanzó lejos, cayendo sobre una pila de libros.
  —¡Pura basura! - Exclamó Helga lanzando un bufido - es increíble
que vendan tanta bazofia.
  —A mí me parece idílico. Dijo Phoebe a su lado, leyendo uno de
los libros que iba a comprar.
  —No existen los príncipes encantadores que salvan a las princesas
en peligro, le están vendiendo falsas ideas a los niños - Dijo Helga En este planeta cada uno se defiende como puede.
  —Son pensamientos duros Helga - Dijo Phoebe hojeando el libro
- Me pregunto cómo alguien que piensa así, le gusta ayudar tanto a
Arnold.
Las palabras de Phoebe tomaron por sorpresa a Helga.
  —Yo no le ayudo ¿Quién dijo eso? Replicó Helga. Su mejor amiga
ignoró su protesta y se dirigió a la caja registradora a pagar su libro.
  Ambas niñas salieron de la librería y caminaron por la acera, deteniéndose frente a un aparador, había un vestido de Novia en exhibición, blanco y pomposo con un gran velo y muchos encajes.
  —Si no crees en príncipes encantadores, tampoco debes creer en
bodas fantásticas. Dijo Phoebe contemplando el vestido.
  —Tampoco creo en eso, es una invención muy ridícula - dijo Helga
con desinterés pero muy en su interior se imaginaba con ese vestido,
y a Arnold a su lado - algún día llevare un vestido igual a este y ese
día por fin serás mío, mi gran amor.
  Dejaron el aparador y se fueron por la acera. Cuando un camión
fuera de control pasó velozmente por la calle y se estrelló contra un

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

poste de alumbrado. Las niñas aturdidas lo observaron.
  —¡Cielos! que demente… Dijo Helga y se acercaron a curiosear.
El conductor bajó del vehículo maldiciendo, no sufrió daño, solo la
mercancía que llevaba se esparció por la calle. Eran galletas de la fortuna, las cuales debían llegar algún restaurante chino.
  —Hhmm galletas de la fortuna - Dijo Helga tomando una con sus
dedos y la rompió y se la comió, quedándose con el papel — A ver
qué dice... la felicidad te espera al lado de un nuevo amor.
  —¿Un nuevo amor? interrogó Phoebe parada en puntas, observando el papel que su amiga sostenía con la punta de sus dedos.
  —Por eso no creo en lo que dicen estas cosas ¿Un nuevo amor? Ja
eso tengo que verlo - Helga se tragó el papel - se nota que la fortuna
no sabe que mi corazón tiene un único e indiscutido dueño.
  —Pero Helga... ¿Qué harías si alguien que no sea el mantecado
apareciera y realmente te gustara mucho? Replicó Phoebe.
  —Por favor Phoebe, primero vuela un cerdo, antes de que yo me
fije en alguien que no sea el mantecado. Aseguró Helga a pies juntillas mirando al conductor quien llamaba por celular. Un cerdo voló
frente a los ojos de Phoebe, se trataba de Abner la mascota de Arnold,
estaba conduciendo un coche de balineras, cuya forma era la de una
máquina de Da Vinci y se movía a una velocidad asombrosa impulsado solo por sus ruedas, luego de ser lanzado desde el punto más alto
de la ciudad, fue Abner el culpable de que el camión y otros vehículos tuvieran que frenar precipitadamente. Tras el bólido iba Pookie,
tratando de alcanzarlo.
  —¡Pisa el freno, pisa el freno! Le gritaba mientras corría, seguida
muy de cerca por el abuelo Phil.
  —Pookie te dije que no subieras a Abner a esa cosa - gritó y se detuvo un instante exhausto – A Arnold no le va a gustar que uses a ese
cerdo como piloto de pruebas.
  El abuelo siguió corriendo tras Pookie y el imparable Abner. Helga
no se dio cuenta de nada de esto.
 —Si definitivamente nadie puede robar mi corazón, solo Arnold mi
gran amor es mi absoluto dueño, nadie podría igualarlo, no ha nacido ni nacerá, quien lo remplace. Fueron sus distraídos pensamientos

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mientras se alejaba por la acera seguida por una atónita Phoebe quien
observaba la escena que acaecía en ese momento a sus espaldas y que
aparecería incluso en el noticiario.
***
  Antes del receso, el cuarto grado veía una proyección en pantalla
sobre historia, todos tenían los ojos clavados sobre la pantalla,
salvoóuna persona. Helga escribía en su libro azul, divagando entre
sus fantasías más profundas, olvidándose del mundo entero.
  —¡Oh mi amado!... Cuanto extraño tus labios de fuego, fue hace
poco, pero cada vez se me hace más irreal, como si hubiera sido un
sueño, ¿Acaso fue solo un sueño? el que no estés a mi lado me lo
confirma, tu indiferencia me lo comprueba, y tu lejanía me mortifica...
Helga escribía esas agridulces frases en la penumbra de salón
  El documental terminó y el señor Simmons encendió las luces.
  —Bien niños ¿A qué conclusión podemos llegar?
  —Que la guerra no es buena. Acertó a decir Sid.
  —Esa podría ser una razón... cual más. Dijo el señor Simmons.
  —Que es la única manera que los pueblos resuelven sus problemas.
Contestó Lila.
  —Muy bien Lila ¿Quien más?...- el maestro se fijó que Helga
estaba distraída - Helga... ¿No deseas opinar al respecto?
  —¿Sobre qué? Preguntó Helga levantando la mirada.
  —Sobre el documental.
  —Supongo que enseñó varias cosas. Contestó Helga echándose
hacia atrás
  —¿Como cuáles? Insistió el señor Simmons.
  —Varias supongo.
  Helga no tenía ningún interés por la clase y de eso se dio cuenta el
maestro, hablaría con ella al final de la clase.
  —Bien ¿Quién más? Preguntó mientras ella volvía a sus poemas.
El timbre sonó dando comienzo al receso. Los niños salieron felices
del salón directo hacia el comedor.
  —¿Te sucede algo Helga? Le preguntó Phoebe.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —¿Por qué preguntas? Cuestionó Helga a paso de carga como de
costumbre, seguida por su amiga.
—Has estado muy distraída, no prestaste absolutamente nada de
atención a la clase. Dijo Phoebe.
  —¿De qué me sirve a mí saber cosas que pasaron hace 70 años? Refutó Helga y se dijo para sí - mejor gasto mi tiempo en otra cosa
(como escribir hermosos poemas a mi amado)
  —Pero si sigues así vas a reprobar y no puedes darte ese lujo. Dijo
Phoebe.
  —No te preocupes por mí, Phoebe. Le dijo y caminaron hacia
el comedor, luego de dejar sus libros en los casilleros. Al llegar
encontraron el lugar atestado de niños.
  —Voy por mi almuerzo. Dijo Phoebe mientras Helga buscaba a
alguien entre la multitud.
  —Trae el mío. Pidió Helga
  —Trayendo. Dijo Phoebe y la dejo, dirigiéndose a la cafetería de
la escuela. Helga fue a sentarse, muy cerca de donde estaba Arnold
y sus amigos. Phoebe llego luego de un unos minutos, merendaron
y Helga aprovechó una bolsa de plástico, para molestar a Arnold,
la infló como un globo y luego la reventó detrás de su cabeza. El
niño saltó de su silla escupiendo su jugo, Helga se río divertida igual
que sus compañeros. Arnold molesto, la salpico y salió del comedor
furioso a lavarse las manos y la cara. Helga se sintió culpable como
siempre y aprovechando la distracción de sus compañeros que estaban
ocupados riéndose, fue a esconderse detrás de la puerta del comedor,
invadida por una ola de inspiración.
  —¡Ah! Amado perdóname, no puedo evitarlo, no puedo vivir
un día sin hacerte maldades, lanzó dardos de papel esperando que
se conviertan en besos, te molesto pero en realidad quiero que me
abraces, como quisiera que me abrazaras - y Helga saltó hacia adelante
teatralmente - abrázame Arnold, ¡Abrázame amor mío!
  Helga cerró los ojos y abrió sus brazos de par en par, esperando
ese anhelado abrazo y alguien respondió a su declaración. Helga
abrió sus ojos encontrándose abrazada a Brainy y su reacción no se
hizo esperar, lo empujó y hecha una furia se abalanzo sobre él y lo

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hizo picadillo. Helga golpeó a Brainy de manera tanto salvaje como
cómica.
  —Ya basta... - dijo el director Wartz deteniéndola en el acto ¿Acaso te volviste loca?
  —¿Helga? Preguntó una sorprendida doctora Bliss la psicóloga de
la escuela, detrás del director Warts.
  —¿Acaso querías matarlo?
  —Yo... Trató de explicarse Helga
  —Fue un accidente... - dijo Brainy desde el suelo- estábamos...
jugando...
  Pero entonces se le cayeron un par de dientes y esto hizo enfurecer
más al director.
  —¡A mi oficina ahora! Ordenó él a Helga
  —Pero... trató de replicar ella.
 —¡Ahora!
***
  En la oficina del director, los regaños continuaron.
  —Ese tipo de conducta es sumamente inexcusable, salvaje y sin
presentación. Fueron las palabras del enfadado director Wartz.
  —Ya le dije, él me provocó. Dijo Helga, sentada en la silla
abrazándose con sus propios brazos como si tuviera frio.
  —No hay excusa jovencita, no permitiré ese tipo de conducta en
la escuela pública 118, estas suspendida dos semanas. Fue la dura
sentencia del mandamás
  —¿Dos semanas?
  —Y notificaremos a tus padres. Dijo el director.
 —Pues no me van a felicitar. Pensó Helga, imaginando lo que
vendría para ella.
  —Ahora señorita Pataki, discúlpate con tu compañero y después te
quiero fuera de la publica 118. Ordenó el director Warts y Helga se
levantó y se volvió a Brainy.
  —Discúlpame por favor, no fue mi intención agredirte. Se disculpó.
  —No... Hay... Problema. Respondió Brainy acomodando sus gafas

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

rotas.
  —Puedes retirarte. Dijo el director Warts e indicó la salida.
  Ella salió, alejandose por el corredor, deteniéndose, pateó un cesto
de la basura.
  —¡Estúpido director! De que se aterra, siempre trato a Brainy de la
misma manera. Dijo Helga y continuó su camino.
***
  Helga caminó hacia el puente que estaba sobre el lago, donde siempre
se detenía a pensar en el amor, miró la nota de suspensión, la cual
debía llevar a sus padres, se dio cuenta de que se había sobrepasado
con Brainy, pero él se lo busco, como se atrevía a abrazarla, pero se
sintió culpable, no era culpa de Brainy. Era culpa de su obsesión, de
su absurda obsesión por Arnold.
  —A veces siento que esto no va a ningún lado - Dijo Helga sacando
su relicario y lo contemplo a la luz del día - Tú, cabeza de balón, me
metiste en problemas, estuve a punto de matar a ese infeliz por tu causa,
tal vez... tal vez debería olvidarte, tal vez debería dejarte ir, este amor
está afectando mi vida, esto no va a ningún lado, no tiene sentido, es
una locura, debo dejarte - sin pensarlo lanzó el relicario al aire, este
cayó al lago, Helga dio dos pasos hacia adelante e inmediatamente se
arrepintió de su acción - ¡Mentiras!
***
  Arnold y Gerald caminaban junto a sus bicicletas, hacia el puente
sobre el lago de la ciudad.
  —¿Que habrá sucedido con Helga? No la vi después del receso.
Preguntó Arnold.
  —Escuche que golpeó a Brainy y el director Warts la pescó en el
acto, creo que la suspendieron. Le contó Gerald.
  —Que mal.
  —No lo veo así, descansaremos un par de semanas sin ella. Dijo
Gerald y entonces se encontraron a sus amigos, Harold sentado en

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la baranda, comiendo un helado, y a Stinky y Sid a su lado, mirando
fijamente hacia el agua.
  —Yo digo que solo dura treinta segundos. Escucharon decir a
Stinky.
  —Veinte segundos ni un segundo más. Agregó Sid. Arnold y
Gerald llegaron junto al trio.
  —Hola ¿Que hacen? Preguntó Arnold
  —Apostamos. Contestó Stinky
  —¿Y que apuestan? Fue la siguiente pregunta del niño.
  —Cuanto puede aguantar la respiración. Respondió Sid observando
las ondas que se formaban en el agua.
  —¿Quién? Preguntó Gerald y su respuesta fue rápidamente
contestada. Cuando vieron a Helga surgir del agua como si fuera una
sirena.
  —¿Helga que haces ahí? Preguntó Arnold desde arriba.
  —Me dieron ganas de refrescarme... a ti que te importa zopenco.
Contestó ella y tomando aire volvió a hundirse.
  —Esa no vale, no se demoró. Dijo Harold
  —De acuerdo va de nuevo - Sid miró su reloj. Veinte segundos.
  —Cuarenta y apuesto también a que se la come el gran Caesar.
Apostó Harold. El gran Caecer era el un enorme pez prehistórico,
parte de las leyendas urbanas de la ciudad.
  —Treinta segundos. Dijo Stinky. La apuesta continúo, Helga
apareció nuevamente en la superficie.
  —Tampoco se vale. Protestó Harold.
  —Helga sal de ahí, es peligroso nadar en el lago, es demasiado
profundo. Dijo Arnold preocupado.
  —¿Para quién? ¿Para ella o para los peces? Dijo Gerald.
  —Sal de ahí. Insistió él, le preocupaba que estuviera nadando en
ese lugar como si fuera una piscina.
  —No fastidies. Escupió Helga y volvió a sumergirse luego de dar
una gran bocanada de aire, ella estaba desesperada por recuperar su
tesoro, perdido en el fondo del lago, solo encontraba chatarra y basura.
Helga estaba perdiendo las esperanzas de encontrarlo. Cuando algo
brilló entre la chatarra, ella nado hacia allá y lo localizó, era su relicario,

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

lo agarró y llevándoselo al pecho sonrió aliviada, se apresuró a volver
a la superficie, sin darse cuenta que la cuerda de una caña de pescar se
había enredado en su pie y el extremo estaba enredado a la puerta de
la chatarra de un coche. Helga emergió radiante entre el agua.
  —Más de cuarenta segundos... ¡gané! - Exclamó triunfante Harold
- venga acá esos dos dólares.
  —Demonios... - se quejó Sid pagando al igual que Stinky - ¿Por
qué no subiste más rápido, Helga?
  —¡Cállate! Dijo Helga guardando el relicario entre sus ropas,
nadando hacia la orilla opuesta.
  —¡Oye Helga! ¿Viste al gran Caesar? Preguntó Sid.
  —Si saludos te mando. Gritó Helga nadando rápidamente, desde
arriba Arnold no la perdió de vista.
  —No te preocupes Arnold - le dijo Gerald viendo la preocupación
de su amigo - no hay reportes de ahogados en este lago.
  —Quiero que salga rápido de ahí. Dijo Arnold.
  —Estúpidos, haciendo apuestas a costillas mías - Se quejó Helga y
de pronto sintió que algo le sujetaba el pie - ¡Qué demonios!
  Ella pateó violentamente para liberarse y jaló la cuerda, haciendo
que los escombros que la tenían sujeta se movieran y se convirtieran
en una trampa mortal. Helga fue jalada bajo el agua, trató de liberarse
pero no pudo la cuerda la tenía atada fuertemente y al luchar el poco
aire que tenía en el pecho se escapó formando burbujas que flotaron
hacia la superficie. La angustia reinó, Helga se vio en serios problemas.
  —¡Arnold...! ¡Ayúdame! Suplicó estirando su mano hacia donde
estaba su amado, quien no se había percatado de nada.
***
  Las ondas y las burbujas pronto dejaron de salir, la más inquietante
quietud se formó en el lago.
  —Es cosa mía o ya se demoró más de la cuenta. Dijo Stinky
mirando hacia abajo.
  —Helga si es una de tus bromas no es graciosa. Reclamó Harold.
  —Parece que no va salir. Concluyó Sid, transcurrieron 20 segundos

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más y Helga no salía.
  —¡Se está ahogando! Exclamó Arnold alarmado e iba saltar al
agua. Cuando de pronto alguien salto al agua desde el otro lado del
lago, intentando salvar Helga. Los niños expectantes esperaron y
vieron a un chico de cabello castaño aparecer
  —¡Está atrapada! - Informó él sin aire - intentaré cortar las cuerdas.
  El chico sacó una navaja de niño explorador y volvió a sumergirse,
llegando a donde estaba Helga quien ya estaba inconsciente e intentó
cortar la fina cuerda, después de unos segundos logró liberarla y la
sacó fuera del agua.
  La gente en el parque pronto se dio cuenta de la situación.
  —¡Oh dios mío! una niña se ahogó. Exclamó una mujer. Arnold y
los niños corrieron hacia la orilla donde niño desconocido llegaba con
Helga cargada en brazos.
  —¿Está bien? Preguntó Gerald genuinamente preocupado.
  —¿Por qué tiene ese color de piel tan chistoso? Preguntó Harold.
  —Eso es porque no está respirando. Contestó el chico sin aire,
dejándola en el suelo boca arriba. Esa respuesta dejo aturdidos a los
niños que los rodeaban.
  —¡Helga!... ¡Helga! Arnold preso del pánico, sacudió a Helga
tratando de hacerla despertar.
  —¡A un lado! el chico más grande lo hizo a un lado y reviso los
signos vitales de Helga.
  —¿Se murió? Se atrevió a preguntar Stinky mientras Sid se quitaba
su gorra, Gerald se mordía las uñas y Arnold quedaba paralizado
del susto. El chico no se atrevió a responder nada y solo se limitó a
auxiliarla rápidamente.

Hebo Freire

Parte 2
  Helga flotó en un espacio lleno de estrellas, elevándose
majestuosamente hacia el infinito, donde apareció una reja dorada,
abriéndose frente a ella. Helga voló hacia está encontrándose con un
coro de ángeles todos iguales a Arnold, cantando al unísono, ángeles,
arcángeles y querubines le estaban dando la bienvenida, Helga abrió
la boca emocionada.
  —¡Si!... ¡Al fin voy a ser feliz! - Dijo y estiró sus manos hacia los
ángeles - ¡He llegado al jardín del edén!
  —¡Helga! - Escuchó de repente una voz en la lejanía - ¡Helga!
  Ella volvió la vista hacia atrás.
  —¿Arnold? Preguntó Helga confundida al reconocer la voz,
y entonces la reja se cerró y ella comenzó a caer hacia la tierra y
finalmente se detuvo justo encima de la Helga terrenal.
  —¡Vamos nena!... ¡Solo es un poco de agua! Animó el chico,
dándole resucitación de boca a boca, pero Helga no reaccionaba, sus
ojos estaban sin vida, perdidos en el infinito. El tiempo corría y ella
no despertaba, la inquietud rodeó a la gente que estaba ahí, varios la
dieron por muerta. Una angustia horrible invadió a Arnold, no sabía
qué hacer, Helga se estaba muriendo en ese momento y él no podía
hacer nada, salvo esperar que el desconocido hiciera el milagro.
  —¿Ya se murió? Preguntó Harold.
  —No... Respondió el chico y volvió a acercar su boca a los labios
de la chica. Los ojos de Helga recobraron el brillo y ella resucitó,
escupiendo el agua directo a la cara del chico, él se fue de espaldas.
La chica comenzó a toser y a frotarse los ojos tratando de recobrar la
vista.
  —¡Casi me muero! Chilló ella sin aire.
  —¿Helga? Escuchó la voz de Arnold y alguien le sostuvo las manos.
  —… Mi príncipe, creí que iba a morir pero tú me salvaste - dijo

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

al recuperar el aliento y se dejó caer nuevamente en el suelo – ¡Me
salvaste mi amor!
  Pero la expresión soñadora de Helga cambio totalmente. Cuando
al recobrar la vista, no vio al amor de su vida sino a un completo
extraño, sosteniendo sus manos.
  —¿Quién diablos eres tú? Preguntó Helga desilusionada.
  —El niño que te salvó. Dijo alguien y Helga se encontró rodeada
de gente.
  —¿Quién me salvó? - Preguntó confundida – pero entonces de
¿Quién era esa voz?
  —Helga ¿Estás bien? Preguntó Arnold preocupado, tratando de
apartar al chico.
  —Si estoy bien, casi no cuento el cuento. Respondió ella.
  —A un lado - dijo un enfermero y se dirigió hacia Helga - ¿Estás
bien?
  —Si, no me paso nada. Contestó Helga sentada en el suelo,
escurriendo agua.
  —¿Nada? casi te mueres y dices que no te pasó nada. Helga se
volvió hacia el que había hecho esa afirmación, el chico desconocido.
  —Sera mejor que te llevemos al hospital. Dijo el enfermero.
  —Pero si ya estoy bien. Protestó Helga y se puso de pie, tambaleante.
  —Necesitas que te revisen. Dijo el enfermero alistando la camilla,
señalando la fina cuerda que estaba enroscada en su pie.
  —Nada de eso, ya estoy bien. Dijo ella mientras era rodeada por
sus compañeros.
  —¿Seguro? Esta vez fue Arnold el que preguntó, sosteniéndola de
un brazo.
  —Seguro melenudo no fue grave. Aseguró ella soltándose y
comenzó a temblar de frio.
  —Debes venir con nosotros, estuviste en el agua mucho tiempo.
Un doctor debe verte de inmediato. Insistió el enfermero, mientras le
pasaban una manta por la espalda, al igual que al chico.
  —Está bien. Aceptó Helga y fue dirigida hacia la ambulancia.
  —Tú también debes venir niño. Le dijo el enfermero al desconocido
y los guio a la ambulancia.

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  —Gracias. Le dijo Helga agradecida, al verlo a su lado.
  —Me alegra que estés bien. Dijo el chico.
  —¿Y a quien le debo la vida? Quiso saber ella.
  —Me llamo Anthony. Contestó él y alzó su mano a modo de saludo.
  —No eres de por aquí ¿Verdad héroe? Siguió Helga.
  —No... Vivo en otro vecindario, vine a este por una tarea sobre la
guerra de los tomates. Dijo Anthony.
  —Esa es la razón por la cual, nunca te había visto. Dijo Helga.
  —¿Cuál es tu nombre? Preguntó Anthony.
  —Soy Helga G. Pataki. Se presentó ella orgullosa.
  —¿Y la G que significa?
  —Eso no es de interés público. Dijo Helga.
  —Ya veo - dijo el chico y sonrió - es un placer conocerte Helga G.
Pataki.
  Anthony extendió su mano, Helga lo miró y estrecharon sus manos,
desde ese mismo momento se fijó un lazo especial entre ellos.
  —¿Qué fue lo que pasó? Les preguntó el señor Green el carnicero
del vecindario a los niños presentes en el incidente.
  —Estaba nadando en el lago, creo que se le cayó algo y estaba
intentando rescatarlo. Explicó Sid.
  —Ya veo. Dijo el señor Green.
  —Y de pronto ya no salió más a la superficie. Prosiguió el chico
con la explicación.
  —¿Cuánto tiempo permaneció bajo el agua? Preguntó el señor
Green después.
  —No sabría decirlo, fue un buen rato. Contestó Sid y entonces el
hombre los miró de forma desaprobatoria.
  —Y ¿Ustedes no hicieron nada? ¿Se quedaron ahí parados después
de tanto rato? ¿No se les ocurrió pedir ayuda? Recriminó el señor
Green.
  —No... - trató de explicar Arnold - yo... es decir nosotros ya íbamos
a rescatarla pero...
  —Esos niños... si hubiera sido su perro, el que se estuviera
ahogando, hubieran saltado más rápido. Comentó alguien, sin saber
que sus palabras tuvieron un significado atroz. Helga escuchó todo y

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

se llevó una mano al pecho tambaleándose, estuvo a punto de caer,
Anthony noto su malestar y la sujetó de un brazo.
  —¿Estás bien? Preguntó.
  —Si de maravilla. Respondió Helga recuperando la compostura,
jalando el brazo. Anthony la ayudo a subir a la ambulancia, mientras
Helga trataba de ocultar su desilusión y tristeza, aun le costaba creer
que Arnold no hubiera hecho nada por salvarla, ella trató de comerse
su dolor mientras la ambulancia arrancaba.
***
  Su estado de ánimo no mejoro después. El gran Bob con sus gritos
y regaños, terminaron de arruinar su día.
  —¡Es el colmo!... dos semanas suspendida y encima te pones a
nadar en el lago, sabiendo lo peligroso que es y por si fuera poco
haces que pierda un gran negocio que tenía entre manos ¡Esto jamás
le hubiera pasado a Olga! Exclamó Bob enfadado de sobremanera
agitando en el aire el arrugado aviso de suspensión.
  —Mejor me hubiera muerto, no me hubieran regañado tanto.
Murmuró Helga por lo bajo.
  —¡¿Que dijiste?!
  —Nada papá, lo lamento. Se disculpó ella.
  —En fin, te quedas en tu habitación castigada jovencita - sentenció
su padre y señaló hacia arriba de las escaleras - A ver si aprendes a
tener más cuidado.
  —Sí, Bob. Contestó Helga bajando la cabeza. El hombre le dio la
espalda y fue a recostarse en su sillón, destapando un refresco en lata.
  —A quien se le ocurre nadar en el lago. Murmuró el gran Bob,
mientras tomaba el control remoto y prendía la televisión.
  Helga subió a su habitación y se encerró, encendió la luz y caminó
hacia el armario, abriéndolo, acercó una escalera y subió por esta,
abriendo la compuerta que la llevó al ático donde se alzaba su santuario
que adoraba al cabeza de balón. Se quedó mirando la estatua de palitos
de helado, pero por primera vez en la vida, no quiso elevar oraciones,
ni alabanzas, solo le sonrió con tristeza.

Hebo Freire

  —Buenas noches Arnold. Dijo Helga y bajó cerrando la puerta tras
de sí y fue a recostarse en su cama, miró el techo de su habitación y
sacó su relicario, lo contempló un instante antes de lanzarlo lejos de
su vista y luego cerró sus ojos. No se dio cuenta en qué momento se
quedó dormida.
  De un momento a otro se encontró sola en medio de un camino
oscuro, que no iba a ninguna parte, en medio de esa horrible oscuridad
vio a Arnold alejándose lentamente.
  —¡Arnold! - ella avanzó hacia él - ¡Espérame Arnold!... ¡No me
dejes atrás!
  Sus gritos no fueron escuchados, él se alejaba más y más, Helga
corrió y estuvo apuntó de alcanzarle, pero de repente una multitud
de gente, apareció a su alrededor y le impidió seguir avanzando,
empujándola en dirección contraria.
  —¡Arnold! - Helga gritó estirando su mano, mientras era arrastrada
lejos de él - ¡Arnold!
  Fue arrastrada muy lejos y después derribada al suelo. La gente
desapareció tan repentinamente como apareció, Helga se quedó sola
en medio de la oscuridad se levantó y buscó a Arnold pero no lo
encontró, sola había oscuridad y nada más.
  Entonces una gigantesca sombra saltó frente a ella, Helga espantada
cayó al suelo mientras la sombra de un caballo se alzaba frente a ella
levantando sus patas. Era un caballo místico de seis patas, blanco y
feroz, su jinete era Anthony con los atuendos de un guerrero nórdico.
  —¡Qué demonios! Se dijo Helga al encontrarse no en medio de la
cruel oscuridad sino en medio de un bosque colorido, y ya no estaba
vestida como era habitual, estaba vestida como Valkiria.
  —¡Helga! – Dijo Anthony – Yo siempre estaré contigo.
  Helga sonrió sonrojándose y entorno los ojos, conmovida por esa
declaración, entonces despertó, encontrándose nuevamente en su
habitación.
  —¿Que fue eso? Se preguntó ella gateando por su cama y se asomó
por la ventana para tomar aire fresco - ¿Por qué soñé algo tan estúpido
y con ese imbécil?
  Helga estaba desilusionada, había pensado que Arnold la había

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

salvado y fue todo lo contrario. El chico no movió un solo dedo para
salvarla, tuvo que aparecer alguien más. Si el tal Anthony no hubiera
aparecido, a esas horas estaría en la morgue en compañía del loco
doctor que trabajaba ahí. Helga suspiró pesadamente.
  —Creo que le estoy apostando al caballo equivocado. Se dijo.
***
  Las secuelas fueron múltiples, un resfriado una de estas pero por
suerte para ella su cerebro no sufrió ningún daño, Helga no volvió a la
escuela hasta tiempo después y justo para el juicio. El día en que tuvo
que ir con sus padres a ver al director Warts, no fue el mejor día de su
vida, la regañaron le recriminaron todo lo que había hecho. Luego de
la larga y torturante sesión, Helga salió de la escuela acompañada por
sus padres, ellos fueron por el auto y Helga fue en dirección contraria.
  —¿A dónde vas? Preguntó el gran Bob de mal humor.
  —Quiero dar un paseo, llevo mucho tiempo encerrada. Dijo Helga
sin detenerse.
  —De acuerdo, pero te quiero de vuelta en casa a las tres, aun estas
castigada… y ¡Ten mucho cuidado! Ordenó su padre.
  —Muy bien. Dijo Helga mirando su reloj. Eran las dos y media de
la tarde.
  Helga fue al parque y se dirigió hacia el puente, el mismo del que
hacía días había saltado para rescatar su tesoro y donde había sido
salvada por el héroe.
  —Ah mi gran amor… dijo Helga y suspiró contemplando las
oscuras aguas del lago.
  Cuando algo le golpeó la cabeza, una bola de papel, ella levantó la
cabeza indignada, alguien había osado atacarla con su principal arma,
Helga empezó a buscar rápidamente al culpable.
  —¡¿Quién fue?! Exigió saber Helga colérica, alguien se asomó
detrás de un árbol.
  —Soy yo - contestó un chico alto de cabello castaño y vestido muy
formal - lo siento no se me ocurrió como más llamar tu atención, no
te fijabas que te estaba llamando.

Hebo Freire

  —¿Quién diablos eres tú? Y ¿Cómo te atreves a lanzarme una bola
de papel? ¿Acaso quieres morir? Amenazó Helga lanzando la bola al
aire y volviéndola a atrapar.
  —¿Ya no me recuerdas? Que mala memoria. Dijo el chico sonriendo
mientras se acercaba.
  —No recuerdo a ver visto tu fea cara alguna vez. Contestó Helga
avanzando hacia él.
  —Permíteme recordártelo, el lago, la red, la ambulancia. Helga lo
señaló con sorpresa al recordarlo.
  —¡Eres tú! Exclamó sorprendida
  —¿Ya lo recordaste?
 —¡Anthony!
  —Te estaba buscando, pero no pude encontrarte en tu escuela. Le
dijo el chico.
  —Estoy suspendida hasta el lunes. Le informó Helga.
  —¿De verdad? Qué bueno que pude encontrarte de nuevo. Dijo
Anthony.
  —Si como sea. Contestó Helga y se alejó dándole la espalda, sin
intenciones de quedarse a conversar.
  —¿Ya te vas? Preguntó Anthony siguiéndola.
  —Soy una chica ocupada, tengo cosas que hacer, gente que golpear.
Se excusó Helga.
  —¿Te gustaría tomar algo? la invitó Anthony
  —¿Qué? Helga dio media vuelta deteniéndose.
  —¿Te gustaría venir conmigo a tomar algo? Insistió Anthony.
  —¿Es una broma?
  —No, no lo es, estoy hablando en serio - dijo Anthony arqueando
una ceja - me gustaría invitarte a tomar algo, claro si no tienes prisa.
 —Una invitación ¿Por qué no? Después de todo le debo la vida pensó Helga pero luego cambio de opinión - ahora no puedo, tengo
que regresar a casa.
  —Entonces ¿Cuándo podrías? Preguntó Anthony.
  —Hmmm no lo sé, tal vez el lunes. Dijo Helga.
  —¿El lunes a qué horas? Preguntó el chico, Helga planeo
rápidamente el itinerario.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —A las cinco en Antonio’s Pizza, trae dinero y no llegues tarde,
me irrita la gente que me hace esperar. Dijo Helga apuntándole con
el dedo índice.
  —Ahí estaré. Prometió Anthony
  —Adiós. Se despidió Helga sin volver la vista y se fue por el
sendero del parque.
  —Te esperare el lunes a las cinco en la pizzería. Dijo Anthony
observándola.
  —Sí, sí. Ella avanzó a paso de carga pero no pudo evitar detenerse
y mirar atrás, él aún estaba ahí mirándola y le sonrió. Esa sonrisa
tuvo efecto sobre Helga quien arqueó su ceja, hacía mucho tiempo
que nadie le sonreía de ese modo, la última persona fue Arnold, hace
muchísimo tiempo. Por un breve instante, aquel chico le recordó lo
dulce que fue Arnold cuando lo conoció en el jardín de niños.

Hebo Freire

Parte 3
  Al llegar el lunes, Arnold llegó junto a Gerald y encontró a Helga
en la escuela. Ella estaba relatando a sus compañeras y a Eugene,
como fue su experiencia cercana a la muerte.
  —Ahí estaba yo, Helga G. Pataki atrapada como un pez en un
anzuelo, diciendo mi último “¡Criminal!” sintiendo la agonía de la
muerte venir hacia a mí, entonces cerré los ojos y no supe más. Relató
Helga.
  —¿Y entonces que pasó? Preguntó Sheena mientras ellos la
escuchaban absortos.
  —Vi una luz, al final del túnel y lo crucé. Contestó Helga.
  —¿Llegaste al infierno? ¿Cómo es el infierno Helga? Quiso saber
Rhonda con sarcasmo en la voz.
  —Agradable porque no estabas ahí princesita, pero no estuve
mucho tiempo en ese lugar, lo próximo que vi fue a un tipo con barba
parado en una reja dorada y tras de esta estaba un estación de tren y
un tren recogiendo pasajeros, iba a cruzar la reja, cuando escuché una
voz y cuando me di cuenta estaba de vuelta en casa. Relató Helga.
  —¿Es cierto que te salvó un chico? Indagó Rhonda.
  —Aja, el tipo apareció de la nada y saltó al agua salvándome, si
no fuera por él, la Helga que adoran y veneran ya no estaría en este
momento y ustedes no estarían aquí sino en mi funeral y yo estaría
con un gladiolo en las manos. Dijo Helga cruzándose de brazos.
  —Suena tan romántico. Añadió Sheena.
  —¿Romántico? Helga no lo había pensado de esa forma, fue
grandioso, sensacional ¿pero romántico?
  —Si te salvó como si un príncipe azul se tratase. Siguió la chica.
  —Sí, bueno, apareció como si de un príncipe encantador se tratara,
nunca voy a olvidar lo que hizo, es mas ya hace parte de mi muy
selecta lista de gente que me cae bien. Dijo Helga.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —No sé si decir si nos hizo un favor o no. Siguió Rhonda.
  —Te guste o no, hizo un gran favor. Dijo Helga.
  —Fue una verdadera suerte que él te salvara, no había nadie más
cerca. Dijo Nadine.
  —Si, había más gente. Dijo Helga
Gerald al lado de Arnold añadió en voz baja.
  —Esta es la parte donde nos echa en cara que no la salvamos.
  Helga, espaldas a ellos, no se percató de su presencia.
  —Tal vez otro me hubiera salvado, cualquier otro, sin embargo
hubiera sido demasiado tarde para mí, me hubiera ahogado y estaría
en este momento haciéndole compañía a Jack el cuatro ojos y la novia
fantasma y estaría esperando la noche para jalar sus pies. Aseguró
Helga saliendo del círculo, subiendo las escaleras de la entrada
principal de la escuela.
  —¡Vaya! ¡Es sensacional! Me gustaría conocer al héroe en persona,
fue muy valiente al saltar al agua a salvar a una desconocida, sin
importarle quien fuera. Dijo Eugene emocionado.
  —Eso es algo que ni tus amigos harían así como así. Dijo Nadine y
alguien sintió una bofetada con guante blanco, atrás del grupo.
  —Si es cierto, te salvo de una muerte segura, Helga. Ahora estarás
en deuda con él, por el resto de tu vida. Dijo Rhonda. Helga se detuvo
en la mitad de la escalera.
  —¿En serio?
  —Claro, le debes la vida para siempre. Añadió Rhonda.
  —No había pensado en eso - Dijo Helga volviéndose hacia adelante
y añadió en voz baja - no me gusta estar en deuda con nadie.
***
  Helga adelantaba cuaderno para ponerse al día en el salón de clase,
cuando una sombra la cubrió, una sombra que parecía la de una
palmera. Helga movió su cuaderno sobre el escritorio, huyendo de la
sombra.
 —Helga.
  —¿Qué onda cabeza de balón? Preguntó Helga levantando la

Hebo Freire

mirada.
  —¿Cómo estás? Preguntó Arnold.
  —Bien, aquí perdiendo el tiempo. Dijo Helga.
  —Me alegró mucho… Bueno… hace un par de días fui a tu casa
pero tu papá me dijo que tenías prohibidas las visitas. Dijo Arnold.
  —Claro estaba castigada ¿Recuerdas? intente matar a Brainy. Dijo
Helga y siguió moviendo el lápiz sobre el cuaderno.
  —Respecto a lo del lago, que bueno que no te pasó nada, intente
ayudarte pero...
  —¿Por qué me estás dando explicaciones? - lo interrumpió Helga
bruscamente – Tú no tenías que hacer nada por mí, afortunadamente
apareció un buen samaritano y me salvó - Sus palabras no sonaban
con rencor o sentimiento de odio. Por primera vez en la historia, no
lo trataba como su amor platónico, ni como su odiado enemigo, lo
trataba como un chico cualquiera. - No te sientas mal melenudo, no
puedes salvar al todo el mundo, gracias por intentarlo de todos modos.
  En ese instante una nube gris rodeo a Arnold, mientras Helga seguía
en lo suyo, sin decir o pensar una sola frase de amor o de insulto en
su nombre.
***
  Al terminar las clases, luego de relatar su experiencia incorpórea a
sus compañeros un millón de veces, Helga fue a su casa a cambiarse
de ropa y se llevó un disgusto, su madre había lavado toda su ropa y
no tenía que ponerse y su vestido rosa estaba sucio, tuvo que ponerse
una blusa y una falda larga de su hermana Olga y luego corrió en su
bicicleta rosa.
  En otra parte del vecindario, Arnold y Gerald caminaban por la
acera. El chico de cabello alborotado iba hundido en sus propios
pensamientos.
  —¿Qué te pasa? Preguntó Gerald al ver a su amigo actuando tan
extraño.
  —¿Sabes? El año pasado salve un gato. Dijo Arnold cabizbajo.
  —Sí, he sido testigo de muchos de los milagros que has hecho.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

Dijo Gerald.
  —Si he hecho cosas muy impresionantes. Dijo Arnold.
  —Entonces ¿Cuál es el problema? Preguntó Gerald y Arnold se
detuvo en medio de la acera frente al puesto de revistas.
  —El problema es que cuando sucedió algo serio, algo en lo que se
necesitaba mi ayuda, no pude hacer nada. Replicó Arnold frustrado.
  —Vamos viejo, no te mates tanto la cabeza con ese asunto,
afortunadamente apareció alguien que la ayudó. Replicó Gerald
  —¿No lo entiendes Gerald? - dijo Arnold y tomó una revista
con rabia, dándole una ojeada - no se trataba de salvar a un gato o
al vecindario, se trataba de salvar a alguien, alguien que estaba en
peligro y yo no hice nada.
Gerald lo miró y le quitó la revista apuntándole con esta.
  —Arnold, tienes nueve años y estas en cuarto grado, no eres ni
Superman, ni Batman, tú haces lo que puedes, no puedes exigirte
hacer cosas imposibles o ir en contra del destino. Ella está a salvo
y eso es lo único que importa. Dijo Gerald y dejó la revista en el
estante, avanzando por la acera.
  —Pero… replicó Arnold siguiéndolo hasta alcanzarlo.
  —No importa quien la salvó, está viva, eso es lo único importante.
Dijo Gerald pero sus palabras no hicieron sentir mejor a Arnold.
  —Pero es que si yo la hubiera salvado, entonces ella estaría
agradecida conmigo, tanto que ya no me odiaría y tal vez… Arnold
dejó de hablar al notar que Gerald se detuvo y lo observó con mucha
atención.
  —Tal vez… ¿Qué? Preguntó Gerald dándose cuenta de que había
algo más profundo en toda aquella cuestión.
  —Tal vez… No sé, estoy divagando. Dijo Arnold.
  —Si claro… - dijo Gerald - tal vez ya no te molestaría, tal vez
hasta te abrazaría cada vez que te viera.
  —Gerald. Se quejó su amigo.
  —Es una suposición, estamos imaginando un mundo donde tú
salvas a Helga. ¿No? Dijo Gerald y cruzaron la esquina. Cuando de
repente una bicicleta cruzó velozmente frente a ellos como un rayo,
ellos retrocedieron asustados y la bicicleta siguió su curso quedándose

Hebo Freire

sin frenos y terminó estrellándose contra una barrera de madera que
protegía el cemento fresco de una acera recién arreglada. La bicicleta
voló lejos, quedando enterrada entre el cemento y el dueño quedo
sobre el andén. Al principio Arnold y Gerald pensaron que se trataba
de Eugene pero al ver más de cerca, vieron que se trataba de Helga
Pataki, ella salió casi ilesa del aparatoso estrellón, la falda larga
quedó sobre su cabeza y la hizo lucir como una santa de la iglesia
católica

—¡Torpe
niña!
Le
gritó
el
obrero
que
estaba
almorzando sentado en la acera a un lado de la obra.
  —Ya no sea llorón. Dijo Helga y sin esperar respuesta alguna, cruzó
la calle, lamentándose como una viejita, con una mano en la cintura.
  —Oye no dejes tu bicicleta aquí. Le dijo el obrero pero ella hizo
caso omiso al reclamo, y abandonó su bicicleta.
  —Estoy comenzando a sospechar que no es humana. Dijo Gerald
rascándose la sien. Helga se detuvo frente a la ventana de la pizzería
fijándose en su apariencia, quitándose rápidamente la prenda que
tenía en la cabeza.
  —¡Diablos!... ya me parezco a Eugene, estrellándome contra las
cosas como una idiota. Se lamentó y siguió adelante. Una vez abrió la
puerta, Helga recobro su postura y actuó normalmente, buscó con la
mirada donde podría estar Anthony, vio todos los puestos ocupados,
menos uno que estaba con un solo ocupante quien estaba con el menú
extendido frente a él, Helga se sentó distraídamente frente a este.
  —Hola lamento el retraso – dijo Helga mirando hacia atrás - ¡Pero
no te atrevas a hacerme algún reclamo!
  Su oyente bajo el menú y para sorpresa de Helga no era quien
esperaba. Era un tipo punks lleno de tatuajes y piercing en la cara,
cuyo aspecto abrumador, la asustó a ella y a los chicos que estaban
observando todo desde la ventana.
  —¡Helga tiene una cita y con ese tipo! Dijo el rubio con los ojos
desorbitados.
  —¡Ya sabía que Helga era una inadaptada pero esto es demasiado!
Dijo Gerald a su vez, Helga se recuperó del susto y se levantó.
  —Lo siento me equivoque - se disculpó, buscando después a

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

Anthony - ¿Dónde diablos se metió?
  —¿Helga? Alguien la llamó. Era Anthony acompañado por dos
chicos de su mismo curso.
  —Tu cita ha llegado, Anthony... Dijo uno, Helga caminó hacia
ellos a paso de carga.
  —Se suponía que venias solo. Le reclamó.
  —Nosotros ya nos vamos mi lady, solo lo acompañábamos hasta
que llegara. Explicó uno de los compañeros de Anthony haciéndole
una venia de corte real.
  —Nos hablamos después. Se despidieron ellos y Helga no muy
contenta tomó su lugar.
  —Lo siento mis amigos suelen ser algo entrometidos. Se disculpó
Anthony.
  —Ya me di cuenta, zopenco gracias a ti acabo de hacer un ridículo
impresionante. Se quejó Helga.
  —¿Por qué?
  —Casi me mato en una bicicleta…y me senté en la mesa equivocada.
  —Vaya... tu vida es una aventura, necesitas alguien que te cuide.
Dijo Anthony.
  —¿Bromeas? yo no necesito que nadie me cuide. Dijo Helga
tomando el menú.
  —Es cierto, lo olvide. Dijo Anthony e hicieron su pedido. Afuera
los chicos se retiraron de la ventana y se alejaron.
  —Vaya pero si es el chico que la salvó, parece que se hicieron
amigos - Dijo Gerald - bien por ella.
  —Si es bueno conocer gente nueva, aunque sea en circunstancias
extremas. Añadió Arnold.
  —Ya sabes lo que dicen, en el peligro se conocen los amigos.
Prosiguió Gerald. La puerta de la pizzería se abrió y salieron los
compañeros de Anthony.
  —Vaya niña. Comentó uno.
  —Es de cuarto grado pero salvajemente encantadora, con razón
Anthony está loco por ella. Dijo el otro
  —A ver si el imbécil no lo echa a perder.
  Ambos se alejaron de la pizzería.

Hebo Freire

  —¿Escuchaste eso viejo? Preguntó Gerald más su amigo no
respondió, se limitó a entrecerrar sus ojos, y no fue una mirada de
regocijo.
***
  Helga estaba segura que aquella cita, sería algo que no pasaría de
veinte minutos, pues imagino que no tendría mucho de qué hablar con
Anthony, pero se equivocó, pronto encontraron tema de conversación,
hablaron de luchas e incluso de política y sin darse cuenta se les fue
la tarde entera.
  —¿Por qué te suspendieron? Le preguntó Anthony.
  —Por golpear a un idiota, el muy tarado se quiso pasar de listo.
Contestó Helga inclinada sobre la bebida.
  —Debió ser digno de ver.
  —Le hizo bien a mis nudillos pero no a mi expediente, me
castigaron por dos semanas. Helga escupió en el suelo. Anthony la
observo divertido. A pesar de su comportamiento tosco, él la veía
como Blanca Nieves con pájaros y animales rodeándola.
  Al salir de la pizzería fueron al parque y se pararon en el puente del
lago, observando la orilla donde se conocieron.
  —¿Y qué otras cosas haces Helga? Preguntó.
  —Muchas, estudiar, vagar golpear ñoños, molestar a cierto cabeza
de chorlito etc. etc. etc. Dijo Helga pareciendo aburrida y escupió en
el lago.
  —A ver... - la retó Anthony - trata de superar esto.
  El chico escupió y fue un excelente tiro, el escupitajo fue lejos.
  —¡Ja! me canso. Acepto Helga y se preparó para lanzar su mejor
proyectil, fue bueno pero no alcanzó el lanzado por el chico.
  —Eso da lástima. Se burló Anthony
  —Así pues mira esto. Exclamó Helga y entonces se batieron en
un duelo de escupitajos, ante el asco de la gente que pasaba por ahí.
Finalmente terminaron en empate, al acabárseles la saliva.
  —Eso fue destacable. Dijo Anthony.
  —Deberías verme cuando lanzo bolitas de papel con la cerbatana.
Helga tomó un papel, lo hizo bola y con la cerbatana que llevaba

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

consigo apuntó a un pájaro, disparó y dio en el blanco. El pájaro fue
derribado.
  —¡Wow! Eres una experta.
  —Años de práctica y un blanco formidable. Explico la chica.
  —¿Que blanco? ¿Una diana? ¿Practicas tiro al blanco?
  —No, practico sobre un blanco ovalado y estúpido. Dijo con
aburrimiento. El chico decidió no seguir preguntando sobre ello,
decidió tocar otros temas de interés, como el tema de la misteriosa G.
  —¿Qué significa?
 —¿Que?
  —La G.
  —¡Que te importa!
  —Déjame adivinar, Significa Grace. Anthony quiso adivinar.
 —No
  —Gatubela. Bromeo
  —Por supuesto que no. Tajó Helga caminando junto a él fuera del
parque.
  —¿Qué pasa si adivino? Preguntó Anthony mientras se dirigían
hacia la parada de autobuses.
  —Si no adivinas, me pagaras el doble, un dólar para empezar.
  Helga sabía que nadie sobre la faz de la tierra sabía su segundo
nombre, salvo una persona, su hermana mayor Olga.
  —Espero verte pronto de nuevo Helga, me divertí mucho hoy. Dijo
Anthony.
  —Si como sea. Dijo Helga. El autobús llego a cabo de un par de
minutos
  —¿Es Griselda? Preguntó Anthony parado en la puerta del autobús.
  —No y con esa son tres, ¡Págame! Helga le cobro extendiendo su
mano y él sacó un billete de su bolsillo.
  —No tengo cambio de 5.
  —No importa, me quedo con el cambio. Dijo Helga quitándole
el billete. El autobús arrancó llevándose a Anthony quien sonrió
enamorado, Helga había logrado calarse en su corazón, atrás ella se
quedó contemplando el billete.
  —¿Que opina de ese perdedor señor Lincoln?... es un payaso

Hebo Freire

interesante, el que salvo mi vida.
***
  De regreso a clases al siguiente día, Helga no le conto a nadie sobre
su cita, siguió su vida como si nada hubiera pasado.
  —¿Helga dónde estabas metida? Le reclamó su amiga.
  —Por ahí... estaba ocupada. Dijo Helga sacándose el mugre de las
uñas.
  —¿Estás bien? Preguntó
  —Ya Phoebe no me quedo ningún trauma por caerme en el lago, no
tengo laguna-fobia o algo parecido. Replicó molesta.
  —Lo siento pero no pude evitar preocuparme. Dijo Phoebe
  Las clases dieron inicio cuando el señor Simmons llegó, Helga tomó
su respectiva pose de flojera, siguiendo lo rutinario, sin embargo algo
había cambiado, ella no había molestado a Arnold en todo el rato.
  Al final de las clases salió junto con Phoebe rumbo al autobús, pero
cuando iba subir algo le golpeó la cabeza, miró hacia un lado y se
encontró a Anthony escondido bajo las escaleras.
  —Nos vemos luego Phoebe. Le dijo Helga a su amiga.
  —¿Pero no vas a tomar el autobús Helga? Preguntó Phoebe
extrañada, parada en la puerta del autobús.
  —Esta vez no, te veo luego. Dijo Helga y se fue, Phoebe iba a
seguirla, pero la puerta se cerró en sus narices impidiéndole el
descenso. Ella no pudo hacer otra cosa que seguir y ocupar su puesto.
  —¿Y Helga? - Preguntó Arnold atrás de su puesto - ¿Que no venía
contigo?
  —Se quedó... contestó ella y luego se pegó contra la ventana, al
ver algo inusual, algo que llamó poderosamente su atención, vio a
su amiga Helga hablando con alguien, un chico que no había visto
jamás, y lo que más le impresionó, vio a Helga sonreír abiertamente. 
  Phoebe no pudo ver nada más. El autobús se alejó de la escena a
toda velocidad.
  —¿Que te sucede Phoebe? Le preguntó Arnold.
  —Vi algo pero... no lo pude ver bien. Dijo ella.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —¿Qué? Preguntó Gerald cambiándose de puesto para estar al lado
de Phoebe.
  —Algo insólito. Respondió Phoebe intrigada, Helga estaba saliendo
con alguien del que no le había hablado jamás. Phoebe se molestó al
principio pero después lo pensó con más calma.
  —Tiene que tener una buena razón. Llegó a la conclusión.
***
  No supo por que le sonrió de ese modo, pero luego esa sonrisa
cambio por su clásica expresión gruñona.
  —¿Qué rayos haces aquí?.... Le reclamó Helga.
  —Quería verte. Le explicó Anthony.
  —¿Para qué?
  —Quería decirte algo.
  —¿Que? - Preguntó Helga impaciente cruzándose de brazos y esa
pose intimido a Anthony - Dime y más vale que sea importante.
  —Quería verte, te extrañe ¿Sabes...?
  —¿Extrañarme? Que estupidez ¿Por qué habrías de extrañarme?
Replicó Helga sin entender a donde quería llegar el chico.
  —Te extrañe, no pude evitarlo. Dijo Anthony.
  —¿Por qué?
  —Quiero decirte algo muy importante Helga, algo que me ha
robado el sueño durante muchas noches. Declaró Anthony.
  —¡Al grano viejo! ¡No tengo todo el día! Dijo Helga impaciente.
  —Helga, me gustas... confesó Anthony cerrando los ojos. Y de
inmediato Helga cambió su expresión radicalmente.
  —¡¿Que dijiste?!
  —Me gustas, Helga.
  —¿Que te están filmando? ¿Me quieres tomar el pelo o qué?
Cuestionó Helga sin tomárselo en serio.
  —Mira sé que suena loco pero así es, me gustas mucho, estoy loco
por ti. Dijo Anthony.
  —Estás confundido, lo dices solo porque no me conoces. Replicó
Helga.

Hebo Freire

  —Tienes razón, no se puede conocer a alguien en un día, pero desde
la primera vez que te vi, me enamoré, me enamoré cuando te vi salir
del agua como una sirena, eres tan linda y por eso me gustas, quise
declararme desde el primer momento en que te vi. Confesó Anthony
abiertamente, escogiendo muy bien sus palabras.
  —No has captado el mensaje amigo, será mejor que me veas como
en realidad soy. Exclamó Helga y agarró a un niño que caminaba por
ahí y lo arrastró hacia el atónito Anthony.
  —Dile quien soy. Le ordenó decir al niño sujetándolo por el cuello.
El niño azorado no dudo en contestar rápidamente.
  —Ella es Helga G. Pataki, ama del cuarto grado, azote de la P.S
118, cualquiera que se meta con ella sufrirá su ira y se arrepentirá el
resto de su vida.
  —Buen niño, ¡Ahora largo! lo felicitó Helga y lo empujo. El niño
salió corriendo.
  —Lo ves, soy la abusona de la 118, estoy lejos de la descripción que
acabas de dar, ¿Aun dices que estás enamorado de mí? Después de lo
que acabas de escuchar. Dijo Helga. Anthony sabía que ella era una
niña muy brusca pero no sabía que era una abusona, sin embargo...
no le importó.
  —Me gustas Helga G. Pataki, eres fiel a tu propia naturaleza, no
finges no tienes una mente vacía y superficial como la mayoría de
niñas. Eres bonita y tu ceja me recuerda mucho a Frida Kahlo, me
gustas Helga y quiero que me des una oportunidad de hacerte feliz.
Declaró Anthony y solo le faltó ponerse de rodillas y tomar su mano.
Helga hubiera dado el universo entero por escuchar esas hermosas
frases de labios de Arnold, pero sabía que eso no era posible.
 —Diablos y ahora qué hago este no es como el tarado de Brainy,
no puedo golpearlo, me salvo la vida ¿cómo me deshago de él? Pensó
Helga mientras su corazón saltaba, esas palabras habían calado dentro
de ella – ¡Me dijo bonita! Ah… ningún chico me había dicho que era
bonita.
  —Di que sí...- sugirió Anthony - o golpéame por mi atrevimiento.
  —Tal vez haga las dos... o ninguna. Dijo Helga recobrándose y
lo reflexionó muy bien recordó la primera vez que lo vio, el sueño

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

que tuvo, le agradaba pero no le gustaba-gustaba. Era sabido que su
corazón estaba consagrado por completo al altar del rubio cabeza de
balón
 —Me salvo la vida - Repasó rascándose el cuello- si no fuera por
él, no estaría aquí, sino en un feo cajón, pero no debo darle alas.
 —¿Helga...?
  —Es cierto somos muy afines pero el hecho de que hayas
condescendido conmigo, no te da derecho aspirar a nada.
  —¿Eso es un no? Dijo Anthony impactado.
  —Efectivamente viejo eso es un ¡NO! Respondió Helga y se fue
dejandole con el corazón oprimido, sombrío él se quedó en ese lugar
cabizbajo, pero después de un momento, Anthony levantó la cabeza,
sonriendo, él no era de los que se daban por vencidos.

Hebo Freire

Parte 4
  Helga se sintió como el ser más despreciable de la tierra al mandar
al diablo a su benefactor, pero no tuvo otra alternativa. Los intrusos
no estaban invitados a su santuario dedicado a Arnold.
  —¿Helga quién era ese chico? Preguntó Phoebe con curiosidad
mientras leía un libro recostada en una almohada sobre el suelo de la
habitación de Helga.
  —¿Cual chico? Preguntó ella recostada sobre su cama, jugando a
lanzar una pelota de tenis contra la pared.
  —El chico alto y de cabello castaño que te espero a la salida de la
escuela.
  —¿Ese? él fue el que me salvó de morir como un perro - dijo Helga
categóricamente - se llama Anthony Hope, estudia en la publica 119 y
tiene 11 años, ah y está en quinto grado.
  —¿El chico que te salvó? ¿Él vino a verte a la escuela? Preguntó
Phoebe dejando de leer.
  —Es una especie de amigo, Phoebe pero no te sientas desplazada
aun sigues siendo la número dos al mando. La tranquilizó Helga.
  —Pero ¿Porque actúas diferente cuando estas con él? Preguntó.
  —¿A qué te refieres?
  —Te vi sonreír desde el autobús y yo sé perfectamente que solo
hay una persona que te hace sonreír de ese modo.
  —No me había dado cuenta, pero eso no tiene importancia ¿o sí?
Preguntó Helga dejando de lanzar la pelota.
  —La tiene al tratarse de ti. Contestó Phoebe cerrando su libro.
  —¡Vamos! El tipo me salvó la vida ¿Cómo no me va alegrar verlo?
Además es agradable conocer otras personas, conocer otros entornos,
vivir nuevas experiencias - Dijo Helga y giró la pelota con sus dedos
- el cambio es bueno.
  —El que dijo eso es un malvado. Replicó Phoebe.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Los malos también dicen verdades. Objetó Helga y se dio la
vuelta en la cama.
  —¿Cuando me lo presentaras? Quiso saber Phoebe.
  —No es necesario, ya me deshice de él.
 —¿Cómo?
  —Nada, solo estoy pensando en voz alta. Dijo Helga y puso a rodar
la pelota la cual cayó al suelo rebotando varias veces.
  —¿Helga estas bien?
  —¿Por qué lo preguntas?
  —Porque hemos hablado por más de dos horas y no has mencionado
al mantecado una sola vez, cuando en más de una ocasión es el tema
de conversación.
“Mantecado” era el nombre clave para Arnold entre ellas.
  —Los tiempos cambian Phoebe. Helga no quiso revelarle que
Anthony se le había declarado, no le vio la necesidad.
  —Helga... musitó Phoebe algo preocupada. Algo le decía que las
cosas iban a cambiar dramáticamente.
***
  Al llegar la hora del almuerzo en la escuela, Helga decidió comer
afuera en el patio, se sentó ansiosa en una de las mesas, poniendo su
lonchera frente a ella. Era normal que no encontrara lo que quería,
pero tenía esperanza de que esta vez fuera diferente, Miriam le había
prometido hacer su lonchera la noche anterior.
  —¿Qué será? ¿Qué será? ¿Será un emparedado de jamón? ¿Será
una hamburguesa? - Helga abrió la lonchera y su expresión alegre
cambió radicalmente - ¡Genial! Es basura.
  Lanzó la lonchera lejos donde no pudiera verla y puso sus brazos
sobre la mesa, aburrida y hambrienta.
  —Bueno es hora de ir a cazar. Dijo y buscó con la mirada a una
posible víctima. Cuando no tenía para el almuerzo, iba tras el primer
desprevenido que encontraba y se lo quitaba, valiéndose de alguna
artimaña. No le tomó mucho tiempo encontrar a la víctima perfecta,
iba al ataque cuando de repente, recibió un golpecito en la cabeza.

Hebo Freire

Helga se giró colérica y se encontró con una cajita sobre la mesa,
tenía una tarjeta con un mensaje que decía “para Helga” ella abrió la
caja y encontró un pastelillo. No consideró de donde podría provenir
el regalo o si estaba envenenado, Helga se lo comió de golpe y cuando
lo hizo, empezó a flotar y a escuchar la música de “The Flower Duet
(Lakmé)” al salir del trance, lamió la caja.
  —¡Hay que rico! Dijo y siguió lamiendo, hasta borrar todo rastro
del pastelillo. A la distancia el chico escondido miraba satisfecho, su
plan había salido a la perfección.
  Los siguientes días sucedió lo mismo, Helga iba a la mesa del patio
y ahí encontraba una cajita con postres, para ella. A la misma hora,
el mismo lugar, siempre recogió el regalo, aunque algunos chicos
interfirieran, ella los quitaba de un empujón y se apoderaba de la caja.
Con el tiempo, Helga empezó a sospechar de quien eran esos regalos,
pero no le importó, decidió aprovechar la situación.
  Al séptimo día Helga estaba esperando la caja y esta apareció
mágicamente, tenía un moño rosa en el centro y una etiqueta que
decía “para Helga, la bella” en el interior no encontró comida. Había
un teléfono.
  —¡Esto no es comida! Yo no como teléfonos. Replicó y en ese
mismo instante empezó a timbrar, Helga contestó - ¿Quién es?
Nadie contestó, lo único que escuchó fue una canción.
  Helga miró el teléfono extrañada, iba a colgar pero entonces le
prestó atención a la letra.
Ámame con ternura
Ámame con dulzura,
Dime que eres mía,
Pues yo lo seré por todos los años
Hasta el fin de los tiempos.
  Helga Pataki podía ser cruel y desconsiderada pero de palo no era,
al escuchar esa canción, su expresión se suavizó, Helga se embelesó
por la canción que alguna vez fue cantada por Elvis Presley y ahora
alguien se la dedicaba, allá afuera había alguien que la quería y eso

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

le gustaba.
  Mientras Helga escuchaba la canción Phoebe la observaba
atentamente desde la ventana.
***
  Aunque conmovida, ella le ignoró, no le importo sus sentimientos.
Helga se preguntaba risueña ¿Qué seria del pobre ante su rechazo?
¿Se ahorcaría con las correas de su mochila dentro de su casillero?
Los pastelillos siguieron llegando, pero un día dejaron de llegar. Ella
pensó que finalmente él se había dado por vencido, Helga se sintió
triste pero a la vez aliviada.
  Entonces una tarde fue sorprendida con una serenata justo bajo su
ventana.
  —¿Quién será el payaso de la música? Se preguntó Helga
asomándose por la ventana de su habitación, encontrándose un
guitarrista con un sombrero de mosquetero y un antifaz, tocando
“Love me tender”.
  —¡Oye Jagger el concierto fue cancelado! ¡Olga no está aquí! - Le
gritó pero él siguió tocando - El idiota no es solo idiota sino sordo.
  Helga agarró un florero y le tiró el agua. El chico se apartó
esquivando el chorro siguiendo con la tonada, la última nota hizo
eco mientras él deslizó su antifaz por la nariz y dejo ver sus ojos,
Helga reconoció esos ojos de gato de inmediato. Era Anthony, lo que
significaba que la serenata era para ella. El corazón le dio un vuelco,
el aire se le enrareció, ella no esperaba una declaración de esa índole.
  —¿Con que clase de idiota estoy tratando? ¿No teme a la burla? ¿No
tiene dignidad? ¿Está loco o esta drogado? - fueron sus perturbadas
reflexiones - o ¿simplemente está enamorado? Oh dios esto es
profundo, ¿Qué debo responder ante una declaración de esta índole?
Necesito saber, necesito una señal, una… Helga perdió el equilibrio,
cayendo de cabeza por la ventana y cayó directo sobre él. La guitarra
hizo un estruendo al romperse y Helga quedó sobre Anthony con el
instrumento de sombrero, entre maldiciones ella se levantó entrando
a su casa cojeando, cerrando la puerta de golpe, sin preguntarse por

Hebo Freire

la suerte del chico.
  Por suerte no fue un accidente grave.
***
  El chico no se desanimó, fallo el romanticismo, fallo la sinceridad,
pero aún le quedaban algunas cartas bajo la manga.
Anthony esperó pacientemente a que Helga saliera de la escuela y
luego la siguió, esperando el momento en que estuviera sola.
  Ella avanzaba a paso de carga cuando percibió que alguien estaba
a su lado, caminando a la par.
  —¡Hola! Saludó Anthony.
  —Ah un perdedor a las tres. Dijo Helga y siguió su marcha.
  —Esperaba un saludo más efusivo. Replicó Anthony.
  —No tengo tiempo… Dijo Helga
  —¿No puedes ser amable? Preguntó Anthony.
  —Quieres que sea amable – dijo Helga y se detuvo tomándole de
la mano y la sacudió en un enérgico saludo – mucho gusto, ¿Cómo
has estado? Espero que estés muy bien, gusto en saludarte, ahora me
voy - Helga se fue y luego cayó en cuenta de algo - un momento, no
soy yo la que tiene que irse, eres tú el que tiene que largarse, este es
mi vecindario.
  Anthony arqueó las cejas.
  —Es América, diablesa. Es un país libre, tengo todo el derecho de
estar aquí.
  —No, es mi vecindario.
  —Es un patrimonio histórico de la humanidad. Dijo Anthony y
Helga se quedó sin punto para discutir.
  —De acuerdo, viejo.
  —Solo quiero que seamos amigos Helga, eso es todo. Dijo Anthony.
  —Escucha es cierto que me salvaste la vida y estoy en deuda
contigo pero…
  —¡Preciosa! Tú me pagaste hace mucho tiempo con tu sonrisa. Esa
sería de las pocas veces en la vida en las que Helga se quedaría sin
palabras.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —¡Ok! Has lo que quieras. Dijo Helga y avanzó. Anthony la siguió.
  —¿Sabes? sigo con curiosidad por saber tu segundo nombre. Dijo
mientras la acompañaba.
  —Ya lo sabes, adivina mi segundo nombre o págame el doble. Dijo
Helga.
  —¿Y si adivino? ¿Tú me pagarás a mí? Preguntó Anthony.
  —Sí, puede ser. Dijo Helga y avanzó tratando de dejarlo atrás.
  —Es un trato entonces. Dijo Anthony y se quedó atrás.
***
  El chico se dio en la tarea de investigar todos los nombres que
empezaran con G para adivinar el segundo nombre de Helga. Cuando
hubo investigado un poco, abordo a Helga a la salida de la escuela.
  —Ah eres tú ¿listo para perder tu dinero? Preguntó ella mirándolo
mientras bajaba por las escaleras.
  —Listo. Contestó Anthony.
  —¿Cual apuesta? Preguntó Phoebe
  —Le dije a este buen amigo que si adivinaba mi nombre haría algo
por él. Informó Helga y al escuchar eso todos se reunieron en torno a
ellos con curiosidad.
  —Es Helga. Dijo un chico de tercer grado.
  —Mi segundo nombre, ¡Animal! Aclaró Helga luego de mirarlo
como a una alimaña.
  —Bien diablesa voy a empezar... es Gabriel. Dijo Anthony.
  —No. Negó Helga cruzándose de brazos.
 —Galia.
Helga negó con la cabeza
 —Genoveva.
  —Fallaste… ¡Págame! Exigió ella y extendió la mano, Anthony
desalentado le pagó.
  —Está bien.
  —Mala suerte, Billy. Dijo Helga feliz. El chico se fue, mientras los
demás asediaban a Helga
  —Le pagas a alguien si adivina tu nombre.

Hebo Freire

  —Sí, pero por hoy se cierran las apuestas, estoy cansada. Dijo
Helga apartando a todos a empujones, seguida por Phoebe.
  En los siguientes días Anthony trató de adivinar su nombre, la
llamó, Guillermina, Giselle, Gracia, Gianna, Gerica, Gerri, Greta,
Guadalupe, Ginebra, Gazetc, etc, etc, etc ninguno era el segundo
nombre de Helga Pataki, ella estaba sacando buenas ganancias del
asunto.
  Anthony dio un vistazo al anuario de la 118 pero en este aparecía
solo con la singular G, se estaba dando por vencido. Cuando alguien
le dio una brillante idea, mientras estaba sentado en las escalinatas del
auditorio.
  —No tiene misterio, solo hay que llamar a su casa y preguntar a
sus padres o hermana. Dijo el rubio de gorra azul y cabeza ovalada.
Anthony al escuchar, no perdió el tiempo, fue directamente al grano,
llamó a casa de Helga desde una cabina y fingió ser un adulto.
  —Buenos días joven dama… ¿Tiene usted hijos menores?
  —Sí, tengo una hija, se llama Helga. Contestó ella.
  —¿Tiene segundo nombre?
  —Este… No lo recuerdo creo que comienza con una G.
  —¿No recuerda cual es el segundo nombre de su hija? Preguntó
Anthony con indignación.
  —Creo que se llama Grecia, Giselle, no un segundo... es Germine
no espere… Miriam hizo un esfuerzo por recordar cual fue el nombre
que le dio al nacer, y entonces lo recordó como cuando se recuerda algo
alegre que se ha olvidado y cuando lo hizo lo dijo tan naturalmente
que Anthony se convenció por completo.
  —Si ese es… ¿Porque quiere saberlo? Preguntó Miriam y la única
respuesta que recibió fue el pitido de la línea telefónica.

***
  El chico emocionado espero pacientemente el siguiente día para
afrontar a la escurridiza Helga, la encontró en el patio pateando una

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

lata de soda.
  —Quiero subir la apuesta a diez dólares.
  —¡Diez dólares! Me estoy volviendo rica contigo amigo, si fallas
me tendrás que pagar el doble. Advirtió Helga.
  —Adelante. Dijo él con plena confianza. Helga lo vio muy confiado
sin embargo aceptó la apuesta. Una rueda de chicos curiosos los rodeó.
 —Empieza.
  —Es Gloria. Dijo Anthony.
  —No - Negó Helga - ni siquiera combina.
  —Grettel. Siguió.
  —Frio, frio. Dijo Helga
  —Nadie sabe el segundo nombre de Helga, ni siquiera aparece en
los registros. Comentó Sid a sus compañeros.
  —Dice la leyenda que al decir el segundo nombre de Helga, sucede
una catástrofe. Dijo Gerald, sus palabras fueron escuchadas por
Anthony, pero no le importó, ya sabía cuál era ese nombre y si para
ganar el corazón de Helga tenía que causar una catástrofe, sin duda la
desencadenaría.
  —Solo una oportunidad más y tu dinero es mío. Dijo ella
  —Bien el ultimo nombre es… - Anthony se tomó su tiempo para
decirlo lentamente - G-E-R-A-L-D…
  El chico del 33 en la camisa arqueo las cejas y la estupefacción
invadió a Helga quien levantó las manos y no permitió que Anthony
siguiera.
  —¡Se cierra la apuesta!
  —¿Entonces adivine? Preguntó Anthony
  —Si, si - Helga buscó en su bolsillo pero no encontró mayor
efectivo - maldita sea no me va alcanzar... - levantó la vista para
pedir prestado pero en cuanto lo hizo, la nube desapareció - ya te
firmo un cheque.
  —No quiero el dinero pequeña - Rechazó gentilmente Anthony y
con la punta de su dedo índice tocó la nariz de Helga lo que causo
zozobra al alrededor - a cambio puedes hacer algo por mí.
  —Vale ¿Y qué quieres? Y que no sea imposible y date prisa que
no tengo todo el día. Dijo Helga quitándole un refresco a un chico de

Hebo Freire

tercer grado que pasaba por ahí y fue a sentarse en la banqueta, nadie
le hizo el reclamo. El chico se sentó a su lado, Helga destapó la lata y
se llevó la bebida a los labios
  —¡Cásate conmigo! Pidió Anthony acercándose a su oído, Helga
escupió todo el contenido de la soda que había bebido hasta quedar
seca al escuchar eso.
 —¡¿Qué?!
  —Es broma… quiero que salgas conmigo.
  —¿Cómo una especie de cita romántica o algo así? Preguntó Helga.
  —No exactamente, yo diría como una cita de juegos. Dijo Anthony.
  —De acuerdo, saldré contigo pero sin idioteces. Advirtió Helga
impaciente y Anthony sonrió. En esa cita de juegos, jugaría el todo
por el todo para ganar su corazón.
***
  Helga armó un brillante plan para deshacerse de Anthony para
siempre. El plan era simple y sucio, aburrirlo y para lograr eso, sacaría
lo peor de ella. Era la forma más apropiada según Helga de que el tipo
la odiara y la dejara en paz.
  Durante la cita Helga habló mal, lo molestó, lo insultó, lo empujó.
Sin embargo se encontró al chico más paciente de la tierra, Anthony
era tan paciente como el santo Job, ni una sola vez se molestó con su
comportamiento inapropiado. Helga estaba desconcertada, Arnold la
hubiera mandado al diablo a los quince minutos pero con Anthony
fue todo lo contrario, la soporto con una paciencia extraordinaria.
  Fueron a la pista de patinaje, y después de ponerse sus patines,
saltaron a la pista y ejecutaron algunos giros, Helga aprovechó la
situación para hacer de las suyas e hizo tropezar Anthony y el chico
fue a dar contra el hielo, estrellándose contra la pared de seguridad.
Las personas que estaban ahí rompieron a reír.
  —¡Je! Con esto no va a querer volver a saber de mi - Se dijo Helga
satisfecha pero su sonrisa maliciosa desapareció, cuando Anthony no
se movió, estaba inmóvil como si estuviera muerto, inmediatamente
Helga corrió en su auxilio - ¡Oye! ¡¿Estás bien?!

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

Le dio la vuelta y se encontró con un Anthony sonriente.
  —¡Caíste! Le dijo y Helga le dio un puñetazo en las costillas.
 —¡Idiota!
  —Quería comprobar que tan mala eres y resultó que no eres tan
mala como esperaba. Le dijo Anthony y se levantó, siguiéndola.
  Después de patinar, fueron al parque de diversiones Dinoland,
montaron la mayoría de atracciones, se divirtieron mucho en la
montaña rusa y en la nueva casa de terror, donde fueron los monstruos
los que salieron corriendo perseguidos por Helga y Anthony.
  Pronto Helga olvidó su plan malévolo y comenzó a divertirse,
caminando a la par del chico, con un globo rosa atado en una mano y
un algodón en la otra.
  La última escala de ese día fue el Árcade el centro de video juegos,
Anthony aficionado a los videojuegos, iba habitualmente a ese lugar,
Helga acepto acompañarlo a regañadientes. Llegaron y por suerte la
máquina que Anthony quería jugar, estaba sola, el juego era “héroe
de guitarra” un juego de música, que se trataba de tocar una canción
de rock, con una guitarra que tenía unas teclas que hacían de cuerdas.
Anthony sosteniendo la guitarra, se sintió Jimi Hendrix y se volvió
a Helga.
  —Quieres probar...vamos será divertido. Dijo Anthony.
  —No tengo ganas. Dijo Helga y se cruzó de brazos.
  —Vamos... – Anthony la tomó de un brazo y le pasó una de las
guitarras que colgaba de la máquina – Mira, es fácil, solo tienes que
presionar las teclas en el momento exacto.
  —Parece bastante bobo. Opinó Helga.
  —No, es lo máximo. Dijo Anthony y arrancó el juego. La ronda
comenzó y Helga empezó presionando las teclas con aburrimiento.
***
  Fueron al El Árcade a gastar algunas monedas en los juegos. Al
entrar se encontraron a una multitud en torno a una sola máquina.
  —¿Y esto? Preguntó Gerald. Ambos amigos se abrieron paso entre

Hebo Freire

la gente llegando hasta el epicentro de la música, Arnold y Gerald se
llevaron una gran sorpresa, al encontrarse a Helga y Anthony, tocando
la guitarra y el bajo como lo haría una banda de rock en “héroes de
guitarra”, las personas que estaban ahí, la mayoría amantes del rock,
estaban muy entusiasmados.
  —¿Helga? Se preguntó Gerald sin poder creer lo que veía. La
canción llamada “psychobilly freakout!” Terminó con el puntaje más
alto.
  —¡Otra... otra! Pidió el público y los chicos no se negaron, tocaron
una canción llamada “Woman” el solitario fue lo más divertido,
Helga tecleó con agilidad asombrosa en la guitarra y la canción sonó
fantástica. Al terminar, Helga emocionada sujetó la guitarra y la azotó
contra el suelo, como lo haría una estrella de rock y luego la agarró del
cable y empezó a darle vueltas en el aire, soltándosele de las manos,
la guitarra voló majestuosamente hacia la pantalla ante la mirada de
todos y la rompió en mil pedazos. Un silencio abrumador cayó sobre
el Árcade y luego se escuchó un lamentó y el público le abrió paso al
administrador del Árcade.
  —¡Mi maquina! Gritó el tipo histérico. Los culpables se perdieron
de ahí antes de ser culpados, camuflándose entre la gente riéndose,
escondiéndose detrás de las máquinas de pelea.
  —¿Viste la cara de ese sujeto? Comentó Anthony.
  —Si, parecía que iba a explotar. Dijo Helga. Entonces fueron
flanqueados por dos enormes guardias de seguridad. Los chicos les
sonrieron inocentemente al verse descubiertos.
***
  Se metieron en un gran lio, el administrador le aviso al gran Bob
y a la madre de Anthony por teléfono, y se les armó la de Troya. La
inquisición los esperaba en casa, no verían la luz del sol, ni probarían
el dulce el resto del año.
  —Lo siento mucho parece que arruine la diversión. Dijo Helga
caminando al lado de Anthony, por el corredor de las máquinas. Bob
y la madre de Anthony, una mujer alta y de pelo castaño iban adelante,

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

hablando con indignación del asunto.
  —No te preocupes, la pasé muy bien contigo, Helga eres muy
divertida. Dijo él.
  —Yo... también la pasé muy bien... tengo que admitirlo, no eres tan
molesto como yo creía. Admitió Helga.
  —¿De veras? Preguntó Anthony.
  —De veras, eres… un buen chico. Dijo Helga y esbozó una amplia
sonrisa y esa sonrisa cautivó a Anthony. Era una sonrisa tímida y vista
pocas veces pero realmente cautivadora. El chico se perdió en sus
orbes azules y la miró durante largos segundos, el tiempo suficiente
para que Cupido hiciera su trabajo y lograra lo imposible. Entonces
alguien gritó y golpeó el panel de una máquina de juego.
  —¡Si! ¡Gané, gané! Por fin le gané al maldito. Exclamó triunfante
interrumpiendo el momento, Helga y Anthony se sonrojaron.
  —Niña muévete, tengo asuntos que atender en casa. Gritó Bob
  —Vamos. Dijo Anthony tratando de actuar con naturalidad.
  —Si. Dijo ella y soltó una risa nerviosa y luego tropezó con un
obstáculo invisible en el suelo.
  —¿Estás bien? le preguntó Anthony
  —Sí, estoy muy bien. Contestó Helga y salieron del local. Sin
darse cuenta de que alguien los había estado observando atentamente.
  El chico quería preguntarle a Helga, como le había ido en el lio en
que se había metido, pero no esperaba encontrarse con una escena
semejante.
  —¿Helga?... Arnold no podía creerlo, por primera vez en la vida,
la vio realmente feliz, pero no pudo alegrarse por ella.
***
  El cuarteto dejo el establecimiento en silencio, Helga miraba el
suelo, por qué no se le ocurría a dónde más mirar.
  —Bueno Helga, ya me voy. Le informó Anthony.
  —Espera – Helga se volvió a su padre y le pidió – ¿Me das un
minuto?
  —¿Después de todos los problemas que has ocasionado?

Hebo Freire

  —Por favor. Pidió Helga y su papá accedió a regañadientes.
  —De acuerdo, de acuerdo, pero no te tardes, tenemos que hablar
muy seriamente en casa. Dijo él subiéndose al auto.
  —Gracias papá – Dijo Helga y se volvió a Anthony - A n t h o n y
yo…
  —¿Si, Helga? Preguntó el chico mientras su madre aguardaba a la
distancia.
  —Yo quiero decir – masculló beligerante tratando de que las
palabras salieran de su boca - ¿Que me está pasando? ¿Por qué actuó
como si fuera una boba?
  —Espero volver a verte. Interrumpió él y sonrió y Helga le devolvió
la sonrisa.
  —Si yo también algún día cuando salga de prisión.
 —Helga...
 —¿Si?
  —¿Me darías una oportunidad? Preguntó Anthony y Helga lo miró
fijamente.
  —Como te dije antes, tú me agradas y eso, pero.... es una partida
perdida.
  —Entonces no hay esperanza.
  —No... En absoluto. Dijo Helga pero por primera vez titubeo.
  —De acuerdo. Aceptó Anthony apesadumbrado, esa había sido su
última carta bajo la manga.
  —Vamos Anthony, es hora de volver a casa. Dijo su madre y él no
tuvo de otra que despedirse.
  —Adiós Helga.
  —Adiós. Se despidió ella y ellos se fueron dejándola atrás. Helga
caminó hacia el auto y luego se detuvo y volvió la vista, ya no lo vio
a la distancia, solo escuchó el ruido del motor del auto de su padre.
  —¡Vamos Olga! No tengo toda la noche, tengo un montón de
cosas que hacer en casa, ¡Criminal! porque tienes que causar tantos
problemas. El gran Bob siguió quejándose pero Helga no lo escuchó,
estaba perdida en sus propios pensamientos.
  —Si solo tuviera cabeza de balón y se llamara Arnold, sería perfecto
para mí. Dijo Helga y suspiró.

Hebo Freire

Parte 5
  Días después en el salón de clase, el señor Simmons explicaba
la lección, Helga estaba escribiendo, cuando de repente empezó a
pensar en Anthony. Hacía mucho que no recibía noticias de él, desde
que se despidieron frente al Árcade. Esa vez lo rechazó por tercera
vez y desde entonces no lo había vuelto a ver. Comenzó a extrañarlo,
a extrañar sus regalos y sus atenciones, recordó todo lo que vivió
ese día, la escena del Árcade, cuando se perdió en su mirada. Helga
cerró los ojos y experimentó de nuevo esa agradable sensación, esa
sensación tórrida, que la alegraba inmensamente, sin poderlo creer
abrió los ojos de golpe.
  —Oh por dios... esto no me puede estar pasando a mí, creo que...
- Helga sacó su relicario y lo miró - me gusta Anthony... - tras este
pensamiento la sinfonía #5 de Beethoven retumbó y se levantó de su
puesto gritando - ¡No! ¡Es imposible!
  —Si es posible Helga, Cervantes escribió el “Quijote”. Afirmó
el señor Simmons confundido, mientras todos se volvieron a verla
desconcertados.
  —Ah bueno, bien por él. Dijo Helga sonriendo nerviosamente y
su relicario se le cayó de las manos, ella saltó a cogerlo y volvió a su
lugar. El señor Simmons continúo la clase.
  —¿Qué te pasa? - Preguntó Phoebe mirándola atentamente - estás
pálida.
  —Nada… - Contestó Helga sintiendo un sudor frio en la frente
pero Phoebe no le creyó - Herejía... infidelidad... cálmate Helga
linda debe ser un capricho, como el que sintió tu amado por esa Lila,
no tiene que salirse de tus manos, Anthony es semejante a un millón
de niños, en cambio Arnold es único... en este universo.
Y en ese momento su subconsciente hizo su aparición estelar.
  — Oh si lo es, pero no te ama y nunca lo va hacer, en cambio

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

Anthony si ¿Escuchaste bien Helga? Anthony te ama
Helga dejó caer su cabeza en el pupitre
  —Me voy a condenar por esto.
 —Helga…
 —Y ¿Ahora qué voy a hacer? Fueron sus atormentados pensamientos
  —Helga… el maestro la había estado llamando desde hace rato.
  —¡¿QUE?! Digo… si señor Simmons. Se retractó Helga poniéndose
derecha en su asiento.
  —Pasa al tablero por favor. Le indicó y Helga obedeció hurañamente
dirigiéndose hacia el tablero, rellenando los espacios vacíos del
enunciado, pero mientras escribía el tablero volvió a quedar en trance,
en ese trance romántico. Las risas de sus compañeros la sacaron de
ese estado, dándose cuenta que estaba escribiendo fuera del tablero y
no letras sino una línea.
  —¡Maldición! Helga trató de borrar con su mano el error y corrigió
rápidamente.
  —Bien Helga puedes sentarte. Ordenó el señor Simmons y ella
regresó a su puesto, iba a sentarse, cuando Stinky le movió el asiento
y ella siguió de largo cayendo al suelo, su quijada chocó contra la
mesa, provocando una explosión de risas.
  —¡Pero que estúpida! Se burló Harold
  —Parece que la falta de oxígeno te hizo daño, Helga. Añadió Sid
  —Pobrecita. Dijo Stinky moviendo la cabeza. Helga se levantó
mostrando los dientes.
  —Señor Simmons, creo que hay un error. Señaló
  —¿En serio? El maestro buscó el error en el tablero cuando
escuchó un estruendo y unos golpes, se volvió encontrándose con un
salón de clases normal salvó por tres figuras que estaban en su puesto
golpeados y una niña de moño rosa con cara angelical sentada muy
derecha.
  —¿No te parece que Helga a estado actuando muy raro hoy?
Comentó Rhonda a su mejor amiga, en la fila de atrás.
  —Si anda en una nube de la que nadie la puede bajar. Dijo Sheena.
  —Parece enamorada. Dijo Nadine
  —¿Helga? Por dios eso es totalmente irrisorio. Dijo Rhonda

Hebo Freire

llevándose a la boca su pluma de color rosa.
***
  Helga siguió invadida por esos nuevos sentimientos, que cada
vez se manifestaban con mayor fuerza, ella se preguntaba cómo
alguien tan común como Anthony pudo colarse de ese modo en sus
pensamientos.
  —No es alguien común Helga – dijo su alter ego – es el héroe
que salvo a tu vida, deja de menospreciarlo ya, es hora de bajar del
pedestal al Cabeza de balón, ya es agua pasada, es obvio quien es el
rey ahora.
  —¡Oh! ¡Cierra la boca! Exclamó Helga en voz alta.
  —Pero si yo no he dicho nada. Dijo Sid a sus espaldas.
  — No estoy hablando contigo, perdedor. Dijo Helga mirando
fijamente los platillos que se servían en la cafetería. Impacientando a
los chicos que esperaban en la fila.
  —¡Muévete Helga! - Le gritó Harold desde el otro lado de la
fila – ya te pareces a Arnold, te demoras una eternidad para escoger
cualquier cosa.
  —¡Oye! Confunde pero no ofendas, niño rosa. Le gritó Helga
amenazándolo con el puño y tomó su bandeja.
  Una vez sentada a la mesa Helga ansiosa, comenzó agitar una lata
de gaseosa, con tanta fuerza que la lata entera le estalló en su cara,
provocando la risa de sus compañeros.
  —¡Maldita sea! se quejó salpicando a los niños que pasaban por
ahí.
  —Helga... Dijo Phoebe.
  —¿Qué? preguntó limpiándose frenéticamente con una servilleta y
luego comenzó a beber de una botella agua, bebiéndosela de un golpe.
  —¿Por qué estás tan ansiosa? Quiso saber.
  —Por nada. Dijo Helga comiendo frenéticamente el resto de la
merienda. Al terminar no supo más que hacer, empezó a rascar la
superficie de la mesa.
  —Bueno ya ¿Qué te pasa? Preguntó Phoebe poniéndose nerviosa.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Nada, todo está bien.
  —¿Ah sí? y porque pareces el niño chocolate cuando no tiene
chocolate.
  —Es que tengo un problema. Dijo Helga y entonces su intuición le
aviso que había peligro cercano.
 —¿Cual?
  —Te lo digo después. Se levantó y se fue corriendo como un
prófugo de la ley.
  —¡Loca! Le gritó Phoebe y en ese momento Arnold pasó por su
lado.
  —¿Qué le pasa a Helga? La interrogó
  —Comió demasiados dulces. Respondió Phoebe.
  Helga salió del comedor nerviosa, las manos le sudaban igual que
los pies.
  —No te escandalices niña, él no te gusta, el chico no te gusta...
pero podría llegar a gustarte, ¡Maldición! ¿Qué debo hacer? el me
gusta... pero... no puede pasar, sencillamente no puede pasar, ¡Oh
Criminal! Ser o no ser, Anthony el héroe que me salvo y me ama o
Arnold el ángel de cabellos dorados que tortura mi existencia y no me
ama - Helga se llevo la mano a su frente con desesperación, cuando
sintió una respiración en la nuca, la cual neutralizó con el dorso del
puño - si debo seguir fiel a Arnold, aunque me cause tristeza, aunque
la decepción me consuma por dentro, debo seguir adelante con este
amor.
  Helga se fue dejando a Brainy tirado en el suelo.
***
  Luego de la escuela, Helga fue al supermercado a comprar sus
revistas favoritas y paso por la casa de una anciana que hablaba
con otra abuela, meciéndose en su mecedora y tejiendo un saco, sin
evitarlo escuchó la conversación.
  —He amado al mismo hombre por 50 años - dijo la anciana y al
escuchar eso Helga se emocionó, pero entonces la anciana continuó me gustaría que él lo supiera.

Hebo Freire

  Helga se detuvo y se volvió a ver a la anciana, la vio acabada por
los años y muy desdichada. Por un momento se vio a sí misma en el
futuro, una anciana decrepita rodeada de estatuas de Arnold, recitando
soliloquios que no eran escuchados por nadie.
  —¡No! yo no quiero eso... - se negó Helga alarmada al despertar
de su fantasía y corrió hacia un callejón y sacó su relicario - yo no
quiero terminar como esa anciana… Pero fallé miserablemente, la
primera vez que devele mis sentimientos por ti mi amado Arnold, tal
vez debería volver a intentarlo, revelar lo que arde en mi corazón de
una vez por todas y solo así, solo así dejaría de hablar sola.
  Entonces su alter ego entró en acción nuevamente.
  —¿Para qué?... no serviría de nada, te rechazaría inmediatamente...
¿Lo olvidas mi estimada Helga? A él no le importas en absoluto.
  —Es cierto. Dijo Helga desanimada y salió del callejón topándose
con Arnold, quien venía en dirección contraria.
  —Hola Helga. La saludó.
  —Hola... Le devolvió el saludo y guardó su relicario con
aburrimiento, siguiendo su camino sin añadir una sola palabra de más
ni muchísimo menos un apodo. El chico la siguió con la mirada algo
confuso.
***
  Mientras Helga se debatía consigo misma, un último regalo vino a
sorprenderla, pero lamentablemente cayó en las manos equivocadas.
Anthony había comprado una caja de galletas a las niñas exploradoras
y les pidió que las entregaran a Helga, pero las niñas exploradoras se
retrasaron con el envío y llegaron con la caja mucho después.
  —¿Tú conoces a Helga Pataki? Preguntó una niña exploradora
interceptando a Nadine en el patio de la escuela.
 —Si...
  —Por favor entrégale esto directamente a sus manos. Le entregó
una caja con una tarjeta pegada, Nadine la recibió y la niña se fue.
Ella fue a la cafetería buscando a Helga, topándose con Rhonda.
  —Nadine ¿Que llevas ahí? Quiso saber.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Una caja de las niñas exploradoras. Contestó
  —Déjame ver - La chica se la quito de las manos y la observo que amables son esas niñas, debían enviármela hasta mañana.
  —Espera Rhonda, estas en un error... trató de explicar Nadine pero
Rhonda no hizo caso, destapó la caja y vio su contenido, eran galletas,
muchas galletas acompañadas con una carta.
  —Nadine fuiste muy amable a traer estas galletas. Oigan chicos
¿Quieren galletas?
  —¡Si! Dijeron sus compañeros y Rhonda les lanzó la caja y las
galletas pasaron de mano en mano y fueron desapareciendo.
  —Pero... no son para ti. Advirtió Nadine.
  —¿Entonces para quién? - preguntó Rhonda y leyó la carta,
formándose una gran sonrisa en su rostro y su sonrisa se ensanchaba
más y más al leer cada palabra.
  —Quieren escuchar algo gracioso. Dijo ya sin poder contener la
risa.
  —A ver... dijo Stinky. Rhonda se subió sobre la silla y comenzó a
leer
  —Querida Geraldine, espero que estas galletas te alegren la
existencia, como tú me la alegras a mí....
  Los chicos comenzaron a reírse, mientras se comían las galletas.
Helga iba hacia la cafetería cuando escuchó las burlas.
  —Vaya... ¿De qué pobre infeliz se estarán burlando? Se preguntó
Helga, a punto de entrar al comedor, cuando escuchó algo que la dejó
fría.
  —Oh amada Geraldine, eres distante como la luna ¿Cómo puedo
acercarme a ti?
  Las risas eran cada vez más fuertes. Helga sabía muy bien, que
solo existía una Geraldine en la escuela así como un solo Arnold y se
trataba de ella, se estaban burlando de ella.
  —Con todo mi amor, Anthony. Terminó Rhonda y todos eran solo
risas.
  —Nunca había escuchado tanta cursilería junta ¿Quién fue el idiota
que escribió eso? Exigió saber Harold sosteniendo la caja en su mano.
  —No sé, pero vaya que dijo cosas muy graciosas. Dijo Rhonda. En

Hebo Freire

la puerta Helga cerró su puño con furia.
  —Se burlan de los amantes desesperados. Dijo Helga entre dientes
y se enfadó más cuando vio a Arnold burlándose también junto con
Gerald. Phoebe era la única que no se reía.
  —Pero ¿Quién diablos es Geraldine? Quiso saber Sid. Rhonda se
volvió a Nadine
  —¿Para quién eran estas galletas? Preguntó, la chica se llevó la
mano a la boca, no sabía si responder era buena idea.
  —Eran para Helga. Dijo y al instante los chicos más sensatos
dejaron de reírse.
  —Uh Oh... dijo Gerald al notar una presencia malévola tras
Rhonda, esta pateó la silla y la hizo caer sobre la mesa, ella quedó
boca arriba con la carta arrugada en su mano. La figura le arrebato
la hoja y se alejó lentamente, con una frialdad tan extrema que pudo
haber congelado el salón entero.
  —¡Oye Hel-gaa! Dile a tu novio que sus galletas estaban muy
sabrosas. Le dijo Harold burlonamente, ella no dijo nada, se giró
sobre su propio eje y de una patada voladora le quitó la caja de las
manos, mandándola lejos. Harold cayó de espaldas mientras la chica
se acercaba amenazante y lo sujetó por el cuello estrellándolo contra
la pared, los pies de Harold quedaron colgados unos centímetros.
  —¡Escúchame bien gordo! Te haría trizas aquí y ahora y ni tu
madre te reconocería - Le amenazó fríamente - pero no lo voy a
hacer porque me suspenderían de nuevo, pero la próxima vez no seré
tan amable.
  Helga lo dejó caer y le quitó la galleta que quedaba, saliendo del
comedor. Los chicos de cuarto grado habían conocido una nueva
faceta de Helga, la de fría asesina despiadada.
  —¡Wow! ¡Pero que matona! Dijo Wolfgang desde el otro lado de
la cafetería.
***
  Helga estaba en las escaleras, leyendo la carta y comiéndose la
última galleta que le quedaba, cuando apareció tras ella Arnold.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Helga. Dijo y Helga desde su lugar le apuntó con un dedo, sin
apartar la mirada de la carta y fue tan poderoso el impulso, que pudo
a verlo empujado lejos.
  —¡Ah! No digas ni una sola palabra...
 —Pero...
 —No.
 —Helga.
  —No. Se negó rotundamente a escucharlo levantándose, bajando
las escaleras.
  —Helga escúchame...
  —¡Dije no!
  —No fue nuestra intención burlarnos. Se disculpó el chico y la
única respuesta que recibió fue la mirada asesina de Helga, quien
desapareció escaleras abajo. Si las miradas mataran, Arnold ya estaría
muerto.
***
  Los chicos de sexto grado tocaban una canción en el salón de
música, era una de las canciones que convirtió en leyenda a Jim
Morrison “The end” Helga escondida bajo la ventana leía la carta,
muy conmovida con ese detalle inesperado.
 —Pero que idiota, que idiota enamorado, de verdad este pobre
diablo me ama, me ama de verdad, eso me hace preguntarme Y ¿Si
le doy una oportunidad a este desdichado? Sería mi devoto esclavo,
nunca me rechazaría, nunca me dejaría - pensó Helga poniéndose de
pie y luego se respondió en voz alta - ¿Por qué no?
  El chico la quería tal como era, dulce o agresiva. Algo que jamás
sucedería con su amor platónico, su ingrato amor platónico, no tenía
nada que perder, Anthony realmente le gustaba y le correspondía sus
sentimientos, él había demostrado ser merecedor de su amor.
  En ese instante tomó la decisión más importante en sus 10 años
de vida, sacó su relicario y lo guardó en el bolsillo de su vestido y
luego corrió a toda velocidad, saliendo de la escuela ante la mirada
desconcertada de los chicos. Helga corrió hasta la parada de autobuses

Hebo Freire

y tomó la ruta que la llevaría a su destino. El autobús la dejó y una
vez ahí siguió corriendo hasta llegar a la escuela pública 119, sin
aliento Helga se detuvo para tomar aire colocando sus manos sobre
las rodillas. Una vez estuvo frente a la 119 cambió de opinión.
  —¿Qué demonios estoy haciendo? Se dijo Helga y regresó antes
de que alguien la viera, sin saber que había sido vista por Anthony
desde la ventana de su salón, un minuto antes estaba en su puesto
como un alma en pena.
  —Helga ha venido a verme – dijo Anthony recobrando el vigor ¡¡SIII!!
  Su exclamación sorprendió a todo el curso.
  —Me alegro que le entusiasme la idea de un examen sorpresa, señor
Hope. Interrumpió su maestro, mientras todos sus compañeros lo
miraban con odio. El chico se encogió en su puesto, aun emocionado.
  —Señor Brown ¿Puedo salir un momento? Pidió Anthony
cortésmente.
***
  Helga regresó sobre sus pasos, la lluvia la sorprendió sobre el
camino, empapándola. La gente corría a su alrededor escapando de la
lluvia, mientras ella avanzaba con suma lentitud.
  —Que idiota soy. Se maldijo entre dientes
  —¡Helga! Alguien la llamó, Helga se volvió y no encontró a nadie
salvo un autobús cruzando la calle de la esquina. Cuando este cruzó
se encontró con Anthony.
  —Eres tú. Dijo tratando de ocultar su alegría.
  —¿Qué haces aquí? Le preguntó Anthony cubriéndola con su
paraguas.
  —Daba un paseo.
  —¿En serio? Tu vecindario está un poco lejos de aquí. Señaló el
chico.
  —Si insinúas que he venido a verte, te equivocas. Negó Helga.
  —Está bien, diablesa. Lo tomare como una coincidencia. Dijo
Anthony y Helga bajó la mirada.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Anthony, realmente si hay algo que quiero decirte… - Helga le
costó mucho decir la siguiente frase - gracias por las galletas.
  El chico arqueó las cejas.
  —¿Las galletas?
  —Sí, las galletas de las niñas exploradoras.
  —¿Llegaron hoy?
  —Si, llegaron hoy y estaban ricas.
  —Me alegro que te hayan gustado - dijo Anthony y luego enganchó
a Helga con su brazo - vamos te acompaño un rato.
  Ambos caminaron por la acera, una canción ambientó la escena
“Raindrops keep falling on my head”
 —¡Oye!
 —¿Dime?
  —¿Era en serio eso de que te gustaba? Preguntó Helga.
  —Era en serio, cada palabra.
  —¿Por qué?
  —Por ser tu Helga, por ser tú y nadie más que tú. Dijo Anthony.
  —¿Por qué? - Helga se detuvo en medio de la acera - soy grosera,
poco femenina, nada bonita y seamos sinceros, no es fácil tolerarme.
  —En un montón de palomas, un cuervo es más bonito que un cisne,
decía un escritor italiano del que no recuerdo el nombre, porque no lo
estudie, con esto quiero decir que tú, Helga eres perfecta.
 —¿Perfecta?
  —Perfecta en cada detalle, eres única entre todas las niñas y por
eso me gustas.
  —Yo... trató de decir ella.
  —Tal vez para ti soy semejante a un millón de chicos y no me
necesitas, pero si me das una oportunidad tú serás para mí la única en
el mundo y yo seré para ti el único en el mundo y entonces eso será
fabuloso, porque no necesitaremos nada más. Se declaró el chico con
todas las palabras que le nacieron en el corazón y del último libro que
leyó.
  —Eso es profundo- dijo ella mientras miraba el río de agua que
cruzaba bajó sus pies luego levantó su cara con determinación Anthony tengo algo que decirte, pero lo hare después, tengo unos

Hebo Freire

asuntos que atender.
  El chico se desilusiono un poco pero luego vio que había esperanza.
Helga había comenzado a ceder.
***
  Helga no se molestó en volver a la escuela, regresó a su casa y luego
fue a una cita que tenía con su psiquiatra, la doctora Bliss, desde hacía
un tiempo tenía sesiones con ella, después de que se las impusieran
por golpear a Brainy.
  Helga se lanzó al diván del consultorio luego de saludarla.
  —¿Cómo has estado? Quiso saber la joven mujer cómodamente
sentada en su sillón.
  — Mas o menos Doc y nada nuevo en realidad . Hace unos días
casi me muero por cortesía del cabeza de balón, pero nada raro en
realidad. Contestó Helga sarcásticamente.
  —Supe algo al respecto, ¿Quieres contarme?
  —No fue culpa de él, en realidad fue culpa mía, me tire al lago
tratando de recuperar mi estúpido relicario, después de que lo arrojé
y me enrede con algo y no pude salir, casi no cuento el cuento. Le
explicó Helga.
  —¿Porque arrojaste tu relicario, Helga?
  —Estaba harta de mi absurda obsesión por Arnold y lo tire pero
no pasó un segundo antes de que me arrepintiera y me lance al agua
como una suicida para recuperarlo. Dijo Helga.
  —Eso fue una acción muy riesgosa. Dijo la doctora Bliss
  —Si, pero me sirvió para darme cuenta de un par de cosas.
  —¿Cuáles? Preguntó la doctora y Helga se sentó al borde del diván.
  —Conocí a un chico, Anthony, un idiota con ojos de gato y cara
de imbécil… es un perdedor - Helga recapacitó sus palabras - sin
embargo él me salvo la vida y nos hemos estado llevando bien a tal
punto que… me ha comenzado a gustar un poco.
  Una expresión de sorpresa se dibujó en la cara de la doctora por un
escaso segundo.
  —En una situación así, siempre cabe la posibilidad de que se fije

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

un vínculo entre salvador y salvado ¿Es lo que estás sintiendo?
  —No, realmente me gusta, es lindo, es tonto, es buena persona.
  —Y ¿Qué sucede con Arnold? Siguió preguntando.
  —Ese es el segundo punto… - Helga se cruzó de piernas
componiendo una expresión muy seria - después de lo que pasó en
el lago, comprendí algo muy importante, estoy perdiendo el tiempo.
  —¿Por qué dices eso Helga?
  —Porque comprendí que no importa lo que haga, nada hará que
Arnold se fije en mí, a lo que voy es que nunca le importé en absoluto,
viva o muerta, le es absolutamente igual.
  —¿Porque llegaste a una conclusión tan radical?
  —¿Que pregunta? Es obvio a que me refiero, estuve a punto de
salir del menú y él no movió ninguno de sus deditos para ayudarme,
ese estúpido Cabeza de balón estaba ahí cuando sucedió todo y se
quedó como estatua, le valió un cacahuate... habrá dicho “Helga se
está ahogando... ah bueno”.
  —Helga, no puedes dudar de esa forma, si no sabes qué fue lo que
sucedió realmente. Dijo la doctora. Helga saltó del diván y le apuntó
con el dedo.
  —Eso dice usted, por qué no lo vio saltar al agua como David
Hasselhoff para salvar a Lila y estaban en una alberca… - Helga cayó de
rodillas levantando sus manos al techo - ¡¡UNAA ALBEERCAAA!!
…De menos de un metro de profundidad.
  —Helga, en este momento estas pasando por una desilusión
amorosa es comprensible. Dijo la doctora.
  —Y después de todo lo que hice por ese pequeño infeliz… - Helga
se puso de pie - ¿Se enteró sobre el lio del vecindario?
  —Si, Arnold fue muy heroico al salvarlo él solo.
  —¿Solo?… Por favor Doc. Infórmese, el Cabeza de balón recibió
ayuda y no precisamente de Batman o el hombre araña.
  —Tú lo ayudaste Helga. Dedujo la doctora.
  —Si y de qué manera ¿Y para qué? Para nada. A Helga que se la
lleve el diablo - Helga paseó por la habitación con las manos atrás pero todo eso me ha llevado a tomar una importante decisión.
  —¿Cual? Quiso saber la doctora anotando en su libreta.

Hebo Freire

  —He decidido olvidar a Arnold. Dijo categóricamente y tras
escuchar esas palabras, la doctora Bliss dejó de escribir sin evitar el
asombro.  
  En ese instante la imagen de una estatua de Arnold hecha de palitos
de helado caía en pedazos. Era el comienzo del fin, Helga había
llegado al límite de su ciega devoción.

Hebo Freire

Parte 6
  Borrar el recuerdo de Arnold no sería fácil, pero Helga estaba
decidida a olvidarlo, a borrar todo sentimiento o imagen que evocara
ese amor obsesivo.
  Una noche en medio de relámpagos, reunió todo, sus libros, la goma
de mascar, los palillos de helado, la ropa robada, las cajas enteras que
contenían accesorios con los cuales hacia estatuas abstractas a forma y
semejanza de Arnold y por ultimo su moño rosa. Helga lo reunió todo
y luego lo metió en el ático, el último refugio del santuario del cabeza
de balón, según ella porque en unos años esa poesía desesperada y
caótica valdría oro. Una vez terminó su tarea, cerró la trampilla con
candado y tiró la llave por la ventana.
  En cuanto encerró toda su obsesión, se sintió más tranquila,
liberada, se sentía como otra Helga. Ya podía seguir con la segunda
parte de su plan.
  Al siguiente día Helga irradiada por un halo de felicidad llegó dando
saltitos de alegría a su salón y fue a sentarse. Le tomó un instante
darse cuenta que estaba en el infierno, lo notó cuando todos los que
estaban ahí se quedaron mirándola como espectadores observando a
un animal. El buen humor de Helga se esfumó de inmediato.
  —¡¡QUE?! Gritó y todos siguieron con los suyo, Rhonda se rio.
Arnold llegó cinco minutos después y fue directo hacia Helga.
—  ¡Sigue tu camino! le advirtió Helga cerrando los puños y su voz
se escuchó como el ladrido de un lobo. Arnold siguió de largo, directo
a su puesto.
  —Sigue enfadada. Dijo él después de sentarse.
  —Y no se le va quitar fácilmente, nos comimos las galletas que
eran para ella y nos burlamos en su cara. Dijo Gerald sentado en el
escritorio de atrás.
  —Tengo que encontrar la forma de hablar con ella, sin morir en el

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

intento. Dijo Arnold.
  —Eso es vérsela con la muerte. Dijo Gerald.
  —Tengo que hablar con ella. Insistió Arnold.
  —¿Por qué? Preguntó Gerald.
  —Porque tengo que arreglar las cosas.
  —¿Por qué siempre tienes que velar que todo esté en armonía? Se
preguntó Gerald. El timbre los interrumpió, se iniciaron las clases
pero el señor Simmons se retrasó, Helga sacó una PSP y comenzó
jugar “Space Invader” Phoebe a su lado en la otra fila la observó
detenidamente y no fue la única en hacerlo.
***
  Helga tenía un plan que había preparado minuciosamente la noche
anterior, hizo una compra por internet con la tarjeta de crédito de su
padre (tomada a escondidas) y se compró un vestido y unos zapatos,
los cuales guardó cuidadosamente en su maleta y aprovechando una
hora libre proporcionada por su generoso maestro, Helga hizo una
llamada desde el corredor de la escuela.
  —Llamo al buzón de Anthony, quiero que nos veamos en el parque
a las 4 de la tarde, tengo algo que decirte, se puntual y no me hagas
esperar, ¿Entendido?– Helga colgó el teléfono entornando los ojos
–Paso 2 hecho…
  Helga se giró en sus talones y se encontró frente a frente con Arnold.
  —¡Virgen! ¡Idiota me asustaste! Gritó retrocediendo espantada
  —Lo siento… - se disculpó Arnold - Quiero hablar contigo.
  —Ahora no tengo tiempo. Helga lo esquivó y empezó a caminar
aprisa por el corredor.
  —Solo es un minuto. Le dijo siguiéndola.
  —No tengo un minuto para ti… ¡Bórrate! Exclamó Helga, ella no
estaba de humor para escucharlo, ni mucho menos para verlo. Arnold
no se dio por vencido se adelantó a ella y la detuvo.
  —Helga, por favor.
  —Mira si quieres disculparte por comerte mis galletas y burlarte de
mí, puedes dirigirte a allá - apuntó con su pulgar hacia el bote de la

Hebo Freire

basura que estaba en la esquina - y hablar… te escuchara atentamente,
ahora desaparece de mi vista.
  Ella trató de eludirlo pero Arnold no la dejo ir.
  —Helga, quiero que me escuches por favor. Insistió y ella se
sulfuró.
  —No, escúchame tu a mí, si sabes lo que es bueno aléjate de mí,
no quiero hablar contigo, no quiero verte, no te quiero cerca ¿Está
claro o tengo que aclarártelo de forma más específica? Lo amenazó
con su puño, luciendo realmente peligrosa.
  —Pero. Dijo Arnold insistiendo.
  —¡Fuera de mi camino! Exclamó Helga y lo apartó bruscamente.
  En otras circunstancias, no hubiera insistido más y hubiera dejado
las cosas de ese modo, pero esta vez no estaba dispuesto a ceder,
aunque Helga cumpliera su amenaza, haría que ella lo escuchara.
***
  Helga fue a su casillero y sacó su maleta y luego lo cerró de golpe,
mirando el interior de la maleta con satisfacción.
  —Muy bien, toda saldrá bien en este día, el día en que mi corazón
tendrá nuevo dueño, nada puede salir mal. Dijo Helga y su reflexión
se vio interrumpida al sentir una presencia a sus espaldas, Helga sabía
de quien se trataba, así que cumplió con la tradición, tras gruñir, lo
golpeó con el dorso del puño en medio de los ojos derribándolo y se
alejó de ahí, lanzando un bufido.
  —Helga por dios ¿Qué hiciste? Preguntó Sheena alarmada al ver
lo sucedido.
  —¿Que parece que hice? me quite las molestias de encima. Explicó
Helga, siguiendo de largo.
  —Lo dejaste muerto, pobrecito - siguió diciendo Sheena corriendo
hacia la victima que yacía inconsciente - Arnold ¿Estás bien?
  Al escuchar ese nombre, Helga se frenó como un carro a toda
velocidad, ¿Qué había dicho Sheena? Helga se giró sobre sus talones
y se encontró una escena dantesca, Arnold estaba tirado en el suelo
con un millón de estrellas bailando a su alrededor y a la distancia

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

vio Brainy sonriendo, al presenciar a la justicia poética en acción. De
inmediato Helga se lanzó en picada hacia él.
  —¡Perdón, perdón, perdón!… dijo un millón de veces, sosteniéndolo
en sus brazos.
  —No creo que te escuche. Dijo Sheena inclinada sobre ellos dos.
  —¡Criminal! ¿Por qué no me fije antes? He cometido un crimen
extraordinario - Se lamentó Helga a punto de llorar - ¡Esto no tiene
perdón de Dios!
  —Hay que llevarlo a la enfermería. Sugirió Sheena mientras ella
intentaba hacerlo despertar sin conseguirlo.
  —¡No! si el director Wartz se entera, me condenara a la silla
eléctrica - Dijo Helga recobrando la compostura y lo tomó por los
hombros - ¡Oye Arnold! ¡Cabeza de balón! Abre los ojos, no te pegue
tan fuerte.
  —Yo creo que sí. Dijo tímidamente la chica. Helga se desesperó
y lo sacudió con violencia como un muñeco y luego lo abofeteo
repetidamente, sin conseguir ningún resultado.
  —¡Despierta cabeza de chorlito!
  —Helga no seas tan violenta, eso no trae nada bueno. La detuvo
Sheena.
  —¿Entonces qué sugieres, Marley? ¿Le doy un beso al bello
durmiente? ¡Maldición! ¿Qué hare si este infeliz no se despierta? me
lo van a cobrar entero - buscó una salida rápida - primero que todo,
ayúdame Sheena hay que esconderlo.
  —Eso no me parece una buena idea.
  —Si el director se entera se me ira hondo, vamos niña lista, agárralo
de los pies y llevémoslo al armario del conserje.
 —Pero…
  —No lo pienses tanto, ayúdame. Insistió Helga. Sin otro remedio
Sheena la ayudó, llevando a Arnold hasta el lugar señalado, dejándolo
sobre el escritorio que se encontraba en el interior.
  —Insisto que deberíamos llevarlo a la enfermería.
  —Lo hare cuando mi cabeza este a salvo. Aseguró Helga volviendo
a la tarea de reanimarlo.
  —Helga, me parece que estas empeorando las cosas. La aconsejó

Hebo Freire

Sheena.
  —¿Qué eres Arnold disfrazado de Sheena? - la tranquilizó Helga No te alarmes, se lo que hago, ahora hazme un favor, ve a ver si no
hay moros en la costa.
  —Está bien. La chica abandonó el cuarto.
  —Dios santo ¿Qué he hecho? Esto es una calamidad. Masculló
Helga realmente asustada, mirándolo y luego fue asomarse por la
puerta entre abierta. Sin que Helga se diera cuenta Arnold recobro
la conciencia, llevándose las manos a la cara, le tomó un momento
recordar quien era y que hacía ahí. Aun viendo estrellitas, vio a Helga
parada mirando a través de la puerta, iba hacerle el reclamo, cuando se
le ocurrió una mejor idea, fingió seguir inconsciente. Helga se volvió
hacia donde estaba y regresó a su lado, suspirando angustiada. Al ver
la marca roja en su frente hizo que la Helga que lo amaba resurgiera
por un momento.
  —¡Soy un animal! Gritó apesadumbrada y se dejó caer pesadamente
sobre el chico, sacándole el aire, por un segundo Arnold abrió los ojos
y levantó los pies mientras Helga se lamentaba como una doliente.
  —¡Perdóname! Creí que eras el imbécil de Brainy, no quise
lastimarte en ningún momento porque yo te quiero...
  Ella escuchó un “¿Qué?” asombrado y abrió los ojos encontrándose
al chico inconsciente, sin embargo empezó a sospechar.
  —¡Te quiero muerto! Exclamó Helga y con una mano le agarró la
nariz y la boca, bloqueándole la respiración, obligándolo a patalear.
  —¡Con que estabas fingiendo! Exclamó Helga indignada
retrocediendo con los brazos en jarras.
  —No soy el único que ha hecho algo así. Replicó Arnold
levantándose, citando al día de los inocentes.
  —¿Te crees muy gracioso? Casi me matas del susto, creí que te
había matado del golpe.
  —¿Siempre tienes que tratar así a la gente que se acerca a ti? Dijo
él.
  —Sólo a los tontos como tú.
  —Helga, quiero hablar contigo.
  —¡Ay! ¡Pero qué latoso eres!

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Escucha. – Dijo Arnold - Lo siento, Helga. No fue mi intención
burlarme de ti.
  Su sinceridad la aturdió por un momento.
  —¡Ok, Ok, Ok! - Dijo Helga impaciente - acepto tus disculpas.
  —Entonces ¿Todo está bien? Preguntó Arnold.
  —Claro como si nada hubiera pasado, es un borrón y cuenta nueva.
Dijo Helga dándole la espalda.
  —Muy bien -dijo Arnold saltando del escritorio pero luego se
quedó pensando - Un momento... solo dijiste lo que quería oír pero
¿Fuiste sincera?
  Helga lo pensó un instante volviéndose.
  —Sí. Contestó caminando después hacia la salida.
  —Bien - Dijo Arnold y salieron del lugar - un momento...
  —¿Ahora qué? Preguntó Helga.
  —No te creo.
  —Si no te perdono ahora, después no habrá quien te aguante.
  —¡Genial! dijo Arnold satisfecho y Helga se cruzó de brazos.
  —Ahora déjame en paz antes de que cambie de opinión. Dijo
Helga y le dio la espalda Arnold iba a seguir su camino cuando cayó
en cuenta de algo.
  —Un momento... dijo pero su interlocutora ya se había marchado.
***
  Al final de la jornada escolar, Helga se despidió de Phoebe y
caminó por el costado de su escuela y en silencio se deslizó hacia el
salón de arte.
  —Es hora de vestirme. Dijo Helga y sacó de su maleta el vestido y
los zapatos y se desvistió rápidamente. Brainy quien la había seguido,
se asomó por la ventana, y se encontró un cuadro tan impactante,
que se desmayó y se fue de espaldas. Helga no se dio cuenta de lo
sucedido para su fortuna.
  —Nada mal para ser una compra por internet casi a ciegas. Dijo
y se vistió. El ceñido vestido azul le quedó perfecto, se puso sus
zapatos y zapateo el suelo varias veces.

Hebo Freire

  —¡Lista para matar muñeca! Se dijo mirando al espejo que estaba
en el salón. Iba a maquillarse cuando recordó las palabras de Anthony.
“Me gustas tal como eres, sin máscaras siendo tú misma...” resolvió
no maquillarse pero si encresparse sus pestañas, se soltó el cabello
cepillándolo.
  —Bien estoy lista, es hora del cambio, el cambio es bueno. Dijo
Helga mirándose al espejo. Realmente se veía hermosa, no había
comparación con la Helga anterior. El vestido azul hizo su trabajo,
revelar su verdadera apariencia. Satisfecha con el resultado se acercó
y puso sus manos en el espejo.
  —Este es el día... este es el día que escogido para confesar todo
lo que siento - dijo imaginando a Anthony reflejado en el espejo,
acercó sus labios queriendo besar el reflejo más este se distorsiono y
en lugar de Anthony, se reflejó Arnold, Helga retrocedió al ver este
cambio.
  —Ah no señor, tu historia llego a su fin.
  Helga tomó una sábana y cubrió el espejo, volviéndose vistió una
chaqueta y metió su ropa en su maleta encontrándose con su relicario,
que había escapado del bolsillo de su vestido. Era la única cosa que
se había escapado del exilio del ático.
  —Con que todavía estabas por aquí, ya me desharé de ti más tarde.
Le dijo y lo echó al bolsillo de su chaqueta. Helga salió por la puerta
y fue a encontrarse con su destino.
***
  La verdadera Helga que una vez se mostró bajo la apariencia de
Cecile, salió a la calle. El viento la golpeó suavemente, arremolinando
papeles a su alrededor, una hoja de periódico voló y se pegó a sus
zapatos, ella no se molestó en quitárselo, comenzó su marcha dejando
ir el papel, y fue hacia el parque donde se encontraría con el que había
elegido para entregarle su corazón. A su paso la gente se detuvo,
Harvey el cartero, la señora Vitello, el señor Green el carnicero,
Miriam que iba conduciendo en su coche y al quedarse mirando a
Helga, fue a caer con todo y carro dentro de la estación del metro.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

Hasta las palomas se quedaron mirándola. La gente se quedaba así de
expectantes, pues la vieron muy cambiada, siempre la habían tenido
por una niña poco femenina y ahora la veían bajó esa apariencia
tan angelical, que no parecía de este mundo, pero ella seguía siendo
Helga, empujaba a todo aquel que se le atravesara, desbarataba los
juegos callejeros de los niños, pasaba por encima del capo de los
carros, caminaba imparable sin prestar atención a lo que sucedía a su
alrededor.
  Un autobús pasó por su lado, en este iban sus compañeros del
cuarto grado, el vehículo se detuvo en un semáforo mientras Helga
pasaba por su lado y se paraba en la esquina robándose la mirada de
los curiosos que esperaban el cambio del semáforo.
  —¿Que esa no es Helga? Preguntó Eugene pegándose a la ventana.
  —Que va ser Helga. Replicó Harold comiendo algunos dulces.
  —Si es ella. Dijo Sid y todos los niños se pegaron a la ventana,
menos Brainy que estaba en un estado nirvanico con un par de
algodones en las narices.
  —Si esa es Helga, yo soy Madonna. Aseguro Rhonda dudando por
completo que se tratara de ella. Arnold y Gerald miraron hacia donde
señalaban sus compañeros.
  —Vaya, por un momento creí que se trataba de esa niña... como se
llamaba - Gerald hizo memoria - Cecile.
  Al escuchar ese nombre, su amigo dejó de respirar por un instante.
  —Es Helga - Insistió Eugene - reconocería ese porte en cualquier
parte.
  —No digas tonterías Eugene Helga es Helga y esa es… Rhonda no
encontraba la palabra indicada para describir a la princesa que estaba
parada en la esquina.
  —Una dama. Añadió Sheena.
  —Si exacto, esa no puede ser Helga. Se negó a creer la chica.
  —Tal vez es su doppleganger. Aseguro Phoebe.
  —¿Y eso que es? Preguntó Gerald.
  —El fantasma de una persona viva. Respondió ella. El semáforo
cambio y el autobús arrancó dejando a la chica atrás que dio vuelta a
la esquina. Arnold la vio con toda la atención del mundo, como si se

Hebo Freire

le fuera la vida en ello, efectivamente se parecía mucho a Helga, era
como si fuera su hermana gemela buena, buena y hermosa.
  —Fantasma o no esa es Helga. Aseguró Eugene luego de verla
mejor.
  —Eso podemos averiguarlo. Rhonda jaló la cuerda y detuvo
el autobús tomando unos binoculares prestados, estaba decidida
averiguar de quien se trataba. El asunto se convirtió en algo de
interés público, despertando curiosidad igual que si se tratase de una
celebridad.
***
  En el parque, Anthony miró su reloj, esperaba a Helga desde hace
10 minutos, se dio la vuelta y de repente se encontró con una preciosa
y salvaje chica rubia vestida de azul.
  —¿Helga? ¿Eres tú? Preguntó el chico incrédulo luego de mirarla
de arriba a abajo.
  —No, soy Juana de Arco - Habló la chica y su voz no fue tan dulce
como su apariencia - Claro que soy yo ¿A quién esperabas?
  —Eres tú - la reconoció por fin Anthony - pero que cambiada estas,
estás muy bonita.
  —Deja los cumplidos y deja de mirarme como si fuera quien sabe
qué. Dijo Helga molesta, acercándose.
  —Perdona, pero es que es impresionante, ¿No me digas que esta es
una de tus máscaras? La chica lo miró sonriendo abiertamente
  —No es una máscara, esta es la auténtica Helga G. Pataki.
  —Encantado en conocerte. Saludó Anthony y tomando su mano,
le besó el dorso sin quitar su mirada de ella. A la distancia; escondido
detrás de un árbol, alguien entrecerró los ojos al descubrir la identidad
de la chica. Al verla lado del héroe de la 119, él supo sin duda que se
trataba de Helga.
  —Te afecto el cerebro reconocerla. Dijo Gerald escondido tras de
él.
  —No, para nada. Negó Arnold categóricamente. Fue una mentira,
hacía apenas un instante había tenido una epifanía. Había visto un

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

túnel de luz sobre ella y los ángeles cantaron, la luz resultó ser un
rayo de sol y los ángeles un coro de personas que practicaba su canto
en la plaza. Alguna vez Gerald le había dicho “viejo te darás cuenta
que es el amor de tu vida por qué ese día una luz caerá sobre ella y
cantarán los ángeles”
  —Te conozco Arnold, reconozco esa cara cuando la veo. Dijo su
amigo
  —Creí que se trataba de la falsa Cecile.
  —¿De verdad?
  —Sí. Aseguró sin perderla de vista, sintiéndose en un remolino de
pensamientos.
  —¿Quién demonios es ella?- Rhonda no lograba reconocerla – se
parece a Helga pero es absurdo Helga no puede salir con alguien en
un plan romántico, eso no sería de esta dimensión.
  —Pero si es Helga se enfadara si nos ve aquí espiándola. Dijo
Nadine.
  —Yo no me voy de aquí sin saber quién es esa. Aclaro Rhonda
sacando los binoculares, estaba decidida a saber la verdad. Se apresuró
a acercarse lo más cerca posible y se escondió junto con Nadine tras
un arbusto quedando justo frente a ellos.
  —Pero ¿Por qué te interesa saber quién es?
  —Porque afecta mi orgullo como la más popular de la escuela.
Dijo Rhonda. El asunto la indignaba. Si esa era Helga ¿cómo era
posible que ella consiguiera novio antes que ella la más hermosa y
popular de la escuela?
  —¡Rhonda!... ella levantó la mirada. Encontrándose a Arnold
parado a su lado.
  —¿Qué rayos haces aquí? Le preguntó.
  —Quiero saber si esa es Helga.
  —¿Por qué no vas y le preguntas?
  —¡Ay no! No vamos a echarle a perder la cita... Dijo Rhonda y se
llevó los binoculares a los ojos.
  —Rhonda lo que haces, no está bien. Le dijo.
  —No me voy hasta saberlo, que esa sea Helga es una señal del
apocalipsis... es algo que no se puede ignorar.

Hebo Freire

 —Rhonda...
  —Sera mejor que nosotros nos vayamos. Dijo Gerald tomándolo
del brazo.
  —¡No puede ser!... - ambos se volvieron a Rhonda, quien estaba
boquiabierta – son las 4:15 p.m. es oficial, es el fin del mundo.
  Ambos levantaron la mirada y vieron a la pareja apunto de besarse.
***
  Ambos se sentaron bajo la sombra de un árbol, el día estaba cálido
y bonito, el lugar estaba plagado de muchas parejas, según veía Helga
era el momento perfecto.
  —¿Y cómo estuvo tu día? Preguntó Anthony.
  —Aburrido porque te extrañé.
  —¿De verdad?
  —Tengo algo que decirte - dijo ella hiendo directamente al grano
- respecto a lo que dijiste el otro día, sé que te dije que no tenías
oportunidad, sé que te mande al diablo y no merezco ninguna
consideración...
  —¿Qué es lo que quieres decirme? Dijo Anthony mirándola directo
a los ojos.
  —Anthony yo... quiero decirte algo.
  —¿Si?
  —Tú me... Helga no encontró las palabras adecuadas para revelar
lo que sentía.
  —¿Si? La animó Anthony pero Helga olvidó por completo su
libreto
  —¡Rayos! ¿Por qué es tan difícil decir tres palabras? Maldijó
Helga, molesta consigo misma.
  —Helga, a veces una acción vale más que mil palabras. Dijo él
y acercó su cara a la de ella. Helga no lo rechazó, cerró los ojos y
abocinó sus labios.
 —¡¡Sii!! - se dijo para sus adentros - mi primer beso sin ser robado
¡Sii! ¡Este es el momento más grande de mi vida! ¡Jamás viviré algo
así de nuevo!

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  Anthony estuvo a punto de poner sus labios sobre los de Helga,
cuando sucedió lo insólito, al instante que Helga se estiró para recibir
el tan deseado beso, del bolsillo de su chaqueta, el relicario cayó e
hizo un ruido tan agudo, que pareció un yunque cayendo al suelo,
eso llamó de inmediato la atención de Anthony, quien abrió un ojo y
lo vio. Helga tenía los ojos cerrados a la espera del beso, pero lo que
recibió fue una pregunta.
  —¿Qué es eso? Ella abrió los ojos y su sorpresa no pudo ser más
grande. Lo primero que hizo fue agarrar el relicario y esconderlo bajo
sus rodillas nerviosamente.
  —Nada. Respondió.
  —¿Nada? A mí me pareció que era un relicario. Le dijo.
  —¿Relicario?... si es un relicario.
  —Y ¿Quién es el de la foto?
  —Nadie importante... un primo. Se le ocurrió responder poniéndose
de pie y la duda cayó sobre Anthony.
  —Un primo en un relicario en forma de corazón, Helga dime la
verdad... ¿Quién es?
  Ella le dio la espalda, con la absoluta certeza de que había arruinado
su cita al traer ese estúpido relicario.
  —Traidor - le gritó a la foto escondiéndolo después en su pecho No tiene importancia.
  —Déjame verlo.
  —No... Se negó tomando distancia.
  —Helga por qué no me dices... si vamos a tener algo, tenemos que
ser sinceros entre nosotros.
  —Pero no puedo decirte.
  —¿Por qué no?
  —No es el momento.
  —Helga ven aquí.
  —No. Se negó Helga y empezaron a corretearse alrededor del
árbol, como chiquillos de cinco años.
  —¡Helga! Anthony trató de acorralarla pero ella lo evadió y se
subió al árbol.
  —¿Por qué no me quieres decir?... ¿Que no hablabas en serio?

Hebo Freire

Cuestionó Anthony.
  —Claro que sí.
 —¿Entonces?...
  —Es que… Dijo Helga y miró hacia el horizonte. Mientras tanto
los espectadores veían la escena con total atención.
  —Parece que algo salió mal - Dijo Nadine y avisó - Está mirando
hacia acá.
  —¡Arnold! - le advirtió Rhonda - no te quedes ahí parado escóndete.
  Gerald reaccionó rápido y jaló su brazo hacia abajo escondiéndolo
y fue esa acción la que hizo que Helga se diera cuenta y entonces desde
arriba del árbol, pudo ver a varios chicos del cuarto grado escondidos,
disfrutando el espectáculo.
  —¡Malditos me estaba espiando! Exclamó furiosa. Anthony la vio
saltar del árbol, como si de un soldado en batalla se tratase y la vio
correr agazapada hacia el enemigo.
  —¿A dónde vas? Preguntó él pero ella no respondió.
  —¡Tontos! Exclamó Rhonda y volvió a buscar a su blanco con los
binoculares sin hallarlo por ningún lado.
  —¿A dónde fue? Se preguntó. Cerca de ahí, un hidrante fue abierto
a toda capacidad y una manguera comenzó a alimentarse, quien la
llevaba estaba listo para hacer de esta un arma y cobrar venganza a lo
Harry el sucio.
  —¿¡Qué?! ¡¿Se les perdió algo?! Exclamó Helga justo detrás de
ellos y sin esperar respuesta de nadie, disparó el potente chorro que
se llevó a todos por delante. Los demás chicos vieron el suceso y
huyeron, mientras Rhonda se levantaba empapada por completo
encontrándose frente a frente con Helga. En ese momento deseo que
hubiera sido otra y no ella.
  —¡Hola Helga! ¿Cómo has estado? Le preguntó nerviosa.
  —Bien y ¿Tu princesita? ¿Buscando el chisme de la semana?
Helga la levantó tomándola por el cuello con una mano y con la otra
alistó su puño.
  —En la cara no. Suplicó ella más Helga sonrió maliciosamente.
  —No es para tanto. Dijo ella. Los chicos se levantaron totalmente
mojados, el golpe los había mandado lejos.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Esto es el colmo. Dijo Gerald al ver que su emblemático peinado
estaba totalmente deshecho. Arnold buscaba su gorro entre el agua.
  —Y ¿Rhonda? Preguntó Nadine y buscándola, la encontró amarrada
a un árbol con la manguera mientras una enorme bola se formaba a
su lado.
  —¡Auxilio! Rogó ella desesperada pero era demasiado tarde para
salvarla, la manguera iba a estallar.
  —¡Al suelo! Exclamó Gerald y todos se lanzaron al piso al momento
que la bomba de agua explotaba, formando una pequeña inundación.
Los chicos rodaron como jabones por el suelo de un baño.
  —Eso me pasa por meterme en lo que no me importa. Dijo Rhonda
en el fango mientras Nadine tosía. A la distancia estaban Lila y Phoebe
quienes habían visto toda la escena desde una banqueta.
  —En esta ciudad pasan cosas muy particulares. Dijo Lila
  —Si, cosas que no se ven todos los días. Añadió Phoebe mientras
se comía su helado.

Hebo Freire

Parte 7
  Arnold seguía con su sonrisa pero Helga se encargaría de borrarla
para siempre, lo haría pedazos ahí y ahora y no quedaría ningún vestigio
de su existencia. Le haría pagar caro su osadía por interponerse entre
Anthony y ella.
  Sin miramientos lo sujetó contra la mesa con sus dedos y con la
otra mano sostuvo un martillo, el más grande y pesado que había
encontrado entre las herramientas de su padre.
  —¡Ha llegado tu fin! - Dijo y apuntó con el martillo directo al
centro de su corazón – ¡Muere maldito!
Helga atacó con todas sus fuerzas.
  —¡Helga! La voz de Miriam la interrumpió y su distracción
provocó que se machucara los dedos con el martillo. El dolor la hizo
llorar y rabiar y en su arranque de ira tomó el relicario y lo estrelló
contra la pared y luego siguió rabiando y maldiciendo sacudiendo su
mano frenéticamente.
  —¡Helga! Dijo Miriam tocando a la puerta y luego la abrió
encontrando a su hija roja y adolorida.
  —Si, mamá ¿Qué pasa? Exclamó Helga malhumorada por la
interrupción y aun sacudiendo su mano.
  —¿Estás bien? Preguntó Miriam y se acercó al ver su mano
lastimada y la tomó entré las suyas.
  —Si, un pequeño accidente. - Dijo Helga algo fastidiada. – No te
preocupes.
  —Ten cuidado Helga, no quiero que te lastimes. Dijo Miriam y le
dio un beso en el dorso de su mano.
  —Lo tendré. - Dijo Helga y se soltó de sus manos – ¿y qué querías?
  —Buscó mi bolso ¿lo has visto? Preguntó
  —Lo vi sobre la lavadora. Dijo Helga.
  —¡Oh! iré a buscarlo, saldré esta noche con tu padre.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —¿Van a darle nuevos aires a su relación? Preguntó Helga y su
madre sonrió con lástima.
  —No, fuimos invitados a una reunión. Dijo Miriam
 —Cielos, Mamá a veces parece una bandera, solo la sacan en
ocasiones especiales. Pensó Helga.
  —Te deje un postre especial en la nevera, vete a la cama temprano,
nos veremos en la mañana. Dijo Miriam y le dio un beso en su frente.
  —De acuerdo, Miriam ¡Diviértete! Le dijo Helga y ella abandonó
la habitación.
  —Y ese fue otro maravilloso capítulo de “perdiendo el tiempo con
Miriam” – dijo Helga con desdén y se dio la vuelta - ¿En qué iba yo?
Helga se concentró de nuevo en su objetivo, destruir su relicario pero
cuando lo buscó no lo encontró por ninguna parte.
  —¡¿Dónde diablos cayó?! Se preguntó y prácticamente puso
de cabeza su habitación pero no pudo hallarlo por ninguna parte,
fue como si se hubiera desintegrado al caer al suelo – ¿No quieres
aparecer? Pues no aparezcas y por tu bien será mejor que nunca más
te vuelva a ver, estúpido relicario.
  Helga dejó su búsqueda y reorganizo su cuarto. Una vez volvió
el orden hablo con Anthony por teléfono y navego en internet,
comiéndose un paquete gigante de frituras y un refresco, arrellanada
en su silla con las luces de su habitación apagadas, mientras bajo la
cama escondida Arnold seguía con su sonrisa.
***
  Aún con la duda, aún con la sombra de Arnold rondando. La historia
de Helga y Anthony inicio, como un dulce romance escolar, lleno
de amor y fantasía. Entre helados, luchas libres, y comida se fueron
haciendo los mejores amigos.
  Mientras más tiempo pasaban juntos, Helga se fue enamorando
más y más de Anthony y lentamente fue dejándose ver cómo era en
realidad. Una niña dulce y buena que le gustaba el romanticismo.
Una niña en todo el sentido de la palabra, pues Helga comenzó actuar
un poco más femenina, pitándose las uñas (Phoebe se las pintaba en

Hebo Freire

realidad) y usaba una hebilla rosa al lado de su cabeza, según ella
porque su cabeza se veía rara sin un adorno en su cabello y no estaba
muy dispuesta a renunciar a sus coletas, su marca personal.
  Mantuvo su expresión severa en la escuela, donde era la
representación más exacta de la Medusa, el monstruo que era capaz
de convertir en piedra a cualquiera y luego romperlo en mil pedazos
de manera brutal. Nadie se burlaba, solo hubieron murmuraciones
como “ahí va la Helga mala” “tiene novio” “no puedo creerlo”
  Helga pronto le restó importancia a los comentarios. El amor le
hizo olvidar la realidad y le hizo flotar en un halo de felicidad. Fue
tal su éxtasis que llego a pasarle por encima a Eugene en una de sus
visitas al suelo a la bajada del autobús y no se dio cuenta.
  La vida de Helga entro en un total equilibrio entre el amor y la
felicidad. Olvidando al mantecado para siempre.
  Y cuando Helga dejo de amarlo y odiarlo… él volvió la mirada y
le prestó atención. Era una ley de la vida extraña e incompresible y
un poco absurda, pero Arnold le prestó atención a la chica molesta y
gruñona que prefería ignorar y se extrañaba de su felicidad.
  Y entre más la miraba, a la salida de la escuela, en el árcade o en la
heladería, sonriendo o charlando animadamente, se empezó a sentir
molesto, como nunca antes se había sentido y no sabía exactamente
cuál era el motivo.
***
  Una tarde Helga y Anthony fueron a ver una película, una versión
remasterizada del “el exorcista” con escenas nunca antes vistas. La
película, un hito del cine colmó sus expectativas, Helga se emocionó
al ver su escena favorita en la cual, la chica poseída bajaba por las
escaleras de espaldas como una araña escupiendo sangre. Todos en
el cine gritaron, salvó ella, quien se limitó a comentar con una gran
sonrisa.
  —¡Oh! Se parece a Rhonda cuando se levanta. Dijo ella y se llevó
una manotada de palomitas de maíz a la boca, Anthony aprovechó la
situación para pasarle el brazo por los hombros, imitando a las parejas

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

del cine.
  —Quítalo o te lo rompo. Dijo Helga con la boca llena, sin dejar de
ver la película, a ella no le gustaba las muestras de cariño en público.
  —Ok. Dijo Anthony y la dejo en paz. Pero luego se recostó a su
lado como un gato mimado. Helga no dijo nada y le dio una palomita
de maíz en su boca. Ocho filas atrás alguien estaba haciendo las
mismas muecas de la niña poseída, inconscientemente.
  Al terminar la película todos los espectadores se fueron, pero
Anthony y Helga se quedaron hasta que terminaron los créditos.
  —Lo menos que merecen estas personas es que sepamos quienes
son. Dijo Anthony.
  —¡Ah! Que considerado eres. Dijo Helga.
  Cuando se apagó el proyector, ambos chicos se levantaron y
salieron del teatro.
  —Esa película es todo un clásico, sabias que hay una leyenda
urbana detrás de ella. Preguntó Helga.
 —¿Si?
  —Sí, me la contó un chico de mi salón, se hace llamar el guardián
de las leyendas urbanas, es un bobo pero cuenta historias muy buenas.
Dijo ella caminado a la par de Anthony.
  —Que interesante. Dijo él.
  —Tengo que contarte algunas leyendas urbanas, son muy buenas.
Dijo Helga.
  —Me encantaría escucharlas. Dijo Anthony.
  —Son imperdibles.
 —Helga...
  —¿Qué quieres?
  —Me dejas tomarte de la mano. Le pidió él. Ella lo pensó.
  —Esta bien – Dijo Helga y se enganchó de su dedo índice y notó
su inconformismo - ¿Prefieres este dedo? le mostró el dedo de en
medio.
  —No, está bien. Se conformó Anthony y cruzó su dedo índice
con el de ella y caminaron por la acera, cruzando por la heladería de
Slausen.
  —¿Quieres helado? Preguntó Anthony.

Hebo Freire

  —Es una gran idea - Dijo Helga y ambos fueron a la puerta, pero
Helga vio que algunos de sus compañeros estaban en ese lugar- mejor
no, yo te espero aquí.
  Anthony la miró y luego tomó su mano.
  —¿Cuál es el problema? - Preguntó y no tuvo que esperar respuesta
para saber de qué se trataba - Vamos Helga, no tiene nada de malo.
  —Hay gente ahí, que no quiero ver.
  —¿Por qué?
  —Tú no conoces a esta pandilla de idiotas.
  —Y no me interesa conocerlos realmente, ni saber su opinión, todo
lo que me importa está aquí - dijo Anthony y besó el dorso de la
mano de Helga - así que, no tienes por qué preocuparte, vamos por
nuestros helados, y seguimos nuestro camino.
  Helga suspiró pesadamente.
  —¡Ok, ok! vamos.
  Los chicos entraron a la heladería y cuando lo hicieron, varias
miradas cayeron sobre ellos como buitres sobre un perro muerto. Las
miradas venían de una de las mesas, ahí estaban varios de los chicos
de cuarto grado. Anthony pidió los helados uno de chocolate y el otro
de vainilla. El empleado los atendió rápidamente, pero los minutos
que permanecieron ahí, fueron horas para Helga, había una presencia
en ese lugar que la sobrecogía, que le ponía los pelos de punta. Cuando
finalmente salieron del lugar, Helga sintió un profundo alivio.
  —¿Lo ves? No fue tan difícil. Dijo Anthony.
  —Lo que tú digas, Anthony. Dijo Helga.
  Al salir la pareja, Rhonda no pudo evitar hacer uno de sus
comentarios.
  —Lo veo y no me lo creo, Helga enamorada, es lo más bizarro que
haya visto, esto tiene que ser una señal del fin del mundo.
  —Hacen bonita pareja. Dijo Nadine.
  —Mírenlos tomados de la mano, sonriéndose mientras caminan por
la calle, habrá que darle un premio al tipo si llega al altar, me pregunto
si ya llego a la primera base. Se preguntó Rhonda y en cuanto dijo
eso un vaso crujió al ser aplastado. Todos se volvieron a ver qué había
pasado y vieron a Arnold sacudiendo su mano mientras la gaseosa se

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

esparcía por la mesa.
  —¿Qué sucedió? Preguntó Gerald arqueando las cejas.
  —Un vaso de mala calidad. Dijo él con seriedad.
  —Muy mala calidad por lo visto. Comentó Gerald, mientras el
empleado rápidamente secaba la mesa con su trapo.
***
  Volvieron a verse en el mismo lugar días después, en una situación
diferente, ellos estaban en una de las mesas, compartiendo una
animada conversación y Arnold estaba en el mostrador pidiendo su
helado esperando pacientemente a que se lo sirvieran, evitando mirar
hacia ellos pues últimamente le resultaba difícil verlos y últimamente
se los encontraba a menudo.
  —Hola Arnold. Dijo Lila apareciendo a su lado.
  —Lila, no esperaba encontrarte aquí. ¿Cómo estás?
  —Bien, vine por un helado. Dijo Lila y el chico ladeo la cabeza.
  —También yo. Dijo pagando su helado.
  —Fue un placer saludarte. Dijo Lila
  —Espera Lila ¿Te gustaría acompañarme un rato con un helado?
Preguntó Arnold y Lila lo pensó un instante.
  —¡Oh Arnold! Me encantaría pero eso suena como una cita y yo
francamente… Se excusó y el chico rodó los ojos.
  —Ya lo sé Lila, no pretendo nada, todo está claro entre nosotros,
solo quiero que me acompañes con un helado, por favor, como amigos.
  —¡Oh!… - dijo Lila sorprendida – siendo así sería estupendo.
Ambos fueron a sentarse en una de las mesas y charlaron mientras se
comían sus helados. Lila parloteo sobre todo lo que le había pasado
ese día pero Arnold no le presto mayor atención, su mirada estaba
clavada en la mesa del frente, veía a Helga reír y hablar animadamente,
como en una serie de televisión.
  —Arnold… lo llamó Lila.
  —Si Lila. Dijo Arnold volviendo a la realidad.
  —Estás muy distraído ¿sucede algo?
  —No, estoy bien. Dijo él y volvió la vista hacia la copa de su helado.

Hebo Freire

  —Bueno es que no has dejado de ver a Helga desde que estamos
aquí. Dijo Lila y Arnold sin querer golpeó la copa y esta se volcó
sobre la mesa.
  —¿En serio?
  —Helga definitivamente es de las chicas que se hacen notar en
cualquier lugar. Dijo Lila.
  —Creo que tienes razón. Dijo Arnold y Lila se llevó una galleta a
los labios y entornó sus ojos, había notado que la actitud de Arnold
hacia ella había cambiado y en cambio estaba totalmente centrado en
cierta personita, se alegró y al mismo tiempo le dio rabia y también
tristeza, tristeza más que nada. Era bien sabido que le agradaba Arnold
pero no le gustaba, pero ahora, todo parecía cambiar drásticamente.
Terminaron sus helados y abandonaron la mesa. Arnold fue
directamente a la salida pero Lila se detuvo y se acercó directamente
a la mesa de Helga.
  —Hola Helga. Saludó alegremente. Helga y Anthony se volvieron
hacia ella con espanto, como si los hubiera saludado un alíen.
  —¿Lila? –Preguntó Helga – ¿qué rayos haces aquí?
  —Estábamos probando un delicioso helado y aproveche para
saludarte. Dijo Lila
  —¡Ah! – dijo ella simplemente y pensó - (que oportuna es esta
niña) ¿Y con quien viniste?
  —Con él. Dijo ella y Arnold apareció detrás de ella.
  —Hola… Dijo.
  —¿Y este que hace aquí? Pensó Helga sorprendida apuntó de
levantarse de la silla.
  —¿Quiénes son? Preguntó Anthony y Helga los presentó
  —Mi amiga Lila y alguien sin importancia. Dijo Helga y Arnold
entornó los ojos. Lila aprovechó la situación.
  —Les importa si los acompañamos un rato. Dijo Lila y se sentó.
Helga estuvo a punto de protestar.
 —¿Estas demente? Estos dos no pueden estar en la misma mesa,
¿quieres que el universo entero explote? - Pensó alterada pero no
pudo evitarlo, ambos se sentaron. – Mi enemiga, mi tormento, mi
amante… en la misma mesa, ¡esto es el infierno!

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —¿Fuiste tú quien salvo a Helga? Preguntó Lila
  —Si fui yo. Dijo Anthony.
  —¡Eso fue tan heroico! Alabó Lila con las manos juntas.
  —Bueno hice lo que pude.
  —Tu valentía es muy admirable e impresionante que estaba
convencida de que eso solo pasaba en las películas. Dijo Lila y
Anthony sonrió, Helga hizo una mueca de desagrado al igual que
Arnold y ambos desviaron la vista hacia los lados.
  —Bueno gracias a eso conocí a Helga, mi linda Helga y ahora solo
vivo para hacerla feliz. Dijo Anthony y Helga se sonrojó.
  —Que tonterías dices… dijo ella y le pegó en el brazo. Lila sonrió
enternecida y Arnold volvió su mirada hacia Helga, se preguntó ¿Qué
hubiera pasado si hubiera sido él quien hubiera salvado a Helga?
¿Lo seguiría odiado? ¿Lo consideraría su amigo? ¿Serían más que
amigos? ¿O más que odiados enemigos?
  —¡Arnold! Dijo Lila y el chico volvió a la realidad.
  —¿Sí? Preguntó él.
  —Anthony nos estaba platicando que le gustan mucho los
videojuegos y te estaba preguntando que si a ti también.
  —Sí, me encantan. Dijo Arnold.
  —En serio, tengo una gran colección de juegos Nintendo.
  —Yo también. Dijo Arnold y Helga torció la boca.
 —¡Ay qué lindos! Tienen mucho en común, ¿por qué no intercambian
teléfonos? Pensó Helga fastidiada.
  —Tengo casi todos los juegos de Nintendo pero me hace falta uno,
la ocarina del tiempo, no he podido siquiera jugarlo. Dijo Anthony.
  —Yo lo tengo. Dijo Arnold y los ojos de Anthony brillaron.
  —¿En serio? No puedo creerlo, ¿de casualidad lo vendes o lo
intercambias? Preguntó Anthony.
  —Puedo prestártelo. Dijo Arnold.
  —¡¿De verdad?! Preguntó Anthony incrédulo, nadie prestaba un
juego como ese tan fácilmente.
  —Eres amigo de Helga, es suficiente garantía para mí. Dijo Arnold
sonriendo, mientras Helga lo fulminaba con la mirada, sabía que
Arnold era complaciente, pero no le gusto tanta amabilidad.

Hebo Freire

  —¡De acuerdo! Dijo Anthony complacido por obtener un gran
juego.
  —Si quieres vamos a mi casa por el juego. Dijo Arnold y la idea no
entusiasmo a Helga.
  —Perfecto – dijo Anthony y a Helga se le pusieron los pelos de
punta –¡Oh rayos! no puedo ir ahora, tengo que irme.
  —Helga podría ir a casa de Arnold por el juego en este momento y
llevártelo después. Sugirió Lila y Helga giró su cabeza hacia ella con
la misma mirada de la poseída del “El exorcista” Si hubiera tenido un
rifle a la mano sin duda ella le hubiera disparado a quema ropa.
  —¡¿Harías eso por mí, Helga?! Pidió Anthony con los ojos
brillantes.
 —Me pides ir al infierno con mi antiguo carcelero por un estúpido
videojuego – Pensó Helga contrariada – de acuerdo, pero me debes
un favor.
  —¡Gracias! Agradeció Anthony y la abrazó dándole un beso en
la mejilla. El chico no quiso darle ninguna importancia a eso, eran
novios, era lo que hacían los novios, pero ¿Por qué tenían que hacerlo
justo frente a él?
***
  Al caer la tarde, los chicos salieron de la heladería de Slausen y
tomaron un camino distinto, Anthony se despidió de Helga y regresó
a su vecindario y Lila se despidió a las pocas cuadras argumentándose
en que tenía cosas que hacer, así que ahí estaba Helga caminando
junto a Arnold rumbo a la casa de huéspedes.
  En todo el recorrido no dijeron nada, solo divagaron en sus
pensamientos. Al llegar a uno de los semáforos el chico la miró
de soslayo, Helga se veía diferente sin su moña, le hacía falta, se
preguntó ¿por qué había dejado de usarla? ¿Por qué había cambiado?
Ella seguía siendo la dura chica del cuarto grado, pero había dejado
de ser dura con él, ya no era su blanco, debería estar feliz, saltando de
la dicha porque un problema en su vida había dejado de serlo pero…
  Al llegar a la casa Arnold abrió la puerta y dejó salir a la fila de

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

animales que corrió hacia la calle, Helga los esquivó haciéndose a un
lado.
  —Sigue. La invitó.
  —No te molestes yo me quedo aquí.
  —Es peligroso a esta hora que te quedes ahí, sigue por favor. Le
dijo Arnold con seriedad, Helga rodó los ojos.
  —Ok, ok, ok. Dijo ella evitándose una discusión y siguió. Al
cruzar la puerta, se encontraron a Elsa y al señor Hyunh discutiendo
por un asunto trivial.
  —¡Dejaste el tanque de la lavadora lleno de mota! Dijo el señor
Hyunh.
  —¡No es mi mota! ¡Es la mota de toda la condenada casa! Exclamó
Elsa a punto de estallar en furia.
  —¿Qué sucede? Preguntó Arnold y ambos inquilinos se volvieron
hacia él.
  —Hola Arnold, hola Helga, no pasa nada, solo es una discrepancia.
Dijo Elsa.
  —¡Esta discrepancia! Dijo el señor Hyunh y extendió su mano con
la bola de mota frente a la cara de Elsa.
  —¡No me acerques eso! Advirtió ella.
  —Tranquilícense chicos, seguramente es un problema con el filtro,
le diré al abuelo que lo revise. Dijo Arnold y en ese instante el abuelo
salió de la cocina.
  —¡Eso! Que el abuelo se encargue, porque para eso está el abuelo,
porque el abuelo hace esto, porque el abuelo hace aquello, porque el
abuelo hace todo… y entonces el día que el abuelo se muera, esta casa
se va al infierno. Refunfuñó el abuelo y sin prestar atención a nadie
subió al segundo piso.
  —Buscare a alguien que lo revise. Dijo Arnold y Elsa le hizo una
mueca de disgusto al señor Hyunh y siguió los pasos del abuelo,
escaleras arriba. Arnold se volvió hacia Helga, algo avergonzado.
  —Es como mi casa pero con distintos personajes. Dijo ella y
entonces el señor Hyunh reparó en ella.
  —¡Oh! Tú eres la estudiante de la escuela pública de telefonía.
  —¿Que? Preguntó Helga y Arnold se volvió a verla con sorpresa.

Hebo Freire

  —Si, tú eres esa estudiante que estaba revisando el teléfono de la
casa de huéspedes la vez pasada. Aseguró el señor Hyunh.
  —No sé de qué está hablando – Dijo Helga nerviosa – creo que me
está confundiendo.
  —Yo nunca olvido una cara. Dijo el señor Hyunh y no se equivocaba,
ya había visto a Helga en la casa de huéspedes, esa vez ella estaba
buscando una grabación de una confesión que había dejado por error
en la contestadora.
  —Debe estar confundiéndome con mi hermana Olga. Aseguró
Helga buscando escapar de esa situación tan comprometedora.
  —¿Es tu hermana gemela? Preguntó el señor Hyunh.
  —Algo así – Dijo Helga y se volvió a Arnold -¿Bueno me vas a dar
el juego o qué?
  —Está bien. Dijo Arnold sin pasar por alto lo dicho por el huésped
y subieron hacia la habitación del ático, Helga sintió un gran alivio al
escapar del señor Hyunh, pero se dio cuenta tarde que se había metido
en la boca del lobo, lo notó cuando ya estaba en la entrada.
  —¿De que hablaba el señor Hyunh? Preguntó Arnold sacando su
control remoto y presiono un botón, las luces se encendieron y el
sistema de sonido se sintonizo en su emisora favorita.
  —No tengo ni la menor idea, seguro le recordé a alguien. Dijo
Helga pero su explicación no convenció a Arnold
  —De acuerdo, espera un segundo lo buscaré. Dijo y comenzó a
buscarlo en la repisa.
  —Date prisa, no tengo toda la noche. - Dijo Helga impaciente,
parándose en el dintel de la puerta, no le complacía estar en ese lugar,
le traía recuerdos que había jurado olvidar, pronto el lugar y el aroma
comenzaron a tener efecto sobre sus sentidos – Conserva la calma
Helga, y piensa en Anthony.
  —Perdón, ¿Dijiste algo? Dijo Arnold volviéndose a ella
  —Nada, que te muevas, tengo prisa. Dijo Helga fastidiada. Arnold
la miró fijamente, de pronto su expresión hosca le pareció divertida y
simpática.
  —¿Qué me ves? Preguntó Helga
  —Nada. - Dijo y buscó en el librero que estaba en la cabecera. –

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

solo que te ves distinta sin tu moño.
  —¿En serio? Que buen observador eres – dijo Helga con sarcasmo–
decidí deshacerme de ella, me traía malos recuerdos.
  —¿De verdad?
  —Sí, me harte y me deshice de moño para siempre. Dijo Helga.
  —Te veías bien con tu moño, me gustaba porque era rosa como tu
vestido.
 —Déjà vu – pensó Helga al escuchar de nuevo esas dulces palabras
– ¿Ah sí? Tendré en cuenta tu sugerencia.
  Arnold ignoró su comentario y sacó una pequeña caja que estaba
sobre otra caja más grande etiquetada como “secreto” al sacar la
caja, un libro cayó sobre la cama, era el librito rosa, Helga tuvo que
contener el impulso de saltar sobre este.
  —No es mío. - Aclaró Arnold al ver su interés por este. – es de una
chica.
  —¿Una chica?
  —Si es una chica, le gusta escribir poesía. Dijo y ella se sobresaltó.
  —¡Ah! que detalle. Dijo Helga y desvió la mirada pensando en el
libro, no tenía idea de que él aún lo conservaba. Ese libro le causó
tantos problemas en el pasado, casi la deja en ridículo en frente de
toda la escuela. Al recordar como Arnold leía con burla sus poemas
frente a los otros chicos, se enfadó. Había tomado la decisión correcta
al olvidar ese amor crónico y sin sentido que le atormentaba noche
y día, pero ahora estaba justo ahí recordándolo ¿En que estaba
pensando? No debía estar en ese lugar, ese era el último lugar en el
que debía estar, al diablo con Anthony y su estúpido juego, decidió
irse cuanto antes, pero en ese momento cuando se dio la vuelta para
irse, la sujetaron de su mano, Helga se volvió y se encontró a Arnold,
sujetando su mano y Helga se sintió como un dragón encadenado,
tratando de zafarse de su captor, entonces el chico le dio la vuelta a su
mano y le entregó el video juego de la ocarina del tiempo.
  —Cuando termine el juego, tráelo de vuelta, lo estaré esperando.
Le dijo.
  —Te lo enviaré por correo, viejo. - Dijo Helga y se zafó de su mano
y se fue, bajando las escaleras diciéndose así misma – pase lo que

Hebo Freire

pase no mires atrás, Helga, no mires atrás.
  Helga salió de la casa de huéspedes con el juego en las manos,
cuando sintió el aire fresco en su cara, sintió un gran alivio.
  —Nunca más. Dijo Helga y corrió, satisfecha. Había superado la
prueba máxima y con honores, había anulado su amor por completo,
o al menos eso creía.
  Helga desapareció al dar vuelta a la esquina, el chico la observó
irse desde la ventana.

Hebo Freire

Parte 8
  Cuando Helga visitó la casa de Anthony por primera vez, esperaba
la casa de un chico promedio y en parte así fue. Anthony vivía con su
madre y su abuela, una agradable ancianita, quien estaba sentada en
una banca en entrada del edificio donde el chico vivía.
  —Abuela, ¡Ella es Helga! Dijo Anthony y la abuela la miró con sus
ojos que parecían líneas, mientras un caniche rosa compañero de ella
comenzó a gruñir salvajemente.
  —¡Hmmm! Que jovencita tan adorable ¿Dónde la conociste?
Preguntó la abuela.
  —En un lago, en el parque del otro vecindario, abuela. Dijo él y
Helga se extrañó que omitiera la parte más importante de la historia.
  —¿Y te vas a casar con ella?
  —Abue, solo tenemos 10 años. Replicó Anthony igual de incomodo
e erizado que Helga.
  —¿Y qué…? Esa no es excusa, Yo estuve comprometida en
matrimonio a los 15 años o a los 12, no lo recuerdo muy bien pero eso
no importa – replicó la abuela – es mejor casarse cuando se es joven
y se tiene toda la vitalidad.
  —¡Ok Abue! Iré con Helga arriba. -Dijo Anthony y tomó la mano
de Helga – ¡Vamos!
  —¡Invita a sus padres a cenar! Aconsejó la abuela mientras
el caniche le ladraba a Helga pero ella lo ignoró. La idea le hizo
sonreír con sarcasmo ¿Qué sucedería en una situación así? pero no le
desconcertó tanto como la respuesta anterior de Anthony.
  —¿Por qué pasaste por alto el detalle más importante del día que
me conociste? Preguntó Helga.
  —Lo olvidará, la abuela tiene problemas de memoria. Dijo Anthony.
  —¿Está desmemoriada?
  —No del todo, pero olvida las cosas, según dicen pronto ya no

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

recordará nada. Dijo Anthony.
  —Que mal pero bueno me imagino que eso les pasa a todos los
viejos. Dijo Helga y el chico sonrió con tristeza.
  —Es lo malo de envejecer.
  —Envejecer es una mugre.
  —¡Pero no le hagas caso! La abuela lo dijo de broma. Dijo Anthony
  —¿En broma qué? Preguntó Helga.
  —Lo que dijo sobre casarnos. - Dijo Anthony y le abrió la puerta
del edificio, adelante había unas escaleras – no es una mala idea, pero
aún es muy pronto.
  —¡Oh sí! No hay problema, yo no tengo prisa. Dijo Helga
sonrojándose por las palabras de Anthony, pero no le disgustó la
idea. Tal vez en un futuro no muy distante, ella podría cansarse con
Anthony, casarse con el héroe que le salvo la vida, eso sería fabuloso.
Helga dejó que su imaginación volara, imaginó la escena en una gran
iglesia, llena de gente, la familia de ambos atestando el lugar, mientras
un tipo tocaba en el órgano el Canon en D, Helga se vio así misma con
el más hermoso vestido blanco, sonriendo, feliz como nunca antes
lo había estado y vio a su futuro marido, con quien permanecería el
resto de su vida porque así lo había decidido el destino, pero entonces
la música se interrumpió y escuchó unos golpes contra un vidrio y
Helga se volvió hacia atrás y vio a Arnold tras la puerta de vidrio de
la iglesia.
  —¡Helga! La llamó desesperadamente.
  —¡Helga! La llamó Anthony, un escalón arriba en las escaleras y
Helga despertó de su fantasía.
 —¿Eh?
  —Estabas distraída ¿en qué pensabas?
  —Recordé la escena de una película creo que se llama “el graduado”
dijo Helga subiendo las escaleras.
  —¿El graduado?
  —Sí, es una película muy vieja, a Miriam le encanta, siempre llora
cuando ve la última escena. Dijo Helga maldiciéndose por imaginar
semejante idiotez.
  —¿Miriam? Preguntó Anthony.

Hebo Freire

  —Mi madre. Dijo Helga.
  —Oh ya veo. - Dijo Anthony y metió la llave en la cerradura
abriendo la puerta – Bienvenida a mi humilde morada.
Anthony vivía en un departamento en el tercer piso del edificio. Era
un lugar muy organizado, tapizado y decorado.
  —Quítate los zapatos. Dijo Anthony y Helga lo miró raro pero le
hizo caso.
  —Sí que son refinados aquí. Opinó ella.
  —Mi mamá le gusta el orden y la limpieza. Dijo Anthony y Helga
vio que estaba en lo cierto, la sala parecía de catálogo, todos los
muebles y accesorios estaban simétricamente alineados, nada estaba
fuera de su sitio.
  —Una madre obsesionada con el orden, una abuela sin memoria,
un chico geek – pensó Helga y sonrió satisfecha – nada diferente a lo
que estoy acostumbrada.
  Ese día Helga conoció muchas cosas sobre Anthony, supo que su
madre era separada, que él cumplía años el 23 de enero y que era un
fan acérrimo de final fantasy, un video juego de rpg, pasaron la tarde
jugando en el súper Nintendo, hablando y comiendo golosinas que la
madre de Anthony trajo al llegar del trabajo.
***
  Helga regresó a su vecindario antes del anochecer, encontrándose
con los molestos Stinky y Sid en su camino, sentados en una banqueta
a un lado, con una sonrisa idiota en sus caras.
  —¡Digan algo y se mueren! Advirtió Helga no muy dispuesta a
tolerar sus tonterías y ambos alzaron sus manos hacia adelante. Ella
siguió su camino sin mirarlos y se alejó velozmente pero Stinky y Sid
se pusieron de acuerdo para molestarla.
  —¡Helga y su novio son un primor! Cantaron al unisonó
burlonamente y Helga se giró sobre sus talones y regresó corriendo
para asesinarlos. Ambos chicos pusieron pies en polvorosa, Helga los
persiguió por tres cuadras, hasta llegar a una esquina en donde chocó
aparatosamente con Arnold y cayeron al suelo, formando una cruz en

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

la acera. Stinky y Sid corrieron por la calle riéndose descaradamente.
Helga se levantó rápidamente y pasándole por encima al chico miró a
la distancia, ellos estaban muy lejos de su alcance.
  —¡Malditos! Exclamó Helga tomando uno de los zapatos del chico
que había perdido tras el choque y tomando la postura de un lanzador
de pelota, lanzó el zapato con todas sus fuerzas y esperó el resultado,
el zapato voló por todo lo alto y le dio al más pequeño de sus blancos.
  —¡Le di! Dijo satisfecha alzando su puño derecho al ver su
objetivo caer, luego se volvió encontrándose a Arnold mucho más
que desconcertado.
  —¡Mi zapato! Dijo simplemente alzando sus manos con las palmas
hacia arriba.
  —Allá esta, ve por él. Señaló Helga y se fue impune y sonriente,
dejando al chico sin un zapato y abandonándolo a su suerte en la
esquina.
***
  Días después en la escuela, Helga estaba en una de las mesas de la
biblioteca, suspirando y mirando por la ventana, su amiga Phoebe la
observaba de reojo mientras leía su libro.
  —¿Por qué tan feliz? Preguntó extrañada, mirándola por encima
de sus gafas.
  —Me han sucedido cosas muy buenas en estos días. Comentó ella
con expresión soñadora.
  —¿Algo que quieras contar?
  —Creo que estoy enamorada. Confesó Helga sin más y Phoebe
perpleja dejó caer su libro sobre la mesa.
 —¿Cómo?
  —Lo que escuchaste Phoebe, creo que estoy enamorada y no de
quién crees.
  —¿Hablas de…?
  —Si efectivamente... cada día que paso con él, cada momento, cada
segundo me lo confirma, él es la persona que es para mí.
  —¿Estás segura? Solo han salido un par de días y bueno es cierto

Hebo Freire

que ha hecho cosas impresionantes.
  —Estoy totalmente segura, nunca me había sentido así, Arno...
digo Anthony - la traicionó el subconsciente – es el chico para mí,
estamos hechos el uno para el otro.
  —Te sientes así con él porque te salvó, sientes que estas en deuda...
¿No te estás confundiendo? Cuestionó Phoebe.
  —No estoy confundida, es en serio. Dijo Helga emocionada.
  —Helga, no puedes borrar 5 años de amor incondicional por un par
de semanas de amor pasajero. Advirtió Phoebe.
  —Seis años y fue suficiente y no es un amor pasajero. Dijo Helga
jugueteando con una hoja de papel, doblándola como un abanico y
con unas tijeras hizo una cadena de muñecos de papel.
  —Me resulta difícil creer que vayas a olvidar al mantecado de la
noche a la mañana, Helga. Objetó Phoebe.
  —Estoy curada Phoebe, estoy curada en un 99.9%, ya no estoy
obsesionada con el mantecado. Dijo Helga y desplegó el abanico. Los
muñecos eran copias a imagen y semejanza de Arnold, Helga molesta
hizo bola la hoja y la tiró por encima de su hombro.
  —No es cero. Dijo Phoebe y se levantó de la mesa saliendo de la
biblioteca.
***
  Helga y Phoebe caminaron por el pasillo y Phoebe se detuvo frente
a la fuente de agua, algo preocupada por Helga, no le gustaba ese
romance. Era cierto que el chico era fabuloso, un héroe, un caballero
pero…
  —Lo creas o no, estoy enamorada del tipo a niveles vomitivos.
Afirmó Helga.
  —Sencillamente no logro visualizarte con él. - Dijo Phoebe
abriendo la fuente para beber agua - ¿Qué es lo que te gusta de él?
  —Es simplemente encantador. Respondió Helga
  —¿Solo eso? Preguntó ella secándose su boca con la mano.
  —Encantador, noble, condescendiente, le gusta ayudar a la gente.
Dijo Helga.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Estas describiendo al mantecado. Afirmó Phoebe.
  —¿Cual mantecado? Te estoy hablando del chico que me salvó y
me ha robado el corazón. Dijo Helga y a Phoebe le parecieron falsas
sus palabras. La teoría de que Helga amara en realidad a Anthony era
tan falsa, como la creencia que se tenía que la tierra era plana.
  —¿Hablas en serio? cuestionó Phoebe con incredulidad.
  —Claro que sí, yo amo a Arnold - Juro Helga a pies juntillas digo… yo amo a Anthony.
  Phoebe sonrió.
  —Si claro y yo amo a los panqueques con vaselina, por favor Helga,
a quien tratas de engañar, tratas de ver al mantecado en Anthony o
algo así. Afirmó
  —Que idea tan… tan… - Helga buscó una palabra lo suficientemente
fuerte - tan estúpida, Phoebe, Anthony no tiene cabeza de balón, tiene
ojos raros pero esa es otra historia y no es un idiota y lo más importante
yo le importo y mucho.
  —Muy bien, enumérame en una balanza las virtudes de él y las del
Mantecado y luego sumaremos. Dijo Phoebe.
  —Está bien, Anthony es encantador, un héroe, un romántico, todo
un caballero y me salvó la vida. Dijo Helga.
  —Tiene una gran ventaja, no puedo negarlo y ¿del Mantecado?
Preguntó Phoebe.
  —¿De Arnold? - preguntó Helga y en ese preciso instante Arnold
apareció detrás de ellas - que tengo que decir de ese idiota, pues
por donde empiezo… es un tonto, un distraído, un santurrón, un
aguafiestas, un aburrido, un estúpido - el chico se disgustó de que
estuvieran hablando mal de él a sus espaldas - es un torpe, un tonto
espera eso ya lo dije, es un lento, un soñador y como odio su estúpida
cabeza de balón, no lo soporto, - Helga cambió paulatinamente su
expresión – y sin embargo... sin embargo es… bueno, es un buen
chico, aunque siempre meta las narices donde no lo llaman, es un
buen chico y él es… ¡rayos! genial, y me gusta como viste, esa gorra
le da un toque ¿cómo decirlo? Un toque único.
  Por un momento la Helga que amaba a Arnold habló y fue escuchada
por él. En ese momento Arnold se sintió muchísimo más que halagado

Hebo Freire

con sus palabras. Pronto Phoebe se percató de su presencia justo a
espaldas de Helga y trató de avisarle.
 —Helga…
  —Sentimental, bondadoso, imperativo, es como si no tuviera
defectos el desgraciado.
 —¡Helga!
  —¡¿Qué?! Replicó Helga molesta y Phoebe señaló hacia atrás con
su dedo pulgar, Helga se giró extrañada, encontrándose cara a cara
con Arnold.
  —¡¿Arnold?! - Helga retrocedió espantada y su codo golpeó la
orilla de la fuente de agua y el golpe la hizo bailar.
  —¿Helga estas bien? Le preguntó el chico.
  —¿Qué demonios haces detrás de mí torpe cabeza de balón? ¿Que
no aprendiste lo peligroso que es? le reclamó Helga furibunda luego
de recuperarse del golpe que le hizo ver demonios.
  —Quería tomar un poco de agua - respondió Arnold – Helga, no
sabía que pensabas tantas cosas sobre mí.
  —No estaba hablando de ti Arnoldo - corrigió Helga rápidamente
- estaba hablando de otro cabeza de balón, es decir hablaba de otro
Arnold… de otro idiota pero eso no es asunto tuyo.
  Dicho esto Helga lo apartó bruscamente de su camino alejándose
a grandes zancadas. Arnold se volvió a Phoebe quien solo acertó a
encogerse de hombros y seguir a Helga.
***
  Olvidar a su gran amor tuvo consecuencias, que empezaron a
manifestarse lentamente. La primera se manifestó en su clase favorita,
lenguaje. El señor Simmons les pidió que hicieran un poema sobre su
tema favorito, Helga entusiasmada decidió dedicar un poema a su
nuevo gran amor, pero en cuanto tomó el lápiz, no pudo escribir una
sola línea. Cada vez que pensaba alguna frase de amor, se bloqueaba,
las palabras se nublaban, como si tuviera una interferencia mental.
  —¿Te sucede algo Helga? Le preguntó Phoebe en el puesto de al
lado.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Nada... Mintió ella y clavó su mirada en el cuaderno, se forzó a
escribir y se le rompió la punta de su lápiz, buscó en su pupitre algo
con que escribir y tomó una pluma, intento escribir pero no pudo, la
pluma estaba sin tinta.
  —Maldita sea... Maldijo Helga.
  —Toma. Phoebe le dio una de sus plumas.
  —Trae aquí. Helga se la quitó de las manos, decidida a escribir el
poema más hermoso jamás escrito.
  Tras quince minutos, el señor Simmons dio por terminada la tarea
y todos bajaron los lápices.
  —Bueno niños, ahora lo leeremos en voz alta - y se dirigió
entusiasmado a Helga - Helga quieres leernos tu escrito.
  La chica estaba tirada en el pupitre como un muñeco de trapo. Ella
levantó la cabeza y dijo con fatalidad.
  —Lo lamento, no pude escribir nada, no me siento muy bien.
  Era una mentira y muy mala, si hubiera sido verdad, hubiera hecho
un drama digno de Hollywood, pero esa fue su mejor excusa.
  —Por qué no lo dijiste antes, Helga - dijo el señor Simmons con
preocupación - ve de inmediato a la enfermería.
  Helga se levantó y salió del salón. No fue a la enfermería si no
directamente a una fuente donde bebió agua.
  —Bien esto está mal, no pude escribir una sola maldita frase y
se supone que ese es mi talento natural ¿Será que perdí mi don?
¿Ese es el precio que tengo que pagar por dejar de amarle? ¿Qué
será de mí? – dijo llevándose el dorso de la mano a su frente con
melodrama shakesperiano - No, no puedo cambiar de musa de la
noche a la mañana, si quiero dirigir mis palabras a un nuevo amor,
tengo que tomarlo con calma, después de todo fueron muchos años
de dedicación, 20 tomos de solo poemas y muchas noches de desvelo,
no voy a cambiar de onda así de rápido, por más amor que me inspire
Arno... digo Anthony en este momento, aun no puede ser mi fuente
de inspiración.
  Helga fue a la enfermería, luego volvió a clase. El señor Simmons
le pidió que escribiera su poema, mientras sus compañeros leían los
suyos, ella siguió en la misma situación, fue como si hubiera olvidado

Hebo Freire

escribir, ninguna palabra ni frase cobro sentido bajo su lápiz, Helga
sacó un cuaderno, en la última página estaba el ultimo poema que le
escribió al mantecado, la arrancó y la leyó una y otra vez.
  —Antes era tan fácil… se dijo y dejó caer su cabeza sobre el pupitre
dejando caer la hoja de papel al suelo, justo a los pies del maestro
quien se acercaba a su puesto.
  —Veo que tu escrito ya está listo - dijo el señor Simmons - ¿Qué te
parece si lo leo?
  Helga estuvo a punto de levantarse de su puesto para protestar pero
su propio terror se lo impidió. El señor Simmons expectante empezó
a leer.
  —¡Oh! Luminosa Selene que brillas en el cielo índigo ¿puedes
ver a mi verdadero amor?... Todos escucharon con aburrimiento
el escrito, salvó una persona, que al escuchar el poema, levantó la
cabeza y arqueó las cejas.
  —¡Oh! Luna hermosa ¿puedes sacarme de esta confusión? Temo
que haya sido solo una ilusión, una ilusión que confundí con el
verdadero amor…
  El timbre sonó sacando de la expectación a Arnold.
  —Bueno niños, eso fue todo en la clase de lenguaje, Helga tu
poema fue impresionante como siempre. Felicitó el señor Simmons.
  —Si, ¡Gracias! Dijo Helga y se rio entre dientes, quitándole la hoja.
Helga salió del salón junto con Phoebe y caminaron por el pasillo a
paso ligero.
  —Oye tu poema estaba muy bonito. Comentó ella.
  —¿Ah Sí? ¿Qué te parece este? Le entregó su cuaderno con el
verdadero poema, el único que pudo escribir en toda la clase. Su
amiga lo leyó pero no pudo encontrar la pasión que los poemas de
Helga tenían.
  —Esta bonito pero le falta algo…
  —Si lo sé, es pura y física improvisación, es lo más simplón que
he escrito en mi vida. Aseguró Helga enfadada consigo misma, nunca
había quedado tan insatisfecha con un escrito suyo.
  —No esta tan mal. Trató de consolarla su amiga.
  —No tiene alma Phoebe, el alma que tenían mis escritos se ha ido,

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

suena bien pero suena frio, lejano, es como si las letras estuvieran ahí
pero yo no. Describió Helga desanimada.
  —¿De dónde sacabas la inspiración, Helga? Interrogó Phoebe,
sabiendo muy bien la respuesta.
  —Solo me bastaba ver su estúpida cabeza de balón, para escribir
poemas, porque todo lo que escribía, de la A a la Z y del 1 al 10,
iban dirigidos a él, ahora que mi amor va dirigido a otra persona, mi
musa ha muerto, ya no puedo escribir poesía, no sé si pueda volver a
escribir como lo hacía antes. Confesó Helga.
  —No lo tomes así amiga, eso es algo temporal, además ¿No es eso
una señal?
  —¿Una señal de que? Cuestionó Helga deteniéndose de inmediato
para escuchar a Phoebe.
  —La señal de que ese no es tu verdadero amor, lo digo por qué solo
el verdadero amor puede hacer que las palabras fluyan del corazón y
que tu recites poesía.
  —No digas tonterías Phoebe, lo que pasa y acabo de comprender es
que ese chico me inspira tanto que no puedo describirlo con palabras,
por eso no puedo hacer poesía en su nombre, pero voy a tener que
buscar otro trabajo.
Dijo Helga siguiendo su marcha, Phoebe guardó un diplomático
silencio, su explicación había echado abajo todas sus objeciones.
***
  No le gustaba perder su don, ella estaba destinada a ser un monstruo
literario pero ahora las cosas cambiaron y seguramente tendría que
dedicarse a otra cosa, aún tenía muchísimas opciones en el futuro no
solo escribir y si lo pensaba bien, era mejor eso y no lo de siempre,
una escritora atormentada por el recuerdo tormentoso del inalcanzable
Arnold.
  Helga fue a su casillero en compañía de Phoebe, sacando sus cosas
y cerrando la puerta de un golpe, se alejó a paso de carga.
  —Ya sé, me voy a dedicar al dibujo. Dijo Helga con resolución.
  —No hay que exagerar Helga, solo te bloqueaste hoy, puedes seguir

Hebo Freire

escribiendo, solo dale tiempo. Dijo Phoebe.
  —Sí, tienes razón, de algún modo lograre expresar lo que siento
por Anthony y le mostrare lo mucho que lo quiero. Dijo Helga.
  —No lo creo, Helga y tampoco creo que realmente lo ames. Dijo
Phoebe tajante y Helga sorprendida se detuvo y enfrentó a su amiga.
  —A ver Phoebe, ¿A qué viene eso? ¿Por qué desapruebas totalmente
mi nueva relación?
  —Por qué soy realista y no me parece que debas dejarte llevar por
un amor pasajero... como tu amiga, te digo que eso no me parece
buena idea.
  —¿Entonces qué sugieres Phoebe? ¿Sigo con mi rol de loca
enamorada sufriendo por un amor no correspondido? - Helga se
dejó caer de rodillas -¿Sigo de rodillas a su altar esperando a que me
ame, mientras el desgraciado persigue ninfas pelirrojas en el bosque?
¿Sigo esperando a ver si se me hace el milagro algún día? ¿Sigo con
los patéticos soliloquios que nunca son escuchados por nadie? ¿Sigo
con mi amor ciego y apasionado hasta el fin del fin?
  Helga caminó sobre sus rodillas con los ojos cerrados.
  —Helga... dijo Phoebe tratando de avisarle algo sumamente
importante y que estaba sucediendo justo frente en sus narices.
  —¿Sigo con el… te amo? - Helga inspirada como nunca extendió
las manos y exclamó - ¡te amooo!
  Tanta exaltación hizo brillar a Helga con luz propia, estrellas
resplandecieron a su alrededor, jamás se había declarado con tanto
fervor. Luego abrió los ojos encontrándose a Arnold y atrás de él a
Gerald, quienes la observaba desde arriba con sorpresa e incredulidad.
Si alguna vez quiso ser comida por la tierra, ese fue el momento
exacto. Lo único que atino a hacer en aquella bochornosa situación
fue disimular, se dejó caer sobre sus manos en el suelo y exclamó.
  —Phoebe ayúdame a buscar una moneda que se me cayó.
  —¿Cual moneda? Preguntó su amiga. Helga se levantó roja como
un tomate y cerró los ojos.
  —No importa. Dijo Helga alejándose apresuradamente por el
corredor, escuchando la risita molesta de Gerald.
 —Acabo de perder el poco honor que me quedaba. Pensó

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

decepcionada de sí misma. Había hecho el ridículo dos veces en menos
de 24 horas y frente al mismo tipo. Phoebe la alcanzó, tratando de
hacer un esfuerzo sobrehumano por no reírse. Atrás Gerald no pudo
guardarse uno de sus comentarios.
  —Cualquiera diría que se te declaró.
  Arnold lo miró de reojo sin decir una palabra, sintiendo muy en
el fondo algo que nunca antes había sentido, un placer infinito por
encontrar a Helga G. Pataki de rodillas frente a él. Eso era algo que
no tenía precio. Por un breve instante tuvo un pequeño indicio de
cómo se sentía ser un dios.
***
  De regreso al salón de clase, Helga evitó cruzar miradas con
Arnold y se fue hacia la parte de atrás del salón, sacando a Eugene
bruscamente de su comodidad. Una vez se apodero del lugar Helga
se dio en la tarea de hacer una postal para Anthony, coloreándola
con temperas, cuando la terminó quedó satisfecha, levantó la postal
en lo alto para contemplarla, pareciéndole que le faltaba un pequeño
detalle, el cual quiso corregir, para darle el toque final, cuando alguien
cayó encima de su escritorio e hizo que se le regara la tempera negra
sobre el dibujo.
  —Lo siento Helga no fue mi intención, Harold me hizo tropezar.
Se disculpó el causante.
  —No es cierto y no tienes pruebas. Alegó Harold en su defensa,
por supuesto que había sido su culpa, Harold le hizo zancadillas a
Arnold mientras caminaba por el salón e hizo que cayera sobre ella,
Helga le dirigió una mirada asesina a ambos.
  —Estúpido Harold siempre tienes que lanzarme cosas, para
molestarme. Exclamó Helga enfadada.
  —¿”Cosas”? Dijo el chico ofendido arqueando una ceja
  —Yo no te lance nada. Se defendió Harold.
  —Crees que no lo he notado bola de grasa, siempre andas
provocándome. Replicó Helga enfadada.
  —No es cierto... Siguió discutiendo el gordo.

Hebo Freire

  —Pero el que busca encuentra - Helga se levantó y tomó la silla por
el respaldo - esto es al gusto de consumidor.
  Helga tenía toda la intención de romperle la silla en la cabeza a
Harold.
  —Espera Helga. Trató de detenerla Arnold al ver sus intenciones. 
  En ese momento el señor Simmons ingresó al salón.
  —Arnold, Helga por favor a su lugar. Les pidió amablemente y
ambos obedecieron, Helga se sentó en su puesto y Arnold regresó a
su lugar, adelante del salón.
  —Te veré en la salida bola de manteca. Le amenazó Helga con el
puño y Harold le hizo una mueca, Helga retomó su tarea, y decidió
hacer otra postal. Phoebe la observó en silencio cuando se fijó en
algo inusual, ¡Arnold estaba contemplando a Helga! algo que no
sucedía ni por error, salvó cuando buscaba al culpable de las bolitas
de papel, se preguntó si aquello era un cambio de papeles. El mundo
estaba al revés, Rhonda tenía razón el fin estaba cerca, Helga estaba
enamorada de otro y Arnold le prestaba atención. El chico saltó al
sentirse observado y volvió la vista al frente.
  —Helga... Dijo Phoebe en voz baja.
  —¿Qué? dijo ella dibujando.
  —Creo que a Arnold le gusta alguien...
  —¿Quién?... ¿Lila? esa no es ninguna novedad, actualízate Phoebe.
  —No, creo que se trata de ti. Le informó muy seriamente, Helga se
sobresaltó por un instante y luego se rio.
  —Por favor Phoebe, primero vuela un cerdo color de rosa, antes
que pase algo así. Afirmó Helga volcada sobre su dibujo. Un globo
estrellándose contra la ventana distrajo a Phoebe, era el globo de un
cerdo color de rosa, afuera los chicos de quinto grado, lo observaban
elevarse.
  —¡Maldita sea! ahí va uno de los invitados de la feria - maldijo
Wolfgang y se volvió a su amigo - te dije que no jalaras esa cuerda.
  —Helga. Dijo Phoebe luego de perder de vista al globo.
 —¿Qué?
  —Acabo de ver a ese cerdo.
  —Jajá muy graciosa - se burló Helga - será mejor que te mandes a

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

revisar esas gafas estimada Phoebe.
  La chica le hizo caso, se quitó las gafas y las limpió.
  —Las cosas están muy extrañas. Pensó.
  —Mira - le mostró Helga la postal terminada con singular alegría,
- ¿Qué te parece?
  Phoebe la analizó detenidamente.
  —¡Oh! Está muy bonita, pero me parece que debes verificar el
destinatario. Opinó.
  Helga revisó, la postal decía “Helga y Arnold”
  —¡Maldita sea! Maldijo Helga y borró el segundo nombre
escribiendo nuevamente, volviendo a cometer el mismo error. Phoebe
la observó divertida. Se preguntó hasta donde llegaría esa farsa y si
terminaría con heridos y corazones rotos.

Hebo Freire

Parte 9
  El señor Simmons les ordenó hacer un proyecto y formaron
grupos escogidos aleatoriamente por sorteo. Helga tuvo que trabajar
en conjunto junto con Phoebe, Rhonda y Arnold, muy a pesar de sus
reiteradas protestas, pero no tuvo otro remedio porque nadie más
quiso trabajar con ella, por su temperamento conflictivo y mandón,
así que Helga tuvo que hacer tripas corazón y se integró al grupo
que tampoco estaba muy a gusto, salvó por supuesto por Phoebe con
quien había hecho equipo toda la vida.
  Los primeros días, todo fue muy bien pero pronto hubo conflictos,
Helga no estaba colaborando con el proyecto y eso exasperaba a
Rhonda y la riña estalló en la biblioteca.
  —Bueno, ¿Qué les parece si nos reunimos todos en casa de Arnold?
Propuso Rhonda dejando su cuaderno sobre la mesa.
  —Estoy de acuerdo. Dijo Phoebe copiando algunos apuntes que le
servirían para el susodicho proyecto.
  —Perfecto ¿Qué dices Helga? ¿A las cuatro está bien? Preguntó
Rhonda pero Helga estaba distraída recostada sobre la silla con los
pies sobre el escritorio, jugando con su PSP y escuchando con sus
audífonos, música a todo volumen.
  —¿Qué? - dijo al sentirse observada, quitándose uno de los
audífonos - ¿Que se murió la abuela de quién?
  —No, preguntábamos si podíamos reunirnos todos en mi casa.
Dijo Arnold
  —No puedo. Respondió Helga dándole vueltas a su pie.
  —¿Por qué? Quiso saber Rhonda, sin ocultar su disgusto.
  —Tengo cosas que hacer. Dijo Helga sin estar muy dispuesta a dar
explicaciones.
  —¿Cómo qué? Siguió su interrogatorio Rhonda y el gesto relajado
de Helga desapareció por completo.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Oigan entrometidos ¿Desde cuándo tengo que rendirles cuentas
de lo que hago o dejo de hacer? Exclamó Helga bajando los pies al
suelo.
  —Desde que estamos juntos en este proyecto - contestó Rhonda
- déjame decirte que tú no has hecho nada salvo jugar, no estoy
dispuesta a reprobar por tu culpa.
  —Pues será mejor que termine mi parte en otra parte, no estoy
dispuesta a aceptar el régimen de terror de zopenco-landia. Dijo Helga
y se levantó de su silla.
  —Helga, espera. Dijo Arnold levantándose de su silla también.
  —No pierdas tu tiempo Arnoldo no pienso acatar las reglas de la
señorita Fashion. Dijo Helga volviéndose al grupo.
  —Rhonda tiene razón, no estás colaborando en absoluto y este es
un trabajo en grupo, es mejor que aceptes parte de la responsabilidad.
Dijo Arnold y estas palabras enfadaron más a Helga
  —¿La responsabilidad de que o qué? Replicó ella molesta de que
se le estuviera regañando.
  —Es un trabajo en grupo… si no estuvieras en otro mundo, te
darías cuenta de lo importante que es. Dijo el chico enfadándose.
  —¡Me importa un bledo! Tengo otras cosas en que pensar ¿De
acuerdo? No tengo tiempo que perder con un grupo de tontos y
aburridos perdedores. Dijo Helga
  —No tienes derecho a tratarnos de ese modo. Dijo Arnold
enfrentándola igual de molestó que Rhonda y Phoebe.
  —¡¿Por qué no?! - sin darse cuenta Helga estaba alzando la voz, - si
eso son lo que son, una pandilla de perdedores, de tontos y aburridos
perdedores.
  —¡¿Y que eres tú?!¡Una persona realmente fastidiosa y desagradable
que quiere ganarse el aprecio de las personas a los golpes! ¡Una
fracasada envidiosa que vive a la sombra de su hermana!
  Un balazo en la cara no le hubiera dolido tanto como aquellas
palabras. Helga se quedó helada y boquiabierta, esas palabras la
habían herido en lo más profundo.
  —Si es cierto - Dijo Rhonda - no sé cómo es que te llevas bien con
ese chico, apuesto que no se dan besos sino golpes.

Hebo Freire

  Phoebe mordió la punta de su lápiz, se preguntó cómo alguien
como Arnold podía decir cosas tan crueles, si bien lo que dijo Helga
le disgusto mucho, sabía muy bien que cuando Helga se enfadaba no
pensaba mucho lo que decía.
  Helga tardó en reaccionar, pero cuando lo hizo, sacó toda la frialdad
que le fue posible y tomando su maleta que estaba en el suelo la abrió,
sacando un trabajo escrito completo y en orden.
  —Aquí está su estúpido trabajo escrito… - lo tiró sobre la mesa,
las hojas se dispersaron por esta - el hecho de que no haya trabajado
en conjunto con ustedes, no quiere decir que no haya hecho mi parte,
no quiero volver a saber nada de este ni de ustedes, hasta el día del
proyecto - Helga se giró sobre sus talones manteniendo todo el
autocontrol que le fue posible y luego se volvió a Arnold - Y ¿Sabes
una cosa, Arnold? para ser una ovejita que irradia bondad, sabes
cómo herir a las personas.
  Ese fue el momento exacto, en el que Arnold se dio cuenta del
alcance de sus palabras. Se volvió a Rhonda y a Phoebe, quienes
apartaron la mirada hacia los lados.
***
  Helga salió de la biblioteca realmente herida en su amor propio, el
chico salió tras ella.
  —Helga espera no quise decir eso… dijo Arnold.
  —¡Muérete! le gritó Helga sin detenerse, Arnold la alcanzó y
la tomó del brazo, Helga reacciono violentamente y girándose, lo
sujetó por el cuello, estrellándolo contra la pared, estuvo a punto de
golpearlo, sin embargo en su ciega furia pudo contenerse.
  —¡No te acerques a mí o te abro esa cabeza de balón como si fuera
un coco! Amenazó Helga con voz quebrada soltándolo, y con lágrimas
en los ojos corrió, alejándose velozmente.
  Toda la vida creyó que Helga lo odiaba pero no fue así, hasta ese
momento, cuando vio como Helga odiaba de verdad.
  Conteniendo las lágrimas ella salió por la puerta de atrás de la
escuela pasando por el lado de Stinky y Sid.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —¡Oye Helga! ¿Vas a ver a tu novio? Se burló Stinky
  —¿Cuándo es la boda? Preguntó Sid burlón, Helga le dio un certero
puñetazo en toda la cara, Sid cayó al suelo sin resistencia alguna, ese
golpe era para Arnold, pero se lo ganó Sid, Helga no se sintió ni mejor
ni peor después de eso.
  —¡Imbéciles! ¡Al próximo que haga un comentario por el estilo
lo mataré! Amenazó ella escupiendo al suelo, alejándose a paso de
carga.
  —¡Carambolas! ¡Está hecha una furia! Comentó Stinky rascándose
la cabeza.
  —Diablos ese golpe me ha sacudido todas las neuronas del cerebro.
Dijo Sid poniéndose de pie tambaleante. En la puerta el chico bajó la
cabeza, había roto su propio mandamiento, “no devolver los golpes”
y lo había hecho de la manera más cruel, con palabras.
***
  En la cafetería el conflicto continuó, los chicos encontraron a
Phoebe sola.
  —Y ¿Helga? Preguntó Gerald sentándose a su lado. Phoebe recordó
las palabras de la inconsolable Helga.
“No quiero estar en el mismo salón que él, no quiero respirar el mismo
aire que él, no quiero estar en el mismo planeta que él, que se muera,
que desaparezca de mi vida”
  —Su mamá como por variar no hizo su lonchera... así que se fue a
la biblioteca. Los chicos no le creyeron, la razón de su ausencia era
obvia, no quería ver a Arnold.
  —Quería arreglar las cosas. Dijo Arnold.
  —No es para tanto, Arnold - le dijo Gerald frente a él - la verdad es
que ya te estabas demorando, en decirle la verdad, Helga es fastidiosa
y desagradable, no sé cómo es que tiene novio, pobre tipo.
  Las palabras de Gerald indignaron a Phoebe, quien dejó caer el
tenedor sobre la mesa.
  —¿Pobre tipo? ¿A qué te refieres con pobre tipo? explícame por
favor... exigió Phoebe, Gerald no supo que decir, miró a su amigo en

Hebo Freire

busca de ayuda pero él mismo estaba más desconcertado.
  —¿Es un pobre estúpido por fijarse en Helga? Cuestionó Phoebe
enfadada.
  —Yo no dije tanto. Trató de defenderse Gerald. Phoebe se levantó
de la mesa.
  —¿Crees que Helga por ser malhablada, malvada, tosca, tirana
y cruel no merece salir con nadie y el que sale con ella es porque
está loco? Pues déjame decirte algo Gerald, Helga en el fondo es una
persona maravillosa y no sabes las cosas grandiosas que ha hecho - y
esta vez miró directamente a Arnold - ¡Solo que hay personas ciegas y
tontas que no pueden verlo! Helga tiene razón, no es agradable estar
bajo el mismo techo que ustedes.
  Phoebe salió del comedor a paso de carga. Toda la cafetería se
quedó en silencio, hasta que Sid decidió romperlo.
  —Uuuh...Gerald te cantaron la tabla. Se burló y todos los chicos
rompieron a reír.
***
  Phoebe salió de la cafetería conteniendo las lágrimas, era sensible
para los enfrentamientos, sobre todo si esta había sido con Gerald, fue
a la biblioteca y ahí encontró a Helga quien al ver su expresión saltó
de la silla.
  —¿Que sucedió Phoebe? ¿No me digas que alguien te molesto?
Dime quien fue y ahora mismo voy y le rompo el...
  —No Helga nadie me ha molestado - Contestó Phoebe y se sentó
junto a ella - discutí con Gerald.
  —¿Que te hizo el cabello de espagueti?
  —Hizo un comentario sobre ti y me vi en la obligación de detenerlo.
  —De mí y ¿qué dijo?
  —Dijo que estaba loco el chico que saliera contigo. Le dijo y Helga
lanzó una carcajada.
  —Ja loco él que cree que son ciertas las tonterías que dice, no le
hagas caso Phoebe, ya no me importa que digan esa bola de idiotas.
Dijo Helga.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —¿De verdad?
  —Solo me importa lo que pienses tú. Dijo ella y echó los brazos
atrás de la silla. Phoebe parpadeo sorprendida.
  —Yo opino que está bien, al principio no lo aprobé, porque era
muy apresurado pero si te hace feliz.
  —Me hace feliz y eso es lo único importante. Dijo Helga.
  —Me alegra por ti Helga, nunca te había visto tan feliz.
  —Mi vida ha mejorado considerablemente no importa quien trate
de amargarla - Helga entornó los ojos y cambió de tema – hoy veré a
Anthony al menos eso me alegrara el día.
  —Vendrás conmigo en el autobús ¿verdad?, hace mucho que no lo
haces. Le pidió Phoebe.
  —No tengo muchas ganas de verle. Dijo Helga y la bibliotecaria
se acercó a su mesa.
  —Señoritas silencio por favor.
  —Perdón. Se excusó Phoebe escondiéndose detrás de un libro.
  Gerald entró a la biblioteca buscando a Phoebe.
  —Phoebe, ¿Puedo hablar contigo? - Le pidió amablemente pero
ella lo eludió mirando por la ventana - por favor.
  —Está bien. Dijo Phoebe y él se sentó junto a ella.
  —Voy a buscar a Madame Butterfly, nos vemos al rato. Dijo Helga
aburrida y se fue dejándolos solos. Gerald esperó hasta que Helga se
perdiera de vista.
  —Discúlpame por favor, olvide por completo que Helga es tu
mejor amiga - le dijo Gerald - lamento mucho haber dicho eso, lo
dije sin pensar.
  —No te preocupes, solo defendí a Helga, ella es mi mejor amiga
la defendí como tu defenderías a Arnold, tú no soportas que hablen
mal de él ¿cierto?
  —Si es cierto... ¿Entonces me perdonas?
  —Si, está bien. Phoebe sonrió y ambos se miraron tiernamente.
  —¿Que vas a hacer mañana por la noche? Preguntó Gerald.
  —No tengo un plan programado.
  —Rhonda está preparando una fiesta, quiere celebrar el fin del
proyecto. Le informó Gerald cambiando de tema.

Hebo Freire

  —¿En serio?
  —Sí, me entere hace un momento ¿Te gustaría ir conmigo? la
invitó, Phoebe no lo pensó mucho.
  —Me encantaría. Aceptó emocionada.
  —Entonces iré por ti después de la escuela. Dijo Gerald.
  —De acuerdo. Le dijo Phoebe.
  —Nos vemos al rato. Le dijo Gerald y se despidió, Phoebe entornó
los ojos
  —¿Todo arreglado? Le preguntó Helga a su lado sosteniendo un
libro.
  —Sii. Respondió animadamente Phoebe.
  —Bueno las cosas se arreglaron para ti. Dijo Helga con los ojos
entornados cruzándose de brazos.
***
  A la salida de la escuela, el ánimo de Arnold siguió por los suelos.
Gerald trató de animarle, pero le sería más fácil levantar un elefante
con una sola mano.
  —Por favor viejo no es para tanto, ella te ha dicho cosas peores, no
tienes por qué sentirte mal. Dijo Gerald
  —Si es cierto, pero no debí decirle eso, me desconozco, debería
lanzarme a un pozo. Dijo Arnold.
  —¡No exageres! Helga no va odiarte más por eso. Dijo Gerald
  —Después de lo que dije me odia a muerte. Dijo Arnold.
  —Todo estará bien, mañana las cosas seguirán como siempre. Dijo
Gerald y entonces Helga salió por la puerta de la escuela y bajó las
escaleras, siguiendo de largo sin mirarlos siquiera.
  —Bueno no - Corrigió Gerald al analizar la situación y Arnold
suspiró aburrido - ¿Qué tiene de malo? Míralo por el lado bueno,
Helga G. Pataki ya no te molestara nunca más, te la quitaste de encima,
no de la mejor manera, pero te la quitaste de encima.
Arnold bajó la cabeza y fue a sentarse en las escaleras.
  —Recuerdas que una vez dijimos lo maravilloso que sería si Helga
desapareciera. Dijo Arnold.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Sí, hermosos sueños de infancia. Dijo Gerald y se sentó a su
lado.
  —Y quería que desapareciera porque me molestaba y me fastidiaba
poniéndome apodos.
  —Habían unos muy buenos - Añadió Gerald - como cara de mono
o Camarón con pelos y por supuesto el clásico de los clásicos. Gerald
se refería por supuesto al mote favorito de Helga “Cabeza de balón”
  —Y que no se cansaba de lanzarme bolitas de papel en todo el día.
  —Cuantos árboles derribados para tan infame acto. Siguió Gerald
  —Y que dije una vez que la única persona que nunca extrañaría
sería a ella.
  —Si eso fue el verano pasado y te la encontraste hasta en la sopa.
Recordó Gerald y Arnold no tuvo de otra que confesar.
  —Pues ahora la extraño.
  La expresión de Gerald no pudo reunir más desconcierto.
  —Déjame ver si entendí… dices que extrañas a la niña que te ha
molestado desde el jardín de niños, la niña que a amargado cada
minuto de tu existencia desde hace 7 años, la niña que no dudaría en
patear tu trasero ¿dices que la echas de menos?
  —Sí. Respondió Arnold con total convicción.
  —Eres un caso perdido - Dijo Gerald desconcertado - entiendo que
te obsesiones por Lila pero por Helga ¿es que acaso te gustan los
golpes? El masoquismo no es bueno hermano.
  —Parecerá una locura, pero me gustaría que Helga volviera a hacer
la de antes. Dijo Arnold.
  —¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por qué no la ignoras? ¿Por qué no
sigues con tu vida ahora que puedes?
 —Porque…
  —¿No me digas que te gusta? Preguntó Gerald.
  —¡NO! La respuesta de Arnold no pudo ser más contundente.
  —¿Entonces? Preguntó Gerald sin entender.
  —Es que… No sé.
  —¿Por qué el ser humano es tan inconforme? Se preguntó Gerald
con las manos hacia arriba, suplicando una respuesta divina. Entonces
Rhonda apareció trayendo consigo un montón de tarjetas en sus

Hebo Freire

manos.
  —¡Hola chicos! Saludó.
  —Hola Rhonda. La saludó Gerald.
  —Aquí tienen – le dio a cada uno una invitación - los espero mañana
en la noche en mi fiesta.
  —¡Excelente! - Dijo Gerald emocionado - ya tengo a mi pareja.
Arnold tomó la suya con aburrimiento, pero entonces tuvo una
brillante idea.
  —¿Vas a invitar a Helga? Preguntó.
  —Pues… - Rhonda caviló un momento – no debería después del
disgusto que me provoco esta mañana y de esas palabras horribles
que dijo.
  —Sabes cómo es Helga, ella no mide lo que dice, no lo hace con
intención, invítala por favor. Pidió Arnold.
Si algo era difícil era negarle una petición a Arnold.
  —Bueno, bueno, solo porque tú me lo pides, pero Helga ya se ha
ido a su casa. Dijo Rhonda
  —Dame su invitación yo se la daré. Pidió Arnold y Gerald lo miró
de reojo.
  —¿Qué? ¿La vas a invitar como pareja?
  —No, se la daré para que vaya con su amigo y de paso me disculparé
con ella. Dijo y lo hizo sonar como la idea más brillante del mundo.
Rhonda y Gerald intercambiaron miradas y finalmente ella le dio la
invitación.
  —Me harías un gran favor, gracias. Agradeció Rhonda y siguió su
camino. Arnold contempló la invitación y luego miró a su amigo.
  —No me cansaré de decirlo, Arnold, eres un chico atrevido, eres
un chico atrevido y un caso perdido. Le dijo.
***
  Helga estaba sentada en la banqueta en una parada de autobús,
sintiéndose devastada, preguntándose como una sencilla frase pudo
ser tan destructiva.
  —Tal vez no fue la frase sino quien la dijo - Se dijo a si misma –

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

pero para lo que me importa lo que diga ese cabeza hueca.
  Una rosa rozó su mejilla. Helga la miró y luego miró a quien la
sostenía.
  —Hola Helga. Dijo Anthony saludándola, sentándose a su lado,
mientras Helga recibía la rosa.
  —Hola. Saludó Helga sosteniendo la flor con algo de tristeza.
  —¿Por qué esa cara larga? Quiso saber Anthony.
  —No tuve un buen día en la escuela. Dijo Helga.
  —¿Algo malo? Preguntó el chico.
  —No, es decir, no tiene importancia solo tuve un encuentro
desafortunado con un idiota. - Explicó ella – ¿Has notado que el mundo
está lleno de idiotas que están distribuidos estratégicamente para que
te encuentres uno al día? (y yo me encuentro al mismo siempre)
  —Por lo que puedo ver en tu cara realmente te lastimó. Dijo
Anthony y Helga se enderezo en su puesto.
  —No para nada, ¿Por qué debería afectarme lo que diga un tonto?
Yo soy el peñón de Gibraltar no hay humanidad en mí. Aseguró Helga
orgullosa
  —¡Ah diablesa! Tener una fachada fría y segura a veces implica
tener un interior lleno de sentimientos - respondió Anthony - los tuyos
son muy profundos y puros, quien se atreviera a herirlos debería morir
mil veces.
  Anthony poetizo de tal manera que Helga creyó que le habían
desbancado.
  —¡Infeliz! ¿Acaso te crees un poeta?
  —Eso es lo que me inspira el amor por ti Helga, mi amor - dijo
Anthony y tomando la rosa la colocó en el cabello de Helga – ya
no estés más triste, quien te haya lastimado hoy debe estar siendo
comido por el remordimiento.
  —Si tal vez... dijo Helga divertida imaginando a unas cuantas
arpías persiguiendo a Arnold. Se quedaron un momento en silencio y
de repente Anthony tuvo una gran idea.
  —Ya sé que te puede levantar el ánimo - dijo Anthony y saltó de la
banqueta tomando de la mano a Helga - vamos preciosa.
  —¿A dónde vamos? preguntó Helga siguiéndolo. Anthony la

Hebo Freire

llevó al centro comercial y fueron directamente hacia una cabina de
fotos instantáneas, donde se tomaron una serie de fotos, haciendo las
muecas más insólitas. La última fue la mejor, en esa estaban sonriendo
felizmente.
  —Salimos muy bien. Opinó Helga al recoger la tira de fotos del
dispensador.
  —Vamos a mi casa... quiero que veas mi nueva consola de video
juegos.
  —De acuerdo pero no me voy a quedar mucho ¿vale? Dijo Helga
y se tomaron de las manos, caminando felizmente por los pasillos del
centro comercial.
***
  Al atardecer Helga estaba de vuelta en casa, mirando la televisión
desde el sillón de su papá, cuando alguien timbró. Helga fue a ver
quién era abriendo la puerta, no saltó de la emoción al encontrarse a
Arnold.
  —Hola Helga... pero antes de que dijera algo más, ella azotó la
puerta y volvió al sillón y siguió cambiando de canal como si nada
hubiera pasado. Helga podía ser tan destructiva como el fuego del
infierno y tan fría como el hielo en Siberia, incluso con el que había
sido el dueño de su más dulce amor.
  El timbre volvió a sonar, Miriam bajó las escaleras y fue a ver
quién era. Helga dio un sorbo a su bebida y cambió de canal, sin
sorprenderse de ver a Arnold parado en la entrada de la sala.
  —¡Ah genial! En esta casa dejan entrar a cualquier idiota. Comentó
ella.
  —No quiero molestarte Helga, Rhonda me pidió que te trajera esta
invitación. Dijo Arnold.
  —Ah que bien la señorita Fashion tiene mensajero propio, cómo
evolucionan las cosas, déjala en el suelo y lárgate. Dijo Helga y volvió
a dar otro sorbo a su bebida.
  —Helga... escúchame. Dijo Arnold y Helga saltó del sillón
abalanzándose sobre él y lo empujó fuera de la sala y de la casa y si

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

le hubiera sido posible lo hubiera empujado fuera del planeta y del
universo.
  —No quiero volver a ver tu fea y ovalada cara en mi casa. Le dijo
con seriedad helada y cerró la puerta, con tal fuerza que varios de
los diplomas de Olga que estaban colgados en la pared cayeron al
suelo. Arnold quiso volver a insistir pero sabía que eso sería tentar a
la suerte, decidió irse, muerto no podría hablar con ella.
  Helga regreso a la sala a paso de carga y se topó con la invitación,
Arnold la había dejado caer mientras lo empujaba, decía “invitación
especial, fiesta en la casa Lloyd, no faltes”. El timbre volvió a sonar
y Helga se sulfuró.
  —... ¡Pero que terquedad de sujeto! ¡Ahora verá! Helga sacó su
bate de beisbol y fue a atender la puerta, abriéndola de par en par.
  —¡Te dije que dejaras de molestarme peste asquerosa! - Exclamó
Helga amenazando con su bate al recién llegado, quien solo acertó a
cubrirse - ¡Opss! hola Phoebe.
  —¡¿Es así como recibes a tus amigos?! Replicó Phoebe no muy
feliz con el recibimiento.
  —Perdón Phoebe, recibí una molesta visita y creí que había vuelto.
Explicó Helga dándole la bienvenida.
  —¿Un testigo de Jehová?
  —Peor, pero no importa ya no va a volver. Dijo Helga caminando
hacia la sala.
  —¿Recibiste la invitación de Rhonda? Preguntó Phoebe siguiéndola.
  —Si hace un momento.
  —¿Vas a ir? Preguntó Phoebe. Helga contempló la invitación.
 —Pues...
***
  Arnold regresó a su casa cruzando por la tienda de la señora Vitello
y su mirada se topó con las flores y plantas que decoraban el lugar,
flores de todo tipo, rosas, crisantemos, claveles, una variedad finita de
flores coloridas. El chico se detuvo y miró las rosas rojas. La señora
Vitello salió en ese momento y le saludó.

Hebo Freire

  —¡Oye Arnold! ¿Cómo estás?
  —Bien, señora Vitello.
  —Veo que estas interesado en uno de mis ramos.
  —No, es decir bueno pensaba en dárselo a alguien pero descarté la
idea de inmediato. Dijo Arnold.
  —¿Por qué?
  —A ella no le gusta eso. Dijo Arnold.
  —¿Ella? ¿Es una amiga? ¿O alguien a quien quieres gustarle?
Preguntó la señora Vitello
  —No precisamente - Dijo Arnold frotándose repetidamente el
cuello – es una compañera en especial con la que no me he estado
llevando muy bien.
  —Con más razón para darle uno de estos ramos, a todas las chicas
nos gusta las flores – dijo la señora Vitello y tomó una maseta que
estaba al lado de la puerta –a tu madre por ejemplo le gustaba las
plantas carnívoras, le parecían hermosas, de otro mundo. Es una
buena idea, créeme.
  La señora Vitello entró a su tienda y Arnold contempló las rosas.
  —Me pregunto si al Helga le gustaría un ramo de rosas, ¿Cuál
sería su reacción? – Pensó imaginando la situación, Helga recibiendo
las rosas y posteriormente lanzándoselas a la cara para después sacar
un revolver y dispararle a quemarropa – No, no creo que le guste.

Hebo Freire

Parte 10
  La fiesta comenzó al atardecer, todos los chicos invitados estaban
reunidos en la casa de Rhonda y todo estaba saliendo muy bien, ella
pronto se convenció de que esa iba a ser una de sus mejores fiestas.
  Rhonda avanzó por la sala saludando a cada uno de los invitados y
entonces se fijó en algo en particular.
En el mirador de la casa Lloyd, alejados de toda la algarabía estaban
Helga y Anthony jugando ajedrez.
  —Parecen unos chicos muy agradables. Comentó él ejecutando su
turno.
  —No te dejes llevar por las apariencias, son terribles - Dijo ella
molesta por que Stinky y Sid no dudaron en expresar sus puntos de
vista - Como si nunca hubieran visto a una pareja, vaya par de idiotas.
  —Tratemos de pasarla bien y si te sientes muy tensa podemos irnos
a otro lugar. Le dijo Anthony conciliadoramente .
  —No te preocupes por mí. Dijo Helga.
  En ese momento Rhonda llegó a su mesa.
  —¿Qué hacen aquí por dios? Jugando ajedrez pero que anticuados.
Criticó ella al lado de Helga.
  —Ignórala no sabe nada del fino entretenimiento - le dijo Helga e
hizo un último movimiento - ¡jaque mate!
  —¡Vaya! Te has vuelto muy buena en ajedrez. Halagó él.
  —No era un juego que me gustara al principio pero me encanta
patear sofisticadamente tu trasero. Dijo Helga.
  —Bueno par de aristócratas, la sofisticada soy yo, así que si me
permiten les suplicó que se unan a la fiesta. Los interrumpió Rhonda
indignada.
  —Como mandes princesita. Dijo Helga y ambos fueron a la sala
encontrándola plagados de chicos de la 118, los cuales miraron a
Anthony como un bicho raro pero él los ignoró.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —No te espantes estás conmigo, si dicen algo que te moleste, los
fulminó. Le dijo Helga
  —No me espantó. Dijo Anthony y fueron a sentarse, Phoebe dejó a
su pareja para ir a saludar.
 —Helga.
  —¿Qué onda Phoebe? La saludó Helga.
  —Voy por ponche... le dijo Anthony luego de intercambiar saludos
con Phoebe.
  —Vale. Dijo Helga.
  —¿Cómo estás? Preguntó Phoebe sentándose en la silla continua.
  —Muy bien, creo que esta va hacer mi gran noche. Dijo Helga
emocionada.
  —Parece que has encontrado al amor de tu vida. Dijo Phoebe con
algo de sarcasmo en su voz.
  —Yo creo que sí, incluso tal vez hoy nos besemos. Aseguró Helga.
  —¿No se han besado? - Preguntó Phoebe burlonamente y Helga
luego de mirarla con odio le pegó en un brazo - ¡Ayy! Solo era una
pregunta.
  —No tengo prisa… Dijo Helga con el ceño fruncido.
  —Dijo el poeta Pablo Neruda “En un beso sabrás todo lo que he
callado” Citó Phoebe y Helga recordó sin querer el beso en el edificio
de Industrias Futuro.
  —Conozco la obra de Pablo Neruda, él dijo también “Lo bueno
de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean
adicción”
  —Eso lo dijo Joaquín Sabina y es una canción. Corrigió Phoebe
  —Como sea pero ¿sabes?... creo que tienes razón amiga Phoebe.
Vamos a poner en práctica lo dicho por ese sabio poeta. Dijo Helga
y empezó a planear algo para llevar a cabo ese primer gran beso con
Anthony.
  —Helga... Anthony llegó a su lado y le dio el ponche, el cual Helga
bebió de un solo golpe.
  —Estaba sedienta. Dijo y tiró el vaso al suelo.
  —¿Bailamos? La invitó Anthony y Helga le dio la mano.
  —Claro ¿porque no?... Vamos a gastar suela. Dijo y sonrió al recordar

Hebo Freire

que ya había dicho esa frase en alguna parte. Ambos se mezclaron
entre los chicos y comenzaron a bailar. Phoebe los contempló a lo
lejos.
  —Es la farsa más grande jamás vista. Pensó en voz alta.
  —Realmente hacen una pareja adorable... - Comentó Lila
apareciendo al lado de Phoebe - pero creí que a Helga le gustaba otra
persona.
  —Es cierto le gustaba y apuesto mi coeficiente intelectual, a que
todavía le gusta. Aseguró Phoebe sosteniendo su vaso vacío.
  Helga bailó con Anthony un par de canciones, preguntándose si
debía dar ella el primer paso o esperar a que el chico lo diera, pero ella
era de las chicas que tomaba la iniciativa, le desesperaba tener que
esperar, así que sería una buena idea darle una sorpresa a Anthony.
  —Eres muy madura para estar en cuarto. Le dijo él.
  —Bueno, estoy a años luz de todos estos pelmazos. Dijo Helga
y siguieron bailando. Ella iba a proponerle lo que tenía en mente,
cuando de repente el Estéreo se averió y enmudeció.
  —Oh ¿Qué sucede? Se quejó alguien.
  —Rayos nos quedamos sin música - Se lamentó Rhonda,
presionando los botones del aparato - no entiendo que sucede con
esta cosa.
  —No te preocupes querida Rhonda yo lo arreglare por ti. Dijo
Curly saliendo al rescate.
  —Bien, de acuerdo Curly pero que sea rápido - Aceptó Rhonda
renuente - ¿Qué hacemos mientras tanto?
  —Juguemos a algo. Propuso Sid
  —¡Sii! Corearon todos los presentes, Rhonda caviló un instante y
vio que muchos iban en parejas.
  —Podríamos jugar algo que involucre parejas ¿Qué les parece?
  —¡No! vamos a hacer otra cosa - Dijo Harold - por ejemplo quien
come más rápido.
  —¡Tu solo piensas en comer! Dijo Helga.
  —¿Que tiene eso de malo? Preguntó Harold alzando su puño.
  —¡No me amenaces niño rosa! Advirtió Helga y Rhonda se acercó
a Anthony.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Jálale las riendas... Murmuró.
  —¡¿Que dijiste?! Preguntó Helga indignada al escucharla.
  —¿Que sucedió? La voz de la madre de Rhonda resonó en medio
del salón, todos los presentes se volvieron a verla.
  —Se dañó el sistema de sonido madre - le explicó Rhonda
caminando hacia ella - Curly está intentando arreglarlo.
  —Que mal y no lleva ni dos meses desde que lo compramos. - Dijo
la mujer aburrida y se alejó del salón – le diré a tu padre que la envíe
a garantía.
  Pasaron más de quince minutos y varios de los invitados se
marcharon.
  —¡Oh demonios! Curly date prisa. Apresuró Rhonda al chico que
revisaba el aparato en todas partes sin encontrar el daño.
  —Ya voy mi reina, esto toma tiempo. Dijo él.
  —Bueno parece que la fiesta es un fracaso. Concluyó Stinky.
  —Un total fiasco. Le segundó Sid
  —Cállense ustedes dos. Replicó Rhonda enfadada.
  —Mejor nos vamos a dormir. Propuso Harold, mientras Helga se
alejó de la aburrida conversación junto con Anthony.
  —Esperen ya encontraremos algo que hacer. Les aseguró Rhonda
tratando de mantener la fiesta a flote.
  —¡La fiesta se acabó! Gritó alguien.
  —¡No es cierto! Se defendió Rhonda y todos comenzaron a discutir
entre sí. Cuando una voz se impuso sobre todas las demás cantando,
todos volvieron la vista y se encontraron a Eugene, parado sobre una
mesa con una grabadora, la cual había encendido con la punta de su
pie comenzando su recital, “Con Te Partirò” fue la opera que revivió
la fiesta, el chico cantó como lo haría el mismísimo Andrea Bocelli
inundando la casa Lloyd con su voz.
  Helga ignoró la música, se dedicó a comer los bocadillos que
estaban sobre la mesa. Anthony estaba a su lado bebiendo un poco de
ponche.
  —Me hubiera gustado jugar contigo si hubieran jugado algo con
parejas. Le dijo Anthony en voz baja.
  —¿De verdad? Preguntó ella con la boca llena

Hebo Freire

  —Si. Dijo Anthony.
  —¿Quieres jugar a algo conmigo? Preguntó Helga vislumbrando
una gran oportunidad y dejó los palillos mordisqueados sobre la mesa.
  —Si ¿De qué se trata? Preguntó él y Helga sonrió con malicia
orquestando su plan, lo llevaría a cabo en el armario el lugar más
seguro de la casa, nadie se daría cuenta, era un plan a prueba de fallos.
  —¿Quieres averiguarlo? En el armario en un minuto y veras de que
se trata. Le dijo Helga y se marchó en dirección al armario que estaba
junto a la escalera.
  Antes de entrar se fijó que no hubieran moros en la costa, todos
estaban deslumbrados con el concierto de Eugene, sonrió divertida y
abrió la puerta buscando el interruptor de encendido, el cual encontró
poco después. Se metió al armario y entonces un pesado abrigo de
piel de chinchilla le cayó encima, sepultándola.
  Anthony miró su reloj y luego siguió a Helga, iba a entrar al
armario cuando de pronto su teléfono móvil comenzó a timbrar, era
una llamada de su mamá, no tuvo más remedio que contestar.
  —¡Rayos! Espérame bombón no tardo. Dijo y se alejó a recibir la
llamada. Helga no le escuchó estaba tratando de liberarse del pesado
abrigo que la tenía prisionera, se lo quitó de encima luego de un
momento y lo pisoteó.
  —Bien, Anthony no sabe lo que le espera, esto va hacer épico, es
hora del mejor beso del mundo, Scarlett O’hara se va morir de envidia
- Dijo ella con los brazos en jarras y luego juntos sus manos sobre su
pecho – ¡Ven a mí mi amor!
  En ese momento apareció Arnold a sus espaldas, la había seguido
para hablar con ella en privado y arreglar las cosas de una buena vez
por todas, lo que no imaginó era lo que le esperaba.
  Helga cerró los ojos y al notar una presencia a sus espaldas, se giró
y se lanzó en picada sobre él sin darle tiempo de nada.
  —¿Helg…? Las palabras de Arnold se ahogaron cuando de repente
los labios de Helga se cerraron en torno a su boca y le robaron el
aliento, atrapándolo en un abrazo del que no pudo escapar.
  La ópera de Eugene llegó a su apogeo, la última nota hizo eco en
toda la casa haciendo vibrar los vidrios, Helga besó con locura a

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

quien creía era su príncipe encantador, mientras Curly dio un alarido
al provocar un corto circuito en el estéreo, el bombillo del armario
estalló y la casa quedó a oscuras, ella no se dio cuenta de nada, en
medio de las tinieblas siguió besando como nunca en su vida, como si
no hubiera un mañana, como si fuera a morir ahí mismo.
  Y Arnold no pudo hacer otra cosa que rendirse ante Helga.
***
  Fue un beso que duro un millón de años y se hizo cada vez más
intenso a cada segundo, Helga se dejó llevar por su vehemente amor,
hasta los límites.
  —¡Wow! ¡No pensé que besara tan rico, besa mejor incluso que
Arnold! Pensó Helga embargada por el éxtasis total.
  Arnold no sabía exactamente qué hacer, estaba paralizado de pies
a cabeza y después de unos instantes, aquello comenzó a moverle el
suelo, a casi hacerle perder la razón. Llegó un momento en que no
supo si tenía los ojos abiertos o cerrados y su corazón estaba fuera
de control, y casi se muere cuando Helga abrió lentamente sus labios
y su lengua paseo libremente por su boca saboreándolo, en un beso
francés tan cadente, que despertaría la envidia de un adulto o lo
escandalizaría.
  La ópera de Eugene terminó con aplausos y silbidos, el público
ovacionó al chico como se lo merecía alumbrándolo con encendedores
y linternas.
  —Gracias, gracias. Agradeció y al caminar por la mesa resbaló
cayendo sobre su trasero, golpeándose contra la dura superficie de
madera.
  —¿Estas bien, Eugene? Preguntó Lila justo a su lado.
  —Estoy bien, mi trasero no, pero yo estoy bien. Contestó Eugene
adolorido.
  En el armario la chica liberó del beso a su prisionero.
  —¡Te amo! le dijo ella al oído y sus palabras le removieron toda
la existencia. Helga se fue sin decir nada. Arnold se quedó unos
segundos ahí paralizado y con más puntas en el cabello que las

Hebo Freire

habituales, para luego dejarse caer al suelo totalmente anonadado.
  Helga salió al corredor estaba oscuro y desierto, solo la sala tenía
luz y todos estaban reunidos ahí, una gran sonrisa surcó su cara al ver
que nadie se había percatado de su ausencia.
  —El crimen perfecto. Se dijo feliz, regresando a la sala, pasando
por el lado de Anthony.
  —Hola Helga ¿Me buscabas?
  —Hola - le devolvió el saludo distraídamente, siguiendo de largo
cayendo en cuenta después, volviendose - ¿Tú estabas aquí?
  —Claro preciosa, mi mamá me llamó y no tuve de otra que contestar.
  Los ojos de Helga se abrieron de par en par con horror.
 —Y Entonces ¿A quién demonios estaba besando con tanta
entrega? se preguntó espantada.
  —¿Te pasa algo? Preguntó Anthony confundido. Helga fue incapaz
de articular palabra, solo pudo balbucear algunas silabas y luego con
el horror marcado en su cara se giró hacia la puerta entre abierta del
armario, ¿Quién? ¿Cómo? ¿Y por qué? Fueron las únicas preguntas
que pudo hacerse antes de desfallecer.
  —¡Ay! Me va a dar algo. Dijo Helga llevándose una mano a su
cara y como una actriz dramática se dejó caer en brazos de Anthony.
  —Helga, ¿Estas bien? Preguntó Anthony preocupado sosteniéndola.
  La energía eléctrica volvió a toda la casa, el equipo de sonido
volvió a la vida, todos dieron una exclamación de alegría y algunas
parejas bailaron para celebrarlo. Rhonda abrió la puerta del armario
y buscó el interruptor notando que el bombillo no estaba y que había
alguien ahí, acostado en una pose muy meditabunda sobre el abrigo
de piel de chinchilla.
  —Arnold, ¿Qué haces ahí sobre el abrigo de mi madre?
  —¿Eh? Murmuró él desubicado del plano real.
  —¿Qué haces ahí?
  —Nada. Dijo Arnold y se levantó saliendo rápidamente del armario.
La chica lo miró de arriba abajo muy extrañada.
  —Y yo creía que era normal. Murmuró Rhonda y cerró el armario.
  Arnold tambaleante volvió a la fiesta y vio lo que sucedía justo
frente a él. Helga estaba desmayada en brazos de Anthony pero

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

luego de un momento a otro se recobró componiendo una expresión
homicida y se levantó marchando a grandes zancadas, caminando
justo en su dirección, la cara de psicópata de Helga asustó a Arnold,
¡ella venía a matarlo!
  —¡Quítate! - Le gritó a una chica que estaba con su pareja justo
a su lado empujándolos y se metió en el armario, buscando dentro
como un sabueso pero no encontró a nadie. – ¡Maldita sea!
  —¿Se te perdió algo, Helga? Preguntó Rhonda a sus espaldas.
  —Si, perdí algo pero no creo que lo encuentre en este momento.
Dijo Helga frustrada.
***
  Helga se metió al baño a hacer gárgaras, buscando una forma de
quitarse esa sensación de haberse comido algo asqueroso.
  —¿En que estaba pensando? ¿Cómo pude ser tan idiota? ¿Cómo
es que no me fije antes? Se quejó Helga y volvió a hacer gárgaras,
preguntándose una y otra vez por la identidad del sujeto del armario,
ese truhan descarado que se atrevió hacerse pasar por Anthony, Helga
lo maldijo mil veces, ¡como se había atrevido! si llegaba a pillarlo lo
haría pedazos.
  Al tranquilizarse un poco, repasó todo lo que había pasado en ese
lugar, se fijó que el sujeto del armario era algo pequeño, más pequeño
que ella y había dejado una fiesta en su boca.
  —¡Criminal! Mi reino por saber el nombre de ese maldito, hijo
de… Exclamó Helga con el puño en el aire. Su alter ego apareció
justo a tiempo para dar su versión de los hechos.
  —Aparece detrás de ti mágicamente, cada vez que dices una de tus
poesías, lleva gafas y respira como Dark Vaider su nombre, Brainy.
Dijo aplaudiendo.
  —No por dios, por dios, por favor, ¡No! ¡Cualquiera menos él!
  —¿Arnold por ejemplo? - Preguntó su alter ego y el corazón de
Helga saltó hasta el techo. – Ahora que lo pensamos bien ¿No notaste
algo familiar? ¿Un sabor? ¿Un olor conocido?
  Helga arqueó su ceja, su subconsciente tenía razón había algo en

Hebo Freire

ese sujeto que le recordaba a Arnold, tenía la chispa que hacía temblar
su niñez ¿Sería posible tan infortunio?
  —No, no puede tratarse de él y si de pura casualidad se tratara de
ese estúpido platillo volador con patas ¡lo mato! – Juró Helga y tomó
uno de los tarros de enjuague bucal que estaban en el baño – Veamos,
extra duración... si esto no funciona, me voy a suicidar.
  Helga salió luego de usar el enjuague bucal y regresó a la fiesta
encontrándose a Anthony hablando con Ruth P. McDougal, y de
inmediato se enfureció ¿Por qué estaba hablando con esa? Era lo
único que le faltaba, que Ruth volviera a meterse en su camino, como
si ya no hubiera tenido bastante esa noche.
  —Es el colmo, me voy cinco malditos minutos y ya me lo están
robando, no hay respeto por la propiedad ajena. Dijo Helga indignada
y de inmediato fue hacia ellos a paso de carga.
  —No te había visto por aquí, forastero. Dijo Ruth.
  —Estudio en la 119, estoy en quinto grado. Dijo Anthony.
  —¿Quinto grado? No lo aparentas. Dijo Ruth al mismo tiempo que
Helga llegaba.
  —Disculpa dulzura, pero tengo que hablar con este personaje…
dijo ella entre dientes y se llevó a Anthony por el brazo, Ruth arqueó
las cejas confusa. Helga se llevó al chico hacia la puerta del mirador.
  —¿Qué pasa? Preguntó Anthony.
  —Hay tres cosas que debes saber sobre esa, es una boba, solo
le interesa como se ve su cabello y no vale la pena. Dijo Helga sin
ocultar su mal humor.
  —A mí me pareció realmente agradable. Dijo Anthony.
  —No es agradable, es solo una gran boba de sexto grado.
  —Diablesa, ¿Estas celosa? Preguntó Anthony divertido.
  —No estoy celosa, solo que esa Ruth me cae como taladro de
dentista ¡la odio! Exclamó Helga con las manos sobre la cintura.
  —Helga no estés celosa, esa mortal no puede competir contra
una diosa como tú. - Dijo Anthony y la furia de Helga se disipó de
inmediato. – si lo deseas no volveré a hablar con ninguna niña.
  —¿No hablarías con ninguna?
  —Con ninguna, solo hablaría contigo, Helga. Juró Anthony y ella

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

entornó los ojos.
  —Bien pero no quiero parecer una tirana, así que si quieres hablar
con ella o con quien sea hazlo pero si algo no me gusta – Helga le
amenazó con su puño derecho – te lo hare saber.
  —Trato hecho – dijo Anthony – y dime princesa ¿ya te sientes
mejor?
  Helga arqueó las cejas perturbada, al mismo tiempo que el enjuague
bucal perdía su efecto.
  Y alguien a la distancia fruncía el ceño.
***
  Lo que más deseaba en ese momento era asesinar a ese chico
descarado que había tenido la osadía de besarla, como deseaba matar
al infeliz que la había dejado de ese modo. Bailando en la cuerda
floja, sobre el abismo de la locura.
  —Diablesa... la llamó Anthony sentado a su lado, en las sillas junto
a una de las ventanas.
  —¿Si? preguntó Helga.
  —Un dólar por tus pensamientos.
  —Pensaba en como conquistar el mundo. Dijo Helga tomando una
de las botellas de coctel y jaló del gatillo, disparando el chorro directo
hacia su boca. Él la miró extrañado, desde hacía rato no había hecho
otra cosa que tomar y escupir agua.
  —¿No ibas a darme una sorpresa? Interrogó el chico.
  —Ahora no, pero no te desilusiones muñeco, ya habrá otra
oportunidad. Le prometió Helga viendo a Rhonda acercándose.
  —Te molesta si bailo con él. Le pidió permiso a Helga.
  —No está marcado con mi nombre adelante... Dijo Helga y Rhonda
sacó a bailar a Anthony quien miró extrañado a Helga. Ella se quedó
sola mientras todos los demás bailaban.
  —¡Criminal! ¿Cómo me pudo pasar esto? Maldijo Helga inconforme
con la situación, se cruzó de brazos y empezó a hacer círculos con su
pie derecho, estaba perdida en sus propios pensamientos cuando sintió
una presencia sobrenatural a su lado, volvió la vista y se encontró con

Hebo Freire

Arnold en la silla de al lado.
  —Ah eres tu... cabeza de balón no te había visto. Dijo Helga con
todo el aburrimiento del mundo, al verlo.
  —Hola Helga ¿En serio no me habías visto? Preguntó él y había
sarcasmo en su pregunta. Helga entrecerró los ojos y lo analizó tan
concienzudamente como un exterminador.
  —Se supone que ya nos habíamos visto y no lo recuerdo. Cuestionó
ella.
  —Si, pero me ignoraste. Dijo Arnold y Helga pareció tranquilizarse
con su respuesta.
 —¿Verdad que duele perro maldito? – pensó Helga y luego volvió
a la conversación–Si hablando de cosas absurdas y ¿porque no estás
bailando?
  —No hay parejas. Contestó
  —Mala suerte.
  —No lo considero así - Dijo el chico muy resuelto - ¿Te gustaría
bailar?
  Helga empezó a mirar hacia los lados, buscando a quien estaba
invitando Arnold.
  —¿No me estas invitando a mí? ¿Cierto? Por qué con la última
persona con la que quiero bailar es contigo. Rechazó Helga.
  —¿Sigues molesta conmigo?
  —¿Yo? Como si no tuviera un motivo para estarlo —  Helga saltó
de la silla - ahora si me disculpas voy a ver si ya puso la puerca.
  Helga iba a alejarse cuando la sujetaron de su muñeca y fue como
si la hubieran encadenado a un grillete. Por un momento se quedó sin
fuerzas y sin habla, no podía creer que el chico aun tuviera semejante
poder sobre ella.
  —Podrías quedarte un momento, me gustaría hablar contigo. Dijo
Arnold y Helga retrocedió un poco y se dio la vuelta, el chico se puso
de pie.
  —De acuerdo - Dijo Helga tratando de aparentar naturalidad - que
me quieres decir, pero rápido.
  —Escucha... lamento haber dicho esas cosas tan horribles el otro
día, no eran ciertas, no eres una mala persona y yo... lo siento de

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

verdad, no debí decir eso. Se disculpó Arnold.
  —Bueno. Dijo Helga simplemente y sus labios se arrugaron.
  —Entonces ¿Me perdonas? Preguntó ilusionado. Helga lo pensó.
  —¡Mmm! no se... ¿Perdonar a un enemigo despreciable? ¿A un
estúpido cabeza de balón? – se preguntó Helga y Arnold arqueó las
cejas — Nah para que...
 —Helga.
  —Eres un tonto si crees que voy a aceptar tus disculpas, ¡No me
sirven para nada!
  —No estaré tranquilo hasta que todo esté bien. Afirmó Arnold.
  —¿Por qué te preocupa tanto? Lo que sucedió no cambia nada
entre nosotros, yo tampoco es que piense cosas muy buenas de ti y te
odio como no tienes idea. Dijo Helga enfrentándolo.
  —Lo sé, sé que me odias y piensas cosas horribles sobre mí pero...
yo no quiero que las cosas terminen así... porque yo... Arnold se acercó
a Helga, ella arqueó las cejas asombrada, él nunca se había acercado
tanto, y había un brillo extraño en sus ojos, una mirada hipnótica
que la dejaba tan indefensa como un ratón frente a una serpiente,
quiso huir de mirada y empezó a retroceder lentamente pero él no
quería dejarla ir, no esta vez, aunque significara su inmediata muerte
arreglaría las cosas y tal vez y tal vez… pero la canción término antes
de que Arnold pudiera hablar o hacer algo y el hechizo se rompió.
Helga tomó distancia y recuperó el aliento. Rhonda dijo unas
palabras y todos aplaudieron, la chica no aplaudió, bajo los brazos
con cansancio cuando alguien le tomó la mano, volvió la vista y vio
a Anthony quien le hizo una seña para que lo siguiera. Arnold volvió
la vista buscando a Helga, pero no la encontró.
  —¿A dónde vamos? Preguntó Helga siguiendo a Anthony por toda
la casa Lloyd saliendo al patio que estaba en la parte trasera de la casa
justo debajo del mirador.
  —¡Alejémonos de todo ese ruido! Propuso él.
  —Espera hermano no tan rápido... –dijo Helga deteniéndose - que
nadie nos está esperando.
  —De acuerdo, De acuerdo - dijo Anthony contemplándola y añadió
- No te han dicho que te ves muy linda bajo la luz de la luna.

Hebo Freire

  —Déjate de boberías. Dijo Helga.
  —Es en serio, si todo el mundo te viera como yo te veo. Le dijo él.
  —Y acaso ¿cómo me ves? Quiso saber Helga.
  —Como la flor del desierto, la más especial de todas las flores, ni
la rosa podría competir con ella.
Helga abocinó su boca, fue genial ser el objeto de tan hermosas frases.
  —Que cursi eres... vas a hacerme vomitar. Dijo Helga y le dio la
espalda y entonces cuando menos lo esperaba Anthony la tomó de un
brazo Helga se volvió sorprendida y fue cuando él se acercó y le dio
un beso en los labios, ella se quedó inmóvil con los ojos abiertos, sin
responder, lo primero que quiso hacer fue darle un puñetazo, pero se
contuvo milagrosamente y se dejó llevar por la situación, mientras
desde el mirador alguien cerró su puño con rabia y golpeó la baranda.
  El beso se prolongó durante minutos, pero Helga siguió sin
responder, no sintió esa explosión de emociones de hace un momento,
no se comparó en absoluto al beso anterior, lo cual fue irónico al
venir de alguien desconocido, segundos más tarde ella respondió el
beso, pero no hubo chispa, fue algo insípido y sin emoción. Anthony
la liberó y Helga no pudo evitar pasarse el brazo por la boca.
  —Supongo que ahora me matarás por mi atrevimiento. Dijo
Anthony.
  —Después tengo que... meditarlo. Dijo Helga.
  —¿Meditarlo? Preguntó Anthony sin entender arqueando una ceja.
  —Sí, quiero decir, hay que repetirlo pero en otro lugar, un lugar
más inspirador, no en este antro. - Dijo Helga – por ejemplo el lago
donde nos conocimos.
  —Helga, cualquier lugar es maravilloso si estamos juntos. Dijo
Anthony.
  —Eres un encanto, pero en serio larguémonos de este lugar ya
me harte. Dijo Helga entornando los ojos y se tomaron de la mano,
saltando la reja que los separaba de la calle
  Y se alejaron, sin saber que fueron vistos. El chico había visto
toda la escena y no pudo evitar sentir una cólera que solo los dioses
pueden sentir, si hubiera tenido el poder la hubiera asesinado sin
misericordia, la hubiera estrangulado, aunque no estuviera en su

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

naturaleza pacifista.
  —Así que estabas aquí. Dijo Gerald y salió al mirador.
  —Si aquí estoy. Dijo sin volver a verlo.
  —¿Qué te pasa? parece que hubieras visto algo desagradable.
  —Nada... Contestó Arnold y dejó el mirador con una mirada
asesina. Gerald lo siguió con la mirada.
  —¿Y ahora que bicho le picó? Quiso saber y alzó los hombros.
***
  Helga estaba balanceándose en los columpios de la escuela
contemplando el suelo, repasando lo sucedido en la casa de Rhonda,
no estaba satisfecha, creía que al besar al amor de su vida habría una
sensación cósmica pero no la hubo, no hubo comparación con el beso
fortuito de IF ni mucho menos con el beso con el sujeto del armario.
  —¿Cómo te fue? Le preguntó Phoebe llegando a su lado.
 —Pues...
  —Desapareciste tan repentinamente, que no me di cuenta. Siguió
ella y Helga comenzó a columpiarse.
  —Phoebe tengo una pregunta ¿has besado? ¿Cierto? La pregunta
tomó por sorpresa a Phoebe.
  —Si. Contestó sonrojada, recordando ese primer beso, fue
realmente romántico.
  —Realmente me importa un cacahuate con quien, lo que me
interesa saber es si sentiste la chispa.
  —¿La chispa?
  —En la fiesta de Rhonda, Anthony y yo nos dimos un beso y no
sentí lo que se supone debo sentir.
  —¿Lo besaste? preguntó Phoebe con incredulidad.
  —Si y no fue tan maravilloso como esperaba, no fue como cuando
bese a... y Helga perdió el guion en ese momento.
  —No fue como en la obra de Romeo y Julieta. Completó la frase
Phoebe.
  —No fue como esa vez, cuando beso al mantecado me siento como
esos locos pistoleros texanos que empiezan a disparar al aire, me dan

Hebo Freire

ganas de sacar las pistolas, en cambio cuando beso a Anthony, solo
escucho esa estúpida canción ¿cómo se llama?... “Orinoco flow.”
Como odio esa canción.
  —Me temo Helga, que tu problema radica en que pretendes que te
gusta-gusta Anthony y pero solo te gusta. Dijo Phoebe.
  —Anthony me gusta-gusta, lo que pasa es que no encuentro la
chispa adecuada.
  —Eso hace parte del gustar-gustar. Expuso Phoebe.
  —No sé pero es hora de consultar un profesional, acompáñame.
  —¿Eh? Preguntó Phoebe, sin comprender siguiéndola.
  Helga quería una señal, y pensaba obtenerla cuanto antes, fue con
la primera persona que la podría guiar, Rhonda Lloyd, ella poseía una
herramienta peligrosa que le aclararía muchas dudas.
  —Princesita, necesito un favor. Dijo sin saludar a la chica que
estaba sentada en una de las mesas del patio acompañada de Nadine.
 —¿Cuál?
  —Quiero que adivines mi futuro con tu adivinador de bodas de
origami.
  Al escuchar la petición Rhonda arqueó las cejas y Phoebe se volvió
a verla estupefacta.
  —Pero Helga ese juego tuvo muchos errores técnicos y casi causa
una catástrofe la última vez que fue jugado y tú misma dijiste que no
dejarías tu futuro en manos de un pedazo de basura. Replicó Rhonda.
  —No me importa… - Helga sacó una nueva corona de origami y la
lanzó sobre la mesa – le pedí a Sheena que hiciera una, no te preocupe
no está trucada como la tuya.
  —¿Por qué tanto interés por saber tu futuro? Quiso saber Rhonda.
  —Curiosidad - contestó Helga y se sentó en la mesa - adelante.
  —Está bien. - Dijo Rhonda y tomó la corona comenzando el test ¿Cuál es tu número favorito?
  —666. - Contestó Helga y Rhonda la miró con odio - que le
hacemos, me gusta ese número.
  —Olvídalo Helga. Se negó Rhonda.
  —De acuerdo niña lista, me gusta el siete. Dijo Helga y Rhonda
no muy contenta comenzó a tijeretear con la corona hasta contar siete

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

veces.
  —Color favorito.
  —Rosa. Rhonda conto el número de letras que componía la palabra
rosa.
  —Y la última pregunta – dijo Rhonda y sonaron los tambores - ¿en
qué día del mes naciste?
 —Veinticinco…
  Rhonda contó veinticinco veces y al terminar la corona de origami
tenía la respuesta.
  —Muy bien Helga te vas a casar con…
  Helga se inclinó hacia adelante con sumo interés. Rhonda desplegó
la punta del papel y al leer la respuesta, quedó tan pasmada que no
pudo pronunciar palabra.
  —¿Y bien? preguntó Helga.
  —Te vas a casar con… - Rhonda dudo en decir la respuesta - tu
príncipe encantador ¡felicitaciones!
  —Lo sabía - celebró Helga levantándose de la mesa - está escrito y
así será, gracias por tan valiosa colaboración, ya sabes, no comentes
con nadie esto, a menos que quieras morir.
  Helga se fue muy contenta con la respuesta, Rhonda se quedó con
la corona en las manos, estupefacta.
  —¿Que pasa Rhonda? ¿Porque te impresiono tanto que Helga se
vaya a casar con ese chico? Le preguntó Nadine sin comprender su
estupefacción.
  —Solo revelé lo que quería escuchar pero la verdad es otra, Helga
no se va a casar con Anthony cuando crezca - reveló Rhonda y volvió
a abrir la punta - se va a casar con… ¡Oh por dios!
  Cuando Nadine leyó la respuesta dada por el origami compartió el
mismo asombro que Rhonda
  —¡Cielos!… eso quiere decir que el primer origami no estaba
defectuoso.
  —Eso parece… Helga Pataki se va a casar con… no puedo creerlo,
esto es como una maléfica profecía. - Dijo Rhonda asombrada – sabía
que había algo raro, lo note en la fiesta pero me negaba a creerlo
pero es así ¿puedes creerlo Nadine? Puedes creer que ellos dos van

Hebo Freire

a terminar juntos, ¿puedes creer que a él le guste Helga? Helga G.
Pataki, la niña más desagradable del mundo, la niña que lo odia a
muerte ¡Oh por dios! Me voy a estar riendo de esto en unos años.
  —¿De qué hablas Rhonda? Preguntó Phoebe adivinando de ante
mano el motivo de su sorpresa.
  —Que del odio al amor hay un paso y un profundo abismo sin
fondo, y me temo que nuestro buen amigo ha caído en un infierno,
pobrecillo. Dijo Rhonda con una mano sobre su mejilla.

Hebo Freire

Parte 11
  Cuando se vieron en el salón de clases el chico no pudo evitar
mirarla con odio. Helga después de devolverle se sentó en su silla.
  —¿Qué? ¿Te debo? Preguntó y él le quitó la mirada de encima y
volvió la vista al frente, ignorándola cosa que por primera vez en la
vida a Helga no le importó.
   Ese mismo día en la tarde los chicos jugaron en el campo Gerald,
pero cuando Helga se equivocó en una jugada, al estar distraída con
su teléfono móvil, todos se le fueron encima.
  —Eres un desastre. Gritó Rhonda.
  —¡Oye! ¿A quién le dices desastre? Reclamó Helga plantándole
cara.
  —A tí… ¡Eres un desastre! - Gritó Rhonda sin amilanarse - solo te
la pasas mirando ese teléfono, esperando a que te llame tu novio.
  —En primer lugar no es mi novio y en segundo lugar a ti que te
importa.
  —Si me importa estas dando más problemas que aportes. Dijo
Rhonda
  —¿Tanto te molesta? ¡Pues me largo de aquí! tengo mejores cosas
que hacer en la vida. Dijo Helga.
  —¡No, no te vas, estas fuera del equipo! Exclamó Rhonda y todos
estuvieron de acuerdo.
  —¡Sí, lárgate! ¡No te queremos aquí! Exclamó Harold.
  —¡Apestas, Helga! Gritó Sid
  —¡Tu apestas más! Y si me voy y ¿saben una cosa? ¡Me llevo mis
cosas! Helga le arrebató el bate de béisbol a Eugene, golpeándole la
cabeza con el madero al girarse, ladeando su cabeza con indignación
e hizo el mismo gestó un par de veces más incluso cuando abandono
el terreno dejando constatado su gesto de indignación.
  —No la necesitamos. Aseguró Rhonda a los demás.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  Arnold observó toda la escena, a la distancia sin interferir, lo
hubiera hecho pero pensó que era mejor que Helga no estuviera en el
mismo terreno que él.
***
  La escuela salió de excursión, los chicos iban al jardín botánico
un gran parque natural a las afueras de la ciudad, donde se albergaban
millares de plantas exóticas bajo un ecosistema controlado. En el
salón todos esperaban ansiosos la hora de salida, excepto Arnold
quien taciturno miraba el reloj perdido en sus propios pensamientos. 
Cuando de repente fue golpeado por una bola de papel, se dio la vuelta
para mirar a Helga, por un segundo sin que pudiera evitarlo, sus ojos
brillaron.
  —Fue Harold. Señaló Helga al culpable con aburrimiento.
  —No es cierto - negó Harold - no digas mentiras.
  —La próxima vez que cometas un crimen, asegúrate de esconder
el arma homicida, imbécil. Dijo ella con la mano bajó el mentón,
indicándole la cerbatana que tenía en la mano. Harold sonrió de
oreja a oreja escondiendo el arma bajo el pupitre. Arnold sintió una
profunda desilusión, creyó que Helga al fin había vuelto a molestarlo
como antes pero no fue así. El señor Simmons entro al salón, llevando
un cuaderno de espiral en sus manos.
  —Niños, no olviden sus permisos para la salida pedagógica al
jardín botánico. Les recordó.
  —Sí, señor Simmons. Corearon todos emocionados menos Helga.
  —¡Que aburrido! Solo son un montón de plantas y lechugas.
  —En el lugar hay plantas exóticas. Le dijo Phoebe.
  —Como sea, lo único que me agrada es que voy a encontrarme
con Anthony y vamos a pasar el día los dos juntos, dijo que tenía algo
importante que decirme, me intriga saber de qué se trata. Dijo Helga
empacando su PSP y su teléfono en su maleta, preparándose para la
salida.
***

Hebo Freire

  La 118 llegó al jardín botánico temprano en la mañana, ese mismo
día también estarían los chicos de la escuela pública 119. Anthony
y Helga se pusieron de acuerdo para estar juntos durante toda la
excursión. Sin embargo Helga tendría una serie de inconvenientes
que le impediría que ese plan se llevara a cabo. La Primera vino de
parte del director Wartz cuando bajaron del autobús.
  —Escuchen bien niños, esta es nuestra primera excursión a este
lugar después del incidente del niño Tarzan.
  —¿Quién es el niño Tarzan? Preguntó Wolfgang uno de los matones
de quinto grado.
  —Un chico emblemático del que fui profesor en cuarto grado,
cuyo descendiente esta precisamente en el mismo curso, - Contestó
el director Wartz - no quiero esos inconvenientes de nuevo, así que
vamos a establecer algunas reglas. La regla número uno es permanecer
juntos, no se separen del grupo bajo ninguna circunstancia ¿entendido?
La segunda es no toquen nada y la tercera es pórtense bien.
  Todos asintieron con aburrimiento
  —Niños ya escucharon, no se separen del grupo, Andando. Indicó
el señor Simmons liderando su respectivo grupo, dirigiéndose al
primer jardín llamado “Jardín de Atenea”
  Helga frunció el ceño, esas no era buenas noticias, si no podía
abandonar el grupo del cuarto grado, no podría ver a Anthony quien
estaba esperándola al otro lado.
 —Y ahora ¿cómo me escapo sin que me castiguen? Pensó Helga
y entonces vio a la distancia en uno de los grupos a Gloria, una chica
relativamente parecida a ella, al verla el bombillo de una gran idea
se prendió. Helga se separó de su grupo y se la llevó a un lado sin
levantar sospechas.
  —Gloria preciosa qué bueno que te veo.
  —Hola - saludó Gloria - tu eres Helga ¿cierto?
  —Sí, soy Helga, escucha linda necesito que me hagas un favor.
  —¿Qué clase de favor?
  —Veraz... Helga le explicó todo su plan y este no pareció agradarle
a la chica.
  —Pero es peligroso, podrían descubrirnos y además ¿Por qué

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

quieres que me haga pasar por ti?
  —No te preocupes por eso, no habrá ningún problema, necesito
hacer algo y por eso tengo que escaparme. Le explicó Helga.
  —No sé, no creo que sea una buena idea. Dijo Gloria.
  —Oh querida vas hacerme ese favor o será Betzy la que te haga
una oferta que no puedas rechazar. La amenazó con su puño, Gloria
tragó saliva, conocía la fama que tenía Helga en la escuela 118.
  —Está bien. Aceptó Gloria y entonces con ayuda de Phoebe, Helga
puso en marcha su plan, disfrazó a Gloria, para que se hiciera pasar
por ella.
  —Y ¿No notaran la ausencia de Gloria? Cuestionó Phoebe mientras
peinaba a la chica, escondidas en un punto ciego del jardín.
  —No, para nada. La tranquilizó Helga. A los cinco minutos Gloria
estaba luciendo como Helga, con coletas, una moña rosa y una sola
ceja.
  —Perfecto, eres una belleza pero no tanto como la original. Dijo
satisfecha Helga contemplando su obra maestra.
  —No sé, Helga es difícil no notar la diferencia. Dijo Phoebe.
  —No, no lo van a notar, esos tarados están ciegos del cerebro aseguró Helga - ahora vas a aprenderte estas líneas, así no sospecharan
nada.
  Helga le dio una hoja con varias frases anotadas. Algunas decían
“a un lado zopencos” “estoy rodeada de muchos torpes” y “muévete
cabeza de balón”
  —¿Quién es cabeza de balón? Preguntó Gloria confundida.
  —Ves a ese niño que tiene cabeza ovalada. Le señaló a la distancia
al chico de cabello alborotado y con cabeza en forma de balón de
futbol americano, prestándole atención al guía del jardín.
 —Sí.
  —Ese es, insúltalo si está estorbando o algo y nadie notara la
diferencia, metete un poco en el papel, Phoebe estará a tu lado. Le
indicó.
  —Helga esta cuartada no va a funcionar. Le advirtió su mejor amiga
  —Claro que va a funcionar... solo no hablen demasiado. Dicho esto
Helga fue a encontrarse con Anthony.

Hebo Freire

  —Niñas no se queden atrás, vuelvan al grupo. Dijo el señor
Simmons, rápidamente volvieron con los niños quienes que se
quedaron mirándolas. Gloria miró el papel y luego dijo.
  —¿Que tanto me ven zopencos? Dijo y todos siguieron su camino,
mientras Phoebe aprobaba la actuación de Gloria como Helga.
  —Qué extraña se ve Helga, está más extraña que de costumbre.
Comentó Stinky.
  —No seas tonto Stinky, esa no es Helga - le dijo Gerald - si esa es
Helga, yo soy Samuel L. Jackson.
  —¿Entonces quién es? Preguntó Stinky.
  —Juraría que se trata de Gloria. Adivinó Arnold junto a ellos.
  —¿Gloria? pero que bien se ve de Helga. Opinó Stinky.
  —¿Bromeas? es un disfraz muy malo, no va ganarse un Oscar a
mejor actriz. Aseguró Gerald.
  —¿Porque habrá hecho un plan tan traído de los cabellos? Se
preguntó Arnold.
  —Todavía te lo preguntas, la chica está loca, seguramente necesitaba
ir algún lado y se inventó todo esto del doble. Dijo Gerald mientras se
dirigían hacia otro de los jardines.
***
  Había un jardín llamado “jardín de las hespérides” en ese lugar
Anthony estaba esperando a Helga, se las había arreglado para escapar
de su grupo y encontrarse con Helga, ella llegó tiempo después.
  —¡Hola! La saludó Anthony alegremente.
  —¡H-ola! Saludó Helga sin aire, había corrido hasta llegar ahí y
por una colina muy empinada y estuvo a punto de perderse.
  —Creí que no llegarías. Dijo Anthony.
  —Prometí que llegaría y aquí estoy. Dijo Helga exhausta y se quedó
un instante de pie a su lado para recuperar el aliento.
  —¿Quieres algo de comer? - dijo Anthony y sacó su lonchera traje para los dos.
  —Diste en el clavo viejo, me estoy muriendo del hambre. Dijo
Helga, tenía un hambre atroz, había gastado toda su energía y no había

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

desayunado, se sentó a su lado y en medio de ese hermoso jardín,
merendaron, escondidos de los guardias de sus respectivas escuelas.
Ella devoró lo que el chico había traído.
  —Helga hay algo que tengo que decirte. Dijo Anthony después de
un rato.
  —Dime… dijo Helga.
***
  En la excursión de la 118 pronto se notó la ausencia de Gloria.
Patty una gigante, poderosa y gran amiga de Harold empezo a buscarla.
  —¿Dónde está Gloria? Preguntó ella pero nadie supo responderle,
iba a dar aviso de su desaparición. Cuando Gloria apareció ante sus
ojos.
  —Aquí estoy. Solo le había bastado con quitarse la moña y las
coletas para volver a ser Gloria de nuevo. Patty la miró fijamente.
  —¿Desde cuándo tienes una sola ceja? le preguntó Patty. Ella se
sobresaltó y se borró la falsa ceja.
  —Me ensucie con algo. Explicó la chica nerviosamente.
  —No te alejes del grupo. Le dijo Patty alejándose. Gloria suspiró
aliviada, Phoebe llego a su lado.
  —No puedo con la presión, es demasiado para mí. Se quejó.
  —Lo estás haciendo bien. Le dijo Phoebe.
  —No puedo estar en dos lugares a la vez, casi me descubren.
  —Solo llamaste por el apodo equivocado a la persona equivocada,
eso le pasa a cualquiera. La consoló Phoebe, había llamado “cabeza
de melón” a Arnold y este amablemente la había corregido, muy a su
pesar.
  —No, lo siento por Helga, pero renuncio. Desertó Gloria y le
entregó la moña rosa, largándose. Phoebe tomó el radio transmisor,
llamando a Helga.
  —Helga contesta, cambio.
  En el jardín de las hespérides, Helga contestó.
  —¿Sí que pasa? Cambio.
  —La doble desertó, repito la doble desertó. Al escuchar esto. Helga

Hebo Freire

se tragó entero la comida y echó a correr. Sin darle tiempo de hablar.
  —Ya regreso. Informó devolviéndose por la colina a toda velocidad,
antes de que la descubrieran.
  —¿Dónde está Helga? - preguntó el señor Simmons, todos
la buscaron con la mirada sin hallarla - Esa niña sí que le gusta
esconderse, Helga ¿dónde estás?
  —¡Aquí estoy! exclamó Helga saltando frente a él en un salto
artístico.
  —No te escondas así o tendrás problemas. Le advirtió el señor
Simmons, siguiendo su marcha hacia el siguiente jardín “Parnaso”
junto con el grupo, Helga sonrió triunfante se había salido con la suya.
  —Helga creo que no deberías seguir, no puedes estar en dos lugares
a la vez. Dijo Phoebe mientras Helga contenía el aliento.
  —¿Ya se fueron? Preguntó.
  —Sí. Asintió Phoebe y al escuchar esto Helga se derrumbó en el
suelo, totalmente exhausta.
  —Estoy muerta. Dijo dejándose caer sobre la hierba.
  —No puedes seguir así. Le dijo su amiga.
  —En un rato será la hora del almuerzo para la 118, es hora de
ejecutar el plan B. Dijo Helga, tratando de recobrar el aliento.
  —¿Plan B? cuando Helga develo el plan B, su amiga la miró como
si estuviera contemplando a un científico loco.
***
  —Debes tener muchas ganas de estar con Anthony para hacer estas
payasadas. Le dijo Phoebe mientras Helga ejecutaba su plan cerca de
una banqueta.
  —Ninguno de mis planes son unas payasadas - dijo Helga y se dio
en la tarea de dar forma a un muñeco de su misma altura - este muñeco
se hará pasar por mí, mientras dura el almuerzo, todos creerán que
estoy sentada en la banqueta almorzando.
  —¡Ay Helga! Es un plan descabellado nadie se lo va a creer y
además... – Phoebe le dio una significativa mirada al muñeco - ¿No
debería parecerse a ti?

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  Helga se quedó mirándolo, no se parecía a ella, se parecía a...
Arnold cuando lo vio bien se golpeó la frente.
  —¡Criminal! soy una enferma, Phoebe ¿Puedes decirme como le
llaman a esto? señaló Helga a la estatua. Phoebe apuntó con el dedo
índice y gravemente contestó.
  —Pues se parece mucho a Arnold.
  —¡Maldición! maldijo desbaratando la obra. Al final logró hacer
una réplica muy improvisada de ella y la sentó en la banqueta.
  —Bien el farol está listo, nos vemos al rato. Dijo Helga
  —Está bien... - Phoebe la vio correr de nuevo hacia la loma - ¡Ay!
esta niña está loca.
***
  Helga volvió al jardín de las hespérides, ahí estaba Anthony
esperándola.
  —Hola. Saludó exhausta.
  —Te deje postre. Le dijo mostrándole una deliciosa tajada de pastel.
  —¿Tienes agua?
 —Sí.
 —Dame.
  Anthony le dio la botella, Helga se bebió el agua de un solo golpe.
  —Oh si, ¡esta deliciosa! Dijo satisfecha arrojando la botella al
suelo.
  —Estabas sedienta. Dijo Anthony.
  —Si. Dijo Helga aliviada y se sentó a su lado.
  —¡Toma! Dijo Anthony y le dio una canastilla llena de chocolates.
  —Hhmm chocolates, me gustan los chocolates. Dijo Helga
destapando el primer dulce.
  —No vayas a comértelos todos hoy, Helga.
  —¿Por quién me tomas? No soy el chico chocolate. Dijo Helga.
  —¿Quien? Preguntó Anthony.
  —¡Ah! un buen chico con problemas en su vida que estudia en mi
escuela. - Dijo Helga y registró la canastilla, sacando un chocolate de
cubierta amarilla y una estrella roja en el borde que decía “encuentra

Hebo Freire

el pasaporte dorado y te llevaremos al lugar de tus sueños” – Creo
que destaparé este primero.
  —Ábrelo, tal vez sea el ganador. Animó Anthony al leer junto a
ella lo que decía la etiqueta.
  —Hmmm si, soñar no cuesta nada, me gustaría ir a Rio de Janeiro.
  —¿Me llevarías contigo? Preguntó Anthony y Helga lo miró
fijamente por varios segundos.
  —No. Dijo y volvió a concentrarse en la barra.
  —Que mala eres. Dijo Anthony.
  —Mentí, por supuesto que te llevaría ¿a quién más llevaría?
  —¿De verdad? Dijo Anthony.
  —Sí. Dijo Helga distraída con la barra.
  —¡Te imaginas nosotros dos en Rio de Janeiro! Dijo Anthony
arrimándose a Helga y la abrazó, ella se erizó de pies a cabeza.
  —Oye no te pongas tan cariñoso, estamos en público. Dijo dándole
un suave codazo. El chico la liberó y luego le dio un beso, fue tan dulce
y tan romántico que le pudo a ver provocado una diabetes, Helga no
se resistió ¿Cómo resistirse a un gesto así? Fue la escena perfecta de
dos chicos enamorados en medio de un jardín de flores, salvó por un
único detalle, justo frente a ellos un enorme objeto comenzó a levitar
entre las nubes y los cubrió con su sombra, Helga abrió uno de sus
ojos para ver que había ocultado la luz y vio un enorme dirigible, un
modelo Giffard, unos de los primeros Zeppelin que volaron el cielo,
alguien había construido una réplica del antiguo artilugio y ahora el
Zeppelin volaba orgulloso en los cielos de América, Helga siguió
besando al chico pero no pudo apartar la vista del estúpido dirigible.
***
  Mientras tanto en el jardín de “Parnaso”, la muñeca hacia un
excelente trabajo, todos creían que Helga estaba sentada en la
banqueta. El plan estaba funcionando a la perfección, sin embargo
estaba a punto de ser boicoteado, Harold se acercó y le habló.
  —Helga que dice el señor Simmons que estas muy lejos, que te
acerques un poco. Le dijo a sus espaldas, obviamente la muñeca no

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

contestó.
  —¿Oye que no me oíste? ¿Estás sorda o qué? - la muñeca seguía
sin responder - te crees la gran cosa, solo eres una niña tonta y fea.
  La muñeca no respondió a sus insultos, Harold se enfadó y agarrando
una piedra, se la lanzó y le dio en la cabeza, la muñeca se desplomo
en la banqueta. El chico al ver esto se asustó.
  —¡Oh dios mío! Creo que la maté... ¿y ahora que voy a hacer?
¡Ayúdame mamá! Harold comenzó a gritar echándose a correr en
círculos como un desesperado. Phoebe se dio cuenta de esto y le dio
aviso a Helga.
  —El farol ha sido descubierto, Abner debe volver al chiquero. Al
escuchar el radiotransmisor Helga saltó de su lugar y guardó todos
sus chocolates en su maleta incluyendo el chocolate del premio y
corrió de regreso al lugar donde estaban sus compañeros.
Harold estaba espantado no sabía qué hacer, sacó de su maleta su
muñeco favorito, un cocodrilo de felpa y lo apretujó entres sus manos.
  —¿Y ahora que voy hacer? todos sabrán que fui yo. Se lamentó el
chico desesperado. Alguien se acercó a sus espaldas.
 —Harold.
  Al escuchar esa voz, todos los nervios de su cuerpo saltaron, Harold
se dejó caer de rodillas y le rezó al que tenía al frente.
  —Yo no fui, yo no fui, yo no tengo la culpa de nada, ¡Se murió
solita! ¡Lo juro por mi madre y la madre de mi madre! Rogó Harold
extendiendo sus brazos hacia su confesor.
  —Harold tranquilízate. El chico abrió los ojos, encontrándose con
Arnold, quien lo observaba desconcertado.
  —¡Ay Arnold! tienes que ayudarme ¡he hecho algo terrible! Le dijo
abrazándose a su cintura.
  —¿Que sucedió? ¿Qué hiciste? Preguntó Arnold preocupado.
  —Creo que maté a Helga. Confesó Harold abrumado.
 —¡¿QUEEE?!
  —Yo no quería, pero le lance una piedra y le golpee la cabeza y al
ratito estaba tiesa. Explicó Harold temblando.
  —Espera, nadie se muere de una pedrada. Trató de razonar Arnold,
las palabras de Harold lo habían tomado por sorpresa.

Hebo Freire

  —¡Yo la vi! ella está muerta en la banqueta - chilló el chico
espantado, sacudiéndolo - ¿Que será de mí, Arnold? ¡Estoy perdido!
me van a meter en la cárcel, me van a condenar a la silla eléctrica,
mi madre me va a regañar. Ya no voy a poder comer sus deliciosos
manjares, ¿sabes lo terrible que es la comida de la cárcel, Arnold?
¿Lo sabes? yo tampoco sé pero debe ser asquerosa.
  Los lamentos de Harold vinieron acompañados con la canción del
“I Pagliacci” en su punto más dramático. La canción venía del tono
del móvil del profesor de sexto grado quien contestó la llamada. A la
distancia Phoebe tomó la muñeca y se la llevaba del lugar.
  —Espera Harold no tan aprisa, creo que estás en un error, nadie se
muere de una pedrada. Le dijo el chico.
  —No, no estoy en un error, ¡YO MATE A HELGA! Confesó Harold
a todo pulmón.
  —¿Mataste a quién? preguntó la voz de Helga.
  —Maté a Helga. Volvió a decir Harold.
  —¿Y a qué horas? que no me di cuenta.
  Ante estas palabras ambos se dieron la vuelta y se encontraron
precisamente con ella, con los brazos en jarras.
  —Helga estás viva, no te maté. Celebró Harold poniéndose de pie.
  —¡Ja! ¡Que chistoso! Jamás me dejaría matar por alguien como tú,
Michelin. Bufó Helga dándoles la espalda.
  —¿Porque no me respondías? Alegó el chico cerrando los puños.
  —Que no puedo dormir un rato, este paseo está muy aburrido, me
voy a morir del tedio. Replicó Helga.
  —¡Ah! era eso estabas dormida. Aclaró Arnold.
  —Y yo pensé que te había matado. Añadió Harold.
  —Ya has aspirado mucho polen, niño rosa. Le dijo Helga caminando
hacia el grupo.
  —Menos mal. Suspiró Harold aliviado. A la distancia Helga
hablaba consigo misma.
  —Estos idiotas y sus películas.
***

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  La excursión continuaba y los planes se le habían acabado, Helga
no había podido pasar más de media hora con Anthony y ardía en
ganas de estar en su compañía, intentó escabullirse una vez más
aprovechando que el señor Simmons estaba distraído tratando de
salvar a Eugene de una planta carnívora que se lo había zampado de
un solo golpe, pero fue sorprendida en el acto.
  —Señorita Pataki. Era la inconfundible voz del director Wartz, al
escucharla Helga se detuvo en el acto.
 —Dígame.
  —¿A dónde va tan apremiantemente? Quiso saber el director.
  —Iba a ver ese arbusto de ahí. Le contestó ella volviéndose al
director.
  —Debe saber que nadie se escapa de mi ojo vigilante ¿cree que no
sé qué es lo que ha estado haciendo?
  —¿Lo sabe? - Helga soltó una risita nerviosa - que detallista es
usted.
  —Se la perdoné las dos primeras veces, pero no pienso perdonarle
esta, por sus escapadas debería darle detención de dos a tres semanas,
sin embargo se me ha ocurrido una idea mejor. Dijo el director.
  —¿Cuál? Preguntó Helga.
  —He ideado un programa muy interesante mientras observaba
el comensalismo de algunas plantas, lo llame “niño bueno, vuelve
bueno al niño malo” - le dijo - y me complace informarle, que usted
es la primera candidata para formar parte del proyecto.
  —¿Cómo? Preguntó Helga.
  —Sígame - Le ordenó el director y Helga no tuvo opción – para
empezar te asignaré un compañero que tenga un excelente nivel
académico y disciplinario, él será tu pareja el resto de la excursión,
a su lado aprenderás a tener buen comportamiento, si te portas bien,
ambos serán premiado.
 —¡Ah! que plan tan genial merece un premio nobel. Pensó Helga
irritada.
  —Escogeré a alguien de tu curso. Dijo el director Wartz.
 —¡Que venga! Nadie puede detener a la gran Helga G. Pataki.
Pensó Helga engreídamente.

Hebo Freire

  —Tú ven aquí. Pidió el director señalando a alguien y cuando
Helga vio de quien se trataba, estuvo a punto de tirarse de rodillas a
los pies del director Wartz para pedir clemencia.
 —¡No! todos menos él. Rogó Helga horrorizada.
  —Arnold, serás el compañero de la señorita Pataki por el resto de
la jornada, vigilaras que no se meta en más problemas.
  —¿Pero por qué yo? Replicó el chico.
  —Es parte de una idea que tengo, quiero que ella aprenda a ser
tan disciplinada como tú - le explicó brevemente - ya sabes Helga
compórtate.
  Dicho esto el director se fue. La decisión de le director no fue
bien recibida por ninguno, Helga fulminó a Arnold con la mirada
y él comprendió de inmediato que sería más fácil vigilar a un león
hambriento.
  —No tenemos que tomárnoslo a mal. Le dijo Arnold.
  —Estás muerto, estas bien pero bien muerto. Amenazó Helga.
***
  Helga se encerró en el baño de chicas, frustrada, era lo único que le
faltaba, tener que estar pegada a las faldas de Arnold, ahora no podría
escapar, habló con Anthony informándole su situación.
  —Entonces ya no podremos vernos más. Dijo Anthony a través del
móvil.
  —Oh si claro que sí, el hecho que tenga niñera, no va impedir que
nos veamos, hablare con él y lo convenceré de que me deje ir.
  —¿Crees que acceda? Preguntó Anthony.
  —Lo conozco, este lo le dice NO a nadie - dijo Helga - la ultima
hora es libre, nos encontraremos en el jardín de Cupido.
  —Ok cielo te espero. Anthony colgó el teléfono, Helga sonrió con
maleficencia.
  —La última hora de esta excursión estaré al lado de mi héroe y no
habrá nadie que me lo impida. Aseguró sonriendo con maleficencia.
  Helga salió del baño con parsimonia, Arnold estaba esperándola.
  —¿Ya estas lista? le preguntó.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

 —Sí.
  —Entonces regresemos con los otros.
  —Espera... - Helga volvió a ver al enorme dirigible que tenía forma
de balón de futbol americano sobrevolando el jardín - ... Zeppelín
tengo algo que decirte.
  —¿Zeppelín? – Arnold no esperaba que le pusieran un nuevo
apodo, pero no le molestó, el mote le recodó a la vieja banda, Led
Zeppelin - si ¿qué pasa?
  —Tengo algo que pedirte, escucha, tengo que ir a un lugar y tengo
que ir sola así que te pido, que no me vayas a delatar y me cubras.
  —¿A dónde? preguntó Arnold.
  —No puedo decírtelo, porque no te importa, - la expresión de
buen humor de Arnold se esfumó - pero necesito ir ¿entiendes? si me
haces ese favor, yo juro que… juro solemnemente, que no volveré a
molestarte ni a ponerte apodos, ni a decir que eres un cabeza de balón.
  —¿No volverás a molestarme? Preguntó Arnold.
  —Nunca más - Helga levantó su mano derecha en el aire - yo Helga
G. Pataki juro que jamás te volveré a molestar ni en esta ni en las
siguientes vidas, Zeppelín.
  Era una oferta tentadora, sin embargo eso era precisamente lo que
él quería, él quería que volviera a ser la Helga de antes. Esa Helga
que solo lo molestaba a él, no esa Helga traicionera y fría. Hubo un
breve silencio entre los dos y después Arnold dio una contundente
respuesta.
  —No. Fue su contestación y Helga quedó pasmada.
  —Pero ¿Como que no? Exclamó Helga.
  —Me asignaron como tu compañero, no quiero ser castigado - Se
argumentó el chico – si gustas vamos los dos.
  —¡No quiero violinistas!
  —¡Entonces no!
  —Escucha bien torpe cabeza de balón, te di esta opción, porque la
segunda involucraba armas. Dijo Helga.
  —No cambiaré de opinión, no te dejare ir hasta que se acabe la
excursión. Le dijo Arnold, cruzándose de brazos.
  —¿Se te esta olvidando con quien estas tratando? - Helga alzó su

Hebo Freire

puño derecho - escúchame muy bien voy a irme y si me delatas, te
aseguro que vas a arder como el Zeppelín original.
Dicho esto Helga se dio la vuelta.
  —No puedes irte. Le advirtió Arnold.
  —Intenta detenerme. Le retó Helga. estaba a punto de iniciarse
la hora libre, no podía dejarla ir, si lo hacía significaba detención,
además en el fondo no quería dejarla ir, se le ocurrió una idea, vio
a Curly tratando de ponerle unas esposas a Rhonda, para obligarla a
estar junto a él, corrió hasta donde estaba.
  —Préstamelas. Dijo Arnold quitándoselas de las manos
  —¿Para qué? Preguntó Curly.
  —Después te digo. Le contestó Arnold y luego fue a por Helga,
ella estaba a punto de dar vuelta a la esquina, cuando la tomaron del
brazo, obligándola a darse la vuelta y unas esposas se cerraron en
torno a su muñeca y el otro extremo se en gancho a la mano de su
captor. Helga se quedó mirando el artilugio luego miró a Arnold y
luego volvió a mirar las esposas que ahora los encadenaban.
  —¿Qué es esto? preguntó.
  —No me van a castigar por tu culpa, si tengo que detenerte a la
fuerza lo hare. Dijo Arnold.
  —Arnold, tal vez no comprendas el significado de lo que acabas de
hacer, porque eres un santurrón idiota, pero esto se llama maldad. Le
explicó Helga lo más calmada que le fue posible.
  —Me obligaste a tomar medidas extremas. Contestó Arnold. Helga
intentó liberarse, incluso mordió la cadena, sin conseguir nada.
  —¿Quién tiene la llave? Preguntó al rendirse.
  —No te diré hasta que se acabe la excursión. Dijo Arnold.
  —Eres un miserable y dices que yo soy la mala, eres un lobo
disfrazado de oveja. Dijo Helga.
  —Y tú eres una oveja disfrazada de lobo, Helga. Le devolvió el
cumplido, ella se quedó mirándolo.
  —Dame la maldita llave antes de que se me salga lo medieval
contigo.
  —No lo hare. Se negó el chico.
  —¡Arnold! - Helga estaba a punto de abalanzarse sobre él, pero

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

se obligó a mantener la calma – De acuerdo, chico listo. Eres zurdo
¿cierto? Entonces si te va a hacer falta.
  —¿Que? Preguntó Arnold.
  —Tu mano izquierda, porque la vas a perder. Dijo Helga con
mirada sádica.
  —¡¿Serias capaz?!
  —¿Quieres apostar? Replicó Helga acercándose amenazante hacia
Arnold. Cuando apareció Curly.
  —Ah así que para eso querías mis esposas. Dijo señalándolos.
  —¿Tú tienes la llave? respondió Helga
  —Sí. Curly asintió.
  —¡Dámela idiota! Helga se abalanzó sobre Curly, quien asustado
huyó despavorido. La chica se lanzó en su persecución. A Arnold ya
no le pareció tan buena idea, al ser arrastrado por Helga como las
latas que están atadas atrás de los autos de bodas.
  —¡Auxilio! ¡Llamen a la policía! suplicó ayuda Curly huyendo por
el jardín.
  —¡Alto ahí cuatro ojos! Bramó Helga corriendo tras él. Curly
huyó corriendo entre sus compañeros, Helga lo siguió de cerca y en
su camino se atravesó Eugene, siendo derribado y ahorcado por las
esposas al encontrárselas de frente.
  —Estoy bien... - dijo Eugene desde el suelo - creo.
  —Por eso nunca me gustan estas excursiones siempre pasa lo
mismo. Comentó Gerald brazos cruzados al lado de Stinky y Sid viendo
la persecución. Curly llego al jardín de los Elíseos, escondiéndose,
Helga llego junto con Arnold corriendo, sin fijarse por donde iban
enredándose en un poste que hizo que se estrellaran de frente, muchas
estrellas volaron.
  —¡Ay! todo esto es tu culpa estúpido Zeppelín. Replicó Helga.
  —Déjame de llamarme así - le reclamó el chico adolorido - soy
Arnold, no Zeppelín, ni cabeza de balón, Arnold ¿entiendes?
  —Te llamaré como se me dé la gana, porque por tu culpa, me perdí
mi cita y encima estoy atada a ti, como si fuera una bandida. Se quejó
Helga.
  —Yo digo lo mismo, por tu culpa se echó a perder mi excursión

Hebo Freire

y todo porque necesitabas una niñera. Alegó Arnold, Helga quedó a
gatas frente a él.
  —¿Porque me tenía que pasar esto? habiendo tanto inútil en el
cuarto grado, preciso me ponen con el perdedor más grande de la
historia. Exclamó Helga enfadada.
  —Y a mí me ponen con la chica más latosa del cuarto grado. Siguió
el chico.
  —¡Estúpido cabeza de balón!
 —¡Tonta!
  Esa fue la gota que derramo el vaso. Helga se le fue encima,
rodando por la colina, hasta quedar sobre un puente, Helga empujó
a Arnold con su puño y él cayo, si no fuera por las esposas, Arnold
hubiera caído al pequeño lago que se extendía bajo el puente. Helga
sosteniéndose de las vigas lo ayudo a subir, jalando con todas sus
fuerzas. Arnold logró subir y rodaron por el entablado y finalmente el
chico quedó sobre Helga, pasaron segundos tan largos como horas, y
él se quedó inmóvil sin ninguna prisa por quitarse.
  —¿Estás bien? Preguntó.
  —¿Tengo cara de estar bien? Preguntó Helga y él inconscientemente
tocó su cara con su mano libre, Helga quedó paralizada, nunca
pero nunca, Arnold había hecho una cosa así, ni en sus sueños más
profundos.
  —¿Están bien? preguntó Curly, llegando con ellos pero no recibió
ninguna respuesta. Una mano lo agarró por el tobillo y lo hizo caer,
la mano pertenecía a Helga, quien quitándose al chico de encima,
se lanzó sobre Curly, este intento huir más Helga se lo impidió
torciéndole el brazo.
  —¿Donde esta? Preguntó Helga con frialdad.
  —¿Qué? preguntó Curly abrumado, Helga lo desplumó buscando
la llave, dejándole prácticamente en calzoncillos.
  —¿Dónde está la llave? Volvió a preguntar y más le valía responder
rápido, ella no quería estar ni un segundo más atada a Arnold.
  —En el bolsillo de mi pantalón. Le indicó. Helga buscó la llave
hallándola, liberándose posteriormente de las esposas.
  —Al fin... ¡Soy libre! Exclamó triunfante levantándose y corrió a

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

toda velocidad mientras Curly se levantaba buscando sus anteojos.
  —¿Qué demonios sucede aquí? quiso saber Rhonda viendo a un
Curly sin gafas y la ropa hecha girones.
  —Diablos ojala no vaya hacer policía - dijo él buscando y
poniéndose sus gafas - Helga es muy brusca requisando.
  —¿Se te escapó? Preguntó Gerald al lado de Arnold.
  —Sí - suspiró aburrido – pero al menos no se salió con la suya.
***
  Helga llegó al jardín de Cupido pero no pudo encontrar a Anthony,
se había ido, tal vez se cansó de esperarla o lo habían descubierto.
Helga quedó muy frustrada después de eso.
  —Todo por culpa de ese estúpido cabeza de balón, ese entrometido,
lo odio, lo odio y lo odio. Dijo Helga y pateo una piedra que estaba
en su camino, y luego sacó su móvil para llamar a Anthony. Cuando
el altavoz del Jardín botánico retumbó.
  —Señorita Pataki se le solicita volver a su grupo estudiantil lo
antes posible, repito se le solicita volver a su grupo.
  —¡Maravilloso! – Dijo Helga y oprimió el botón de apagado de su
móvil y entonces vio de nuevo al dirigible en el aire, estaba teniendo
problemas técnicos y comenzó a descender con lentitud y al ver eso
solo se le ocurrió decir una frase - ¡Oh la humanidad!

Hebo Freire

Parte 12
  A pesar de pasar un largo día de paseo, los chicos seguían
gritando y hablando descontroladamente. Helga intentaba llamar a
Anthony, pero él no contestaba y la batería de su teléfono se agotaba
irremediablemente. El autobús se detuvo y ella saltó de su silla
apartando a todos bruscamente de su camino, en su afán de bajar
primero. Helga saltó a la acera apenas se abrieron las puertas del
autobús y se alejó velozmente sin despedirse de nadie, avanzó unos
metros y al llegar a una esquina alguien le salió al encuentro.
  —¡Hola! Exclamó Anthony con alegría y ella al verlo lo empujó
contra la pared y ahí lo arrinconó, dándole una tanda de pellizcos.
  —¡Idiota! ¿Por qué no me contestas? Te he estado llamando desde
hace rato y no me salgas con que no tenías señal o que perdiste el
teléfono, porque no me creo ninguna de esas tonterías. Le recriminó
exasperada.
  —Discúlpame quería darte una sorpresa. Se disculpó él sacando su
lengua y guiñando uno de sus ojos.
  —No me gustan esas sorpresas. Dijo Helga cruzándose de brazos,
una vez dejó de castigarlo.
  —Que puedo hacer para que me perdones. Dijo Anthony.
  —Olvídalo, de todas formas quería verte, te deje plantado en el
jardín, pero es que tuve muchos inconvenientes, un idiota me estaba
estorbando y…
  —No te preocupes, ya estás aquí. Dijo Anthony.
  —Si bueno quería verte.
  —¿Me extrañaste? Preguntó Anthony
  —Un poco. Dijo Helga frotándose repetidamente el brazo con su
mano.
  —Yo también. Dijo Anthony acercándose y después de mirar hacia
un lado y hacia el otro para asegurarse que no viniera nadie, le robo

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

un casto beso. Helga entornó los ojos, tal vez los besos de Anthony no
tenían la chispa adecuada pero empezaba a gustarle. Cerro los ojos y
se dejó llevar y justo en ese momento Arnold dio vuelta a la esquina
y los vio, muy felices, muy juntos, ignoró la escena y siguió de largo
como si fuera una escena más en su vida, sin afectarlo en absoluto,
hasta que escucho el más depresivo Jazz de la historia por cortesía
de un vago saxofonista que trataba de ganar unas monedas en una
esquina, la melodía le hizo sentir triste y la tristeza lo acompañó por
cuadras completas hasta llegar a su casa.
  Helga no se percató de su presencia, siguió sumida en la suave
sensación. Anthony retrocedió despegándose y luego se aclaró la
garganta.
  —¡Eh¡ Helga hay algo que quiero pedirte y no puedo esperar más. 
  —Habla. Dijo Helga llena de curiosidad.
  —Las últimas semanas que he pasado contigo han sido las mejores
de toda mi vida, tú me haces muy feliz Helga…y yo quiero preguntarte
si - Anthony le tomó de las manos - ¿Quieres ser mi novia?
  La pregunta fue tan repentina y sorpresiva que no respondió de
inmediato, Helga no esperaba una petición de ese tamaño, por un
momento se sintió comprometida en matrimonio.
  —¿Novia oficial?
 —Si.
Ella vio tantas esperanzas y brillo en sus ojos que no pudo negarse.
  —Si ¿por qué no?
  —¡En serio!
 —¡Sí!
  —¡Wow! El chico celebró como si hubiera ganado la serie mundial
y Helga tampoco ocultó su entusiasmo.
***
  Que Helga ya no estuviera en el grupo fue una acción muy positiva
al principio, Arnold vivía más tranquilo, todos vivían más tranquilos
pero después de un tiempo se sintió un vació. Helga comenzó a brillar
por su ausencia, de una u otra forma, por ejemplo en el concurso de

Hebo Freire

literatura o los partidos de béisbol, pues después de que sacaron a
Helga, una especia de maldición gitana cayó sobre el grupo, ellos
no volvieron a ganar un solo partido, a pesar de contar con un gran
estratega llamado Arnold. Llegaron a perder tanto que se convirtieron
en el hazmerreír del vecindario.
  Desesperada con la mala racha, Rhonda convocó a una asamblea
extraordinaria en la biblioteca para discutir la situación.
  —¿Qué está pasando? Perdimos por veinteava vez, si seguimos
así, no quedará nada de nosotros - Cuestionó Rhonda indignada tiene que a ver alguna explicación.
  —¿Creo que nos falta algo? - Opinó Gerald - tenemos la estrategia,
tenemos el talento pero nos falta algo.
  —Creo que el problema se lo podemos atribuir, a que nos falta un
líder. Expuso Phoebe,
  —¿Líder...? Cuestionó Rhonda.
  —Si, antes teníamos un líder natural que nos organizaba. Dijo
Phoebe.
  —Phoebe ¿no te estás refiriendo a que nos hace falta Helga? porque
eso es seria la trivialidad más grande del mundo. Replicó Rhonda.
  —Estoy de acuerdo con Rhonda. Apoyó Gerald.
  —Piénsenlo... cuando fue que las cosas empezaron a salirse de
control. Expuso Phoebe y abrió un libro que tenía frente a ella.
  —Justo cuando sacamos a su señoría del equipo, en el terreno
baldío. Aseguró Stinky.
  —Campo Gerald. Corrigió Gerald con impaciencia.
  —Eso. Añadió Stinky
  —Tenemos que admitirlo, necesitamos a Helga. Dijo determinante
Phoebe.
  —Así que según tú, nos falta alguien que nos grite y nos insulte y
nos ponga apodos. Cuestionó Rhonda.
  —Si, así es... - Phoebe estaba escribiendo en un cuaderno - ese es
el estatus qou.
  —¿Estatus qué? ¿Y eso que significa? Preguntó Stinky rascándose
la cabeza.
  —Equilibrio total del universo, armonía total entre las cosas, en

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

nuestro caso como Helga no está pues... ese equilibrio se ha roto.
Explicó Phoebe.
  —Así que hay que hacer que Helga vuelva. Llegó a la conclusión
Rhonda
  —Puede ser una solución pero... Dijo Phoebe.
  —Odio admitirlo, pero Phoebe tiene razón, hay que hacer que
Helga vuelva. Aceptó Rhonda no muy complacida.
  —¿Y por qué? Helga no hace falta, lo que pasa es que las estúpidas
estrategias de Arnold ya no sirven, hay que buscar otras, no necesitamos
a esa niña gritona. Protestó Harold.
  —Las estrategias si sirven, lo que pasa es que no hay buenos
jugadores. Intervino Iggy otro de sus compañeros.
  —¿De qué hablas? ¿Estás diciendo que es mi culpa? alegó Harold
  —No pero… Aclaró Iggy y todos los chicos del cuarto grado
empezaron a discutir entre ellos como una banda de piratas en un bar,
solo faltó que empezaran a lanzar cosas. Esa situación se había vuelto
habitual, la única que detenía esas discusiones con un solo grito era
Helga.
  —¡Basta! - los calló Rhonda luego de diez intentos por callarlos estamos aquí para encontrar la causa de esta gran crisis, no para ver
quien discute más.
  Los exaltados ánimos se apaciguaron un poco
  —Bien Phoebe dice que es por la ausencia de Helga, Harold dice
que es por falta de nuevas estrategias, pero sea cual sea el problema,
hay que encontrar una solución, no estoy dispuesta a tolerar una
derrota más, esto afecta tremendamente mi popularidad - Rhonda
tomó aire y añadió- alguien tiene alguna sugerencia o consejo que
nos ayude a superar este problema.
  Todos los chicos del cuarto grado giraron sus cabezas y clavaron
sus miradas al mismo tiempo sobre el chico de cabello alborotado,
quien estaba sentado en la mesa, guardando un diplomático silencio.
  —Tenemos que ser pacientes - intervino Arnold en la conversación
- solo es una mala racha.
  —¿Crees que debemos traer de vuelta a Helga? Formuló Rhonda,
esa pregunta lo hizo pensar por varios minutos, ¿sería una buena idea?

Hebo Freire

¿Restaurar el estatus quo? ¿Volver a lo clásico?
  —¿Arnold? Insistió Rhonda
  —No creo que ella esté dispuesta a regresar, no después de que
tú la corriste, así que creo que debemos arreglárnoslas por nosotros
mismos. Dijo Arnold
  —Muy bien tienes razón, pero entonces empieza a comportarte
como Helga, porque necesitamos una voz de mando, fuerte y clara
que nos diga que hacer. Siguió Rhonda.
  —No son máquinas o ¿sí? Replicó el chico.
  —No, pero si necesitamos un líder, aunque no nos guste - intervino
Phoebe mirando al grupo que mostró su disgusto -tu eres la conciencia
del grupo Arnold y Helga era bueno la voz.
  —Así es como funcionan las cosas en este corrompido planeta... Dijo Rhonda cruzándose de brazos - hay que traer de vuelta a Helga y
solo existe una persona en este planeta que puede lograr eso sin morir
en el intento. Arnold, convence a Helga de que vuelva.
  —Claro y luego que vaya a solucionar los problemas de medio
oriente. Replicó Gerald.
  —Helga no va escuchar a ninguno de nosotros, el único que tiene
una posibilidad eres tú. Insistió Rhonda.
  —Ella no va escucharme... ¿Creen que no lo he intentado? Siguió
replicando Arnold.
  —Eres muy bueno para que la gente te escuche, estoy segura de
que si lo intentas la convencerás. Insistió Rhonda.
  —¿Por qué no dejamos que las cosas sigan su curso? Propuso el
chico.
  —No, yo quiero probar a restaurar el estatus quo. Dijo Rhonda
  —No pierdes nada con intentarlo. Dijo Phoebe
  —Arnold, has que Helga vuelva, si las cosas siguen iguales, les
gastare hamburguesas a todos. Prometió Rhonda
  —Por fin una buena noticia. Aplaudió Harold y todos apoyaron la
moción.
  —Está bien... hablare con ella. Accedió Arnold y se levantó de su
silla.
  —Suerte la vas a necesitar. Le dijo Gerald.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  El chico salió de la biblioteca con aburrimiento, aquel asunto le
pareció una exageración, más muy en el fondo, él era entre todos el
que más deseaba que la antigua Helga volviera.
***
  En el salón de informática, Helga estaba frente al computador,
chateando, bajo el seudónimo de “Voz Ronca” el señor Simmons
entró en ese momento y se acercó a ella.
  —¿Helga puedo hablar contigo? Preguntó
  —Sí, señor Simmons. Contestó Helga digitando.
  —“Voz Ronca” creí que tu seudónimo era Helgoth. Dijo al ver el
nombre clave en la pantalla.
  —Lo cambié desde que tuve un incidente con un idiota llamado
“Golden Hero” Dijo Helga.
  —Ya veo... Helga quisiera hablar contigo sobre algo. Dijo el señor
Simmons. La chica dejó el teclado y le prestó atención.
  —Dígame. En ese instante Arnold entró al salón. Al ver al maestro
hablando con Helga, espero su turno tras la puerta, desde ahí pudo
escuchar la conversación.
  —He notado un cambio en estas últimas semanas.
  —¿De verdad?
  —Te has hecho muy buena amiga de uno de los alumnos de la 119.
Dijo el señor Simmons.
  —Si... de hecho es mi novio. Dijo Helga y Arnold no pudo evitar
hacer una mueca de disgusto.
  —Oh Helga te felicito, me alegro mucho, pero no es de eso de
lo que quiero hablarte, he notado que te has alejado de tus amigos...
estás totalmente aislada del grupo. Dijo el señor Simmons.
  —No puedo considerar amigos a unos bastardos, que me sacaron
del equipo de béisbol, se cafetearon mi cita y se burlaron de mí en
público. Añadió Helga cortante.
  —Bueno esa es una buena razón para querer estar aislada, sin
embargo tienes que tener en cuenta algo, los chicos son crueles y
muchas veces no saben medir lo que dicen o hacen, no creo que hayan

Hebo Freire

querido herirte a propósito.
  —¿Quiere apostar? - Helga se volvió a la pantalla y escribió una
respuesta a su contacto “el señor oscuro” - las cosas están muy bien
así.
  —Helga... creo que les haces falta. Afirmó el maestro.
  —Si claro cómo no.
  —Creo que deberías considerarlo. Intercedió el maestro
  —Esos idiotas me humillaron en público pero me ayudaron en
cierto modo. Al principio me horrorizaba que la gente se enterara de
mis asuntos, pero después de pasar por ello, me di cuenta de que no
es tan terrible, ya puedo decir sin ningún tipo de temor lo que siento,
puedo decir ¡Amo a Arnold! y sé que el mundo no se va a acabar.
  El maestro la escuchó con atención en silencio y luego cayó en
cuenta, quedando igual de impactado que el chico que aguardaba en
la puerta.
  —¡¿A quién?!
  Helga no pareció caer en cuenta de su error.
  —Anthony eso fue lo que dije. Dijo Helga algo extrañada de sí
misma.
  —Tu dijiste otro nombre... aseguró el señor Simmons.
  —No, dije Anthony A-r... es decir A-n-t-h-o-n-y. Helga se corrigió.
El subconsciente le seguía jugando malas pasadas, ya se parecía a su
padre cambiándole el nombre de las personas. Helga cerró la sesión
del chat.
  —Puedes considerar reintegrarte al grupo como antes, ser más
participativa. Pidió el señor Simmons.
  —Lo pensaré. Dijo ella y salió del salón, empujando la puerta,
golpeando al chico que estaba tras de esta. El maestro la siguió hasta
la salida.
  —Esto va mal, se me va desintegrar el grupo antes del final de año.
Se lamentó el señor Simmons apesadumbrado.
***
  Escuchó la conversación y escuchó claramente esa última frase,

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

que aunque parecía ser un error por parte de ella, no dejaba de ser
inquietante. Arnold siguió a Helga hasta las escaleras. Ella había
subido saltando de dos en dos los escalones y luego se detuvo, había
olvidado algo, se giró saltando hacia abajo, sin ninguna precaución y
cayó sobre Arnold. Lo que sucedió después fue una de las cosas más
insólitas que les pudo suceder esa temporada. Cuando Helga abrió los
ojos, se vio sobre Arnold, sus labios sobre los suyos, fundiéndose en
un beso accidental y por un momento su vehemente amor despertó
Arnold no luchó se quedó inmóvil, mientras Helga cerraba los ojos
olvidándose del mundo entero, pero reaccionó quitándose tan rápido
como pudo, quedando contra la pared, no dijo nada ni tampoco su
interceptor y entonces Helga se deslizó por la pared como un cangrejo
hasta llegar abajo, y se perdió de vista.
Gerald subió las escaleras y se encontró a Arnold en el suelo.
  —¿Qué haces ahí? - Preguntó extrañado – ¿la conversación se
tornó hostil?
  —No... Pero me acaba de pasar algo tan extraño. Le dijo Arnold
inmóvil.
 —¿Extraño?
 —Si...
  —¿Pudiste hablar con Helga?
  —No pero...
  —¿Pero qué?
  —¿Por qué rayos tiene que besar tan bien? Se preguntó en voz baja.
  —¿Que? preguntó Gerald sin entenderlo.
  —Nada. Dijo el chico poniéndose de pie pasándose la manga de su
jersey por sus labios, tratando de borrar lo imborrable.
***
  ¿Qué era lo que quería decir el destino con eso? Acaso estaba
escrito que no importaba lo que pasara, siempre habría un punto
en el camino, donde se encontrarían. Tanto Helga como Arnold
gastaron horas pensando en ese beso sin poder sacarse esa imagen,
esa sensación tórrida que los invadía. Helga daba vueltas como un

Hebo Freire

perro persiguiendo su cola sobre la cama, tratando de dormirse y en
Sunset Arm, el chico contemplaba su planta de hojas alborotadas
como su cabello, tratando de distraer sus pensamientos, pero le resultó
imposible.
  Encendió el estéreo buscando distraerse, una canción de los Beatles
comenzó a sonar era una canción llamada “You’re going to lose that
girl” y fue como si esa canción le quisiese decir algo, molesto intento
cambiar de emisora pero el control no respondió, se le había agotado
la batería. Cuando el abuelo Phil entro a la habitación, encontró a su
nieto peleando con el aparato de sonido.
  —¿Te sucede algo malo hombre pequeño? - Interrogo el abuelo,
viéndole desconectar el aparato del toma corriente con fría furia– es
muy raro verte de malas pulgas.
  —Nada - contestó el chico - es decir no sé, es una tontería.
  —No te guardes nada, eso es perjudicial para la salud. Le aconsejó.
  —Bueno – dijo Arnold y caminó hacia a la cama - hay algo que me
molesta y no debería molestarme.
  —¡Ah! otro dilema de juventud - Añadió el abuelo rascándose la
cabeza - algo te tiene inquieto, déjame adivinar, no es por los exámenes,
ni miedo a una guerra biológica… entonces debe de tratarse de una
niña. Si eso es, se trata de una niña más exactamente esa niña de una
sola ceja.
  El chico tenía que admirar la extraordinaria percepción de su abuelo
Phil.
  —Algo así. Dijo sin muchas ganas de hablar del asunto tras arquear
las cejas.
  —¿Que te hizo ahora? ¿Alguna maldad?
  —No, nada ese es el problema Helga ha cambiado conmigo.
  —¿En serio?
  —Bueno no es la Helga que yo conozco, dejo de ser esa niña mala,
ya no me molesta, sé que debería estar feliz pero...
  —¿Pero...? Preguntó Phil animándolo a seguir pero Arnold se
quedó sin guion.
  —No sé...
  —¿La echas de menos?

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —No exactamente.
 —¿Entonces?
  —Es que... Arnold no sabía ni por donde comenzar para explicar
su malestar.
  —¡Ah pequeño! Tenemos un serio conflicto sentimental, cuéntame,
no seré de gran ayuda, pero me encanta escuchar esas novelas. Dijo el
abuelo sentándose a su lado, sobre la cama.
  —Esta bien, lo intentare, todo empezó cuando Helga casi se
ahoga... no espera cuando salvamos el vecindario ¿recuerdas cuando
salvamos el vecindario?
  —¿Cómo lo voy a olvidar? Soy el abuelo del héroe que salvó al
vecindario, verte me lo recuerda todo el tiempo y también me lo
recuerdan, las cuatro demandas por destrucción en propiedad ajena.
Dijo el abuelo haciendo una mueca de disgusto
  —El caso es que omití algunos detalles, Gerald y yo no fuimos los
únicos que salvamos el vecindario, Helga también estuvo involucrada,
nos ayudó hasta el final, de hecho fue una pieza clave. Reveló Arnold.
  —Esta historia va para largo, hubiera subido algo de comer añadió Phil - y ¿cómo los ayudó?
  —Fue ella quien nos dijo dónde estaba el documento, que declaraba
al vecindario como patrimonio histórico y lo hizo bajo una identidad
secreta llamada Voz Ronca.
  —¡Anda! en donde he visto esas mañas, ¡ah claro! las veo dando
saltitos de alegría todas las mañanas. Dijo el abuelo aludiendo a su
esposa
  —La descubrí escondida en la torre de Industrias Futuro.
  —¿Y qué pasó?
  —No sé si lo dijo en serio, pero dijo que me amaba - dijo el chico
retorciendo los dedos de sus manos - y desde hace muchos años y
que había hecho no sé qué cosas por mí, no logro recordar nada de lo
que me dijo, todo fue tan rápido, lo único que recuerdo es que pensé
seriamente en saltar de la azotea.
  —Te lo dije chaparro, a esa niña le agradabas y tú no me creías–
dijo el abuelo risueño – eso me hace recordar cuando tu abuela se
declaró, por que fue ella quien se declaró hace muchos años cuando

Hebo Freire

menos lo esperaba, ella declaró su amor de la forma más clara, me
dijo “en que idioma tengo que decirlo pedazo de animal, te quiero”
y nos besamos en medio de los rieles del tren, mientras dos trenes
pasaban al mismo tiempo, luego sin que lo pudiéramos evitar, ambos
dimos rienda suelta a todo lo que habíamos guardado durante todos
esos años y desatamos un fuego que pudo a ver quemado unos cuantos
bosques. Esa noche ella fue mía de todas las formas posibles… - el
abuelo sonrió pícaramente al recordar lo candente que se puso aquella
situación pero al ver la mirada desconcertada de su nieto se detuvo. –
pero esta es tu historia Arnold así que sigue… entonces ¿llegaron a la
primera base? ¿O que sucedió?
  —¡Abuelo! Dijo Arnold.
  —Déjame adivinar, corrieron a salvar el vecindario en un autobús
que terminó estrellándose contra la acera, se salvaron, salvaron el
vecindario todos nos abrazamos y vivimos felices para siempre y
comimos tomates FIN - resumió rápidamente el abuelo - pero ¿y en
que quedaron?
  El chico rodó los ojos a un lado.
  —Resolvimos que todo había sido por el calor del momento. Al
día siguiente, ella siguió odiándome y yo tolerándola, como si nada
hubiera pasado.
  El abuelo esperaba escuchar algo muy diferente, lo habían dejado
con la miel en los labios.
  —¿El calor del momento? - replicó desconcertado - ¡Ay Arnold!
en mis 81 años de vida puedo decir que esa es la excusa más estúpida
que escuchado, o sé qué pienses enano, pero para mí, esa fue una
declaración con todo y en mayúsculas. En el calor del momento se
dicen muchas verdades y pocas mentiras.
  Aquella afirmación tomó por sorpresa a Arnold.
 —Entonces… ¿aquella confesión era cierta? O ¿Solo lo dijo para
burlarse de mí? Pensó Arnold desconcertado.
  —Pero el cuento no termina ahí ¿cierto chaparrin?
  —No, después de eso, todo volvió a la normalidad, no volvimos
a mencionar el asunto, yo me sentí aliviado de que hubiera sido una
broma, pero el día que Helga fue salvada por ese chico todo cambió,

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

después de eso Helga y él... Por más que lo intento no pudo completar
la frase.
  —Están juntos como en esa película de “Máxima velocidad” Que
buena película, esa niña Sandra Belloch tiene lo suyo. Dijo el abuelo.
  —¡Abuelo! estas desviando el tema. Replicó Arnold.
  —Te preocupa mucho que ese par estén juntos - Dijo Phil volviendo
al tema - no será que esa niña de una sola ceja, te está moviendo el
suelo.
  —Helga no me gusta, abuelo - afirmó Arnold sin causarle gracia es la niña que ha hecho mi vida miserable todos estos años.
  —Y no soportas que eso cambie ¿verdad?
  —El cambio es bueno.
  —No siempre hombre pequeño, no siempre, creo que tú lo sabes
mejor que nadie. Dijo el abuelo y se puso de pie. El chico se quedó
en silencio mientras el abuelo caminaba hacia la puerta.
 —Me gustaba la antigua Helga. Pensó
  —Lo único que sé a ciencia cierta es que si pasas demasiado de un
pastel que quieres probar, porque temes que pueda matarte por tener
mucho azúcar, tarde o temprano alguien terminará por comprarlo y
se lo comerá y lo disfrutará y tú nunca sabrás que tan sabroso era ese
pastel en realidad y te quedaras con las ganas. Dijo el abuelo.
  —Pero tal vez el pastel no sea tan delicioso.
  —¿Cómo lo sabes? si nunca lo has probado, puede ser la cosa más
horrible del mundo, o un manjar de los dioses. - Dijo el abuelo y salió
de la habitación encontrándose a la abuela con unas galletas en un
plato - No Pookie, ahora no, Arnold no quiere nada, esta de malas
porque alguien se está robando a su mujer.
  —¡ABUELO! Gritó el chico molestó, pero el abuelo no le hizo
caso y cerró la puerta. Arnold suspiró pesadamente y le cambio las
baterías al control remoto.
***
  Los terribles recuerdos de Helga lo siguieron hasta el final de la
jornada, desconcentrándolo por completo, olvido hacer sus deberes y

Hebo Freire

Gerald le dio una paliza en ajedrez, en su juego habitual de los viernes
por la noche en Sunset Arm.
  —Jaque mate. Dijo con satisfacción el chico mientras ejecutaba su
jugada ganadora.
  —Ok. Dijo Arnold con aburrimiento y volcó su ficha sobre el
tablero.
  —No protestes mucho. Dijo Gerald al ver que tomaba su derrota
muy bien.
  —Juguemos a otra cosa. Dijo Arnold.
  —¿Que? Preguntó Gerald dándole un trago a su bebida, una gaseosa
yahoo.
  —Otra cosa.
  —Arnold, tu no quieres jugar a nada, de eso ya me di cuenta, te
gane en menos de 5 minutos, lo cual nunca pasa, tu carencia de interés
me resulta inquietante. Dijo Gerald.
  —Lo siento, viejo pero es que… Dijo él.
  —No me digas, ya lo sé… - Dijo Gerald cerrando los ojos – se trata
de una chica.
  —Si. Confesó Arnold.
  —¿Es alguien que yo conozco?
  —Si. Dijo Arnold.
  —¿Quien? Preguntó a la vez que levantaba al rey caído sobre el
tablero y lo volvió a poner en su posición. Arnold lo pensó muy bien,
no estaba muy seguro de querer revelarle esa información a Gerald,
le podría explotar la cabeza si se enteraba lo que estaba pasando
realmente, imaginó la escena y luego suspiró.
  —Es una chica de la escuela. Dijo Arnold.
  —Nombre - Dijo Gerald y el chico se encogió de hombros – por
favor viejo, soy yo Gerald, tu mejor amigo, casi soy un hermano para
ti.
  —Esta bien, está bien, se trata de… Arnold titubeo un instante,
como si le costara terminar la frase.
  —Helga… le ayudó Gerald con tranquilidad sin sorprenderse en
absoluto.
  —¡Si! Ella, se trata de ella.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —¿Qué pasa con ella? Preguntó él.
  —Ella dijo que me amaba… respondió Arnold y esta vez Gerald si
se sorprendió.
  —Espera un momento, esto lo amerita… - dijo Gerald y le dio un
gran trago a su gaseosa y luego lo escupió toda sobre el tablero, lo
cual no le causo gracia a Arnold – ¡HELGA G. PATAKI! ¿En serio?
¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿A qué horas?
  —Si Helga, en el edificio de industrias Futuro, cuando salvamos el
vecindario, aproximadamente a las 6:30. Dijo Arnold y no contestó a
él “¿cómo?”
  —Sabía que había algo raro, pero esto fue una bomba, te lo tenías
bien guardado, pensabas llevarte el secreto a la tumba – comentó
Gerald divertido – ¿y que le respondiste?
 —Nada.
  —¡Nada! ¿Cómo que nada? ¿Me estas tomando el pelo?
  —Llegamos a la conclusión que fue por el calor del momento.
  —Si claro, porque en los momentos de alta presión, lo primero que
hago es besar a mi peor enemigo.
  —¡Gerald! Se quejó Arnold.
  —Así que, por eso estas así, todo empieza a tener sentido.
  —Pero Helga lo dijo para molestarme, lo dijo para tener un motivo
más para hacer mi vida miserable.
  —Pero te quedo sonando lo que dijo.
  —¡Helga no me gusta! Es solo que… Dijo Arnold y Gerald puso
sus codos sobre la mesa.
  —Vamos a dejarlo claro, Helga no te gusta pero te molesta que
salga con ese chico – Gerald lo meditó – Estás muy adelantado a tu
tiempo, tendrías que estar al menos en sexto grado para tener estos
dilemas amorosos, para estar enamorado como lo estás.
  —¡No estoy enamorado! Protestó Arnold.
  —O es una cosa o es la otra, jamás hay un punto medio, - Gerald
se levantó de su silla – voy a serte sincero, Helga es la persona
más irritante y fastidiosa del mundo, no está en mi lista de personas
favoritas, pero… algo bueno debe tener o Phoebe no sería su mejor
amiga, además es la primera vez que te veo de esta forma, antes

Hebo Freire

cuando te gustaba alguien, te comportabas como un tonto, pero ahora
es como si te desconectaran el cerebro del el resto del cuerpo y eso
es desesperante.
  —Helga no es esa persona especial que estoy buscando, además
ella tiene a ese tipo y me odia. Ratificó Arnold.
  —¿Y si hablaba en serio? Fuzzy dice que si una chica te molesta
hay un 50% de probabilidades de que en realidad le gustas, aunque yo
siempre vote por el otro 50%.
  —Ella me odia, es una verdad universal. Dijo Arnold con los brazos
cruzados.
  —Y a ti te gusta, ¿cierto?
 —No.
  —Vamos Arnie no le des vueltas al asunto, admítelo de una buena
vez.
  —Está bien… de acuerdo –Arnold tomó aire – Helga… me agrada.
  —Te agrada ¿cómo?
  —Me agrada eso es todo, tiene algo que me gusta lo confieso pero
no puedo precisarlo.
  —¡Te gusta! no solo te gustan pelirrojas y lindas sino también
rubias y con moño rosa. Dijo Gerald sorprendido.
  —Helga me agrada, no tanto como Lila o Ruth, pero me agrada,
ella es como esa canción que no escuchas todos los días pero cuando
la escuchas… Arnold de pronto se sintió flotar. Gerald se compadeció
de su amigo le había pasado la peor de las desgracias y no quería
admitirlo.
  —Te compadezco mira que enamorarte de Helga, hombre, mañana
se va acabar el mundo.
  —¡Gerald! ya te lo dije Helga no me gusta, no de ese modo,
solo me agrada, no estoy enamorado de ella y no significa que se
va cumplir la profecía de la corona de papel –Arnold se refería al
origami defectuoso de Rhonda que adivinaba la suerte – y termine
casado con ella.
  —No, ella se va a casar con el héroe que salvó su vida – dijo Gerald
y le dio la espalda y se dirigió a la puerta volviéndose a Arnold y vio
su cara de disgusto – ese final tampoco te gusta ¿cierto? Eres un caso

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

perdido.
  Gerald se fue dejando al chico aún más desconcertado. Arnold
suspiró y se levantó de su silla lanzándose sobre su cama, mirando
hacia las escasas estrellas que brillaban en el cielo urbano a través
del tragaluz, de pronto le pareció que las estrellas se agolpaban y
formaban una curiosa constelación, la figura de Helga amenazándolo
con su puño.
  —Esto no puede estar pasándome a mí. Dijo y tomó una de las
almohadas y la puso sobre su cara queriendo ahogar eso que lo mataba.
***
  Arnold se quedó dormido pocos minutos después.
Sin darse cuenta, se encontró en medio del comedor de la escuela,
solo en una de las mesas. A la distancia vio a Helga y Anthony felices
y ajenos del mundo que los rodeaba.
  —Parece feliz. Se dijo así mismo.
  —Eso no te hace feliz - dijo alguien y Arnold se volvió,
encontrándose a Cecile - no te hace muy feliz.
  —Lo estoy. Dijo.
  —No pareces. Dijo esta vez Hilda la chica que apareció una vez en
uno de sus sueños, desde el otro lado de la mesa bajando una revista.
  —Si, lo estoy, ella ya no me molesta, al fin me ha dejado en paz.
Afirmó él.
  —¡Mentiras! - Negó Hellgirl apareciendo con su vestido negro y
cola de diabla - es increíble que alguien como tú le guste mentir.
  —No estoy mintiendo. Aseguró Arnold.
  —¿Por qué mientes Arnold?- la diabla se detuvo justo frente a él y
lo cercó con uno de sus pies - confiésalo… esto te afecta y te afecta
mucho.
 —No.
  —¡Sii!
  —Noo, no me afecta en absoluto.
  —No te creo… aunque pretendas que no pasa nada, que te alegre,
esa alegría es falsa, en el fondo te estás muriendo, te enferma verlos

Hebo Freire

juntos. Dijo Hellgirl.
  —Por supuesto que no. Negó el chico con absoluta convicción.
  —Vamos estúpido cabeza de balón admítelo, no quieres que Helga
fastidie a nadie más que a ti, no quieres que Helga se fije en nadie más
que en ti, no quieres que Helga bese a nadie más que a ti. Sentenció
Hellgirl.
  —¡No es cierto! negó Arnold. Ella se acercó a él sugerente, su cola
zigzagueando en el aire
  —Entonces ¿Por qué no puedes dejar de pensar en ella? ella no
es linda ¿cierto? No te pierdes de nada, no es tu chica ideal, y sin
embargo estás loco por ella.
  —No es cierto. Dijo él y saltó de la silla escapando de Hellgirl
y entonces al llegar a una esquina se estrelló con alguien y cayó al
suelo, al levantar la mirada se encontró con Helga de frente.
  —Arnold, pero que tarado, que bufón con cabeza extraña, que
torpe, ¡Como te odio! Dijo ella con absoluto desprecio.
  —¿De veras? preguntó Arnold poniéndose de pie, enfrentándola
como un enemigo a muerte.
  —Y sin embargo... dijo Helga y su expresión cambió totalmente,
y sin pensarlo, lo rodeo con sus brazos y le besó los labios. Arnold
se quedó inmóvil con los ojos muy abiertos, y luego rodeó su cintura
con sus manos.
  —¡Y sin embargo te amo! Dijo ella al liberarlo de su beso y sus
palabras calaron en lo más profundo de su corazón.
  —Yo también... - Confesó él– Ya no puedo seguir negándolo ¡yo
también! Helga, realmente yo te…
  —Entonces por qué no me salvaste... reclamó ella y de repente un
relámpago retumbó en sus oídos. Arnold abrió los ojos, levantándose
de golpe, buscando a Helga, pero ella no estaba a su lado. Solo fue
un sueño, un sueño tan lúcido como los anteriores. Se dejó caer sobre
la cama y se lamentó desconsolado queriendo arrancarse el corazón,
sacar de su mente a ese demonio con moña rosa para que no lo
atormentara más pero ¿Por qué lo atormentaba? ¿Porque se sentía así
cuando ella lo besaba? como si le cayera un rayo ¿Por qué?
  La respuesta era obvia y no tuvo otra opción que aceptar lo que nunca

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

creyó posible, en esa vida o en cualquier otra. Arnold reconoció con
tristeza que estaba, de manera apasionada e irremediable, enamorado
de Helga G. Pataki. Sin embargo, la idea no le causó alegría, júbilo, ni
consuelo, sólo el sabor amargo de la derrota. Cómo se reiría Helga si
lo supiera. Se reiría de él y haría que todos se burlaran también, y lo
torturaría hasta hacer de su vida un verdadero infierno, o simplemente
lo ignoraría y seguiría su vida felizmente a lado de su nuevo amor,
Arnold no sabía que era peor.
***
  Helga soñó esa noche, cuando por fin pudo dormir, soñó que estaba
pérdida en el jardín botánico y buscaba la salida a ese gran laberinto
de flores y césped que no parecía tener fin.
A la distancia vio a Anthony.
  —¡Oye Anthony! espérame - le pidió siguiéndolo, Anthony no la
escuchó y se perdió a la distancia- espérame no me dejes aquí.
  Helga fue en su persecución y entonces alguien la tomó del brazo
jalándola hacia la pared de flores, obligándola a traspasarla, ella cayó
en los brazos de alguien, alguien que le robó un beso y lo hizo tan
apasionadamente que los zapatos de Helga casi salen disparados,
pero se llevó una gran sorpresa, cuando vio que quien le robaba ese
beso tan increíble no era Anthony.
  —¿Arnold?! - ella no podía creerlo y trató de zafarse – ¿Qué diablos
haces aquí?
  —Helga mi alma, vuelve a mí. Le dijo él abrazándola.
  —¡No! déjame en paz, ¡Vuelve al olvido y no vuelvas nunca!
Exclamó ella.
  —No lo hare porque te amo. Contestó él y Helga despertó, dando
un grito.
 —¡No!
  No se encontró en los brazos de nadie, se encontró en la penumbra
de su habitación. Alguien llamó a su puerta.
  —Helga cariño escuche un grito ¿estás bien? escuchó la voz de su
madre al otro lado de la puerta.

Hebo Freire

  —Si Miriam estoy bien. Dijo Helga.
  —De acuerdo. Su madre se retiró a su habitación.
  —Pasas de ser obsesión a ser tentación, desalmado, pero no me
dejaré llevar - Helga sacó de su librito azul, una tira de fotos donde
estaban plasmados Anthony y ella, haciendo muecas y sonriendo
- Me gusta Anthony, me gusta Anthony yo lo... sus palabras se
cortaron.
  El desconcierto se apodero de ella, si solo los besos de Anthony
tuvieran esa chispa, si solo en su vida no existiera Arnold, si no
tuviera atravesado su recuerdo como una estaca en el corazón, si
solo pudiera olvidar su nombre y todas las letras que lo componen.

Hebo Freire

Parte 13
  Le resultó más difícil afrontar a Helga ahora que el asunto
involucraba al corazón. Al entrar al salón al día siguiente, la encontró
sentada en el primer pupitre junto a la puerta. Arnold la miró y ella
le devolvió la mirada, pero no fue una mirada amistosa fue más bien
la de un verdugo. El chico fue hacia su puesto mientras Rhonda lo
observaba atentamente.
  —¿Y bien? Preguntó ella sentada en el pupitre del lado.
  —¿Y bien qué? Preguntó Arnold distraído.
  —¿Cómo te fue con Helga?
  —No he hablado con ella.
  —¡Hmm! podríamos idear otra cosa - Comentó Rhonda mirándose
al espejo que llevaba consigo – se lo difícil que es para ti tratar con
alguien como Helga.
  —Ya encontraré una solución Rhonda no desesperes, si no hago
que Helga vuelva el equipo, idearemos otra cosa. Dijo Arnold con los
ojos entornados y Rhonda notó que estaba actuando extraño, como
ajeno del mundo.
  —¿Todo está bien, Arnold?
  —Sí, estoy bien. Dijo él y miró de reojo el espejo que Rhonda
sostenía en su mano, en diagonal vio a Helga jugando en su PSP.  
Se preguntó por qué entre todas las chicas precisamente tenía que ser
ella la que lo hacía sentir de ese modo.
***
  Después de la escuela, Helga corrió a encontrarse con Anthony y
fueron a pasear. Luego de comprarse unos helados, se sentaron al
final del muelle para contemplar el ocaso.
  —Así que ese es el significado. Llegó a la conclusión Anthony

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —Si ni más ni menos. Dijo Helga dándole las últimas mordidas a
su helado.
  —Vaya eso es muy teológico. Dijo Anthony.
  —Siempre hay algo nuevo por descubrir. Dijo Helga y lanzó el
palillo al mar. Anthony se volvió hacia ella y la contempló, notando
que estaba muy distraída.
  —¿En qué piensas? Preguntó Anthony y Helga se enderezó.
  —En nada – dijo ella - Solo me preguntaba si siempre vamos a
estar juntos.
  —Pero claro que sí, Helga, siempre vamos a estar juntos, estar
contigo es lo mejor que me ha pasado en la vida. Dijo él tomándola
de las manos.
  —Yo también pienso lo mismo... - Helga entornó los ojos – jamás
espere conocer a alguien como tú.
  —¡Te amo Helga! Dijo Anthony acercándose para besarla.
  —¡Yo también te amo, Arnold! Dijo Helga y cerró los ojos.
  El disco de vinilo se rayó en ese momento. El chico abrió los ojos
de inmediato.
  —¿Cómo me llamaste? Preguntó Anthony con asombro.
  —Anthony... eso fue lo que dije.
  El chico estaba enamorado, pero no era sordo ni mucho menos
estúpido, había escuchado perfectamente como le llamó, trató de
recordar donde había escuchado ese nombre.
  —Vamos. Le dijo Anthony y se pusieron de pie.
 —Maldición. Pensó Helga muy consciente de su garrafal error.
Ambos caminaron por el muelle, entonces el chico se detuvo un
instante.
  —Quiero aclarar una cosa... ¿cuándo me ves en quién piensas?
Preguntó Anthony
  —¿Que pregunta es esa? Por supuesto que en ti. Afirmó Helga con
total convicción.
  —¿De verdad? Preguntó el chico sin evitar las dudas. Helga vio
una sombra proyectada sobre ella, la cual curiosamente pareció ser la
de su antiguo amor, alzó la vista y se encontró bajo una palmera.
  —Claro - dijo ella nerviosa - me disculpas un momento.

Hebo Freire

  Anthony la observó, no le gustó lo que había escuchado, escuchar
ese nombre, le hizo recordar ese relicario cuya fotografía no pudo
ver ¿Sería posible que…? Empezó a sospechar algo malo desde ese
mismo momento.
Helga fue al baño de mujeres y se encerró en el primer cubículo que
encontró, llevándose una mano a la frente.
  —A ver... Siempre encuentras la forma adecuada para fastidiarme
¿Por qué no me dejas en paz? ¿Por qué me persigues? ¿No estás de
acuerdo en que me fije en alguien más? ¿Sientes envidia? ¡Pues
puedes irte al diablo porque yo no volveré a tu altar!
  —¿Que pasa ahí? Preguntó una de las encargadas del aseo, al
escucharla hablar a grandes voces.
  —Estoy hablando por teléfono - Contestó Helga y siguió con su
soliloquio acusador - está decidido voy arrancar cada raíz, borrare
cada prueba de tu existencia, cada letra, este mundo jamás sabrá que
una vez ame a un chico con cabeza de balón y que perdí mi tiempo. 
  Helga podía pensar que ya no podía escribir pero no perdía el toque,
aun si sus palabras eran una elegía.
***
  La obsesión por Arnold volvió a reinar en su corazón, comenzó
a ver a ese chico hasta en la sopa y no era en broma, su nombre se
formó con las letras que componían el consomé que le sirvió su madre.
Helga empujó el plato y se retiró impacientemente del comedor.
  —Helga no has terminado. Le reclamó Miriam en el mismo
comedor.
  —No me siento bien. Se excusó ella sin detenerse, pasando junto
a un espejo, no vio su reflejo, sino el reflejo del chico con cabeza
de balón. Helga se devolvió inmediatamente para verificar lo visto,
no había nada en ese espejo salvo su propio reflejo desconcertado.
Helga sacudió su cabeza y dirigió sus pasos hacia el garaje y tomó
una palanca, y luego fue a su habitación, hacia su armario, suspiró
pesadamente mirando hacia el techo y trepó por la escalerilla,
rompiendo el candado con facilidad con la ayuda de la palanca. La

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

trampilla se abrió fácilmente y fue como si hubiera abierto la puerta
de alguna tumba misteriosa. Helga encontró el santuario en ruinas,
abandonado y empolvado, con todas las cajas y libros intactos.
  Se sintió en otro planeta, contempló el lugar y se fijó en una de
las paredes. Había una versión de la capilla Sixtina muy al estilo de
Helga se plasmada en el muro.
  —Esto ya se está volviendo psiquiátrico - Dijo Helga caminando
por los alrededores - pero tengo que arrancar todo esto de mí, aunque
tenga que arrancarme el corazón, aunque tenga que arrancarme el
corazón, yo Helga G Pataki tengo que olvidarlo.
  El ojo de dios giró hacia ella, mirándola atentamente mientras
ensanchaba su sonrisa, pareció decirle “si como no”.
  —Ah ¿No me crees? Preguntó Helga y encontró un encendedor el
cual prendió con una sonrisa malévola.
  —Voy a quemar este lugar, lo reduciré a cenizas. Dijo Helga,
decidida a borrar toda prueba de su loco amor por Arnold.
  El teléfono comenzó a sonar, Helga lo ignoró y empezó regar
alcohol sobre la primera caja. El aparato dejó de timbrar luego de 5
intentos.
  —Olga te buscan... le avisó el gran Bob desde la sala.
  —Gracias papá. Dijo Helga dejando lo que estaba haciendo y
contestó luego de saltar desde la escalerilla, era Anthony
  —Hola Helga amor, ¿te gustaría ir a la feria del vecindario?
  —¿La feria del vecindario? - Preguntó Helga mirando el calendario,
había un círculo tachando un 20 - la olvidé por completo.
  —Es esta noche ¿te gustaría ir? Preguntó Anthony.
  —Si claro, iremos juntos. Aceptó Helga.
  —De acuerdo, pasaré por tu casa las 5:00 pm ¿te parece?
  —Si está bien cielo, nos veremos a esa hora aquí, estoy ansiosa por
verte de nuevo. Dijo Helga.
  —Te amo.
  —Yo también - Helga colgó y se recostó en su cama sintiéndose
mucho más tranquila - Mi primera feria y no tengo que pensar en
conspiraciones sino en pasarlo bien... excelente.

Hebo Freire

***
  El timbre de la casa la sorprendió, Helga miró el reloj eran las 4:50
de la tarde, pensó que Anthony se había adelantado.
  —Antes de tiempo, pero no importa mi amor. -Se dijo mientras
bajaba por la escalera - yo abro.
  El gran Bob solo respondió con una silaba desde su sillón. Helga se
paró frente a la puerta pensando en la mejor forma de recibirlo.
  —Tengo que demostrarle que él es el único que me importa y
lo mejor que puedo hacer es darle todo mi afecto y eso solo puede
hacerse de un modo, seré asquerosamente tierna. Helga imaginó la
escena, ella abriendo la puerta y saltando a los brazos de Anthony
quedando dulcemente contra su pecho, diciendo hermosas frases de
amor y luego un beso. Si, cursi y repugnante, justo lo que necesitaba
hacer para que Anthony supiera que realmente lo amaba. El timbre
volvió a sonar.
  —¿Olga vas a abrir o no? Graznó el gran Bob.
  —Si ya voy. Dijo Helga tomando el aire necesario y abrió de golpe,
saltando sobre el recién llegado con los ojos cerrados y abrazándolo
como si de un oso de peluche se tratara.
  —¡MI VIDA! Cuanto te extrañe, por qué te amo, te amo, como
no tienes ni idea, porque mi amor por ti es más grande que el sol
y las estrellas ¡Te amo! Mi adoración, mi razón de ser, mi dosis de
azúcar de cada día. Emocionada como estaba diciendo toda su retahíla
romántica, Helga no se dio cuenta de que algo estaba mal, hasta que
lo noto, según sus cálculos, Anthony era más alto que ella, por lo
tanto, si ella saltaba a sus brazos, su cabeza quedaría cómodamente en
su pecho y no al contrario. Helga empezó a tantear con sus manos al
sujeto, tratando de averiguar qué rayos estaba abrazando, contó cinco
puntas de un lado y cuatro del otro, notando que parecía una estrella,
también se encontró que aquella cabeza pegada a su pecho tenía una
forma muy particular. Al final decidió abrir los ojos y bajar la mirada,
encontrándose con Arnold. Si esa hubiera sido una caricatura Helga
seguramente se hubiera roto en mil pedazos, como una porcelana
o sus ojos se hubieran salido de sus cuencas al verlo, pero esa era

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

la realidad y su única reacción fue empujarlo y saltar hasta quedar
pegada contra la puerta.
  —¡¿Qué demonios estás haciendo aquí tú grandísimo estúpido,
melenudo y zopenco cabeza de balón?! Exclamó Helga furiosa
despegándose de la puerta.
  El chico se puso de pie, algo nervioso.
  —Disculpa Helga, solo vine a verte. Explicó.
  —¡¿A verme?! Preguntó Helga y su pregunta sonó como el ladrido
de un lobo que lo hizo temblar.
  —Si, para aclarar sobre... trató de explicar Arnold.
  —Si ya se, fue un accidente, como tu nacimiento, no tienes que
decirlo. Lo interrumpió Helga tranquilizándose, pensando a que se
refería a lo sucedido en la escuela.
  —No me refiero a eso - Dijo Arnold y luego cayó en cuenta del
significado de sus palabras - ¡Oye! ¡Eso me dolió!
  —¿Ah no? ¿Entonces? - dijo Helga ignorando su reclamo - ¿Qué
quieres?
  Arnold dio unos pasos adelante, Helga retrocedió.
  —Helga... yo.
  —Habla rápido Arnoldo no tengo todo el día. Dijo Helga
impacientándose.
  —Bueno, mañana vamos a jugar todos en el campo Gerald, me
preguntaba si te gustaría ir. Dijo Arnold.
  —¿Al campo Gerald? ¡Me echaron! ¿Lo olvidaste? Declararon ese
día, un día nacional. Le recordó Helga poniendo sus brazos en jarras.
  —Lo chicos quieren que vuelvas, tenemos una mala racha y yo, es
decir ellos creen que tú puedes ayudarnos. Dijo Arnold
  —¿Viniste aquí solo para decirme eso? Arnold, un tipo llamado
Graham Bell inventó el teléfono, un aparato muy útil para dar este
tipo de mensajes sin importancia o en su defecto pudiste enviarme un
correo electrónico con todos los detalles al respecto. Dijo Helga con
sarcasmo.
  —Tengo mis motivos para venir en persona Helga, te estoy... te
estamos echando de menos, esa es la verdad.
Helga dejó su rudeza por un momento.

Hebo Freire

  —¿En serio? ¿Los chicos me extrañan?
  —Sí, creo que el equipo ha perdido algo de fuerza, nadie ha podido
llenar el espacio que dejaste. Esa frase le robó una sonrisa a Helga.
  —Caray, no pensé que les fuera hacer falta – Helga no pudo evitar
recordar la vez que tuvo ese sueño donde nadie la extrañó - está bien
cabeza de balón, lo anotaré en mi agenda.
  —¡¿DE VERAS?! - preguntó Arnold emocionándose y sus ojos
verdes brillaron por un instante pero luego se recobró - es decir ¿En
serio? entonces te esperare… es decir te esperaremos.
  —Si, si, ahora lárgate, estoy esperando a alguien. Dijo Helga
mirando de reojo el reloj que marcaba las cinco y cinco minutos.
  —¿A quién? Quiso saber Arnold y Helga salió y bajo las escaleras
de su casa.
  —Eso a ti no te importa, vamos vete. Insistió ella y fue entonces
cuando vio a la distancia a Anthony. Helga se olvidó de Arnold de
inmediato y corrió hacia él, viéndose rodeada de un campo de flores.
Esta vez sí se lanzaría a sus brazos y viviría la escena que había
soñado, pero tropezó y cayó de cara contra el suelo, arrastrándose
varios metros, faltó poco para que echara chispas contra el pavimento.
  —¿Helga estas bien? Le preguntó Anthony corriendo a auxiliarla,
Helga levantó la cabeza, su cara quedó sucia igual que su ropa.
  —¡Maldita sea! Exclamó enfadada poniéndose de rodillas. Anthony
la ayudó a ponerse de pie, a la vez que Arnold llegaba.
  —¿Te caíste? Preguntó Arnold.
  —Noo, ¡Me barrí en segunda! exclamó Helga enojada
  —¿Que te pasó? Preguntó Anthony
  —¿Que no ves idiota? me caí. Helga se puso de pie, por suerte no
fue un accidente muy grave - quede hecha un asco.
  —Un poco - Dijo Anthony y fue cuando reparó en la presencia de
Arnold – Hola, no te había vuelto a ver, aún tengo tu juego.
  —No hay problema. Contestó Arnold.
  —Bueno dejemos la reunión social, ¡Anthony muévete! - Helga le
agarró una mano y se lo llevó casi a arrastras - nos vemos después,
cabeza de balón.
  Ambos se alejaron hacia la casa de Helga. Sin esperar respuesta

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

alguna de Arnold, él se quedó atrás, sintiendo una gran molestia
dentro de sí.
  —Es el chico que me prestó el juego, es de tu salón ¿cierto?
preguntó Anthony mientras llegaban a la casa Pataki.
  —Si, es un perdedor de mi salón, alguien sin importancia. Dijo
Helga impaciente
  —¿El perdedor tiene su nombre? Interrogó Anthony.
  —Si, cabeza de balón alias... Arnold. Contestó Helga distraída.
  Al escuchar ese nombre, Anthony parpadeó, fue como si hubiera
abierto la puerta de la revelación y hubiera encontrado algo realmente
desagradable.
***
  Luego de saludar al gran Bob y a una ausente del mundo real,
Miriam. Helga llevó a Anthony a su habitación.
  —¿Quién es Olga? Le preguntó Anthony, su padre la había llamado
así frente a él.
  —Es mi estúpida y perfecta hermana mayor. Le contestó Helga
malhumorada, su padre tenía la manía de llamarla “Olga” y les
cambiaba el nombre a sus amigos, había llamado Tony a Anthony.
  —No me habías hablado de ella. Dijo Anthony.
  —Viste todos los trofeos que están en la sala, todos son de ella,
ahora ya sabes que tengo una hermana, hablemos de temas menos
molestos. Helga se giró sobre sus talones,
  —Ya no estés molesta por eso, el que me haya llamado así está
bien, Tony es diminutivo de Anthony. Le explicó.
  —Si lo sé, pero no deja de ser molesto. Comentó Helga. Anthony
contempló la habitación.
  —Tienes una muy bonita habitación. Dijo y la chica se complació
con el cumplido.
  —Si, tiene el auténtico sello de Helga – dijo ella y salió por la
puerta - espérame aquí iré a cambiarme de ropa.
  —De acuerdo. Dijo él y Helga salió dejando la puerta abierta.
  Anthony revisó sus bolsillos buscando los boletos para la feria y

Hebo Freire

unas monedas se le cayeron, una fue a dar debajo de la cama. El chico
se puso de rodillas buscándola y se encontró un objeto brillante, lo
sacó sacundiendole el polvo, viendo bien, resultó ser ¡el relicario de
Helga! con la fotografía de ese chico con cabeza de balón, no le agradó
ese hallazgo y mucho menos lo que leyó. En el metal había tallada
una dedicatoria en grandes letras, revelando una dolorosa verdad.
“Arnold mi alma,
Tú siempre estarás en mi corazón,
Con amor Helga G. Pataki”
  Cuando leyó esto, le dolió tanto que pudo escuchar claramente
como su corazón se rompió en mil pedazos. Comprendió de la manera
dura que su chica realmente no era su chica, realmente ella nunca lo
había amado, ella amaba a ese chico no cabía ninguna duda. Anthony
comprendió desde ese instante que Helga nunca lo amaría, como él a
ella y tenía la prueba, ese relicario, esa gran piedra que se interpuso
entre ellos dos desde el principio.
  Después de eso no le quedó más que sonreír con amargura.
  —Ella tenía razón, este es un mundo gracioso, el héroe no se
queda con la chica. Murmuró él y guardó el relicario en la chaqueta
de Helga, luego se levantó como lo harían sus héroes caídos en sus
videos juegos y luego deambuló por la habitación, tratando de ocultar
sus sentimientos.
  —Ya volví - Anunció Helga ataviada con una nueva vestimenta,
otro vestido rosa y blusa blanca - ¿me demoré?
  —No, te ves preciosa.
  —Entonces ya estoy lista, partamos a la feria - Helga tomó su
chaqueta azul y le dio la mano a Anthony este la estrechó fuertemente,
ella lo notó raro – ¿Te pasa algo?
  —No nada... dijo él y le sonrió, Helga no le creyó,
Anthony se comportaba extraño, con frialdad, pero no
entendió de inmediato que algo grave había pasado.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

***
  La feria del barrio se celebraba cada año, Helga y Anthony la
recorrieron de pies a cabeza. Era la primera vez que Helga iba a una
feria acompañada felizmente con una pareja y con la única intención
de pasarla bien. Sin embargo no dejó de notar una cierta tristeza en su
voz. Se alejaron un poco de la feria hasta llegar a un lugar solitario.
  —¿Que sucede Anthony haz estado muy raro esta noche? Le
preguntó Helga parándose frente a él.
  —Descubrí una horrible verdad. Contestó Anthony sin ocultarle
nada.
  —¿Que descubriste? ¿Qué el conejo de pascua no existe? Preguntó
Helga tratando de bromear.
  —No, es mucho peor me temo. Aseguró Anthony sonriendo
levemente.
  —Peor ¿de qué hablas?
  —Helga, he pasado los mejores meses de mi vida y todo te lo debo
a ti, el haberte salvado fue lo mejor que pude a ver hecho, gracias por
mostrarte tal como eres, por ser sincera y cariñosa.
  —¿Por qué dices todas esas tonterías? parece que te estuvieras
despidiendo. Lo detuvo Helga frunciendo su ceja.
  —Por qué me estoy despidiendo. Aclaró Anthony y Helga no
entendió.
  —¿Te estás despidiendo? ¿De qué rayos estás hablando? ¿Te mudas
o qué?
  —Tú compartiste todo conmigo Helga, pero no compartiste lo más
importante, tu verdadero corazón y eso es porque ya se lo diste a
alguien más.
  —¡¿Qué?! No inventes, yo no he compartido mi corazón con nadie.
Protestó Helga.
  —No mientas... tú no has sido sincera conmigo y ¿sabes por qué
lo sé? Porque lo he visto, lo he leído y lo he escuchado, tú realmente
no me amas.
  —Oye no sé de qué tonterías hablas pero es enserio ¡yo te amo!
Como no tienes idea.

Hebo Freire

  Era la primera vez que decia que lo amaba, pero sus palabras
sonaron falsas tanto para sus oídos como para los oídos de Anthony.
  —Pero no me amas tanto como a tu adorado cabeza de balón
¿verdad?
  Al escuchar eso Helga sintió como si la hubieran golpeado con un
chorro de agua fría.
  —¿Cómo lo supiste? Preguntó.
  —Eso es algo evidente preciosa... tú lo amas como a nadie en el
mundo, eso se nota a millas.
  —Pero ahora a quien amo es a ti, renunciaría al calor del sol solo
por estar contigo. Dijo Helga.
  —Renunciarías a la felicidad por estar conmigo y esa no es la idea,
yo no quiero que estés conmigo porque te salve la vida, quiero que
estés conmigo porque me amas como yo te amo a ti, pero sé que… - la
voz de Anthony se quebró, cerró los ojos y tomó aliento – sé que no
es posible y me duele, me duele como no tienes idea, me duele que
esto tenga que terminar así de este modo tan triste, pero estoy seguro
de que voy a superar esto, voy a superar el dolor, cosa que tú nunca
lograras Helga. Porque nunca pudiste dejar atrás el pasado, nunca
pudiste olvidarte de él. - El chico tuvo que hacer un esfuerzo por no
desmoronarse - No sé cuál es su historia, no sé qué diablos sucede
entre tú y ese chico con cabeza de balón, lo único que sé es que su
historia no ha terminado, tú no has querido que termine y también sé
que no me quedare aquí para verlo.
Anthony se dio la vuelta.
  —Anthony espera...
  —Adiós Helga G. Pataki… nunca te olvidare - Anthony se acercó
y le dio un beso en la comisura de los labios – nunca cambies.
Sin decir nada más Anthony se alejó y se perdió en la feria, dejándola
atrás sin detenerse ni volverse jamás.
Helga se quedó ahí inmóvil, sintiéndose como una gran basura.
  —¡Así que… al diablo conmigo! ¡Al diablo con todo! Dijo para sí
bajando la cabeza.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

***
  Los chicos del cuarto grado estaban reunidos frente a uno de los
estantes de comida, Harold estaba dichoso al fin podía comer todo lo
que quisiera, por cortesía de la tienda y su oferta de todo lo que pueda
comer por veinticinco dólares.
  —Harold, si sigues comiendo de ese modo vas a ser remitido al
hospital por envenenamiento por carne. Le aconsejó Rhonda.
  —No me importa. Le contestó Harold mientras seguía hartándose
de comida. Entonces fue cuando vieron a Helga pasar.
  —Hola Helga. La saludó Phoebe y fue con ella.
  —Pero miren a quien tenemos aquí pero si es la romántica y
salvaje Helga Pataki ¿dónde dejaste al príncipe encantador? Interrogó
Rhonda.
  —Que te importa... le contestó Helga y siguió de largo sin detenerse.
  —¿Qué le pasa? Le preguntó Rhonda a sus compañeros.
  —Ni idea. Respondió Sid.
  A Phoebe le costó un poco mantener su paso.
  —Helga ¿te pasa algo? Le Preguntó.
  —Por qué habría de pasarme algo, estoy perfectamente bien.
Contestó Helga siguiendo su marcha.
  —¿En serio? ¿Dónde está Anthony? Creí que estabas con él. Le
interrogó Phoebe.
   —Tuvo que irse a su casa temprano. Contestó Helga.
  —Que lastima y ¿qué vas a hacer ahora? Quiso saber Phoebe
  —Creo que también me iré a la mía. Resolvió Helga sin detenerse
  —¿Por qué no vienes conmigo? estaremos con Gerald y los demás
en la feria dicen que va a ver un evento con cohetes. Dijo Phoebe y
entonces Helga se detuvo y le dijo.
  —Pues disfruta y se feliz mientras puedas.
  —¿Qué? Preguntó ella sin comprender, Helga no se detuvo a
desglosar nada, sin despedirse se marchó saltando a través del aro de
fuego que se atravesó en su camino.
  —¡Oye niña! Ten más cuidado... Que no ves que este aro está en
llamas. Le reclamó uno de los hombres que cuidaban el aro. Mientras

Hebo Freire

una atónita Phoebe la veía perderse entre la multitud.
  —¿Y ahora que bicho le picó? Se preguntó Phoebe y entonces Lila
apareció a su lado.
  —Lila qué bueno que llegaste te estábamos esperando. Le dijo
Phoebe y le indicó donde estaban sus compañeros de clase.
  —¿A dónde va Helga tan apurada? Preguntó Lila.
  —A su casa. Contestó Phoebe.
  —¿Por qué? es una hermosa noche y estamos de feria. Replicó la
pelirroja.
  —No lo sé, Helga es un caso perdido. Contestó Phoebe.
  —Sera por qué se peleó con su novio. Dijo Lila y entonces Phoebe
se volvió a ella dejando resbalar el marco de sus gafas por su nariz.
  —¿Se pelearon?
  —Sí, los vi hace un momento... Lila le relató lo que presencio hace
un rato a la distancia. Al escuchar esto Phoebe fue tras de Helga.
Encontrándose con Gerald y Arnold.
  —Hola Phoebe, ¿nos estabas buscando? Le preguntó Gerald.
  —No, estoy buscando a Helga ¿la han visto?
  —No. Corearon los chicos.
  —Me ayudan a buscarla, no debe estar lejos. Les pidió Phoebe
apurada.
  —Claro. Dijo Arnold y entonces comenzaron a buscarla,
separándose para hallarla más rápido.
***
  Se alejó de la feria y se detuvo frente a una cabina telefónica, abrió
la puerta y se encerró. Sacando unas monedas, descolgó el teléfono y
marcó tres números. La voz monótona de la contestadora que dice la
hora comenzó a hablar.
  —Son las siete horas, treinta minutos y veinticinco segundos. Y le
siguió un pitido repitiendo el mensaje agregando ahora veintinueve
segundos. Helga escuchó el mensaje atentamente.
Arnold la encontró en la cabina del teléfono, caminó hacia ella
lentamente y entonces fue sorprendido por el estruendo de un golpe,

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

un golpe dado a un vidrio que crujió, se detuvo de inmediato y entonces
vio a Helga con el puño contra el vidrio roto, había golpeado la pared
cristalina de la cabina con tanta ira que la rompió.
  —Estúpido, estúpido mil veces estúpido ¿porque me sales con
semejante estupidez? ¿Con semejante tontería? ¿Qué demonios sabes
tú? ¡Criminal! ¿Por qué? ¿Por qué diablos? ¿Por qué demonios? ¿Por
qué maldita sea? ¿No entendiste que mi corazón era de él pero mi vida
era tuya? Exclamó enfadada a punto de romper el auricular contra el
vidrio y luego después de unos segundos su resistencia llegó a su fin,
su rostro de cólera cambió, las lágrimas corrieron por sus mejillas.  
  Helga no pudo contenerse más, y se dejó caer de rodillas al suelo,
donde empezó a llorar como nunca antes lo había hecho, lloró como
el más desgraciado ser sobre la tierra y tan desconsoladamente, que
hasta el mismo diablo se hubiera conmovido al escuchar su llanto
desgarrador. Helga lloró mientras escuchaba la única voz de consuelo
que tenía en ese momento.
  —Son las siete horas, treinta y dos minutos y cincuenta y ocho
segundos.
  A la distancia, el chico más bueno y condescendiente de toda la
ciudad, que siempre ayudaba a cualquiera que lo necesitaba, estaba
paralizado, inmóvil incapaz de moverse o hacer algo. Helga lloraba
y él no pudo hacer nada salvó mirar los dedos de sus manos, no fue
capaz, se quedó ahí en silencio sintiéndose tan despreciable como una
cucaracha.
  Ella se consoló por fin y miró hacia las luces de la ciudad, a través
del cristal. Se secó las lágrimas con la manga de su chaqueta y entonces
se fijó en el objeto que sobresalía de su bolsillo, se sorprendió ante su
hallazgo, era su relicario la causa de todas sus desgracias.
  —Así que así están las cosas, viejo, quieres que me muera sola,
idolatrándote en silencio, mientras tú estás feliz en tu maldito mundo
de porquería. Le dijo y lo contempló durante un momento, una
canción vino a acompañar ese soliloquio “sound of silence” el sonido
provenía de una camioneta que se estaciono ese momento en la esquina
cercana a la cabina. Helga suspiró y tomó la pluma que colgaba del
teléfono y de rodillas sacó una servilleta de su bolsillo y escribió:

Hebo Freire

“Finalmente el sueño que estaba
Dentro de mi sueño termino,
Siempre recordare lo que vivimos,
Aunque termino,
Siempre recordare que
Por un momento soñamos juntos”
  Al terminar de escribir se dio cuenta que todo volvió hacer como
antes, salvó por un detalle, ahora tenía el corazón deshecho.
  —Son las siete horas, cuarenta minutos y seis segundos. Dijo la
voz una vez más.
  —Bueno es momento de que me arranque el pedazo y comience
a lamerme la herida. Dijo Helga y guardó la servilleta, se puso de
pie colgando el auricular, guardando el relicario en el bolsillo de su
chaqueta. Al abrir la puerta que la separaba del ruido de la feria, la
brisa de la noche le dio de lleno en la cara
  —Después de todo mañana será otro día. Se dijo Helga y cerró la
puerta de la cabina tras de ella y se alejó lentamente hacia la feria,
tan serena y fresca que nadie se hubiera enterado que había llorado a
mares.
  Arnold quien se había escondido, la contempló mientras se iba y
observó cómo Helga erguía sus hombros mientras caminaba. Y esta
imagen se grabó en su corazón tan profundamente que cualquier otra
que hubiera visto.
Helga caminó despacio y se topó con Lila.
  —¿Helga que te paso en la mano? Preguntó ella.
  —Me golpee con la puerta de la cabina ¿qué torpe no? En estos días
he tenido muchos accidentes ya me parezco a Eugene. Dijo Helga
mientras se iba a su lado.
  —Ven déjame curarte. Le dijo Lila.
  —¡Ay! la pura y abnegada Lila en acción, está bien dejare que me
cures. Le permitió y ambas se perdieron entre la multitud y las luces
de la feria.
  Arnold se quedó atrás y bajó la cabeza.

¡Oye Arnold! ¿Donde estás? Tomo 2

  —¿Que pasa vaquero? ¿Por qué tan solitario en una noche como
esta? Le preguntó una voz a sus espaldas.
  —Abuela. Arnold vio a su abuela llegar, jalando un carro de
balineras. El modelo final de la maquina voladora de Da Vinci, la cual
competiría en la mañana, en la carrera anual de carros de balineras.
  —¡Mira! mi Da Vinci, está listo para volar. Le mostró el artefacto
de gran tamaño, pintado de blanco.
  —Es bonito
  —¿Quieres acompañarme? Voy hacer una prueba antes de la
competencia de mañana ¿Que dices Tex? va a ser divertido.
  —Está bien. Aceptó el chico.
  —¡Vamos! - La abuela arrastró el carro hacia la feria y Arnold
le ayudó – espera a verlo en acción, volará y será el rey de la feria,
dejaremos a los otros tragando polvo.
  Pero Arnold apenas la escuchaba, aun pensaban en Helga y en esa
imagen de ella alejándose hacia la feria.

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