Ugalde, Vicente (Coord.) (2014).El derecho ambiental en acción.

Problemas de implementación, aplicación y cumplimiento, El Colegio
de México: México, 348 pp.
RESEÑA: “Cuando el río suena contaminantes lleva: del derecho a la
justicia ambiental en el México contemporáneo”
Elaboró: Mauricio Genet Guzmán Chávez.
Doctor en Sociología Política UFSC, Brasil.
Profesor Investigador de El Colegio de San Luis, A.C
Correo electrónico: mguzman@colsan.edu.mx
Esta dividido en cuatro partes

Comparto esta reseña desde mi perspectiva como antropólogo;
como uno que trabaja la relación sociedad/medio ambiente desde
una postura crítica. Una postura que podemos llamar ecología
política y dentro de la cual se pueden discernir varías tendencias.
En principio cada uno de los temas y problemáticas abordadas a lo
largo de los 10 capítulos divididos en cuatro secciones (I. La
aplicación coactiva como objeto de estudio; II. La reglamentación
ambiental en acción; III. Los problemas de diseño y estructura de
orden jurídico y IV, Usos sociales y relaciones con el derecho), me
resultan familiares y son sin lugar a dudas temas que la propia
antropología o la sociología ambiental se encarga de analizar. No
obstante, mi primera impresión al iniciar la lectura del primer
capítulo, fue de una cierta incomprensión o dificultad para acceder
limpiamente a la categorías conceptuales que provienen del
derecho como disciplina articuladora delos diferentes capítulos.

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No me desaminé, esperanzado en encontrar asideros en el
camino que me permitiesen descubrir los tonos discursivos y
reconocer desde cuáles trincheras conceptuales los autores abordan
la problemática ambiental.
Al finalizar el capítulo tres me sentí reanimado y como un nuevo
adepto al derecho ambiental. La lectura de los siguientes me
dejaron la clara sensación de estar hablando un mismo lenguaje.
Esto es decir mucho. En realidad me di cuenta de que había
aprendido muchas cosas sobre las cuales tenía conocimientos
fragmentarios, y esa sensación es la que me anima principalmente
para compartirles estas ideas.
El derecho ambiental es una rama o sub-disciplina del derecho
cuya aparición o emergencia denota un claro signo de los tiempos
que nos toca vivir. En sus formulaciones más acabadas o radicales
encontramos la idea de que la naturaleza en todas sus formas de
expresión debe ser conservada en sí misma y no solamente en
función de las necesidades de los seres humanos. En nuestro país
no vamos todavía tan lejos; los trabajos presentados en este libro lo
corroboran: todas las controversias referidas a la aplicación u
omisión de las normas, leyes, reglamentos u ordenanzas están
ancladas en procesos sociales en donde la naturaleza es simple
escenario o actor mudo. En ese sentido, el agua, los animales, las
plantas, etcétera no tienen derechos que vayan más allá de las
pugnas políticas por su control y usufructo o dispensabilidad.
El derecho ambiental desde la sociología weberiana es una
auténtica fábrica de monstruos burocráticos. Es decir, forma parte
del proceso de racionalización de las instituciones de la
modernidad. Pero por lo mismo es algo ineludible y hasta cierto
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punto necesario. Hoy los modernos nos hemos percatado de que no
podemos seguir viviendo como si aquí no estuviera pasando nada, y
nos hemos dado a la tarea de crear de manera civilizada, reglas,
dispositivos jurídicos para contener nuestras ansias expansionistas.
En este libro sus autores merodean, discursan y reflexionan por
los bordes, las fisuras del derecho ambiental, esto es lo que
entendemos cuando el coordinador nos dice que los capítulos se
proponen un examen externo a la norma. “La dimensión no jurídica
del derecho es, en ese sentido, uno de los temas centrales de este
libro” (11). ¿A que se refiere exactamente y como llevan a cabo está
tarea los diferentes colaboradores de la obra? La respuesta a la
primera parte de esta pregunta puedo responderla a partir de mi
apreciación del conjunto de textos. Ya la segunda, será objeto de
alguna particularización.
Los autores no están preocupados por la lógica, ni el debate
jurídico que deriva o nace en la propia formulación de la norma. Les
interesa más bien como la norma eclosiona, es puesta en marcha
en los contextos y las situaciones sociales concretas. Aquí ellos
encuentran una mayor riqueza pues parten de un supuesto
epistemológico acertado, a mi juicio: que la norma no basta por si
misma para guiar los cursos de la acción social y que este “ponerla
en la cancha” genera de forma casi automática procesos dialécticos
o multivocales de interpretación (confrontativos, polémicos). En
este sentido, la aportación que las ciencias sociales pueden brindar
al derecho, se refiere a una reflexión o análisis de las desviaciones o
contradicciones en la propia definición y aplicación de las normas
en contextos signados por la distribución desigual del conocimiento
y el poder.

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El primer capítulo de Keith Hawkins me llamó la atención porque
considera una distinción fundamental en antropología jurídica que
conocemos como derecho consuetudinario y derecho civil. Muchos
antropólogos mexicanos hemos estudiado como las normas
consuetudinarias y los procedimientos de reparación del daño
reproducidos y afinados en varias comunidades indígenas, reporta y
recupera varias virtudes que los procedimientos del derecho
positivo mexicano no reconocen. Los primeros posibilitan la
negociación y los acuerdos entre las partes en disputa en miras a la
reparación, mientras que los segundos son impersonales y se
orientan por medidas punitivas o coercitivas. Hawkins discute dos
posturas teóricas que se tornan referentes epistémicos
indispensables a la hora de valorar los diferentes contextos de
aplicación de las normas y las sanciones en temas ambientales. La
teoría del interés público se refiere a la conciliación y a los
esfuerzos para ajustar la norma en beneficio de la colectividad
(aplicación coactiva). La otra postura parte de la teoría del conflicto,
aquí la estrategia es la aplicación estricta de la ley y un desenlace
probable en procesos penales. Como lo demuestran varios ejemplos
en el libro, la aplicación de multas y castigos no siempre resuelve el
problema que se refiere en última instancia a la falta de confianza y
de la asociación o capacidad de compartir y asumir el problema (por
ejemplo: Cap. III, “ Las autoridades frente a la presión urbana: El
caso de la Sierra de Guadalupe” o el Cap. X, “Entre la norma y la
política: movilización socioambiental contra una planta de
tratamiento de aguas rsiduales en Río Blanco, Veracruz”). La
estrategia coactiva resalta la necesidad de crear reciprocidad y
confianza o de construir credibilidad.
El texto de V. Ugalde se refiere a un estudio sobre la regulación
de las aguas residuales en nuestro país a partir del caso en el
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municipio El Salto, Jalisco. Ugalde retoma la discusión propuesta por
Hawkins pero la enriquece al incorporar un análisis sociológico
sobre la inefectividad en la aplicación de la norma. Es decir,
contando con reglamentos y disposiciones para regular el vertido de
sustancias contaminantes en la Cuenca Lerma Santiago, la
aplicación inadecuada se refiere a intrincados desfases en la
interpretación y las posibilidades reales de poner en marcha los
dispositivos institucionales.
En el capítulo III Clara Salazar y Nicolas Dubroff nos hablan del
traslape de responsabilidades y atribuciones para concertar y lograr
la conservación de las áreas naturales protegidas en la Sierra de
Guadalupe. Ellos encuentran que en este contexto los conceptos de
cooperación y sanción no parecen ser los más adecuados para
explicar las relaciones entre autoridades ambientales e infractores
en un contexto altamente urbanizado y donde se dan procesos
irregulares de uso de suelo.
Rosario Pérez nos convida a la lectura de su artículo (Cap. IV “La
normatividad ambiental en el sector agrícola…”) en el cual propone
una revisión de la NOM 001 sobre descargas residuales y su
aplicación en una rama del sector pecuario, la porcicultura. Y la
Norma Técnica Ambiental del estado de Guanajuato sobre manejo
de esquilmos agrícolas. Respecto a la primera nos dice que en este
caso se presentan todos los problemas que se atribuyen al esquema
regulatorio de comando y control: alto costo de cumplimiento y
vigilancia, pagan mucho quienes tienen poco, cumplimiento
limitado y vigilancia mínima.
De la segunda es la única en todo el país que hace obligatorio el
manejo sustentable de los esquilmos. No se aplica, no se
monitorea, ni se inspecciona.
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En el Cap. V. Judith Domínguez se refiere a los problemas de la
normativa ambiental que se reflejan en los argumentos para
discursar y construir la calidad del agua. Aunque una prioridad
nacional, lo cierto es que no se ha podido revertir el deterioro del
estado ecológico de las aguas, no se monitorean sistemáticamente
los contaminantes más peligrosos… a menos que un evento
extraordinario lo demande. Exceso de normas, traslapes,
indefiniciones y laxitud.
En el Cap. VI. “Retos en la conservación de la frontera norte: la
experiencia de Nuevo Laredo…”, Juan Antonio Herrera nos comparte
una reflexión sobre como se aplica la normatividad a nivel municipal
y de los traslapes o inconsistencias con las normativas estatales y
federales. Los ciudadanos no saben a quién rendir cuentas. Hay
avances y una mayor visibilidad de los temas ambientales pero se
carece de programas permanentes. Los presupuestos no alcanzan o
se aplican de forma irregular.
Claudia Cirelli afina su análisis presentado en el libro Agua
desechada, agua aprovechada: cultivar en las márgenes de la
ciudad, publicado en el 2004, para explicar como las regulaciones
ambientales se encuentran en el centro mismo de los conflictos, en
su negociación y desenlace. Las nuevas normatividades interceptan
o interrumpen historias jurídicas que habían definido de facto
compromisos y responsabilidades.
Cristina Espitia y Hugo Pedraza, en el Cap. VIII “El papel del
consumidor en la gestión ambiental de los envases y su regulación”,
nos comparten un análisis sobre consumo y marketing centrado en
la gestión ambiental y el problema de la producción, consumo y
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regulación de los envases y su etiquetado. Probablemente este es el
artículo más flojo o desubicado de toda la obra, pues aun resultando
una causa vindicativa de relevancia, los autores no anudan de
forma precisa la discusión sobre el consumo desde una perspectiva
del derecho ambiental como tal.
David Madrigal nos propone una visión panorámica de los
conflictos sociombientales en San Luis Potosí (Cap. IX “Regulación
ambiental y conflictos socio-ambientales en el Valle de San Luis
Potosí”). El nos demuestra como estos conflictos son tanto
consecuencia de las limitaciones del marco regulatorio como
inconformidades ante las nuevas disposiciones en materia
ambiental en el estado. La regulación ambiental no sólo es
deficiente por un exceso procedimental, resulta ineficiente por el
hecho de no entender la naturaleza de los propios conflictos socioambientales en los procesos de explotación y acumulación por
despojo del capitalismo globalizado (315)
Cierra el libro el artículo de José Cruz Agüero, sobre la movilización
de vecinos de la ciudad de Rio Blanco, en contra de una planta
tratadora de aguas residuales. A partir de una bien documentada
etnografía, el autor del Cap. X nos muestra las contradicciones
entre la norma y la política entendida como el marco público que
legitima la participación social, pero que al mismo tiempo la limita y
siembra incertidumbres e inconsistencias en la implementación de
las políticas ambientales. Cruz Agüero utiliza el concepto de
“movilización socio-ambiental” (en un sentido similar a Madrigal,
supra) para referir los conflictos que surgen de la propia acción
administrativa del Estado y de los intereses privados en los
procesos de expansión urbana.

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Las lecciones aprendidas de cada uno de los casos expuestos y
discutidos por los diferentes autores de El derecho ambiental en
acción, muestran la necesidad de ampliar nuestro conocimiento
sobre el funcionamiento práctico de la normatividad, de sus
adecuaciones y usos en contextos concretos. Este es
probablemente el único camino o la estrategia más confiable para
corregir omisiones, llenar vacíos y aspirar a dos objetivos ansiados
por la sociedad: 1) la gestión eficaz de la política ambiental, es
decir, de la normatividad en juego en tanto balance y equilibrio
socio-ambiental y 2) la evitación del daño ambiental no soló como
principio precautorio –que sin duda debe ser parte de nuestra
cultura política- sino como principio político básico.

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