EN ESTOS TIEMPOS… ¿EXISTE EL DEMONIO?

Posiblemente, si hoy se realizase una encuesta con esta pregunta
nos encontraríamos con las siguientes o parecidas respuestas:
- Esa afirmación es de tiempos pasados, de personas retrógradas;
hoy día las personas progresistas, que creemos en la evolución cultural
hacia días mejores, no la admitimos.
- Sí, el demonio existe pero no actúa.
- El demonio existe y en él está el origen de todos los males
padecidos por la persona humana en todos los niveles.
Desde mi realidad de sacerdote católico y además exorcista de la
Archidiócesis de Valladolid, permítaseme, que exponga mi fe y mi
experiencia no solo en la existencia de éste ángel caído sino de su acción
satánica (nunca mejor empleada la palabra) tanto en las personas
como en las relaciones sociales.
El verdadero católico debe creer aquello que se contiene en la
Revelación Divina expuesta por el Magisterio auténtico de la Iglesia.
Lo que Dios nos ha revelado lo tenemos en la Sagrada Escritura y en la
Tradición divina.
1. La Sagrada Escritura desde su primer libro, el Génesis, hasta el
último, el Apocalipsis, nos hablan del diablo, Lucifer, Satanás,
maligno, dragón, serpiente antigua, etc. En los 45 libros del Antiguo
Testamento se cita al demonio varias decenas de veces y en los 27 del
Nuevo Testamento, nada menos que en 181 ocasiones; el exorcista
Padre Fortea, en una conferencia para sacerdotes vallisoletanos en el
año 2011, expuso que solamente en el evangelio de San Mateo, desde el
capítulo 4,24 hasta el capítulo 17, 14 se narran catorce pasajes de
endemoniados liberados por Jesucristo. No en vano el mismo Jesús
quiso que en el Padre nuestro, la oración, marco para toda oración, su
última petición fuese “líbranos del maligno” como así aparece en el
idioma arameo empleado por Él mismo.
2. La Tradición divina compuesta por hombres eminentes en
santidad y doctrina de los primeros siglos de la Iglesia, llamados
Santos Padres y Doctores de la Iglesia, enseña unánimemente la
creencia de la existencia del diablo y sus nefastos efectos y expone los
medios para atacarle o liberarse de él.
3. El Magisterio de la Iglesia, principalmente en los 21 Concilios
Ecuménicos manifiesta sobre el diablo lo que Ella, como Pueblo de
Dios, debe enseñar a sus hijos para ser creído con la inteligencia y
practicado con las obras. Hoy día el resumen de toda su doctrina lo
podemos encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica. Me permito
transcribir los siguientes apartados como los más importantes para
tener en cuenta e intercalaré algunas aclaraciones significativas:

A/ Existencia del diablo: En su número 391, dice así: “Detrás de
la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz
seductora, opuesta a Dios (cf. Gn 3,1-5) que, por envidia, los hace caer
en la muerte (cf. Sb 2,24). La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven
en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo (cf. Jn 8,44; Ap 12,9).
La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios.
^Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem natura creati sunt boni,
sed ipsi per se facti sunt mali^ ("El diablo y los otros demonios fueron
creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí
mismos malos") (Concilio de Letrán IV, año 1215: DS, 800)”.
El Papa Francisco, al día siguiente de su elección, en la Misa
celebrada en la Capilla Sixtina, ante los Cardenales citó las palabras
del escritor francés León Bloy: “Quien no reza al Señor, reza al diablo.
Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del
diablo, la mundanidad del demonio” y con bastante frecuencia
menciona al maligno en sus predicaciones porque, no sólo cree en su
existencia, sino porque percibe, como buen cristiano, los desastres que
ha producido, realizará y no dejará de fomentar a niveles personales,
familiares, sociales, nacionales y mundiales.
El Beato Pablo VI sufrió tanto durante su servicio pastoral
pontificio, sobre todo con ocasión de las divisiones y desobediencias de
la nefasta interpretación del Concilio Vaticano II, que manifestó en
una ocasión: “Parece que el humo de Satanás ha penetrado por una de
las grietas de la Iglesia” y en otra dijo: “Lo que la Iglesia necesita con
prioridad, hoy en día, es defenderse del demonio”
San Juan Pablo II en una de las numerosas catequesis
dedicadas a la existencia de los Ángeles y los demonios dijo: “El mal,
la incoherencia del hombre, la fractura interior de la cual es víctima, no
son solamente consecuencias del pecado original, sino también efecto de
la acción devastadora y oscura de Satanás”
B/ Su enorme poder de hacer el mal: En su número 394 se
afirma lo siguiente: “La Escritura atestigua la influencia nefasta de
aquel a quien Jesús llama "homicida desde el principio" (Jn 8,44) y que
incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre (cf. Mt 4,1-11).
"El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo" (1 Jn
3,8). La más grave en consecuencias de estas obras ha sido la seducción
mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios”
En la vida del Papa León XIII se dice que el 13 de octubre de
1884, experimentó una visión horrible. Después de celebrar la Santa
Misa, en su capilla privada del Vaticano y realizando la acción de
gracias, de repente se quedó sumido en una realidad que solamente él
veía. Su rostro, pálido, tenía expresión de horror y de impacto
sobrehumano. Algo muy duro había visto. De repente, se incorporó, y

se fue a su estudio privado. Inmediatamente redactó su célebre
exorcismo que contiene la oración al Arcángel San Miguel que tanto
daño hace a Satanás. Quienes estaban con él le siguieron y le
preguntaron: ¿Qué le sucede, Santidad? ¿Se siente mal? El respondió:
"¡Oh, que imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar! He
visto demonios, he oído sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Me ha
aterrado la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que
él podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba
suficiente tiempo y poder. Satanás ha pedido permiso a Dios para
durante 100 años poder dañar al mundo como nunca antes había
podido hacerlo."
Esta visión del gran Papa León XIII ¿no podrá ser considerada,
según lo hace más de un historiador, como la profecía de los
desastres, solamente producidos por Satanás, origen de todo mal,
ocurridos durante el siglo XX y que perduran con más furor en estas
dos primeras décadas del siglo XXI?
Recordemos las dos terribles guerras europeas promovidas por
las ideologías ateas del marxismo primero y del nazismo después con
decenas de millones de muertos y damnificados. Durante ellas fueron
perseguidos, vejados y asesinados con tormentos horribles, varios
millones de creyentes en Dios: judíos, musulmanes y cristianos en
horrorosos campos de exterminio.
Y en la actualidad sufrimos las consecuencias, no menos
nefastas de dos ideologías dominantes: El relativismo que destruye
todo derecho dado por Dios Creador a la persona humana desde su
concepción en el seno materno hasta su muerte natural e impone que
haya tantos modos éticos y morales de vivir como personas. Sus efectos
son el aborto, los abusos genéticos, el terrorismo, las más de treinta
guerras diseminadas por los cinco continentes, los millones de muertos
por las hambrunas, las mafias de tratas de mujeres, las decenas de
miles de niños soldados, las persecuciones en nombre o en contra de la
religión, etc. etc.; el secularismo que considera a Dios como enemigo
del hombre y, por ello, los gobernantes de los Estados se idolatran
aprobando leyes que juzgando son beneficiosas para los gobernados los
resultados son totalmente decadentes, retrógrados e injustos.
C/ Pero tal enorme poder siempre puede ser derrotado por el
infinito poder de Dios como se demostró en la vida de Jesucristo. El
Catecismo en su número 395, enseña: “Sin embargo, el poder de Satán
no es infinito. No es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser
espíritu puro, pero siempre criatura: no puede impedir la edificación del
Reino de Dios. Aunque Satán actúe en el mundo por odio contra Dios y
su Reino en Jesucristo, y aunque su acción cause graves daños —de
naturaleza espiritual e indirectamente incluso de naturaleza física—en

cada hombre y en la sociedad, esta acción es permitida por la divina
Providencia que con fuerza y dulzura dirige la historia del hombre y del
mundo. El que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio,
pero "nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien
de los que le aman" (Rm 8,28)”
Los exorcistas comprobamos cómo el demonio queda
derrotado en la práctica de los exorcismos. Aconsejo la lectura de los
libros del exorcista de la Diócesis de Roma, P. Amorth, para
cerciorarse de dos cosas: Que el demonio está sometido a Dios. Que no
se le debe tener miedo siempre que se le mande que nos abandone en
nombre de Dios, de la Virgen, de San José, (terror de los demonios, así se
le invoca en sus letanías), de San Miguel Arcángel y de cualquier santo o
jerarquía angélica.
D/ Contra la acción demoniaca ordinaria en las tentaciones la
Iglesia siempre ha recomendado la oración frecuente, la práctica de las
buenas obras, la recepción digna de los sacramentos de la
Reconciliación o Confesión (el P. Amorth dice que es el mejor
exorcismo) y la Eucaristía, la devoción a la Virgen María, la
mortificación, el evitar las ocasiones de pecar y la ociosidad. La obra
desastrosa del maligno depende de nuestra vida. A más santidad en las
personas menos triunfos desoladores del demonio.
E/ Para invalidar su acción extraordinaria el Catecismo expone
en el número 1673: “Cuando la Iglesia pide públicamente y con
autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea
protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraída a su dominio, se
habla de exorcismo. Jesús lo practicó (cf Mc 1,25-26; etc.), de Él tiene la
Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf Mc 3,15; 6,7.13; 16,17). En
forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El
exorcismo solemne llamado «el gran exorcismo» sólo puede ser
practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es
preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas
establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios
o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que
Jesús ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las
enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia
médica. Por tanto, es importante, asegurarse, antes de celebrar el
exorcismo, de que se trata de un presencia del Maligno y no de una
enfermedad (cf. CIC can. 1172))”
La influencia diabólica, hoy como en otros tiempos, se
manifiesta principalmente, en: 1. Posesión diabólica: Es la acción más
grave del demonio. Se produce cuando éste toma posesión del cuerpo
de una persona, no de su alma, y la hace actuar o hablar bajo su
control sin que la persona pueda resistirle (Mc 5, 1-20).

2. Vejación diabólica: Son tormentos que no
llegan hasta la posesión. Es el caso, por ejemplo, de Job que no estaba
poseído sino gravemente golpeado en sus hijos, sus bienes y su salud
(Job 1 y 2); o de la mujer encorvada (Luc. 13, 1-17); o del ciego de
nacimiento (Mat. 12, 22). Algunas personas se ven atacadas en sus
afectos, en su trabajo o su salud sin que los médicos sepan dar razón.
3. Obsesión diabólica: La persona sufre con
pensamientos obsesivos, absurdos o incluso blasfemos de los que no
puede de manera alguna deshacerse. Provocan en la víctima un estado
de encerramiento sobre sí misma y de desesperación que puede llegar
incluso hasta la tentativa de suicidio.
4. Infestación diabólica: Puede afectar a casas,
objetos y animales (Mc. 5, 11-13).
Las manifestaciones diabólicas son utilizadas por el
Señor para el bien, por ejemplo: conversiones, retorno a la oración, a
una vida de fe y a un progreso espiritual.
Las causas de las posesiones diabólicas y de los tormentos
diabólicos son muy variados. Desde la permisión divina, como en el
caso de Job, hasta lo que hoy día está ocurriendo con el enfriamiento
de la fe en Dios. Entonces sucede lo que el célebre filósofo converso
del anglicanismo, Chesterton, afirmaba: “Aquel que dice no creer en
Dios, no es que no crea en nada sino que cree en cualquier cosa.” Y
cualquier cosa puede ser acudir, como si a Dios se recurriese, al
horóscopo, a los adivinos, a los brujos, a los cartománticos, al
espiritismo, a la magia o a cualquier otra forma de ocultismo, a la
práctica del reiki, etc, etc. a través de lo cual Satanás perjudica
enormemente.
Me parece una ingenuidad, infundida por el mismo
demonio, creer en él y no admitir el mal que está ocasionando en las
personas y en la sociedad.

Jesús Hernández Sahagún
Canónigo Penitenciario de la S. I. C. M.
Exorcista de la Archidiócesis de Valladolid
Cofrade de Nuestra Señora de las Angustias
(Artículo publicado en el Anuario de la Ilustre Cofradía Penitencial de Nuestra
Señora de las Angustias de VALLADOLID año 2015)