SERIE: LÍNEAS INDIVIDUALES DE

PENSAMIENTO JURISDICCIONAL Nº 3

DERECHOS DE LA NIÑEZ,
ADOLESCENCIA Y FAMILIA

«Este documento se ha realizado con la ayuda financiera de la Unión Europea. El
contenido de este documento es responsabilidad exclusiva de las organizaciones
socias del Proyecto (Comisión Andina de Juristas, Fundación CONSTRUIR, Centro
sobre Derecho y Sociedad – CIDES, Instituto Latinoamericano para una Sociedad y
un Derecho Alternativos – ILSA y la Facultad de Derecho – Universidad de Chile), y en
modo alguno debe considerarse que refleja la posición de la Unión Europea.»

Serie: Líneas individuales de pensamiento jurisdiccional Nº3
Derechos de la Niñez, Adolescencia y Familia
Junio, 2015
Primera edición: 300 ejemplares
Depósito Legal: 1-4-2060-15
Esta publicación se ha realizado con el financiamiento de la Unión
Europea en el marco del proyecto:“Fortalecimiento del acceso igualitario
a una justicia independiente y transparente en la región andina: auditoría
social y transparencia” (EIDHR/2012/297-064)
Serie: Líneas individuales de pensamiento jurisdiccional Nº3
Derecho de la Niñez, Adolescencia y Familia
Líneas de pensamiento de las juezas:
Sonia Elena Barrón Cortez
Ángela Marisol Tirado Ramos
Autora:
Mónica Gabriela Sauma Zankys
Colaboración:
Soraya Santiago Salame
Equipo Editorial:
Coordinador Nacional
Eddie Cóndor Chuquiruna
Coordinadora Local
Moira Vargas
Diseño y Diagramación
Brand Populi
Impresión
Editorial Presencia
Fundación CONSTRUIR
Calle 13 de Obrajes Nº 594
(subiendo la avenida 14 de Septiembre)
La Paz - Bolivia
Telf.: (591-2) 2782141
www.fundacionconstruir.org
Comisión Andina de Juristas
Calle los Sauces 285, Lima - Perú
Telf.:(51-1) 440-7907
Fax.: (51-1) 202-7199
www.cajpe.org.pe

Esta publicación se distribuye sin fines de lucro en
el marco de la cooperación de la Unión Europea.

ÍNDICE
I. INTRODUCCIÓN Y PRESENTACIÓN DE LA
INVESTIGACIÓN

7

II. MARCO TEÓRICO GENERAL

13

III. EXPLICACIÓN DEL PROCESO METODOLÓGICO

19

IV. SELECCIÓN DEL CDPJ Y DE LA LPJI SOBRE LA
BASE DE LOS CRITERIOS CONTENIDOS EN EL DISEÑO
METOLÓGICO DEL PRESENTE DOCUMENTO

31

V. RESEÑA DE LAS JUEZAS DE LOS CDPJS
SELECCIONADOS

37

VI. ANÁLISIS DE LAS RESOLUCIONES

41

VII. BIBLIOGRAFÍA

141

5

I. INTRODUCCIÓN Y
PRESENTACIÓN DE LA
INVESTIGACIÓN

I. INTRODUCCIÓN Y
PRESENTACIÓN DE LA
INVESTIGACIÓN

A partir de la Constitución de 2009, a la luz del pluralismo, la plurinacionalidad,
la interculturalidad y la descolonización1 se diseña en Bolivia un modelo de
Estado que contempla una nueva visión tanto del sistema jurídico, como de los
métodos del derecho y el rol de las autoridades jurisdiccionales, enfocado en
la protección de los derechos fundamentales.
Así, nuestra Constitución consagra en los arts. 13 y 109, tres principios del
modelo constitucional boliviano: a) La igualdad jerárquica de derechos
fundamentales; b) Su aplicación inmediata, y c) Su directa justiciabilidad.
La igualdad jerárquica de derechos fundamentales supera la concepción del
constitucionalismo clásico que desarrolla la teoría generacional de derechos2
y consagra su aplicación inmediata y directa justiciabilidad; asegurando así una

1. Sobre dichas características puede consultarse las SSCCPP 0037/2013 de 4 de enero, 2007/2013 de 13 de noviembre
y la DCP 0006/2013 de 5 de junio.
2. En efecto, en el Sistema Universal de Protección de Derechos Humanos, se emite como instrumento supra-estatal
de protección de Derechos Humanos, a la Declaración Universal de Derechos Humanos, para luego aprobarse dos
herramientas supra-estatales esenciales: El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional
de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. A partir de la distinción de estos instrumentos, el constitucionalismo, en
particular el europeo, desarrolla la teoría generacional de los derechos y los clasifica en derechos de primera, segunda
y tercera generación, aspecto que repercute en el grado de justiciabilidad de los mismos, ya que en el marco de los
lineamientos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, solamente estos tienen una directa justiciabilidad
a través de acciones tutelares. Por el contrario, las demás generaciones de derechos, al implicar obligaciones positivas
para los Estados, son de aplicación progresiva encomendada ya sea a los órganos Ejecutivo o Legislativo, en relación a
los cuales solamente se aplica el principio de prohibición de regresividad, anulándose cualquier posibilidad de directa
justiciabilidad a través de acciones tutelares de defensa de derechos.

9

real materialización de todos los derechos, individuales, colectivos y difusos,
asignando a las autoridades jurisdiccionales, por medio de la interpretación
constitucional y la argumentación jurídica, un rol activo en la defensa y
resguardo de los derechos fundamentales.
Efectivamente, la directa justiciabilidad de los derechos y su aplicación
inmediata, implica que puede pedirse su tutela no sólo en sede constitucional,
sino en cualquier actuación procesal ante la jurisdicción ordinaria, agroambiental
y especializada y también en la jurisdicción indígena originaria campesina,
con el solo fundamento de la existencia y consagración de los derechos en
la Constitución y en los Tratados internacionales sobre Derechos Humanos;
asimismo, significa que no necesitan reglamentación previa, toda vez que la
falta de desarrollo legislativo no es obstáculo para su aplicación, pues, en todo
caso, el juez deberá suplir la omisión normativa en el caso concreto, a través de
una adecuada interpretación y argumentación.
En el escenario antes descrito, el reconocimiento y vigencia de los derechos
fundamentales no se limita al texto escrito de la Constitución, debido a que su
contenido esencial y alcances tienen génesis en Tratados Internacionales sobre
Derechos Humanos, y en directrices, principios y estándares jurisprudenciales
que emanan de órganos supra-estatales de protección de derechos humanos.
Por lo que la materialización de estos derechos, en armonía tanto con el Sistema
Universal como Interamericano de protección de Derechos Humanos, debe ser
abordada desde la concepción del bloque de constitucionalidad boliviano (art.
410 de la CPE).
En efecto, en el marco de las bases del nuevo modelo de Estado, el máximo
contralor de la Constitución, a través de la Sentencia Constitucional 110/2010R y otras posteriores, en una interpretación extensiva y evolutiva del art. 410
de la CPE, ha establecido que el bloque de constitucionalidad está conformado
por la Constitución como texto escrito; los tratados internacionales referentes
a derechos humanos, la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos, los Acuerdos de Integración y los principios y valores supremos de
carácter plural.
De esta forma, es innegable que las características de nuestro modelo
constitucional redefinen el rol de los jueces en la aplicación del derecho;
pues, frente a la pluralidad de fuentes normativas3 y en mérito al principio
de constitucionalidad, resuelven las controversias ya no exclusivamente
amparados en la ley o el principio de legalidad, sino a partir de una
interpretación de la ley desde y conforme la Constitución y las normas del
bloque de constitucionalidad, en el marco del pluralismo jurídico igualitario,

3. En el marco de nuestro modelo de Estado hablamos de una pluralidad de fuentes normativas: la Ley Nacional,
Departamental, Municipal, las normas de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, el precedente
constitucional, las normas contenidas en Pactos Internacionales de Derechos Humanos, el Derecho Comunitario, la
jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

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adoptando, además, criterios interculturales o plurales de interpretación. Así,
la SCP 112/2012 concluyó que en la construcción del nuevo modelo de estado
tienen un rol preponderante de los jueces a través de su labor decisoria que se
realiza cotidianamente.
En ese orden de ideas, es una realidad que una de las labores más complicadas
que enfrentan los jueces en la administración de justicia, es precisamente la
argumentación de sus sentencias en cualquier tipo de proceso, ya sea penal,
civil, familiar, laboral, etcétera; dada la complejidad que implica la correcta
aplicación del Derecho a los casos denominados difíciles que se presentan en
la práctica. Entonces, uno de los retos que impone el Estado Constitucional
y Plurinacional, es que los jueces a través de sus sentencias sean capaces de
responder a las características de nuestro diseño constitucional, garantizando
los derechos humanos y respetando nuestro sistema plural de justicia.
De ahí que la labor de los jueces requiere de una sólida argumentación
jurídica para un desarrollo coherente y respetuoso de los valores y principios
constitucionales, bajo el entendido que la ley ya no es el único parámetro para
la validez de las resoluciones judiciales, sino que inexorablemente se debe
buscar la conformidad de ésta con la Constitución Política del Estado y las
normas del bloque de constitucionalidad.
En este sentido, el presente trabajo de investigación, en el marco del
Proyecto “Fortalecimiento del Acceso Igualitario a una Justicia Independiente
y transparente en la región andina: Auditoría Social y Transparencia”, se
identifican cuatro LPJI relevantes -entendidas como el conjunto de criterios
que asume una autoridad jurisdiccional en sus decisiones sobre un instituto
jurídico determinado- a través del análisis de los Cuadernos Personales de
Decisiones Jurisdiccionales (CDPJ) que fueron proporcionados por los jueces
transparentes de Cochabamba, La Paz y Sucre en materia penal, civil, laboral
y familiar. Para el efecto, conforme se explicará en el proceso metodológico,
se ha realizado un análisis de los argumentos, tanto normativos como fácticos,
contenidos en las resoluciones de los CDPJ elegidos, para finalmente reconstruir
la Línea de Pensamiento Jurisdiccional Individual (LPJI), visualizando los
argumentos de las autoridades jurisdiccionales que dotan a las resoluciones
de una adecuada justificación, respetuosa de los valores, principios, derechos
y garantías contenidas tanto en nuestra norma constitucional como en los
instrumentos internacionales sobre derechos humanos.
Conforme a ello, es importante resaltar el trabajo de todas y todos los jueces
que en el marco de la transparencia han visibilizado sus decisiones, a partir de
las cuales han sido seleccionados los CDPJ que abordan instituciones jurídicas
relevantes en el ámbito de los derechos humanos, interpretadas a partir del
modelo argumentativo vigente y que son reconstruidas en el presente trabajo.
Desde esta perspectiva, es necesario reconocer el desprendimiento de todas
las autoridades jurisdiccionales que transparentaron sus decisiones con la
11

entrega de las mismas para la elaboración de los CDPJ, que ha permitido la
selección de las LPJI y su reconstrucción académica en el presente trabajo; que
no hubiera sido posible sin el esfuerzo y dedicación de todas y todos los jueces,
así como de las instituciones que participaron en el Proyecto “Fortalecimiento
del Acceso Igualitario a una Justicia Independiente y transparente en la región
andina: Auditoría Social y Transparencia”, en especial la Fundación Construir y
la Comisión Andina de Juristas.
Asimismo, se agradece la colaboración de María Elena Attard Bellido, María
Elena Negrón Pino y Soraya Santiago Salame en el presente trabajo académico,
quienes contribuyeron valiosamente en la reconstrucción de las líneas de
pensamiento jurisdiccional en materia civil, laboral y familiar, respectivamente.
Una especial mención al Coordinador del proyecto, Eddie Cóndor Chuquiruna,
por su acompañamiento y continuo apoyo a la investigación.

12

II. MARCO TEÓRICO
GENERAL

II. MARCO TEÓRICO
GENERAL

Las modernas teorías sobre la argumentación jurídica sostienen el carácter
prescriptivo de la misma, en el entendido que mediante la argumentación no
solamente se describe el proceso de justificación de las soluciones de los casos
jurídicos que realizan los jueces y otros operadores jurídicos, sino que también
se prescribe cómo debe realizarse dicho proceso de justificación.
En ese sentido, Manuel Atienza4 señala que la argumentación jurídica es el
proceso que se debe seguir para justificar racionalmente las soluciones que se
dan a los problemas de carácter jurídico desde dos ámbitos, el normativo y el
fáctico. En el primero de ellos, el juez está obligado a argumentar sus decisiones
desde las diversas premisas normativas con la finalidad de adecuar dichas
decisiones al ordenamiento jurídico y en especial, a las normas del bloque de
constitucionalidad, y desde el ámbito fáctico, vinculado a los antecedentes, la
valoración de la prueba y la calificación jurídica de los hechos, implica que la
facultad argumentativa del Juez también deba partir y ser conforme con las
normas del bloque de constitucionalidad.
En ese ámbito y para el desarrollo de la investigación que se presenta, se
ha partido por diferenciar los dos ámbitos de la argumentación. Así, en la
argumentación normativa se han tomado como elementos de análisis los
argumentos de relevancia, interpretativos, jurisprudenciales, doctrinales,

4. ATIENZA Manuel, Argumentación y Constitución. Disponible en: http://www2.uah.es/filder/manuel_atienza.pdf.

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enfatizando el análisis en los argumentos ponderativos, que se utilizan,
fundamentalmente, cuando existe un conflicto entre principios, valores
o derechos, y donde la lógica de la subsunción no resulta suficiente para la
resolución del caso.
Efectivamente, los valores, principios, derechos y garantías, todos englobados
dentro de la categoría de normas-principios por la SCP 112/2012, tienen un rol
fundamental en la aplicación del método de la ponderación, a través del cual
los jueces, frente a normas principios que resulten contradictorias, solucionan
la colisión estableciendo entre los principios una “relación de precedencia
condicionada”5, es decir, determinan en el caso concreto qué principio tiene
preferencia y bajo qué condiciones, generando de esta manera una subregla
o norma adscrita que tendrá carácter vinculante y deberá ser aplicada a
supuestos fácticos similares en el futuro.
En este orden, es importante reiterar que el art. 13.III de la CPE establece
la igualdad jerárquica de los derechos; igualdad que debe ser entendida de
manera abstracta, pues, en los hechos, en situaciones concretas, se presentan
conflictos entre derechos jerárquicamente iguales, que deben ser ponderados
por el juzgador, a efecto de determinar, en el caso concreto, qué derecho
prevalece sobre el otro. En ese sentido, en la doctrina se hace referencia a
la jerarquía axiológica o móvil, que de acuerdo a Guastini es una relación de
valores creada por el juez mediante un juicio comparativo de valores en el que
uno de ellos tiene un “peso”, una “importancia” ético-política mayor respecto
al otro6.
Además de la argumentación normativa, en una segunda dimensión, se han
desarrollado criterios para el análisis de la argumentación fáctica, orientados
a la valoración de la prueba y a la calificación del hecho. Es a partir de las
dos dimensiones explicadas que surge la tercera dimensión, mediante la cual
se analiza la justificación de las resoluciones seleccionadas que –siguiendo a
la teoría estándar de la argumentación jurídica7- se subdivide en justificación
interna o de primer orden y externa o de segundo orden; la primera, vinculada
con la validez lógica de las resoluciones, y la segunda referida a la adecuación
o solidez de los argumentos utilizados en casos difíciles –como los elegidos en
el presente trabajo- en los que, a nivel normativo, pueden existir problemas
vinculados a la relevancia o a la interpretación de las disposiciones legales,
que requieren de la formulación de argumentos, por ejemplo interpretativos,
y a nivel fáctico, puede presentarse problemas relacionados con la prueba,
su valoración, la calificación jurídica o la determinación de las sanciones.
Así, la justificación externa o se segundo orden, está vinculada a la elección
5. ALEXY, Robert, Teoría de los derechos fundamentales, Centro de Estudios Políticos Constitucionales, Madrid, 2008, p. 73.
6. GUASTINI, Ricardo, “Ponderación: Un análisis de los conflictos entre principios constitucionales”, Palestra del Tribunal
Constitucional. Revista mensual de jurisprudencia, año 2, Nº 08, agosto de 2007, Lima Perú, p. 637.
7. Atienza incluye dentro de la Teoría estándar de la argumentación jurídica a Alexy y MacCornick. Ver, ATIENZA,
Manuel, Derecho y argumentación, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2001, p. 51 y ss.

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valorativa del juzgador, que en todo caso debe fundarse en los principios,
valores, derechos y garantías contenidos en la Constitución Política del Estado
y las normas del bloque de constitucionalidad.
Así las cosas, el proceso argumentativo desarrollado en la presente
investigación parte de la idea que todas las decisiones jurídicas deben estar
justificadas, manifestándose la racionalidad de la decisión judicial desde dos
dimensiones: una interna (justificación interna o de primer orden) y otra
externa (justificación externa o de segundo orden).
Lo anterior cobra total sentido si se parte del hecho de que toda sentencia tiene
una consecuencia jurídica que trasciende no solo el plano judicial, sino también
el social, de ahí que el proceso argumentativo debe tener como finalidad el
aproximar lo más fielmente posible las sentencias a la realidad y a la sociedad
a la cual van dirigidas.

17

III. EXPLICACIÓN
DEL PROCESO
METODOLÓGICO

III. EXPLICACIÓN
DEL PROCESO
METODOLÓGICO

3.1. Objetivos
Los objetivos que se plantearon al inicio de la investigación fueron los
siguientes:

3.1.1. Objetivo General
Identificar cuatro de las Líneas de Pensamiento Jurídico Individual (LPJI),
a partir de los CPDJ en materias penal, civil, familiar y laboral, elaborados
por los integrantes de los Comités de Auditoría Social al Órgano Judicial
(CASOJ) de La Paz, Cochabamba y Sucre.

3.1.2. Objetivos Específicos
• Analizar el proceso argumentativo en las resoluciones que componen
los CPDJ previamente seleccionados.
• Reconstruir las LPJI a partir del análisis del proceso argumentativo en
las resoluciones jurisdiccionales examinadas.

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3.2. Actividades realizadas
En el desarrollo de la consultoría, se realizaron las siguientes actividades:
• Revisión de todos los CPDJ de las ciudades de Sucre, La Paz y Cochabamba.
• Preselección de 12 CPDJ, tres por materia (penal, civil, familiar y laboral).
• Selección de cuatro CPDJ, uno por cada materia (penal, civil, familiar y laboral).
• Definición de temas para la identificación de LPJI.
• Análisis de las resoluciones seleccionadas.
• Reconstrucción de las LPJI tomando en cuenta el análisis del proceso
argumentativo señalado anteriormente.

3.3. Criterios para la selección de los CPDJ y la identificación
de LPJI
Los CPDJ y las LPIJ fueron seleccionadas a partir de los siguientes criterios:
• Relevancia de las resoluciones, que fue medida a partir de la existencia
de una interpretación o argumentación jurídica que desarrolle institutos
jurídicos de la materia con impacto en derechos humanos.
• Sentencias que resolvieron casos vinculados a grupos en situación
de vulnerabilidad, como mujeres, niños, niñas y adolescentes, pueblos
indígenas o colectivos LGBTIs.
• Número razonable de resoluciones que componen el CDPJ, que
permitieron la reconstrucción de las LPJI

3.4. Niveles o dimensiones de análisis de las resoluciones
El análisis de las resoluciones seleccionadas, fue efectuado a partir de tres
dimensiones, considerando la teoría argumentativa, la práctica judicial y la
estructura de las resoluciones jurisdiccionales, en coherencia con los criterios
contenidos en los términos de referencia, pero ordenados a partir de las
siguientes dimensiones de análisis:

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3.4.1. Primera dimensión: Argumentación normativa
Bajo la denominación de argumentación normativa se agrupan a los
argumentos utilizados por la autoridad jurisdiccional para justificar la
aplicación o interpretación de una norma para la resolución del caso. En
ese orden, se analizó si la autoridad jurisdiccional aplicó de manera simple
la disposición legal (casos fáciles) o si utilizó algún criterio interpretativo,
jurisprudencial o ponderativo, conforme a lo siguiente:
• Aplicación normativa simple: Criterio básico por el que se examina la
aplicación pura y simple de la norma -sin interpretación- lo que sucede,
generalmente, en los casos no complejos.
• Argumentos de relevancia: Criterios utilizados en los casos en los que
la norma no prevé de manera expresa regulación para determinados
supuestos de hecho, o que existan dudas o contradicciones sobre
la norma aplicable al caso. El primer supuesto se resuelve por la
analogía y el segundo, a través de los principios de especialidad
(la norma especial prevalece sobre la general), cronológico (la ley
posterior deroga a la anterior) y jerárquico (la norma de rango superior
prevalece con relación a la inferior); cuya utilización se analizó en las
resoluciones seleccionadas.
• Argumentos interpretativos: En estos casos, la autoridad jurisdiccional
ya no aplica de forma pura y simple la norma, sino que la interpreta,
utilizando diferentes métodos de interpretación.
A partir de este criterio, se analiza, entonces, qué métodos utilizó
la autoridad jurisdiccional: interpretación gramatical, teleológica,
histórica, lógica, sistemática, interpretación intercultural del derecho
y de los derechos (pauta de interpretación que emerge del art. 8 del
Convenio 169 de la OIT, y de los arts. 1 y 178 de la CPE, así como del
art. 4 de la Ley de Deslinde Jurisdiccional LDJ); interpretación desde y
conforme a la Constitución Política del Estado y las normas del bloque de
constitucionalidad (derivado del principio de supremacía constitucional
o principio de constitucionalidad, previsto en los arts. 410, 13 y 256 de
la CPE y la SCP 110/2010-R que integra al bloque de constitucionalidad
la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos); así
como la utilización de otros criterios de interpretación de los derechos
humanos, como el principio pro homine o pro persona (contenido en
los arts. 13 y 256 de la CPE, arts. 5 del PIDCP y 29 de la CADDHH, que
tiene diferentes manifestaciones, como el principio de protección a los
y las trabajadoras en materia laboral previsto en el art. 48.II de la CPE,
principio de favorabilidad en materia penal contenido en el art. 116.II de
la CPE, entre otros); principio de progresividad (que emerge el del art.
13.I de la CPE, del carácter progresivo de los derecho derechos).
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La utilización de estos métodos y criterios de interpretación se analizan en
las resoluciones de las LPJI de las autoridades jurisdiccionales elegidas.
• Argumentos ponderativos: Se analiza también la utilización de
argumentos ponderativos, en los casos en los que la autoridad
jurisdiccional se enfrenta a conflictos entre principios, valores,
derechos o garantías que tienen igual jerarquía, en los cuales tiene
que aplicar la metodología de la ponderación, analizando la idoneidad,
la necesidad y la proporcionalidad en sentido estricto de la medida
que está siendo analizada.
La ponderación de derechos, como metodología utilizada por
las autoridades jurisdiccionales, tiene fundamento en la norma
contenida en el art. 13.III de la CPE, que prevé el principio de
igualdad jerárquica de los derechos, toda vez que sólo ante esta
situación, la autoridad jurisdiccional se encuentra obligada, en el caso
concreto, a dar prevalencia a un derecho fundamental, en el marco
de lo que la doctrina denomina jerarquía axiología móvil. Es decir, tal
metodología de resolución de conflictos entre derechos se encuentra
constitucionalizada, permitiendo al juzgador, no obstante existir
igualdad jerárquica entre derechos, dar prevalencia o preferencia
condicionada a uno de ellos, después de realizar la ponderación de los
mismos en el caso concreto.
• Argumentos jurisprudenciales: A partir de nuestro diseño constitucional,
es posible hacer referencia a una pluralidad de fuentes normativas, entre
las cuales se encuentra la jurisprudencia, que en materia constitucional,
por mandato del art. 203 de la CPE, tiene carácter vinculante. Así, la
jurisprudencia, actualmente, se convierte en fuente directa de derecho,
por cuanto las autoridades jurisdiccionales crean derecho a través de la
interpretación de las normas.
Si bien la Constitución Política del Estado únicamente hace referencia
al carácter vinculante de la jurisprudencia constitucional; sin embargo,
ello no implica negar la calidad de fuente directa del derecho a la
jurisprudencia emitida por las Salas Especializadas y la Sala Plena del
Tribunal Supremo de Justicia, considerando que su principal labor como
tribunal de cierre es sentar y unificar la jurisprudencia8, y en ese sentido,
la autoridad jurisdiccional inferior –y claro está también los Magistrados
del Tribunal Supremo de Justicia- para apartarse de los precedentes,
tendrá que efectuar una labor argumentativa, condicionada a: (1) Que
no existan otros entendimientos jurisprudenciales más progresivos
emitidos por el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) porque

8. Los arts. art. 38.9) y 42.I.3) de la Ley del Órgano Judicial establecen como atribución de la Sala Plena y las Salas
especializadas, sentar y uniformar jurisprudencia.

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de haberlos, las autoridades jurisdiccionales de instancia y apelación,
primero deben vincularse de manera vertical a dichos entendimientos
jurisprudenciales, es decir, a aquellos precedentes constitucionales
que contengan el “estándar más alto de protección del derecho
fundamental invocado” (Por todas las SCP 2233/2013-AL reiterada por
la SCP 87/2014)9; o, en su caso (2) Que la propia autoridad jurisdiccional
en la construcción de su línea de pensamiento jurisdiccional
individual obtenga respuestas, interpretaciones más progresivas del
ordenamiento jurídico y de los valores y principios que lo unifican, ya
sea a partir de la normas internas o de las contenidas en el bloque
de constitucionalidad10, dado que los jueces de instancia, apelación y
casación, en ejercicio de sus respectivas competencias y atribuciones,
se constituyen en los garantes primarios de los derechos sometidos a
su competencia (por todas la SC 112/201211).
Conforme a ello, es posible señalar que las interpretaciones contenidas
en los Autos Supremos pronunciados por el Tribunal Supremo de
Justicia son jurisprudencia que vincula verticalmente a los Jueces y Salas
especializadas de los Tribunales Departamentales, y de forma horizontal
a la propia Sala especializada o Plena del Tribunal Supremo de Justicia,
por cuanto esta instancia se convierte en el tribunal de cierre de la
interpretación de la legalidad ordinaria en las diferentes materias.
La idea que los jueces y los vocales de las Salas de los Tribunales
Departamentales deben aplicar, citar, reconstruir los razonamientos
jurisprudenciales que resulten más progresivos, esto es, que tengan el
estándar más alto de protección de los derechos a partir del método
de comparación, justifica el apartamiento a través de una debida

9. La SCP 2233/2013-AL, sostuvo: “Nos referimos, con la expresión estándar más alto de la jurisprudencia constitucional,
para resaltar aquélla o aquéllas decisiones del Tribunal Constitucional que hubieran resuelto un problema jurídico
recurrente y uniforme, pero de manera progresiva a través de una interpretación que tiende a efectivizar y materializar
de mejor manera los derechos fundamentales y garantías constitucionales previstas en la Constitución y en los Tratados
Internacionales de Derechos Humanos que forman parte del bloque de constitucionalidad. El método de identificación
del estándar más alto en la jurisprudencia constitucional, es a través de un examen o análisis integral de la línea
jurisprudencial, de tal forma que el precedente constitucional en vigor se constituirá en aquél que resulte de dicha
comparación” (la negrillas son nuestras). Luego, la SCP 87/2014, siguiendo tal entendimiento, enfatizó que la: “…forma de
identificación del precedente constitucional en vigor a través de la lectura contextualizada de la línea jurisprudencial que
requería como única condición el criterio temporal del precedente, resultando el último en términos de fecha de emisión
por el Tribunal Constitucional (que hubiere cambiado, modulado o reconducido un determinado entendimiento) tuvo una
evolución significativa, por cuanto a partir de la SCP 2233/2013-de 16 de diciembre, la justicia constitucional entendió que
el precedente constitucional en vigor, resulta aquél que acoja el estándar más alto de protección del derecho fundamental
o garantía constitucional invocado, provocando con ello, que la invocación y aplicación de un precedente sea escogido
dentro del contexto de la línea jurisprudencial ya no solamente fijándose el criterio temporal del mismo, sino sobre todo
aquél que sea exponente del estándar más alto de protección del derecho”.
10. Inclusive, a partir del control de convencionalidad, puede adoptar la interpretación que de las normas contenidas en
instrumentos internacionales, han realizado los órganos de protección de los derechos humanos.
11. La SCP 112/2012-AL sostuvo que los jueces de instancia, apelación y casación de la pluralidad de jurisdicciones
reconocidas en la Constitución Política del Estado, esto es a través de sus órganos formales competentes (jurisdicción
ordinaria, jurisdicción agroambiental y jurisdicciones especializadas: en materia administrativa, coactiva, tributaria,
fiscal, conforme a la Disposición Transitoria Décima de la LOJ) y también de las naciones y pueblos indígenas originario
campesinos a través de sus autoridades naturales (jurisdicción indígena originaria campesina), son los garantes
primarios de los derechos fundamentales y garantías constitucionales.

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motivación de un precedente judicial del Tribunal Supremo de Justicia
o de un precedente del Tribunal Constitucional Plurinacional, con ese
sólo argumento: la aplicación del estándar más alto de protección en la
función de garantía primaria de los derechos.
En síntesis, se concluye que las interpretaciones contenidas en los Autos
Supremos y Sentencias Constitucionales, no pueden ser soslayadas
en su conocimiento y aplicación vinculante, salvo que, como se tiene
señalado, se presenten las condiciones arriba mencionadas, que se
justifican constitucionalmente en la observancia cabal de los principios
de universalidad y progresividad y prohibición de regresividad de los
derechos.
En efecto, la garantía primaria de los derechos fundamentales que
se les atribuye a los jueces en todas las materias con la facultad de
interpretación y aplicación progresiva de los mismos, se constituye en
el fundamento para que puedan apartarse de la vinculatoriedad de la
jurisprudencia del Tribunal Constitucional Plurinacional o del Tribunal
Supremo de Justicia, en aquellos casos en los que en su labor decisoria
cotidiana obtengan, fruto de su propia interpretación, decisiones con
estándares más altos que los contenidos en la jurisprudencia de los
tribunales de cierre nombrados, e inclusive de los supranacionales.
Este razonamiento está positivado en la norma contenida en el art.
256.I de la CPE12, cuando entiende que a la hora de aplicar y judicializar
los derechos, el criterio para decantarse por la aplicación de la norma
constitucional o, en su caso, de la norma internacional de derechos
humanos, es el principio de favorabilidad respecto al goce efectivo
del derecho como tal. Por lo que si el criterio para aplicar una u otra
fuente normativa es el de favorabilidad, del mismo modo, tal criterio
debe utilizarse en la fuente de derecho de origen jurisprudencial,
cuyas consecuencias prácticas se visibilizan a la hora de vincularse a la
jurisprudencia de uno u otro órgano de cierre, esto es, el Tribunal Supremo
de Justicia o el Tribunal Constitucional Plurinacional y finalmente,
en su caso, generar interpretaciones propias apartándose de dichas
fuentes jurisprudenciales, siempre tomando como criterio de selección
o comparación el estándar más alto, es decir, el más favorable, lo que
ciertamente, desplaza la práctica argumentativa de mirar únicamente la
legitimidad competencial del órgano de cierre en cuestión.
Lo señalado demuestra que la jurisprudencia tiene fundamental
importancia porque a través del seguimiento de los precedentes,

12. El art. 256.I de la CPE, señala que “Los tratados e instrumentos internacionales en materia de derechos humanos
que hayan sido firmados, ratificados o a los que se hubiera adherido el Estado, que declaren derechos más favorables
a los contenidos en la Constitución, se aplicarán de manera preferente sobre ésta”.

26

con las condiciones antes mencionadas, se garantiza el derecho a
la igualdad de las partes y la seguridad jurídica, y, en ese ámbito es
posible determinar la predictibilidad de las resoluciones judiciales
en la medida en que se sigan los precedentes constitucionales, del
Tribunal Supremo de Justicia, de los Tribunales Departamentales, de
otras juezas o jueces, o de los propios precedentes, es decir de las
resoluciones emitidas por la propia autoridad jurisdiccional; por ello,
este aspecto, es decir, la cita a los precedentes, es analizado en la
resoluciones revisadas.
• Argumentos doctrinales: Las autoridades jurisdiccionales pueden
acudir a la doctrina para apoyar su conclusión sobre la interpretación
de una disposición legal y, en ese sentido, se analizan las resoluciones a
partir de la cita a doctrina autorizada y su correspondencia con nuestro
sistema constitucional. Así, es importante relievar que la utilización de
argumentos doctrinales debe ser coherente con los principios, valores,
derechos y garantías previstos en la Constitución, es decir, con el diseño
del modelo de Estado Constitucional, Plurinacional e intercultural, toda
vez que sólo así la cita de doctrina adquiere legitimidad en el discurso
argumentativo.
• Argumentos comparativos: Bajo la denominación de argumentos
comparativos se analiza si la resolución juridicial consultó legislación
o jurisprudencia comparada para apoyar su decisión interpretativa.
Estos argumentos, de la misma manera que los argumentos doctrinales
deben ser coherentes con los principios, valores, derechos y garantías
previstos en la Constitución, es decir, con el diseño del modelo de
Estado Constitucional, Plurinacional e intercultural, por lo que, la
autoridad jurisdiccional para apoyar su decisión, debe tener en cuenta
los contextos normativos y jurisprudenciales dentro de la órbita de
cultura del derecho interno.

3.4.2. Segunda dimensión: Argumentación fáctica
Bajo la denominación de argumentación fáctica se agrupan los problemas
–si existen- vinculados a la prueba, su admisión, producción, y valoración
y la calificación jurídica, conforme a lo siguiente:
• La existencia de hechos probados: Se analizó si los hechos
del proceso se encontraban probados a través de la prueba
correspondiente.
• La admisión y la producción de la prueba: Que fueron analizadas
a partir del principio de verdad material, el enfoque de derechos
humanos, de género e interculturalidad.

27

• La valoración de la prueba: Análisis que fue vinculado con los
sistemas de valoración de la prueba previstos en el ordenamiento
jurídico en las diferentes materias, pero también con los valores
y principios de la Constitución Política del Estado, entre ellos el
principio de verdad material, así como los enfoques de género e
interculturalidad.
Asimismo, se analizaron los argumentos de razonabilidad en el
análisis de la prueba, así como la existencia de argumentos de
doctrina que avalen la determinación de la o el juzgador.
• Calificación jurídica del hecho: Se analizó la aplicación del derecho
a los hechos, para determinar la existencia de correspondencia
entre el supuesto de derecho (premisa normativa) y el supuesto de
hecho (premisa fáctica); así como la pertinencia de los argumentos
normativos en el caso concreto.

3.4.3. Tercera dimensión: Justificación de la resolución
• Justificación interna: Se analiza en la resolución la lógica de los
enunciados y su conclusión (silogismo jurídico); así como el uso de métodos
deductivos, inductivos, abductivos, la dialéctica y retórica por parte de la
autoridad jurisdiccional. También se analiza el principio de universalidad
en la aplicación de la regla al caso concreto, si fue utilizada en anteriores
casos y si puede ser aplicable en el futuro.
• Justificación externa: Se analiza si:
o La resolución es coherente con el ordenamiento jurídico y los
principios y valores que unifican el ordenamiento jurídico.
o La resolución toma en cuenta las consecuencias que puede generar
la decisión en el contexto social.
o La resolución aporta significativamente al desarrollo de una figura jurídica
o introduce innovaciones para la comprensión de dicha figura jurídica.
o La resolución contiene un enfoque basado en derechos: Para ello
se considera si la protección de los derechos de las partes forma
parte de la actuación judicial; si se respeta el principio de igualdad
y no discriminación; si se identifican acciones u omisiones respecto
a las obligaciones internacionales generales y específicas por parte
del Estado; si se respetan los principios de progresividad y no
regresividad en la protección de los derechos y si se efectúa el control
de convencionalidad.

28

o La resolución contiene un enfoque de género: Se analiza si existen
manifestaciones de género, modelos de mujer u hombre que sustenta la
resolución, si se utiliza un lenguaje género sensitivo o neutral.
o La resolución contiene un enfoque intercultural: Se examina si la
resolución respeta y valora las diferencias culturales; si se consideran
en la resolución dichas diferencias al momento de resolver el caso, si
utiliza principios y valores plurales en la resolución y si considera los
derechos de las naciones y pueblos indígena originario campesinos.

3.5. Criterios para la reconstrucción de la LPJI
Sobre la base de todos los puntos analizados, se efectuó la reconstrucción
de las LPJI, a partir de una redacción interpretativa de lo que la autoridad
jurisdiccional dijo en su resolución. En ese sentido, para la labor reconstructiva
de la LPJI se siguieron las siguientes pautas:
• Identificación del problema jurídico resuelto por la jueza o juez, así como de:
o Los problemas normativos que presenta la disposición legal aplicable
(p.ej. relevancia de la norma, interpretación).
o Los problemas fácticos que se presentan en el caso (sobre los hechos
probados, la admisión producción y valoración de la prueba, cuando
corresponda, y calificación jurídica).
• Identificación de argumentos normativos o fácticos que fortalezcan la LPJI.
o Construcción de hipótesis de solución tanto al problema jurídico (por
ejemplo la reconstrucción de la norma a partir de la interpretación)
como a los problemas fácticos (por ejemplo la reconstrucción de la
valoración de la prueba)
o Formulación de los argumentos en favor de la reconstrucción
propuesta.
o Comparación de la solución propuesta al problema jurídico y la
argumentación realizada, con los argumentos contenidos en la
resolución de la autoridad jurisdiccional.

29

IV. SELECCIÓN DEL CDPJ Y DE
LA LPJI SOBRE LA BASE DE LOS
CRITERIOS CONTENIDOS EN
EL DISEÑO METOLÓGICO DEL
PRESENTE DOCUMENTO

IV. SELECCIÓN DEL CDPJ Y DE
LA LPJI SOBRE LA BASE DE LOS
CRITERIOS CONTENIDOS EN
EL DISEÑO METOLÓGICO DEL
PRESENTE DOCUMENTO

Sobre la base de los criterios contenidos en la metodología descrita
precedentemente, luego de la revisión de todos los CDPJ de las ciudades
de Sucre, La Paz y Cochabamba, se eligieron cuatro cuadernos CPDJ,
identificándose una LPJI por materia (penal, civil, familiar y laboral).
En ese sentido, para efectos de publicación de la presente investigación, se ha
dividido la selección de la CPDJ y de las LPJI en tres partes de estudio: 1. LPJI
en materia de derechos de la niñez y adolescencia; 2. LPJI sobre reivindicación;
3. LPJI sobre el acoso laboral como causa de despido intempestivo.
En la esta primera parte, se analizarán las LPJIs en materia de derechos de la niñez
y adolescencia, en dos grupos: a. LPJI sobre el principio de proporcionalidad en
la aplicación de medidas socioeducativas a adolescentes en conflicto con la ley;
b. Fijación de asistencia familiar. Se ha agrupado a ambas LPJI porque tienen
especial relevancia dentro del Sistema Interamericano de Derechos Humanos,
especialmente desde la creación de la Relatoría sobre los derechos de la Niñez
en 1998, dependiente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos;
Relatoría que marcó como objetivo esencial reducir la incidencia de la violación
de los derechos humanos de la niñez y adolescencia en los países miembros
de la Organización de Estados Americanos (OEA), con dos ejes prioritarios

33

para dar cumplimiento a este objetivo; el primero referente al seguimiento de
los casos de vulneración de los derechos de niños y adolescentes conocidos
tanto por la CIDH como por la Corte IDH con el fin de recomendar a los Estados
partes acciones concretas para avanzar integralmente en la protección de
los derechos humanos de las niñas, niños y adolescentes13 y el segundo eje
referido a diagnosticar cuáles los principales obstáculos enfrentados por los
sistemas de justicia penal juvenil en las Américas y el Caribe con el propósito
de establecer recomendaciones para que los Estados partes adecuen sus
prácticas y legislación en la materia de acuerdo a los derechos humanos de las
niñas, niños y adolescentes14.
En ese orden de ideas, reiteramos que en la presente publicación se analizarán
de manera conjunta la LPIJ referida a la asistencia familiar y la LPIJ que
desarrolla el tema de la justicia penal juvenil y en documentos independientes
se analizarán las LPIJ en materia civil y laboral, debiendo hacerse notar que
para el análisis de todas estas resoluciones se ha utilizado el mismo diseño
metodológico, ya descrito precedentemente.

4.1. Selección de los CDPJs y LPJI
En el punto III.3 de este documento se señalaron los criterios utilizados para la
selección de los CPDJ y las LPJI; por lo que, en aplicación de los mismos, se han
seleccionados dos CPDJ de Sucre:

MATERIA

VOCAL

DEPARTAMENTO

PROCESO Y TEMA

Penal-Juvenil

Sonia Elena Barrón
Cortez, Jueza
Primera de Partido
de la Niñez y
Adolescencia

Chuquisaca

El principio de
proporcionalidad en la
aplicación de medidas
socio-educativas a
adolescentes en conflicto
con la ley

Familiar

Ángela Marisol
Tirado Ramos,
Jueza Primero
de Instrucción de
Familia

Chuquisaca

Procesos sumarios:
Fijación de Asistencia
Familiar

13. La Relatoría sobre los Derechos de la Niñez ha producido dos ediciones del libro “La infancia y sus derechos” (2002
y 2008) que contiene una compilación sobre los casos en materia de niñez así como información necesaria para acceder
al Sistema Interamericano. Disponible en: http://cidh.oas.org/countryrep/Infancia2sp/Infancia2indice.sp.htm.
De igual forma la Relatoría en el año 2009 publicó el Informe sobre el castigo corporal y los derechos humanos de las
niñas, niños y adolescentes, publicación que aborda la gravedad y seriedad de la práctica del castigo corporal con el fin
de recomendar a los Estados acciones concretas para avanzar integralmente en la protección de los derechos humanos
de las niñas, niños y adolescentes. Dicha publicación puede ser consultada en:http://www.oas.org/es/cidh/infancia/
docs/pdf/CASTIGO%20CORPORAL%20ESP%20FINAL.pdf
14. La citada Relatoría en el Informe de 13 de julio de 2011 denominado Justicia Juvenil y Derechos Humanos en las
Américas ha establecido los principales retos a los que se enfrentan los Estados partes en cuanto a la justicia penal
juvenil. Dicho informe puede ser consultado en: https://www.cidh.oas.org/pdf%20files/JusticiaJuvenil.pdf

34

4.2. Justificación de la selección del CDJP y de la LPJI
Tanto los CDJP como las LPJI fueron seleccionadas a partir de los criterios
señalados en el punto III.3 de este documento, conforme se pasa a explicar:

a. Materia Penal - Juvenil
El CDPJ de la Jueza de Partido Primera de la Niñez y Adolescencia–Chuquisaca,
Sonia Elena Barrón Cortez con la LPJI: “El principio de proporcionalidad en la
aplicación de medidas socio-educativas a adolescentes en conflicto con la ley”,
se justifica en razón a los siguientes criterios:
- Relevancia interpretativa y argumentativa e impacto en los derechos
humanos
El CPDJ elegido y la LPJI seleccionada, son relevantes por cuanto en las
resoluciones analizadas la jueza efectúa un juicio de proporcionalidad
en la aplicación de medidas socio-educativas a adolescentes en
conflicto con la ley, justificando tanto interna como externamente
su decisión. Asimismo, la LPJI elegida tiene directo impacto en el los
derechos de los adolescentes contenidos en la Constitución y los
instrumentos internacionales sobre derechos humanos.
- Vinculación del caso con los grupos en situación de vulnerabilidad
identificados
El CPDJ y la LPJI seleccionada, se vinculan directamente con los
derechos de la niñez y adolescencia como grupo en situación de
vulnerabilidad, que se agudiza debido a su situación de conflicto con
la ley penal.
- Número de resoluciones que abordan el tema
De la revisión de la totalidad de los CPDJ se ha evidenciado que la
LPJI escogida se encuentra en cuatro resoluciones que son legibles,
completas y presentan una línea de pensamiento uniforme.

b. Materia Familiar
El CDPJ de la Jueza Primera de Instrucción de Familia de Sucre, Ángela Marisol
Tirado Ramos, con la LPJI “Fijación de asistencia familiar” abordado en los
procesos de asistencia familiar, se justifica en razón a los siguientes criterios:

35

- Relevancia interpretativa y argumentativa e impacto en los derechos
humanos
El CPDJ elegido y la LPJI seleccionada, desarrollan uno de los institutos
fundamentales del derecho de familia como es la asistencia familiar,
realizando la Jueza un desarrollo del instituto a partir de la doctrina y
las normas previstas en la Constitución Política del Estado, el bloque
de constitucionalidad y el ordenamiento jurídico especifico vigente.
Así, las resoluciones escogidas, en cuanto a la argumentación
normativa, contiene argumentos interpretativos, ponderativos,
jurisprudenciales, doctrinales y comparativos que desarrollan la
asistencia familia y respecto a la argumentación fáctica, desarrollan
la valoración de la prueba a partir de los valores y principios de la
Constitución Política del Estado.
Por otra parte, las resoluciones del CPDJ en la LPJI, tienen impacto
en la situación de la mujer y los derechos fundamentales de los niños,
niñas y adolescentes.
- Vinculación del caso con los grupos en situación de vulnerabilidad
identificados
Para el análisis del instituto jurídico de la asistencia familiar, la Jueza
parte del interés superior del niño, niña y adolescente, su desarrollo
doctrinal y jurisprudencial, tanto en el ámbito interno como en el
ámbito convencional, siendo relevante la vinculación efectuada por
la citada Jueza entre los estándares del Sistema Interamericano, la
Constitución y la normativa específica vigente en la resolución de los
casos analizados, relacionados con la niñez y adolescencia como grupo
en situación de vulnerabilidad.
- Número de resoluciones que abordan el tema
De la revisión de la totalidad de los CDPJ se ha evidenciado que la
LPJI escogida se encuentra en cuarenta y dos resoluciones tanto de la
gestión 2012 como de la gestión 2013, siendo importante relievar que
dichas resoluciones son legibles y completas y presentan una línea de
pensamiento uniforme.

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V. RESEÑA DE LAS
JUEZAS DE LOS CDPJS
SELECCIONADOS

V. RESEÑA DE LAS
JUEZAS DE LOS CDPJS
SELECCIONADOS

a. Materia Penal- Juvenil
Sonia Elena Barrón Cortez, Jueza Primera de Partido de la Niñez y Adolescencia
de Chuquisaca: Cursó sus estudios de licenciatura en la Universidad Mayor
Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca, y ejerce las funciones
de Jueza desde la gestión 2008.

b. Materia Familiar
Ángela Marisol Tirado Ramos, Jueza Primera de Instrucción de Familia de
Chuquisaca: Obtuvo su licenciatura en la Universidad Mayor Real y Pontificia
de San Francisco Xavier de Chuquisaca y ejerce funciones de Jueza desde el
año 2004.

39

VI. ANÁLISIS DE LAS
RESOLUCIONES

VI. ANÁLISIS DE LAS
RESOLUCIONES

6.1. Materia penal-juvenil15
6.1.1. Introducción
Conforme quedó establecido, se eligió el CDPJ de la Jueza de Partido
Primera de la Niñez y Adolescencia de Chuquisaca, Sonia Elena Barrón
Cortez, con la LPJI: “El principio de proporcionalidad en la aplicación de
medidas socio-educativas a adolescentes en conflicto con la ley” abordado
en procesos infraccionales contra adolescentes, línea que fue elegida
sobre la base de los criterios que han sido explicados precedentemente,
entre ellos, la relevancia del juicio de proporcionalidad efectuado por la
Jueza para la aplicación de las medidas socioeducativas.
La LPJI elegida cuenta con cuatro Sentencias que de manera uniforme
efectúan un análisis de proporcionalidad de las medidas socio-educativas
a imponerse, y si bien las sentencias que se analizan están vinculadas
a diferentes infracciones; empero, lo esencial en el tema elegido está
vinculado con los criterios comunes utilizados por la Jueza para efectuar
el análisis de proporcionalidad.

15. El análisis de las sentencias y la reconstrucción de LPIJ en materia penal-juvenil fue realizada por Mónica Gabriela
Sauma Zankys.

43

Cabe señalar que si bien podría pensarse que el tema elegido carece
de actualidad en mérito a la existencia de un nuevo Código Niño, Niña y
Adolescente; empero debe precisarse que este nuevo Código contiene,
al igual que el anterior, normas referidas a las medidas socio-educativas,
contemplándose en el art. 262 a la proporcionalidad dentro de los
derechos y garantías de la o el adolescente, según la cual, las sanciones
y medidas socio-educativas deben ser racionales, en proporción al hecho
punible y sus consecuencias.
En el mismo sentido, el art. 325 establece como pautas para la
determinación y la aplicación de la medida y su duración, la naturaleza
y gravedad de los hechos, el grado de responsabilidad de la o del
adolescente, la edad de la y el adolescente y su capacidad para cumplir la
medida, los esfuerzos de la o el adolescente para reparar los daños y, la
proporcionalidad e idoneidad de la medida, consecuentemente, el tema
evidentemente es actual y LPJI de la jueza se constituye en un aporte
para la determinación de las medidas socio-educativas.

6.1.2. Contextualización del instituto jurídico
En mérito a que en materia penal se ha elegido el CDPJ que contiene
la LPJI “El principio de proporcionalidad en la aplicación de medidas
socio-educativas a adolescentes en conflicto con la ley”, es importante
hacer referencia a dicho principio a efecto de comprender su significado,
primero constitucional, luego penal y, finalmente en el ámbito específico
de los procesos en los que se encuentren involucrados los adolescentes
en conflicto con la ley.
Para efectuar esta breve contextualización, previamente es necesario
partir de las pautas de interpretación diseñadas en nuestra Constitución
Política del Estado, para comprender la importancia de este principio en
el ámbito de los derechos fundamentales, acudiendo para ello también
a la jurisprudencia interna e interamericana, para luego establecer el
contenido de dicho principio en materia penal juvenil, en el marco de
nuestra Constitución y las normas del bloque de constitucionalidad.
- Las pautas de interpretación de los derechos humanos y la relevancia
del principio de proporcionalidad
El principio de proporcionalidad, es un concepto jurídico utilizado,
fundamentalmente, por las cortes y tribunales constitucionales16,
así como los tribunales para la protección de derechos humanos,
como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y, en el sistema
interamericano, la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esta
16. BERNAL PULIDO, Carlos, El derecho de los derechos, Universidad Externado de Colombia, Colombia, 2005, p. 66

44

tendencia a utilizar el principio de proporcionalidad se justifica a partir
de la existencia de Constituciones que no se limitan a establecer normas
competenciales o de procedimiento, sino que tienen un verdadero
contenido de normas materiales o sustantivas “que condicionan la
actuación del Estado por medio de la ordenación de ciertos fines y
objetivos”17.
La Constitución boliviana, se inscribe en el marco de estas
Constituciones que tienen un fuerte contenido material, que se
manifiesta no sólo en la amplitud de la parte dogmática de la
Constitución Política del Estado, constituida por la Primera Parte,
bajo el nombre de “Bases Fundamentales del Estado, Derechos,
Deberes y Garantías” que contiene un amplio catálogo de derechos
y garantías, que representan más del 35% de las normas de la
Constitución Boliviana, sino también, por la consagración del bloque de
constitucionalidad en el art. 410 de la CPE, que integra a las normas de
derechos humanos contenidas en Pactos y Convenios Internacionales
a la norma constitucional y, por ende, extiende de manera progresiva
el reconocimiento de derechos humanos como base y fundamento del
sistema constitucional boliviano; bloque de constitucionalidad que a
partir de la jurisprudencia constitucional boliviana, se amplía con los
precedentes de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (SCP
110/2010) y con los principios y valores plurales a la luz del vivir bien,
conforme lo ha entendido la jurisprudencia constitucional contenida
en la SCP 1422/2012, entre otras.
En ese ámbito, también debe precisarse que nuestra Constitución
Política del Estado, contiene criterios constitucionalizados de
interpretación de los derechos humanos, entre los cuales puede
mencionarse al principio de favorabilidad (pro homine o pro persona),
en virtud al cual el juzgador debe aplicar aquellas normas y la
interpretación que resulten más favorable para el o los derechos18;
a la interpretación conforme a los pactos internacionales sobre
derechos humanos, según la cual las normas internas sobre derechos
fundamentales deben ser interpretadas a partir no sólo de las normas
contenidas en dichos pactos, sino también de la jurisprudencia de los
órganos de supervisión, en especial de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos (SC 110/2010-R) cuando estas prevean normas

17. CARBONELL, Miguel, “El principio de proporcionalidad y los derechos fundamentales”, en El principio de
proporcionalidad y la interpretación constitucional, Miguel Carbonell, Editor, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos,
Quito, Ecuador, 2008, p. 9 y ss.
18. Así la SC 006/2010-R ha establecido que las normas sobre derechos humanos “(…) deben ser interpretadas en el
sentido que más favorezca a la persona, vinculándose, en consecuencia, con el principio de interpretación progresiva
de los derechos, en virtud del cual entre varios entendimientos posibles, debe optarse por aquél que limite en menor
medida el derecho o garantía que se denuncia como vulnerado, es decir, se debe elegir la interpretación más extensiva
en cuanto al reconocimiento de derechos y una interpretación más restringida cuando se establezcan límites al ejercicio
de los mismos”

45

más favorables; criterio de interpretación que se desprende de la
obligación del Estado boliviano de compatibilizar el derecho interno
con el derecho internacional sobre derechos humanos, y de efectuar
una interpretación integral de ambos, conciliando ambas fuentes de
derechos (la internacional y la nacional), por formar un único sistema
de derechos (de ahí que estos Pactos, precisamente, formen parte del
bloque de constitucionalidad,).
Ambos criterios de interpretación, de favorabilidad e interpretación
conforme a los pactos internacionales sobre derechos humanos,
se encuentran previstos en los arts. 13 y 256 de la CPE y se
complementan con el principio de interpretación progresiva, que se
desprende de las propias características de los derechos humanos
que se encuentran previstas en el art. 13 de la CPE. Efectivamente,
una de las características de los derechos, de acuerdo a dicha norma,
es su progresividad, esto implica que los derechos fundamentales
reconocidos en la Constitución no se constituye en un catálogo
cerrado, sino que están sujetos a una revisión permanente para su
ampliación en el reconocimiento de nuevos derechos, como también
se desprende de la cláusula abierta prevista en el art. 13.II de la CPE. En
ese entendido, el principio de progresividad significa, por un lado, que
los derechos humanos pueden ser reconocidos de manera continua y
por otro, que las conquistas conseguidas, respecto a un derecho o su
interpretación, no pueden ser luego desconocidas por el intérprete de
dicho derecho, sea juez, tribunal o autoridad.
El principio de progresividad ha sido desarrollado por la jurisprudencia
constitucional en las SSCCPP 210/2013, 1617/2013 2491/2012, entre
muchas otras, siendo relevante mencionar a la SCP 2233/2013 de 16
de diciembre que razonó sobre la aplicación del estándar más alto de la
jurisprudencia constitucional a partir, precisamente, de dicho principio19.
Junto a los criterios de interpretación antes anotados, es menester
hacer referencia a la directa aplicación de los derechos que emerge del
art. 109 de la CPE, norma constitucional que establece que “Todos los
derechos reconocidos en la Constitución son directamente aplicables y
gozan de iguales garantías para su protección”; norma en virtud a la cual
el juzgador, no puede alegar falta de desarrollo legislativo o aspectos
formales para la protección de un derecho. De dicha norma, además
deriva el principio de directa justiciabilidad de los derechos, conforme

19. La SCP 2233/2013, tuvo el siguiente razonamiento: aquellas decisiones del Tribunal Constitucional Plurinacional que
hubieran resuelto un problema jurídico recurrente y uniforme, pero de manera progresiva a través de una interpretación
que tiende a efectivizar y materializar de mejor manera los derechos fundamentales y garantías constitucionales
previstas en la Constitución y en los Tratados Internacionales de Derechos Humanos que forman parte del bloque de
constitucionalidad. El método de identificación del estándar más alto en la jurisprudencia constitucional, es a través
de un examen o análisis integral de la línea jurisprudencial de tal forma que el precedente constitucional en vigor se
constituirá en aquél que resulte de dicha comparación(…)

46

al cual todos los derechos, sin ninguna distinción pueden ser tutelados
en la vía judicial, tanto en la jurisdicción ordinaria o agroambiental,
pues los jueces y tribunales son los garantes primarios de los derechos
humanos (SCP 112/2012), como en la vía constitucional, a través de las
diferentes acciones de defensa previstas en la Constitución Política
del Estado y el Código procesal constitucional. Cabe aclarar que la
directa justiciabilidad es una concreción del carácter normativo de la
Constitución como una de las características del Estado Constitucional,
conforme concluyeron las SSCCPP 0085/201220 y 121/201221.
Otro de los criterios indispensables para la interpretación de los
derechos humanos, es el principio de igualdad jerárquica de los
derechos que se encuentra contenido en el art. 13.III de la CPE, norma
que establece que “La clasificación de los derechos establecida en
esta Constitución no determina jerarquía alguna ni superioridad de
unos derechos sobre otros”; esto significa que todos los derechos
reconocidos en la Constitución, sean individuales o colectivos, de
corte liberal, social, colectivo o difuso tienen igual jerarquía.
Ahora bien, a partir de las características y criterios de interpretación
antes anotados, en especial la igualdad jerárquica, en abstracto, de
los derechos humanos, el principio de aplicación directa y directa
justiciabilidad, emerge el principio de proporcionalidad como una
metodología que permite analizar las limitaciones de cualquier
orden a los derechos fundamentales, bajo el entendido que si bien
los derechos son directamente aplicables y gozan de iguales garantías
para su protección (art. 109 de la CPE), también es evidente que estos
20. La indicada Sentencia Constitucional estableció: (…) en el nuevo orden constitucional, la aplicación horizontal de
los derechos fundamentales encuentra génesis directa en la parte dogmática de la Constitución Política del Estado, en
particular, en el art. 109.1 que consagra el principio de aplicación directa de la Constitución.
En efecto, el principio de aplicación directa de la Constitución, obliga al contralor de constitucionalidad a materializar
el fenómeno de irradiación de esta Constitución axiomática y dogmático-garantista, por tanto, el ejercicio del
control de constitucionalidad para la eficacia horizontal y vertical de derechos fundamentales, podrá efectuarse a
la luz del principio de razonabilidad, como estándar axiomático, destinado a materializar los valores de igualdad y
justicia que se encuentran dentro del contenido esencial de los derechos fundamentales reconocidos por el Estado
Plurinacional de Bolivia.
21. La SCP 121/2012 determinó que la eficacia máxima de los derechos y el principio de aplicación directa y eficaz de
los derechos fundamentales suponen una superación de la concepción formalista del sistema jurídico y se constituyen
en postulados para consolidar el valor normativo de la Constitución, conforme a lo siguiente:
(…) la premisa en virtud de la cual se debe asegurar la eficacia máxima de los derechos fundamentales, exige en términos
de teoría del derecho, la superación de una concepción ius-positivista y formalista del sistema jurídico, e implica la
adopción de postulados jurídicos enmarcados en cánones constitucionales no solamente destinados a limitar el poder,
sino fundamentalmente direccionados a consagrar y consolidar la vigencia material de los derechos fundamentales.
(…)el principio de aplicación directa y eficaz de los derechos fundamentales, constituye un postulado que consolida
el valor normativo de la Constitución, por el cual, los derechos fundamentales tienen una efectividad plena más
allá de un reconocimiento legislativo o de formalismos extremos que puedan obstaculizar su plena vigencia, aspecto
que caracteriza la “última generación del Constitucionalismo”, en el cual, el fenómeno de constitucionalización
del ordenamiento jurídico, se consagra y alcanza su esplendor a través del principio de aplicación directa de los
derechos fundamentales, el cual se materializa a través del nuevo rol de las autoridades jurisdiccionales en su labor
de interpretación constitucional acompañada de una coherente teoría de argumentación jurídica.

47

derechos no son absolutos, sino que tienen límites que deben estar
contenidos en una ley formal22, a partir de la garantía de reserva legal
que se encuentra contenida en el art. 109.II de la CPE23; sin embargo,
estas limitaciones deben ser las estrictamente indispensables para
alcanzar un fin constitucionalmente lícito a partir del principio
de prohibición de la arbitrariedad que es inherente al Estado
Constitucional24.
En ese sentido, debe señalarse que el art. 30 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos (CADH), establece que las restricciones
permitidas al goce y ejercicio de los derechos y libertades reconocidas
en la Convención, “no pueden ser aplicadas sino conforme a leyes que
se dictaren por razones de interés general y con el propósito para el cual
han sido establecidas”; norma sobre la cual, la Corte Interamericana
de Derechos humanos, en la Opinión Consultiva OC 6/86 de 9 de mayo
de 1986, ha establecido que dicho artículo:
(…) no puede ser interpretado como una suerte de autorización
general para establecer nuevas restricciones a los derechos
protegidos por la Convención, que se agregaría a las limitaciones
permitidas en la regulación particular de cada uno de ellos. Por el
contrario, lo que el artículo pretende es imponer una condición para
que las restricciones, singularmente autorizadas sean legítimas”25.
Conforme a ello, tanto a nivel interno como a partir del sistema
interamericano, es posible afirmar que si bien los derechos humanos
no son absolutos, las restricciones a los mismos deben ser establecidas
por leyes formales, pero además, dichas restricciones deben estar
permitidas por la Constitución Política del Estado y los Tratados
Internacionales sobre Derechos humanos, además de ser necesarias
y proporcionales26.
De acuerdo a lo anotado, es posible afirmar que, en primer término, un
derecho puede ser restringido; sin embargo, como dichas restricciones,
generalmente, hacen referencia al “interés social” a la “seguridad
pública”, al orden, o salud y, en ese sentido, son indeterminadas,
deben ser concretadas, fundamentalmente, por las autoridades
jurisdiccionales, al momento de su aplicación.

22. Se entiende por ley formal a aquella que emanada de la Asamblea Legislativa Plurinacional, cumpliendo el
procedimiento descrito den la Constitución Política del Estado.
23. El art. 109.II establece que “Los derechos y sus garantías sólo podrán ser regulados por ley”
24. SANCHEZ GIL, Rubén, El Principio de proporcionalidad, Instituto de Investigaciones Jurídicas, México, 2007, pág. 20.
25. CORTE IDH, La expresión “Leyes”, en el artículo 30 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Opinión
Consultiva OC-6/86 de 9 de mayo de 1986, p. 17.
26. RODRÍGUEZ, Gabriela, “Art. 30. Alcance de las restricciones”, en Convención Americana sobre Derechos Humanos,
Editorial Konrad Adenauer, 2014, p. 716.

48

Es en ese marco que surge la necesidad de analizar la proporcionalidad
de las medidas restrictivas de los derechos fundamentales y para ello se
ha utilizado el test de proporcionalidad tanto por los jueces y tribunales
internos como por los tribunales internacionales, en especial, por la
Corte Interamericana de Derechos Humanos27. Este test consta de tres
subprincipios que deben ser observados para evaluar la intervención
o medida y considerarla como constitucionalmente legítima28: la
idoneidad o adecuación, la necesidad y la proporcionalidad en sentido
estricto.
Bernal Pulido, sostiene que según el subprincipio de idoneidad,
toda intervención en los derechos fundamentales debe ser idónea
o adecuada para contribuir a alcanzar un fin constitucionalmente
legítimo; además de acuerdo al subprincipio de necesidad, debe
buscarse aquella medida menos restrictiva al derecho, lo que supone
que se deberá elegir aquella medida que siendo idónea para alcanzar
el objetivo perseguido, resulte menos restrictiva a los derechos de las
personas; finalmente el subprincipio de proporcionalidad en sentido
estricto, implica efectuar un juicio de ponderación entre las ventajas
de la medida y la restricción al derecho: “las ventajas que se obtengan
mediante la intervención en el derecho fundamental deben compensar
los sacrificios que ello implica para su titular y para la sociedad en
general”29.
- El principio de proporcionalidad en la determinación judicial de la pena
En el ámbito penal, el principio de proporcionalidad es utilizado por las
autoridades jurisdiccionales, fundamentalmente, para la imposición de
la pena, pues, en la mayoría de los casos, las penas tienen un mínimo
y un máximo legal, y es entre dichos límites que la o el juez debe fijar
la sanción y es en se sentido que se señala que la determinación de la
pena es siempre un caso difícil, por cuanto el juzgador debe efectuar un
test de proporcionalidad, en el que deberá analizar las razones a favor
o en contra de la imposición de una pena concreta. Así, en contra de
su imposición, podrán encontrarse los derechos fundamentales que
resultarán restringidos, como por ejemplo el derecho a la libertad, y

27. Así, Opinión Consultiva OC5/85, de 13 de noviembre de 1985, “La Colegiación Obligatoria de periodistas (arts. 13 y
29 Convención Americana sobre Derechos Humanos” en el que la Corte establece que la Colegiación obligatoria tiende
a justificarse como un medio para asegurar el orden público o como una justa exigencia del bien común en una sociedad
democrática; último conceptos que cuando se invoquen como fundamento de limitaciones a los derechos humanos
deben ser objeto de una interpretación estrictamente ceñida a las justas exigencia de una sociedad democrática
que tenga en cuenta el equilibrio entre los distintos intereses en juego y la necesidad de preservar el objeto y fin
de la convención. Ver CORTE IDH, Opinión Consultiva 5/85 de 13 de noviembre de 1985, La colegiación obligatoria de
periodistas (arts. 13 y 29 Convención Americana sobre Derechos Humanos), párrafos 61 y ss. Disponible en: www.oas.org/
es/cidh/expresion/showDocument.asp?DocumentID=26
28. BERNAL PULIDO, Carlos, op. cit., p. 66
29. Ibid., p.67

49

entre las razones a favor, las finalidades de la pena30, las cuales están
previstas en la Constitución y las leyes.
Así, la Constitución Política del Estado boliviana, en el art. 118.
III, señala de manera expresa que la finalidad de las sanciones
privativas de libertad y las medidas de seguridad “es la habilitación
e inserción social de los condenados con respeto a sus derechos”;
finalidad preventiva especial positiva, que se encuentra, junto con las
finalidades preventivas generales (positiva y negativa) en el art. 25 del
CP que sostiene que “la sanción comprende las penas y las medidas
de seguridad. Tiene como fines la enmienda y readaptación social del
delincuente, así como el cumplimiento de las funciones preventivas en
general y especial”.
Conforme a ello, la pena cumple finalidades preventivas generales
negativas, en la medida en que es un mecanismo por el cual los
ciudadanos se motivan a no lesionar bienes jurídicos, finalidades
positivas, en tanto fortalece “una ética mínima en la sociedad”31 y
protege los bienes jurídicos. En términos de Jakobs, la pena tiene la
función de mantener la identidad normativa de la sociedad, al ser un
valor simbólico que refuerza la confianza en el sistema social en general
y en el sistema penal en particular32; finalmente, la pena tiene el fin
preventivo especial de educación, habilitación e inserción social de los
condenados, conforme manda la norma constitucional antes glosada.
Ahora bien, cabe señalar que el principio de proporcionalidad también
está asociado, en materia penal, a la culpabilidad, pues de acuerdo al
art. 13 del CP, no se podrá imponer pena al agente si su actuar no
le es reprochable penalmente, añadiendo que la culpabilidad y no el
resultado es el límite de la pena; en ese sentido de acuerdo al código si
la ley vincula a una especial consecuencia del hecho una pena mayor,
ésta sólo se aplicará cuando la acción que ocasiona el resultado más
grave se hubiera realizado por lo menos culposamente.
Conforme a ello, es evidente, como anota Roxin, que el principio de
culpabilidad cumple una función limitadora de la pena, que debe ser
“afirmada irrestrictamente como exigencia del Estado de Derecho”33; sin
embargo, actualmente se dice que la pena tiene diferentes finalidades
de acuerdo a los momentos en que aparece34. Así, cuando el legislador
30. ARIAS HOLGÚÍN, Diana Patricia, “Proporcionalidad, pena y principio de legalidad”, en Revista de Derecho N1 38,
Barranquilla, 2012.
31. Eugenio Raúl Zaffaroni, Política y Dogmática jurídico penal, en En Torno a la cuestión penal, Montevideo, Buenos
Aires, Editorial B de f, 2005, p. 90.
32. Eugenio Raúl, Zaffaroni, Manual de Derecho Penal. Parte General, op. cit. p.42.
33. Claus Roxin, Dogmática Penal y Política Criminal, Lima, IDEMSA, 1998, p. 34.
34. Francisco Muñoz Conde y Mercedes García Arán, Derecho Penal, Parte General, Valencia, Tirant Lo Blanch, 2000, p. 55 y ss.

50

establece las conductas consideradas delictivas amenazándolas con
una pena, ésta tiene el fin de intimidar a los miembros de una sociedad
(prevención general negativa)para que se abstengan de realizar una
determinada conducta. Cuando no obstante esta amenaza se comete
un delito, al autor se le aplica la pena establecida por ley para ese
hecho, primando la idea de retribución y también de prevención
general positiva, en la medida en que se demuestra la superioridad
de la norma jurídica sobre la voluntad del delincuente, reafirmando la
confianza social en el Derecho;35 finalmente, la función de prevención
especial prima durante la ejecución de la pena impuesta, pues se
persigue la reeducación, resocialización, rehabilitación, etc., (función
preventiva especial positiva) o el aseguramiento del delincuente
(función preventiva especial negativa).
Así, Francisco Muñoz Conde, señala:
[…] la pena es retribución, en tanto que supone la imposición de
un mal al hecho punible cometido. La idea de retribución traza los
límites de la intervención punitiva del Estado. El límite mínimo,
porque sólo puede aplicarse prescindiendo ahora de las medidas
de seguridad, cuando se haya cometido un hecho delictivo
completo en todos sus elementos. El límite máximo, porque
obliga a no sobrepasar la gravedad de la pena que tiene asignada
en la ley el hecho que dio lugar a su aplicación. Pero la pena
no se agota en la idea de retribución, sino que cumple también
otra función importante, luchando contra el delito a través de
su prevención: a través de la prevención general, intimidando a
la generalidad de los ciudadanos, amenazando con una pena el
comportamiento prohibido (prevención general negativa), pero
también demostrando la superioridad de la norma jurídica y los
valores que representa, así como restableciendo o fortaleciendo
la confianza de los ciudadanos en el Derecho (prevención general
positiva); y a través de la prevención especial, incidiendo sobre el
delincuente ya condenado, corrigiéndolo y recuperándolo para
la convivencia, fomentando en él una actitud de respeto por las
normas jurídicas.36
Ahora bien, establecidas las finalidades de la pena, desde la perspectiva
constitucional y legal, y la culpabilidad como un criterio para efectuar
el juicio de proporcionalidad, debe señalarse que junto a aquélla,
también debe considerarse la gravedad del hecho, y en ese sentido, el
art. 37 del CP, que hace referencia a la fijación de la pena, sostiene que
compete a la autoridad jurisdiccional, atendiendo la personalidad del

35. Ibid., p. 55.
36. Ibid., p. 56.

51

autor, la mayor o menor gravedad del hecho, las circunstancias y las
consecuencias del delito, tomar conocimiento directo del sujeto, de la
víctima y de las circunstancias del hecho en la medida requerida para
cada caso, así como determinar la pena aplicable a cada delito dentro
de los límites legales. En ese sentido, el Código establece criterios
para apreciar la personalidad del autor (art. 38.1 del CP) y la gravedad
del hecho (art. 38.2 del CP), y prevé las atenuantes especiales, (art. 39
del CP), las generales (art. 40 del CP), así como una agravante general
referida a los motivos racistas y/o discriminatarios (art. 40 bis).
Las circunstancias anotadas indudablemente están orientadas a
establecer criterios que permitan valorar tanto el grado de culpabilidad
(proporción del reproche) como el grado del injusto (proporción de la
infracción), que son parámetros clave para dosificar la sanción penal a
partir del principio de proporcionalidad y los subprincpios de idoneidad,
necesidad y proporcionalidad en sentido estricto. En ese entendido,
toda decisión de la autoridad judicial sobre la imposición de una pena
deberá estar debidamente motivada y fundamentada, para que la
discrecionalidad judicial no se convierta en arbitrariedad, y por lo mismo,
el juez debe explicar las razones de su decisión, efectuando el juicio de
proporcionalidad, fortaleciendo así la razonabilidad de su decisión.
El principio de proporcionalidad, entonces implica el cotejo, la
comparación entre dos variables “acción-reacción, delito-pena,
infracción-sanción. Expresado en términos más descriptivos, debemos
hablar de la relación de correspondencia que debe existir entre la
calidad y cantidad de la pena y su concordancia con la entidad y gravedad
del delito”37. En la actualidad, el principio de proporcionalidad se
intenta concretar desde la dogmática jurídico-penal a través del injusto
(acción típica antijurídica) y de la culpabilidad, que son conceptos por
esencia graduables y, en ese sentido, el principio de proporcionalidad
de la pena se constituye en un límite al ejercicio del poder punitivo y
de ahí que coincida con el principio de prohibición de exceso .
El juicio de proporcionalidad vinculado a la privación de libertad,
también ha sido desarrollado por la Corte Interamericana de Derechos
Humanos a partir del art. 7.3 de la CADH que establece que “Nadie
puede ser sometido a detención o encarcelamiento arbitrarios”,
consagrando así la garantía de la prohibición de privación de libertad
arbitraria. Así, en el caso Gagaram Panday vs. Surinam, la Corte señaló:
“…Nadie puede ser sometido a detención o encarcelamiento
por causas y métodos que -aún calificados de legales – puedan

37. SILVA BALERA, Diego, et al, Límite al poder punitivo. Análisis de la aplicación del principio de proporcionalidad en el
sistema penal juvenil montevideano, UNICEF, Montevideo, 2008, p. 24.

52

reputarse como incompatibles con el respeto a los derechos
fundamentales del individuo por ser, entre otras cosas,
irrazonables, imprevisibles, o faltos de proporcionalidad”38.
En el caso Chaparro Álvarez y Lapo Íñiguez vs. Ecuador, de 21 de
noviembre de 2007, la Corte estableció que:
“…no es suficiente que toda causa de privación o restricción
al derecho a la libertad esté consagrada en la ley, sino que es
necesario que esa ley y su aplicación respeten los requisitos que
a continuación se detallan, a efectos de que dicha medida no sea
arbitraria: i) que la finalidad de las medidas que priven o restrinjan
la libertad sea compatible con la Convención. Valga señalar que
este Tribunal ha reconocido como fines legítimos el asegurar que
el acusado no impedirá el desarrollo del procedimiento ni eludirá la
acción de la justicia; ii) que las medidas adoptadas sean las idóneas
para cumplir con el fin perseguido; iii) que sean necesarias, en el
sentido de que sean absolutamente indispensables para conseguir
el fin deseado y que no exista una medida menos gravosa respecto
al derecho intervenido entre todas aquellas que cuentan con la
misma idoneidad para alcanzar el objetivo propuesto. Por esta
razón el Tribunal ha señalado que el derecho a la libertad personal
supone que toda limitación a éste deba ser excepcional, y iv) que
sean medidas que resulten estrictamente proporcionales, de tal
forma que el sacrificio inherente a la restricción del derecho a la
libertad no resulte exagerado o desmedido frente a las ventajas
que se obtienen mediante tal restricción y el cumplimiento de
la finalidad perseguida. Cualquier restricción a la libertad que
no contenga una motivación suficiente que permita evaluar si
se ajusta a las condiciones señaladas será arbitraria y, por tanto,
violará el artículo 7.3 de la Convención”39.
- El principio de proporcionalidad en la determinación de las medidas
socio-educativas procesos contra adolescentes
Tratándose de adolescentes en conflicto con la ley, el principio
de proporcionalidad debe ser aplicado con mayor rigurosidad,
pues, de acuerdo al art. 23.II de la CPE, “Se evitará la imposición a
los adolescentes de medidas privativas de libertad”, norma que
se encuentra en coherencia con lo previsto en el art. 37.b) de la
Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) que determina que
los Estados partes deben velar porque ningún niño sea privado de su
38. Ibid. p. 24-25
39. Corte IDH, Caso Chaparro Álvarez y Lapo Íñiguez vs. Ecuador, Sentencia de 21 de noviembre de 2007 (Excepciones
preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas), párrf. 93. Disponible en: http://www.corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/
seriec_170_esp.pdf

53

libertad ilegal o arbitrariamente y que dicha medida será utilizada
como medida de último recurso y durante el periodo más breve que
proceda.
En el mimo sentido, deben mencionarse a las Reglas Mínimas de las
Naciones Unidas para la administración de la justicia de menores,
aprobadas por la Asamblea General en 1985, también denominadas
“Reglas de Beijing”, que en la Regla 17.1, referida a los “Principios
rectores de la sentencia y la resolución”, señala que la decisión de la
autoridad competente se ajustará a los siguientes principios:
1. La respuesta que se dé al delito será siempre proporcionada,
no sólo a las circunstancias y la gravedad del delito, sino también
a las circunstancias y necesidades del menor, así como a las
necesidades de la sociedad;
b) Las restricciones a la libertad personal del menor se impondrán
sólo tras cuidadoso estudio y se reducirán al mínimo posible;
c) Sólo se impondrá la privación de libertad personal en el caso de
que el menor sea condenado por un acto grave en el que concurra
violencia contra otra persona o por la reincidencia en cometer
otros delitos graves, y siempre que no haya otra respuesta
adecuada;
d) En el examen de los casos se considerará primordial el bienestar
del menor”40.
De acuerdo al Comentario de las reglas antes señaladas, el inc. b) de la
Regla 17.1 significa que los enfoques estrictamente punitivos no son
adecuados, y que:
(…) si bien en los casos de adultos y, posiblemente también en
los casos de delitos graves cometidos por menores, tenga todavía
cierta justificación la idea de justo merecido y de sanciones
retributivas, en los casos de menores siempre tendrá más peso el
interés por garantizar el bienestar y el futuro del joven.
De conformidad con la resolución 8 del Sexto Congreso de
las Naciones Unidas, dicho inciso alienta el uso, en la mayor
medida posible, de medidas sustitutorias de la reclusión en
establecimientos penitenciarios teniendo presente el imperativo
de responder a las necesidades concretas de los jóvenes. Debe,
pues, hacerse pleno uso de toda la gama de sanciones sustitutorias

40. Disponible en: http://www.unicef.org/panama/spanish/7972.htm

54

existentes, y deben establecerse otras nuevas sanciones, sin
perder de vista la seguridad pública”41.
Por otra parte, con relación al inciso c. de la regla 17.1) los comentarios
señalan que corresponde a uno de los principios rectores que propugna
evitar el encarcelamiento en casos de menores salvo que no haya otra
respuesta adecuada para proteger la seguridad pública42.
También deben mencionarse a las Reglas de las Naciones Unidas
para la protección de menores privados de libertad, adoptadas por la
Asamblea General por Resolución 45/113 de 14 de diciembre de 1990,
que establecen que el encarcelamiento deberá usarse como último
recurso (Regla 1) y que sólo se podrá privar de libertad a los menores
de conformidad con los principios y procedimientos establecidos en
dichas Reglas y las contenidas en las Reglas de Beijing; además, que
la libertad deberá decidirse como último recurso y por el periodo
mínimo necesario y limitarse a casos excepcionales, y que la duración
de la sanción debe ser determinada por la autoridad judicial sin excluir
la posibilidad de que el menor sea puesto en libertad antes de ese
tiempo (Regla 2)43.
Desde la perspectiva del Sistema Interamericano, la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que “en la aplicación
de medidas de privación de libertad de un niño, es preciso considerar
que la privación de libertad constituye la última ratio, y por ello es
necesario dar preferencia a medidas de otra naturaleza, sin recurrir al
sistema judicial, siempre que ello resulte adecuado”44.
Bajo similar lógica, ha señalado que el respeto al principio de
excepcionalidad de la privación de libertad exige la priorización y
disponibilidad de sanciones no privativas de libertad45, por lo que la
Comisión recomienda a los Estados la adopción de “regulaciones que
tiendan a limitar la discrecionalidad de los juzgadores en la imposición
de sanciones penales y especialmente penas privativas de la libertad
conforme al principio de excepcionalidad…”46.
La Comisión también se manifiesta de manera específica sobre el
principio de proporcionalidad de las medidas de privación de libertad

41. Ibid.
42. Ibid
43. Disponible en: http://www.unicef.org/panama/spanish/about_8042.htm
44. COMISIÓN IDH, Justicia Juvenil y Derechos Humanos en las Américas, párr. 342.Disponible en: http://www.cidh.org/
countryrep/justiciajuvenil2011sp/jjiv.sp.htm
45. Ibid., párr. 344
46. Ibid. párr.. 346.

55

y sostiene que la normativa internacional exige que la respuesta
frente a los niños responsables de infringir las leyes penales respete
el principio de proporcionalidad de la pena47, añadiendo que:
(…) debe existir proporcionalidad entre la gravedad del hecho
cometido y la reacción punitiva que éste suscita, es decir, a
menor entidad del injusto corresponde menor pena y a menor
participación del inculpado en la infracción de las leyes penales
también corresponde menor pena. Conforme el artículo 40.4 de
la Convención sobre los Derechos del Niño, la proporcionalidad de
la pena se relaciona con las circunstancias del niño y la infracción,
mas no con las necesidades educativas de los niños.
351. Así, la sanción de un niño infractor debe estar justificada en la
proporcionalidad entre la conducta y la lesividad de la infracción
respecto de los bienes jurídicos protegidos. Más aún, entre las
distintas sanciones privativas de libertad, debe elegirse aquella
que respete el principio de mínima intervención48.
Ahora bien, tanto la Corte Interamericana como el Comité de Derechos
del Niño ha señalado que la respuesta al delito debe ser siempre
proporcionada, no sólo a las circunstancias y la gravedad del delito,
sino también a la edad, la menor culpabilidad, las circunstancias y
las necesidades del menor, así como a las diversas necesidades de la
sociedad, en particular a largo plazo, añadiendo que la aplicación de un
método estrictamente punitivo no está en armonía con los principios
básicos de la justicia de menores enunciados en la CDN49.
Conforme se aprecia, a partir de la perspectiva constitucional e
internacional, la privación de la libertad de los adolescentes debe
ser dispuesta aplicando un test de proporcionalidad, en el que
se consideren: las circunstancias y gravedad del delito, la edad,
culpabilidad, circunstancias y necesidades del adolescente, su
bienestar y el principio de interés superior del niño, niña y adolescente,
así como las necesidades de la sociedad.
Diego Silva sostiene que, de las normas internacionales, en especial del
art. 17.1 de las Reglas de Beijing, se desprende que la respuesta que
se dé al delito debe ser proporcionada no sólo a las circunstancias y la
gravedad del delito, sino también a las circunstancias y necesidades del
menor, criterios que no se distancia de los parámetros desarrollados
por la dogmática penal para la determinación de las penas, es decir, que

47. Ibid., párr.. 350
48. Ibid, párr.. 351.
49. Ibid. 352.

56

debe existir relación entre la magnitud del injusto y de la culpabilidad.
Adicionalmente, la Regla antes citada, incorpora un tercer elemento
al introducir a las necesidades de la sociedad como elemento a ser
considerado en la sanción a imponerse, de donde se extrae que
también se introducen pautas de prevención general que determinan
que no se considere únicamente a la prevención especial positiva
como fundamento de la sanción penal juvenil; empero, en conjunto,
es evidente que es la función preventiva especial la que prevalece en
el marco de las normas internacionales y también internas, debiendo
añadirse, empero que a partir de este fin “utilitarista” de las sanciones
no puede desconocerse el principio de culpabilidad que se constituye
en el límite de la sanción penal, por encima de las finalidades
preventivas especiales o generales50.
En ese sentido, debe señalarse que de acuerdo al art. 40.1. de la
CDN, los Estados partes reconocen el derecho de todo niño de quien
se alegue que ha infringido las leyes penales o a quien se acuse o
declare culpable de haber infringido esas leyes, a ser tratado de
manera acorde con el fomento de su sentido de la dignidad y el
valor, que fortalezca el respeto del niño por los derechos humanos
y las libertades fundamentales de terceros, que se tenga en cuenta
la edad del niño y la importancia de promover su reintegración y que
éste asuma una función constructiva en la sociedad. De dicha norma
se extrae el principio educativo como fin de las sanciones aplicables a
los adolescentes, es decir, la prevención especial positiva; sin embargo,
ello no significa desconocer que el derecho penal juvenil es derecho
penal -con particularidades vinculadas al principio de interés superior
del niño y de la protección integral- y, por lo mismo, la privación de
libertad aplicada a los adolescentes se constituyen en un mal, de ahí
que deba ser aplicada con carácter excepcional51 y limitada, en el juicio
de proporcionalidad, a la culpabilidad y a la gravedad de la infracción.
Ahora bien, estas directrices estaban contenidas en el anterior Código
Niña, Niño y Adolescente, y actualmente lo están en el nuevo Código.
Así, el art. 237 del anterior Código establecía las clases de medidas
socio-educativas que podían imponerse a un adolescente que hubiere
cometido una infracción contenida en el Código penal; medidas
socio-educativas que se dividían en 1. Sanciones (amonestación y
advertencia, libertad asistida, prestación de servicios a la comunidad),
2. Órdenes de orientación (instalarse en un lugar de residencia
determinado o cambiarse de él, abandonar el trato con determinadas
50. SILVA BALERIO, Diego, op. cit. p.
51. SILVA BALERIO, diego, op. cit. p. 36.

57

personas, eliminar la visita a bares o discotecas o centros de diversión
determinados, matricularse en un centro de educación formal o en otro
cuyo objetivo sea enseñarle alguna profesión u oficio, adquirir trabajo,
abstenerse de ingerir bebidas alcohólicas, sustancias alucinógenas,
enervantes, estupefacientes o tóxicos que produzcan adicción o
hábito y ordenar el tratamiento correspondiente; 3. Privativas de
libertad (arresto domiciliario, semi-libertad, privación de libertad en
Centros especializados).
De acuerdo al art. 239 del Código abrogado, la medida aplicada al
adolescente siempre debía ser proporcional a su edad, a la gravedad
de la infracción y a las circunstancias del hecho; norma que se
complementaba con la prevista por el art. 317 que señalaba que la
autoridad jurisdiccional, al momento de dictar resolución, debía tener
presente los siguientes principios:
1. La respuesta que se dé a la infracción será siempre proporcional
a las circunstancias y necesidades del adolescente y la gravedad
de la infracción. En todo caso, se considerará preferentemente el
interés superior del adolescente.
2. Las restricciones a la libertad personal del adolescente se
reducirán al mínimo posible;
3. Solamente se impondrá la privación de libertad personal en
los casos previstos por este Código y siempre que no haya otra
medida más adecuada por aplicarse.
Conforme a ello, en armonía con las normas internacionales,
evidentemente el test de proporcionalidad en la aplicación de las
medidas socio-educativas, debe considerar la edad, las circunstancias
y necesidades del adolescente, así como la gravedad de la infracción,
señalando expresamente que se considerará preferentemente el
interés superior del adolescente.
Por otra parte, también debe destacarse que de acuerdo al Código, la
privación de libertad debe reducirse al mínimo posible, y siempre que
no exista una medida más adecuada, lo que supone, razonar a partir
del subprincipio de necesidad.
Las características de la privación de libertad a adolescentes son
reiteradas en el art. 249 del CNNA abrogado que sostenía que dicha
medida debía sujetarse a principios de brevedad, excepcionalidad y
respeto a la condición peculiar de la persona en desarrollo.

58

Ahora bien el Código en vigencia, también contiene normas ampliadas
vinculadas al principio de proporcionalidad, que inclusive está
concebido como una garantía procesal en el art. 193.f) del CNNA,
según el cual la aplicación de cualquier medida judicial a una niña,
niño o adolescente debe estar relacionada con su edad y etapa de
desarrollo.
De manera específica, el art. 262.o) contempla dentro de los derechos
y garantías de los adolescentes a la proporcionalidad, señalando
expresamente que “Las sanciones y las medidas socio-educativas deben
ser racionales, en proporción al hecho punible y sus consecuencias”.
El nuevo Código, por otra parte, en forma expresa establece, en el
art. 325, las pautas para la determinación y aplicación de las medidas
socio-educativas, entre ellas, a las privativas de libertad52. Así, dicha
norma señala que para determinar la medida aplicable y establecer su
duración, la autoridad jurisdiccional deberá tener en cuenta:
a) La naturaleza y gravedad de los hechos;
b) El grado de responsabilidad de la o del adolescente;
c) La proporcionalidad e idoneidad de la medida;
d) La edad de la y el adolescente y su capacidad para cumplir la
medida;
e) Los esfuerzos de la o el adolescente por reparar los daños.
Asimismo, en armonía con la norma constitucional contenida en el art.
23.II, que establece que se evitará la imposición a los adolescentes de
medidas privativas de libertad, el art. 262.I.q) del CNNA, establece,
dentro de los derechos y garantías, el carácter excepcional de la
privación de libertad.
Por otra parte, debe mencionarse que el art. 322 del CNNA hace
referencia a que las medidas socio-educativas tienen una finalidad
primordialmente educativa de reintegración social y, cuando fuere
posible, de reparación del daño, además de evitar la reincidencia
por medio de la intervención interdisciplinaria e individualizada a la
persona adolescente en el Sistema Penal.
Conforme a lo anotado, el principio de principio de proporcionalidad
debe ser observado en la determinación de las sanciones y medidas
52. De acuerdo al art. 323 del CNNA, las medidas socio-educativas pueden cumplirse en libertad (prestación de servicios
a la comunidad y libertad asistida), con restricción de libertad (régimen domiciliario, en tiempo libre y semi-abierto), con
privación de libertad, que se cumplen bajo régimen de internamiento.

59

socio-educativas a imponerse, considerando la naturaleza y gravedad
de los hechos, el grado de responsabilidad de la o el adolescente,
la idoneidad y proporcionalidad de la medida, la edad de la o el
adolescente, y los esfuerzos del adolescente por reparar los daños;
siendo fundamental tomar en cuenta que dichas medidas tienen una
finalidad primordialmente educativa de reintegración social.

6.1.3. Análisis de las sentencias
Las resoluciones de la jueza tienen todas una estructura similar, pues,
contienen una parte introductoria, en la que se relatan los principales
datos del caso, un primer considerando en el que se detalla la acusación
del Ministerio Público, un segundo considerando, donde se efectúa la
i. Fundamentación fáctica, que contiene un resumen de la acusación
fiscal; ii. Fundamentación probatoria, que comprende un relato de la
pruebas existentes (documental, testifical y el Informe psicosocial del
adolescente); iii. Fundamentación jurídica y motivación, que contiene: a.
la argumentación normativa; b. la argumentación fáctica vinculada a: b.1.
La calificación jurídica del hecho y la prueba, y b.2. La determinación de la
medida socio-educativa a imponerse, que se constituye el núcleo central
de la Línea de Pensamiento Jurisdiccional de la jueza que será analizado
en este documento. Finalmente, las resoluciones de la jueza contienen la
parte resolutiva donde la autoridad jurisdiccional dispone qué medida
socio-educativa le será aplicable al adolescente infractor, siendo esta
parte de la resolución también fundamental para el análisis la Línea de
pensamiento jurisdiccional de la Jueza.
En mérito a lo señalado, el análisis de las resoluciones de las juezas, en
cuanto a los argumentos utilizados, seguirá la estructura antes señalada,
centrándonos en el análisis en la determinación de la medida socioeducativa a imponerse.

a. Primera Sentencia53
i. Resumen del caso
Dentro de un proceso infraccional seguido a acusación del Ministerio
Público contra un adolescente de 15 años y 11 meses de edad, la
autoridad jurisdiccional lo declaró autor y responsable socialmente
de la infracción de tentativa de homicidio, imponiéndole la medida
socioeducativa de privación de libertad por 3 años y 6 meses, a
ser evaluada cada seis meses, disponiendo además que el equipo
interdisciplinario del lugar donde cumpliría la medida, remitiera

53. Sentencia 50/2013.

60

informes trimestrales y semestrales, además de brindar al infractor
apoyo pedagógico y terapia psicológica.

ii. Análisis de la resolución
Para el análisis de la Resolución, conforme se ha expresado, el trabajo
se circunscribirá a analizar los argumentos de la jueza que forman parte
de la línea de pensamiento jurisdiccional elegida, referida al principio
de proporcionalidad en la aplicación de medidas socio-educativas
a adolescentes en conflicto con la ley, sin perjuicio de otorgar otros
elementos para que el lector tenga una comprensión adecuada de la
línea de pensamiento de la autoridad jurisdiccional.
- Argumentos referenciales necesarios para el análisis de la LPJI
Siguiendo la estructura de la Resolución de la jueza, en el primer
considerando se resume la acusación del Ministerio Público contra
el adolescente, por la infracción de tentativa de homicidio, prevista
y sancionada por el art. 251 con relación al art. 8, ambos del Código
Penal, bajo el argumento que el 24 de junio de 2013 el adolescente
intentó ingresar al domicilio de la víctima, quien percatada de los
ruidos producidos se dirigió a la puerta, pero recibió una puñalada.
La víctima reaccionó golpeando al agresor, que cayó al piso y luego,
tapándose la cara, huyó; posteriormente, la víctima fue auxiliada
por su concubina y trasladada al hospital, donde recibió los auxilios
necesarios ante la existencia de un traumatismo abdominal y torácico
penetrantes, así como también una herida punzo cortante en la cara
anterior, tercio inferior, del brazo izquierdo.
En el segundo considerando, punto III, relativo a la fundamentación
jurídica y motivación, la autoridad jurisdiccional fija el marco normativo
inicial para el análisis. Así, sostiene que de acuerdo al art. 221 de CNNA,
se considera infracción a la conducta tipificada como delito en la ley
penal, en la que incurre como autor o partícipe un adolescente y de la
cual emerge una responsabilidad social. A continuación cita el art. 251
del CP, delito de homicidio, que establece una pena de presidio de cinco
a veinte años, y finalmente hace referencia al art. 8 del CP, tentativa,
que establece que quien no consumare el delito por actos ajenos a su
voluntad, será sancionado con los 2/3 de la pena establecida para el
delito consumado.
Conforme se aprecia, la jueza, en primer término identifica cuál
es el marco legal aplicable y, en ese sentido, desde la perspectiva
de la resolución de la jueza, dichas normas no presentan ningún
problema vinculado a su interpretación, que justifique la utilización
de argumentos interpretativos; pues, conforme se verá, los problemas
61

que suscitan estas normas está vinculados a la argumentación fáctica,
en el componente de determinación de la pena.
Así, luego de fijar el marco normativo aplicable en cuanto a la infracción
acusada, la juez introduce el problema jurídico concreto vinculado a
“examinar si el hecho acusado y probado en juicio se subsume al delito
acusado, y si la conducta del adolescente acusado ha sido probada en
relación a la comisión del mismo”.
En ese ámbito, la jueza concluye que el adolescente actuó con dolo, al
haber apuñalado a la víctima en su abdomen y tórax, que son partes
vitales de un ser humano que dan lugar a la muerte de una persona,
actuando “sobre seguro”, tomando a la víctima desprevenida
porque ésta abrió la puerta de su casa para ver qué pasaba y recibió
directamente las puñaladas, produciendo a la víctima lesiones con un
objeto idóneo, que pueden causar la muerte de una persona y que si
bien ésta no se ha producido, esto no ha sido a consecuencia del auxilio
del agresor, que al contrario, al ser descubierto se dio a la fuga, sino
por el auxilio inmediato de su familia que lo llevó a un hospital donde
recibió la atención médica oportuna que le salvó la vida, de donde la
juez concluye que de la valoración de todos los elementos de prueba
“el adolescente ha adecuado su conducta a la tentativa de homicidio
previsto en el art. 251 con relación al art. 8 del CP”.
En cuanto a la valoración de la prueba respecto a si el hecho ha sido
probado, la jueza inicia su argumentación con el art. 365 del CPP que
determina que se dictará sentencia condenatoria cuando la prueba
aportada sea suficiente para generar en la jueza, en el caso de los
procesos infraccionales, la convicción sobre la responsabilidad social
del adolescente infractor. La jueza acude al art. 116 de la CPE y al art.
6 del CPP para sostener que, a partir del principio de presunción de
inocencia, la carga de la prueba corresponde a los acusadores, y que en
el caso, la prueba aportada por el Ministerio Público, aunque no ha sido
abundante, ha sido “suficiente o certera”, generando convicción sobre
la autoría del adolescente acusado en el hecho infraccional referido.
La jueza, posteriormente, acude a argumentos doctrinales vinculados
a la prueba como base fundamental del proceso penal, así cita a
Arburola, Manzini, Mitermaier y Cafferata Nores, para concluir que
la prueba es la que confirma o desvirtúa una hipótesis y que debe
ser apreciada según las reglas de la sana crítica, razonamiento que,
de acuerdo a la jueza, debe traducirse de manera objetiva, que en su
conjunto deben otorgar razonabilidad al fallo; concluyendo que el
caso la prueba aportada fue suficiente y certera para generar en la
juzgadora la convicción sobre la responsabilidad social en calidad de
autor del adolescente.
62

- Argumentos vinculados a la LPIJ de la jueza respecto al principio de
proporcionalidad en la aplicación de medidas socio-educativas
Una vez que la jueza, como se ha visto, concluye que el hecho se subsume
al tipo penal previsto en el art. 251 del CP, con relación al art. 8 del mismo
Código, que se encuentra debidamente probado y que el adolescente
es responsable socialmente, la jueza se enfrenta a un nuevo problema
jurídico vinculado a la determinación judicial de las medidas socio
educativas; analizando el caso a partir de la reglas específicas previstas
en el Código Niña Niño y Adolescente, vigente en ese entonces. En
ese entendido la jueza, en primer término, efectúa la argumentación
normativa necesaria, identificando a las normas aplicables.
Así, la jueza sostiene que de acuerdo a las normas del Código Niña, Niño
y Adolescente, las medidas socio-educativas tienen una naturaleza
preventiva y en tal sentido, no sólo deben basarse en el examen
de la gravedad de la infracción, sino también en las circunstancias
personales en las que se ha cometido el hecho reprochable, y en
ese sentido, establece que las medidas –previstas en el art. 237 del
CNNA- a aplicarse debe ser proporcionales a la edad del adolescente,
a la gravedad de la infracción y a las circunstancias del hecho como
dispone el art. 239 del CNNA, criterios que reitera el art. 317 del
Código, debiéndose considerar además que la respuesta que se dé a
la infracción debe ser proporcional a las necesidades del adolescente,
considerándose preferentemente su interés superior, reduciéndose al
mínimo posible las restricciones a la libertad personal, sólo a los casos
previstos en el Código.
En ese sentido, la jueza hace referencia al art. 251 del CNNA, que
enumera los casos en los que es posible la privación de libertad de
un adolescente, siendo uno de ellos el que se hubiere establecido
su autoría en la comisión de una infracción y el delito estuviere
sancionado con pena privativa de libertad superior a cinco años, con
la aclaración que, de acuerdo a dicha norma, la privación de libertad
durará un periodo máximo de cinco años para adolescentes de más de
catorce años de edad.
Sobre la base de dicha argumentación normativa, en la que se
constata que la jueza efectúa una adecuada interrelación de las
normas contenidas en el Código Niño y Adolescente, respecto a los
criterios para la aplicación de las medidas socioeducativas, resaltando
entre ellos el principio de proporcionalidad, la jueza efectúa la
argumentación fáctica a partir de los hechos probados conforme a
los razonamientos detallados en el anterior punto, así, concluye, por
una parte, que el adolescente, contaba, en el momento del hecho, con
quince años y once meses; que se ha comprobado que el adolescente
63

participó en calidad de autor del hecho acusado; y que el “delito de
tentativa de homicidio” debe ser sancionado con los dos tercios de la
pena establecida para el delito consumado.
Asimismo, para la imposición de las medidas socio educativas, la
jueza efectúa un juicio de proporcionalidad en la aplicación de dichas
medidas, referidas a la especial condición del adolescente, al sostener
que se considerará que se trata de la primera infracción cometida por
el adolescente, así como el informe psicosocial del adolescente, pues
si bien la necesidad, orfandad y abandono no justifican su conducta,
debe tomarse en cuenta la condición peculiar de que se trata de una
persona en desarrollo, al tratarse de una adolescente que ha vivido
sin el cuidado, orientación y guía de sus padres. Así, sobre la base de
dichos argumentos, concluye que la medida de privación de libertad
de cinco años solicitada por el Ministerio Público, resulta excesiva,
por lo que “ante la necesidad que el adolescente reciba con prioridad
ayuda profesional especializada en el centro donde permanecerá,
resulta adecuado aplicar la sanción de privación de libertad de 3 años
y 6 meses”, añadiendo que es necesario que el adolescente reciba el
apoyo profesional terapéutico que le ayude a reflexionar y reorientar
su conducta.
Sobre la base de dicha argumentación la jueza, en la parte resolutiva,
declaró al adolescente autor y responsable socialmente de la infracción
de tentativa de homicidio, imponiéndole la sanción prevista en el Art.
237-3. c), es decir la medida socioeducativa de privación de libertad por
el lapso de 3 años y 6 meses, a ser cumplidos en el Centro dependiente
del SEDEGES, que serán evaluados cada seis meses, conforme señala
el ordinal 250 del C.N.N.A (…) debiendo el equipo interdisciplinario
del centro remitir informes trimestrales y semestrales para dicho fin,
además de brindar al infractor apoyo pedagógico y terapia psicológica,
por el tiempo que dure la sanción impuesta.
- La justificación de la resolución en cuanto a la LPJI
Los argumentos de la jueza en cuanto al principio de proporcionalidad
en las medidas socioeducativas, permiten afirmar, respecto a la
justificación interna o de primer orden de la resolución, que la misma
se encuentra debidamente estructurada y justificada; pues, por un
lado, se identifican adecuadamente las normas jurídicas aplicables a
partir del principio de especialidad de los procesos seguidos contra
adolescentes en conflicto con la ley; por otro lado, se fijan de manera
clara los hechos probados, valorados de manera previa y en forma
razonable por la jueza, y se efectúa juicio de proporcionalidad de las
medidas socioeducativas a imponerse con relación a las circunstancias
personales del menor, sus necesidades y el interés superior del
64

adolescente, concluyendo la jueza en la aplicación de la medida
socioeducativa de tres años y 6 meses de privación de libertad, que
debe estar acompañada de apoyo pedagógico y terapia psicológica por
el mismo tiempo, determinación que evidentemente es congruente
con los argumentos desarrollados por la jueza al efectuar el juicio de
proporcionalidad.
Por otra parte, respecto al requisito de universalidad, como criterio
para determinar la razonabilidad de la justificación de la resolución,
debe precisarse que el mismo se tiene cumplido cuando la decisión
descansa en una previa resolución y podrá ser aplicada a casos futuros,
lo que se constituye en la predictibilidad de las resoluciones. En la
resolución analizada, se puede concluir que la solución a la que llega
la jueza puede ser aplicable a casos futuros, cuando se presenten
similares hechos y, en ese sentido, se constituye en una resolución que
cumple con el principio de universalidad, conforme además, se podrá
observar en las posteriores resoluciones de la jueza en las que, sobre
la base del principio de proporcionalidad llega a resultados similares.
En cuanto a la justificación externa de la resolución, es también
evidente que la misma es coherente con el ordenamiento jurídico,
pues, como se ha visto, para determinar las normas aplicables efectúa
una adecuada relación entre las normas del Código Niña, Niño y
Adolescente, las del Código penal y del Código de procedimiento
penal. Por otra parte, la Resolución, y esto es lo más importante, es
coherente con los principios, valores y derechos constitucionales, y si
bien no existe expresa referencia a la Constitución Política del Estado
y tampoco a las normas del bloque de constitucionalidad, la jueza
fundamenta su resolución en el principio de interés superior del niño,
niña y adolescente, el cual está contenida en el art. 60 de la CPE y
también en las normas del CNNA.
Debe resaltarse que la resolución toma en cuenta las consecuencia que
producirá en la sociedad, así como el desarrollo del adolescente; por
ello, la autoridad judicial dispone que el adolescente debe recibir el
apoyo profesional terapéutico necesario, para que tome conciencia de
la magnitud y “peligrosidad” de sus actos y asuma su responsabilidad,
a fin de no “volverse un peligro latente para la sociedad”.
Es necesario señalar que la resolución analizada evidentemente tiene
un enfoque basado en derechos, que se percibe en el cuidado que tiene
la jueza al realizar el juicio de proporcionalidad sobre la base de los
parámetros establecidos en el Código Niña, Niño y Adolescente, que
evidentemente se asientan en el respeto a los derechos de la niñez y
adolescencia y en ese sentido se busca su interés superior (art. 60 de
la CPE), y se argumenta sobre el carácter excepcional de la detención
65

de los adolescentes (art. 23.II de la CPE), así mismo es evidente que se
respeta el acceso a una administración de justicia especializada, pues
los informes del equipo multidisciplinario del juzgado son un valioso
apoyo de la resolución y, concretamente del juicio de proporcionalidad
que realiza la autoridad jurisdiccional.
En el mismo sentido, debe considerarse que la resolución de la jueza
efectivamente considera las características específicas de un sector de
la sociedad que se encuentra en situación de vulnerabilidad, como es la
niñez y adolescencia; por ello, al efectuar el juicio de proporcionalidad,
considera “la condición peculiar de una persona en desarrollo”, que
ha vivido sin el cuidado ni orientación de sus padres. Conforme a
dicho entendimiento, la jueza aplica criterios específicos de análisis
de la situación del adolecente que de ninguna manera implican el
quebrantamiento del principio de igualdad y no discriminación, sino,
al contrario, la adopción de criterios que permiten la consecución de
la igualdad material de los adolescentes como grupo en situación de
vulnerabilidad.
Debe señalarse que la resolución de la jueza identifica tanto las
obligaciones del equipo interdisciplinario del Centro dependiente
del SEDEGES donde el adolescente cumplirá su privación de libertad,
previstas en el art. 188 in fine del CNNA como del personal de la
Defensoría de la Niñez y Adolescencia, contemplados en el art. 209
de dicho Código; obligaciones de ambas instituciones que están
vinculadas con el respeto a los derechos de los adolescentes y, en
ese entendido, tienen sustento en las normas internacionales sobre
derechos humanos y forman parte de las obligaciones asumidas por el
Estado con relación a los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

b. Segunda Sentencia54
i. Resumen del caso
Dentro de un proceso infraccional seguido a acusación del Ministerio
Público contra un adolescente de 14 años y 3 meses de edad, la
autoridad jurisdiccional lo declaró autor y responsable socialmente
de la infracción de abuso deshonesto, imponiéndole la medida
socioeducativa de privación de libertad por 1 año, a ser evaluada cada
seis meses, disponiendo además que el equipo interdisciplinario del
lugar donde cumpliría la medida, remitiera informes trimestrales
y semestrales, además de brindar al infractor apoyo profesional
terapéutico por una profesional especialista del SEDEGES que dé
las directrices para la asimilación de los cambios y educación sexual,
54. Sentencia 61/2013.

66

centrándose tanto en la información objetiva como en la conciencia de
la responsabilidad que los propios actos acarrean, así como un marco
de valores que impulsen la autoestima del adolescente.

ii. Análisis de la resolución
El análisis de la Resolución, al igual que en el primer caso, se
circunscribirá a analizar los argumentos de la jueza que forman parte
de la línea de pensamiento jurisdiccional elegida, referida al principio
de proporcionalidad en la aplicación de medidas socio-educativas
a adolescentes en conflicto con la ley, sin perjuicio de otorgar otros
elementos para que el lector tenga una comprensión adecuada de la
línea de pensamiento de la autoridad jurisdiccional.
- Argumentos referenciales necesarios para el análisis de la LPIJ
Siguiendo la estructura de la Resolución de la jueza, en el “Resultando”,
se resume la acusación del Ministerio Público contra el adolescente,
por la infracción de abuso deshonesto previsto en el art. 312 del
Código Penal, bajo el argumento que la madre de la menor víctima, de
8 años de edad, denunció que cuando retornó a su domicilio encontró
al adolescente infractor (su hijo) y a la víctima (también hija suya)
echados en la cama, observando que la pequeña tenía el buzo debajo
de las rodillas y su hermano se encontraba “tocándole sus partes
íntimas”, hecho que, de acuerdo a la declaración de la víctima hubiera
ocurrido en varias oportunidades. En el mismo resultando se hace
mención a los actos posteriores realizados en el proceso.
En el primer considerando, bajo el nombre de Fundamentación
Fáctica, se realiza un resumen de la acusación. Asimismo, bajo el
nombre de Fundamentación Probatoria, en el mismo considerando, se
efectúa un detalle de las pruebas documentales, certificado médico
forense, entrevista informativa de la víctima, informe psicosocial
del adolescente. En dicho considerando, la jueza, bajo el nombre
de Fundamentación Jurídica y Motivación, al igual que en el primer
caso, fija, en primer término, el marco normativo que será utilizado
para la resolución del caso y, en ese sentido, hace mención al art. 221
del CNNA, que establece que se considera infracción a la conducta
tipificada como delito en la ley penal en la que incurre como autor
o partícipe un adolescente, para luego hacer mención al art. 312 del
CP, delito de abuso deshonesto, que sanciona con la pena de cinco a
veinte años a quienes realizaren actos libidinosos no constitutivos de
acceso carnal cuando la víctima fuere menor de 14 años.
Al igual que en el primer caso, la jueza identifica el marco legal
aplicable y tampoco en este caso, la autoridad jurisdiccional encuentra
67

problemas vinculadas a la interpretación de las disposiciones legales
que justifique la utilización de argumentos interpretativos. Así, la
jueza luego de fijar el marco normativo, introduce el problema jurídico
concreto vinculado a “…examinar si el hecho acusado y probado en
juicio, se subsume al delito de Abuso deshonesto…”, es decir, a la
calificación jurídica del hecho.
En ese entendido, la jueza concluye que se ha probado plenamente
el hecho infraccional a través de la prueba documental introducida y
producida en juicio y que, por tanto, el adolescente ha adecuado su
accionar a la infracción prevista y sancionada por el art. 312 del CP,
desprendiéndose la responsabilidad social del infractor.
Así, para la valoración de la prueba, la jueza se fundamenta en el art. 174
del CPP, que hace referencia al sistema de la sana crítica, concluyendo
que debe existir una apreciación razonable y comprensible de los
hechos del modo normal en que estos se presentan en la vida diaria,
y que en el caso, se ha demostrado plenamente la responsabilidad
social del infractor.
- Argumentos vinculados a la LPIJ de la jueza respecto al principio de
proporcionalidad en la aplicación de medidas socio-educativas
Luego de concluir la autoridad jurisdiccional que el hecho se subsume al
tipo penal previsto en el art. 312 del CP, que se encuentra debidamente
probado y que el adolescente es responsable socialmente, la jueza se
enfrente a un nuevo problema jurídico vinculado a la determinación
judicial de las medidas socio educativas, analizando el caso a partir de
las reglas específicas previstas en el Código Niña Niño y Adolescente,
vigente en ese entonces. En ese entendido la jueza, en primer término,
efectúa la argumentación normativa necesaria.
Así, la jueza establece que de acuerdo a la legislación positiva y la
doctrina, la respuesta a los jóvenes infractores no sólo debe basarse en
examen de gravedad de la infracción, sino también en las circunstancias
personales en las que se ha cometido el hecho reprochable, pues las
medidas previstas en el C.N.N.A., tienen naturaleza preventiva, es
decir buscan disminuir las causas de la delincuencia juvenil y aplicar
una medida socioeducativa.
En ese sentido, la jueza, como en el primer caso, fija los criterios
establecidos en el CNNA que deben ser considerados para la aplicación
de las medidas socioeducativas previstas en el art. 237 del CNNA.
Así, sostiene que las mismas deben ser proporcionales a su edad, a
la gravedad de la infracción, circunstancias del hecho (art. 239 del
CNNA) y las necesidades del adolescente, considerando en todo caso,
68

de manera preferente, el interés superior del adolescente, y que las
restricciones a la libertad personal deben reducirse al mínimo posible
en los casos previstos en el art. 251 del CNNA, siendo uno de ellos, el
que se hubiere establecido la autoría del adolescente respecto a una
infracción y el delito correspondiente estuviere sancionado con una
pena superior a cinco años.
A partir de la argumentación normativa antes referida, en la que, al igual
que en el primer caso se constata que la jueza efectúa una adecuada
interrelación de las normas contenidas en el Código Niña, Niño y
Adolescente respecto a los criterios para la aplicación de las medidas
socioeducativas, entre ellos, el principio de proporcionalidad, la jueza
efectúa la argumentación fáctica a partir de los hechos probados
conforme a los razonamientos detallados en el anterior punto.
Así, la jueza, a partir del principio de proporcionalidad, aunque sin
mencionar expresamente los elementos del mismo, argumenta
sobre la necesidad de imponer la medida de privación de libertad.
Sostiene que debe considerarse la agravante prevista en el art. 312
del CP al tratarse de un víctima de 5 años de edad y que además el
infractor es su hermano mayor, en ese sentido, la jueza también
argumenta que no existe una familia ampliada en la que pueda vivir
el adolescente y cumplir con el apoyo profesional terapéutico que
necesita, considerando que si bien el adolescente ha demostrado su
arrepentimiento; empero, del informe psicosocial la jueza entendió que
necesitaba apoyo terapéutico profesional para analizar y reflexionar
sobre “los conceptos que ha instaurado respecto a su entorno en
general, pues la inexistencia de valores y principios le impiden
relacionarse con normalidad”. En ese sentido, la jueza concluye que
necesita apoyo profesional especializado que no podrá ser cumplido
en libertad debido a la situación económica familiar. A los argumentos
anotados, la jueza añade que no puede vivir en el mismo hogar que
la víctima, lo que denota que, aún sin mencionarlo expresamente,
que se basa en el principio de necesidad a efecto de determinar la
proporcionalidad de la medida. Posteriormente, sostiene que ha sido
primordial el interés superior de la niña víctima del hecho acusado,
por lo que respecto a ésta dispone, en la parte resolutiva que reciba
ayuda profesional especializada a fin de que no tenga ningún trauma
ni secuela, ayuda que debe ser recibida a través de la defensoría de la
niñez y adolescencia.
Sobre la base de dicha argumentación la jueza, en la parte resolutiva,
declaró al adolescente autor y responsable socialmente de la
infracción de abuso deshonesto, previsto y sancionado por el primer
parágrafo del art. 312 del CP y le impuso como medida socioeducativa
la privación de libertad por el lapso de un año en el Centro dependiente
69

del SEDEGES, con evaluaciones cada seis meses, debiendo el equipo
interdisciplinario del centro indicado, remitir informes trimestrales
y semestrales, además de brindar apoyo profesional terapéutico
por una profesional especialista del SEDEGES, que de las directrices
para la asimilación de los cambios y educación sexual, que esta etapa
requiere.
- La justificación de la Resolución en cuanto a la LPJI
Al igual que la primera resolución analizada, los argumentos de la
jueza en cuanto al principio de proporcionalidad en las medidas
socioeducativas, permiten afirmar, respecto a la justificación interna
o de primer orden, que la resolución se encuentra debidamente
justificada; debiéndose aclarar que la determinación judicial de la pena,
en general y, específicamente de las medidas socio-educativas, son
consideradas como problemas que no se reducen a la mera aplicación
deductiva del derecho; pues la determinación de las consecuencias
jurídicas de un delito o una infracción, supone una valoración por
parte de la autoridad jurisdiccional que, para no ser arbitraria requiere
de una adecuada argumentación que tiene como método al juicio de
proporcionalidad.
En ese ámbito, en la resolución revisada, se constata que la autoridad
jurisdiccional identifica adecuadamente las normas jurídicas aplicables
a partir del principio de especialidad de los procesos seguidos contra
adolescentes en conflicto con la ley, marco normativo en el que se
prevén criterios para la adopción de medidas socioeducativas, entre
ellos el principio de proporcionalidad. Posteriormente, se fijan de
manera clara los hechos probados, valorados de manera previa y en
forma razonable por la jueza, y se efectúa el juicio de proporcionalidad
con relación a la aplicación de la medida socio educativa de privación
de libertad, partiendo de la finalidad preventiva de las mismas, de
la necesidad de aplicarlas en el caso concreto, dadas las particulares
circunstancias del hecho, la condición del adolescente, de hermano
mayor de la víctima, la edad de ésta, el hecho que vivan en la misma casa
y la ausencia de familia ampliada. En ese sentido, como parte también
del análisis de proporcionalidad que realiza la jueza, se denota, aunque
de manera implícita la utilización de argumentos ponderativos, para
medir la proporcionalidad estricta entre los derechos del agresor y
los de la víctima, concluyendo que es necesaria la imposición de una
privación de libertad mínima, de un año, a partir del principio de interés
superior del adolescente, medida que, empero, debe ser acompañada
de apoyo profesional terapéutico.
En este sentido, se evidencia que la determinación de la jueza es
congruente con los argumentos desarrollados al efectuar el juicio de
70

proporcionalidad, pues se decanta por la medida socioeducativa de
privación de libertad limitada a un año por las especiales circunstancias
del adolescente, considerando, además, la situación de la víctima.
La resolución también cumple con el requisito de universalidad,
como criterio para medir la justificación de la resolución, toda vez a
partir del análisis de proporcionalidad que efectúa, la juez concluye
en la aplicación de determinadas medidas socioeducativas, las cuales
podrán ser aplicadas a casos futuros, cuando se presenten similares
circunstancias, por lo que el resultado de la labor argumentativa
realizada por la jueza tendrá que ser reiterada frente a supuestos
fácticos análogos. Por otra parte, es evidente que el esquema de
razonamiento de la autoridad jurisdiccional cuyo núcleo central es el
principio de proporcionalidad, ha sido utilizado antes por la autoridad
jurisdiccional y, en ese sentido se puede afirmar que se cumple con el
requisito de la predictibilidad de las resoluciones, en la medida en que
es posible prever la forma en que la jueza pronunciará las resoluciones
en procesos infraccionales, llegando a resultados similares.
En cuanto a la justificación externa de la resolución, ésta, al igual
que en el primer caso, es consistente con el ordenamiento jurídico,
al no existir ninguna tipo de antinomia o contradicción normativa,
sino que, al contrario, se efectúa una adecuada interrelación de las
normas contenidas en el Código Niña, Niño y Adolescente, Código
Penal y Código de procedimiento penal. La resolución, es coherente
con los principios, valores, derechos y garantías constitucionales,
pues, si bien la jueza no hace una referencia expresa a las normas
constitucionales y del bloque de constitucionalidad; sin embargo,
tanto en la fundamentación probatoria, como en elaboración del
juicio de proporcionalidad, la jueza se basa en el principio de interés
superior del niño, y a partir del mismo, no sólo que establece una
medida socioeducativa de un año, sino que se establece la necesidad
de terapia profesional.
Al igual que la primera resolución, la Sentencia 61/2013 considera
las consecuencias de su fallo tanto con relación al adolescente, la
víctima, la madre y la sociedad y, en ese sentido, efectúa un balance
de la situación del primero y dispone la adopción de la medida
socioeducativa de privación de libertad, con informes trimestrales
y semestrales del equipo interdisciplinario, así como el apoyo del
equipo profesional terapéutico con una profesional especialista
del SEDEGES a efecto de que éste reciba educación sexual; con
relación a la segunda (víctima) por cuanto también prevé la asistencia
especializada para ella, garantizando que no tenga ningún trauma
ni secuela; respecto a la madre, porque al estar involucrados en el
hecho tanto el hijo (como infractor) como la hija menor (víctima),
71

dispone que se le debe proporcionar orientación profesional a fin
de que “asuma su labor y autoridad materna con responsabilidad,
con afectividad, impartiendo reglas, valores y la contención y apoyo
afectivo, explicación y orientación que necesita el adolescente por
parte de su madre”; finalmente, respecto a la sociedad, al señalar que
el sentido de la terapia con relación al infractor sea para que asuma
la responsabilidad de sus propios actos, proporcionando, además, un
marco de valores que impulsen su autoestima y un entendimiento
cabal sobre temas de adolescencia, sexualidad y crecimiento físicomental y relacionamiento, basado en principios y valores éticos y
normas de conducta acordes de su edad y grado de desarrollo.
La resolución analizada, al igual que la primera, tiene un enfoque
basado en derechos, el cual se hace más evidente en esta resolución,
por cuanto considera en su análisis no sólo los derechos del adolescente
infractor, sino también los de la víctima, buscando a través del principio
de proporcionalidad una adecuada ponderación de los derechos en
conflicto. El enfoque de derechos se observa en la realización del
juicio de proporcionalidad a partir de las normas del Código Niño, Niña
y Adolescente que como se ha señalado tienen su fundamento en los
derechos de las niñez y adolescencia, y en ese ámbito, la jueza asienta
su resolución en el interés superior del adolescente, (art. 60 de la
CPE), en el carácter excepcional de la detención de los adolescentes
(art. 23.II de la CPE); además, se respeta la norma constitucional que
garantiza el acceso a una administración de justicia especializada,
pues, de manera invariable, como en la anterior resolución, la jueza
se basa en los informes del equipo multidisciplinario del juzgado que
sirven de valioso apoyo de la resolución y, concretamente del juicio de
proporcionalidad.
Conforme a ello, también se concluye –como en la primera resoluciónque la jueza toma en cuenta las características específicas de la
adolescencia como grupo que goza de una protección reforzada por
su condición de vulnerabilidad al realizar el juicio de proporcionalidad,
siendo razonables y justificadas las conclusiones a las que llega con
relación a las medidas socioeducativas adoptadas, que permiten
afirmar que la resolución de la jueza se asienta, en verdaderos criterios
de igualdad y justicia material.
Al igual que en la primera resolución analizada, se identifican las
obligaciones, bajo responsabilidad funcionaria, tanto del equipo
interdisciplinario del Centro dependiente del SEDEGES donde el
adolescente cumplirá su privación de libertad, previstas en el art.
188 in fine del CNNA como del personal de la Defensoría de la Niñez
y Adolescencia, contemplados en el art. 209 de dicho Código. Las
obligaciones de ambas instituciones, conforme se ha señalado, hacen
72

referencia al respeto de los derechos de los adolescentes, por lo que
tienen su fundamento en las normas internacionales sobre derechos
humanos y, en ese sentido, existe una indirecta referencia a las
obligaciones contraídas por el Estado con relación a los derechos de
los niños, niñas y adolescentes.

c. Tercera Sentencia55
i. Resumen del caso
Dentro de un proceso infraccional seguido a acusación del Ministerio
Público contra un adolescente de 14 años de edad, la autoridad
jurisdiccional lo declaró autor y responsable socialmente de la
infracción de abuso deshonesto, imponiéndole las siguientes órdenes
de orientación previstas en el art. 237 del CNNA: obligación de
permanecer en el domicilio de su abuelo paterno, bajo responsabilidad
y protección del mismo, recibir apoyo profesional terapéutico por
parte de la psicóloga de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia
del Distrito, que de las directrices para la asimilación de los cambios
y educación sexual, centrándose tanto en la información objetiva
como en la conciencia de la responsabilidad que los propios actos
acarrean, así como un marco de valores que impulsen la autoestima
del adolescente; así como una orientación en el campo social por parte
de la trabajadora social de dicha Defensoría.

ii. Análisis de la resolución
El análisis de la Resolución, como en los anteriores casos, se
circunscribirá a analizar los argumentos de la jueza que forman parte
de la línea de pensamiento jurisdiccional elegida, referida al principio
de proporcionalidad en la aplicación de medidas socio-educativas
a adolescentes en conflicto con la ley, sin perjuicio de otorgar otros
elementos para que el lector tenga una comprensión adecuada de la
línea de pensamiento de la autoridad jurisdiccional.
- Argumentos referenciales necesarios para el análisis de la LPJI
De acuerdo a la estructura de la Resolución de la jueza, en el
“Resultando”, se resume la acusación del Ministerio Público contra
el adolescente, por la infracción de abuso deshonesto previsto en el
art. 312 del Código Penal, bajo el argumento que por denuncia escrita
efectuada por la Defensoría de la Niñez y Adolescencia del Distrito,
en representación de la menor víctima de 8 años de edad, cuando la

55. Sentencia 64/2013.

73

madre de ésta ingresó a la habitación, encontró a su hijo acostado
al lado de su hermanita (víctima) con una actitud sospechosa, por lo
que preguntó a la víctima qué había sucedido, quien relató que el
adolescente, en varias oportunidades, le despojaba de su ropa interior
para realizar toques impúdicos, motivo por el cual, el adolescente fue
expulsado de la casa y fue a vivir al domicilio de su abuelo materno.
En el primer considerando, bajo el nombre de Fundamentación Fáctica,
se realiza un resumen de la acusación. En el mismo considerando, bajo
el nombre de Fundamentación Probatoria, se efectúa un detalle de las
pruebas documentales, certificado médico legal, informe psicosocial
del adolescente. Finalmente, el considerando contiene el punto
relativo a la Fundamentación Jurídica y Motivación, y al igual que en
los casos anteriores, la Jueza fija la premisa normativa vinculada a
la norma penal aplicable para la resolución del caso. Así, menciona,
invariablemente, al art. 221 del CNNA, y luego el art. 312 del CP, delito
de abuso deshonesto, que sanciona con la pena de cinco a veinte años
a quienes realizaren actos libidinosos no constitutivos de acceso carnal
cuando la víctima fuere menor de 14 años.
Como en los anteriores casos, la jueza no encuentra problemas
interpretativos con relación a dichas normas y procede directamente
a cuestionarse sobre el análisis de los elementos constitutivos del
tipo penal, es decir, sobre la subsunción del hecho en la norma penal
antes señalada, concluyendo que el adolescente ha realizado actos
libidinosos no constitutivos de acceso carnal en la persona de su
hermana de 8 años de edad, “adecuando (…) su accionar a la infracción
prevista y sancionada por el primer parágrafo del Art. 312 del Código
Penal, del que se desprende la responsabilidad social del infractor”
La jueza luego justifica la valoración de la prueba realizada a partir
del art. 174 del CPP, y señala que el hecho infraccional acusado
al adolescente ha sido demostrado plenamente a partir de la
producción y valoración de la prueba “desfilada y producida en
juicio” e inmediatamente después, la autoridad judicial sostiene que
corresponde determinar su responsabilidad en el hecho comprobado.
- Argumentos vinculados a la LPIJ de la jueza respecto al principio de
proporcionalidad en la aplicación de medidas socio-educativas
Para determinar la responsabilidad concreta del adolescente y, en ese
sentido, determinar las medidas socioeducativa que serán aplicables al
caso, la jueza, como en los casos anteriores, efectúa la argumentación
normativa necesaria y, en ese sentido, menciona las reglas específicas,
previstas en el Código Niña, Niño y Adolescente, que le permiten
enmarcar el análisis del caso concreto en el marco del principio de
proporcionalidad.
74

Así, la jueza, como lo ha hecho en las resoluciones estudiadas
previamente, establece que de acuerdo a los prescrito por la doctrina
y la legislación positiva “la respuesta a los jóvenes infractores no
sólo debe basarse en la gravedad de la infracción, sino también en
las circunstancias personales en las que se ha cometido el hecho
reprochable”, pues las medidas previstas en el CNNA tienen naturaleza
preventiva y buscan disminuir las causas de la delincuencia juvenil y
aplicar una medida socioeducativa. En ese sentido, se reiteran los
criterios para la aplicación de dichas medidas: que sean proporcionales
a su edad, a la gravedad de la infracción y las circunstancias del hecho,
considerando las necesidades del adolescente, su interés superior
y que las restricciones a la libertad personal del adolescente deben
reducirse al mínimo posible en los casos previstos por el art. 251 del
CNNA, siendo el primero de ellos cuando se hubiere establecido la
autoría del adolescente en la comisión de una infracción y el delito
correspondiente estuviere sancionado con pena privativa de libertad
superior a cinco años en el Código Penal.
A partir de dicho marco normativo, la autoridad jurisdiccional
desarrolla el juicio de proporcionalidad a fin de determinar si
corresponde la aplicación de una medida de privación de libertad. En
ese ámbito, la jueza, analizando la necesidad de la medida, sostiene
que no corresponde su aplicación, porque la misma debe ser utilizada
de manera excepcional, y si bien el hecho sexual es de gravedad, y
además existe la agravante en sentido que la víctima es la hermana
del infractor; sin embargo, la jueza razona señalando que “ambos son
menores de edad y hermanos y no ha existido por parte de la familia
la debida explicación, apoyo y orientación al adolescente en los temas
de sexualidad”, adicionalmente -también respecto a la necesidad de
la medida- la autoridad jurisdiccional establece que el adolescente
tiene familia ampliada y que está bajo la responsabilidad del abuelo
paterno y que, por lo tanto, debe continuar bajo dicha responsabilidad,
resguardando así, además, los derechos de la víctima.
Cabe observar que esta resolución evidentemente tiene una resultado
diferente al del segundo caso relatado en el que la jueza impuso al
adolescente la medida de privación de libertad de un año; sin embargo,
debe considerarse que las circunstancias del caso son diferentes,
pues -conforme lo hace notar la jueza- en el primero, el adolescente
no tenía familia ampliada y, por tanto, no podía retornar al hogar
materno en mérito a que el mismo era compartido con la víctima, por
lo que en el juicio de proporcionalidad realizado, a partir del criterio
de necesidad –implícitamente utilizado- la jueza concluye que sólo
existía la posibilidad de adoptar la medida de privación de libertad; lo
que no sucede en el caso que se analiza, en el que las circunstancias
del adolescente son diferentes, por cuanto desde que fue expulsado
75

de la casa vive con su familia ampliada, es decir con el abuelo, a quien,
de acuerdo al informe psicosocial que cursa en la Resolución que se
analiza, le tiene cariño, respeto y lealtad, desenvolviéndose dentro de
un ambiente familiar aparentemente llevadero, estable y funcional;
consiguientemente, la posibilidad de vivir con la familia ampliada,
que adicionalmente permite que se resguarden los derechos de
la víctima, indudablemente marca la diferencia entre el resultado
del juicio de proporcionalidad efectuado en la anterior resolución y
el que se revisa actualmente, de donde se concluye que la decisión
de la jueza se encuentra plenamente justificada y orientada por el
principio de interés superior del adolescente, considerando, además,
las necesidades del adolescente, y que las restricciones a la libertad
personal deben reducirse al mínimo.
En ese marco, debe señalarse que el juicio de proporcionalidad permite,
precisamente que se lleguen a soluciones diferentes cuando varían
las circunstancias fácticas, sin que ello implique arbitrariedad en la
resolución, sino, al contrario, que la misma se encuentre razonablemente
fundamentada y que se consiga una verdadera justicia material en
el que prime el interés superior tanto del adolescente –en conflicto
con la ley- como de la niña, buscando un equilibrio en la decisión de
la autoridad jurisdiccional que logre la protección de los derechos de
ambos, víctima e infractor, al encontrarse los dos dentro de un grupo
que merece especial atención y protección por parte del Estado.
En mérito a la argumentación desarrollada por la jueza, en la parte
resolutiva de la resolución declaró al adolescente autor y responsable
socialmente de la infracción de abuso deshonesto, previsto y
sancionado por el primer parágrafo del art. 312 del CP y le impuso
como “sanción” las siguientes órdenes de orientación: la obligación
de permanecer en el domicilio de su abuelo, bajo responsabilidad y
protección del mismo, así como recibir apoyo profesional terapéutico
por parte de la Psicóloga de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia
del Distrito, así como orientación en el campo social por parte de la
trabajadora social de la misma defensoría. También dispone la jueza
que el adolescente retorne a sus estudios escolares en horario diurno.
La resolución, por otra parte, conforme se ha señalado, también
dispone que la niña víctima reciba ayuda profesional especializada
para que no tenga ningún trauma ni secuela, a cargo también de la
psicóloga de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia y por otra, con
relación a la madre, dispone que escuche al adolescente, converse con
su hijo, manteniendo una comunicación fluida debiendo para el efecto
recibir tanto ella como el abuelo, la orientación correspondiente a
través del equipo interdisciplinario de la defensoría del distrito, pero
además se señala que el trabajo de todos los profesionales debe ser
coordinado, velando por el interés superior de ambos menores.
76

- La justificación de la Resolución en cuanto a la LDPJI
La estructura y argumentación de la resolución analizada, al igual
que las anteriores, permiten afirmar que la resolución se encuentra
debidamente justificada internamente; pues a partir del marco normativo
descrito por la jueza, ésta desarrolla un juicio de proporcionalidad
para la determinación de las medidas socioeducativas, expresando
expresa de manera argumentada, a partir de las circunstancias del
adolescente, los derechos de las víctimas, el interés superior de
ambos, que en el caso concreto no resulta pertinente, por innecesaria,
la adopción de la medida de privación de libertad, imponiéndole las
órdenes de orientación que han sido referidas, las cuales, por tanto,
son fruto de la argumentación realizada por la jueza y que, por ende,
encuentran plena congruencia con la fundamentación realizada.
Así, de se debe reiterar, como se lo ha hecho en las anteriores resoluciones
que la determinación judicial de las medidas socioeducativas no se
reducen a la mera aplicación deductiva del derecho, pues suponen
una actividad valorativa por parte de la autoridad jurisdiccional,
que requiere una adecuada justificación a partir de los parámetros
establecidos por la propia Constitución Política del Estado y las normas
del bloque de constitucionalidad, que tiene como método al juicio de
proporcionalidad, que ha sido aplicado en el caso, aunque de manera
implícita, y cuyo resultado permite afirmar la coherencia interna de la
resolución, en tanto y en cuanto la parte dispositiva es coherente con
el desarrollo argumentativo realizado por la autoridad jurisdiccional.
A mayor explicación, se tiene que la juez, como en las resoluciones
anteriores, identifica las normas jurídicas aplicables a partir del
principio de especialidad de los procesos seguidos contra adolescentes
en conflicto con la ley; luego se fijan los hechos probados, valorados
por la jueza, y se efectúa el juicio de proporcionalidad con relación a
la aplicación de la medida socio educativa impuesta al adolescente,
analizando previamente que no es aplicable la medida de privación
de libertad, al considerar que ésta tiene carácter excepcional, que
tanto víctima como infractor son menores de edad y hermanos, que
no ha existido el apoyo necesario por parte de la familia y, esto es
lo más importante, que el adolescente tiene familia ampliada, motivo
por el cual la jueza concluye que el adolescente debe continuar bajo
la responsabilidad del abuelo recibiendo la orientación profesional
necesaria, lo que evidentemente se traduce, también, en la protección
de los derechos de la víctima, toda vez que no convivirán en el mismo
hogar, aspecto que denota la utilización de argumentos ponderativos
que miden la proporcionalidad estricta entre los derechos del
adolescente y de la víctima y permiten llegar a un resultado equilibrado,
satisfaciendo el interés superior de ambos menores.
77

Conforme a ello, se concluye que la determinación de la jueza
resulta congruente con los argumentos desarrollados en el juicio de
proporcionalidad, al decantarse por órdenes de orientación, dadas las
particulares circunstancias tanto del agresor como de la víctima y, en
especial, la existencia de familia ampliada que permitió a la autoridad
jurisdiccional asumir una decisión equilibrada.
En cuanto al requisito de universalidad de la Resolución, podría
afirmarse que la misma se aparta del precedente contenido en la
Segunda Resolución revisada, por cuanto el resultado del juicio de
proporcionalidad conduce a resultados diametralmente diferentes:
Así, en la anterior resolución, se dispone la aplicación de una medida de
privación de libertad de un año, y en esta, de órdenes de orientación, no
obstante que los supuestos fácticos son similares, pues en ambos casos
se trata de adolescentes, el mismo delito y la víctima, coincidentemente,
en los dos casos, es hermana del infractor; sin embargo, conforme se
señaló al hacer el análisis de la resolución, evidentemente existe un
elemento diferenciador en las circunstancias de ambos casos, pues
en la anterior resolución, el adolescente carecía de familia ampliada
que pudiera hacerse responsable de la educación del hijo, y del
cumplimiento de las medidas que, en su caso, podría haber dispuesto
la autoridad jurisdiccional; en ese sentido, el adolescente tampoco
podía retornar al hogar de la madre, precautelando los derechos de
la víctima, por lo que, a partir del criterio de necesidad, propio del
juicio de proporcionalidad, considerando el tiempo necesario para la
realización de la terapia dispuesta por la jueza, ésta consideró que no
existía otra posibilidad que la de disponer la privación de libertad del
adolescente.
A diferencia del caso anterior, en el presente, el adolescente cuenta
con familia ampliada, abuelo, que puede responsabilizarse sobre la
educación y el cumplimiento de las medidas dispuestas por la jueza,
por lo que a partir del criterio de necesidad, la privación de libertad, no
resulta necesaria, más aún si se considera el criterio de excepcionalidad
de esta medida.
Como se ha señalado, el juicio de proporcionalidad permite que se
adopten resoluciones materialmente justas, a partir del análisis de
las circunstancias que rodean al caso, sin que ello, de ninguna manera
constituya lesión al principio de universalidad, que circunscrito
al ámbito del principio de proporcionalidad, predica que frente
a situaciones fácticas similares el resultado del juicio realizado
por la autoridad jurisdiccional debe ser el mismo, y en el caso, al
constatarse que existía un elemento diferenciador con el segundo caso
analizado, que justificaba plenamente la no imposición de la medida
excepcional de privación de libertad, correspondía la aplicación
78

de otras medidas, como lo hizo la jueza, sin lesionar el principio de
universalidad, ni, por ende, los precedentes generados por la misma
jueza, así como tampoco el principio de igualdad, pues, conforme se
tiene ampliamente explicado, la igualdad material supone adoptar los
correctivos necesarios a efecto de dar concreción a los derechos de
los niños, niñas y adolescentes, más aún cuando de por medio existen
derechos confrontados, como en el presente caso, entre la víctima y el
agresor, ambos menores de edad, supuestos en los cuales, la autoridad
jurisdiccional debe buscar aquellas soluciones que armonicen en
mayor grado ambos derechos, buscando una resolución equilibrada.
Cabe señalar que la introducción de la nueva circunstancia en el
análisis, determinará que en el futuro, ante supuestos fácticos iguales,
la jueza adopte decisiones similares y por ende, la decisión asumida
respeta el principio de universalidad; pues, se reitera, las reglas
particulares generadas por la jueza en su decisión, de presentarse
iguales circunstancias, tendrán que ser aplicadas para futuros casos.
Por ello, es posible afirmar que la resolución de la jueza cumple con
requisito de la predictibilidad de las resoluciones, en la medida en que
la utilización del juicio de proporcionalidad le permitirá, por una parte,
a soluciones justas que consideren las circunstancias y características
personales del infractor, pero, por otra lado, que cuando exista similitud
en dichas circunstancias y características, es posible la aplicación de
iguales determinaciones judiciales.
Con relación a la justificación externa de la resolución se reiteran las
afirmaciones contenidas en el análisis de las resoluciones anteriores,
por cuanto la resolución es consistente con el ordenamiento jurídico,
al no existir ninguna antinomia o contradicción normativa, pues al
contrario, la jueza efectúa una adecuada interrelación de las normas
aplicables al caso, otorgando armonía a su resolución. También cabe
reiterar que los argumentos desplegados por la autoridad jurisdiccional
encuentran sustento en principios y valores, derechos y garantías
constitucionales y normas del bloque de constitucionalidad, aún la
jueza no haga expresa referencia a dichas normas en su Resolución,
sin embargo, a partir del contenido de la misma es evidente que tanto
en la fundamentación probatoria, como en elaboración del juicio de
proporcionalidad, la jueza fue respetuosa de los derechos y garantías
de ambos menores involucrados, se basó en el principio del interés
superior del adolescente y de la niña, en la excepcionalidad de la
restricción del derecho a la libertad, logrando conforme se ha señalado
de manera repetida, una resolución equilibrada.
Conforme es habitual en la resoluciones estudiadas, la jueza también
adopta argumentos consecuencialistas en la Sentencia 64/2013, pues
79

se pronuncia de manera expresa sobre la finalidad de las órdenes de
orientación impuestas al adolescente, pero también a la terapia que
debe recibir la víctima; la orientación que debe ser otorgada a la madre
y al abuelo, y las consecuencias de dichas actividades con relación a la
responsabilidad del adolescente respecto a la sociedad.
Así, conforme se ha explicado, dispone como órdenes de orientación
la obligación de permanecer en el domicilio de su abuelo bajo
responsabilidad y protección del mismo, así como la obligación de
recibir apoyo profesional terapéutico que otorgue las directrices
para la asimilación de los cambios y educación sexual que se requiere
durante la etapa de la adolescencia, “centrándose tanto en la
información objetiva como en la conciencia de la responsabilidad
que los propios actos acarrean, así como un marco de valores que
impulsen la autoestima del adolescente, ayudándoles a ser crítico en
sus conductas …” , por el tiempo que considere necesario la psicóloga
de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia; ordenando, además que
el adolescente, en la gestión 2014, retome sus estudios escolares.
Con relación a la víctima, dispone que reciba ayuda profesional
especializada garantizando que no tenga ningún trauma ni secuela,
a cargo de la Psicóloga de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia
del Distrito. Respecto a la madre, dispone que tiene la obligación
de escuchar al adolescente, conversar con su hijo, prestando la
adolescente un apoyo integral, debiendo recibir tanto la progenitora
como el abuela la orientación correspondiente a través del equipo
interdisciplinario.
Para que todas las medidas dispuestas sean armónicas, la jueza dispone
que las profesionales de las Defensorías de la Niñez y Adolescencia
coordinen su actividad para realizar las orientaciones de manera
conjunta, velando por el interés superior de ambos menores, poniendo
énfasis, la jueza en señalar que el sentido de la terapia con relación
al infractor sea para que asume la responsabilidad de su propios
actos, lo que implica una preocupación por la jueza con relación a las
consecuencias de su resolución respecto a la sociedad.
También de manera uniforme con las otras resoluciones es evidente que
la resolución analizada contiene un enfoque basado en derechos que se
puede observar en la realización misma del juicio de proporcionalidad
que, conforme se ha visto, considera aspectos vinculados al interés
superior del adolescente y el carácter excepcional de la detención de
los adolescentes; además, como se ha señalado de manera reiterada,
se respeta el acceso a la justicia especializada, al considerarse para
la resolución emitida los informes del equipo interdisciplinario del
juzgado, pero además, por acompañar las medidas socioeducativas,
80

con seguimiento por parte del equipo multidisciplinario de las
Defensorías de la Niñez y Adolescencia.
También es evidente que el marco del juicio de proporcionalidad se
efectúa una adecuada ponderación de derechos, los de la víctima y
los del adolescente, logrando pronunciar una resolución equilibrada
que toma en cuenta a ambos y se orienta por el principio de interés
superior del adolescente y de la niña. En el mismo sentido, conforme
se ha señalado en las anteriores resoluciones, la jueza considera las
específicas prioridades del adolescente y de la niña como parte de
un grupo que goza de una protección reforzada por su condición
de vulnerabilidad, estando justificadas las medidas de orientación
impuestas, en las que evidentemente la jueza, antes que la aplicación
formal del principio de igualdad, vela por las características y
circunstancias del caso y la situación concreta del adolescente y de la
niña, logrando introducir criterios de igualdad y justicia material.
La resolución de la jueza establece de manera clara las obligaciones
de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia en cuanto al apoyo
profesional terapéutico al adolescente, a la víctima, a la madre y al
abuelo disponiéndose además las profesionales de dicha Institución
actúen de manera coordinada, realizando las orientaciones de manera
conjunta, velando por el interés superior de ambos menores.

d. Cuarta sentencia56
i. Resumen del caso
Dentro de un proceso infraccional seguido a acusación del Ministerio
Público contra dos adolescentes, uno de 14 y otro de 15 años de
edad, la autoridad jurisdiccional los declaró autores y responsables
socialmente de la infracción de robo agravado, imponiéndoles la
medida socioeducativa de privación de libertad por el lapso de
seis meses, debiendo el equipo interdisciplinario del centro donde
cumplirán la medida, dependiente del SEDEGES, remitir informes
mensuales, además de brindar apoyo pedagógico y terapia psicológica
especializada, por el tiempo que dure la sanción impuesta.

ii. Análisis de la resolución
Al igual que en los casos anteriores, el análisis se circunscribirá a los
argumentos de la jueza que forman parte de la línea de pensamiento
jurisdiccional elegida, referida al principio de proporcionalidad en la

56. Sentencia 76/2013.

81

aplicación de medidas socio-educativas a adolescentes en conflicto
con la ley, sin perjuicio de otorgar otros elementos para que el lector
tenga una comprensión adecuada del razonamiento de la jueza.
- Argumentos referenciales necesarios para el análisis de la LPIJ
La jueza, en el primer considerando de la Resolución, resume la
acusación del Ministerio Público contra los adolescentes por la
infracción de robo agravado, previsto y sancionado en los arts. 331 y
332.2, ambos del Código Penal, señalando que el 13 de julio de 2013,
los adolescente fueron conducidos a la División Menores y Familia
de la Policía Boliviana, con el argumento que vivían en la casa de la
víctima y que, aprovechando uno de los viajes de ésta, sustrajeron
dinero, cuchillos y víveres, y luego se dieron a la fuga; sin embargo,
pudieron encontrarlos en la ciudad y conducirlos a la FELCC, lugar
donde hicieron la entrega de Bs. 500 y dos celulares, manifestando
que el dinero faltante se lo habrían gastado.
En el segundo Considerando, punto I, Fundamentación Fáctica, la jueza
efectúa un resumen de la acusación Fiscal; en el punto II, Fundamentación
probatoria, la jueza realiza un relato de la prueba documental y
del informe psicosocial de ambos adolescentes. Finalmente, en el
punto III, que es el que nos interesa a efecto de identificar la línea de
pensamiento de la jueza, bajo el nombre de Fundamentación jurídica,
motivación y fundamentación, la autoridad jurisdiccional fija el marco
normativo inicial para el análisis de la infracción cometida. Así, parte,
de la norma que contiene el tipo penal acusado, es decir el delito de
robo agravado, relacionando el art. 331 del CP (robo) con el art. 332.2)
del CP (robo agravado), de cuya conjunción se tiene que se sanciona
con la pena de 3 a 10 años de presidio a quienes se apoderaren de una
cosa mueble ajena con fuerza en las cosas o violencia o intimidación
en las personas, cuando el hecho fue cometido por dos o más autores.
Al igual que en los anteriores casos, luego de identificar la norma
penal aplicable al caso, que para la jueza no contiene ningún problema
vinculado a su interpretación, de ahí que no recurra a la utilización
de argumentos interpretativos, la jueza, a partir del art. 365 del CPP,
que establece que se dictará sentencia condenatoria cuando la prueba
aportada sea suficiente para generar en el juez o tribunal la convicción
sobre la responsabilidad social de los adolescentes acusados, concluye
que la prueba aportada en juicio por el Ministerio Público es suficiente
para generar convicción sobre la responsabilidad social de los dos
adolescentes acusados, por cuanto se apoderaron de una suma de
dinero utilizando violencia en las cosas, aprovechando la ausencia de
los dueños y que estaban solos en el inmueble, adecuando de esta
manera su conducta al ilícito penal de robo agravado, previsto y
82

sancionado por el art. 331 con relación al art. 332.2) del CP.
La jueza, posteriormente, acude a argumentos doctrinales vinculados
a la prueba como base fundamental del proceso penal, para concluir
que la prueba es la que confirma o desvirtúa una hipótesis y que debe
ser apreciada según las reglas de la sana crítica, razonamiento que,
de acuerdo a la jueza, debe traducirse de manera objetiva, que en su
conjunto deben otorgar razonabilidad al fallo; concluyendo que el
caso la prueba producida en juicio otorga plena certezas de convicción
en la juzgadora en cuanto al apoderamiento ilegítimo de dineros
por parte de los adolescentes, por lo que correspondía imponer la
sanción correspondiente por el hecho infraccional realizado por los
adolescente, siendo ese el tema central, como se tiene señalado,
de la línea de pensamiento individual jurisdiccional de la autoridad
jurisdiccional que se analizará en el siguiente punto.
- Argumentos vinculados a la LPJI de la jueza respecto al principio de
proporcionalidad en la aplicación de medidas socio-educativas
Como se ha visto, la jueza concluye que el hecho se subsume al tipo penal
previsto en el art. 331 con relación al art. 332.2) del CP, que el hecho se
encuentra debidamente probado y que el adolescente es responsable
socialmente. Luego, la jueza se enfrente a un nuevo problema jurídico
vinculado a la determinación judicial de las medidas socio- educativas,
analizando el caso a partir de las reglas específicas previstas en el
Código Niña Niño y Adolescente, vigente en ese entonces.
Para el efecto, la jueza señala que de acuerdo al art. 221 del CNNA,
constituye infracción la conducta tipificada como delito en la ley penal,
en la que incurre como autor o partícipe un adolescente, y de la cual
emerge una responsabilidad social y que el hecho infraccional por el
que se acusa a los adolescentes tiene prevista una pena de presidio de
3 a 10 años.
Asimismo, la jueza se basa en el art. 251 del CNNA que determina que
se podrá determinar la privación de libertad de un adolescente cuando
se hubiere establecido su autoría en la comisión de una infracción
y el delito estuviere sancionado con una pena privativa de libertad
superior a cinco años y que, en tal virtud sobrepasando la infracción de
robo agravado dicho límite, corresponde la aplicación de la privación
de libertad de 6 meses para ambos adolescentes.
Para la determinación de dicha medida socio-educativa, si bien la
jueza no cita en su argumentación los principios contenidos en el
CNNA, como lo hizo en las anteriores resoluciones estudiadas, sin
embargo, es posible detectar que, de manera implícita, efectúa un
juicio de proporcionalidad, pues considera el informe psicosocial del
83

que se desprende que ambos adolescentes son huérfanos de madre
y con problemas de relacionamiento con el padre y la nueva pareja,
por lo que ingresaron a diferentes hogares, fugándose de los mismos.
También del informe se evidencia que no mantienen vínculo familiar;
de ahí que, a partir de dichos elementos se determinara la privación de
libertad, sin embargo la jueza estableció que tanto SEDEGES como la
Defensoría de la Niñez y Adolescencia, continuara con la búsqueda de
los familiares de los adolescentes, mediante avisos a nivel nacional en
radioemisoras, medios televisivos y otros mecanismos de búsqueda,
averiguación e investigación que salgan en las provincias, ciudades y
lugares donde tendría familiares los adolescentes.
Sobre la base de los argumentos señalados y “de la valoración integral
de la prueba producida en juicio y de acuerdo a la sana crítica”, la jueza
declaró a los adolescentes autores y responsables socialmente de la
infracción robo agravado, imponiéndoles la medida socioeducativa
de privación de libertad por el lapso de seis meses, adicionalmente
estableció que el equipo interdisciplinario del Centro donde guardarían
detención, remitan informes mensuales y brinden el apoyo pedagógico
y una terapia psicológica especializada por el tiempo de duración de
la medida socioeducativa impuesta, ordenando además que tanto las
Defensorías de la niñez y adolescencia como el SEDEGES continúen
con la búsqueda de los familiares de los adolescentes “mediante
avisos y otros mecanismos a nivel nacional en radioemisoras, medios
televisivos y otros, que salgan en provincias, ciudades y lugares donde
tendrían familiares los adolescentes…”.
- La justificación de la Resolución en cuanto a la LDPJI
Se puede advertir que la estructura y argumentación de la resolución
analizada se encuentra justificada internamente; pues a partir del
marco normativo identificado la jueza concluye en la aplicación
de la medida socioeducativa impuesta, considerando la particular
situación de los adolescentes, quienes, conforme se ha visto, carecen
de vínculos con sus familiares, y su pasado denota una historia de
institucionalizaciones y fugas periódicas, lo que permite concluir –
aunque la jueza lo hace de manera implícita- que desde el principio
de proporcionalidad y, concretamente, el principio de necesidad de la
medida privativa de libertad, esta sería la única posibilidad existente,
al carecer de relaciones familiares. En ese sentido, la decisión de la
juez es coherente con el tanto con la premisa normativa como con los
hechos concretos que plantea al caso y, por lo tanto, es congruente
con el desarrollo argumentativo desplegado por la autoridad judicial.
Ahora bien, se reitera que la argumentación, tratándose de la
determinación judicial de las medidas socioeducativas, no se reduce a
84

la mera aplicación deductiva del derecho, pues supone una actividad
valorativa por parte de la autoridad jurisdiccional, actividad que en
el caso concreto de la resolución estudiada puede ser observada,
aunque de manera implícita, en la fundamentación de la autoridad
jurisdiccional. En ese sentido, si bien es cierto que , a diferencia de los
anteriores resoluciones estudiadas, la presente contiene una menor
carga argumentativa a partir del propio juicio de proporcionalidad;
pues las razones vinculadas a la idoneidad de la medida, su necesidad
y la proporcionalidad en sentido estricto deberían estar claramente
plasmadas en la argumentación desarrollada por la jueza; empero, es
evidente que dicho juicio de proporcionalidad puede ser observado
de manera implícita a partir de los criterios que han sido anotados
previamente y, en ese sentido, es posible afirmar la coherencia
interna de la resolución , en tanto la parte dispositiva es y la
medida socioeducativa impuesta es coherente con los fundamentos
desarrollados por la autoridad jurisdiccional.
También en el ámbito de la coherencia interna de la Resolución,
debe hacerse referencia a que también se cumple con el principio de
universalidad, en mérito al cual la concreta decisión de la aplicación
de la medida socioeducativa impuesta, podría ser extendida a otros
supuestos que presenten circunstancias similares, considerando
que la privación de libertad fue dispuesto, como se ha señalado
reiteradamente, a partir de la situación concreta de los adolescente,
que carecen de vínculos familiares y tienen una larga historia de
institucionalización. Cabe señalar por otra parte, que a partir del juicio
de proporcionalidad, cada caso deberá ser analizado a partir de las
circunstancias concretas que rodean al adolescente, considerando,
conforme se ha señalado el principio de interés superior del
adolescente y, por ende, en el juicio de proporcionalidad, no siempre
se llegarán a determinaciones similares, sin que ello lesione, conforme
se ha señalado de manera reiterada el principio de universalidad;
empero, en caso de presentarse identidad de supuestos fácticos, es
menester que las decisiones sean similares.
Así, en el caso concreto, es posible observar similar forma de
decisión con relación al segundo caso estudiado, en el que la medida
privativa de libertad fue decidida ante la inexistencia de un núcleo
familiar que pudiera efectuar el seguimiento de otro tipo de medidas
socioeducativas. Así, en la segunda resolución, la jueza asumió dicha
medida por cuanto, no existía una familia ampliada y no era posible,
a partir de los derechos de la víctima, que el adolescente se quedara
en el hogar y, en esta cuarta resolución, por la inexistencia de vínculos
familiares con los adolescentes; desprendiéndose de ello, que el
núcleo de la argumentación a partir del principio de proporcionalidad
permite llegar a determinaciones razonables coincidentes cuando se
85

presenten supuestos fácticos similares, buscando decisiones armónicas
y equilibradas que respeten los derechos de los adolescentes.
Es en ese ámbito que es posible hacer referencia resoluciones
predictibles, que a partir del juicio de proporcionalidad consideren las
características y circunstancias del adolescente infractor, que en caso
de ser iguales, deberán aplicarse iguales determinaciones judiciales.
En cuanto a la justificación externa o de segundo orden la resolución,
es evidente que la resolución tiene consistencia con el ordenamiento
jurídico puesto que no existe contradicción normativa, aunque, es cierto
que en el tema específico de la línea de pensamiento de la autoridad
jurisdiccional, vinculada al principio de proporcionalidad, a diferencia
de las anteriores resoluciones, la interrelación de las normas que antes
era efectuada de manera precisa por la jueza, en la actual resolución
no ha sido explicitada, sino que se mantiene implícita en toda la
resolución. Lo mismo puede señalarse de la coherencia de la resolución
con los principios, valores, derechosy garantías constitucionales, pues
si bien no existe una referencia expresa al juicio de proporcionalidad
y los criterios que justifiquen la decisión respecto a la aplicación de la
medida socioeducativa dispuesta por la jueza, dichos criterios pueden
extraerse implícitamente de la resolución de la jueza, la cual, en ese
sentido, respeta el principio de interés superior del adolescente, la
excepcionalidad de la privación de libertad y la proporcionalidad de la
decisión asumida referida a la aplicación de la medida socioeducativa.
En ese ámbito, y pese a que en este único caso no existe una expresa
argumentación vinculada a la proporcionalidad, es posible concluir,
aun implícitamente, que la jueza mantiene uniformidad en la forma
de resolver los procesos infraccionales en un marco de respeto a los
derechos de los adolescente, velando por la aplicación de las medidas
socioeducativas que resulten más idóneas para precautelar el principio
de interés superior del adolescente y, en ese sentido, también es
posible sostener, al igual que en los casos anteriores, que la resolución
tiene un enfoque basado en derechos humanos.
Ahora bien, desde la perspectiva de los argumentos sobre las
consecuencias de la decisión, éstos, al igual que en las resoluciones
anteriores, están presentes en la resolución de la autoridad judicial,
pues de manera expresa hace referencia al apoyo pedagógico y
terapia psicológica especializada que deben recibir los adolescente,
pero además, precautelando los derechos de éstos, la jueza dispone
que tanto SEDEGES como la Defensoría de la Niñez y Adolescencia
continúen con la búsqueda de los familiares de los adolescentes,
conforme se tiene señalado.

86

La resolución también identifica las obligaciones concretas la
Defensoría de la Niñez y Adolescencia y del Centro dependiente
del SEDEGES donde el adolescente cumplirá la privación de libertad
dispuesta, señalando expresamente que estos últimos deben dar
estricto cumplimiento a las obligaciones previstas en el art. 188 del
CNNA y la primera (Defensoría) debe efectuar la búsqueda de los
familiares de los adolescente y presentar informes mensuales, bajo
responsabilidad en caso de incumplimiento. Estas obligaciones,
uniformes en todas las resoluciones pronunciadas por la jueza tienen
como objetivo, precautelar los derechos de los adolescentes, y que el
Estado cumpla con las obligaciones tanto internas como internacionales
con relación a los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

6.1.4. Reconstrucción de la LPIJ en cuanto al principio de
proporcionalidad en la aplicación de medidas socio-educativas
a adolescentes en conflicto con la ley
a. Presentación
La reconstrucción de la LPJI de la jueza de Partido Primera de la Niñez
y Adolescencia de Chuquisaca, Sonia Elena Barrón Cortez, con el eje
temático: “El principio de proporcionalidad en la aplicación de medidas
socio-educativas a adolescentes en conflicto con la ley”, identificará
los problemas normativos y fácticos que se plantea implícitamente
la juzgadora, así como los argumentos que utiliza en respuesta a los
mismos al momento de resolver los casos sometidos a su conocimiento,
formulando al mismo tiempo argumentos de igual naturaleza que
respaldan su LPIJ, que si bien no son siempre exteriorizados en sus
resoluciones, empero, denotan su utilización implícita al momento de
resolver los casos sometidos a su competencia.

b. Reconstrucción de la LPJI
Las cuatro sentencias revisadas y analizadas permiten reconstruir la
LPJI de la jueza; pues, en todas ellas, pronunciadas dentro de procesos
infraccionales contra adolescentes, la jueza, luego de establecer la
responsabilidad de éstos por la infracción cometida, se cuestionó –
implícitamente- sobre qué medidas socio-educativas resultaban
idóneas para cumplir la finalidad de las mismas, vinculada al principio
educativo y al interés superior de los adolescentes (subprincipio de
idoneidad), pero que, al mismo tiempo, resultaran menos lesivas a
sus derechos, analizando, para el efecto, la necesidad de la medida
y, en ese sentido, la posible existencia de otras que, cumpliendo la
misma finalidad, restringieran en menor medida los derechos del
adolescente (subprincipio de necesidad), para luego analizar la medida
elegida efectuando una ponderación entre la consecución de su
87

finalidad y la restricción a los derechos del adolescente (subprincipio
de proporcionalidad en sentido estricto).
Así, la jueza, en los casos analizados, efectúa, en primero término,
una relación de las normas contenidas en el anterior Código Niña,
Niño y Adolescente, precisando el marco normativo a partir del
principio de especialidad, pues en todas las resoluciones identifica,
invariablemente, los criterios que rigen el juicio de proporcionalidad
en el ámbito de los procesos infraccionales. En ese sentido, con
relación a la finalidad de las medidas socio-educativas, la jueza señala
que las mismas tienen carácter preventivo y que se debe considerar,
preferentemente, el interés superior del adolescente; finalidad que,
como se ha visto al efectuar la contextualización del principio de
proporcionalidad, es conforme tanto con nuestra Constitución como
con las normas contenidas en los instrumentos internacionales sobre
derechos humanos.
Efectivamente, el art. 40.1 de la CDN, reconoce el derecho de todo
niño a quien se le declare culpable de haber infringido las leyes
penales, a ser tratado de manera acorde con el fomento de su sentido
de la dignidad y el valor, que fortalezca el respeto del niño por los
derechos humanos y las libertades fundamentales de terceros, que
se tenga en cuenta la edad del niño y la importancia de promover
su reintegración y que éste asuma una función constructiva en la
sociedad; norma de la cual se extrae el principio educativo como fin de
las sanciones aplicables a los adolescentes, que coincide, de manera
general, aunque con específicas características vinculadas al interés
superior del niño, con la función preventiva especial positiva de las
sanciones penales previstas en el art. 118.III de la CPE que determina
que el cumplimiento de las sanciones privativas de libertad y las
medidas de seguridad están orientadas a la educación habilitación e
inserción social de los condenados con respeto a sus derechos.
Esta finalidad educativa de las medidas socioeducativas también se
desprendía de las normas del Código Niña, Niño y Adolescente, y de
manera expresa está prevista en el art. 322 del CNNA, que establece
que dichas medidas tienen una finalidad primordialmente educativa
de reintegración social y, cuando fuere posible, de reparación del
daño, además de evitar la reincidencia por medio de la intervención
interdisciplinaria e individualizada a la persona adolescente en el
Sistema Penal.
Sin embargo, como se ha señalado, la finalidad “educativa” de dichas
medidas de ninguna manera puede dejar de considerar que la privación
de libertad se constituye en un “mal”, es decir, en una restricción al
derecho a la libertad física del adolescente y, por ende, es evidente que
para el juicio de proporcionalidad vinculado a la idoneidad y necesidad
88

de la medida, deben primar los criterios de gravedad de la infracción y
culpabilidad. En ese sentido, el art. 40.4 de la CDN, conforme lo entendió
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, determina que la
proporcionalidad de la pena se relaciona con las circunstancias del
niño y la infracción, más no con las necesidades educativas de aquél.
En ese marco, la Jueza Sonia Barrón, introduce los criterios anotados
a partir del relacionamiento de las normas contenidas en el Código
Niña, Niño y Adolescente, señalando que de acuerdo a las mismas, las
medidas socio-educativas no sólo deben basarse en el examen de la
gravedad de la infracción, sino también en las circunstancias personales
en las que se ha cometido el hecho reprochable57; consiguientemente,
considera aspectos vinculados tanto a la gravedad del hecho como a la
culpabilidad del adolescente, añadiendo que dichas medidas también
deben ser proporcionales a la edad del adolescente, a sus necesidades,
considerando el interés superior del adolescente, reduciéndose al
mínimo posible las restricciones a la libertad personal.
La conclusión a la que llega la jueza es compatible, como se ha visto,
con las normas que conforman el bloque de constitucionalidad; pues
por una parte, las Reglas de Beijing determinan que la respuesta al
delito será siempre proporcionada, no sólo a las circunstancias y la
gravedad del delito, sino también a las circunstancias y necesidades
del menor, así como a las necesidades de la sociedad (Regla 17.1).
En el mismo sentido, se ha visto que la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos establece que la respuesta frente a los niños
responsables de infringir las leyes penales debe respetar el principio
de proporcionalidad de la pena58 y, en ese sentido ha sostenido que
debe existir proporcionalidad entre la gravedad del hecho cometido y
la reacción punitiva que éste suscita, por lo que a menor entidad del
injusto corresponde mayor pena y a menor participación del inculpado
en la infracción de las leyes penales también corresponde menor pena.
Estos elementos también estaban previstos en el art. 239 del CNNA
abrogado que establecía que la medida aplicada al adolescente
debía ser proporcional a su edad, la gravedad de la infracción y a
las circunstancias del hecho; asimismo, el art. 317 señalaba que la
autoridad jurisdiccional, al momento de dictar resolución, debía
tener presente que la respuesta a la infracción debía ser siempre
proporcional a las circunstancias y necesidades del adolescente y la
gravedad de la infracción, debiéndose considerar en todo momento el
interés superior del niño.

57. Fundamentos de la primera Resolución.
58. Ibid., párr. 350

89

El actual Código Niño, Niña y Adolescente, como se ha visto, también
contiene normas ampliadas vinculadas al principio de proporcionalidad,
concebido como garantía procesal en el art. 193.f) del CNNA, y
contemplado dentro de los derechos y garantías de los adolescentes
en el art. 262.o) del mismo Código, normas que sostienen que las
sanciones y las medidas socio-educativas deben ser racionales, en
proporción al hecho punible y sus consecuencias. En el mismo sentido, el
art. 325 del CNNA señala las pautas para la determinación y aplicación
de las medidas socio-educativas; entre ellas, las privativas de libertad,
señalando que la autoridad jurisdiccional deberá tomar en cuenta la
naturaleza y gravedad de los hechos, el grado de responsabilidad de
la o del adolescente; la proporcionalidad e idoneidad de la medida; la
edad de la y el adolescente y su capacidad para cumplir la medida; así
como los esfuerzos la o el adolescente por reparar los daños.
Conforme se ha visto, la jueza también fundamenta su determinación
en que la privación de libertad debe reducirse al mínimo posible;
conclusión que también es coherente con las normas constitucionales
y las contenidas en instrumentos internacionales sobre derechos
humanos. Así, debe mencionarse al art. 23.II de la CPE que señala que
se evitará la imposición a los adolescentes de medidas privativas de
libertad, que es coherente con el art. 27.b) de la CDN que señala que
los Estados deben velar porque ningún niño sea privado de su libertad
ilegal o arbitrariamente y que dicha medida será utilizada como medida
de último recurso y durante el periodo más breve que proceda. En
idéntico sentido, debe mencionarse a las Reglas de Beijing, que en la
Regla 17.1.b) señala que las restricciones a la libertad personal del
menor se impondrán sólo tras un cuidadoso estudio y se reducirán al
mínimo posible, pero además fija un criterio objetivo para determinar
los casos en que procedería la aplicación de la sanción de privación
de libertad: cuando el menor sea condenado por un acto grave en
el concurra violencia contra otra persona o exista reincidencia, pero
condicionando la aplicación de la medida privativa de libertad a que
no exista otra respuesta adecuada.
Entonces, conforme a dichas normas, es posible señalar que tanto
desde la perspectiva interna (constitucional) como internacional, se
debe propender a la aplicación de medidas sustitutorias de la privación
de libertad, haciendo uso de toda la gama de sanciones alternativas
existentes59, siendo por tanto excepcional la aplicación de dicha medida
que debe estar justificada a través de un estricto juicio de necesidad, y
en ese sentido, las Reglas de las Naciones Unidas para la Protección de
Menores Privados de Libertad, señala que el encarcelamiento deberá
usarse como último recurso; además, que la libertad deberá decidirse

59. Ibid.

90

como último recurso y por el periodo mínimo necesario y limitarse
a casos excepcionales60. Igual razonamiento ha sido desarrollado
tanto por la Corte como por la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos, para quien la aplicación de dicha medida se constituye
la última ratio y que se deben dar preferencia a medidas de otra
naturaleza61.
El desarrollo efectuado anteriormente, se encontraba previsto en el
Código Niño, Niña y Adolescente abrogado, y también en el actual, y en
ese sentido, el art. 239 del primero, señalaba que las restricciones a la
libertad personal del adolescente debían reducirse al mínimo posible,
sólo en los casos previstos en el código y siempre que no hubiera
otra medida más adecuada por aplicarse; norma que exige efectuar
el juicio de proporcionalidad a través del principio de necesidad y que
fue considerada por la juzgadora en su análisis y que, se reitera, resulta
coherente tanto con la norma constitucional como con las normas del
bloque de constitucionalidad; al igual que el art. 262.I.q) del actual
CNNA, que establece, dentro de los derechos y garantías, el carácter
excepcional de la privación de libertad.
Consiguientemente, bajo el marco normativo del Código Niño
Niña y Adolescente, que es conforme con las normas del bloque de
constitucionalidad, la autoridad judicial efectuó en los casos concretos
analizados, un juicio de proporcionalidad, haciendo énfasis en la
necesidad de la medida.
Así, en la primera Sentencia, la jueza efectúa su argumentación a partir
de los hechos probados, considerando que el adolescente tenía quince
años y once meses, y efectúa el juicio de proporcionalidad respectivo,
empezando su análisis con aspectos vinculados a la gravedad del
hecho, señalando que se ha comprobado el hecho por el cual se acusó
al adolescente, es decir la tentativa de homicidio prevista en el art.
251 con relación al Art. 8, ambos del Código Penal.
Por otra parte, con relación a la culpabilidad del adolescente, la jueza
hace referencia a su especial condición, a que se trata de una primera
infracción y a que, de acuerdo al informe psicosocial, se trata de una
persona en desarrollo, que ha vivido sin el cuidado, orientación y guía
de sus padres.
Luego, efectuando el análisis de proporcionalidad a partir del principio
de necesidad, la autoridad jurisdiccional establece que la medida de

60. Disponible en: http://www.unicef.org/panama/spanish/about_8042.htm
61. COMISIÓN IDH, Justicia Juvenil y Derechos Humanos en las Américas, párr. 342.Disponible en: http://www.cidh.org/
countryrep/justiciajuvenil2011sp/jjiv.sp.htm

91

privación de libertad solicitada por el Ministerio Público (cinco años),
resulta excesiva, por lo que “ante la necesidad que el adolescente
reciba con prioridad ayuda profesional especializada en el centro
donde permanecerá, resulta adecuado aplicar la sanción de privación
de libertad de 3 años y 6 meses”.
En la segunda Resolución revisada, la jueza desarrolla con mayores
elementos el juicio de proporcionalidad, aunque sin mencionarlos
expresamente, argumentando sobre la necesidad de imponer la medida
de privación de libertad de un año. Así, con relación a la gravedad
del hecho, sostiene la jueza que debe considerarse la agravante
prevista en el art. 312 (abuso deshonesto) del CP al tratarse de una
víctima de 5 años de edad y que el infractor es su hermano mayor; por
otra parte, respecto a las circunstancias personales del adolescente
la jueza argumenta que no tiene familia ampliada en la que pueda
vivir el adolescente y cumplir con el apoyo profesional terapéutico
que necesita para analizar y reflexionar sobre “los conceptos que ha
instaurado respecto a su entorno en general, pues la inexistencia de
valores y principios le impiden relacionarse con normalidad”.
Considerando dichos elementos, analizando la necesidad de la medida,
la jueza concluye que el adolescente necesita apoyo profesional
especializado que no podría ser cumplido en libertad debido a la
situación económica familiar; añadiendo que no puede vivir en el
mismo hogar que la víctima, por lo que efectúa un balance entre el
interés superior de la niña y del adolescente, estableciendo en la parte
dispositiva que ambos deben recibir ayuda profesional especializada,
la primera, para que no tenga ningún trauma y secuela, y el segundo,
para que pueda similar los cambios y educación sexual requeridos en
la etapa de su desarrollo.
Similares razonamientos fueron utilizados en la tercera resolución
en la que partiendo de la gravedad del hecho de abuso deshonesto
cometido contra una niña, que resulta ser la hermana del infractor,
sostiene que si bien el hecho sexual es de gravedad y que existe la
agravante en sentido que la víctima es la hermana del infractor; sin
embargo, introduce argumentos vinculados a la responsabilidad
social del infractor (culpabilidad), por los cuales la jueza señala que
tanto víctima como adolescente son “…menores de edad y hermanos
y no ha existido por parte de la familia la debida explicación, apoyo
y orientación al adolescente en los temas de sexualidad”; conforme
a ello, y respecto a la necesidad de la medida, la jueza concluye que
existen otras medidas alternativas a la privación de libertad que
pueden ser utilizadas, tomando en cuenta que el adolescente tiene
familia ampliada y que está bajo la responsabilidad del abuelo paterno
y que, por lo tanto, debe continuar bajo dicha responsabilidad,
92

resguardando así, además, los derechos de la víctima, lo que resulta
coherente a partir de un juicio de proporcionalidad estricto de la
medida socio-educativa a imponerse.
Conforme se observa, la jueza, aplicando el juicio de proporcionalidad,
va analizando, en cada caso concreto, fundamentalmente, la necesidad
de la medida socio-educativa, guiada por la excepcionalidad de la
privación de libertad, considerando la finalidad de la misma y el
interés superior del adolescente; adicionalmente, en los dos casos en
los que se encuentran involucrados derechos de niñas como víctimas
de la infracción, la jueza efectúa una adecuada labor de ponderación
entre el interés superior de las niñas y del adolescente, logrando
resoluciones equilibradas, en las que si bien se aplica una medida
socioeducativa con relación a este último; empero, se la restringe al
máximo, en virtud a la necesidad de la medida y el interés superior del
adolescente.
Cabe señalar que el resultado de este juicio de proporcionalidad no
tiene porqué resultar ser idéntico en todos los casos; pues, la esencia
del juicio de proporcionalidad radica en analizar cada caso concreto
a partir de la finalidad de la medida a imponerse, su adecuación o
idoneidad, su necesidad y proporcionalidad en sentido estricto y,
por lo mismo los resultados de este análisis pueden variar cuando
las circunstancias sean diferentes; empero, de presentarse iguales
circunstancias, las conclusiones tendrán que ser las mismas.
Es en ese marco que, como se ha concluido en el análisis de las
resoluciones, la LPJI de la jueza Sonia Barrón, permite sostener que
a partir del juicio de proporcionalidad es posible llegar a soluciones
materialmente justas que consideren el interés superior del
adolescente y, en su caso, de la niña o niño víctima, por lo que, en
términos de predictibilidad de sus resoluciones es posible sostener
que en todos los procesos infraccionales o –ahora penales juveniles- la
jueza, al aplicar las medidas socio-educativas, fundará su determinación
en un análisis previo de proporcionalidad de la medida, buscando el
equilibro y resguardando el interés superior de la adolescente.
Entonces, efectuando una síntesis del análisis de las resoluciones,
desarrollada en el punto VI. de este trabajo, se puede concluir
que la resolución se encuentra debidamente justificada, primero
internamente, por cuanto a partir de la argumentación normativa
que fija la jueza, relacionando las normas del código Niña, Niño y
Adolescente que establecen los criterios para desarrollar el juicio
de proporcionalidad, la jueza efectúa una valoración en el caso
concreto, fundamentalmente a partir de subprincipio de necesidad,
que le permite llegar decisiones coherente con la argumentación
93

desarrollada y las normas del Código Niña, Niños y Adolescente que
fueron relacionadas por la autoridad jurisdiccional.
Por otra parte, en cuanto a la justificación externa o de segundo orden,
es también evidente que la resolución se encuentra debidamente
justificada; por cuanto, por una parte, y a nivel normativo, la
argumentación desarrollada por la jueza no es contradictoria con
el ordenamiento jurídico, lo que se evidencia en la interrelación de
las normas que efectúa en el caso concreto, y que le permiten fijar
los niveles de análisis para efectuar el juicio de proporcionalidad;
en el mismo sentido, si bien la jueza no apoya su razonamiento en
las normas constitucionales y del bloque de constitucionalidad, es
evidente que las normas así relacionadas por la jueza, conforme se
ha concluido, resultan coherentes con la Constitución Política del
Estado y las normas contenidas en instrumentos internacionales sobre
derechos humanos, de donde se concluye que su argumentación es
coherente con los principios, valores, derechos y garantías del bloque
de constitucionalidad, en especial, de aquellas normas específicas
vinculadas a los derechos de la niñez y adolescencia.
Es importante mencionar también que la LPJI de la jueza contiene
suficientes argumentos vinculados a las consecuencias de su decisión,
por cuanto, además ser materialmente justas, en sentido que logran
una resolución equilibrada que precautela el interés superior del
adolescente y también, en los casos en que se encuentran involucradas
niñas, el interés superior de éstas, disponen medidas terapéuticas con
la finalidad que el adolescente reciba la orientación respectiva para que
asuma plenamente la responsabilidad de sus actos; pronunciándose la
jueza también con relación a la víctima –cuando es niña- a efecto que
también reciba terapia con la finalidad que el hecho no deje ninguna
secuela o trauma; asimismo, la jueza se pronuncia sobre la necesidad
que los progenitores62 reciban la orientación profesional respectiva
para que asuman su autoridad con responsabilidad, afectividad e
impartiendo, reglas, valores, apoyo afectivo, explicación y orientación
necesaria. También, bajo el mismo criterio consecuencialista, la jueza
señala en sus resoluciones que el sentido de la terapia, con relación
al infractor, es que asuma la responsabilidad de sus propios actos,
proporcionando un marco de valores que impulsen su autoestima
y un crecimiento basado en principios y valores éticos y normas de
conducta acordes de su edad y grado de desarrollo.
En el marco de la reconstrucción de la LPJI es importante recalcar que,
al tratarse de un tema que afecta directamente a los adolescentes,

62. De los cuatro casos estudiados, en dos de ello, los adolescentes no tenían lazos afectivos con su familia, en los otros
dos, se trataba de familia reconstituidos, con una madre biológica y un padrastro.

94

la jueza asume un enfoque en derechos humanos, a partir del
principio de interés superior del adolescente y la excepcionalidad
de la privación de libertad, criterios que son introducidos en el juicio
de proporcionalidad; advirtiéndose también, la consideración de los
derechos de la niña víctima –en dos de los casos vistos- y, en ese
sentido, la utilización de argumentos ponderativos por parte de la
Jueza, los cuales, conforme se ha explicado en la parte introductoria
de esta LPJI, son propios del Estado Constitucional, llegando la jueza,
así, a soluciones equilibradas y justas. En síntesis, se concluye que la
jueza toma en cuenta las características de un grupo vulnerable, sus
necesidades y su interés superior, que requiere de una protección
reforzada y, en ese sentido, justifica sus determinaciones respecto
a la aplicación de medidas socio-educativas, a través de argumentos
que son coherente con el marco normativo constitucional y las normas
contenidas en instrumentos internacionales sobre derechos humanos.
Finalmente, también en el marco de la reconstrucción de la LPJI es
evidente que la jueza –en el marco del enfoque de derechos humanosidentifica las obligaciones de los servidores públicos encargados de
la ejecución de las medidas socio-educativas impuestas, así como de
la terapia ordenada por la jueza, obligaciones que hacen referencia,
fundamentalmente, al respeto a los derechos de los adolescentes y se
vinculan directamente con las obligaciones contraídas por el Estado
respecto a los derechos de las niñas, niños y adolescentes.

6.2. Materia familiar63
6.2.1. Introducción
En la LPJI de la Jueza Ángela Marisol Tirado Ramos con el eje temático:
“Fijación de asistencia familiar”, se identifican los tres niveles o
dimensiones de análisis que han sido precedentemente descritos en
este documento. En cuanto al primer nivel de análisis pese a no existir
propiamente un problema normativo dentro de los procesos de asistencia
familiar al ser claras las normas del Código de Familia que regulan este
instituto, la Jueza analiza dicha normativa a partir de lo previsto en la
Constitución y las normas del bloque de constitucionalidad.
En relación al segundo nivel de análisis referente a la premisa fáctica,
la Jueza efectúa una minuciosa y pormenorizada valoración de la
prueba dentro de los procesos de asistencia familiar, recurriendo para
el efecto a argumentos interpretativos, jurisprudenciales, doctrinales y
comparativos. De esta forma el proceso argumentativo efectuado por la
citada Jueza cumple con la tercera dimensión de análisis, es decir que las
63. La reconstrucción de la LPJI en materia familiar fue elaborada con la colaboración de Soraya Santiago Salame.

95

resoluciones de la Jueza contienen tanto una justificación interna como
externa del instituto de la asistencia familiar.
En ese marco, es importante señalar que la Jueza para el análisis del
instituto jurídico de la asistencia familiar tanto en la argumentación
normativa como en la fáctica parte del interés superior del niño y su
desarrollo doctrinal y jurisprudencial tanto en el ámbito interno como
en el ámbito convencional, siendo relevante la vinculación efectuada
por la citada Jueza entre los estándares del Sistema Interamericano, la
Constitución y la normativa específica vigente en la resolución de los
casos analizados.
Por otro lado, y en relación al número de sentencias que componen el
CPDJ de la Jueza se debe señalar que se ha efectuado la lectura íntegra
de las cuarenta y dos sentencias que componen dicho CPDJ, habiéndose
identificado una línea de pensamiento constante y uniforme lo cual permite
dotar de predictibilidad a las decisiones pronunciadas por la Jueza en los
procesos de asistencia familiar; sin embargo se ha procedido al análisis
de cuatro sentencias debido a que éstas además de contener una línea
de pensamiento uniforme respecto a los procesos de asistencia familiar,
presentan especificidades que permiten una reconstrucción integral de
la LPIJ de la citada Jueza en cuanto a: i) la valoración de la prueba, en este
ámbito se han seleccionado dos sentencias que evidencian la valoración
minuciosa y pormenorizada que efectúa la Jueza para fundamentar sus
decisiones; ii) la especial situación de vulnerabilidad de los beneficiarios
de asistencia familiar en caso de discapacidad, y de manera implícita iii) el
mandato imperativo previsto en la Constitución y las normas del bloque
de constitucionalidad en cuanto la prevalencia del principio del interés
superior del niño sobre el derecho al debido proceso de los progenitores
declarados rebeldes dentro de los procesos de asistencia familiar.

6.2.2. Contextualización del instituto de la asistencia familiar
El instituto de la asistencia familiar también denominado en algunas
legislaciones como “petición de alimentos” ha sido definido por la
doctrina como la obligación que tienen los progenitores u otras personas
obligadas hacia la o el beneficiario de contribuir económicamente a
favor de éste, en todo lo indispensable para su nacimiento, sustento,
habitación, vestido, educación y atención médica, lo que a su vez implica
el derecho que tiene la o el beneficiario de obtener de sus ascendientes
u otros parientes obligados, conforme a la ley, no únicamente el derecho
alimentario como tal, sino lo necesario para estar bien nutrido, vestirse,
tener un techo, recibir educación y asistencia médica. En este sentido
está claro que la obligación de prestar asistencia familiar no se agota con
suministrar a la o el beneficiario lo indispensable para sobrevivir sino que
implica necesariamente proporcionarle una vida digna para su desarrollo.
96

Ahora bien nuestra Constitución Política del Estado en el art. 58 establece
que las niñas, niños y adolescentes son titulares además de los derechos
generales reconocidos en nuestra Constitución, de los derechos específicos
inherentes a su proceso de desarrollo: “identidad étnica, sociocultural, de
género y generacional; y a la satisfacción de sus necesidades, intereses y
aspiraciones”. Así, la norma fundamental, reconoce a la asistencia familiar
de las niñas, niños y adolescentes como un derecho inherente a éstos, y se
relaciona también con el art. 60 de la misma Constitución que establece
la obligación del Estado, la sociedad y la familia de garantizar la prioridad
del interés superior de la niña, niño y adolescente, lo cual a su vez implica
garantizar la preeminencia de sus derechos, entre los que, como vimos
antes, se encuentra la asistencia familiar.
En este sentido, nuestro diseño constitucional regula la asistencia familiar
desde una doble dimensión, como una obligación por parte del Estado,
la sociedad y la familia de satisfacer las necesidades que garanticen el
desarrollo pleno de las niñas, niños y adolescentes, pero sobre todo
reconoce a la asistencia familiar la calidad de derecho especifico e
inherente a la niñez y adolescencia, vinculada con el principio de interés
superior del niño como un mandato constitucional que garantiza la
obligación reforzada tanto del Estado, la sociedad y la familia en cuanto
a su cabal cumplimiento.
Este es también el sentido de la Convención sobre los Derechos del Niño
que fue ratificada por Bolivia el 14 de mayo de 1990 mediante Ley 1152,
y que de acuerdo a lo previsto en el art. 410 de la CPE forma parte del
bloque de constitucionalidad boliviano.
En ese orden, es importante referir que la Convención sobre los Derechos
del Niño es el instrumento internacional de protección de derechos de la
niñez más importante, debido a que, bajo el sustento de cuatro pilares
fundamentales: el derecho a la subsistencia, al desarrollo, a la protección
y a la participación, se adscribe a la doctrina de protección integral de la
niñez que precisamente tiene como finalidad la prevalencia del interés
superior del niño, niña y adolescente, en cualquier situación en la cual se
encuentren en conflicto sus derechos.
El Tribunal Constitucional boliviano, en la SC 223/2007 de 3 de abril,
entre otras, a momento de interpretar la Constitución Política del Estado
abrogada (CPE abrog.) asumió el entendimiento sobre la protección
integral de la niñez y adolescencia; criterio que fue reafirmado por
el Tribunal Constitucional transitorio en la SC 2568/2010-R de 19 de
noviembre, al interpretar la Constitución Política del Estado vigente, al
señalar que:
En noviembre de 1989, la Organización de las Naciones Unidas
97

promulgó la Convención sobre los derechos del niño, que
fue ratificada por Bolivia el 14 de mayo de 1990 por Ley 1152.
Esa Convención es considerada como el instrumento jurídico
internacional más importante sobre el tema, que se adscribe a
la doctrina de la protección integral de la niñez que se sustenta
en cuatro pilares: el derecho a la subsistencia, al desarrollo, a la
protección y a la participación. El primero implica un reconocimiento
de niveles de vida adecuados y acceso a los servicios básicos; el
segundo, que los niños deben desarrollarse de manera armoniosa,
con respecto, afecto y dignidad, desenvolviéndose en todos los
ámbitos como la educación, el juego, actividades culturales, la
libertad de pensamiento, de conciencia y religión; el derecho a la
protección, comprende la tutela contra las formas de explotación
y crueldad y la separación arbitraria de la familia, y, por último, el
derecho a la participación, implica la libertad de expresar opiniones
y manifestarse respecto a cuestiones que afectan su propia vida, lo
que significa que ningún proceso pueda desarrollarse sin escuchar
la opinión del niño (Sandra de Kolle, Carlos Tiffer, Justicia Juvenil
en Bolivia).
Ahora bien, ambas sentencias desarrollan los principios de la Convención
sobre los derechos del niño, entre los que tienen especial relevancia, los
siguientes:
1. El principio de la no discriminación, por el cual los derechos
contenidos en la Convención se aplican a todos los niños, con
independencia de la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión,
opinión política, origen nacional, étnico o social, posición económica,
impedimentos físicos, nacimiento u otra condición del niño, de sus
padres o de sus representantes legales (art. 2 de la Convención).
2. El principio de interés superior, por el cual las decisiones de los
tribunales, autoridades administrativas y órganos legislativos deben
atender el interés superior del niño, teniendo en cuenta los “derechos
y deberes de sus padres, tutores u otras personas responsables de él
ante la ley” (art. 3 de la Convención).
3. El principio de unidad familiar, que reconoce a la familia como el
medio ideal para el desarrollo del niño, de donde surge la obligación
del Estado de respetar las responsabilidades, derechos y deberes de
los padres, de los tutores y otras personas encargadas de impartir la
dirección y protección apropiada para que el niño ejerza los derechos
de la Convención (art. 5).
4. El principio de autonomía progresiva, que implica que los niños
deben lograr en forma progresiva el ejercicio autónomo de todos sus
98

derechos, consiguiendo superar el criterio dominante referido a que
los padres tienen poder sobre los niños al carecer éstos de autonomía,
para entender que los progenitores sólo tienen la función de orientar
y dirigir en forma apropiada a los niños para que estos ejerzan sus
derechos, como anota el art. 5 de la Convención.
En este contexto normativo y jurisprudencial es posible vincular estos
principios como mandatos imperativos a las autoridades jurisdiccionales
en los procesos de asistencia familiar, por cuanto de acuerdo al principio
de no discriminación todos los derechos contenidos tanto en nuestra
Constitución como en la Convención sobre los derechos del Niño
deben ser garantizados a todas las niñas, niños y adolescentes con
independencia de la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, opinión
política, origen nacional, étnico o social, posición económica, capacidades
diferentes, etc.; obligación que de acuerdo al principio de unidad familiar
parte de la familia, que se constituye en la garante primaria de los
derechos de la niñez, debiendo velar la misma, de acuerdo al principio de
autonomía progresiva, porque los niños formen su propia personalidad,
permitiéndoles gozar de una autonomía gradual con el objetivo de ejercer
de forma progresiva todos los derechos reconocidos en la Constitución
y las normas del bloque de constitucionalidad. Todo ello en el marco
del principio de interés superior del niño que implica que el Estado en
todos sus ámbitos garantice que todas las decisiones de los tribunales,
autoridades administrativas y órganos legislativos atiendan el interés
superior del niño, teniendo en cuenta los “derechos y deberes de sus
padres, tutores u otras personas responsables de él ante la ley64”.
La protección integral a la niñez y adolescencia a la que se ha adscrito
nuestro Estado, también se desprende del ordenamiento jurídico; así el
Código Niño, Niña y Adolescente de 27 de octubre de 1999, expresamente
señalaba en su art. 5 que: “Los niños, niñas o adolescentes, como sujetos
de derecho, gozan de todos los derechos fundamentales y garantías
constitucionales inherentes a toda persona, sin perjuicio de la protección
integral que instituye este Código”. Para el referido Código las niñas,
niños y adolescentes son titulares de todos los derechos, que pueden ser
ejercidos directamente de acuerdo a su edad y desarrollo, reconociendo
también los principios de no discriminación (art. 3), de unidad familiar
(art. 27 y ss.) y de interés superior del niño (arts. 6 y 7), que inspira todas
las normas del Código al señalar el art. 6 de dicha norma que: “Las normas
del presente Código deben interpretarse velando por el interés superior
del niño, niña y adolescente, de acuerdo con la Constitución Política del
Estado, las Convenciones, Tratados Internacionales vigentes, y las leyes
de la República”.

64. Art. 3 de la Convención sobre derechos del Niño. Disponible en: https://www.unicef.es/sites/www.unicef.es/files/
CDN_06.pdf

99

En igual sintonía, el Código de Familia de 23 de agosto de 1972 regula en
su Capítulo Tercero la parte sustantiva de la asistencia familiar, así en los
arts. 14 al 29 se establece la conceptualización, extensión, los obligados,
requisitos para la petición, la fijación, etc. En igual sentido el Capítulo
Sexto del señalado Código de Familia, modificado por el art. 60 de la Ley
de Abreviación Procesal Civil y Asistencia Familiar, Ley Nº 1760 de 28
de febrero de 1997, regula el procedimiento de petición de asistencia
familiar, estableciendo los requisitos de la demanda, la citación, la fijación
provisional, la audiencia, la sentencia, la apelación, etc.
Para finalizar este punto es importante señalar que el 17 de julio de 2014
se promulgó el Nuevo Código del Niña, Niño y Adolescente que, al igual
que el anterior, se adscribe a la corriente de protección integral de la niñez
y adolescencia. Así, el art. 8 del citado Código señala en su parágrafo I que
“Las niñas, niños y adolescentes como sujetos de derechos, gozan de las
garantías constitucionales y las establecidas en este Código y las leyes”;
desarrollando en los parágrafos II y III de dicha norma la obligación que
tienen tanto la familia, la sociedad y el Estado de garantizar el ejercicio
pleno de los derechos de los niños, niñas y adolescentes en condiciones
de igualdad y equidad.
De igual forma, el art. 12 de dicho Código, que establece los principios
por los que se rige, encabeza dicho listado con el principio de interés
superior, vinculando el mismo a la protección integral de la niña, niño y
adolescente, señalando además que: “Para determinar el interés superior
de las niñas, niños y adolescentes en una situación concreta, se debe
apreciar su opinión y de la madre, padre o ambos padres, guardadora o
guardador, tutora o tutor; la necesidad de equilibrio entre sus derechos,
garantías y deberes; su condición específica como persona en desarrollo;
la necesidad de equilibrio entre sus derechos y garantías, y los derechos
de las demás personas.”
En el mismo contexto el citado Código asume como criterio interpretativo
rector al principio de interés superior, al establecer en su art. 9 que todas
las normas insertas en el mismo deben interpretarse velando por el interés
superior de la niña, niño y adolescente, de acuerdo con “la Constitución
Política del Estado y los Tratados Internacionales en materia de derechos
humanos, cuando éstos sean más favorables”.
Por otro lado, cabe advertir que el 19 de noviembre de 2014 se promulgó
la Ley Nº 603, Código de las Familias y el Proceso Familiar, que si bien en
su disposición transitoria primera señala que el mismo entrará en vigencia
plena el 6 de agosto de 2015, en la disposición transitoria segunda
establece la vigencia anticipada de: a) El régimen de asistencia familiar y
disposiciones conexas del presente Código”.
Es así que aun cuando el análisis de la LPIJ de la Jueza se efectuará
bajo las normas del Código de Familia de 1972, por encontrarse vigente
dicho Código al momento de resolver los casos que ahora se analizan, es
100

importante referir de manera general que el actual Código de las Familias
y del Proceso Familiar en su Título VII, regula, entre otros aspectos: el
contenido y extensión de la asistencia familiar, la irrenunciabilidad de la
misma, su obligatoriedad, las personas que deben prestarla, etc; siendo
importante relievar lo previsto en el art. 109.I de dicho Código que,
en el marco de lo previsto en los arts. 58 y 60 de nuestra Constitución,
reconoce la doble dimensión de la asistencia familiar al señalar que ésta
“es un derecho y una obligación de las familias…”. En igual sentido, es
importante la previsión contenida en el art. 116.IV del citado cuerpo legal
por cuanto a través de dicha norma se fija un monto mínimo de asistencia
familiar correspondiente al 20% del salario mínimo nacional.

6.2.3. Análisis de sentencias
Las resoluciones de la Jueza Ángela Marisol Tirado Ramos tienen una
estructura similar; pues, contienen un primer considerando donde se
encuentra una parte introductoria, en la que se relatan los principales
datos del caso, un segundo considerando en el que se hace una relación
minuciosa de la prueba tanto documental como testifical de ambas partes
procesales, identificándose en este punto tanto los hechos probados
como los no probados, un tercer considerando, denominado motivación y
fundamentación en el que se establece: a. la argumentación normativa; b.
la argumentación fáctica vinculada a: b.1. El principio del interés superior
del niño en la valoración de la prueba en los procesos de asistencia
familiar, y b.2. La necesidad de probar la necesidad del beneficiario en
los procesos de asistencia familiar, que se constituye en el núcleo central
de la LPJI de la citada Jueza que será analizado en este documento.
Finalmente las resoluciones cuentan con una parte resolutiva donde la
autoridad jurisdiccional resuelve el caso concreto y establece el monto de
asistencia familiar para las o los beneficiarios.
En mérito a lo señalado, el análisis de las resoluciones de la Jueza, en
cuanto a los argumentos utilizados, seguirá la estructura antes señalada,
centrándonos en la valoración de la prueba por la manera detallada y
minuciosa que la Jueza efectúa de la misma.

a. Primera Sentencia65
i. Resumen del caso
Dentro de un proceso de asistencia familiar, la demandante refiere
que desde que su hija tenía 2 años de edad ha sido la única responsable

65. Sentencia 01/2013 de 7 de enero

101

de su manutención, ya que el progenitor demandado no cumplió
con su deber de suministrar los recursos económicos para solventar
las necesidades de ésta, a pesar de que el mismo obtiene ingresos
superiores a Bs. 15.000 solamente por concepto de flete de transporte
tanto dentro del país como hacia a la Argentina, Chile Perú, Brasil, por
lo que solicita para la hija de ambos una asistencia familiar no menor
a Bs. 1.500 mensuales.
A su vez el demandante señala que vive en la ciudad de Santa Cruz
y que por ello no ha podido entregar personalmente la asistencia
familiar a su hija, pero siempre, a través de su madre, entregó dinero
para la manutención de la misma. Por otro lado, señala que no percibe
grandes montos de dinero ya que se desempeña como chofer de
un camión y además de sus gastos personales debe ocuparse de los
gastos de sus hermanos pequeños y de su padre enfermo, sumado al
hecho que en la actualidad su esposa se encuentra embarazada y que
por ello solamente puede dar en calidad de asistencia familiar la suma
de Bs. 250
La Jueza declaró probada en parte la demanda basando su decisión en
el interés superior de la niña beneficiaria fijando la asistencia familiar
en la suma de Bs. 700.

ii. Análisis de la Sentencia
El análisis de la Sentencia, se circunscribirá a analizar los argumentos
de la Jueza que forman parte de la LPJI elegida, en la dimensión
normativa y la fáctica, para posteriormente analizar el vínculo que
la Jueza efectuó entre ambas, todo ello para que el lector tenga
una comprensión adecuada de la línea de pensamiento de la citada
autoridad jurisdiccional.
En primer término la Jueza identifica cuál es el marco legal aplicable y,
en ese sentido, desde la perspectiva de la resolución de la Jueza, dichas
normas no presentan ningún problema vinculado a su interpretación,
que justifique la utilización de argumentos interpretativos; pues,
conforme se verá, los problemas que suscitan estas normas están
vinculados a la argumentación fáctica, en cuanto la valoración de la
prueba conforme la normativa interna e internacional que regula
tanto la asistencia familiar como la especial protección de la que goza
la niñez y adolescencia.
Así, la Jueza establece el marco normativo aplicable a los procesos de
asistencia familiar, partiendo de lo previsto en los arts. 58, 59, 60 y 64
de la CPE y su vinculación con los arts. 14, 15, 20, 21, 28, 147 y 258 del
Código de Familia (CF) concordantes con el art. 32 del CNNA abrogado.
102

En cuanto a la valoración de la prueba respecto al problema jurídico
concreto que se refiere a la determinación del monto de asistencia
familiar a fijarse, la Jueza realiza una amplía y minuciosa valoración
de la prueba aportada al proceso, dividiendo la misma en prueba
documental y prueba testifical de cargo y de descargo, valorando cada
una de ellas.
Para dicho análisis, parte de lo previsto en los arts. 58 y 60 de la CPE,
art. 2 de la CDN y otros Instrumentos Internacionales de protección
de derechos humanos que forman parte de nuestro bloque de
constitucionalidad, así como las normas contenidas en los arts.
14, 15, 20, 21, 28, 147 y 258 del CF concordantes con el art. 32 del
CNNA abrogado, argumentos que permiten a la Jueza determinar el
hecho probado vinculado a la decisión, acudiendo para efectuar dicha
valoración a la sana crítica.
Se debe relievar la actuación de la Jueza a momento de valorar la
prueba, pues como ya se señaló, el procedimiento de valoración es
minucioso e individualizado; por ejemplo, en cuanto a la valoración de
la prueba de cargo66 concretamente sobre el hecho de que la menor
beneficiaria requiere una asistencia familiar, para la Jueza, en caso de
menores beneficiarios, no es necesario acreditar fehacientemente los
gastos referentes a alimentación, vivienda, vestimenta, educación y
salud, toda vez que se presupone la existencia de dichas necesidades
básicas, conforme al siguiente razonamiento:
(…) la menor beneficiaria por la edad con la que cuenta de nueve
años y nueves meses de edad tiene gastos sea ya por concepto de
alimentación (leche), cereales, derivados lácteos, carne verduras,
con relación a una parte de la necesidad de alimentación del
menor beneficiario que conforme se tiene en cuenta el costo que
se contempla en el INE al mes de noviembre de 2012, según los
últimos datos actualizados en la partida de almuerzo (Bs. 10,30
p/u) lo que al mes representa la suma de Bs. 309.- , la cena que se
encuentra consignada en la partida de la cena Bs. 13.01 p/u lo que
al mes representa la suma de Bs. 390,3, lo que sumados al gasto
66. La Jueza individualiza la prueba de acuerdo al siguiente detalle:
- Tiempo transcurrido en el que la beneficiaria no ha percibido asistencia familiar Que han transcurrido más de siete
años, en los que el demandado dejó de apoyar económicamente a la menor beneficiaria.
- Préstamos de la progenitora para solventar las necesidades de la beneficiaria, la demandante se ha llegado a prestar
dinero del banco para solventar los gastos para la educación y bienestar de la menor beneficiaria. Además se evidencia que:
“la actora ha puesto una tiendita de barrio la que fuere pequeña con el objeto de ayudarse con los gastos de educación,
salud, vestido, alimentación de la menor beneficiaria.”
- Con relación a la actividad del demandado que el demandado se dedica al trasporte desde el año 2006 y desde esa
misma fecha realiza viajes internacionales, especialmente a la república de la Argentina.
- Con relación a los ingresos mensuales del demandado Con relación al hecho de que el demandado obtiene ingresos
superiores a Bs. 15.000 solo por concepto de transporte desde Santa Cruz, Oruro, la paz, Cochabamba, Potosí y a los
vecinos de Argentina, Chile Perú Brasil y Viceversa, si bien no se tiene demostrado los ingresos específicos que acrediten
que son superiores a Bs. 15.000, empero, se evidencia que el demandado por lo menos como chofer de carga nacional e
Internacional, percibe buenos ingresos económicos pero su trabajo desarrollado dentro y fuera del país.

103

de almuerzo hacen la totalidad de Bs. 699,3, sin tomar en cuenta
los demás gastos de alimentación, salud, vivienda, vestimenta, y
Educación, que hasta la fecha, ha sido la madre quien ha teniendo
que cubrir todos los gastos de su hija, mientras el demandado
se ha deslindado de asumir su responsabilidad paterna de forma
completa y que no cuenta con impedimento físico para trabajar,
más cuando tiene ya desarrolla un trabajo que le genera ingresos
económicos desde hace más de seis años atrás como chofer
de camión con viajes internacionales, tal cual acreditan los
reportes de ADUANA NACIONAL de fs. 84-92, teniendo presente
que el demandado, no radica en este departamento, sino en el
departamento de Santa Cruz.
De igual forma, se debe señalar que todo el análisis de la prueba
efectuado por la Jueza se basa en el interés superior. Así, para efectuar
la valoración de la prueba de descargo67 en lo referente a la situación
67. La Jueza valora la prueba de descargo, de la siguiente manera:
- Sobre el supuesto cumplimiento de la obligación de asistencia familiar por parte del demandado Con relación al
hecho de que el demandado desde noviembre de 2011 entregaba mensualmente la suma de Bs. 200, no existe prueba
alguna que acredite este hecho, lo único que se tendría es la referencia de un tercero (abuela paterna) que habría
señalado al testigo que es ella quien en una ocasión entregó una suma de dinero a favor de la beneficiaria a nombre
de su hijo, declararon que carece de valor al haber sido señalada a través de tercera persona. De igual forma en lo
referente al hecho de que la abuela paterna aumentaba a la pensión Bs. 100 como muestra de cariño, no existe prueba
alguna de este hecho además de ser si acaso hubiese sido evidente un acto de liberalidad y cariño de tercera persona
que no se encuentra obligada a otorgar la asistencia familiar, dentro del presente proceso.
- Sobre el monto de dinero percibido mensualmente por el demandado Con relación al hecho de que el demandado
trabaja a como chofer percibiendo un ingreso mensual de Bs. 1800 con el camión de sus padres, si bien existiría un
documento de trabajo de fecha 1 de julio de 2012 en el que se advierte que recién habría sido reconocido en firmas
y rubricas el 8 de noviembre de 2012, dicho documento no se encuentra revisado por el Ministerio de Trabajo por lo
que se advierte que parecería que el mismo fue realizado en favor del demandado toda vez que tal consta en obrados,
el demandado trabaja con ambos camiones desde el año 2006 y no recientemente tal cual señala la documental de
referencia, más aún cuando en lo que se refiere a chóferes de carga internacional las que están sometidos a la Ley de
Aduanas, deben contar con más experiencia y conocimientos y experiencia adicionales de los que se requiere para
ser chofer de servicio público, sea taxi, o microbús, toda vez que requiere del conocimiento especializado de la Ley de
Aduanas, la verificación de documental que hacen no solo a la carga internacional, sino a la acreditación de la empresa
de carga internacional, realizar el trámite en aduanas con las correspondientes declaraciones aduanaras, a efectos
de evitar perdida o retención de la mercadería que se pretende sacar o introducir al país, en este sentido teniendo
presente que uno de los testigos de descargo refiere que solo en transporte público de microbús en la ciudad de Santa
Cruz, percibe una renta diaria de Bs. 150, llegando al mes apercibir en este entendido la suma de Bs. 4500, por lógica
consecuencia, se advierte que el chofer de carga internacional, el que hace viajes en un promedio de mínimamente 3
viajes internacionales, llevando mercadería fuera del país e introduciendo mercadería al país, cuenta con un ingreso
económico mayor al de un chofer de servicio público en la ciudad de Santa Cruz., en tal sentido no sería evidente que el
demandado percibe un ingreso mensual de solo Bs. 1800 con el camión de sus padres teniendo acreditada la titularidad
a nombre de su madre tal cual consta a fs. 36-37 de obrados.
- Sobre las obligaciones familiares del demandado Con relación al hecho de que el demandado tiene a su padre
enfermo y tres hermanos que están estudiando en la Universidad, por la prueba testifical de descargo se advierte
que el demandado efectivamente tendría a su padre enfermo, a pesar de que los testigos no han podido coincidir con
dicha enfermedad, contradiciéndose unos al señalar que cuenta con diabetes, y otros con una parálisis, sin embargo
de ello, de ningún modo ello implica que sea el demandado quien se encuentre a cargo de su padre en la condición en
la que se encuentre, más aún cuando la madre del demandado percibe ingresos económicos con su empresa de Carga
nacional e internacional tal cual se evidencia en el informe de aduanas nacional. De igual manera, en lo que se refiere
a los hermanos del demandado, no se tiene acreditado con prueba alguna que los mismos estén en la universidad,
resultando confusas las declaraciones de los testigos de descargo en sentido de que solo el mayor se encontraría en
Universidad y los otros dos en el colegio y la escuela, teniendo en cuenta que con relación a uno de los hermanos del
demandado de igual manera se desenvuelve como chofer de carga internacional y nacional tal cual se evidencia en el
informe de ADUANA NACIONAL, en tal sentido tampoco se ha señalado de modo alguno que dichos hermanos de
algún modo fueren apoyados por el demandado.
- Con relación al hecho de que el demandado es casado y tiene obligaciones con su nueva familia, este aspecto
se encuentra acreditado con la prueba testifical de descargo así como la documental de descargo, debiendo tener
presente sin embargo, que el demandado en relación a su nueva familia recibe el apoyo permanente de su esposa,
dentro del mismo hogar conyugal, lo que en el caso de la parte actora, no cuenta con apoyo material ni afectivo en

104

económica del demandado concluye que:
(…) no existe prueba alguna que evidencie que el demandado tenga
solo la capacidad de otorgar la suma de Bs. 250, más aún cuando
el demandado realiza viajes nacionales e internacionales con la
frecuencia que se detalla en el informe de ADUANA NACIONAL,
percibiendo ingresos superiores por el trabajo desarrollado
que no es solo de simple chofer ni chofer de servicio público
de donde como ha señalado su propio testigo de descargo, en
servicio público se tendría un ingreso diario de bs. 150, y al mes
en un promedio de Bs. 4500.
- Argumentos vinculados a la LPJI de la Jueza respecto a la valoración
de la prueba bajo el principio de interés superior
La Jueza efectúa una valoración de la prueba, mediante argumentos
interpretativos, más en concreto recurre a la interpretación conforme,
así para efectuar dicha valoración parte de lo previsto en el art. 60 de
la Constitución efectuando un vínculo entre el interés superior y los
derechos a la vida, a la salud, el derecho a la vivienda, a la alimentación,
a la seguridad social entre otros. Concluyendo la Jueza que:
(…) el régimen familiar y sobre todo la salud física, mental y moral de
los niños es obligación constitucional y tienen preeminencia sobre
cualquier otra norma, conforme lo establece el art. 60 de la CPE.
En igual sentido la Jueza realiza una interpretación conforme con los
Instrumentos Internacionales sobre Derechos Humanos que forman
parte del bloque de Constitucionalidad, así recurre a lo previsto
en el art. 2 de la CDN, de 20 de noviembre de 1959, el art. 24.1 del
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 10.3 del
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el
Principio 2 de la Declaración de los Derechos del Niño de las Naciones
Unidas de 20 de noviembre de 1959, los arts. 2 y 3 de la Declaración
sobre los principios sociales y jurídicos relativos a la protección y el
bienestar de los niños, Finalmente y el art. 2 de la Declaración Mundial
sobre la supervivencia, la protección y el desarrollo del niño de 30 de
septiembre de 1990.
De esta forma la Jueza en la Sentencia analizada compatibiliza
la previsión contenida en el art. 14 del Código de Familia con las
normas constitucionales y del bloque de constitucionalidad antes
citadas. Concluyendo que el interés superior debe irradiar todo el

cuanto al cuidado y atención de su pequeña hija, etc.

105

ordenamiento jurídico, en concreto la Jueza señala que:
El cumplimiento de la asistencia familiar permitirá a los menores
de edad alcanzar un desarrollo armónico e integral, en los aspectos
de orden biológico, físico, psíquico, intelectual, familiar y social.
La población infantil es vulnerable y la falta de estructuras
sociales, económicas y familiares apropiadas para su crecimiento
agrava su indefensión. Son considerados como grupo destinatario
de una atención especial estatal que se traduce en un tratamiento
jurídico proteccionista, respecto de sus derechos y de las garantías
previstas para alcanzar su efectividad.
Así, logran identificarse como seres reales, autónomos y en
proceso de evolución personal, titulares de un interés jurídico
superior que irradia todo el ordenamiento jurídico. Dicho interés
supremo del menor se revela como un principio, el cual implica
una forma de comportamiento determinado, un deber ser, que
delimita la actuación tanto estatal como particular en las materias
que los involucra, el cual obtiene reconocimiento en el ámbito del
ordenamiento jurídico internacional como nacional.
- Argumentos vinculados a la LPIJ de la Jueza respecto a la
determinación del estado de necesidad de los beneficiarios de
asistencia familiar
Como señalamos precedentemente, la LPJI de la Jueza está vinculada
al ámbito fáctico en cuanto a dos ejes principales, el segundo de ellos
referente a determinar si en los procesos familiares se debe probar
fehacientemente el estado de necesidad de los beneficiarios vinculado
éste a la situación económica del progenitor renuente.
La Jueza para el efecto recurre a la Constitución Política del
Estado, a las normas internacionales que conforman el bloque de
constitucionalidad, antes citadas, y efectúa una valoración de la
prueba extensiva en cuanto no exige a los beneficiarios prueba
documental o literal mediante la cual acrediten su estado necesidad.
En este sentido la Jueza, además de interpretar el art. 14 del CF de
acuerdo a la Constitución y las normas que conforman el bloque de
constitucionalidad acude a la Doctrina sobre el tema para concluir
que en el caso, especialmente de menores, el estado de necesidad se
presupone. Concretamente la Jueza señala:
Así el tratadista Ramiro Samos Oroza señala “… (…) los hijos
menores no tienen que demostrar en forma especial su situación
de necesidad y la imposibilidad de satisfacer por sí mismo lo
106

que requieran para su vida. Se entiende que precisamente por
ser seres humanos requieren lo suficiente para vivir, en todo lo
que ha de comprender la asistencia familiar, conforme establece
el citado Art. 14 del Código de Familia. De ahí que tratándose
de hijos menores los requisitos de necesidad o imposibilidad SE
PRESUPONE protegiendo el derecho de vida del ser humano.
Posteriormente la Jueza vincula el derecho a la asistencia familiar
con lo previsto en los arts. 5, 13 y 112 del Código del Niño, Niña y
Adolescente en cuanto los derechos a la vida, salud, educación, etc. que
deben ser ejercidos a plenitud tanto por la niñez como la adolescencia.
Al respecto la Jueza señala que:
(…) el Código del niño, niña y adolescente, aprobado mediante Ley
2026 de 27 de octubre de 1999, en su art. 5 establece: “Los niños,
niñas o adolescentes, como sujetos de derecho gozan de todos los
derechos fundamentales y garantías constitucionales inherentes
a toda persona, sin perjuicio de la protección integral que instituye
este Código”, su art. 13 dispone: “Todo niño, niña y adolescente
tiene derecho a la vida y a la salud. El Estado tiene la obligación
de garantizar y proteger estos derechos, implementando políticas
sociales, que aseguren condiciones dignas para su gestación,
nacimiento y desarrollo integral.”, su art. 112 prevé: “El niño, niña
y adolescente tiene derecho a una educación que les permita el
desarrollo integral de su persona, les prepare para el ejercicio de
la ciudadanía y cualifique para el trabajo...”
En el mismo sentido, la Jueza desarrolla la flexibilidad en cuanto al
requisito de probar el estado de necesidad de los beneficiarios con
los derechos de éstos a la vida, salud, alimentación, seguridad social,
vivienda, etc. Señalando que: “El cumplimiento de la asistencia familiar
permitirá a los menores de edad alcanzar un desarrollo armónico e
integral, en los aspectos de orden biológico, físico, psíquico, intelectual,
familiar y social.”
Así la Jueza acude al desarrollo jurisprudencial que sobre estos
derechos ha efectuado el Tribunal Constitucional apoyando su decisión
en dicha jurisprudencia y vinculando ésta con la responsabilidad y
obligación de prestar asistencia familiar que tienen los progenitores
en favor de sus hijas e hijos, quienes de acuerdo a lo señalado por
la Jueza no pueden relevarse del cumplimiento de brindar todo lo
necesario para que los beneficiarios, puedan subsistir.
Sobre la base de dicha argumentación la Jueza, en la parte resolutiva,
declara PROBADA EN PARTE la demanda, fijando como monto de
asistencia familiar en favor de la niña beneficiaria la suma de Bs. 700.
107

iii. La justificación de la Resolución en cuanto a la LDPJI
Los argumentos de la Jueza en cuanto la justificación interna o de
primer orden de la Sentencia analizada se encuentran debidamente
estructurados y justificados; pues, por un lado, se identifican
adecuadamente las normas jurídicas aplicables a partir del principio
de especialidad de los procesos de asistencia familiar que en todo
momento se contextualizan con lo previsto en la Constitución y las
normas internacionales que forman el bloque de constitucionalidad;
por otro lado, se fijan de manera clara los hechos probados, valorados
de manera previa y en forma minuciosa e individualizada y por lo tanto
razonable.
De otro lado, respecto al requisito de universalidad, como criterio
para determinar la razonabilidad de la justificación de la resolución,
debe precisarse que el mismo se tiene cumplido cuando la decisión
descansa en una previa resolución y podrá ser aplicada a casos futuros,
lo que se constituye en la predictibilidad de las resoluciones. En la
resolución analizada, se puede concluir que la solución a la que lleva
la Jueza puede ser aplicable a casos futuros, cuando se presenten
similares hechos y, en ese sentido, se constituye en una resolución que
cumple con el principio de universalidad, conforme además, se podrá
observar en las posteriores resoluciones de la Jueza en las que llega
a resultados similares; pues, a partir de lo previsto en la Constitución
Política del Estado, especialmente en el art. 60, la Jueza genera una
regla de aplicación universal que es reiterada de manera constante
en todas las sentencias analizadas, lo que hace posible determinar
la predictibilidad de las decisiones de la Jueza Ángela Marisol Tirado
Ramos en cuanto a la LPJI analizada.
La Jueza en la justificación interna de la Sentencia analizada recurre
a argumentos abductivos, en cuanto determina las necesidades de la
menor beneficiaria para concluir que en el caso el demandado tiene
la obligación de cubrir dichas necesidades, considerando el contexto
social y económico de ambos progenitores. En concreto la Jueza
señala que:
(…) debiendo en consecuencia otorgarle a la menor beneficiaria,
lo necesario para cubrir sus necesidades básicas toda vez que
se encuentran en etapa de crecimiento, que por la edad con la
que cuenta actualmente (nueve años y nueve meses de edad)
no requiere acreditar su estado de necesidad por lo que, en
observancia de lo instituido por el art. 64 de la Constitución Política
Plurinacional de Bolivia, Tratados Internacionales ratificados por
nuestro país así como por la Convención Interamericana sobre
Obligaciones Alimentarías, adoptada en Montevideo el año 1989
108

y en los preceptos del Código de Familia, y Código del Niño Niña y
Adolescente.
En cuanto a la justificación externa de la resolución, es también
evidente que la misma es coherente con el ordenamiento jurídico,
pues, como se ha visto, para determinar las normas aplicables la Jueza
efectúa una contextualización de las normas del Código de Familia
con la Constitución Política del Estado, las normas internacionales que
forman el bloque de constitucionalidad, y el Código del Niño, Niña y
Adolescente de 1999. Por otra, parte la Resolución, es coherente con
los principios, valores y derechos constitucionales, especialmente si
tomamos en cuenta que toda la Sentencia y en especial la valoración
de la prueba está fundada en el principio de interés superior del niño,
niña y adolescente, contenido en el art. 60 de la CPE.
Debe resaltarse que la resolución desarrolla las consecuencias que
produce en la niñez y adolescencia, y por ende en la sociedad, el
incumplimiento efectuado por los progenitores de cumplir con su deber
de prestar asistencia familiar a sus hijas e hijos. Así la Jueza señala:
(…) el demandado se ha deslindado de cumplir responsablemente
y en forma continua con las necesidades de la menor beneficiaria,
entre ellas las afectivas, aspecto que va a incidir negativamente
en el desarrollo integral de la menor, el demandado tiene la
obligación de proveer los recursos necesarios para cubrir las
necesidades de su hija que se encuentra pequeña.
Es necesario señalar que la resolución analizada evidentemente tiene
un enfoque basado en derechos, que se percibe en el cuidado que tiene
la Jueza a momento de realizar la valoración de la prueba sobre la base
de los arts. 58 y 60 de la CPE y art. 2 de la CDN, que evidentemente
se asientan en el respeto a los derechos de la niñez y adolescencia
y en ese sentido la Jueza a través de la Sentencia analizada tiene
como finalidad el interés superior de la niña beneficiaria (art. 60 de
la CPE), así mismo es evidente que la Sentencia analizada no se basa
en formalismos o ritualismos jurídicos y de esta forma tiene como
finalidad realizar el valor de la justicia material.
En el mismo sentido, debe considerarse que la resolución de la Jueza
efectivamente considera las características específicas de un sector de
la sociedad que se encuentra en situación de vulnerabilidad, como es la
niñez y adolescencia; por ello para fijar el monto de asistencia familiar
para la niña beneficiaria la Jueza considera su condición de persona en
desarrollo concluyendo que la asistencia familiar “permitirá a los menores
y adolescentes alcanzar un desarrollo armónico e integral, en los aspectos
de orden biológico, físico, psíquico, intelectual, familiar y social.”

109

b. Segunda Sentencia68
i. Resumen del caso
Dentro de un proceso de asistencia familiar la demandante refiere
que el demandado se olvidó por completo de la existencia de su hijo
menor de edad, que además presenta una discapacidad auditiva del
75%, tal como acredita el carnet de discapacidad adjunto a la demanda.
Señala que el demandado se encuentra en la república de la Argentina
trabajando como contratista albañil, trabajo que desempeñaba desde
que lo conoció y que en esta época le generaba ingresos en forma
mensual de Bs. 5.000. Es por ello que solicita una asistencia familiar
de Bs. 800 mensuales.
El demandado responde en forma extemporánea, y en audiencia
preliminar refiere que no es contratista albañil sino únicamente
ayudante de construcción de una Empresa argentina por lo que
solamente tiene la capacidad económica de otorgar la suma de Bs. 200
a favor de su hijo.
La Jueza declaró probada en parte la demanda basando su decisión
en el interés superior del niño beneficiario y en su situación de
discapacidad fijando la asistencia familiar en la suma de Bs. 650.

ii. Análisis de la Sentencia
El análisis de la Sentencia, al igual que el caso anterior se circunscribirá
a analizar los argumentos de la Jueza que forman parte de la LPJI
elegida, en las dos dimensiones ya señaladas para posteriormente
analizar el vínculo que la Jueza efectuó entre la dimensión fáctica y la
normativa interna e internacional aplicable al caso, a través del uso de
argumentos jurídicos.
Se debe hacer notar que la totalidad de las resoluciones analizadas
en cuanto a la LPIJ en los procesos de asistencia familiar contiene
argumentos centrales idénticos, por lo que tanto en el análisis de esta
sentencia como en las siguientes nos abocaremos a reiterar algunos
aspectos importantes y a desarrollar las especificidades de cada caso.
Como en el caso anterior, la Jueza identifica cuál es el marco legal
aplicable y, en ese sentido, desde la perspectiva de su resolución, dichas
normas no presentan ningún problema vinculado a su interpretación,
que justifique la utilización de argumentos interpretativos; pues,
conforme ya se dijo, los problemas que suscitan estas normas están

68. Sentencia 03/2013 de 16 de enero.

110

vinculados a la argumentación fáctica, en cuanto la valoración de la
prueba conforme la normativa interna e internacional que regula
tanto la asistencia familiar como la especial protección de la que goza
la niñez y adolescencia.
Así, la Jueza establece el marco normativo aplicable a los procesos de
asistencia familiar, partiendo de lo previsto en los arts. 58, 59, 60 y 64
de la CPE y su vinculación con los arts. 14, 15, 20, 21, 28, 147 y 258 del CF
concordantes con el art. 32 del CNNA. Además, en la Sentencia ahora
analizada, al ser el beneficiario un niño con discapacidad auditiva del
75% acude también a lo previsto en la Convención sobre los derechos
de las personas con discapacidad, promulgada por Naciones Unidas
con la finalidad de destacar la necesidad de proteger los derechos de
los niños con discapacidad y velar por que logren una participación en
la sociedad que sea plena y en pie de igualdad.
En igual sentido y para dar más peso argumentativo a su Sentencia
recurre a lo previsto en el Informe mundial sobre la discapacidad,
coeditado por la OMS y el Banco Mundial, donde se describen las
intervenciones eficaces para mejorar la salud y la participación social
de los niños discapacitados. Concretamente la Jueza señala que:
Es imperativo fortalecer el cuidado y la protección de los niños
con discapacidad que actualmente a nivel nacional no existen
políticas que mejoren o coadyuven en cuanto a la atención médica
que deben recibir reduciendo los costos a los que se encuentran
a cargo de ellos.
En cuanto a la valoración de la prueba respecto al problema jurídico
concreto que se refiere a la determinación del monto de asistencia
familiar a fijarse en el caso de un menor con capacidades diferentes, la
Jueza realiza una amplía y minuciosa valoración de la prueba aportada
al proceso, dividiendo la misma en prueba documental y prueba
testifical de cargo y de descargo, valorando cada una de ellas..
Partiendo para dicho análisis de lo previsto en los arts. 58 y 60 de
la CPE, art. 2 de la CDN y otros Instrumentos Internacionales de
protección de derechos humanos que forman parte de nuestro bloque
de constitucionalidad, como la Convención sobre las personas con
discapacidad, así como las normas contenidas en los arts. 14, 15, 20, 21,
28, 147 y 258 del CF concordantes con el art. 32 del CNNA abrogado,
argumentos que permiten a la Jueza determinar el hecho probado
vinculado a la decisión, acudiendo para efectuar dicha valoración a la
sana crítica.
Se debe relievar la actuación de la Jueza a momento de valorar la
111

prueba ya que realizó este proceso de forma minuciosa y detallada,
por ejemplo, en cuanto a la valoración de la prueba de cargo69 sostiene
en el caso de los menores beneficiarios no es necesario acreditar
fehacientemente los gastos referentes a alimentación, vivienda,
vestimenta, educación y salud, más aún en el presente caso en el que
el niño beneficiario tiene una discapacidad auditiva del 75%, con lo
que sus necesidades se ven incrementadas.

69. La Jueza e cuanto a la prueba de cargo señala que:
- Sobre la situación laboral del demandado Se evidencia que el demandado ha contado con el oficio de construcción
así sea en el grado de ayudante desde hace 8 años atrás, tiempo en el que el demandado se encuentra en la república
de Argentina, aspecto que sugiere que habría pasado en el transcurso de 8 años a la calidad de albañil y no de simple
ayudante.
- Escolarización del beneficiario Por la prueba testifical, se evidencia que el menor beneficiario hasta la gestión 2012,
cursaba el 3° curso de primaria en un Instituto de esta ciudad. Además se ha corroborado que el menor beneficiario
para llegar a su escuela debe tomar dos micros.
- Necesidades del beneficiario Se ha evidenciado que el menor beneficiario requiere audífonos para escuchar y que
no los tiene por sus recursos económicos. Además: “debe tenerse presente que, conforme se tiene en cuenta el
Índice de Precios al Consumidor, al mes de noviembre de 2012, según los últimos datos actualizados en la partida de
almuerzo (Bs. 10,30 p/u) lo que al mes representa la suma de Bs. 309.- , la cena que se encuentra consignada en la
partida de la cena Bs. 13.01 p/u lo que al mes representa la suma de Bs. 390,3, lo que sumados al gasto de almuerzo
hacen la totalidad de Bs. 699,3, sin tomar en cuenta los demás gastos de alimentación, salud, vivienda, vestimenta, y
Educación debiendo tener presente que con relación al menor beneficiario que cuenta con una discapacidad auditiva,
no puede, al momento estudiar en un establecimiento regular, debiendo asistir a un Establecimiento audiológico,
en el que se encuentran profesionales especializados, para estimular y enseñar con una enseñanza distinta a niños
que no padecen de discapacidad, en este entendido se toma en cuenta que al margen de los otros gastos también
existe el de transporte al encontrarse a gran distancia entre el domicilio de la actora y la Unidad Educativa a la que
asiste el menor debiendo incluso tomar dos micros para llegar y volver lo que supone sin duda un gasto doble solo
en el menor, al margen de la persona adulta que debe llevar al niño que puede sufrir algún riesgo en la calle por
su discapacidad.”
- Situación laboral de la demandante Por la testifical de cargo se evidencia que actualmente la actora no cuenta con
trabajo.
- Capacidad económica del demandado Es necesario tomar en cuenta que en la Argentina se ha establecido desde
el año 2011, un salario mínimo básico y vital de $. 2300.- (pesos argentinos) El Salario mínimo, vital y móvil es un
derecho consagrado por el artículo 14 bis de la Constitución Nacional. El Salario Mínimo 2013, que hasta agosto se
encontraba en $ 2.300.- por mes, ahora, ese salario mínimo vital y móvil llega a 2.670 pesos en Septiembre y a 2.875
pesos en febrero de 2013, éste sueldo mínimo que equivale a Bs. 4156,25.- y podría ser aún más elevado si acaso el
demandado se encontrara trabajando con los parámetros de la por lo que los parámetros establecidos oficialmente
darían cuenta de un ingreso superior al mencionado, pudiendo colegir que el demandado cuenta con ingresos suficientes ya que se encuentra en la Argentina hace ocho años aproximadamente.
La Jueza concluye que:
- Con relación al hecho de que el demandado no es contratista albañil y trabaja como ayudante de construcción
Conociéndose solo el hecho de que el demandado se encuentra en la república de la Argentina desde hace ocho
años, tiempo en el que dejo a la actora y su hijo, entendiéndose con este hecho que habiendo transcurrido ocho años
atrás el demandado, en la Argentina, ya ha adquirido, conocimientos mejorados a su anterior oficio de ayudante,
en tal sentido con mejores oportunidades laborales, que le han permitido quedarse por ese tiempo en dicho país
lo contrario significaría el retorno como muchos contemporáneos, que no han conseguido fuente laboral, en el caso
del demandado, su permanencia en Argentina por ocho años atrás, se colige que ya cuenta con una actividad laboral
rentable y con mejores condiciones económicas que pudiera brindarle Bolivia.
- Datos de la Construcción en Bolivia Según datos del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Instituto Nacional de
Estadística (INE), los promedios del costo de la mano de obra se encuentran consignados en la categoría de Vivienda
y Servicios Básicos, que están en una base con datos desde abril de 2008 hasta noviembre de 2012, y que consigna las
variaciones mes a mes. Según esos datos, en 2008, el jornal de la mano de obra cerró en Bs 88,37. En 2009 llegó a Bs
100,75; en 2010 a Bs 114,19; en 2011 a Bs 135,25; y hasta noviembre de 2012 la cifra alcanzó los Bs 150,82 (jornal
por día)
- Sobre la capacidad económica del demandado Con relación al hecho de que el demandado tiene la capacidad
económica de otorgar solo la suma de Bs. 200 a favor de su hijo, no existe prueba alguna, que acredite este hecho,
más si se ha tenido presente tanto los indicadores económicos en cuanto al salario (jornal día) tanto del estado
Plurinacional de Bolivia, cuanto de la Argentina a través de la U.O.C.R.A, entendiéndose que sea incluso en el caso
boliviano y trabajando solo cinco días , a la semana, mensualmente tendría un ingreso mínimo como ayudante de
Bs. 2000 (Bs. 100 por día) o como albañil de Bs. 3000 mensual, en Bolivia, y en la Argentina percibiendo un salario
mínimo vital equivalente en moneda nacional boliviana de Bs. 3738.- mínimamente, por lo que no es evidente que el
demandado tenga la capacidad económica solo de otorgar la suma de Bs. 200 a favor de su hijo.

112

Con relación a la prueba aportada por el demandado , la Juez realiza
una interpretación extensiva en favor del menor beneficiario,
señalando que: “(…) aun en el caso de que el demandado desvirtuase
los fundamentos de la demanda, que en este caso no ha ocurrido, se
debe tener presente que las necesidades de los menores no requieren
acreditación y se presuponen”.
- Argumentos vinculados a la LPJI de la jueza respecto a la valoración
de la prueba bajo el principio de interés superior
La Jueza efectúa una valoración de la prueba, mediante argumentos
interpretativos, más en concreto la Jueza recurre a la interpretación
conforme con la CPE y las normas del bloque de constitucionalidad;
así para efectuar dicha valoración, parte de lo previsto en el art. 60 de
la CPE, efectuando un vínculo entre el interés superior y los derechos
a la vida, a la salud, el derecho a la vivienda, a la alimentación, a la
seguridad social, entre otros.
En igual sentido la Jueza realiza una interpretación conforme con los
Instrumentos Internacionales sobre Derechos Humanos que forman
parte del bloque de Constitucionalidad, así la Jueza recurre a lo
previsto en el art. 2 de la CDN de 20 de noviembre de 1959, el art. 24.1
del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 10.3 del
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el
Principio 2 de la Declaración de los Derechos del Niño de las Naciones
Unidas de 20 de noviembre de 1959, los arts. 2 y 3 de la Declaración
sobre los principios sociales y jurídicos relativos a la protección y el
bienestar de los niños, Finalmente, el art. 2 de la Declaración Mundial
sobre la supervivencia, la protección y el desarrollo del niño de 30
de septiembre de 1990 y a la Convención sobre las personas con
discapacidad.
De esta forma, como ya se dijo a momento de analizar la primera
Sentencia, la Jueza compatibiliza la previsión contenida en el art. 14 del
CF con las normas constitucionales y del bloque de constitucionalidad
antes citadas, concluyendo que el interés superior debe irradiar todo
el ordenamiento jurídico.
- Argumentos vinculados a la LPIJ de la Jueza respecto a la
determinación del estado de necesidad de los beneficiarios de
asistencia familiar
La Jueza, para analizar la situación de necesidad del menor beneficiario,
además de acudir a las normas constitucionales y convencionales
ya citadas, realiza un análisis pormenorizado en cuanto a la especial
situación de vulnerabilidad del menor al tener éste capacidades
113

diferentes. Expresamente la Jueza señala que:
(…) sin tomar en cuenta los demás gastos de alimentación, salud,
vivienda, vestimenta, y Educación debiendo tener presente que con
relación al menor beneficiario que cuenta con una discapacidad
auditiva, no puede, al momento estudiar en un establecimiento
regular, debiendo asistir a un Establecimiento audiológico, en el
que se encuentran profesionales especializados, para estimular
y enseñar con una enseñanza distinta a niños que no padecen
de discapacidad, en este entendido se toma en cuenta que al
margen de los otros gastos también existe el de transporte al
encontrarse a gran distancia entre el domicilio de la actora y
la Unidad Educativa a la que asiste el menor debiendo incluso
tomar dos micros para llegar y volver lo que supone sin duda un
gasto doble solo en el menor, al margen de la persona adulta que
debe llevar al niño que puede sufrir algún riesgo en la calle por
su discapacidad.
Sobre la base de dicha argumentación la Jueza, en la parte resolutiva,
declara PROBADA EN PARTE la demanda, fijando como monto de
asistencia familiar en favor del niño beneficiario en la suma de Bs. 700
mensuales.

iii. La justificación de la Resolución en cuanto a la LDPJI
Los argumentos de la Jueza en cuanto a la justificación interna o de
primer orden de la Sentencia analizada se encuentran debidamente
estructurados y justificados; pues, por un lado, se identifican
adecuadamente las normas jurídicas aplicables, a partir del principio
de especialidad de los procesos de asistencia familiar que en todo
momento se contextualizan con lo previsto en la Constitución y las
normas internacionales que forman el bloque de constitucionalidad;
por otro lado, se fijan de manera clara los hechos probados, valorados
de manera minuciosa e individualizada y por lo tanto razonable.
Por otra parte, respecto al requisito de universalidad, como criterio
para determinar la razonabilidad de la justificación de la resolución,
debe precisarse que el mismo se tiene cumplido cuando la decisión de
la Jueza descansa en una previa resolución y podrá ser aplicada a casos
futuros, lo que se constituye en la predictibilidad de sus resoluciones.
La Jueza, en la justificación interna de la Sentencia analizada, recurre
a argumentos abductivos, por cuanto determina las necesidades del
menor beneficiario para concluir que, en el caso, el demandado tiene
la obligación de cubrir dichas necesidades, considerando el contexto
social y económico de ambos progenitores, pero además, que el menor
tiene capacidades diferentes y que la madre por causa de una lesión
114

en la espalda está limitada físicamente de realizar algunos trabajos. Al
respecto la Jueza señala que:
Por otro lado la Convención sobre los derechos de las personas
con discapacidad, promulgada por las Naciones Unidas, destaca la
necesidad de proteger los derechos de los niños con discapacidad
y velar por que logren una participación en la sociedad que sea
plena y en pie de igualdad. Ello entraña evitar las experiencias
negativas de la violencia contra los niños, que acarrean una gran
variedad de consecuencias negativas para la salud y el bienestar
en etapas posteriores de la vida.
En el caso de autos, la parte actora, al encontrarse padeciendo
fractura antigua de vertebra t11, t12, lumbago crónico, cifosis dorsal
postural, cuenta con la dificultad, para desarrollar un trabajo, el que
requiere de esfuerzo físico, incluso para movilizarse caminando.
En cuanto a la justificación externa de la resolución, es también evidente
que la misma es coherente con el ordenamiento jurídico, pues, como
se ha visto, para determinar las normas aplicables, la Jueza efectúa
una contextualización entre la Constitución Política del Estado, las
normas internacionales que forman el bloque de constitucionalidad,
el Código del Niño, Niña y Adolescente de 1999 con la normativa
específica sobre la asistencia familiar prevista en el Código de Familia.
Por otra parte, la Resolución es coherente con los principios, valores
y derechos constitucionales, especialmente en cuanto a la valoración
de la prueba que está fundada en el principio de interés superior del
niño, niña y adolescente, contenido en el art. 60 de la CPE.
Es necesario señalar que la resolución analizada evidentemente tiene
un enfoque basado en derechos, que se percibe en el cuidado que tiene
la Jueza a momento de realizar la valoración de la prueba sobre la base
de los arts. 58 y 60 de la CPE y art. 2 de la CDN, que evidentemente
se asientan en el respeto a los derechos de la niñez y adolescencia y
en ese sentido la Jueza a través de la Sentencia analizada tiene como
finalidad el interés superior de la niña beneficiaria (art. 60 de la CPE),
así mismo la Jueza enfatiza en el presente caso sobre la especial
situación del menor beneficiario, en cuanto su discapacidad auditiva.

115

c. Tercera Sentencia70
i. Resumen del caso
En un proceso de asistencia familiar la demandante señala
que el progenitor de su hija menor de edad se deslindó de sus
responsabilidades de padre desde el momento de su embarazo, es por
ello que ha debido ser ella quien se encargue de todas las necesidades
de su hija desde si nacimiento. Señala que ella es estudiante y por
ello se encuentra imposibilitada de trabajar a tiempo completo, por
lo que requiere con urgencia que el demandado se haga cargo de las
necesidades de su hija, más aún cuando éste cuenta con un trabajo
estable en la Terminal de Buses de nuestra ciudad.
Citado legalmente el demandado, éste no presenta ningún
apersonamiento al proceso por lo que fue declarado rebelde. La Jueza
declara probada la demanda basando su decisión en el interés superior
del niño y en su situación de abandono por parte de su progenitor,
fijando la asistencia familiar en la suma de Bs. 600.

ii. Análisis de la Sentencia
El análisis de la Sentencia, al igual que el caso anterior se circunscribirá
a analizar los argumentos de la Jueza que forman parte de la LPJI
elegida, en las dos dimensiones ya señaladas, para posteriormente
analizar el vínculo que la Jueza efectuó entre la dimensión fáctica y la
normativa interna e internacional aplicable al caso, a través del uso de
argumentos jurídicos.
Se recuerda que la totalidad de las resoluciones analizadas en cuanto
a la LPIJ en los procesos de asistencia familiar contiene argumentos
centrales idénticos, por lo que tanto en el análisis de esta sentencia
como en las siguientes nos abocaremos a reiterar algunos aspectos
importantes y a desarrollar las especificidades de cada caso.
Como en el caso anterior la Jueza identifica cuál es el marco legal
aplicable y, en ese sentido, desde la perspectiva de la resolución, dichas
normas no presentan ningún problema vinculado a su interpretación,
que justifique la utilización de argumentos interpretativos; pues,
conforme ya se dijo, los problemas que suscitan estas normas están
vinculados a la argumentación fáctica, en cuanto la valoración de la
prueba conforme la normativa interna e internacional que regula
tanto la asistencia familiar como la especial protección de la que goza
la niñez y adolescencia.

70. Sentencia 24/2013 de 19 de abril.

116

Así, la Jueza establece el marco normativo aplicable a los procesos de
asistencia familiar, partiendo de lo previsto en los arts. 58, 59, 60 y 64
de la CPE y su vinculación con los arts. 14, 15, 20, 21, 28, 147 y 258 del
CF, concordantes con el art. 32 del CNNA.
En cuanto a la valoración de la prueba respecto al problema jurídico
concreto que se refiere a la determinación del monto de asistencia
familiar a fijarse en el caso de los menores que han sido abandonados
por su progenitor desde el momento de gestación, la Jueza realiza
una amplía y minuciosa valoración de la prueba aportada al proceso,
dividiendo la misma en prueba documental y prueba testifical de cargo
y de descargo, valorando cada una de ellas.
Partiendo para dicho análisis de lo previsto en los arts. 58, 60 y 64
de la CPE, art. 2 de la Convención sobre Derechos del Niño y otros
Instrumentos Internacionales de protección de Derechos Humanos
que forman parte de nuestro bloque de constitucionalidad, así como
las normas contenidas en los arts. 14, 15, 20, 21, 28, 147 y 258 del
CF concordantes con el art. 32 del CNNA de 1999, argumentos que
permiten a la Jueza determinar el hecho probado vinculado a la
decisión, acudiendo para efectuar dicha valoración a la sana crítica.
Se debe relievar la actuación de la Jueza a momento de valorar la
prueba realizó este proceso de forma minuciosa y detallada, por
ejemplo en cuanto a la valoración de la prueba de cargo71 en relación
a que la menor beneficiario requiere una asistencia familiar con cargo
al obligado, para la Jueza es evidente que en el caso de los menores
71. La Jueza sobre la aprueba aportada por la parte demandante señala:
- Con relación al hecho de que, el demandado no efectúa ninguna colaboración para solventar las necesidades de su
pequeña hija, no consta prueba alguna que desvirtué este aspecto, que se encuentra bajo la presunción establecida
en el Art. 64 párr. I de la ley 1760.
- Con relación al hecho de que, es la actora quien debe cubrir sola los gastos de manutención de la beneficiaria,
como la alimentación, vestido, vivienda, enfermedad, no consta prueba alguna que desvirtué este aspecto, más aún
cuando consta por el informe socio económico de fs. 15-17 que la actora no cuenta con el apoyo del padre de su hija.
- Con relación al hecho de que la actora es estudiante de la carrera de Secretaria Ejecutivo en el Instituto por lo que
se ve imposibilidad de trabajar tiempo completo, no consta prueba alguna que desvirtué este aspecto, existiendo
prueba documental de fs. 3 que evidencia este hecho. Así como el hecho de que se dedica a la venta de cosméticos por
revista percibiendo montos mínimos que no le permiten cubrir todos los gastos que tiene su hija, no consta prueba
alguna que desvirtué este aspecto, que se encuentra bajo la presunción establecida en el Art. 64 párr. I de la ley 1760.
- Con relación al hecho de que no cuenta con inmueble propio debiendo vivir de favor en el inmueble que habita su
madre en contrato anticrético, inmueble que es de propiedad del Sr. L ubicado en el Barrio, no consta prueba alguna
que desvirtué este aspecto, constando este hecho a través del informe socio económico de fs. 15-17 de obrados.
- Con relación al hecho de que el demandado tiene muy buenos ingresos económicos porque cuenta con una fuente
laboral estable, no consta prueba alguna que desvirtué este aspecto, que se encuentra bajo la presunción establecida
en el Art. 64 párr. I de la ley 1760.
- Con relación al hecho de que el demandado se dedica a la venta de pasajes en la terminal de buses en la empresa de
transporte percibiendo un haber mensual, no consta prueba alguna que desvirtué este aspecto, que se encuentra bajo
la presunción establecida en el Art. 64 párr. I de la ley 1760. Sí mismo con referencia al hecho de que, el demandado es
una persona joven y saludable pro lo que tiene las capacidades suficientes para procurarse un ingreso que le permitan
asumir su responsabilidad de padre, no consta prueba alguna que desvirtué este aspecto, que se encuentra bajo la
presunción establecida en el Art. 64 párr. I de la ley 1760.
- Con relación al hecho de que las necesidades de la menor beneficiaria ascienden a Bs. 600 con cargo al demandado,
no consta prueba alguna que desvirtué este aspecto, que se encuentra bajo la presunción establecida en el Art. 64
párr. I de la ley 1760.

117

beneficiarios no es necesario acreditar fehacientemente los gastos
referentes a alimentación, vivienda, vestimenta, educación y salud.
Con relación a la declaratoria en rebeldía del demandado, la Jueza,
para determinar sus responsabilidades con la menor beneficiaria,
acude a las presunciones, concluyendo que la falta de apersonamiento
del progenitor dentro del proceso de asistencia familiar pese a su legal
notificación hace presumir la veracidad de los argumentos de la madre,
y además establece que en estos casos, el efecto de dicha presunción
es la inversión de la prueba. Concretamente la Jueza señala que:
Se tiene en cuenta que el demandado al haber sido declarado
rebelde a la ley, el demandado, con las correspondientes
consecuencias en cuanto a la veracidad de los hechos señalados
por la demandante, en el ámbito jurídico, la presunción otorga
una fuerza especial al sujeto del derecho que goza de atribución
de alguna, y significa el reconocimiento por el sistema legal, a un
determinado acto o hecho, la categoría verdad y certeza jurídica
tal, que su ostentación al sujeto conlleva un derecho eficaz
mientras no se demuestre lo contrario (presunción iuris tantum),
e incluso eficaz aunque se demuestra lo contrario (presunción
iuris et de iure).
El efecto de la presunción es invertir la carga de la prueba, quien
no está de acuerdo con ella debe argumentar. Ningún enunciado es
inocente, implica siempre algún tipo de evaluación o normatividad;
por lo tanto ya sea que se lo acepte o se lo rechace es una regla que
da origen a un ciclo argumental que condiciona y guía el proceso de
razonar.
- Argumentos vinculados a la LPJI de la jueza respecto a la valoración
de la prueba bajo el principio de interés superior
La Jueza efectúa una valoración de la prueba partiendo de lo previsto
en el art. 60 de la Constitución efectuando un vínculo entre el interés
superior y los derechos a la vida, a la salud, el derecho a la vivienda,
a la alimentación, a la seguridad social entre otros, vinculando dicha
previsión con el art. 64 de la CPE, en cuanto la igualdad de las obligaciones
de ambos progenitores sobre la asistencia a sus hijos e hijas.
En igual sentido la Jueza realiza una interpretación conforme con los
Instrumentos Internacionales sobre Derechos Humanos que forman
parte del bloque de constitucionalidad, así la Jueza recurre a lo
previsto en el art. 2 de la CDN de 20 de noviembre de 1959, el art. 24.1
del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 10.3 del
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el
118

Principio 2 de la Declaración de los Derechos del Niño de las Naciones
Unidas de 20 de noviembre de 1959, los arts. 2 y 3 de la Declaración
sobre los principios sociales y jurídicos relativos a la protección y el
bienestar de los niños, Finalmente y el art. 2 de la Declaración Mundial
sobre la supervivencia, la protección y el desarrollo del niño de 30 de
septiembre de 1990.
De esta forma, como ya se dijo a momento de analizar las anteriores
resoluciones, la Jueza compatibiliza la previsión contenida en el art. 14
del Código de Familia con las normas constitucionales y del bloque de
constitucionalidad antes citadas, concluyendo que el interés superior
debe irradiar todo el ordenamiento jurídico.
- Argumentos vinculados a la LPJI de la Jueza respecto a la
determinación del estado de necesidad de los beneficiarios de
asistencia familiar
La Jueza para analizar la situación de necesidad de la menor en el caso
concreto realiza un análisis pormenorizado en cuanto a la situación
de necesidad de la menor y vincula este hecho con la declaratoria
en rebeldía de su progenitor, concluyendo que en estos casos debe
darse como válida la situación económica del progenitor señalada en
la demanda. Concretamente la Jueza establece que:
(…) el demandado se encuentra en la obligación de cumplir sus
obligaciones familiares como progenitor respecto de su hija,
en el monto solicitado por la parte actora, al no existir prueba
en contrario que acredite que el demandado no cuenta con la
capacidad económica para otorgar la suma de Bs. 600 a favor de
su hija , debiendo tenerse en cuenta el destino de la asistencia
familiar cual es la alimentación, los servicios básicos completos,
la vestimenta, la salud, en los gastos totales que eroga la actora,
gastos de medicamento, salud, así como los otros alimentos
que deberían recibir la menor que se encuentran en etapa
de crecimiento en este entendido el monto a señalarse debe
contemplar cubrir mínimamente, la alimentación, vestimenta,
salud vivienda de la beneficiaria.
Sobre la base de dicha argumentación la Jueza, en la parte resolutiva,
declara PROBADA la demanda, fijando como monto de asistencia
familiar en favor de la niña beneficiaria en la suma de Bs. 600 mensuales.

iii. La justificación de la Resolución en cuanto a la LPJI
Los argumentos de la Jueza en cuanto a la justificación interna o de
primer orden se encuentran debidamente estructurados y justificados;
119

pues, por un lado, se identifican adecuadamente las normas jurídicas
aplicables a partir del principio de especialidad de los procesos de
asistencia familiar que en todo momento se contextualizan con lo
previsto en la Constitución y las normas internacionales que forman el
bloque de constitucionalidad; por otro lado, se fijan de manera clara
los hechos probados, valorados de manera minuciosa e individualizada
y por lo tanto razonable.
Por otra parte, respecto al requisito de universalidad, como criterio
para determinar la razonabilidad de la justificación de la resolución,
debe precisarse que el mismo se tiene cumplido cuando la decisión
descansa en una previa resolución y podrá ser aplicada a casos futuros,
lo que se constituye en la predictibilidad de las resoluciones.
La Jueza en la justificación interna de la Sentencia analizada recurre
a argumentos abductivos, por cuanto determina las necesidades de la
menor beneficiaria para concluir que en el caso el demandado tiene
la obligación de cubrir dichas necesidades, considerando el contexto
social y económico de ambos progenitores.
En cuanto a la justificación externa de la resolución, es también evidente
que la misma es coherente con el ordenamiento jurídico, pues, como
se ha visto, para determinar las normas aplicables la Jueza efectúa
una contextualización entre la Constitución Política del Estado, las
normas internacionales que forman el bloque de constitucionalidad,
el Código del Niño, Niña y Adolescente de 1999 con la normativa
específica sobre la asistencia familiar prevista en el Código de Familia.
Por otra, parte la Resolución, es coherente con los principios, valores y
derechos constitucionales, especialmente en cuanto toda la Sentencia
y en especial la valoración de la prueba está fundada en el principio de
interés superior del niño, niña y adolescente, contenido en el art. 60
de la CPE.
Debe resaltarse que la resolución toma en cuenta las consecuencias
que puede producir en el desarrollo integral de los menores el
abandono por parte de uno de sus progenitores. La Jueza al respecto
señala:
(…) teniendo presente que el demandado, se ha deslindado
de asumir su obligación, respecto de su hija, aspecto que va a
incidir negativamente en el desarrollo integral de la menor, el
demandado tiene la obligación de proveer los recursos necesarios
para cubrir las necesidades de su hija, en el monto solicitado por
la parte actora.
Se debe relievar, de igual forma la decisión de la Jueza en cuanto a
120

la interpretación que desarrolla sobre la rebeldía del demandado en
el proceso de asistencia familiar, estableciendo la Jueza que en estos
casos además de presumirse la veracidad de los argumentos de la
parte demandante se produce la inversión de la prueba. Situación que
obviamente constituye un aporte al instituto jurídico de la asistencia
familiar en este tipo de casos.
Finalmente es evidente que la resolución analizada tiene un enfoque
basado en derechos, que se percibe en el cuidado que tiene la Jueza
a momento de realizar la valoración de la prueba sobre la base de los
arts. 58, 60 y 64 de la CPE y art. 2 de la CDN, que evidentemente se
asientan en el respeto a los derechos de la niñez y adolescencia y en
ese sentido la Jueza a través de la Sentencia analizada tiene como
finalidad el interés superior de la niña beneficiaria (art. 60 de la CPE).

d. Cuarta Sentencia72
i. Resumen del caso
Dentro de un proceso por asistencia familiar interpuesto por la madre
de cinco menores y el hijo mayor de edad de la demandante, se señaló
que el demandado abandonó su hogar no habiendo otorgado jamás
víveres para el sustento y crianza de todos sus hijos, por lo que ha
sido la madre de todos ellos quien ha tenido que hacerse cargo de
todas sus necesidades, sumado al hecho de que el demandado es un
hombre violento que quemó la casa donde vivían sus hijos, así como
todas sus pertenencias. Señalan que el demandado se encuentra en
posibilidades económicas de otorgarles una asistencia familiar porque
“como curandero sus tratamientos tiene un costo mínimo de entre Bs.
400 a 500 lo que al mes le genera un ingreso de Bs. 3000 sin contar con
un ingreso de Bs. 20 por día por mirar la Coca”. Además señalan que
el demandado obtiene también ingresos por la venta de productos
agrícolas ya que posee grandes extensiones de terreno laborable.
Citado legalmente el demandado a través de edictos y al no apersonarse
al proceso se le designa defensora de oficio quien no presenta ninguna
prueba de descargo. La Jueza declaró probada en parte la demanda
basando su decisión en el interés superior tanto de cinco los niños
beneficiarios como del hijo mayor de edad del demandado fijando la
asistencia familiar en la suma de Bs. 2.400 mensuales.

72. Sentencia 32/2013 de 12 de junio.

121

ii. Análisis de la Sentencia
El análisis de la Sentencia, al igual que en los casos anteriores se
circunscribirá a analizar los argumentos de la Jueza que forman
parte de la línea de pensamiento jurisdiccional elegida, en las dos
dimensiones, ya señaladas, para posteriormente analizar el vínculo
que la Jueza efectuó entre la dimensión fáctica y la normativa interna
e internacional aplicable al caso, a través del uso de argumentos
jurídicos.
Se recuerda que la totalidad de las resoluciones analizadas en
cuanto a la LPIJ en los procesos de asistencia familiar conocidos
por la Jueza Ángela Marisol Tirado Ramos contienen argumentos
centrales idénticos, por lo que en el análisis de esta sentencia nos
abocaremos a reiterar algunos aspectos importantes y a desarrollar
las especificidades propias de este caso.
La Jueza identifica cuál es el marco legal aplicable y, en ese sentido,
desde la perspectiva de la resolución de la Jueza, dichas normas
no presentan ningún problema vinculado a su interpretación, que
justifique la utilización de argumentos interpretativos; pues, conforme
ya se dijo, los problemas que suscitan estas normas están vinculados
a la argumentación fáctica, en cuanto la valoración de la prueba
conforme la normativa interna e internacional que regula tanto la
asistencia familiar como la especial protección de la que goza la niñez
y adolescencia.
Así, la Jueza establece el marco normativo aplicable a los procesos de
asistencia familiar, partiendo de lo previsto en los arts. 58, 59, 60 y 64
de la CPE y su vinculación con los arts. 14, 15, 20, 21, 28, 147 y 258 del
CF concordantes con el art. 32 del CNNA abrogado.
En cuanto a la valoración de la prueba respecto al problema jurídico
concreto que se refiere a la determinación del monto de asistencia
familiar a fijarse tanto en el caso de menores como de mayores de
edad que han sido abandonados por su progenitor, la Jueza realiza
una amplía y minuciosa valoración de la prueba aportada al proceso,
dividiendo la misma en prueba documental y prueba testifical de cargo
y de descargo, valorando cada una de ellas.
Partiendo para dicho análisis de lo previsto en los arts. 58, 60 y 64
de la CPE, art. 2 de la CDN y otros Instrumentos Internacionales de
protección de derechos humanos que forman parte de nuestro bloque
de constitucionalidad, así como las normas contenidas en los arts.
14, 15, 20, 21, 28, 147 y 258 del CF, concordantes con el art. 32 del
CNNA abrogado, argumentos que permiten a la Jueza determinar el
122

hecho probado vinculado a la decisión, acudiendo para efectuar dicha
valoración a la sana crítica.
Se debe relievar la actuación de la Jueza a momento de valorar la
prueba realizó este proceso de forma minuciosa y detallada, por
ejemplo en cuanto a la valoración de la prueba de cargo73 la Jueza
estableció, aunque no expresamente, que la asistencia familiar no
solamente puede ser solicitada por los menores de edad, sino también
por los hijos mayores de edad, como ocurre en el caso, sin exigir prueba
documental o literal mediante la cual se tenga que probar situaciones
que se presuponen debido a la etapa de crecimiento y formación de
los beneficiarios, incluyendo al beneficiario mayor de edad que se
encuentra cursando sus estudios superiores.
Con relación a la declaratoria en rebeldía del demandado la Jueza
efectúa un análisis en cuanto a que al no haberse presentado éste en
el proceso es más que evidente lo aseverado tanto por la madre como
por su propio hijo mayor de edad en su calidad de demandantes.
Expresamente la Jueza señala que: “ (…) no existe prueba alguna
que desvirtúe los fundamentos de la demanda, de la prueba testifical
de cargo, se ha evidenciado que incluso ninguno de los familiares
del demandado, ha colaborado de modo alguno por si o a nombre
del demandado, coligiéndose de esta manera, que éste se habría
deslindado de la responsabilidad de sus hijos”.
- Argumentos vinculados a la LPIJ de la jueza respecto a la valoración
de la prueba bajo el principio de interés superior
La Jueza efectúa, al igual que en los casos anteriores, efectúa
73. La Jueza sobre la aprueba aportada por la parte demandante señala:
- Con relación al hecho de que, desde el nacimiento de sus hijos el demandado, no ha otorgado víveres para la
manutención de sus hijos, no existe prueba alguna que evidencie este hecho, el que sin embargo no enerva de modo
alguno a la presente demanda.
- Con relación al hecho de que, la actora ha sido la única que ha solventado las necesidades de los beneficiarios, se
tiene evidenciado este hecho por la prueba testifical de cargo.
- Con relación al hecho de que, el demandado como curandero realiza trabajos (tratamientos que tiene un costo
mínimo de Bs. 400 a 500, se tiene evidenciado este hecho por la prueba testifical de cargo.
- Con relación al hecho de que, al mes el demandado genera una ganancia de Bs. 3000, se tiene evidenciado este
hecho por la prueba testifical de cargo.
- Con relación al hecho de que, el demandado tiene grandes extensiones de terrenos laborables, no existe prueba
alguna que evidencie este hecho.
- Con relación al hecho de que, el costo de la canasta familiar para la manutención de los beneficiarios ascienden
a Bs. 2500, mínimamente conforme se tiene en cuenta el costo actualizados descritos en el INE al mes de marzo en
la partida de almuerzo (Bs. 10,55 p/u) lo que al mes representa la suma de Bs. 316,5.- , la cena que se encuentra consignada en la partida de la cena Bs. 13.26 p/u lo que al mes representa la suma de Bs. 397,8, lo que sumados al gasto
de almuerzo hacen la totalidad de Bs. 714,3, para cada uno de los beneficiarios sin tomar en cuenta los demás gastos
de alimentación, salud, vivienda, vestimenta, y Educación, al margen de las otras necesidades básicas que no se han
contemplado, en tal sentido queda evidenciado que incluso el monto solicitado no alcanzaría para cubrir de manera
completa un rubro.
Con relación al hecho de que, los beneficiarios estudian lo que le genera a la actora gastos en los útiles escolares, e
tiene acreditado este hecho a través de la documental de fs. 7-14, concordante con la testifical e cargo, que refiere
este hecho, y con relación al mayor beneficiario, señala que el mismo se encuentra estudiando en la Universidad, lo
que implica la erogación de gastos tanto en libros, textos trabajos prácticos.

123

la valoración la prueba, a partir de lo previsto en el art. 60 de la
Constitución, efectuando un vínculo entre el interés superior y los
derechos a la vida, a la salud, el derecho a la vivienda, a la alimentación,
a la seguridad social entre otros, estableciendo de manera implícita
que tal obligación es extensiva a los beneficiarios mayores de edad.
En igual sentido, la Jueza realiza una interpretación conforme con los
Instrumentos Internacionales sobre Derechos Humanos que forman
parte del bloque de constitucionalidad, así la Jueza recurre a lo
previsto en el art. 2 de la CDN de 20 de noviembre de 1959, el art. 24.1
del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 10.3 del
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el
Principio 2 de la Declaración de los Derechos del Niño de las Naciones
Unidas de 20 de noviembre de 1959, los arts. 2 y 3 de la Declaración
sobre los principios sociales y jurídicos relativos a la protección y el
bienestar de los niños, Finalmente y el art. 2 de la Declaración Mundial
sobre la supervivencia, la protección y el desarrollo del niño de 30 de
septiembre de 1990.
De esta forma, como ya se dijo a momento de analizar las anteriores
resoluciones, la Jueza compatibiliza la previsión contenida en el
art. 14 del CF con las normas constitucionales y del bloque de
constitucionalidad antes citadas, concluyendo que el interés superior
debe irradiar todo el ordenamiento jurídico.
- Argumentos vinculados a la LPJI de la Jueza respecto a la determinación
del estado de necesidad de los beneficiarios de asistencia familiar
La Jueza para analizar la situación de necesidad tanto de los menores
beneficiarios como del hijo mayor de edad del demandado realiza un
análisis pormenorizado en cuanto a la situación éstos y vincula este
hecho con la declaratoria en rebeldía de su progenitor, concluyendo
que el demandado:
(…) tiene la obligación de generar los suficientes ingresos
económicos para solventar las necesidades de sus seis hijos, no
existiendo prueba reciente de que el demandado coadyuve con
algún monto dinerario, para las necesidades de sus SEIS hijos,
quienes se encuentran creciendo con la ausencia de su padre,
aspecto que va a incidir negativamente en el desarrollo integral
de los menores E, E1, E2, E3, E4 que actualmente cuentan con 12,
7, 9,9, 7, 17 años de edad, así como el hijo mayor del demandado
A1(E5) de diecinueve años de edad, por lo que el demandado tiene
la obligación de proveer los recursos necesarios para cubrir las
necesidades de sus hijos, en la forma solicitada por la actora.

124

Sobre la base de dicha argumentación la Jueza, en la parte resolutiva,
declara PROBADA en parte la demanda, fijando como monto de
asistencia familiar en favor de los beneficiarios la suma de Bs. 2.400
mensuales.

iii. La justificación de la Resolución en cuanto a la LPJI
Los argumentos de la Jueza en cuanto a la justificación interna o de
primer orden se encuentran debidamente estructurados y justificados;
pues, por un lado, se identifican adecuadamente las normas jurídicas
aplicables a partir del principio de especialidad de los procesos de
asistencia familiar que en todo momento se contextualizan con lo
previsto en la Constitución y las normas internacionales que forman
nuestro bloque de constitucionalidad; por otro lado, se fijan de
manera clara los hechos probados, valorados de manera minuciosa e
individualizada.
Por otra parte, respecto al requisito de universalidad, como criterio
para determinar la razonabilidad de la justificación de la resolución,
debe precisarse que el mismo se tiene cumplido cuando la decisión
descansa en una previa resolución y podrá ser aplicada a casos futuros,
lo que se constituye en la predictibilidad de las resoluciones.
La Jueza en la justificación interna de la Sentencia analizada recurre
a argumentos abductivos, en cuanto determina las necesidades de
los beneficiarios para concluir que en el caso el demandado tiene la
obligación de cubrir dichas necesidades, considerando el contexto
social y económico de ambos progenitores.
En cuanto a la justificación externa de la resolución, es también evidente
que la misma es coherente con el ordenamiento jurídico, pues, como
se ha visto, para determinar las normas aplicables la Jueza efectúa
una contextualización entre la Constitución Política del Estado, las
normas internacionales que forman el bloque de constitucionalidad,
el Código del Niño, Niña y Adolescente de 1999 con la normativa
específica sobre la asistencia familiar prevista en el Código de Familia.
Por otra, parte la Resolución, es coherente con los principios, valores y
derechos constitucionales, especialmente en cuanto toda la Sentencia
y en especial la valoración de la prueba está fundada en el principio de
interés superior del niño, niña y adolescente, contenido en el art. 60
de la CPE.
Finalmente es evidente que la resolución analizada tiene un enfoque
basado en derechos, que se percibe en el cuidado que tiene la Jueza
a momento de realizar la valoración de la prueba sobre la base de los
arts. 58 y 60 de la CPE y art. 2 de la Convención sobre los Derechos de
125

los Niños, que evidentemente se asientan en el respeto a los derechos
de la niñez y adolescencia y en ese sentido la Jueza a través de la
Sentencia analizada tiene como finalidad el interés superior de los
beneficiarios (art. 60 de la CPE).

5.2.4. Reconstrucción de la línea de pensamiento individual
jurisdiccional
a. Presentación
La reconstrucción de la LPIJ, de la Jueza Ángela Marisol Tirado Ramos
con el eje temático: “Fijación de asistencia familiar”, identificará los
problemas normativos y fácticos que se plantea implícitamente la
Jueza, así como los argumentos que utiliza en respuesta a los mismos
al momento de resolver los casos sometidos a su conocimiento,
formulando al mismo tiempo, argumentos de igual naturaleza que
respaldan su LPIJ, a la par de realizar un balance de ella, esto, a partir
de fuentes normativas, jurisprudenciales, doctrinales y comparativas,
siendo importante señalar que la Jueza contextualiza el marco
normativo aplicable con las normas previstas en la Constitución
Política del Estado, el bloque de constitucionalidad.

b. Reconstrucción de la LPIJ de la Jueza
Como adelantamos precedentemente en la LPIJ analizada, la Jueza
Ángela Marisol Tirado Ramos, para el análisis de los procesos de
asistencia familiar, parte de lo previsto en los arts. 58 y 60 de la CPE,
así como también de las normas internacionales de protección de
derechos que forman parte del bloque de constitucionalidad, como la
Declaración sobre Derechos del Niño, la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos,
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales
y la Declaración Mundial sobre la supervivencia, la protección y el
desarrollo del niño, vinculando las mismas con la normativa jurídica
vigente al momento de conocer los casos sometidos a su conocimiento,
arts. 5, 13, 32 y 112 del Código del Niño, Niña y Adolescente de 1999 y
arts. 14, 15, 20, 21, 28, 147 y 258 del Código de Familia.
En este contexto es preciso señalar que la LPIJ analizada no presenta
problemas normativos ya que como señalamos a momento de
desarrollar la configuración de la asistencia familiar en nuestro modelo
de Estado, ésta ha sido reconocida implícitamente por la Constitución
desde su doble dimensión de derecho y obligación, adoptando además
nuestro Estado como criterio interpretativo para su desarrollo el
principio de interés superior del niño.
En este sentido se debe valorar el criterio asumido por la Jueza,
126

que de una manera uniforme en las sentencias analizadas efectúa
una contextualización de las normas jurídicas que regulan la
asistencia familiar con lo previsto en la Constitución y el bloque de
constitucionalidad, dando concreción al nuevo rol que a partir de
la promulgación de nuestra Constitución tienen las autoridades
jurisdiccionales en cuanto a que por su condición de garantes primarios
de los derechos humanos están compelidas no únicamente a adecuar
sus decisiones a lo previsto en la Constitución Política del Estado, sino
también a lo previsto en las normas que forman parte del bloque de
constitucionalidad.
Este entendimiento fue asumido por la Corte Interamericana de
Derechos Humanos que estableció que no es suficiente que los Estados
parte de la Convención Americana de Derechos Humanos promulguen
normas en su derecho interno que garanticen los derechos previstos en
la misma, en el entendido que la existencia de una norma no garantiza
por sí misma que su aplicación sea adecuada, sino que para la Corte
es indispensable que la aplicación de las normas o su interpretación,
en tanto prácticas jurisdiccionales y manifestación del orden público
estatal, se encuentren ajustadas al mismo fin que persigue el artículo
2 de la Convención74.
De esta forma la Corte ha desarrollado profusa jurisprudencia sobre
las prácticas judiciales en los estados miembros de la Convención,
entendiendo que, en primer término, los jueces y tribunales internos
están sujetos al imperio de la ley y, por ello, están obligados a
aplicar las disposiciones vigentes en el ordenamiento jurídico75; pero
relievando el hecho de que cuando un Estado ha ratificado un tratado
internacional como la Convención Americana, sus jueces, como parte
del aparato del Estado, también están sometidos a ella, lo que les
obliga a velar porque los efectos de las disposiciones de la Convención
no se vean mermados por la aplicación de leyes contrarias a su objeto
y fin, que desde un inicio carecen de efectos jurídicos.
Más concretamente la Corte ha señalado que:
El Poder Judicial debe ejercer un “control de convencionalidad”
ex officio entre las normas internas y la Convención Americana,
evidentemente en el marco de sus respectivas competencias y
de las regulaciones procesales correspondientes. En esta tarea,
el Poder Judicial debe tener en cuenta no solamente el tratado,

74. Corte IDH. Caso Castillo Petruzzi y otros vs. Perú, párr. 207; Caso Ximenes Lopes Vs. Brasil. Fondo, Reparaciones y
Costas. Sentencia de 4 de julio de 2006. Serie C No. 149, párr. 83, y Caso Almonacid Arellano y otros vs. Chile, supra nota
19, párr. 118.
75. Corte IDH. Caso Almonacid Arellano y otros vs. Chile, supra nota 19, párr. 124, y Caso La Cantuta Vs. Perú, supra
nota 51, párr. 173.

127

sino también la interpretación que del mismo ha hecho la Corte
Interamericana, intérprete última de la Convención Americana76.
De esta forma es evidente que las autoridades jurisdiccionales de
los diferentes Estados miembros de la Convención están compelidos
a ejercer un control de convencionalidad ex officio en materia de
derechos humanos, control que desde la perspectiva interna y de
acuerdo a lo previsto en los arts. 410, 13 y 256 de nuestra Constitución,
implica que las y los jueces, deben ejercer una:
a) Interpretación conforme en sentido amplio, que conlleva el
deber de las autoridades jurisdiccionales, al igual que las demás
autoridades del Estado Plurinacional boliviano, de interpretar
la totalidad del ordenamiento jurídico a la luz y conforme a los
derechos humanos reconocidos en la Constitución y en los tratados
internacionales de los cuales Bolivia sea parte, favoreciendo en
todo tiempo a las personas y colectivos con la protección más
amplia;
b) Interpretación conforme en sentido estricto, implica que
cuando existan diversas interpretaciones jurídicamente válidas,
las autoridades jurisdiccionales deben, partiendo de la presunción
de constitucionalidad de las leyes, preferir aquella interpretación
que sea conforme a los derechos humanos reconocidos en la
Constitución y en los tratados internacionales de los que Bolivia
sea parte, para evitar incidir o vulnerar el contenido esencial de
estos derechos.
Cabe aclarar que cuando dicha interpretación no sea posible,
las autoridades jurisdiccionales, de acuerdo a nuestro sistema
preponderantemente concentrado de constitucionalidad, tiene
el deber de formular, de oficio, la acción de inconstitucionalidad
concreta, sobre la base de las normas contenidas en Pactos
Internacionales de Derechos Humanos, tomando en cuenta que el
bloque de constitucionalidad boliviano previsto en el art. 410 de
la CPE, también está conformado por dichas normas.
Sin perjuicio de lo anotado, es pertinente reflexionar sobre la
posibilidad de inaplicar directamente las disposiciones legales
contrarias a las normas sobre derechos humanos contenidas en la
Constitución y en los tratados internacionales, cuando exista una
clara infracción de éstas, en virtud a lo previsto por el principio de
constitucionalidad previsto en el art. 410, que se extiende a todas
76. Corte IDH. Caso Almonacid Arellano y otros vs. Chile, párr. 124; Caso La Cantuta vs. Perú, párr. 173 y Caso Boyce y
otros vs. Barbados. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 20 de noviembre de 2007, párr.
78.

128

las normas del bloque de constitucionalidad, y a lo dispuesto por el
art. 1577 de la Ley del Órgano Judicial, lo que supondría una mayor
hibridación de nuestro sistema de control de constitucionalidad,
cada vez más cerca del control difuso de constitucionalidad.
Ahora bien, además de lo previsto en los citados arts. 13, 256 y
410 de nuestra Constitución, es importante señalar que a partir
de la SC 110/2010-R de 10 de mayo, forman parte del bloque de
constitucionalidad boliviano las decisiones emitidas por la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, siendo relevante en el caso
que nos ocupa la Sentencia emitida por dicha Corte en el Caso Radilla
Pacheco vs. México que estableció los parámetros que deben seguir
los jueces para ejercer el control de convencionalidad.
En el contexto anterior se relieva la contextualización que efectúa
la Jueza Ángela Marisol Tirado Ramos para la resolución de los
casos sometidos a su conocimiento, que es uniforme y constante, no
únicamente en las cuatro sentencias analizadas sino en las cuarenta y
dos sentencias que conforman su CPDJ, aspecto que ha permitido una
adecuada reconstrucción de su LPIJ en cuanto a la fijación de asistencia
familiar y ha permitido evidenciar que la Jueza se ha inscrito en la nueva
concepción del derecho que establece nuestra Constitución Política
del Estado en cuanto al deber de las autoridades jurisdiccionales de
ejercer el control de constitucionalidad y convencionalidad de las
normas que aplicarán a los casos concretos.
Siguiendo con nuestro análisis, es importante recordar lo que se
señaló al inicio de esta investigación, en sentido que todo proceso
argumentativo jurídico puede analizarse desde dos ámbitos, el
normativo y el fáctico que permiten, a su vez, identificar los problemas
para la reconstrucción de la LPIJ; sin embargo, como señalamos
precedentemente, en los procesos de asistencia familiar resueltos por
la Jueza Ángela Marisol Tirado Ramos, ésta no identificó propiamente
un problema normativo por la especial protección que confiere tanto
la Constitución como el ordenamiento jurídico a los niños, niñas y
adolescentes; sin embargo sí identificó problemas en la argumentación
fáctica, vinculada a la valoración las pruebas.

77. Artículo 15. (APLICACIÓN DE LAS NORMAS CONSTITUCIONALES Y LEGALES).
I. El Órgano Judicial sustenta sus actos y decisiones en la Constitución Política del Estado, Leyes y Reglamentos,
respetando la jerarquía normativa y distribución de competencias establecidas en la Constitución. En materia judicial la
Constitución se aplicará con preferencia a cualquier otra disposición legal o reglamentaria. La ley especial será aplicada
con preferencia a la ley general.
II. Los tratados e instrumentos internacionales en materia de derechos humanos que hayan sido firmados, ratificados
o a los que se hubiera adherido el Estado, y que declaren derechos más favorables a los contenidos en la Constitución,
se aplicarán de manera preferente sobre ésta.
III. La autoridad jurisdiccional no podrá alegar falta, oscuridad, insuficiencia de la ley o desconocimiento de los derechos
humanos y garantías constitucionales para justificar su vulneración.

129

Es en este sentido que, para la reconstrucción de la LPIJ de la citada
Jueza, se han vinculado los problemas fácticos por ella identificados
con los argumentos que utilizó para la valoración de la prueba en los
casos sometidos a su conocimiento.
Ahora bien en este punto es necesario referir que la Jueza resuelve
diferentes problemas fácticos de acuerdo al caso concreto; sin
embargo de ello se ha evidenciado que todos estos problemas giran en
torno a dos interrogantes que la propia Jueza implícitamente genera
en sus sentencias pero cuya formulación expresa nos será de utilidad
para reconstruir su LPIJ. Así el análisis que a continuación se realiza
estará estructurado en base a estas dos interrogantes: i) ¿Qué implica
la aplicación del principio de interés superior del niño en cuanto a la
valoración de la prueba en procesos de asistencia familiar? y ii) ¿En la
valoración de la prueba dentro de los procesos de asistencia familiar
es necesario probar el estado de necesidad del beneficiario?.

i) ¿Qué implica la aplicación del principio de interés superior
del niño en cuanto a la valoración de la prueba en procesos
de asistencia familiar?
La Jueza, en una línea uniforme y constante que se evidencia a lo largo
de las sentencias analizadas, realiza el análisis fáctico de los procesos
de asistencia familiar a partir de lo previsto en el art. 60 de la CPE,
en el entendido que en este tipo de procesos deberá prescindirse de
cualquier formalidad probatoria cuando se encuentren involucrados
derechos de niños, niñas y adolescentes.
Así en las Sentencias analizadas la citada Jueza vincula el principio
de interés superior, principalmente en la resolución de los problemas
fácticos, señalando que: “dentro de la sana critica la valoración de
los hechos descritos (…) y subsumidos con la norma, y velando por el
bien superior de la beneficiaria de Asistencia Familiar, corresponden
observar lo que instituye la doctrina sobre los requerimientos básicos
de los menores de edad.”
Estableciendo posteriormente que el principio de interés superior se
irradia a todo el ordenamiento jurídico. Concretamente la Jueza en
todas las sentencias analizadas señala que: “Dicho interés supremo
del menor se revela como un principio, el cual implica una forma de
comportamiento determinado, un deber ser, que delimita la actuación
tanto estatal como particular en las materias que los involucra, el
cual obtiene reconocimiento en el ámbito del ordenamiento jurídico
internacional como nacional.”

130

En este sentido es importante señalar que, como bien entiende la
Jueza Ángela Marisol Tirado Ramos, el principio del interés superior
es uno de los principios cardinales en materia de derechos del niño,
niña y adolescente, es por ello que tanto en la doctrina como en la
jurisprudencia, el carácter de principio rector de los derechos de los
niños que ostenta el principio de interés superior no admite discusión;
sin embargo de ello la conceptualización de este principio ha generado
algún problema doctrinal ya que si bien es evidente que el art.3.1 de
la Convención sobre los derechos del Niño lo consagra, y los arts. 9.1,
9.3, 18, 20, 21, 37 y 40 de dicha Convención permiten entender que
el mismo es un criterio transversal a toda la Convención, no hay una
norma dentro de dicho Instrumento que defina qué es lo que debe
entenderse por interés superior del niño, es decir no define el mismo;
es por ello que ha sido la doctrina la encargada de su definición.
Así el principio de interés superior ha sido entendido como el conjunto
de bienes necesarios para el desarrollo integral y la protección del
niño, niña y adolescente y, en general, de sus derechos, buscando
su mayor bienestar78. Habiéndose preocupado también la doctrina
de señalar que la Convención sobre los Derechos del Niño y
específicamente, el principio del interés superior plasmado en ella,
implica un reconocimiento expreso de la obligación de los Estados
partes de garantizar el ejercicio de los derechos humanos de uno de
los grupos más débiles o vulnerables de la sociedad, los niños, niñas y
adolescentes79.
En ese orden de ideas, es evidente que el interés superior no tiene
carácter subjetivo, es decir que no se refiere a lo que de manera
general la sociedad, la familia o la judicatura pueda entender como
conveniente para la niñez y adolescencia, sino que más bien implica
entender este principio como un criterio rector que debe primar a
momento de resolver problemáticas en las cuales se encuentren
involucrados derechos de la niñez y adolescencia.
En este contexto algún sector de la doctrina ha establecido que la
Convención sobre derechos del Niño contiene un núcleo duro de
derechos que se constituye en un claro límite a la actividad estatal,
impidiendo la actuación discrecional de las autoridades. Este núcleo
comprendería el derecho a la vida, a la nacionalidad y a la identidad, a
la libertad de pensamiento y de conciencia, a la salud, a la educación, a
un nivel de vida adecuado, a realizar las actividades propias de su edad
(recreativas, culturales, etc.) y las garantías propias del Derecho Penal
y del Procesal Penal80.
78. BAEZA CONCHA, Gloria (2001): “El interés superior del niño: Derecho de rango constitucional, su recepción en la
legislación nacional y aplicación en la jurisprudencia”, en Revista Chilena de Derecho, vol. 28, núm. 2, p. 356.
79. Ibidem.
80. FREEDMAN, Diego, Funciones normativas del interés superior del niño, en Jura Gentium, Revista de Filosofía del

131

En este contexto es precisamente en los procesos de asistencia familiar
cuando nos encontramos frente a este núcleo duro de derechos ya
que la falta de asistencia a los niños por parte de sus progenitores
o de las personas obligadas a ello vulnera el derecho a la salud,
educación, a un nivel de vida adecuado y pone en peligro la vida de los
niños, niñas y adolescentes, por lo que es deber del Estado, a través de
las autoridades jurisdiccionales garantizar los derechos de los niños
precisamente a través de los procesos de asistencia familiar, evitando
en todo momento su limitación por ritualismos procesales a la hora
tanto de admitir como de valorar la prueba en este tipo de procesos.
En este sentido, es importante relievar los argumentos que utiliza la
Jueza en cuanto a la valoración de los hechos ya que en la totalidad de
las sentencias analizadas se ha evidenciado, además de una valoración
minuciosa y pormenorizada de las pruebas, la necesaria vinculación de
las mismas con el principio del interés superior del niño. Concretamente
la Jueza señala que:
La población infantil es vulnerable y la falta de estructuras
sociales, económicas y familiares apropiadas para su crecimiento
agrava su indefensión. Son considerados como grupo destinatario
de una atención especial estatal que se traduce en un tratamiento
jurídico proteccionista, respecto de sus derechos y de las garantías
previstas para alcanzar su efectividad.
Así, logran identificarse como seres reales, autónomos y en
proceso de evolución personal, titulares de un interés jurídico
superior que irradia todo el ordenamiento jurídico. Dicho interés
supremo del menor se revela como un principio, el cual implica
una forma de comportamiento determinado, un deber ser, que
delimita la actuación tanto estatal como particular en las materias
que los involucra, el cual obtiene reconocimiento en el ámbito del
ordenamiento jurídico internacional como nacional.
Finalmente la Jueza implícitamente aplica el principio de interés superior
tanto a los menores beneficiarios como a los beneficiarios mayores de
edad que se encuentran cursando estudios superiores señalando que:
“velando por el bien superior de los dos menores beneficiarios de
Asistencia Familiar, así como el mayor beneficiario que se encuentra
cursando estudios superiores, corresponden observar lo que instituye
la doctrina sobre el tema”. Si bien la Jueza en la Sentencia Nº 32 que
resuelve el caso señala doctrina relativa a la obligación de los padres de
prestar asistencia familiar a sus hijos menores, aplica tal entendimiento
para conceder asistencia a un beneficiario mayor de edad.

Derecho Internacional y de la Política Global, en: http://www.juragentium.unifi.it/es/surveys/latina/freedman.htm

132

Sobre el tema, la doctrina ha efectuado una necesaria distinción entre
la asistencia familiar otorgada a los niños y a los mayores de edad
dependiendo de su etapa de desarrollo, concluyendo que tanto en los
casos de procesos de asistencia familiar donde los beneficiarios sean
niños o niñas como en aquellos en los cuales sean mayores de edad,
es deber de los progenitores prestarles asistencia familiar hasta que
puedan valerse por sí mismos.
Este criterio también fue asumido por el Tribunal Constitucional en
la SC 1011/2013 de 27 de junio a momento de efectuar el contraste
de constitucionalidad entre el art. 264 del Código de Familia de 1972
y las normas previstas en los arts. 64.I y 108.9 de la CPE, normas
constitucionales, que de una interpretación gramatical, parecieran
ser contradictorias, pues el art. 64.I establece que: “Los cónyuges o
convivientes tienen el deber de atender, en igualdad de condiciones y
mediante el esfuerzo común, el mantenimiento y responsabilidad del
hogar, la educación y formación integral de las hijas e hijos mientras
sean menores o tengan alguna discapacidad”, con lo que de acuerdo
a dicha norma la asistencia sólo procedería mientras los hijos sean
menores o tengan alguna discapacidad; por el contrario, el art. 108.9
constitucional prevé que son deberes de las bolivianas y los bolivianos:
“Asistir, alimentar y educar a las hijas e hijos”, con lo que se entiende
que la asistencia hacia estos no tiene límites materiales ni temporales.
Así, la indicada Sentencia, pronunciada dentro de una acción de
inconstitucionalidad concreta planteada dentro de un proceso de
asistencia familiar, en la que se planteó la inconstitucionalidad del art.
264 del Código de Familia, que establece que el deber de mantenimiento
y educación subsiste después de la mayoridad en beneficio de los hijos
que no se hallan en situaciones de ganarse la vida, así como de los que
no han adquirido o acabado de adquirir una profesión u oficio, hasta
que los adquieran, por ser presuntamente contrario a lo previsto en el
citado art. 64.I de la Constitución.
El Tribunal Constitucional Plurinacional, para la resolución de la acción
de inconstitucionalidad referida, interpretó el art. 64.I de la CPE en
sentido que el mismo, al referirse a personas menores no hace alusión
a la minoridad de edad en el sentido cronológico sino más bien a la
situación de aquellas personas que por situaciones específicas son
más vulnerables o se encuentran desprotegidas. Más concretamente
el Tribunal señaló:
Al respecto, para dilucidar si realmente existe o no una antinomia
es necesario definir el concepto de “menor” utilizado en el art.
64.I de la CPE; al respecto, la Real Academia de la Lengua Española
refiere que menor es un adjetivo comparativo que tiene cuatro
acepciones: 1) Que es inferior a otra cosa en cantidad, intensidad
133

o calidad; 2) Menos importante con relación a algo del mismo
género; 3) Dicho de una persona: Que tiene menos edad que
otra; y, 4) La cuarta acepción que puede ser usada también como
sustantivo es menor de edad; la Constitución Política del Estado
Plurinacional de Bolivia utiliza el término menor (en relación a
las personas) en dos sentidos distintos, en el art. 58 cuando dice
que se considera niña, niño o adolescente a toda persona menor
de edad, y en el art. 64.I al referirse simplemente al “menor”, de
donde resulta lógico evidenciar que el Constituyente ha realizado
una distinción entre estos términos para relevar en el primer caso
una situación cronológica (menor de 18 años) y en el segundo caso
una situación de vulnerabilidad o desprotección (única razón por
la que se entendería que no se usó el término de edad), pues en el
marco del derecho a la educación reconocido por la Constitución
Política del Estado, se tiene con el art. 77.II, que el Estado y la
sociedad tienen tuición plena sobre el sistema educativo, que
comprende la educación regular, la alternativa y especial, y la
educación superior de formación profesional.
En este contexto el Tribunal Constitucional Plurinacional entendió
que el término minoridad previsto en el art. 64.I de la Constitución
debe ser entendido:
(…) en términos no de edad, sino de capacidad económica y
necesidad asistencial, pues haciendo una interpretación del
texto constitucional el fin de construir una sociedad justa tiene
un importantísimo sustento en el principio de solidaridad, cristal
bajo el cual se puede vislumbrar que el deber de los padres
de asistencia a los hijos mayores de 18 años en periodo de
profesionalización debe considerar dos importantes elementos:
a) Los hijos deben acreditar que el objeto de asistencia está
enfocado exclusivamente en su profesionalización, para ello
éstos deben acreditar no solamente un rendimiento académico
regular y estable, sino demostrar su predisposición de realmente
someterse al periodo de profesionalización; y, b) Considerando
que la interpretación constitucional efectuada parte de la relación
derecho a la educación y deber de asistencia, el hijo debe demostrar
a efectos de obtener la asistencia por parte de sus progenitores
un plan de estudio razonable en términos temporales y de uso de
recursos económicos.
Con base a estos argumentos el Tribunal Constitucional Plurinacional
en la Sentencia anotada declaró la CONSTITUCIONALIDAD del art. 264
del CF en el entendido que la asistencia familiar subsiste después de
la mayoridad en beneficio de los hijos que no se hallan en situaciones
de ganarse la vida, así como de los que no han adquirido o acabado de
adquirir una profesión u oficio, hasta que los adquieran.
134

ii) ¿En la valoración de la prueba dentro de los procesos
de asistencia familiar es necesario probar el estado de
necesidad del beneficiario?
El segundo problema fáctico central vinculado a la LPIJ analizada, con
las especificidades propias de cada caso, es sin duda el vinculado a
si es preciso que sea la parte demandante quien tenga que probar
fehacientemente el estado de necesidad del beneficiario de asistencia
familiar, ya que en la totalidad de casos analizados los progenitores
demandados fundan su negativa de incremento de asistencia familiar
en el hecho de que en la demanda no se ha podido acreditar el estado
de necesidad del beneficiario vinculado a la supuesta falta de recursos
del obligado.
Para resolver este problema la Jueza en todas las sentencias analizadas
parte de la doctrina boliviana desarrollada sobre el tema señalando que:
(…) los hijos menores no tienen que demostrar en forma
especial su situación de necesidad y la imposibilidad de satisfacer
por sí mismos lo que requieran para su vida. Se entiende que
precisamente por ser seres humanos requieren lo suficiente
para vivir, en todo lo que ha de comprender la asistencia familiar,
conforme establece el citado Art. 14 del Código de Familia. De
ahí que tratándose de hijos menores los requisitos de necesidad
o imposibilidad SE PRESUPONE protegiendo el derecho de vida
del ser humano. (Ramiro Samos)
La citada Jueza vincula el desarrollo doctrinal sobre el tema con los
derechos a la vida (art. 15.I CPE); a la salud (art. 18.I CPE); a la alimentación
(art. 16.I CPE); a la vivienda (art. 19.I CPE ); a la educación (art. 17 CPE)
y con el principio de interés superior (art. 60 CPE) partiendo de la idea
de que la finalidad de los procesos de asistencia familiar es velar por
el interés superior del niño y es en ese marco que la Jueza no requiere
en los casos analizados de la presentación de pruebas que evidencien
una situación de necesidad por parte de beneficiarios, en el entendido
de que dichas necesidades se presuponen precisamente por tratarse
de seres humanos que se encuentran en etapa de formación física,
emocional e intelectual y que deben gozar a cabalidad de los derechos
previstos en la Constitución.
En igual sentido, la Jueza recurre a diversas normas internacionales
de protección de derechos humanos que forman parte del bloque
de constitucionalidad, entre ellas la Declaración sobre los Derechos
del Niño, la Convención Americana de Derechos Humanos, el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Pacto de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales, entre otras, en cuanto a la obligación
135

del Estado de tomar las medidas apropiadas para asegurar el pago
de pensiones alimenticias y, en caso necesario, proveer asistencia
material y realizar programas de apoyo, particularmente con respecto
a la nutrición, el vestuario y la vivienda.
De igual forma la citada Jueza recurre al ordenamiento jurídico
específico que también garantiza los derechos fundamentales de
la niñez y adolescencia. Concretamente al Código del Niño, Niña y
Adolescente de 1999, señalando que:
Por otra parte, el Código del niño, niña y adolescente, aprobado
mediante Ley 2026 de 27 de octubre de 1999, en su art. 5
establece: “Los niños, niñas o adolescentes, como sujetos de
derecho gozan de todos los derechos fundamentales y garantías
constitucionales inherentes a toda persona, sin perjuicio de
la protección integral que instituye este Código”, su art. 13
dispone: “Todo niño, niña y adolescente tiene derecho a la vida y
a la salud. El Estado tiene la obligación de garantizar y proteger
estos derechos, implementando políticas sociales, que aseguren
condiciones dignas para su gestación, nacimiento y desarrollo
integral.”, su art. 112 prevé: “El niño, niña y adolescente tiene
derecho a una educación que les permita el desarrollo integral
de su persona, les prepare para el ejercicio de la ciudadanía y
cualifique para el trabajo...”
En el mismo ámbito pero en relación a la valoración de la prueba
en cuanto a la situación económica de los progenitores, la Jueza
partiendo de lo previsto en el art. 62 de la CPE, en cuanto a la igualdad
de derechos y obligaciones de todos los miembros de la familia y lo
establecido en el art. 64.I también de la Constitución, establece que
la responsabilidad de proveer los alimentos debe ser compartida por
ambos progenitores, quienes no pueden relevarse del cumplimiento
de brindar todo lo necesario para que los menores beneficiarios
puedan subsistir. Concretamente la Jueza refiere que:
(…) cabe señalar que ningún hijo ha pedido venir al mundo y son
los padres quienes al procrear deben asumir la responsabilidad de
mantenerlos y que si han tenido la capacidad de procrear deben
también tener la capacidad de generar los recurso suficientes
para otorgarles una vida digna en procura de que sean hombres
de bien para sí y la sociedad en su conjunto.
Cabe resaltar que el régimen familiar y sobre todo la salud física,
mental y moral de los niños es obligación constitucional y tienen
preeminencia sobre cualquier otra norma, conforme lo establece
el art. 60 de la CPE.
136

Ahora bien, es preciso señalar que la Jueza en la totalidad de las
sentencias analizadas cita de manera general las normas contenidas
en los arts. 14, 15, 20, 21, 28, 147 y 258 del Código de Familia, así
cuando se refiere al art. 20 del citado cuerpo legal que establece: “La
asistencia sólo puede ser pedida por quien se halla en situación de
necesidad y no está en posibilidades de procurarse los medios propios
de subsistencia.”, refiere que: “bajo esta lógica la asistencia familiar
debe ser fijada en proporción a las necesidades de quien la pide y
a los recursos del que debe darla”, sin embargo, como se ha podido
evidenciar del análisis de la LPIJ la Jueza no exige al beneficiario probar
su situación de necesidad y valora en función del interés superior del
niño la situación económica de los progenitores obligados a prestar
dicha asistencia. Interpretación que como señalamos se encuentra
acorde a los principios y valores previstos en nuestra Constitución; sin
embargo un aspecto importante no considerado de manera expresa
pero si tácita por la Jueza es el referido al principio de verdad material
contenido en el art. 180.I de la Constitución que no se agota con la
búsqueda de la verdad que emerge de los procedimientos judiciales,
denominada también verdad formal, ya que la finalidad de este
principio es precisamente la búsqueda de la verdad que corresponde
a la realidad y que tiene como fin la justicia y es precisamente en la
labor de las autoridades jurisdiccionales cuando este principio cobra
toda su dimensión en el entendido de que son ellas quienes a través
de sus decisiones, además de fijar obligaciones, definen derechos.
Así lo ha entendido el Tribunal Constitucional Plurinacional en la SCP
0144/2012 de 14 de mayo, en la que estableció que:
(…) la estructura del sistema de administración de justicia
boliviano, no pueda concebirse como un fin en sí mismo, sino
como un medio para obtener el logro y realización de los valores
constitucionales, por otra parte, impele a reconocer la prevalencia
del derecho sustantivo sobre el derecho adjetivo o sobre las
formas procesales, que a su vez y en el marco del caso analizado
obliga a los administradores de justicia entre otros a procurar
la resolución del fondo de las problemáticas sometidas a su
jurisdicción y competencia dejando de lado toda nulidad deducida
de formalismos o ritualismos procesales que impidan alcanzar un
orden social justo en un tiempo razonable.
En este orden de ideas, es evidente que una decisión basada
únicamente en formalismos o ritualismos jurídicos dará como
resultado una justicia de tipo formal, a contrario sensu cuando una
decisión persiga el conocimiento de la verdad material podrá realizar
el valor de la justicia material. El Tribunal Constitucional al respecto ha
establecido una línea jurisprudencial uniforme señalando entre otras
137

en la SC 2769/2010-R de 10 de diciembre que:
El principio de prevalencia de las normas sustanciales implica un
verdadero cambio de paradigma con el derecho constitucional y
ordinario anterior, antes se consideraba el procedimiento como
un fin en sí mismo, desvinculado de su nexo con las normas
sustanciales, en cambio, en el nuevo derecho constitucional, las
garantías del derecho procesal se vinculan imprescindiblemente
a la efectividad del derecho sustancial, puesto que no se trata de
agotar ritualismos vacíos de contenido o de realizar las normas de
derecho sustancial de cualquier manera.
Lo que persigue el principio de prevalencia del derecho sustancial
es el reconocimiento de que las finalidades superiores de la
justicia no puedan resultar sacrificadas por razones consistentes
en el culto ciego a reglas procesales o a consideraciones de
forma, que no son estrictamente indispensables para resolver
el fondo de los casos que se somete a la competencia del juez’
(BERNAL PULIDO Carlos, El Derecho de los derechos, Universidad
Externado de Colombia, pág. 376). La Corte Constitucional de
Colombia, en la S-131 de 2002, afirmó que ‘…las disposiciones
que integran el ordenamiento jurídico en lo que atañe a trámites
y procedimientos están puestas al servicio del propósito estatal
de realizar materialmente los supremos valores del derecho, y
no a la inversa. O, en otros términos, las formas procesales no se
justifican en sí mismas sino en razón del cometido sustancial al
que pretende la administración de justicia”.
En este contexto está claro que el principio de verdad material es de
aplicación en todos los ámbitos del derecho o, dicho de otra manera,
es un principio rector que debe irradiarse a la potestad de impartir
justicia, y en ese marco son inadmisibles todas aquellas exigencias de
carácter ritual o formal que impidan u obstaculicen la materialización
de la justicia material, por lo que las autoridades jurisdiccionales
tienen la obligación constitucional de garantizar que sus decisiones
resuelvan en el fondo las problemáticas sometidas a su competencia,
es decir que en ningún caso prime, en una decisión judicial, el aspecto
formal sobre el derecho fundamental.
Al respecto también se ha pronunciado el Tribunal Constitucional
Plurinacional, entre otras en la SCP 162/2012 de 1 de octubre, en la
que expresamente ha señalado que:
En efecto, el derecho procesal también constituye una garantía
democrática del Estado de Derecho para la obtención de
eficacia de los derechos sustanciales y de los principios básicos
138

del ordenamiento jurídico, puesto que todos los elementos
del proceso integran la plenitud de las formas propias de cada
juicio, y no constituyen simplemente reglas formales vacías de
contenido, sino instrumentos para que el derecho material se
realice objetivamente en su oportunidad; no obstante ello, éste y
sólo éste es su sentido, de tal manera que el extremo ritualismo
supone también una violación del debido proceso, que hace
sucumbir al derecho sustancial en medio de una fragosidad de
formas procesales.
Dicho de otro modo, el derecho sustancial consagra en abstracto
los derechos, mientras que el derecho formal o adjetivo establece
la forma de la actividad jurisdiccional cuya finalidad es la realización
de tales derechos. Uno es procesal porque regula la forma de la
actividad jurisdiccional, por ello se denomina derecho formal,
es la mejor garantía del cumplimiento del principio de igualdad
ante la ley y un freno eficaz contra la arbitrariedad; y el otro, es
derecho material o sustancial, determina el contenido, la materia,
la sustancia, es la finalidad de la actividad o función jurisdiccional.
Ahora bien, siendo evidente que el principio de verdad material es
transversal a todo el ordenamiento jurídico, tanto en la parte sustantiva
como procedimental del mismo, es importante señalar que dicho
principio cobra especial trascendencia en los procesos a momento de la
valoración de las pruebas.
En este sentido, es evidente que la Jueza Ángela Marisol Tirado Ramos
en la LPIJ analizada realiza una interpretación coincidente con el
principio de verdad material, y si bien no hace referencia expresa a dicho
principio, el resultado de la valoración de las pruebas en los procesos
analizados tiene como finalidad la realización de la justicia material.
Finalmente es importante analizar dos aspectos que si bien no son
parte propiamente de la temática de la asistencia familiar deben ser
abordados pues la Jueza en la totalidad de las sentencias analizadas
desarrolla los mismos: el primero referente al desarrollo propio que
efectúa la citada Jueza sobre el “suma qamaña” o vivir bien previsto en
el art. 8 de nuestra Constitución, entendiendo la Jueza, este principio
como: “el cuidado de la vida, de la comunidad, de la familia. Sin dejar
desaparecer los derechos individuales, tienen que expresarse los
derechos comunitarios y de familia.”
De esta forma, se debe relievar el hecho de que la LPIJ analizada
además de efectuar una conceptualización propia del principio del
vivir bien, efectúe un cuestionamiento sobre el papel del Estado en
la efectivización de dicho principio realizando un aporte en cuanto a
la importancia de lo colectivo y lo comunitario en nuestro modelo de
139

Estado vinculando lo anterior con la familia como núcleo fundamental
de la sociedad, precisamente por ser una piedra fundamental en la
crianza de las y los hijos. Concretamente la Jueza señala que: “La
crianza, tanto para quien cría como para quien es criado, es la forma
de facilitar la vida, es la forma de participar a plenitud en la fiesta de la
vida. Al ser toda una familia en permanente crianza, no hay el concepto
de soledad y orfandad sino el de amparo”.
El segundo aspecto vinculado a la LPIJ es el referente al rol de la mujer
en la sociedad, al respecto la Jueza señala que: “es necesario tener
en cuenta que la mujer cumple en la sociedad una función social y
económicamente útil. La actividad desplegada por la progenitora, en el
cuidado protección de su hija, el seguimiento diario, en su crecimiento
psicosocial, así como el trabajo dentro del hogar, ya supone la cuota
parte que le corresponde”.
En este sentido, si bien la Jueza al establecer el rol de la mujer en
la sociedad como madre y ama de casa, concluye que al ser la madre
la que se encuentra al cuidado de los hijos, es el padre quien debe
proporcionar los medios materiales y económicos para la manutención
de los hijos, y en ese sentido aplica un argumento presuntamente a
favor de la mujer; sin embargo, el mismo evidencia sesgo de género
en el entendido que el rol que cumple la mujer en la sociedad no
puede ser generalizado, ni siquiera en los procesos de asistencia
familiar, pues la idea de un único tipo de mujer ha sido superado tanto
por la doctrina como por la normativa interna e internacional, en el
entendido que ya no se puede hablar de mujer, sino de mujeres y son
éstas quienes en último caso quienes deberán definir el rol que desean
cumplir en la sociedad, de acuerdo a su derecho al libre desarrollo de
su personalidad.

140

VII. BIBLIOGRAFÍA

VII. BIBLIOGRAFÍA

7.1. LIBROS
- ALEXY, Robert, Teoría de los derechos fundamentales, Centro de Estudios
Políticos Constitucionales, Madrid, 2008.
- ALEXY R.M., ATIENZA, Manuel y ESPEJO Poyato, Teoría de la
argumentación jurídica: la teoría del discurso racional como teoría de la
fundamentación jurídica, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid,
1989.
- ANAYA, James, Porqué no debería de existir una Declaración sobre
los Derechos de los Pueblos Indígenas. Disponible en: www.undg.org/
docs/9511/01.-James-Anaya.doc.
- ARIAS HOLGÚÍN, Diana Patricia, “Proporcionalidad, pena y principio de
legalidad”, en Revista de Derecho N1 38, Barranquilla, 2012.
- ATIENZA, Manuel, Argumentación y Constitución. Disponible en: http://
www2.uah.es/filder/manuel_atienza.pdf
- BAEZA CONCHA, Gloria, El interés superior del niño: Derecho de rango
constitucional, su recepción en la legislación nacional y aplicación en la
jurisprudencia, en Revista Chilena de Derecho, vol. 28, núm. 2, 2001.

143

- BERNAL PULIDO, Carlos, El derecho de los derechos, Universidad
Externado de Colombia, Colombia, 2005.
- CARBONELL, Miguel, “El principio de proporcionalidad y los derechos
fundamentales”, en El principio de proporcionalidad y la interpretación
constitucional, Miguel Carbonell, Editor, Ministerio de Justicia y Derechos
Humanos, Quito, Ecuador, 2008.
- FREEDMAN, Diego: “Funciones normativas del interés superior del
niño”, en Jura Gentium, Revista de Filosofía del Derecho Internacional
y de la Política Global, en: http://www.juragentium.unifi.it/es/surveys/
latina/freedman.htm
- GUASTINI, Ricardo, “Ponderación: Un análisis de los conflictos entre
principios constitucionales”, en Palestra del Tribunal Constitucional.
Revista mensual de jurisprudencia, año 2, Nº 08, agosto de 2007, Lima
Perú
- MUÑOZ CONDE, Francisco y GARCÍA ARÁN, Mercedes, Derecho Penal,
Parte General, Valencia, Tirant Lo Blanch, 2000.
- RODRÍGUEZ, Gabriela, “Art. 30. Alcance de las restricciones”, en
Convención Americana sobre Derechos Humanos, Editorial Konrad
Adenauer, 2014.
- ROXIN, Claus Dogmática Penal y Política Criminal, Lima, IDEMSA, 1998.
- SANCHEZ GIL, Rubén, El Principio de proporcionalidad, Instituto de
Investigaciones Jurídicas, México, 2007.
- SILVA BALERA, Diego, et al, Límite al poder punitivo. Análisis de la
aplicación del principio de proporcionalidad en el sistema penal juvenil
montevideano, UNICEF, Montevideo, 2008.
- WALSH Catherine. Interculturalidad, plurinacionalidad y decolonialidad:
Insurgencias político-epistémicas de refundar el Estado. En: Tabula Rasa.
Bogotá-Colombia Nº 9 2008.
- ZAFFARONI, Eugenio Raúl, “Política y Dogmática jurídico penal”, en En
Torno a la cuestión penal, Montevideo, Buenos Aires, Editorial B de f, 2005.
- ZAFFARONI, Eugenio Raúl, Manual de Derecho Penal. Parte General,
Editorial Ediar, 2005.

144

7.2. INSTRUMENTOS INTERNACIONALES CONSULTADOS
- Declaración Universal de Derechos Humanos
- Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
- Pacto Internacional de Derechos Económicos sociales y culturales
- Convención Americana de Derechos Humanos
- Convención sobre los Derechos del Niño
- Declaración de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas
- Declaración sobre los principios sociales y jurídicos relativos a la
protección y el bienestar de los niños
- Declaración Mundial sobre la supervivencia, la protección y el
desarrollo del niño
- Convención sobre las personas con discapacidad

7.3. LEGISLACIÓN INTERNA CONSULTADA
- Constitución Política del Estado de 1994
- Constitución Política del Estado de 2009
- Ley del Órgano Judicial
- Código Penal
- Código Niña, niño, Adolescente (1999)
- Código Niña, niño, Adolescente vigente
- Código de Familia de 23 de agosto de 1972
- Ley de Abreviación Procesal Civil y Asistencia Familiar, Ley Nº 1760 de 28
de febrero de 1997
- Código de las Familias y el Proceso Familiar Ley 603

IV. SISTEMA INTERAMERICANO
- Corte IDH. Caso Yakie Axa vs. Paraguay. Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 17 de junio de 2005.
- Corte IDH. Caso Castillo Petruzzi y otros Vs. Perú. Fondo, Reparaciones
y Costas. Sentencia de 30 de mayo de 1999.
- Corte IDH. Caso Ximenes Lopes Vs. Brasil. Fondo, Reparaciones y Costas.
Sentencia de 4 de julio de 2006.
- Corte IDH. Caso Almonacid Arellano y otros Vs. Chile. Excepciones
Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. 24 de septiembre de 2002.
- Caso La Cantuta Vs. Perú. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 29
de noviembre de 2006
- Caso Boyce y otros Vs. Barbados. Excepción Preliminar, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 20 de noviembre de 2007.

- CORTE IDH, La expresión “Leyes”, en el artículo 30 de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos. Opinión Consultiva OC-6/86 de 9 de
mayo de 1986.
- CORTE IDH, “La Colegiación Obligatoria de periodistas (arts. 13 y 29
Convención Americana sobre Derechos Humanos” Opinión Consultiva
OC5/85, de 13 de noviembre de 1985.
- CORTE IDH, Caso Gangaram Panday vs. Surinam, Sentencia de 21 de
enero de 1994 (Fondo, Reparaciones y Costas).
- Corte IDH, Caso Chaparro Álvarez y Lapo Íñiguez vs. Ecuador, Sentencia de
21 de noviembre de 2007 (Excepciones preliminares, Fondo, Reparaciones
y Costas).
- COMISIÓN IDH, Justicia Juvenil y Derechos Humanos en las
Américas, párr. 342.Disponible en: http://www.cidh.org/countryrep/
justiciajuvenil2011sp/jjiv.sp.htm

7.4. JURISPRUDENCIA INTERNA CONSULTADA
7.4.1. TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
7.4.1.1. DECLARACIONES
­- DCP 0006/2013 de 5 de junio

7.4.1.2. SENTENCIAS
­
­
­
­
­
­
­
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­
­
­
­
­
­
­
146

- SC 0965/2006-R de 2 de octubre
- SC 0223/2007 de 3 de abril
- SC 0083/2010-R de 4 de mayo
- SC 110/2010-R de 10 de mayo
- SC 0906/2010-R de 10 de agosto
- SC 2568/2010-R de 19 de noviembre
- SCP 121/2012 de 2 de mayo
- SCP 112/2012-AL de 27 de abril
- SCP 2221/2012 de 8 de noviembre
- SCP 2007/2013 de 13 de noviembre
- SCP 0037/2013 de 4 de enero.
- SCP 2233/2013-AL de 16 de diciembre
- SCP 1631/2013 de 4 de octubre
- 0054/2014 de 20 de noviembre
- SCP 0087/2014 de 24 de noviembre

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