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Tema 10: Parusía

¿Ha de venir todavía Jesús?
En el lenguaje eclesial, tanto a nivel catequético como teológico, la Parusía
no ocupa un puesto relevante, pertenece a los temas reprimidos y
marginados. Es un indicio de la actitud de la Iglesia y de los cristianos ante
la realidad y ante la historia. La Parusía ha quedado desplazada, con ello se
empobrece la consideración de la persona de Jesús y se desequilibra la
espiritualidad cristiana. Ha sido objeto más bien de escatología, pero debe
ser recuperada en toda su fuerza e integridad por la cristología.
¿Acaso ha encontrado ya la esperanza su descanso en la experiencia del
resucitado? ¿No significará ello más bien una concepción reducida de la
Pascua? De este modo la espera y la esperanza volverán a ocupar, aunque
transformadas y transfiguradas, la misma centralidad que tenían en los
orígenes de la revelación bíblica.
Re situando la esperanza en el centro de la experiencia salvífica seremos
más fieles al misterio de Cristo, a la historia de la situación misma de cada
uno de los creyentes. Para comprender adecuadamente el nuevo
testamento no hay que mantener solamente la dialéctica entre el Jesús de la
historia y el Cristo de la fe, sino igualmente entre el resucitado y el
esperado, el que ha venido en la gloria del padre y el que vendrá a juzgar a
vivos y muertos. Pablo, en romanos 8, después de haber proclamado con
gozo la renovación operada por el espíritu, se ve obligado a reconocer los
sufrimientos de la creación entera: “sabemos que la creación entera hasta
ahora gime y siente dolores de parto, y no sólo ella, sino también nosotros,
que tenemos las primicias del espíritu, gemimos dentro de nosotros mismos
suspirando por la adopción, por la redención de nuestro cuerpo. Porque
hemos sido salvados en esperanza” no se trata de una esperanza de
salvación sino de que la esperanza es característica y constitutivo esencial
de la salvación.
Tit 2,11-13 lo expresa en la misma línea: “se ha manifestado la gracia
salvadora de Dios a todos los hombres… Para que vivamos sobria, justa y
piadosamente en este siglo, con la dichosa esperanza en la manifestación
gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Cristo Jesús”. Ésa esperanza es la
que debe ser testimoniada y explicada a quienes se sientan interpelados por
el modo de vida cristiano.
Esta salvación en esperanza no se refiere solamente a la experiencia
subjetiva del creyente, sino que hace ver también lo que falta al despliegue
del misterio de Cristo.

El desdibujamiento de la Parusía
La Parusía se ha desdibujado u oscurecido debido a que no se ha mantenido
la dialéctica en el sentido de la esperanza. Diversas causas han contribuido:
a. la interpretación secular y racionalista
La expectación de un futuro en el que se consuma la salvación del mundo
queda sustituida por la iniciativa propia de la humanidad, capaz de asumir
la responsabilidad de conducir la historia hacia un estado de felicidad plena.
La razón moderna seculariza la idea de Providencia: si Dios era considerado
el conductor de la historia hacia su meta, ahora es el hombre el que cuenta
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la que él realmente da. Incluso en el campo de la teología ha dominado el tratado de escatología. Hablamos aparece el mundo y el tiempo. acentuándose en momentos especiales de crisis. Podríamos igualmente decir que es la espina de la inconsumación de la historia y del dolor de los hombres lo que da todo su sentido a la Parusía. es la que cuenta el relato bíblico el hijo encarnado y el camino de filiación que le lleva hasta la cruz es 2 . La interpelación de la realidad La confesión y la proclamación de la Parusía es una espina clavada en la indiferencia e inconsistencia de muchos hombres y de muchos creyentes. Su solución no es más que una estrategia de la razón. A pesar de todo. Existe la atención. Se trata de un proceso de espiritual dictación que marginan las dimensiones cósmicas. La respuesta de Dios. Dios se responsabiliza de la obra de sus manos. a pesar de todo. la figura de Jesucristo no ocupa ningún lugar relevante. se convierte en compañero y protagonista en la lucha contra el mal. tales actitudes brotan de modo recurrente. Éste está emplazado ante una decisión definitiva. Esta perspectiva puede darse en contextos no cristianos. y la retribución consiguiente en el cielo. que busca su autenticidad. han centrado el interés de la espiritualidad cristiana y de la predicación. Como muestra la historia. Según Leibniz Dios quedaba justificado por el hecho de que. La encarnación del hijo en la fragilidad de la carne y el misterio pascual película la Cruz y la resurrección son la prolongación del compromiso real de Dios. d. pero también se produce en ámbitos cristianos. Ello hace inútil la espera en la Parusía. el de la propia existencia. Importa la temporalidad del sujeto. nos encontramos en el mejor de los mundos posibles. Aquí se ofrecen determinados datos. relegando la Parusía a los márgenes. Interpretación existencial o subjetiva Bultmann reduce su sentido a la interpretación dirigida al sujeto. a pesar de ser cristiano. pero no el devenir del conjunto de la humanidad. La promesa y la alianza abren el horizonte de la historia y convierten a Dios en protagonista de la lucha contra el mal. el infierno o purgatorio. La espiritual dictación de la Parusía El destino individual del sujeto. fechas. procedentes de los textos bíblicos. fijado en una fecha determinada. el juicio en el momento de la muerte. el dolor inmenso de las víctimas no puede ser acallado por ninguna respuesta de la razón. Se juega su futuro. corporales y comunitarias de la salvación. b. La efervescencia de la imaginación milenarista Otros sectores se inclinan por el anuncio de un fin inminente. descrita en todas sus manifestaciones cósmicas y sobrenaturales. en su solidaridad con el destino cruel de la humanidad. pero en el interior de cada uno. la cuestión permanentemente abierta de la teodicea La cristología en toda su amplitud es la única respuesta posible. c. que se interpretan como símbolos que desvelan a los iniciados los enigmas del futuro y de los tiempos finales. En la respuesta de Leibniz. Tres caminos: a.con los medios y recursos suficientes para llegar al mismo objetivo.

en lugar de potenciar las capacidades movilizadoras de la esperanza. La Parusía: salvados en esperanza o la tensión de la espera La Parusía en el nuevo testamento ha de determinar el modo de vivir la fe eclesialmente. Cuando la Parusía no ocupa el puesto que le corresponde se produce la instalación de la Iglesia en el mundo. Esta apertura. ¿No debe ser el creyente el que colabore con Dios para que este sea realmente el señor. El logro más asombroso del hasidismo fue restituido al individuo su facultad de admirar. El trasfondo y el aliento veterotestamentario En el griego helenístico Parusía se aplicaba a la llegada de los dioses. es esa espera. es la que permite anhelar y descubrir que el resucitado está viniendo para aportar la consumación. rey o emperador. la capacidad de contar historias… Si Dios está en todas partes. a. también está en el sufrimiento luchando contra el sufrimiento. continuamente. Pensaban en la gloria de Dios experimentaba el desgarrón del exilio. despierta a la Iglesia de todos sueños de un mesianismo ya realizado y de toda inconsistencia ante la situación de la realidad. de confiar. la danza. La historia sigue abierta. Más bien la despierta para que se constituya como Vigía o centinela del que ha de venir. La Parusía lógicamente quedaba entonces en el trasfondo. en su venida gloriosa llena de esplendor y majestad. precisamente en el acontecimiento de la Parusía. Los rabinos del hasidismo vivían hondamente la experiencia de la melancolía porque el mesías no llegaba. pero no anula por ello su confianza en la venida del mesías. Jesús es el que llevará a consumación el designio de llave sobre la historia. b. En ocasiones era indicio de una nueva época. ¿y cómo podían no sufrir ellos y la misma presencia de Dios estaba desgarrada? Descubrían la tristeza de Dios en la tristeza del mismo hombre. podríamos llegar a decir. por el contrario. un evento cargado de solemnidad. contra la melancolía. provocada por el sufrimiento. el baile. de creer. El día del señor Yahvé del antiguo testamento acabará convirtiéndose en el día del señor Jesús. c. En la melancolía se levanta. para que venga efectivamente el mesías? Así lucha contra la melancolía. La melancolía ante la irredención de un mundo al que no llega el mesías El judaísmo está atravesado por la espera del mesías su fe. En medio de la degradación hacían posible la dignidad de la desgracia: mediante el canto. Pudo llegar a identificarse la Iglesia con el reino de Dios. Ante la constatación de la I redención del mundo. de amar. pero sobre todo a la avenida oficial de un príncipe. el amor universal. El judío posee por ello una profunda conciencia de exilio. a un judío le resulta imposible aceptar que el mesías haya llegado.la respuesta de Dios. Contra la resignación en la iglesia En determinados momentos se ha impuesto la ilusión de creer que las promesas mesiánicas se cumplían porque la Iglesia regentaba las diversas dimensiones de la vida colectiva. La Parusía. Por 3 . Y también por ello el sufrimiento humano.

3. pues su acento se encuentra en la venida del hijo del hombre. 2. La dialéctica del juicio y del consuelo. según la venía perfilando la tradición veterotestamentaria. todo depende de la función del hijo del hombre y de la autoconciencia de Jesús de ser el hijo del hombre. que rebasara y desbordará lo anterior. como la fijación de fechas y plazos. La Parusía en el pensamiento de Jesús La actitud de Jesús respecto al momento final de la historia ha sido interpretada de modos diversos y hasta contrapuestos. el hijo del hombre llegará para instaurar la soberanía de Dios… Desde la dureza de la realidad presente y frente a las resistencias de la historia. En el antiguo testamento no hay un equivalente directo. Cuentan con más seguidores las interpretaciones que reconocen una tensión o dialéctica. Desde Amos se designa como “el día de llave” porque llave viene como juez.eso se la juzgaba con capacidad para introducir nuevas posibilidades y un mayor nivel de paz o de felicidad. Igualmente es imaginada como momento “de tinieblas y oscuridad”. la experiencia bíblica confía en que vendrá aquel que llevará a consumación las expectativas. se debe tener en cuenta la convicción con la que Jesús proclama la irrupción actual del reino de Dios y la vinculación de su persona y actividad con esa presencia del reino. Jesús es el hijo del hombre en cuanto hijo. La interpretación de la escatología consecuente considera a Jesús como un apocalíptico radical. de descender. Para enmarcar la concepción que Jesús tenía del final de la historia nos bastará con fijarnos en cuatro aspectos: 1. el mesías vendrá para empuñar el centro de su soberanía. una dinámica interna entre el “ya” de lo acontecido y el “todavía no” de lo que falta por conseguir: escatología en proceso de realización. sin embargo. Cualquier interpretación depende de si los citados textos son atribuidos al mismo Jesús o a la tradición o a la actividad relacional de los evangelistas. Llave viene para liberar al pueblo de la esclavitud de Egipto. salvo ser su mensajero. ya que el reino de Dios se hace experiencia pero aún no está consumado. Sus discípulos le preguntan por los signos de la Parusía y de la consumación del mundo. Él no tendría ningún papel en ese final. Además. ciertos verbos que designan la acción devenir. Jesús no habla directamente de la Parusía. En definitiva. supondría una desvinculación entre Jesús y el reino que no responde a los hechos. Hay. Esta interpretación choca con un obstáculo: la predicación de Jesús carece de los rasgos apocalípticos usuales. b. Sin embargo. La meta es comparada con un festín o con un estado de paz absoluta semejante al paraíso. de las denuncias y de la alegría. Lo cual nos indica que la filiación misma de Jesús no puede comprenderse al margen de lo que 4 . La apocalíptica acentúa su inmediatez y lo describe con imágenes de alcance cósmico. Jesús responde ofreciendo comparaciones que permitan entender el sentido del modo de la venida del hijo del hombre. se hace más intensa cuando se trata del fin de los tiempos. Pero la vez es patente la urgencia que trata de despertar en sus oyentes para acentuar la responsabilidad y la trascendencia de sus opciones. Una llegada final en la que se dé origen algo realmente nuevo.

el que vendrá. sin incluir el momento de la Parusía. d. Esta es la que alienta y mantiene vivo el sentido mismo de la historia. arras del don y el clamor inenarrable El espíritu también en la esfera de la Parusía actúa como protagonista. El espíritu. era pesar de todo se ha de vivir en la convicción de que tendrá. Se dirige al señor resucitado. hay que asumir la responsabilidad en la historia. c. Jesús sabía aparecido desde la eternidad. 4. Baste recordar la invocación “ven. El espíritu es el don sin medida que es comunicado a los creyentes y al mundo en general. No se puede. El carácter dramático de esta situación de espera no puede ser ni ocultada ni banalizada.significa la Parusía. contar la historia de Jesús. como aspiración a la plenitud. aquel cuya presencia es experimentada en el culto. Con la resurrección de Jesús el creyente descubre a Jesús en la gloria del padre. Pero esa eternidad se les muestra como llamada desde el futuro. experimenta con mayor intensidad la carencia de lo que falta y el dolor de la separación. la insistencia en el carácter imprevisto de su irrupción y en la sorpresa que producirá su llegada. El resucitado les había desvelado su pertenencia a la gloria de Dios y el sentido auténtico de su filiación. Es precisamente en la Parusía cuando la historia llega a su meta y los vencidos alcanzan la justicia. Como en el caso de Jesús. “el espíritu y la esposa dicen: ven”. pero se encuentra en el tiempo. también en nosotros acompaña el proceso de filiación a lo largo de la historia hasta el momento de la Parusía. El espíritu es personificado. A la vez él es la fuerza que conservará la frescura y la seguridad de la esperanza. El glorificado se les aparece como el que está viniendo. y la nueva creación es lo que se espera en la Parusía. Pero esto no provoca en ellos ni la absolutización del presente ni la unidad de la historia. Pero la adopción recibida no excluye la percepción aguda de lo que falta. El gozo que es el espíritu es la garantía 5 . Esta idea de fondo va acompañada de otras imágenes. El espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en los creyentes y por eso ha otorgado el espíritu de adopción. carismas y ministerios para hacer experimental de la salvación y para contribuir a la edificación de la Iglesia. Entrega sus dones. No se debe vivir de la falsa ilusión de una venida inminente. El gran dragón y la bestia deben ser vencidos por el cordero degollado. no se encuentra al margen de la dialéctica. La tensión escatológica a la luz de la Pascua Los primeros cristianos se sintieron protagonistas del acontecimiento escatológico por antonomasia. Tampoco el espíritu podrá consumar su misión hasta que el señor vuelva y todas las cosas puedan reintegrarse en el seno del padre. En el espíritu Dios sostiene el peso de la historia caduca en su lenta y dolorosa marcha hacia la plenitud. señor Jesús” que expresa un deseo ardiente. La misma Pascua de Jesús vive de la idea de “nueva creación”. Intenta situar a la iglesia en esa situación de las era tensa: ahora es el tiempo del espíritu y del testimonio. parábolas y metáforas están apuntando también a la Parusía. el hijo. Según el apocalipsis. fuerza universalizadora y capacidad transformadora del acontecimiento Pascual. El espíritu precisamente por ser vínculo de unión y de comunión. por tanto.

de otro. Ello no significa que la historia no siga abierta. El Jesús glorioso está retornando al encuentro con los hombres a través de las experiencias infernales en nuestro mundo. el crucificado que estuvo muerto El resucitado impone su presencia como el que ha sido crucificado. los residentes en el sheol. en su carácter anónimo. El término hebreo refaim carece de forma singular. Su estado glorificado no puede quedar sustraído de la solidaridad real de los hombres. porque el justo ha muerto por los injustos y se ha solidarizado con el destino de los olvidados en los infiernos. Ese contenido no puede quedar eliminado de la realidad del resucitado. Henoc recibe el encargo de ir a anunciar a los ángeles de Génesis 6 que no encontrarán ni paz ni perdón y que Dios es rechazará su petición de paz y misericordia. tanto los que encontró en la tierra como los que encontró en el sheol. Pe 4: “fue anunciado el Evangelio a los muertos”. la individualidad queda prácticamente disuelta. La ida al padre no podría producirse como auténtica redención del conjunto de las cosas si Jesús hubiera pasado solamente por la tierra de los vivos y no hubiera recorrido también el camino de los muertos.de que el reino anunciado por Jesús se hace ya presente en la vida del creyente. la salvación de Cristo es auténticamente universal. Según la referencia negra testamentaria: Pe 3: “fue a pregonar a los espíritus que estaban en la prisión desobedientes en otro tiempo…”. ii. que pecaron alentar en relación con las mujeres de este mundo. Por tanto. de un lado. Son dimensiones que deben ser conjugadas. Sobre este trasfondo resuena con claridad la buena noticia de que la salvación llega incluso a los que están perdidos y sin esperanza. El Cristo cósmico El que está viniendo es a la vez el Cristo cósmico. porque vivimos llenos de la alegría que es el mismo espíritu. Desde el significado de la Parusía se puede conjugar esa diversidad de dimensiones. En ambos casos las referencias son claras: los “hijos de Dios” de Génesis 6. En su glorificación conserva su referencia al cosmos en su corporeidad transfigurada. Su capacidad reconciliadora se amplía hasta el conjunto de la creación entera. El que está viniendo en su Parusía se ha de abrir camino entre los abismos infernales para instaurar la definitiva paz mesiánica. Por ello aguardamos en virtud de la esperanza. Otra línea pone de relieve ante todo la experiencia de que Jesús padeció en solidaridad con ellos. Por el espíritu aguardamos la esperanza de la justicia. El que está viniendo i. Dos son las interpretaciones principales de esta difícil expresión. que aún conserva las llagas de la Cruz. Este anuncio sólo es posible desde la solidaridad con los nuevos que se encuentran en el sheol: denominados refaim. Una trata de poner de relieve la acción salvífica que Jesús realiza en el sheol: anunciar a los hombres que allí reside la novedad de la salvación. 6 . El realismo de la solidaridad de Jesús con el destino de los hombres en su caducidad y mortalidad se hace aún más patente en la proclamación de su descenso a los infiernos. Hemos sido salvados en esperanza. derrotar a los poderes enemigos que los dominan y destruir a la misma muerte.

Los muertos del sheol son también personajes del relato salvífico. 7 . Todo había sido hecho por él y para él. el hombre nuevo. El creyente recibe la restauración de la imagen de Dios. eliminando los obstáculos y dificultades que lo impiden. Tampoco las realidades corporales y los elementos de la naturaleza pueden caer en el olvido. La Parusía como espera del creyente La Parusía es la conclusión del evento Pascual.  La misión universal Cuando la expectación de lo que se espera es realmente intensa.  La liturgia El misterio de Cristo sigue siendo actual hasta el punto de superar las distancias cronológicas para incorporar como protagonistas a los hombres de todos los tiempos. La comunidad reunida vive de un don recibido que se testimonia y se ofrece a la humanidad entera en virtud del amor del Dios vivo que se comunica permanentemente. en el habita toda la plenitud. de la fe y del amor.Este despliegue deberá ir incorporando todo aquello que había sido hecho a su imagen. y del hijo. Por ello no puede excluirse ni desdibujarse el acontecimiento de la Parusía. y como inicio de la resurrección de todos. Refleja la acción del padre. integrado en una comunicación auténticamente personal. Igualmente la salvación de Cristo no puede dejar de reflejarse en ella. se manifiesta la intención original de lo que Dios había querido desde el principio para el hombre. que suscita el aliento del proceso. iii. porque todo había sido hecho por el padre conforme a la imagen del hijo. Por ello su tarea es “reconciliar todas las cosas”. En Jesús. Pero a la vez cuenta con el protagonismo de los creyentes. todo dice relaciona el y todo mantiene su consistencia en el punto el mismo que murió en la cruz. superando todos los obstáculos que impiden que en la creación se manifieste la gloria de Dios. a quien todo retorna. Por eso los cristianos que esperan la Parusía no pueden considerar la como algo ajeno a ellos. porque destaca el carácter de encuentro personal y porque incorpora activamente a los creyentes a vivir responsablemente la espera. El relato cristiano sobre Jesús no puede excluir a las cosas y elementos del escenario en el que se desenvuelve. que sale al encuentro de la humanidad dolorida y de la creación amenazada. La liturgia empuja a proclamar que Dios ha inaugurado los últimos tiempos. Como “primogénito” de la obra de Dios. y que todas las cosas pueden ser renovadas por el aliento del espíritu. del espíritu. La cristología es por ello la consumación de la antropología. garantía de que la historia y el universo tienen un sentido. se siente la necesidad de acelerar los plazos. A partir de la transformación del hombre seguirá manifestando un universo nuevo. Éste protagonismo se realiza principalmente desde cuatro coordenadas. La liturgia proclama que es posible un futuro en el que el hijo se encuentra a la humanidad y a la creación entera para depositarla en el seno del padre. El Jesús que viene en la Parusía es el Jesús que va desplegando su ser personal para establecer nuevas relaciones entre los hombres. Es primogénito en un doble sentido: como imagen de todo. que se han de convertir en heraldos de una salvación que ya se gusta y saborea en la forma de la esperanza.

cansados avergonzados de su difícil. caminar. y a veces cruel. El último día será ciertamente acto de juicio y de discernimiento. Cuando no se ve la Parusía como un evento amenazante. En la Parusía todos y todo podrá gozar de una reconciliación sin fisuras y sin violencias. y que llevó a morir sin levantar su voz contra los perseguidores. encuentro de acogida plena es ilimitada. sino como el gesto último de reconciliación. El ser humano en plenitud que se realiza en Jesús es ámbito de acogida de todos los hombres.  La solidaridad contra lo que amenaza al hombre y a la creación Lo que falta es el acicate para que cada creyente proclame el mismo heme aquí de Jesús. En el acontecimiento Pascual es Dios trinitario había proclamado su reconciliación con el hombre. El señor que viene es el hijo. que fue tan sensible ante los más necesitados. El creyente debe esperar para todos lo que espera para así: “Yo espero con vosotros y para vosotros”. Las personas divinas y las personas humanas que habrán encontrado en una comunión de gozo y felicidad. El día del señor: la filiación como acogida En la Parusía el esplendor de la gloria de Dios se reflejará en la medida en que sea posible.  La comunión El creyente debe esperar con todos y a favor de todos.La acción misionera de los cristianos brotan espontáneamente de la necesidad de contar la propia experiencia y la historia en que se sienten incorporados. El “hijo del amor” mostrará en el día del señor su filiación. La catolicidad de la Iglesia apunta a rebasar todas las orillas para ir edificando nuevas iglesias. el creyente debe esperar que al final todo acabara bien. 8 . asumir las riquezas plurales de los pueblos para integrarlas en la plenitud de Cristo. La esperanza sera alegría. a la imagen de Dios que es el hombre. Pero el juez será el hijo. Además. El mismo Jesús. Y por eso en el momento de la gloria y del descanso no podrá más que expresar su filiación. Si la Parusía es lugar de encuentro y de reconciliación. es el que juega la el proceso de la historia y las debilidades de sus protagonistas. como servicio a la reconciliación de todos y a la transformación de la realidad entera. Jesús acogerá en el seno del padre a todos sus hermanos. En Dios nunca se puede esperar demasiado. Lo que falta en todo relato se consuma en la Parusía. la visión viene exigida por la dimensión cósmica y universal de la acción de Cristo. el creyente debe ir generando comunión desde su propia vida y desde las relaciones que entabla con el conjunto de los hombres.