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Bibliografía

Excelente estratega y soldado, gran político ye seductor empedernido


Cayo Julio César (Roma, 100 - 44 a. C.), nació el 13 de julio del año
100 antes de Cristo (según la fecha más comúnmente aceptada).
Procedente de una de las más antiguas familias del patriciado
romano, los Julios, Cayo Julio César fue educado esmeradamente con
maestros griegos.

Julio César pasó una juventud disipada, en la que empezó muy pronto
a acercarse al partido político «popular», al cual le unía su relación
familiar con Mario. Se ganó el apoyo de la plebe subvencionando
fiestas y obras públicas. Y fue acrecentando su prestigio en los
diferentes cargos que ocupó: cuestor (69), edil (65), gran pontífice
(63), pretor (62) y propretor de la Hispania Ulterior (61-60).

De regreso a Roma, Julio César consiguió un gran éxito político al


reconciliar a los dos líderes rivales, Craso y Pompeyo, a los que unió
consigo mismo mediante un acuerdo privado para repartirse el poder
formando el primer triunvirato y así oponerse a los optimates que
dominaban el Senado (60).

Al año siguiente, César fue elegido cónsul (59); y las medidas que
adoptó vinieron a acrecentar su popularidad: repartió lotes de tierra
entre veteranos y parados, aumentó los controles sobre los
gobernadores provinciales y dio publicidad a las discusiones del
Senado. Pero la ambición política de César iba más allá y, buscando la
base para obtener un poder personal absoluto, se hizo conceder por
cinco años -del 58 al 51- el control de varias provincias (Galia
Cisalpina, Narbonense e Iliria).

El triunvirato fue fortalecido por el Convenio de Luca (56), que


aseguraba ventajas para cada uno de sus componentes; pero
respondía a un equilibrio inestable, que habría de evolucionar hacia la
concentración del poder en una sola mano. Craso murió durante una
expedición contra los partos (53) y la rivalidad entre César y Pompeyo
no encontró freno una vez muerta Julia, la hija de aquél casada con
éste (54).

Entretanto, César se había lanzado a la conquista del resto de las


Galias, que no sólo completó, sino que aseguró lanzando dos
expediciones a Britania y otras dos a Germania, cruzando el Rin. Con
ello llegó a dominar un vasto territorio, que aportaba a Roma una
obra comparable a la de Pompeyo en Oriente.

El prestigio y el poder alcanzado por César preocuparon a Pompeyo,


elegido cónsul único en Roma en medio de una situación de caos por
las luchas entre mercenarios (52). Conminado por el Senado a
licenciar sus tropas, César prefirió enfrentarse a Pompeyo, a quien el
Senado había confiado la defensa de la República como última
esperanza de salvaguardar el orden oligárquico tradicional.

Tras pasar el río Rubicón -que marcaba el límite de su jurisdicción-,


César inició una guerra civil de tres años (49-46) en la que resultó
victorioso: conquistó primero Roma e Italia; luego invadió Hispania; y
finalmente se dirigió a Oriente, en donde se había refugiado
Pompeyo. Persiguiendo a éste, llegó a Egipto, en donde aprovechó
para intervenir en una disputa sucesoria de la familia faraónica,
tomando partido en favor de Cleopatra («Guerra Alejandrina», 48-47).

Asesinado Pompeyo en Egipto, César prosiguió la lucha contra sus


partidarios. Primero hubo de vencer al rey del Ponto, Pharnaces, en la
batalla de Zela (47), que definió con su famosa sentencia veni, vidi,
vici («llegué, vi y vencí»); luego derrotó a los últimos pompeyistas
que resistían en África (batalla de Tapso, 46) y a los propios hijos de
Pompeyo en Hispania (batalla de Munda, cerca de Córdoba, 45).
Vencedor en tan larga guerra civil, César acalló a los descontentos
repartiendo dádivas y recompensas durante las celebraciones que
organizó en Roma por la victoria.

Una vez dueño de la situación, César acumuló cargos y honores que


fortalecieran su poder personal: cónsul por diez años, prefecto de las
costumbres, jefe supremo del ejército, pontífice máximo (sumo
sacerdote), dictador perpetuo y emperador con derecho de
transmisión hereditaria, si bien rechazó la diadema real que le ofreció
Marco Antonio. El Senado fue reducido a un mero consejo del
príncipe. Estableció así una dictadura militar disimulada por la
apariencia de acumulación de magistraturas civiles.

Julio César murió asesinado en una conjura dirigida por Casio y Bruto,
que le impidió completar sus reformas; no obstante, dejó terminadas
algunas, como el cambio del calendario (que se mantuvo hasta el
siglo XVI), una nueva ley municipal que concedía mayor autonomía a
las ciudades o el reasentamiento como agricultores de las masas
italianas proletarizadas; todo apuntaba a transformar Roma de la
ciudad-estado que había sido en cabeza de un imperio que abarcara
la práctica totalidad del mundo conocido, al tiempo que se
transformaba su vieja constitución oligárquica por una monarquía
autoritaria de tintes populistas; dicha obra sería completada por su
sobrino-nieto y sucesor, Octavio Augusto.

LA CIUDAD DE ROMA HACE 2000 AÑOS

La ciudad de Roma

1-Senado. 2-Foso de los comicios. 3-Oficinas del Senado. 4-Salón de recepciones


oficiales. 5-Templo de Concordia. 6- Pórtico de los 12 dioses. 7-Templo de Saturno
(sede del Tesoro del Estado). 8-Basílica Opimia Volupia. 9-Basílica Sempronia. 10-
Templo de Cástor y Pólux (los dióscuros). 11-Templo de Vesta. 12-Regia (sede del
pontífice máximo. 13- Basílica Emilia. En las fachadas que dan al Foro de ambas
basílicas se pueden ver los puestos del mercado (Foro significa mercado) donde se
vendían mercancías.
La Roma de César era una ciudad estancada. Su urbanismo era muy
deficiente (por no decir nulo) ya que se alzaba sobre siete colinas y el
modelo urbanístico griego no podía ser aplicado en una ciudad de
cuestas arriba y cuestas abajo, creada a base de un crecimiento
desordenado y anárquico sin ninguna planificación. En los barrios
populares, la gente se apiñaba en callejuelas estrechas flanqueadas
por edificios de seis o más pisos llamados insulas. Los que podías
permitírselo, vivían en los barrios residenciales como el Palatino, en
cómodas casas de una planta con jardines. Roma se articulaba en
torno al Foro. Un espacio público que era el centro de la vida romana
y en el que se concentraban sin aparente orden la mayoría de los
edificios públicos de la ciudad.

El Foro de Roma era el corazón y el cerebro de la Urbe, allí se reunía


el Senado, se votaba en los comicios, se veían las causas judiciales,
se hacían los negocios y se publicitaban los aspirantes a cualquier
cargo público. Pero el Foro de los tiempos de César no era, ni mucho
menos ese Foro grandioso que se iría formando a través de los siglos
sucesivos.

LOS ROMANOS DE LA ÉPOCA DE CÉSAR

Los extranjeros, generalmente personas originarias de países del


entorno greco-romano, estaban protegidos y vigilados por el praetor
peregrinus, un alto magistrado que se ocupaba de sus asuntos, como
sus impuestos conflictos legales entre distintas jurisdicciones, etc.
Había miles de extranjeros en Roma, la mayoría dedicados a todo tipo
de negocios.

Los esclavos lo eran o bien por nacimiento, porque ya nacían


esclavos, o por haber sido hechos prisioneros en campaña y
esclavizados. Estaban sometidos a la tutela de sus amos que podían
incluso ejecutarlos sin juicio previo, pero tenían el derecho a ahorrar
dinero para poder comprar así su libertad o ser liberados
directamente (manumitidos) por su amo. Una vez libres eran libertos
y podían ingresar en la gens (tribu) de su amo o en la de otro romano
y adquirir así la ciudadanía romana. Hubo muchos libertos que
llegaron a los más altos puestos de la administración romana, como
Palas y Narciso, dos libertos griegos que fueron ministros con el
emperador Claudio.

Los ciudadanos romanos eran los "auténticos romanos", o al menos


así lo creían ellos, ya que ni Mario ni Pompeyo eran "auténticos
romanos". Fue precisamente Pompeyo el primer general que concedió
la ciudadanía romana en bloque a muchos españoles, entre ellos al
famoso Balbo, que fue la mano derecha de César y cuyo sobrino,
Balbo el Menor fue el primer cónsul romano de origen "no romano". Y
el mismo César concedió la ciudadanía romana a Gades (Cádiz) y a
otras ciudades, además de a toda la Galia Cisalpina. El sueño de
César era hacer de Roma un Imperio Universal integrando en él a
todos sus habitantes tuvieran la procedencia que tuvieran. Y se
cumplió, ya que el Imperio Romano fue posteriormente gobernado
por "romanos no auténticos" como los españoles Trajano o Adriano...
¡o incluso un cartaginés! como Septimio Severo.

Los ciudadanos romanos vestían la famosa toga. Una enorme prenda


de lana en forma de media luna que se enrollaba alrededor del
cuerpo.

La diferencia de clases era palpable a simple vista, no sólo porque,


obviamente, los más afortunados vistieran prendas de mejor calidad,
sino porque el atuendo romano, a pesar de ser el mismo para todos
los ciudadanos, tenía una serie de símbolos bien visibles que
identificaban la clase a la que pertenecía su portador.

LAS CAMPAÑAS DEL CESAR

Las campañas de Julio César son la piedra fundamental de la


romanización del Occidente europeo al integrarlo en el Imperio
Romano. Por ello, las campañas de César pusieron los cimientos de
nuestra cultura.

En el mapa podemos ver en color rojo el Imperio Romano en el


momento en el que César es nombrado procónsul en 58 a.C. Y en
color rosa las provincias que le correspondió gobernar y que
formaban también parte del Imperio. En color púrpura "la Galia de los
cabelleras largas" conquistada por César tras ocho años de guerra.
Perfilados en rojo están los territorios que irán siendo conquistados
por Roma durante los dos siglos posteriores hasta alcanzar su
máxima extensión territorial con mi compatriota Trajano. Las flechas
blancas señalan las campañas de César en España como propretor,
las flechas amarillas las campañas en las Galias y las flechas verdes
las campañas de la Guerra Civil.

LAS CAMPAÑAS DEL CESAR


EL IMPERIO ROMANO
El legado Romano:

Roma y su imperio han dejado una gran huella en nuestra sociedad


actual, en temas que abarcan desde la arquitectura y la construcción
hasta la literatura, el derecho e incluso en pequeños detalles de la
vida cotidiana.
La aportación más notable de Roma a la cultura occidental fue el
derecho romano, su legislación. Gracias a su estructura jurídica,
separada de la moral, la religión y que tendía a la igualdad entre
todos los hombres, el imperio se mantuvo tantos siglos.

El latín, su idioma, tuvo una gran importancia como elemento


normalizador. Con el idioma, Roma extendió su cultura a lo largo de
los territorios conquistados, y con la difusión de su cultura se cimentó
la unidad del pueblo romano.
El latín dio origen a un gran número de lenguas europeas,
denominadas lenguas romances, como el español, el francés, el
italiano, el portugués, el gallego, el rumano, el catalán, etc.
Actualmente el latín solo es idioma cooficial en la Ciudad del Vaticano
junto al italiano.

Otra de las grandes aportaciones romanas es el arte y la arquitectura,


especialmente sus construcciones públicas, que responden al
carácter práctico de los romanos. Sus edificaciones se caracterizan
por su grandiosidad y su solidez, que ha permitido que muchas de
ellas perduren hasta la actualidad. Al igual que el latín, sus
construcciones ayudaron a normalizar y cimentar la cultura romana
en los territorios conquistados por Roma.
Edificaron por todo el imperio Basílicas, que eran usadas para
administrar justicia y ocupaban un lugar preferente en las ciudades
romanas.
Termas, recintos públicos destinados al ocio, donde las personas
podían lavarse; hacer ejercicio, encontrarse con amigos, hablar de los
asuntos cotidianos o, simplemente, relajarse.
Teatros, donde se escenificaban obras teatrales del periodo clásico.
Su forma derivó de los teatros griegos.
Anfiteatros, como el Coliseo de Roma, que eran utilizados para
acoger espectáculos y juegos, la diferencia con los teatros es que el
anfiteatro es de forma circular u ovalada, mientras que el teatro es
semicircular. El más conocido es el Coliseo de Roma, donde tenían
lugar las luchas a muerte entre los gladiadores. Tenía una capacidad
para 250.000 espectadores, más que cualquier recinto deportivo de la
actualidad, aunque no solía quedar ni un solo asiento vacío.
Circos, usados para las carreras de carros tirados por caballos, que
eran el deporte más popular de Roma y gustaba a todas las clases
sociales. En los circos también se hacían representaciones que
glorificaban los acontecimientos del Imperio, como batallas navales,
para lo cual el circo era llenado de agua, tenían forma de herradura,
inspirados en los hipódromos y estadios griegos pero mucho más
grandes.
Acueductos, canales artificiales que permitían transportar agua
continua desde lugares remotos hasta las ciudades romanas.
Arcos de triunfo, eran construidos para conmemorar una victoria
militar, cada uno estaba dedicado a un general victorioso.
Puentes, gracias a los arcos romanos los puentes que anteriormente
no podían soportar condiciones extremas, no solo aguantaron dichas
condiciones sino que además muchos de ellos todavía se mantienen
en pie en la actualidad.
Calzadas o vías romanas, era el modelo de camino usado por
Roma para la unificación de su Imperio. Cubrían más de 80.000
quilómetros. Se tardó casi 500 años en construir esta enorme red de
vías, que comunicaba el Imperio de un extremo a otro.

El Arco y la Bóveda, son los elementos más significativos de la


arquitectura romana, además del empleo de un primitivo hormigón,
todos ellos, elementos desconocidos entre los griegos.